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Discípulos

Mié 1 Jun 2022

Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo; reciban el Espíritu Santo

DOMINGO DE PENTECOSTÉS Junio 05 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 1-11 Salmo: 104(103), 1ab y 24ac.29bc-30.31 y 34 (R. cf. 30) Segunda lectura: 1Corintios 12, 3b-7.12-13 Evangelio: Juan 20, 19-23 I.Orientaciones para la Predicación Introducción Esta solemnidad que concluye el gozoso tiempo pascual ofrece varios elementos para el crecimiento personal y comunitario, de la Palabra de Dios, destacamos tres. • El primero lo sintetiza Jesús así: “Reciban el Espíritu Santo”, como se observa Dios envía su Espíritu y todo aquel que lo recibe renueva su vida personal y comunitaria. • En segundo lugar, Jesús indica claramente que somos enviados, en efecto, afirma: “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo”. Desde los inicios del cristianismo este mandato del Señor es un imperativo que no pasa de moda, por ello, la insistencia del Papa Francisco de ser “una Iglesia en salida” que no cesa de anunciar el amor del Padre en Cristo. • Finalmente, se destaca en la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios, cómo el Espíritu Santo presente en la Iglesia en general, está también en cada uno de los creyentes en particular: “en cada uno se manifiesta el Espíritu para bien común”, esta afirmación se refiere a los carismas del Señor que cada creyente recibe y que en este tiempo en el que el Papa Francisco está invitando a reflexionar en la sinodalidad de la Iglesia, reviste singular importancia. Se profundizará especialmente en este tercer elemento. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? “En cada uno se manifiesta el Espíritu para bien común”: Esta afirmación de la segunda lectura expresa explícitamente que el Espíritu Santo está en la Iglesia en general, pero también está en cada creyente en particular que con fe y devoción lo recibe, esto fue lo que experimentaron los primeros cristianos que, como dice el libro de los Hechos de los Apóstoles “se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras”. El hablar en lenguas y “oirlos hablar de las maravillas de Dios en la propia lengua”, indica cómo el evangelio llega a varios lugares del mundo, por lo que muchas son las lenguas de la Iglesia, aunque todas profesan la misma verdad, la única fe en el Señor Jesús. Esta experiencia, no se reduce sólo al pasado, en el presente el mismo Espíritu sigue actuando y es enviado a cada creyente, como dice Jesús en el evangelio según san Juan: “Reciban el Espíritu Santo”, hoy la Iglesia sigue acogiendo esta presencia “espiritual” de Jesús que renueva todo creyente y no sólo a los seres humanos, sino como dice el Salmo 103 a toda la creación: “Envías tu Espíritu, Señor, y renuevas la faz de la tierra”. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El Espíritu Santo es la presencia espiritual de Jesús resucitado en la Iglesia, presencia que la anima y sin la cual no pudiera existir. Sin esta presencia el ser humano es nada, como dice la secuencia litúrgica: “Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado cuando no envías su aliento”. Sin el Espíritu Santo, la Iglesia, es nada, no pasaría de ser una institución humana, al estilo de una empresa, o de una ONG, pero en el fondo estaría vacía. El Papa Francisco ha venido insistiendo sobre la necesidad de una Iglesia sinodal, es decir, una Iglesia que camina unida, dando cabida a todos, respetando los carismas y dones de cada uno y construyendo con ellos la unidad. Sin duda, la solemnidad de Pentecostés es una buena oportunidad para comprender esta realidad, pues los carismas que el Espíritu Santo ha dado a todos como pueblo de Dios, favorecen en medio de la singularidad de cada uno, la unidad del cuerpo de la Iglesia que tenemos la responsabilidad de seguir construyendo. Pablo enseña en la primera carta a los Corintios que “en cada uno se manifiesta el Espíritu para bien común”: junto a esto que podemos llamar un “don particular” que reciben todos los bautizados, se advierte que, este carisma es para el bien común, por lo que también hay un “don común” a todos los creyentes que, en el mismo texto, a continuación, se refiere a los sacramentos del bautismo: “Todos hemos sido bautizados en un mismo Espíritu” y de la eucaristía: “Y todos hemos bebido de un solo Espíritu”. Unido a estos dos sacramentos, está el de la reconciliación, referido por el evangelio según san Juan: “A quienes les perdonen los pecados, les quedan perdonados”. La relación entre el “don particular” que recibe cada creyente y el “don común” que recibe todo el cuerpo de la Iglesia, la realiza el Espíritu Santo; en efecto, el Espíritu “sopla donde quiere” (Jn 3,8) y, por ello, se observa cómo este mismo Espíritu sorprende a muchos con el don dado a algunos, porque la manifestación libre del Espíritu no está condicionada por nada, ni por nadie; no obstante, el Espíritu se dona a través de gestos instituidos por Cristo y regulados por la mediación de la Iglesia, pero se trata siempre del mismo Espíritu como subraya el apóstol: “Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos” (1Cor 12,4-6). Los carismas son dones dados a cada uno de los fieles “don particular” para enriquecer y santificar a la Iglesia, esto tiene que descubrir el camino sinodal que se está realizando en la comunidad eclesial; por otra parte, los sacramentos son dones dados a la Iglesia “don común” para enriquecer y santificar a cada uno de los fieles. Hay pues, una armonía y una reciprocidad completa entre el “don particular” y el “don común”; atentar contra este equilibrio, sería empobrecer la Iglesia como misterio de fe y cuerpo de Cristo y empobrecer a cada uno de los fieles, alejándolos de la comunidad. Quedarse sólo con el “don común” sería simple sacramentalismo, quedarse sólo con el “don particular” sería espiritualismo vacío, sin Iglesia. El Concilio Vaticano II resume esta enseñanza con estas palabras: “el mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige el Pueblo de Dios mediante los sacramentos y los misterios y le adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición, distribuyendo a cada uno según quiere (1Cor 12,11) sus dones, con los que les hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean útiles para la renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquellas palabras: «A cada uno... se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad» (1Cor 12,7)” (Lumen Gentium 12). 3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Es esta una oportunidad para agradecer a Dios por la acción del Espíritu Santo en la vida personal y en la vida de la Iglesia. Gracias Jesús por enviar tu Espíritu Santo a la Iglesia que renueva la vida personal y comunitaria. Gracias Espíritu Santo, don del Padre y del Hijo, porque habitando en los creyentes, suscitas la unidad y la armonía en la vida eclesial. Ilumina esta etapa de sinodalidad que la Iglesia vive y ayuda a todos los bautizados a hacerla realidad en la relación con los hermanos y con los hombres y mujeres que encuentran en el camino de la vida. Un compromiso práctico que puede dejar la Palabra de Dios en la vida es preguntarse cómo favorezco la unidad y armonía en la comunidad en la que vivo, cómo aporto desde el “don particular” que he recibido, al bien común de los hermanos, pues el Espíritu Santo une y lleva a la unidad, por ello, la Iglesia es un misterio de comunión entre los hermanos, para la misión. El mejor testimonio que un creyente puede dar es la unidad, recordemos lo que dice Jesús: “En esto sabrán los hombres que son mis discípulos, en que sea aman los unos a los otros” (Jn 13,35). ____________ Recomendaciones prácticas: • Hoy termina el Tiempo Pascual. Después de la última misa, en la noche, se apaga el Cirio pascual y se retira del presbiterio. Conviene colocarlo decorosamente en el bautisterio para que arda durante la celebración del Bautismo y poder encender en él los cirios de los bautizados. • Motivar la semana de oración por la Unidad de los cristianos. • Día del Campesino. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Reunidos en comunión de fe, hemos venido al banquete de la Palabra y la Eucaristía para conmemorar con gozo pascual que la promesa de Cristo de enviar al paráclito se ha cumplido en la Iglesia. Celebramos hoy la Solemnidad de Pentecostés; el Espíritu Santo ha venido a llenar nuestros corazones con la gracia de su amor y colmarnos con sus dones. Nosotros, animados por este misterio, participemos con fervor de este encuentro con el Señor y con los hermanos. Monición a la Liturgia de la Palabra La liturgia de la Palabra de este domingo nos muestra que la Obra de Cristo en el mundo, se prolonga a través de la acción del Espíritu Santo quien sigue iluminando con sus dones y carismas a la Iglesia, para anunciar al mundo el perdón y la Paz que vienen del Señor. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Oremos hermanos a Dios nuestro Señor, para que acoja con amor las súplicas que, confiados le presentamos como hijos de un mismo Padre, y digámosle con fe: R. Padre Santo, escucha nuestra oración. 1. Padre Bondadoso, mira al papa Francisco y a los demás Obispos de tu Iglesia y dales la Sabiduría de tu Espíritu para que, dando testimonio de tu amor, guíen a tu pueblo por los caminos del bien que conducen a tu Reino. 2. Padre todopoderoso, que gobiernas el mundo con santidad y justicia, infunde en nuestros gobernantes tu Espíritu de Ciencia para que sepan gobernar a los pueblos con equidad, velen por cumplir los derechos de los marginados y los pobres y busquen siempre el bien de los ciudadanos. 3. Padre amable, que caminas junto a tus hijos, te pedimos por una Iglesia que celebra, para que nuestro camino juntos en los próximos meses se base en la escucha conjunta de la Palabra de Dios y en la celebración de la Eucaristía en la comunión del Pueblo de Dios. 4. Padre misericordioso, que te apiadas de tus hijos, mira con amor a los que sufren, dales el Espíritu de fortaleza para que puedan superar las adversidades con valentía, que tu Espíritu les otorgue la Salud de alma y cuerpo y sean testimonio de fe y esperanza para los cristianos. 5. Padre Santo, mira a esta asamblea aquí reunida compartiendo el Pan y la Palabra; danos el Espíritu de piedad y de tu Santo Temor para que continuemos alabando tu Nombre. Danos la gracia de verte siempre en los hermanos y que, a ejemplo de los primeros cristianos, vivamos unidos en fe y amor. Oración conclusiva Padre que tanto nos amas, atiende compasivo las oraciones que con fe te presentan tus hijos movidos por tu Santo Espíritu. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén.

Mié 27 Abr 2022

Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado

TERCER DOMINGO DE PASCUA Mayo 01 de 2022 Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 5, 27-32.40b-41 Salmo: 30(29), 3-4.5-6.12ac-13 (R. 2a) Segunda lectura: Apocalipsis 5, 11-14 Evangelio: Juan 21, 1-19 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Avanza el tiempo de gracia de la Pascua y en la liturgia de este domingo afloran algunas inspiraciones para la escucha y meditación de la Palabra de Dios; como la obra del Espíritu Santo que anima a los apóstoles y a los discípulos para dar testimonio del Resucitado; como la compasión de Cristo por el género humano, reflejada en su encuentro con los discípulos junto al lago de Tiberiades y con Pedro en particular; como las relaciones entre la liturgia terrena y la liturgia celestial, porque al participar de la santa Misa, en este mundo, anticipamos ya el gozo de alabar al Cristo, el Cordero de Dios, representándole en nuestra voz la glorificación de todas las criaturas que hay en este mundo y uniéndola a la adoración de todos los ángeles (cf. Directorio Homilético, apéndice I, ciclo c, Tercer domingo de Pascua). 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El pasaje de los Hechos de los Apóstoles, que se tiene como primera lectura, se ubica dentro de algunos relatos sobre el núcleo de la primera comunidad cristiana en Jerusalén y más específicamente trata de los apóstoles que comparecen ante el sumo sacerdote que los interroga por predicar a Cristo, incluso cuando les habían prohibido hacerlo. Pedro, tomando la voz de los Apóstoles, declara la Verdad, es decir a Cristo, muerto y resucitado por nuestra salvación; el texto termina recordando que estas vicisitudes acontecidas a los apóstoles constituyen un ultraje que ellos sobrellevaron contentos por el nombre de Jesús; esta sentencia es justamente el enlace con el Salmo, que pone bajo el acento espiritual y de oración el contenido de la lectura que lo precede. El verso de respuesta hace repetir (cuando es que se hace de manera responsorial) «Te ensalzaré, Señor, porque me has librado», así la Iglesia orante interpreta bajo algunos versículos del salmo veintinueve la fidelidad de Cristo que acompaña a sus discípulos en medio de contrariedades de diverso tipo. Por otra parte, como segunda lectura se ofrece un pasaje del Apocalipsis que en este ciclo C es de donde se toma la lectura apostólica porque «estos textos están muy de acuerdo con el espíritu de una alegre fe y una firme esperanza, propio de este tiempo» (Ordenación de las lecturas de la Misa, n. 100), en efecto el texto apocalíptico trata de una asamblea que glorifica al Cordero de Dios acompañada de la voz de muchísimos ángeles y de todas las criaturas terrestres, lo cual evoca la misma celebración litúrgica en que se proclama este texto sagrado. Como la Iglesia ha querido, «hasta el domingo tercero de Pascua, las lecturas del Evangelio relatan las apariciones de Cristo resucitado», la perícopa ofrece la aparición del Señor a los discípulos junto al lago de Galilea o de Tiberiades, estos últimos lo reconocen, pero no sin dificultad, después de echar las redes de pesca motivados por Jesús, luego comparten con él una comida de pan y peces. En medio de esta realidad la figura de Pedro resalta de nuevo de entre los otros apóstoles y se nos ofrece un diálogo suyo con el Resucitado en el que se le interroga sobre su amor que debía ser superior al de los otros, un amor que culminaría en la muerte con que iba a dar gloria a Dios, para sellar definitivamente el seguimiento de Cristo. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Quienes celebran el día del Señor están recibiendo en las primeras semanas de Pascua los relatos de las apariciones del Resucitado, de modo que ellos son hechos por la Palabra también testigos suyos, con el Espíritu Santo que es quien recuerda lo que Él nos enseñó, quien toma de lo suyo para conducirnos hasta la verdad completa y esto constituye nuestra fuerza para resistir a todo tipo de dificultades, porque el Señor libra a los suyos y no permite que triunfe la burla de sus adversarios, como indica el Salmo, pero ese agradecimiento del orante, que ha recibido el auxilio de parte de Dios, queda representado de manera óptima en la celebración litúrgica porque es Acción de gracias por excelencia. Como la celebración de la Iglesia tiene el poder admirable de hacer presentes los eventos salvíficos remotos, también pone ante nuestros ojos el consuelo futuro de la liturgia celestial porque en el Misterio, es decir en el Sacramento, unidos a los ángeles y a los santos cantamos sin cesar el himno de la gloria de Dios en las bodas del Cordero; recuérdese la sentencia con que se prepara inmediatamente a los fieles a la comunión eucarística al mostrar la hostia consagrada, «este es el Cordero de Dios» quien merece, como lo declaraba la primera lectura todo nuestro honor, gloria y alabanza. El Señor, entonces, aparece también en nuestras asambleas pascuales para partir el pan y darlo a nosotros por medio de sus ministros sagrados. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Suplicamos al Señor, motivados por la oración colecta, que aguardemos con esperanza la resurrección final, motivados por la alegría recibida en la celebración del sacramento de la Pascua del Señor, porque el domingo es día que renueva el impulso de los creyentes en Cristo para anunciar aquello de lo cual son testigos, el gozo del encuentro con el Resucitado que nos dice «vengan a comer» y toma el pan y nos lo da en la santa Misa (cf. Antífona de comunión). En la vida podemos reflejar este encuentro ofreciendo consuelo a los tristes lo cual es manera de compartir la alegría del Resucitado con quienes más lo necesitan. _____________ Recomendaciones prácticas: • Jornada Nacional de la Infancia Misionera. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa En este día de salvación, el domingo, día del encuentro con el Resucitado, reconocemos como discípulos amados del Señor que Él mismo se hace presente en medio de nosotros para invitarnos a la mesa en que nos alimenta con la Palabra y la Eucaristía. ¡Cuánto provecho nos hace vivir este sacramento admirable en comunidad y atestiguar, llenos del Espíritu Santo, que nuestro Señor nos acompaña siempre! Este es un gozo tan profundo que no lo disminuyen ni las dificultades derivadas de la predicación. Monición a la Liturgia de la Palabra Dios da el Espíritu Santo a los que le obedecen, a los que lo escuchan bien para atenderlo; escuchemos, entonces, esta Palabra que se nos proclamará y que nos hace testigos del Resucitado y de su Iglesia, de forma que toque nuestro corazón para que la aceptemos. ¡Atentos! Oración Universal o de los Fieles. Presidente: Hermanos, por la escucha de la Palabra somos testigos del Resucitado; respondamos a esta gracia divina orando a nuestro Padre del cielo con la oración fervorosa y a cada una de las suplicas digamos: R. Escucha, Señor, y ten piedad. 1. Por la Iglesia entera, haz que reconozca a tu Hijo en la mesa de la Palabra y de la Eucaristía: y que llenemos el mundo con la predicación del Evangelio de Cristo. 2. Por los gobernantes, para que sus pueblos avancen hacia la esperanza y que la humanidad conozca pronto un tiempo de reconciliación. 3. Por nuestra participación en la Misión de Cristo, para que a través de nuestro camino Sinodal juntos, crezcamos en nuestra responsabilidad compartida de la misión que se nos ha confiado 4. Por los sufrientes, extiende para ellos tu consuelo, socorre a los heridos y necesitados, y recibe a los pobres y a los forasteros. 5. Por nosotros reunidos aquí, en la asamblea dominical: para que asumamos con gozo la Palabra y la Eucaristía y recibamos así el consuelo de la fe a fin de ser testigos de tu Hijo amado. Oración conclusiva Dios clemente y misericordioso, cuyo Unigénito Resucitado está siempre vivo para interceder por nosotros ante Ti, recibe favorablemente las oraciones que te hemos dirigido y regálanos el consuelo de tu Espíritu Santo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. R. Amén.

Jue 19 Ago 2021

Presidente del episcopado anima a servir como auténticos discípulos y misioneros

En su primera eucaristía, ofrecida este jueves 19 de agosto de manera presencial, monseñor Luis José Rueda Aparicio, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), saludo en nombre de los obispos a los directores y funcionarios del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), animándolos al encuentro y a la relación fraterna del servicio para ser auténticos discípulos misioneros. En su homilía, el prelado comenzó citando las lecturas bíblicas del día, que recuerdan que todos desde el Bautismo hemos sido llamados por el Señor a servir: “a través del Bautismo recibimos la gracia de participar del pueblo santo de Dios que es su Iglesia”, ese llamado agrega, “es para estar con Él y enviarnos a la misión, nosotros queremos estar siempre disponibles para servir”. El también arzobispo de Bogotá, al recordar el salmo “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” advirtió que es una proposición que se le hace al ser humano para ser feliz y esta felicidad se logra poniendo la confianza en Dios. “En cada misión o en cada trabajo, nos da la certeza los que realizamos la obra, que somos sus instrumentos, sus obreros, hombres y mujeres, pero que requiere que pongamos la confianza en él, que no nos extraviemos del camino, que seamos capaces de decirle al Señor aquí estoy para hacer tu voluntad”. En este contexto, dijo que el haber sido elegidos por el episcopado para guiar la labor evangelizadora de la Iglesia, es una gran responsabilidad, la cual están dispuestos a asumir con alegría y confianza. Esta invitación la hizo extensiva también a quienes fueron llamados a ocupar cargos directivos y a quienes prestan su servicio en el SPEC. “Nosotros elegidos por la Asamblea del Episcopado debemos entender en la voluntad de nuestros hermanos obispos, la voluntad de Dios y por eso nos disponemos. Aquí estamos y debemos tener la alegría de poner la confianza en él. Cada uno de ustedes, en su servicio también ha sido llamado, esto es más que una tarea, esta es una vocación dentro de la Iglesia, la respuesta de nuestra parte la manifiesta el salmo que anima a la disponibilidad gozosa y confiada para decirle al Señor: ‘Aquí estoy para hacer tu voluntad’”. En la eucaristía estuvieron presentes: Monseñor Omar Alberto Sánchez, arzobispo de Popayán y vicepresidente de la CEC, monseñor Luis Manuel Alí, obispo auxiliar de Bogotá y secretario general de la CEC, sacerdotes, religiosas, religiosos directivos de los departamentos del SPEC y el personal que labora en la institución. Cabe recordar, que el pasado 06 de julio, en el marco de la CXI Asamblea Plenaria se eligieron las nuevas directivas de la CEC, para el trienio 2021-2024.

Vie 19 Mar 2021

El Papa Francisco en Irak

Por: P. Jorge Enrique Bustamante Mora - La frase de Jesús a sus discípulos: “Todos vosotros sois hermanos” (Mt 23,8) ha vuelto a resonar con fuerza en el viaje apostólico del Papa Francisco a Irak, vivido del 5 al 8 de marzo. Allí resonaron con intensidad, entre otros, grandes temas: La fraternidad humana, el testimonio cristiano y la cercanía a una Iglesia mártir. El Papa fue a Irak, pero su voz, enseñanza y testimonio lo son para el mundo entero. La primera gran mirada, indudablemente, se centra en el hecho mismo de un viaje testimonial y esperanzador en medio de la pandemia del covid-19; han pasado 15 meses de su último viaje (19 – 26 de noviembre de 2019) a Japón. El mundo ha vivido el parón nunca esperado. Ahora el Papa con las medidas propias de bioseguridad ha emprendido de nuevo el camino de los viajes apostólicos para seguir acercando el amor de Dios a las gentes. El virus no ha parado ni parará la evangelización; ciertamente han cambiado algunas cosas, pero se recurre a la creatividad para seguir en esta marcha incontenible. Este es un testimonio de esperanza, el mundo debe ver en la responsabilidad del Papa y su gesto de cercanía una imagen a no dejarnos derrotar por el “terror” o “miedo” de las incertidumbres humanas, hay que afrontarlas con responsabilidad y seguir el camino de la vida con la esperanza puesta en el Dios de la vida. Una segunda lectura, incontestable, es el lugar que visitó y desde el cual nos habló. Para muchos en nuestro contexto colombiano o latinoamericano, escuchar Irak, tiene varias resonancias: un lugar lejano, desconocido o únicamente conocido por las violentas noticias de guerra y destrucción que con frecuencia llegan; un mundo que para muchos suena a “enemigos de la fe”. La visita del Pontífice ha colocado en los ojos del mundo esta tierra con todas sus problemáticas; ha evidenciado con su presencia que el testimonio de fe y cercanía es más valioso que el miedo y los prejuicios. Él Vicario de Cristo se hizo presente, como él mismo lo precisa: “Vengo como penitente que pide perdón al Cielo y a los hermanos por tanta destrucción y crueldad. Vengo como peregrino de paz, en nombre de Cristo, Príncipe de la Paz” (Discurso a las autoridades y cuerpo diplomático). No fue una insensatez su decisión de ir a una tierra que centímetro a centímetro ha sido regada por la sangre de inocentes; es la coherencia de sus exhortaciones: una Iglesia en salida, la cultura del encuentro, de la cercanía y del amor misericordioso. Una tercera ojeada que quisiera subrayar es la categoría de “un viaje histórico”. Por primera vez un sucesor de Pedro pisa la tierra de nuestro padre en la fe, Abraham; con quien tienen que ver las grandes religiones monoteístas del mundo – el islam y el judaísmo –, además el cristianismo. Fue un momento de profunda espiritualidad, como dijo el Papa: “nos parece que volvemos a casa”, fue allí donde nuestro padre Abraham inició una aventura del todo particular en relación amorosa con Dios, “Él escuchó aquí la llamada de Dios, desde aquí partió para un viaje que iba a cambiar la historia”, precisó el Papa Francisco. En este ambiente de misterio frente a los líderes de las diversas confesiones de fe presentes en Irak, especialmente las monoteístas, el Papa subrayó que hoy, nosotros, judíos, cristianos y musulmanes, somos el fruto de esa llamada y de ese viaje. Exhortó a no separarnos nunca como hermanos y hacer que “la verdadera religiosidad – sea – adorar a Dios y amar al hermano”, pues “quien cree en Dios, no tiene enemigos que combatir, solo tiene un enemigo que afrontar: la enemistad”. Finalmente, una mirada sobre los encuentros vividos del Papa en este viaje. De remarcar la Iglesia cristiana católica que lo recibió, junto con la comunidad de Irak, con alegría y Esperanza; una Iglesia mártir que se ha puesto en pie para continuar su vida. Fue hermoso ver el testimonio, no solo del Papa allí en esa tierra, sino de los niños, los jóvenes y la comunidad en general que con fe y esperanza se han puesto sobre el surco de construir y mirar el futuro con confianza en Dios que los acompaña en medio de tantos dolores. No puedo dejar de mencionar el trascendental, silencioso y austero encuentro entre el Papa Francisco y el Ayatola Al Sistani, líder la comunidad musulmana chiita; un momento sin el ruido de lo mediático, más bien mediado en la plena confianza del uno en el otro. Un encuentro que despierta grandes esperanzas para una convivencia pacífica en esa región entre las distintas concepciones religiosas, donde los católicos hemos puesto parte de la sangre derramada y que llegamos a ser a duras penas cerca del 1% de la población. Creo que este viaje fue un viaje de amor, de amor a Cristo para darlo a conocer; de amor a la comunidad católica mártir que sufre para acompañarla y sostenerla; un viaje de amor por cada ser humano en Irak, sin importar su concepción de fe, para juntos mirar hacia el futuro con esperanza. Un viaje de amor que se hace testimonio para el mundo, existen razones dolorosas para comprometernos impostergablemente en la construcción de la fraternidad humana. Fue y es un viaje como el de Abraham, una respuesta al llamado de Dios, un viaje que como el del padre en la fe cambiará la historia. Un viaje en el que el Papa le ha gritado al mundo lo que dijo en Ur de Caldea, la patria de Abraham: “Nos toca a nosotros recordarle al mundo que la vida humana vale por lo que es y no por lo que tiene”. P. Jorge Enrique Bustamante Mora Director del Departamento de Doctrina y Promoción de la Unidad y del Diálogo (PUD) Conferencia Episcopal de Colombia

Sáb 5 Mayo 2018

La clave está en el amor

Por: Mons. Omar Mejía Giraldo - Continuamos hoy con la lectura del capítulo 15 de San Juan, este texto es el corazón del testamento de Jesús. Desde el capítulo 13 al 17, Jesús, el Señor, está dando las últimas instrucciones a sus discípulos. En este tiempo de pascua leemos el evangelio en clave de despedida, se acerca la solemnidad de la ascensión del Señor a la gloria celestial. Antes de marcharse, el Señor instruye a sus discípulos, sobre lo central y más importante para un discípulo suyo. La clave está en el amor. Jesús, el Señor, el Hijo de Dios, no hace un discurso o una poesía sobre el amor. El texto es más bien una sinfonía perfecta de lo que es y experimenta Jesús. Él es el amado del Padre: “Éste es mi Hijo amado, en Él me complazco” (Mt 3,17). Jesús es el amado desde siempre y para siempre. Con el amor que Él ha recibido del Padre es como Él los ha amado durante su ministerio público: “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Juan 13,1-ss). Jesús, el Señor, está dando su vida paso a paso: “El buen pastor da la vida por sus ovejas” (Jn 10,1-ss). Jesús, el Señor, da la vida definitivamente en la pasión, misterio que tiene su culmen en la cruz y en la resurrección (Cf Jn 18-20). La clave está en el amor. Como lo hemos venido contemplando en los evangelios de los domingos anteriores, Jesús, el Señor, se identifica frente a sus discípulos con el “Yo soy”… Hoy su identidad es con el amor. La fuerza de su actuar viene del amor que Él recibe del Padre, con ese mismo amor ha amado a sus discípulos y es el mismo amor que les pide, por eso les dice: Ámense; Jesús, el Señor, está hablando con un imperativo categórico: Ámense. Para el discípulo el “amor” no es opcional, es un imperativo que define la esencia de su “estar” en y con Jesús. Si los discípulos quieren vivir en la dinámica del amor deben amarse como el Padre ama al hijo y deben amarse como Jesús los ha amado a ellos. La clave está en el amor. Para el cristiano el amor no puede ser un simple sentimiento, para el cristiano el amor es una opción libre y voluntaria, pero responsable y comprometedora. El amor de Dios es eterno, estable, duradero, permanente. Dios no nos ama, porque nosotros seamos buenos, no. Dios nos ama porque su esencia es el amor. “Dios es amor” (1 Jn 4,8). La dinámica de la historia de salvación es la dinámica del amor. Por amor Dios ha tomado la iniciativa de elegirse un pueblo para sí y desde este pueblo hacer difusivo su amor a la humanidad. La alianza que Dios hace con los líderes del pueblo son alianzas de amor, alianzas de amistad (Cf La vida de Abraham, Moisés, los profetas…). La Palabra de Dios dice de Moisés que era el “amigo de Dios”. Jesús, el Señor, le dice a sus apóstoles: “Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre.” Con el amigo se comparte la plenitud del ser, con el amigo no hay secretos, con el amigo existe el grado sumo de confianza. En la amistad están implicados dos corazones que se abren de par en par. Por eso la necesidad del respeto, la fidelidad y la responsabilidad en la amistad. El amor sin éstas tres características no es amor, es una caricatura del amor. La clave está en el amor. Hermanos, la clave está en el amor de Dios, Él nos amó primero. Si el amor en mi vocación no es estable y duradero es porque ha fallado el fundamento, porque ha fallado el amor primero. Un edificio se cae cuando fallan los cimientos. Así es el amor humano, éste falla cuando no alimentamos el amor de Dios en nuestras vidas y en nuestras relaciones fraternas. Para que nuestra consagración sacerdotal, religiosa, matrimonial…, sea estable y duradera, necesitamos experimentar el amor de Dios y por lo tanto, necesitamos permanecer en su amor. Permanezcan en mi amor, dice Jesús, como yo permanezco en el amor del Padre. La clave está en el amor. ¿Y cómo permanecer en el amor de Jesús? Sencillo. Hagamos una analogía con nuestra vida cotidiana: amistad que no se alimenta con el diálogo, las visitas, las comunicaciones…, es una amistad que se va debilitando y llega el momento en que definitivamente se agota, se enferma y se muere. Para alimentar la amistad con el Señor, es necesario: Orar, meditar, leer la Palabra, perdonar, sanar las heridas, corregirnos…; es necesario además, dar buenos frutos y esos se manifiestan en la alegría, el servicio, en el amor mutuo. No basta decir Señor, Señor, es necesario obrar de acuerdo al mandato del Señor: “Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando.” La clave está en el amor. Hermanos, insisto, el amor no es un sentimiento, el amor es una opción y como cristianos es un imperativo categórico. Si no nos amamos no tenemos el derecho a llamarnos cristianos. El siglo XXI será el siglo del amor cristiano o el cristianismo se acabará. La verdad definitiva y esperanzadora de la Palabra de Dios es “que Jesús nos ama, esto es lo más importante que debemos saber”. Por favor, aprendamos una cosa: el amor de Dios es inmenso, intenso y total, es libre, generoso y transformador. ¡Qué bueno sería que así fuera nuestro amor! Esa es la meta, esa tiene que ser la ilusión, la lucha, el trabajo cotidiano. Nada más frustrante que entregar toda una vida y luego darse cuenta que todo era una ilusión pasajera, una mentira, una falsedad. La clave está en el amor. Queridos sacerdotes, estimados padres de familia, muy apreciados maestros, líderes sociales, políticos, empresarios…, nuestra meta es el amor. Al final de la jornada seremos juzgados en el amor. Cuando lleguemos a la eternidad nuestro buen Padre Dios, no nos preguntará por nuestros títulos y por nuestras chequeras, nos preguntará y nos juzgará por la intensidad, la profundidad, la sinceridad y la responsabilidad en el amor. No seamos ilusos, no digamos esa frase tan tonta: “sin amor también se vive.” Eso es mentira, porque somos lo que somos, por el amor de Dios. Si no fuera por el amor de Dios no existiríamos, no podríamos caminar, sonreír, amar, jugar… La clave está en el amor. No nos detengamos tanto a llorar sobre la leche derramada. La fuerza interior de nuestra vida no puede estar en los fracasos de nuestro amor. No importa que hayamos sido rechazados (as), no importa que hayamos sufrido; nuestro corazón nos ha dolido muchas veces, sí; pero lo más importante es que hoy sabemos que Dios nos ama. La clave de la vida presente está en saber perdonar y sanar nuestro pasado. Hoy es hoy y hoy somos conscientes que desde siempre y para siempre Dios nos está amando y su amor es para siempre. Haya pasado lo que haya pasado, pase lo que pase, el amor de Dios no se muda, nunca cambia, su esencia es el amor. + Omar Mejía Giraldo Obispo de Florencia Juan 15,9-17 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó, así también los he amado yo: permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa. Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos si cumplen lo que les mando. Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre. Ustedes no me eligieron a mí; he sido yo quien los eligió a ustedes y los preparé para que vayan y den fruto, y ese fruto permanezca. Así es como el Padre les concederá todo lo que le pidan en mi Nombre. El mundo odia a Jesús y a los suyos. Ámense los unos a los otros: esto es lo que les mando. Tarea Leer, meditar, orar 1 Cor 13.

Jue 18 Ene 2018

“La Alegría de ser discípulos”: tema de reflexión del clero de Yopal

Desde el 16 de enero más de cuarenta y nueve presbíteros de la diócesis de Yopal se encuentran participando en la sede del Episcopado de su primer retiro anual, que tiene como eje central de reflexión: “La Alegría de ser discípulos”. El predicador del retiro padre Francisco Javier Londoño, de la diócesis de Santa Rosa de Osos, señaló que sus charlas son fruto de las orientaciones que el papa Francisco ha ofrecido al mundo, sobre las cualidades que debe tener un buen discípulo. "Mis diálogos han estado marcados en los discursos del Papa Francisco, quien en sus diferentes escenarios nos pone a repensar la vida sacerdotal, la vida de la Iglesia, el actuar del sacerdote”, expresó el padre Londoño. El sacerdote recordó al clero de esta diócesis, que hay que perder el miedo, ser apasionados, amar a la Iglesia y querer al pueblo de Dios que se les ha confiado, acompañándolos a enfrentar los retos de hoy. “Padres no podemos ser ignorantes, debemos estar al día en los temas del momento, hay que estar actualizados porque la gente habla hoy de todo y como sacerdotes no podemos dar un No como respuesta por no saber”, aseguró el religioso. Por su parte monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de la diócesis de Yopal recordó que como sacerdotes es importante fortalecerse espiritualmente, de ahí la importancia de los retiros espirituales. “Vemos la necesidad de crecer y fortalecernos espiritualmente con la oración y en ese encuentro con Dios, vivir la comunión y pensar nuestra vida para tener un plan concreto no sólo a nivel personal, sino en ese compromiso de servicio que tenemos con la Iglesia”, aseveró el prelado. La reflexión de su homilía fue tomada del texto del primer libro de Samuel, donde narra el encuentro que vive David el recién ungido enfrentándose a Goliat jefe de guerra de los Filisteos. “Dios nos reviste de su gracia y quiere que seamos ese David que va en nombre de Dios al encuentro de Goliat, insisto, que en muchos de nosotros surge ese Goliat, es decir el poder del mundo, el que cree que no necesita la gracia de Dios, el que se cree un superdotado y no anuncia a Jesucristo, sino que se fía de las armas y las fuerzas del mundo. Como Goliat nosotros los sacerdotes y todos los bautizados al ser elegidos en nombre de Él debemos vivir nuestra vocación y misión”, explicó. Monseñor Aristizábal Quintero dijo que a ejemplo de Jesús que siempre acompañó y escuchó a las comunidades, así también, los sacerdotes deben seguir sus pasos y ser ese buen pastor que está al servicio del pueblo de Dios. “La alegría del discípulo se manifiesta cuando yo entiendo que Dios me ha elegido y dado una gracia para compartir con cada ser humano que encuentre en mi vida. Jesús acogió a todos y estuvo presente en medio de todas las comunidades, así también tiene que ser nuestra vida”, puntualizó. Los retiros del clero de Yopal se adelantan en el audiotiro Regina Apostolorum, sede de la Conferencia Episcopal y finalizan este viernes 19 de enero.

Mié 29 Jun 2016

"El seguimiento al Señor abre nuestra vida, nos hace libres"

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Mié 22 Jun 2016

El Señor quiere que nos aventuremos a seguirle

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