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Conferencia Episcopal Actualidad
Concejo de Bogotá reconoce al padre Darío Echeverri González por su trayectoria al servicio de la paz y la reconciliación
Mié 23 Sep 2026

El Concejo de Bogotá entregó al padre Darío Echeverri González la Orden Civil al Mérito José Acevedo y Gómez, en el grado de Gran Cruz, como reconocimiento a una trayectoria de más de 25 años dedicada al acompañamiento de comunidades, la defensa de la vida, la reconciliación y la construcción de paz en Colombia.El sacerdote, párroco de la Basílica Menor del Voto Nacional en Bogotá desde el año 2004, fue durante más de dos décadas secretario general de la Comisión de Conciliación Nacional de la Conferencia Episcopal de Colombia, desde donde acompañó escenarios de diálogo, gestiones humanitarias y procesos orientados a generar confianza entre actores enfrentados por el conflicto armado.Una vocación de servicio inspirada en el carisma claretianoEl padre Darío Echeverri González es misionero claretiano, una pertenencia que ayuda a comprender la raíz espiritual de una vida sacerdotal marcada por la evangelización, el servicio y el compromiso con la realidad de quienes viven situaciones de vulnerabilidad.El carisma claretiano, inspirado en san Antonio María Claret, se comprende desde la misión evangelizadora y el servicio a las personas y comunidades. La propia Congregación se reconoce como servidora de la Palabra y plantea entre sus rasgos la escucha de los pobres, la denuncia de estructuras injustas y la búsqueda de alternativas, así como un diálogo que favorezca la paz y la reconciliación.En esta perspectiva, la opción por el diálogo y el acompañamiento a quienes sufren la violencia no aparece como un elemento separado de la misión evangelizadora, sino como una manera concreta de hacer presente el Evangelio en realidades marcadas por el conflicto, la exclusión y la vulneración de derechos. La familia claretiana señala, además, el compromiso social con la justicia, la paz y la integridad de la creación como parte de su identidad misionera.Esta dimensión encuentra un particular eco en la trayectoria del padre Darío, quien durante décadas ha ejercido su ministerio en territorios y escenarios atravesados por diferentes expresiones de violencia y ha puesto su experiencia pastoral al servicio del encuentro, la defensa de la vida y la reconciliación.El reconocimiento a una labor construida en distintos escenariosEl homenaje también reunió a personas que compartieron con el padre Darío distintos momentos de esta trayectoria. Juan Mayr, exministro de Medio Ambiente y antiguo integrante de la Comisión de Conciliación Nacional, recordó que conoció al sacerdote cuando este lo invitó a integrar esta instancia de la Iglesia Católica dedicada a aportar a los procesos de paz y reconciliación.Mayr destacó los numerosos escenarios nacionales e internacionales en los que trabajaron conjuntamente, incluidos espacios relacionados con las negociaciones de paz en Cuba y acercamientos con la comunidad internacional. Resaltó la “convicción profunda por la paz, por la reconciliación, por el diálogo en nuestro país” que caracterizó aquel trabajo y recordó el vínculo construido durante esos años.Una vocación de servicio que nació en el territorioAl recibir la condecoración, el padre Darío llevó el reconocimiento a sus raíces familiares y pastorales y a las personas que han acompañado su camino. Recordó especialmente a su madre, a quien dedicó el homenaje, y evocó las experiencias que marcaron su vocación de servicio desde su infancia y posteriormente durante su ministerio sacerdotal.El sacerdote recordó también sus años de servicio pastoral en el Chocó, su trabajo con comunidades afrodescendientes e indígenas y su compromiso con los derechos humanos. Relató que, durante su ministerio en la Diócesis de Quibdó, acompañó situaciones relacionadas tanto con comunidades afectadas por el conflicto como con integrantes de la fuerza pública, experiencias que, según expresó, marcaron su decisión de dedicar su vida a la construcción de una Colombia reconciliada y en paz.Aquella experiencia en el territorio fue también el punto de partida de una trayectoria en la que la cercanía con las comunidades, la escucha y la búsqueda de caminos para superar la violencia ocuparon un lugar central.“El único camino posible es el diálogo”Su trayectoria también ha estado vinculada a iniciativas de diálogo en diferentes regiones del país y a procesos de acercamiento con actores enfrentados por la violencia. Desde la Comisión de Conciliación Nacional, junto con su equipo de trabajo y diferentes integrantes de la sociedad civil, acompañó iniciativas que tuvieron como horizonte la reconciliación nacional.Durante su intervención en el Concejo, el padre Darío reiteró una convicción que ha atravesado buena parte de su labor: “para la Comisión de Conciliación el único camino posible para construir una Colombia reconciliada y en paz es el del diálogo”. A esta apuesta sumó la necesidad de avanzar en el perdón y la reconciliación y de reconocer la dignidad humana incluso en medio de profundas diferencias.Una Iglesia que acompaña la búsqueda de la pazEl homenaje tuvo lugar en el marco del Día Internacional de la Paz, una fecha que llevó a los participantes a reafirmar el compromiso con la vida y con la búsqueda de caminos no violentos para afrontar los conflictos.Para la Iglesia Católica en Colombia, la trayectoria del padre Darío Echeverri constituye también un testimonio de una presencia pastoral que, durante décadas, ha buscado acompañar a personas y comunidades en escenarios de especial complejidad, tendiendo puentes, promoviendo el diálogo y poniendo al servicio de la reconciliación las capacidades de la Iglesia y de sus agentes pastorales.En ese camino, su experiencia como sacerdote y misionero claretiano se ha encontrado con una realidad colombiana que ha exigido presencia, escucha y capacidad de acompañamiento. Su trayectoria permite reconocer una dimensión de la misión de la Iglesia que se desarrolla en medio de las comunidades y junto a quienes han vivido de manera directa las consecuencias de la violencia.“Todos podemos poner nuestras semillitas de paz”Al cerrar su intervención, el sacerdote manifestó que ofrecería el reconocimiento en la Eucaristía por Colombia, por quienes han perdido la vida en el conflicto armado y por las víctimas, reiterando su esperanza de que el país pueda continuar avanzando hacia una sociedad reconciliada y en paz.“Todos podemos poner nuestras semillitas de paz”, expresó el padre Darío, al referirse a la responsabilidad que cada persona puede asumir en la construcción de una Colombia reconciliada.Vea a continuación la transmisión del evento en el Concejo de Bogotá:

Conferencia Episcopal Actualidad
Monseñor Angelo Accattino ya está en Colombia para iniciar su misión como Nuncio Apostólico
Mar 22 Sep 2026

La Conferencia Episcopal de Colombia da la bienvenida a monseñor Angelo Accattino, quien ya se encuentra en el país para iniciar su misión como Nuncio Apostólico de Su Santidad, el papa León XIV.El nuevo representante pontificio llegó a Bogotá el pasado 18 de septiembre, luego de que el Santo Padre anunciara su nombramiento el 15 de agosto de 2026. Con esta designación, monseñor Accattino asume la representación de la Santa Sede en Colombia y retoma un vínculo con el país que comenzó hace más de dos décadas, cuando se desempeñó como Segundo Secretario de la Nunciatura Apostólica en Colombia, entre 2001 y 2003.Al conocer su nombramiento, la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia le expresó su alegría y los mejores deseos para el desarrollo de su misión, destacando precisamente el conocimiento que ya tiene de la realidad colombiana.“Su presencia entre nosotros no solo demuestra las buenas relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Estado Colombiano, sino que estrecha nuestros vínculos con el Santo Padre”, señalaron los obispos en la comunicación enviada a monseñor Accattino el pasado 15 de agosto.La Presidencia de la CEC también resaltó que su anterior servicio en Colombia le permitió “ver nuestra realidad, escuchar nuestros clamores y valorar nuestras búsquedas y esfuerzos”, y manifestó su confianza ante esta nueva etapa, marcada por desafíos y anhelos para el país.Una amplia trayectoria al servicio diplomático de la Santa SedeNacido en Asti, Italia, el 31 de julio de 1966, Angelo Accattino fue ordenado sacerdote para la Diócesis de Casale Monferrato el 25 de junio de 1994. Es licenciado en Teología Dogmática, con especialización en Escatología, por la Pontificia Universidad Gregoriana, y doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino.En 1999 ingresó al Servicio Diplomático de la Santa Sede, después de graduarse de la Pontificia Academia Eclesiástica, donde obtuvo la habilitación para este servicio.A lo largo de su trayectoria diplomática ha prestado servicio en diferentes representaciones pontificias y en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Además de Colombia, estuvo destinado en Trinidad y Tobago, Perú, Estados Unidos y Turquía, y desempeñó funciones en la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, con responsabilidad sobre asuntos relacionados con países de Suramérica y el Caribe.El 12 de septiembre de 2017 fue nombrado Nuncio Apostólico en Bolivia y, el 25 de noviembre de ese mismo año, recibió la ordenación episcopal como Arzobispo Titular de Sabiona. Posteriormente, el 2 de enero de 2023 fue nombrado Nuncio Apostólico en Tanzania. Ahora, por designación del papa León XIV, regresa a Colombia para asumir una nueva responsabilidad como representante pontificio.Una misión que la Iglesia colombiana acompaña con fraternidad y oraciónLa Conferencia Episcopal de Colombia manifestó desde el anuncio de su nombramiento su disposición para acompañar el servicio de monseñor Accattino. En su mensaje de bienvenida, la Presidencia de la CEC le aseguró: “Cuenta con nuestra fraternidad, disponibilidad y oración”.Asimismo, los obispos encomendaron su vida, su ministerio episcopal y su servicio diplomático a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y de San José, como expresión de la acogida de la Iglesia en Colombia a quien, en nombre del Santo Padre, inicia esta nueva misión en el país.

Conferencia Episcopal Actualidad
Actividades de formación y sensibilización marcaron la Semana de la Cultura del Cuidado y el Buen Trato en Cúcuta
Mar 22 Sep 2026

Del 13 al 18 de septiembre, sacerdotes, religiosos, seminaristas, colaboradores, agentes pastorales y comunidades participaron en espacios de formación y sensibilización orientados a promover ambientes seguros, protectores y fundamentados en la dignidad de cada persona.Bajo el lema “El buen trato nos une, el cuidado nos hace comunidad”, la Diócesis de Cúcuta vivió, del 13 al 18 de septiembre, la Semana de la Cultura del Cuidado y Buen Trato, una iniciativa orientada a fortalecer la prevención, la formación y la corresponsabilidad en los distintos ambientes de la vida eclesial.La programación comenzó en las parroquias, con la invitación a reconocer que todos los miembros de la comunidad están llamados a ser “Apóstoles del Cuidado”, entendiendo que la construcción de ambientes seguros y protectores es una responsabilidad compartida entre sacerdotes, colaboradores, agentes pastorales, familias y comunidades.Uno de los principales espacios de la semana tuvo lugar el 17 de septiembre en la Fundación Pía Autónoma Asilo Andresen, donde colaboradores de diferentes instituciones diocesanas participaron en el taller “Perdonar nos reconcilia, amar nos hermana y cuidar nos une”.Durante este encuentro se abordó el cuidado como una actitud que va más allá de la protección frente a situaciones de vulneración y que se expresa también en las relaciones cotidianas: en la manera de escuchar, comunicarse, acompañar y reconocer el valor de cada persona.“Esta experiencia nos permitió reconocer que el buen trato comienza en las acciones más sencillas, escuchar y ser escuchados. Cuidarnos también es trabajar unidos y reconocer el valor de cada persona”, expresó Paola García, del Banco Diocesano de Alimentos.El encuentro también permitió fortalecer los vínculos entre colaboradores de las distintas instituciones de la Diócesis, resaltando la importancia del trabajo conjunto y de relaciones laborales y comunitarias fundamentadas en la dignidad humana.Una responsabilidad que continúaLa Semana de la Cultura del Cuidado y Buen Trato concluyó el 18 de septiembre con el simposio “La dignidad de cada persona exige una mirada de responsabilidad y compromiso”, dirigido al clero diocesano y al Seminario Mayor San José.El espacio permitió profundizar en la responsabilidad de la Iglesia de reconocer, proteger y promover la dignidad de todas las personas, con especial atención a quienes se encuentran en situaciones de vulnerabilidad.La jornada convocó a sacerdotes y seminaristas a continuar fortaleciendo ambientes eclesiales seguros y protectores mediante la escucha, la prevención, el acompañamiento y la corresponsabilidad.Más allá de las actividades desarrolladas durante esta semana, la Diócesis de Cúcuta plantea la cultura del cuidado como un compromiso permanente que debe estar presente en la vida pastoral, comunitaria y laboral de la Iglesia.Con esta iniciativa, la Iglesia Particular reafirma su apuesta por la prevención, la formación y la sensibilización, promoviendo comunidades en las que el cuidado y el buen trato sean expresiones concretas de la dignidad de cada persona y de la vivencia del Evangelio.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados:

 
La Iglesia en Colombia
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“Reconstruir no significa solamente levantar edificios": Arzobispo de Cali durante jornadas conmemorativas por las víctimas del terremoto

Mar 15 Sep 2026

Al cumplirse un mes del terremoto que estremeció a Colombia, en Cali, comunidades, parroquias y agentes pastorales se unieron en una jornada de oración y memoria por las 154 personas que perdieron la vida allí. Las actividades también pusieron de manifiesto que la reconstrucción implica acompañar a quienes continúan afrontando las consecuencias de la tragedia y fortalecer los vínculos de las comunidades.La memoria de las víctimas, la oración y la esperanza marcaron las acciones desarrolladas en Cali alrededor de la conmemoración del primer mes del terremoto ocurrido el 10 de agosto. Eucaristías, el rezo del Santo Rosario, el repique de campanas y un acto especial en memoria de quienes perdieron la vida reunieron a comunidades de distintos sectores de la ciudad.Las actividades iniciaron la noche del 9 de septiembre en la parroquia María Inmaculada, en el barrio Ciudad Capri. Después de la Eucaristía, la comunidad recorrió las calles con velas encendidas para rezar el Santo Rosario junto a la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la Arquidiócesis de Cali.La celebración contó con la presencia de monseñor Mark Joseph Seitz, obispo de El Paso, Texas, quien se encontraba de visita en la Arquidiócesis de Cali y quiso acompañar a esta comunidad afectada por el terremoto.“Es como un regalo de Dios...Cuando uno escucha acerca de lo ha pasado en otro parte del mundo, el corazón se conmueve... Quise estar presente con ellos, quise hacer algo por ellos, quise expresar nuestro dolor por lo que está pasando en sus vidas", expresó el obispo.Para el padre Albert Madroñero Gutiérrez, párroco de María Inmaculada, estos espacios también representan una oportunidad para que la comunidad relea su historia desde la fe y encuentre en medio del dolor motivos para fortalecer la esperanza, la fraternidad y el valor de la vida.Una ciudad que hizo memoriaDurante la mañana del 10 de septiembre, la parroquia Santa Teresa de Jesús, en Pampalinda, acogió una Eucaristía presidida por monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, quien elevó sus oraciones por las personas fallecidas, los damnificados y quienes han continuado prestando su servicio a las comunidades.“Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando. En el nombre del Señor”, señaló el arzobispo.A las 7:34 de la mañana, la misma hora en la que ocurrió el terremoto un mes atrás, las campanas de los templos de Cali sonaron durante 90 segundos. El repique se convirtió en un signo de memoria y esperanza y recordó a las 154 personas que perdieron la vida.El acto central de esta jornada también tuvo lugar en la parroquia María Inmaculada. Allí fueron leídos los nombres de las víctimas y se depositó una rosa blanca en el altar por cada una de ellas. También se elevaron globos blancos como expresión de memoria y esperanza.“Es hacer memoria, recordar a nuestros seres queridos; recordar el momento pero también avivar la esperanza”, afirmó el padre Albert Madroñero.La jornada permitió así recordar la magnitud del impacto del terremoto, pero también reconocer la capacidad de las comunidades para encontrarse, orar y continuar acompañándose.Orar por quienes siguen afrontando las consecuenciasLa oración continuó durante la tarde y la noche en la Iglesia de La Ermita, donde monseñor Luis Fernando Rodríguez, junto con integrantes de la Pastoral Social y del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali, acompañó a la comunidad en el rezo del Santo Rosario.Las intenciones estuvieron dirigidas a las personas fallecidas, sus familias, los heridos, los damnificados, quienes han perdido o visto afectados sus hogares y bienes, así como a quienes continúan aportando a los procesos de recuperación y reconstrucción.El padre Diego Fernando Guzmán, director de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali, destacó el sentido de esta oración como una fuente de fortaleza para las comunidades afectadas.“Que la paz de Cristo, que el amor maternal de la Virgen María nos dé la fuerza necesaria para cultivar el camino para seguir adelante a pesar de la destrucción. No se pierde la esperanza y queremos seguir adelante”, afirmó.Reconstruir también significa reconstruir comunidadLa conmemoración del primer mes permitió poner nuevamente la mirada sobre los desafíos que permanecen después de la emergencia. Para la Arquidiócesis de Cali, acompañar este proceso supone no limitar la reconstrucción a la recuperación de las estructuras físicas, sino reconocer también las afectaciones humanas y sociales que deja una tragedia de esta magnitud.“Reconstruir no significa solamente levantar edificios, sino también reconstruir vidas, vínculos y comunidad”, expresó monseñor Luis Fernando Rodríguez durante la jornada.El arzobispo también recordó que el terremoto significó un antes y un después para Cali, el Valle del Cauca y buena parte del territorio colombiano, y destacó el servicio que voluntarios y voluntarias continúan prestando a las comunidades.“Desde este comedor comunitario en el sector de Pampalinda, rendimos homenaje a las víctimas, a quienes han fallecido. Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando”, afirmó.Para la Iglesia, la memoria de quienes perdieron la vida y la atención a quienes continúan afrontando las consecuencias del terremoto se mantienen, de esta manera, como parte de un mismo camino: recordar, acompañar y contribuir a reconstruir no solo los espacios afectados, sino también las vidas y los vínculos que sostienen a las comunidades.Vea a continuación el video con los momentos más destacados de las jornadas:

Entre goles, fraternidad y misión: Medellín cerró la XI Copa de la Fe con cuatro equipos campeones

Lun 14 Sep 2026

La XI Copa de la Fe reunió en Medellín a más de 900 sacerdotes de Colombia, Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica en un encuentro que combinó competencia deportiva, fraternidad sacerdotal y una jornada pastoral en 29 parroquias de la Arquidiócesis de Medellín.La XI Copa de la Fe llegó a su final en Medellín dejando una particularidad en su historia: cuatro finales y cuatro campeones, en una edición que volvió a mostrar que el fútbol puede ser también un espacio para fortalecer la fraternidad sacerdotal, el encuentro con las comunidades y la misión evangelizadora.Durante cinco días, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica compartieron alrededor del deporte, acompañados por sus comunidades y por varios obispos que estuvieron presentes junto a los equipos de sus jurisdicciones.Cuatro copas, cuatro campeonesLa competencia se desarrolló en cuatro categorías que pusieron en el centro valores asociados a la experiencia de la Copa de la Fe:La Copa de Juego Limpio fue para la Diócesis de San Cristóbal, Venezuela, que disputó la final frente a la Diócesis de Cúcuta. La Copa de la Paz y la Reconciliación quedó en manos de la Arquidiócesis de Guadalajara, México, luego de enfrentar en la final a la Diócesis de Sonsón-Rionegro. Por su parte, la Diócesis de Garzón se quedó con la Copa de la Fraternidad, tras disputar la final ante la Arquidiócesis de Cartagena, mientras que la Arquidiócesis de Nueva Pamplona conquistó la Copa de la Esperanza, frente a la Diócesis de Pasto.Las finales de Juego Limpio y Paz y Reconciliación tuvieron como escenario el Estadio Atanasio Girardot, uno de los espacios deportivos más representativos de Medellín.De las canchas a la misiónUno de los momentos centrales de esta edición tuvo lugar durante el segundo día del torneo, cuando los sacerdotes dejaron por unas horas las canchas para ponerse en modo misión y encontrarse con las comunidades de la Arquidiócesis de Medellín.En total, 29 parroquias de las cuatro vicarías episcopales de zona abrieron sus puertas para recibir a los sacerdotes participantes. Allí celebraron la Eucaristía, administraron el sacramento de la Reconciliación y compartieron con familias, grupos parroquiales y personas de las comunidades.También realizaron visitas a enfermos y conocieron de cerca distintas realidades de la vida parroquial. La jornada permitió vivir una dimensión del ministerio sacerdotal que va más allá de la competencia: estar cerca de las personas, escuchar, compartir y caminar junto a las comunidades.Agentes pastorales de la Arquidiócesis de Medellín acompañaron el desarrollo de esta jornada y apoyaron la organización y logística del torneo, haciendo posible el encuentro entre las delegaciones y las comunidades locales.Una experiencia de fraternidadLa Copa de la Fe también permitió fortalecer los vínculos entre sacerdotes de distintas jurisdicciones. En esta edición, algunas Iglesias particulares se unieron para conformar un solo equipo, como ocurrió con la Diócesis de Yopal y la Arquidiócesis de Florencia; la diócesis de Ocaña y El Banco; la Diócesis de Málaga y la Arquidiócesis de Bucaramanga; así como las diócesis de Girardota, Caldas y Quibdó.A las jornadas deportivas se sumó además el acompañamiento de los fieles, quienes llegaron desde diferentes regiones para respaldar a sus sacerdotes desde las tribunas. Su presencia se convirtió en otra expresión de comunión eclesial alrededor de un encuentro que buscó integrar a sacerdotes, comunidades y familias.La experiencia también quiso abrir una oportunidad para que los espectadores conocieran de una manera cercana la vida y el servicio de los sacerdotes y, a partir de ese encuentro, pudiera surgir en algunos jóvenes la inquietud por la vocación sacerdotal.Los obispos acompañaron a sus equiposAunque la participación de los sacerdotes fue el centro de la competencia, varios obispos acompañaron a las delegaciones de sus jurisdicciones durante el torneo.Entre ellos estuvieron los anfitriones, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, y monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín, quienes recibieron y acompañaron a las diferentes delegaciones.También estuvieron presentes monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso; monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Montería; monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco; monseñor José Alberto Ossa Soto, arzobispo de Nueva Pamplona; monseñor Hugo Torres Marín, arzobispo de Medellín; y monseñor Juan Manuel Toro Vallejo, obispo de Gigardota, entre otros pastores que acompañaron a sus sacerdotes.La XI Copa de la Fe cerró así una nueva edición en la que el resultado deportivo fue solo una parte de la experiencia. En Medellín, las canchas, las parroquias y las comunidades se convirtieron en escenarios de fraternidad, comunión y misión, mostrando que el deporte también puede abrir caminos para el encuentro y la evangelización.

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Conferencia Episcopal de Colombia expresa su cercanía a monseñor Ovidio Giraldo Velásquez tras el fallecimiento de su madre

Mié 23 Sep 2026

La Conferencia Episcopal de Colombia expresa su solidaridad y cercanía fraterna a monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja, y a toda su familia, ante el fallecimiento de su madre, Judith Velásquez de Giraldo.Los obispos de Colombia elevan sus oraciones al Señor Resucitado por el eterno descanso de la señora Judith y piden que conceda consuelo y fortaleza a monseñor Ovidio, a sus familiares y seres queridos.En esperanza cristiana, la Iglesia en Colombia acompaña a la familia Giraldo Velásquez, confiando en la promesa de la vida eterna.

Monseñor Angelo Accattino ya está en Colombia para iniciar su misión como Nuncio Apostólico

Mar 22 Sep 2026

La Conferencia Episcopal de Colombia da la bienvenida a monseñor Angelo Accattino, quien ya se encuentra en el país para iniciar su misión como Nuncio Apostólico de Su Santidad, el papa León XIV.El nuevo representante pontificio llegó a Bogotá el pasado 18 de septiembre, luego de que el Santo Padre anunciara su nombramiento el 15 de agosto de 2026. Con esta designación, monseñor Accattino asume la representación de la Santa Sede en Colombia y retoma un vínculo con el país que comenzó hace más de dos décadas, cuando se desempeñó como Segundo Secretario de la Nunciatura Apostólica en Colombia, entre 2001 y 2003.Al conocer su nombramiento, la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia le expresó su alegría y los mejores deseos para el desarrollo de su misión, destacando precisamente el conocimiento que ya tiene de la realidad colombiana.“Su presencia entre nosotros no solo demuestra las buenas relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Estado Colombiano, sino que estrecha nuestros vínculos con el Santo Padre”, señalaron los obispos en la comunicación enviada a monseñor Accattino el pasado 15 de agosto.La Presidencia de la CEC también resaltó que su anterior servicio en Colombia le permitió “ver nuestra realidad, escuchar nuestros clamores y valorar nuestras búsquedas y esfuerzos”, y manifestó su confianza ante esta nueva etapa, marcada por desafíos y anhelos para el país.Una amplia trayectoria al servicio diplomático de la Santa SedeNacido en Asti, Italia, el 31 de julio de 1966, Angelo Accattino fue ordenado sacerdote para la Diócesis de Casale Monferrato el 25 de junio de 1994. Es licenciado en Teología Dogmática, con especialización en Escatología, por la Pontificia Universidad Gregoriana, y doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino.En 1999 ingresó al Servicio Diplomático de la Santa Sede, después de graduarse de la Pontificia Academia Eclesiástica, donde obtuvo la habilitación para este servicio.A lo largo de su trayectoria diplomática ha prestado servicio en diferentes representaciones pontificias y en la Secretaría de Estado de la Santa Sede. Además de Colombia, estuvo destinado en Trinidad y Tobago, Perú, Estados Unidos y Turquía, y desempeñó funciones en la Sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado, con responsabilidad sobre asuntos relacionados con países de Suramérica y el Caribe.El 12 de septiembre de 2017 fue nombrado Nuncio Apostólico en Bolivia y, el 25 de noviembre de ese mismo año, recibió la ordenación episcopal como Arzobispo Titular de Sabiona. Posteriormente, el 2 de enero de 2023 fue nombrado Nuncio Apostólico en Tanzania. Ahora, por designación del papa León XIV, regresa a Colombia para asumir una nueva responsabilidad como representante pontificio.Una misión que la Iglesia colombiana acompaña con fraternidad y oraciónLa Conferencia Episcopal de Colombia manifestó desde el anuncio de su nombramiento su disposición para acompañar el servicio de monseñor Accattino. En su mensaje de bienvenida, la Presidencia de la CEC le aseguró: “Cuenta con nuestra fraternidad, disponibilidad y oración”.Asimismo, los obispos encomendaron su vida, su ministerio episcopal y su servicio diplomático a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y de San José, como expresión de la acogida de la Iglesia en Colombia a quien, en nombre del Santo Padre, inicia esta nueva misión en el país.

 
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