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Mié 6 Mayo 2026

Vicarios de pastoral en Colombia impulsan la sinodalidad desde los procesos pastorales de las Iglesias particulares

En el contexto de la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad, la Iglesia en Colombia continúa dando pasos concretos para traducir este proceso en prácticas pastorales reales, articuladas y con impacto en la vida eclesial y social.Ese camino se vio reflejado en el primer Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), que reunió en Bogotá, del 27 al 30 de abril, a representantes de 65 jurisdicciones eclesiásticas del país.Además de los sacerdotes nombrados como vicarios de pastoral o evangelización, participaron miembros de sus equipos —incluidos otros sacerdotes y laicos—, lo que permitió enriquecer la reflexión desde la diversidad de carismas y ministerios.Un espacio de comunión, escucha y discernimientoEl encuentro, liderado por el Centro Pastoral para la Evangelización y la Fe de la CEC, se vivió como un espacio de comunión, escucha y discernimiento, enmarcado en el llamado de la Iglesia a asumir la sinodalidad como un estilo permanente de ser y hacer Iglesia.Desde el inicio, favoreció el conocimiento mutuo y la vivencia de la fraternidad entre los participantes, generando un clima de confianza que hizo posible el intercambio de experiencias, desafíos y buenas prácticas entre las distintas regiones eclesiásticas del país.“El encuentro no solamente quería mostrar lo que la Iglesia ha orientado sobre el Sínodo de la Sinodalidad, sino también saber qué están haciendo ya las jurisdicciones, cómo están realizando este trabajo de implementación en Colombia”, explicó el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina.Una conversión misionera que transforma la pastoralDurante las diferentes sesiones, los participantes profundizaron en las implicaciones pastorales, espirituales e institucionales del proceso sinodal, reconociendo — en palabras del padre Arias —, que este proceso “no se trata de la simple aplicación de lineamientos, sino de una auténtica conversión misionera y sinodal”.Esta perspectiva implica comprender el proyecto pastoral como un itinerario comunitario, capaz de articular comunión, participación y misión en prácticas concretas, encarnadas en la realidad de cada territorio.“Ya no se trata de tanta teoría, sino de acciones que nos lleven también a mostrar la cercanía y la presencia de Cristo en medio de nuestras realidades y en la vida práctica”, afirmó el padre Andrés Eduardo Muñoz, vicario de pastoral y evangelización del Vicariato Apostólico de Mitú.El Vicario de Pastoral: animador del cambio y servidor de la comuniónEn este proceso, se reafirmó el papel clave de los vicarios de pastoral o evangelización, como colaboradores directos del obispo diocesano en la animación, coordinación y articulación de la acción evangelizadora.Su misión es fundamental para hacer realidad el plan pastoral en las comunidades, favoreciendo procesos que involucren a todo el Pueblo de Dios.Diversidad de experiencias, un mismo horizonte sinodalEl trabajo por regiones eclesiásticas evidenció la diversidad de contextos y enfoques pastorales, pero también un deseo compartido de avanzar hacia procesos más participativos, corresponsables y misioneros.Durante el encuentro se pusieron en diálogo experiencias como el Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE), el Proyecto de Evangelización de la Iglesia Particular (PEIP) y otros procesos propios de las diócesis, que muestran caminos concretos de implementación del Sínodo en el país.En este horizonte de renovación, inspirados en el Documento de Aparecida (texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Brasil), desde diócesis como la de El Banco (Magdalena), se ha reiterado el llamado a “pasar de esa pastoral de la conservación a la pastoral del discipulado misionero”, como lo expresó el padre Brayan Antonio Martínez Jiménez. Además, a fortalecer la unidad como fundamento del camino eclesial “bajo la guía del Espíritu Santo”, agregó el sacerdote de El Banco.Articulación, corresponsabilidad y riqueza del Pueblo de DiosEl encuentro también permitió profundizar en la relación entre la Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares, destacando la necesidad de fortalecer la comunicación, la articulación y el trabajo conjunto.Un aporte significativo fue el conocimiento de los servicios y recursos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), que abre nuevas posibilidades de acompañamiento a las jurisdicciones eclesiásticas.“Reconocer lo que significa la Conferencia Episcopal para las diócesis, que son un punto de apoyo y de referencia para nuestra acción pastoral”, señaló el padre Nelson Patiño Villa, vicario de pastoral de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.Asimismo, la reflexión se enriqueció con la perspectiva de la vida consagrada, el protagonismo del laicado y la diversidad de movimientos eclesiales, reafirmando la centralidad del Pueblo de Dios en su pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios.Un camino abierto que compromete a toda la IglesiaEl encuentro confirmó que la sinodalidad no es una meta ya alcanzada, sino un camino que el Espíritu Santo sigue abriendo a la Iglesia y que exige una actitud permanente de escucha, discernimiento y conversión.“La sinodalidad tiene que permear todos los planes de pastoral. No es una moda…sino una esencia misma de la Iglesia”, afirmó el padre Jeisson David Quintero Muriel, vicario de pastoral de la Diócesis de Ocaña.En este sentido, se reafirmó que la implementación del Sínodo debe traducirse en procesos pastorales concretos en las Iglesias particulares, integrando la riqueza de los laicos, la vida consagrada y los diversos ministerios, en una dinámica de corresponsabilidad al servicio del Reino de Dios.Proyección: caminar juntos para transformar la realidadLos participantes asumieron el compromiso de continuar este camino con esperanza y fidelidad creativa, impulsando proyectos pastorales verdaderamente sinodales, nacidos de la escucha del Pueblo de Dios y orientados a la transformación evangélica de la realidad.“No solamente nos estamos llevando como una preocupación a nivel espiritual, sino también a nivel social”, subrayó el padre Muñoz.El primero Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral en Colombia concluyó con el llamado a caminar juntos, para que la Iglesia en Colombia sea cada vez más signo e instrumento de comunión, participación y misión.Vea a continuación el informe audiovisual del encuentro:

Mar 16 Ago 2022

La corrección fraterna ayuda a vivir la comunión

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve -En el desarrollo del Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (P.E.I.P.) de nues­tra Diócesis de Cúcuta, este mes de agosto está destinado a reunirnos para celebrar juntos la fiesta dioce­sana, con el lema “Encontrémonos como hermanos, sigamos adelan­te”, el cual tiene como propósito que cada uno pueda afianzar los vínculos de caridad necesarios para vivir en comunión fraterna, en la familia y en la comunidad de creyentes que es la Iglesia. Todos experimentamos en el presen­te un clima de mucha incertidumbre y violencia, donde la raíz de estas di­ficultades está en el hecho de que el otro se ha convertido en una ame­naza para la vida personal. Ya no se mira al prójimo como un hermano, sino como un enemigo, alguien que obstaculiza los planes personales egoístas y mezquinos. Frente a esa realidad, nuestro Señor Jesucristo en el sermón de la montaña, nos enseña que el mandamiento nuevo del amor tiene su alcance en amar a los enemi­gos y a los que se convierten en un obstáculo para mi vida: “Han oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen. Así serán dignos hijos de su Padre del cielo, que hace salir el sol sobre buenos y malos, y manda la lluvia sobre jus­tos e injustos” (Mt 5, 43-45). En este camino cristiano y espiritual, el prójimo no es una amenaza, sino un hermano que está frente a mí, a quien debo custodiar y ayudar para que su vida crezca y para que llegue a la santidad. Por este motivo frente al pecado del otro, frente a la equi­vocación que pueda tener en su vida, el camino para recuperarlo es la co­rrección fraterna, tal como lo plantea el evangelista Mateo cuando enseña: “Por eso, si tu hermano te ofende, ve y llámale la atención a solas. Si te hace caso, habrás ganado a tu hermano” (Mt 18, 15), haciendo de la corrección fraterna, un servi­cio fraterno, en la línea de la recu­peración de quien se ha equivocado, como un modo evangélico de situar­se ante el pecado ajeno, tal como lo enseña Terrinoni cuando dice que la corrección fraterna “es un gesto purísimo de cari­dad, realizado con discreción y humil­dad, en relación con quien ha errado; es comprensión carita­tiva y disponibilidad sincera hacia el her­mano para ayudar­le a llevar el fardo de sus defectos, de sus miserias y de­bilidades a lo largo de los arduos senderos de la vida; es una mano tendida hacia quien ha caído para ayudarle a levantarse y reempren­der el camino”. De esta manera, se puede decir que es una solícita intervención fraterna que quiere curar las heridas del alma, sin causar sufrimientos, ni humilla­ciones, que va desde la ayuda que se presta al hermano para que no se extravíe, el apoyo que se ofrece a los débiles o el estímulo dirigido a los pusilánimes, la exhortación, la lla­mada de atención y la corrección. Evidentemente, este modo de enten­der la corrección fraterna exige una ampliación de la perspectiva del sentido del “yo”, una genuina y autén­tica conversión interior. Para llegar exactamente a invertir la insolente frase de Caín (cf. Gén 4,9) y recono­cer que sí, que soy yo el guardián de mi hermano, que Dios lo ha puesto a mi lado para que me ocupe de él, porque es voluntad del Padre celes­tial que no se pierda ninguno. Vivir en familia y en comunidad, consagrados al mismo Padre, signi­fica tomar la decisión de recorrer el mismo camino de santidad. La fami­lia, la comunidad parroquial, es un espacio para crecer en santidad, es el lugar donde cada uno construye su propio itinerario per­sonal de perfección. La corrección frater­na es la manifestación coherente de la res­ponsabilidad asumida en relación con aquel que es mi hermano, y cuya santidad me preocupa, más aún, junto al cual yo me santifico. De lo contrario, lo que hay es aislamiento, marginación fraterna, esa sutil violencia de la perfección privada que no deja espacio para el otro en mi corazón, en definitiva, lo que hay es el “homicidio”. No hay que pensar que este término es exagerado, porque, o me hago res­ponsable de mi hermano o lo exclu­yo de mi vida, exactamente como si lo matara; no hay un término medio. Realmente Caín mató y obró “como si matara” a su hermano Abel, cuan­do a la pregunta del Señor respondió: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” (Gn 4, 9); ahí, en ese preciso momento le asestó el golpe de gracia; esas palabras matan de­finitivamente a un hermano, a una familia y a una comunidad; pronun­ciadas ante Dios que es Padre, pre­tenden suprimir cualquier rastro de paternidad. Este es el gran peligro de quien no re­conoce su propia responsabilidad en relación con el otro; pero vaya donde vaya, aunque huya, le perseguirá y no lo dejará en paz la pregunta del Padre: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9). De esta manera, ‘comuni­dad cainita’ es la que demuestra des­interés por el prójimo, como si uno no fuera el guardián de los demás y más aún cuando el hermano está a punto de caer o ya ha caído. Como creyentes en Cristo seguimos comprometidos con la comunión que estamos llamados a realizar desde la caridad, que tiene una misión muy importante en la corrección fraterna y que ayuda a encontrarnos como hermanos, no como simple acto emo­cional, sino como una respuesta de fe en nuestro Señor Jesucristo, que nos invita desde el Evangelio a amarnos los unos a los otros, tal como Él nos ha amado, creando comunión y for­taleciendo los vínculos de unidad desde el perdón y la reconciliación, incluyendo a nuestros enemigos. Que la Santísima Virgen María y el glorioso Patriarca san José, alcancen del Señor todas las gracias y bendi­ciones necesarias, para vivir la co­munión en la familia y en la Iglesia, desde la corrección fraterna, con la certeza que es la respuesta adecua­da para un mundo que se torna cada vez más dividido y violento. Por eso resuena en el corazón la invitación: encontrémonos como hermanos, sigamos adelante. Reciban mi bendición. + José Libardo Garcés Monsalve Obispo de la Diócesis de Cúcuta