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iglesia en colombia

Vie 10 Jul 2026

La Voz del Pastor | 12 de Julio del 2026

Reflexión del señor Monseñor Edwin Vanegas Cuervo, Obispo Auxiliar de Bogotá: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 13, 1-9

Jue 9 Jul 2026

"Que Cristo se forme en ustedes": cardenal Rueda propuso a la Virgen de Chiquinquirá como modelo para la formación de los futuros sacerdotes

Este 9 de julio, en la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, el arzobispo de Bogotá y primado de Colombia presidió la Eucaristía de la cuarta jornada de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano. Durante su homilía invitó a que la renovación de la formación sacerdotal nazca del encuentro con Cristo, a ejemplo de María, y recordó que la Iglesia está llamada a seguir siendo signo de esperanza para Colombia.En el marco de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, los obispos del país, junto con rectores, formadores, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos vinculados a la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL), celebraron este 9 de julio la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona y reina de Colombia.La celebración, realizada en la Basílica Menor de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Bogotá, estuvo marcada por dos aniversarios significativos para la Iglesia colombiana: los 440 años de la renovación milagrosa de la sagrada imagen y los 40 años de la visita de san Juan Pablo II al santuario mariano nacional. La Eucaristía fue presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia.María, camino para formar sacerdotes según el corazón de CristoEn sintonía con el tema central de la Asamblea —"La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera"—, el cardenal afirmó que toda renovación de la formación sacerdotal comienza permitiendo que Cristo tome forma en la vida de quienes han sido llamados al ministerio.Inspirado en la figura de la Virgen María, presentó a la Madre de Dios como la primera discípula y como modelo para la Iglesia que forma futuros sacerdotes capaces de escuchar, servir y anunciar el Evangelio con humildad."Que Cristo se forme en ustedes".El purpurado explicó que la vocación sacerdotal no puede reducirse a la adquisición de conocimientos o competencias pastorales, sino que supone un proceso permanente de configuración con Jesucristo, vivido desde la oración, la escucha de la Palabra y el servicio al Pueblo de Dios.Una Iglesia que acompaña la esperanza de ColombiaDurante la homilía, el cardenal Rueda recordó que la misión de la Iglesia permanece profundamente unida a la realidad del país y que la formación de los futuros sacerdotes debe prepararlos para acompañar a las comunidades allí donde experimentan sufrimiento, incertidumbre o necesidad de reconciliación.En ese contexto, animó a seguir formando ministros capaces de anunciar esperanza, promover el encuentro y caminar junto a las personas, especialmente con quienes más sufren.El legado de san Juan Pablo II sigue iluminando a ColombiaAl recordar los 40 años de la visita de san Juan Pablo II a Colombia y su paso por la Basílica de Chiquinquirá, el cardenal Luis José Rueda señaló que aquel acontecimiento continúa siendo una referencia para la vida de la Iglesia colombiana.Evocó el llamado que entonces hizo el pontífice a confiar en la intercesión de la Virgen y a mantener viva la esperanza del pueblo colombiano, una invitación que, afirmó, conserva plena actualidad frente a los desafíos del presente.Una celebración que acompañó el camino de la AsambleaLa Eucaristía constituyó uno de los momentos más significativos de la cuarta jornada de la Asamblea Plenaria, que entra en su etapa conclusiva después de varios días de reflexión sobre la renovación de la formación inicial al presbiterado.A la luz del ejemplo de la Virgen de Chiquinquirá, los participantes renovaron su compromiso de seguir discerniendo caminos para formar sacerdotes profundamente configurados con Cristo, capaces de vivir el ministerio desde la cercanía, la comunión y el servicio, respondiendo a los desafíos evangelizadores de la Iglesia y de la sociedad colombiana.Vea a continuación la transmisión de la Eucaristía:

Lun 6 Jul 2026

Obispos de Colombia inician su CXXI Asamblea Plenaria con un llamado a renovar la formación sacerdotal y fortalecer la esperanza

En la apertura de la CXXI Asamblea Plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, invitó a fortalecer la comunión episcopal, renovar la formación inicial al presbiterado desde una perspectiva sinodal y reafirmar el compromiso de la Iglesia con la cultura del cuidado, la reconciliación y la esperanza para el país.La renovación de la formación de los futuros sacerdotes, el fortalecimiento de la comunión entre los obispos y el compromiso permanente de la Iglesia con la reconciliación, la cultura del cuidado y la esperanza para Colombia marcaron el mensaje con el que el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C instaló la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano.Ante los obispos reunidos en Bogotá, el también Arzobispo de Cartagena recordó que este encuentro constituye un tiempo privilegiado de oración, discernimiento y escucha, en el que los pastores están llamados a reconocer la acción del Espíritu Santo para responder, con fidelidad y creatividad, a los desafíos de la evangelización en el contexto actual.En sintonía con el tema central de la Asamblea —"La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera"—, monseñor Múnera señaló que la reflexión sobre la formación sacerdotal representa una prioridad para la vida de la Iglesia, pues de ella depende, en buena medida, la capacidad de seguir anunciando el Evangelio y acompañando a las comunidades en medio de las realidades que vive el país."Seguimos caminando en esperanza por una Iglesia sinodal, misionera y misericordiosa".Una Iglesia que forma para la misiónUno de los ejes centrales del mensaje fue la necesidad de fortalecer la formación inicial al presbiterado como un proceso integral que prepare sacerdotes capaces de escuchar, discernir, servir y caminar junto al Pueblo de Dios.El presidente de la CEC recordó que la Asamblea dedicará buena parte de sus trabajos a profundizar en la actualización de la Ratio Nationalis, documento que orienta la formación sacerdotal en Colombia, acogiendo las orientaciones del camino sinodal promovido por la Iglesia universal y respondiendo a los desafíos pastorales del contexto colombiano.En este sentido, subrayó que la renovación eclesial pasa necesariamente por la formación de pastores con profunda madurez humana y espiritual, capaces de vivir el ministerio desde la cercanía, la corresponsabilidad y el servicio."La anhelada renovación de toda la Iglesia depende en gran parte del ministerio de los sacerdotes".Una comunión que comienza por los obisposAl iniciar la Asamblea, monseñor Francisco Javier Múnera invitó también a los obispos a vivir estos días como una experiencia de auténtica fraternidad episcopal. Inspirado en el pasaje evangélico en el que Jesús llama, envía y escucha a los Doce, recordó que el ministerio episcopal encuentra su fuerza en la comunión y en la capacidad de discernir juntos la voluntad de Dios para la Iglesia."Llamó a los Doce, los envió y los escuchó".Más que un espacio de deliberación, explicó, la Asamblea es una oportunidad para compartir las alegrías, preocupaciones y desafíos de las Iglesias particulares, fortaleciendo la unidad que sostiene la misión evangelizadora.Una Iglesia que cuida y aprende de sus heridasDurante su intervención, el presidente de la Conferencia Episcopal reafirmó el compromiso de la Iglesia colombiana con la consolidación de una verdadera cultura del cuidado.Al acoger las orientaciones del reciente magisterio pontificio, insistió en la necesidad de promover comunidades cada vez más transparentes, corresponsables y seguras, fortaleciendo los procesos de prevención, atención y acompañamiento a las víctimas de abusos.En este contexto, invitó a asumir con decisión una actitud de conversión permanente que permita seguir construyendo ambientes donde prevalezcan la confianza, el respeto por la dignidad humana y el cuidado de las personas más vulnerables.Retomando una expresión del papa León XIV, afirmó:"Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos".Un mensaje de esperanza para ColombiaLa parte final de la intervención estuvo dirigida a la realidad nacional. Monseñor Múnera recordó que la misión de la Iglesia no puede desvincularse de las alegrías y sufrimientos del pueblo colombiano. Por ello, animó a los obispos a seguir siendo promotores de reconciliación, diálogo, desarrollo humano integral y construcción de paz, especialmente en un momento que exige fortalecer la confianza, el respeto por las instituciones y el compromiso con el bien común.A la luz del reciente mensaje del papa León XIV a los obispos colombianos, reiteró que la esperanza cristiana debe traducirse en acciones concretas que contribuyan a sanar las heridas de la sociedad y a fortalecer la fraternidad entre los colombianos.Con ese horizonte, concluyó recordando que construir una sociedad más justa y reconciliada es una tarea compartida, en la que la Iglesia quiere seguir ofreciendo su aporte desde el Evangelio y el servicio a todas las personas."Buscar juntos el bien de todos, en la corresponsabilidad y en la fraternidad, no es una utopía, sino una posibilidad real".Con este llamado, el presidente de la Conferencia Episcopal dejó oficialmente instalada la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, invitando a los obispos a vivir estos días con apertura al Espíritu Santo, conscientes de que el discernimiento compartido y la comunión eclesial son el camino para seguir formando pastores según el corazón de Cristo y fortalecer la misión de la Iglesia al servicio de Colombia.

Vie 3 Jul 2026

La Voz del Pastor | 05 de Julio del 2026

Reflexión del señor Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 11, 25-30

Vie 3 Jul 2026

Obispos de Colombia centrarán su CXXI Asamblea Plenaria en la formación de los sacerdotes

La misión de anunciar el Evangelio en medio de una sociedad cambiante plantea hoy una pregunta de fondo para la Iglesia: ¿cómo formar sacerdotes capaces de escuchar, discernir, acompañar y caminar junto al Pueblo de Dios? Esa será la reflexión que orientará la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, que reunirá, entre el 6 y el 10 de julio a más de 90 obispos en Bogotá para profundizar en la formación inicial al presbiterado desde una perspectiva sinodal y misionera.Inspirada en el lema "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera", esta segunda asamblea del año tendrá como eje central el estudio y la actualización de los procesos formativos de los futuros sacerdotes, a la luz del camino sinodal que vive la Iglesia universal y de las realidades pastorales que interpelan hoy a la Iglesia en Colombia.De manera especial, los obispos compartirán en esta CXXI Asamblea con 32 invitados especiales provenientes de diferentes regiones del país, todos protagonistas en los procesos de formación. Entre ellos, rectores y formadores de seminarios, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos vinculados a la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL). Esta será una apuesta por fortalecer la comunión eclesial y enriquecer, desde la escucha mutua, la preparación de quienes serán los futuros pastores de las comunidades.¿Por qué hablar hoy de la formación sacerdotal?La Iglesia Católica en Colombia entiende que la formación de un sacerdote comienza mucho antes de su ordenación. Es un proceso integral que busca fortalecer su dimensión humana, espiritual, intelectual y pastoral para prepararlo al servicio del Pueblo de Dios. Sin embargo, los profundos cambios sociales, culturales y eclesiales de las últimas décadas plantean nuevos desafíos para ese proceso.Las transformaciones en las dinámicas familiares, el crecimiento de las culturas digitales, las nuevas formas de participación de los jóvenes, el llamado permanente al cuidado de las personas más vulnerables y la necesidad de consolidar comunidades más corresponsables invitan a la Iglesia a revisar continuamente la manera como acompaña el discernimiento y la formación de quienes se preparan para el ministerio sacerdotal.Por ello, la CXXI Asamblea Plenaria centrará su reflexión en la implementación de la Ratio Nationalis para Colombia, documento que orienta la formación inicial al presbiterado y que ahora se fortalecerá desde las orientaciones del Sínodo sobre la Sinodalidad y el magisterio reciente de la Iglesia.Una formación con mirada sinodal y misioneraEl tema elegido para esta Asamblea expresa una convicción compartida por los obispos: la renovación de la Iglesia pasa, en buena medida, por la formación de sacerdotes capaces de vivir su ministerio desde la cercanía, la escucha, el discernimiento comunitario y el anuncio misionero del Evangelio.En ese horizonte, la reflexión buscará fortalecer los procesos de formación inicial para que respondan a las realidades del país y favorezcan el surgimiento de pastores que acompañen a las comunidades con espíritu de servicio, promuevan la comunión y animen una Iglesia cada vez más participativa y cercana.La perspectiva sinodal que inspira el trabajo de la Asamblea invita precisamente a comprender que la formación sacerdotal no es una tarea aislada de los seminarios, sino una responsabilidad compartida por toda la comunidad eclesial, donde obispos, sacerdotes, consagrados y laicos contribuyen, desde sus propios carismas y vocaciones, al crecimiento de la misión de la Iglesia.Una reflexión construida desde la escuchaEn coherencia con el tema central, la metodología de la Asamblea privilegiará el diálogo y el discernimiento comunitario.Las jornadas incluirán momentos de oración, celebración eucarística, ponencias, paneles, conversatorios, trabajo en grupos mixtos y encuentros por regiones y provincias eclesiásticas, propiciando el intercambio de experiencias entre obispos, formadores, seminaristas y demás participantes.Más que revisar un documento, el propósito será escuchar distintas voces, reconocer experiencias significativas y construir conjuntamente criterios que fortalezcan la formación sacerdotal en Colombia, respondiendo a los desafíos pastorales del presente y del futuro.Formar pastores para servir a la Iglesia y a ColombiaAunque la reflexión de la CXII Asamblea se centrará en la formación inicial al presbiterado, sus frutos trascienden la vida de los seminarios.La Iglesia entiende que la calidad de la formación de sus futuros sacerdotes influye directamente en la vida de las comunidades que acompañarán. De ella depende, en gran medida, la capacidad de anunciar el Evangelio con credibilidad, caminar junto a las familias, acompañar a los jóvenes, promover la reconciliación, fortalecer la cultura del cuidado y responder con cercanía a quienes experimentan el sufrimiento o la exclusión.Con esta nueva Asamblea Plenaria, los obispos de Colombia buscarán renovar su compromiso de seguir fortaleciendo una formación sacerdotal integral que responda a los desafíos del tiempo presente y prepare pastores capaces de caminar con el Pueblo de Dios, anunciar el Evangelio con esperanza y servir, desde la comunión y la misión, a la construcción de una sociedad más fraterna y solidaria.Vea a continuación la primera emisión del informativo del episcopado colombiano, en el marco de esta CXXI Asamblea Plenaria:

Vie 3 Jul 2026

El sacramento del matrimonio, una buena noticia

Por Mons. Héctor Cubillos Peña - Hoy, en diferentes contextos, el matrimonio está considerado como una institución llamada a desaparecer. Se piensa como una realidad que va contra la dignidad de la persona humana y su autorrealización, en él la mujer recibe toda clase de ataques que anulan su identidad y la mantiene en una dependencia esclavizante.Esta situación entra en conflicto con el proyecto de Dios sobre el matrimonio y la familia manifestado en Jesucristo que la Iglesia, fiel a su misión, defiende y promueve como institución humana y como realidad de salvación. El matrimonio no es una propuesta engañosa ni obsoleta; no es una ilusión ni algo que va en contra de la dignidad de la persona y sus derechos. Se trata de una realidad posible que realiza el amor y la felicidad que contribuye positivamente al bien de la sociedad. Pero el matrimonio, además, ha sido elevado a la categoría de sacramento.En la vida de la Iglesia hay siete sacramentos instituidos por Dios, que son los canales por los cuales llega a los hombres el amor y la acción salvadora de Dios. No son invención de sus ministros y no pueden ser suprimidos ni alterados en su esencia. Todo lo que Dios quiere entregar a la humanidad para su bien y su realización lo comunica por los sacramentos. Los sacramentos salvan, transforman, cambian, embellecen, fortalecen y llenan de alegría y nueva vida. Son un don de la misericordia y llenan de alegría y nueva vida. Son un don de la misericordia y del poder divinos. Nuestro Dios es un Dios no que destruye, sino que salva y perfecciona.La vida de Dios, que es verdadera e invisible, llega a los hombres a través de realidades visibles de este mundo. El agua del bautismo, al derramarla sobre la cabeza del niño con las palabras del sacerdote hacen real la acción de Dios que verdaderamente purifica, da la vida divina y convierte en hijo de Dios al que la recibe.El matrimonio es uno de esos sacramentos, es decir, por el amor libre y consciente de una pareja que decide llevar una vida de unidad, de ayuda mutua de pareja para siempre y en exclusiva para buscar alcanzar el bien y la felicidad contribuyendo a la transmisión y cultivo de la vida de sus hijos, el matrimonio queda establecido como un reflejo del amor de Jesús y a la manera del amor de Jesús.Sin embargo, todos los seres humanos tenemos en nuestro interior una fuerza que quiere obstaculizar y destruir no solo el mismo amor humano, sino también que la vida de pareja no refleje el amor de Dios. El corazón humano es frágil y débil. De ahí la realidad cotidiana de matrimonios destruidos, separados, heridos como de hecho se han presentado siempre.El matrimonio es uno de esos sacramentos; es decir, el amor entre un hombre y una mujer por la acción de Dios, está llamado a ser una imagen, un reflejo del amor de Jesús por los suyos. Todo en la vida de unos esposos ha de ser una realidad que muestre ese amor de Dios. Y, de otra parte, es una gracia que hace posible esa realidad. Al ser una gracia viene a fortalecer la vida matrimonial de amor exclusivo y permanente para que no vaya a fracasar ni a destruirse. El sacramento salva el amor conyugal.Lo anterior es así, porque aparece en la Palabra de Dios, el Creador al llamar a la existencia a la primera pareja y luego Jesús afirmaron: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1, 27; Marcos 10, 6-7). Toda la vida de una pareja; sus relaciones y su convivencia han de mostrar esa semejanza con Dios y su amor. San Pablo al referirse al matrimonio dice que este está referido al amor de Jesús, el esposo con su esposa que es la Iglesia (Cfr. Efesios 5,32). Toda la enseñanza de Jesús y sus relaciones con las gentes son el camino de la felicidad y la santidad. Ese amor es el que debe habitar en el corazón, la mente, las palabras, los deseos, la sexualidad, el cariño, la unidad y la comunión. Dice la escritura: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos serán una sola carne” (Mateo 19, 5). Dos personas, dos existencias, dos proyectos de vida que están llamados a ser uno en esta vida, por cuanto en el cielo ya no habrá matrimonio, sino que todos estarán integrados en el amor perfecto de Dios.Sin embargo, el amor de los esposos no se encuentra encerrado en ellos mismos, ha de estar abierto a la vida familiar; la familia ha sido llamada “Iglesia doméstica”, es decir, una comunidad de padres e hijos en donde se ha de vivir en la presencia y compañía de Dios y en donde sus miembros han de reproducir el amor de Jesús por los discípulos. La familia es el santuario del amor y de la vida por cuanto el amor se prolonga en la comunicación de la vida a los hijos. La gracia y ayuda de Dios que comunica el sacramento del matrimonio permanece en la familia que ha de brillar por el amor que hacen visible para los demás y que es eficaz en todos los momentos de alegría y sufrimiento. La gracia del sacramento hace posible el diálogo, el perdón, la tolerancia y la ayuda entre todos.Pero, esa gracia de Dios no llega al matrimonio ni a la familia de manera automática ni mágica; es necesaria la apertura y la acogida de cada uno. Esto será posible en la medida en que en pareja y en familia se haga oración, se escuche la Palabra de Dios, se reciba el perdón de los pecados y se acuda al alimento de la Eucaristía. Es así, como se recibe la acción poderosa y de amor de Dios. Unos esposos en y con su familia se convierten en pruebas y testimonios palpables de que sí es posible y es camino de felicidad el matrimonio sacramental, que es en verdad una Buena Noticia.+Héctor Cubillos PeñaObispo de la Diócesis de ZipaquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia

Jue 2 Jul 2026

El respeto por la vida humana, en el corazón de la intención de oración del Papa León XIV

En su intención de oración para julio de 2026, el Santo Padre invita a reconocer que toda persona, desde el primer instante de su existencia hasta su muerte natural, posee una dignidad inviolable. Su mensaje propone pasar de la oración a gestos concretos que protejan, acompañen y valoren cada vida humana.En un tiempo marcado por múltiples formas de violencia, exclusión e indiferencia frente al sufrimiento humano, el Papa León XIV invita a toda la Iglesia a volver la mirada hacia aquello que sostiene toda convivencia auténticamente humana: el respeto incondicional por la vida.Esta es la intención de oración que el Santo Padre confía a los fieles durante el mes de julio, a través de la iniciativa Reza con el Papa, promovida por la Red Mundial de Oración del Papa. En ella propone una oración que recuerda que cada persona es "un don sagrado que refleja tu rostro", llamado a ser acogido, protegido y amado durante toda su existencia.Más que una reflexión sobre un tema específico, la intención de este mes constituye una invitación a renovar la manera de mirar a los demás, especialmente a quienes experimentan mayor fragilidad.Toda vida posee un valor único e irrepetibleEn la oración, el Pontífice se dirige al "Señor de la vida" para agradecer el don recibido y pedir la gracia de reconocer "el valor único e irrepetible de cada ser humano".Desde esa certeza, pide aprender a acoger la vida sin condiciones, sostener con ternura la fragilidad, acompañar con respeto cada etapa de la existencia y defender con valentía a quienes no tienen voz.La plegaria también se convierte en un examen de conciencia cuando reconoce las veces en que la indiferencia o la cultura del descarte impiden descubrir en el otro a una persona digna de amor."Perdónanos, Señor, cuando caemos en la indiferencia o en la cultura del descarte, cuando dejamos de ver en el otro a un ser digno de amor", reza el Papa.Una oración que interpela la realidadLa intención de julio adquiere especial significado en un contexto donde millones de personas continúan viendo amenazada su dignidad por diversas formas de violencia, pobreza, abandono, discriminación y descarte.El Papa recuerda que el respeto por la vida no puede reducirse a una convicción teórica ni a una postura ética aislada. Implica reconocer el valor de cada persona en cualquier circunstancia, desde el inicio de su existencia hasta su muerte natural, especialmente cuando la fragilidad hace más necesario el cuidado de los demás.Su propuesta no nace de la confrontación, sino de una profunda conversión del corazón que permita construir una auténtica cultura del encuentro, donde nadie sea considerado descartable, inútil o sobrante.Una Iglesia que cuide y haga sentir a todos en casaEn uno de los momentos más significativos de la oración, León XIV pide que la Iglesia sea "un testimonio vivo del Evangelio de la vida", capaz de convertirse en un hogar donde toda existencia sea celebrada.Con esa petición, el Santo Padre recuerda que la misión de la comunidad cristiana no consiste únicamente en proclamar el valor de la vida, sino también en hacerlo visible mediante comunidades que acompañen, sostengan y acojan a quienes viven situaciones de mayor vulnerabilidad.La oración concluye con una súplica para que los creyentes aprendan a amar la vida "como Tú la amas: con ternura, fidelidad y entrega", haciendo visible ese amor mediante palabras y gestos concretos.Rezar para transformar la realidadCada mes, millones de personas en todo el mundo se unen espiritualmente a las intenciones que el Papa confía a la Iglesia a través de la Red Mundial de Oración del Papa.La iniciativa Reza con el Papa busca que la oración no permanezca únicamente en el ámbito personal, sino que impulse compromisos concretos frente a los grandes desafíos de la humanidad y de la misión evangelizadora de la Iglesia.Vea a continuación el Video del Papa:

Mié 1 Jul 2026

Llamados a ser santos y a participar en el ministerio de Cristo

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Con ocasión de la jornada para la santificación sacerdotal, el papa León XIV escribió, en el marco de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, un profundo mensaje en el cual reitera el llamado a los ministros ordenados a ser santos. Dice así, entre otras cosas:“Dios nos invita a participar de su misma santidad. Cuando nos llama a ser santos porque Él es santo, nos indica el camino a seguir: dejarnos modelar según su Corazón. Y para nosotros, queridos hermanos, esta llamada es particularmente radical. El Señor prometió: «Les daré pastores según mi corazón, que los apacentarán con ciencia y prudencia» (Jer. 3,15). La santidad que se nos pide es un abandono confiado: dejarnos transformar por su Santo Espíritu.Sin embargo, precisamente aquí surge la gran paradoja de nuestra vida sacerdotal: estamos llamados a participar de la misma santidad de Dios, pero llevamos este tesoro en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7), somos limitados e imperfectos, a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas. ¿Cómo puede un corazón humano, tan vulnerable, responder a una llamada tan alta? El sacerdote vive esta tensión, pero sabe dónde encontrar paz: en el costado abierto del Señor Jesús”.En muchas jurisdicciones eclesiásticas, en los meses de junio y julio se llevan a cabo los retiros espirituales para los ministros ordenados, presbíteros y diáconos. En Cali se realizan cuatro tandas, tres para los presbíteros y una para los diáconos permanentes.Es por esto que he considerado muy pertinente proponer esta reflexión, pues el llamado que nos hace el Papa es siempre actual, y diríamos, urgente. La humanidad que reviste a los ministros ordenados a veces los lleva a perder el norte de su ser y de su misión. Ya lo anotaba el Papa que “somos limitados e imperfectos, a menudo estamos marcados por debilidades y cansancios, a veces por heridas”.Este tomar conciencia de la realidad que envuelve a los sacerdotes y diáconos, es un punto de partida para seguir consolidando lo que desde el seminario se nos decía: la importancia del autocuidado. Aquí es necesario que los presbíteros y diáconos tengan las herramientas espirituales y humanas para saber hacer frente a las dificultades y desafíos que vayan encontrando. Anoto algunas: la dirección espiritual, la oración personal y comunitaria, la vida fraterna, la frecuente celebración del sacramento de la reconciliación, la vivencia plena y confiada del sacramento de la eucaristía, una afable y confiada relación con la Virgen María, sanas amistades, descanso, ejercicio físico y vida familiar sincera.El Papa Francisco nos hablaba de unas cercanías como medios para proteger a los sacerdotes y ayudarles a crecer en su vida de santidad: cercanía a Dios, al obispo, a los hermanos sacramentales y al pueblo santo de Dios.Simplemente invito a quienes van a participar en los retiros espirituales 2026, a vivirlos con entusiasmo y a ver en ellos ese kairós, ese tiempo de gracia para fortalecer lo que está bien en el ministerio, a revisar y mejorar lo está débil, y a dar el paso a una auténtica conversión si se está desviando el camino. Para ello: no tengan miedo a reconocerse limitados y necesitados de la ayuda del Señor que actúa a través del obispo.A los fieles en general dirijo también un llamado: oren por sus sacerdotes y servidores en la Iglesia. Ellos los necesitan hoy más que nunca, con su comprensión, su exigencia y mano extendida. Valoren la entrega de sus sacerdotes a sus comunidades, en la mayoría de los casos sacrificada. En el silencio ellos llevan sobre sus hombros sus penas y dolores. Necesitan, pues, el aliento de sus fieles más que las críticas destructivas a veces infundadas.En estos días en que muchos de los párrocos estarán ausentes de sus parroquias para hacer los retiros, únanse en oración ante el Sagrario y téngalos muy presentes. En los retiros ellos llevan también sus plegarias al altar.De nuevo retomo el llamado final del Papa León en su mensaje para la santificación sacerdotal:“Queridos sacerdotes, renueven cada día su “aquí estoy” ante el Corazón traspasado de Cristo. Entréguense totalmente a Él, para que puedan amar a su pueblo con el mismo amor con el que Él lo ama. Y recuerden con alegría, como le gustaba repetir al santo Cura de Ars, que «el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús» (cf. Benedicto XVI, Carta para la convocación del Año Sacerdotal [16 junio 2009]: AAS 101 [2009], 569). Este amor es prenda y garantía de que nada de nosotros se perderá, si todo lo nuestro lo entregamos y ofrecemos. Les encomiendo a todos y a cada uno a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella, que conservó en su corazón el misterio del Hijo, nos enseñe a conservar y a hacer latir en nosotros el Corazón de Cristo, Salvador del mundo”.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali