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Vicariato Apostólico de Mitú

Vie 26 Jun 2026

Iglesias hermanas en el corazón del Vaupés

Por P. Renzo Martínez Ramírez - La Iglesia en Colombia vive desde hace varios años una experiencia significativa de comunión misionera a través del programa de Hermanamiento Misionero entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país. Esta iniciativa busca fortalecer los vínculos entre las Iglesias particulares, compartir recursos humanos y pastorales, y expresar de manera concreta la corresponsabilidad en la misión evangelizadora.El origen de este proceso se encuentra en las reflexiones y conclusiones del XII Congreso Nacional Misionero celebrado en Bucaramanga. En las memorias publicadas por las Obras Misionales Pontificias en octubre de 2016 se propuso la creación de una estructura permanente de cooperación misionera entre las jurisdicciones eclesiásticas colombianas mediante el intercambio de agentes pastorales y la solidaridad económica, promoviendo el hermanamiento entre los vicariatos apostólicos, las diócesis de misión y las provincias eclesiásticas del país.Sin embargo, la cooperación misionera entre Iglesias no es una realidad nueva. Ya en la década de los años ochenta la Iglesia colombiana impulsaba experiencias de hermanamiento con proyección internacional. Documentos de trabajo presentados a la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano y diversos intercambios con Iglesias de Bangladesh y Etiopía muestran que la misión siempre ha sido entendida como una responsabilidad compartida entre todas las comunidades eclesiales.En este contexto se sitúa la relación entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú, una experiencia que se ha convertido en un verdadero laboratorio de sinodalidad y misión.El Vicariato Apostólico de Mitú está ubicado en el departamento del Vaupés, en el corazón de la Amazonía colombiana. Se trata de un territorio marcado por enormes desafíos geográficos, grandes distancias, escasas vías de comunicación y una notable riqueza cultural representada en numerosos pueblos indígenas que conservan tradiciones, lenguas y formas de organización propias.Una tierra marcada por la misiónLa historia evangelizadora del actual Vicariato Apostólico de Mitú hunde sus raíces en las primeras expediciones misioneras realizadas por los Misioneros Montfortianos a comienzos del siglo XX. El 15 de agosto de 1914 llegaron los primeros misioneros, atravesando el océano Atlántico y remontando el río Amazonas, el río Negro y el río Papurí, iniciando una extraordinaria labor evangelizadora que se abrió camino entre selvas, caños y ríos hasta alcanzar los lugares más apartados de esta vasta región amazónica.Su misión estuvo orientada al anuncio del Evangelio entre los pueblos indígenas del Vaupés, sembrando las primeras semillas de una Iglesia que, con el paso de los años, se identificaría profundamente con la realidad cultural y espiritual de la Amazonía colombiana.Posteriormente, la Santa Sede confió este territorio a los Misioneros Javerianos de Yarumal, quienes asumieron oficialmente la responsabilidad pastoral en 1949 con la creación de la Prefectura Apostólica de Mitú. Junto con ellos llegó Monseñor Gerardo Valencia Cano, figura emblemática de la Iglesia misionera en Colombia, quien impulsó con entusiasmo el espíritu evangelizador y el compromiso con las comunidades indígenas hasta finales de 1953.Ese mismo año asumió la conducción pastoral Monseñor Heriberto Correa, quien fortaleció la organización eclesial y la acción evangelizadora hasta 1964. Más adelante, en 1967, fue nombrado Monseñor Belarmino Correa Yepes, recordado por su decisivo aporte al desarrollo humano y pastoral del Vaupés. Durante su ministerio se fortalecieron las escuelas, la formación de catequistas, la educación contratada y los medios de transporte aéreo y fluvial, herramientas fundamentales para acercar la presencia de la Iglesia a las comunidades más alejadas.En 1989 se produjo una importante reorganización eclesiástica con la creación del Vicariato Apostólico de San José del Guaviare y del Vicariato Apostólico de Mitú–Puerto Inírida, lo que permitió una atención pastoral más cercana a los diversos territorios amazónicos. Posteriormente, la Iglesia local continuó su camino bajo el liderazgo de Monseñor José Gustavo Ángel Ramírez, consolidando los procesos evangelizadores y pastorales desarrollados durante décadas.A lo largo de más de un siglo, generaciones de misioneros han recorrido ríos, selvas y comunidades apartadas, entregando su vida al servicio del Evangelio. Su labor ha contribuido no solo al crecimiento de la fe cristiana, sino también a la promoción humana, la educación, la defensa de las culturas indígenas y el acompañamiento integral de los pueblos amazónicos.Actualmente, el Vicariato Apostólico de Mitú es pastoreado por Mons. Medardo de Jesús Henao del Río, misionero javeriano nacido en Antioquia y profundo conocedor de la realidad amazónica. Su ministerio episcopal está orientado a fortalecer una Iglesia cercana a los pueblos indígenas, comprometida con la evangelización, la promoción humana, el diálogo intercultural y el cuidado de la casa común, siguiendo el legado de quienes, a lo largo de la historia, han hecho de la misión el corazón de esta Iglesia particular.Una Iglesia con rostro indígena y corazón amazónicoEl Vaupés es uno de los territorios con mayor riqueza cultural de Colombia. En él habitan 27 pueblos indígenas que conservan sus lenguas, tradiciones, estructuras familiares y formas ancestrales de organización comunitaria. Allí, la palabra tiene un profundo significado y el silencio también comunica respeto, escucha y sabiduría.La presencia de la Iglesia en esta región es fruto de más de un siglo de labor misionera. Generaciones de evangelizadores han navegado ríos y atravesado selvas llevando el anuncio del Evangelio, promoviendo la educación y acompañando los procesos de desarrollo humano de las comunidades.Sin embargo, la realidad actual plantea importantes desafíos pastorales. La desaparición de la educación contratada, que durante décadas permitió una presencia permanente de agentes evangelizadores en los territorios, ha reducido significativamente la frecuencia de las visitas pastorales. Algunas comunidades reciben la visita de un sacerdote apenas una o dos veces al año, mientras que otras deben esperar períodos aún más prolongados debido a las limitaciones de personal y recursos.En medio de este contexto, los misioneros encontraron comunidades acogedoras, familias deseosas de acompañamiento espiritual, niños y jóvenes abiertos al diálogo y mayores que conservan la memoria viva de sus pueblos. También pudieron conocer de cerca situaciones de vulnerabilidad relacionadas con el abandono estatal, las dificultades económicas, las limitaciones en salud, la escasez de agentes pastorales y problemáticas que afectan especialmente a la juventud.La fuerza evangelizadora de la cercaníaUno de los mensajes más insistentes compartidos durante la experiencia misionera fue la importancia de la cercanía como primer anuncio del Evangelio. En las comunidades amazónicas, las personas valoran profundamente la presencia sincera de quienes llegan a compartir la vida cotidiana.Más allá de las actividades pastorales programadas, los misioneros fueron invitados a escuchar con atención, visitar las familias, compartir los alimentos, aprender los nombres de las personas y dejarse interpelar por las realidades que encontraron. En este contexto, la evangelización se expresa especialmente a través de los gestos sencillos, la escucha respetuosa y la capacidad de caminar al ritmo de las comunidades.Aprender de los pueblos amazónicosLa misión también fue una oportunidad para reconocer la riqueza espiritual presente en los pueblos indígenas. Desde su relación armónica con la naturaleza, su sentido comunitario y el respeto por la memoria de los mayores, las comunidades amazónicas ofrecen valiosas enseñanzas para toda la Iglesia.Los responsables pastorales insistieron en la necesidad de vivir una auténtica actitud de inculturación, evitando juicios apresurados y favoreciendo el diálogo respetuoso entre el Evangelio y las culturas locales. La experiencia misionera invitó a los participantes a cultivar la humildad, valorar el silencio, fortalecer la fraternidad entre los equipos y convertirse en signos de esperanza para quienes atraviesan situaciones difíciles.Una escuela de vida misioneraLas condiciones propias del territorio amazónico también hicieron parte del aprendizaje. Los desplazamientos por río, las lluvias frecuentes, las limitaciones en conectividad y la sencillez de las condiciones de vida permitieron a los participantes experimentar una forma diferente de acercarse a la misión.En muchos lugares la atención ofrecida por las comunidades consistió únicamente en un desayuno o un almuerzo sencillo, expresión generosa de hospitalidad en medio de recursos limitados. Esta realidad motivó a los misioneros a compartir con gratitud y a valorar profundamente cada gesto de acogida.Al finalizar la experiencia, muchos coincidieron en que la Amazonía no solo recibe misioneros, sino que también los forma. La selva enseña humildad, el río enseña paciencia y las comunidades enseñan fraternidad. En el corazón del Vaupés, la misión continúa siendo una escuela privilegiada de encuentro con Dios, con los pueblos indígenas y con las periferias que siguen esperando una Iglesia cercana, samaritana y profundamente misionera.La Diócesis de Sonsón-Rionegro: una Iglesia con casi siete décadas de historia misioneraLa Diócesis de Sonsón-Rionegro es una Iglesia particular de la Iglesia Católica ubicada en el Oriente Antioqueño, una de las regiones más dinámicas y profundamente creyentes de Colombia. Fue creada por el Papa Pío XII el 18 de marzo de 1957 mediante la bula In Apostolici Muneris, por lo que en el año 2026 cuenta con 69 años de vida diocesana. Desde entonces ha acompañado el crecimiento espiritual, social y humano de las comunidades del Oriente antioqueño, convirtiéndose en un referente de evangelización y compromiso pastoral en el país.A lo largo de su historia, la diócesis ha desarrollado una intensa acción evangelizadora mediante sus parroquias, instituciones educativas, obras sociales, movimientos apostólicos y procesos misioneros. Su identidad se caracteriza por una profunda espiritualidad eclesial, una fuerte participación de los laicos y una permanente apertura a la misión, tanto dentro de su territorio como en otras regiones de Colombia.Un camino pastoral orientado a la renovación misioneraDurante los últimos años, la diócesis ha venido desarrollando un amplio proceso de planificación pastoral impulsado por Mons. Fidel León Cadavid Marín. Este itinerario pastoral, construido con la participación de sacerdotes, religiosos y laicos, surgió de un profundo análisis de la realidad social y eclesial del territorio y se concretó en este último proyecto pastoral denominado "Por una Diócesis Sinondal: Comunión, Participación, Misión", que orienta la acción evangelizadora diocesana entre 2026 y 2030.El objetivo fundamental de este proceso ha sido renovar la vida cristiana de las comunidades: La Parroquia, fortalecer la identidad de los discípulos misioneros y promover una Iglesia cada vez más evangelizada y evangelizadora. Inspirado por el llamado del Papa Francisco a una conversión pastoral permanente, el plan ha buscado consolidar comunidades participativas, abiertas, misericordiosas y comprometidas con la transformación de la sociedad desde el Evangelio.Actualmente, la diócesis continúa proyectando su acción pastoral hacia una Iglesia en salida, fortaleciendo los procesos de evangelización, la formación de agentes pastorales, la pastoral social, las vocaciones y la misión ad gentes, expresión concreta de su compromiso con la Iglesia universal.Su pastor: Mons. Fidel León Cadavid MarínDesde el año 2011 la diócesis es guiada por Mons. Fidel León Cadavid Marín, quien fue nombrado por el Papa Benedicto XVI el 2 de febrero de ese año y tomó posesión de la diócesis en marzo de 2011. Nacido en Bello, Antioquia, el 3 de julio de 1951, es sacerdote, teólogo y pastor de amplia experiencia en la Iglesia colombiana. Antes de llegar a Sonsón-Rionegro se desempeñó como obispo de Quibdó, donde desarrolló una destacada labor pastoral en favor de las comunidades más vulnerables del Chocó.Su ministerio episcopal se ha caracterizado por el impulso de la evangelización, la formación permanente del clero, el fortalecimiento de la pastoral diocesana y la promoción de una Iglesia cercana a las comunidades. Bajo su liderazgo, la diócesis ha consolidado importantes procesos de renovación pastoral y ha fortalecido su compromiso misionero dentro y fuera del territorio diocesano.Misión diocesana Sinodal: Iglesias hermanas que se visitanLa misión realizada en el Vicariato Apostólico de Mitú constituye una expresión concreta de este espíritu evangelizador que anima a la Diócesis de Sonsón-Rionegro: una Iglesia que, fiel al mandato de Cristo, continúa saliendo al encuentro de las periferias geográficas y humanas para anunciar el Evangelio y servir a los más necesitados.La relación entre Mitú y las Iglesias de Antioquia tiene además una dimensión histórica y afectiva. Muchos de los misioneros que han servido en la Amazonía colombiana provienen de esta región del país. Por ello, el hermanamiento entre la Provincia Eclesiástica de Medellín y el Vicariato Apostólico de Mitú representa la continuidad de una larga tradición misionera que ha buscado construir puentes entre distintas realidades eclesiales.Como fruto de este proceso nació la Misión Diocesana Sinodal de la Diócesis de Sonsón Rionegro. Esta iniciativa surge en el marco del actual Plan Diocesano de Pastoral, cuyo horizonte está expresado en cinco grandes ejes: Cultivar y practicar la espiritualidad sinodal, formar discípulos misioneros, contribuir al desarrollo humano integral, salir al encuentro de la infancia, adolescencia, juventud y familia, y por último la gratitud. Dando respuesta a lo que la Iglesia Universal esta caminado: comunión, participación y misión.La Misión Diocesana Sinodal no es una actividad aislada. Constituye una opción pastoral permanente que busca formar una Iglesia en salida, donde sacerdotes, religiosos y laicos asuman conjuntamente la responsabilidad evangelizadora. Su objetivo es fortalecer la identidad misionera de toda la diócesis, promover la participación de los bautizados, favorecer la escucha mutua y llegar a las periferias geográficas y existenciales donde el Evangelio necesita ser anunciado y testimoniado.Esta visión encuentra una profunda sintonía con el proceso sinodal promovido por la Iglesia universal. La escucha, el discernimiento comunitario, la corresponsabilidad, la valoración de los diversos carismas y la participación activa del Pueblo de Dios constituyen elementos centrales tanto de la sinodalidad como de la experiencia misionera vivida por la diócesis.La vocación misionera de la Diócesis de Sonsón-Rionegro encuentra una de sus expresiones más significativas en la misión ad gentes, fruto del compromiso evangelizador de sacerdotes, religiosos y laicos. Esta riqueza eclesial se manifiesta a través de numerosos grupos, movimientos y comunidades que animan la acción pastoral de la diócesis, entre ellos el grupo misionero Pálpitos, conformado principalmente por jóvenes comprometidos con el anuncio del Evangelio; los Laicos de San Pablo, que aportan su experiencia evangelizadora y formativa; y diversas comunidades religiosas como las Hermanas Franciscanas de María Auxiliadora, las Dominicas de la Doctrina Cristiana y las Misioneras Siervas del Espíritu Santo. Junto a muchas otras expresiones eclesiales, todos ellos fortalecen el dinamismo misionero de una Iglesia en salida, cercana a las comunidades y comprometida con la construcción del Reino de Dios.La expresión más visible de este espíritu misionero se vivió entre el 6 y el 13 de junio de 2026, cuando 54 misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro se desplazaron hasta el Vicariato Apostólico de Mitú para compartir una semana de encuentro, evangelización y servicio fraterno con las comunidades indígenas y amazónicas del Vaupés.Participaron sacerdotes, religiosas y laicos provenientes de diversas parroquias, movimientos apostólicos y comunidades eclesiales. Los equipos fueron distribuidos en distintos centros misionales (doce comunidades) de las parroquias a misionar ( Parroquia Catedral María Inmaculada; Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Parroquia de San Pablo Apóstol, Cuasi Parroquia Santa Laura Montoya) y desarrollaron múltiples actividades pastorales: visitas casa a casa, encuentros con familias, acompañamiento a enfermos y adultos mayores, celebraciones litúrgicas, catequesis, espacios de escucha, encuentros con niños y jóvenes, formación de agentes pastorales y actividades de animación misionera.Sin embargo, la riqueza de esta experiencia no puede medirse únicamente por el número de actividades realizadas. Lo más significativo fue el encuentro entre dos Iglesias que decidieron compartir sus dones y caminar juntas.Los misioneros llegaron para anunciar el Evangelio, pero también para escuchar. Llegaron para servir, pero también para aprender. Las comunidades amazónicas compartieron con ellos su experiencia de fe, su capacidad de resiliencia, su profundo sentido comunitario y su estrecha relación con la creación. De esta manera se produjo un auténtico intercambio de dones que enriqueció a todos los participantes.La espiritualidad que animó la misiónToda experiencia misionera necesita una profunda raíz espiritual. En la Misión Diocesana Sinodal 2026, vivida en el Vicariato Apostólico de Mitú, esa espiritualidad estuvo acompañada de manera especial por el himno "Eucaristizar" y por la Oración por la Misión, signos visibles de la comunión entre las Iglesias hermanas que caminaron juntas en el corazón del Vaupés.El himno Eucaristizar acompañó los momentos de oración, envío y encuentro comunitario, recordando a cada misionero que su vocación consiste en hacer de la propia vida una ofrenda de amor, servicio y entrega, al estilo de Jesucristo, Pan partido para la vida del mundo. Su mensaje se convirtió en una verdadera síntesis de lo vivido durante la misión: compartir, escuchar, servir y caminar juntos hacia la vida plena.De igual manera, la Oración por la Misión fue un instrumento permanente de comunión espiritual. Rezada antes, durante y después de cada jornada, ayudó a los participantes a mantener viva la conciencia de que la misión es ante todo obra de Dios y respuesta al mandato de Cristo de anunciar el Evangelio a todos los pueblos. A través de ella, las comunidades de la Diócesis de Sonsón-Rionegro, el Vicariato Apostólico de Mitú y muchas personas que acompañaron desde la distancia se unieron espiritualmente a esta experiencia evangelizadora.El himno y la oración se convirtieron así en dos expresiones complementarias de una misma convicción: que la misión nace de la Eucaristía, se fortalece en la oración y se realiza en el encuentro fraterno con los hermanos. Desde esta certeza, los misioneros pudieron experimentar que, más allá de las distancias geográficas, las Iglesias hermanas están llamadas a remar juntas con Jesús hacia la vida plena.Esta experiencia ofrece enseñanzas importantes para la Iglesia en Colombia y para muchas Iglesias particulares del mundo.En primer lugar, demuestra que la misión sigue siendo el camino privilegiado para construir comunión. La unidad eclesial no nace únicamente de las estructuras o de los documentos, sino del encuentro concreto entre personas que comparten la misma fe y la misma misión.En segundo lugar, pone de manifiesto el protagonismo de los laicos. Una gran parte de los participantes fueron fieles laicos que respondieron generosamente al llamado misionero (una gran gama de edades: entre los más jóvenes hasta los más adultos). Esto confirma que la misión pertenece a todo el Pueblo de Dios y no exclusivamente a un grupo particular dentro de la Iglesia.En tercer lugar, muestra que las periferias tienen mucho que enseñar. La Amazonía no es únicamente destinataria de la evangelización. También es sujeto evangelizador. Las comunidades indígenas y amazónicas ofrecen a la Iglesia universal valiosas lecciones sobre fraternidad, cuidado de la creación, solidaridad y sentido de pertenencia comunitaria.Finalmente, esta experiencia confirma que la sinodalidad alcanza su máxima expresión cuando se convierte en misión compartida. Caminar juntos encuentra su sentido más profundo cuando se hace para anunciar juntos el Evangelio.Las recientes palabras del Papa León XIV iluminan especialmente esta experiencia. El Santo Padre ha manifestado su deseo de una Iglesia auténticamente misionera, capaz de salir al encuentro de las heridas de la humanidad para llevar consuelo, esperanza y reconciliación. Ha insistido en la necesidad de una Iglesia cercana, que acompañe, escuche y contribuya a sanar las fracturas que afectan a las personas, las comunidades y los pueblos.La experiencia vivida entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú constituye una respuesta concreta a este llamado. Durante esos días, la misión buscó sanar la distancia mediante la cercanía, el aislamiento mediante la fraternidad y la indiferencia mediante el encuentro. Fue una Iglesia que salió de sí misma para caminar con otros, compartir sus dones y dejarse transformar por ellos.Lo sucedido en Mitú muestra que la sinodalidad no es una teoría ni un concepto abstracto. Es una forma concreta de vivir el Evangelio. Cuando dos Iglesias particulares deciden encontrarse, escucharse, ayudarse mutuamente y anunciar juntas a Jesucristo, la misión se convierte en escuela de comunión, participación y esperanza.En un tiempo en que la Iglesia busca renovar su impulso evangelizador, la experiencia de hermanamiento entre la Diócesis de Sonsón Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú aparece como un signo profético. Es una muestra de que la misión sigue siendo el corazón de la Iglesia y de que el futuro de la evangelización pasa por una comunión cada vez más profunda entre las Iglesias hermanas que comparten la alegría de anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra.La experiencia vivida en el Vicariato Apostólico de Mitú constituye también una invitación para toda la Provincia Eclesiástica de Medellín y en general de toda la Iglesia Colombiana a fortalecer los vínculos de comunión y cooperación misionera con las Iglesias que peregrinan en los territorios de misión. Ojalá este camino recorrido motive a los señores obispos, sacerdotes, religiosos y laicos a volver la mirada hacia los vicariatos apostólicos de Colombia, reconociendo en ellos no únicamente destinatarios de ayuda solidaria, que es necesaria siempre, pero de también la pastoral: verdaderas Iglesias hermanas que enriquecen a todo el Pueblo de Dios con su testimonio de fe, entrega y esperanza.La Amazonía, el Pacífico y las demás periferias misioneras siguen recordando a la Iglesia colombiana que la misión es una responsabilidad compartida y que la comunión eclesial se fortalece cuando caminamos juntos, compartimos nuestros dones y nos comprometemos con quienes afrontan mayores desafíos evangelizadores.P. Renzo B. Martínez RamírezDelegado Episcopal de Pastoral Misionera y OMP de la Diócesis de Sonsón Rionegro

Vie 26 Jun 2026

54 misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro compartieron fe, servicio y escucha con comunidades del Vaupés

La Misión Diocesana Sinodal 2026 reunió a sacerdotes, religiosas y laicos de la Diócesis de Sonsón-Rionegro con comunidades amazónicas del Vicariato Apostólico de Mitú, en una experiencia que fortaleció la comunión entre Iglesias hermanas y renovó el compromiso misionero de la Iglesia en Colombia.Entre el 6 y el 13 de junio de 2026, cincuenta y cuatro misioneros de la Diócesis de Sonsón-Rionegro viajaron hasta el Vicariato Apostólico de Mitú, en el departamento del Vaupés, para vivir una intensa experiencia de evangelización, encuentro y servicio junto a las comunidades indígenas y amazónicas de esta región del país.La iniciativa hizo parte de la Misión Diocesana Sinodal, una de las expresiones concretas del actual Plan Diocesano de Pastoral de la diócesis antioqueña, y se desarrolló en el marco del proceso de hermanamiento misionero que la Iglesia en Colombia viene promoviendo entre distintas jurisdicciones eclesiásticas para fortalecer la comunión, la corresponsabilidad y la cooperación evangelizadora.Los participantes —sacerdotes, religiosas y laicos provenientes de parroquias, movimientos apostólicos y comunidades eclesiales— fueron distribuidos en doce comunidades pertenecientes a la Parroquia Catedral María Inmaculada, la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, la Parroquia San Pablo Apóstol y la Cuasiparroquia Santa Laura Montoya.Durante una semana realizaron visitas casa a casa, encuentros con familias, acompañamiento a enfermos y adultos mayores, celebraciones litúrgicas, catequesis, espacios de escucha, encuentros con niños y jóvenes, formación de agentes pastorales y diversas actividades de animación misionera.Sin embargo, para quienes participaron, el principal fruto de la experiencia fue mucho más allá de las acciones pastorales desarrolladas.Un encuentro que transformó a todosLa misión permitió el encuentro entre dos Iglesias particulares con realidades distintas, pero unidas por una misma fe y una misma vocación evangelizadora.Los misioneros llegaron al Vaupés con el propósito de anunciar el Evangelio, pero también con la disposición de escuchar, aprender y compartir la vida de las comunidades. A su vez, los pueblos amazónicos abrieron las puertas de sus hogares y de sus tradiciones, ofreciendo el testimonio de una fe vivida en medio de grandes desafíos geográficos, sociales y pastorales.Las comunidades compartieron con los visitantes su profundo sentido comunitario, su capacidad de resiliencia, el respeto por la memoria de los mayores y una relación armónica con la creación que forma parte esencial de su identidad cultural y espiritual.Este intercambio de experiencias se convirtió en una auténtica vivencia de sinodalidad, donde el caminar juntos se expresó en la escucha mutua, el respeto por la diversidad y el reconocimiento de los dones presentes en cada comunidad.El Vicariato Apostólico de Mitú: una Iglesia con rostro indígena y corazón amazónicoLa experiencia permitió a los misioneros acercarse a una de las realidades eclesiales más singulares del país.El Vicariato Apostólico de Mitú está ubicado en el corazón de la Amazonía colombiana y acompaña pastoralmente a comunidades distribuidas a lo largo de extensos territorios atravesados por selvas, ríos y grandes distancias. En esta región habitan 27 pueblos indígenas que conservan sus lenguas, tradiciones y formas ancestrales de organización comunitaria.La presencia de la Iglesia en el territorio es fruto de más de un siglo de labor misionera iniciada por los Misioneros Montfortianos en 1914 y continuada posteriormente por los Misioneros Javerianos de Yarumal, quienes han contribuido al anuncio del Evangelio, la promoción humana, la educación y el acompañamiento de los pueblos amazónicos.Actualmente, el vicariato es pastoreado por monseñor Medardo de Jesús Henao del Río, quien impulsa una Iglesia cercana a las comunidades indígenas, comprometida con el diálogo intercultural, la evangelización y el cuidado de la casa común.A pesar de la riqueza humana y espiritual de este territorio, persisten importantes desafíos relacionados con las grandes distancias, las limitaciones de conectividad, la escasez de agentes pastorales y diversas situaciones de vulnerabilidad que afectan especialmente a las comunidades más apartadas.Una misión nacida del hermanamiento entre IglesiasLa presencia de los misioneros de Sonsón-Rionegro es fruto de un proceso más amplio de cooperación eclesial que la Iglesia colombiana ha venido fortaleciendo durante los últimos años.El programa de hermanamiento misionero entre jurisdicciones eclesiásticas busca compartir recursos humanos, experiencias pastorales y apoyo solidario entre diócesis, vicariatos apostólicos y otras circunscripciones eclesiásticas del país.En este contexto, la relación entre la Diócesis de Sonsón-Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú se ha consolidado como una experiencia significativa de comunión y corresponsabilidad evangelizadora.La misión de este año también refleja el espíritu del actual plan pastoral de la diócesis antioqueña, orientado por el lema “Por una Diócesis Sinodal: Comunión, Participación y Misión”, que promueve una Iglesia en salida, donde sacerdotes, religiosos y laicos asumen conjuntamente la tarea de anunciar el Evangelio.Una escuela de sinodalidad y esperanzaLas condiciones propias del territorio amazónico se convirtieron también en parte del aprendizaje. Los desplazamientos por río, las lluvias frecuentes, las limitaciones logísticas y la sencillez de la vida cotidiana permitieron a los participantes descubrir nuevas formas de vivir la misión desde la cercanía y la fraternidad.Muchos de los misioneros coincidieron en señalar que la Amazonía no solo recibe evangelizadores, sino que también los forma. Allí aprendieron que la misión comienza escuchando, que la presencia vale tanto como las palabras y que las periferias tienen mucho que aportar a toda la Iglesia.La experiencia confirmó además el protagonismo de los laicos en la tarea evangelizadora. Personas de distintas edades, procedentes de movimientos, comunidades y parroquias, asumieron con generosidad el llamado misionero, evidenciando que la misión es responsabilidad de todo el Pueblo de Dios.Un signo para la Iglesia en ColombiaLa Misión Diocesana Sinodal 2026 representa un testimonio concreto de la Iglesia que promueve hoy el magisterio eclesial: una Iglesia cercana, misionera, participativa y capaz de construir puentes entre comunidades diversas.Más que una actividad concreta, la experiencia vivida entre la Diócesis de Sonsón-Rionegro y el Vicariato Apostólico de Mitú se presenta como un signo de esperanza para la Iglesia colombiana, mostrando que la comunión se fortalece cuando las Iglesias particulares comparten sus dones, caminan juntas y se comprometen con quienes enfrentan mayores desafíos evangelizadores.

Jue 4 Ago 2016

Iglesia en Mitú camina en medio de una carestía lacerante

Carestía es una palabra que se repite con frecuencia y que se encarna en diferentes ámbitos de la vida del Vicariato Apostólico de Mitú. Así lo recuerda su obispo monseñor Medardo de Jesús Henao del Río, M.X.Y quien a través de una conversación telefónica comentó algunas de las necesidades urgentes que tiene este territorio. La Amazonía colombiana es de difícil acceso, su topografía no permite los cultivos y la convierte en dependiente de otras regiones del país, principalmente de Bogotá. Sólo se puede llegar a través de la vía aérea en un recorrido que demora cerca de 2 horas, u hora y media, en el mejor de los casos. En ese marco los productos de primera necesidad escasean. "A veces entran alimentos por el río que se demoran en llegar entre un mes y medio a dos meses y llegan vencidos. Recientemente cogieron un cargamento de gaseosas que estaban vencidas y que las tenían que vender para no perder el viaje que habían hecho. Todo esto hace que la vida sea muy cara. En las comunidades que están fuera del centro de Mitú todo es mucho más caro y se puede duplicar o triplicar los costos", explica el prelado. [icon class='fa fa-microphone' link='']ENTREVISTA MONSEÑOR MEDARDO DE JESÚS HENAO DEL RÍO, M.X.Y[/icon] En este territorio el 90% de la población es indígena. Son 27 grupos que tienen su lengua, cultura y cosmovisión propia. La población vive con altos índices de pobreza y por tanto con recursos económicos escasos. La salud y educación son precarias en este territorio. "Si en el país la salud es precaria, aquí mucho más", asegura el prelado. "Recientemente se dio el caso de unas madres gestantes que han muerto debido a que las EPS no han enviado una avioneta ambulancia para atenderlas. Un caso muy doloroso es el de una madre que al ver que no la iban a recoger ella misma se abrió el vientre para sacar al bebé", comenta el prelado. Los recursos económicos que llegan para educación no son bien invertidos por la misma comunidad. Las escuelas están abandonadas, hay carencia de profesores y no existe supervisión al proceso de formación de los estudiantes y los maestros. No hay agua potable, las viviendas son pocas y para completar el cuadro la corrupción campea. En este territorio los aires de paz todavía no han llegado. Según reveló el obispo, se sabe que el primer frente de las FARC no acogió las propuestas que se están discutiendo en La Habana y por ello han empezado a reclutar gente, principalmente niños y jóvenes. "Muchos padres no están enviando a sus hijos a las escuelas porque temen que los recluten", explicó. Monseñor Henao del Río comentó que se está trabajando en un Plan Pastoral con rostro indígena para que la evangelización hable a través de la inculturación, una liturgia inculturada y para que los agentes de pastoral aprendan las lenguas de los grupos indígenas. "La Iglesia ha hecho un esfuerzo por llegar a estas comunidades, pero lo ha hecho en español, necesitamos hablar la lengua de estos grupos", aseguró. Actualmente hay 10 parroquias, 2 cuasi parroquias y 3 estaciones misionales. 16 sacerdotes conforman el clero, de los cuales 6 son misioneros de Yarumal, 1 de Santa Laura y la comunidad religiosa femenina de las Misioneras de Santa Teresita, quienes colaboran con un Centro de Pastoral, atienden temas de educación en la Normal Superior y ofrecen un programa para mujeres y adultos mayores en Mitú. En este territorio es cierto que faltan manos para una eficiente atención pastoral, pero lo que más hace falta son los recursos económicos, explica el prelado. "Necesitamos ayuda económica para poder formar a los agentes de pastoral en misionología y para que los padres puedan atender de mejor forma a las comunidades". Un último ejemplo, pero no es el único. Para llegar a 6 comunidades que tienen 400 habitantes, solo se puede hacer a través de avión. Este traslado y toda la logística que implica tiene un costo de 12 millones de pesos. Mitú tiene carestía. Cliquea sobre la imagen para ver en alta resolución