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estudiantes

Dom 18 Sep 2022

Siguen abiertas las inscripciones para el XVIII Congreso Nacional de Educación Católica

Con el tema: "Nuevas maneras de pensar la escuela desde nuestra identidad", la Confederación Nacional Católica de Educación, CONACED, realizará los días 23 y 24 septiembre de 2022, el XVIII Congreso Nacional de Educación Católica. Este evento, según lo han manifestado sus organizadores, se desarrolla atendiendo el momento actual que vive Colombia y el mundo, donde la escuela católica enfrenta hoy el reto de orientar a los estudiantes hacia el desarrollo de nuevas capacidades para desenvolverse en un mundo en continuo y acelerado cambio e insisten en que “se debe descubrir la gran oportunidad que ese cambio implica para actuar de manera resiliente en sus procesos y mantener el liderazgo en el afianzamiento de valores fundamentales”. En este contexto, Conaced se ha planteado dentro de los propósitos de esta jornada de dos días, tratar de “identificar, valorar y tomar conciencia activa sobre los desafíos y oportunidades del mundo actual y en perspectiva, para pensar, sin perder la identidad, las respuestas de la escuela católica en su responsabilidad de formar estudiantes globalmente competentes, capaces de ‘caminar juntos’ y ‘abrirse al mundo’”. Para lograr esto, trabajarán bajo los siguientes objetivos: * Valorar y proponer elementos constitutivos que determinen la identidad de la escuela católica en un mundo globalizado * Comprender que la educación relacional permite el desarrollo de capacidades para ser partícipe de interacciones sociales adecuadas y efectivas hacia la sostenibilidad y el bienestar colectivo. * Reconocer que en el mundo interconectado el aprendizaje es personalizado, multidimensional y permanente que permita examinar cuestiones locales, globales e interculturales. Temas y conferencistas: Ponemos a disposición el siguiente enlace donde encontrará detalles de la agenda de trabajo, los temas y conferencistas tanto nacionales como internacionales que que estarán presenten durante estos dos días del Congreso. DESCARGAR AQUÍ Adicional a ello, se contará con la participación especial del Nuncio Apostólico de Colombia, Luis Mariano Montemayor; monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Cali y presidente del Departamento de Educación y Cultura del Episcopado; el doctor Hernando Bayona Rodríguez, Viceministro de Educación; doctor Fabio Andrés Benavides, asesor de colegios privados del Viceministerio de Educación Preescolar, Básica y Media. Inscripciones y público El evento se realizará en Bogotá en el Centro de eventos Hall 74 (Calle 74 No. 14 - 25) y está dirigido a: Líderes educativos de comunidades religiosas y diocesanas; rectores, directivos y docentes de todas las áreas; coordinadores de educación de las comunidades religiosas y diocesanas. Los interesados podrán realizar su inscripción en el siguiente enlace AQUÍ

Mié 16 Jun 2021

¡Que se nos den oportunidades!

Por: Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - No soy historiador de academia, pero sí un sacerdote que por más de 36 años de ministerio ha podido ver y conocer de cerca la realidad de nuestras comunidades. Comparto una angustia que arrugaba mi corazón cada que en la Universidad presidía las ceremonias de grados de cerca de 2500 profesionales de las distintas áreas del conocimiento cada año. Me preguntaba: ante la realidad económica, política y social del país, ¿dónde se van a ubicar estos nuevos profesionales? Implementamos por eso una serie de cursos transversales para que los estudiantes “cambiaran el chip”, de modo que se prepararan no solo para ser empleados, sino también para a ser empleadores gestionando sus propios espacios de trabajo con las Pymes, especialmente. Pero de nuevo el corazón se arrugaba: Colombia es uno de los países donde más trabas administrativas y cargas impositivas de impuestos se tiene para la creación de empresas; ni el famoso “fondo emprender” ha podido dar los frutos esperados. Por otro lado, el acceso a la educación formal en los distintos niveles es muy limitado. En los países llamados “desarrollados”, la formación técnica o tecnológica abarca una población mayor que los profesionales, pero ambos, en el ejercicio de sus competencias, son valorados y estimulados. En Colombia, lastimosamente, todos quieren ser “profesionales”, porque en muchos espacios los técnicos y tecnólogos no son suficientemente valorados. Tenemos el claro ejemplo de muchos de los egresados del SENA que terminan su preparación con excelentes habilidades para el trabajo, pero apenas un número reducido logra ubicarse laboralmente. No ha faltado el grito que se da cuando a un trabajador que tiene formación tecnológica, por su historia, por sus habilidades, por su buen trabajo, resulta devengando un salario igual a un profesional. “Es necesario cambiar de chip”. No se puede negar que, en algún caso, un profesional te puede decir dónde poner el clavo, pero no sabe cómo ponerlo. No siempre la teoría hace el maestro. Otros trabajadores son empíricos o autodidactas, y dan cátedra a los más ilustrados profesionales. Todos son importantes, todos son necesarios. ¿Entonces qué? La Iglesia, y en el caso particular de Cali, solo por poner un ejemplo, se ha distinguido desde hace muchos años por apostarle a la educación con calidad e inclusión. En la Arquidiócesis de Cali tenemos todas las ofertas: desde la educación primaria, básica y técnica, con cerca de 32.000 estudiantes, sobre todo de los estratos 1, 2 y 3, hasta una Fundación Universitaria, con 24 años de experiencia y cerca de 6000 estudiantes donde la mayoría son de escasos recursos y/o trabajadores, presente en lugares como Pance, Meléndez, Compartir (Distrito de Aguablanca), Yumbo, Jamundí y Plaza Caicedo. Pero existen otras instituciones de educación católicas que, soportadas en la larga experiencia educativa de la Iglesia, ofrecen estudio de calidad para los estratos altos, sin descuidar un significativo número de estudiantes de estratos bajos, apoyados con becas y subsidios especiales. Planteo esta reflexión, en el momento actual, pues sin duda alguna uno de los aspectos que lleva a las reacciones de descontento y violencia que estamos viviendo, tiene buena parte de fundamentación en las grandes limitaciones de carácter estructural que arrastra el país desde tiempos remotos, también en el campo de una educación que debe ser pertinente, abierta, incluyente y con calidad. Un país educado ayuda a tomar conciencia a los ciudadanos de que todos somos responsables de todo y de todos. Permite construir una cultura en la que todos cabemos en el territorio y posibilita la consolidación de una identidad nacional. La educación, va más allá de la actividad educativa de las instituciones. Es una educación que tiene que ir de la mano de la formación, pues la educación no solo consiste en llenar de conocimientos a los estudiantes, sino también en ofrecer a ellos dimensiones formativas como las que tienen que ver con el cuidado de la vida propia y la de los otros, el conocimiento y difusión de los derechos humanos, el cuidado de la casa común y la dimensión trascendente que permite mirar a los demás como hermanos y hacer proyectos que vida que permitan alcanzar no solo la satisfacción de las necesidades básicas, sino también la felicidad eterna que se construye en este mundo. Es la educación que ha de propender por hacer hombres y mujeres sabios y sabias. Dice el libro de los Proverbios: “Feliz el hombre que encuentra la sabiduría, el hombre que adquiere prudencia; es mayor ganancia que la plata, es más rentable que el oro… En su mano derecha hay larga vida, en su izquierda, riqueza y gloria. Sus caminos son una delicia, todas sus sendas son pacíficas. Es árbol de vida para los que se aferran a ella, felices son las que la retienen” (Prov. 3, 13-14.16-18). Por esto mismo, educan también los padres y las mamás en las familias, el entorno social de los barrios y ciudades y los amigos. Educamos, en la campo religioso, los ministros, cada que se hace una reflexión desde la Palabra de Dios, las catequesis y las iniciativas pastorales, o los encuentros que se tengan según las creencias de cada uno. Hasta la misma naturaleza, con su silencioso vivir, da lecciones formativas de vida a los humanos. Y todo esto es y hace cultura, y todo esto hace posible la construcción de una identidad nacional. Ejemplos de ello tenemos en múltiples países del globo terráqueo, que para bien o para mal, nos dan lecciones de unidad en la diversidad. Me ha parecido muy interesante una de las conclusiones del filósofo e historiador, Jorge Orlando Melo, en su libro Historia mínima de Colombia: “Colombia nunca se convirtió en una nación en el sentido que el término tenía a fines del siglo XIX: una comunidad que comparte lengua, creencias, costumbres y valores. Hoy es un mosaico en el que las diferencias culturales locales o regionales, sociales y étnicas se afirman y defienden. Para muchos, la diversidad nacional reconocida en la Constitución de 1991, más que identidad, es un factor de creatividad que debe defenderse de las tendencias unificadoras” (JORGE ORLANDO MELO. “Historia mínima de Colombia.”. Turner Publicaciones S.L. Madrid 2018. pag. 320). En los tiempos de las protestas, cuando muchos se están sentando en las mesas para los diálogos, la concertación y los consensos, un punto de partida que deberá ser tenido en cuenta es precisamente la múltiple diversidad de quienes conformamos este hermoso país. En Cali, hoy epicentro nacional del paro, junto con Bogotá, indudablemente este aspecto será clave, porque lograr entender las necesidades de todos y cada uno de los grupos representativos étnicos, regionales y grupos de jóvenes, adultos, mujeres, etc., será la llave para reconocer que todos hacen y hacemos parte de una misma nación y que todos estamos llamados a ser respetados, pero también a aportar lo que cada uno está llamado a dar desde su tradición y sus costumbres. Lograr eso es la ruta para reconocer el factor identitario de Colombia, que diversa como es en su conformación, es capaz de caminar unida hacia un futuro mejor. En la educación se encuentra uno de lugares más adecuados para este ejercicio de participación, desde el diálogo y la visión holística de la realidad; de allí que que la Iglesia de Cali, y estoy seguro que de toda Colombia, renueva su compromiso de seguir educando y formando las generaciones de hoy y de mañana, generaciones sobre las cuales reposará en buena parte nuestro futuro. Los jóvenes en las calles han estado clamando la oportunidad de estudiar y de poderse insertar más y mejor en la vida laboral digna. La Iglesia seguirá ofreciendo su amplia experiencia educativa, pero espera que su servicio sea valorado y apoyado por el Gobierno, pues si bien el servicio educativo que ofrece es privado, porque proviene de un órgano no estatal, finalmente, el servicio es público y subsidiario al Estado, que no logra por su cuenta acoger los numerosos jóvenes en sus aulas educativas. Finalmente, en un pueblo educado, con oportunidades de trabajo digno y respeto de los derechos mínimos de las personas, la violencia es sin duda menor. La historia de Colombia, por desgracia, descrita por Melo como “la historia de un país que ha oscilado entre la guerra y la paz, la pobreza y el bienestar, el autoritarismo y la democracia” se encuentra de nuevo en la encrucijada histórica de quienes han descubierto la necesidad de reclamar sus justos derechos para tener futuro y recuperar el sentido y dignidad de la vida que muchos han perdido. La falta de educación ha hecho que la espiral de violencia esté siempre presente en Colombia, incluso, creando una especie de nueva cultura, la de la violencia. “Esta violencia -afirma Jorge Orlando Melo- creó olas expansivas que desorganizaron la sociedad, cambiaron sus valores, debilitaron la justicia y la policía y dieron campo y estímulo a otras formas de delincuencia, como el narcotráfico. Y su relación con los problemas sociales y la desigualdad ha hecho que forme una trama compleja con acciones políticas legales y con organizaciones que promueven objetivos legítimos, lo que vuelve difíciles y poco eficaces las respuestas represivas. Esta violencia es la gran tragedia de la sociedad colombiana del último siglo y constituye su mayor fracaso histórico” (JORGE ORLANDO MELO. “Historia mínima de Colombia. pag. 324). Es necesario, pues, “cambiar el chip” de la cultura de la violencia, a la cultura de la paz, de la reconciliación, de la fraternidad, del desarrollo participativo, de la cooperación mutua. Para aquellos que tienen algo qué hacer, he aquí un aporte. La Iglesia católica de Cali está presente, y desde la educación seguirá dando lo mejor para formar hombres y mujeres capaces de seguir construyendo una Cali mejor, un país mejor, más humanos, más dignos, más incluyentes, más amantes de la vida y de la casa común, anunciando y formando a las nuevas generaciones en la cultura del Reino de Dios, que es reino de justicia, de amor y de paz. + Luis Fernando Rodríguez Velásquez Obispo Auxiliar de Cali

Jue 27 Mayo 2021

Sistema Educativo de la Arquidiócesis de Bogotá invita a “velatón”

Atendiendo la situación que atraviesa hoy el país y con la intención de generar un dinamismo colectivo por parte de quienes integran el Sistema Educativo de la Arquidiócesis de Bogotá (SEAB), este organismo eclesial ha convocado para este viernes 28 de mayo, a las 7:00 p.m., de manera virtual, una gran “velatón” para pedir por la paz y la reconciliación de Colombia. El SEAB, integrado por 19 colegios de distintas localidades, operados por fundaciones y parroquias de esta ciudad, además de la institución de educación superior Fundación Universitaria Monserrate, ha venido adelantando por estos días una propuesta denominada: "Mis manos construyen". Este proyecto, afirman sus organizadores, ha sido un espacio para "generar un dinamismo colectivo por parte de los miembros del SEAB, integrado por directivos de las instituciones, docentes, estudiantes y padres de familia, para suscitar propuestas de acción constructiva ante la situación social que se vive en Colombia". En este contexto, niños, jóvenes y adultos, a través de actividades lúdicas y utilizando entre otras sus manos, han desarrollado de manera virtual mensajes de esperanza que no tiene otro sentido más que, el de llamar la atención de los diferentes actores para que se llegue a la calma y la reconciliación. Con el numeral #MisManosConstruyenSEAB, podrán unirse a la velatón a través del canal de facebook de esta Institución, donde se vivirá de manera virtual momentos de oración, reflexión, baile, canto, entre otros.

Lun 19 Oct 2020

La propuesta educativa del Papa nos toca a todos

Por: P.Francisco Niño Súa -El jueves 15 de octubre, el Papa Francisco dirigió un video-mensaje en el que nos invitó a todos a comprometernos con un nuevo Pacto Educativo Global. En dicha propuesta se recuerda que la educación no se restringe a las paredes del aula, no se limita a los contextos de las instituciones educativas, no es sólo responsabilidad de los maestros, sino que vincula a todos los componentes de la sociedad, a los políticos, a los responsables de los medios de comunicación, a los padres de familia, a los cuidadores y a todos los que formamos parte de este sistema social que nos hace interdependientes y co-responsables los unos de los otros. Evocando el mensaje de la bendición extraordinaria que nos regaló el Papa el pasado 27 de marzo, si no estamos en la misma barca, estamos en el mismo mar, compartimos la casa común y afrontamos la historia que nos vincula, el presente que nos desafía y el futuro que estamos llamados a forjar. Ahora lo importante es concretar este pacto, este compromiso, en los distintos niveles en los que nos movemos: en las veredas, localidades, municipios, departamentos y a nivel nacional; en nuestras parroquias, en cada una de las jurisdicciones eclesiásticas y en la misma Conferencia Episcopal. El planteamiento es sencillo y consiste en la convicción de que un futuro distinto de lo que vivimos en el presente es posible si todos nos comprometemos, porque la educación es sembrar la semilla de la esperanza en el corazón de las nuevas generaciones: “una esperanza de paz y de justicia; una esperanza de belleza, de bondad; una esperanza de armonía social”. En efecto, “la educación es sobre todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite de generación en generación. La educación, por lo tanto, se propone como el antídoto natural a la cultura individualista, que a veces degenera en un verdadero culto al yo y a la primacía de la indiferencia. Nuestro futuro no puede ser la división, el empobrecimiento de las facultades de pensamiento y de imaginación, de escucha, de diálogo y de comprensión mutua. Nuestro futuro no puede ser este. Hoy en día se necesita una etapa renovada de compromiso educativo, que involucre a todos los componentes de la sociedad”. Ya en la Encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco había afirmado que “la educación será ineficaz y sus esfuerzos serán estériles si no procura también difundir un nuevo paradigma acerca del ser humano, la vida, la sociedad y la relación con la naturaleza” (LS 215). Por eso, el 12 de septiembre del año pasado formalizó la convocatoria para realizar este Pacto Global y lo reforzó en el saludo al Cuerpo Diplomático acreditado en el Vaticano el 9 de enero del presente año cuando afirmó: “Todo cambio, como el de época que estamos viviendo, pide un camino educativo, la constitución deuna aldea de la educación que cree una red de relaciones humanas y abiertas. Dichaaldeadebe poner a la persona en el centro, favorecer la creatividad y la responsabilidad para unos proyectos de larga duración y formar personas disponibles para ponerse al servicio de la comunidad” En tal sentido, el mensaje del Papa del pasado 15 de octubre es como el broche de oro que articula todo su Magisterio con su última Encíclica, Fratelli Tutti, pues sólo un nuevo camino educativo, fruto del compromiso personal y conjunto, centrado en la familia y articulado en la capacidad de escuchar y de dialogar, puede vencer la cultura inhumana del descarte, superar la actitud individualista del derroche, enfrentar el desastre generado por la pandemia del Covid 19 y reconstruir la fraternidad originaria que hace visible el proyecto de Dios para la humanidad. Francisco Niño Súa, Pbro. Director del Departamento de Educación y Culturas Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano

Mié 15 Mayo 2019

Saludo del Episcopado colombiano en el Día del Educador

En el día del Educador, el Episcopado Colombiano, a través del Departamento de Educación Cultura y Universidades, presenta un saludo afectuoso a los docentes, animándolos a continuar la importante tarea de “transformación social y humana de nuestros estudiantes, de la sociedad y del país”. Tras felicitarlos y encomendar su servicio a Cristo, Maestro, recuerdan la importancia de “poner al centro de la educación a la persona humana, como nos pide el Papa Francisco. Sigamos construyendo la cultura del encuentro desde la educación. Sigamos fortaleciendo nuestra formación en valores; que sea una transformación para que la dignidad humana brille siempre a través de nuestros procesos educativos”. ¡Felicitaciones para todos! El día del Maestro en Colombia se celebra el 15 de mayo, desde 1950, año en que fue proclamado San Juan Bautista de La Salle como patrono de los educadores por parte del Papa Pío XII.

Mar 27 Nov 2018

Iglesia dispuesta a facilitar y acompañar diálogo entre Gobierno y estudiantes

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) expresa su preocupación por la actual crisis que atraviesa la educación superior en el país. Recuerda que la educación es un pilar fundamental para el desarrollo y la construcción de la paz. Invita a buscar soluciones, que no solo respondan a las urgencias coyunturales, sino que dirijan los esfuerzos hacia el mejoramiento de la calidad educativa en todos los niveles y de manera integral. Finalmente, ofrece sus buenos oficios para facilitar y acompañar los diálogos entre el Gobierno y los estudiantes. DESCARGA COMUNICADO