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Cuidar a quienes cuidan: La Iglesia fortalece la Cultura del Cuidado en Colombia
Mié 4 Nov 2026

Del 26 al 29 de octubre se realizó el Tercer Encuentro Nacional de Responsables de la Cultura del Cuidado, que tuvo como eje central el tema “Cuidando al cuidador: en sintonía con el corazón de Dios y el corazón de las víctimas”. Un espacio de formación, reflexión e intercambio de experiencias que fortalece este proceso en las jurisdicciones eclesiásticas y amplía la participación de religiosos y laicos.La Iglesia colombiana continúa avanzando en la consolidación de la Cultura del Cuidado como un compromiso permanente que va más allá de la respuesta a la emergencia de los abusos. Se trata de asumir el cuidado como un estilo de vida y una expresión concreta de la misión evangelizadora, que reconoce la dignidad de cada persona, protege especialmente a los menores de edad y a las personas vulnerables, y promueve ambientes eclesiales seguros y protectores.Esta perspectiva implica comprender que cuidar también significa prevenir todo abuso de autoridad, de poder, espiritual y de conciencia, así como generar condiciones para escuchar, acoger y acompañar integralmente a quienes han sufrido situaciones de violencia.En este camino, el Tercer Encuentro Nacional puso el acento en una dimensión fundamental: el cuidado de quienes tienen la misión de cuidar. Durante las jornadas, los participantes realizaron una lectura de la realidad de su rol y servicio como miembros de los organismos de Cultura del Cuidado en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas e institutos de vida consagrada, identificando fortalezas, debilidades y desafíos a nivel psicológico, espiritual y operativo, además de profundizar en herramientas para la escucha y el acompañamiento, la resiliencia en la acción de cuidar, la no revictimización, la salud mental y la espiritualidad del cuidado.Al respecto, monseñor Nelson Jair Cardona, obispo de Pereira y presidentede la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado, destacó la importancia de fortalecer las capacidades de quienes acompañan estos procesos: “Para podernos poner al servicio de los otros, requerimos también un cuidado personal, algo que nos capacite, que nos potencie de verdad para poder escuchar con empatía, sin juicio y de una manera eficaz a los que se acercan a requerir nuestra ayuda”.Una espiritualidad que transforma la manera de cuidarUno de los aspectos centrales del encuentro fue reconocer que la Cultura del Cuidado no puede reducirse a protocolos, disposiciones jurídicas o estructuras organizativas. Su fundamento también está en una profunda experiencia espiritual que permita renovar interiormente a quienes asumen esta misión.Monseñor José Mario Bacci, obispo de Santa Marta y miembro de la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado, señaló que los esfuerzos de la Iglesia en este campo deben comprenderse como una oportunidad de transformación: “De lo que se trata es de acoger esta hora de la Iglesia como una oportunidad de confrontación interior, de renovación interior”.Esta renovación, explicó, nace del encuentro con el Señor y de la vivencia del Evangelio como fuerza capaz de configurar la persona y hacerla reflejo de los sentimientos y actitudes de Jesús. En esta misma perspectiva, monseñor Cardona afirmó: “Estamos convencidos de que cuando las acciones eclesiales se fundamentan en una espiritualidad profunda, las cosas se realizan con mayor ánimo y con mejores resultados”.La parábola del Buen Samaritano (Lc 10,25-37) ofrece una referencia fundamental para comprender esta vocación. En ella, Jesús presenta el cuidado como una respuesta concreta ante el sufrimiento del otro: acercarse, detenerse, atender sus heridas y comprometerse con su recuperación. Desde esta mirada, cuidar supone reconocer el rostro de quien sufre y poner en el centro su dignidad y sus necesidades.Una red que se fortalece desde las jurisdicciones eclesiásticasOtro de los frutos de este tercer encuentro fue el fortalecimiento de los vínculos entre quienes lideran los procesos de Cultura del Cuidado en el país. La participación de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos permitió compartir experiencias, conocimientos y buenas prácticas, además de reconocer que esta misión requiere el compromiso de toda la comunidad eclesial.Para monseñor José Mario Bacci, este espacio permite “sintonizar en búsquedas comunes, en adquirir un lenguaje común y en estimularnos mutuamente para que la cultura del cuidado permee todas las personas y estructuras de la Iglesia en Colombia”.En esa misma línea, Milena Barguil, miembro del Consejo Nacional para la Cultura del Cuidado, destacó que uno de los grandes logros del encuentro es seguir consolidando una red de apoyo entre los responsables de las diferentes jurisdicciones. “Recordar que nadie está solo, somos una red, somos una familia y que todos nosotros podemos apoyar a nuestros compañeros en diferentes momentos”, expresó.La participación de los laicos también fue destacada como un signo importante de este proceso. Su presencia y compromiso enriquecen el trabajo de las oficinas y contribuyen a que la Cultura del Cuidado llegue a los distintos espacios de la vida pastoral, parroquial y comunitaria.El compromiso continúa en las comunidadesLos aprendizajes del encuentro también se proyectan hacia el trabajo cotidiano de las jurisdicciones eclesiásticas. Lo afirma Sergio Daniel Salamanca Hernández, director de la Oficina del Buen Trato de la Diócesis de Engativá, quien resaltó dos aspectos fundamentales: el autocuidado y la centralidad de las víctimas. Sobre este último punto, recordó la responsabilidad de la Iglesia de impulsar procesos auténticos de reparación y transparencia con quienes han sufrido situaciones de abuso en ambientes eclesiales.A su vez, Eduardo Andrés Rodríguez Zambrano, diácono de la Diócesis de Sincelejo y delegado para la Cultura del Cuidado, destacó que el encuentro deja el compromiso de cuidar el corazón de las víctimas, pero también el de quienes acompañan estos procesos, para vivir a la manera de Jesús y hacer del cuidado una expresión del amor de Cristo.El Tercer Encuentro Nacional representa así un paso significativo en la consolidación de la Cultura del Cuidado en la Iglesia colombiana. Un camino que exige el cultivo de una espiritualidad configurada en Cristo, autocuidado como condición indispensable para cuidar a otros, formación permanente, escucha atenta, acompañamiento a las víctimas y cuidado de quienes sirven en esta misión.Porque cuidar no es solamente una responsabilidad de quienes trabajan en las oficinas destinadas a esta tarea: es un compromiso de toda la Iglesia y una manera concreta de hacer visible el amor de Dios. Una Iglesia que aprende a cuidar también debe aprender a cuidar a quienes cuidan.NOTA:Ya están disponibles las cartillas APÓSTOLES DEL CUIDADO, líneas operativas y buenas prácticas; y CULTURA DEL CUIDADO en la Iglesia Católica colombiana.Puede hacer sus pedidos al wasap: 3138808447 o al correo: [email protected] mayor información sobre la Cultura del cuidado: +57 310 6861519

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“Por el buen uso de la riqueza”, la intención de oración del Papa León XIV en noviembre
Mar 3 Nov 2026

En el contexto de la X Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el próximo 15 de noviembre, el Santo Padre invita a reflexionar sobre la responsabilidad de compartir los bienes recibidos y ponerlos al servicio del bien común. Cinco acciones concretas para vivir esta intención de oración. Los Bancos de Alimentos son una expresión de solidaridad frente al hambre y la pobreza.“Todo lo que tenemos es un regalo de Dios”, así lo recuerda el Papa en su oración y añade: la tierra fértil, los talentos recibidos y el esfuerzo de quienes nos precedieron “Nada es solo nuestro, todo es don compartido”. El Pontífice admite que la riqueza, “deseada o alcanzada”, puede endurecer el corazón y hacernos olvidar a los más frágiles, y pide perdón “por acumular en lugar de compartir, por usar los bienes como poder y no como servicio”. Frente a ello, recuerda que la verdadera riqueza “no está en lo que guardamos, sino en lo que entregamos con amor”, y ruega al Espíritu Santo aprender a usar el dinero, el tiempo, los talentos y las oportunidades como “instrumentos de fraternidad”, de modo que cada decisión económica, familiar o comunitaria nazca de un “corazón libre”. La plegaria concluye pidiendo ser testigos de “una riqueza convertida en servicio y misericordia”, signo del Reino de justicia y paz.Una riqueza cada vez más concentradaLa intención de oración del Papa responde a una realidad que se relaciona con la actualidad que se vive. La riqueza financiera de los hogares alcanzó en 2025 un récord de 268,4 billones de euros, un 8,6 % más que el año anterior, según el Global Wealth Report 2026 de Allianz. Sin embargo, este crecimiento no se distribuye equitativamente: el 10 % más rico concentra el 85,4 % de los activos financieros netos mundiales, mientras que la mitad de la población analizada, cerca de 3.000 millones de personas, posee en conjunto una proporción prácticamente nula de estos activos.Mientras tanto, las personas con más riquezas siguen creciendo. Según el Global Wealth Report 2026 de UBS, 2025 dejó casi un millón de nuevos millonarios en dólares, más de 2.600 al día, y desde 2020 la riqueza media se aleja cada vez más de la mediana, es decir, de la de una persona típica. Las ganancias, por tanto, se reparten de forma desigual: la riqueza de los más ricos crece más rápido que la de una persona típica.El mensaje de León XIV en la X Jornada Mundial de los PobresLeón XIV ya alertó de esta paradoja en su primera exhortación apostólica, Dilexi te (4 de octubre de 2025): en un mundo donde los pobres son cada vez más numerosos, señala el Papa, también crecen “algunas élites de ricos, que viven en una burbuja muy confortable y lujosa” (n. 11). Y advierte de que esto alimenta una cultura del descarte que tolera con indiferencia que millones de personas vivan en condiciones indignas.El mismo mensaje atraviesa el Mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres, que se celebra el 15 de noviembre de 2026 bajo el lema “El Señor es el refugio del pobre”. En él, el Papa contrapone la obsesión de quienes acumulan riquezas sólo para sí con la obstinación de Dios, que abre el corazón y acoge, y propone un examen de conciencia que incluye una pregunta incómoda: “¿Tenemos conciencia de nuestra pobreza y la preferimos a la riqueza injusta? ¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas?”.En mayo de 2021 el Papa Francisco dedicó la intención de oración por “El mundo de las finanzas”, pidiendo rezar para que los responsables del mundo financiero colaboren con los gobiernos, a fin de regular los mercados financieros para proteger a los ciudadanos de su peligro.Del agradecimiento a la solidaridad: cinco compromisos concretosLa Red Mundial de Oración del Papa propone traducir esta intención en cinco actitudes concretas para la vida cotidiana: (a) reconocer que todo es don y agradecer; (b) compartir lo que somos y tenemos con generosidad, dando y dándose; (c) gastar con conciencia, discerniendo; (d) poner los talentos al servicio del bien común; y (e) vivir con sobriedad evangélica, es decir, con sencillez.Solidaridad frente a la pobreza en ColombiaEn Colombia, una de las expresiones concretas de solidaridad frente al hambre y la pobreza es la labor de los Bancos de Alimentos, una red en la que la Iglesia católica tiene un papel protagónico. A través de esta iniciativa se articulan esfuerzos para recuperar excedentes alimentarios de comercios, empresas, industrias y hogares, y ponerlos al servicio de comunidades que enfrentan dificultades para acceder a una alimentación suficiente y saludable.De acuerdo con el balance de 2025 de la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO), la red cuenta con 26 bancos de alimentos y logró entregar 55.091 toneladas de alimentos, beneficiando a más de 1,6 millones de personas en 28 departamentos y 301 municipios del país. Esta labor, certificada por The Global FoodBanking Network, constituye una expresión concreta de cómo los bienes pueden convertirse en oportunidades de solidaridad, dignidad y esperanza.Sobre la Red Mundial de Oración del PapaLa Red Mundial de Oración del Papa es una Obra Pontificia confiada a la Compañía de Jesús. Está presente en más de 90 países y reúne a una comunidad espiritual de más de 22 millones de personas que buscan vivir cada día con disponibilidad para colaborar en la misión de Cristo. En el centro de esta misión están las intenciones mensuales de oración del Papa, que invitan a centrarse en los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.Fue fundada en 1844 como Apostolado de la Oración. En diciembre de 2020 el Papa Francisco instituyó esta Obra Pontificia como Fundación Vaticana y aprobó sus estatutos definitivos en julio de 2024.

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Semana del matrimonio 2026: El amor que dialoga
Vie 30 Oct 2026

Del 16 al 22 de noviembre, la Conferencia Episcopal de Colombia invita a los esposos a fortalecer su vínculo conyugal mediante una experiencia de encuentro, diálogo y reflexión, acompañada de una cartilla con talleres para vivir en pareja y en familia.El Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia invita a celebrar la Semana del Matrimonio, del 16 al 22 de noviembre, bajo el lema “El amor que dialoga”. Esta iniciativa busca fortalecer el vínculo conyugal mediante un itinerario vivencial que favorezca la escucha, la comunicación afectiva, la gestión constructiva de los conflictos, el perdón y la renovación del proyecto de vida compartido.Para acompañar esta celebración, el Departamento ha preparado una cartilla con talleres que ofrecen a los esposos un camino de encuentro, reflexión y renovación de su relación. La propuesta parte de una convicción fundamental: dialogar no consiste solamente en intercambiar palabras, sino también en aprender a escuchar con el corazón, comunicarse con respeto, afrontar juntos las dificultades, expresar el afecto, sanar las heridas y mantener vivos los sueños compartidos.Una experiencia para vivir en pareja y en familiaLa cartilla propone una metodología vivencial en la que cada tema parte de las experiencias concretas de los esposos. A partir de ellas, se invita a reconocer lo que se vive en la relación, comprender las situaciones cotidianas, iluminarlas con la Palabra de Dios y asumir compromisos que contribuyan al crecimiento de la vida matrimonial.Como parte de este itinerario, se proponen signos para cada día que ayudan a acompañar la reflexión y a hacer visible el compromiso de los esposos. Estos elementos se preparan, se contemplan y se relacionan con las experiencias personales y familiares, de modo que el aprendizaje no se quede en las palabras, sino que se traduzca en gestos concretos de amor y cuidado mutuo.El propósito es que las parejas encuentren un espacio para detenerse, escucharse y compartir. En medio de las responsabilidades cotidianas, estos momentos pueden convertirse en una oportunidad para fortalecer la confianza, reconocer aquello que necesita mejorar y renovar la decisión de caminar juntos.La metodología busca que todos sean protagonistas de la experiencia mediante actividades sencillas y participativas. Más que ofrecer charlas o discursos, los talleres propician un ambiente en el que las parejas puedan expresar sus vivencias, reflexionar sobre su relación y descubrir caminos para seguir construyendo su proyecto de vida familiar.Una invitación a la pastoral familiarLos agentes y animadores de la pastoral familiar también están invitados a utilizar esta cartilla en sus parroquias y comunidades. Para ello, pueden convocar y motivar a los matrimonios a participar en esta semana, ofreciéndoles espacios de encuentro que les permitan compartir, reflexionar, orar y hasta tomarse juntos un café.La guía constituye, además, un punto de partida para que cada comunidad, con creatividad y de acuerdo con su realidad pastoral, incorpore otras dinámicas y propuestas que enriquezcan la experiencia. Lo fundamental es conservar el sentido de la iniciativa: propiciar encuentros en los que las propias parejas sean protagonistas de su proceso de reflexión y discernimiento.Estos espacios deben desarrollarse en un ambiente de respeto, confianza y libertad. Nadie está obligado a compartir públicamente asuntos íntimos de su relación. Asimismo, cuando se presenten situaciones de violencia, será necesario priorizar la protección de las personas afectadas y facilitar el acompañamiento adecuado.Redescubrir la vocación matrimonialDesde la fe cristiana, la Semana del Matrimonio recuerda que Dios acompaña la historia de cada pareja y llama a los esposos a redescubrirse, escucharse, reconciliarse y crecer juntos. El diálogo, vivido con amor y responsabilidad, puede convertirse en un camino para renovar la alianza matrimonial y fortalecer los vínculos familiares.Del 16 al 22 de noviembre, la invitación es a regalarse tiempo, abrir espacios para el encuentro y permitir que la escucha, la oración y los pequeños compromisos cotidianos renueven la vida conyugal.El Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia invita a todos los matrimonios y a los agentes de pastoral familiar a descargar la cartilla “Semana del Matrimonio: el amor que dialoga” y a poner en práctica sus talleres. Este material está pensado para acompañar a las parejas en una experiencia concreta de diálogo, reflexión y oración, tanto en el hogar como en las comunidades parroquiales.¡Descarga la cartilla, comparte esta iniciativa e invita a otros matrimonios a vivir esta experiencia! Hagamos de esta Semana del Matrimonio una oportunidad para fortalecer el amor, renovar el compromiso de caminar juntos y reconocer que acompañar a los matrimonios es una tarea fundamental para la Iglesia y para la sociedad.Descarga la cartilla y vive la Semana del MatrimonioDel 16 al 22 de noviembre, la invitación es a regalarse tiempo, abrir espacios para el encuentro y permitir que la escucha, la oración y los pequeños compromisos cotidianos renueven la vida conyugal.El Departamento de Matrimonio y Familia de la Conferencia Episcopal de Colombia invita a los matrimonios y a los agentes de pastoral familiar a descargar la cartilla «Semana del Matrimonio: el amor que dialoga» y a poner en práctica sus talleres.Esta es una oportunidad para fortalecer el diálogo en pareja, compartir en familia y renovar el compromiso de caminar juntos. ¡Preparemos el corazón y vivamos con entusiasmo esta Semana del Matrimonio!Descarga la cartilla, comparte esta iniciativa e invita a otros matrimonios a vivir esta experiencia.

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Rostros de la sinodalidad: Diversidad de vocaciones al servicio de la evangelización desde la Conferencia Episcopal
Mié 28 Oct 2026

Carolina Escalante Ortega y el diácono permanente Bernardo Vanegas asumen nuevas responsabilidades pastorales en el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano. Sus experiencias reflejan la riqueza de las vocaciones y el compromiso de caminar juntos al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia.Recientemente, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado nuevas responsabilidades de servicio eclesial a Carolina Escalante Ortega, quien asumirá la dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida, y al diácono permanente Bernardo Vanegas, quien estará al frente del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, con el acompañamiento de su esposa, Ángela María Correa.Estas designaciones representan una oportunidad para reconocer la riqueza de las distintas vocaciones y experiencias que contribuyen a la misión evangelizadora de la Iglesia. Desde sus trayectorias profesionales, pastorales y familiares, ambos aportan nuevas perspectivas al servicio que presta el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC).La familia y la vida, una misión que compromete a toda la IglesiaLa dirección del Departamento de Matrimonio y Familia y Promoción y Defensa de la Vida ha sido confiada a Carolina Escalante Ortega, joven psicóloga con formación en intervención psicosocial y salud mental, especializada en el trabajo con familias y comunidades vulnerables.Su trayectoria está marcada por el compromiso con las comunidades, especialmente en el Catatumbo, una de las regiones afectadas por la violencia en Colombia, donde desarrolló un trabajo pastoral vinculado a la Diócesis de Tibú.Carolina recibe esta responsabilidad con alegría y con grandes expectativas frente a los nuevos procesos que pueden impulsarse en la pastoral familiar y en la promoción y defensa de la vida. Para ella, “este encargo representa también una misión que Dios le confía en un momento significativo para el país y para la Iglesia”.La importancia de estos dos ámbitos pastorales radica, además, en su carácter transversal:“La familia y la defensa de la vida están presentes en las distintas dimensiones de la acción evangelizadora y se fortalecen cuando se articulan con las demás pastorales”.En el contexto actual de Colombia, las familias y la dignidad de la vida humana afrontan diversos desafíos. Por ello, estos departamentos están llamados a acompañar a las iglesias particulares, promover iniciativas pastorales y contribuir a la construcción de comunidades que acojan, protejan y acompañen a las familias, especialmente a aquellas que atraviesan situaciones de dificultad.Esta perspectiva encuentra eco en las palabras de monseñor Francisco Múnera, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, tras su participación en el encuentro internacional “Diez años después de Amoris Laetitia: proclamando el Evangelio con las familias hoy”, realizado en el Vaticano del 7 al 14 de octubre de 2026.Al referirse al acompañamiento de las familias, el presidente de la Conferencia Episcopal destacó la importancia de una presencia cercana y concreta: “Las familias evangelizadoras son, por una parte, faro para ayudar a los nuevos matrimonios, a las nuevas familias. Pero también se necesita esa lámpara concreta, cercana, que apoya, que acompaña a las familias en dificultades, a las familias heridas”.Sus palabras recuerdan que la pastoral familiar no consiste únicamente en proponer orientaciones, sino también en caminar junto a las familias, escuchar sus realidades y acompañarlas en sus alegrías, dificultades y esperanzas.Caminar juntos: la comunión y la sinodalidad en la vida cotidianaPor su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia ha confiado al diácono permanente Bernardo Vanegas la dirección del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad, una instancia que recoge y reorienta la labor que anteriormente desarrollaba el Departamento de Lugares Eclesiales. Bernardo es diácono permanente de la Arquidiócesis de Bogotá, desde noviembre de 2017. Está casado con Ángela María Correa, con quien lleva 30 años de matrimonio. Es ingeniero industrial y empresario del sector de la tecnología, además de teólogo de Unicervantes, especialista en Sagrada Escritura de la Universidad de San Dámaso y máster en Estudios Bíblicos de la Universidad de La Rioja.Bernardo ha recibido esta responsabilidad con gratitud y sentido de responsabilidad. Desde su ministerio diaconal, reconoce en este encargo“una oportunidad para continuar sirviendo a la Iglesia, poner al servicio de la comunidad lo aprendido y seguir creciendo junto a quienes comparten esta misión”.En este camino contará con el apoyo de su esposa, Ángela María Correa. Para ambos, la posibilidad de asumir juntos esta tarea tiene un significado especial, pues les permite aportar desde su vida matrimonial, su fe y su experiencia familiar.Como explica el diácono Bernardo:“Fueron los mismos señores obispos quienes pidieron que ella también me acompañara en este encargo, para que como matrimonio sirvamos al Departamento y a la Iglesia. Para nosotros esto tiene un significado muy especial y es un claro signo de sinodalidad. Nos alegra poder aportar juntos desde nuestra vida matrimonial, nuestra fe y nuestra experiencia de familia”.Esta experiencia permite reconocer que la sinodalidad también se expresa en la vida cotidiana, en la escucha mutua, en la corresponsabilidad y en la disposición para poner los propios dones al servicio de los demás.Animar la comunión para fortalecer la misiónEl Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad busca acompañar a las jurisdicciones eclesiásticas y a las comunidades en sus procesos, reconocer las experiencias que ya vienen desarrollando y facilitar espacios de encuentro, formación y discernimiento.La parroquia continúa siendo un lugar privilegiado para que los fieles vivan una experiencia concreta de Cristo y de comunión eclesial y esa realidad era la que, particularmente, buscaba acompañar la anterior denominación Lugares Eclesiales. Sin embargo, la comunión y la sinodalidad están llamadas a impregnar todos los ámbitos de la vida de la Iglesia, favoreciendo la participación y la corresponsabilidad de quienes comparten la misión evangelizadora.En este sentido, el Departamento quiere contribuir a que las comunidades eclesiales fortalezcan sus vínculos, avancen en el reconocimiento de los dones de cada vocación y encuentren caminos para responder, de manera conjunta, a los desafíos pastorales de sus territorios.Su servicio se desarrolla en comunión con los obispos y con la participación de sacerdotes, diáconos, personas consagradas y laicos. Cada uno, desde su vocación y experiencia, está llamado a contribuir a una Iglesia que escucha, discierne y camina unida.Una diversidad de vocaciones al servicio del EvangelioLas nuevas responsabilidades confiadas a Carolina Escalante Ortega y a Bernardo Vanegas, junto con el acompañamiento de Ángela María Correa, permiten reconocer la riqueza que surge cuando diferentes vocaciones, experiencias y conocimientos se ponen al servicio de la Iglesia.Más que un cambio en la dirección de dos departamentos, estas designaciones constituyen una oportunidad para seguir fortaleciendo la participación, la corresponsabilidad y la articulación de los distintos servicios pastorales.El desafío consiste en traducir esta riqueza en una mayor comunión y en un acompañamiento más cercano a las personas, las familias y las comunidades. Porque, en definitiva, el servicio en la Iglesia adquiere su verdadero sentido cuando se convierte en una oportunidad para servir, amar y dar testimonio del Evangelio.

 
La Iglesia en Colombia
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Convenio entre la Diócesis de Santa Marta y UNIMAGDALENA abre agenda de cooperación para el territorio

Mar 6 Oct 2026

El convenio, liderado por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, abre una agenda de cooperación en formación académica, investigación, patrimonio, innovación y proyección social, con impacto en el territorio.La Diócesis de Santa Marta y la Universidad del Magdalena (UNIMAGDALENA) establecieron un convenio marco de cooperación académica que articula las capacidades de ambas instituciones para desarrollar acciones de formación, investigación, preservación del patrimonio, innovación y proyección social al servicio de las comunidades del territorio.La iniciativa, suscrita por el rector de UNIMAGDALENA, Pablo Vera Salazar, y el obispo de Santa Marta, monseñor José Mario Bacci Trespalacios, refleja la voluntad de la Diócesis de fortalecer su capacidad de servicio mediante la articulación con una institución de educación superior de la región. El convenio tendrá vigencia hasta el 31 de diciembre de 2028.Más que una alianza centrada exclusivamente en actividades académicas, el acuerdo plantea una agenda de trabajo que vincula las necesidades institucionales y territoriales de la Diócesis con el conocimiento y las capacidades profesionales, científicas y tecnológicas de la Universidad del Magdalena.Una apuesta de la Diócesis por fortalecer su servicio al territorioEl convenio contempla la vinculación de estudiantes a escenarios reales de aprendizaje mediante prácticas, pasantías y proyectos académicos, así como espacios de acompañamiento y mentoría, trabajos de grado y proyectos interdisciplinarios relacionados con las necesidades de la Diócesis.De acuerdo con el documento suscrito, la iniciativa también permitirá formular proyectos conjuntos de investigación, participar en convocatorias de financiación y sistematizar experiencias institucionales como insumo para procesos académicos e investigativos.Para monseñor José Mario Bacci Trespalacios, esta articulación representa una oportunidad para potenciar las capacidades de servicio de la Diócesis en todo su territorio, aprovechando la diversidad de programas y la formación profesional que ofrece UNIMAGDALENA.Esta perspectiva pone de manifiesto un rasgo central de la iniciativa: la Diócesis no se limita a recibir los beneficios de la cooperación académica, sino que pone a disposición su experiencia, sus espacios, sus necesidades institucionales y su presencia en el territorio para generar procesos formativos y proyectos con impacto social.El propio convenio reconoce a la Diócesis de Santa Marta como una institución con una importante presencia histórica, social y cultural en el territorio, vinculada a la construcción de tejido social, la promoción de valores y el acompañamiento a comunidades.El patrimonio de la Iglesia, al servicio de la memoria y la investigaciónUno de los componentes de mayor alcance del convenio es la gestión y preservación del patrimonio histórico y documental que custodia la Diócesis de Santa Marta.El acuerdo reconoce el valor de este acervo para la memoria institucional, cultural y territorial, y plantea desarrollar procesos de identificación, valoración, organización, conservación, investigación y puesta en valor de los documentos históricos. También contempla estrategias pedagógicas y culturales para favorecer su apropiación social y la generación de contenidos que permitan difundir este patrimonio.En este campo, la cooperación abre posibilidades para que el patrimonio que la Iglesia ha custodiado a lo largo del tiempo pueda ser estudiado y aprovechado desde distintas disciplinas, contribuyendo a una comprensión más amplia de la historia y la identidad del territorio.La Diócesis ha manifestado, además, su interés en avanzar en la profesionalización del trabajo relacionado con su archivo para poner este patrimonio a disposición de la comunidad científica. Esta disposición encuentra en el Programa de Historia y Patrimonio de UNIMAGDALENA una capacidad académica específica para la investigación histórica, la gestión patrimonial y el manejo de fuentes documentales.Formación e innovación para responder a necesidades concretasEl convenio también incorpora una dimensión de innovación y transformación digital. Las partes podrán impulsar procesos de digitalización, organización y acceso a la información, especialmente para la preservación del patrimonio documental, así como desarrollar plataformas y soluciones tecnológicas para facilitar la consulta y difusión de contenidos históricos y culturales.A esto se suma la posibilidad de que estudiantes y profesionales desarrollen experiencias de aprendizaje en contextos reales, vinculadas con las necesidades de la Diócesis y con los objetivos de formación establecidos por la Universidad.De esta manera, la cooperación busca generar un intercambio de capacidades en doble vía: mientras los estudiantes encuentran nuevos escenarios para fortalecer su formación y compromiso social, la Diócesis puede incorporar conocimientos y herramientas que contribuyan al fortalecimiento de sus procesos institucionales y pastorales.La alianza también abre la posibilidad de desarrollar iniciativas relacionadas con el bienestar y el trabajo comunitario, como procesos de alfabetización, fortalecimiento de competencias, orientación vocacional, promoción de la salud y acompañamiento integral, según las líneas de trabajo que posteriormente se concreten mediante instrumentos específicos.Una Iglesia que articula capacidades para servirLa iniciativa de la Diócesis de Santa Marta se inscribe en una perspectiva de cooperación que busca poner distintas capacidades al servicio de las personas y de las comunidades. En este caso, la articulación con UNIMAGDALENA permite conectar la experiencia y presencia territorial de la Iglesia con el conocimiento académico, científico y tecnológico de una universidad pública de la región.El convenio establece así una hoja de ruta para pasar del diálogo institucional a proyectos concretos de formación, investigación, preservación de la memoria, innovación y acción social. Las partes acordaron desarrollar estas líneas de manera conjunta, sin excluir otras posibilidades de cooperación que permitan alcanzar el objeto del acuerdo.

Tras peregrinar con María, la Arquidiócesis de Medellín se dispone a vivir octubre misionero

Mié 30 Sep 2026

Cerca de 1.300 personas participaron en la tradicional Peregrinación Mariana de la Arquidiócesis de Medellín. La jornada fue encabezada por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, y el obispo auxiliar, monseñor José Mauricio Vélez García. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas y fieles se unieron en esta jornada que cada año prepara a la Iglesia particular para vivir octubre, Mes Misionero.El 26 de septiembre, acompañados por la Virgen del Seminario, los peregrinos caminaron unidos en oración hasta el Seminario Mayor de Medellín. Durante el recorrido, los participantes encomendaron sus intenciones, la vida pastoral de la Iglesia particular y los frutos de este mes de las misiones que celebra la Iglesia Universal.La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo. En su homilía, el prelado centró su reflexión en la bienaventuranza proclamada en el Evangelio y destacó que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica permite descubrir el sentido de la fe y avanzar hacia una vida transformada por ella.“La Palabra de Dios no es una teoría, es una persona a la que nos unimos para que se haga carne en nosotros”, afirmó el arzobispo, subrayando así la relación entre la escucha de la Palabra y la vida concreta de los creyentes.Monseñor Tobón también presentó a la Virgen María como modelo de quien escucha la voluntad de Dios y responde con toda su vida. En este sentido, vinculó la peregrinación con el camino misionero que la Iglesia está llamada a recorrer:“Qué hermosa esta jornada: estar reunidos en torno a la Madre y con ella reconocer quiénes somos, a dónde vamos y qué tenemos que hacer”.

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Comunicado de la Diócesis de Ipiales: llamado urgente a los actores armados para que respeten la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades

Vie 23 Oct 2026

La Iglesia en Ipiales, representada por monseñor José Saúl Grisales Grisales, hace nuevamente un llamado a los actores armados para que respeten el Derecho Internacional Humanitario y protejan la vida, la dignidad y los bienes de las comunidades afectadas por el conflicto armado. Se trata de poblaciones que han sufrido heridas, han perdido sus hogares y se han visto obligadas a desplazarse ante las amenazas contra su vida y su tranquilidad.En su comunicado, monseñor Grisales retoma las palabras del papa León XIV: “Exhorto a todos a rechazar cualquier forma de violencia y optar decididamente por el camino de la paz” (Audiencia general, 29 de abril de 2026).La Iglesia que camina en los territorios colombianos reitera su disposición de acompañar a las víctimas y a las comunidades, escuchando sus necesidades y trabajando por la construcción de la paz. Asimismo, hace un llamado a las instituciones y organizaciones humanitarias para que unan esfuerzos y garanticen a las familias afectadas una atención oportuna y digna, así como el respeto efectivo de los derechos humanos.Este pronunciamiento expresa la preocupación de la Iglesia por la persistencia de la violencia en nuestros territorios y, especialmente, por el sufrimiento de quienes padecen las consecuencias de las confrontaciones armadas. Ante esta realidad, la Iglesia continúa anunciando la paz de Cristo resucitado, esa “paz humilde y perseverante” de la que nos habla el papa León XIV.Fiel a su misión de ser experta en humanidad, la Iglesia seguirá acompañando a las comunidades que sufren y alzando su voz en defensa de la vida, la dignidad humana y el derecho de todos a vivir en paz.Descargue aquí el comunicado completo de la Diócesis de Ipiales.

Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas

Jue 8 Oct 2026

Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.

 
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