SISTEMA INFORMATIVO
Pandemia y espiritualidad II
Tags: pandemia y espiritualidad Iglesia arzobispo de florencia monseñor omar mejía protección a la familia covid-19 pandemia
Por: Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo - ¿Han entendido ustedes todas estas cosas? (Mt 13, 51-52). Jesús el Señor, después de enseñar la realidad sobre el Reino de los cielos, a través de siete parábolas (Mt 3,1-50), les pregunta a sus discípulos y a todas aquellas personas que le escuchaban: ¿Han entendido ustedes todas estas cosas? A renglón seguido dice la Palabra que ellos respondieron: “Sí”. Jesús, entonces hace un elogio al respecto con las siguientes palabras: “Está bien: cuando un maestro ha sido instruido sobre el Reino de los Cielos, se parece a un padre de familia que siempre saca de sus armarios cosas nuevas y viejas” (Mt 13, 52).
Dice San Agustín: “Todos poseemos una docta ignorancia”. Es decir, somos doctos en algunas ciencias e ignorantes en otras. En el lenguaje popular decimos: “Zapatero a tus zapatos”. En el castellano la palabra entender se define así: “Percibir y tener una idea clara de lo que se dice, se hace o sucede o descubrir el sentido profundo de algo”. Las tres potencias o facultades del ser humano son: Memoria, entendimiento y voluntad. Nos dice la Palabra que, a la pregunta de Jesús: ¿Han entendido ustedes todas estas cosas? Alguna parte del grupo que lo escuchaba, entre ellos algunos maestros de la ley dijeron: Sí. La misión del maestro, del buen maestro, del excelente pedagogo es precisamente, lograr que sus discípulos entiendan lo que él quiere transmitir, hacer que sus alumnos entiendan la importancia del asunto que se les quiere enseñar.
¿Han entendido ustedes todas estas cosas? Sí. Desde luego, que, en el aprendizaje, el cien por ciento no lo hace el maestro, también es sumamente importante la competencia del discípulo y sobre todo el interés por lo que se le quiere transmitir. Un alumno sin motivación, sin deseos y sin la necesidad de aprender, no asume el conocimiento, por más buen pedagogo que sea su maestro. Cuando el discípulo le responde a su maestro que sí entendió, el maestro, puede darse por bien servido. ¡Cómo es de agradable el encuentro de un maestro con su alumno agradecido y valorando lo que aprendió a través de él! Cuando se da ese complemento: enseñanza – aprendizaje, ambos: maestro y alumno, deben sentir una bella satisfacción. El maestro puede exclamar: “Somos simples servidores, hemos hecho lo que teníamos que hacer” (Cf Lc 17,10), y el alumno puede decir: Gracias buen maestro, gracias.
Desde la espiritualidad cristiana mis queridos sacerdotes, religiosos (as), fieles laicos, padres de familia, hermanos todos, hombres y mujeres de buena voluntad…, nuestra gran tarea es entender la importancia del Reino de los cielos. Reino de justicia y paz, de amor y libertad, de unidad y fraternidad. Jesús nos dice en la Palabra: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca. Renuncien a su mal camino y crean en la Buena Nueva” (Mc 1,15). El Reino de Dios está cerca. El Reino es Jesús, nuestro Señor, el Dios encarnado. El Reino es el hermano que está a mi lado y que es imagen y semejanza de Dios. El Reino de Dios está cerca, lo podemos tocar y sentir. El Reino de Dios está dentro de nosotros, renunciemos al mal camino de la indiferencia, del pecado, de la corrupción, de la injusticia y convirtámonos.
Hermanos, en este tiempo de pandemia y siempre, por favor, que no se nos olvide, todos los días, hacer nuestro “examen de conciencia”. Este bonito ejercicio lo enseñó con vehemencia San Ignacio de Loyola y seguramente, la mayoría de nosotros, lo aprendimos de nuestras madres, quienes, a su vez, fueron nuestras primeras maestras. Aprovechemos este aprendizaje que hace parte de nuestra espiritualidad cristiana, para que no seamos indiferentes frente a la situación que estamos viviendo: Crisis mundial, nacional y regional por el COVID 19. Permítanme que juntos, a manera de examen de conciencia, nos posibilitemos algunas preguntas: Desde que comenzó la noticia del COVID 19: ¿Cómo ha sido mi actitud, mi respuesta, mi responsabilidad? ¿Qué pienso de este “instante vital” que estamos viviendo? ¿Entiendo lo que está pasando? ¿Me doy cuenta de las transformaciones mundiales que se están generando a partir de la crisis que estamos viviendo? ¿He entendido lo que está pasando? ¿Estoy aprendiendo algo nuevo? ¿Estoy dispuesto a sacar del armario de mi memoria y mi entendimiento cosas nuevas y antiguas? ¿Con toda la conciencia de mi entendimiento, estoy siendo responsable, es decir, cuido mi vida y la vida de mis hermanos? ¿Soy respetuoso de los protocolos necesarios para preservar mi salud y la salud de mis amigos, compañeros y familiares?
En estos días le he escuchado decir a muchas personas: “Es el momento para amar la vida”. Toda crisis bien asumida, con fe y esperanza es beneficiosa, es pedagógica, es retadora, es desafiante. Toda crisis nos hace salir de nuestras comodidades nos hace comprender que la realidad del mundo es mucho más de lo que nos acostumbramos a vivir. Toda crisis nos hace entender que el ser humano no solo es carne, materialidad, el ser humano es también espíritu, fraternidad, solidaridad. El ser humano no es solamente sentidos externos, es también sentidos internos. Toda crisis pone de manifiesto nuestra fragilidad, pero, a su vez nos hace pensar con sentido de eternidad y trascendencia. Toda crisis nos pone de cara a un ser superior, de cara a Dios. Escuchemos la Palabra: “Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Animo, soy yo, no tengan miedo!” (Cf Mt 14,22-33).
“Es el momento para amar la vida”. Es el momento para valorar la vida, es el momento para ver la vida incluso de cara a la enfermedad, el sufrimiento y la misma muerte. Nadie quiere sufrir, todos por intuición natural le huimos a la enfermedad, a la cruz y a la muerte. Pero todos como los discípulos de Jesús, estamos invitados a ir en la barca de la fe y la esperanza. Este es un tiempo oportuno para contemplar a Jesús, aunque en un principio, lo veamos como un fantasma. Es el momento también de la confianza y con Pedro decir: “Señor, si eres Tú, mándanos ir a Ti”. Estemos seguros de que el Señor nos acoge y nos dice: En este tiempo de incertidumbre, si tienen fe, serán capaces de caminar sobre mil peligros y no les pasará nada, porque yo los llevo en mis brazos.
Frente a la crisis actual, no podemos ser indiferentes. ¿Hemos entendido esto? ¿Queridas familias han vuelto a entender la importancia y la grandeza de la familia? Démonos cuenta, cuando uno sufre sólo quedan dos alternativas: “Dios y familia”. Dice la Palabra: “A quién vamos a ir sólo tu tienes palabras de vida eterna”; y, ¿Con quién hemos contado, después de Dios, realmente en estos días de pandemia? Sin duda que con la familia. Esa familia, que por tantos medios sigue amenazada. Aprendamos al menos, que es tiempo de volver a valorar la familia, como célula fundamental de la sociedad. Queridos padres de familia, formen a sus hijos, no sólo para responder a las necesidades del mundo. No sólo necesitamos profesionales, necesitamos profesionales éticos y con grandes valores humanos y de fe, valores que se aprenden fundamentalmente en la familia. Estimadas familias, fórmense no sólo en valores humanos, sino también, en valores trascendentes y trascendentales, valores que los prepare para saber dar respuestas sabias a interrogantes con sentido de eternidad; para responder no sólo a interrogantes en tiempos de felicidad y placer, sino también, en tiempos de crisis.
Queridos maestros, instituciones educativas, la misión de ustedes es formar “buenos cristianos y honestos ciudadanos” (San Juan Bosco). Educadores, junto con la familia, son ustedes la gran alternativa de cambio. Sin educación no hay futuro. Sin un camino certero, perdemos el sendero. “Quien no sabe para donde va, llega a cualquier lugar”. No se nos olvide que nuestra meta es el cielo. Nuestra patria es el cielo y allí vamos de la mano del gran Maestro de Nazareth. Confiemos en el poder de la gracia, es esta la que nos debe conducir y la que nos da los criterios de fe para juzgar con esperanza el momento presente.
Queridos dirigentes…, apuéstenle – apostémosle – a educar para formar el entendimiento. Superemos ya el camino del sólo sentimiento, de las emociones y las pasiones. Recordemos lo que con frecuencia nos dice el Papa Francisco: “Todo está interconectado”, también nuestro ser. Somos una integridad, somos unidad. Recordemos que somos seres racionales; crezcamos en potenciar nuestro entendimiento. El entendimiento y/o la razón es la bella facultad que Dios nos ha dado para que fuéramos los “señores” del mundo. Es decir, para que administráramos el mundo para el bien y no para la destrucción.
Entender, hermanos, entender. Entendamos que el momento que vivimos es desafiante y retador. A problemas humanos y éticos, no estemos esperando sólo soluciones técnicas. Ejemplo: frente al COVID, no bastan sólo los ventiladores (gracias a quienes han gestionado estos aparatos para el Caquetá). Pero ¡y qué sentido tienen muchos ventiladores, si no entendemos la necesidad de cuidarnos, para cuidar a nuestros hermanos! Bienvenida toda la ayuda científica y tecnológica. Gracias, muchas gracias, personal de la salud y administradores, gracias por buscar el bien común, gracias por cuidar la salud de sus semejantes. Pero por favor, hermanos, amemos la vida, cuidemos la vida, responsabilidad frente a la vida. Unidos y de la mano de Dios venceremos. ¡Adelante, paso de vencedores! Cuidemos nuestra salud, es un gran tesoro al que lamentablemente, por lo general, valoramos, sólo cuando la perdemos.
Por favor, hermanos, no hagamos de este momento tan crucial de la historia algo intrascendente… De cara a la realidad que vivimos es tiempo para agradecer a Dios el don de la vida, para valorar la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte. Es tiempo para estar en familia y amar nuestra relación familiar. Es tiempo para manifestar nuestro afecto y cercanía con los amigos. Es tiempo para escuchar la voz de Dios que nos invita a la conversión. Hagamos de este momento histórico un acto salvífico, un pasar de Dios por nuestra historia, un momento oportuno para la fraternidad y la caridad. Así como se ha globalizado el virus, globalicemos también el Reino de los cielos. Entendamos que sólo en Jesús nuestro Señor encontraremos consuelo. Escuchemos siempre a Jesús el Señor que nos dice: ¡Animo, soy yo, no tengan miedo!”. Ánimo, yo voy con ustedes, no tengan miedo. ¡Qué la Virgen Santísima, nos acompañe durante este tiempo de pandemia embravecida que nos quiere destruir!
+ Omar de Jesús Mejía Giraldo
Arzobispo de Florencia
[icon class='fa fa-download fa-2x'] Lea pandemia y espiritualidad I[/icon]
La familia, camino de reconciliación y constructora de paz
Mié 24 Jun 2026
Vengan a mí que yo los aliviaré
Mar 16 Jun 2026
Mar 9 Jun 2026
En mes del Sagrado Corazón de Jesús imploramos el don de la paz
Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Así como en el mes de mayo pusimos la mirada confiada en María la Virgen, en el mes de junio estamos siendo llamados a poner la mirada en Jesús. Ya el autor de la Carta a los Hebreos nos exhorta a que tengamos fijos los ojos en Jesús, que es el autor y consumador de nuestra fe (cf. Heb. 12,2).La imagen del Corazón de Jesús es más que nunca providencial para este tiempo. La solemnidad del Sagrado Corazón la celebraremos el viernes 12 de junio. En muchas de nuestras ciudades, y así lo haremos en Cali, tendremos la consagración de nuestra ciudad y de todo el país al Sagrado Corazón de Jesús, como un especial momento espiritual y de fe para implorar el don de la paz que tanto necesitamos. En Cali la celebración será en el Templo Votivo del Corazón de Jesús, el viernes 12 de junio a las 6:00 p.m.Un reiterado llamamiento a la pazEl tiempo que vivimos no es fácil. Retomo apartes del mensaje que, con ocasión de las jornadas electorales 2026 enviamos los obispos colombianos y que es importante tener siempre presentes.“Nuestro país necesita del aporte de todos para construir un clima social distinto, centrado en propuestas y programas orientados al bien común, la justicia y la convivencia pacífica.Al transmitir mensajes relacionados con el proceso electoral, actuemos siempre con imparcialidad, prudencia, sabiduría y auténtico sentido pastoral, evitando actitudes partidistas o expresiones que puedan profundizar la división.Estamos llamados a promover el respeto mutuo, la unidad, la reflexión responsable y el compromiso ético de los fieles, contribuyendo así́ a la construcción de una sociedad reconciliada y esperanzada”.Nuestros fieles necesitan un bálsamo de confianza en el presente y futuro de nuestro país. Por lo tanto, poniendo la mirada en quien es el Príncipe de la paz, los invito a elevar una oración eucarística con la mirada el corazón traspasado de Jesús, como un clamor por la reconciliación y la paz.Llegan dos nuevos obispos auxiliares a la Arquidiócesis de CaliNo puedo dejar pasar de largo la alegre noticia del gran regalo que el Señor ha hecho a nuestra Iglesia particular de Cali, a través del nombramiento que realizó el Papa León XIV de dos nuevos obispos auxiliares, el presbítero Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo, que viene de la Arquidiócesis de Medellín, y el presbítero Arnulfo Moreno Quiñonez, del Vicariato Apostólico de Guapi.El Señor ha estado grande con nosotros, y por eso estamos felices. Con estos hermanos obispos vamos a seguir consolidando los diferentes planes y proyectos evangelizadores en nuestra Iglesia particular. Ellos, según los dones y carismas que el Señor les ha dado, aportarán lo mejor de sí mismos para que el Reino de Dios siga consolidándose entre nosotros.Oremos por ellos. La ordenación episcopal del Pbro. Arnulfo será en nuestra Iglesia Catedral san Pedro Apóstol, el sábado 25 de julio, y la ordenación el Pbro. Luis Fernando de Jesús será en la Catedral Metropolitana de Medellín, el sábado 1 de agosto.Sean bienvenidos a Cali los nuevos obispos, que también enriquecerán el colegio episcopal colombiano.Oración de Consagración al Corazón de JesúsComo el 22 de junio de 1902, cuando se realizó la primera consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, como súplica por el fin de la Guerra de los Mil Días, de nuevo, hoy, el pueblo de Dios peregrino en Colombia, es convocado a celebrar este acto de fe, con la urgente necesidad trabajar por la unidad, la paz y la reconciliación nacional.En su visita a Colombia, el Papa Francisco, advertía que, “la reconciliación sólo es posible si llenamos de la luz del Evangelio nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro”.Oremos:Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que Tú eres y todo lo que Tú haces por tu Iglesia y por la porción del Pueblo de Dios que peregrina en Colombia.Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.Reunidos juntos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos nosotros y consagramos a Colombia a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.Al consagrarnos a Ti renovamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor.Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones, en nuestros hogares y en Colombia.Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén .V./ Jesús, manso y humilde de corazón,R./ Haz mi corazón semejante al tuyo (tres veces).+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali
Lun 1 Jun 2026
Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Concluimos hoy el mes de mayo venerando a María que en salida misionera visita a su prima Santa Isabel, para anunciarle al Salvador del mundo. Durante 70 años de historia diocesana, en el anuncio gozoso del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tenemos la certeza que María ha caminado con nosotros y nos ha fortalecido en el Proceso Evangelizador, siendo modelo de fe, esperanza y caridad, a quien queremos seguir imitando, cumpliendo con nuestra misión; tal como lo expresa el lema pastoral para este mes: vayan y hagan discípulos, imitando a María.Imitamos a María como mujer de fe, reconocida esta virtud en la visita que le hace a su prima Isabel. Tal como lo narra el Evangelio: “¡dichosa tú que has creído¡ Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 45), palabras que reconocen la fe de María, en el acto de entrega a la voluntad de Dios que pronunció cuando el Arcángel Gabriel le anunció que iba a ser la madre del Salvador; respondiendo ella con palabras que expresan su fe entregada a la voluntad de Dios: “he aquí la esclava del Señor, há¬gase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38), afirmando con ello el Evangelio la actitud de fe de María y que Isabel reconoce y lo exclama con entusiasmo cuando le dice: “¡dichosa tú que has creído” (Lc 1, 45).Imitando la fe de María, es posible que se engendre en nuestro corazón la virtud de la esperanza. En los momentos más oscuros y tormentosos de su vida, María “brilla como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen Gentium 68). Desde la Anunciación, María sabe que Cristo es la roca firme sobre la que se edifica la vida cristiana y la respuesta a Dios. María espera contra toda esperanza, incluso en el momento de la muerte de Jesús en la cruz, cuando continúa su camino por la oscuridad, pero con el corazón lleno de esperanza. María enseña a cada cristiano a estar junto a la cruz del Señor, con dolor, pero de pie y con esperanza, “alcanzó así a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el misterio de la Alianza” (Documento de Aparecida 266).María mujer de fe y de esperanza nos enseña a vivir la caridad, ella puso en práctica la cari-dad con todos los que se encontró en el camino. Reconocemos que el amor oblativo, de caridad sin límites de la Virgen, nace de la comunión que tenía con el corazón de Dios, que la llevó a aceptar ser la madre del Redentor para entregar¬le la salvación a toda la humanidad. La caridad y el amor de María por cada uno de nosotros, conduce de inmediato hasta Jesús, una caridad silenciosa, prudente, que de nuevo al pie de la Cruz de su Hijo, calla y ofrece por la humanidad el acto de amor más grande de entrega. “La Virgen de Nazaret tuvo una misión única en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañando a su Hijo hasta su sacrificio definitivo” (DA 267); siendo esta misión la caridad más silenciosa, pero la más efectiva para cada uno de nosotros.María al entregarnos a Jesús, nos trae con Él todo el amor, el perdón, la reconciliación y la paz, “como madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios” (DA 267). Por eso, estamos llamados a imitarla en la virtud, que Ella misma vivió, acompañando a los discípulos y a la Iglesia como la madre de la fe, la esperanza y la cari¬dad.Esta es la tarea de la Iglesia en su vocación de evangelizar y en este compromiso estamos en nuestra Diócesis de Cúcuta con el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (PEIP); con la certeza que transmitir a Jesucristo a otros es la obra de caridad más grande que podemos hacer. Así nos lo enseñó el Papa Francisco: “la Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (Evangelii Gaudium 14), recordando que la primera obra de caridad que hemos de hacer a nuestros hermanos será mostrarles el camino de la fe, la esperanza y la caridad. Así lo indicó el Papa Francisco, retomando palabras de sus antecesores: “el anuncio de Jesucristo es el primer acto de caridad hacia el hombre, más allá de cualquier gesto de generosa solidaridad” (Mensaje para las mi-graciones 2021). En esto la Virgen María, como maestra de la fe, la esperanza y la caridad, nos da ejemplo de un amor total a todos nosotros, entregándonos a Jesús y llevándonos hasta Él.La profunda vida interior y contemplativa de nuestra madre del cielo, nos exhorta a mirar fijamente a Jesucristo y a vivir con fe, esperanza y caridad, todo nuestro peregrinar humano y cristiano, con las incertidumbres y tormentas diarias, poniendo nuestra vida en las manos del Padre, con los ojos fijos en Jesucristo, hasta que lleguemos a participar de la Gloria de Dios. Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en todas las circunstancias de la existencia. Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la madre del cielo, nos alcancen de nuestro Señor Jesucristo la fortaleza en la fe, la espe¬ranza que no defrauda y la caridad sin límites, para que sigamos siendo discípulos misioneros del Señor.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mié 20 Mayo 2026
La caridad es la puerta de entrada al cielo
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Seguimos en la celebración de los 70 años de vida diocesana con el lema pastoral: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, viviendo la alegría de la Pascua que nos fortalece en el camino de vida nueva en santidad. Retomando las virtudes teologales que han sido siembra en el corazón de muchas personas durante todo este tiempo de historia diocesana, hoy nos disponemos a reflexionar sobre la virtud de la caridad que Jesús Re-sucitado nos ha dejado como camino para llegar al cielo.Todo el trabajo evangelizador en salida misionera en nuestra Diócesis de Cúcuta, tiene como propósito llevar a las personas a reforzar el amor a Dios y el amor al prójimo. Tal como nos lo dice Jesús en su Palabra: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas” (Mt 22, 37 - 40); el Magisterio de la Iglesia lo refuerza cuando enseña: “amor a Dios y al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (Deus Caritas Est, 15).La caridad es el fruto maduro de la fe en Jesucristo y la esperanza en Él que no defrauda; es la corona de todas las virtudes y precisamente el Señor nos indica que el juicio final será sobre las obras de misericordia, “vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme” (Mt 25, 34 - 36). Concluyendo que cada vez que un cristiano hace la caridad a un hermano necesitado, lo está haciendo al mismo Jesucristo y por lo tanto podrá gozar con Él de la gloria de Dios.Recibir el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en el corazón, tendrá que llevarnos cada día a ser diócesis samaritana, en la que todos los creyentes nos agachamos a sanar las heridas del prójimo que ha caído en el camino de la vida y necesita una mano que lo levante, teniendo en cuenta que “mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. El amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora” (DCE, 15).Vivir la caridad es un aprendizaje que se adquiere en la oración constante, no se aprende en los centros académicos, ni se tiene de una vez para siempre. La caridad se construye cada día en el corazón de un creyente que se dispone a amar a Dios y a extender el amor del corazón de Jesús por todas partes, reconociendo a Jesucristo en todos los que sufren, en los que están excluidos y en los más vulnerables de la sociedad, “Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicieron (DCE, 15).El cristiano que se pone de rodillas frente al Santísimo Sacramento, que mira y contempla el Crucificado, es capaz de salir de sí mismo para volverse prójimo del que sufre. La caridad no es un simple acto social, sino que nace de la naturaleza misma de la Iglesia que anuncia el Evangelio en salida misionera y cosecha el fruto del amor al prójimo, ya que “la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de la otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (DCE, 25).La Iglesia predica el Evangelio a todos, por tanto la caridad se realiza entre los miembros de la Iglesia, pero traspasa sus límites y va más allá de sus confines, llega incluso a los que no están en el redil o rechazan el Evangelio o se convierten en nuestros opositores, “la caridad supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado casualmente, quien quiera que sea” (DCE, 25).La caridad como puerta de entrada al cielo, sigue orientándonos la meta de nuestra vida, allá está la puerta del cielo, recorramos el camino haciendo la caridad, que brota de un cristiano que es capaz de ocupar el último lugar, ese que ocupó nuestro Señor Jesucristo en la cruz, haciéndose servidor de toda la humanidad en el acto de caridad más grande, “Cristo ocupó el último puesto en el mundo, la Cruz, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia” (DCE, 35).Sigamos escribiendo juntos nuestra historia diocesana desde la caridad, que es el amor de Dios que se hace presencia a través de cada uno de los cristianos, que peregrinamos en esta Iglesia Particular, hasta llegar un día a la salvación eterna. Que la Santísima Virgen María, madre de la caridad y el Glorioso Patriarca San José, custodien la fe y esperanza en nosotros, para que produzca el fruto maduro de la caridad y en actitud de oración reconozcamos a Jesús en los más pobres y necesitados.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mar 19 Mayo 2026
La familia, don de Dios
Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - Y dijo Dios “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra…Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y henchid la tierra, sean fecundos". (Gn. 1,26-27)La familia: don sagrado de Dios que debe ser protegido hoy: en medio de los profundos cambios culturales, sociales y jurídicos que atraviesa el mundo contemporáneo, la familia —fundamento de la sociedad y santuario de la vida— enfrenta desafíos que cuestionan su identidad, su misión y su estabilidad. No se trata simplemente de transformaciones externas, sino de una verdadera crisis antropológica que toca el corazón mismo del ser humano, por eso, es urgente alzar la voz con claridad, caridad y firmeza para custodiar este don divino.1. La familia en el designio de DiosLa Sagrada Escritura nos presenta la familia no como una invención humana, sino como un proyecto nacido en el corazón de Dios:“Dios creó al hombre a su imagen… varón y mujer los creó” (Gn 1,27).La complementariedad entre el hombre y la mujer no es solo biológica, sino profundamente espiritual y relacional. En esta unión se revela el amor creador de Dios, que es fecundo, fiel y total.El matrimonio, elevado por Cristo a sacramento, no es un simple contrato social, sino una alianza sagrada que refleja el amor entre Cristo y su Iglesia (cf. Ef 5,25). Por eso, la familia es llamada con razón “Iglesia doméstica”, lugar donde se transmite la fe, se aprende a amar y se cultiva la vida.2. Las amenazas actuales contra la familiaHoy la familia se ve amenazada por múltiples corrientes que, bajo el lenguaje de libertad o progreso, terminan debilitando su esencia:a. Las Ideologías que desdibujan la identidad humana: existen corrientes que niegan la naturaleza dada del ser humano, relativizando la identidad sexual y la complementariedad entre el hombre y la mujer. Esto no solo afecta la comprensión del matrimonio, sino también la estabilidad emocional y espiritual de las nuevas generaciones.b. La mentalidad anticonceptiva y rechazo de la vida: la difusión de prácticas anticonceptivas ha instaurado una cultura que separa el amor conyugal de su apertura a la vida. El hijo deja de ser don de Dios para convertirse, en muchos casos, en una opción condicionada o incluso rechazada. Esto contradice profundamente el sentido sacramental del matrimonio, llamado a ser signo de amor fecundo, generoso y abierto al don de la vida.c. La disolución progresiva del vínculo familiar: el aumento de separaciones, la banalización del compromiso y la fragilidad de los vínculos afectan gravemente el tejido social. Cuando la familia se rompe, no solo sufren los esposos, sino especialmente los hijos, quienes pierden referentes fundamentales para su crecimiento integral.d. Las tendencias jurídicas que redefinen la familia: en muchos contextos, las legislaciones buscan redefinir la familia desligándola de su fundamento natural y sacramental. Si bien es necesario garantizar derechos y dignidad para todas las personas, no se puede perder de vista la verdad profunda sobre la familia como unión estable entre un hombre y una mujer abierta a la vida.3. La fidelidad, la verdad y el amor son la respuesta cristianaAnte este panorama, la Iglesia no responde con condena, sino con una propuesta: volver al plan original de Dios.a. Redescubrir la belleza del matrimonio: es necesario anunciar con alegría que el matrimonio no es una carga, sino una vocación hermosa, un camino de santidad donde el amor se purifica, madura y da fruto.b. Educar en el amor verdadero: la familia debe ser escuela de virtudes: respeto, entrega, fidelidad, perdón. Solo así se construyen relaciones sólidas capaces de resistir las dificultades.c. Defender la vida como don sagrado: cada hijo es signo del amor de Dios. Acoger la vida es participar en la obra creadora divina. La apertura a la vida no empobrece el amor, lo engrandece.d. Testimonio coherente: más que discursos, el mundo necesita familias que vivan con autenticidad su vocación: hogares donde se respire fe, donde el perdón sea posible, donde el amor no sea pasajero sino comprometido.4. Dimensión espiritual y sacramentalLa familia cristiana no está sola. Está sostenida por la gracia de Dios. En los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el Matrimonio, encuentra la fuerza para perseverar.Orar en familia, participar en la vida de la Iglesia y confiar en la acción de Dios son pilares fundamentales para resistir las crisis.Proteger la familia no es una opción ideológica, es una urgencia humana y espiritual. Allí donde la familia es fuerte, la sociedad florece; donde la familia se debilita, todo se fragmenta.Hoy más que nunca, estamos llamados a custodiar este don con valentía, iluminados por la verdad del Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios.La familia no es un vestigio del pasado: es la esperanza del futuro porque donde la familia se mantiene unida a Cristo allí nace la esperanza del mundo.Señor Jesús, que la sagrada familia de Nazaret sea modelo y protección de nuestros hogares.Danos amor, unidad y fidelidad para que nuestra familia pueda vivir la voluntad creadora de nuestro Dios.El Señor proteja nuestra familia+Ramón Alberto Rolón GüepsaObispo de Diócesis de ChiquinquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia