Pasar al contenido principal

renovación de la consagración de colombia al inmaculado corazón de Maria

Mar 19 Mayo 2026

Colombia renovó su consagración al Inmaculado Corazón de María en una jornada de oración que unió a miles en el país

En medio de los desafíos sociales, humanitarios y de reconciliación que vive Colombia, la Iglesia vivió este 13 de mayo una de las jornadas marianas más significativas de los últimos años. En la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, miles de fieles se unieron en distintas regiones del territorio nacional para participar en el Cuarto Rosario Nacional por la Paz y la Reconciliación de Colombia y en la renovación de la Consagración del país al Inmaculado Corazón de María.La celebración central se llevó a cabo en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, donde se desarrollaron tres momentos principales: el Santo Rosario Nacional, la celebración de la Eucaristía y el acto de renovación de la Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María.La Santa Misa y el acto de consagración fueron presididos por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien hizo un fuerte llamado a sanar las heridas del país desde la reconciliación, el perdón y la fraternidad.“Necesitábamos este bálsamo espiritual que está en el corazón del pueblo de Dios, que clama por un tiempo de paz, de reconciliación. Y quién mejor que la Madre, la Madre de Jesús, la Madre de la Iglesia, quien nos pueda unir como nación”, expresó el prelado.Durante su homilía, monseñor Múnera recordó que la consagración a María encuentra su sentido pleno en la consagración bautismal a Jesucristo. Además, propuso contemplar el corazón de María desde tres escenas evangélicas: Caná, el Calvario y el Cenáculo, como caminos para reconstruir el tejido social y espiritual del país.“El corazón de María nos conduce a aquel que es manso y humilde de corazón, Cristo nuestra paz”, afirmó.El arzobispo también recordó los tres compromisos centrales del mensaje de Fátima: la oración, la reparación y la consagración. En ese contexto, insistió en la necesidad de fortalecer una cultura del encuentro, la solidaridad y la esperanza, especialmente en medio del actual discernimiento social y político que vive Colombia.“María es la tejedora de vínculos y relaciones. Nos ayuda a remendar los corazones heridos. Por lo tanto, a ella tenemos que acudir como madre y maestra de paz, de perdón y reconciliación”, expresó el presidente de la Conferencia Episcopal.La intención central del Rosario Nacional, cuyo lema fue “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión de tu corazón”, estuvo enfocada en pedir por las víctimas de la violencia, las familias, los jóvenes, los gobernantes, las instituciones del país y todos los colombianos.La jornada concluyó en la tarde con adoración eucarística y el tradicional Rosario de Antorchas en la Plaza de Bolívar.Esta iniciativa de oración fue promovida por diversos grupos de laicos católicos y apoyada por la Conferencia Episcopal de Colombia y la Arquidiócesis de Bogotá. La directora del Rosario Nacional, Jimena Lian, destacó el valor de la unidad eclesial alcanzada durante esta edición:“Un país unido en oración siempre estará protegido”, aseguró.La renovación de la consagración tuvo además un profundo significado histórico y espiritual. La primera Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María se realizó en octubre de 2008, en una ceremonia presidida por el cardenal Pedro Rubiano Sáenz en la Catedral Primada, al tiempo que la renovación de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús vigente desde 1902.Una Iglesia unida desde los territoriosLa jornada mariana trascendió la capital colombiana y se vivió intensamente en múltiples jurisdicciones eclesiásticas del país, donde miles de fieles elevaron oraciones por la paz, la reconciliación y la esperanza en sus territorios.En la Arquidiócesis de Cartagena, monseñor Francisco Múnera, luego de presidir la celebración nacional en Bogotá, viajó para acompañar a su familia arquidiocesana la fiesta patronal de Nuestra Señora de Fátima en el barrio Villas de la Candelaria. Allí, junto a la comunidad y sacerdotes de diferentes zonas de la capital de Bolívar, presidió una celebración marcada por la fraternidad y la devoción mariana.En la Diócesis de Cúcuta, cientos de fieles participaron en la tradicional peregrinación hacia el monumento de la Virgen en el Bario San Miguel. La jornada culminó con una Eucaristía presidida por monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien invitó a los fieles a perseverar en la oración y a mirar a María como modelo de esperanza en medio de las dificultades que vive la región.En la Diócesis de Tibú, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la celebración principal se desarrolló en el corregimiento de Pacelli. Allí, monseñor Israel Bravo Cortés llamó a la conversión sincera como camino para alcanzar la paz verdadera. La jornada estuvo marcada también por gestos solidarios hacia familias afectadas por la violencia.““Pedimos especialmente que no afecte ninguna causa más, ningún bien ni ninguna vida… Que la gente pueda retornar con tranquilidad a sus tierras, a sus casas...Aquí seguimos acompañando a la gente en otra dinámica: dinámica de paz, de desarrollo y de justicia, donde nos sintamos hermanos”, expresó el padre Jairo Gelves Tarazona, párroco del lugar.En la Diócesis de Ocaña, la celebración de Nuestra Señora de Fátima se vivió en un ambiente de profunda fe y devoción. Los fieles se congregaron en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Ocaña para participar de esta significativa celebración presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba. La tradicional Procesión de las Luces también reunió a la comunidad en torno a la oración por la libertad de los secuestrados y el consuelo de las familias afectadas por la violencia.Desde el Santuario Mariano Nuestra Señora de Fátima, la Diócesis de Santa Marta se unió al Rosario Nacional elevando plegarias por la reconciliación de Colombia. El padre Harold Tejada recordó que el mensaje de Fátima sigue siendo profundamente actual:“Solamente habrá paz cuando reconstruyamos el corazón. Y reconstruir el corazón significa romper con la violencia, con el odio y con la división”, afirmó.En la Diócesis de Pasto, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro presidió la celebración de consagración al Inmaculado Corazón de María en medio de un contexto marcado por el dolor de la violencia y las tensiones fronterizas del sur del país.“Queremos poner en las manos de la Santísima Virgen María nuestra patria para que podamos construir pacíficamente esa nación que soñamos, donde nadie se sienta excluido”, expresó el obispo.La Arquidiócesis de Popayán la oración reunió no solo a la Iglesia, sino también a instituciones civiles, universidades, niños, jóvenes y comunidades religiosas.El Rosario por la paz se realizó en el atrio de la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción como un signo de unidad por el Cauca, uno de los departamentos más afectados por la violencia en Colombia.En la Diócesis de Yopal, los fieles peregrinaron hasta el Mirador de la Virgen de los Dolores de Manare para encomendar el territorio llanero a la Madre de Dios.En Pereira, Barrancabermeja, Palmira, El Banco, Cali y otras jurisdicciones, parroquias, santuarios y comunidades de fe se unieron al clamor nacional por la paz.Desde Barrancabermeja, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez pidió por la paz del Magdalena Medio y destacó el valor espiritual y social de esta movilización de fe:“La paz es posible, la hemos ido construyendo y la seguiremos construyendo. Hoy hemos renovado ese empeño escuchando una vez más el clamor de Nuestra Señora de Fátima de rogar por la reconciliación y la paz del mundo entero”, manifestó.María, signo de esperanza para ColombiaEn este mes mariano, la consagración al Inmaculado Corazón de María representa un signo de confianza espiritual, pero también, un llamado colectivo a reconstruir el país desde la conversión del corazón, el perdón y la esperanza. La fiesta de Nuestra Señora de Fátima volvió a poner en el centro el llamado a la oración, la conversión y la paz.Pese a las múltiples heridas y fragmentaciones sociales, esta gran jornada nacional reflejó cómo la fe continúa siendo un punto de encuentro para millones de colombianos.Con rosarios en las manos, velas encendidas y plegarias elevadas desde distintos rincones del país, la Iglesia en Colombia reafirmó su compromiso pastoral de seguir promoviendo la reconciliación, la fraternidad y el cuidado de la vida.Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada:

Mié 13 Mayo 2026

En la fiesta de la Virgen de Fátima, la Iglesia colombiana renovó la consagración del país al Inmaculado Corazón de María

En el marco de la memoria litúrgica de la Virgen de Fátima y durante el cuarto Rosario Nacional por la Reconciliación y la Paz de Colombia, la Iglesia en Colombia renovó este 13 de mayo la consagración de la nación al Inmaculado Corazón de María, elevando una oración por la unidad, la reconciliación, la verdad y la esperanza del país.La jornada central se desarrolló en la Catedral Primada de Colombia y estuvo presidida por Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, acompañado de obispos, sacerdotes, religiosos y cientos de fieles laicos.La celebración coincidió con la conmemoración de la primera aparición de la Santísima Virgen María a los pastorcitos Lucía, Jacinta y Francisco, ocurrida el 13 de mayo de 1917 en Cova da Iria, Portugal, acontecimiento que dio origen al mensaje espiritual de Fátima, centrado en la oración, la conversión, la reparación y la paz.En este contexto, la Iglesia en Colombia se unió espiritualmente a esta memoria mariana a través de una jornada nacional de oración marcada por profundos signos de fe y reconciliación. Entre ellos, la exposición del Santísimo Sacramento en la custodia representativa del Cristo de Bojayá y el ingreso en procesión de la imagen peregrina de la Virgen de Fátima.Previo a la celebración eucarística, cientos de fieles participaron en el rezo del Santo Rosario, ofreciendo los misterios gloriosos por Colombia, sus gobernantes, las víctimas de la violencia, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, las personas que padecen hambre y la población privada de la libertad. Como signo de esperanza, internos privados de la libertad enviaron cartas y camándulas elaboradas con sus propias manos para ser depositadas a los pies de la Virgen María.“Podremos ser adversarios, pero nunca enemigos”Durante la homilía, monseñor Múnera dirigió un fuerte llamado pastoral al país para superar la polarización, reconstruir la confianza social y promover una cultura del encuentro y la fraternidad.Inspirado en la presencia de María en Caná, el Calvario y el Cenáculo, el prelado aseguró que la Virgen sigue acompañando a Colombia en medio de sus desafíos históricos, sociales y políticos.“Ella nos ayuda a todos, creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, a superar los lenguajes del miedo y del odio, de la desconfianza a nuestras instituciones”, afirmó.En una de las frases más contundentes de su reflexión, expresó:“Es cierto que tenemos diferencias, somos diversos; podremos ser, inclusive, adversarios, pero nunca enemigos”.El presidente del episcopado colombiano exhortó además a recuperar el sentido de nación y la amistad social:“Abriguemos en nuestro corazón sentimientos de hermandad y de amistad social. Somos hermanos, somos ciudadanos de esta querida Patria”.Frente al actual contexto nacional, monseñor Múnera recordó que el ejercicio de la política exige responsabilidad ética, discernimiento y búsqueda sincera del bien común:“El ejercicio de la política requiere de todos el discernimiento y la búsqueda del bien común para que juntos trabajemos en el proyecto de nación que anhelamos con justicia, equidad, solidaridad y, ante todo, en la búsqueda de la verdad”.Y añadió:“No temamos: la verdad nos hará libres”.María, signo de esperanza para ColombiaAl meditar el pasaje de las bodas de Caná, el Arzobispo de Cartagena aseguró que Colombia necesita abrirse a la transformación espiritual y social que nace del encuentro con Cristo.“Jesús puede realizar el milagro de transformar nuestras reservas morales, culturales y espirituales, y nuestra propia historia, pasado, presente y futuro, en un vino nuevo y mejor”, afirmó.En ese sentido, invitó a los colombianos a presentar ante Dios la realidad del país con humildad y esperanza:“Basta solo con presentarle a Jesús las tinajas llenas de lo que somos, hacemos y tenemos como ciudadanos y como país, para que Él realice el milagro del amor, de la fiesta y de la alegría”.Refiriéndose al mensaje de Fátima, monseñor Múnera recordó que la Virgen María sigue proponiendo tres caminos concretos para el tiempo presente: la oración, la reparación y la consagración.Explicó que la oración ayuda a confiar nuevamente en Dios; que la reparación impulsa la solidaridad frente a la indiferencia; y que la consagración al Corazón Inmaculado de María conduce a una transformación profunda de las relaciones humanas y sociales.“El corazón de María nos une más íntimamente al corazón de Cristo que transforma, unifica y sana nuestro corazón herido”, expresó.Renovación de la consagración de ColombiaAl finalizar la celebración eucarística, fue renovada oficialmente la consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María mediante una oración en la que se pidió por el presente y el futuro del país, por la reconciliación nacional, la defensa de la vida, la justicia, la paz y el fortalecimiento de la fraternidad entre los colombianos.La jornada concluyó con una súplica confiada a la Virgen María para que acompañe a Colombia en sus desafíos actuales y ayude al país a construir caminos de verdad, reconciliación y esperanza.Vea a continuación la transmisión de la celebración: