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lecturas litúrgicas

Jue 16 Sep 2021

Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos

VIGESIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Septiembre 19 de 2021 Primera lectura: Sb 2,12.17-20 Salmo: Sal 54(53),3-4.5.6+8 (R. 6b) Segunda lectura: St 3,16–4,3 Evangelio: Mc 9,30-37 I. Orientaciones para la Predicación Introducción El Domingo XV del tiempo durante el año nos sigue conduciendo en la contemplación del misterio de Cristo, el Mesías crucificado que generoso y fiel permanece en su misión. Este domingo sigue recalcando el sentido de la entrega de Cristo y se lee el segundo anuncio de la pasión como telón de fondo de unas características muy concretas del discipulado y de la necesidad de perseverar a pesar de las dificultades y sufrimientos, en la construcción de un camino de plenitud y paz. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El discípulo del Mesías crucificado sigue recorriendo el camino de estos domingos, guiado ahora por una Palabra que le habla directamente a su corazón. Primera lectura (Sab 2,12.17-20): El autor del libro de la sabiduría quiere llamar la atención a sus oyentes sobre el peligro de abandonar la pureza de la fe, pero en este texto concreto presenta la controversia entre el impío y el justo, presentando preguntas e inquietudes que pueden mover la estabilidad del justo al plantear que, si llega el desprecio, los ultrajes, el sufrimiento y hasta la muerte, allí vendrá la verdad frente a la misión y a la fe. En definitiva, una verdad garantiza todo: “Dios lo salvará” (Sab 2,20) Salmo 54 (53): Este salmo es un salmo de súplica que parte de la certeza de la bondad de Dios. Como salmo de súplica, la protección es el hilo conductor y su mensaje reclama la bondad de Dios que mostrará no sólo Jesús sino todo el mensaje del Segundo Testamento. Segunda lectura (Sant 3,16-4,3): Toda la carta de Santiago se puede enmarcar en un lema: “vivir la fe en medio de la prueba”. Este texto sigue mostrando las maneras concretas de caminar en la fe por los senderos tortuosos de la prueba y contrapone la sabiduría a la rivalidad y la envidia. La vida cristiana es un camino que se ve marcado por tantas dificultades y muchas de ellas se podrían evitar si pensáramos más en la comunidad y menos en cada uno de nosotros. Evangelio (Mc 9,30-37): Seguimos en la gran proclamación del discipulado del Evangelio de Marcos (Mc8,27-10,52), que bien puede mirarse como seguimiento del Mesías crucificado. El texto de este domingo es el segundo anuncio de la pasión. Este texto tiene un anuncio (30-31), una reacción de los discípulos (v.32) y una instrucción de Jesús (vv. 33-37). “El Hijo del hombre va a ser entregado”, con un fuerte carácter teológico que se refiere sobre todo al sufrimiento del Bautista, a la pasión del Hijo del hombre y a la de los discípulos antes del fin. Seguramente Marcos piensa en el Siervo sufriente de Isaías que también está caracterizado por este relato. “no entendían”, De nuevo se ve que los discípulos no comprenden y que tienen miedo de saber de más, es más, no es solamente el no comprender sino el no querer comprender. “tomando un niño”, En los vv. 33-35a el camino constituye el lugar del camino del Hijo del hombre hacia la cruz, símbolo del don de sí mismo y de “perder la vida”. El abrazo a los niños no tiene nada que ver con el tema de la inocencia. El niño en esta primera parte (35b) se convierte en el símbolo de la impotencia de la cruz: una impotencia que salva. El abrazo de Jesús es un gesto de acogida y en la segunda parte (37) el niño se convierte en símbolo del hombre necesitado. El discípulo está invitado a mirar la comunión con aquel que tiene necesidad de Jesús, que con su cruz se convierte en necesitado por excelencia. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La pandemia no se ha ido y las consecuencias han sido nefastas. Aún permanece el dolor que embarga las familias y las comunidades, pero es ahora cuando el ejercicio del discipulado debe ser concreto, es ahora cuando se debe entender que, aunque seamos molestos y estorbemos para muchos, los cristianos debemos ser servidores de todos y acoger en nuestro corazón la cruz como proyecto de donación permanente. La comunidad debe preguntarse si verdaderamente está en el camino del discipulado y ha sido capaz de cargar la cruz, de pisar sobre las huellas del Mesías crucificado o si por el contrario se ha encerrado en sim misma y se querido blinda para no sufrir. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor del camino, varón del sufrimiento y de la entrega, ilumina nuestro caminar para no perdernos en tu seguimiento, para ser verdaderos discípulos tuyos que asumen el seguimiento y cargan la cruz con la actitud del niño. Danos la valentía de recorrer el camino de la donación y haznos fuertes frente a los embates del enemigo. Amén. Para hacer vida y proyectar esta palabra a la propia vida y a la comunidad puede proponerse como lema para esta semana: “Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos”. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa En este día del Migrante hemos sido convocados como asamblea peregrina para celebrar la Eucaristía y en ella abrir nuestros oídos a la voz de Dios y al clamor del hermano que sufre y pasa por nuestra vida. Vivamos este momento como un instante salvífico de Dios y como fortaleza en nuestro ser de discípulos del Mesías crucificado en la entrega y donación por un mundo nuevo. Monición a la Liturgia de la Palabra En esta asamblea resuena hoy una Palabra de salvación que nos compromete y nos saca de nuestras seguridades, nos hace peregrinos de la fraternidad. Abramos nuestros oídos y no dejemos que nuestros ojos se cierren a Dios que sigue hablando y pasando como peregrino en nuestra existencia y hoy en esta liturgia. Oración Universal o de los Fieles Presidente: Con Cristo, huésped y peregrino, presentemos nuestras súplicas al Padre celestial y digamos: R. Muéstranos tu rostro, Señor 1. Por la Iglesia, Madre y maestra de caridad y fraternidad, para que siga siendo fortaleza para los migrantes y excluidos en todos rincones del mundo. Oremos al Señor. 2. Por los Gobiernos en todas las instancias para que promuevan estructuras de justicia y fraternidad que posibiliten a los migrantes una dignidad inquebrantable. Oremos al Señor. 3. Por los enfermos y sus familias, que han tenido que ser migrantes, dentro y fuera de su entorno, por la búsqueda de soluciones y seguridad sanitaria, para que jamás se pierda el respeto y la búsqueda de condiciones humanas dignas para todos. Oremos al Señor. 4. Por esta asamblea litúrgica, que fiel a su vocación discipular, siga recorriendo el camino de la fe como servidora y entregada a la misión encomendada. Oremos al Señor. Se pueden añadir otras intenciones personales... Oración conclusiva Padre de bondad que te paseas por nuestra historia, bendiciéndonos y acompañándonos, recibe las súplicas que te presentamos con fe Por Jesucristo nuestro Señor. R. Amén

Mié 4 Ago 2021

«Yo soy el Pan vivo que ha bajado del cielo»

DECIMONOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO Agosto 8 de 2021 Primera lectura:1R 19,4-8 Salmo: Sal 34(33),2-3.4-5.6-7.8-9 (R. cf. 9a) Segunda lectura: Ef 4,30–5,2 Evangelio: Jn 6,41-51 I. Orientaciones para la Predicación Introducción Las lecturas de hoy tienen muchos paralelos con las lecturas del Domingo pasado: • No son los israelitas los que se lamentan porque no tienen que comer en el desierto, sino el profeta que se siente derrotado en una batalla que ha durado años contra un culto idolátrico impulsado por la reina Jezabel. • Y así como Dios da al pueblo el maná para peregrinar cuarenta años hacia la Tierra prometida, Dios da al profeta el alimento y la fuerza para peregrinar cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al Horeb, el monte de la Alianza. • En la segunda lectura, san Pablo sigue animando a los efesios a llevar una vida según el Espíritu Santo, como imitadores de Dios y testigos de su amor. • Y en el Evangelio Jesús continúa presentándose como el Pan vivo bajado del cielo para dar vida eterna a todos los que crean en él. 1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El texto del primer libro de los Reyes requiere conocer un poco el contexto del reinado de Ajab en Israel (874-853 a.C.), lleno de prosperidad, obras monumentales, comercio y pacto con los pueblos vecinos. Pero Ajab se casó con Jezabel, la hija del rey de Tiro, que quiso imponer en Israel el culto a Baal y a Astarté, ídolos paganos, alejándolos de la fe en el Dios que los había traído de Egipto a la Tierra prometida. A la persecución religiosa se sumaron la corrupción moral (y los sacrificios humanos, cf. 1Re 16) y las injusticias sociales (como el asesinato de Nabot, cf. 1 Re 21). Jezabel quiso imponer sus creencias valiéndose de numerosos “profetas” de Baal a los que se opuso el profeta Elías, quien debió enfrentar largos y numerosos conflictos y persecuciones. Pero al final, Elías se siente abandonado y derrotado, desanimado y sin fuerzas para seguir defendiendo la fe verdadera. Primero se esconde y luego quiere huir hacia el sur, hacia el Horeb, hacia el monte santo en donde cuatrocientos años antes Moisés vio al Señor e Israel hizo una Alianza con Dios. Para ello comienza a atravesar el desierto del Sinaí pero las fuerzas lo abandonan y es ahí donde se inserta el texto de la primera lectura en la que Elías se desea la muerte. Pero un ángel del Señor lo alimenta y le da fuerzas para enfrentar las penalidades de su peregrinación, y camina cuarenta días y cuarenta noches hasta llegar al Horeb. En la segunda lectura, prolongación de la del pasado Domingo, san Pablo continúa exhortando a los efesios y a nosotros, para que vivamos una vida coherente con el Espíritu Santo con el cual fuimos sellados el día de nuestro bautismo. No se trata solamente de que “nos portemos bien”, o que “seamos buena gente”, o realicemos actos de filantropía, sino de que seamos “imitadores de Dios”. Nuestra vida moral, por tanto, debe evitar los vicios y practicar las virtudes a ejemplo de Cristo, quien se ofreció en sacrificio. sacrificio (sacrum fare) es decir “consagró su vida”, al igual que nosotros debemos santificar nuestra vida, hacer presente el amor de Dios en todo lo que hacemos y decimos. Por eso el apóstol comienza por elencar seis vicios que se deben evitar en nuestras relaciones con los demás, porque en los distintos contextos en los que nos movemos, en la comunidad familiar, educativa o laboral, las dificultades y tensiones se multiplican y podemos acostumbrarnos a actuar como no debiéramos. La amargura hace ácido nuestro vocabulario y nos volvemos ofensivos. La ira nos hace perder el control frente a lo que hacemos y decimos. La cólera nos llena de furia, nos hace sordos frente a lo que nos dicen y nos hace enzarzarnos en discusiones inútiles. Los gritos tratan de acallar las palabras de la otra persona y nos tornan violentos. La maledicencia nos lleva a caer en el placer morboso del chisme, de divulgar el mal, los errores y las debilidades ajenas. Y la maldad nos daña el corazón multiplicando y atrayendo otros comportamientos que dañan a la comunidad. Pablo concluye mostrando la actitud positiva que debe caracterizar el comportamiento del cristiano, amable, compasivo y con capacidad de perdón. Como lo hace Dios con nosotros y como lo sigue haciendo Cristo a través de nosotros. El evangelio nos presenta a los judíos que reaccionan contra la pretensión de Jesús que escuchábamos el Domingo pasado: “Yo soy el pan de vida”. Por eso la lectura dice que los judíos “murmuran”, pero el verbo griego expresa mucho más que hacer comentarios en voz baja y describe a los que rechazan y consideran inaceptable que Jesús pretenda ser Dios mismo, el Señor de la Vida, que da Vida eterna porque es el Pan bajado del Cielo. A los judíos les cuesta aceptar su divinidad porque lo conocen como “el hijo del carpintero” y conocen a su familia. Por ello Jesús insiste en que descubrir, aceptar y recibir “el pan de Vida” no es una conquista del hombre sino un don de Dios. De ese Dios que enseña por medio del Espíritu. Y que el creyente que recibe este don, necesita “comer su carne”, es decir, aceptar que en esa realidad humana del “hijo del carpintero”, se manifiesta Dios en todo su poder, capaz incluso de resucitar a los creyentes. Jesús es el pan vivo, bajado del cielo, para dar vida al mundo. 2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad? La realidad de Elías es la misma nuestra, cuando los conflictos, los chismes, los problemas, la envidia y la mezquindad nos abaten y nos destruyen. A veces hasta perdemos la esperanza y nos desilusionamos de los otros, de nosotros mismos, y hasta de Dios. Por eso es importante que en medio de las dificultades seamos capaces de descubrir esos ángeles que Dios nos envía para despertarnos, para ayudarnos, para animarnos a recomenzar. Es llamativo que Dios no le evita a Elías las fatigas del viaje por el desierto, no le ahorra penas ni lo transporta milagrosamente hasta la meta. No. Le ofrece la fuerza por medio del alimento para que haga lo que tiene que hacer. Los problemas y las dificultades son para afrontarlos, no para ignorarlos. Tomemos conciencia de las circunstancias que en este momento nos causan amargura o desesperación, percibamos lo que Dios nos está pidiendo, descubramos los ángeles que nos envía y retomemos las fuerzas necesarias para llegar a nuestras metas. Y de la misma manera, esforcémonos por ser ángeles para los que a nuestro alrededor se sienten desanimados y desesperanzados. Es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio, dice el Señor. Y este proverbio se puede aplicar a lo que dice san Pablo. Vemos las fallas en los demás pero no nos damos cuenta de nuestras propias deficiencias. Por eso, tomar conciencia de nuestros errores es el primer paso para cambiar, y las palabras del apóstol nos dan la oportunidad para examinar nuestras reacciones, nuestro vocabulario, nuestro comportamiento. Y a comprometernos, delante del Señor y de nuestros hermanos, en esta Eucaristía, a eliminar la amargura, la ira, la cólera, los gritos, la maledicencia y la maldad en nuestros comportamientos y palabras. Y a imitar lo que hace Dios con nosotros, siendo benévolos, misericordiosos, amorosos, prontos al perdón. Cuando Juan en su evangelio habla de “los judíos”, no se refiere a los que habitan en Judea o a los miembros del pueblo de Israel, sino a los que se oponen a Jesús y rechazan reconocerlo como Cristo. El evangelio de hoy le habla a ese pequeño “judío” que todos llevamos dentro y que nos impide aceptar completamente a Jesús como Salvador. Es fácil, en efecto, reconocer a Jesús como un maestro, un profeta, un hombre excepcional. Pero asumirlo personalmente como Dios y salvador, y dejar moldear nuestra vida con los valores y principios de su Evangelio es muy difícil. Reconocerlo como “pan de Vida”, “comer su carne”, imitarlo y hacerlo presente con nuestras palabras y acciones, permitiendo “que se nos vea” el Espíritu que recibimos en el bautismo, es toda una misión. Pidámosle al Señor esa gracia, ese don, ese regalo en esta Eucaristía. 3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Después de comulgar, sacramental o espiritualmente en esta Eucaristía, hagamos un acto de fe en Jesús como Pan de Vida. Pongamos nuestras vidas en sus manos, los problemas que afrontamos, las dificultades que parecen no tener solución. Y pidámosle al señor que nos dé la fuerza y la sabiduría para salir adelante, para cambiar en nuestra vida todo aquello que debemos cambiar y para ayudar a los que enfrentan dificultades mayores que las nuestras. II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la Misa Hoy nos reunimos para celebrar la Eucaristía y para recibir a Jesús, el Pan de Vida que ha bajado del cielo para darnos vida eterna. Dispongámonos a reconocer a Jesús como nuestro Dios y Salvador y abramos nuestro corazón a su Palabra, que nos ofrece indicaciones muy concretas para vivir como discípulos del Señor y como hermanos todos. ¡Bienvenidos a participar con alegría! Monición a la Liturgia de la Palabra El profeta Elías se siente tan desesperado, que se desea la muerte. Muchos de nosotros también nos podemos sentir sobrepasados por los problemas y por eso escuchemos con atención lo que hace Dios con él por medio de su ángel. San Pablo continúa exhortándonos a ser santos y nos propone un camino concreto: imitar en nuestra vida, con nuestras palabras y obras el amor y la misericordia que Dios tiene con nosotros. Y el Evangelio continúa profundizando la enseñanza de Jesús que se proclama como el Pan de Vida. ¡Escuchemos con atención! Oración Universal o de los Fieles Presidente: Queridos hermanos, elevemos nuestras súplicas al Padre celestial, confiados en su infinita misericordia, porque estamos seguros que siempre nos concede lo que más nos conviene. R. ¡Dios todopoderoso, escucha nuestra oración! 1. Oremos por la Iglesia y por todas las comunidades eclesiales, para que en medio de las dificultades siga haciendo presente el mensaje de Salvación de Cristo Jesús y siga transmitiendo coraje y fortaleza a los que se sienten abatidos y desilusionados. 2. Oremos por nuestros gobernantes, para que, en medio de las dificultades derivadas de la pandemia, puedan conducir a nuestros pueblos hacia el desarrollo y la construcción de una sociedad cada vez más justa y fraterna. 3. Oremos por los enfermos, por los que pasan hambre y necesidad, por los que están solos y desconsolados, para que encuentren en la fe la fuerza necesaria para superar sus dificultades. 4. Oremos por los profetas modernos, que tienen que luchar contra corriente, que tienen que enfrentar críticas y persecuciones, para que nunca se desanimen, y oremos por cada uno de nosotros para que encarnemos en nuestra vida esa vocación que recibimos en el bautismo a ser Profetas del amor de Dios y del Evangelio de Cristo. Oración conclusiva Atiende, Padre bueno, las súplicas que te presentamos con la confianza de los hijos y que te presentamos por intercesión del Pan de Vida, Jesucristo nuestro Señor. R. Amén.