SISTEMA INFORMATIVO
Para que sean plenamente uno (Jn 17,23)
Tags: arzobispo de florencia Omar Mejía provincia ecleisástica de la amazonía
Por: Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo - Carta Pastoral - Saludo fraterno a los Señores Obispos de la Provincia Eclesiástica recién conformada por el Santo Padre, el Papa Francisco. Saludo cordial a los hermanos Sacerdotes de la Provincia. Saludo de Pastor a los Religiosos (as), Seminaristas, Laicos. Saludo a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que conforman la nueva Provincia Eclesiástica de Florencia con identidad amazónica.
“Para que sean plenamente uno”. Así se expresa Jesús en su oración conocida como la oración sacerdotal (Cf Jn 17). Nuestra tarea es: desde la diversidad orar, evangelizar, trabajar, impulsar…, la unidad. Escuchemos el sentir de la Iglesia: “Para promover una acción pastoral común en varias Diócesis vecinas, según las circunstancias de las personas y de los lugares, y para que se fomenten de manera más adecuada las recíprocas relaciones entre los Obispos diocesanos, las Iglesias Particulares se agruparán en Provincias Eclesiásticas delimitadas territorialmente” (Código de Derecho Canónico, 431, 1).
La biodiversidad amazónica, nos da píe para pensar también en la diversidad cultural que se ha gestado en este bello territorio de la amazonia colombiana. Esta diversidad nos enseña que todos tenemos derecho a existir y a ser diferentes. La diversidad para la Iglesia no puede ser un problema, todo lo contrario, es una bendición, así lo expresaba precisamente San Pablo: “Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo. Hay diversidad de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos. La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común” (1Cor 12,4-7).
“Para que sean plenamente uno”. Ser uno. Sentir el gozo de la diversidad, pero luchando por la unidad, éste es el querer de la Iglesia en cabeza del Papa Francisco. Éste tiene que ser el sentir y el gozo de nosotros los Obispos de: Florencia, Mocoa - Sibundoy, San Vicente del Caguán, Leticia, Puerto Leguízamo - Solano, Inírida y Mitú. Ser uno, sentir el gozo de la hermandad en la fe, éste debe ser el gozo y la alegría de quienes entregamos la vida en la misión evangelizadora de la amazonia colombiana. Ser uno, sentir la alegría de hacer parte de la agenda del Papa y de la Iglesia universal tiene que ser la fuerza que nos impulsa a trabajar por la unidad en este bello territorio en el cual queremos seguir sembrando la semilla del Reino de Dios, con limpieza y trasparencia de corazón, con honestidad y rectitud, con respeto y responsabilidad.
“Para que sean plenamente uno”. De verdad y de todo corazón, queremos decirles a los diversos pueblos que conforman nuestra amazonia, con absoluta libertad queremos seguir proponiéndoles el Evangelio como el camino para la unidad. Escuchemos al Papa Benedicto en Aparecida:
“La fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos durante más de cinco siglos. Del encuentro de esa fe con las etnias originarias ha nacido la rica cultura cristiana de este continente expresada en el arte, la música, la literatura y, sobre todo, en las tradiciones religiosas y en la idiosincrasia de sus gentes, unidas por una misma historia y un mismo credo, y formando una gran sintonía en la diversidad de culturas y de lenguas. En la actualidad, esa misma fe ha de afrontar serios retos, pues están en juego el desarrollo armónico de la sociedad y la identidad católica de sus pueblos” (Discurso inaugural, mayo 23 de 2007).
“La Iglesia no crece por proselitismo, crece por atracción; la atracción testimonial de este gozo que anuncia Jesucristo. Ese testimonio que nace de la alegría asumida y luego transformada en anuncio. Es la alegría fundante. Sin este gozo, sin esta alegría, no se puede fundar una Iglesia, una comunidad cristiana. Es una alegría apostólica, que se irradia, que se expande” (Francisco, en la Misa de acción de gracias, por la canonización de San José de Anchieta, el evangelizador de Brasil, abril 24 de 2014). Alegría, gozo, fiesta…, son expresiones que, de muchos sacerdotes, religiosos (as), laicos y muchas otras personas se han escuchado por la creación de la nueva Provincia Eclesiástica. Esta es la alegría que invito a todos mis hermanos misioneros y evangelizadores a compartir con todos los pobladores de nuestra región amazónica. Alegría que hemos de vivir de cara a la Iglesia universal.
Hermanos, todos: Indígenas, afro - descendientes, campesinos, colonos, empresarios, dirigentes, políticos, líderes sociales, partidos políticos…, sintámonos convocados por el evangelio a cuidar nuestra “casa común”. Esta maravillosa casa, Dios nos la ha entregado para que la administremos con “fidelidad y prudencia” (Cf Lc 12,32-48). No nos cansemos de trabajar por nuestra “casa común”, ella es “nuestra hermana”, escuchemos al Papa: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a despojarla” (Cf Laudato Si, 2). Entre todos démonos a la tarea de trabajar buscando siempre el bien común y no nuestros intereses personales inspirados en la avaricia, la ambición y el deseo de poder.
Como nueva Provincia Eclesiástica, con rostro amazónico, tenemos la enorme tarea de escuchar la voz de Dios que siempre nos habla y se manifiesta sobre todo a través de los más pobres e invisibles. Nos insiste precisamente Francisco: “Cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio" (Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 20).
Como Iglesia con rostro amazónico, tenemos que sentirnos todos convocados a escuchar la voz de Dios que nos dice: “He visto el sufrimiento de mi pueblo…” (Cf Ex 3,7-9), y desde ese sufrimiento, leer el querer de Dios en cada una de nuestras Jurisdicciones que hacen parte de nuestra Provincia. Como Iglesia y junto con toda la sociedad, debemos discernir, a la luz de la Palabra y a la luz de cada momento histórico la voluntad de Dios para los pueblos amazónicos. Como Iglesia debemos actuar, así: “hacer amanecer la palabra en las obras” (Petición de los indígenas en el pre - sínodo. Bogotá, agosto, 13-14, 2019).
Como Provincia Eclesiástica tenemos el reto de hacer realidad las ideas que tantas personas han soñado, cuando empezaron a gestar la identidad territorial de la Iglesia en la amazonia. Debemos pasar de las ideas, las emociones y los sentimientos a lo real. Nuestra gran misión será acompañar a todas las comunidades insertas en la amazonia, sin distinción de credo, raza o clase social, pero sí, con identidad. Somos Iglesia y como tal nuestro gran desafío es la unidad: “Para que sean plenamente uno”. Nuestro camino evangelizador y nuestro acompañamiento a los pueblos, comunidades y ciudades de la amazonia, debe estar inspirado en la oración constante. Jesús mismo nos enseña que nuestra oración debe ser universal. Decir: “Padre Nuestro”, es sentir el gozo y la alegría de ser hermanos. Nuestra misión exige compromiso, sacrificio, entrega… Nuestra tarea misionera en la amazonia colombiana, la debemos seguir inspirando en la gracia y en la bendición de Dios, como la han realizado nuestros antepasados. Como Iglesia, conocemos la realidad y los grandes desafíos de hoy, sin embargo, no podemos ser profetas de la desesperanza y la destrucción; como Iglesia, hagamos el esfuerzo y tengamos la convicción y la virtud de ser sobre todo profetas de la esperanza. La obra es de Dios. Es Él quien nos ha llamado a ser parte de esta Iglesia que peregrina en este “instante vital” en la amazonia. Si Dios nos ha puesto aquí, es porque conoce nuestro corazón y sabe que nuestra misión será, realizar con fe, amor y entusiasmo, su santa voluntad.
Ciertamente, tenemos enormes retos: Abogar por el cuidado de la casa común; la conservación del bioma amazónico; acompañar y hacer seguimiento a todo los proyectos de desarrollo en nuestro territorio; propiciar ambientes fraternos y de paz, donde se garantice la vida como don de Dios y como valor esencial que da fundamento a todos los demás derechos; luchar por la conservación de los bosques tropicales, allí está la vida, de éstos depende gran parte de la vida del planeta, ésta es una enorme tarea que tiene repercusión nacional, pero también global, recordemos el siguiente principio: “Somos un todo y todo está interconectado”. Nuestro compromiso tiene que ser al estilo del evangelio, recordemos la Palabra: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). La vida es un todo. Tenemos la enorme tarea de impulsar la conservación y la buena utilización del agua, el medio ambiente, la biodiversidad… Hemos de propiciar e impulsar con fuerza evangelizadora el sentido sacro de la vida, desde que nace hasta que termina como obra de Dios. La vida es un don de Dios.
Somos Iglesia con rostro amazónico y como tal es justo y necesario aprovechar este bello momento histórico para agradecer de corazón a tantos Misioneros y Misioneras, que han hecho su aporte generoso, para que hoy seamos lo que somos. Gratitud inmensa a tantos hombres y mujeres, religiosos, (as) y laicos que con rectitud y honestidad de corazón han gastado sus vidas en estas bellas tierras de la amazonia colombiana. Gratitud a la Iglesia como un todo: “La presencia significativa de la Iglesia católica, sus compromisos y avances de esta institución social y religiosa, más allá de sus intenciones evangélicas y catequizadoras, ha sido una fuerza poderosa que ha caminado y construido sociedad y cultura con el pueblo y ha sido profundamente solidaria con sus esperanzas, angustias, temores y alegrías” (Gabriel Perdomo. Historiador de la Universidad de la Amazonia, julio 24 de 2019).
Hoy somos Provincia Eclesiástica de Florencia, Iglesia con rostro amazónico; es un momento histórico valiosísimo, significativo y oportuno para detenernos a admirar a quienes como Obispos han sembrado y gestado el Reino de Dios en este vasto territorio de la amazonia. Hoy y siempre, como Iglesia y como sociedad civil, queremos admirar también a tantos sacerdotes que han entregado su ser por el bien de todos y la salvación integral de quienes han hecho y seguimos haciendo parte de la amazonia. Este es un momento significativo para valorar el enorme potencial vocacional que posee la Iglesia en la amazonia colombiana. Estimados sacerdotes, vivamos con alegría nuestra identidad sacerdotal. Ciertamente reconocemos un valioso avance en vocaciones nativas, pero necesitamos fortalecer nuestra identidad vocacional. Esto lo lograremos en la medida que como consagrados vivamos con alegría, gozo y fuerza espiritual nuestro ministerio. Somos para Dios y desde Dios somos para los demás. Nuestro ministerio ha comenzado en la mañana de nuestra ordenación y terminará en la tarde de nuestro funeral. Nuestra misión es hacer el bien sin mirar a quien, con Santa Teresita podríamos decir: “Quiero pasar el cielo haciendo mucho bien sobre la tierra”. Con quiénes estemos y dónde estemos seamos lo que prometimos ser. El mundo nos necesita sacerdotes, existencialmente sacerdotes.
Como Provincia Eclesiástica, es digno y justo, agradecer y admirar, la Vida Consagrada. En la amazonia, han ofrendado la vida muchísimas religiosas. A ellas admiración infinita, por su entrega generosa. Una religiosa, con su bondad, con su generosidad, con su ser y presencia misma…, nos está diciendo que un mundo mejor sí es posible. Como Iglesia con rostro amazónico les ofrecemos nuestro cariño y afecto. Una petición de corazón y con sentido de admiración: le pedimos a las madres Generales y Consejeras, por favor, en sus procesos de reestructuración, miren las periferias de la amazonia, las queremos, las necesitamos. Estimadas religiosas, ustedes son para nuestras comunidades y pueblos la presencia del mismo Dios que asume el rostro femenino, para realizar su obra evangelizadora, unida a la promoción humana integral. Muchas gracias por su entrega generosa.
Estimados laicos a ustedes también nuestra gratitud y admiración. Ustedes son el número más grande y significativo de la Iglesia, con ustedes y para ustedes queremos seguir siendo Iglesia. Queridos laicos integrantes de las diferentes culturas que conforman nuestra Iglesia amazónica, están cordialmente invitados para que juntos: pastores y pueblo santo, caminemos hacia la unidad. “Seamos plenamente uno” (Cf Jn 17,23). Unidos somos más. La unidad debe estar por encima de cualquier conflicto. La unidad desde Dios y entre nosotros, será quien le dé consistencia a nuestra naciente Provincia Eclesiástica.
Un aspecto más que decir: como Iglesia con rostro amazónico, tenemos una gran responsabilidad. Junto con el Papa Francisco y con toda la Iglesia, sigamos buscando, “nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”, en la amazonia colombiana. Hagamos equipo, trabajemos unidos, caminemos juntos. La amazonia es diversa, pluri - étnica y pluri - religiosa…, todo esto nos exige el sabernos ubicar en un nuevo contexto evangelizador, quizás aún, nos exija cambios estructurales y luchar contra los nuevos colonialismos. No sintamos miedo, Dios siempre nos acompaña, Jesús resucitado sigue actuando entre nosotros y como a los discípulos en el día de la resurrección también a nosotros nos dice: “¡La paz esté con ustedes!” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor” (Jn 20,19-20). Tenemos un imperativo moral y ético para asumir hoy como mandato de Dios y de la Iglesia. Escuchemos a Francisco: “Hago una invitación urgente a un nuevo diálogo sobre el modo como estamos construyendo el futuro del planeta. Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos” (Laudato Si, 14).
El compromiso ético de la Iglesia en la amazonia, pasa por el compromiso y el servicio a una causa común, donde luchemos por la protección del ecosistema, la fauna, las aguas y desde luego por los derechos de sus pobladores. El Papa Francisco, nos convoca a una responsabilidad individual, es válido entonces, a manera de conversión, revisar nuestro estilo de vida. Pero también se nos invita a una responsabilidad colectiva, por eso, adquiere sentido una Provincia Eclesiástica; eso implica que al “caminar juntos” hagamos, tanto a la Iglesia, como al Estado y al mundo entero, propuestas realizables y proyectos en común que nos ayuden a ser parte de la solución y no parte el problema.
Como Iglesia con rostro amazónico, comencemos desde ya un gran debate social positivo y propositivo. Impulsemos una pedagogía social, en donde tengamos en cuenta el actual avance de los Medios de comunicación y las redes sociales. Aprovechemos las autopistas acuáticas que nos comunican, junto con todos los demás medios que nos ha traído la modernidad y hagamos de nuestra amazonia un solo corazón, luchando por unir incluso a los pueblos vecinos que nos circundan, aunque pertenezcan a otro país. La amazonia es una sola, la vida es una sola, el interés por hacer el bien es uno solo, el evangelio es uno solo. Dios es uno. A través de Jesús, el Señor, Dios Padre, nos sigue diciendo: “Sean plenamente uno”.
La amazonia es un gran patrimonio, que muchos, por su afán de lucro, no alcanzan a descubrir su enorme valor. Como Iglesia sigamos impulsando un proceso de “alfabetización”, que llegue a esferas nacionales e internacionales y digamos, que la amazonia es un enorme patrimonio, al que debemos cuidar, si queremos preservar la vida en el planeta. No podemos desconocer la diversidad, pero desde la diversidad luchemos por la unidad. Tomemos conciencia y en la medida de lo posible contémosle al mundo que la amazonia es el gran “termostato que regula la vida de nuestro planeta”.
“He venido a sanar a quienes tienen destrozado el corazón” (Cf Lc 4,19), así define san Lucas la misión de Jesús. El mundo está herido. Como seres humanos vivimos constantemente heridos. El planeta también está herido. Es urgente renunciar a la “cultura del todo vale” y esto con fines meramente lucrativos. Impulsados por la teología de la creación es necesario generar entre nosotros la “cultura del regalo, de la gracia, del sentido de la providencia”. Dios nos ha regalado el mundo para que en él construyamos y promovamos un desarrollo humano sostenible, que partiendo de la diversidad nos impulse a la unidad. Enorme tarea: desde la diversidad buscar la unidad.
Como Iglesia con rostro amazónico, no podemos perder el puesto de ser los abanderados de la educación. A través de la pedagogía y la didáctica, aprovechando todos los medios sociales de comunicación y a través de las redes sociales, con estrategias formativas, podemos seguir llegando al corazón de las personas en la amazonia e insistir en la protección de la casa común. Recurramos a las entidades que poseen la misión de investigar sobre el tema amazónico para que compartan con nosotros sus conocimientos y así con certeza y sensatez sepamos dar razones por el cuidado de nuestro planeta.
A manera de conclusión, como Iglesia con rostro amazónico no se nos puede olvidar que la “Iglesia existe para evangelizar” (EG, 14), y evangelizar es hacer que Dios llegue al corazón de cada persona y de cada comunidad. Todo lo que hemos hecho como Iglesia y todo aquello que proyectemos realizar, mirémoslo bajo la óptica de las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. Que sea la caridad, la virtud central que nos impulse a obrar siempre. Tengamos en cuenta el valioso principio que nos enseña San Agustín: “En lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad”.
Con el Papa Francisco, vamos todos a soñar con una Iglesia amazónica viva y fresca que siga impulsando la evangelización en el territorio amazónico con decidido amor por el evangelio y la casa común. Escuchemos al Santo Padre: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual, más que para la auto presión” (EG, 27). Pidámosle al Espíritu Santo que nos ayude a ser testigos de la esperanza en la amazonia colombiana.
Encomendamos nuestra Provincia Eclesiástica al patrocinio de San José, el hombre justo y trabajador, el hombre que por mandato divino tuvo el privilegio de cuidar, educar y acompañar el proceso de crecimiento del Hijo de Dios. San José el hombre manso y humilde de corazón, nos ayude a ser prudentes, pero severos en el cuidado de la creación. María, nuestra Madre y esposa de José, nos ayude a descubrir el camino que hemos de hacer como Iglesia, en el hoy de nuestra historia.
+ Omar de Jesús Mejía Giraldo
Arzobispo de Florencia
La familia, camino de reconciliación y constructora de paz
Mié 24 Jun 2026
Vengan a mí que yo los aliviaré
Mar 16 Jun 2026
Mar 9 Jun 2026
En mes del Sagrado Corazón de Jesús imploramos el don de la paz
Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Así como en el mes de mayo pusimos la mirada confiada en María la Virgen, en el mes de junio estamos siendo llamados a poner la mirada en Jesús. Ya el autor de la Carta a los Hebreos nos exhorta a que tengamos fijos los ojos en Jesús, que es el autor y consumador de nuestra fe (cf. Heb. 12,2).La imagen del Corazón de Jesús es más que nunca providencial para este tiempo. La solemnidad del Sagrado Corazón la celebraremos el viernes 12 de junio. En muchas de nuestras ciudades, y así lo haremos en Cali, tendremos la consagración de nuestra ciudad y de todo el país al Sagrado Corazón de Jesús, como un especial momento espiritual y de fe para implorar el don de la paz que tanto necesitamos. En Cali la celebración será en el Templo Votivo del Corazón de Jesús, el viernes 12 de junio a las 6:00 p.m.Un reiterado llamamiento a la pazEl tiempo que vivimos no es fácil. Retomo apartes del mensaje que, con ocasión de las jornadas electorales 2026 enviamos los obispos colombianos y que es importante tener siempre presentes.“Nuestro país necesita del aporte de todos para construir un clima social distinto, centrado en propuestas y programas orientados al bien común, la justicia y la convivencia pacífica.Al transmitir mensajes relacionados con el proceso electoral, actuemos siempre con imparcialidad, prudencia, sabiduría y auténtico sentido pastoral, evitando actitudes partidistas o expresiones que puedan profundizar la división.Estamos llamados a promover el respeto mutuo, la unidad, la reflexión responsable y el compromiso ético de los fieles, contribuyendo así́ a la construcción de una sociedad reconciliada y esperanzada”.Nuestros fieles necesitan un bálsamo de confianza en el presente y futuro de nuestro país. Por lo tanto, poniendo la mirada en quien es el Príncipe de la paz, los invito a elevar una oración eucarística con la mirada el corazón traspasado de Jesús, como un clamor por la reconciliación y la paz.Llegan dos nuevos obispos auxiliares a la Arquidiócesis de CaliNo puedo dejar pasar de largo la alegre noticia del gran regalo que el Señor ha hecho a nuestra Iglesia particular de Cali, a través del nombramiento que realizó el Papa León XIV de dos nuevos obispos auxiliares, el presbítero Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo, que viene de la Arquidiócesis de Medellín, y el presbítero Arnulfo Moreno Quiñonez, del Vicariato Apostólico de Guapi.El Señor ha estado grande con nosotros, y por eso estamos felices. Con estos hermanos obispos vamos a seguir consolidando los diferentes planes y proyectos evangelizadores en nuestra Iglesia particular. Ellos, según los dones y carismas que el Señor les ha dado, aportarán lo mejor de sí mismos para que el Reino de Dios siga consolidándose entre nosotros.Oremos por ellos. La ordenación episcopal del Pbro. Arnulfo será en nuestra Iglesia Catedral san Pedro Apóstol, el sábado 25 de julio, y la ordenación el Pbro. Luis Fernando de Jesús será en la Catedral Metropolitana de Medellín, el sábado 1 de agosto.Sean bienvenidos a Cali los nuevos obispos, que también enriquecerán el colegio episcopal colombiano.Oración de Consagración al Corazón de JesúsComo el 22 de junio de 1902, cuando se realizó la primera consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, como súplica por el fin de la Guerra de los Mil Días, de nuevo, hoy, el pueblo de Dios peregrino en Colombia, es convocado a celebrar este acto de fe, con la urgente necesidad trabajar por la unidad, la paz y la reconciliación nacional.En su visita a Colombia, el Papa Francisco, advertía que, “la reconciliación sólo es posible si llenamos de la luz del Evangelio nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro”.Oremos:Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que Tú eres y todo lo que Tú haces por tu Iglesia y por la porción del Pueblo de Dios que peregrina en Colombia.Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.Reunidos juntos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos nosotros y consagramos a Colombia a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.Al consagrarnos a Ti renovamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor.Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones, en nuestros hogares y en Colombia.Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén .V./ Jesús, manso y humilde de corazón,R./ Haz mi corazón semejante al tuyo (tres veces).+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali
Lun 1 Jun 2026
Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Concluimos hoy el mes de mayo venerando a María que en salida misionera visita a su prima Santa Isabel, para anunciarle al Salvador del mundo. Durante 70 años de historia diocesana, en el anuncio gozoso del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tenemos la certeza que María ha caminado con nosotros y nos ha fortalecido en el Proceso Evangelizador, siendo modelo de fe, esperanza y caridad, a quien queremos seguir imitando, cumpliendo con nuestra misión; tal como lo expresa el lema pastoral para este mes: vayan y hagan discípulos, imitando a María.Imitamos a María como mujer de fe, reconocida esta virtud en la visita que le hace a su prima Isabel. Tal como lo narra el Evangelio: “¡dichosa tú que has creído¡ Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 45), palabras que reconocen la fe de María, en el acto de entrega a la voluntad de Dios que pronunció cuando el Arcángel Gabriel le anunció que iba a ser la madre del Salvador; respondiendo ella con palabras que expresan su fe entregada a la voluntad de Dios: “he aquí la esclava del Señor, há¬gase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38), afirmando con ello el Evangelio la actitud de fe de María y que Isabel reconoce y lo exclama con entusiasmo cuando le dice: “¡dichosa tú que has creído” (Lc 1, 45).Imitando la fe de María, es posible que se engendre en nuestro corazón la virtud de la esperanza. En los momentos más oscuros y tormentosos de su vida, María “brilla como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen Gentium 68). Desde la Anunciación, María sabe que Cristo es la roca firme sobre la que se edifica la vida cristiana y la respuesta a Dios. María espera contra toda esperanza, incluso en el momento de la muerte de Jesús en la cruz, cuando continúa su camino por la oscuridad, pero con el corazón lleno de esperanza. María enseña a cada cristiano a estar junto a la cruz del Señor, con dolor, pero de pie y con esperanza, “alcanzó así a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el misterio de la Alianza” (Documento de Aparecida 266).María mujer de fe y de esperanza nos enseña a vivir la caridad, ella puso en práctica la cari-dad con todos los que se encontró en el camino. Reconocemos que el amor oblativo, de caridad sin límites de la Virgen, nace de la comunión que tenía con el corazón de Dios, que la llevó a aceptar ser la madre del Redentor para entregar¬le la salvación a toda la humanidad. La caridad y el amor de María por cada uno de nosotros, conduce de inmediato hasta Jesús, una caridad silenciosa, prudente, que de nuevo al pie de la Cruz de su Hijo, calla y ofrece por la humanidad el acto de amor más grande de entrega. “La Virgen de Nazaret tuvo una misión única en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañando a su Hijo hasta su sacrificio definitivo” (DA 267); siendo esta misión la caridad más silenciosa, pero la más efectiva para cada uno de nosotros.María al entregarnos a Jesús, nos trae con Él todo el amor, el perdón, la reconciliación y la paz, “como madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios” (DA 267). Por eso, estamos llamados a imitarla en la virtud, que Ella misma vivió, acompañando a los discípulos y a la Iglesia como la madre de la fe, la esperanza y la cari¬dad.Esta es la tarea de la Iglesia en su vocación de evangelizar y en este compromiso estamos en nuestra Diócesis de Cúcuta con el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (PEIP); con la certeza que transmitir a Jesucristo a otros es la obra de caridad más grande que podemos hacer. Así nos lo enseñó el Papa Francisco: “la Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (Evangelii Gaudium 14), recordando que la primera obra de caridad que hemos de hacer a nuestros hermanos será mostrarles el camino de la fe, la esperanza y la caridad. Así lo indicó el Papa Francisco, retomando palabras de sus antecesores: “el anuncio de Jesucristo es el primer acto de caridad hacia el hombre, más allá de cualquier gesto de generosa solidaridad” (Mensaje para las mi-graciones 2021). En esto la Virgen María, como maestra de la fe, la esperanza y la caridad, nos da ejemplo de un amor total a todos nosotros, entregándonos a Jesús y llevándonos hasta Él.La profunda vida interior y contemplativa de nuestra madre del cielo, nos exhorta a mirar fijamente a Jesucristo y a vivir con fe, esperanza y caridad, todo nuestro peregrinar humano y cristiano, con las incertidumbres y tormentas diarias, poniendo nuestra vida en las manos del Padre, con los ojos fijos en Jesucristo, hasta que lleguemos a participar de la Gloria de Dios. Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en todas las circunstancias de la existencia. Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la madre del cielo, nos alcancen de nuestro Señor Jesucristo la fortaleza en la fe, la espe¬ranza que no defrauda y la caridad sin límites, para que sigamos siendo discípulos misioneros del Señor.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mié 20 Mayo 2026
La caridad es la puerta de entrada al cielo
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Seguimos en la celebración de los 70 años de vida diocesana con el lema pastoral: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, viviendo la alegría de la Pascua que nos fortalece en el camino de vida nueva en santidad. Retomando las virtudes teologales que han sido siembra en el corazón de muchas personas durante todo este tiempo de historia diocesana, hoy nos disponemos a reflexionar sobre la virtud de la caridad que Jesús Re-sucitado nos ha dejado como camino para llegar al cielo.Todo el trabajo evangelizador en salida misionera en nuestra Diócesis de Cúcuta, tiene como propósito llevar a las personas a reforzar el amor a Dios y el amor al prójimo. Tal como nos lo dice Jesús en su Palabra: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas” (Mt 22, 37 - 40); el Magisterio de la Iglesia lo refuerza cuando enseña: “amor a Dios y al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (Deus Caritas Est, 15).La caridad es el fruto maduro de la fe en Jesucristo y la esperanza en Él que no defrauda; es la corona de todas las virtudes y precisamente el Señor nos indica que el juicio final será sobre las obras de misericordia, “vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme” (Mt 25, 34 - 36). Concluyendo que cada vez que un cristiano hace la caridad a un hermano necesitado, lo está haciendo al mismo Jesucristo y por lo tanto podrá gozar con Él de la gloria de Dios.Recibir el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en el corazón, tendrá que llevarnos cada día a ser diócesis samaritana, en la que todos los creyentes nos agachamos a sanar las heridas del prójimo que ha caído en el camino de la vida y necesita una mano que lo levante, teniendo en cuenta que “mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. El amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora” (DCE, 15).Vivir la caridad es un aprendizaje que se adquiere en la oración constante, no se aprende en los centros académicos, ni se tiene de una vez para siempre. La caridad se construye cada día en el corazón de un creyente que se dispone a amar a Dios y a extender el amor del corazón de Jesús por todas partes, reconociendo a Jesucristo en todos los que sufren, en los que están excluidos y en los más vulnerables de la sociedad, “Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicieron (DCE, 15).El cristiano que se pone de rodillas frente al Santísimo Sacramento, que mira y contempla el Crucificado, es capaz de salir de sí mismo para volverse prójimo del que sufre. La caridad no es un simple acto social, sino que nace de la naturaleza misma de la Iglesia que anuncia el Evangelio en salida misionera y cosecha el fruto del amor al prójimo, ya que “la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de la otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (DCE, 25).La Iglesia predica el Evangelio a todos, por tanto la caridad se realiza entre los miembros de la Iglesia, pero traspasa sus límites y va más allá de sus confines, llega incluso a los que no están en el redil o rechazan el Evangelio o se convierten en nuestros opositores, “la caridad supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado casualmente, quien quiera que sea” (DCE, 25).La caridad como puerta de entrada al cielo, sigue orientándonos la meta de nuestra vida, allá está la puerta del cielo, recorramos el camino haciendo la caridad, que brota de un cristiano que es capaz de ocupar el último lugar, ese que ocupó nuestro Señor Jesucristo en la cruz, haciéndose servidor de toda la humanidad en el acto de caridad más grande, “Cristo ocupó el último puesto en el mundo, la Cruz, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia” (DCE, 35).Sigamos escribiendo juntos nuestra historia diocesana desde la caridad, que es el amor de Dios que se hace presencia a través de cada uno de los cristianos, que peregrinamos en esta Iglesia Particular, hasta llegar un día a la salvación eterna. Que la Santísima Virgen María, madre de la caridad y el Glorioso Patriarca San José, custodien la fe y esperanza en nosotros, para que produzca el fruto maduro de la caridad y en actitud de oración reconozcamos a Jesús en los más pobres y necesitados.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mar 19 Mayo 2026
La familia, don de Dios
Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - Y dijo Dios “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra…Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y henchid la tierra, sean fecundos". (Gn. 1,26-27)La familia: don sagrado de Dios que debe ser protegido hoy: en medio de los profundos cambios culturales, sociales y jurídicos que atraviesa el mundo contemporáneo, la familia —fundamento de la sociedad y santuario de la vida— enfrenta desafíos que cuestionan su identidad, su misión y su estabilidad. No se trata simplemente de transformaciones externas, sino de una verdadera crisis antropológica que toca el corazón mismo del ser humano, por eso, es urgente alzar la voz con claridad, caridad y firmeza para custodiar este don divino.1. La familia en el designio de DiosLa Sagrada Escritura nos presenta la familia no como una invención humana, sino como un proyecto nacido en el corazón de Dios:“Dios creó al hombre a su imagen… varón y mujer los creó” (Gn 1,27).La complementariedad entre el hombre y la mujer no es solo biológica, sino profundamente espiritual y relacional. En esta unión se revela el amor creador de Dios, que es fecundo, fiel y total.El matrimonio, elevado por Cristo a sacramento, no es un simple contrato social, sino una alianza sagrada que refleja el amor entre Cristo y su Iglesia (cf. Ef 5,25). Por eso, la familia es llamada con razón “Iglesia doméstica”, lugar donde se transmite la fe, se aprende a amar y se cultiva la vida.2. Las amenazas actuales contra la familiaHoy la familia se ve amenazada por múltiples corrientes que, bajo el lenguaje de libertad o progreso, terminan debilitando su esencia:a. Las Ideologías que desdibujan la identidad humana: existen corrientes que niegan la naturaleza dada del ser humano, relativizando la identidad sexual y la complementariedad entre el hombre y la mujer. Esto no solo afecta la comprensión del matrimonio, sino también la estabilidad emocional y espiritual de las nuevas generaciones.b. La mentalidad anticonceptiva y rechazo de la vida: la difusión de prácticas anticonceptivas ha instaurado una cultura que separa el amor conyugal de su apertura a la vida. El hijo deja de ser don de Dios para convertirse, en muchos casos, en una opción condicionada o incluso rechazada. Esto contradice profundamente el sentido sacramental del matrimonio, llamado a ser signo de amor fecundo, generoso y abierto al don de la vida.c. La disolución progresiva del vínculo familiar: el aumento de separaciones, la banalización del compromiso y la fragilidad de los vínculos afectan gravemente el tejido social. Cuando la familia se rompe, no solo sufren los esposos, sino especialmente los hijos, quienes pierden referentes fundamentales para su crecimiento integral.d. Las tendencias jurídicas que redefinen la familia: en muchos contextos, las legislaciones buscan redefinir la familia desligándola de su fundamento natural y sacramental. Si bien es necesario garantizar derechos y dignidad para todas las personas, no se puede perder de vista la verdad profunda sobre la familia como unión estable entre un hombre y una mujer abierta a la vida.3. La fidelidad, la verdad y el amor son la respuesta cristianaAnte este panorama, la Iglesia no responde con condena, sino con una propuesta: volver al plan original de Dios.a. Redescubrir la belleza del matrimonio: es necesario anunciar con alegría que el matrimonio no es una carga, sino una vocación hermosa, un camino de santidad donde el amor se purifica, madura y da fruto.b. Educar en el amor verdadero: la familia debe ser escuela de virtudes: respeto, entrega, fidelidad, perdón. Solo así se construyen relaciones sólidas capaces de resistir las dificultades.c. Defender la vida como don sagrado: cada hijo es signo del amor de Dios. Acoger la vida es participar en la obra creadora divina. La apertura a la vida no empobrece el amor, lo engrandece.d. Testimonio coherente: más que discursos, el mundo necesita familias que vivan con autenticidad su vocación: hogares donde se respire fe, donde el perdón sea posible, donde el amor no sea pasajero sino comprometido.4. Dimensión espiritual y sacramentalLa familia cristiana no está sola. Está sostenida por la gracia de Dios. En los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el Matrimonio, encuentra la fuerza para perseverar.Orar en familia, participar en la vida de la Iglesia y confiar en la acción de Dios son pilares fundamentales para resistir las crisis.Proteger la familia no es una opción ideológica, es una urgencia humana y espiritual. Allí donde la familia es fuerte, la sociedad florece; donde la familia se debilita, todo se fragmenta.Hoy más que nunca, estamos llamados a custodiar este don con valentía, iluminados por la verdad del Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios.La familia no es un vestigio del pasado: es la esperanza del futuro porque donde la familia se mantiene unida a Cristo allí nace la esperanza del mundo.Señor Jesús, que la sagrada familia de Nazaret sea modelo y protección de nuestros hogares.Danos amor, unidad y fidelidad para que nuestra familia pueda vivir la voluntad creadora de nuestro Dios.El Señor proteja nuestra familia+Ramón Alberto Rolón GüepsaObispo de Diócesis de ChiquinquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia