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padre omer giraldo

Vie 5 Ago 2022

SUBSIDIO: Episcopado en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas

En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se anima a nivel mundial, este 09 de agosto, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través del Departamento de Animación Misionera y el Área de Etnias, así como del Instituto Misionero de Antropología IMA, entidad eclesial orientada desde el Centro Nacional Misionero de la CEC y la Comisión de Misiones, se unen a esta celebración y saluda a todos los pueblos originarios de esta nación. A través de un mensaje ofrecido por el padre Omer Giraldo, director del área de Etnias de la CEC, señala que esta es una oportunidad para resaltar la labor de las comunidades indígenas y su papel dentro de la sociedad “que esta celebración nos ayude a concientizarnos más como Iglesia, sobre el inmenso valor de nuestros aborígenes, superar todo indicio de discriminación y crecer en solidaridad con los pueblos originarios de nuestra querida nación colombiana”. El directivo hizo memoria que en esta fecha, 23 de diciembre de 1994, la Asamblea General de las Naciones Unidas ONU, decidiera que durante el Decenio Internacional de las Poblaciones Indígenas del Mundo se celebre cada año el Día Internacional de las Poblaciones Indígenas el 9 de agosto en su resolución A/RES/49/214, esto con el objetivo de ayudar a preservar y a vigorizar las culturas aborígenes y a la vez fortalecer y apoyar sus legítimas aspiraciones. . En su escrito, presentó un recorrido histórico de estos pueblos originarios, desde el arribo de los conquistadores españoles al continente americano, y el impulso que la Iglesia Católica le ha dado para acercar y valorar los pueblos ancestrales. El religioso hizo remembranza de los inicios en el año de 1963, cuando la Conferencia Episcopal de Colombia, creo el Comité Colombiano de Coordinación Misional; en 1968, animados por el Departamento de Misiones del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM, se fundó ETHNIAS y el Museo Indígena, con sede en el Seminario Internacional San Luis Beltrán, en Bogotá; en 1983, se constituyó la Comisión Episcopal de Pastoral Indigenista, que tuvo como objetivo “Estudiar la cuestión indígena, para un eficaz servicio pastoral a las personas y a las comunidades indígenas, en nombre de la Iglesia en el país" y que en la actualidad corresponde al Área de Etnias del Centro Nacional Misionero de la CEC. LEA EL ARTÍCULO COMPLETO AQUÍ SUBSIDIO: DÍA INTERNACIONAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS Para animar este momento, el Instituto Misionero de Antropología, IMA, el Área de Etnias - Centro Nacional Misionero, de la Conferencia Episcopal de Colombia, ofrecen un subsidio litúrgico como apoyo para la preparación y celebración de esta celebración. DESCARGAR SUBISIDIO AQUÍ

Vie 21 Ene 2022

GERARDO VALENCIA CANO, el más discutido y admirado obispo de Colombia en su momento

Al celebrar este 21 de enero, 2022, los 50 años de la partida a la Casa del Padre de Mons. Gerardo Valencia Cano, la Conferencia Episcopal de Colombia se une a los pueblos indígenas de nuestro país y al pueblo de Buenaventura y de la Costa Pacífica, en homenaje y reconocimiento a quien fuera su pastor abnegado. Como miembro de la Congregación de los Misioneros de Yarumal, en 1949, a la edad de 32 años, fue nombrado Prefecto Apostólico de Mitú, Prefectura que cubría los actuales departamentos de Vaupés, Guaviare y Guainía, donde dejó una huella imborrable por su trabajo apostólico, que sintetizó en el bello poema y canto de su inspiración poética: “¡Vaupés, Vaupés, tierra brava de la selva y del raudal! ¡Vaupés, Vaupés, en tus aguas se oye el toque de un clarín! Vaupés, Vaupés, no te busquen los que no saben luchar, que a tus selvas se entra siempre con coraje Y a tus ríos con bravura Y a tu corazón con fe”. (…) [1] En 1953 fue designado por la Santa Sede como Vicario Apostólico del recién creado Vicariato Apostólico de Buenaventura, donde inició un incansable trabajo misionero que trascendió las fronteras de su jurisdicción hacia todo el litoral Pacífico colombiano, con influencia en todo el país. Mons. Valencia fue uno de los más reconocidos obispos de Colombia en su tiempo por su búsqueda de un nuevo estilo de Iglesia que viviera y proclamara auténticamente el Evangelio de Jesús, adelantándose más de 50 años a la propuesta del papa Francisco de una Iglesia en SALIDA. El “Hermano Gerardo”, como fue reconocido por su pueblo, nos dejó un legado misionero de auténtico cristiano de a pie, como sacerdote y pastor comprometido con su grey, y de obispo de su tiempo que buscó aplicar el Concilio Vaticano II en la Iglesia latinoamericana, a través del Departamento de Misiones del CELAM, como su primer presidente. Monseñor Valencia Cano, Vicario Apostólico de Buenaventura de 1953 a 1972, murió en el accidente del avión HK 661 de Satena que volaba de Medellín a Istmina y se estrelló en el Cerro de San Nicolás, en la región del Citará, jurisdicción del municipio de Ciudad Bolívar, al suroeste del departamento de Antioquia. Su muerte conmocionó a su querido pueblo de Buenaventura y del litoral pacífico que le rindió un sentido homenaje el 7 de febrero, 17 días después del accidente; cuando su cuerpo fuera rescatado de la selva inhóspita por la comisión terrestre liderada por el sacerdote Ricardo Saldarriaga, párroco de la parroquia San Bernardo de los Farallones, de Ciudad Bolívar. “Todos somos un solo Pueblo” [2] Cincuenta años después, su memoria sigue aún más viva y fecunda, como nos lo confirma Monseñor Rubén Darío Jaramillo M., actual obispo de la diócesis de Buenaventura: “El 21 de enero de 1972 parte hacia el Cielo Mons. Gerardo Valencia Cano, obispo de Buenaventura, coronando así una obra maravillosa que, en 19 años, como Vicario Apostólico de Buenaventura, realizó innumerables obras en esta región del Pacífico Colombiano, en Colombia y en América Latina. Hemos querido designar esta gran fiesta con el nombre: “TODOS SOMOS UN SOLO PUEBLO”, resumiendo así la vida y obra, la memoria y pensamiento de Gerardo Valencia Cano, el Hermano Mayor, el obispo de los pobres. “Todos somos un solo pueblo”, solía decirlo en sus alocuciones en Radio Buenaventura en su programa diario “Muy Buenos Días”. GVC está vivo, está resucitado, y cada día toma más fuerza su pensamiento, su amor a sus comunidades, primero en el Vaupés y luego en Buenaventura. En palabras de la poetisa Lucrecia Panchano digo: “Fue nuestro gran monseñor G. Valencia Cano quien, en todo hombre, su hermano reconoció con amor”. Es para nosotros, yo como obispo de Buenaventura, Rubén Darío Jaramillo Montoya, poder celebrar la vida y obra de un hombre grande, de un obispo que supo ver en el otro el rostro de Dios y entregarse por Él como profeta, como sacerdote y como obispo, pero ante todo como hermano, “hermano del Tucano”, decía en el Vaupés, y aquí “hermano del negro, del indígena, del mestizo”, que defendió las poblaciones de los potentados que querían destruir a los humildes, a los “negritos”, como decía él. Que Dios en el Cielo lo corone y a nosotros nos inspire en estos cincuenta años que estamos celebrando, poder imitar su legado de entrega absoluta por los demás; dejar a un lado tantas complicaciones como llevamos nosotros y ser humildes y sencillos como él vivió. En el Cielo hay fiesta porque hay un hombre grande. En la tierra, en Buenaventura, ya no lloramos a Gerardo; ya lo invocamos para que siga acompañando la lucha del Pueblo de Buenaventura en su liberación total, en su dignificación. Dios bendiga nuestro Puerto y que, desde el Cielo, Gerardo nos envíe su bendición”[3]. Desde la Comisión Episcopal de Misiones y del Centro de Animación Misionera de la CEC y el área de Etnias nos unimos a Mons. Rubén Darío para apoyar a su diócesis y a la Iglesia colombiana en el proceso de beatificación que se inicia. ¿Cómo se entendió a sí mismo el Hermano Gerardo? El esfuerzo por plasmar en su “Diario” sus vivencias del día a día en su actividad apostólica nos dejan una prueba de su íntimo deseo de identificarse más y más con el proyecto de Jesús. Escribía en 1969, a poco más de un año de su partida: “Yo quisiera salir gritando: soy un sacerdote misionero que quiere vivir a los 52 años de edad y hasta la muerte, su sacerdocio como el día de su ordenación”. (…) “Comprendí que "para conocer a Dios es necesario conocer al hombre y que es necesario amar al hombre para poder amar a Dios", como lo recordaba Pablo VI al finalizar el Concilio”. (…) “Comprendí que la vocación de "evangelizar a los pobres" lleva consigo el deber de denunciar las injusticias y las hipocresías de quienes echan pesadas cargas sobre los hombros de los demás y ellos no las tocan ni con un dedo”. (…) “¿Y el "aggiornamento"? Para mí, aggiornarse el sacerdote es sentir como Cristo el dolor de las muchedumbres marginadas y la rebelión de esa juventud aprisionada dentro de unas estructuras que deberían estar en continua revisión, según las exigencias de los tiempos y los impulsos del Espíritu” [4] El talante de su personalidad y de su pensamiento social lo podemos medir en sus mismas palabras; en un discurso pronunciado en 1971, expresaba: “Hermanos, os habla un porteño que ha sufrido durante diecinueve (19) años la dureza de la estiva sobre los hombros encorvados de sus hermanos con hambre de libertad; (…) Os habla un hombre que ha llorado con el indio la desaparición de su raza y ha llorado con el negro el desprecio de las otras; (…) Os habla un hombre que, habiendo recibido de Cristo su mandato de amor, ve con angustia que el egoísmo de los que algo tienen, clava sus garras implacables sobre las frentes de los desposeídos”. (…) “Hermanos, os habla un hermano, un hermano vuestro Latinoamericano, nacido en las montañas de Los Andes, quemado por el sol de nuestros valles, herido en las espinas de la selva, conocedor del Amazonas y del Plata. Os habla mi experiencia de la tierra, la angustia de libertad, la sed insoportable de que todos tengamos una sola Patria” [5] Entre muchas opiniones sobre el Hermano Gerardo, destaco el siguiente escrito del poeta nadaista Gonzalo Arango, quien fue su amigo y quien tuvo la ocasión de caminar con Mons. Valencia en una correría por San Francisco del Naya. En el periódico El Tiempo en 1971 nos dejó el poeta esta reseña del obispo de Buenaventura: “Monseñor Valencia no es el lobo de Golconda, pero tampoco el caperucita roja de la religión. Evidentemente no es el capellán del statu quo. Sencillo como la coliflor, flaco, bajito, con un motorcito pegado al alma, con una autoridad que no emana del poder sino de su bondad. Así es él. Silencioso y activo, incansable y meditador. Un peón de Cristo a quien le sobra tiempo para la poesía”. Su biógrafo, Gerardo Jaramillo lo define como un profeta: “Gerardo era un profeta: sintió que tenía una misión que cumplir, sintió que Dios le había encomendado una misión y, aunque a veces había sentido deseos de huir, siempre permaneció asido a la cruz, uncido a la tarea que el Señor le encomendó”[6]. "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados!", gritó Jesús en el sermón de las Bienaventuranzas, grito que actualizó el Hermano Gerardo durante su actividad misionera, y en numerosos escritos y discursos, como lo testimonia Monseñor Raúl Zambrano Camader, su colega en el episcopado: “De los negros opinó que son el símbolo de todo el pueblo iberoamericano. La clave de la liberación debemos buscarla en nuestro mismo continente. América Latina es tierra propicia para la unidad, pues sus gentes son una síntesis de todas las razas del mundo. En Quibdó pronunció un corto discurso y decía Mons. Valencia: “El indio de América y el negro más auténtico tiene en su alma y en su historia la clave verdadera de las reformas sociales; lo han tomado de su casto contacto con la naturaleza, lejos de lo artificial que ha provocado en el hombre su tentación de ser Dios” [7] A buena hora el obispo de Buenaventura, Monseñor Rubén Darío Jaramillo, nos invita a estar en sintonía como Iglesia colombiana, desde el pueblo fiel del litoral Pacífico y de las minorías étnicas de Colombia, para unirnos en oración y acción por la causa de Beatificación de este testigo fiel de nuestra Iglesia local. En el contexto de la SINODALIDAD que vivimos como Iglesia universal el papa Francisco nos está mostrando el camino a seguir en este siglo XXI. Gerardo Valencia, en actitudes proféticas similares al papa Francisco, fue un visionario en su tiempo y nos dejó un derrotero de humanismo cristiano con una actitud misionera en salida, al encuentro de tantos hermanos y hermanas, víctimas de la marginalidad en nuestro país. En una anotación de un libro de lectura de Mons. Valencia se encontró este escrito de su puño y letra: "Señor, cuando yo muera, ¿qué será de mí? Déjame perderme bajo la tierra como una pepa dura, de la memoria de todos, mientras que Tú plasmas de nuevo al viejo Adán, y reviente como una estrella sobre el nuevo mundo" [8] Gracias Hermano Gerardo por quedarte entre nosotros animando nuestra Iglesia colombiana. P. Omer Giraldo R. MXY Centro de Animación Misionera Conferencia Episcopal de Colombia CEC Director delÁrea de ETNIAS Director Director del El Instituto Misionero de Antropología - IMA [1] MONSEÑOR VALENCIA. Homenaje póstumo a la memoria de Monseñor Gerardo Valencia Cano, MXY. Publicación dirigida por P. Gerardo Jaramillo G. MXY y varios colaboradores. Editorial Librería Stella. Bogotá. Página 27. [2] Expresión de Monseñor Valencia en sus alocuciones radiales en Radio Buenaventura [3] Mons. RUBEN DARÍO JARAMILLO. Mensaje con ocasión de la celebración de los 50 años de la muerte de Mons. Gerardo Valencia Cano. [4] Monseñor Valencia. Op. Cit. Pag. 38-41 [5] Monseñor Valencia Op. Cit. Pag. 54-56 [6] Gerardo Jaramillo Gonzalez. El Obispo de los Pobres. Una biografía de Monseñor Gerardo Valencia Cano. Seminario de Misiones Extranjeras de Yarumal. Edit. Carpgraphics. MEDELLIN. Agosto 2008. [7] Zambrano Camader, Mons. Raúl. “El pensamiento social de Mons. Valencia”. En Monseñor Valencia. Op. Cit. Pág. 76. [8] Monseñor Valencia. De Gerardo Jaramillo González. Op. Cit. Pag. 195 Descargar el artículo[icon class='fa fa-download fa-2x'] AQUÍ[/icon]

Jue 7 Oct 2021

Un misionero que siente suyo el dolor de los errores históricos contra las culturas ancestrales

Un corazón misionero que vibra desde la sangre misma, 15 años de misión en Camboya, país del sureste asiático, formador de misioneros, estas, entre otras han sido las tareas pastorales desarrolladas por el padre Omer Giraldo R. MXY, actual director del Área Etnias y del Instituto Misionero de Antropología (IMA) de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC). Nuestro invitado, el padre Omer, misionero Xaveriano de Yarumal, en diálogo con el Departamento de Comunicaciones de la CEC, nos comparte detalles de su experiencia como misionero, su impresión a la designación que los obispos le hicieron como director del Área de Etnias, y además sugiere algunos desafíos que considera han de marcar la ruta de trabajo para esta pastoral. Cuéntenos ¿quién es el sacerdote misionero Omer Giraldo? Siempre me firmo con el acrónimo MXY: Soy Misionero Xaveriano de Yarumal, congregación misionera de origen colombiana fundada por el Siervo de Dios Miguel Ángel Builes. Inicié mi compromiso misionero en la región del Pacífico colombiano, con sede en la ciudad de Buenaventura, donde viví una perdurable experiencia con la cultura negra, afrocolombiana, de nuestro país; la memoria de Mons. Gerardo Valencia Cano, MXY, tan arraigada en la extensa región de Pacífico y de la región amazónica de Colombia, es aún un faro espiritual y misionero en mi vida personal. Hacia el año 1995 me fui como Misionero de Yarumal para la misión de Camboya, país del sureste asiático donde viví cerca de 15 años entre los Khmer, etnia mayoritaria de este país budista. Me sentí especialmente enriquecido en mi vida misionera al hacer parte del proceso de resurrección de la pequeña Iglesia de este martirizado país, donde la Iglesia fue prácticamente suprimida con el asesinato de 2 obispos, 11 sacerdotes, numerosos religiosos, religiosas y laicos, especialmente durante el aciago período de los Jhemeres (o Khmeres) Rouges, del dictaror Pol Pot y las hambrunas de la década siguiente. A partir del año 2010 he estado al servicio de mi Congregación misionera con sede en la ciudad de Medellín, Colombia, particularmente los últimos 8 años en el ministerio de la formación de los nuevos misioneros. Padre Omer, si bien su trabajo con hombres y mujeres indígenas, mestizos y afros, viene marcado en su sangre por la labor que realiza como sacerdote misionero, ahora la CEC le ha encomendado a nivel nacional ponerse al frente de la pastoral de Etnias. ¿Cómo recibe este nombramiento? Fue una sorpresa para mí; la acepté con el pesar de no cumplir mi deseo de regresar a la misión en el continente asiático, pero al mismo tiempo con profunda alegría espiritual por el sujeto de este ministerio pastoral: nuestros hermanos y hermanas de las diversas étnias minoritarias de nuestro país: indígenas de la gran variedad de pueblos originarios que hay entre nosotros; afrocolombianos, pueblos raizales, comunidades Rrom (gitanos) y mestizos que viven en la marginalidad. Desde el área de ETNIAS del Centro de Animación Misionera de la CEC es posible colaborar a los obispos en sus diócesis y vicariatos en la pastoral específica que realizan para el acompañamiento de étnias minoritarias. Siento que el campo de acción es inmenso. Estoy en la etapa de conocimiento de la realidad sobre los pueblos aborígenes que habitan nuestra geografía, la realidad del pueblo y la cultura negra, el dolor de los pueblos Rrom y comunidades raizales y palanqueros. Es mucho lo que la Iglesia ha venido promoviendo desde Etnias y en cada jurisdicción apostólica y particularmente desde el Instituto Misionero de Antropología, IMA, para promover el liderazgo al interior de estos grupos. Mi deseo es apoyar y ampliar la cobertura pastoral, consciente de la inmensa riqueza de los pueblos y culturas indígenas y afrocolombianas, de su diversidad cultural, sus tradiciones, costumbres y sabiduría ancestral. Es una realidad bien compleja la que padece actualmente esta población, (violencia, desplazamiento, despojo de tierras, abandono del Estado, entre otros); ¿de qué manera considera usted que la Iglesia puede seguir aportando para el desarrollo de estas comunidades? Siento que lo primero es asumir una actitud de humildad, siempre en actitud de reconocimiento de los errores históricos que se han cometido con estos pueblos y culturas, como en su momento lo hicieron los papas San Juan Pablo II y el papa emérito Benedicto XVI y lo ha hecho en varias ocasiones el papa Francisco. Por otra parte, incentivar al interior de los diversos liderazgos que ejerce la Iglesia en estos pueblos, comunidades y culturas la reflexión y el proceso pedagógico de acompañamiento a partir de la pastoral local. Es necesario profundizar en el compromiso y conocimiento de cada Iglesia local sobre la realidad de los pueblos originarios, indígenas y raizales, de la cultura afrocolombiana y de otras étnias minoritarias, existentes en su jurisdicción eclesiástica. Para esto considero de gran importancia la consolidación de un plan que abarque las diversas étnias, incluyendo su presencia en zonas urbanas. Un programa que veo muy necesario implementar es la formación de agentes de pastoral (sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos) con especialización para la inserción entre las étnias minoritarias, el conocimiento de su cultura, su sabiduría, su espiritualidad y los desafíos pastorales que ello implica. La Iglesia en el campo formativo hacia esta población, lo ha venido desarrollando a través del Instituto Misionero de Antropología – IMA –, cuéntenos en qué consiste. Ciertamente, el Instituto Misionero de Antropología, IMA, es una fundación de los Misioneros de Yarumal desde el año de 1973, siguiendo el impulso inicial de Mons. Valencia Cano y de la reflexión misionera del Encuentro de Melgar y de la Conferencia de los Obispos en Medellín en el año de 1968 y años siguientes. Posteriormente, con el reconocimiento oficial de la Conferencia Episcopal de Colombia en el año de 1989 y el convenio IMA – UPB ha sido posible desarrollar un ambicioso programa de educación universitaria de líderes y lideresas de estas étnias minoritarias. Así, el IMA es un programa de la CEC a través del Centro de Animación Misionera y del área de etnias. A partir de este convenio IMA - UPB ha sido posible, hasta el presente, la graduación universitaria en Licenciatura en Etnoeducación, Especialización en Gestión humana y Maestría en Administración de más de 2,000 estudiantes de étnias indígenas y afros. En la actualidad el IMA cuenta con las sedes de Puerto Asis, Putumayo y de Toribí, Cauca y el Centro IMA en la ciudad de Medellin. Con ocasión de la pandemia, y dadas las dificultades que afrontan la mayoría de estas comunidades que viven en regiones alejadas del centro del país, solo un 40% de los estudiantes actualmente inscritos han podido realizar sus estudios vía virtual. Siguiendo el convenio IMA – UPB asumimos la metodología dela presencialidad intensiva, que consiste en que los estudiantes hacen presencia en cada sede durante 25 días cada semestre. El resto del semestre se estudia con el apoyo a distancia de cada profesor para la presentación de un trabajo escrito de cada módulo o asignatura. Confiamos que pronto podremos reiniciar con los cursos presenciales. Veo importante resaltar que en las sedes de Toribío y Puerto Asis hemos logrado implementar la carrera de Trabajo Social, con un gran éxito. Para ser estudiante del IMA es necesario que el aspirante sea presentado por su comunidad local y por el obispo de la jurisdicción donde vive y trabaja. ¿Cuáles considera han de ser los desafíos a reforzar o implementar en el campo de la pastoral de etnias? . Incrementar la presencia de agentes de evangelización en las diversas étnias en todo el territorio nacional como un medio para visibilizar mejor la presencia de la Iglesia. La creciente presencia de indígenas de diversas étnias en zonas urbanas es un gran desafío para cada Iglesia local que debemos acompañar desde ETNIAS en la CEC. Buscar el crecimiento del Instituto Misionero de Antropología, IMA, y su presencia en más regiones representativas para las Etnias Minoritarias, a fin de aumentar el número de estudiantes, líderes, lideresas, docentes, agentes de pastoral que puedan beneficiarse de estos estudios universitarios que ofrece, actualmente a través del convenio IMA –UPB, y en un próximo futuro con otras universidades. Propiciar el acompañamiento y defensa de los pueblos indígenas, afrocolombianos, Rromi y otras etnias minoritarias en sus justos reclamos por la lucha de sus derechos y conflictos medio ambientales.

Dom 1 Ago 2021

En solidaridad con la minoría étnica del pueblo Rrom en Colombia

Al celebrarse este 2 de agosto a nivel mundial el 77º aniversario del Día del Holocausto del Pueblo Gitano, que se vivió durante la Segunda Guerra Mundial, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través del Departamento de Animación Misionera y el área de Etnias, ha querido recordar y saludar de manera especial a la minoría étnica conocida como comunidad de Rrom, que significa “pueblo” o “persona” en el idioma Rromaní. “La Iglesia colombiana, desde la Conferencia Episcopal de Colombia, desea expresar su más hondo sentido de solidaridad con los pueblos Rrom a nivel mundial y en particular con el pueblo Rrom, el pueblo gitano, que vive en Colombia desde hace ya varias centurias; aprovechando esta ocasión, al hacer memoria del genocidio perpetrado por el imperio NAZI de Adolfo Hitler durante la Segunda Guerra Mundial”. A través de un mensaje el padre Omer Giraldo, director del área de Etnias, ha recordado que esta minoría étnica tiene sus orígenes en la región asiática de Kannauj, del norte de la India y se ha caracterizado a lo largo de su historia por “ser un pueblo con tendencia al nomadismo y que lleva en su ser, además, una firme convicción de libertad, un sentido espíritu (…) Sus lazos familiares son para este grupo étnico una enorme fortaleza cultural, junto a sus convicciones, su fe en Dios, y la riqueza de sus expresiones artísticas, como la música y la danza”. Haciendo historia, el sacerdote observa como la noche del 2 al 3 de agosto de 1944 es tristemente recordada por el infame asesinato de más de 4.300 miembros de las minorías conocidas como los Sinti y los Rromaníes, variantes culturales de la misma etnia gitana. Esta noche es registrada en el idioma alemán como la “Zigeunernatch”, “La Noche de los Gitanos”. En este contexto, en nombre de la CEC, el religioso hace una invitación a los colombianos, a que se tome consciencia del sufrimiento que, a lo largo de la historia ha tenido que padecer esta población gitana. De manera especial, pide para que este 02 de agosto, se haga una oración especial y se habrá espacios de reflexión frente a las actitudes que se asumen muchas veces cuando se conocen de cerca estas comunidades asentadas en territorios de Colombia. “Los gitanos han sido víctimas, incomprendidos donde quiera que lleguen. También en nuestro suelo colombiano los gitanos han sufrido la discriminación y la exclusión social en el empleo, la educación y la salud. Un hecho muy positivo que ha marcado el destino de los pueblos Rrom en Colombia es el reconocimiento del Estado Colombiano del pueblo gitano como minoría étnica, a partir de la nueva Constitución de 1991. La guerra interna que sufre Colombia ha obligado a estas comunidades a desplazarse a las ciudades”. Según indicó el religioso, actualmente en Colombia existen entre 5 y 7 mil gitanos, mayoritariamente en los dos Santanderes, Atlántico, Tolima, Antioquia, Sucre y Bogotá, organizados en clanes llamados Kumpañy. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar mensaje[/icon] Subsidio litúrgico para esta celebración El Departamento de Animación Misionera y el área de Etnias han elaborado un subsidio que podrá servir para acompañar la celebración litúrgica de este 02 de agosto. [icon class='fa fa-download fa-2x'] Descargar subsidio[/icon] Beato Ceferino Giménez Malla, «El Pelé» Este 02 de agosto, la Iglesia católica también celebra la memoria del Beato Ceferino Giménez Malla, el gitano que fue fusilado en Barbastro en 1936 por intentar salvar a un sacerdote. En la vida del “Pelé”, como es conocido popularmente por los gitanos, se encuentran reflejados los valores centrales de la vida cristiana. Era muy devoto de la Virgen y de la Eucaristía, generoso con los más necesitados y preocupado por la catequesis de los niños. El 4 de mayo de 1997 san Juan Pablo II lo encumbró a los altares. Ese día el pontífice recordó que Ceferino «supo sembrar concordia y solidaridad entre los suyos, mediando también en los conflictos que a veces empañan las relaciones entre payos y gitanos, demostrando que la caridad de Cristo no conoce límites de razas ni culturas». A este respecto, elCardenal Peter K.A. Turkson, Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Integral, envió un mensaje para conmemorar la memoria del Beato Ceferino Fiménez, conozca el mensaje [icon class='fa fa-download fa-2x'] AQUÍ[/icon]