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sinodalidad

Vie 22 Mayo 2026

Implementación de la Sinodalidad en la Diócesis de Pasto

Por Pbro. Carlos Eduardo Contreras Grijalba - La Diócesis de Pasto, en comunión con la Iglesia universal y en fidelidad al camino sinodal promovido por el Documento de las Conclusiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos (2024), ha asumido la sinodalidad como expresión constitutiva de su ser y actuar, configurándola como estilo permanente de vida eclesial orientado a la comunión, la participación y la misión.En este horizonte, la fase de implementación ha estado marcada por un proceso orgánico que integra la formación espiritual, la renovación de las relaciones, la estructuración pastoral y la dinamización misionera, con el propósito de pasar de una comprensión conceptual de la sinodalidad a su vivencia concreta en la vida diocesana y parroquial.Acciones significativas de implementaciónUna de las acciones más significativas ha sido la implementación progresiva de las Ejercitaciones de Espiritualidad Sinodal, concebidas como un itinerario pedagógico y espiritual que busca suscitar una auténtica conversión personal y comunitaria. Estas ejercitaciones, estructuradas en tres tiempos: espiritualidad de las relaciones, espiritualidad de los procesos y espiritualidad de los vínculos, han sido desarrolladas a nivel diocesano y replicadas en las parroquias mediante los equipos pastorales, llegando a aproximadamente 500 agentes de pastoral. Su metodología, centrada en los dinamismos de EscucharME, EscucharLO y EscucharNOS, y a través de la Conversación en el Espíritu, ha permitido generar espacios reales de escucha, diálogo y discernimiento, favoreciendo la transformación de actitudes, el crecimiento en la vida espiritual y la consolidación de una cultura eclesial marcada por la corresponsabilidad y la comunión. De este modo, la sinodalidad comienza a asumirse no solo como contenido formativo, sino como experiencia vivida que configura el corazón de los agentes pastorales.En estrecha relación con este proceso formativo, se ha impulsado el fortalecimiento de los procesos pastorales participativos, especialmente en el ámbito parroquial, mediante la dinamización de los Equipos y organismos de animación Pastoral, entre ellos: Equipo de Animación Pastoral (EPAP), el Consejo Económico Parroquial (CEP), y los Equipos de Evangelización Parroquial (Betania – Emaús - Samaritano). Estos organismos han sido revitalizados desde una lógica sinodal, promoviendo la planificación participativa, el discernimiento comunitario y la evaluación constante de la acción pastoral. Este dinamismo ha permitido avanzar de una pastoral centrada en actividades aisladas hacia una pastoral basada en procesos sostenidos, en los que la comunidad discierne, decide y actúa en comunión, fortaleciendo así la corresponsabilidad de todos los bautizados y la integración de carismas y ministerios en la misión eclesial.De esta manera, la Diócesis ha avanzado en la restructuración de su acción pastoral mediante la configuración de Centros de Pastoral, como mediaciones concretas que garantizan la continuidad y articulación de los procesos evangelizadores. Esta reorganización ha permitido integrar las distintas dimensiones de la acción pastoral, superando la fragmentación y promoviendo una visión orgánica de la vida eclesial. En este contexto, se han consolidado diversas estrategias pastorales sinodales que dinamizan la misión desde enfoques complementarios: el Centro Cafarnaúm dinamiza las ejercitaciones de espiritualidad sinodal como proceso formativo permanente; el Centro Betania, orientado al proyecto de vida, promueve la maduración de la identidad y vocación del discípulo misionero; el Centro Emaús impulsa los itinerarios catecumenales comunitarios, diferenciales y espirituales favoreciendo la iniciación cristiana y la corresponsabilidad en la organización eclesial; el Centro Samaritano promueve la cultura de la ecología integral, integrando la dimensión social, ambiental y espiritual de la evangelización; el Centro Galilea orienta los procesos formativos para la ministerialidad sinodal, preparando líderes y agentes pastorales para el ejercicio corresponsable del servicio, y el Centro Belén promueve la cultura de la administración pastoral. Esta articulación ha permitido consolidar una estructura pastoral sinodal caracterizada por la integración de carismas, la coordinación entre niveles diocesanos y parroquiales, y la continuidad de los procesos en clave misionera.Finalmente, se destaca la experiencia “Familia en el Carisma”, desarrollada en comunión con la Congregación de las Hermanas Franciscanas de María Inmaculada, como un signo concreto de la sinodalidad vivida en el ámbito espiritual y comunitario de la vida consagrada. Esta iniciativa ha permitido integrar la espiritualidad eucarística y carismática en la vida pastoral, fortaleciendo la dimensión fraterna y la comunión entre diversos estados de vida. En el contexto de la preparación al centenario de la adoración perpetua, esta experiencia ha generado espacios de encuentro, formación espiritual y renovación misionera, consolidando vínculos eclesiales que expresan una Iglesia que camina unida en torno a la Eucaristía y se proyecta hacia la misión.En conjunto, estas acciones evidencian un avance significativo en la implementación de la sinodalidad en la Diócesis de Pasto, al integrar procesos formativos, estructuras pastorales y experiencias de comunión que configuran progresivamente una Iglesia más participativa, orgánica y misionera. Este camino ha permitido iniciar una verdadera conversión relacional, estructural y pastoral, en la que la Iglesia aprende a escucharse, a discernir y a caminar junta bajo la guía del Espíritu Santo.De este modo, la sinodalidad se consolida no como un proyecto transitorio, sino como un camino permanente de renovación eclesial, mediante el cual la Diócesis busca responder con fidelidad a los desafíos del tiempo presente y anunciar con mayor credibilidad el Evangelio, configurándose como comunidad de discípulos misioneros que viven la comunión como misión y la misión como expresión de la comunión.Pbro. Carlos Eduardo Contreras GrijalbaCoordinador Centro Pastoral EmúsDiócesis de Pasto

Mié 6 Mayo 2026

Vicarios de pastoral en Colombia impulsan la sinodalidad desde los procesos pastorales de las Iglesias particulares

En el contexto de la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad, la Iglesia en Colombia continúa dando pasos concretos para traducir este proceso en prácticas pastorales reales, articuladas y con impacto en la vida eclesial y social.Ese camino se vio reflejado en el primer Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), que reunió en Bogotá, del 27 al 30 de abril, a representantes de 65 jurisdicciones eclesiásticas del país.Además de los sacerdotes nombrados como vicarios de pastoral o evangelización, participaron miembros de sus equipos —incluidos otros sacerdotes y laicos—, lo que permitió enriquecer la reflexión desde la diversidad de carismas y ministerios.Un espacio de comunión, escucha y discernimientoEl encuentro, liderado por el Centro Pastoral para la Evangelización y la Fe de la CEC, se vivió como un espacio de comunión, escucha y discernimiento, enmarcado en el llamado de la Iglesia a asumir la sinodalidad como un estilo permanente de ser y hacer Iglesia.Desde el inicio, favoreció el conocimiento mutuo y la vivencia de la fraternidad entre los participantes, generando un clima de confianza que hizo posible el intercambio de experiencias, desafíos y buenas prácticas entre las distintas regiones eclesiásticas del país.“El encuentro no solamente quería mostrar lo que la Iglesia ha orientado sobre el Sínodo de la Sinodalidad, sino también saber qué están haciendo ya las jurisdicciones, cómo están realizando este trabajo de implementación en Colombia”, explicó el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina.Una conversión misionera que transforma la pastoralDurante las diferentes sesiones, los participantes profundizaron en las implicaciones pastorales, espirituales e institucionales del proceso sinodal, reconociendo — en palabras del padre Arias —, que este proceso “no se trata de la simple aplicación de lineamientos, sino de una auténtica conversión misionera y sinodal”.Esta perspectiva implica comprender el proyecto pastoral como un itinerario comunitario, capaz de articular comunión, participación y misión en prácticas concretas, encarnadas en la realidad de cada territorio.“Ya no se trata de tanta teoría, sino de acciones que nos lleven también a mostrar la cercanía y la presencia de Cristo en medio de nuestras realidades y en la vida práctica”, afirmó el padre Andrés Eduardo Muñoz, vicario de pastoral y evangelización del Vicariato Apostólico de Mitú.El Vicario de Pastoral: animador del cambio y servidor de la comuniónEn este proceso, se reafirmó el papel clave de los vicarios de pastoral o evangelización, como colaboradores directos del obispo diocesano en la animación, coordinación y articulación de la acción evangelizadora.Su misión es fundamental para hacer realidad el plan pastoral en las comunidades, favoreciendo procesos que involucren a todo el Pueblo de Dios.Diversidad de experiencias, un mismo horizonte sinodalEl trabajo por regiones eclesiásticas evidenció la diversidad de contextos y enfoques pastorales, pero también un deseo compartido de avanzar hacia procesos más participativos, corresponsables y misioneros.Durante el encuentro se pusieron en diálogo experiencias como el Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE), el Proyecto de Evangelización de la Iglesia Particular (PEIP) y otros procesos propios de las diócesis, que muestran caminos concretos de implementación del Sínodo en el país.En este horizonte de renovación, inspirados en el Documento de Aparecida (texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Brasil), desde diócesis como la de El Banco (Magdalena), se ha reiterado el llamado a “pasar de esa pastoral de la conservación a la pastoral del discipulado misionero”, como lo expresó el padre Brayan Antonio Martínez Jiménez. Además, a fortalecer la unidad como fundamento del camino eclesial “bajo la guía del Espíritu Santo”, agregó el sacerdote de El Banco.Articulación, corresponsabilidad y riqueza del Pueblo de DiosEl encuentro también permitió profundizar en la relación entre la Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares, destacando la necesidad de fortalecer la comunicación, la articulación y el trabajo conjunto.Un aporte significativo fue el conocimiento de los servicios y recursos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), que abre nuevas posibilidades de acompañamiento a las jurisdicciones eclesiásticas.“Reconocer lo que significa la Conferencia Episcopal para las diócesis, que son un punto de apoyo y de referencia para nuestra acción pastoral”, señaló el padre Nelson Patiño Villa, vicario de pastoral de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.Asimismo, la reflexión se enriqueció con la perspectiva de la vida consagrada, el protagonismo del laicado y la diversidad de movimientos eclesiales, reafirmando la centralidad del Pueblo de Dios en su pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios.Un camino abierto que compromete a toda la IglesiaEl encuentro confirmó que la sinodalidad no es una meta ya alcanzada, sino un camino que el Espíritu Santo sigue abriendo a la Iglesia y que exige una actitud permanente de escucha, discernimiento y conversión.“La sinodalidad tiene que permear todos los planes de pastoral. No es una moda…sino una esencia misma de la Iglesia”, afirmó el padre Jeisson David Quintero Muriel, vicario de pastoral de la Diócesis de Ocaña.En este sentido, se reafirmó que la implementación del Sínodo debe traducirse en procesos pastorales concretos en las Iglesias particulares, integrando la riqueza de los laicos, la vida consagrada y los diversos ministerios, en una dinámica de corresponsabilidad al servicio del Reino de Dios.Proyección: caminar juntos para transformar la realidadLos participantes asumieron el compromiso de continuar este camino con esperanza y fidelidad creativa, impulsando proyectos pastorales verdaderamente sinodales, nacidos de la escucha del Pueblo de Dios y orientados a la transformación evangélica de la realidad.“No solamente nos estamos llevando como una preocupación a nivel espiritual, sino también a nivel social”, subrayó el padre Muñoz.El primero Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral en Colombia concluyó con el llamado a caminar juntos, para que la Iglesia en Colombia sea cada vez más signo e instrumento de comunión, participación y misión.Vea a continuación el informe audiovisual del encuentro:

Lun 9 Mar 2026

Asamblea Diocesana de San Vicente del Caguán impulsa su camino pastoral y sinodal

Del 3 al 5 de marzo, la Diócesis de San Vicente del Caguán vivió un momento significativo de reflexión y proyección pastoral con la realización de la Asamblea Diocesana convocada por monseñor William Prieto Daza, quien lleva cerca de un año y medio al frente de esta Iglesia particular ubicada en el Caquetá, en la Amazonía colombiana.El encuentro reunió a sacerdotes, vida consagrada y numerosos laicos provenientes de las 16 parroquias de la diócesis, con el objetivo de fortalecer la comunión e impulsar la elaboración del Plan Pastoral Diocesano en clave sinodal.Según explicó el obispo, uno de los primeros pasos de su ministerio ha sido escuchar y conocer la realidad de la diócesis, especialmente después de un período de más de tres años de vacancia en la sede episcopal. “Es una jurisdicción relativamente nueva, pero he encontrado sacerdotes, laicos y religiosos muy dispuestos a seguir trabajando. Son muy disponibles para la tarea pastoral aquí en nuestra jurisdicción, que no es fácil”.La diócesis se caracteriza por tener comunidades alejadas y de difícil acceso, lo que exige un esfuerzo constante de acompañamiento pastoral. Monseñor William Prieto destacó que uno de los aspectos más valiosos de esta Asamblea ha sido el espacio de encuentro y fraternidad entre los participantes. “Más que las ponencias o las charlas, pienso que lo que realmente nos fortalece como Iglesia es poder compartir, vernos las caras, intercambiar experiencias y salir de nuestros lugares habituales de convivencia”, expresó.El obispo también subrayó el ambiente de diálogo vivido durante el encuentro, donde los participantes pudieron expresarse con libertad y escucharse mutuamente. “Se ha vivido un ambiente muy positivo, donde las personas han podido hablar con sinceridad, escucharse y participar en los ejercicios de reflexión que hemos realizado”, afirmó.Evangelizar en comunión y misiónEl proceso pastoral de la diócesis se inspira en la misión evangelizadora de la Iglesia y en la acción del Espíritu Santo. Como señala el documento pastoral iluminador que guía este camino, anunciar el Evangelio de Jesucristo es una tarea animada y sostenida por el Espíritu, verdadero protagonista de la misión, como lo testimonia el libro de los Hechos de los Apóstoles.Desde sus orígenes, la diócesis ha buscado organizar su acción evangelizadora a través de distintos procesos pastorales. En este sentido, los planes de evangelización desarrollados en años anteriores han servido como base metodológica para el camino actual, con el objetivo de elaborar un plan pastoral diocesano que promueva la comunión, la participación y la misión, llevando el Evangelio a todas las personas y realidades del territorio.El proceso actual se inspira en el llamado evangélico donde “Jesús recorría todas las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y dolencia” (Mt 9,35).Hacia un plan pastoral diocesano sinodalEl padre Ricardo Tobar, sacerdote diocesano hace treinta años, explicó que esta Asamblea forma parte de un proceso más amplio que busca consolidar el Plan Pastoral de la diócesis. “El encuentro se enmarca en el camino hacia el Plan de Pastoral. Durante el año pasado realizamos encuentros en las Vicarías para ir recogiendo aportes y elaborar un primer perfil del Plan Pastoral que ahora queremos profundizar”.La Asamblea ha puesto un énfasis especial en la sinodalidad y la misión, buscando fortalecer los vínculos de fraternidad y el trabajo conjunto entre sacerdotes, religiosos y laicos. Entre los participantes también estuvieron numerosos laicos que comparten su servicio en comunidades ubicadas a lo largo del río Caguán, en los municipios de San Vicente del Caguán, Cartagena del Chairá y parte de Puerto Rico y La Macarena (Meta).Una de ellas es Nora Moreno, catequista y animadora de la comunidad Balsillas, perteneciente a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes. “Me fascinó participar de todo este camino. He aprendido mucho y eso le da a uno entusiasmo para seguir”, comparte Nora.Ella se dedica especialmente en la catequesis de niños y adolescentes, un servicio que realiza con gran dedicación. Para ella, uno de los aspectos más valiosos de la asamblea fue el trabajo en grupo y la posibilidad de que todos pudieran participar y expresar sus opiniones. “Trabajamos juntos, todos pudimos opinar. Eso ayuda a construir una Iglesia que camina unida”.El sueño de una Iglesia más participativaMonseñor William Prieto señaló que uno de los principales frutos de la asamblea es el fortalecimiento de la comunión y el compromiso pastoral en la diócesis. “Los frutos se encaminan a seguir fortaleciendo nuestros lazos de fraternidad, a caminar juntos y a construir entre todos nuestro plan pastoral”, afirmó.Asimismo, destacó que entre los compromisos surgidos del encuentro está reactivar y reorganizar en cada parroquia los organismos de participación sinodal, como los consejos de pastoral parroquial y los consejos de asuntos económicos. “La idea es que en cada parroquia se constituyan nuevamente o se reorganicen estos espacios de participación y comenzar a trabajar juntos en la elaboración del plan pastoral”, explicó.Mirando hacia el futuro, el padre Ricardo Tobar expresa el deseo compartido en la Asamblea de una Iglesia con laicos comprometidos, comunidades vivas y una fuerte conciencia misionera. “Quisiéramos encontrar comunidades ya animadas, que preparen sus celebraciones y vivan la fe con responsabilidad. Una Iglesia que sea familia y que camine unida”.Con esta Asamblea, la Diócesis reafirma su compromiso de seguir construyendo una Iglesia sinodal, cercana a su pueblo y abierta a los desafíos sociales y pastorales del territorio.Una Iglesia con historia misioneraLa Diócesis de San Vicente del Caguán fue erigida por San Juan Pablo II en Vicariato Apostólico el 9 de diciembre de 1985, al desmembrarse del Vicariato Apostólico de Florencia, visando fortalecer la presencia misionera de la Iglesia en esta región amazónica.Su primer vicario apostólico fue monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, seguido en 1999 por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, quienes impulsaron el desarrollo pastoral y misionero en el territorio.En 2019, el papa Francisco elevó el Vicariato a Diócesis, integrándola a la provincia eclesiástica de Florencia. Actualmente, bajo la guía pastoral de monseñor William Prieto Daza, desde septiembre de 2024, la diócesis está organizada en cuatro vicarías que agrupan 16 parroquias, desde donde se anima la misión evangelizadora en esta región de la Amazonía colombiana.Fuente:P. Julio Caldeira, IMC, Misionero Brasileño en Colombia, trabaja en la Amazonía Colombiana.

Mar 3 Feb 2026

El 2026, un año clave para consolidar la implementación del Sínodo de la Sinodalidad en la Iglesia colombiana

A finales del mes de enero, la Secretaría General del Sínodo ha dirigido una carta a los obispos de todo el mundo en la que destaca la importancia del año 2026 como un momento decisivo en la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad en las Iglesias locales.El mensaje, firmado por el cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo; el cardenal Luis Antonio G. Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización; el cardenal Claudio Gugerotti, prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales; y monseñor Filippo Iannone, O. Carm., prefecto del Dicasterio para los Obispos, invita a fortalecer los procesos ya iniciados y a consolidar, en la vida ordinaria de las diócesis y parroquias, el estilo y las orientaciones recogidas en el Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.Cabe recordar que el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, forma parte del Consejo General de la Secretaría General del Sínodo, desde donde acompaña de manera directa el camino sinodal de la Iglesia universal. Su participación en este organismo refuerza el vínculo entre el proceso sinodal y la realidad pastoral de la Iglesia en Colombia.Un tiempo decisivo en el camino sinodalAunque esta carta de la Secretaría General del Sínodo está dirigida formalmente a los obispos, interpela a todo el Pueblo de Dios —fieles laicos, consagrados, sacerdotes y agentes pastorales—. Recuerda que el período comprendido entre junio de 2025 y diciembre de 2026 está dedicado a la implementación del Sínodo en las Iglesias particulares. En este marco, el año en curso constituye la última etapa de este tiempo de puesta en práctica y consolidación, con la mirada puesta en las asambleas de evaluación previstas para 2027.La sinodalidad, parte de la vida pastoral ordinariaLa Secretaría General del Sínodo subraya que este camino debe asumirse como parte integral de la vida pastoral ordinaria y no como una iniciativa paralela. Por ello, anima a los obispos a garantizar el tiempo y los medios necesarios para que la implementación del Sínodo no quede relegada ni se delegue únicamente a oficinas o grupos particulares, sino que se viva de manera concreta en diócesis, parroquias y comunidades.Prioridades para el trabajo pastoral en 2026De manera particular, la carta invita a las Iglesias locales a:- Continuar y fortalecer los procesos sinodales ya iniciados, o a ponerlos en marcha allí donde aún no se haya hecho.- Apoyar el trabajo de los equipos sinodales y de los organismos de participación, reconociendo su papel en la animación y el discernimiento eclesial.- Promover experiencias concretas de práctica sinodal, integradas en la pastoral cotidiana y no como iniciativas extraordinarias.- Comenzar a recoger los frutos del camino recorrido, también en clave narrativa, con miras a la fase de evaluación.Mirando hacia las asambleas de evaluaciónLa carta recuerda el horizonte del proceso sinodal y el calendario previsto para 2027. En el primer semestre se celebrarán las asambleas de evaluación en las diócesis, llamadas a releer el camino recorrido a nivel local. En el segundo semestre, se realizarán las asambleas a nivel de las Conferencias Episcopales, como preparación para las asambleas continentales previstas para 2028.El año 2026 se presenta así como un tiempo de preparación fundamental para que estas instancias se desarrollen de manera ordenada, participativa y verdaderamente fecunda.Recursos al servicio de la implementación en ColombiaEn sintonía con este llamado de la Iglesia universal, la Conferencia Episcopal de Colombia ha puesto a disposición de las diócesis, parroquias y agentes pastorales diversos recursos pedagógicos y pastorales a través del micrositio del Sínodo de la Sinodalidad (https://sínodo.cec.org.co). Estos materiales buscan acompañar y facilitar el proceso de implementación durante esta etapa clave.Entre los recursos disponibles se encuentran:-Fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad en la Iglesia colombiana.-“10 claves para la implementación del Sínodo de la Sinodalidad”, propuestas por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, como guía pastoral para las Iglesias particulares.-Materiales sobre las funciones de los Equipos Sinodales, fundamentales para la animación y articulación del proceso.-Una propuesta para integrar la sinodalidad al año litúrgico (ciclo A), que ayuda a vincular este camino con la vida celebrativa y pastoral de las comunidades.Estos recursos constituyen una ayuda concreta para que la Iglesia en Colombia pueda vivir el año 2026 como un tiempo fecundo de discernimiento, corresponsabilidad y renovación misionera, en comunión con toda la Iglesia y bajo la guía del Espíritu Santo.

Lun 1 Dic 2025

La Vida Consagrada: claves de sinodalidad y esperanza en el último episodio de ‘Diálogos en el Atrio’

En medio de un diálogo sencillo que entreteje la reflexión teológica con la experiencia vivida desde su propia vocación, la hermana Gloria Liliana Franco Echeverri, religiosa de la Compañía de María, quien durante ocho años presidió laConfederación Latinoamericana de Religiosos, fue la invitada especial del octavo episodio de 'Diálogos en el Atrio', el videopodcast producido por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC).El episodio, lanzado el pasado viernes 28 de noviembre, explora el papel profético de la vida consagrada en el contexto de la sinodalidad, destacándola no como una institución estática, sino como una fuerza dinámica llamada a ser "la centinela vigilante de las llamadas del Espíritu", tal como lo definen el Papa Francisco y los documentos sinodales.Una misión que se ejerce "con", no "por"Uno de los ejes centrales de la conversación con la 'madre sinodal' fue el cambio de paradigma en la misión. La hermana Franco señaló que la labor de la Iglesia y, específicamente, de la vida religiosa, ha evolucionado: "La misión ya no es algo que se hace 'por' los demás, sino 'con' los demás". Esta afirmación, basada en su experiencia en el Sínodo de la Amazonía (2019) y en el de la Sinodalidad, subraya una eclesiología de acompañamiento y humildad, donde el aprendizaje es mutuo.Este enfoque requiere, según sus palabras, una actitud de descalzarse. "Descalzarnos ante el misterio de la vida, descalzarnos ante la tierra sagrada del otro, descalzarnos ante los dolores de nuestro pueblo", explicó, utilizando una poderosa metáfora bíblica para invitar a una escucha humilde y respetuosa.Tres lecciones concretas: lo que la Iglesia puede aprender de la vida consagradaLa hermana Gloria Liliana Franco señaló tres aprendizajes concretos que las parroquias, diócesis y otras comunidades pueden tomar de la vida consagrada para aplicar la sinodalidad:1. Una espiritualidad encarnada: "No hay sinodalidad sin una profunda espiritualidad que la sostenga", afirmó. Explicó que no se trata solo de orar más, sino de cultivar una espiritualidad que "lea la realidad a la luz del Evangelio" y escuche los clamores del pueblo.2. La fraternidad como fundamento: Subrayó la necesidad de "ser radicalmente hermanos y hermanas", acogiendo la diferencia sin miedo y entendiendo al otro no como una amenaza, sino como un regalo.3. La misión compartida: Enfatizó que en la vida religiosa se "discernimos, planeamos y servimos juntos", un estilo que puede inspirar a las comunidades donde a veces persiste la distancia entre sacerdotes, laicos y religiosos.Para ilustrar este camino, compartió la experiencia significativa de la "Casita Sinodal", una iniciativa de la Orden de la Compañía de María en Bogotá, llamada Ruah, que forma a niños de 5 a 9 años del barrio Lomitas, un barrio periférico de la ciudad, en prácticas de sinodalidad."No se trata de debatir o de convencer al otro", describió, "sino de escuchar, discernir y dejar que el Espíritu hable en medio de nosotros". Esta práctica, promovida también por el Papa, ejemplifica cómo crear ambientes donde todas las voces cuenten.Los tres pilares de la vida consagrada hoyDurante este ‘Diálogo en el Atrio’, la religiosa delineó con precisión los desafíos y la identidad de la vida consagrada en el continente, presentando un trinomio articulador: debe ser mística, misión y profecía. "Existimos para eso", afirmó, destacando que la auténtica profecía no se limita al discurso, sino que se encarna en un estilo de vida que hace visible el Reino de Dios mediante la opción por los pobres y la construcción de comunión.En un mundo afectado por la división y la polarización, la hermana Franco destacó que las comunidades religiosas están llamadas a ser signos de comunión, demostrando que es posible vivir la diversidad en unidad. "La vida consagrada está llamada a mostrar que es posible pensar distinto y seguir siendo hermanos", señaló.La coversión en la sinodalidadEl diálogo también profundizó en el significado práctico de la sinodalidad. Para la invitada, este proceso va más allá de las reuniones; es una conversión del corazón que pasa por una necesaria conversión a la escucha y que ayuda a transformar estructuras y procesos, como lo señaló el Documento Final del Sínodo. Aprendido en la vida comunitaria, para la hermana Gloria este caminar juntos implica transformar el ejercicio de la autoridad en servicio, discernir en conjunto y reconocer los dones de cada miembro del Pueblo de Dios.La religiosa conectó esta conversión sinodal con una reforma auténtica de la Iglesia, la cual, en palabras del Papa Francisco que ella citó, comienza con una "reforma del corazón" para luego reflejarse en las instituciones. "Cuando cada uno de nosotros decide vivir el Evangelio con más coherencia...Ahí empieza la verdadera reforma", concluyó.El episodio completo, "Sinodalidad y Vida Consagrada: profecía y esperanza para nuestro tiempo", ya está disponible para su visualización en el canal de YouTube y la página de Facebook de la Conferencia Episcopal de Colombia.Véalo a continuación:

Mié 10 Sep 2025

Sinodalidad y profecía

Por Mons. José Clavijo Méndez - Cuando éramos estudiantes en Roma estaba en auge la «nueva Evangelización», introducida casi ex abrupto algunos años atrás por san Juan Pablo II en los años mozos de su pontificado, cuando apenas se estaban preparando nuestras Iglesias para celebrar los quinientos años de la Evangelización de América. En Haití nos sorprendió el papa, mientras se refería a la gesta evangelizadora de los misioneros que acompañaron a los colonizadores españoles no con el fin de hacerse ricos, sino de sembrar en el corazón de nuestros antepasados amerindios el tesoro del Evangelio; ellos también vinieron, autoexiliándose, para enriquecernos con su pobreza (2 Co 8,9). Entonces como un trueno, resonó en Puerto Príncipe la voz del Pontífice polaco:«Vuestros pueblos, marcados en su íntimo por la fe católica, imploran la profundización y fortalecimiento de su fe, la instrucción religiosa, el don de los sacramentos, todas las formas de alimento para su hambre espiritual. Sin embargo –hay que darse también cuenta de ello con humilde lucidez y realismo– problemas graves pesan sobre este pueblo desde el punto de vista religioso y eclesial: la crónica y aguda escasez de vocaciones sacerdotales, religiosas y de otros agentes de pastoral, con el consecuente resultado de ignorancia religiosa, superstición y sincretismo entre los más humildes; el creciente indiferentismo, si no ateísmo, a causa del hodierno secularismo, especialmente en las grandes ciudades y en las capas más instruidas de la población; la amargura de muchos que, a causa de una opción equívoca por los pobres, se sienten abandonados y desatendidos en sus aspiraciones y necesidades religiosas; el avance de grupos religiosos, a veces carentes de verdadero mensaje evangélico…..La conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de re-evangelización, pero sí de una nueva evangelización. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión».Dos años atrás el papa había expresado esta misma idea en su primera peregrinación apostólica a Polonia en junio de 1979. El huracán que arrancaba a Europa de sus raíces cristianas estaba a punto de lanzarse sobre el nuevo continente para arrasar con casi todo lo que la primera evangelización había sembrado y construido.Entonces parecía un desatino hablar de nueva evangelización en un continente tan católico y religioso, pero a los pocos días sobrevino el tsunami de la secularización que nos hizo entender la verdad de esa profética advertencia y la urgente necesidad de una nueva evangelización que pusiera cimientos firmes a una fe que se desmoronaba.Otro tanto había sucedido hace sesenta años cuando san Juan XXIII, ante la mirada atónita y el nerviosismo incómodo de los cardenales se atrevió a anunciar su deseo de convocar un Concilio ecuménico para la Iglesia como respuesta a la creciente desbandada de naciones y grupos humanos del seno de la Iglesia que, seducidos por el príncipe de las tinieblas, luchan contra la verdad y el bien acentuando la división entre lo que el genio de san Agustín llama las dos ciudades (Aloc. A los cardenales del 25 de enero de 1959). Lo que entonces parecía una locura del profeta fue en realidad una corriente de renovación y de nueva vitalidad para la Iglesia y para el mundo.La nueva profecía para el primer cuarto de siglo del tercer milenio es la sinodalidad. No nos quepa duda de que se trata de una inspiración profética que no podemos dejar pasar por alto refugiándonos en las falsas seguridades de una Iglesia que aparenta ser más sólida que nunca y más gloriosa que en otras épocas: la sinodalidad hará posible que la nueva evangelización y la salida misionera fortalezcan a la Iglesia para lanzar las redes de la gran misión del tercer milenio que buscará de nuevo llegar al corazón de cada hombre de este siglo para sembrar en su ser más íntimo la novedad fecunda del Evangelio y proponer a todos la construcción de un mundo nuevo, más fraterno, más humano, más abierto a la trascendencia. Para ello necesitamos formar a los discípulos misioneros que se aventuren a viajar a los nuevos continentes de la realidad virtual, la inteligencia artificial y los metalenguajes en los que habitan hombres y mujeres que siguen llevando la imagen y semejanza con Dios en lo más íntimo de su naturaleza y pueden abrir sus corazones, sus inteligencias y sus voluntades a la novedad del Evangelio de siempre anunciado en lenguajes nuevos, con ardor irresistible y expresiones novedosas.La Iglesia del primer milenio fue profunda y esencialmente sinodal en medio de una sociedad imperial y monolítica. La sinodalidad favoreció ese inatajable fuego misionero que como el carro de fuego de la «merkabá» se movía en la dirección de los cuatro puntos cardinales llevando «aquí, allí, allá y más allá» el potente y atractivo anuncio de una humanidad nueva y podríamos decir, otro tanto, no sin alguna reticencia, del segundo milenio, especialmente bajo el impulso renovador del Concilio tridentino. No podría ser diferente en estos primeros años del tercer milenio. La sinodalidad es un despertar eclesial a todos los niveles, un impulso renovador, un fuego purificador, un aliento nuevo y sanador que golpeará sin cansancio a las puertas de una humanidad cansada, agobiada y sin horizontes; la sinodalidad arrancará a la iglesia del letargo autocontemplativo y la llevará al corazón de la civilización posmoderna para abrirla al horizonte de la trascendencia.Vistamos las armaduras, alistemos nuestras alforjas y cantemos con el poeta: “Rotas mis ataduras, pagadas mis deudas, de par en par mis puertas, ¡Al fin!, me voy a todas partes” (Tagore: La cosecha).+ José Clavijo MéndezObispo de SincelejoPresidente Comisión Episcopal Lugares Eclesiales de Comunión

Mié 4 Jun 2025

Sinodalidad: El Evangelio hecho camino compartido

Por Pbro. Mauricio Rey - En muchos momentos de la vida, las personas sienten que caminan solas, que cargan responsabilidades sin ser tenidas en cuenta, que sus palabras no cambian nada. Esa misma experiencia, con sus heridas y silencios, también se ha vivido dentro de la Iglesia. Quienes aman profundamente su fe muchas veces han sentido que no tienen lugar para hablar desde su experiencia, ni espacio para participar en las decisiones que también les afectan. Ante esta realidad, el Papa Francisco ha hecho una convocatoria clara y necesaria, pues nos llama a volver al modo de Jesús, es decir, recuperar el estilo original del Evangelio. Esa forma concreta de ser Iglesia tiene un nombre exigente y contundente: Sinodalidad.La sinodalidad no es un modelo organizativo; es el retorno a una forma de vida eclesial en coherencia con el Evangelio, es una respuesta madura y consciente ante los desafíos de nuestro tiempo actual. Supone comprender que la Iglesia no se edifica desde las cúpulas, sino desde el encuentro, desde la escucha, desde la comunión. Que todos, laicos, consagrados, pastores, somos responsables de la vida de la Iglesia, porque todos hemos recibido el Espíritu en el Bautismo y la Confirmación. Esto se plantea como una convicción vivida, todos tenemos una palabra que ofrecer, una historia que contar, una luz que aportar al discernimiento común. El Concilio Vaticano II ya nos recordó que la Iglesia es el Pueblo de Dios en camino, no una minoría iluminada que decide por el resto, sino una comunidad donde cada persona tiene un lugar, una dignidad y una misión. La sinodalidad recoge ese llamado y lo actualiza para nuestro tiempo, quiere formar una Iglesia que no tema escucharse, que no tema dialogar, que no tema caminar juntos, incluso cuando el camino sea incierto, difícil o complejo.Sin embargo, esta llamada toca nuestras resistencias, pues nos exige una conversión integral. Porque caminar juntos implica renunciar al control, requiere humildad, paciencia, abrirse a la escucha, aceptar el tiempo del otro; implica aceptar que el Espíritu Santo actúa más allá de nuestros esquemas, permitiendo que pueda hablar por medio de quien menos imaginamos, y que de esta manera, ninguna vocación cristiana puede vivirse aislada del resto del Cuerpo de Cristo. Implica crear espacios reales de diálogo, donde no se decida todo desde los escritorios, sino desde el encuentro con la vida cotidiana de las personas en contextos concretos. Por eso, la sinodalidad también es una conversión espiritual, pues conlleva pasar de la autorreferencialidad al discernimiento comunitario, del individualismo eclesial al nosotros eclesial, de la comodidad de lo establecido al dinamismo del Espíritu.Todo esto se concreta en lo cotidiano. Una comunidad sinodal es aquella donde las decisiones no se imponen desde arriba sin diálogo, sino que se toman a la luz de la Palabra y la experiencia del pueblo fiel. Una parroquia sinodal es aquella que escucha activamente a sus agentes pastorales, a los jóvenes, a las mujeres, a los adultos mayores, a los pobres, y no los deja fuera del proceso pastoral. Una Iglesia sinodal es aquella que reconoce que su credibilidad se juega no sólo en lo que anuncia, sino en cómo vive internamente la comunión, la participación y la corresponsabilidad en su misión. Muchos están cansados de instituciones que excluyen o que solo hablan desde la distancia. La sinodalidad responde a ese cansancio con una firme propuesta, que caminemos juntos como hermanos, no como competidores; escuchar para transformar, no solo para cumplir; construir juntos una Iglesia que nos acerque mucho más al Reino que Jesús anunció.Esto no significa que todo se decida por mayoría ni que todo se relativice. No se trata de diluir la verdad, sino de buscarla juntos, sabiendo que el Espíritu Santo guía a toda la Iglesia, no solo a unos pocos. La sinodalidad no reemplaza el Magisterio, lo enriquece desde la escucha del sensus fidei del pueblo fiel. No debilita la autoridad, la purifica y la humaniza. No es desorden, es comunión vivida con plena madurez. Nos invita a preguntarnos con honestidad cómo vivimos nuestra fe cristiana eclesialmente, cómo la transmitimos, y si nuestras estructuras ayudan o dificultan su testimonio.Y cuando se vive con autenticidad, la sinodalidad no solo transforma la Iglesia, sana también las heridas del alma. Porque todos hemos sentido alguna vez lo que significa no ser escuchados. Por eso, una Iglesia sinodal no es solo más evangélica, sino también más humana, más fraterna, más cercana. Más parecida a esa comunidad que anhelamos en nuestras propias familias, en nuestros barrios, en nuestras relaciones. Una Iglesia que no juzga de entrada, que no impone, que no margina; sino que acoge, acompaña, discierne y camina al ritmo del pueblo.Así entendida, la sinodalidad no es simplemente “hacer juntos”. Es discernir juntos, orar juntos, decidir desde una misma fe, pero con todas las voces en la mesa, porque no hay Evangelio sin comunidad; no hay comunidad sin escucha; no hay escucha sin humildad; y no hay humildad sin amor por la verdad. Por eso, la sinodalidad es hoy uno de los rostros más necesarios de la Iglesia. Es el modo concreto de vivir el Evangelio con otros, no como una carga, sino como una gracia compartida. Es una manera de decirle al mundo que sí es posible caminar juntos, decidir sin imponer, vivir la fe sin excluir, buscar la verdad sin miedo, y servir sin dominar.Si la Iglesia quiere responder con verdad a los desafíos del presente, debe ser una Iglesia que escucha, que discierne y que camina con su pueblo. Ese es el llamado. Ese es el camino. Y ese es el Evangelio que nos acompaña siempre, el mismo que hoy estamos llamados a vivir.Pbro. Mauricio Rey SepúlvedaDirector del Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas Colombiana

Jue 16 Ene 2025

El padre John Mario Mesa Palacio liderará la vivencia de la comunión en la Iglesia Colombiana desde la Conferencia Episcopal

En un paso significativo para el fortalecimiento de la comunión, la misión y la estructura pastoral en la Iglesia Católica colombiana, la Comunidad de Presidencia de la Conferencia Episcopal designó al padre John Mario Mesa Palacio, sacerdote de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, como nuevo Director del Departamento de Lugares Eclesiales para la Vivencia de la Comunión. Con este nombramiento, se busca promover, con mayor fuerza, la sinodalidad y la participación activa de los laicos en los diversos espacios eclesiales. La formación y la articulación de los planes diocesanos serán clave en este propósito.El padre Mesa llega al cargo con una amplia trayectoria pastoral y formativa en 30 años de vida sacerdotal, que incluye roles como vicario episcopal, delegado de pastoral misionera y familiar, rector del Seminario Diocesano Santo Tomás de Aquino y animador de ministerios laicales. Además, Director y apoyo al equipo Nacional del Servicio de Animación Comunitaria - SEDAC. Su experiencia será clave para articular la vida comunitaria en la parroquia, las diócesis, los movimientos eclesiales y las pequeñas comunidades, promoviendo experiencias de evangelización que respondan a los desafíos actuales.En entrevista con el Departamento de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, el padre John Mario Mesa expresó su compromiso y visión para esta nueva misión que le han encomendado los obispos desde el ámbito nacional:“Este es un desafío, pero también una oportunidad de articular y fortalecer la vivencia de la comunión eclesial y la sinodalidad como un ‘caminar juntos’. Es clave en una Iglesia llamada a ser testimonio de unidad frente a un mundo marcado por el individualismo y la dispersión”.Un desafío en tiempos de sinodalidadEl Departamento de Lugares Eclesiales para la Vivencia de la Comunión tiene como misión principal animar la vida comunitaria en los espacios donde los fieles experimentan a Cristo y a la Iglesia como comunión, tal como lo subraya el documento de Aparecida: “La Iglesia es comunión misionera, llamada a ser hogar y escuela de la comunión” (DA 368). Bajo esta premisa, el trabajo del departamento se centrará en integrar las acciones pastorales de las diócesis y parroquias en una perspectiva de comunión y misión compartida.El padre Mesa destacó que el fortalecimiento de estos lugares no se limita a estructuras físicas, sino que involucra a las personas, es decir, a las comunidades que los conforman.“La parroquia, como comunidad de comunidades, es el espacio donde la mayoría de los fieles viven su fe. Allí debemos potenciar la sinodalidad, permitiendo que la comunión no sea solo una teoría, sino una experiencia viva que involucre a todos: laicos, sacerdotes y movimientos eclesiales”, afirmó el sacerdote.Primeros pasos y objetivos del departamentoEntre las primeras acciones que marcarán la gestión del padre Mesa, de acuerdo a los lineamientos de la Comunidad de Presidencia del Episcopado, se encuentra la consolidación de un directorio pastoral que ofrecerá lineamientos claros para la vivencia de la comunión en las parroquias y diócesis. Asimismo, se promoverán procesos de formación para garantizar que los agentes pastorales y comunidades puedan vivir y transmitir una espiritualidad de comunión. “No se trata de añadir tareas, sino de articular las iniciativas existentes, potenciando su impacto y asegurando que nadie quede excluido del caminar eclesial”, señaló.Además, el nuevo Director destacó la importancia de trabajar en equipo con los otros 13 departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y de ser un puente entre la Presidencia y las jurisdicciones eclesiásticas o Iglesias particulares para consolidar un enfoque unificado en la evangelización.Un nombramiento que aportará la vivencia de la sinodalidad en ColombiaEste nombramiento responde al llamado del papa Francisco a construir una Iglesia más sinodal, donde el caminar juntos se traduzca en una comunión efectiva y misionera. En este contexto, el trabajo del Departamento de Lugares Eclesiales cobra especial relevancia en un país como Colombia, marcado por profundas desigualdades y desafíos sociales.“Es momento de unir fuerzas para que la Iglesia sea signo de reconciliación, unidad y esperanza en medio de tantas realidades de distanciamiento”, expresó el padre Mesa.Con este nuevo liderazgo, la Conferencia Episcopal de Colombia reafirma su compromiso de fortalecer las células vivas de la Iglesia y de impulsar una evangelización que transforme, inspire y conecte con los fieles en su realidad cotidiana y territorial.Comisión Episcopal de Lugares Eclesiales para la Vivencia de la ComuniónDesde julio de 2024, esta comisión es presidida por monseñor José Clavijo Méndez (Obispo de Sincelejo). La integran también: monseñor Luis Felipe Sánchez Aponte (Obispo de Chinquinquirá), monseñor Edgar de Jesús Mejía Orozco (Obispo Auxiliar de Barranquilla), monseñor William Prieto Daza (Obispo de San Vicente del Caguán) y monseñor Fadi Bou Chebl (Exarca Apostólico Maronita en Colombia).Vea la entrevista a continuación: