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Lectio Dominical

Mar 6 Oct 2020

“La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie"

VIGÉSIMOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO[1] 11 de octubre Primera lectura: Is 25,6-10a Salmo: 23(22),1-3a.3b-4.5.6 (R. cf. 5a) Segunda lectura: Flp 4,12-14.19-20 Evangelio: Mt 22,1-14 I. Orientaciones para la Predicación Introducción • Todos estamos invitados a participar del gran banquete que Dios ha preparado para todas las naciones. • La salvación es para toda la humanidad. • Para participar de ese gran banquete es necesario tener el traje adecuado, es decir, estar en comunión con el Señor. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El profeta Isaías describe de modo simbólico un gran banquete que se realiza sobre la montaña de Sion, por lo que todo el universo es invitado a participar de este festín que se ofrece de modo gratuito. Los grandes banquetes se celebraban con un motivo muy especial, por lo que la gran ocasión que menciona Isaías es la salvación que Dios ofrece a todos los pueblos y naciones, por ello, se habla de exceso de comidas y manjares para que todos queden saciados, mostrando con ello que Dios nos otorga sus dones en abundancia. El banquete se realiza sobre la montaña para mostrar que es el lugar del encuentro con Dios y destacar la trascendencia, ya que Dios es quien ofrece el banquete e invita a todos a participar de la mesa de la salvación. El profeta anuncia que habrá abundancia de vinos, lo que significa dos cosas: por un lado, la alegría y, por otro, la llegada de los tiempos mesiánicos; por lo que todo se presenta en ambiente de fiesta, se elimina la tristeza y el dolor, y solamente quienes participen del festín podrán superar el duelo y las lágrimas. El llamado a la participación en el banquete, que presenta el Evangelio, es para todos, aunque inicialmente sea dirigido a un grupo particular, en un segundo momento, se extiende a todos los que se encuentran en los cruces de los caminos. Es decir, en primer lugar, la llamada se dirigió al pueblo judío y debido al rechazo de la invitación, se hace un segundo llamado para todos los pueblos y así se manifiesta la universalidad de la salvación. El texto del Evangelio está presentado en clave de alianza y por eso, se habla de las bodas del hijo del rey en la que Dios hace alianza con su pueblo, pero respeta la aceptación o el rechazo de parte de todos, ya que la salvación se ofrece, pero no se impone a nadie, pues Dios siempre respeta la libertad del hombre y una muestra de esto, es el rechazo que se hace del primer llamado y la buena voluntad de participar en el banquete de los segundos invitados. El vestido juega un papel importante en la parábola, ya que es condición indispensable que los invitados lo tengan puesto para participar en el banquete. Tiene muchos significados, entre ellos que se resalta la dignidad de la persona, la gracia y la fe. Pero aquí lo tomamos como símbolo de la comunión, ya que estar todos vestidos del modo adecuado representa la unidad en medio de la diversidad de los invitados y se asemeja a la comunión para poder participar dignamente del banquete. La comunión con Cristo es necesaria para poder recibir la salvación que nos ofrece, en este sentido se aplica la invitación de San Pablo a revestirse de Cristo (Gal. 3, 26-27). Así se deja el hombre viejo y nos revestimos del hombre nuevo por medio del sacramento del bautismo. Tener el traje adecuado indica la disponibilidad para la participación en el banquete que el Señor nos ofrece. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Dios prepara un banquete para sus hijos, pero para participar de él nos pide tener algunas disposiciones que son necesarias: • Entrar en contacto con él y aceptar su invitación genera un ambiente de familiaridad y cercanía, ya que Dios siempre se nos adelanta y dispone todo para que sintamos que es un Padre bueno que cuida de sus hijos y busca su salvación. • Una alegría desbordante, pues la salvación es motivo de gozo. La abundancia del vino en la Biblia indica la llegada de los tiempos mesiánicos que cambia la tristeza en alegría y el llanto lo transforma en gozo, ya que la intervención de Dios siempre se da en favor del hombre. • Vestir el traje adecuado para participar del banquete es la condición para estar en comunión con el anfitrión de la fiesta. Dios nos pide estar en armonía con él, pues la salvación es una oferta que se le hace al hombre y depende de su disponibilidad acogerla o rechazarla. El hombre manifiesta la comunión con Dios en la disposición interior para acoger los dones que se le ofrecen. La invitación del Señor es para todos, ya que no excluye a nadie. Así nos lo recuerda el mismo Papa Francisco: “La bondad de Dios no tiene fronteras y no discrimina a nadie: por eso el banquete de los dones del Señor es universal, para todos. A todos se les da la posibilidad de responder a su invitación, a su llamada; nadie tiene el derecho de sentirse privilegiado o exigir una exclusiva. Todo esto nos induce a vencer la costumbre de situarnos cómodamente en el centro, como hacían los jefes de los sacerdotes y los fariseos. Esto no se debe hacer; debemos abrirnos a las periferias, reconociendo que también quien está al margen, incluso ese que es rechazado y despreciado por la sociedad es objeto de la generosidad de Dios. Todos estamos llamados a no reducir el Reino de Dios a las fronteras de la «iglesita» —nuestra «pequeña iglesita»— sino a dilatar la Iglesia a las dimensiones del Reino de Dios. Solamente hay una condición: vestir el traje de bodas, es decir, testimoniar la caridad hacia Dios y el prójimo” (SS. Francisco - Angelus, octubre 12 de 2014). Vivamos con alegría esta celebración dominical y como familia congregados en torno al banquete de la Palabra y la eucaristía, participemos de la fiesta que el Señor ha preparado para todos. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor, danos disponibilidad para acoger la invitación que nos hace y ser partícipes de su banquete; alegría, para contagiar del gozo de sentirnos salvados por el Señor; fidelidad para mantenernos en comunión con el Señor y llevar con dignidad el vestido de la gracia bautismal. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Con gozo en el corazón nos acercamos al banquete que el Señor ha preparado para nosotros en este día de fiesta, por eso nos reunimos en torno al altar para presentar nuestra vida y el fruto de nuestro trabajo diario, con el deseo de permanecer unidos a Cristo que hoy se nos ofrece como alimento único y verdadero. Dispongámonos a participemos con fe en esta celebración. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos recuerda que Dios nos prepara un banquete y espera a que le respondamos con generosidad mediante nuestra participación y el uso del traje adecuado para la fiesta. El apóstol Pablo nos recuerda que el cristiano no está solo frente a las dificultades, pues todo es posible en Cristo que nos fortalece. Escuchemos con fe y alegría la Palabra de Dios. Oración Universal o de los Fieles Presidente: A Dios Padre de bondad, elevemos nuestras suplicas unidos a la oración de toda la Iglesia. Digamos con fe: R. Dios de amor, escúchanos 1. Para que la Iglesia se renueve constantemente a la luz del Evangelio y consolide nuevos vínculos de unidad entre los pueblos. Oremos 2. Para que los gobernantes encuentren caminos que busquen fomentar la fraternidad, la justicia y la reconciliación entre los miembros de sus comunidades. Oremos 3. Para que la familia como Iglesia doméstica crezca en el amor, el diálogo y el respeto. Oremos 4. Para que los enfermos y quienes padecen en el cuerpo o en el espíritu se fortalezcan en la fe y reciban paz y consuelo en sus dificultades. Oremos 5. Para que nuestra comunidad cristiana se revista de la fuerza del Espíritu y participe con dignidad del banquete de la mesa del Señor. Oremos En un momento de silencio presentemos nuestras intenciones personales. Oración conclusiva Padre bueno y misericordioso acoge favorable las súplicas que te dirigimos con fe y esperanza Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén. [1] Elaborado por el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) y Coordinado por el Dpto. de Liturgia. (2020). Predicación Orante de la Palabra, II. Santísima Trinidad a Cristo Rey, Ciclo A.[1] Elaborado por el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) y Coordinado por el Dpto. de Liturgia. (2020). Predicación Orante de la Palabra, II. Santísima Trinidad a Cristo Rey, Ciclo A.

Mar 29 Sep 2020

Él hará que la piedra desechada se convierta entonces en piedra angular

VIGÉSIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 4 de octubre Primera lectura: Is 5,1-7 Salmo: 80(79),9+12.13-14.15-16.19-20 (R. cf. 15c) Segunda lectura: Flp 4,6-9 Evangelio: Mt 21,33-43 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Este domingo nos ofrece unas lecturas que nos pueden hacer reflexionar sobre tres temáticas, las cuales pueden complementarse, la una con la otra: • Por una parte, el profeta Isaías, narra una parábola sobra la viña del Señor, la viña del Señor es el pueblo de Israel; en la misma línea temática, se articulan las estrofas del salmo 80(79). • La segunda lectura de la carta del apóstol a los filipenses, viene educando a la comunidad y les brinda unos consejos finales, que tienen que ver con la oración a Dios, una oración de súplica y acción de gracias que se hace agradable a Dios. • El Evangelio de Mateo, presenta la parábola de los viñadores homicidas, que no reconocen a los administradores de la viña, y asesinan al hijo del dueño de la viña, para apropiarse de ella. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Se evidencia una línea temática que traspasa la primera lectura del profeta Isaías, el salmo 80 (79) y el Evangelio del Señor. Así, de esta manera los tres temas propuestos inicialmente, pueden complementarse ampliamente, adoptando un único tema a desarrollar que es la Viña del Señor, tratando de señalar las complementariedades y ampliaciones de significado que da el Evangelio. El profeta Isaías muestra que Dios es el viñador, el dueño de la viña, que prepara de manera cuidadosa y hasta amorosa el terreno para quienes han de dar fruto en esa viña. Se presenta una comparación entre la viña que el dueño preparó para que diese uvas con la calidad de la cepa, y en cambio dio agraces, es decir, un fruto agrio, zarzas y espinos. La consecuencia es que este terreno se convierte en desierto, un lugar donde no se puede sembrar nada. El siguiente elemento importante para destacar, es la viña, símbolo del pueblo de Israel, a quién Dios, desde la salida de Egipto donde se encontraba esclavo, fue liberado (salmo 80), y le va preparando un terreno, una tierra prometida, para que alcanzase su liberación y diese frutos de justicia y honradez; sin embargo, lo que ha producido son asesinatos y desolación en el territorio. El evangelista San Mateo desde el capítulo 19, viene desarrollando la narrativa de cómo será la próxima venida del Reino de los cielos; por ello, pone en labios de Jesús, esta parábola de los viñadores homicidas, situando el énfasis, no tanto en el terreno que representa al pueblo de Israel que da frutos agrios como lo muestra Isaías, sino en la manera cómo el pueblo creyéndose dueño de la viña, asesina a los administradores de la viña, focalizándolo en la muerte del Hijo del dueño de la viña. La consecuencia es que Dios, dueño de la viña, arrancará ese pueblo, y arrendará su viña a un pueblo que le produzca frutos; y centra la atención en una figura arquitectónica de la piedra angular que es desechada, mostrando que es a Jesús, el Hijo de Dios, a quien desechan, e identificando los viñadores homicidas con los sacerdotes, fariseos y, en general, con el pueblo judío que rechaza al mismo Hijo de Dios. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Una primera aproximación que se puede hacer de estos textos, puede partir de identificar la viña del Señor, como la tierra entera e identificarla con el cuidado de la casa común, teniendo en cuenta que la humanidad, si no administra rectamente, cuida y protege la tierra que el Señor le dio, las consecuencias son irreversibles, evidenciando cómo la tierra se va arideciendo, a causa de la explotación minera, extracción de hidrocarburos, contaminación y explotación de los recursos naturales de manera indiscriminada, que no permite que haya cultivos; las consecuencias son desastrosas para la misma humanidad que no cuida y administra rectamente la viña del Señor que le ha dado a administrar. También, se puede aplicar esta parábola de la viña, al pueblo de Israel, pero a todos los pueblos, a quienes Dios se les ha manifestado, y que progresivamente se van secularizando, desconociendo al mismo Dios, Padre y Creador. El ser humano que se va ensoberbeciendo y creyéndose hasta dios sin Dios, se cree el dueño de toda la creación, y dispone irresponsablemente los recursos para su propio beneficio de manera egoísta, sin pensar en las consecuencias. El ser humano que desconoce la obra de Dios en su vida, se aleja progresivamente, y se vuelve un asesino, cometiendo injusticias, arideciendo su vida y no permitiendo que el fruto del Reino crezca ni madure en él. El Evangelio da un paso más en la interpretación de la parábola de los viñadores homicidas e identifica de manera significativa, los administradores que han ido preparando el camino para que reconozcan al Hijo del Dueño de la Viña. Son los innumerables profetas, sacerdotes, misioneros, religiosos, religiosas, consagrados, que administran los bienes del señor, sin creerse dueños, pero que, por su justicia y honradez, les viene como consecuencia la persecución, el rechazo y hasta los asesinatos de muchos de ellos. El texto muestra de manera magistral cómo el Hijo del Dueño de la viña, Jesucristo, es rechazado, expulsado y asesinado por el mismo pueblo; a Él Dios lo resucita, rescatando y haciendo un nuevo pueblo que lo sirva en justicia y santidad. La Parábola de los viñadores homicidas, muestra un tema que brinda significación amplia; y es la manifestación de Dios no solo al pueblo escogido Israel, sino que brinda la universalidad de la salvación para todos los seres humanos de buena voluntad, que, trascendiendo las razas, nacionalidades, culturas, e incluso religiones crean en el Hijo de Dios, Jesucristo. Él es la piedra angular desechada por los arquitectos. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? La Palabra de Dios este domingo nos sitúa en una serie de interrogantes que nos empujan a identificar en qué lugar me ubico. ¿Qué clase de terreno soy? ¿soy de la viña que produce frutos, en abundancia para la mayor gloria de Dios o por el contrario soy terreno árido, baldío, en el cual la Palabra de Dios no ha renacido y no da futo, o da frutos agrios de maldad que no ayudan a la construcción del Reino de Dios? Por otra parte, la parábola de los viñadores homicidas, me interroga si soy de esos viñadores que asesinan la palabra, que critican a los profetas que preparan el camino del Señor; o soy de los profetas, que siembran la palabra, permanecen fieles y justos, a pesar de las contradicciones y persecuciones que se produzcan por el hecho de creer en Jesucristo, y tratar de llevar una vida coherente con el Evangelio. Finalmente, en relación con la misión y configuración, el Evangelio interroga: ¿cómo es mi relación con Jesucristo, lo acepto, lo glorifico en mi vida, o lo crucifico, lo rechazo, no es la piedra angular que rige mi vida y mis actos?; o ¿soy el administrador fiel y justo que busca anunciar su palabra y permanece fiel a pesar de las críticas y consecuencias que se deriven de su seguimiento? II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos y hermanas bienvenidos a la Eucaristía dominical, donde como pueblo creyente en Dios, nos comprometemos a construir su Reino, dando frutos de amor, paz, y justicia para toda la humanidad, y en donde la Palabra y el Cuerpo de Cristo nos nutren y nos fortalecen para ser un pueblo santo que tiene como meta el reino y como mandato la ley del amor. Participemos con alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra El banquete de la Palabra nos presenta a Jesucristo como la piedra angular sobre la cual debemos edificar toda nuestra vida. Seamos administradores fieles y solícitos que hacen la voluntad de Dios escuchando y poniendo en práctica su Palabra. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: El Dios, dueño de la viña, nos ha puesto como administradores, dirijamos humildemente nuestras plegarias aclamando: R. Dueño de la viña, escucha nuestra oración 1. Por el Papa, los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos; para que como administradores de la heredad que el Señor ha puesto en nuestras manos produzcamos frutos de justicia y santidad. Roguemos al Señor. 2. Por los presidentes, gobernadores, alcaldes y administradores públicos; para que sepan orientar los recursos de manera honrada, hacia la protección del medio ambiente y el cuidado de la creación. Roguemos al Señor. 3. Por los niños y jóvenes, para que les enseñemos a administrar rectamente sus vidas y orientar sus decisiones hacia el bienestar común, y así puedan dar frutos abundantes de paz, amor y reconciliación para todos. Roguemos al señor. 4. Por las vocaciones a la vida religiosa, sacerdotal y matrimonial, para que en el ejercicio del discernimiento puedan dar frutos abundantes para la mayor gloria del Reino de Dios. Roguemos al Señor. 5. Por los cristianos perseguidos para que, siendo fieles en medio de las persecuciones, el Señor les de fuerza en la tribulación y perseverancia en el bien obrar. Roguemos al señor. 6. Por todos los que han muerto víctimas de las persecuciones: sacerdotes, religiosas, consagrados y fieles laicos, para que el Señor los premie con la palma de la vida eterna. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Atiende benigno Señor estas súplicas, que te presentamos con fe. Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén

Mar 22 Sep 2020

“Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera”

VIGÉSIMOSEXTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 27 de septiembre Primera lectura: Ez 18,25-28 Salmo: 25(24),4-5ab.6-7. 8-9 (R. cf. 6a) Segunda lectura: Flp 2,1-11 Evangelio: Mt 21,28-32 I. Orientaciones para la Predicación Introducción En esta reflexión la Palabra de Dios puede abordarse desde tres puntos de vista: • La justicia de Dios y la justicia humana. El profeta Exequiel expone el principio de justicia que existía entre los judíos, que juzgan de injusto ante lo que les manda Dios. Este principio de justicia se muestra en el Evangelio de Mateo mediante el ejemplo de los hijos que son encomendados a realizar una tarea por su padre. • El Señor, Camino, Verdad y vida. El salmista 25(24), ora al Señor, para que rija sus caminos, para que lo instruya rectamente, para que le enseñe la verdad. Es el sendero de quien sigue al Señor. • El ejemplo de Jesús de humildad y unidad con la Encarnación. La carta del apóstol San Pablo a los filipenses, manifiesta la ejemplaridad de Jesús, que siendo Dios se humilló para salvar a la humanidad; a partir de este testimonio paradigmático, el Apóstol invita a la comunidad y todo oyente de la Palabra a que incorpore en su vida los mismos sentimientos de humildad que vivió Jesucristo. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Se desea hacer una aproximación al primer punto propuesto sobre la justicia de Dios y la justicia humana. El profeta Ezequiel muestra en el capítulo 18 un proverbio que se había vuelto común para juzgar a las personas: “los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera” (Ezequiel 18, 2). En otras palabras, que los hijos sufren las consecuencias del pecado de sus padres. El Profeta Ezequiel en su tiempo supera el adagio, diciendo que cada persona asume la responsabilidad de sus actos; es decir, los hijos no cargarán con las consecuencias de los errores que hayan cometido sus padres o su generación. Sin embargo, la comprensión de la justicia de Dios, no es comprendida por los seres humanos, y atañen que el proceder de Dios es injusto. El texto avanza en un paso más, y es que si alguien que ha llevado una vida disoluta y se convierte se salvará; también, al contrario, quien ha sido bueno y no persevera hasta el final se condenará. La perícopa del Evangelio según San Mateo 21, 28-32 pone en labios de Jesús una sencilla parábola que ejemplariza y da plenitud al proverbio y muestra el proceder justo de Dios Padre para con sus hijos. El hijo que en un principio dice obedecer el mandato de su Padre de manera inmediata, al final no hace la voluntad del Padre; al contrario, el hijo que en un principio expresa no obedecer a su Padre, al final se arrepiente y cumple la voluntad de su Padre. Las consecuencias se desencadenan en una aparente ley de contrarios, porque quien dice si y luego dice no, se condena; en cambio, quien dice no y al final se arrepiente y dice sí, se salva. Es más, el Evangelio concluye con una caracterizaron de estas personas, que debió escandalizar a los judíos piadosos, y que sigue escandalizando a los creyentes de hoy; puesto que no se trata de un juicio genérico de personas, sino que nombra unas categorías de personas que llevan una vida disoluta: publicanos y rameras, pero que al escuchar la palabra de Dios, creen, se convierten, se arrepienten, cambian de conducta y se salvan; mientras que quienes se tienen por justos y creyentes, ni viendo a Jesús creen ni se arrepienten. Llama la atención que el texto no habla de condena, si no, que las prostitutas y publicanos llegan antes al Reino de Dios. Todavía hay un elemento más que presenta el texto que da pie a un profundo discernimiento, y es que los publicanos y las rameras, se convierten no porque Jesús les haya predicado; sino por la predicación y el testimonio de Juan el Bautista, quien caminaba en justicia; mientras que los sumos sacerdotes y los ancianos del Templo ni viendo a Jesús creen, ni se arrepienten, ni se convierten. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Todavía hoy en nuestra sociedad se mantiene la concepción religiosa de este proverbio: “los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos sufren la dentera” (Ezequiel 18, 2); cuando se piensa o se siente que una persona no ha podido superar algún sufrimiento o enfermedad se asocia a alguna especie de castigo que viene de la generación de su familia. El criterio evangélico llama la atención en cuanto asumir la responsabilidad de los propios actos sin echarle la culpa a los demás. Existen dos actitudes que se pueden presentar en el ser humano, la persona que empieza siendo buena y termina haciendo el mal; y la actitud opuesta, la persona que empieza actuando mal, se convierte y termina siendo buena. Entre el tema del bien y el mal hay un puente: la perseverancia. Hay una indicación profunda no simplemente a asumir unos cuantos actos de bondad, sino todo lo contrario a perseverar haciendo el bien. San Pablo en la II carta a los Corintios 12, se interroga, porqué queriendo hacer el bien actúa el mal, manifestando la ambigüedad del corazón humano, pero a la vez, invita a vencer el mal a fuerza de bien con la Gracia de Dios. La Parábola del Evangelista Mateo pone la justicia de Dios en un puente de relación familiar entre la obediencia de los hijos a su Padre, indicando, en el fondo, la relación con Dios Padre y nosotros sus hijos. La justicia de Dios pasa por la obediencia; pero no simplemente una obediencia que se profesa con los labios, sino con las acciones, con el testimonio, con la vida; de nada me sirve decir Señor, Señor, y no cumplo, no hago la voluntad de Dios. La auténtica justicia cambia, se transforma cuando se hace la voluntad divina. El otro elemento que destaca esta parábola, es que no debemos juzgar a las personas por sus apariencias, ni condenar a las personas porque lleven una vida disoluta, desordenada y hasta pecadora, debemos orar por ellas y ayudarles en su conversión; ya que hasta los publicanos y prostitutas se convierten; y tener cuidado con las personas que se creen buenas, pero van acumulando pesares, van arrugando el corazón y se van llenando de pesares a tal punto que amargan su vida y terminan actuando mal. Dice un adagio popular: no hay mal que por bien no venga, perseveremos haciendo el bien y venzamos el mal a fuerza de bien que, a su tiempo, la perseverancia en el bien actuar, dará su fruto. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Supliquémosle al Señor, nos asista con la gracia del Espíritu Santo para que, actuando en justicia, podamos hacer la voluntad de Dios, sin juzgar a las personas por sus apariencias, y que se puedan convertir, crecer y perseverar en el bien obrar. El encuentro con Jesucristo transforma la vida, no basta leer la Palabra y escucharla, hay que vivirla y actuarla con el buen testimonio. En el diario vivir se debe orar por la conversión de los pecadores y la perseverancia en el bien obrar hasta el final de nuestros días, dejando al juicio misericordioso de Dios la salvación de las almas, pues como dice el adagio popular: caras vemos, corazones no sabemos. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa La Eucaristía es el sacramento del amor donde Cristo, se nos entrega en su Palabra que es Justicia y, en su Cuerpo y Sangre, que es alimento, que ayuda a transformar la vida de pecado en obras buenas que nos conducen a la vida eterna. Vivamos este encuentro fraternal, escuchando su Palabra y alimentándonos con su Cuerpo y Sangre. Monición a la Liturgia de la Palabra Escuchar la Palabra de Dios, dispone la mente y el corazón a actuar el bien, y resistir al mal, además anima a obedecer para actuar en la justicia de Dios. Venciendo al mal a fuerza de bien, escuchemos con fe y atención. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Dirijamos a Dios Padre, las súplicas que como hijos le confiamos, y digámosle animados: R. Padre, de bondad escucha y ten piedad 1. Por la Iglesia y sus ministros para que, en el ejercicio de la predicación de la Palabra, actúen obedeciendo a Dios y actuando con justicia y verdad. Roguemos al Señor. 2. Por los gobernantes de las naciones, para que iluminados por los dones del Espíritu Santo, dirijan los destinos de los pueblos en beneficio de la construcción del bien común. Roguemos al Señor. 3. Por los abogados, congresistas, legisladores, para establezcan leyes justas que ayuden a fortalecer en el bien a las personas que se hayan equivocado en el camino de la vida. Roguemos al Señor 4. Por las familias, especialmente por los padres, para que en la educación de sus hijos les ayuden a discernir el bien del mal y sepan escoger la voluntad de Dios. Roguemos al Señor. 5. Por nosotros aquí reunidos, para que, fortalecidos por la gracia, seamos capaces del bien actuar en medio de las contradicciones que nos presenta el mundo. Roguemos al Señor. 6. Por los moribundos, especialmente los que se encuentran afectados por la pandemia, para que al final de sus días, alcancen el arrepentimiento de sus pecados y la justicia misericordiosa de Dios. Roguemos al Señor. Oración conclusiva Dios Padre, justo y misericordioso, atiende estas súplicas que te presentamos, con fe y alegría. Por Jesucristo Señor Nuestro. R. Amén

Mié 16 Sep 2020

“Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”

VIGÉSIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 20 de septiembre Primera lectura: Is 55,6-9 Salmo: 145(144),2-3.8-9.17-18 (R. 18a) Segunda lectura: Flp 1,20c-24. 27a Evangelio: Mt 20,1-16 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Ideas temáticas que surgen de la Palabra de Dios para este domingo: • Esta parábola es una hermosa explicación de la bondad de Dios, aunque con ojos humanos se puede interpretar como injusta la paga, pero, para Dios prima su generosidad. Es lo que demuestra el dueño de la viña: “su generosidad y su justicia”, puesto que llama a trabajar a su viña a todos los que deseen, durante toda una jornada y pagándoles lo acordado. • Igualmente, la actitud de los primeros jornaleros muestra “envidia”, porque sentían que habían trabajado más tiempo. Es el precio que se acordó, no el tiempo trabajado: "…Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete”. Además, no es el mérito de un tiempo más trabajado sino, la gracia que se recibe del ofrecimiento hecho por el dueño de la viña, porque “…los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”. Es un regalo de Dios para todos. • La libertad de Dios frente al manejo de sus posesiones que son para todos, observado en el dueño de la viña que llama a quienes deseen trabajar en su posesión durante toda la jornada de trabajo, es un regalo, una ofrenda para quienes lo deseen y en el salario acordado. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El Evangelio muestra, una vez más, la pedagogía de Jesús para darle a entender a sus discípulos el Reinado de Dios y la paga o la recompensa que tendrán por la respuesta dada a Dios en la entrega total y disponible al servicio del Reino. Es la parábola de los obreros de la viña que Jesús utiliza para dar a conocer la justicia y la generosidad de su Padre para con quienes le siguen. Es el dueño de una viña que en el tiempo de la vendimia sale a buscar trabajadores para que laboren en sus campos. Este viñador es una persona disponible, no le interesa su tiempo, puesto que sale a la plaza del pueblo en diferentes momentos del día e invita a todos los que quieran trabajar en ella. Él les promete un mismo salario a todos los que contrata, no le interesa la hora en que empiezan a trabajar. ¡Siempre encontró quienes necesitaban trabajo y fueron contratados! ¡A todos los contrata por el mismo salario! Luego, cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno, según lo contratado. Sin embargo, los que llegaron de primero protestaron contra el amo “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”, manifestando su descontento, sintieron que no habían recibido el salario justo, pero como no tuvieron presente que fue lo pactado entre ellos y el dueño de la viña, se le recordó a cada uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos”; esta actitud muestra la generosidad, justicia y bondad de Dios para con los que lo siguen. Se muestra claramente la imagen de un Dios de bondad, que sobrepasa la justicia, a todos los llama a participar de su Reino, no le interesa el momento ni las circunstancias de quienes se lanzan a trabajar con Él, el llamado es para todos, porque “los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros”. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El dueño del viñedo hace una invitación a todo aquel que quiera ir a laborar en su viña, Él sale en muchos momentos a la plaza a ofrecer trabajo y les promete un salario: ¿Qué significa hoy que Jesús sigue invitando a través de su Palabra a todos los que quieran ir a trabajar a su Viña? Se puede relacionar con el servicio, la ayuda, la colaboración que se presta a la parroquia, a la Iglesia y que recibirá la recompensa del Señor, a pesar de la lucha y el sacrificio de que puede significar. Cada vez que el dueño de la viña sale a la plaza a ofrecer trabajo encuentra gente que quiere ir a realizar esta labor; hasta última hora encuentra quienes quieren ir. Es la disponibilidad, la apertura a la escucha a la invitación de Dios, invita a todos y todos pueden participar del Reino. Es clave la disponibilidad del dueño de la viña y de quienes están buscando empleo, puesto que el viñador les ofrece, los llama, los busca; no interesa el tiempo, el momento, simplemente quiere que muchos vayan a trabajar a su viñedo. La Iglesia en sinodalidad, abierta, en salida y disponible para todos los que quieran participar del Plan de Dios. Para todos, los buenos, los malos, los incrédulos, los pecadores, todos llamados e invitados a ser parte del Reino; todos tienen que aportar, los dones y las gracias recibidas de Dios, así se va construyendo el Reino. Es un llamado a la participación, a la corresponsabilidad y a la generosidad, todos aportan; no interesa lo que cada uno da, sino la forma como lo pone al servicio de los demás, es dar testimonio personal y comunitario, desde los diferentes servicios de pastoral para llevar a todos el Evangelio, que alcance a tocar el corazón de todos los que lo reciban e ir aportando al fortalecimiento del Reino, a los más débiles, a los que tienen hambre, a los más vulnerables, a los migrantes, a los que no conocen a Dios, allí donde hay dolor y miseria, que todos logren la construcción de la paz y del amor. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? • Reconstruimos el texto con las frases más impactantes para que nos permita generar espacio para la oración de petición, súplica y perdón. • La oración se centrada en cada una de las horas del día, tiempo en que salió el viñador a hacer la invitación a trabajar en su viña: en la madrugada, a la media mañana, al medio día, a la puesta del sol, al anochecer… • Así, podemos orar con las actitudes del dueño de la viña: generosidad, justicia, gratuidad, don, gracia, entrega, disponibilidad, servicio, ofrenda, apertura, acogida, invitación, llamado…: Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga los trabajos de tus viñadores. Al romper el día nos apalabraste. Cuidamos tu viña del alba a la tarde. Ahora que nos pagas, nos lo das de balde, que a jornal de gloria no hay trabajo grande. Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga los trabajos de tus viñadores. Das al vespertino lo que al mañanero. Son tuyas las horas y tuyo el viñedo. A lo que sembramos dale crecimiento. Eres Tú la viña, cuida los sarmientos. Hora de la tarde, fin de las labores. Amo de las viñas, paga los trabajos de tus viñadores, de tus viñadores. (Himno liturgia de las Horas) II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Queridos hermanos vivamos esta Eucaristía con un espíritu de apertura y escucha a la voz de Dios, que nos llama a trabajar por la evangelización del Reino. Con fe y esperanza de ser parte de este Plan de Salvación iniciemos esta celebración eucarística. Monición a la Liturgia de la Palabra Hoy, por medio de la Palabra, el Señor se nos invita a participar en la construcción del Reino de su Padre en medio de nosotros. Escuchemos con mucha atención y devoción. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Oremos a Dios Padre por todos los hombres y mujeres que son llamados a participar en la construcción del Reino y entreguémosle las preocupaciones y necesidades. Con plena confianza supliquémosle diciendo: R. Dios justo y bondadoso, escúchanos 1. Padre justo y bondadoso, te presentamos a los ministros de tu Iglesia para que fieles a tus mandatos, sean testimonio de santidad en medio de tu pueblo. 2. Padre bueno, te pedimos por nuestros gobernantes, que tienen en sus manos la administración de las riquezas del mundo para que sean justos y fomenten la paz y la libertad. 3. Padre generoso, te entregamos a quienes sufren, especialmente a los migrantes, para que los fortalezcas en sus necesidades materiales, espirituales y de salud y así experimenten tu consuelo y fortaleza. 4. Padre bondadoso que nos llamas a trabajar en tu viña, regala a los presentes y a los que nos acompañan espiritualmente en esta Eucaristía, tu amor misericordioso, la perseverancia en la fe y el deseo de participar activamente en la construcción del Reino de justicia, amor y paz. 5. Padre Misericordioso, te pedimos por los fieles difuntos, de manera especial por aquellos que han fallecido a causa del COVID-19, para que les alcance tu favor y la vida eterna, si es tu voluntad. Oración conclusiva Padre justo y bondadoso que nos invitas a participar en la construcción de tu Reino acoge estas peticiones que te dirigimos. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén

Vie 11 Sep 2020

“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”

VIGÉSIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO 13 de septiembre Primera lectura: Sir 27,30 - 28,7 Salmo: 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12 (R. 8a) Segunda lectura: Rm 14,7-9 Evangelio: Mt 18,21-35 I. Orientaciones para la Predicación Introducción De la Palabra de Dios que se nos ofrece para este domingo, presentamos tres ideas temáticas, que pueden iluminar nuestra reflexión: - Importancia del perdón: el perdón de las ofensas debe caracterizar a la comunidad cristiana. - No hay límite para el perdón, la propuesta es “siempre” - De qué forma se puede acoger al pecador para llevarlo a la reconciliación con la comunidad, donde se debe vivir la solidaridad y fraternidad. Es la comunidad espacio para vivir la experiencia del perdón y la misericordia de Dios. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? Existen dos momentos claves en este Evangelio de Mateo para vivir la reconciliación al interior de la comunidad con el tema central del “perdón de las ofensas”: a. El número de veces que se debe perdonar al hermano cuando tiene actitudes y comportamientos ofensivos: ante la pregunta de Pedro “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”, a lo cual Jesús responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”; el número siete es perfección, es decir “siempre”, no existe límite, lo cual significa que es importante olvidar todos los insultos, humillaciones, agravios, maltratos y perjuicios que impiden el perdón y la reconciliación y que dificultan el perdón entre los hermanos; es importante hacer sentir la experiencia del perdón desde el corazón, que permite que la misericordia de Dios se haga realidad. No hay que insistir en la ofensa recibida del hermano, al contrario, ¡hay que luchar por olvidarla y de corazón! además, es una forma de ¡combatir la violencia que existe en el corazón del ser humano! ¡Es la enseñanza de Jesucristo, quien perdonó hasta el último momento de su vida! Luego, el perdón es de todos los días y en todos los momentos y espacios de interacción. b. La parábola del siervo muestra la misericordia de Dios y señala lo qué le sucederá a quien no perdona según el corazón compasivo del Padre. Porque el amor de Dios hacia sus creaturas es grande y, además, gratuito; como dice la parábola, es como el Rey que perdonó a aquel súbdito, no solo la deuda sino, aún su vida y la de su familia, en eso consiste la ¡compasión! Pero, el Rey no alcanzó a pensar, cuál sería la actitud del siervo frente a sus deudores, lo más probable es que pensara que actuaría como él: con perdón y misericordia. Lo contrario hizo el siervo, no tuvo sus mismas entrañas, su comportamiento fue de injusticia y cobardía, ni siquiera lo escuchó. La lección que se puede sacar es: ante el amor de Dios, misericordioso y gratuito, que perdona siempre, el actuar del hombre hacia sus hermanos tiene que ser igual, no puede existir ¡incapacidad para perdonar! Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? Este evangelio permite orientar a la comunidad sobre la forma de discernir e identificar cómo se debe actuar frente a las ofensas que se reciben del hermano o se dan al hermano, y la respuesta cristiana a esas ofensas que ha recibido desde la mirada de Jesucristo. El perdón se convierte en una necesidad, en una urgencia y una actitud fundamental de todo discípulo de Cristo frente a tantas faltas de amor que se hacen: humanamente es difícil perdonar las heridas que a diario se hacen; hoy se viven procesos de paz donde el perdón y el olvido debe ser lo central de estos procesos, es alcanzar un amor sin límites, como lo propone Jesús, pero se hace tan difícil su práctica: ¡lograr la reconciliación es la propuesta cristiana! ¡Qué difícil es “perdonar setenta veces siete” como lo propone Jesús!, sin embargo, no es imposible, a veces el odio y la venganza son actitudes que hacen sobrepasar la respuesta del ser humano, pero se llega un momento en que se desea dejar tanta intolerancia, insulto, atropello, entre otras actitudes que atentan contra el verdadero amor que no solo se debe demostrar sino, que estamos llamados a vivir… Perdonar 70 veces siete, es decir siempre, debe ser la verdadera actitud cristiana, que muestre la fortaleza, la grandeza y magnanimidad del ser humano, capaz de sentir la verdadera experiencia del perdón y la reconciliación. La cruz es la mejor imagen de que de verdad se puede perdonar y de corazón, ¡es Jesucristo quien perdona hasta la muerte! Toda deuda se puede perdonar todas las veces necesarias, si se deja anteponer el amor a cada una de las circunstancias, tiempo y lugar donde se vive el odio y la venganza. Es la lucha de todo ser humano que quiera vivir la verdadera experiencia de perdonar y ser perdonado, ¡no se puede posponer esta deuda que tenemos con Dios en nuestros hermanos! Hay que vivir espacios alternativos de solidaridad y fraternidad, espacios de acogida y de perdón, donde todos sean bienvenidos. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Es importante crear un espacio, lugar y tiempo que permita cuestionar la propia vida y la de la comunidad: ¿Realmente perdonamos “siempre” y en todas las circunstancias de la vida? ¿Sé perdonar y soy capaz de pedir perdón y sentirme perdonado? O, actuamos como el siervo de la parábola, que no sabía de ¡misericordia y compasión! ¡No supo perdonar! ¿Creo en la importancia del sacramento de la reconciliación? ¿Con qué frecuencia lo busco? ¿Existe conciencia de perdón en nuestro corazón? ¿Cómo se percibe? ¿En la realidad de violencia, odios, desamor que se vive actualmente en los diferentes espacios sociales y comunitarios, cómo se manifiesta el perdón y la reconciliación? ¿Cuáles se consideran los verdaderos espacios y momentos para el perdón, la misericordia y la reconciliación? ¿qué gestos de fraternidad en los diferentes espacios donde convivo con los demás (calle, casa, familia, trabajo y otros) tengo? No hay que olvidar que el perdón, la misericordia y la reconciliación son considerados un solo tema en esta Palabra. Perdón basado en el amor sincero, de corazón, que permite convivir los hermanos juntos, en actitud siempre de reconocimiento y reconciliación, en conversión diaria de corazón que conduzca a verdaderos momentos de reconciliación. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos reunidos para celebrar juntos el amor y la misericordia de Dios, en este misterio de entrega total de su Hijo, Jesucristo. Él nos enseñó a perdonar hasta el extremo por eso, somos llamados a expresar nuestra fe con actitudes de perdón y reconciliación. Iniciemos esta Eucaristía con alegría y entusiasmo. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra de Dios en este domingo nos recuerda la importancia de perdonar las ofensas y sentirnos perdonados. Jesús nos invita a perdonar sin límites, es decir, siempre. Las lecturas de hoy son de fácil entendimiento, pero exigentes para llevarlas a la práctica en la vida cotidiana. Escuchemos con atención y que el Espíritu de Dios nos regale el don de la conversión para el perdón y la reconciliación. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Presentemos con confianza a Dios, nuestro Pedro, las súplicas implorando su misericordia y perdón. Diciendo: R. Que tu misericordia y perdón llegue hasta nosotros 1. Por la Iglesia Universal, para que fortalecida en el amor misericordioso de Dios pueda llegar a procesos de conversión que le permitan vivir en reconciliación, perdón y paz. 2. Por el Santo Padre Francisco, los Obispos, Sacerdotes y Diáconos, para que testimonien la misericordia y el amor de Dios en todas sus actitudes de vida y en sus acciones pastorales. 3. Por nuestro país que continúa buscando la paz y la reconciliación para que, aportando desde nuestra propia vida los valores de perdón y fraternidad, se pueda vivir el proyecto de Jesucristo de donación total. 4. Por los cristianos católicos del mundo entero para que, viviendo la misericordia y el amor de Dios, tengan gestos de reconciliación, y de perdón para con sus hermanos que los ofenden. 5. Por los enfermos que sufren a causa del virus del COVID-19, para que, en medio de sus dolores, encuentren fuerza y alivio en la caridad de los hermanos. 6. Por nosotros aquí presentes para que llevemos la buena noticia de la misericordia y la reconciliación a la que nos invita y capacita Dios, para perdonar y amar a nuestros hermanos. Oración conclusiva Padre, que en tu Hijo Jesucristo nos entregas tu amor misericordioso acoge estas súplicas que te presentamos con la fe y confianza de que serán escuchadas. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén

Mié 2 Sep 2020

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente"

VIGÉSIMOTERCER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Septiembre 06 de 2020 Primera lectura: Ez 33,7-9 Salmo: 95(94),1-2.6-7ab. 7c-9 Segunda lectura: Rm 13,8-10 Evangelio: Mt 18,15-20 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La Palabra de Dios en este domingo, día del Señor e inicio de la Semana por la paz, nos ofrece el tema de la conversión inicial y permanente de los hijos de Dios. La conversión inicial, en efecto, parte de la predicación que debe “poner en guardia al malvado”, pero se debe acompañar permanentemente con la llamada “corrección fraterna” y la mediación de la comunidad creyente; así no se deberá nada más que amor a los demás a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo quien nos enseñó que el mandamiento mayor es “Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente". Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En el texto de Ezequiel, de la primera lectura, Dios le recuerda al profeta su responsabilidad de cumplir la misión encomendada de realizar su programa profético: ser centinela, escuchar a Dios y dar la alarma al pueblo para provocar la conversión. Su función se determina por ser canal de comunicación – oír y hablar –, oír a Dios y transmitir al pueblo, especialmente a los malvados, el mensaje que ha escuchado de parte de Dios, en ello se juega la vida y la muerte, la propia y la de los demás. El salmo contiene dos partes: un Invitatorio (vv. 1-7c) y una sección exhortativa a la fidelidad (cc. 7d-11). Los encargados del culto invitan a la asamblea, mediante este canto invitatorio, a que ingresen procesionalmente al santuario con las actitudes propias para este sublime momento: vítores, aclamaciones, acciones de gracias, bendiciones y postración. Luego, los exhorta a escuchar la voz de Dios para motivar así la fidelidad y la confianza en Dios, pastor de su pueblo. En la segunda lectura, el apóstol Pablo, dirigiéndose a la comunidad de Roma exhorta al amor como fundamento para fortalecer los comportamientos del creyente. El amor es, en efecto, el nuevo principio interior o nuevo mandato que debe unificar todas las acciones del creyente, los mandamientos encuentran en el amor su plenitud; y, por consiguiente, el cristiano está en capacidad de cumplirlos por la vivencia del amor, por ello es la única deuda en su relación con los demás. Esto no es un invento paulino, sino que es la puesta en práctica de las enseñanzas de Jesús, pues cuando, en un pasaje del evangelio, un fariseo le preguntó sobre el mandamiento mayor, Él respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda tu alma, y con toda tu mente". Este es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden la Ley y los Profetas” (Mt 37-40) El pasaje del evangelio está dentro del llamado discurso eclesial de Jesús (18, 1-35), en el que Jesús aborda temas de la vida de la comunidad cristiana; instruye, sobre todo, a los responsables de la asamblea – la Iglesia – sobre el estilo de vida que debe identificar la nueva comunidad creyente. La asamblea de hermanos, así define al otro, no está libre de pecado o errores, lo que la diferencia de otras realidades comunitarias es que al interno de ella los conflictos se resuelven de manera diversa a como los afronta el mundo; aquí en esta comunidad el error no solo afecta la realidad social sino la relación divina, por ello se han de solucionar mediante la reconciliación, el perdón, y aplicando la corrección fraterna para ganar y salvar al hermano, ese es el objetivo fundamental. Para realizar todo este proceso, en medio de la comunidad de hermanos debe imperar la oración con la certeza de la presencia de Jesús entre la comunidad orante. La corrección fraterna y la oración en común van vinculadas, no son dos temas separados. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? En los evangelios se ve claro que Jesús tuvo la intencionalidad de formar una nueva comunidad en la cual se transmitiera la Buena Noticia y aconteciera la gracia de la Salvación. Jesús formó esta comunidad con aquellos que él quiso y fue llamando para que estuvieran más cerca de él, a ellos les fue brindando, en muchas oportunidades, una formación particular, “a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado” (Mc 4,34). En Mateo esta comunidad viene definida como Iglesia (ekklesia), no es una comunidad cualquiera sino la Iglesia; a la cual Jesús dota de una responsabilidad para solucionar los conflictos (18, 15-20), que es el texto que este domingo se proclama. Es la comunidad la que, en últimas, tiene la palabra para resolver la situación de los hermanos en situación de pecado. Es importante precisar aquí que no es el único poder que Jesús da a la Iglesia, así, para tener una visión completa de su responsabilidad tendríamos que recurrir a muchas partes de los evangelios. En el pasaje de Mt 18, 15-20 podemos destacar algunos elementos. El miembro de la comunidad es un “hermano”, y aunque haya pecado sigue siendo hermano; la corresponsabilidad del creyente es salvar, ganar al hermano para Dios, a un hermano en forma particular no le corresponde el excluir al hermano, ni siquiera el testimonio de dos o tres, ellos son un eslabón del proceso, todo se hace para atraer a quien se ha apartado por el pecado. Quien tiene la facultad final es la Iglesia, ella tiene el poder de atar o desatar (v.18). La Iglesia tiene este poder, pero no lo usa a su antojo, sino que tiene como modelo último la misericordia infinita de Dios, siempre ha de recurrir a esta medida y para comprenderla debe orar siempre en comunión. El poder que aquí el Señor da a los discípulos encargados de la Iglesia es una extensión del ya dado a Pedro, “A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 19. Atar y desatar designan la autoridad para decidir sobre las acciones que están permitidas o prohibidas, es el poder de determinar, en última estancia, si alguien está admitido o excluido de la Iglesia. La responsabilidad individual y comunitaria de la Iglesia está en la línea de la voz profética, cada uno desde el momento de aceptar a Jesús se convierte en profeta, ha de escuchar a Dios y comunicar su palabra a los hermanos. La corresponsabilidad está sobre el anuncio, la evangelización, el ganar a otros para Dios; también lo es en su oración en comunidad y en forma de plenitud cristiana su corresponsabilidad está en el amor. El amor vivido y donado a todos es lo que debe caracterizar a la comunidad creyente, es decir a la Iglesia. Estamos en el contexto de la Semana por la Paz, que inicia en este domingo, y que tiene como objetivo continuar adelantando acciones que nos inviten a seguir dando pasos para la construcción comunitaria de la paz y la reconciliación. Este fue el propósito del Papa Francisco en su visita a Colombia cuando nos dijo: «¡Demos el primer paso!», y que este primer paso sea en una dirección común. «Dar el primer paso» es, sobre todo, salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor. Por eso en este primer día de apertura de esta semana por la paz, demos el paso hacia la fe en Dios, renovando la gracia del don de la paz suplicando la bendición de Dios sobre nuestra familias y comunidades, con las mismas palabras de Jesús: “Que descienda la Paz sobre esta casa”, imitando, así, la bendición del papa Francisco a los fieles impartida, desde el Palacio Cardenalicio, para todo el pueblo colombiano, cuando también nos dijo: Quise venir hasta aquí como peregrino de paz y de esperanza, y deseo vivir estos momentos de encuentro con alegría, dando gracias a Dios por todo el bien que ha hecho en esta Nación y en cada una de sus vidas. 3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Oremos al Señor y supliquémosle por la Iglesia para que siga cumpliendo de manera misericordiosa el encargo dado por Jesús de animar para que todos sus hijos, asumamos el compromiso de la evangelización de ganar a muchos para Dios. Concretamente, en esta semana por la paz, roguemos por los pasos decididos y seguros que podamos dar en acercamiento a los hermanos, renunciando a la pretensión de ser perdonados sin perdonar, de ser amados sin amar, para que por caminos de la reconciliación busquemos el bien común, la equidad, la justicia, el respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias. Todos somos responsables de que el amor de Dios sea conocido, aceptado y vivido por los hermanos que nunca han escuchado hablar de Jesús, por aquellos que un día escucharon, pero hoy viven alejados de la fe y por los que sí están comprometidos de forma activa en las realidades eclesiales, de este modo todos seremos artesanos de la paz que busca la reconciliación entre los hermanos. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos con la certeza que somos la Iglesia del Señor Jesús, despertemos en nosotros esos sentimientos de identidad y compromiso católico y recordemos que el Señor ha prometido hacerse presente en medio de su comunidad, ahora en la Eucaristía, para acompañarnos y bendecirnos. Estamos en el contexto de la Semana por la Paz, que inicia en este domingo, y que tiene como objetivo continuar adelantando acciones que nos inviten a seguir dando pasos para la construcción comunitaria de la paz y la reconciliación. Este fue el propósito del Papa Francisco en su visita a Colombia cuando nos dijo: «¡Demos el primer paso!», y que este primer paso sea en una dirección común. «Dar el primer paso» es, sobre todo, salir al encuentro de los demás con Cristo, el Señor. Celebremos con inmensa alegría esta experiencia de encuentro con Jesús y oremos para que esta jornada por la paz traiga bendiciones divinas para nuestra comunidad. Monición a la Liturgia de la Palabra Hermanos, otra forma como el Señor se hace presente es en la voz de su Palabra; ante ella todo lo que se nos pide inicialmente es tener la capacidad de escuchar la voz del Señor. No perdamos esta oportunidad, estemos atentos a cada palabra de su mensaje y no endurezcamos el corazón. Escuchemos con atención la Palabra de Dios. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a Dios nuestro Padre, con la certeza de que: “…donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, Yo estoy presente en medio de ellos.” Unámonos con fe, diciendo: R. Escucha Padre la oración de tu Iglesia 1. Te pedimos Padre, que bendigas y protejas a tu Iglesia, y la hagas fecunda en el ministerio de cada bautizado, de manera que engendre nuevos hijos para tu Reino y se suscite el llamado de vocaciones a la vida sacerdotal, religiosa y consagrada. 2. Te pedimos Padre, por quienes ejercen el poder de la autoridad en nuestro país, para que no se dejen contagiar por la corrupción, y que en todo asuman el compromiso de servir en bien de las comunidades. 3. Te pedimos Padre, por los enfermos y agonizantes a causa de la pandemia que acecha al mundo, para que por medio de sus dolores encuentren en la cruz de tu Hijo, el consuelo y el alivio a sus sufrimientos. 4. Te pedimos Padre, por las diversas acciones que se realizarán con motivo de la semana por la paz para que, con la asistencia del Espíritu Santo, nuestros hermanos, puedan escuchar la voz de la Iglesia que los llama al perdón, la reconciliación, al amor verdadero. 5. Te pedimos Padre, por cada uno de los que participamos de esta asamblea, para que afiancemos nuestra fe y asumamos la responsabilidad de nuestra salvación y la de los demás; y que este mes de la Biblia nos lleve a escuchar tu voz y asumir con responsabilidad la misión. En un momento de silencio presentemos a Dios Padre nuestras intenciones personales…. Oración conclusiva Dios, Padre de la paz y la reconciliación, que quisiste llamarnos a formar parte de tu familia, la Iglesia; escucha nuestra oración humilde y confiada, que te presentamos. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén

Mié 26 Ago 2020

La relación íntima y amorosa del creyente con el Señor brota de la iniciativa divina

VIGÉSIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 30 de 2020 Primera lectura: Jr 20,7-9 Salmo: 63(62),2.3-4.5-6.8-9 (R. 2b) Segunda lectura: Rm 12,1-2 Evangelio: Mt 16,21-27 I. Orientaciones para la Predicación Introducción En la Palara de Dios que se nos propone en este domingo, podemos individualizar tres ideas para la reflexión: • La experiencia de Dios en la vida del discípulo – misionero de frente a su realidad personal y comunitaria. • El verdadero seguimiento del Señor, incluyendo necesariamente la aceptación del auténtico mesianismo del Hijo de Dios, como se le pide a Pedro, debe superar toda idea preconcebida. • La voluntad de Dios se descubre mediante el discernimiento y tiene unas características bien definidas que incluye todo lo que es bueno, agradable y perfecto. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En el libro de Jeremías encontramos diversos pasajes en los que el profeta refleja la experiencia de amor de Dios en su propia vida; en ellos el profeta desnuda su corazón y manifiesta sus sentimientos más profundos. Estos textos son conocidos como “las confesiones de Jeremías”, y que los expertos identifican cinco (Cf. 11,18 – 12,5; 15, 10-21; 17, 1-18; 18, 18-23; y 20, 77-18). La primera lectura de hoy es una sección de la quinta confesión en donde Jeremías atestigua la crisis interna que vivió en medio de su ministerio profético, y que, manifestado a modo de salmo de lamentación, refleja un amor herido o, en parte, decepcionado, pero con la certeza de que Yahvé es el Dios de la Gracia. Así, en efecto, el enamoramiento que describe como una seducción, de frente a la reacción de los que lo escuchan, lo convierte en objeto del “hazmerreir” de la gente, por lo que descubre que su mensaje no es lo que él quiere decir, pues al “gritar violencia – destrucción” entra en crisis porque la “palabra del Señor se le volvió oprobio” y su reacción lo induce a desistir de sumisión; pero finalmente experimenta que Dios y su Palabra siempre se imponen como fuego incontenible. El Salmo contiene una de las más bellas descripciones de la relación íntima y amorosa del creyente con Dios; en él se expresa, en efecto, el ardiente deseo de Dios; hay una cascada de acciones que reflejan esta realidad: madrugar, sed, ansia, contemplar, alabar, orar, bendecir, invocar…; todo apunta a señalar que no hay nada como estar con el Señor, unirse y sostenerse en él es saciarse de paz, gozo y alegría sin igual. Pablo es el enamorado de Dios, su vida es el Señor. Como experiencia y fruto y de este amor anima a los romanos y les dice “los exhorto por la misericordia de Dios” y quiere que esta comunidad lo comprenda; no lo mueve otro interés más que el amor. Inicia esta exhortación animando y orientando sobre el verdadero culto espiritual. Pablo, en esta carta, ya ha dicho que el ministerio apostólico es un culto dado a Dios, “Dios a quien tributo un culto espiritual anunciando la Buena Noticia de su Hijo…” (1,9), así se da culto concreto y de ello nace su compromiso por evangelizar, por dar culto a Dios con esa acción concreta, “de ahí mi ansia por llevarles el Evangelio… del cual no me avergüenzo…” (Cf. 1, 15-16). Por ello, Pablo exhorta a ofrecer la vida entera como ofrenda agradable; se trata de aceptar la Buena Nueva y convertirse en comunicador de ella, dar culto espiritual con todo el cuerpo anunciando la Buena Noticia del Hijo de Dios. El evangelio presenta el anuncio de Jesús sobre su sufrimiento, muerte y resurrección. Este primer anuncio de la pasión expresa su mesianismo en unas categorías que no eran las esperadas por el pueblo, el glorioso servicio del Mesías pasa por el doloroso camino del sufrimiento, muerte y resurrección. La reacción no se hace esperar, y Pedro, que no comprende este camino, se expresa diciendo: “¡No lo permita Dios, Señor, eso no puede pasarte!”; de su parte Jesús corrige, primero a Pedro, haciéndole un nuevo llamado a quitarse de enfrente y a colocarse de nuevo detrás de Él, al tiempo que le evidencia el motivo de su error, “pensar como los hombres y no como Dios”; luego la corrección se dirige también a sus discípulos clarificándoles las condiciones de su seguimiento: “negarse a sí mismo”, “cargar la cruz” y “seguirlo”. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La relación íntima y amorosa del creyente con el Señor brota de la iniciativa divina; en efecto, Dios conquista al hombre suscitando en él una renovación y transformación de mente y corazón de modo que el que es tocado por esta acción divina ya no se ajusta a este mundo y sus ofrecimientos, sino que busca experimentar este amor que Dios le ofrece. Así el nuevo amado siente que su gozo, alegría y paz es vivir en la presencia de Dios, unido y sostenido por Él. Cuando de verdad el hombre se siente amado por Dios la vida cambia. Cuando esta experiencia del amor de Dios en la vida del creyente se fortalece y, por tanto, no se deja debilitar, el amado pronto comienza a darse cuenta que en esta relación amorosa hay una responsabilidad qué asumir, porque el amor que siente no puede guardarse, sino que, por el contrario, debe anunciarlo, y compartirlo con los demás, para ello Dios llama y concede carismas o responsabilidades sea como profeta, apóstol o discípulo; en términos de hoy, se trata de asumir el compromiso de ser “discípulo misionero” en el contexto del plan presentado por Jesús para el anuncio del Evangelio. Cuando el discípulo se compromete en su ser misionero, pronto comienza a percibir que el camino se hace tortuoso, similar al de Jesús, lo que realmente le exige renunciar a su forma de pensar, a no dejarse conquistar por el mundo; igualmente, ha de tener presente que en su camino diario es necesario el discernimiento para descubrir la voluntad de Dios y hacerla norma de su vida. En estas circunstancias el caminar para el discípulo se torna difícil porque aparecen diversas reacciones negativas de parte de quienes reciben el mensaje, pues no siempre es recibido con agrado, sino que, muchas veces, la actitud es de rechazo, burla, desprecio, indiferencia, lo que hace que, poco a poco, su grado de compromiso y respuesta se convierta en una cruz que, muchas veces, pesa; pueden surgir, entonces, sentimientos de miedo, angustia, frustración al pensar que se estaba mejor sin asumir estos compromisos en el seguimiento del Señor. Toda esta realidad muestra que muchos creyentes, como el profeta Jeremías, preferirían no acordarse más de Dios y, por tanto, callar y no hablar en su nombre o, como Pedro en el evangelio, afirmar que “eso no puede pasar”. Al confrontar, así, la identidad cristiana con los valores y compromisos del evangelio pueden surgir, entonces, las crisis causadas también por las diversas tentaciones a que están expuestos los diversos agentes de pastoral y que interrogan profundamente la vida del creyente. Cuánto exige asumir en la vida diaria el compromiso cristiano y misionero de seguir coherentemente el camino propuesto por Jesús. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor, no obstante, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones haznos sentir que tu Palabra es fuego ardiente e incontenible dentro de cada uno de nosotros; que siempre tengamos pastores, como Pablo, que nos exhorten sobre el verdadero culto, el compromiso evangelizador y el discernimiento de la voluntad divina para no caer en lecturas fundamentalistas, fatalistas o superficiales del acontecer divino. Señor, queremos reflejar en nuestra vida de discípulos misioneros el auténtico seguimiento, por ello cada vez que erremos en nuestra forma de pensar y proceder, como pasó con la buena intención de Pedro, que nunca nos falte tu misericordiosa corrección; que tus exigentes palabras sean siempre acogidas por nosotros para que nos indiquen el camino a seguir y, como Pedro en su proceso de maduración en la fe, también podamos decir: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Solo tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68). II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hermanos, que alegría poder reunirnos como Iglesia para celebrar nuestra fe. Que vivamos este momento de gracia como momento íntimo de encuentro con el Señor, dejemos que él nos hable al corazón y aprendamos a ser en verdad discípulos misioneros de su gran amor. Participemos con fe y alegría. Monición a la Liturgia de la Palabra Hermanos, el Señor Dios nos va a hablar, su amor nos conquistará para que nos sintamos amados por él. Escuchemos con atención y dejemos que su amor se arraigue como fuego en nuestro corazón. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Padre bueno que nos has llamado a tu seguimiento, escucha los sentimientos y necesidades que se gestan en nuestros corazones. Supliquémosle con fe diciendo: R. Mi alma está sedienta de ti, Señor 1. Señor, que tu Iglesia sea fortalecida por hombres y mujeres que con valentía y entrega asuman la misión evangelizadora y que tu gracia nos dé abundantes vocaciones para el anuncio de tu reino. Oremos. 2. Señor, que los gobernantes de los pueblos reconozcan tu acción y se comprometan convenientemente en valorar adecuadamente la dignidad humana, en buscar mayor fraternidad, solidaridad y unión entre los hermanos. Oremos. 3. Señor, que quienes sufren angustias, problemas y enfermedades a causa de la pandemia que nos azota, puedan encontrar en tu palabra y la solidaridad de las personas la ayuda necesaria que fortalezca sus vidas y corazones con la certeza que tu amor siempre los acompaña. 4. Señor, mira con amor esta asamblea y concede a cada uno lo que más le convenga según tu voluntad En un momento de silencio, presentemos nuestras necesidades personales… Oración conclusiva Padre Santo, Acoge misericordioso las súplicas de este pueblo que busca y tiene ansia de tu salvación. Por Jesucristo Nuestro Señor. R. Amén

Jue 20 Ago 2020

Dios otorga el poder de atar y desatar

Predicación Orante de la Palabra VIGÉSIMOPRIMER DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Primera lectura: Is 22,19-23 Salmo: 138(137),1-2a. 2bc-3.6+8bc (R. 80[79],18) Segunda lectura: Rm 11,33-36 Evangelio: Mt 16,13-20 I. Orientaciones para la Predicación Introducción La liturgia de la Palabra en este domingo nos presenta las siguientes ideas de reflexión: • Dios llama y la respuesta a su llamado implica un compromiso de vida. • Dios otorga el poder de atar y desatar. • El sentido de la misión y de la persona de Jesús: Mesías e Hijo de Dios 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? En el transcurrir de la historia de cada persona hay dos realidades que caminan juntas: la vocación y la misión, el llamado y la realización, y en ellas está presente la acción de Dios que es quien da la autoridad para vivir y servir al pueblo, además de la estabilidad y la permanencia en la misión. Desde el momento de la llamada de Dios al profeta Jeremías, vemos que lo compromete y, al entender y aceptar este llamado, él lo asume con valentía. La seducción a la que se refiere el profeta es precisamente el sentimiento de quien comprende cuál es el sentido de la misión a la que Dios lo llama. El profeta sabe que la tarea es difícil y complicada, dura y riesgosa, pero el amor por Dios es tan grande que lo compromete a aceptar a costa de todo, hasta de su propia vida; igualmente sabe que la fidelidad y el amor verdadero logran superar todas las dificultades que se le presenten. Así mismo, san Pablo, quien reconoce el llamado especial que Dios le ha hecho para anunciar la buena nueva a los gentiles, admira, alaba y agradece el plan salvador de Dios, quien dispone todo para el bien, tanto de los judíos, como de los paganos. Ante la soberanía y libertad de Dios, quien salva a todos los hombres, Pablo se siente envuelto en su relación de amor con Dios y desea que todos sus destinatarios se identifiquen con la misión y acojan así la voluntad de Dios, que asuman su misma actitud sin importar las consecuencias que se desprendan del compromiso asumido; de ahí que invite a los romanos a entregarse como ofrenda viva y agradable a Dios, hostias vivas, seguros que Él espera a cada uno de sus seguidores para darles el merecido premio al servidor fiel; esto va en consonancia con el Salmo 137, que canta el amor de Dios que perdura eternamente. El evangelio nos propone, en efecto, la escena de la confesión de fe de Pedro y del reconocimiento de la persona de Jesús y su misión, cuando exclama Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo. Jesús dirige a Pedro una bienaventuranza por esta revelación que ha recibido de Dios sobre su persona y su identidad, y lo confirma con la fuerza divina en la misión de ser Kefas: piedra o roca, sobre la que edificará la Iglesia, pueblo mesiánico reunido por Jesús, contra la que el poder del mal y de la muerte no podrán. Aunque Pedro es ensalzado por esta revelación y confesión, muy pronto Jesús lo reprenderá llamándolo “satanás,” por pensar según la lógica humana y no según los criterios de Dios. La misión de atar y desatar, como expresión de potestad, bajo el signo de las llaves, expresa la plena autoridad que recibe Pedro de Jesús para confirmar a los hermanos en la fe; y, a su vez, expresa la decisión de Jesús de otorgar el poder de atar y desatar a otras personas diferentes de las que, hasta entonces, teniéndolo y no habiéndolo ejercido en bien del pueblo de Dios, por el contrario, lo debilitaron en la fe y la misericordia de Dios. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? El modo de actuar de Pedro, que presenta el evangelio, manifiesta la grandeza y la debilidad de la persona humana en quien se conjuga lo divino y lo humano; por eso se descubre la necesidad de contar siempre con la fuerza de Dios, porque para comprender y cumplir la tarea que el Señor propone, hay que tener fe, ser valientes y arriesgarse confiados a realizar aquello que el mismo Jesús asumió y cumplió con valentía hasta su muerte en cruz. Y, por encima de todo, Pedro, con su revelación y con su miedo, es presencia visible de Dios y signo de unidad en la Iglesia. El documento de Aparecida nos recuerda que: “La misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño” DA No. 380. De hecho, la violencia de las persecuciones, la muerte cruel, el abandono humano y la entrega total al sacrificio producen en las personas miedos y deseos de huir, por lo que encaminarse por esa senda “es travesía para valientes”; en efecto, las dificultades, el riesgo y el sacrificio que conlleva el seguimiento de Jesús, implica una entrega y un compromiso de vida. Eso es lo que Pedro ve y trata de evitar y por lo que Jesús lo reprenderá. Hoy el Señor nos invita a contemplar, en primer lugar, la forma como hemos asumido nuestra vocación y misión en respuesta al proyecto de vida; luego, a entrar cada uno en su interior y ver los detalles de fidelidad o cobardía en el compromiso de seguimiento del Señor Jesús. De otra parte, también el Señor nos motiva en concreto a que, especialmente en este tiempo de pandemia, analicemos, seamos sensibles y actuemos sin temores en favor de las personas que sufren a causa de los males que son consecuencia de las diversas formas de violencia ejercidas contra los más débiles, la violencia que se vive en los hogares, en el trabajo y en la sociedad. Estas realidades que vivimos deben movernos a solidarizarnos, de uno y otro modo, con los que están necesitados de nosotros para que podamos vivir nuestra vocación y demos respuesta al Señor de la misión que se nos ha confiado de ser constructores de su Reino. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor tu Palabra es vida y alegría en nuestro caminar, es fortaleza y exigencia en nuestra decisión de ofrecer lo mejor que nos has dado, con la seguridad que nos ayudas a ser fieles en la entrega, a obedecer y a administrar bien la autoridad, a reconciliarnos y dar y recibir el perdón que nos ofreces. Danos la fortaleza y la sabiduría para reconocerte, seguirte con fidelidad y entregarnos con amor a acoger, animar y servir a quienes comparten nuestro caminar. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Nos reunimos para compartir la presencia de Dios en nuestras vidas, para escuchar su Palabra que nos revela la presencia salvadora de Jesús que nos da vida, y para celebrar en comunidad la vida de la Iglesia, en unidad con la persona de Pedro y su representante el Papa Francisco, sobre cuya roca está construida la Iglesia. Dispongámonos para celebrar con fe y esperanza. Monición a la Liturgia de la Palabra La Palabra que vamos a escuchar nos invita a tener una actitud de reconocimiento de la presencia divina y cómo todo procede de Él, también la autoridad y poder, que da a quienes elige para que comprometan su vida en el servicio en bien de la comunidad que cree y espera. Abramos nuestra vida a la luz y misericordia que Dios nos ofrece en su Palabra que ahora se nos proclama. Escuchemos con atención. Oración Universal o de los Fieles. Presidente: Señor, tu palabra nos ilumina para reconocerte como nuestro Dios y Salvador, por eso con confianza presentamos nuestras peticiones al Padre, diciendo: R. Hijo de Dios vivo, escúchanos 1. Por la Iglesia, para que acompañada por tu Espíritu y en unidad con el Papa Francisco, viva en fidelidad a Jesucristo y se sienta siempre reconfortada en los momentos difíciles. Oremos. 2. Por los Gobernantes de las naciones, para que por tu gracia puedan trabajar unidos durante esta pandemia para promover la justicia y el cuidado especial de los pobres y vulnerables. Oremos. 3. Por las familias, Iglesia doméstica, especialmente las que tienen problemas y dificultades, para que encuentren en la Palabra de Dios luz, paz y fortaleza. Oremos. 4. Por los enfermos, de modo especial por los que se encuentran en estado terminal y los que se sienten solos en el final de su vida, para que experimenten tu presencia salvadora y la paz que les ofreces en la compañía de sus familiares y amigos. Oremos. 5. Por todos los cristianos, para que sepamos reconocer tu presencia en los acontecimientos y realidades de la vida cotidiana y demos testimonio de tu amor con nuestras actitudes de vida. Oremos 6. Por nosotros, nuestros familiares, amigos y personas con quienes compartimos nuestra vida y trabajo, para que sepamos seguir sin miedo el camino que nos conduce a reconócete y vivir la inmensa alegría de tu presencia salvadora entre nosotros. Oremos. Oración conclusiva Padre nuestro que nos has revelado a tu Hijo, acoge la oración que te dirigimos confiados en tu inmensa bondad. Por Jesucristo, nuestro Señor. R. Amén