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mar adentro cec

Vie 2 Oct 2026

Mi gran tarea, la trilogía Jesús de Nazaret del Papa Benedicto XVI

Por Carlos Ignacio Agudelo Betancur - El Papa Emérito Benedicto XVI en su retiro como Papa emérito, en las entrevistas con Peter Seewald en el 2016, volvió la vista atrás y definió su trilogía sobre Jesús de Nazareth como el eje de su vida: «Mi gran tarea, mi propósito fundamental, fue sacar de nuevo a la luz la figura de Jesús, que corría el riesgo de quedar sepultada bajo los tecnicismos teológicos. Tenía que mostrar que el Jesús de los Evangelios es el verdadero Jesús».Jesús de Nazaret fue publicada en tres tomos editados, respectivamente, en el original alemán, en los años 2007, 2011 y 2012. Esta trilogía: Los relatos de la infancia; Desde el bautismo en el Jordán hasta la transfiguración; Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección, nace de la relación personal del autor con Jesús, a ella responde y a ella quiere introducir al lector. Su lectura nos hace encontrar más profundamente a Jesús si lo conocemos ya, nos lo descubre si no lo conocemos o tenemos de él una idea imperfecta, y nos hace entender que en Jesús tenemos a Dios con nosotros”.Desde la pandemia, mi madre y yo decidimos leer libros; comencé a leérselos por teléfono, en nuestros coloquios diarios que en ocasiones se tomaban más de una hora; ya al 2025 habíamos leído seis libros, alguno voluminoso de más de 500 páginas. No ha sido sólo lectura, ha sido meditación, diálogo, acompañamiento, esparcimiento y, sobre todo, crecimiento mutuo.Desde el año 2025 venimos leyendo y meditando con mi madre el libro “Jesús de Nazaret, segunda parte: Desde la entrada en Jerusalén hasta la resurrección”. El libro me lo había regalado mi madre hacía años y lo tenía guardado como un tesoro, pero sin leerlo. Debido a que este volumen es un poco denso teológicamente hablando, decidimos leerlo en persona, meditándolo profundamente, degustándolo.El pasado jueves 17 de septiembre, día en que mi hermana me solicitó que acompañara a nuestra madre, estuve leyendo con ella la primera parte del capítulo titulado LA RESURRECCIÓN DE JESÚS DE ENTRE LOS MUERTOS. A continuación, transcribo el último párrafo de esa parte, que nos llevó a hacer cuentas de a quiénes se apareció Jesús Resucitado, quiénes tuvieron ese privilegio inimaginable.“Desde el punto de vista de la historia del mundo, la resurrección de Jesús es poco llamativa, es la semilla más pequeña de la historia. Esta inversión de las proporciones es uno de los misterios de Dios. A fin de cuentas, lo grande, lo poderoso, es lo pequeño. Y la semilla pequeña es lo verdaderamente grande. Así es como la resurrección ha entrado en el mundo: sólo a través de algunas apariciones misteriosas a unos elegidos. Y, sin embargo, fue el comienzo realmente nuevo; aquello que, en secreto, todos estaba esperando. Y para los pocos testigos —precisamente porque ellos mismos no lograban hacerse una idea— era un acontecimiento tan impresionante y real, y se manifestaba con tanta fuerza ante ellos, que desvanecía cualquier duda, llevándolos al fin, con un valor absolutamente nuevo, a presentarse ante el mundo para dar testimonio: Cristo ha resucitado verdaderamente”.Luego de esta lectura, mi madre y yo meditamos en cómo habrán sido de especiales esos encuentros con el Resucitado, quien se apareció seguramente primero a su Madre María, luego a María Magdalena y a otras mujeres, luego a los apóstoles en varias ocasiones (sin Tomás y con Tomás), luego a los discípulos de Emaús, y seguramente a muchos en el momento de la Ascensión, donde se estiman 120 personas; además, San Pablo afirma que Cristo resucitado «se apareció a más de quinientos hermanos a la vez».Nos quedó en el alma que la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es algo tan grande para nuestra fe, para la vida de la Iglesia, que tendríamos qué tenerla más presente todos los días y especialmente en la celebración de la Santa Misa, donde celebramos su pasión y muerte, pero también su Resurrección.Como una manifestación misteriosa de este acontecimiento de Su Resurrección, que se muestra en lo pequeño y a los más pequeños, descubrimos que precisamente ese día, 17 de septiembre de 2026, se leyó en todo el mundo como primera lectura, la tomada de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios:“… yo les transmití en primer lugar, lo que también yo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; y que se apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales vive todavía, otros han muerto; después se apareció a Santiago, más tarde a todos los apóstoles; por último, como a un aborto, se me apareció también a mí…” (1 Cor 15, 1-11). A primera vista podríamos decir que fue una coincidencia; mi madre dijo que realmente fue una Dioscidencia. Para nosotros realmente fue como si El Resucitado nos hubiera regalado un rayo de su Luz, un guiño amoroso de sus ojos. Y desde ese día, y pidiéndole que nos mantenga en su Gracia, venimos agradeciéndole diariamente Su Resurrección, y hemos incluido en nuestras oraciones diarias la Secuencia de Resurrección que la Iglesia Católica proclama todos los días en la octava de Pascua de Resurrección y que dice:Ofrezcan los cristianosofrendas de alabanzaa gloria de la Víctimapropicia de la Pascua.Cordero sin pecadoque a las ovejas salva,a Dios y a los culpablesunió con nueva alianza.Lucharon vida y muerteen singular batallay, muerto el que es la Vida,triunfante se levanta.—¿Qué has visto de camino,María, en la mañana?—A mi Señor glorioso,la tumba abandonada,los ángeles testigos,sudarios y mortaja.¡Resucitó de verasmi amor y mi esperanza!Venid a Galilea,allí el Señor aguarda;allí veréis los suyosla gloria de la Pascua.Primicia de los muertos,sabemos por tu graciaque estás resucitado;la muerte en ti no manda.Rey vencedor, apiádatede la miseria humanay da a tus fieles parteen tu victoria santa.

Jue 30 Oct 2025

De los 50 A los 60 Años de Nostra Aetate: de Francisco A León XIV

Por Pbro. Carlos Guillermo Arias - Se han cumplido 60 años de la promulgación de la Declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.Sin duda, este documento ha marcado el camino de la Iglesia en los últimos tiempos en el tema del diálogo interreligioso. Los Padres Conciliares querían, con este documento, promover la unidad y la caridad entre las personas y los pueblos, reconociendo y valorando las verdades presentes en otras religiones. Reconocían, además, que todos los pueblos forman una comunidad y que la Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero.En la Audiencia General del miércoles 28 de octubre de 2015, en la celebración de los 50 años de Nostra Aetate, el Papa Francisco recordaba que para el Papa Pablo VI, el tema de las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas había tenido una importancia tan relevante que, en la fiesta de Pentecostés del año anterior al final del Concilio, había instituido el Secretariado para los no cristianos, hoy Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. También recordaba como importantes algunos puntos del documento:•La creciente interdependencia de los pueblos (cf. n. 1).•La búsqueda humana de un sentido para la vida, el sufrimiento y la muerte, preguntas que siempre acompañan nuestro camino (cf. n. 1).•El origen y el destino común de la humanidad (cf. n. 1).•La unicidad de la familia humana (cf. n. 1).•Las religiones como búsqueda de Dios o del Absoluto, en las diferentes etnias y culturas (cf. n. 1).•La mirada benévola y atenta de la Iglesia a las religiones: ella no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de bello y verdadero (cf. n. 2).•La Iglesia mira con estima a los creyentes de todas las religiones, apreciando su compromiso espiritual y moral (cf. n. 2).•La Iglesia, abierta al diálogo con todos, es al mismo tiempo fiel a la verdad en la que cree, comenzando por la verdad de que la salvación que se ofrece a todos tiene su origen en Jesús, único salvador, y que el Espíritu Santo actúa como fuente de paz y amor.En esta audiencia, el Papa también recordó un hecho particularmente significativo para Juan Pablo II: el encuentro de Asís del 27 de octubre de 1986. Recordó que, un año antes, dirigiéndose a los jóvenes musulmanes en Casablanca, deseaba que todos los creyentes en Dios favorecieran la amistad y la unión entre los hombres y los pueblos (19 de agosto de 1985). La llama encendida en Asís se extendió por todo el mundo y constituye un signo permanente de esperanza.Francisco también anotó que el diálogo que necesitamos hoy entre las religiones no puede ser sino abierto y respetuoso, y solo entonces se revelará fructífero. El respeto recíproco es condición y, al mismo tiempo, fin del diálogo interreligioso: respetar el derecho de otros a la vida, a la integridad física y a las libertades fundamentales, es decir, a la libertad de conciencia, pensamiento, expresión y religión. El diálogo basado en el respeto lleno de confianza puede traer semillas de bien que se transforman en brotes de amistad y colaboración en muchos campos, y sobre todo en el servicio a los pobres, a los pequeños, a los ancianos, en la acogida de los migrantes, y en la atención a quien está excluido. Podemos caminar juntos cuidando los unos de los otros y de la creación.Por último, termina con esta invitación: “Queridos hermanos y hermanas, en lo referente al futuro del diálogo interreligioso, la primera cosa que debemos hacer es rezar. Y rezar los unos por los otros: ¡somos hermanos! Sin el Señor, nada es posible; con Él, ¡todo se vuelve posible! Que nuestra oración —cada uno según la propia tradición— pueda adherirse plenamente a la voluntad de Dios, quien desea que todos los hombres se reconozcan hermanos y vivan como tal, formando la gran familia humana en la armonía de la diversidad”.Diez años después, en el pontificado de su sucesor, el Papa León XIV (en la celebración de los sesenta años de Nostra Aetate), toma la frase del diálogo entre Jesús y la mujer samaritana del Evangelio de San Juan: «Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad» (Jn 4,24). Y dice: “este encuentro revela la esencia del auténtico diálogo religioso: un intercambio que se establece cuando las personas se abren unas a otras con sinceridad, escucha atenta y enriquecimiento mutuo. Es un diálogo nacido de la sed: la sed de Dios por el corazón humano y la sed humana de Dios. En el pozo de Sicar, Jesús supera las barreras de la cultura, el género y la religión. Invita a la mujer samaritana a una nueva comprensión del culto, que no se limita a un lugar concreto —«ni en este monte ni en Jerusalén»—, sino que se realiza en Espíritu y en verdad. Este momento capta la esencia misma del diálogo interreligioso: el descubrimiento de la presencia de Dios más allá de toda frontera y la invitación a buscarlo juntos con reverencia y humildad”.El Papa León, siguiendo la línea tomada por el Papa Francisco en la celebración de los cincuenta años, se refiere una vez más al tema del diálogo interreligioso y a la necesidad del encuentro con los no cristianos: “Este luminoso documento nos enseña a tratar a los seguidores de otras religiones no como extraños, sino como compañeros de viaje en el camino hacia la verdad; a honrar las diferencias afirmando nuestra humanidad común; y a discernir, en toda búsqueda religiosa sincera, un reflejo del único Misterio divino que abarca toda la creación”.Recalca, además, la importancia de las raíces del cristianismo en el pueblo judío y la importancia del diálogo judeo-cristiano, aun a pesar de las dificultades: “No podemos negar que en este período también ha habido malentendidos, dificultades y conflictos, pero estos nunca han impedido la continuación del diálogo. Tampoco hoy debemos permitir que las circunstancias políticas y las injusticias de algunos nos alejen de la amistad, sobre todo porque hasta ahora hemos logrado mucho”.Volviendo a reconocer en Nostra Aetate el llamado a encontrarnos y a dialogar, el Papa León plantea una pregunta, a la que a su vez responde con un claro mensaje sobre el aporte de las religiones a la humanidad: “¿Qué podemos hacer juntos? La respuesta es sencilla: actuar juntos. Más que nunca, nuestro mundo necesita nuestra unidad, nuestra amistad y nuestra colaboración. Cada una de nuestras religiones puede contribuir a aliviar el sufrimiento humano y a cuidar de nuestra casa común, nuestro planeta Tierra. Nuestras respectivas tradiciones enseñan la verdad, la compasión, la reconciliación, la justicia y la paz. Deben reafirmar el servicio a la humanidad, en todo momento. Juntos, debemos estar atentos al abuso del nombre de Dios, de la religión y del diálogo mismo, así como a los peligros que representan el fundamentalismo religioso y el extremismo”.El pontificado del Papa Francisco nos dejó muchas experiencias en el campo del diálogo interreligioso, mostrando cómo en la actualidad se puede seguir el legado de la declaración Nostra Aetate, poniendo este encuentro entre las diferentes religiones al servicio de la fraternidad humana, como lo hizo en el documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común (también conocido como Declaración de Abu Dabi), firmado con el Gran Imán de al-Azhar, Ahmed el-Tayeb en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos, el 4 de febrero de 2019.Las palabras del Papa León en esta celebración de los sesenta años nos abren a la esperanza de que se seguirá este camino de encuentro entre las religiones, pensando siempre en el bienestar de la humanidad. Por eso es significativo cuando dice: “Hoy estamos llamados a refundar la esperanza en nuestro mundo devastado por la guerra y en nuestro entorno natural degradado. Colaboremos, porque si estamos unidos todo es posible. Hagamos que nada nos divida”, y luego al final la invitación a la oración: “detengámonos un momento en oración silenciosa: la oración tiene el poder de transformar nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones”.

Jue 29 Mayo 2025

¡Han dictado sentencia!

Por Pbro. Raúl Ortíz Toro - Un abuso de cualquier tipo es una infamia. Pero también lo es criminalizar a un ciudadano, no por haber cometido un delito, sino por el simple hecho de ejercer una labor; por ejemplo, la labor sacerdotal. En el primer caso las autoridades civiles y canónicas competentes deben cumplir con la obligación de hacer justicia a las víctimas. En el segundo caso se configura una persecución indirecta que busca deshonrarnos y desprestigiarnos; infamarnos, por decirlo de otro modo.Y es que la palabra “infamia” describe exactamente la situación que estamos viviendo los sacerdotes católicos romanos en Colombia. Al mejor estilo de las condenas sociales del antiguo derecho romano, en las que se daba una sanción social que acarreaba la pérdida de la fama, la buena reputación y el desprecio social como consecuencia de la comisión de algún delito o incluso una mala conducta, ahora, sin cometer delito alguno, hemos sido declarados “infames”, en un claro atentado a nuestra honra, no por haber realizado una acción criminal sino por el simple hecho de ser sacerdotes.Me explico. El pasado 26 de mayo, la Corte Constitucional publicó el Comunicado 19, fechado el 14 de mayo, en el que se anuncia la Sentencia SU-184-25 sobre “los derechos de petición y de información de periodistas para acceder a los datos de miembros de instituciones religiosas”. La primera parte del Comunicado indica que la Sentencia (que aún no ha sido publicada sino solamente anunciada) obliga a las Arquidiócesis, Diócesis, Vicariatos Apostólicos y Congregaciones Religiosas a entregar a los periodistas que soliciten, a través de derechos de petición, la información “en el marco de investigaciones relacionadas con presuntas conductas sobre violencia sexual en contra de niños, niñas y adolescentes”.Otra cosa es el segundo tema que tendrá la sentencia y que, a mi parecer, es sencillamente una decisión que vulnera nuestros derechos como ciudadanos y sacerdotes a la buena fama, a la protección de datos personales que son semiprivados, a la presunción de inocencia. Dice el Comunicado que las Jurisdicciones deben entregar “la información relativa a los sacerdotes o clérigos que han ejercido labores pastorales y, en general, de relacionamiento con la sociedad”. ¿Qué quieren hacer con las hojas de vida de los inocentes? ¿Cómo es posible que la hoja de vida de un sacerdote que no tiene denuncias por haber cometido algún tipo de delito resulte en una lista indiscriminada en razón del ejercicio de su ministerio? No faltará quien piense que el que nada debe, nada teme.Eso es verdad, pero a la vez no justifica el asunto porque aquí estamos hablando de un sesgo, de la creación y, tristemente, la consolidación en la sociedad de un estereotipo: el sacerdote católico es un delincuente no por lo que haya o no haya hecho, sino por lo que es. ¡Qué tristeza! ¡Qué indignación! La profecía del Señor se cumple una vez más: “Incluso llegará la hora en que cualquiera que les dé muerte pensará que da gloria a Dios” (Jn 16, 2b).Soslayadamente somos declarados culpables a priori y tendremos que demostrar lo contrario. En efecto, la decisión de la mayoría de miembros de la Corte Constitucional nos criminaliza prejuiciosamente a todos los ministros ordenados (obispos, presbíteros y diáconos) por el simple hecho de ejercer una labor pastoral con las comunidades, destruyendo así el principio de presunción de inocencia y convirtiéndolo en ¡presunción de culpabilidad! Precisamente, la palabra infamia, como la describe magistralmente el jurista mexicano del siglo XIX Manuel de Lardizábal “es una pérdida del buen nombre y reputación, que un hombre tiene entre los demás hombres con quienes vive: es una especie de excomunión civil, que priva al que ha incurrido en ella de toda consideración y rompe todos los vínculos civiles que le unían a sus conciudadanos, dejándole como aislado en medio de la misma sociedad”.Lo más absurdo del asunto es la argumentación que usa la Corte Constitucional para justificar que las Jurisdicciones Eclesiásticas deben entregar la información semiprivada de todos los sacerdotes incardinados desde la creación de la sede episcopal: óigase bien, cito el comunicado: “su estudio [es decir, el de las hojas de vida de todos los sacerdotes que no estamos siendo investigados por delitos] es central para el periodismo de investigación, dado que permite identificar patrones y circunstancias especiales en la trayectoria de los sacerdotes, lo que resulta crucial para identificar casos de violencia sexual y/o encubrimiento, al analizar los cambios abruptos en cuanto a trayectoria temporal y local de sacerdotes” (No está subrayado en el original).¿Cuáles serán entonces los parámetros que usarán los periodistas/jueces para determinar la relación entre la comisión del delito y el traslado del sacerdote de un lugar a otro, en un tiempo determinado? ¿cómo llegarán a conclusiones con los datos de sacerdotes de los siglos XVI al XIX e incluso de gran parte del XXI? ¿Serán incriminados post mortem porque los trasladaron demasiado pronto de una parroquia a otra? ¿A qué se enfrentan las diócesis centenarias si no entregan la lista de sus sacerdotes de toda su historia con los respectivos traslados de oficio eclesiástico? Para algunas diócesis se trata de unas décadas de historia, para otras, ¡siglos de información!, a veces difícil, otras veces imposible de encontrar por el estado de conservación o inexistencia de archivos históricos, pero siempre oneroso trabajo que desgasta administrativamente.Si esto no se llama prejuicio, entonces, ¿cómo llamarlo? ¿Cuánto tiempo debe permanecer un párroco en una parroquia para que su traslado no sea motivo de sospecha? ¿Qué entiende la Corte por “cambios abruptos en cuanto a trayectoria temporal y local de sacerdotes”? ¿Es justo que este prejuicio vaya a conducir a la “identificación de patrones” de casos criminales sin contar con denuncias?Como sacerdote me siento objeto de estigmatización y esta circunstancia no hace más que acrecentar la discriminación y el hostigamiento por motivos religiosos en el país que ya tipificó el Código Penal (artículo 134B). Qué bueno sería que apenas aparezca publicada la Sentencia nos demos a la tarea de estudiarla y profundizarla y con la ayuda del derecho podamos dar respuesta a la Corte Constitucional los ciudadanos que nos sentimos vulnerados, que, en últimas, es vulneración de toda la sociedad.Bendito sea Dios que nos permite estos momentos de persecución religiosa para afianzar nuestra fe y nuestra esperanza, que no defrauda (cf. Rm 5,5). Esta es una ocasión más para renovar nuestro compromiso vocacional y volver a decirle “sí” al Señor y al servicio de la Iglesia.No quiero terminar estas líneas sin recomendar, valorar y agradecer el salvamento de voto de los Magistrados Jorge Enrique Ibáñez Najar y Cristina Pardo Schlesinger, contenido en el Comunicado 19. Leerlo también nos da confianza en que no todo está perdido. Conocerlo nos da una idea de cuán execrable es el delito de pederastia, existente en lamentables y grandes proporciones en instituciones como la familia, la escuela, el deporte, y demás ámbitos. Los avances de la Conferencia Episcopal de Colombia y, en general, de la Iglesia de nuestro país en lo que concierne la formación para la prevención y tratamiento de casos de abuso demuestran el compromiso por erradicar este flagelo. Ni un solo caso. Ni uno más.P. Raúl Ortiz Toro