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Mar 2 Jun 2026

Tags: obispos colombianos , conferencia episcopal de colombia , elecciones presidenciales en colombia 2026 , elecciones en colombia , iglesia en colombia

Tras primera vuelta electoral en Colombia, obispos alertan sobre la violencia verbal y la instrumentalización de emociones en la contienda política

Tras la jornada electoral del pasado 31 de mayo en Colombia y de cara a la segunda vuelta presidencial que se llevará a cabo el 21 de junio, los obispos hacen un llamado urgente a los candidatos, a los actores políticos y a toda la ciudadanía para rechazar la violencia verbal, promover una comunicación responsable y fortalecer la convivencia democrática.A través del mensaje titulado “Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar a Colombia”, la Comunidad de Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia expresa su preocupación por el tono que ha venido marcando el debate político nacional y por el impacto que este puede tener sobre la unidad social y la construcción de la paz.Preocupación por el deterioro del debate públicoLos obispos advierten que, tras la primera vuelta presidencial, se ha intensificado una dinámica de confrontación que legitima la agresión verbal y deteriora el respeto por la dignidad de las personas. En este sentido, recuerdan las palabras del papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, donde señala que los insultos, maltratos y descalificaciones pueden llegar a “destrozar la imagen y la dignidad del otro”.Los prelados manifiestan una especial preocupación por el uso estratégico de emociones como el miedo, la indignación y la venganza dentro de las contiendas democráticas. Según afirman, la instrumentalización de estos sentimientos pone a la ciudadanía en riesgo de una mayor fractura social y puede alimentar escenarios de violencia.“Convertir la política en una dinámica marcada por el miedo, el odio y la polarización debilita la deliberación racional, rompe el reconocimiento recíproco entre los ciudadanos y termina erosionando las bases éticas de la democracia”, expresan en el comunicado.Un llamado a privilegiar las propuestas y el bien comúnAnte esta situación, el episcopado invita a los colombianos a actuar con serenidad y cordura, y a exigir que el debate electoral se centre en las propuestas para responder a las principales necesidades del país. Los obispos exhortan a que la atención pública se concentre en los programas de gobierno, los compromisos concretos de los candidatos y su capacidad para gobernar en favor de todos los ciudadanos.El mensaje insiste en que la búsqueda del bien común debe estar por encima de los intereses particulares o de las confrontaciones partidistas, promoviendo valores como la equidad, la justicia, la unidad, el perdón, la reconciliación y la paz.Desarmar la comunicación para construir la pazEn consonancia con el Evangelio y retomando una reciente exhortación del papa León XIV, los prelados hacen también un llamado a “desarmar la comunicación de todo prejuicio, rencor, fanatismo y odio”, favoreciendo una cultura del encuentro y del diálogo.Citanto al Santo Padre, recuerdan que “no sirve una comunicación estridente y de fuerza, sino una comunicación capaz de escuchar y de acoger la voz de los débiles que no tienen voz”. Asimismo, destacan que una comunicación “desarmada y desarmante” permite construir una mirada distinta sobre la realidad y actuar de manera coherente con la dignidad humana.Un llamado especial a quienes aspiran a gobernar ColombiaDe manera particular, a quienes aspiran a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, los obispos refieren la trascendencia de sus palabras y actuaciones en este momento decisivo para la nación. “Su responsabilidad es enorme, delicada y decisiva”, afirman, al tiempo que les exhortan a promover la paz y el diálogo como caminos para la construcción del futuro del país.En ese contexto, recuerdan que “pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas”, e invitan a reconocer en los demás no enemigos a derrotar, sino personas con quienes es posible dialogar y construir acuerdos.La paz como responsabilidad de todosEl mensaje concluye con una reflexión que resume el espíritu del llamado episcopal y la responsabilidad compartida de todos los actores sociales y políticos en este momento electoral.Retomando una advertencia del papa Pío XII, los obispos recuerdan que “con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo puede perderse”.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:

Mar 2 Jun 2026

Tags: Reza con el Papa , red mundial de oración del papa , conferencia episcopal de colombia , papa leon XIV , iglesia colombiana , intención de oración del papa

A las puertas del Mundial de Fútbol, el papa León XIV invita a orar y vivir el deporte como escuela de fraternidad

"Que el deporte sea un instrumento de paz, encuentro y diálogo entre culturas y naciones". Con esta intención, el papa León XIV invita a la Iglesia universal a unirse durante junio de 2026 a una jornada de oración y compromiso por los valores del deporte, destacando su capacidad para construir fraternidad, promover la inclusión y fortalecer la cultura del encuentro.La propuesta hace parte de la iniciativa internacional "Reza con el Papa", promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, que cada mes convoca a los fieles a rezar por uno de los grandes desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.Mucho más que competenciaEn su mensaje para este mes, el Santo Padre presenta el deporte como una realidad profundamente humana y social, capaz de unir personas, pueblos y culturas más allá de las diferencias."El deporte sea siempre escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía; espacio de encuentro y no de exclusión; camino de paz y no de violencia", pide el papa León XIV en la oración que acompaña esta intención.El Papa destaca que la práctica deportiva enseña valores fundamentales para la vida en sociedad: el respeto por el otro, el trabajo en equipo, la solidaridad, la disciplina, la capacidad de superar límites personales y la aceptación serena tanto de la victoria como de la derrota.La reflexión cobra especial relevancia en un contexto mundial marcado por polarizaciones, conflictos armados, discursos de odio y crecientes formas de exclusión social.Un lenguaje universal que une pueblosLa intención de junio coincide además con la proximidad de importantes competencias deportivas internacionales, escenarios donde millones de personas de distintas culturas comparten emociones, aspiraciones y experiencias comunes.Para León XIV, el deporte posee una fuerza singular: convertirse en un lenguaje universal capaz de tender puentes donde existen divisiones.No es una preocupación nueva en su pontificado. Durante el Jubileo del Deporte celebrado en Roma en 2025, el Papa afirmó que "el deporte es un camino para construir la paz, porque es una escuela de respeto y lealtad, que hace crecer la cultura del encuentro y la fraternidad".Posteriormente, al dirigirse a atletas olímpicos y paralímpicos, insistió en que el deporte puede convertirse en un auténtico espacio de encuentro entre personas y naciones, invitando a los deportistas a "competir sin odiarse, ganar sin humillar y perder sin perderse".Una respuesta al individualismoLa propuesta del Santo Padre también plantea una reflexión sobre los desafíos culturales contemporáneos.Según ha señalado en distintas intervenciones, el deporte ayuda a contrarrestar las dinámicas de aislamiento e individualismo que afectan a muchas sociedades actuales. Especialmente cuando se practica en equipo, enseña la importancia de la colaboración, la confianza mutua y la búsqueda de objetivos comunes.En este sentido, la intención de junio resalta que nadie crece solo y que, tanto en la vida como en el deporte, el desarrollo personal está estrechamente ligado a la capacidad de caminar junto a otros.Un llamado a la inclusiónLa Red Mundial de Oración del Papa subraya además la importancia de garantizar que los beneficios del deporte lleguen a todos, especialmente a niños, jóvenes y personas que viven situaciones de vulnerabilidad.La Iglesia reconoce el valor de las iniciativas deportivas que favorecen la inclusión social, fortalecen procesos educativos, promueven la reconciliación y ofrecen oportunidades de desarrollo humano integral.De manera particular, el Papa ha alentado a instituciones, organizaciones sociales, comunidades educativas y religiosas a trabajar para que los sectores más excluidos tengan acceso a espacios deportivos dignos y formativos.La oración del Papa León XIVSeñor de la vida,te damos gracias por el don del deporte,por quienes glorifican a Dios con el ejercicio de sus cuerpos,por las amistades que nacen en la canchay la alegría de jugar en equipo.Tú nos enseñas que en la vida, como en el juego,nadie se salva solo.Necesitamos del otro para crecer,para aprender a respetar, superar límites,y celebrar juntos los logros alcanzados.Te pedimos que el deporte sea siempreescuela de fraternidad y no de rivalidad vacía,espacio de encuentro y no de exclusión,camino de paz y no de violencia.Haz que quienes practican, entrenan o animandescubran en el deporte un lenguaje universalque acerca culturas, une pueblos,y siembra respeto, solidaridad y superación personal.Señor Jesús,que cada deporte sea parábola de una vida vivida contigo,colaborando con esfuerzo y alegría,viviendo con humildad en la derrotay gratitud en la victoria que nos ofreces en tu resurrección.Que nunca falte en nosotros tu Espíritu,que nos hace un solo equipo, unido contigopara construir comunión y fraternidad en la historia.Amén.Vea a continuación el Video del Papa:

Lun 1 Jun 2026

Tags: Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII , arquidiócesis de barranquilla , barranquilla , iglesia en colombia , conferencia episcopal de colombia

La Arquidiócesis de Barranquilla celebró dos legados de formación y misión: 60 años del Seminario Juan XXIII y 40 años de la visita de san Juan Pablo II

La Iglesia que peregrina en la región Caribe colombiana celebró los 60 años de existencia del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII, una institución que ha contribuido decisivamente a la formación de cientos de sacerdotes y al fortalecimiento de la misión evangelizadora en el norte del país.La conmemoración oficial tuvo lugar el pasado 26 de mayo en la Catedral Metropolitana María Reina de Barranquilla, mediante una solemne Eucaristía presidida por monseñor Pablo Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla, acompañado por los obispos de las provincias eclesiásticas de Cartagena y Barranquilla, sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas, laicos y benefactores de esta casa de formación.La celebración estuvo marcada por un doble motivo de acción de gracias: los seis decenios de servicio del Seminario Regional Juan XXIII y los 40 años de la histórica visita de san Juan Pablo II a Barranquilla, acontecimiento que sigue vivo en la memoria eclesial de la región.Una obra que ha sostenido la misión evangelizadora del Caribe colombianoDesde la bendición de su primera piedra, el 24 de agosto de 1963, por iniciativa de monseñor Germán Villa Gaviria y los obispos de la entonces Provincia Eclesiástica de Cartagena, el Seminario Juan XXIII se consolidó como un proyecto de comunión eclesial al servicio de la formación de los futuros sacerdotes de la Costa Atlántica.Durante la celebración, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, destacó el aporte de esta institución a la vida pastoral de la región:“Damos gloria y alabanzas al sacerdocio de Jesucristo y damos gracias por cada sacerdote que ha sido formado en esa casa porque ha ayudado a sostener la tarea misionera y evangelizadora de toda nuestra región Caribe”.Por su parte, el padre William Acosta Peralta, rector del Seminario, expresó su gratitud por quienes han acompañado y sostenido esta obra a lo largo de seis décadas: obispos, formadores, sacerdotes, benefactores y comunidades eclesiales que han contribuido a su desarrollo, conservación y fortalecimiento.Mirar el futuro con esperanza y responsabilidadMás que una mirada al pasado, el aniversario se convirtió en una oportunidad para reflexionar sobre los retos actuales de la formación sacerdotal.En su homilía, monseñor Pablo Salas subrayó que esta conmemoración se enmarca en el camino de preparación hacia el centenario de la Arquidiócesis de Barranquilla, que se celebrará en 2032. En este contexto, señaló que la prioridad no es únicamente la renovación de la infraestructura del Seminario, sino también el fortalecimiento integral de los procesos formativos.El Arzobispo insistió en la necesidad de promover una formación más humana, comunitaria y cercana a la realidad contemporánea, que favorezca la madurez espiritual, intelectual y afectiva de los candidatos al sacerdocio. Asimismo, recordó que la Iglesia universal viene impulsando una reflexión profunda sobre la formación en los seminarios, inspirada en los principios de sinodalidad, comunión y cercanía con el Pueblo de Dios.“Los desafíos son enormes. Por lo tanto, esta celebración se constituye para nosotros en una providencial oportunidad para mirar más allá y seguir configurando nuestro Seminario según el querer de Dios y las necesidades de la Iglesia”, afirmó el prelado.En esa misma línea, destacó la importancia de formar sacerdotes con una profunda vida espiritual, capaces de vivir el ministerio desde el servicio, la cercanía y la alegría evangélica, respondiendo a los desafíos pastorales de nuestro tiempo.San Juan Pablo II: una memoria que sigue inspirando al Caribe colombianoLa Eucaristía también conmemoró los 40 años de la visita apostólica de san Juan Pablo II a Barranquilla, realizada en julio de 1986 y recordada como uno de los acontecimientos eclesiales más significativos para la región Caribe.Durante la celebración se expuso una reliquia de primer grado del santo pontífice, junto con la estola que utilizó durante su visita a la ciudad. Además, estuvo presente monseñor Víctor Antonio Tamayo Betancourt, obispo auxiliar emérito de Barranquilla, quien tuvo la responsabilidad de coordinar la visita papal hace cuatro décadas.Uno de los momentos más emotivos fue la coronación de la imagen de María Auxiliadora que san Juan Pablo II había coronado en 1986 ante miles de fieles reunidos en la actual Plaza de la Paz Juan Pablo II. El gesto evocó la profunda huella espiritual que dejó el Pontífice en la Iglesia colombiana.Al recordar aquella visita, monseñor Pablo Salas señaló que la bendición impartida por el Santo Padre continúa siendo implorada para Colombia, sus jurisdicciones eclesiásticas y sus seminarios, especialmente en un momento histórico que exige renovar la esperanza, fortalecer la comunión e impulsar una evangelización cada vez más cercana a las personas y sus realidades.Un legado que continúaLa jornada concluyó con la bendición de la nueva entrada del Seminario Regional Juan XXIII y un encuentro fraterno entre obispos, sacerdotes, seminaristas, familias y benefactores.Sesenta años después de su fundación, el Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII continúa siendo signo de la comunión entre las Iglesias particulares del Caribe colombiano y una expresión concreta del compromiso de la Iglesia con la formación de pastores según el corazón de Cristo, llamados a servir con alegría, cercanía y espíritu misionero al Pueblo de Dios.Vea la nota audiovisual de la celebración:Conozca la historia completa del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII:
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Lun 1 Jun 2026

Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Concluimos hoy el mes de mayo venerando a María que en salida misionera visita a su prima Santa Isabel, para anunciarle al Salvador del mundo. Durante 70 años de historia diocesana, en el anuncio gozoso del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tenemos la certeza que María ha caminado con nosotros y nos ha fortalecido en el Proceso Evangelizador, siendo modelo de fe, esperanza y caridad, a quien queremos seguir imitando, cumpliendo con nuestra misión; tal como lo expresa el lema pastoral para este mes: vayan y hagan discípulos, imitando a María. 


Imitamos a María como mujer de fe, reconocida esta virtud en la visita que le hace a su prima Isabel. Tal como lo narra el Evangelio: “¡dichosa tú que has creído¡ Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 45), palabras que reconocen la fe de María, en el acto de entrega a la voluntad de Dios que pronunció cuando el Arcángel Gabriel le anunció que iba a ser la madre del Salvador; respondiendo ella con palabras que expresan su fe entregada a la voluntad de Dios: “he aquí la esclava del Señor, há¬gase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38), afirmando con ello el Evangelio la actitud de fe de María y que Isabel reconoce y lo exclama con entusiasmo cuando le dice: “¡dichosa tú que has creído” (Lc 1, 45). 


Imitando la fe de María, es posible que se engendre en nuestro corazón la virtud de la esperanza. En los momentos más oscuros y tormentosos de su vida, María “brilla como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen Gentium 68). Desde la Anunciación, María sabe que Cristo es la roca firme sobre la que se edifica la vida cristiana y la respuesta a Dios. María espera contra toda esperanza, incluso en el momento de la muerte de Jesús en la cruz, cuando continúa su camino por la oscuridad, pero con el corazón lleno de esperanza. María enseña a cada cristiano a estar junto a la cruz del Señor, con dolor, pero de pie y con esperanza, “alcanzó así a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el misterio de la Alianza” (Documento de Aparecida 266). 


María mujer de fe y de esperanza nos enseña a vivir la caridad, ella puso en práctica la cari-dad con todos los que se encontró en el camino. Reconocemos que el amor oblativo, de caridad sin límites de la Virgen, nace de la comunión que tenía con el corazón de Dios, que la llevó a aceptar ser la madre del Redentor para entregar¬le la salvación a toda la humanidad. La caridad y el amor de María por cada uno de nosotros, conduce de inmediato hasta Jesús, una caridad silenciosa, prudente, que de nuevo al pie de la Cruz de su Hijo, calla y ofrece por la humanidad el acto de amor más grande de entrega. “La Virgen de Nazaret tuvo una misión única en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañando a su Hijo hasta su sacrificio definitivo” (DA 267); siendo esta misión la caridad más silenciosa, pero la más efectiva para cada uno de nosotros. 


María al entregarnos a Jesús, nos trae con Él todo el amor, el perdón, la reconciliación y la paz, “como madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios” (DA 267). Por eso, estamos llamados a imitarla en la virtud, que Ella misma vivió, acompañando a los discípulos y a la Iglesia como la madre de la fe, la esperanza y la cari¬dad. 


Esta es la tarea de la Iglesia en su vocación de evangelizar y en este compromiso estamos en nuestra Diócesis de Cúcuta con el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (PEIP); con la certeza que transmitir a Jesucristo a otros es la obra de caridad más grande que podemos hacer. Así nos lo enseñó el Papa Francisco: “la Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (Evangelii Gaudium 14), recordando que la primera obra de caridad que hemos de hacer a nuestros hermanos será mostrarles el camino de la fe, la esperanza y la caridad. Así lo indicó el Papa Francisco, retomando palabras de sus antecesores: “el anuncio de Jesucristo es el primer acto de caridad hacia el hombre, más allá de cualquier gesto de generosa solidaridad” (Mensaje para las mi-graciones 2021). En esto la Virgen María, como maestra de la fe, la esperanza y la caridad, nos da ejemplo de un amor total a todos nosotros, entregándonos a Jesús y llevándonos hasta Él. 


La profunda vida interior y contemplativa de nuestra madre del cielo, nos exhorta a mirar fijamente a Jesucristo y a vivir con fe, esperanza y caridad, todo nuestro peregrinar humano y cristiano, con las incertidumbres y tormentas diarias, poniendo nuestra vida en las manos del Padre, con los ojos fijos en Jesucristo, hasta que lleguemos a participar de la Gloria de Dios. Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en todas las circunstancias de la existencia. Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la madre del cielo, nos alcancen de nuestro Señor Jesucristo la fortaleza en la fe, la espe¬ranza que no defrauda y la caridad sin límites, para que sigamos siendo discípulos misioneros del Señor. 

 


En unión de oraciones, 
reciban mi bendición. 
 

 

+José Libardo Garcés Monsalve 
Obispo de la Diócesis de Cúcuta

Mié 20 Mayo 2026

La caridad es la puerta de entrada al cielo

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Seguimos en la celebración de los 70 años de vida diocesana con el lema pastoral: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, viviendo la alegría de la Pascua que nos fortalece en el camino de vida nueva en santidad. Retomando las virtudes teologales que han sido siembra en el corazón de muchas personas durante todo este tiempo de historia diocesana, hoy nos disponemos a reflexionar sobre la virtud de la caridad que Jesús Re-sucitado nos ha dejado como camino para llegar al cielo. 


Todo el trabajo evangelizador en salida misionera en nuestra Diócesis de Cúcuta, tiene como propósito llevar a las personas a reforzar el amor a Dios y el amor al prójimo. Tal como nos lo dice Jesús en su Palabra: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas” (Mt 22, 37 - 40); el Magisterio de la Iglesia lo refuerza cuando enseña: “amor a Dios y al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (Deus Caritas Est, 15). 


La caridad es el fruto maduro de la fe en Jesucristo y la esperanza en Él que no defrauda; es la corona de todas las virtudes y precisamente el Señor nos indica que el juicio final será sobre las obras de misericordia, “vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme” (Mt 25, 34 - 36). Concluyendo que cada vez que un cristiano hace la caridad a un hermano necesitado, lo está haciendo al mismo Jesucristo y por lo tanto podrá gozar con Él de la gloria de Dios. 


Recibir el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en el corazón, tendrá que llevarnos cada día a ser diócesis samaritana, en la que todos los creyentes nos agachamos a sanar las heridas del prójimo que ha caído en el camino de la vida y necesita una mano que lo levante, teniendo en cuenta que “mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. El amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora” (DCE, 15). 


Vivir la caridad es un aprendizaje que se adquiere en la oración constante, no se aprende en los centros académicos, ni se tiene de una vez para siempre. La caridad se construye cada día en el corazón de un creyente que se dispone a amar a Dios y a extender el amor del corazón de Jesús por todas partes, reconociendo a Jesucristo en todos los que sufren, en los que están excluidos y en los más vulnerables de la sociedad, “Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicieron (DCE, 15). 


El cristiano que se pone de rodillas frente al Santísimo Sacramento, que mira y contempla el Crucificado, es capaz de salir de sí mismo para volverse prójimo del que sufre. La caridad no es un simple acto social, sino que nace de la naturaleza misma de la Iglesia que anuncia el Evangelio en salida misionera y cosecha el fruto del amor al prójimo, ya que “la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de la otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (DCE, 25). 


La Iglesia predica el Evangelio a todos, por tanto la caridad se realiza entre los miembros de la Iglesia, pero traspasa sus límites y va más allá de sus confines, llega incluso a los que no están en el redil o rechazan el Evangelio o se convierten en nuestros opositores, “la caridad supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado casualmente, quien quiera que sea” (DCE, 25). 


La caridad como puerta de entrada al cielo, sigue orientándonos la meta de nuestra vida, allá está la puerta del cielo, recorramos el camino haciendo la caridad, que brota de un cristiano que es capaz de ocupar el último lugar, ese que ocupó nuestro Señor Jesucristo en la cruz, haciéndose servidor de toda la humanidad en el acto de caridad más grande, “Cristo ocupó el último puesto en el mundo, la Cruz, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia” (DCE, 35). 


Sigamos escribiendo juntos nuestra historia diocesana desde la caridad, que es el amor de Dios que se hace presencia a través de cada uno de los cristianos, que peregrinamos en esta Iglesia Particular, hasta llegar un día a la salvación eterna. Que la Santísima Virgen María, madre de la caridad y el Glorioso Patriarca San José, custodien la fe y esperanza en nosotros, para que produzca el fruto maduro de la caridad y en actitud de oración reconozcamos a Jesús en los más pobres y necesitados. 

 


En unión de oraciones, 
reciban mi bendición. 

 


+José Libardo Garcés Monsalve 
Obispo de la Diócesis de Cúcuta
 
 

Mar 19 Mayo 2026

La familia, don de Dios

 

Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - Y dijo Dios “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra…Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y henchid la tierra, sean fecundos". (Gn. 1,26-27)


La familia: don sagrado de Dios que debe ser protegido hoy: en medio de los profundos cambios culturales, sociales y jurídicos que atraviesa el mundo contemporáneo, la familia —fundamento de la sociedad y santuario de la vida— enfrenta desafíos que cuestionan su identidad, su misión y su estabilidad. No se trata simplemente de transformaciones externas, sino de una verdadera crisis antropológica que toca el corazón mismo del ser humano, por eso, es urgente alzar la voz con claridad, caridad y firmeza para custodiar este don divino.

1. La familia en el designio de Dios


La Sagrada Escritura nos presenta la familia no como una invención humana, sino como un proyecto nacido en el corazón de Dios:
“Dios creó al hombre a su imagen… varón y mujer los creó” (Gn 1,27).


La complementariedad entre el hombre y la mujer no es solo biológica, sino profundamente espiritual y relacional. En esta unión se revela el amor creador de Dios, que es fecundo, fiel y total.


El matrimonio, elevado por Cristo a sacramento, no es un simple contrato social, sino una alianza sagrada que refleja el amor entre Cristo y su Iglesia (cf. Ef 5,25). Por eso, la familia es llamada con razón “Iglesia doméstica”, lugar donde se transmite la fe, se aprende a amar y se cultiva la vida.

 

2. Las amenazas actuales contra la familia


Hoy la familia se ve amenazada por múltiples corrientes que, bajo el lenguaje de libertad o progreso, terminan debilitando su esencia: 


a.    Las Ideologías que desdibujan la identidad humana: existen corrientes que niegan la naturaleza dada del ser humano, relativizando la identidad sexual y la complementariedad entre el hombre y la mujer. Esto no solo afecta la comprensión del matrimonio, sino también la estabilidad emocional y espiritual de las nuevas generaciones. 


b.    La mentalidad anticonceptiva y rechazo de la vida: la difusión de prácticas anticonceptivas ha instaurado una cultura que separa el amor conyugal de su apertura a la vida. El hijo deja de ser don de Dios para convertirse, en muchos casos, en una opción condicionada o incluso rechazada. Esto contradice profundamente el sentido sacramental del matrimonio, llamado a ser signo de amor fecundo, generoso y abierto al don de la vida.


c.     La disolución progresiva del vínculo familiar: el aumento de separaciones, la banalización del compromiso y la fragilidad de los vínculos afectan gravemente el tejido social. Cuando la familia se rompe, no solo sufren los esposos, sino especialmente los hijos, quienes pierden referentes fundamentales para su crecimiento integral.

d.    Las tendencias jurídicas que redefinen la familia: en muchos contextos, las legislaciones buscan redefinir la familia desligándola de su fundamento natural y sacramental. Si bien es necesario garantizar derechos y dignidad para todas las personas, no se puede perder de vista la verdad profunda sobre la familia como unión estable entre un hombre y una mujer abierta a la vida.


3. La fidelidad, la verdad y el amor son la respuesta cristiana 


Ante este panorama, la Iglesia no responde con condena, sino con una propuesta: volver al plan original de Dios.


a.    Redescubrir la belleza del matrimonio:  es necesario anunciar con alegría que el matrimonio no es una carga, sino una vocación hermosa, un camino de santidad donde el amor se purifica, madura y da fruto.


b.    Educar en el amor verdadero: la familia debe ser escuela de virtudes: respeto, entrega, fidelidad, perdón. Solo así se construyen relaciones sólidas capaces de resistir las dificultades.


c.     Defender la vida como don sagrado: cada hijo es signo del amor de Dios. Acoger la vida es participar en la obra creadora divina. La apertura a la vida no empobrece el amor, lo engrandece.


d.    Testimonio coherente: más que discursos, el mundo necesita familias que vivan con autenticidad su vocación: hogares donde se respire fe, donde el perdón sea posible, donde el amor no sea pasajero sino comprometido.


4. Dimensión espiritual y sacramental


La familia cristiana no está sola. Está sostenida por la gracia de Dios. En los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el Matrimonio, encuentra la fuerza para perseverar.


Orar en familia, participar en la vida de la Iglesia y confiar en la acción de Dios son pilares fundamentales para resistir las crisis.


Proteger la familia no es una opción ideológica, es una urgencia humana y espiritual. Allí donde la familia es fuerte, la sociedad florece; donde la familia se debilita, todo se fragmenta.


Hoy más que nunca, estamos llamados a custodiar este don con valentía, iluminados por la verdad del Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios.


La familia no es un vestigio del pasado: es la esperanza del futuro porque donde la familia se mantiene unida a Cristo allí nace la esperanza del mundo.


Señor Jesús, que la sagrada familia de Nazaret sea modelo y protección de nuestros hogares.


Danos amor, unidad y fidelidad para que nuestra familia pueda vivir la voluntad creadora de nuestro Dios.


El Señor proteja nuestra familia

 

+Ramón Alberto Rolón Güepsa
Obispo de Diócesis de Chiquinquirá
Miembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia
 

Mar 5 Mayo 2026

Edición número mil con María al pie de la Cruz

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Hemos comenzado el mes de mayo dedicado a honrar a la Santísima Virgen María, en este año jubilar que el Papa León XIV ha concedido a nuestra Iglesia Particular, en la advocación de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, con el lema que estamos interiorizando desde la Basílica: María madre de la esperanza. Así reafirmamos el lema pastoral de este año: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, transmitiendo a todos el Evangelio de Jesucristo que es la esperanza que no defrauda. También, llegamos a la edición número mil en el periódico La Verdad, dando gracias a Dios por este medio de difusión del Evangelio que llega a muchas personas que reciben el periódico en cada una de sus ediciones.

 

Al inicio del mes de mayo conmemoramos en Colombia la exaltación de la Santa Cruz, reconociendo en este madero a Jesús como el enviado del Padre para conducirnos a la salvación prometida y esperada. Cada uno de nosotros al mirar y contemplar el Crucificado, estamos llamados a pronunciar desde el corazón las palabras del centurión romano que estaba frente a la cruz: “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39); Él ha venido a traernos el perdón del Padre, para reconciliarnos y recibir la paz que debemos entregar a los de¬más, siendo instrumentos del perdón para con nuestros hermanos.

 

Al pie de la Cruz también estaba María tal como lo indica el Evangelio: “junto a la Cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre: mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 25 - 27); allí María estaba con dolor por ver morir a su Hijo, pero no estaba derrumbada, estaba de pie con la confianza, que de su Hijo clavado en la Cruz, brota la salvación para toda la humanidad, siendo perdonados de los pecados para entrar a la vida eterna.

 

María al pie de la cruz es la madre de la esperanza, que ha sido entregada en la persona del discípulo amado a toda la Iglesia y a cada uno de nosotros. Ella nos indica el camino para llegar a Jesús, esperanza que no defrauda, aún en los momentos de cruz e incertidumbre. En la cruz fue clavado nuestro Señor Jesucristo, que según profesamos en el credo, padeció, fue crucificado, murió, fue sepultado y resucitó al tercer día y está sentado a la derecha del Padre. En el Crucificado está la síntesis de todo el Misterio Pascual que celebramos en la Semana Santa y que vivimos todos los días en la Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo que nos da fortaleza diaria, para cargar la propia cruz uniendo nuestros dolores, sufrimientos y enfermedades a la cruz del Señor, para hacernos uno con Jesús Crucificado.

 

En la cultura actual se quiere anular la cruz, el dolor y el sufrimiento que hace parte de la naturaleza humana, vendiendo falsamente la idea de una vida en perfecto bienestar y prosperidad. En ocasiones desde la predicación, algunos comercian con lo sagrado, quieren vender sacramentales ofreciéndoles a las personas la cancelación de todo sufrimiento en sus vidas. Desde la Palabra de Dios tenemos la certeza que estamos predicando la verdad, cuando anunciamos a Jesucristo Crucificado: “porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo Crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. En cambio, para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo, que es fuerza y sabiduría de Dios” (1Cor 1, 22 - 24). Ahí está la fuerza que nos da la fe, que engendra a la vez la esperanza que hace que tengamos los ojos fijos en el cielo que es nuestro destino; sin olvidar-nos que el camino es la cruz, por la que pasó nuestro Señor Jesucristo, entregando la vida por todos nosotros y que asumió María, cuando estuvo al pie de la Cruz y desde allí nos da consuelo como madre de la esperanza.

 

María al pie de la Cruz nos enseña a contemplar el Crucificado y unir la cruz de cada día a la Cruz del Señor, con la certeza que seguir a Jesucristo Crucificado, nos da la vida eterna. Así lo pide Jesús a sus discípulos: “y dirigiéndose a sus discípulos añadió: Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará” (Mt 16, 24 - 25). Jesucristo mismo nos ha dado ejemplo de entrega de la propia vida por la salvación de todos y nos invita constantemente a tomar la cruz y seguirlo.

 

Mirando y contemplando el Crucificado el corazón se llena de esperanza. La esperanza es la virtud que nos mantiene en pie, que nos ayuda a salir adelante en las incertidumbres y dificultades de la vida y para el cristiano la esperanza brota del árbol de la Cruz, que lo sana de la tristeza, porque es el mismo Jesús que sana, consuela, levanta y da alivio: “vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas” (Mt 11, 28 - 30); de esa manera, cuando estemos agobiados y sin fuerzas por la cruz de cada día, arrodillémonos a mirar y contemplar el Crucificado y encontraremos paz en medio de las fatigas diarias de la vida.

 

Que Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, madre de la esperanza y el Glorioso Patriarca San José, custodien en nosotros la gracia de Dios y la fe, para seguir en nuestra vida a Jesucristo Crucificado, fuente de nuestra salvación. En acción de gracias seguimos anunciando el Evangelio a través del periódico La Verdad, que desde esta edición número mil, lanzamos hacia el futuro como medio de evangelización que lleva a Jesús hasta sus familias.

 

En unión de oraciones, 
reciban mi bendición 

 

+José Libardo Garcés Monsalve 
Obispo de la Diócesis de Cúcuta
 

La iglesia en Colombia
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Lun 1 Jun 2026

La Arquidiócesis de Barranquilla celebró dos legados de formación y misión: 60 años del Seminario Juan XXIII y 40 años de la visita de san Juan Pablo II

 

La Iglesia que peregrina en la región Caribe colombiana celebró los 60 años de existencia del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII, una institución que ha contribuido decisivamente a la formación de cientos de sacerdotes y al fortalecimiento de la misión evangelizadora en el norte del país.


La conmemoración oficial tuvo lugar el pasado 26 de mayo en la Catedral Metropolitana María Reina de Barranquilla, mediante una solemne Eucaristía presidida por monseñor Pablo Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla, acompañado por los obispos de las provincias eclesiásticas de Cartagena y Barranquilla, sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas, laicos y benefactores de esta casa de formación.


La celebración estuvo marcada por un doble motivo de acción de gracias: los seis decenios de servicio del Seminario Regional Juan XXIII y los 40 años de la histórica visita de san Juan Pablo II a Barranquilla, acontecimiento que sigue vivo en la memoria eclesial de la región.


Una obra que ha sostenido la misión evangelizadora del Caribe colombiano


Desde la bendición de su primera piedra, el 24 de agosto de 1963, por iniciativa de monseñor Germán Villa Gaviria y los obispos de la entonces Provincia Eclesiástica de Cartagena, el Seminario Juan XXIII se consolidó como un proyecto de comunión eclesial al servicio de la formación de los futuros sacerdotes de la Costa Atlántica.


Durante la celebración, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, destacó el aporte de esta institución a la vida pastoral de la región:


“Damos gloria y alabanzas al sacerdocio de Jesucristo y damos gracias por cada sacerdote que ha sido formado en esa casa porque ha ayudado a sostener la tarea misionera y evangelizadora de toda nuestra región Caribe”.

 

Por su parte, el padre William Acosta Peralta, rector del Seminario, expresó su gratitud por quienes han acompañado y sostenido esta obra a lo largo de seis décadas: obispos, formadores, sacerdotes, benefactores y comunidades eclesiales que han contribuido a su desarrollo, conservación y fortalecimiento.


Mirar el futuro con esperanza y responsabilidad


Más que una mirada al pasado, el aniversario se convirtió en una oportunidad para reflexionar sobre los retos actuales de la formación sacerdotal.


En su homilía, monseñor Pablo Salas subrayó que esta conmemoración se enmarca en el camino de preparación hacia el centenario de la Arquidiócesis de Barranquilla, que se celebrará en 2032. En este contexto, señaló que la prioridad no es únicamente la renovación de la infraestructura del Seminario, sino también el fortalecimiento integral de los procesos formativos.


El Arzobispo insistió en la necesidad de promover una formación más humana, comunitaria y cercana a la realidad contemporánea, que favorezca la madurez espiritual, intelectual y afectiva de los candidatos al sacerdocio. Asimismo, recordó que la Iglesia universal viene impulsando una reflexión profunda sobre la formación en los seminarios, inspirada en los principios de sinodalidad, comunión y cercanía con el Pueblo de Dios.


“Los desafíos son enormes. Por lo tanto, esta celebración se constituye para nosotros en una providencial oportunidad para mirar más allá y seguir configurando nuestro Seminario según el querer de Dios y las necesidades de la Iglesia”, afirmó el prelado.


En esa misma línea, destacó la importancia de formar sacerdotes con una profunda vida espiritual, capaces de vivir el ministerio desde el servicio, la cercanía y la alegría evangélica, respondiendo a los desafíos pastorales de nuestro tiempo.


San Juan Pablo II: una memoria que sigue inspirando al Caribe colombiano


La Eucaristía también conmemoró los 40 años de la visita apostólica de san Juan Pablo II a Barranquilla, realizada en julio de 1986 y recordada como uno de los acontecimientos eclesiales más significativos para la región Caribe.


Durante la celebración se expuso una reliquia de primer grado del santo pontífice, junto con la estola que utilizó durante su visita a la ciudad. Además, estuvo presente monseñor Víctor Antonio Tamayo Betancourt, obispo auxiliar emérito de Barranquilla, quien tuvo la responsabilidad de coordinar la visita papal hace cuatro décadas.


Uno de los momentos más emotivos fue la coronación de la imagen de María Auxiliadora que san Juan Pablo II había coronado en 1986 ante miles de fieles reunidos en la actual Plaza de la Paz Juan Pablo II. El gesto evocó la profunda huella espiritual que dejó el Pontífice en la Iglesia colombiana.


Al recordar aquella visita, monseñor Pablo Salas señaló que la bendición impartida por el Santo Padre continúa siendo implorada para Colombia, sus jurisdicciones eclesiásticas y sus seminarios, especialmente en un momento histórico que exige renovar la esperanza, fortalecer la comunión e impulsar una evangelización cada vez más cercana a las personas y sus realidades.


Un legado que continúa


La jornada concluyó con la bendición de la nueva entrada del Seminario Regional Juan XXIII y un encuentro fraterno entre obispos, sacerdotes, seminaristas, familias y benefactores.


Sesenta años después de su fundación, el Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII continúa siendo signo de la comunión entre las Iglesias particulares del Caribe colombiano y una expresión concreta del compromiso de la Iglesia con la formación de pastores según el corazón de Cristo, llamados a servir con alegría, cercanía y espíritu misionero al Pueblo de Dios.

 

Vea la nota audiovisual de la celebración:

 

 

 Conozca la historia completa del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII: 

 

 

Jue 21 Mayo 2026

Conferencia Episcopal presenta guía litúrgica para orar por Colombia en la Vigilia de Pentecostés

La Conferencia Episcopal de Colombia presenta la guía litúrgica para acompañar la celebración de la Vigilia de Pentecostés este sábado 23 de mayo en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país. Publicada bajo el lema “Un clamor al Espíritu Santo por la paz y la reconciliación”, propone vivir la solemnidad de Pentecostés como una intensa jornada de oración por Colombia, en medio de los desafíos sociales, humanitarios y de violencia que atraviesan distintas regiones del territorio nacional. 

 

Desde el inicio de la celebración, el subsidio invita a las comunidades a elevar “un clamor orante por la paz y la reconciliación” y a pedir al Espíritu Santo que “desarme los corazones, sane las heridas de la violencia y nos convierta en artesanos de justicia”.


Un llamado a orar por Colombia en medio del contexto electoral


La publicación de este subsidio pastoral coincide además con el llamado que hicieron los obispos colombianos este 20 de mayo, en los mensajes dirigidos a los sacerdotes y al pueblo colombiano con motivo de las elecciones presidenciales de 2026. En esos pronunciamientos, los prelados invitaron a intensificar la oración por el país en el actual contexto nacional y pidieron aprovechar especialmente la Solemnidad de Pentecostés como un tiempo propicio para pedir al Espíritu Santo por la paz, el discernimiento y la reconciliación de Colombia.


La propuesta litúrgica de la Conferencia Episcopal conecta el sentido teológico de Pentecostés con la realidad concreta del país. En la monición inicial, se reconoce que “el dolor y la violencia sacuden nuestra nación”, mientras se anima a los fieles a convertirse en “testigos valientes de la esperanza y constructores de una sociedad donde la vida sea sagrada”.


Una vigilia centrada en las víctimas, la reconciliación y la esperanza


El subsidio incluye una amplia liturgia de la Palabra, momentos de renovación bautismal y de la confirmación, oraciones por las víctimas, los jóvenes, las familias y quienes tienen responsabilidades públicas, así como un “Lucernario de los Siete Dones”, presentado como un signo de compromiso de la Iglesia con la paz en los territorios. Allí se afirma que “cada don es una herramienta de paz y un camino para la reconciliación”.


En uno de los momentos centrales de la vigilia, las comunidades orarán explícitamente por quienes sufren las consecuencias del conflicto y por la transformación de quienes ejercen violencia. Entre las súplicas se pide al Espíritu Santo “tocar el corazón de piedra de los violentos” y moverlos “a la conversión”, reconociendo que “el respeto a la vida es la piedra angular de nuestra sociedad”.


Una respuesta pastoral frente al dolor y la violencia


El documento también hace referencia a realidades que afectan especialmente a las regiones del país, como el confinamiento, el reclutamiento de jóvenes, la exclusión social y el miedo generado por la violencia. En la reflexión propuesta para la Hora Santa, se afirma que Jesús se hace presente “en medio de nuestra ‘geografía del dolor’” y que el Espíritu Santo da la fuerza para ser “reparadores de brechas”.


Además del contenido litúrgico, el subsidio ofrece orientaciones pastorales para que las celebraciones tengan un fuerte sentido comunitario y territorial. Se sugiere, por ejemplo, que en el lucernario participen representantes de distintas realidades sociales, como jóvenes, víctimas, líderes sociales o miembros de la vida consagrada, como signo visible del anhelo común de reconciliación.


Pentecostés como oportunidad para renovar el compromiso con la paz


La oración final sintetiza el espíritu de toda la celebración: pedir a Dios que sane las heridas del país, fortalezca la unidad y haga de la Iglesia “verdaderamente sinodal”, capaz de “caminar juntos, escuchando el clamor del pobre, siendo artesanos de una esperanza que no defrauda”.


Con este subsidio, la Conferencia Episcopal de Colombia busca ofrecer a las jurisdicciones eclesiásticas y comunidades parroquiales un instrumento común de oración, reflexión y esperanza, animando a la Iglesia en Colombia a vivir Pentecostés como una oportunidad para renovar su compromiso con la reconciliación, la defensa de la vida y la construcción de paz.

 


 

Mar 19 Mayo 2026

Colombia renovó su consagración al Inmaculado Corazón de María en una jornada de oración que unió a miles en el país

 

En medio de los desafíos sociales, humanitarios y de reconciliación que vive Colombia, la Iglesia vivió este 13 de mayo una de las jornadas marianas más significativas de los últimos años. En la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, miles de fieles se unieron en distintas regiones del territorio nacional para participar en el Cuarto Rosario Nacional por la Paz y la Reconciliación de Colombia y en la renovación de la Consagración del país al Inmaculado Corazón de María.


La celebración central se llevó a cabo en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, donde se desarrollaron tres momentos principales: el Santo Rosario Nacional, la celebración de la Eucaristía y el acto de renovación de la Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María. 


La Santa Misa y el acto de consagración fueron presididos por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien hizo un fuerte llamado a sanar las heridas del país desde la reconciliación, el perdón y la fraternidad.


“Necesitábamos este bálsamo espiritual que está en el corazón del pueblo de Dios, que clama por un tiempo de paz, de reconciliación. Y quién mejor que la Madre, la Madre de Jesús, la Madre de la Iglesia, quien nos pueda unir como nación”, expresó el prelado.


Durante su homilía, monseñor Múnera recordó que la consagración a María encuentra su sentido pleno en la consagración bautismal a Jesucristo. Además, propuso contemplar el corazón de María desde tres escenas evangélicas: Caná, el Calvario y el Cenáculo, como caminos para reconstruir el tejido social y espiritual del país.


“El corazón de María nos conduce a aquel que es manso y humilde de corazón, Cristo nuestra paz”, afirmó.


El arzobispo también recordó los tres compromisos centrales del mensaje de Fátima: la oración, la reparación y la consagración. En ese contexto, insistió en la necesidad de fortalecer una cultura del encuentro, la solidaridad y la esperanza, especialmente en medio del actual discernimiento social y político que vive Colombia.

 


“María es la tejedora de vínculos y relaciones. Nos ayuda a remendar los corazones heridos. Por lo tanto, a ella tenemos que acudir como madre y maestra de paz, de perdón y reconciliación”, expresó el presidente de la Conferencia Episcopal.


La intención central del Rosario Nacional, cuyo lema fue “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión de tu corazón”, estuvo enfocada en pedir por las víctimas de la violencia, las familias, los jóvenes, los gobernantes, las instituciones del país y todos los colombianos.

 

La jornada concluyó en la tarde con adoración eucarística y el tradicional Rosario de Antorchas en la Plaza de Bolívar.


Esta iniciativa de oración fue promovida por diversos grupos de laicos católicos y apoyada por la Conferencia Episcopal de Colombia y la Arquidiócesis de Bogotá. La directora del Rosario Nacional, Jimena Lian, destacó el valor de la unidad eclesial alcanzada durante esta edición:


“Un país unido en oración siempre estará protegido”, aseguró.


La renovación de la consagración tuvo además un profundo significado histórico y espiritual. La primera Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María se realizó en octubre de 2008, en una ceremonia presidida por el cardenal Pedro Rubiano Sáenz en la Catedral Primada, al tiempo que la renovación de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús vigente desde 1902.


Una Iglesia unida desde los territorios


La jornada mariana trascendió la capital colombiana y se vivió intensamente en múltiples jurisdicciones eclesiásticas del país, donde miles de fieles elevaron oraciones por la paz, la reconciliación y la esperanza en sus territorios.


En la Arquidiócesis de Cartagena, monseñor Francisco Múnera, luego de presidir la celebración nacional en Bogotá, viajó para acompañar a su familia arquidiocesana la fiesta patronal de Nuestra Señora de Fátima en el barrio Villas de la Candelaria. Allí, junto a la comunidad y sacerdotes de diferentes zonas de la capital de Bolívar, presidió una celebración marcada por la fraternidad y la devoción mariana.


En la Diócesis de Cúcuta, cientos de fieles participaron en la tradicional peregrinación hacia el monumento de la Virgen en el Bario San Miguel. La jornada culminó con una Eucaristía presidida por monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien invitó a los fieles a perseverar en la oración y a mirar a María como modelo de esperanza en medio de las dificultades que vive la región.


En la Diócesis de Tibú, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la celebración principal se desarrolló en el corregimiento de Pacelli. Allí, monseñor Israel Bravo Cortés llamó a la conversión sincera como camino para alcanzar la paz verdadera. La jornada estuvo marcada también por gestos solidarios hacia familias afectadas por la violencia.


““Pedimos especialmente que no afecte ninguna causa más, ningún bien ni ninguna vida… Que la gente pueda retornar con tranquilidad a sus tierras, a sus casas...Aquí seguimos acompañando a la gente en otra dinámica: dinámica de paz, de desarrollo y de justicia, donde nos sintamos hermanos”, expresó el padre Jairo Gelves Tarazona, párroco del lugar.


En la Diócesis de Ocaña, la celebración de Nuestra Señora de Fátima se vivió en un ambiente de profunda fe y devoción. Los fieles se congregaron en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Ocaña para participar de esta significativa celebración presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba. La tradicional Procesión de las Luces también reunió a la comunidad en torno a la oración por la libertad de los secuestrados y el consuelo de las familias afectadas por la violencia. 


Desde el Santuario Mariano Nuestra Señora de Fátima, la Diócesis de Santa Marta se unió al Rosario Nacional elevando plegarias por la reconciliación de Colombia. El padre Harold Tejada recordó que el mensaje de Fátima sigue siendo profundamente actual:


“Solamente habrá paz cuando reconstruyamos el corazón. Y reconstruir el corazón significa romper con la violencia, con el odio y con la división”, afirmó.


En la Diócesis de Pasto, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro presidió la celebración de consagración al Inmaculado Corazón de María en medio de un contexto marcado por el dolor de la violencia y las tensiones fronterizas del sur del país.


“Queremos poner en las manos de la Santísima Virgen María nuestra patria para que podamos construir pacíficamente esa nación que soñamos, donde nadie se sienta excluido”, expresó el obispo.


La Arquidiócesis de Popayán la oración reunió no solo a la Iglesia, sino también a instituciones civiles, universidades, niños, jóvenes y comunidades religiosas.


El Rosario por la paz se realizó en el atrio de la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción como un signo de unidad por el Cauca, uno de los departamentos más afectados por la violencia en Colombia.


En la Diócesis de Yopal, los fieles peregrinaron hasta el Mirador de la Virgen de los Dolores de Manare para encomendar el territorio llanero a la Madre de Dios.


En Pereira, Barrancabermeja, Palmira, El Banco, Cali y otras jurisdicciones, parroquias, santuarios y comunidades de fe se unieron al clamor nacional por la paz.


Desde Barrancabermeja, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez pidió por la paz del Magdalena Medio y destacó el valor espiritual y social de esta movilización de fe:


“La paz es posible, la hemos ido construyendo y la seguiremos construyendo. Hoy hemos renovado ese empeño escuchando una vez más el clamor de Nuestra Señora de Fátima de rogar por la reconciliación y la paz del mundo entero”, manifestó.


María, signo de esperanza para Colombia


En este mes mariano, la consagración al Inmaculado Corazón de María representa un signo de confianza espiritual, pero también, un llamado colectivo a reconstruir el país desde la conversión del corazón, el perdón y la esperanza. La fiesta de Nuestra Señora de Fátima volvió a poner en el centro el llamado a la oración, la conversión y la paz. 

 

Pese a las múltiples heridas y fragmentaciones sociales, esta gran jornada nacional reflejó cómo la fe continúa siendo un punto de encuentro para millones de colombianos.


Con rosarios en las manos, velas encendidas y plegarias elevadas desde distintos rincones del país, la Iglesia en Colombia reafirmó su compromiso pastoral de seguir promoviendo la reconciliación, la fraternidad y el cuidado de la vida.


 

Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada: 

 


 

Vie 8 Mayo 2026

Un signo de esperanza para Bojayá: Iglesia conmemoró 24 años de la masacre con la consagración de la custodia del “Cristo Mutilado”

La jornada, convocada por la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia ACN Colombia, reunió a comunidades afro e indígenas del Chocó en actos de memoria, oración y reconciliación.


Han pasado 24 años desde la masacre de Bojayá, una de las tragedias humanitarias más dolorosas que ha dejado el conflicto armado colombiano. Sin embargo, en las orillas del río Atrato, la memoria permanece viva y las comunidades continúan resistiendo desde la fe.


Este 2 y 3 de mayo de 2026, en el marco de la conmemoración de esta tragedia, la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Colombia) convocaron una jornada de reconciliación y memoria con actividades en Bellavista (Bojayá) y en Quibdó, marcada por un profundo sentido espiritual, comunitario y pastoral.


El acto central fue la consagración de una nueva custodia eucarística inspirada en la emblemática figura del “Cristo Mutilado”, la imagen religiosa que sobrevivió a la explosión ocurrida el 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba lanzado por la entonces guerrilla de las Farc impactó la Iglesia donde centenares de civiles buscaban refugio en medio de enfrentamientos armados. La masacre dejó 119 personas muertas, entre ellas, 48 niños.

 

La celebración litúrgica central se llevó a cabo en ese mismo lugar, el templo San Pablo Apóstol, reconstruido años atrás con el apoyo de ACN Colombia.


Un Cristo herido, convertido en signo de esperanza


La nueva custodia, elaborada por un orfebre colombiano, conserva la figura herida del "emblemático crucificado" y ubica en el centro de su pecho el viril que contiene la Eucaristía.


Para la Iglesia, este signo busca acompañar espiritualmente a las comunidades que han sufrido el impacto de la violencia, así como  reafirmar un mensaje de reconciliación, consuelo y esperanza para el Pacífico colombiano.


“La iniciativa busca visibilizar la fe y la resistencia de las comunidades en medio del sufrimiento, enviando un mensaje claro al país: la promoción de la reconciliación y el acompañamiento a las poblaciones más alejadas sigue siendo una prioridad", expresaron los organizadores.


Durante la conmemoración, monseñor Wiston Mosquera Moreno, obispo de Quibdó, describió la presencia de la Iglesia antes, durante y después de la tragedia:


“La Iglesia ha estado ahí siempre acompañando a las poblaciones, a las comunidades y por eso hay una máxima entre nosotros: el último en salir regularmente de una población es el sacerdote acompañando a su comunidad y eso fue lo que sucedió ese día”.


Una jornada de fe y la memoria de las víctimas


La jornada inició con una multitudinaria procesión fluvial por el río Atrato y por las calles de Bellavista. Entre cantos tradicionales afrocolombianos (alabaos) y oraciones, las comunidades acompañaron al Cristo Mutilado hasta el lugar de la tragedia.


La procesión pasó por el mausoleo que hoy guarda los restos y recuerdos de muchas de las víctimas, incluidos niños que no alcanzaron a nacer.


El padre Johnny Milton Córdoba, director de Pastoral Social de la Diócesis de Quibdó, destacó el profundo significado espiritual y comunitario de estos actos de memoria:


“Cada vez que venimos acá también es una forma de hacer una pequeña catarsis para que la gente pueda quizás ir poco a poco avanzando en el poder perdonar”.


La conmemoración reunió a comunidades afro e indígenas, líderes sociales, agentes pastorales y representantes de distintas instituciones que acompañan históricamente a las poblaciones del Chocó.


Una vigilia por la reconciliación en Quibdó


Tras los actos en Bojayá, la custodia fue trasladada hasta Quibdó, capital del departamento, donde se celebró una Vigilia de Adoración por la Reconciliación presidida por el obispo de la diócesis.


Durante esta celebración, los fieles elevaron oraciones por las víctimas del conflicto armado, por las comunidades que continúan sufriendo desplazamientos y confinamientos, y por la paz en Colombia.


“Fue un encuentro con Cristo vivo, con Cristo mutilado, pero que está presente en nosotros”, expresó Carmen Inés Rentería, una de las participantes.


Por su parte, Luz Mercedes Mosquera afirmó:


“Fue un momento de reflexión, restauración y perdón…solamente le pido al Señor que nos siga restaurando y que nos enseñe a caminar con esos brazos y esos pies que a Él le faltan”.


Conmemoración en medio de una violencia que persiste


La conmemoración de este año ocurre además en un contexto especialmente complejo para el Chocó. Pese al acuerdo de paz firmado con las antiguas Farc en 2016, distintas comunidades del Pacífico continúan afectadas por la presencia de grupos ilegales, los desplazamientos forzados y las restricciones a la movilidad.


Frente a esta realidad, la Iglesia ha insistido en la necesidad de fortalecer la presencia institucional, proteger a las comunidades y garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición.


“Todos los territorios que han sido tomados por los grupos al margen de la ley han estado de espaldas al Estado colombiano”, advirtió monseñor Mosquera Moreno durante la jornada.


ACN Colombia y la misión de acompañar a la Iglesia que sufre


La Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) acompaña a comunidades católicas necesitadas, perseguidas o afectadas por la violencia en distintos países del mundo.


En Colombia, ACN ha apoyado históricamente procesos pastorales, humanitarios y de reconstrucción eclesial en territorios marcados por el conflicto armado, entre ellos Bojayá.


La directora ejecutiva de ACN Colombia, María Inés Espinosa Calle, explicó lo que significó esta jornada para la fundación pontificia:


"Puede ser que el evento de Bojayá no haya sido un acto en contra de la religión propiamente, pero la gente se fue a a a meter en esta Iglesia como un sitio seguro, en donde pensaban que nada les podía pasar y pasaron por encima de ese lugar sagrado y allí mandaron este ataque que acabó con la vida de estas 119 personas. Es la razón por la cual nosotros queremos servir y acompañar a la Iglesia que está en necesidad en nuestro país."


Hoy, la Iglesia espera que la custodia del Cristo Mutilado se convierta en un signo de resistencia espiritual para las comunidades del Pacífico colombiano, que continúan clamando por el fin de la violencia y una presencia del Estado que los defienda y dignifique. 

 

Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada: 

 

 

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Jue 9 Oct 2025

De la Dilexit nos a la Dilexi Te

¿Quién ama verdaderamente a los pobres?


Cristo, que siempre tuvo una predilección por ellos. Él nos amó primero a todos (Dilexit nos), pero luego vuelca ese amor concretamente en el vulnerable, en el que sufre, en el que camina herido por los senderos de la vida (Dilexi Te).


Este es el planteamiento que podemos hacer a partir de las dos exhortaciones que hoy se complementan: “Contemplar el amor de Cristo nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás; nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor”(n. 2).


El Papa León XIV, hoy 9 de octubre, nos entrega una exhortación apostólica sobre el cuidado de la Iglesia hacia los pobres, titulada Dilexi Te —“Te he amado” (Ap 3, 9)—, un texto que, como él mismo aclara en los primeros párrafos, se presenta en continuidad con la encíclica Dilexit nos, que el Papa Francisco estaba preparando en los últimos meses de su vida.


En cinco capítulos y 121 párrafos, el Papa León reafirma que existen diversas formas de pobreza: “La de quien no tiene medios de subsistencia material, la de quien está socialmente marginado y carece de instrumentos para expresar su dignidad y sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la de quien se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, y la de quien no tiene derechos, espacio ni libertad”. Añade además que “es digno de elogio que las Naciones Unidas hayan establecido la erradicación de la pobreza como uno de los Objetivos del Milenio” (nn. 9-10).


Asimismo, el documento denuncia “la ilusión de una felicidad que deriva de una vida acomodada” y que “empuja a muchas personas hacia una visión de la existencia centrada en la acumulación de riquezas y en el éxito social a cualquier precio, incluso a costa de los demás, aprovechándose de ideales sociales y de sistemas político-económicos injustos que favorecen a los más fuertes” (n. 11).


De este modo, surgen ciertas “élites de ricos que viven en una burbuja de condiciones muy cómodas y lujosas, casi en otro mundo respecto de la gente común”. Persiste así —a veces muy bien disimulada— una cultura que descarta a los demás sin darse cuenta, tolerando con indiferencia que millones de personas mueran de hambre o vivan en condiciones indignas.


El Papa denuncia también el aumento de la pobreza incluso en los países ricos, la falta de acceso al agua y a los bienes de primera necesidad, y la muerte de miles de personas por causas relacionadas con la desnutrición. Retoma con fuerza el tema de la “opción preferencial por los pobres”, citando la Asamblea del CELAM en Puebla: “Esta “preferencia” nunca implica exclusivismo ni discriminación hacia otros grupos —lo cual en Dios sería imposible—; busca destacar la acción de Dios que se conmueve ante la pobreza y la debilidad de toda la humanidad, y que, queriendo inaugurar un Reino de justicia, fraternidad y solidaridad, tiene un amor particular por quienes son discriminados y oprimidos. Él nos pide también a nosotros, a su Iglesia, una decisión firme y radical a favor de los más débiles” (n. 90).


Por otra parte, siguiendo las huellas no solo de su predecesor, sino también de una larga serie de santos y santas —desde San Francisco de Asís hasta Camilo de Lelis, pasando por Santa Teresa de Calcuta, los Padres de la Iglesia y el apóstol Pablo—, el Papa León recuerda que “no debemos bajar la guardia frente a la pobreza” y que es en el amor a los pobres donde se mide la autenticidad de nuestra fe (cap. III).


Desde la base bíblica y eclesial del documento se comprende por qué puede hablarse teológicamente de una opción preferencial de Dios por los pobres, expresión nacida en el contexto latinoamericano —especialmente en la Asamblea de Puebla—, pero plenamente integrada hoy en el magisterio de la Iglesia (caps. II-III).


Con abundantes citas bíblicas y patrísticas, el Papa insiste en el testimonio de Cristo, “maestro itinerante, cuya pobreza y precariedad son signo de su unión con el Padre y exigencia para quien desea seguirlo por el camino del discipulado” (n. 20). La renuncia a los bienes y seguridades del mundo se convierte, así, en signo visible de la confianza en Dios y en su providencia.


El documento recuerda que no es posible “amar a Dios sin extender ese amor a los pobres. El amor al prójimo representa la prueba tangible de la autenticidad del amor a Dios”. Son dos amores distintos, pero inseparables. “Incluso cuando la relación con Dios no es explícita, el Señor nos enseña que todo acto de amor hacia el prójimo es reflejo de la caridad divina: “En verdad les digo: todo lo que hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicieron” (n. 26).

 

Cuidar de los pobres es, por tanto, una prueba concreta de la sinceridad de la fe: “Quien dice amar a Dios y no tiene compasión por los necesitados, miente”.


El Papa elogia no solo las acciones individuales, sino también los movimientos populares “formados por laicos y guiados por líderes del pueblo, muchas veces sospechados o incluso perseguidos”. Son ellos quienes “invitan a superar la idea de las políticas sociales concebidas como una política hacia los pobres, pero nunca con los pobres ni de los pobres”.


Y añade: “Si los políticos y los profesionales no los escuchan, la democracia se atrofia, se convierte en un nominalismo, en una formalidad vacía; pierde representatividad y se desencarna, porque deja fuera al pueblo en su lucha cotidiana por la dignidad y la construcción de su destino” (nn. 80-81).


Finalmente, denunciando “una economía que mata”, exhorta a “comprometernos cada vez más en resolver las causas estructurales de la pobreza” (n. 92). Es una urgencia que “no puede esperar, no solo por una necesidad pragmática de obtener resultados y ordenar la sociedad, sino para curarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna, y que solo podrá conducirla a nuevas crisis” (n. 94).


Dilexi Te llegó para recordarnos que “la atención eclesial a los pobres y con los pobres forma parte esencial del camino ininterrumpido de la Iglesia. El amor a los pobres es un elemento esencial de la historia de Dios con nosotros y, desde el corazón de la Iglesia, prorrumpe como una llamada continua en los corazones de los creyentes, tanto en las comunidades como en cada uno de los fieles” (n. 103).


Y mientras existan personas en condición de pobreza, la Iglesia —como madre que no abandona a sus hijos— deberá estar allí presente.

Descargue el documento aquí
 

Mar 21 Feb 2023

Mensaje para la Cuaresma 2023: ‘Ascesis cuaresmal, un camino sinodal’

Desde el Vaticano el cardenal Micheal Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, presentó el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2023, bajo el título “Ascesis cuaresmal, un camino sinodal”.


La “transfiguración” personal y eclesial es el objetivo del camino ascético de Cuaresma, y también del proceso sinodal, que propone el Pontífice en su mensaje y para ello se vale del Evangelio de la Transfiguración del Señor que se proclama el segundo domingo de este tiempo litúrgico para reivindicar “el método y el estilo” de una Iglesia sinodal.


El proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino”.


La penitencia de Cuaresma -escribe el pontífice- es un compromiso, sostenido por la gracia, para superar nuestra falta de fe y nuestra resistencia a seguir a Jesús en el camino de la cruz”.


Esto requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, que son también requisitos para el Camino Sinodal; y por eso podemos decir que “nuestro camino cuaresmal es 'sinodal' ya que lo hacemos juntos por el mismo camino, como discípulos del único Maestro”.


Tanto en el camino litúrgico como en el camino del Sínodo, la Iglesia no hace otra cosa que entrar cada vez más profunda y plenamente en el misterio de Cristo Salvador”.


Al igual que el viaje de los discípulos al Monte Tabor, el papa Francisco reconoce que el proceso sinodal puede parecer arduo y llevar al desánimo.


Sin embargo, dice que “lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y asombroso, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión en el mundo”.

 



LEER MENSAJE DE CUARESMA 2023
 


 

Jue 2 Feb 2023

Los cinco “ingredientes” que sugiere el Papa a los jóvenes congoleños

Este jueves 2 de febrero el Papa Francisco ha tenido un encuentro con los jóvenes de la República Democrática del Congo, en el Estadio de los Mártires en Kinsasa y les ha sugerido algunos “ingredientes para el futuro” que pueden asociarse a los dedos de la mano.
 

El Pontífice se ha centrado en la fuerza de las manos y les ha pedido que “miren sus manos y abran las palmas” para después recordarles que Dios ha puesto en sus manos el don de la vida, el futuro de la sociedad y de este gran país. “Hermano, hermana, ¿tus manos te parecen pequeñas y débiles, vacías e inadecuadas para tareas tan grandes? Quisiera llamar tu atención sobre un detalle: todas las manos son similares, pero ninguna es igual a la otra, por eso eres un tesoro único, irrepetible e incomparable. Nadie en la historia puede sustituirte” ha asegurado.
 

Después, les ha hecho reflexionar a través de dos preguntas: “¿para qué sirven mis manos?, ¿para construir o para destruir, para dar o para acaparar, para amar o para odiar?”, subrayando que pueden “apretar la mano y cerrarla y se vuelve un puño” o pueden “abrirla y ponerla a disposición de Dios y de los demás”. Para que comprendan mejor sus palabras, el Papa les ha aconsejado cinco “ingredientes para el futuro”, que pueden asociar a los dedos de la mano. Se trata de cinco consejos “para distinguir las prioridades entre todas esas voces persuasivas que circulan”.
 

El dedo pulgar corresponde a la oración
El Papa ha iniciado con el dedo pulgar, el dedo más cercano al corazón, a quien corresponde “la oración”. “La oración puede parecer una realidad abstracta, lejana de los problemas tangibles. Sin embargo, es el primer ingrediente, el más esencial, porque nosotros solos no somos capaces. No somos omnipotentes y, cuando alguien cree que es así, fracasa miserablemente”. Por eso, Francisco les ha pedido “enraizarse en la oración, en la escucha de la Palabra de Dios, que nos permite crecer cada día en profundidad, dar fruto y transformar la contaminación que respiramos en oxígeno vital”.
 

En este sentido, les recuerda que no tienen que dirigirse a Jesús “como a un ser lejano y distante al que hay que tenerle miedo”, sino “como al mejor de los amigos, que dio la vida por ti. Él te conoce, cree en ti y te ama, siempre”. También les ha pedido “no tener miedo de tomar entre las manos el crucifijo y apretarlo contra el pecho, derramando las lágrimas sobre Jesús. Grítale las esperanzas de tu corazón, confíale los secretos más íntimos de la vida: la persona que amas, las heridas que llevas dentro, los sueños que tienes en el corazón”, pues “quien reza supera el miedo y se hace cargo de su propio futuro”.
 

El dedo índice corresponde a la comunidad
A continuación, Papa pone la mirada en el segundo dedo, el índice. “Con este indicamos algo a los demás. Los otros, la comunidad, este es el segundo ingrediente”. En este segundo punto, Francisco les ha pedido a los jóvenes congoleños que no dejen que su juventud se estropee por la soledad y el aislamiento y siempre permanezcan juntos, pues solo así “serán felices” “porque la comunidad es el camino para estar bien consigo mismo, para ser fieles a la propia llamada”.
 

Las decisiones individualistas, en cambio, al principio parecen atrayentes, pero después sólo dejan un gran vacío interior. Piensen en la droga; te esconde de los demás, de la verdadera vida, para hacerte sentir omnipotente, pero al final te encuentras despojado de todo. Piensen también en la dependencia del ocultismo y de la brujería, que te atrapan en las garras del miedo, de la venganza y de la rabia. No se dejen encantar por esos falsos paraísos egoístas, construidos en base a la apariencia, los beneficios fáciles o unas religiosidades desviadas”.
 

El Papa también les ha pedido que se cuiden de la tentación de señalar a alguien con el dedo y de excluir a otro porque tenga un origen distinto al de ellos, pues se corre el riesgo de que “primero se crea en los prejuicios sobre los demás, después se justifique el odio y, por tanto, la violencia, y al final nos encontramos en medio de la guerra”.
 

Además, ha hecho una clara observación sobre el riesgo que se corre hoy en día de quedar atrapados en las redes sociales: “La virtualidad no basta. No podemos conformarnos con el mero interactuar con personas lejanas e incluso falsas. La vida no se escoge tocando la pantalla con el dedo. Es triste ver jóvenes que están horas frente a un teléfono. Después de que contemplaran tanto tiempo la pantalla, los miras a la cara y ves que no sonríen, la mirada está cansada y aburrida. Nada ni nadie puede sustituir la fuerza del grupo, la luz de los ojos, la alegría de compartir”.
 

El dedo medio corresponde a la honestidad
Ahora es el momento de explicar el dedo medio, que, como ha dicho el Papa, “se eleva por encima de los otros casi para recordarnos algo imprescindible: la honestidad”. “Aprende bien estas dos palabras. Honestidad, y lo contrario: corrupción. A veces se oye decir: "Pero si es una buena persona, trabaja bien, sabe llevar bien las cosas... pero es un corrupto...". Las dos cosas no van juntas” advierte.
 

En este sentido, el Santo Padre ha querido hablarles también del cáncer de la corrupción: “Algunas personas son buenas, inteligentes, pero corruptas” y les pregunta: ¿Una persona corrupta es honesta o no?”. “No a la corrupción. Pas de corruption. Todos juntos decimos: "¡Pas de corruption!" ha exclamado.
 

El dedo anular corresponde al perdón
El Pontífice también ha hecho mención al cuarto dedo, el anular. “En él se ponen los anillos nupciales. Pero, si lo piensan, el anular es también el dedo más débil, el que cuesta más trabajo levantar. Nos recuerda que las grandes metas de la vida, el amor en primer lugar, pasan a través de la fragilidad, el esfuerzo y las dificultades”. Pero – pregunta a los jóvenes – “en nuestra fragilidad, en las crisis, ¿cuál es la fuerza que nos permite seguir adelante? El perdón”. “Perdonar quiere decir saber empezar de nuevo. Perdonar no significa olvidar el pasado, pero no resignarse a que se repita” asegura.
 

En este sentido, el Papa explica que para crear un futuro nuevo “necesitamos dar y recibir perdón”. “Ahora os pido un favor: guardemos todos un minuto de silencio y pensemos cada uno en las personas que nos han ofendido. Y en este silencio, ante Dios, perdonémosles” les ha pedido a los jóvenes reunidos en el estadio.
 

El dedo meñique corresponde al servicio
Por último, el Papa señala el último dedo, el más pequeño, el “meñique” al que corresponde con el servicio.  “Es precisamente la pequeñez, el hacerse pequeño, lo que atrae a Dios. ¿Sabes una cosa? Esta es una regla de vida, para cada uno de nosotros, escúchala: El que sirve se hace pequeño”.
 

Al final de su discurso les ha pedido que “no se desanimen nunca”: “Cuando estés triste, cuando estés desanimado, toma el Evangelio y mira a Jesús, él te dará fuerzas”.


Fuente: Vatican News

Vie 20 Ene 2023

Cebitepal abre inscripciones para diplomados y cursos del año 2023

El centro de formación de la Iglesia Católica Cebitepal desea continuar ofreciendo propuestas académicas, atendiendo así,  las necesidades de actualización en parroquias, obispados, Conferencias Episcopales, instituciones educativas y comunidades de América Latina y Caribe.


Es por ello que, para estos primeros meses del año, abrió las inscripciones ofreciendo una gran variedad de temas que constituyen en sí misma una excelente oportunidad para agentes de pastoral social, jóvenes y líderes jóvenes, sacerdotes, laicos y laicas, religiosas y religiosos.



Los 14 cursos y diplomados son:


Campamento virtual juvenil
Doctrina Social de la Iglesia. Por el camino del Tata Vasco de Quiroga
Derechos Humanos y las “3 T”
Evangelio de Marcos
Liderazgos juveniles. Para la transformación social.
Pastoral Juvenil Participativa. Con enfoque vocacional.
Construcción de Paz y Transformación Social de conflictos
La Palabra de Dios. Fuente de la Vida y la Misión de la Iglesia.
De la Tierra a la Mesa. Crecimiento para campesinos y comunidades.
Formación para Matrimonios orientadores familiares
ADICCIONES: Rumbo a una Pastoral Latinoamericana
Pastoral Juvenil para Líderes
La Ciudad, espacio para la iniciación Cristiana
El Evangelio Escondido



Los itinerarios de formación que ofrecen están adaptados al contexto de las regiones de los participantes, abordando temáticas prioritarias en la formación de agentes de pastoral a nivel continental.


En el Cebitepal las bases sobre las que se planea la oferta educativa son el Magisterio Latinoamericano, particularmente el del Papa Francisco, y los cuatro sueños de Querida Amazonia: social, cultural, ecológico y eclesial.


Inscripciones
Los interesados podrán inscribirse a través del correo electrónico [email protected] o comunicarse a través de la línea telefónica (+57) 3226800541


El Cebitepal
Es el centro de formación del Consejo Episcopal Latinoamericano - CELAM que realiza su misión desde un espíritu de comunión y participación, mediante la docencia, la investigación y diversos servicios, con los rasgos propios de la teología y la metodología latinoamericana.


Acceda a la Programación 2023 completa del Centro de Formación Cebitepal cliqueando AQUÍ 

Episcopado al día
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Mar 2 Jun 2026

Tras primera vuelta electoral en Colombia, obispos alertan sobre la violencia verbal y la instrumentalización de emociones en la contienda política

Tras la jornada electoral del pasado 31 de mayo en Colombia y de cara a la segunda vuelta presidencial que se llevará a cabo el 21 de junio, los obispos hacen un llamado urgente a los candidatos, a los actores políticos y a toda la ciudadanía para rechazar la violencia verbal, promover una comunicación responsable y fortalecer la convivencia democrática.


A través del mensaje titulado “Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar a Colombia”, la Comunidad de Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia expresa su preocupación por el tono que ha venido marcando el debate político nacional y por el impacto que este puede tener sobre la unidad social y la construcción de la paz.


Preocupación por el deterioro del debate público


Los obispos advierten que, tras la primera vuelta presidencial, se ha intensificado una dinámica de confrontación que legitima la agresión verbal y deteriora el respeto por la dignidad de las personas. En este sentido, recuerdan las palabras del papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, donde señala que los insultos, maltratos y descalificaciones pueden llegar a “destrozar la imagen y la dignidad del otro”.


Los prelados manifiestan una especial preocupación por el uso estratégico de emociones como el miedo, la indignación y la venganza dentro de las contiendas democráticas. Según afirman, la instrumentalización de estos sentimientos pone a la ciudadanía en riesgo de una mayor fractura social y puede alimentar escenarios de violencia.


“Convertir la política en una dinámica marcada por el miedo, el odio y la polarización debilita la deliberación racional, rompe el reconocimiento recíproco entre los ciudadanos y termina erosionando las bases éticas de la democracia”, expresan en el comunicado.


Un llamado a privilegiar las propuestas y el bien común


Ante esta situación, el episcopado invita a los colombianos a actuar con serenidad y cordura, y a exigir que el debate electoral se centre en las propuestas para responder a las principales necesidades del país. Los obispos exhortan a que la atención pública se concentre en los programas de gobierno, los compromisos concretos de los candidatos y su capacidad para gobernar en favor de todos los ciudadanos.


El mensaje insiste en que la búsqueda del bien común debe estar por encima de los intereses particulares o de las confrontaciones partidistas, promoviendo valores como la equidad, la justicia, la unidad, el perdón, la reconciliación y la paz.


Desarmar la comunicación para construir la paz


En consonancia con el Evangelio y retomando una reciente exhortación del papa León XIV, los prelados hacen también un llamado a “desarmar la comunicación de todo prejuicio, rencor, fanatismo y odio”, favoreciendo una cultura del encuentro y del diálogo.


Citanto al Santo Padre, recuerdan que “no sirve una comunicación estridente y de fuerza, sino una comunicación capaz de escuchar y de acoger la voz de los débiles que no tienen voz”. Asimismo, destacan que una comunicación “desarmada y desarmante” permite construir una mirada distinta sobre la realidad y actuar de manera coherente con la dignidad humana.


Un llamado especial a quienes aspiran a gobernar Colombia


De manera particular, a quienes aspiran a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, los obispos refieren la trascendencia de sus palabras y actuaciones en este momento decisivo para la nación. “Su responsabilidad es enorme, delicada y decisiva”, afirman, al tiempo que les exhortan a promover la paz y el diálogo como caminos para la construcción del futuro del país.


En ese contexto, recuerdan que “pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas”, e invitan a reconocer en los demás no enemigos a derrotar, sino personas con quienes es posible dialogar y construir acuerdos.


La paz como responsabilidad de todos


El mensaje concluye con una reflexión que resume el espíritu del llamado episcopal y la responsabilidad compartida de todos los actores sociales y políticos en este momento electoral.


Retomando una advertencia del papa Pío XII, los obispos recuerdan que “con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo puede perderse”.

 

Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia: 

 

 

Mié 27 Mayo 2026

Obispos colombianos piden a candidatos presidenciales cuidar la institucionalidad, respetar los resultados electorales y contribuir a la paz

La Conferencia Episcopal de Colombia pide a los candidatos y candidatas a la Presidencia y Vicepresidencia de la República favorecer “un clima nacional de serenidad y paz” antes y después de las elecciones del próximo 31 de mayo, así como manifestar explícitamente su respeto al orden institucional y a los resultados que arrojen los comicios.


En un mensaje firmado por la Comunidad de Presidencia el episcopado colombiano, los obispos advierten que la responsabilidad de quienes aspiran a conducir el país “es altísima, crucial y delicada”, especialmente en el actual contexto nacional.


Por ello, insisten en que hoy “resulta prioritario contribuir a disponer los ánimos de la población para promover la convivencia pacífica y evitar toda forma de violencia entre los colombianos”.


“Artesanos y arquitectos” de la paz


Los obispos subrayan que, en este momento decisivo para la nación, se espera de los líderes políticos una actitud comprometida con la reconciliación y el bien común. Citando al Papa Francisco, el mensaje recuerda que de los candidatos “se espera, de manera especial, que sean ‘artesanos’ y ‘arquitectos’ de la paz”.


Uno de los llamados centrales del comunicado está relacionado con el fortalecimiento de la confianza democrática. En ese sentido, los prelados afirman que será “motivo de confianza y esperanza para el país contar con la manifestación explícita de todos ustedes sobre el respeto al orden institucional y a los resultados que arrojen los comicios electorales”.


“Abandonar la lógica del odio, la venganza y el miedo”


Los obispos también exhortan a los distintos actores políticos y sociales a evitar discursos y actitudes que profundicen la polarización y la confrontación.


“Tenemos la oportunidad de abandonar, por el bien de todos los colombianos, la lógica del odio, la venganza, el miedo, la violencia y la muerte”, expresa el mensaje.


Además, la Conferencia Episcopal de Colombia plantea la necesidad de fortalecer los caminos del encuentro y del diálogo, incluso en medio de las diferencias políticas e ideológicas. Retomando una expresión del Papa Francisco en Christus Vivit, el comunicado exhorta a “tejer ‘el puente humano’, reconocer los puntos de encuentro y proyectar el país mejor que necesitamos, soñamos y anhelamos”.


Una invitación a la reconciliación y al bien común


En el mensaje se insiste que Colombia puede avanzar hacia escenarios de mayor unidad y reconciliación si prevalece el respeto por la dignidad humana, la vida y el bien común.


En ese sentido, los obispos afirman que, pese a las “graves contradicciones, desigualdades e injusticias” que afectan al país, los colombianos son capaces de “acercarnos, reconocernos, escucharnos, dialogar, reconciliarnos y unirnos en torno a un proyecto común de país”.


Una oración por los líderes políticos y por Colombia


El pronunciamiento concluye con una oración por quienes participan en la contienda electoral y por el futuro de Colombia. Allí, los prelados piden a Dios que ilumine y fortalezca a los candidatos, y elevan una súplica inspirada en palabras expresadas por el Papa León XIV en su primera encíclica, recientemente publicada, Magnifica Humanitas:

 

"Padre de Nuestro Señor Jesucristo, dirige tu mirada bondadosa sobre estos hermanos y hermanas que aspiran a servir al pueblo colombiano desde la Presidencia y la Vicepresidencia de la República; que tu Espíritu descienda sobre ellos, los guíe, fortalezca e ilumine y que todos desarmemos nuestras actitudes y palabras para contribuir a desarmar nuestra tierra colombiana (cf. Papa León XIV, Magnifica Humanitas, 214)."

                                                             


Vea a continuación la lectura del comunicado por parte del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia: 

 


 

Lun 25 Mayo 2026

El Papa León XIV nombra dos nuevos obispos auxiliares para la Arquidiócesis de Cali


El Papa León XIV ha nombrado dos nuevos obispos auxiliares para la Arquidiócesis de Cali: el padre Arnulfo Moreno Quiñonez, sacerdote del Vicariato Apostólico de Guapi, y el padre Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo, sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín.


Con esta designación, el Santo Padre León fortalece el servicio evangelizador de la Iglesia en el Valle del Cauca. Los nuevos obispos auxiliares acompañarán la misión pastoral del arzobispo de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, asistiendo el gobierno pastoral y la atención de las diversas necesidades eclesiales de esta arquidiócesis.

 

Padre Arnulfo Moreno Quiñonez: liderazgo pastoral y servicio misionero en el Pacífico colombiano


El padre Arnulfo Moreno Quiñonez nació el 25 de marzo de 1979 en el municipio de El Charco (Nariño). Realizó sus estudios filosóficos y teológicos en el Seminario Mayor San Pedro Apóstol de Cali y fue ordenado presbítero el 17 de julio de 2010 para el Vicariato Apostólico de Guapi.


En su ministerio sacerdotal ha desarrollado una amplia labor pastoral y misionera en comunidades del Pacífico colombiano. Entre sus encargos pastorales se destacan los servicios como vicario parroquial de la Catedral La Inmaculada Concepción de Guapi; párroco de la parroquia San Antonio de Padua de Guapi; administrador parroquial de la parroquia La Santísima Trinidad de López de Micay y de la parroquia Nuestra Señora de los Ángeles, en Chelva (Valencia, España); así como párroco de la parroquia Nuestra Señora del Rosario Santa María de Timbiquí.


También ha sido delegado para la Pastoral Familiar del Vicariato Apostólico de Guapi, vicario delegado y párroco de la Catedral La Inmaculada Concepción de Guapi.


Su nombramiento episcopal llega después de haber asumido una importante responsabilidad de gobierno eclesial como provicario del Vicariato Apostólico de Guapi entre 2024 y 2025, periodo en el que acompañó la conducción pastoral de esta jurisdicción durante la sede vacante, antes del nombramiento de monseñor Alfonso García López como vicario apostólico de Guapi.

 

Padre Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo: un servicio especialmente dedicado a la formación sacerdotal


El padre Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo nació el 21 de septiembre de 1967 en Itagüí (Antioquia). Fue ordenado sacerdote el 5 de diciembre de 1992 en la Arquidiócesis de Medellín.


Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.


A lo largo de más de tres décadas de ministerio sacerdotal, ha desempeñado diversas responsabilidades pastorales y formativas. Fue vicario parroquial de Santa Teresita del Niño Jesús, párroco de Jesús Nazareno y de San Blas, así como viceasesor del Movimiento Familiar Cristiano.


Su servicio ha estado marcado especialmente por la formación sacerdotal. Fue formador del Seminario Conciliar de Medellín en dos periodos distintos, rector del Seminario Mayor de la Diócesis de Armenia y, desde 2010 hasta la fecha, se ha desempeñado como vicerrector y formador del Seminario Conciliar de Medellín.


Actualmente también es arcipreste del Arciprestazgo Beato Mariano Euse y miembro del Colegio de Consultores, del Consejo Presbiteral, del Consejo de Pastoral y del Consejo Directivo de la Asociación Privada de Fieles Fundación Canónigo Jesús Antonio Gómez Gómez, en la Arquidiócesis de Medellín.


Un servicio episcopal al fortalecimiento de la misión de la Iglesia

 

Según el Código de Derecho Canónico, los obispos auxiliares son llamados a colaborar estrechamente con el obispo diocesano en la administración y vida pastoral de la Iglesia particular, apoyando la misión evangelizadora, el acompañamiento al Pueblo de Dios y la conducción pastoral. En este contexto, el nombramiento de los padres Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo y Arnulfo Moreno Quiñonez cobra especial relevancia en un momento en el que Cali y la región continúan afrontando importantes desafíos sociales, humanos y espirituales que reclaman el compromiso de la Iglesia con la reconciliación, la esperanza y la construcción del bien común.

 

 

Mié 20 Mayo 2026

Episcopado pide al clero colombiano prudencia y sentido pastoral ante la coyuntura electoral: “Llamados a promover la unidad y la reflexión responsable”

La Conferencia Episcopal de Colombia pide a los sacerdotes actuar “con imparcialidad, prudencia, sabiduría y auténtico sentido pastoral” frente al actual contexto electoral que vive el país, evitando expresiones o actitudes partidistas que puedan aumentar la polarización y la división social.

 

El llamado lo hace a través de un mensaje especialmente dirigido a los sacerdotes del país. Se suma al reciente pronunciamiento dirigido al pueblo colombiano, en el que los obispos proponen a los ciudadanos criterios éticos, sociales y pastorales para el discernimiento electoral, insistiendo en la importancia de votar con responsabilidad moral, compromiso con el bien común y rechazo a la polarización, el odio y los fanatismos.

 

En este nuevo mensaje, los obispos recuerdan que Colombia atraviesa “un momento decisivo para la democracia y el futuro de la nación”, por lo que exhortan al clero a asumir este tiempo con “profundo sentido moral, espiritual y patriótico”, promoviendo siempre el bien común, la justicia, la verdad y la convivencia fraterna.


La Conferencia Episcopal de Colombia subraya, además, que el país necesita construir un clima social centrado en propuestas y programas orientados al bien común, la justicia y la convivencia pacífica. Por ello, recuerda que la misión pastoral de los ministros ordenados debe contribuir a fortalecer el respeto mutuo, la unidad y la reflexión responsable entre los fieles.


“Estamos llamados a promover el respeto mutuo, la unidad, la reflexión responsable y el compromiso ético de los fieles, contribuyendo así a la construcción de una sociedad reconciliada y esperanzada”, expresa el mensaje.


Los obispos invitan también a intensificar la oración por Colombia y a vivir la Solemnidad de Pentecostés del próximo 24 de mayo con una intención especial por la paz, la reconciliación y el discernimiento de los electores. En este contexto, evocan la exhortación de san Pablo a elevar “peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias” por los gobernantes y las autoridades, para favorecer una convivencia social vivida “con toda piedad y dignidad”.



 

Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia: 

 

Noticias de los departamentos del SPEC
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| Jue 28 Mayo 2026

El Congreso Nacional de Liturgia proyectó la construcción del cancionero litúrgico para la Iglesia en Colombia

La Iglesia católica en Colombia dio un nuevo paso en el fortalecimiento de su vida litúrgica con la realización del Congreso Nacional de Liturgia 2026, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia a través de su Comisión Episcopal de Liturgia y el Departamento de Liturgia del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano.


Del 19 al 21 de mayo, más de 270 personas provenientes de las 78 jurisdicciones eclesiásticas del país —entre obispos, sacerdotes, delegados episcopales de liturgia, directores de ministerios de canto litúrgico, músicos, religiosos y laicos— se reunieron para reflexionar sobre uno de los aspectos centrales de la vida de la Iglesia: la celebración del misterio de la fe a través de la liturgia y el canto sagrado.


El Congreso tuvo como propósito avanzar hacia la construcción de un cancionero litúrgico nacional, una iniciativa que busca fortalecer criterios comunes para el canto litúrgico en Colombia y ayudar a que las celebraciones expresen cada vez más la riqueza espiritual, teológica y comunitaria de la liturgia católica.


“Fue un espacio de reflexión y de formación para nuestra Iglesia colombiana que tiene que ver, particularmente, con algo que es nuclear de la vida de la Iglesia: el celebrar el misterio del Señor”, afirmó monseñor José Saúl Grisales Grisales, obispo de Ipiales y presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia.


Un Congreso para reflexionar sobre el presente y el futuro del canto litúrgico


La agenda académica incluyó ponencias, paneles y conversatorios sobre composición litúrgica, espiritualidad del músico católico, ministerio del canto, participación de la asamblea, iniciación cristiana, canto gregoriano e inculturación de la música sagrada.
El invitado internacional del encuentro fue monseñor Marco Frisina, reconocido compositor de canto litúrgico y director del coro de la Diócesis de Roma, maestro de capilla de la Catedral de Roma y rector de la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, cuya presencia marcó profundamente la reflexión pastoral y musical del Congreso.


Al cierre del encuentro, monseñor Frisina valoró especialmente la riqueza musical y el entusiasmo pastoral que encontró en las comunidades colombianas vinculadas al ministerio litúrgico.


“Han sido unos días bellísimos al encontrar la realidad colombiana que gira en torno a la animación musical litúrgica”.


El sacerdote italiano aseguró además que Colombia posee una identidad musical que representa una oportunidad significativa para seguir fortaleciendo la vida celebrativa de la Iglesia:


“Creo que Colombia tiene por sí misma una vocación musical que debe cultivar”.


Monsñor Frisina destacó especialmente el compromiso de jóvenes, sacerdotes y músicos que sirven en las parroquias y, bajo la perspectiva del cancionero nacional, animó a consolidar procesos que permitan que la música litúrgica siga ayudando al pueblo de Dios a vivir más profundamente la oración y la fe.


El canto litúrgico como parte esencial de la celebración


Uno de los énfasis más fuertes del Congreso fue comprender que el canto litúrgico no es un elemento decorativo dentro de la celebración, sino parte integral de la acción litúrgica de la Iglesia.


“El canto litúrgico no es algo que se añade, sino una manera de celebrar nuestra alegría de que el Señor nos comunica vida cuando nos encontramos con Él en la liturgia”, explicó monseñor José Saúl Grisales.


Desde esa perspectiva, el encuentro permitió identificar importantes desafíos pastorales que hoy representan también oportunidades de renovación y formación para las comunidades católicas del país: fortalecer los procesos de formación litúrgica y musical, promover una participación más activa de las asambleas y profundizar en la identidad espiritual y ministerial de quienes sirven a través de la música.


Un documento base trabajado durante el Congreso insiste precisamente en la necesidad de impulsar procesos permanentes de formación litúrgica para sacerdotes, seminaristas, músicos y fieles laicos, así como en recuperar el valor del canto sagrado como expresión auténtica de la fe celebrada.


Hacia la construcción de un cancionero litúrgico nacional


El padre Jairo de Jesús Ramírez Ramírez, director del Departamento de Liturgia, explicó que el trabajo adelantado durante estos días constituye el punto de partida de un proceso eclesial más amplio:


“Con todo este material que hemos intentado recoger fruto de las grandes ponencias y de los diálogos y momentos de escucha, vamos a comenzar entonces a confeccionar el cancionero litúrgico para entregarlo a todos los directores de canto litúrgico del país, a los sacerdotes y a los señores obispos”.


El sacerdote aclaró además que el proceso deberá continuar posteriormente en la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano y en el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.


Formación y espiritualidad para el servicio del canto litúrgico


Otra de las reflexiones centrales del Congreso estuvo relacionada con la comprensión del músico litúrgico como un verdadero ministro al servicio de la oración y de la comunidad.


“El músico debe comprender que es un ministerio al que está llamado, igual de importante a los otros ministerios”, afirmó Cristina Lopera, licenciada en música y estudiante de Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana.


La participante destacó también que estos espacios permiten integrar la formación musical con la dimensión espiritual, pastoral y teológica del servicio litúrgico.


En la misma línea, el padre Juan David Muriel, doctor en liturgia, docente de la Universidad Pontificia Bolivariana en la Arquidiócesis de Medellín, recordó que el canto litúrgico tiene una profunda dimensión evangelizadora y comunitaria:


“Si el canto litúrgico permite la plegaria, permite la unidad y fomenta la santidad, es un canto para hacer parte de la estructura misma de nuestra celebración”.


El padre Muriel señaló que uno de los grandes desafíos es seguir fortaleciendo procesos formativos que ayuden a las comunidades a comprender mejor el sentido de la música dentro de la liturgia y a consolidar una mayor participación de toda la asamblea celebrante.


Una Iglesia que busca celebrar con belleza, participación y comunión


El Congreso también dejó planteada la necesidad de recuperar el valor de la “misa cantada” y de seguir promoviendo celebraciones vivas, participativas y profundamente arraigadas en la espiritualidad litúrgica de la Iglesia.


“Qué bueno que nosotros hiciésemos conciencia y realidad de cantar la misa para Dios, porque solamente puede cantar un corazón enamorado”, expresó el padre Etilio Aldana Lozano, delegado episcopal de Liturgia en la Diócesis de El Espinal, refiriéndose a una reflexión compartida por el padre Juan David Muriel durante el congreso.


Al cierre del encuentro, los participantes coincidieron en que el Congreso no solo permitió reflexionar sobre música y liturgia, sino fortalecer la experiencia de comunión y sinodalidad entre las Iglesias particulares del país.


Tras este encuentro, la Iglesia colombiana reafirma su compromiso con una liturgia viva, seria, sencilla y hermosa, donde el canto siga siendo camino de oración, evangelización, participación y encuentro con Cristo.

 

Vea a continuación el informe audiovisual del evento: 

 

| Lun 25 Mayo 2026

Magnifica humanitas: el papa León XIV pide humanizar el desarrollo tecnológico y “desarmar la IA”

El papa León XIV presentó este 25 de mayo la encíclica Magnifica humanitas, primer documento magisterial de su pontificado, dedicado a reflexionar sobre la dignidad humana, el trabajo, la justicia social, la paz y el bien común en el contexto de la inteligencia artificial (IA).


Firmada el pasado 15 de mayo, en el marco del 135º aniversario de la encíclica Rerum novarum de León XIII, la carta propone una actualización de la Doctrina Social de la Iglesia frente a uno de los fenómenos más determinantes de la época contemporánea: el desarrollo acelerado de las tecnologías digitales y de la IA.


En el documento, el Santo Padre advierte que la humanidad atraviesa “una elección decisiva”: construir “una nueva torre de Babel” o edificar una sociedad donde la tecnología esté verdaderamente al servicio de la persona humana y del encuentro entre los pueblos.


Lejos de condenar el desarrollo tecnológico, el Pontífice reconoce que la inteligencia artificial puede contribuir al alivio del sufrimiento humano y abrir nuevas posibilidades para el desarrollo. Sin embargo, subraya que la tecnología “no es neutral” y que nunca debe imponerse sobre la dignidad de la persona ni quedar sometida únicamente a intereses económicos, militares o ideológicos.


Una encíclica social para la era digital


Dividida en cinco capítulos, Magnifica humanitas retoma los grandes principios de la Doctrina Social de la Iglesia y los proyecta sobre los desafíos contemporáneos relacionados con la inteligencia artificial, la economía digital, la manipulación de datos, la desinformación, las nuevas formas de desigualdad y los riesgos de deshumanización.


El Papa insiste en que la dignidad humana no depende de la productividad, del rendimiento ni de la capacidad tecnológica. En ese sentido, alerta sobre modelos económicos y culturales que reducen a la persona a “un recurso que se usa y se explota” o a aquello que produce.


También advierte sobre el riesgo de que el conocimiento y las tecnologías queden concentrados “en manos de unos pocos”, ampliando la brecha entre quienes participan de la revolución digital y quienes permanecen excluidos de ella.


Verdad, educación y trabajo humano


Uno de los llamados más fuertes de la encíclica está dirigido a la protección de la verdad y del pensamiento crítico en el entorno digital. El papa León XIV propone construir una verdadera “ecología de la comunicación”, capaz de enfrentar la desinformación, la manipulación algorítmica y la polarización.


En este contexto, el pontífice resalta el papel de la educación y de la escuela como espacios fundamentales para formar personas libres, críticas y capaces de discernir. Incluso, invita a “educarse en el ayuno de la IA”, para evitar que las máquinas sustituyan la capacidad humana de preguntar, pensar y relacionarse.


La encíclica dedica también una amplia reflexión al mundo del trabajo. El Papa reconoce que la automatización puede liberar al ser humano de tareas pesadas o repetitivas, pero advierte que la transición digital no puede justificar nuevas formas de exclusión, vigilancia o precarización laboral. Por ello, pide que los sistemas tecnológicos estén centrados en la persona y no únicamente en la eficiencia o el beneficio económico.


“Desarmar la IA” y rechazar la lógica de la guerra


En uno de los apartados más contundentes del documento, el Santo Padre hace un llamado a “desarmar la IA”, evitando que las nuevas tecnologías sean absorbidas por dinámicas de competencia militar, control social o concentración de poder.


El papa León XIV cuestiona la creciente automatización de los conflictos armados y afirma que “ningún algoritmo puede hacer que la guerra sea moralmente aceptable”. En esa línea, propone superar la teoría de la “guerra justa”, fortaleciendo en cambio el diálogo, la diplomacia, el multilateralismo y la cultura del encuentro.


Asimismo, denuncia el crecimiento de la industria armamentística, la carrera nuclear, las guerras híbridas y el uso de la desinformación para alimentar el miedo y justificar el rearme.


Una llamada a custodiar lo humano


A lo largo del texto, el Santo Padre reitera que el progreso tecnológico solo será auténtico si fortalece la fraternidad, la justicia y la paz. También llama la atención sobre nuevas formas de esclavitud y colonialismo vinculadas al control de datos, a la explotación de recursos estratégicos y a la mercantilización de las personas.


En la conclusión de la encíclica, el papa León XIV invita a los fieles y a toda la sociedad a vivir esta nueva etapa tecnológica a la luz del Evangelio, promoviendo “la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios”.

 

Recursos pastorales para profundizar la encíclica


Junto con la publicación de Magnifica humanitas, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral puso a disposición un kit pastoral orientado a facilitar la comprensión, reflexión y aplicación del contenido de la encíclica en comunidades, instituciones educativas, ambientes pastorales y espacios de formación.


El material incluye subsidios para cada capítulo del documento con síntesis temáticas, citas seleccionadas, preguntas para la reflexión personal y comunitaria, propuestas prácticas, referencias bíblicas y oraciones. Además, contiene actividades dirigidas a jóvenes y niños, así como infografías explicativas en varios idiomas.


Los recursos pueden consultarse en el portal oficial del Dicasterio. 
 

| Vie 22 Mayo 2026

Algoritmos, polarización y desigualdad rural: la reflexión teológica que propone la Conferencia Episcopal de Colombia

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina, presenta la cuarta edición del boletín Actualidad Teológica, una propuesta de discernimiento pastoral y formación que aborda algunos de los desafíos más apremiantes del contexto contemporáneo desde la reflexión teológica y la Doctrina Social de la Iglesia.


La nueva edición reúne tres artículos que desarrollan temas de especial relevancia eclesial y social: las implicaciones éticas de la inteligencia artificial, la necesidad de replantear la política desde la proximidad y la fraternidad, y el llamado de las iglesias del Sur Global a una reforma agraria integral y al desarrollo rural.

 

Según lo indica en la presentación del boletín el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina de la CEC, estas reflexiones buscan “fortalecer el discernimiento eclesial y promover una acción pastoral que, iluminada por la fe, contribuya a la transformación de la sociedad en clave de dignidad, justicia y fraternidad”. Enfatiza su importancia para guiar "el obrar cristiano en medio de las nuevas realidades”. 


Inteligencia artificial: ética, libertad y dignidad humana


El primer artículo, titulado “Inteligencia artificial y ética”, fue escrito por monseñor Germán Humberto Barbosa Mora, obispo auxiliar de Bogotá y miembro de la Comisión Episcopal de Doctrina.


En el texto, el autor advierte que el avance de la inteligencia artificial está generando “un cambio de época” que transforma las formas de comprender la realidad, de tomar decisiones y de relacionarse con el entorno.


La reflexión plantea interrogantes éticos sobre el creciente poder de los algoritmos y alerta sobre el riesgo de reducir la realidad humana a simples datos o correlaciones estadísticas. “No bastan valores numéricos, se requieren valores éticos”, afirma el documento al insistir en que la persona humana debe permanecer “al centro del desarrollo tecnológico”.


El artículo también advierte sobre fenómenos como la desinformación, la manipulación de percepciones y la sustitución progresiva de decisiones humanas por sistemas inteligentes. En sus conclusiones, el texto plantea preguntas de fondo sobre la libertad, la responsabilidad y la condición humana ante el desarrollo tecnológico: “¿Cómo evitar transferir al poder de los algoritmos lo que quizás hay de más genuinamente humano en nosotros, es decir, la capacidad de elección?”.


La proximidad como camino para reconstruir el tejido social


La segunda reflexión del boletín, también elaborada por monseñor Barbosa Mora, lleva por título “La proximidad como modo de hacer política, a la luz de Fratelli tutti”. El texto propone una lectura de la realidad política y social colombiana desde el horizonte de la fraternidad y el reconocimiento del otro.


En el contexto de las actuales tensiones políticas y sociales del país, el autor sostiene que Colombia necesita “una actitud ciudadana y de inspiración cristiana que contribuya a la reconstrucción del tejido social, profundamente lastimado por el odio, la violencia y la corrupción política”.


El artículo cuestiona las dinámicas de polarización y propone superar “la distinción fragmentaria entre derecha e izquierda” cuando esta termina enfrentando a los ciudadanos e impidiendo un lenguaje común.


Desde la encíclica Fratelli tutti, el texto insiste en que la política no puede reducirse a la confrontación ideológica ni al ejercicio institucional, sino que debe entenderse como una práctica cotidiana orientada al bien común, al diálogo y a la corresponsabilidad social.


La reflexión dedica un amplio espacio a la necesidad de impulsar procesos educativos de largo plazo, formar en buenos hábitos y promover una “educación en la gratuidad” capaz de superar la lógica de la utilidad y del individualismo.


Reforma agraria integral y justicia social


El tercer artículo, titulado “La teología política y el llamado de las iglesias católicas del Sur Global a la reforma agraria integral y el desarrollo rural”, fue escrito por el profesor Edgar Antonio López.


La reflexión analiza las profundas desigualdades sociales y ambientales que afectan especialmente a las poblaciones rurales, indígenas y afrodescendientes, y presenta el reciente pronunciamiento conjunto de iglesias católicas de África, Asia, América Latina y el Caribe sobre la necesidad de una reforma agraria integral.


El texto recuerda que el mensaje presentado durante la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (CIRADR+20), realizada en Cartagena en febrero de 2026, denunció que “el despojo territorial y la negación de derechos constituyen un pecado estructural que impide la paz entre las naciones y la paz con la naturaleza”.


Asimismo, advierte sobre fenómenos como la expansión de la frontera extractiva, la concentración de la tierra, el desplazamiento de comunidades rurales y el deterioro ambiental. Frente a ello, el artículo reivindica la necesidad de políticas públicas orientadas al acceso justo a la tierra, la protección de los ecosistemas y la defensa de las comunidades que habitan y cuidan los territorios.


Entre las afirmaciones más contundentes del artículo se destaca la nueva exigencia ética y política formulada por las iglesias del Sur Global: “la tierra para quienes la cuidan y la habitan”.


Una invitación al discernimiento pastoral y social


En conjunto, la cuarta edición de Actualidad Teológica propone una mirada integral sobre problemáticas tecnológicas, políticas, sociales y ambientales que hoy interpelan a la Iglesia y a la sociedad. De allí, que la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia inviten a explorar este subsidio y aprovecharlo como herramienta de reflexión. 

| Vie 15 Mayo 2026

Oración, fraternidad y esperanza: ejes de la Semana por la Unidad de los Cristianos 2026 en Colombia

La Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Comisión Episcopal y el Departamento de Promoción de la Unidad y el Diálogo, presenta la guía oficial para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026, un subsidio pastoral y litúrgico que busca fortalecer la comunión, la oración común y el testimonio compartido entre las distintas confesiones cristianas presentes en el país.


Inspirado en el lema bíblico: “Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados” (Efesios 4,4), el material propone un itinerario espiritual y pastoral centrado en la unidad visible de los cristianos, la reconciliación, la paz y la esperanza, en diálogo permanente con la realidad social y eclesial colombiana.


La guía ha sido elaborada tomando como base la propuesta internacional del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias, adaptada al contexto pastoral y social de Colombia.


Una celebración en clave colombiana y ecuménica


En el hemisferio sur, y particularmente en Colombia, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebrará entre el domingo de Pentecostés, el 24 de mayo de 2026, y el domingo de la Santísima Trinidad, el 31 de mayo, una opción pastoral que busca favorecer una mayor participación de las comunidades cristianas.


El documento anima a las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos eclesiales y espacios ecuménicos a promover celebraciones abiertas al encuentro entre cristianos de distintas tradiciones, fomentando el respeto mutuo, la colaboración y el diálogo. Asimismo, invita a aprovechar esta Semana como una oportunidad para fortalecer los vínculos en escenarios de libertad religiosa y de diálogo interreligioso presentes en diversas regiones del país.


La propuesta sugiere también que, especialmente en celebraciones con participación de Iglesias históricas, se incorporen signos comunes de la fe compartida, como la proclamación del Credo Niceno-constantinopolitano y la oración del Padre Nuestro, expresiones visibles de la comunión ya existente entre los cristianos.


Un itinerario espiritual conectado con la realidad del país


La cartilla desarrolla un octavario (un periodo de ocho días) basado en Efesios 4,1-13, con reflexiones, textos bíblicos, preguntas para el discernimiento comunitario y oraciones comunes. Cada jornada aborda dimensiones concretas de la vida cristiana y de la realidad nacional, proponiendo caminos de encuentro y reconciliación.


Entre los temas centrales se destacan:


-La vocación común a la unidad en medio de la diversidad cultural, social y eclesial colombiana.
-La necesidad de sanar divisiones, exclusiones y desconfianzas desde el amor cristiano y la misericordia.
-El llamado urgente a construir paz y reconciliación en los territorios afectados por la violencia.
-La esperanza cristiana frente a la pobreza, la migración y la desigualdad.
-El reconocimiento del bautismo como raíz de comunión entre los cristianos.
-La defensa de la dignidad humana, la fraternidad y el cuidado de la casa común.
-La valoración de los distintos carismas y tradiciones cristianas presentes en Colombia.
-El llamado a crecer juntos en Cristo para ofrecer un testimonio cristiano creíble y misionero.
 

A lo largo del documento, desde la Conferencia Episcopal de Colombia se insiste en que la unidad cristiana no significa uniformidad, sino reconciliación en la diversidad y disposición a caminar juntos desde lo esencial de la fe. En este sentido, el subsidio propone una espiritualidad ecuménica profundamente vinculada con los desafíos actuales del país, especialmente aquellos relacionados con la paz, la justicia social, la dignidad humana y la reconstrucción del tejido social.


Una invitación a caminar juntos


En el mensaje final de la guía, se invita a las comunidades cristianas a acoger este material “con espíritu de fe y apertura”, promoviendo gestos concretos de reconciliación, fraternidad y misión compartida. Así, la Iglesia Católica en Colombia reafirma su compromiso con la promoción del diálogo ecuménico y con la construcción de una cultura del encuentro, convencida de que el testimonio común de los cristianos constituye un signo esperanzador para el país y para el mundo.