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Iglesia colombiana profundiza sobre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial
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En los últimos días la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) convocó un simposio que tenía como propósito central profundizar en la teología fundamental del sacerdocio y enriquecer así la mirada de la Iglesia en el país sobre este importante tema. En el espacio, desarrollado en la Universidad San Buenaventura en Bogotá, participaron, de manera presencial y virtual, obispos, delegados de pastoral sacerdotal, formadores de seminarios y profesores de teología de diversas universidades. También lo acompañó el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli.
El simposio contó con la participación especial del cardenal Mark Ouellet, prefecto emérito del Dicasterio para los Obispos del Vaticano, quien, tras abordar en su ponencia los fundamentos teológicos del sacerdocio común de los fieles y del sacerdocio ministerial, destacó que este tipo de reflexiones se enmarcan en el impulso que está dando el papa Francisco para que la Iglesia viva desde un enfoque más sinodal, es decir, más participativo y fraterno. También, en el que, cada vez, se asuma un mayor compromiso con la misión central de la Iglesia de dar el Evangelio al mundo.
De acuerdo con el padre Manuel Vega León, director de los departamentos de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada de la CEC a través del cual se organizó el evento, este fue propicio para vivir y experimentar la “importancia del sacramento del bautismo que nos configura con el sacerdocio de Cristo”.
La primera sesión de trabajo se centró en el discurso del papa Francisco en el simposio del 2022, titulado también "Por una teología fundamental del sacerdocio" en el que habló de las cuatro cercanías a Dios: la cercanía al obispo, la cercanía al presbiterio y la cercanía al pueblo de Dios.
Posteriormente, a partir de la Sagrada Escritura, de una mirada especial a la Carta a los Hebreos, se identificaron algunos de los elementos que denotan que no se habla del sacerdocio de Cristo exclusivamente como sacerdocio ministerial, que ubica su ejercicio en la acción evangelizadora del sacerdocio común de los fieles, sino también en el sacerdocio de Cristo que desemboca en el sacramento del bautismo.
Monseñor José Miguel Gómez, arzobispo de Manizales, presente en el evento, explica la diferencia y, al tiempo, la conexión entre ambas dimensiones del sacerdocio: “Cuando se dice teología fundamental del sacerdocio, no se habla de los sacerdotes. Se habla más bien de un misterio por el cual todos nosotros, todos los bautizados, por el hecho mismo de ser bautizados, participamos a nuestro modo del sacerdocio de Cristo. De hecho, nuestro Señor Jesucristo, por el bautismo, nos comunica su condición sacerdotal, que consiste en la capacidad para entablar una relación con Dios que permita elevar todo el culto que la humanidad tiene para tributar al Padre, pero también que nos permita recibir de Dios todas sus bendiciones, ese es el sacerdocio fundamental, el más importante y lo tenemos todos los bautizados. El otro sacerdocio, el que se llama ministerial, existe en función del primero. Existe para el servicio de los demás, para que todos, laicos, hombres y mujeres, casados y solteros, en cualquier profesión, en cualquier estado de vida, tengan los auxilios necesarios para vivir su propio sacerdocio”.
Haciendo énfasis en la necesidad que todos los miembros de la Iglesia que peregrina en Colombia conozcan más de este aspecto, el prelado también indicó que, para el católico, vivir el sacerdocio bautismal es fundamental, porque de esta manera santifica lo que piensa, lo que hace y los entornos en los que se desarrolla en la cotidianidad.
“La primera manera de aplicar todo esto es la formación básica del cristiano por la catequesis y por la formación inicial de los cristianos, todos tenemos que aprender a ofrecer nuestras vidas. El principal sacrificio es que cada uno de nosotros tiene su propia vida, no un sacrificio maluco. Es el sacrificio de lo que hacemos en obediencia a Dios nuestro Señor, a sus mandamientos, y por ese camino, por ese sacrificio de nuestra voluntad, haciéndola parecida a la voluntad de Dios, comenzamos nuestra propia ofrenda. En segundo lugar, hay que entender todo esto a un nivel teológico profundo, de tal manera que la segunda aplicación importante es los seminarios, las casas religiosas y de una manera muy, muy particular, también nos va a servir todo esto para evitar confusiones entre quienes pueden y quienes quieren ser sacerdotes. Finalmente, el de los otros sacerdotes ministros del altar, ese es otro tema”.
Por su parte, el padre Rodrigo Gallego Trujillo, delegado Pastoral Sacerdotal de la Diócesis de Buga, indicó que este simposio ayuda a entender que vamos hacia una nueva teología fundamental del sacerdocio, “un tema esencial, sobre todo a esta hora de la nueva evangelización, cuando el papa Francisco quiere que nosotros en la Iglesia pensemos de una manera distinta a partir del Concilio, la vida pastoral de la Iglesia”, agregó el sacerdote.
Conozca a continuación más detalles en el informe audiovisual:
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Mié 17 Jun 2026
Obispos colombianos se reúnen con el Papa León XIV y envían mensaje de esperanza y unidad al país antes de las elecciones
Tras sostener una audiencia con el Papa León XIV en el Vaticano, los integrantes de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia dirigen un mensaje al pueblo colombiano en el que invitan a vivir con esperanza, responsabilidad y serenidad la jornada electoral del próximo 21 de junio, y a seguir construyendo caminos de reconciliación, fraternidad y concordia.Durante el encuentro, el Santo Padre recibió a monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia; monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, vicepresidente; y monseñor Germán Medina Acosta, secretario general. Los obispos le transmitieron el saludo y el afecto del pueblo colombiano, mientras que el Pontífice reiteró su amor y preocupación por Colombia, animando a la Iglesia y a la sociedad a perseverar en la búsqueda de la paz, la unidad y la reconciliación.En el mensaje difundido desde la Ciudad del Vaticano, los prelados afirman que, en vísperas de los comicios presidenciales, Colombia está llamada a confiar en sí misma, a reconocer el valor y la dignidad de cada persona y a manifestar la bondad de la que es capaz como nación.“Más allá de los problemas que nos afectan y de las diferencias que nos distinguen, es posible construir juntos el país que anhelamos”, expresan los obispos, invitando a fortalecer aquello que une a los colombianos por encima de las divisiones.Un clamor que no esperaLos integrantes de la Presidencia del Episcopado colombiano acogen también el clamor que, según señalaron, resuena en todos los rincones de la geografía nacional: “No más injusticias, no más violencias, no más odios, no más muertes”.A partir de este llamado, reiteran que el país tiene la capacidad de trabajar unido por el bien común y de seguir construyendo una nación reconciliada, fraterna y en paz, que pueda ser habitada y disfrutada por las actuales y futuras generaciones.Invitación a la oración y al discernimientoLos obispos renuevan, además, la invitación a participar en la jornada nacional de oración convocada para este viernes 19 de junio, que contempla dos momentos: la Vigilia de Oración por Colombia en parroquias, comunidades eclesiales y diócesis del país, y la oración en familia con el encendido de una luz en los hogares.Según expresan en su mensaje, esta jornada busca “serenar los espíritus” y favorecer el buen juicio de los ciudadanos para elegir “con responsabilidad, libertad y conciencia” a quien tendrá la misión de conducir los destinos del país durante los próximos cuatro años.En ese mismo sentido, exhortan a todos los colombianos a acudir a las urnas con “alegría, esperanza y serenidad”, así como a acoger con madurez y confianza los resultados que arroje el proceso electoral, reconociendo y validando la seriedad y consistencia de las instituciones democráticas del país.Al concluir su mensaje, los obispos encomendaron el país a la bendición de Dios con las palabras del salmista: “¡Que el Señor bendiga a su Pueblo con la Paz!” (Sal 28,11).Una misión de comunión y trabajo con la Santa SedeLa audiencia con el papa León XIV hace parte de una agenda de trabajo que la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia desarrolla esta semana en Roma con diversos organismos de la Curia Romana.El martes 16 de junio los obispos sostuvieron un encuentro en el Dicasterio para la Evangelización. Este miércoles, además de la audiencia con el Santo Padre, visitaron el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.La agenda continuará hasta el viernes 19 de junio con encuentros en la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y la Secretaría de Estado.Estos espacios permiten compartir con la Santa Sede los desafíos, esperanzas y realidades que vive la Iglesia en Colombia, así como recibir orientaciones que fortalezcan la misión evangelizadora y el servicio pastoral en favor de la reconciliación, la dignidad humana, la construcción de la paz y el desarrollo integral de las comunidades.A continuación, la lectura del mesaje por parte del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Mar 16 Jun 2026
La Iglesia en Colombia se une a la misión evangelizadora y caritativa del Papa León XIV con la Colecta del Óbolo de San Pedro 2026
La Iglesia en Colombia celebrará el domingo 28 de junio la Colecta del Óbolo de San Pedro 2026, una jornada de comunión y solidaridad que invita a los fieles a unirse al ministerio del Santo Padre mediante la oración y el aporte voluntario para apoyar su misión al servicio de la Iglesia universal y de quienes más necesitan ayuda.Promovida por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) bajo el lema “Unidos al Papa, sembramos esperanza en el mundo”, esta iniciativa se llevará a cabo en las parroquias y comunidades eclesiales del país, en el marco de la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, celebración estrechamente vinculada a esta tradición de la Iglesia.La colecta constituye una expresión concreta de comunión con el Sucesor de Pedro y de corresponsabilidad con la misión evangelizadora de la Iglesia. A través de ella, los fieles contribuyen al sostenimiento de las acciones pastorales, educativas, humanitarias y de promoción humana que el Santo Padre impulsa en distintos lugares del mundo, así como a la atención de personas, familias y comunidades afectadas por situaciones de pobreza, conflictos armados, desastres naturales y otras emergencias.Una ofrenda sencilla con un profundo significado eclesial y humanoEl Óbolo de San Pedro es una contribución voluntaria que, independientemente de su cuantía, posee un alto valor espiritual y simbólico. Representa el sentido de pertenencia a la Iglesia, la cercanía con el Papa y el compromiso de los bautizados con la misión evangelizadora y caritativa que la Iglesia desarrolla en los cinco continentes.La práctica tiene sus raíces en las primeras comunidades cristianas. Las Sagradas Escrituras testimonian cómo los creyentes compartían sus bienes para sostener la misión apostólica y ayudar a quienes atravesaban dificultades. A lo largo de los siglos, esta tradición fue consolidándose como una manifestación concreta de unidad eclesial y solidaridad fraterna en torno al ministerio del Sucesor de Pedro.Una ayuda que llega a donde más se necesitaGracias a los aportes recibidos mediante esta colecta, el Santo Padre puede responder a numerosas necesidades que surgen en diferentes regiones del mundo, especialmente en contextos marcados por la guerra, las crisis humanitarias, los desastres naturales y las condiciones de vulnerabilidad social.La contribución de los fieles también permite respaldar el servicio que la Santa Sede presta diariamente a la Iglesia universal mediante sus diversos organismos, promoviendo iniciativas relacionadas con la evangelización, la educación, la construcción de la paz, la fraternidad entre los pueblos y el desarrollo humano integral.De esta manera, una ofrenda realizada desde una parroquia colombiana puede convertirse en apoyo concreto para comunidades que enfrentan situaciones de emergencia o requieren acompañamiento para reconstruir sus proyectos de vida.Invitación a participarLa Conferencia Episcopal de Colombia anima a todos los fieles, parroquias, movimientos eclesiales, comunidades religiosas y personas de buena voluntad a sumarse a esta jornada de caridad y comunión con el Papa, y a través de él, con quienes más sufren en diferentes lugares del mundo.Los aportes podrán realizarse durante las celebraciones eucarísticas del domingo 28 de junio en las parroquias del país. Asimismo, quienes deseen contribuir podrán hacerlo mediante consignación a la cuenta Davivienda No. 000014542872, a nombre de la Nunciatura Apostólica, o a través del portal oficial del Óbolo de San Pedro.
Sáb 13 Jun 2026
El 19 de junio, Colombia se unirá en una sola plegaria: vigilia comunitaria y oración en familia antes de las elecciones
La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) convoca a los fieles del país a participar el próximo viernes 19 de junio en una gran jornada de oración por el país. La propuesta contempla, por una parte, la celebración de la Vigilia de Oración por Colombia en catedrales, parroquias y demás comunidades eclesiales. Además, invita a las familias a reunirse en sus hogares para encender una vela, cirio o velón y elevar una oración por Colombia, como expresión de confianza en Dios y compromiso con el futuro de la nación.La jornada, promovida por el Episcopado Colombiano, se realizará dos días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales y busca, particularmente, encomendar el país al Señor, pedir por la paz, la reconciliación y el discernimiento de los ciudadanos, así como fortalecer la esperanza y la unidad nacional en un momento decisivo para la democracia colombiana.El Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano ha preparado un subsidio para la celebración que presenta esta jornada como un llamado a escuchar la voz de Dios en medio de las tensiones del actual contexto electoral. El texto recuerda que los colombianos han escuchado en los últimos meses “demasiadas palabras que hieren, que dividen, que señalan”, e invita a creyentes de distintas sensibilidades políticas a encontrarse en aquello que los une: el amor por Colombia, la esperanza en su futuro y la búsqueda del bien común.Una vigilia centrada en la paz y la reconciliaciónLa reflexión propuesta para la celebración presenta el Sagrado Corazón de Jesús, a quien este viernes 12 de junio el país renovó su consagración, como fuente de amor, mansedumbre, reconciliación y paz. Desde esta espiritualidad, se invita a contemplar a Cristo como un corazón “desarmado y desarmante”, capaz de derribar los muros de la división, sanar heridas y abrir caminos de encuentro entre los colombianos.En las peticiones de la vigilia se ora especialmente por el fin de la violencia verbal, por los candidatos presidenciales y sus equipos, por los votantes, por las instituciones encargadas de garantizar la transparencia del proceso electoral y por la reconciliación nacional.De manera particular, en el subsidio se pide que quienes tienen voz pública comprendan la responsabilidad que implica su palabra y eviten alimentar la confrontación social. También invita a los ciudadanos a ejercer el voto “sin miedo y sin odio en el corazón”, reconociéndose como hermanos aun en medio de las diferencias políticas.El llamado a “desarmar” el corazón, las palabras y las manosLa convocatoria se da en sintonía con el mensaje pronunciado este viernes 12 de junio por el cardenal Luis José Rueda Aparicio durante la Eucaristía de renovación de la consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, celebrada en la Catedral Primada de Colombia.Durante la homilía, el Primado de Colombia recordó que el amor de Dios constituye la base sobre la cual deben edificarse las relaciones sociales, económicas, ambientales y políticas orientadas al bien común. En ese contexto, propuso tres compromisos concretos para avanzar hacia una sociedad más fraterna y reconciliada.El primero consiste en desarmar el corazón, dejando atrás el odio, el resentimiento y la autosuficiencia para abrirse a la escucha, la humildad y la conversión personal. El segundo invita a desarmar las palabras, renunciando a las expresiones agresivas, las descalificaciones y los discursos que alimentan la confrontación, especialmente en las familias, las redes sociales y los debates públicos. Finalmente, llamó a desarmar las manos, rechazando toda forma de violencia y promoviendo una cultura de la no violencia activa basada en el amor y la verdad.El Cardenal también elevó una oración por quienes participan en la vida democrática del país y pidió a los fieles encomendar a Dios a los líderes políticos y sociales de Colombia para que ejerzan sus responsabilidades con sabiduría y espíritu de servicio.Un llamado que recoge el magisterio reciente de los obispos colombianosLa jornada de oración se enmarca en una serie de pronunciamientos realizados por la Conferencia Episcopal de Colombia durante el actual proceso electoral.En sus recientes mensajes al pueblo colombiano, a los sacerdotes y a los candidatos presidenciales, los obispos han insistido en la necesidad de superar la polarización, rechazar el odio, respetar las instituciones democráticas y favorecer un clima nacional de serenidad y paz.Particularmente, en el mensaje “Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar a Colombia”, difundido tras la primera vuelta presidencial, expresaron su preocupación por la creciente agresividad verbal y por la instrumentalización de emociones como el miedo, la indignación y la venganza dentro de la contienda electoral.Los obispos exhortaron entonces a centrar los debates en propuestas concretas para responder a los grandes desafíos del país y recordaron que la política está llamada a ser una forma de servicio orientada al bien común, la justicia, la reconciliación y la paz.En sintonía con el magisterio del papa León XIVLa convocatoria de la Iglesia en Colombia también encuentra eco en el magisterio reciente del papa León XIV, quien ha insistido en la necesidad de construir una comunicación capaz de escuchar, dialogar y tender puentes.Tanto en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2026 como en diversos discursos y documentos de su pontificado, el Santo Padre ha advertido sobre los riesgos de la polarización y de la utilización agresiva del lenguaje en la vida pública. Por ello, ha invitado reiteradamente a “desarmar las palabras”, purificando la comunicación de prejuicios, rencores, fanatismos y expresiones de odio.En su encuentro con los miembros del Parlamento español, celebrado el pasado 8 de junio en Madrid, el Pontífice exhortó a los dirigentes políticos a favorecer una auténtica cultura del encuentro, capaz de superar las narrativas divisivas y polarizantes. Además, los animó a pasar de las simplificaciones estériles a una apreciación más profunda y fecunda de la complejidad de la realidad, convencido de que el diálogo sincero y la búsqueda del bien común constituyen el camino para fortalecer la convivencia democrática.En este contexto, la Vigilia de Oración por Colombia y la oración en familia con el encendido de una luz convocadas por los obispos se presentan como signos concretos de fe, esperanza y comunión, a través de los cuales la Iglesia busca acompañar espiritualmente a los colombianos en vísperas de una nueva jornada electoral, confiando en que el encuentro prevalezca sobre el enfrentamiento y que la paz sea fruto de la justicia, la reconciliación y el respeto por la dignidad de todos.
Vie 12 Jun 2026
Desarmar el corazón, las palabras y las manos: el llamado del cardenal Rueda para Colombia
En el marco de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, presidió este viernes 12 de junio en la Catedral Primada de Colombia la Eucaristía central de renovación de la consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús, una tradición que se remonta a 1902 y que continúa siendo para la Iglesia Católica un signo de confianza en Dios, de reconciliación y de compromiso con el bien común.Durante la celebración, el cardenal invitó a los colombianos a reconocer que el amor de Dios sigue acompañando la historia nacional y constituye el fundamento para la construcción de una sociedad más fraterna, justa y en paz.“Hoy debemos anunciar que Dios ama a Colombia, con su historia, con sus aciertos y equivocaciones. Se trata de una fuerza de amor en la historia humana, capaz de levantar una sociedad, de iluminarla, de renovarla en la confianza y en la esperanza”, expresó en su homilía.Al reflexionar sobre el significado de la consagración al Corazón de Jesús, el Primado de Colombia afirmó que el amor de Dios ofrece una base sólida para promover el bien común, entendido como aquellas condiciones que permiten el desarrollo integral de todas las personas sin exclusiones.“El amor de Dios a todos es la roca firme sobre la cual los seres humanos estamos llamados a construir unas relaciones sociales, ambientales, políticas y económicas que se orienten al bien de todos”, señaló.Tres desarmes para una Colombia reconciliadaEn su mensaje, el cardenal Rueda propuso tres compromisos concretos para avanzar hacia una sociedad fundada en la justicia, la fraternidad y la paz: desarmar el corazón, desarmar las palabras y desarmar las manos.Al referirse al desarme del corazón, invitó a cultivar la escucha interior, la autocrítica y la humildad para reconocer los propios errores, superando actitudes marcadas por el orgullo, la autosuficiencia, el odio, la envidia y el resentimiento.“Tenemos que llegar a descubrir que el primer ámbito donde estamos llamados a lograr esta pacificación en las diferencias es la propia interioridad, es el corazón de cada uno”, afirmó.Sobre el desarme de las palabras, exhortó a recuperar el respeto en el trato cotidiano, en la vida familiar, en los espacios públicos y en las conversaciones digitales, evitando la agresividad, las descalificaciones y la humillación del otro.“Recuperemos la amabilidad en el modo de debatir y de confrontar ideas. Cultivemos la amistad social como capacidad de construir consensos entre opuestos”, expresó.En este contexto, retomó también una reciente enseñanza del papa León XIV, invitando a renunciar a las palabras hirientes, a los juicios precipitados, a las calumnias y a toda forma de lenguaje que profundice las divisiones.Finalmente, al hablar del desarme de las manos, el cardenal señaló que la verdadera transformación social comienza en el interior de las personas y se manifiesta en comportamientos concretos de no violencia y reconciliación.“En este tiempo en Colombia necesitamos ciudadanos y líderes convencidos y comprometidos con la sabiduría de la no violencia en la política”, subrayó.Asimismo, advirtió sobre los riesgos que representan la agresividad verbal y la confrontación permanente para la convivencia nacional.“Estamos a tiempo. No permitamos que la idolatría de la palabra agresiva e imprudente nos lleve al abismo de la autodestrucción de Colombia”, manifestó.Una invitación a trabajar juntos por el bien comúnA lo largo de su reflexión, el Primado de Colombia insistió en que el amor de Dios impulsa a trabajar por una sociedad que garantice la dignidad de cada persona, promueva el desarrollo integral de todos y fortalezca la paz sustentada en la justicia.Por ello, invitó a los colombianos a construir relaciones sociales, económicas, ambientales y políticas orientadas al bienestar colectivo, y formuló una pregunta que marcó el centro de su mensaje: “¿Estamos dispuestos a trabajar juntos por el bien común?”.El cardenal animó además a poner en el centro de las decisiones y acciones la dignidad humana, el respeto por quienes piensan diferente y la búsqueda de consensos que permitan afrontar los desafíos del país.“Caminemos juntos, escuchémonos con respeto, aportemos lo mejor de cada uno por el bien común de todos, todos los habitantes de Colombia”, exhortó.Colombia, nuevamente encomendada al Corazón de JesúsAl concluir la Eucaristía, el cardenal Luis José Rueda Aparicio presidió la oración de consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, mediante la cual encomendó al Señor la riqueza humana, cultural y natural de la nación; pidió perdón por la violencia, el odio, la injusticia social y las economías ilegales; e invitó a asumir compromisos concretos en favor de la vida, el diálogo, la verdad, la solidaridad y el cuidado de la casa común.La celebración concluyó con una renovada invitación a los colombianos a depositar su confianza en Cristo y a convertirse, desde sus distintos ámbitos de responsabilidad, en constructores de reconciliación, esperanza y paz para el país.