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Opinión

Mié 15 Jun 2022

Cuidado con la fatiga democrática

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Las grandes fallas que ha tenido el ejercicio de la política en nuestro país y que se originan en una conducción del Estado marcada, con frecuencia, por la falta de un eficiente y estable plan nacional, por la escasez de verdaderos estadistas en la clase dirigente y por el interés del lucro personal en lugar de la búsqueda del bien común, ha generado una escandalosa corrupción, una nefasta politización de las instituciones nacionales, una creciente impunidad, un desastroso recurso a la violencia y una permanente desigualdad social que golpea especialmente a las clases menos favorecidas. Por esto y por falta de una verdadera formación socio-política, algunos sectores de la ciudadanía aparecen “cansados” para ir a votar pues les parece que luego “la realidad sigue igual” y otros caen en la tentación de ver todo lo que tenemos como malo y creer que es necesario un “cambio” que debe comenzar por la demolición de cuanto hemos construido durante tantos años. Estos dos fenómenos aparecen en el irresponsable abstencionismo electoral y en las protestas y propuestas destructoras para presionar con la violencia que se acoja un determinado proyecto ideológico. La solución pasa por un verdadero compromiso ciudadano, que lleve a valorar y proteger la democracia como la posibilidad de una amplia participación de todos, a no permitir la manipulación con estrategias de proyectos planeados desde fuera del país, a escoger dentro de las posibilidades que tenemos el mejor candidato y a decidirnos a cooperar para que nuestra patria se encamine hacia lo que, finalmente, todos queremos alcanzar. Este es el camino para no caer en un fracaso, en una administración fallida, en otra cara de la corrupción y en nuevas formas de violencia que incluso se instauren en el poder. Después de estas elecciones, con cualquiera de los dos candidatos que se están presentando, Colombia no será igual. Hemos llegado a un límite que nos exige recomponer la unidad, encontrar un nuevo rumbo, asumir criterios éticos y llenarnos de fortaleza para construir juntos la nación. Si todo lo centramos en la riqueza, la tecnología, el entretenimiento y el poder, sin pensar en la dignidad humana, en una cultura de la solidaridad y en el justo y honesto aprovechamiento de los grandes recursos que tenemos en bien de todos, no saldremos nunca de un laberinto de descontento, corrupción e inequidad social. Ahora debemos votar todos; pero debemos entender que no se trata sólo de marcar el nombre de un candidato y seguir en la indiferencia, sino de asumir la responsabilidad de participar en la profunda renovación que requiere nuestra nación. Es necesario saber a dónde queremos ir para que todo no lo defina la tiranía del mercadeo, las decisiones de organismos financieros y las maniobras de la comunicación. Se requiere una madura participación política y una solidaridad activa, porque no será posible dirigir el país sin lograr el consenso en un proyecto colectivo que nos involucre a todos. Este es un momento en el que tenemos que desterrar el odio, la indolencia, la desconfianza, la impaciencia. No podemos quedarnos alimentando la furia contra la clase política, ni descalificándonos inhumanamente los unos a los otros, ni permanecer como anestesiados, ni tampoco lanzarnos desesperadamente a un abismo. Nos tenemos que unir, debemos reencontrar nuestros fines como sociedad, realizar un diálogo nacional y emprender una educación ciudadana. Hemos llegado a un punto en el que o todos estamos bien o ninguno estará bien. Pidamos la luz de Dios y votemos pensando en el bien del país que hemos venido construyendo con sufrimiento y esfuerzo. Cuidado con la fatiga democrática. Vamos todos a votar con responsabilidad y esperanza. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Lun 13 Jun 2022

¡Segunda Vuelta!

Por: Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez – El próximo domingo los colombianos nuevamente iremos a las urnas a manifestar nuestra decisión democrática. Es la segunda vuelta que se ha visto enredada, tejida de improperios, denuncias, noticias falsas, escándalos; una campaña negra, sucia, rastrera. Quizás muchos coincidan conmigo en que este tipo de contiendas electorales nunca se habían visto. Me pregunto que hay en el corazón de tantas personas desalmadas para quienes es más importante denigrar, insultar, promover pensamientos mezquinos con intenciones maquiavélicas; para aquellos que se dejan llevar por palabras salpicadas de odio, frases incendiarias y siembra de cizaña. ¿Qué nos ha ocurrido? ¿Qué le está pasando a esta sociedad? Estamos sobrepasando los límites éticos y morales, mientras cada uno busca defender su punto de vista, proclamar su verdad y presentarse incólume ante el mundo, señalando a los demás como corruptos, deshonestos y perversos. En los últimos años hemos contemplado el tipo de campañas que se han ido promoviendo en Colombia, América Latina y el mundo, con estrategias denominadas ‘políticas’, legalmente aceptadas, que se han vuelto costumbre, pero, que nada tienen que ver con la verdad, la justicia y la paz. Al contrario, son un atentado contra la paz, una burla a la verdad y una sátira a la justicia. Surgen más preguntas que respuestas: ¿Siempre ha sido así? ¿se justifica este tipo de campañas? ¿Qué beneficios personales trae consigo el denigrar del otro? ¿El fin justifica los medios? ¿Es justo devorarnos y destrozarnos? ¿En política todo se vale? No se puede pretender presentar una campaña perfecta, un candidato perfecto, un modelo de gobierno perfecto. Es de héroes reconocer los errores y superar los obstáculos, no es necesario aparentar ser sabios cuando la ignorancia ‘magna est’, mostrarnos justos cuando el corazón está dividido, revelarnos como agentes de paz cuando sembramos semillas de violencia, mostrar un rostro de tolerancia cuando no somos capaces de aceptar las diferencias, pretender ser generosos cuando nos cuesta compartir con los más pobres, decir que perdonamos cuando no somos en profundidad indulgentes. Se necesita coherencia y, desde esta columna, quisiera invitar a los candidatos y electores a serenarnos, a escucharnos y a escuchar a los otros, a pensar en el bien de la comunidad, a ir más allá de nuestros intereses, a ser sensatos reconociendo las cualidades y fortalezas de los contendores, a no tener miedo al disenso, a buscar consensos y a centrar la campaña en propuestas, en la ruta que cada candidato desea recorrer para hacer de su gobierno un sendero de paz. Ante la situación actual de post verdades, de polémicas y polarizaciones, los electores necesitamos estar más tranquilos y saber que el voto en blanco no tiene ningún efecto, por lo que es importante ‘elegir bien’, cada uno votando en conciencia, pensando en el bien común. Tomás Moro, patrono de los políticos, hombre de leyes, honesto, culto y auténtico humanista invitaba a ‘servir y a no servirse de la política’; recurría siempre al buen ejemplo como el único camino para alcanzar la transformación social y la mejor manera de poder influir en los demás. En su discurso era consciente que el gobernante, es decir, el político debe enfrentarse a tres problemas: la pasión por el poder, la corrupción y la obsesión por su imagen. Solo de esta manera se puede alcanzar la integridad de un gobernante. El Papa San Juan Pablo II decía que Tomás Moro ‘emana un mensaje de inalienable dignidad de la conciencia, de primacía de la verdad sobre el poder, de coherencia moral y de una política que tenga como fin el servicio a la persona’. En estos momentos de crisis vale la pena releer a Tomás Moro y la Carta Encíclica del Papa Francisco ‘Fratelli Tutti’, que dedica todo el capítulo quinto a reflexionar sobre ‘la mejor política’, puesta siempre al servicio del bien común. Dice el Papa: ‘pienso en una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas que permitan superar presiones e inercias viciosas’. Al llegar la segunda vuelta, no lleguemos desgastados, cansados y en medio de la zozobra, la confusión, el temor o la desconfianza; lleguemos a las urnas con una conciencia diáfana para decir ‘si’ a la democracia y asumir nuestro compromiso ciudadano con responsabilidad y dignidad. Así que todos a votar y a votar bien. + Carlos Arturo Quintero Gómez Obispo de Armenia

Mar 7 Jun 2022

Compromiso ciudadano

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - Estamos viviendo un momento electoral de gran importancia para nuestro país. Es tiempo de discernimiento, de opciones, de compromiso. Sobre todo, es una ocasión para consolidar valores democráticos y lograr que la libertad de todos se oriente al bien común. Esto, en un contexto en el que constatamos que se ha agrietado el tejido social y se ha disminuido la confianza en nuestra organización como nación. Es preocupante la falta de seguridad en las relaciones, en los liderazgos, en la política, en la empresa, en la academia, en las instituciones de la República y también en la Iglesia Católica. Llevamos tantos años tratando de superar las crisis creadas por la injusticia social, la violencia, el narcotráfico, la falta de cultura ciudadana, la ausencia de un verdadero plan nacional posible y efectivo, la presencia de tantas formas de corrupción, que pareciera que entramos en un agotamiento del modelo político o en un laberinto creado por los apetitos insaciables de dinero, de poder y de placer o en un estado de cansancio ante estructuras que limitan un proceso más rápido y eficiente para superar las graves problemáticas sociales que padecemos. Siguiendo la Doctrina de la Iglesia, vemos que a la base de muchos males está un desconocimiento de la dignidad de la persona humana, la incapacidad de representación que afecta a numerosas instituciones, la agresividad con la que nos herimos cada día, el egoísmo que impone el interés particular sobre el bienestar de todos, el abandono de Dios fuente y culmen de la vida personal y de la organización social. Todo esto afecta la convivencia, impide la misión de cada uno, arruina los logros obtenidos, retarda una respuesta a las expectativas y necesidades de la población. Ante esta realidad, se instala la ilegalidad en nuestro proceder cotidiano, cunden el descontento y el miedo, empieza a pensarse que es preciso emprender protestas violentas y avivar los conflictos. Nada más equivocado y dañino que proceder de esa manera. Esta es la hora, más bien, para un profundo análisis a nivel personal e institucional. Nos ha faltado reflexión y compromiso. Debemos reconocer que el esquema de vida planteado no ha sido respaldado por un desarrollo humano integral. Cuando nos guían el individualismo y la codicia nuestra relación laboral, urbana y mediática, termina en una guerra despiadada. Necesitamos una profunda renovación de las instituciones y de las personas. Necesitamos aplicar la ley, pero sobre todo humanizar la convivencia. Las relaciones humanas van más lejos que la imposición del derecho, sin desconocer que éste es fundamental para que la vida social se base en la justicia. La Doctrina Social de la Iglesia enseña que una auténtica democracia no es sólo el resultado de un respeto formal de las reglas, sino el fruto de la aceptación convencida de los valores que inspiran los procedimientos democráticos en orden a salvaguardar los derechos humanos y a proteger el bien común. Debemos ser conscientes que en este momento crucial nos hace mucho mal la violencia, la descalificación abusiva de los demás, el pesimismo y la indiferencia. Hoy el Espíritu nos impulsa a un diálogo social fecundo, fundado en el respeto mutuo y en la verdad que nos hace libres. Por encima de los errores y de los problemas que sufrimos, hay que mantener el respeto que merece cada persona, cuidar lo que todos hemos construido y reforzar los lazos de solidaridad entre hermanos de una misma nación. Es necesario que todos participemos y nos comprometamos en la construcción de nuestro país, con sensatez, fortaleza y esperanza. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín

Dom 5 Jun 2022

Los límites planetarios del crecimiento

Por: Fernando Chica Arellano - En 1972 –es decir, hace cincuenta años– se publicó un influyente estudio titulado “Los límites del crecimiento”. Lo encargó el Club de Roma al Massachussets Institute of Technology (MIT) y fue realizado por un equipo de investigadores liderado por Donella y Dennis Meadows. En su estela las décadas posteriores han visto la aparición de una serie de informes que, de algún modo, han contribuido a marcar los términos de la investigación científica y del debate político. Una contribución muy significativa apareció en 2009, cuando otro grupo de científicos, coordinados por el sueco Johan Rockström y el estadounidense Will Steffen, introdujeron el concepto de “límites planetarios”, identificando nueve procesos fundamentales para la estabilidad del planeta y proponiendo unos umbrales para estos procesos que, en caso de ser superados, pueden poner en peligro la habitabilidad de la tierra. Los nueve límites planetarios son la crisis climática, la acidificación de los océanos, el agujero de ozono, el ciclo del nitrógeno y fósforo, el uso del agua, la deforestación y otros cambios de uso del suelo, la pérdida de biodiversidad, la contaminación de partículas de la atmósfera y la contaminación química. El marco que proporcionan los límites planetarios es sumamente importante y, sin embargo, no es muy conocido por el gran público. Por este motivo, quiero aprovechar estos párrafos para detenerme en ellos, aprovechando la ocasión del Día del Medio Ambiente, que se celebra cada año el 5 de junio. De acuerdo con las últimas actualizaciones, cinco de los nueve procesos ya han superado los límites indicados por los científicos, poniendo en riesgo la seguridad del planeta. Los dos más alarmantes, según los datos de este modelo, se refieren a la pérdida de biodiversidad y al ciclo del nitrógeno y el fósforo. La pérdida de la biodiversidad se mide por la tasa de extinción (E/MSY, siglas en inglés de extinciones por millón de especies-años); mientras que el límite se establece en 10 E/MSY, los datos actuales superan esa cifra, multiplicándola por 10 o por 100. Además, se ha ampliado el indicador para incorporar otros cambios en la integridad de la biosfera y no solo la tasa de extinción. El ciclo del nitrógeno se refiere a los millones de toneladas de este elemento químico que, por la acción humana, se extraen de la atmósfera, mientras que el ciclo del fósforo alude a la cantidad de fósforo antropogénico depositado en los océanos. En ambos casos los datos actuales duplican los límites seguros establecidos por los científicos. El dramático caso de la masiva muerte de peces en el Mar Menor (Murcia), en los dos últimos años, parece guardar estrecha relación con este fenómeno de eutrofización y es un ejemplo concreto del impacto de este límite planetario. El segundo grupo de fenómenos –según la gravedad de los datos– está formado por la deforestación, el cambio climático y la contaminación química. En cuanto a la deforestación, solo el 62% de los bosques del planeta permanecen intactos (cuando el límite está establecido en el 75%, con un 85% para los bosques boreales y tropicales y un 50% para los bosques templados). La contaminación química ha sido renombrada como introducción de nuevas entidades, para incluir el impacto de otros materiales generados por la acción humana. Se incluyen sustancias tóxicas, plásticos, metales pesados, contaminación radioactiva o interruptores hormonales. El cambio climático, vinculado a los gases de efecto invernadero y al aumento de la temperatura global, es el límite planetario que más atención científica, mediática y política está recibiendo; su impacto es muy serio, pero debe recordarse que no es el único, ni tampoco el que peores datos presenta. En este sentido, conviene advertir que la encíclica Laudato Si’ habla, por supuesto, de cambio climático (LS 23-26), pero dedica tanta o más extensión a la contaminación (LS 20-22), al agua (LS 27-31) o a la biodiversidad (LS 32-42). Finalmente, los científicos consideran que, en estos momentos, otros cuatro procesos claves no han superado los límites planetarios (en parte porque no hay datos claros o concluyentes). Se trata del agujero de ozono, el uso del agua, la acidificación de los océanos y la contaminación de partículas de la atmósfera. Obviamente, esto no quiere decir que no debamos preocuparnos por estas importantes cuestiones, sino que los datos no son tan graves o claros como en otros casos. Además, esto muestra que no debemos caer en un escenario catastrofista y, a la vez, indica que cuando los científicos presentan datos alarmantes, conviene tomarlos en consideración, reflexionar y actuar con responsabilidad. Dicho todo esto, podemos ahora escuchar lo que el papa Francisco ha indicado respecto a estas cuestiones en la encíclica Laudato Si’. De entrada, advierte que “ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza” (LS 27). Además, señala que, “si reconocemos el valor y la fragilidad de la naturaleza, y al mismo tiempo las capacidades que el Creador nos otorgó, esto nos permite terminar hoy con el mito moderno del progreso material sin límites” (LS 78). Y concluye: “Ha llegado el momento de volver a prestar atención a la realidad con los límites que ella impone, que a su vez son la posibilidad de un desarrollo humano y social más sano y fecundo” (LS 116). Podemos terminar regresando al vínculo entre los límites planetarios y los límites del crecimiento, citando de nuevo al Obispo de Roma: “Si en algunos casos el desarrollo sostenible implicará nuevas formas de crecer, en otros casos, frente al crecimiento voraz e irresponsable que se produjo durante muchas décadas, hay que pensar también en detener un poco la marcha, en poner algunos límites racionales e incluso en volver atrás antes que sea tarde. […] Por eso ha llegado la hora de aceptar cierto decrecimiento en algunas partes del mundo aportando recursos para que se pueda crecer sanamente en otras partes” (LS 193). Son palabras que no pueden caer en el vacío. Es importante que nos interpelen y nutran nuestra oración y compromiso, de manera que no nos dejemos llevar por un dinamismo compulsivo, por elecciones nocivas y perjudiciales en términos de alimentos, consumo, desplazamientos, empleo del agua, de la energía y de tantos recursos naturales, que a menudo desperdiciamos o usamos insensatamente, dañando así nuestra relación con el medio ambiente. Tenemos una sola Tierra, como dice el lema de la presente Jornada Mundial. De ahí la necesidad de velar por ella, protegerla y salvaguardarla con hábitos limpios y ecológicos. En este sentido, son las nuevas generaciones las que están emprendiendo iniciativas audaces y atinadas, reclamando que tanto global como localmente se multipliquen gestos tangibles y medidas incisivas y certeras para que el planeta no siga deteriorándose. Al respecto, los jóvenes están decepcionados por tantas promesas incumplidas y tantas declaraciones solemnes, que luego no se ven realizadas. Al contrario, se postergan y descuidan por intereses sesgados o conveniencias partidistas. Lejos de esto, los jóvenes exigen un cambio de rumbo. En palabras del Papa, ellos “nos recuerdan que la Tierra no es un bien para estropear, sino un legado que transmitir; esperar el mañana no es un hermoso sentimiento, sino una tarea que requiere acciones concretas hoy. A ellos debemos responder con la verdad, no con palabras vacías; con hechos, no ilusiones” (Mensaje para la Jornada Mundial de oración por el cuidado de la Creación. 1 septiembre de 2019). ¡Ojalá todos pongamos de nuestra parte y les demos respuestas convincentes! Mons. Fernando Chica Arellano Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

Jue 2 Jun 2022

JUNIO: El mes de la Iglesia

Por: Mons. Dario de Jesús Monsalve Mejía - Tanto el Año Litúrgico como nuestra “semana arquidiocesana” de Cali, del 13 al 20 de junio), nos invitan a profundizar en “la verdad de La Iglesia”. El calendario de celebraciones del mes y la infaltable figura de María, invocada como Nuestra Señora de Los Remedios, Patrona de la Arquidiócesis y del Valle del Cauca, nos conducen al misterio, a la comunidad misionera y a la institución eclesial que, unida por el Espíritu Santo, continúa y extiende la misión de Cristo Jesús en todos los pueblos, tiempos y culturas. Como Iglesia Particular de Cali, avanzamos con la Iglesia Universal hacia la propuesta actual de la sinodalidad, entendiéndola, más que como mero “modelo de Iglesia”, como construcción permanente del Amor de Dios en las almas y en nuestro mundo humano. Las solemnidades litúrgicas de junio inician con el Domingo de Pentecostés (día 5). La naciente Iglesia Apostólica, la que surge con la persona misma de Jesucristo, de su cruz y resurrección, proclama el Evangelio de La Vida que rompe cadenas de muerte, de odio, de mentira, de ídolos, de pecado y de culpa. Es la fuerza del Amor de Dios al mundo, la que se vuelve anuncio, testimonio y misión. Como lo anunciaron los profetas y los sabios de Israel, como lo prometió Jesús a sus discípulos, ahora el Espíritu del Padre Dios y de su Hijo, ascendido y sentado a su derecha, es derramado sobre toda carne, toda persona y nación. La comunidad cristiana es el cuerpo visible que le transmita esta Alma Divina, con sus dones diversos y sus múltiples frutos. Dios establece su “morada” en quienes acogen la palabra y acogen a Cristo Jesus como su Salvación, su Señor y Dios, como Soberanía del Amor y Reino de Dios. El fuego de este amor divino abre la libertad humana hacia la Verdad de Dios. Él revela su ser desde su actuar, desde el amar y el Amor que nuestra libertad puede reconocer en la Creación, en la Redención de la humanidad perdida y en la restauración de la armonía entre las criaturas todas, encaminadas a la perfección del Amor. Las solemnidades de la Santísima Trinidad de Dios, de la Eucaristía en el Corpus Christi, de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, del Sagrado Corazón de Jesús, de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles, son una procesión de imágenes y realidades que contienen el misterio, la sacramentalidad, la “antropología teológica”, la ministerialidad de Cristo entre Dios y los hombres, y la doble misión evangelizadora (Pablo) y pastoral (Pedro) de la Iglesia. Toda una “síntesis festiva y litúrgica” del ser y tarea de la Iglesia, desde el ser intratrinitario de Dios, hasta el ser comunitario y social que visibiliza este “cuerpo de Cristo”, que prolonga su encarnación en la vida e historia de la humanidad. Para los creyentes católicos, la virgen María es el precioso “ícono” de la Iglesia, mujer y madre, sierva y servidora, maestra de Cristo e Intercesora de los cristianos, protectora de la humanidad. El mes de junio nos trae el “CON MARÍA” de la comunidad de los apóstoles, antes de Pentecostés, que evoca la unidad y la continuidad con la Anunciación y la Encarnación. Por ello, la actual liturgia ha puesto la memoria obligatoria de la “Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia”, el lunes siguiente a Pentecostés. También el día 16 de junio, la tradición eclesial invoca a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, antigua imagen de la ortodoxia greco rusa y del occidente católico. Y el día 26, Nuestra Señora de la Paz, patrona de países y parroquias, es también invocada en nuestro “ordo” nacional. Son títulos, muchos de ellos también litanicos, que proclaman la histórica solidaridad de María con las luchas de los creyentes y con los pueblos que se inspiran y acuden a Ella. En el marco festivo de este “mes de la Iglesia”, miremos ahora la hermosa tradición de Nuestra Señora de Los Remedios, desde los inicios de la colonización de estos territorios ancestrales. Tradición que une a la Virgen María con la fe y la vida de los más pobres y sufridos, de los indígenas y los esclavos negros fugitivos de sus amos, los llamados “cimarrones”, refugiados en las montañas y los campos, en lugares apartados o en palenques y kilombos. A la imagen de la Virgen, que indígenas y fugitivos veneraban en la escondida montaña de los indios Calimas, en las cañadas cordilleranas de El Queremal, en la cascada que denominaron “el manto de la Virgen”, le pusieron el nombre cariñoso de “la montañerita cimarrona”, cuyo niño Jesús, cargado con su brazo izquierdo, llevaba la tradicional y silvestre fruta del chontaduro en su manita. Más tarde, trasladada a Cali por el frayle mercedario Miguel de Soto, quedó con el nombre español de “Los Remedios”, porque sus devotos la invocaban en las pestes y Ella les obtenía alivio del Cielo. Así se unieron la devoción inicial de aborígenes, afro descendientes y campesinos con la de los citadinos caleños. E instalada en Cali en el año de 1580, en el templo de Las Mercedes, aquella misteriosa talla de piedra de pedernal, labrada sobre la roca de la cascada, fue declarada Patrona de la sede diocesana de Cali y, posteriormente, de la actual arquidiócesis metropolitana del Valle del Cauca. La Semana Arquidiocesana, del 13 al 20 de junio, efectuada ya por varios años, concluye con el aniversario de la elevación de Cali como sede arzobispal, el 20 de junio de 1964, mediante la Bula “Quamquam Christi” de San Paulo VI, y la dedicación pontificia a Nuestra Señora de Los Remedios. ¿Cómo hacer la celebración en este año 2022? Sigamos el derrotero que nos trace la Vicaria de Evangelización y Pastoral. Incluyamos en ella los signos y gestos que den continuidad a nuestro “sensus ecclesiae” (sentido y sentir de Iglesia), a nuestro “sensus fidei y consensus fidelium” (sentido de fe y consenso de los fieles), de modo que el Amor a Jesús sea inseparable del Amor a María. Que cada párroco con su Asamblea de servidores, con sus fieles, tengan en esta ocasión y una vez más, la disponibilidad y el entusiasmo para testimoniar la devoción y veneración a la advocación patronal de Los Remedios. Que sea ocasión para orar juntos por nuestra Iglesia diocesana. Una procesión o peregrinación, con la imagen o pendón de nuestra Patrona, hacia el templo mariano más cercano, con el Santo Rosario y la Santa Misa por nuestra Arquidiócesis, darían ese toque de familia, de “caminar juntos”, de Pueblo de Dios. “De dos en dos”, como en el envío misionero, o “dónde dos o más se reúnan en mi nombre”, como en la promesa de JESÚS EN MEDIO, nuestras feligresías y sus pastores se unan para hacer el signo de Iglesia Particular. La oración CON MARÍA nos haga fuertes como Ella en la fe, el amor y la esperanza, especialmente en el “socorro y remedio” a los que sufren y padecen enfermedad u opresión. Los bendigo con pastoral afecto. + Dario de Jesús Monsalve Mejía Arzobispo de Cali

Dom 29 Mayo 2022

¡Bienvenida Democracia!

Por: Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez - Hoy es el día de la democracia, de las decisiones. Los colombianos podemos ir a las urnas a expresar nuestra opinión, votando en conciencia, sin imposiciones ni presiones, pensando en el bien común. Bienvenida democracia, la voz del pueblo se oirá en todos los confines de Colombia como una plegaria de reconciliación; será como un poema a la libertad, una canción a la verdad, una obra de arte para dirigir los pueblos, una melodía de paz, una sinfonía a la justicia, una conquista de la fraternidad. Bienvenida democracia, te queremos sin ropajes de colores, vestida del color de la bondad, ceñida con el cinturón de la caridad, revestida con la túnica de la esperanza, cubierta con el velo de la honestidad. Bienvenida democracia, para muchos una utopía, para otros, falsedad, para los ciudadanos convencidos, el camino a la libertad, la justicia y la paz. Te queremos democracia, sin maquillaje, sin doblez, sin demagogia, sin pesimismo, sin vanaglorias humanas, sin esclavitudes ni discriminaciones, sin exclusiones ni arrogancia. Bienvenida democracia, te aceptamos con las cicatrices que recuerdan las diferencias, las heridas del pasado, la violencia, la pobreza y la desigualdad; bienvenida democracia con la pulcritud que te debe caracterizar, con la transparencia que te ha de embellecer; no dejaremos que se empañe tu esbeltez con las impurezas de la corrupción, la presión de los politiqueros y la desfachatez de los embaucadores. Bienvenida democracia, en la que la libertad de los seres humanos se manifiesta en el respeto por la vida, la tolerancia como aceptación de las diferencias, el entusiasmo por la inversión en la justicia social, la valentía para combatir la delincuencia, el dinamismo para generar bienestar, la creatividad para solucionar los conflictos y las divisiones sociales, la inspiración para garantizar los derechos de los ciudadanos, la confianza para generar consensos y procesos de convivencia pacífica, la perseverancia para luchar contra los grupos al margen de la ley y aquellos que intentan imponer su yugo, la capacidad para promover y aceptar la ley. Bienvenida democracia, con el ímpetu de ser la señora de la casa, que ordena las cosas, que dispone las normas y leyes al servicio de los ciudadanos, que ondea la bandera de las libertades, que se preocupa por la educación y el bienestar, que forma en los valores, que promueve la ciencia, el arte, el deporte, el civismo, la cultura y la academia. La señora de la casa que no le teme al disenso, que busca consensos y que se abre al debate, que armoniza relaciones y no teme al compromiso. La señora de la casa que incentiva el cumplimiento de los deberes y privilegia el respeto de los derechos, que estimula la calidad de vida y simpatiza con la verdad, que se niega a anquilosarse o a dejarse mancillar por la esclavitud y la opresión. Bienvenida democracia, señora de la casa, que escucha la voz del pueblo, que anima a hombres y mujeres a formarse en la sana política con la posibilidad de elegir y ser elegidos, que se quiebra ante la politiquería y se debilita ante la terquedad de quienes la sienten y la ven obsoleta, en desuso o envejecida. Usted es la señora de la casa, bien vestida y arreglada con las joyas de la corona de la paz. Muchos soñamos con un país armonioso, que sea habitable, en el que todos nos sintamos sujetos de derechos y deberes y, ese país, que llamamos ‘Colombia’, necesita de ti, de mí, de todos, para que, en medio del dolor y la alegría, la violencia y la indulgencia, la pobreza y la bonanza, la guerra y la paz, el odio y la indulgencia, el bien germine ya, la luz sea invencible y salgamos victoriosos construyendo una hermandad. En esta Colombia que grita exultante de alegría, la fe es nuestro sello y Dios nuestro Baluarte, que nos llama a apreciar la belleza de la vida misma y a cuidar juntos nuestra casa común. Bienvenida democracia. + Carlos Arturo Quintero Gómez Obispo de Armenia

Sáb 28 Mayo 2022

Elegir lo mejor para todos

De nuevo los colombianos son llamados a las urnas, en esta ocasión, para dar inicio a la elección de quién será el nuevo Presidente de la República. Por los siguientes cuatro años. Esto ya es un dato positivo y que hay que valorar: la democracia colombiana, pese a todo lo que se diga, sigue rodando ordenadamente y dando a los ciudadanos la oportunidad de elegir a los candidatos y candidatas de su preferencia. Esto no se puede afirmar de todas las naciones, incluyendo algunos países de la región. La vieja democracia de Colombia, ajada y maltrecha, sigue siendo la atmósfera de la vida política del país y este es un valor que ha crecido a lo largo de la vida republicana y que hay que cuidar como un bien precioso. ¿A quién elegir? ¿Por quién votar? La Iglesia, a través de la Conferencia Episcopal de Colombia, como lo viene haciendo hace ya muchos años, invita, en primer lugar, a que todos los ciudadanos ejerzan efectivamente el derecho al voto. Es la mejor herramienta para hacerse partícipes del destino político de su propia patria. Invita a hacerlo libre y conscientemente. Propone que el criterio para escoger sea el de mirar quién está más y realmente interesado por el bien común de la sociedad, de todas las personas. Y, también, quién tiene una especial atención y preocupación por la población más pobre y más vulnerable. La Iglesia, por supuesto, no va a sugerir ningún nombre en concreto, porque esa no es su misión. Trata de ayudar a iluminar las conciencias para que cada persona tome decisiones con la mejor información y criterios posibles. A algunas personas les impresiona la pugnacidad de la contienda electoral. Así ha sido. Pero esto también es signo de una democracia vigorosa que deja campo amplio para el debate, para la crítica, incluso contra el actual gobierno y contra el Estado, sin que ello genere consecuencias negativas o de represión para nadie. Es nuestra democracia un sistema que, aunque imperfecto, da amplia cabida a la libertad de expresión, de prensa, de opinión. La democracia colombiana ha soportado embestidas fuertes de los violentos, de organizaciones nacionales e internacionales interesadas en desprestigiarla, de gobiernos no democráticos, quizás de todo el mundo, y, sin embargo, se ha sostenido, básicamente porque los colombianos están lejos de querer perder su libertad en cualquier sentido. A pesar de todos sus defectos, este sistema de elección popular de los dignatarios del Estado a nivel local y nacional, sigue siendo el preferido en Colombia. Entonces, desde la Iglesia se invita a todos los ciudadanos a hacer uso efectivo de la democracia y en forma masiva. No se debe olvidar, por ejemplo, que en buena medida la desmovilización de las Farc obedeció a una creciente presión ciudadana contra la violencia. Cuando un pueblo se moviliza y lo hace libre y pacíficamente, es difícil que algo lo pueda detener. No hay que dejar que espíritus violentos o autoritarios, muchos menos maquinarias criminales, se tomen por asalto la vida colombiana y para eso, de nuevo insistimos, la mejor herramienta no es las armas, es el voto. Y, como en el pasodoble, “ni se compra ni se vende”. Ojalá Colombia viva una fiesta democrática en la jornada del 29 de mayo de 2022 y que el o los ganadores tengan como valor supremo el bien común de toda la sociedad, no solo de un partido, una clase, un sector. 50 millones de colombianos tienen derecho a ser libres y a ir mejorando sus condiciones de vida en un entorno democrático, seguro y equitativo. Fuente: Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones - El Catolicismo

Vie 27 Mayo 2022

La vida política de la sociedad

Por: Mons. Ricardo Tobón Restrepo - En este momento, cuando nos disponemos a elegir un nuevo Presidente para Colombia, es preciso que iluminados por la doctrina social de la Iglesia seamos conscientes y responsables de cuanto nos corresponde hacer. Urge que miremos en su conjunto la sociedad y tengamos conceptos claros. Debemos comprender, en primer lugar, que la organización jurídica y política de la vida en la sociedad es una necesidad, por cuanto es una exigencia ética que deriva de la misma naturaleza humana. Esto implica la integración de los grupos, instituciones y asociaciones que los ciudadanos constituyen libremente para el desarrollo de su vida personal y comunitaria dentro de una regulación jurídica y política que se edifique sobre el principio inviolable de la dignidad humana, como fundamento y fin de toda forma de convivencia, que reconozca y garantice el ejercicio libre de los derechos y deberes de la persona y que sirva a la promoción del bien común. Esta organización política de la sociedad requiere un pueblo consciente de su libertad, que defiende siempre su derecho a decidir cómo quiere ser gobernado y quién quiere que lo gobierne; comporta también una autoridad política legítimamente constituida que debe guiarse por la forma de mando institucionalizada en el Estado; pide un orden jurídico justo, estable y público que garantice los derechos y deberes fundamentales de todos; exige un sistema de relaciones entre gobernantes y gobernados marcado por la responsabilidad y la confianza. A este respecto la doctrina social católica enseña que Dios es el origen del poder, porque es el creador del hombre y del mundo. Los gobernados eligen a sus gobernantes, pero no les transfieren la titularidad del poder; por eso, éste es siempre revocable. La corrupción del derecho de mando degenera en tiranía, lo que legitima el derecho de resistencia. Las leyes positivas no pueden sustentarse en la mera voluntad de los legisladores, en proyectos ideológicos o de gobierno, ni en la parte mayoritaria de la sociedad. El derecho natural es el fundamento pre-político sobre el que debe sustentarse el derecho. La doctrina de la Iglesia valora el régimen democrático como modelo de organización política que garantiza la participación, se opone al monopolio del poder y es un ideal de libertad y madurez moral que pone en su centro la defensa y garantía de la persona, de sus derechos y libertades. La democracia no puede reducirse a la regla de la mayoría, debe asentarse en un Estado de derecho que garantice la división funcional del poder, que instaure la autoridad de la ley, que someta y fiscalice al poder político. Por consiguiente, es preciso oponerse, por ser contrarios a la dignidad y libertad del ser humano, a los regímenes dictatoriales con voluntad de permanencia, a la institucionalización de formas políticas basadas en la excepcionalidad, la represión y la violencia. Son causa de graves problemas en la organización política: la acción política como actividad orientada a la satisfacción de intereses particulares, las diversas formas de monopolio de poder, los caudillismos que piden adhesión incondicional y la intromisión del poder en la esfera de las libertades fundamentales de las personas. Algunos medios con los que se puede afrontar los desafíos que plantea la adecuada organización política de la sociedad son estos: educar en la consideración de la dignidad de toda persona; lograr que la familia, la escuela y las diversas instituciones civiles y religiosas formen la conciencia ciudadana; promover el respeto a los valores y a los logros culturales y sociales de la nación; defender el derecho a la libertad religiosa y de conciencia; construir instituciones políticas y sociales que se relacionen desde los principios de subsidiariedad y responsabilidad. + Ricardo Tobón Restrepo Arzobispo de Medellín