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Conferencia Episcopal Actualidad
Obispos confían al padre Diego Meza Gavilanes el liderazgo de la Pastoral Social en Colombia
Vie 21 Ago 2026

El sacerdote, designado por los obispos colombianos durante la Asamblea Plenaria de julio, asume esta responsabilidad en medio de la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto. Una de sus primeras misiones será fortalecer y articular la respuesta de la Iglesia en los territorios afectados, en el marco de la iniciativa “Con Colombia, hasta el último rincón”.El padre Diego Meza Gavilanes asumió la dirección del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, luego de ser designado para esta responsabilidad por los obispos del país durante la CXXI Asamblea Plenaria del episcopado colombiano, realizada en julio.Su llegada a la Pastoral Social nacional ocurre en un momento especialmente desafiante para Colombia. Apenas iniciada esta nueva responsabilidad, el sacerdote se ha incorporado al trabajo que adelanta el Sistema Nacional de Emergencias de Cáritas Colombiana para acompañar a las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto y fortalecer, desde el ámbito nacional, la respuesta de la Iglesia a esta emergencia.En este contexto, el padre Diego también asume el liderazgo de la iniciativa “Con Colombia, hasta el último rincón”, impulsada por la Conferencia Episcopal de Colombia para articular esfuerzos y llevar solidaridad, acompañamiento y apoyo a las comunidades afectadas, especialmente a aquellas que se encuentran en zonas rurales, dispersas o con mayores dificultades para acceder a la ayuda.Una experiencia construida desde los territoriosOriundo del municipio de Ospina, Nariño, y sacerdote de la Diócesis de Ipiales, el padre Diego Meza llega a esta responsabilidad con una trayectoria estrechamente vinculada al trabajo pastoral y social en los territorios.Desde julio de 2024 se desempeñaba como director de la Pastoral Social de la Diócesis de Ipiales, en la frontera colombo-ecuatoriana, donde acompañó procesos relacionados con paz y reconciliación, memoria histórica, participación política juvenil, agroecología, movilidad humana, género y desarrollo rural, en articulación con organizaciones de cooperación internacional.Su experiencia también incluye la docencia y la investigación social. Es doctor en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y cuenta con un máster en Metodología y Técnicas Avanzadas de Investigación Social de la Universidad Sapienza de Roma. Ha sido profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Gregoriana y del Centro de Estudios e Investigaciones Latinoamericanas (CEILAT) de la Universidad de Nariño.Entre sus publicaciones se encuentra el libro Trayectorias cruzadas. Catolicismos y Política en la América Latina Contemporánea, publicado por la Editorial Pontificia Universidad Javeriana, del cual es coeditor.Una Iglesia que ya está en los territoriosAl asumir la dirección del Secretariado, el padre Diego destaca una de las principales fortalezas con las que cuenta la Pastoral Social de la Iglesia para responder a situaciones de emergencia: su presencia permanente en las comunidades.“Una de las grandes fortalezas de la Iglesia es que no llegamos al territorio después de una emergencia. Ya estábamos allí antes de que esta ocurriera y permaneceremos después de ella”.Esta presencia, explica, se sostiene a través de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios que acompañan de manera cotidiana a las comunidades.“La Iglesia tiene una presencia capilar a través de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios. Esta presencia resulta especialmente importante en las zonas más olvidadas y periféricas”.Desde esta perspectiva, la respuesta ante el terremoto no parte de cero. La estructura territorial de la Iglesia permite identificar necesidades, acompañar a las comunidades y mantener el vínculo con ellas más allá de la atención inmediata de la emergencia.Escuchar para llegar a quienes pueden estar quedando por fueraUno de los primeros desafíos que asume el nuevo director es fortalecer la capacidad de la Pastoral Social para identificar las necesidades que no siempre aparecen en los grandes consolidados de una emergencia.Para ello, se contempla el despliegue de equipos técnicos en los territorios afectados, con especial atención a comunidades rurales dispersas, zonas urbanas, pueblos indígenas y afrocolombianos y familias que enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.“En una emergencia quien más visibilidad tiene no necesariamente es quien más necesita la ayuda. Queremos que nuestras decisiones se basen en las necesidades reales de los territorios”, señala el padre Diego.En ese propósito, plantea una pregunta que orientará su trabajo al frente del Secretariado:“¿Quién está quedando por fuera de la respuesta?”La apuesta es que la atención de la emergencia pueda llegar no solo a los lugares más visibles o de más fácil acceso, sino también a aquellas comunidades que, por sus condiciones geográficas, sociales o económicas, pueden quedar rezagadas de los mecanismos de asistencia.Más allá de la emergencia: acompañar la recuperaciónPara el padre Diego Meza, la misión de la Pastoral Social no termina con la entrega de ayudas humanitarias. El acompañamiento debe proyectarse hacia la recuperación de las comunidades y la reconstrucción de sus proyectos de vida.Por eso, uno de los retos que plantea esta nueva etapa es contribuir a una recuperación que permita superar las condiciones de vulnerabilidad que ya existían antes del terremoto.“Nuestro reto no es solamente aportar a la reconstrucción de las viviendas destruidas, es evitar reconstruir las mismas vulnerabilidades que existían antes del terremoto. La reconstrucción será verdaderamente humana cuando una familia pueda recuperar no solamente su techo, sino también las condiciones para reconstruir su proyecto de vida”.Este enfoque se suma a los principales desafíos que seguirá acompañando el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana: la atención a las víctimas del conflicto armado, los procesos de paz y reconciliación, las dinámicas de movilidad humana y migración, el desarrollo rural y el cuidado de la casa común, entre otras realidades que afectan especialmente a las comunidades más vulnerables.Con la llegada del padre Diego Meza, la Pastoral Social de la Iglesia en Colombia inicia una nueva etapa de servicio nacional, marcada por la experiencia territorial, la escucha de las comunidades y el compromiso de acompañarlas antes, durante y después de las situaciones de emergencia.En medio de la actual emergencia, este trabajo se articula con el llamado de la Conferencia Episcopal de Colombia a estar “con Colombia, hasta el último rincón”, fortaleciendo la solidaridad y la presencia de la Iglesia allí donde más se necesita.

Conferencia Episcopal Actualidad
Iglesia colombiana conoce en Venezuela experiencias de acompañamiento pastoral y humanitario ante la emergencia
Mié 19 Ago 2026

Tras recorrer comunidades afectadas en La Guaira, Caracas y Valencia, la delegación de la Iglesia colombiana regresó al país con una experiencia que puede aportar al acompañamiento de las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto. Durante su visita a Venezuela, la Presidencia de la CEC y representantes del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano conocieron de cerca la respuesta de la Iglesia venezolana ante la emergencia y fortalecieron los vínculos de comunión y solidaridad entre ambas Iglesias.Entre el 13 y el 17 de agosto, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC); el padre Raúl Ortiz Toro, secretario adjunto de la CEC; y el padre Nelson Ortiz, en representación de Cáritas Colombiana, visitaron distintos lugares afectados por el terremoto que golpeó a Venezuela el pasado 24 de junio.La visita había sido programada con anterioridad al terremoto que afectó a Colombia el 10 de agosto, como expresión de cercanía y solidaridad de la Iglesia colombiana con el pueblo venezolano y de fortalecimiento de los vínculos entre las dos Iglesias.Las circunstancias hicieron que este encuentro adquiriera un significado especial: mientras Venezuela continúa afrontando las consecuencias de su propia emergencia, Colombia vive ahora un momento de dolor y requiere también el acompañamiento y la solidaridad de toda la Iglesia.Conocer de cerca la experiencia de la Iglesia venezolanaDurante su permanencia en Venezuela, la delegación colombiana estuvo en La Guaira, Caracas y Valencia, donde pudo acercarse a las comunidades afectadas, conocer las condiciones de algunos templos y compartir con representantes de la Iglesia venezolana las acciones que se han desarrollado para acompañar a las personas y familias damnificadas.Desde esta experiencia, monseñor Francisco Javier Múnera destacó la fortaleza con la que la Iglesia venezolana ha acompañado a las comunidades:“Profundamente conmovidos por el sufrimiento que están viviendo y experimentando a raíz de este terremoto. Pero también supremamente agradecidos con Dios por la fortaleza y la esperanza que ha infundido en esta Iglesia que camina en Venezuela para animar y sostener la fe, la esperanza y la caridad en las comunidades”.El testimonio del presidente de la CEC pone de relieve uno de los principales aprendizajes de la visita: la capacidad de la Iglesia local para permanecer cercana a las comunidades y sostener, en medio de la emergencia, espacios de fe, esperanza y caridad.Una solidaridad que une a dos Iglesias hermanasLa presencia de la delegación colombiana en Venezuela también fue expresión de una solidaridad que comenzó desde los primeros momentos de la emergencia del 24 de junio.Desde entonces, distintas jurisdicciones eclesiásticas, organismos pastorales y comunidades en Colombia manifestaron su cercanía con Venezuela y promovieron acciones de solidaridad y movilización de ayudas para las poblaciones afectadas.Durante la visita, el padre Raúl Ortiz Toro transmitió nuevamente este mensaje de cercanía en nombre de la Conferencia Episcopal de Colombia, el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y Cáritas Colombiana.Partiendo del Salmo 27 —“El Señor es mi luz y mi salvación. ¿A quién temeré?”—, el sacerdote invitó a mantener la confianza y la esperanza en medio de las dificultades.“Creo que este salmo también nos ilumina en medio de las situaciones difíciles. De parte de la Conferencia Episcopal de Colombia y de parte del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y de Cáritas Colombiana, mandamos un mensaje de solidaridad a todos nuestros hermanos venezolanos”.El padre Raúl también pidió oración por las víctimas y por quienes participaron en las labores de rescate:“Oramos por el eterno descanso de todas las víctimas y también pedimos al Señor que fortalezca a todos los grupos de rescate, a todas las personas que están comprometidas con los rescates de los sobrevivientes y con los rescates de los cuerpos de los fallecidos”.Y expresó un deseo que hoy adquiere especial significado para ambos países:“Para que el Señor permita que la esperanza nunca decaiga en nuestros pueblos hermanos de Colombia y Venezuela”.“Tras el temblor, el amor”Otro de los elementos que marcó la visita fue conocer la manera como la Iglesia venezolana ha articulado su respuesta pastoral y solidaria. El padre Nelson Ortiz destacó una expresión que encontró como inspiración para este trabajo: “Tras el temblor, el amor”.Para el sacerdote, esta frase resume el sentido de la misión que la Iglesia está desarrollando junto a las comunidades afectadas:“Resume muy bien la intención nuestra de estar aquí tras el temblor, el amor que se expresa en cercanía”.Desde esta perspectiva, la visita permitió compartir no solo las dificultades que enfrentan las comunidades, sino también las experiencias de acompañamiento, organización y solidaridad que pueden ofrecer aprendizajes para otros contextos de emergencia.El padre Nelson concluyó su mensaje invitando a fortalecer los vínculos entre los dos pueblos:“El Señor bendiga nuestros pueblos hermanos y estrechemos siempre nuestros vínculos de comunión y de solidaridad. Paz y bien para todos”.Una experiencia que aporta al acompañamiento en ColombiaEl intercambio con la Iglesia venezolana adquiere particular relevancia para Colombia, que desde el terremoto del pasado 10 de agosto acompaña a las comunidades afectadas y avanza en la identificación de sus necesidades.Los aprendizajes recogidos durante la visita podrán contribuir a fortalecer el acompañamiento pastoral y social que desarrolla la Iglesia colombiana, especialmente en aspectos relacionados con la cercanía a las comunidades, la articulación de ayudas y el sostenimiento de la esperanza durante los procesos de recuperación.Mientras la delegación colombiana desarrollaba esta visita, la respuesta de la Iglesia ante la emergencia en Colombia continuó activa en el territorio nacional.Los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales y comunidades de las distintas jurisdicciones eclesiásticas han venido acompañando a las poblaciones afectadas. A esta labor se suman los diferentes departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, bajo el liderazgo de monseñor Germán Medina Acosta, secretario general de la CEC.Desde estos espacios continúa la articulación de la respuesta pastoral y solidaria de la Iglesia, acompañando a las comunidades damnificadas y promoviendo la movilización de ayudas y recursos de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.Tras regresar a Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera, el padre Raúl Ortiz Toro y el padre Nelson Ortiz ya están incorporados nuevamente a las acciones y procesos que la Iglesia adelanta frente a la emergencia nacional.Una comunión que se expresa en el acompañamientoLa visita pastoral a Venezuela permitió así estrechar los vínculos entre dos Iglesias que, en pocos meses, han acompañado a sus pueblos frente a situaciones de emergencia y dolor.La solidaridad expresada por la Iglesia colombiana hacia Venezuela desde el pasado 24 de junio encuentra hoy una nueva expresión en el acompañamiento a las comunidades afectadas en Colombia. Al mismo tiempo, la experiencia de la Iglesia venezolana ofrece aprendizajes y fortalece la comunión entre ambas Iglesias.Desde esta experiencia compartida, Colombia y Venezuela continúan caminando como pueblos hermanos, sosteniendo la fe y la esperanza y haciendo de la solidaridad una expresión concreta de la cercanía de la Iglesia con quienes más sufren.

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Arquidiócesis de Bogotá lleva “Primeros Auxilios Espirituales” a las comunidades afectadas por el terremoto
Mar 18 Ago 2026

En el marco de la respuesta pastoral de la Iglesia Católica ante la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá partieron este martes hacia seis zonas afectadas para acompañar a las comunidades desde la cercanía, la escucha, la oración y la celebración del sacramento de la Reconciliación.La Iglesia Católica continúa acompañando a las comunidades afectadas por el terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto. Como una expresión concreta de esta presencia pastoral, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá iniciaron este martes una misión de “Primeros Auxilios Espirituales” en territorios impactados por la emergencia.La iniciativa, que se desarrolla bajo el signo de una Iglesia en salida, busca llevar la presencia cercana de la Iglesia a parroquias urbanas y rurales que han vivido momentos de dolor, pérdida y afectación a causa del terremoto. Los equipos misioneros se desplazarán hacia Cartago, Pereira, Cali, Palmira, Buenaventura y Buga, donde acompañarán a sacerdotes, comunidades y fieles durante los próximos días.La misión es encabezada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, y cuenta con el acompañamiento de los obispos auxiliares de la Arquidiócesis: monseñor Alejandro Díaz, monseñor Edwin Vanegas y monseñor Germán Barbosa, quienes hacen parte de los distintos equipos que se desplazan a las zonas afectadas. También se ha sumado monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, obispo de Chiquinquirá.La experiencia está coordinada por monseñor Ricardo Pulido, sacerdote de la responsable de la Arquidiócesis de Bogotá, encargado de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral, y fue organizada con el propósito de que los sacerdotes puedan ponerse al servicio de las comunidades sin representar una carga económica para ellas.Una presencia que escucha y acompañaMás que llevar una respuesta material, esta misión busca ofrecer una presencia espiritual y humana en medio de la emergencia. Los sacerdotes acompañarán a las comunidades a través de la escucha, la oración, la cercanía y la celebración del sacramento de la Reconciliación, como una manera de ayudar a afrontar el dolor y fortalecer la esperanza.La iniciativa parte de una convicción: en medio de una emergencia, la reconstrucción también pasa por el corazón de las personas y de las comunidades. Por eso, la presencia de la Iglesia busca ser un punto de encuentro para quienes necesitan ser escuchados, compartir sus experiencias y encontrar consuelo y esperanza en la fe.Los sacerdotes misioneros cuentan con el aval de sus respectivos obispos o superiores provinciales y se desplazan con lo necesario para desarrollar su servicio, procurando mantener una actitud sencilla y disponible ante las realidades que encontrarán en cada territorio.Seis destinos, una misma misiónLos equipos estarán distribuidos en seis zonas pastorales afectadas por el terremoto:-Cartago: acompañamiento encabezado por el cardenal Luis José Rueda Aparicio y monseñor Ramón Rolón, obispo de Chiquinquirá.-Pereira: equipo acompañado por monseñor Alejandro Díaz, obispo auxiliar de Bogotá.-Cali: equipo acompañado por monseñor Germán Barbosa, obispo auxiliar de Bogotá.-Palmira: equipo acompañado por monseñor Edwin Vanegas, obispo auxiliar de Bogotá.-Buenaventura: equipo coordinado por monseñor Darío Álvarez.-Buga: equipo coordinado por monseñor Abelardo Gómez.Durante la jornada de este martes 18 de agosto se realiza la movilización y llegada de los equipos a los territorios asignados. Entre el miércoles 19 y el viernes 21 de agosto se desarrollará propiamente la experiencia misionera de cercanía, escucha y oración. El sábado 22 será la jornada de retorno y el domingo 23 se propone una jornada de oración por las parroquias visitadas, como signo de continuidad del acompañamiento.“Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón”Al despedir a los sacerdotes que participan en esta primera experiencia, el cardenal Luis José Rueda Aparicio destacó que la misión busca también aprender de las realidades encontradas para fortalecer futuras acciones pastorales y humanitarias.“Estaremos atentos a los aprendizajes que obtengamos en esta primera salida, para realizar otras en este año o en distintas emergencias que requieran nuestro servicio humanitario y pastoral”, afirmó el arzobispo de Bogotá.Y agregó una petición que recoge el sentido profundo de esta misión: “Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón, que la Virgen María nos acompañe con su amor de Madre para guiar el camino de la esperanza después del terremoto”.Esta experiencia de la Arquidiócesis de Bogotá se suma a las distintas acciones que, desde las diócesis y jurisdicciones eclesiásticas del país, viene desarrollando la Iglesia Católica para permanecer junto a las comunidades afectadas por la emergencia.En este tiempo de dolor, la Iglesia busca llegar “hasta el último rincón”, no solo con ayudas y acciones de respuesta a las necesidades materiales, sino también con una presencia que acompaña, escucha, ora y ayuda a mantener viva la esperanza en los procesos de recuperación y reconstrucción.

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Monseñor Angelo Accattino, nuevo Nuncio Apostólico en Colombia
Sáb 15 Ago 2026

El Arzobispo titular de Sabiona, con amplia experiencia en el servicio diplomático de la Santa Sede y conocimiento previo de Colombia, fue nombrado por el papa León XIV como nuevo representante pontificio en el país.La Santa Sede oficializó este 15 de agosto el nombramiento de monseñor Angelo Accattino, arzobispo titular de Sabiona, como nuevo Nuncio Apostólico en Colombia. El papa León XIV le confía esta misión tras la partida de monseñor Paolo Rudelli, quien en marzo de este año concluyó su servicio diplomático en el país para asumir una nueva responsabilidad al servicio directo del Santo Padre y de la Iglesia universal como Sustituto para los Asuntos Generales en la Secretaría de Estado.Con esta designación, monseñor Accattino regresa a Colombia, un país que ya conoce, pues durante sus primeros años en el Servicio Diplomático de la Santa Sede prestó servicio en esta Nunciatura Apostólica.Una amplia trayectoria al servicio de la Santa SedeMonseñor Angelo Accattino nació en Asti, Italia, el 31 de julio de 1966. Fue ordenado sacerdote el 25 de junio de 1994 y quedó incardinado en la diócesis de Casale Monferrato.Es doctor en Derecho Canónico e ingresó al Servicio Diplomático de la Santa Sede el 1.º de julio de 1999. Desde entonces, ha desarrollado una amplia trayectoria en diferentes representaciones pontificias y en la Secretaría de Estado.A lo largo de su servicio diplomático estuvo destinado en las Nunciaturas Apostólicas de Trinidad y Tobago, Colombia, Perú, Estados Unidos de América y Turquía, además de prestar servicio en la Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de Estado.Su experiencia en América Latina se fortaleció con su nombramiento como Nuncio Apostólico en Bolivia el 12 de septiembre de 2017. En esa ocasión fue elevado a la dignidad de arzobispo y recibió la sede titular de Sabiona.Posteriormente, el 2 de enero de 2023, fue nombrado Nuncio Apostólico en Tanzania, misión que desempeñaba hasta su designación para Colombia.Colombia, parte de su trayectoria diplomáticaEl nuevo representante pontificio llega a Colombia con un conocimiento previo de la realidad eclesial y social del país, adquirido durante su paso por la Nunciatura Apostólica. Esto, constituye un aspecto significativo de su nueva misión, que se desarrollará en un contexto de importantes desafíos para la sociedad colombiana y para la Iglesia que peregrina en el país.La misión del Nuncio Apostólico comprende, entre otras responsabilidades, representar al Santo Padre ante las autoridades civiles y ante la Iglesia local, favorecer los vínculos de comunión entre la Santa Sede y la Iglesia en Colombia y contribuir al fortalecimiento de las relaciones entre ambas realidades.Continuidad de la misión diplomáticaMonseñor Angelo Accattino sucede a monseñor Paolo Rudelli, quien estuvo al frente de la Nunciatura Apostólica en Colombia desde 2023 hasta marzo de 2026.El papa León XIV nombró entonces a monseñor Rudelli Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, poniéndolo al frente de la Primera Sección de este organismo, encargada de atender los asuntos ordinarios del Pontífice, coordinar el trabajo de los dicasterios y acompañar la actividad cotidiana de la Santa Sede.Su traslado a una nueva responsabilidad en la Curia Romana marcó el cierre de su misión diplomática en Colombia y dio paso al nombramiento del nuevo representante pontificio.El inicio de una nueva misión en ColombiaMonseñor Angelo Accattino asumirá próximamente su misión en Colombia, pocos días después del terremoto registrado el pasado 10 de agosto, que afectó a diferentes regiones del país y dejó víctimas, personas heridas y comunidades damnificadas.Ante esta emergencia, el Papa León XIV ha expresado su cercanía con las comunidades afectadas y ha promovido la oración y la solidaridad con las personas y familias que enfrentan las consecuencias de la tragedia.La Conferencia Episcopal de Colombia agradece al Santo Padre el nombramiento de monseñor Angelo Accattino y expresa su disposición para recibirlo próximamente como nuevo representante pontificio en el país. Los obispos de Colombia encomiendan a Dios el inicio de su misión y manifiestan su voluntad de continuar fortaleciendo, junto a él, los vínculos de comunión entre la Iglesia en Colombia y la Santa Sede.Perfil de monseñor Angelo AccatinoNombre: Angelo AccattinoTítulo: Arzobispo titular de SabionaLugar y fecha de nacimiento: Asti, Italia, 31 de julio de 1966Ordenación sacerdotal: 25 de junio de 1994Diócesis de incardinación: Casale Monferrato, ItaliaFormación: Doctor en Derecho CanónicoIngreso al Servicio Diplomático de la Santa Sede: 1.º de julio de 1999Servicio diplomático: Nunciaturas Apostólicas de Trinidad y Tobago, Colombia, Perú, Estados Unidos de América y Turquía; Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de EstadoNuncio Apostólico en Bolivia: 12 de septiembre de 2017Nuncio Apostólico en Tanzania: 2 de enero de 2023Nuncio Apostólico en Colombia: 15 de agosto de 2026

 
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Arquidiócesis de Bogotá lleva “Primeros Auxilios Espirituales” a las comunidades afectadas por el terremoto

Mar 18 Ago 2026

En el marco de la respuesta pastoral de la Iglesia Católica ante la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá partieron este martes hacia seis zonas afectadas para acompañar a las comunidades desde la cercanía, la escucha, la oración y la celebración del sacramento de la Reconciliación.La Iglesia Católica continúa acompañando a las comunidades afectadas por el terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto. Como una expresión concreta de esta presencia pastoral, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá iniciaron este martes una misión de “Primeros Auxilios Espirituales” en territorios impactados por la emergencia.La iniciativa, que se desarrolla bajo el signo de una Iglesia en salida, busca llevar la presencia cercana de la Iglesia a parroquias urbanas y rurales que han vivido momentos de dolor, pérdida y afectación a causa del terremoto. Los equipos misioneros se desplazarán hacia Cartago, Pereira, Cali, Palmira, Buenaventura y Buga, donde acompañarán a sacerdotes, comunidades y fieles durante los próximos días.La misión es encabezada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, y cuenta con el acompañamiento de los obispos auxiliares de la Arquidiócesis: monseñor Alejandro Díaz, monseñor Edwin Vanegas y monseñor Germán Barbosa, quienes hacen parte de los distintos equipos que se desplazan a las zonas afectadas. También se ha sumado monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, obispo de Chiquinquirá.La experiencia está coordinada por monseñor Ricardo Pulido, sacerdote de la responsable de la Arquidiócesis de Bogotá, encargado de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral, y fue organizada con el propósito de que los sacerdotes puedan ponerse al servicio de las comunidades sin representar una carga económica para ellas.Una presencia que escucha y acompañaMás que llevar una respuesta material, esta misión busca ofrecer una presencia espiritual y humana en medio de la emergencia. Los sacerdotes acompañarán a las comunidades a través de la escucha, la oración, la cercanía y la celebración del sacramento de la Reconciliación, como una manera de ayudar a afrontar el dolor y fortalecer la esperanza.La iniciativa parte de una convicción: en medio de una emergencia, la reconstrucción también pasa por el corazón de las personas y de las comunidades. Por eso, la presencia de la Iglesia busca ser un punto de encuentro para quienes necesitan ser escuchados, compartir sus experiencias y encontrar consuelo y esperanza en la fe.Los sacerdotes misioneros cuentan con el aval de sus respectivos obispos o superiores provinciales y se desplazan con lo necesario para desarrollar su servicio, procurando mantener una actitud sencilla y disponible ante las realidades que encontrarán en cada territorio.Seis destinos, una misma misiónLos equipos estarán distribuidos en seis zonas pastorales afectadas por el terremoto:-Cartago: acompañamiento encabezado por el cardenal Luis José Rueda Aparicio y monseñor Ramón Rolón, obispo de Chiquinquirá.-Pereira: equipo acompañado por monseñor Alejandro Díaz, obispo auxiliar de Bogotá.-Cali: equipo acompañado por monseñor Germán Barbosa, obispo auxiliar de Bogotá.-Palmira: equipo acompañado por monseñor Edwin Vanegas, obispo auxiliar de Bogotá.-Buenaventura: equipo coordinado por monseñor Darío Álvarez.-Buga: equipo coordinado por monseñor Abelardo Gómez.Durante la jornada de este martes 18 de agosto se realiza la movilización y llegada de los equipos a los territorios asignados. Entre el miércoles 19 y el viernes 21 de agosto se desarrollará propiamente la experiencia misionera de cercanía, escucha y oración. El sábado 22 será la jornada de retorno y el domingo 23 se propone una jornada de oración por las parroquias visitadas, como signo de continuidad del acompañamiento.“Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón”Al despedir a los sacerdotes que participan en esta primera experiencia, el cardenal Luis José Rueda Aparicio destacó que la misión busca también aprender de las realidades encontradas para fortalecer futuras acciones pastorales y humanitarias.“Estaremos atentos a los aprendizajes que obtengamos en esta primera salida, para realizar otras en este año o en distintas emergencias que requieran nuestro servicio humanitario y pastoral”, afirmó el arzobispo de Bogotá.Y agregó una petición que recoge el sentido profundo de esta misión: “Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón, que la Virgen María nos acompañe con su amor de Madre para guiar el camino de la esperanza después del terremoto”.Esta experiencia de la Arquidiócesis de Bogotá se suma a las distintas acciones que, desde las diócesis y jurisdicciones eclesiásticas del país, viene desarrollando la Iglesia Católica para permanecer junto a las comunidades afectadas por la emergencia.En este tiempo de dolor, la Iglesia busca llegar “hasta el último rincón”, no solo con ayudas y acciones de respuesta a las necesidades materiales, sino también con una presencia que acompaña, escucha, ora y ayuda a mantener viva la esperanza en los procesos de recuperación y reconstrucción.

La Diócesis de Ocaña celebró las bodas de plata de un encuentro que ha fortalecido generaciones de monaguillos

Mar 4 Ago 2026

Niños, adolescentes y familias provenientes de seis jurisdicciones eclesiásticas invitadas se unieron a la Diócesis de Ocaña para conmemorar la vigésima quinta edición del Encuentro Diocesano de Monaguillos, una experiencia que, desde hace más de dos décadas, promueve la espiritualidad, el servicio al altar y el discernimiento vocacional.Con la participación de más de 1.120 monaguillos, acompañados por sus familias, la Diócesis de Ocaña celebró las bodas de plata del Encuentro Diocesano de Monaguillos, una de las iniciativas pastorales más representativas de esta Iglesia particular, que durante 25 años ha promovido el amor por la Eucaristía, el servicio litúrgico y el despertar de vocaciones sacerdotales.Aunque este encuentro hace parte de las tradiciones pastorales de la diócesis, la conmemoración de su vigésima quinta edición tuvo un carácter especial al reunir, además de las parroquias locales, delegaciones provenientes de las diócesis de Magangué, Valledupar, Cúcuta, Barrancabermeja y El Banco-Magdalena, así como de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona, fortaleciendo así la comunión entre diversas Iglesias particulares.Las actividades centrales se desarrollaron en el Seminario Mayor El Buen Pastor, donde los participantes vivieron jornadas de formación, oración, integración y celebración. El encuentro inició con una peregrinación a la Montaña Sagrada de Torcoroma, donde los niños y jóvenes conocieron la historia de la aparición de la imagen de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma, patrona de la diócesis, y profundizaron en el significado de esta tradición pastoral que ha acompañado a generaciones de monaguillos.Durante los dos días también hubo espacios recreativos, actividades de fraternidad entre las delegaciones, encuentros formativos y celebraciones litúrgicas que permitieron reconocer la misión que desempeñan los monaguillos en la vida de la Iglesia, al tiempo que fortalecieron su sentido de pertenencia e identidad eclesial.El encuentro concluyó con la celebración de la Santa Eucaristía, presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba, obispo de Ocaña, quien dio gracias a Dios por estos 25 años de camino y encomendó a los participantes para que continúen respondiendo con alegría al llamado de servir al Señor desde el altar.Una experiencia que fortalece la fe y la vocaciónMás allá de la conmemoración de un aniversario, el encuentro volvió a evidenciar el impacto que esta experiencia tiene en la vida de quienes participan."Es la primera vez que vivo esta experiencia. Me ha parecido muy bonita porque he conocido nuevos amigos, he recibido buenos consejos y he entendido cómo nació este encuentro. Gracias a quienes comenzaron esta obra hoy nosotros podemos estar aquí", expresó una de las monaguillas provenientes de la Diócesis de Valledupar.Desde otras jurisdicciones eclesiásticas también se destacó el valor evangelizador de esta iniciativa. El diácono Edwin Hernando Peinado Guerrero, de la Diócesis de Magangué, afirmó que este tipo de espacios ayudan a que los niños comprendan con mayor profundidad el sentido del servicio al altar y manifestó el deseo de impulsar una experiencia similar en su Iglesia particular.Por su parte, una delegada de la Pastoral Infantil de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona resaltó que compartir con cientos de niños que realizan el mismo servicio anima a los monaguillos a perseverar en su misión y les permite descubrir que forman parte de una Iglesia viva y en camino.Veinticinco años sembrando vocacionesEl Encuentro Diocesano de Monaguillos nació como una iniciativa de la Pastoral Vocacional del Seminario Mayor El Buen Pastor, concebida durante la programación formativa de 2001. La propuesta fue acogida por el entonces rector, el presbítero Juan Carlos Ramírez Rojas, y respaldada por el entonces obispo de Ocaña, monseñor Jorge Enrique Lozano Zafra.La primera edición se realizó el 23 de noviembre de 2002 y, desde entonces, el encuentro se ha celebrado de manera ininterrumpida, convirtiéndose en un proceso permanente de evangelización y acompañamiento vocacional.A lo largo de estos 25 años, esta iniciativa ha fortalecido la espiritualidad de cientos de niños y adolescentes, promoviendo en ellos el amor por la Eucaristía, la Iglesia y el servicio litúrgico. Como fruto de este camino, numerosos participantes han respondido al llamado del Señor y hoy ejercen su ministerio como sacerdotes al servicio del Pueblo de Dios.Con esta celebración jubilar, la Diócesis de Ocaña dio gracias por la entrega de obispos, sacerdotes, seminaristas, animadores, párrocos, familias y monaguillos que han sostenido esta obra evangelizadora durante un cuarto de siglo, renovando también su confianza en que el Buen Pastor continúe suscitando nuevas vocaciones para la misión de la Iglesia.Vea alguos de los momentos más destacados:

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Iglesia colombiana conoce en Venezuela experiencias de acompañamiento pastoral y humanitario ante la emergencia

Mié 19 Ago 2026

Tras recorrer comunidades afectadas en La Guaira, Caracas y Valencia, la delegación de la Iglesia colombiana regresó al país con una experiencia que puede aportar al acompañamiento de las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto. Durante su visita a Venezuela, la Presidencia de la CEC y representantes del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano conocieron de cerca la respuesta de la Iglesia venezolana ante la emergencia y fortalecieron los vínculos de comunión y solidaridad entre ambas Iglesias.Entre el 13 y el 17 de agosto, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC); el padre Raúl Ortiz Toro, secretario adjunto de la CEC; y el padre Nelson Ortiz, en representación de Cáritas Colombiana, visitaron distintos lugares afectados por el terremoto que golpeó a Venezuela el pasado 24 de junio.La visita había sido programada con anterioridad al terremoto que afectó a Colombia el 10 de agosto, como expresión de cercanía y solidaridad de la Iglesia colombiana con el pueblo venezolano y de fortalecimiento de los vínculos entre las dos Iglesias.Las circunstancias hicieron que este encuentro adquiriera un significado especial: mientras Venezuela continúa afrontando las consecuencias de su propia emergencia, Colombia vive ahora un momento de dolor y requiere también el acompañamiento y la solidaridad de toda la Iglesia.Conocer de cerca la experiencia de la Iglesia venezolanaDurante su permanencia en Venezuela, la delegación colombiana estuvo en La Guaira, Caracas y Valencia, donde pudo acercarse a las comunidades afectadas, conocer las condiciones de algunos templos y compartir con representantes de la Iglesia venezolana las acciones que se han desarrollado para acompañar a las personas y familias damnificadas.Desde esta experiencia, monseñor Francisco Javier Múnera destacó la fortaleza con la que la Iglesia venezolana ha acompañado a las comunidades:“Profundamente conmovidos por el sufrimiento que están viviendo y experimentando a raíz de este terremoto. Pero también supremamente agradecidos con Dios por la fortaleza y la esperanza que ha infundido en esta Iglesia que camina en Venezuela para animar y sostener la fe, la esperanza y la caridad en las comunidades”.El testimonio del presidente de la CEC pone de relieve uno de los principales aprendizajes de la visita: la capacidad de la Iglesia local para permanecer cercana a las comunidades y sostener, en medio de la emergencia, espacios de fe, esperanza y caridad.Una solidaridad que une a dos Iglesias hermanasLa presencia de la delegación colombiana en Venezuela también fue expresión de una solidaridad que comenzó desde los primeros momentos de la emergencia del 24 de junio.Desde entonces, distintas jurisdicciones eclesiásticas, organismos pastorales y comunidades en Colombia manifestaron su cercanía con Venezuela y promovieron acciones de solidaridad y movilización de ayudas para las poblaciones afectadas.Durante la visita, el padre Raúl Ortiz Toro transmitió nuevamente este mensaje de cercanía en nombre de la Conferencia Episcopal de Colombia, el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y Cáritas Colombiana.Partiendo del Salmo 27 —“El Señor es mi luz y mi salvación. ¿A quién temeré?”—, el sacerdote invitó a mantener la confianza y la esperanza en medio de las dificultades.“Creo que este salmo también nos ilumina en medio de las situaciones difíciles. De parte de la Conferencia Episcopal de Colombia y de parte del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y de Cáritas Colombiana, mandamos un mensaje de solidaridad a todos nuestros hermanos venezolanos”.El padre Raúl también pidió oración por las víctimas y por quienes participaron en las labores de rescate:“Oramos por el eterno descanso de todas las víctimas y también pedimos al Señor que fortalezca a todos los grupos de rescate, a todas las personas que están comprometidas con los rescates de los sobrevivientes y con los rescates de los cuerpos de los fallecidos”.Y expresó un deseo que hoy adquiere especial significado para ambos países:“Para que el Señor permita que la esperanza nunca decaiga en nuestros pueblos hermanos de Colombia y Venezuela”.“Tras el temblor, el amor”Otro de los elementos que marcó la visita fue conocer la manera como la Iglesia venezolana ha articulado su respuesta pastoral y solidaria. El padre Nelson Ortiz destacó una expresión que encontró como inspiración para este trabajo: “Tras el temblor, el amor”.Para el sacerdote, esta frase resume el sentido de la misión que la Iglesia está desarrollando junto a las comunidades afectadas:“Resume muy bien la intención nuestra de estar aquí tras el temblor, el amor que se expresa en cercanía”.Desde esta perspectiva, la visita permitió compartir no solo las dificultades que enfrentan las comunidades, sino también las experiencias de acompañamiento, organización y solidaridad que pueden ofrecer aprendizajes para otros contextos de emergencia.El padre Nelson concluyó su mensaje invitando a fortalecer los vínculos entre los dos pueblos:“El Señor bendiga nuestros pueblos hermanos y estrechemos siempre nuestros vínculos de comunión y de solidaridad. Paz y bien para todos”.Una experiencia que aporta al acompañamiento en ColombiaEl intercambio con la Iglesia venezolana adquiere particular relevancia para Colombia, que desde el terremoto del pasado 10 de agosto acompaña a las comunidades afectadas y avanza en la identificación de sus necesidades.Los aprendizajes recogidos durante la visita podrán contribuir a fortalecer el acompañamiento pastoral y social que desarrolla la Iglesia colombiana, especialmente en aspectos relacionados con la cercanía a las comunidades, la articulación de ayudas y el sostenimiento de la esperanza durante los procesos de recuperación.Mientras la delegación colombiana desarrollaba esta visita, la respuesta de la Iglesia ante la emergencia en Colombia continuó activa en el territorio nacional.Los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales y comunidades de las distintas jurisdicciones eclesiásticas han venido acompañando a las poblaciones afectadas. A esta labor se suman los diferentes departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, bajo el liderazgo de monseñor Germán Medina Acosta, secretario general de la CEC.Desde estos espacios continúa la articulación de la respuesta pastoral y solidaria de la Iglesia, acompañando a las comunidades damnificadas y promoviendo la movilización de ayudas y recursos de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.Tras regresar a Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera, el padre Raúl Ortiz Toro y el padre Nelson Ortiz ya están incorporados nuevamente a las acciones y procesos que la Iglesia adelanta frente a la emergencia nacional.Una comunión que se expresa en el acompañamientoLa visita pastoral a Venezuela permitió así estrechar los vínculos entre dos Iglesias que, en pocos meses, han acompañado a sus pueblos frente a situaciones de emergencia y dolor.La solidaridad expresada por la Iglesia colombiana hacia Venezuela desde el pasado 24 de junio encuentra hoy una nueva expresión en el acompañamiento a las comunidades afectadas en Colombia. Al mismo tiempo, la experiencia de la Iglesia venezolana ofrece aprendizajes y fortalece la comunión entre ambas Iglesias.Desde esta experiencia compartida, Colombia y Venezuela continúan caminando como pueblos hermanos, sosteniendo la fe y la esperanza y haciendo de la solidaridad una expresión concreta de la cercanía de la Iglesia con quienes más sufren.

“Con Colombia, hasta el último rincón”: Iglesia activa campaña solidaria para apoyar a las comunidades afectadas por el terremoto

Mié 12 Ago 2026

La Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana convocan a las jurisdicciones eclesiásticas, parroquias, comunidades de fe y agentes pastorales a acompañar a las comunidades afectadas, articular la ayuda y movilizar la solidaridad ante la emergencia que vive el país. La iniciativa incluye una campaña nacional de recaudo y una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto.Ante las afectaciones provocadas por el terremoto del pasado 10 de agosto, la Iglesia católica en Colombia articula una respuesta nacional para acompañar a las personas y comunidades afectadas y poner sus capacidades al servicio de quienes enfrentan las consecuencias de la emergencia.Bajo el lema “Con Colombia, hasta el último rincón”, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana hacen extensiva esta iniciativa que busca hacer visible la solidaridad y la caridad cristiana, acompañar a quienes sufren, articular la ayuda y sostener juntos la esperanza, especialmente en las comunidades que enfrentan mayores afectaciones.La cercanía del Papa y el llamado de la Iglesia en ColombiaEn un mensaje dirigido al pueblo colombiano con motivo de esta emergencia, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, agradeció y transmitió la cercanía y oración del papa León XIV en sus recientes mensajes desde el Vaticano. Destacó, igualmente, los mensajes de solidaridad recibidos de diferentes Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe, América del Norte y Europa, así como de organizaciones nacionales e internacionales que han expresado su solidaridad con Colombia.La convocatoria de la IglesiaFrente a esta realidad, el llamado del Presidente del Episcopado Colombiano para todos los fieles en Colombia es a traducir la caridad cristiana en acciones concretas: acompañar, servir y poner las capacidades de las comunidades e instituciones eclesiales al servicio de quienes más lo necesitan.“Hoy necesitamos estar cerca, cerca de las familias que sufren, cerca de quienes tienen miedo y viven la incertidumbre, cerca de quienes buscan a sus seres queridos, cerca de quienes trabajan incansablemente por salvar vidas”, señaló monseñor Múnera.Las comunidades, en el centro de la respuestaLa campaña “Con Colombia, hasta el último rincón” buscará que las voces de las personas afectadas y de quienes las acompañan desde los territorios tengan un lugar central. Sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral, voluntarios y comunidades podrán compartir sus testimonios, las necesidades que enfrentan y las acciones que se desarrollan en cada lugar.Esta dinámica permitirá visibilizar la respuesta de la Iglesia desde los territorios y favorecer la articulación entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas y otros actores que participan en la atención de la emergencia. Entre ellos, la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO).Campaña de recaudo para las comunidades afectadasComo parte de esta respuesta, el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana habilitó distintos canales de recaudo de fondos que serán destinados a apoyar las acciones de atención a las personas y familias afectadas a través del Servicio Nacional de Emergencias, de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.Los aportes pueden realizarse a través de los siguientes canales:Banco de BogotáCuenta de ahorros 081789224Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Bre-B: 0092651552BancolombiaCuenta de ahorros 82900024657Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Bre-B: 0092879108También es posible realizar donaciones en línea a través de la página web de Cáritas Colombiana.Jornada Nacional de Oración: domingo 16 de agostoComo parte de la respuesta de la Iglesia, la Conferencia Episcopal de Colombia convoca también a una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto en todas las parroquias y comunidades de fe del país.La invitación es a orar por quienes han perdido la vida, por sus familias, por los heridos y damnificados, por quienes continúan buscando a sus seres queridos y por quienes trabajan sin descanso en esta emergencia.La jornada también será una oportunidad para encomendar a Dios a los organismos de socorro, al personal de salud, a los voluntarios y a todas las personas que participan en las labores de búsqueda, rescate, asistencia y acompañamiento.Para facilitar la preparación de las celebraciones, la Conferencia Episcopal de Colombia pone a disposición un subsidio de oración y las orientaciones litúrgicas elaboradas para esta jornada.El material propone que las comunidades se reúnan en oración como una sola familia y que la celebración sea un espacio de consuelo, solidaridad y esperanza en medio de la emergencia.La Jornada Nacional de Oración recoge también el llamado del papa León XIV, quien, al expresar su cercanía con el pueblo colombiano, pidió al Señor que conceda a los afectados “los dones de la fortaleza espiritual y la esperanza cristiana”.Afectaciones en templos y espacios de la IglesiaEl terremoto también ocasionó daños en templos, casas curales, conventos, capillas y otras edificaciones eclesiales. Además de su dimensión religiosa y patrimonial, estos lugares son espacios donde se desarrolla la vida cotidiana de numerosas comunidades.Entre los daños reportados se encuentran los de la Catedral de Manizales, cuya torre sufrió un derrumbe parcial y quedó inclinada sobre la fachada, y la destrucción del templo del barrio El Carmen.En la Diócesis de Pereira se registraron graves daños en la parroquia Nuestra Señora del Carmen – Iglesia San José, el desplome del templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, en Dosquebradas, y afectaciones en la torre del templo parroquial de La Virginia.La Basílica del Señor de los Milagros de Buga presenta grietas en su cúpula central y caída de material, mientras que en la Basílica Nuestra Señora de la Pobreza de Cartago colapsó el techo de la nave central.En la Arquidiócesis de Popayán se reportaron daños en el templo de Santo Domingo y en templos parroquiales de El Tambo, Morales, Totoró y Caldono. En la Arquidiócesis de Cali, el Convento de La Merced sufrió el desplome de la cubierta del presbiterio y grietas en sus paredes.La Arquidiócesis de Ibagué informó daños estructurales en templos de Anzoátegui y del corregimiento de Balboa, además de afectaciones en la casa cural de la parroquia de Roncesvalles.Por su parte, la Diócesis de Jericó adelanta evaluaciones en varias edificaciones, entre ellas la Casa de Encuentros Lisieux, la Basílica Menor de Jardín, parroquias y capillas de Caramanta, Andes, Hispania y Tapartó, la Casa Cural de San José y el Seminario San Juan Eudes.En la Diócesis de Quibdó, ubicada en una de las zonas más afectadas por el sismo, se han informado daños estructurales en la casa episcopal y en algunos templos parroquiales. El balance continúa en consolidación debido a las dificultades de comunicación que persisten en algunas comunidades.También se han reportado afectaciones en templos y casas curales de las diócesis de Girardota, Cartago y La Dorada-Guaduas, así como en el Santuario de San José, en Venecia, Antioquia.Este es un balance preliminar, las jurisdicciones continúan realizando verificaciones y evaluaciones técnicas para determinar la magnitud de los daños y las medidas de seguridad y recuperación necesarias. Se calcula que pueden superar los 50 templos.El compromiso de la Iglesia con el país“Colombia nos necesita unidos. Acompañemos, sirvamos y oremos”, expresó monseñor Francisco Múnera, al convocar a la Iglesia y al país a responder juntos ante esta emergencia.Por esto, la Iglesia Católica en Colombia continuará articulando sus capacidades y acompañando a las comunidades afectadas a través de las jurisdicciones eclesiásticas, la pastoral social, las parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios que participan en esta respuesta nacional.Vea el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia a continuación:

 
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