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Doctrina

Mar 29 Sep 2026

Liberar y cuidar: Iglesia en Colombia profundiza sobre nuevos criterios para el Ministerio del Exorcismo

El tercer curso nacional de formación para exorcistas reunió en Bogotá a sacerdotes y delegados de distintas regiones para profundizar en protocolos, criterios de discernimiento y prácticas pastorales orientadas a proteger la dignidad de las personas atendidas.En Colombia, el Ministerio del Exorcismo avanza hacia una práctica pastoral cada vez más consciente de la responsabilidad que implica acompañar a personas que atraviesan situaciones de especial vulnerabilidad. Esta fue una de las principales conclusiones del tercer curso nacional de formación para exorcistas, organizado por la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, bajo el lema “Liberar y Cuidar: El Ministerio del Exorcismo desde la Cultura del Cuidado”.El encuentro, que contó con la participación de cerca de 80 representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país y con aportes de expertos nacionales e internacionales, dio continuidad a los dos cursos anteriores, centrados en “Exorcismo y oración de liberación” y “Discernimiento y espiritualidad, pilares del sacerdote exorcista y su equipo”. En esta tercera edición, la reflexión se concentró en cómo incorporar de manera concreta la cultura del cuidado, la normativa eclesial y criterios de actuación responsable en este ministerio.“La figura del exorcista la debemos no solo valorar, sino también cuidar”, señaló monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín y presidente de la Comisión Episcopal de Doctrina de la CEC, al explicar que se trata de un servicio que requiere formación, discernimiento, oración y comunión con el obispo. El prelado recordó que el exorcismo es un sacramental de la Iglesia y que su ejercicio corresponde al sacerdote que ha recibido legítimamente este encargo de parte del obispo.El cuidado de la persona, en el centroUno de los principales énfasis del curso fue la necesidad de que quienes ejercen o acompañan este ministerio tengan claridad sobre los riesgos de generar nuevas afectaciones en personas que ya llegan a la Iglesia en condiciones de fragilidad. El padre Iván José Ruiz Vidal, delegado para el Ministerio del Exorcismo de la Arquidiócesis de Cartagena, destacó este desafío: “En la medida en que nosotros adoptamos el cuidado dentro de nuestro ministerio, pues evitamos entrar en revictimización”.Desde esta perspectiva, el cuidado no se planteó como un elemento adicional al ejercicio del exorcismo, sino como un criterio transversal que debe orientar la relación con quienes solicitan acompañamiento. Esto implica respetar su dignidad, intimidad y libertad; ofrecer una escucha adecuada; evitar actuaciones que puedan producir nuevas heridas y reconocer cuándo una situación requiere la intervención o el acompañamiento de otros profesionales.El padre Gabriel Londoño Sepúlveda, sacerdote exorcista de la Arquidiócesis de Bogotá, sintetizó este enfoque en dos direcciones: el cuidado del ministro hacia las personas que atiende y el cuidado de quienes acuden a él en el ejercicio de su ministerio. Para ello, subrayó la importancia de actuar desde la verdad, el amor, una recta doctrina, la escucha y el acompañamiento pastoral.Discernir antes de intervenirOtro de los aprendizajes centrales fue la necesidad de fortalecer el discernimiento. Las reflexiones abordaron la importancia de evitar atribuciones apresuradas de carácter espiritual frente a situaciones que pueden tener dimensiones psicológicas, psiquiátricas, médicas o sociales.Monseñor José Mauricio Vélez insistió en que el sacerdote exorcista debe contar con criterios suficientes para distinguir las distintas realidades que pueden estar presentes en una persona que solicita ayuda. De ahí la importancia de una formación que permita conjugar la dimensión espiritual con las herramientas provenientes de otras disciplinas.En la misma línea, las ponencias sobre los criterios para el discernimiento de la acción extraordinaria del maligno, las directrices para el ministerio del exorcismo y los posibles abusos en el uso del ritual profundizaron en la necesidad de actuar con prudencia, rigor teológico, formación, oración y trabajo interdisciplinario.El curso también abordó situaciones relacionadas con prácticas de ocultismo y algunas terapias alternativas, planteando la prevención y la formación de las comunidades como herramientas necesarias para que los fieles puedan desarrollar criterios de discernimiento frente a las distintas propuestas espirituales que encuentran en la sociedad contemporánea.Prevenir abusos y fortalecer la responsabilidadLa cultura del cuidado también llevó a revisar posibles formas de abuso en el ejercicio del ministerio, incluidos aquellos que pueden surgir por desconocimiento, actuaciones inadecuadas o interpretaciones erróneas del ritual.Monseñor Rubens Miraglia Zani, exorcista de la Diócesis de Bauru, en Brasil, uno de los conferencistas internacionales del encuentro, llamó la atención sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia episcopal y la formación de quienes participan en este servicio. También recordó que no toda persona que se presenta como exorcista cuenta con la autorización eclesial para ejercer este ministerio.De acuerdo con el sacerdote brasileño, esta claridad resulta particularmente relevante en contextos en los que personas que buscan una respuesta inmediata frente a situaciones de sufrimiento pueden quedar expuestas a prácticas que no corresponden al ejercicio legítimo del ministerio de la Iglesia.“No hacemos de nombre propio sino en nombre de la Iglesia y, por lo tanto, hay que seguir lo que nos pide la misma Iglesia”, afirmó el sacerdote brasileño.En este sentido, monseñor Vélez recordó también que el exorcista es un sacerdote nombrado por el obispo y que los fieles pueden acudir a sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas para conocer quién ha recibido este encargo. Esta claridad busca favorecer el orden pastoral y prevenir que personas vulnerables terminen recurriendo a quienes actúan al margen de la autoridad y de las normas de la Iglesia.Una responsabilidad que involucra al exorcista y a su equipoEl curso amplió, además, la reflexión sobre quienes acompañan al sacerdote exorcista. La selección, formación, acompañamiento y actuación de los auxiliares fueron abordados como elementos necesarios para garantizar que todo el equipo comprenda los límites de su servicio, actúe con discreción y permanezca en comunión con la autoridad eclesial.Entre los elementos identificados durante los talleres se destacó la necesidad de fortalecer competencias relacionadas con el discernimiento, la formación doctrinal y canónica, el equilibrio humano y espiritual, el trabajo interdisciplinario y la capacidad de reconocer señales de alerta en la práctica pastoral.La reflexión sobre la cultura del cuidado incluyó también el cuidado del propio sacerdote exorcista, tanto en sus dimensiones física y psicológica como espiritual, así como la importancia de evitar actitudes de protagonismo o autorreferencialidad que puedan desvirtuar el sentido eclesial del servicio.De la reflexión a líneas de acciónUno de los aportes metodológicos del encuentro fue el trabajo desarrollado en ocho mesas, organizadas según las provincias eclesiásticas. Este ejercicio permitió compartir experiencias territoriales, reconocer desafíos comunes y plantear propuestas para fortalecer el ministerio en las distintas jurisdicciones.El análisis de las normas canónicas y la construcción de un mapa de competencias permitieron, además, trasladar las reflexiones a situaciones concretas de la práctica pastoral. Las conclusiones recogidas durante estos ejercicios serán objeto de una posterior sistematización por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia.Para el padre Carlos Guillermo Arias, director del Departamento de Doctrina de la CEC y coordinador de la organización del curso, este proceso se inscribe en la responsabilidad de continuar ofreciendo herramientas de formación para quienes prestan este servicio en las Iglesias particulares.La proyección, de acuerdo con lo trabajado durante el encuentro, apunta a mantener una formación permanente, fortalecer la articulación entre las jurisdicciones eclesiásticas, consolidar criterios comunes de actuación y profundizar en protocolos y líneas de acción que permitan responder de manera responsable a las situaciones que llegan a este ministerio.“Es relevante seguir formándonos y ojalá tuviésemos la posibilidad de seguir formando también otro mayor número de sacerdotes”, señaló el padre Iván José Ruiz, quien insistió en que la tarea no puede reducirse a una comprensión exclusivamente espiritual de las situaciones que afectan a las personas, sino que debe considerar también las circunstancias sociales y las afectaciones a la dignidad humana.Así, el tercer curso nacional dejó como uno de sus principales desafíos hacer de la cultura del cuidado una práctica permanente del Ministerio del Exorcismo en Colombia: un servicio ejercido en comunión con el obispo, con sólida formación espiritual, doctrinal y canónica, capacidad de discernimiento, apertura al trabajo interdisciplinario y especial atención a la dignidad y protección de las personas vulnerables.Vea el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados:

Mié 29 Jul 2026

Disponible la quinta edición de Actualidad Teológica, dedicada a la formación de los futuros presbíteros en Colombia

La Comisión Episcopal de Doctrina y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) presentaron la quinta edición del boletín Actualidad Teológica, una publicación que, en esta oportunidad, ofrece a la Iglesia en el país el documento "Formar presbíteros para una Iglesia sinodal misionera. La formación presbiteral en Colombia en clave sinodal misionera: fundamentos, diagnóstico y propuestas para el discernimiento episcopal".Esta edición reviste un significado especial porque recoge la reflexión teológico-pastoral preparada por el Comité Teológico Consultivo y la Comisión Episcopal de Doctrina como insumo para la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, celebrada a inicios del mes de julio de 2026 y dedicada al tema de la formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera.Más que ofrecer respuestas definitivas, el documento busca enriquecer el discernimiento frente a uno de los desafíos más importantes para la vida de la Iglesia: formar presbíteros capaces de ejercer su ministerio desde la comunión, la participación y la misión, en consonancia con el camino sinodal impulsado por la Iglesia universal. Para ello, integra fundamentos doctrinales y magisteriales, un análisis de la realidad colombiana y diversas propuestas orientadas a fortalecer los procesos de formación sacerdotal.Una reflexión desde los desafíos de la Iglesia en ColombiaEl documento parte del reconocimiento de que la formación presbiteral debe responder a las realidades sociales, culturales y eclesiales del país. En ese sentido, plantea que los futuros sacerdotes requieren una preparación que los capacite para acompañar los procesos de reconciliación, afrontar las desigualdades sociales, dialogar con una sociedad cada vez más plural y ejercer un ministerio cercano al Pueblo de Dios.Entre los principales desafíos identificados se encuentran la necesidad de fortalecer la vinculación de los seminarios con la realidad social y pastoral de las comunidades; favorecer una formación que integre de manera equilibrada las dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral; preparar mejor a los formadores; promover una mayor corresponsabilidad de la comunidad eclesial en los procesos formativos; fortalecer el discernimiento comunitario y ampliar la participación cualificada de laicos y mujeres en diversos ámbitos de la formación, de acuerdo con las competencias y responsabilidades propias de cada uno dentro de la vida de la Iglesia.Asimismo, la publicación subraya la importancia de formar sacerdotes con capacidad para el diálogo ecuménico e interreligioso, comprometidos con la construcción de la paz, la justicia social y el cuidado de la casa común, preparados para leer los signos de los tiempos y anunciar el Evangelio en los diversos contextos de la Colombia actual.Un aporte para el discernimiento eclesialEn su presentación, el boletín señala que esta quinta edición pone a disposición de obispos, formadores, teólogos, seminaristas, agentes de pastoral y demás lectores interesados una reflexión orientada a enriquecer el diálogo eclesial y contribuir a la formación de pastores "comprometidos con la comunión, la participación y la misión". Además, expresa el deseo de que su lectura favorezca el discernimiento, suscite nuevas preguntas y fortalezca el compromiso con la renovación de la formación presbiteral al servicio de una Iglesia sinodal misionera.La Conferencia Episcopal de Colombia pone esta nueva edición de Actualidad Teológica a disposición de quienes deseen profundizar en este tema. El boletín puede consultarse y descargarse aquí.

Vie 22 Mayo 2026

Algoritmos, polarización y desigualdad rural: la reflexión teológica que propone la Conferencia Episcopal de Colombia

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina, presenta la cuarta edición del boletín Actualidad Teológica, una propuesta de discernimiento pastoral y formación que aborda algunos de los desafíos más apremiantes del contexto contemporáneo desde la reflexión teológica y la Doctrina Social de la Iglesia.La nueva edición reúne tres artículos que desarrollan temas de especial relevancia eclesial y social: las implicaciones éticas de la inteligencia artificial, la necesidad de replantear la política desde la proximidad y la fraternidad, y el llamado de las iglesias del Sur Global a una reforma agraria integral y al desarrollo rural.Según lo indica en la presentación del boletín el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina de la CEC, estas reflexiones buscan “fortalecer el discernimiento eclesial y promover una acción pastoral que, iluminada por la fe, contribuya a la transformación de la sociedad en clave de dignidad, justicia y fraternidad”. Enfatiza su importancia para guiar "el obrar cristiano en medio de las nuevas realidades”.Inteligencia artificial: ética, libertad y dignidad humanaEl primer artículo, titulado “Inteligencia artificial y ética”, fue escrito por monseñor Germán Humberto Barbosa Mora, obispo auxiliar de Bogotá y miembro de la Comisión Episcopal de Doctrina.En el texto, el autor advierte que el avance de la inteligencia artificial está generando “un cambio de época” que transforma las formas de comprender la realidad, de tomar decisiones y de relacionarse con el entorno.La reflexión plantea interrogantes éticos sobre el creciente poder de los algoritmos y alerta sobre el riesgo de reducir la realidad humana a simples datos o correlaciones estadísticas. “No bastan valores numéricos, se requieren valores éticos”, afirma el documento al insistir en que la persona humana debe permanecer “al centro del desarrollo tecnológico”.El artículo también advierte sobre fenómenos como la desinformación, la manipulación de percepciones y la sustitución progresiva de decisiones humanas por sistemas inteligentes. En sus conclusiones, el texto plantea preguntas de fondo sobre la libertad, la responsabilidad y la condición humana ante el desarrollo tecnológico: “¿Cómo evitar transferir al poder de los algoritmos lo que quizás hay de más genuinamente humano en nosotros, es decir, la capacidad de elección?”.La proximidad como camino para reconstruir el tejido socialLa segunda reflexión del boletín, también elaborada por monseñor Barbosa Mora, lleva por título “La proximidad como modo de hacer política, a la luz de Fratelli tutti”. El texto propone una lectura de la realidad política y social colombiana desde el horizonte de la fraternidad y el reconocimiento del otro.En el contexto de las actuales tensiones políticas y sociales del país, el autor sostiene que Colombia necesita “una actitud ciudadana y de inspiración cristiana que contribuya a la reconstrucción del tejido social, profundamente lastimado por el odio, la violencia y la corrupción política”.El artículo cuestiona las dinámicas de polarización y propone superar “la distinción fragmentaria entre derecha e izquierda” cuando esta termina enfrentando a los ciudadanos e impidiendo un lenguaje común.Desde la encíclica Fratelli tutti, el texto insiste en que la política no puede reducirse a la confrontación ideológica ni al ejercicio institucional, sino que debe entenderse como una práctica cotidiana orientada al bien común, al diálogo y a la corresponsabilidad social.La reflexión dedica un amplio espacio a la necesidad de impulsar procesos educativos de largo plazo, formar en buenos hábitos y promover una “educación en la gratuidad” capaz de superar la lógica de la utilidad y del individualismo.Reforma agraria integral y justicia socialEl tercer artículo, titulado “La teología política y el llamado de las iglesias católicas del Sur Global a la reforma agraria integral y el desarrollo rural”, fue escrito por el profesor Edgar Antonio López.La reflexión analiza las profundas desigualdades sociales y ambientales que afectan especialmente a las poblaciones rurales, indígenas y afrodescendientes, y presenta el reciente pronunciamiento conjunto de iglesias católicas de África, Asia, América Latina y el Caribe sobre la necesidad de una reforma agraria integral.El texto recuerda que el mensaje presentado durante la Segunda Conferencia Internacional sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural (CIRADR+20), realizada en Cartagena en febrero de 2026, denunció que “el despojo territorial y la negación de derechos constituyen un pecado estructural que impide la paz entre las naciones y la paz con la naturaleza”.Asimismo, advierte sobre fenómenos como la expansión de la frontera extractiva, la concentración de la tierra, el desplazamiento de comunidades rurales y el deterioro ambiental. Frente a ello, el artículo reivindica la necesidad de políticas públicas orientadas al acceso justo a la tierra, la protección de los ecosistemas y la defensa de las comunidades que habitan y cuidan los territorios.Entre las afirmaciones más contundentes del artículo se destaca la nueva exigencia ética y política formulada por las iglesias del Sur Global: “la tierra para quienes la cuidan y la habitan”.Una invitación al discernimiento pastoral y socialEn conjunto, la cuarta edición de Actualidad Teológica propone una mirada integral sobre problemáticas tecnológicas, políticas, sociales y ambientales que hoy interpelan a la Iglesia y a la sociedad. De allí, que la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia inviten a explorar este subsidio y aprovecharlo como herramienta de reflexión.

Mié 6 Mayo 2026

Vicarios de pastoral en Colombia impulsan la sinodalidad desde los procesos pastorales de las Iglesias particulares

En el contexto de la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad, la Iglesia en Colombia continúa dando pasos concretos para traducir este proceso en prácticas pastorales reales, articuladas y con impacto en la vida eclesial y social.Ese camino se vio reflejado en el primer Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), que reunió en Bogotá, del 27 al 30 de abril, a representantes de 65 jurisdicciones eclesiásticas del país.Además de los sacerdotes nombrados como vicarios de pastoral o evangelización, participaron miembros de sus equipos —incluidos otros sacerdotes y laicos—, lo que permitió enriquecer la reflexión desde la diversidad de carismas y ministerios.Un espacio de comunión, escucha y discernimientoEl encuentro, liderado por el Centro Pastoral para la Evangelización y la Fe de la CEC, se vivió como un espacio de comunión, escucha y discernimiento, enmarcado en el llamado de la Iglesia a asumir la sinodalidad como un estilo permanente de ser y hacer Iglesia.Desde el inicio, favoreció el conocimiento mutuo y la vivencia de la fraternidad entre los participantes, generando un clima de confianza que hizo posible el intercambio de experiencias, desafíos y buenas prácticas entre las distintas regiones eclesiásticas del país.“El encuentro no solamente quería mostrar lo que la Iglesia ha orientado sobre el Sínodo de la Sinodalidad, sino también saber qué están haciendo ya las jurisdicciones, cómo están realizando este trabajo de implementación en Colombia”, explicó el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina.Una conversión misionera que transforma la pastoralDurante las diferentes sesiones, los participantes profundizaron en las implicaciones pastorales, espirituales e institucionales del proceso sinodal, reconociendo — en palabras del padre Arias —, que este proceso “no se trata de la simple aplicación de lineamientos, sino de una auténtica conversión misionera y sinodal”.Esta perspectiva implica comprender el proyecto pastoral como un itinerario comunitario, capaz de articular comunión, participación y misión en prácticas concretas, encarnadas en la realidad de cada territorio.“Ya no se trata de tanta teoría, sino de acciones que nos lleven también a mostrar la cercanía y la presencia de Cristo en medio de nuestras realidades y en la vida práctica”, afirmó el padre Andrés Eduardo Muñoz, vicario de pastoral y evangelización del Vicariato Apostólico de Mitú.El Vicario de Pastoral: animador del cambio y servidor de la comuniónEn este proceso, se reafirmó el papel clave de los vicarios de pastoral o evangelización, como colaboradores directos del obispo diocesano en la animación, coordinación y articulación de la acción evangelizadora.Su misión es fundamental para hacer realidad el plan pastoral en las comunidades, favoreciendo procesos que involucren a todo el Pueblo de Dios.Diversidad de experiencias, un mismo horizonte sinodalEl trabajo por regiones eclesiásticas evidenció la diversidad de contextos y enfoques pastorales, pero también un deseo compartido de avanzar hacia procesos más participativos, corresponsables y misioneros.Durante el encuentro se pusieron en diálogo experiencias como el Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE), el Proyecto de Evangelización de la Iglesia Particular (PEIP) y otros procesos propios de las diócesis, que muestran caminos concretos de implementación del Sínodo en el país.En este horizonte de renovación, inspirados en el Documento de Aparecida (texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Brasil), desde diócesis como la de El Banco (Magdalena), se ha reiterado el llamado a “pasar de esa pastoral de la conservación a la pastoral del discipulado misionero”, como lo expresó el padre Brayan Antonio Martínez Jiménez. Además, a fortalecer la unidad como fundamento del camino eclesial “bajo la guía del Espíritu Santo”, agregó el sacerdote de El Banco.Articulación, corresponsabilidad y riqueza del Pueblo de DiosEl encuentro también permitió profundizar en la relación entre la Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares, destacando la necesidad de fortalecer la comunicación, la articulación y el trabajo conjunto.Un aporte significativo fue el conocimiento de los servicios y recursos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), que abre nuevas posibilidades de acompañamiento a las jurisdicciones eclesiásticas.“Reconocer lo que significa la Conferencia Episcopal para las diócesis, que son un punto de apoyo y de referencia para nuestra acción pastoral”, señaló el padre Nelson Patiño Villa, vicario de pastoral de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.Asimismo, la reflexión se enriqueció con la perspectiva de la vida consagrada, el protagonismo del laicado y la diversidad de movimientos eclesiales, reafirmando la centralidad del Pueblo de Dios en su pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios.Un camino abierto que compromete a toda la IglesiaEl encuentro confirmó que la sinodalidad no es una meta ya alcanzada, sino un camino que el Espíritu Santo sigue abriendo a la Iglesia y que exige una actitud permanente de escucha, discernimiento y conversión.“La sinodalidad tiene que permear todos los planes de pastoral. No es una moda…sino una esencia misma de la Iglesia”, afirmó el padre Jeisson David Quintero Muriel, vicario de pastoral de la Diócesis de Ocaña.En este sentido, se reafirmó que la implementación del Sínodo debe traducirse en procesos pastorales concretos en las Iglesias particulares, integrando la riqueza de los laicos, la vida consagrada y los diversos ministerios, en una dinámica de corresponsabilidad al servicio del Reino de Dios.Proyección: caminar juntos para transformar la realidadLos participantes asumieron el compromiso de continuar este camino con esperanza y fidelidad creativa, impulsando proyectos pastorales verdaderamente sinodales, nacidos de la escucha del Pueblo de Dios y orientados a la transformación evangélica de la realidad.“No solamente nos estamos llevando como una preocupación a nivel espiritual, sino también a nivel social”, subrayó el padre Muñoz.El primero Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral en Colombia concluyó con el llamado a caminar juntos, para que la Iglesia en Colombia sea cada vez más signo e instrumento de comunión, participación y misión.Vea a continuación el informe audiovisual del encuentro:

Vie 27 Mar 2026

"Cristo camina hoy con el pueblo colombiano": el viacrucis 2026 invita a mirar el dolor del país con esperanza activa

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Departamento de Doctrina, presenta el texto para la meditación del viacrucis en esta Semana Santa 2026, una guía que, bajo el lema “Cristo camina hoy con el pueblo colombiano”, propone a las comunidades de fe contemplar la pasión de Jesús desde las realidades concretas del país, marcadas por el sufrimiento, pero también por la esperanza y la posibilidad de transformación.Este material, esperado cada año por parroquias, jurisdicciones eclesiásticas y fieles en todo el territorio nacional para la celebración del Viernes Santo, ofrece una lectura contextualizada del camino de la cruz, conectando cada estación con situaciones actuales como la violencia, la pobreza, el desplazamiento, la exclusión y la búsqueda de justicia y paz.Un viacrucis encarnado en la realidad del paísDesde su introducción, el texto plantea una clave de lectura clara: Cristo no es ajeno a la historia de Colombia, sino que camina con su pueblo, carga sus heridas y se hace presente en quienes más sufren.“Queremos descubrir hoy tu rostro en los rostros heridos de nuestro país”, propone la oración inicial, que invita a reconocer a Jesús en los pobres, en las víctimas de la violencia, en quienes resisten y esperan.A lo largo de las estaciones, esta mirada se profundiza con una lectura pastoral y social que interpela directamente la realidad nacional. En la primera estación, por ejemplo, la condena injusta de Jesús se vincula con las múltiples formas de injusticia presentes en Colombia: líderes sociales silenciados, inocentes estigmatizados y comunidades olvidadas.La cruz que Cristo carga se traduce en “violencia, pobreza, desigualdad, desplazamiento, miedo y exclusión social”, realidades que afectan especialmente a los más vulnerables.Dolor, memoria y compromisoEl texto no se limita a la contemplación del sufrimiento, sino que propone una lectura que invita al compromiso personal y comunitario. Cada estación incluye oraciones, reflexiones y compromisos concretos orientados a la conversión de las relaciones humanas, el cuidado de la dignidad y la construcción de paz.En este sentido, el viacrucis resalta la necesidad de no acostumbrarse al dolor ni a la injusticia, y de asumir una actitud activa frente a las realidades que generan sufrimiento. Así lo expresa en varias meditaciones que llaman a “no pasar de largo ante el dolor del hermano” y a transformar el lenguaje, las actitudes y las acciones cotidianas.De manera especial, el documento hace un fuerte énfasis en la memoria de las víctimas. En estaciones como la crucifixión y la muerte de Jesús, se recuerda que Cristo sigue siendo crucificado en cada vida truncada, en cada asesinato, en cada desaparecido y en cada víctima olvidada del país.Asimismo, se subraya la importancia de dignificar el dolor, generar espacios de duelo y reconocer la verdad como camino hacia la reconciliación.Una mirada a Colombia desde el EvangelioEste viacrucis 2026 propone una lectura creyente de la realidad nacional, en la que las caídas de Jesús evocan las caídas del país: procesos de paz frustrados, promesas incumplidas y heridas que no terminan de cerrar.Sin embargo, lejos de una visión fatalista, el texto insiste en la esperanza. La resurrección, última estación del camino, se presenta como una invitación a creer que la muerte no tiene la última palabra y que es posible construir un futuro distinto.“La resurrección no significa olvidar el dolor, sino creer que la injusticia no es destino”, afirma una de las reflexiones finales, que invita a trabajar por la verdad, la reconciliación y la paz incluso en medio de la adversidad.Una invitación a ser constructores de vida nuevaEl subsidio concluye con una oración que recoge el sentido de todo el itinerario espiritual: poner en manos de Dios la historia herida del país y comprometerse a ser “constructores de vida, defensores de la dignidad humana y artesanos de verdad, justicia y reconciliación”.De esta manera, la Conferencia Episcopal de Colombia ofrece no solo un subsidio litúrgico, sino una herramienta pastoral que busca iluminar la realidad nacional desde el Evangelio y movilizar a las comunidades hacia una vivencia de la fe comprometida con la transformación social.

Vie 20 Feb 2026

El ministerio sacerdotal en tiempos de sinodalidad, tema del nuevo boletín teológico de la Conferencia Episcopal de Colombia

La reflexión sobre la misión de los sacerdotes en una Iglesia que camina en comunión es el eje de la tercera edición del boletín Actualidad Teológica, publicada por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Comisión y el Departamento de Doctrina. Bajo el título ‘El presbiterio y la sinodalidad’, esta nueva entrega reúne claves teológicas y pastorales que orientaron el discernimiento de los obispos durante su más reciente Asamblea Plenaria y que ahora se ofrecen a toda la Iglesia como un aporte para comprender y fortalecer el ministerio presbiteral en el contexto actual.El boletín propone una reflexión sobre el ministerio de los presbíteros entendida como servicio a la comunión y a la misión compartida del Pueblo de Dios. En el horizonte de la sinodalidad, el sacerdote es presentado no como un actor aislado ni como un simple ejecutor de tareas pastorales, sino como colaborador del obispo y compañero de camino de las comunidades, llamado a animar la vida eclesial desde la cercanía, la escucha y la corresponsabilidad.Este subsidio de reflexión parte de una mirada a la realidad concreta de los presbíteros en Colombia, marcada por los desafíos de un contexto social cambiante y por las múltiples exigencias del ministerio pastoral. Allí se reconocen tanto la entrega generosa de muchos sacerdotes como las dificultades que enfrentan en su vida y misión, entre ellas el desgaste pastoral, la sobrecarga de responsabilidades, la necesidad de acompañamiento y los retos relacionados con la vida espiritual, la afectividad y la relación con los bienes materiales. Esta lectura busca situar la reflexión teológica en la experiencia real del presbiterio, reconociendo también las búsquedas de sentido y las esperanzas presentes en el Pueblo de Dios.A partir de este diagnóstico, el boletín desarrolla un fundamento teológico que presenta al presbiterio en el corazón de una Iglesia sinodal. Desde esta perspectiva, el ministerio sacerdotal encuentra su centro en la vida sacramental —especialmente en la Eucaristía y la Reconciliación— como fuente de comunión y como lugar desde el cual el presbítero configura su vida con Cristo y fortalece su servicio a la comunidad. La sinodalidad aparece así no solo como un método de trabajo o una forma organizativa, sino como un modo de ser Iglesia que transforma las relaciones y el ejercicio de la autoridad pastoral.El documento ofrece también orientaciones pastorales que invitan a fortalecer la vida espiritual de los sacerdotes, promover la fraternidad presbiteral, cuidar la dimensión afectiva del ministerio, vivir una relación evangélica con los bienes y asumir de manera consciente los desafíos del entorno digital. A ello se suma la necesidad de una formación permanente que acompañe a los presbíteros a lo largo de toda su vida, ayudándoles a integrar su vocación en medio de las exigencias del tiempo presente.Con esta tercera edición de Actualidad Teológica, la Conferencia Episcopal propone un insumo de formación y discernimiento dirigido no solo a los obispos y sacerdotes, sino también a formadores, agentes de pastoral y comunidades eclesiales sobre ministerio presbiteral. De tal manera que pueda aportar elementos que ayuden a seguir construyendo una Iglesia que viva la comunión, la participación y la misión como expresión concreta de su vocación sinodal.

Mar 2 Dic 2025

Conferencia Episcopal presenta la segunda edición de ‘Actualidad Teológica’ con artículos investigativos que responden a desafíos sociales y eclesiales

La Comisión de Doctrina y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia presentan la segunda edición del boletín Actualidad Teológica, una iniciativa que busca promover el diálogo entre la teología y los desafíos actuales de la sociedad.Esta entrega reúne siete artículos presentados durante el Coloquio Internacional de Estudiantes y Profesores de Teología, realizado el 22 y 23 de octubre de 2025, en la Universidad Santo Tomás de Aquino, en Bogotá, en articulación con TeoRed, la Red de Facultades de Teología del país.Cuatro de los artículos fueron escritos por docentes de distintas facultades de teología y tres por estudiantes de pregrado y posgrado de diferentes universidades del país.Dignidad de la creación y desafíos éticosEl boletín abre con el artículo Dignidad Animal en la Revelación Bíblica: Un desafío actual, escrito por Kelly Alejandra Tejada Espinosa, estudiante de la Fundación Universitaria Seminario Teológico Bautista. La autora plantea una revisión ética desde la fe frente al trato dado hoy a los animales, partiendo de la Escritura. En su texto, afirma que “la conexión bíblica con los animales provee elementos teológicos que sostienen la dignidad y el valor como criaturas de Dios”, por lo que propone avanzar hacia “un veganismo flexible como praxis en concordancia ética, sin sugerir el veganismo como fin en sí mismo sino como resultado del discipulado y la mayordomía” (gestión responsable de recursos).Complementando esta reflexión ecológica, el artículo Fe y Medioambiente: La respuesta de la Iglesia Católica desde su Doctrina Social, de Jenny Katherine Jiménez Cuesta (Universidad San Buenaventura), destaca que la Iglesia es un actor con autoridad moral en la transformación de la relación humana con el planeta. Su investigación subraya que el desarrollo del magisterio en esta materia ofrece “una acción comprometida, concertada y sostenida en el tiempo” basada en la ecología integral.Teología, cuidado y espiritualidad liberadoraEn clave social, el aporte de María Alejandra Alvarado Navarrete (docente de la Universidad Santo Tomás y de la Pontificia Universidad Javeriana), titulado Teología y salud: Desafíos para la construcción del cuidado y la consolidación de la esperanza en las mujeres que sufren, analiza la experiencia espiritual de mujeres cuidadoras de familiares dependientes de sustancias psicoactivas. El estudio revela que “la fe aparece como espacio de ambivalencia, pero también como posibilidad emancipadora”, al poder convertirse en un motor de protección y dignificación de quienes acompañan procesos de adicción en sus hogares.Diálogo interreligioso y diversidad eclesialEl sacerdote jesuita José Yamid Castiblanco, docente de la Pontificia Universidad Javeriana, presenta El documento sobre fraternidad humana: impacto y desafíos para el diálogo interreligioso, donde profundiza en el texto firmado en 2019 por el papa Francisco y el gran imán Ahmed Al-Tayeb. A su juicio, este documento es “una semilla de esperanza, un signo profético para la paz y la convivencia en un mundo plural”.En ese mismo horizonte, Estiven Valencia Marín (UTP – UCP) reflexiona sobre la pluralidad al interior y fuera de la Iglesia en Apertura ecclesiæ mundum. Allí sostiene que la diversidad de sensibilidades debe asumirse como “una apuesta de la misma Iglesia Católica para la construcción de una sociedad cada vez más justa y solidaria”.Aportes desde la historia y la cultura bíblicaEl docente Alejandro de Jesús García Durán (Unicervantes) revisa críticamente la figura de Arrio en La reivindicación de Arrio. El “mito” del archihereje creado por la ortodoxia, destacando que la imagen del teólogo alejandrino debe ser leída “de manera más serena e imparcial”, a la luz de nuevas investigaciones patrísticas que buscan situarlo en su propio contexto histórico.Cierra esta edición de Actualidad Teológica, el artículo titulado Uso de lo “bíblico” como adjetivo: hermenéutica cultural y bíblica en dos casos contemporáneos, de Fabián Rico Virgüez (profesor de la Universidad Santo Tomás y de la Uniminuto), quien analiza el uso del término “bíblico” en contextos seculares como la música y el deporte. El autor plantea la necesidad de un “desplazamiento epistemológico” para comprender cómo la cultura “reapropia y resignifica lo bíblico” sin referencia directa a la autoridad religiosa.

Mié 5 Nov 2025

Mater Populi Fides: claves para entender la nueva nota doctrinal del Vaticano sobre la Virgen María

El pasado 4 de noviembre, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó una nota doctrinal titulada Mater Populi Fides, sobre ciertos títulos marianos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación. Según el cardenal Víctor Fernández, Prefecto de este Dicasterio, el documento tiene como objetivo clarificar en qué sentido son aceptables, o no, algunos de los títulos y expresiones atribuidos a la Virgen María. Por ello, el texto busca profundizar en los fundamentos de la devoción mariana, señalando su lugar en relación con los creyentes a la luz del Misterio de Cristo, el único Mediador y Redentor.A lo largo de los siglos de la fe cristiana, la Santísima Virgen María ha sido objeto de innumerables escritos. Estos parten desde la misma Palabra de Dios, pasan por los Padres de la Iglesia, los Concilios y los Pontífices, y llegan hasta la literatura particular de autores que han ofrecido sus reflexiones o meditaciones sobre el papel de la Virgen María en la vida cristiana.En el caso de esta nota doctrinal, el Dicasterio reconoce que la devoción a María es un tesoro para la vida de la Iglesia y, por lo tanto, debe ser valorada, admirada y alentada. La maternidad de María y su relación con los creyentes constituyen el núcleo de este texto, el cual se ilumina con las Escrituras y se apoya en la rica tradición de los Padres y Doctores de la Iglesia y de los últimos Pontífices.El texto señala que algunos títulos otorgados a María, incluso aquellos que ya aparecen en los Santos Padres de la Iglesia, no siempre se utilizan con precisión, y a veces su significado puede ser alterado o malinterpretado. El problema central en la interpretación de estos títulos es cómo se entiende la asociación de María en la obra redentora de Cristo, es decir, «¿cuál es el significado de esa singular cooperación de María en el plan de la salvación?». Por consiguiente, es fundamental dejar muy clara la única mediación de Cristo y la cooperación subordinada de María en la obra de la salvación.El documento analiza títulos específicos referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación para aclarar su conveniencia o inconveniencia. Entre ellos están:CorredentoraEl texto se refiere a lo polémico que ha sido este término y cómo ha servido para malas interpretaciones sobre el papel de la Virgen María en la historia de la salvación. En el número 22, dice literalmente:"Cuando una expresión requiere muchas y constantes explicaciones, para evitar que se desvíe de un significado correcto, no presta un servicio a la fe del Pueblo de Dios y se vuelve inconveniente. En este caso, no ayuda a ensalzar a María como la primera y máxima colaboradora en la obra de la Redención y de la gracia, porque el peligro de oscurecer el lugar exclusivo de Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvación, único capaz de ofrecer al Padre un sacrificio de valor infinito, no sería un verdadero honor a la Madre. En efecto, ella, como «esclava del Señor» (Lc 1,38), nos señala a Cristo y nos pide hacer «lo que Él os diga» (Jn 2,5)."MediadoraEl documento enfatiza que Cristo es el único Mediador, citando a San Pablo: «pues Dios es uno, y único también el mediador entre Dios y los hombres: el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos» (1 Tim 2, 5-6). Sin embargo, también se reconoce la mediación de María al hacer posible la Encarnación del Hijo de Dios. En este sentido, el Concilio Vaticano II, al hablar de la mediación de María, lo hace de manera subordinada a la de Cristo (Lumen gentium, 55-62). Por eso, no se puede hablar de otra mediación en la gracia que no sea la del Hijo de Dios encarnado.Madre de los creyentesEste título reconoce la maternidad espiritual de María. El documento recuerda un texto de la exhortación apostólica Marialis Cultus (n. 22), destacando que "la participación de la Virgen María, como Madre, en la vida de su Hijo, desde la Encarnación hasta la cruz y la Resurrección, da un carácter único y singular a su cooperación en la obra redentora de Cristo, de manera especial para la Iglesia, «cuando considera la Maternidad espiritual de María para con todos los miembros del Cuerpo místico; en confiada invocación, cuando experimenta la intercesión de su Abogada y Auxiliadora”."Madre de la graciaRespecto a este título, la nota aclara que no debe entenderse en el sentido de que María posea un depósito de gracia separado de Dios. Más bien, se percibe que el Señor, en su generosa y libre omnipotencia, ha querido asociarla a la comunicación de la vida divina que brota de un único centro: el Corazón de Cristo, no de María (Lumen gentium, 8). Nuestra salvación es obra de la gracia salvadora de Cristo y de ningún otro. El texto clarifica en su número 53, en qué sentido podemos llamarla Madre de la gracia:"Ninguna persona humana, ni siquiera los apóstoles o la Santísima Virgen, puede actuar como dispensadora universal de la gracia. Solo Dios puede regalar la gracia (Summa Theologiae, I-II, q. 112, a. 1, co) y lo hace por medio de la Humanidad de Cristo (Summa Theologiae, I-II, q. 112, a. 1, ad 1), ya que «la plenitud de gracia de Cristo hombre la tiene como unigénito del Padre». Aunque la Santísima Virgen María es preeminentemente “llena de gracia” y “Madre de Dios”, ella, como nosotros, es hija adoptiva del Padre."María, por tanto, nos ayuda a disponernos para la acción de Dios y, como dice el Evangelio de San Juan, ella quiere que nosotros hagamos «lo que Él os diga» (Jn 2,5).Mediadora de todas las graciasEl texto afirma que este título tiene límites, pues no facilita la correcta comprensión del lugar único de María. Corre el peligro de ver la gracia divina como si María se convirtiera en una distribuidora de bienes o energías espirituales desconectada de nuestra relación personal con Jesucristo (n. 68). No obstante, la expresión “gracias”, referida a la materna ayuda de María en distintos momentos de la vida, puede tener un sentido aceptable, expresando todos los auxilios (incluso materiales) que el Señor puede regalarnos escuchando la intercesión de la Madre; auxilios que, a su vez, disponen los corazones para abrirse al amor de Dios. María nos ayuda a abrir nuestro corazón para recibir la gracia que el Señor nos otorga a través de su hijo Jesucristo.Madre del Pueblo fielNuestra fe cristiana reconoce que María es «la primera que “ha creído”, y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos» (Redemptoris Mater n. 46). Recordando las palabras del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de 2022, el documento alude a este título, Madre del Pueblo fiel, que camina en medio de su pueblo, movida por una ternura amorosa, y asume sus angustias y vicisitudes.De esta manera, la nota, aprobada por el Sumo Pontífice y publicada por el Dicasterio de la Doctrina de la Fe, se presenta como un documento iluminador que aclara el papel de la Santísima Virgen María en la fe de la Iglesia y despeja las dudas o confusiones que esta devoción había generado, especialmente en el seno de algunos movimientos al interior de la Iglesia, respecto al papel de María en la historia de la salvación.Artículo escrito por el Pbro. Carlos Guillermo Arias Jiménez, Director del Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia.