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mes misionero

Lun 5 Oct 2026

Con María en el mes de las misiones

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - La Virgen María es tal vez uno de los personajes bíblicos, junto con San José y Juan el Bautista, que menos protagonismo tuvieron. Sus pocas apariciones, eso sí, fueron claves para que “el sol que viene de lo alto”, Cristo Jesús, pudiera resplandecer. Así mismo lo dijo el Bautista, al afirmar que era necesario que él disminuyera para que Él, Jesús, pudiera crecer. María nos dio ejemplo de humidad y de fe, y San José de confianza y obediencia al plan de Dios.Pero tanto María, como José, Juan el bautista, los apóstoles, los discípulos y las mujeres que acompañaban al Maestro, tenían algo en común: conocieron desde el corazón a Jesús, fueron sus discípulos, aprendieron de Él tantas cosas, para luego acompañarlo en la misión. Más aún, ellos mismos se hicieron misioneros, testigos, anunciadores de la buena nueva de salvación.Los Evangelios y prácticamente todo el Nuevo Testamento, son una muestra fehaciente de la fuerza que tenían los primeros cristianos, asumiendo cada uno responsablemente la misión de anunciar lo que habían visto y oído.Hago esta introducción, pues estamos en el mes de octubre tradicionalmente conocido como el mes de las misiones y el mes del rosario. Son unos días en los cuales estamos siendo invitados a tomar conciencia de que hacemos parte de una Iglesia que es ella misma misión. Ese es su nuevo nombre.Como bautizados –y en Cali hemos querido recordarlo de manera especial en este año que dedicamos al bautismo- fuimos constituidos sacerdotes, profetas y reyes. Es decir, nos hicimos hijos de Dios, participamos de su divinidad y de su misión. Estamos llamados a ser testigos de nuestra fe, la que en semilla recibimos en el bautismo, pero que en la adultez debe dar frutos de santidad a través del ejercicio misionero del testimonio de la fe que mueve nuestros corazones.Y ese anuncio misionero se hace de muchas maneras: con la oración, con la coherencia de vida, con el cumplimiento de los mandamientos, con la ayuda económica para la misión y poniendo en práctica las obras de misericordia.En estos tiempos que vivimos, marcados por las huellas de dolor que dejó el terremoto, muchos pudieron dar el testimonio de una fe que hizo posible la caridad eficaz ayudando a todos los afectados por el terremoto, conocidos o desconocidos, siendo solidarios con los rescatistas, las autoridades y los voluntarios y sobre todo, abrazando, en un gesto de caridad divina, a los damnificados, a las víctimas, y elevando también una oración ferviente por los que habían fallecido.Esto es hacer misión. Fueron muchas las personas que, viendo la acción premurosa de los sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, el Banco de Alimentos y las demás acciones sociales de la pastoral social, pudieron sentir el bálsamo de un Dios que a través nuestro les estaba extendiendo sus brazos para decirles lo mucho que los ama.La Iglesia en salida, la Iglesia misión, ha sido la característica de estos tiempos de terremoto. Ningún sacerdote se quedó encerrado. Los testimonios que he recibido de la forma como actuaron, especialmente el 10 de agosto, son bellísimos. Recorriendo las calles, visitando a los que estaban solos en sus casas, consolando, con una presencia silenciosa a veces, activa en otras. Como Jesús, nuestros sacerdotes y tantos laicos, recorrieron las calles, haciéndose los encontradizos ante quienes estaban con lágrimas enfrente del edificio caído o esperando el rescate de un familiar o amigo o fatigados por el trabajo.La Iglesia en misión actuó de la mano de María la Virgen. Ella fue la primera misionera cuando presurosa va a visitar a la anciana Isabel, pero también la que con los apóstoles en oración esperaba la llegada del Espíritu Santo.A la Madre de Dios encomendamos esta Iglesia, a nosotros que somos Iglesia, para que nunca desfallezcamos en la misión alegre de anunciar la paz de Cristo, su Hijo, y hacer cercano el consuelo de Aquél que nos amó hasta el extremo. La Iglesia es misión.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Lun 5 Oct 2026

Vayan y enséñenles a cumplir todo lo que les he mandado

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzamos en el Proceso Evangelizador de nuestra Diócesis de Cúcuta, celebrando 70 años de misión en esta región de frontera y 40 años del Seminario Mayor San José y lo vivimos en este mes misionero con el lema pastoral: “vayan y hagan discípulos anunciando el Evangelio”; cumpliendo con el mandato misionero del Señor: “vayan y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñeles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y estén seguros que yo estaré con ustedes día tras días hasta el fin del mundo” (Mt 28, 19 - 20). Tenemos la certeza que la vocación de la Iglesia es llevar el Evangelio a todos, porque “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda” (EN 14), misión que está desde el principio y permanecerá hasta el final de los tiempos.En nuestra Diócesis de Cúcuta estamos en estado permanente de misión, dispuestos a proclamar por todas partes a Jesucristo nuestro salvador. La visita pastoral de los párrocos y agentes de pastoral a cada uno de los sectores, es el cumplimiento fiel del trabajo misionero en el que estamos todos comprometidos, porque “todos nosotros como discípulos de Jesús y misioneros, queremos y debemos proclamar el Evangelio, que es Cristo mismo. Anunciamos a nuestros pueblos que Dios nos ama, que su exis¬tencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su reino, que nos acompaña en la tribu¬lación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras” (DA 30).Vivimos en nuestra región y ciudad momentos de dificultad y confusión a causa de la violencia que nos agobia y amenaza con destruirnos, fruto de una sociedad que vive sin Dios. Sin embargo, frente a ese panorama desolador, el cristiano que es un discípulo misionero de Jesucristo, conserva la esperanza y la transmite a los demás. Es la esperanza en Jesucristo que no defrauda, “sabiendo que la tribulación engendra paciencia, la paciencia virtud probada; la virtud probada esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Rom 5, 3 - 5). Esa es nuestra certeza y por eso nos mantenemos en pie en medio de las dificultades, porque el amor de Dios permanece en nosotros.Para dar esperanza en momentos difíciles tenemos la presencia del Espíritu Santo que con sus dones nos ilumina para ir a todos y enseñar todo lo que Jesús nos ha mandado: “a partir de Pentecostés, la Iglesia experimenta de inmediato fecundas irrupciones del Espíritu, vitalidad divina que se expresa en diversos dones y carismas y variados oficios que edifican a la Iglesia y sirven a la evangelización. El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro (Cf. Hch 4, 13) y Pablo (Cf. Hch 13, 9), señala los lugares que deben ser evangelizados y elige a quienes deben hacerlo (Cf. Hch 13, 2)” (DA 150). Esto, para que se cumpla el mandato misionero de ir por todas partes a transmitir la persona de nuestro Señor Jesucris¬to, en medio de dificul¬tades, persecuciones y pruebas.El misionero del Señor es un enamorado del Evangelio, cuya vida está cimentada en Jesucristo, teniendo la certeza que nos da el mismo Jesús “sepan que yo estoy con ustedes día tras día hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Tenemos la seguridad puesta en Dios y por eso salimos a anunciar el Evangelio para decirle al mundo, a los violentos y a quienes hacen daño que nada ni nadie podrá separarnos del amor de Dios; tal como lo enseña San Pablo: “pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni la altura, ni la profundidad, ni cualquier otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Rom 8, 37 - 39). Por lo tanto, nada podrá detener el fervor evangelizador que llevamos dentro, para ir por todas partes a transmitir el mensaje de Jesucristo.De esta manera entendemos que la evangelización no se hace con poderes humanos, sino con la sabiduría que viene de Dios, que es un don del Espíritu Santo, que hace que habite en nuestro corazón la gracia y que tengamos fervor interior para transmitirla porque “si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús” (EG 120), que es lo que enseñamos a otros, poniendo por obra todo lo que Jesús nos ha mandado.Para un mundo sin Dios la misión de todos nosotros los bautizados se hace más necesaria y urgente, porque la humanidad sin Dios, pierde toda esperanza, “el hombre necesita a Dios, de lo contrario queda sin esperanza” (Spe Salvi 23). Que este mes misionero que estamos viviendo, sea un momento especial de gracia para conocer y amar más a Jesucristo y darlo a conocer a nuestros hermanos, incluyendo a aquellos que no lo conocen o lo rechazan abiertamente. Que la Santísima Virgen María y el Glorioso Patriarca San José, nos alcancen de nuestro Señor Jesucristo el fervor misionero para cumplir con el mandato de ir por todas partes a hacer discípulos misioneros del Señor.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Mié 30 Sep 2026

Tras peregrinar con María, la Arquidiócesis de Medellín se dispone a vivir octubre misionero

Cerca de 1.300 personas participaron en la tradicional Peregrinación Mariana de la Arquidiócesis de Medellín. La jornada fue encabezada por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, y el obispo auxiliar, monseñor José Mauricio Vélez García. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas y fieles se unieron en esta jornada que cada año prepara a la Iglesia particular para vivir octubre, Mes Misionero.El 26 de septiembre, acompañados por la Virgen del Seminario, los peregrinos caminaron unidos en oración hasta el Seminario Mayor de Medellín. Durante el recorrido, los participantes encomendaron sus intenciones, la vida pastoral de la Iglesia particular y los frutos de este mes de las misiones que celebra la Iglesia Universal.La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo. En su homilía, el prelado centró su reflexión en la bienaventuranza proclamada en el Evangelio y destacó que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica permite descubrir el sentido de la fe y avanzar hacia una vida transformada por ella.“La Palabra de Dios no es una teoría, es una persona a la que nos unimos para que se haga carne en nosotros”, afirmó el arzobispo, subrayando así la relación entre la escucha de la Palabra y la vida concreta de los creyentes.Monseñor Tobón también presentó a la Virgen María como modelo de quien escucha la voluntad de Dios y responde con toda su vida. En este sentido, vinculó la peregrinación con el camino misionero que la Iglesia está llamada a recorrer:“Qué hermosa esta jornada: estar reunidos en torno a la Madre y con ella reconocer quiénes somos, a dónde vamos y qué tenemos que hacer”.

Lun 29 Sep 2025

XCIX Jornada Mundial de las Misiones 2025: ¡Misioneros de esperanza entre los pueblos!

Pbro. Samir García Valencia - A comienzos del siglo XX se despierta en la Iglesia universal un significativo interés por recordar y renovar el compromiso misionero inherente a su propia naturaleza. A partir de esta intuición de aggiornamento, se continúa un camino que conducirá, décadas más tarde, a la realización del Concilio Vaticano II. El Concilio ayudó a dar más claridad al sentido del ser de la Iglesia, indicando que: “La Iglesia peregrinante es misionera por su naturaleza, puesto que toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio de Dios Padre” (Ad Gentes, n. 2).Entre los signos más destacados de este acontecimiento que el Espíritu Santo suscitó, en esta primera parte del siglo XX, está la institución, en 1922, por parte del Papa Pío XI, de las Obras Misionales Pontificias, constituyéndose como “el instrumento específico, privilegiado y principal para la educación en el espíritu misionero universal, para la comunión y la colaboración entre las Iglesias en el servicio al anuncio del Evangelio” (Estatuto de las Obras Misionales Pontificias, n. 17).Cuatro años después de haber sido elevadas a Pontificias las Obras Misionales, el 14 de abril de 1926, a través de un rescripto de la Sagrada Congregación de ritos, el Papa Pío XI instituyó también el DOMUND (Domingo Mundial de las Misiones), confiando esta celebración a las Obras Misionales Pontificias, específicamente a la Pontificia Obra de la Propagación de la fe.Desde aquel año 1926, ininterrumpidamente, la Iglesia Universal ha celebrado el DOMUND. Celebración que se ha ido extendiendo a todo el mes de octubre hasta constituirse hoy como el Octubre Misionero. Todo este mes dedicado a reflexionar, celebrar, recordar y renovar el compromiso con la misión encomendada por Cristo Resucitado a sus discípulos: “vayan al mundo entero y anuncien el Evangelio” (Mc 16,15).Este año del Señor 2025, Jubileo de la Esperanza, llegamos a la XCIX Jornada Mundial de las Misiones. Desde ya, iniciamos la preparación para celebrar en el próximo año 2026 el centenario de estas jornadas misioneras.El Papa Francisco publicó el 25 de enero de 2025, en la fiesta de la conversión del apóstol san Pablo, el mensaje para la XCIX Jornada Mundial de las Misiones, que tituló ¡Misioneros de esperanza entre los pueblos!, a propósito del año jubilar de la esperanza. El Santo Padre, en este mensaje, nos recuerda que cada cristiano, toda la comunidad de bautizados, tenemos la vocación fundamental de ser mensajeros y constructores de esperanza. El Papa Francisco nos ha invitado a todos, en su mensaje, a ser discípulos - misioneros de Cristo, a hacer resplandecer la propia esperanza en cada rincón de la tierra.Por su parte, el Papa León XIV, durante su encuentro con los directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, el 22 de mayo, indicaba también:“Hoy, como en los días posteriores a Pentecostés, la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, prosigue su camino a lo largo de la historia con confianza, alegría y valentía, mientras proclama el nombre de Jesús y la salvación que nace de la fe en la verdad salvífica del Evangelio. Las Obras Misionales Pontificias son una parte importante de este gran esfuerzo. En su labor de coordinar la formación misionera y animar un espíritu misionero a nivel local, quisiera pedir a los directores nacionales que den prioridad a las visitas de las diócesis, parroquias y comunidades, y que de este modo ayuden a los fieles a reconocer la importancia fundamental de las misiones y de apoyar a nuestros hermanos y hermanas que están en aquellas áreas de nuestro mundo donde la Iglesia es joven y está creciendo”.De tal manera que, al contemplar este camino histórico que Dios mismo, por medio de su Espíritu, ha ido entretejiendo como historia de salvación a través de LA MISIÓN, no queda más que abrirnos a la gracia de Dios, levar anclas y continuar remando con la fuerza del Espíritu con la esperanza que la salvación llegue a toda la humanidad.Vivamos con esperanza, fe, gozo y compromiso suficiente este Octubre Misionero 2025. Ofrezcamos nuestra Oración, Sacrificio y Ofrenda por la MISIÓN UNIVERSAL. Tengamos la plena seguridad de que, si hacemos la tarea que el Señor nos confió, Él mismo hará que brille la justicia y la paz. Dios mismo dará a conocer su victoria ante todos los pueblos de la tierra (cf. Sal 94). No desfallezcamos en nuestra tarea: ¡LA MISIÓN que Dios ha confiado a la Iglesia es signo de esperanza para la humanidad! Samir García Valencia Pbro.Director NacionalObras Misionales Pontificias de Colombia.

Mar 22 Oct 2024

Dos Grandes Misioneros

Por Mons. Orlando Antonio Corrales García , Arzobispo Emérito de Santa Fe de Antioquia - El Domingo 20 de Octubre celebramos en toda la Iglesia la Jornada Mundial de las Misiones y por este motivo, todo el mes de Octubre se llama el Mes Misionero. Por esto les presento en esta reflexión a dos grandes misioneros, cuya Memoria litúrgica tenemos en estos próximos días: San Juan Pablo II y San Antonio María Claret.El martes 22 tenemos la Memoria litúrgica del Papa San Juan Pablo II. En el inicio solemne de su pontificado, el 22 de Octubre de 1978 en la Plaza de San Pedro, resonó la voz potente del nuevo Papa, venido de Polonia, que exhortó a toda la Iglesia, más aún, a toda la humanidad, a abrir las puertas a Cristo el Salvador de todos los hombres. Este es el anuncio Misionero que debe llevarse a todos los rincones de la tierra: proclamar que Cristo es el Salvador y que todos los hombres y mujeres, son invitados a abrir las puertas del corazón a Cristo, para que sea El quien dé sentido a la vida de cada persona.No cabe duda que este Papa fue un gran misionero y por ello viajó a tantos países del mundo, con el único objetivo de llevar el mensaje de la Salvación, la buena noticia del amor de Dios a todos: sus numerosos viajes, al igual que sus incontables documentos, tuvieron y tienen todavía hoy el propósito de acercar a hombres y mujeres de todas las culturas y lenguas, a Dios, para descubrir y experimentar su amor de PadreDestaco entre sus documentos, la Encíclica Redemptoris Missio: La Misión del Redentor, publicada el 7 de Diciembre de 1990, cuyo subtítulo es: Sobre la permanente validez del mandato misionero. Trata de la urgencia de la actividad misionera en estos tiempos. Tiene 8 capítulos, que me permito enunciar:1. Jesucristo, único Salvador.2. El Reino de Dios.3. El Espíritu Santo, protagonista de la misión.4. Los inmensos horizontes de la misión Ad gentes.5. Los caminos de la misión.6. Responsables y agentes de la pastoral misionera.7. La cooperación en la actividad misionera.8. Espiritualidad misionera: «El verdadero misionero es el santo».El jueves 24 celebramos la Memoria litúrgica de San Antonio María Claret. Nació en España y como sacerdote, predicó durante varios años en la región de Cataluña. Durante toda su vida desplegó un gran ardor misionero. Fue nombrado Arzobispo de Santiago de Cuba, entregándose con gran generosidad a su tarea misionera en esa Isla del Caribe. Su gran espíritu misionero lo impulsó – por inspiración divina – a fundar la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, conocidos como los Misioneros Claretianos, que hacen presencia en 68 países, entre ellos Colombia. Están presentes en varias Diócesis de nuestro país, muy especialmente en Quibdó, Chocó. También están presentes en Medellín.San Antonio María Claret dio está definición del misionero: «Un hijo del Inmaculado Corazón de María es un hombre que arde en caridad y que abrasa por donde pasa; que desea eficazmente y procura, por todos los medios, encender a todos el mundo en el fuego del divino amor. Nada me arredra; se goza en las privaciones; aborda los trabajos; abraza los sacrificios; se complace en las calumnias y se alegra en los tormentos. No piensa sino cómo seguirá e imitará a Jesucristo en trabajar, sufrir y en procurar siempre y únicamente la mayor gloria de Dios y la salvación de las almas».Que el ejemplo y el dinamismo de estos dos grandes misioneros, nos impulse para vivir la Misión de manera permanente, como debe ser, no sólo en algunos momentos.

Mar 10 Oct 2023

Discípulos misioneros

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Es tradicional que el mes de octubre sea dedicado a reflexionar en torno del compromiso misionero que nos compete como bautizados.Es muy importante tener presente que la dimensión misionera tiene varias aristas que deben ser consideradas. La misión que Jesús encomienda a sus discípulos tiene como fin inicial la salvación de los seguidores del Señor, es decir, una misión ad intra, que parte de la conversión personal; luego acompañar y educar en las verdades de la fe y el conocimiento de Jesucristo, es decir, misión ad extra, que se manifiesta en el testimonio del cristiano a través de la coherencia de vida; y la que está orientada a proponer el mensaje de salvación a aquellos que no lo conocen, es decir, misión ad gentes.El Catecismo de la Iglesia católica dice que “La fidelidad de los bautizados es una condición primordial para el anuncio del Evangelio y para la misión de la Iglesia en el mundo. Para manifestar ante los hombres su fuerza de verdad y de irradiación, el mensaje de la salvación debe ser autorizado por el testimonio de vida de los cristianos” (Catecismo, 2044).Esto que afirma el Catecismo es clave para que tomemos conciencia de la imperante necesidad que tenemos todos de vivir conscientemente los compromisos del bautismo. El anuncio misionero del Evangelio de Jesucristo nunca puede estar alejado de la vida, de la forma de vivir de los creyentes. Los primeros cristianos hacían misión viviendo unidos, siendo solidarios, amándose los unos a los otros, siendo felices en medio de las persecuciones. Por eso los paganos cuando los veían afirmaban, como es el caso de Tertuliano en el siglo II: “¡pero miren cómo se aman!” Los Hechos de los apóstoles dirá de los primeros cristianos que “los que aceptaban su palabra se hicieron bautizar, y ese día se unieron a ellos unas tres mil personas” (Hch. 2, 41) y que “alaban a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. Cada día el Señor incorporaba a la comunidad a los que se salvaban” (Hch. 2, 47).Esto quiere decir que no podemos ser “cristianos del montón”, esto es, cristianos de partidas de bautismo, pero alejados de los compromisos de la vida cristiana. Es muy posible que muchos católicos se pasen a engrosar los templos de iglesias hermanas no católicas por el anti-testimonio que, consciente o inconscientemente, podemos estar dando los católicos.Vivamos con alegría, con esperanza y solidariamente nuestra fe. Es la mejor forma de hacer misión. Por eso acojamos con gozo la reiterada invitación del Papa a hacer de nuestra Iglesia una Iglesia en salida.Leamos este aparte de la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Gozo del Evangelio, del Papa Francisco, que nos dice que “la intimidad de la Iglesia con Jesús es una intimidad itinerante, y la comunión «esencialmente se configura como comunión misionera». Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie” (n. 23).Pero hay otro aspecto que no quiero dejar pasar de largo y es el compromiso misionero de nuestra Arquidiócesis, que tiene en cuenta lo que el Catecismo de la Iglesia católica, entre otros documentos dice a los ministros ordenados: “En virtud del sacramento del Orden, los presbíteros participan de la universalidad de la misión confiada por Cristo a los apóstoles. El don espiritual que recibieron en la ordenación los prepara, no para una misión limitada y restringida, sino para una misión amplísima y universal de salvación hasta los extremos del mundo, dispuestos a predicar el Evangelio por todas partes” (Catecismo, 1565). Y esto se aprende desde el seminario.Los invito a orar por los presbíteros de nuestra Arquidiócesis que están presentes en Iglesias necesitadas como Cádiz, Valencia, Albacete y Lérida, en España; en San Jacinto, Ecuador; en Idaho, USA; en Roma, en Buenaventura y en Popayán. También un sacerdote ad gentes en Bogotá en la Universidad Uniminuto. 17 sacerdotes y un diácono transitorio que están sirviendo en Iglesias donde escasean los ministros ordenados. Nosotros, que también tenemos limitaciones en el número de sacerdotes, damos de nuestra pobreza, seguros de que el Señor nos recompensará.Octubre es el mes del Santo Rosario, homenaje a Nuestra Señora del Rosario, cuya fiesta se celebra el 7 de octubre. A ella nos encomendamos con fe.Y en octubre es la colecta por las misiones, el DOMUND, el 22 de octubre. Seamos generosos con la oración, el sacrificio personal y el aporte económico para la misión de la Iglesia universal, colecta que se envía a las Obras Pontificias Misionales.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Vie 21 Oct 2022

Noticiero Arquidiocesano de Medellín en su edición 162

Presentamos el Noticiero Arquidiocesano de Medellín que llega a su edición 162. En esta ocasión ofrecen detalles de la eucaristía que se celebrará el próximo 29 de octubre en la catedral Metropolitana de Medellín, por la beatificación de la madre Berenice. Otros temas que ocuparon la agenda de esta Iglesia particular fueron: información del V Congreso de Buen Trato, con el lema: "Construyendo vínculos para la salud mental de la infancia", que se realizará el próximo 26 de noviembre; el mes de las misiones con el tema de la caridad; un balance del retiro para catequistas; y finalmente lo que se viene para la jornada arquidiocesana de jóvenes que se realizará el próximo 05 de noviembre en Medellín.

Vie 7 Oct 2022

El nombre de la Iglesia es misión en salida

Por: Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Octubre es el mes misionero por excelencia. La Iglesia lo ha dedicado a este tema por varias razones: la primera, porque siempre es necesario que se nos recuerde que todos, en virtud del bautismo, somos llamados a la misión. Es decir, a dar testimonio de la fe recibida, fe que nos permite tener una experiencia de cercanía de Dios, fe que alimenta nuestro caminar en el mundo, fe que nos ayuda a dar un nuevo significado a la vida. Da pena, sí, constatar que para muchos esta dimensión misionera se ha perdido, y el bautismo lo hemos venido arrinconando a la intimidad de cada uno, sin ninguna repercusión en lo social y en lo eclesial. Por eso, el mes de la misión, es una maravillosa ocasión para preguntarnos: ¿cómo vivo mi bautismo? Cuando asumo un compromiso vital con otros sacramentos, como la confirmación, el matrimonio o el orden, ¿trato de compartir con los demás la alegría de la fe en Cristo Jesús? Una segunda razón es recordarnos el mandato que Jesús hizo a los apóstoles y hoy a nosotros, de ir a todas partes, a todos los pueblos, a todas las personas, para anunciarles la buena nueva de la salvación, y bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. No podemos olvidar que la Iglesia católica, en el contexto global, es prácticamente una minoría. Una séptima parte de los habitantes del mundo. Por tanto, es deber de todos anunciar a los no creyentes en Cristo, y a aquellos que siendo bautizados han perdido la fe, la novedad del Evangelio, siempre nuevo, siempre reluciente, para poder asumir las realidades del mundo con esperanza. Para esto hay que orar y colaborar. Orar por las misiones y los misioneros, muchos de ellos que realizan su trabajo en medio de grandes adversidades y hasta persecuciones; y colaborar con recursos para que su tarea pueda permanecer. Y tercera razón, para que de la mano de Santa Teresita del Niño Jesús, que siendo monja de clausura carmelita fue nombrada patrona de las misiones, nos demos cuenta de que para ser misionero no es necesario hacer cosas extraordinarias. Basta que tengamos una fe sólida que nos ayude a tener una vida coherente a nuestras creencias, valientes para defender las verdades no negociables como la vida, la libertad y la familia, alegres por sentirnos amados de Dios. Según la Carta de Diogneto, un documento del siglo II, se hace misión así: “Porque los cristianos no se distinguen del resto de la humanidad ni en la localidad, ni en el habla, ni en las costumbres… Se hallan en la carne, y, con todo, no viven según la carne. Su existencia es en la tierra, pero su ciudadanía es en el cielo… Obedecen las leyes establecidas, y sobrepasan las leyes en sus propias vidas… En una palabra, lo que el alma es en un cuerpo, esto son los cristianos en el mundo”. Este es el tiempo de la misión sinodal. + Luis Fernando Rodríguez Velásquez Arzobispo Coadjutor de Cali