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Actualidad

Mié 13 Mayo 2026

En la fiesta de la Virgen de Fátima, la Iglesia colombiana renovó la consagración del país al Inmaculado Corazón de María

En el marco de la memoria litúrgica de la Virgen de Fátima y durante el cuarto Rosario Nacional por la Reconciliación y la Paz de Colombia, la Iglesia en Colombia renovó este 13 de mayo la consagración de la nación al Inmaculado Corazón de María, elevando una oración por la unidad, la reconciliación, la verdad y la esperanza del país.La jornada central se desarrolló en la Catedral Primada de Colombia y estuvo presidida por Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, acompañado de obispos, sacerdotes, religiosos y cientos de fieles laicos.La celebración coincidió con la conmemoración de la primera aparición de la Santísima Virgen María a los pastorcitos Lucía, Jacinta y Francisco, ocurrida el 13 de mayo de 1917 en Cova da Iria, Portugal, acontecimiento que dio origen al mensaje espiritual de Fátima, centrado en la oración, la conversión, la reparación y la paz.En este contexto, la Iglesia en Colombia se unió espiritualmente a esta memoria mariana a través de una jornada nacional de oración marcada por profundos signos de fe y reconciliación. Entre ellos, la exposición del Santísimo Sacramento en la custodia representativa del Cristo de Bojayá y el ingreso en procesión de la imagen peregrina de la Virgen de Fátima.Previo a la celebración eucarística, cientos de fieles participaron en el rezo del Santo Rosario, ofreciendo los misterios gloriosos por Colombia, sus gobernantes, las víctimas de la violencia, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, las personas que padecen hambre y la población privada de la libertad. Como signo de esperanza, internos privados de la libertad enviaron cartas y camándulas elaboradas con sus propias manos para ser depositadas a los pies de la Virgen María.“Podremos ser adversarios, pero nunca enemigos”Durante la homilía, monseñor Múnera dirigió un fuerte llamado pastoral al país para superar la polarización, reconstruir la confianza social y promover una cultura del encuentro y la fraternidad.Inspirado en la presencia de María en Caná, el Calvario y el Cenáculo, el prelado aseguró que la Virgen sigue acompañando a Colombia en medio de sus desafíos históricos, sociales y políticos.“Ella nos ayuda a todos, creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, a superar los lenguajes del miedo y del odio, de la desconfianza a nuestras instituciones”, afirmó.En una de las frases más contundentes de su reflexión, expresó:“Es cierto que tenemos diferencias, somos diversos; podremos ser, inclusive, adversarios, pero nunca enemigos”.El presidente del episcopado colombiano exhortó además a recuperar el sentido de nación y la amistad social:“Abriguemos en nuestro corazón sentimientos de hermandad y de amistad social. Somos hermanos, somos ciudadanos de esta querida Patria”.Frente al actual contexto nacional, monseñor Múnera recordó que el ejercicio de la política exige responsabilidad ética, discernimiento y búsqueda sincera del bien común:“El ejercicio de la política requiere de todos el discernimiento y la búsqueda del bien común para que juntos trabajemos en el proyecto de nación que anhelamos con justicia, equidad, solidaridad y, ante todo, en la búsqueda de la verdad”.Y añadió:“No temamos: la verdad nos hará libres”.María, signo de esperanza para ColombiaAl meditar el pasaje de las bodas de Caná, el Arzobispo de Cartagena aseguró que Colombia necesita abrirse a la transformación espiritual y social que nace del encuentro con Cristo.“Jesús puede realizar el milagro de transformar nuestras reservas morales, culturales y espirituales, y nuestra propia historia, pasado, presente y futuro, en un vino nuevo y mejor”, afirmó.En ese sentido, invitó a los colombianos a presentar ante Dios la realidad del país con humildad y esperanza:“Basta solo con presentarle a Jesús las tinajas llenas de lo que somos, hacemos y tenemos como ciudadanos y como país, para que Él realice el milagro del amor, de la fiesta y de la alegría”.Refiriéndose al mensaje de Fátima, monseñor Múnera recordó que la Virgen María sigue proponiendo tres caminos concretos para el tiempo presente: la oración, la reparación y la consagración.Explicó que la oración ayuda a confiar nuevamente en Dios; que la reparación impulsa la solidaridad frente a la indiferencia; y que la consagración al Corazón Inmaculado de María conduce a una transformación profunda de las relaciones humanas y sociales.“El corazón de María nos une más íntimamente al corazón de Cristo que transforma, unifica y sana nuestro corazón herido”, expresó.Renovación de la consagración de ColombiaAl finalizar la celebración eucarística, fue renovada oficialmente la consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María mediante una oración en la que se pidió por el presente y el futuro del país, por la reconciliación nacional, la defensa de la vida, la justicia, la paz y el fortalecimiento de la fraternidad entre los colombianos.La jornada concluyó con una súplica confiada a la Virgen María para que acompañe a Colombia en sus desafíos actuales y ayude al país a construir caminos de verdad, reconciliación y esperanza.Vea a continuación la transmisión de la celebración:

Mar 12 Mayo 2026

El Papa León XIV nombra nuevo Vicario Apostólico para Tierradentro: P. Homero Marín Arboleda, C.M.

La Santa Sede ha dado a conocer el nombramiento del padre Homero Marín Arboleda, C.M., como nuevo Vicario Apostólico de Tierradentro, en el departamento del Cauca. Hasta ahora, el sacerdote colombiano se desempeñaba como párroco de la parroquia “Blessed John Mazzucconi”, en la Isla Woodlark, y de la parroquia San Antonio de Padua en Gusaweta, isla Kiriwina, pertenecientes a la Diócesis de Alotau-Sideia, en Papúa Nueva Guinea.El padre Marín Arboleda, a quien el Santo Padre León XIV le ha encomendado esta misión, no es ajeno a la realidad de Tierradentro. Desde los primeros años de su ministerio sacerdotal, fue párroco, formador y rector en comunidades y seminarios de ese territorio de misión.El Vicariato Apostólico de Tierradentro, confiado desde comienzos del siglo XX a la Congregación de la Misión (Padres Vicentinos), continúa así su camino evangelizador bajo el acompañamiento de un sacerdote de esta misma comunidad, fundada por San Vicente de Paúl.Un pastor cercano a la realidad de TierradentroLa relación pastoral del padre Homero Marín Arboleda con Tierradentro se remonta a 1987, en Vitoncó.En 1988 fue nombrado vicerrector y profesor del Seminario Mayor y Menor Indígena de Páez, además de párroco en Willa, población del entonces territorio de la Prefectura Apostólica de Tierradentro. Entre 1988 y 1993 ejerció nuevamente como párroco en Vitoncó.Posteriormente, en 1994, asumió como párroco en Willa, rector del Seminario Menor y profesor del Seminario Mayor Indígena de Páez. Su presencia prolongada en esta región le permitió compartir de cerca la vida de las comunidades indígenas y campesinas, así como acompañar los desafíos pastorales, sociales y culturales propios de una jurisdicción misionera marcada históricamente por la diversidad étnica, las dificultades geográficas y las situaciones de violencia.Una vida sacerdotal marcada por la misiónEl padre Homero Marín Arboleda nació en Circasia, Quindío, el 17 de noviembre de 1959.Ingresó a la Congregación de la Misión (Padres Vicentinos) en Medellín, donde realizó su proceso de formación inicial entre 1980 y 1983. Cursó estudios de Filosofía en el Seminario La Milagrosa de Medellín y de Teología en el Seminario Villa Paúl de Funza (Cundinamarca).Realizó su primera profesión religiosa el 2 de febrero de 1982 y la profesión perpetua el 24 de noviembre de 1984. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 1987.Entre 1994 y 1996 adelantó estudios de Misionología en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Posteriormente fue consejero provincial de la Congregación de la Misión en Colombia y rector del Seminario La Milagrosa.Desde el año 2001 ha desarrollado su labor misionera en Papúa Nueva Guinea, donde ha ejercido diversos servicios pastorales y de gobierno dentro de la misión vicentina. Allí fue vicerrector del seminario de Bomana, párroco de “Holy Name of Jesus” en Bomana, superior de la Misión Vicentina en ese país y, más recientemente, párroco de San Antonio de Padua en Gusaweta, isla Kiriwina, y de “Blessed John Mazzucconi”, en la Isla Woodlark.Un vicariato con profunda identidad misioneraEl Vicariato Apostólico de Tierradentro es una jurisdicción eclesiástica de carácter misionero encomendada por la Santa Sede a la Congregación de la Misión. Depende del Dicasterio para la Evangelización y posee una configuración canónica particular que responde a las características pastorales y territoriales propias de esta región.Las primeras acciones evangelizadoras en Tierradentro se remontan al siglo XVII con la presencia de misioneros jesuitas y posteriormente franciscanos. A comienzos del siglo XX, el territorio fue constituido como misión y confiado oficialmente a los Padres Vicentinos.El 13 de mayo de 1921, la Santa Sede estableció a Tierradentro como Prefectura Apostólica. Décadas más tarde, el 17 de febrero de 2000, el papa San Juan Pablo II elevó esta jurisdicción a Vicariato Apostólico mediante la bula Sollicitam curam.La historia reciente de este territorio ha estado marcada por grandes desafíos pastorales y humanitarios. Entre ellos, el terremoto y la avalancha ocurridos el 6 de junio de 1994, tragedia que ocasionó la muerte de cerca de 1.150 personas y destruyó buena parte de la infraestructura eclesial y comunitaria de la región.Igualmente, el vicariato ha afrontado las consecuencias de la violencia armada que por años afectó a las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes presentes en el territorio. En medio de estas realidades, la Iglesia ha mantenido una presencia cercana, misionera y comprometida con la defensa de la vida, la reconciliación, la promoción humana integral y la construcción de paz.Tras la renuncia de monseñor Óscar Augusto Múnera Ochoa, aceptada por el Santo Padre el 20 de julio de 2024, el Vicariato Apostólico de Tierradentro ha estado bajo la administración apostólica de monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, obispo de Neiva.

Lun 11 Mayo 2026

Obispos agradecieron la misión de monseñor Paolo Rudelli en Colombia durante Eucaristía de despedida

El encuentro, celebrado en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia, reunió a obispos y colaboradores del Secretariado Permanente del Episcopado para agradecer el servicio pastoral y diplomático del ahora Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado de la Santa Sede.En un ambiente de fraternidad, comunión y gratitud, la Conferencia Episcopal de Colombia celebró el pasado viernes 8 de mayo una Eucaristía de acción de gracias por la misión desempeñada en el país por monseñor Paolo Rudelli, quien desde el pasado mes de abril asumió sus nuevas responsabilidades como Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, tras ser nombrado por el Papa León XIV.Aunque monseñor Rudelli ya había concluido oficialmente su servicio como Nuncio Apostólico en Colombia, regresó al país para compartir este momento de encuentro y despedida con los obispos colombianos, así como con diferentes servidores eclesiales y colaboradores de la Nunciatura.La celebración eucarística, presidida por el propio monseñor Rudelli en la sede del Episcopado Colombiano, reunió a cardenales, arzobispos, obispos y vicarios apostólicos provenientes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, quienes quisieron expresar personalmente su cercanía y agradecimiento por el servicio prestado a la Iglesia que peregrina en Colombia.Durante su homilía, el representante pontificio expresó la profunda gratitud que deja su paso por el país:“Me despido de esta misión de Nuncio Apostólico en Colombia con el corazón lleno de gratitud por la experiencia de fe que he podido vivir en estos dos años y medio”.En un mensaje marcado por un tono cercano, espiritual y pastoral, monseñor Rudelli evocó las múltiples visitas realizadas a diócesis, arquidiócesis y vicariatos apostólicos, destacando el testimonio de fe encontrado en las comunidades y el compromiso evangelizador de la Iglesia colombiana en medio de las complejas realidades sociales del país.Inspirado en el libro de los Hechos de los Apóstoles, aseguró haber sido testigo de “páginas vivas” de la acción de Dios en Colombia:“He sido testigo de estas páginas que ustedes, como sucesores de los apóstoles, están ayudando a escribir: páginas donde vemos anuncio del Evangelio, conversiones, milagros, pero también una Iglesia cercana a las personas golpeadas por la violencia y las necesidades de la vida”.El diplomático de la Santa Sede destacó especialmente dos dimensiones que, según expresó, marcan profundamente la vida de la Iglesia en Colombia: el impulso evangelizador y el compromiso social con quienes más sufren.“Donde el pueblo sufre, ahí la Iglesia está presente. Un anuncio del Evangelio que no transforme la vida sería vacío; pero un compromiso social que olvide el Evangelio se volvería estéril”.Monseñor Rudelli también se refirió al nuevo servicio que desempeña junto al Santo Padre en Roma, asegurando que acoge esta misión desde la fe y la obediencia eclesial:“Vivo este nuevo llamado como una forma de seguir sirviendo a la Iglesia, ahora más cerca del Santo Padre, permaneciendo en el amor del Señor”.Además, animó a los obispos colombianos a vivir su misión pastoral desde la alegría del Evangelio, incluso en medio de las complejidades propias del tiempo actual:“Les deseo que puedan experimentar esta alegría profunda, que es la alegría del Señor, la alegría de participar en su llamado y en su misión”.La cercanía del Santo Padre a través de monseñor RudelliAl finalizar la celebración, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, dirigió unas palabras en representación del colegio episcopal colombiano, agradeciendo el servicio prestado por monseñor Rudelli y resaltando su estilo pastoral, fraterno y cercano.El purpurado recordó que la misión del nuncio apostólico consiste en fortalecer la comunión entre las Iglesias locales y el sucesor de Pedro:“Con sus visitas a los vicariatos apostólicos, diócesis y arquidiócesis, nos hizo sentir muy cercanos al Santo Padre”.El cardenal Rueda valoró especialmente la capacidad de escucha, el espíritu de diálogo y la actitud prudente con la que monseñor Rudelli acompañó a la Iglesia en Colombia:“Su estilo, sabio y fraterno, nos anima y fortalece. No se impone, no sustituye ni obstaculiza nuestra misión; al contrario, es un vínculo eclesial que ayuda al discernimiento y a la comunión”.En su intervención, el Arzobispo de Bogotá evocó además algunas de las características que el Papa Francisco señaló como esenciales en la misión de un nuncio apostólico: ser hombre de Dios, hombre de Iglesia, hombre de celo apostólico y hombre de reconciliación. Virtudes que —afirmó— “brillaron de manera especial” en el ministerio de monseñor Rudelli en Colombia.Asimismo, destacó la dimensión misionera y pastoral de su servicio, así como su sensibilidad frente a los desafíos sociales y eclesiales del país:“Fue un servicio atento a los signos de la Iglesia y de la sociedad colombiana”.Al concluir su mensaje, el cardenal Rueda aseguró la cercanía espiritual y la oración permanente del Episcopado colombiano por la nueva misión confiada a monseñor Rudelli en la Santa Sede:“Lo recordaremos siempre con la alegría de sabernos hermanos en el seguimiento de Jesucristo. Que tenga una buena siembra y abundante cosecha para la mayor gloria de Dios y el bien de toda la Iglesia”.La celebración estuvo marcada por un profundo sentido de comunión eclesial y reconocimiento agradecido hacia quien, durante su servicio en Colombia, recorrió diversas regiones del país acompañando de cerca la vida de las comunidades, escuchando sus realidades y fortaleciendo los vínculos de unidad entre la Iglesia colombiana y el Santo Padre.Vea a continuación algunos de los momentos más especiales de la celebración:

Vie 8 Mayo 2026

Iglesia en Colombia promoverá tres webinars para acompañar el voto consciente, libre y esperanzador en las elecciones presidenciales 2026

Bajo el propósito de acompañar a los colombianos en el ejercicio consciente, libre y esperanzador del voto presidencial de 2026, el Servicio Episcopal para el Perdón, la Reconciliación y la Paz (SERP) de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) realizará una serie de webinars denominada “Iglesia, Ciudadanía y Paz. Un faro de esperanza en el momento electoral”.Se trata de una iniciativa pastoral a través de la cual la Iglesia Católica en Colombia busca ofrecer espacios de reflexión, discernimiento y formación ciudadana inspirados en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia, promoviendo la participación responsable, la cultura del encuentro y el compromiso con el bien común. Serán transmitidos a través del canal de Youtube y la página de facebook de la CEC.El SERP es un organismo creado por la Conferencia Episcopal de Colombia para articular, ampliar y fortalecer el trabajo de la Iglesia por la reconciliación y la paz del país, recogiendo además la experiencia desarrollada durante cerca de 30 años por la Comisión de Conciliación Nacional. Este Servicio busca promover procesos de escucha, educación y acompañamiento en torno al perdón, la reconciliación y la construcción de paz, con especial atención a las realidades de los territorios y de las comunidades más afectadas por la violencia y la fragmentación social.De acuerdo con la Secretaría Técnica del SERP, esta serie de encuentros virtuales “no nace del interés de la Iglesia en la política partidista”, sino de la convicción de que “el perdón, la reconciliación y la paz no son aspiraciones privadas, sino condiciones necesarias para que una sociedad pueda elegir con libertad, con conciencia y con esperanza”.Tres webinars para acompañar la conciencia ciudadanaLa serie ha sido concebida como un itinerario pastoral integrado por tres momentos formativos y de reflexión, orientados a iluminar distintas dimensiones de la participación ciudadana desde la fe, la reconciliación y la esperanza.En cada webinar se buscará ofrecer criterios de discernimiento inspirados en el Evangelio y en la Doctrina Social de la Iglesia para fortalecer la conciencia ciudadana en medio del actual momento que vive el país, marcado, en parte, por altos niveles de desconfianza institucional y crecientes tensiones en el debate público.El primero de ellos, titulado “La política como vocación: evangelizar lo político desde la fe”, se realizará el próximo lunes 11 de mayo a las 6:00 p.m. y contará con la participación de monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Conferencia Episcopal para las Relaciones Iglesia-Estado. Este webinar buscará profundizar en la responsabilidad moral de participar activamente en la vida política, especialmente a través del voto, entendido como una expresión de amor al prójimo y compromiso con el bien común.Posteriormente, la serie continuará el martes 19 de mayo con el webinar “Elegir con conciencia: voto, reconciliación y bien común”, centrado en el discernimiento ético del voto desde criterios como la justicia, la reconciliación y la paz, con especial atención a la participación de los jóvenes y al fortalecimiento de una cultura democrática alejada del miedo y del odio.El itinerario concluirá el lunes 25 de mayo con “Votar desde la esperanza: una decisión libre, consciente y en paz”, un espacio orientado a acompañar a los ciudadanos para que puedan ejercer su derecho al voto desde la libertad interior, la serenidad y la confianza, especialmente en contextos marcados por la incertidumbre, la desinformación o la desesperanza.Una propuesta pastoral en favor de la reconciliación y la pazDesde su creación, el SERP ha buscado fortalecer la respuesta pastoral de la Iglesia frente a las distintas violencias y fracturas sociales que afectan al país, promoviendo caminos de reconciliación desde las regiones y articulando el trabajo de obispos, sacerdotes, expertos de la sociedad civil y agentes pastorales.“El SEPRP no responde a estos desafíos con un programa de educación cívica. Responde con lo que sabe hacer: tender puentes, sanar heridas, iluminar conciencias y mantener viva la esperanza de que una Colombia mejor es posible”, se señala desde la iniciativa.En ese sentido, la serie de webinars pretende ofrecer un espacio de reflexión serena y de formación ciudadana inspirado en principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia, como la dignidad humana, el bien común, la solidaridad, la subsidiariedad y la construcción de la paz.InvitaciónLa Conferencia Episcopal de Colombia invita a párrocos, agentes pastorales, jóvenes, comunidades parroquiales, líderes sociales y ciudadanos en general a participar en estos espacios virtuales, que serán transmitidos a través de los canales institucionales de la CEC y de otras jurisdicciones eclesiásticas del país.

Vie 8 Mayo 2026

Un signo de esperanza para Bojayá: Iglesia conmemoró 24 años de la masacre con la consagración de la custodia del “Cristo Mutilado”

La jornada, convocada por la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia ACN Colombia, reunió a comunidades afro e indígenas del Chocó en actos de memoria, oración y reconciliación.Han pasado 24 años desde la masacre de Bojayá, una de las tragedias humanitarias más dolorosas que ha dejado el conflicto armado colombiano. Sin embargo, en las orillas del río Atrato, la memoria permanece viva y las comunidades continúan resistiendo desde la fe.Este 2 y 3 de mayo de 2026, en el marco de la conmemoración de esta tragedia, la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Colombia) convocaron una jornada de reconciliación y memoria con actividades en Bellavista (Bojayá) y en Quibdó, marcada por un profundo sentido espiritual, comunitario y pastoral.El acto central fue la consagración de una nueva custodia eucarística inspirada en la emblemática figura del “Cristo Mutilado”, la imagen religiosa que sobrevivió a la explosión ocurrida el 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba lanzado por la entonces guerrilla de las Farc impactó la Iglesia donde centenares de civiles buscaban refugio en medio de enfrentamientos armados. La masacre dejó 119 personas muertas, entre ellas, 48 niños.La celebración litúrgica central se llevó a cabo en ese mismo lugar, el templo San Pablo Apóstol, reconstruido años atrás con el apoyo de ACN Colombia.Un Cristo herido, convertido en signo de esperanzaLa nueva custodia, elaborada por un orfebre colombiano, conserva la figura herida del "emblemático crucificado" y ubica en el centro de su pecho el viril que contiene la Eucaristía.Para la Iglesia, este signo busca acompañar espiritualmente a las comunidades que han sufrido el impacto de la violencia, así como reafirmar un mensaje de reconciliación, consuelo y esperanza para el Pacífico colombiano.“La iniciativa busca visibilizar la fe y la resistencia de las comunidades en medio del sufrimiento, enviando un mensaje claro al país: la promoción de la reconciliación y el acompañamiento a las poblaciones más alejadas sigue siendo una prioridad", expresaron los organizadores.Durante la conmemoración, monseñor Wiston Mosquera Moreno, obispo de Quibdó, describió la presencia de la Iglesia antes, durante y después de la tragedia:“La Iglesia ha estado ahí siempre acompañando a las poblaciones, a las comunidades y por eso hay una máxima entre nosotros: el último en salir regularmente de una población es el sacerdote acompañando a su comunidad y eso fue lo que sucedió ese día”.Una jornada de fe y la memoria de las víctimasLa jornada inició con una multitudinaria procesión fluvial por el río Atrato y por las calles de Bellavista. Entre cantos tradicionales afrocolombianos (alabaos) y oraciones, las comunidades acompañaron al Cristo Mutilado hasta el lugar de la tragedia.La procesión pasó por el mausoleo que hoy guarda los restos y recuerdos de muchas de las víctimas, incluidos niños que no alcanzaron a nacer.El padre Johnny Milton Córdoba, director de Pastoral Social de la Diócesis de Quibdó, destacó el profundo significado espiritual y comunitario de estos actos de memoria:“Cada vez que venimos acá también es una forma de hacer una pequeña catarsis para que la gente pueda quizás ir poco a poco avanzando en el poder perdonar”.La conmemoración reunió a comunidades afro e indígenas, líderes sociales, agentes pastorales y representantes de distintas instituciones que acompañan históricamente a las poblaciones del Chocó.Una vigilia por la reconciliación en QuibdóTras los actos en Bojayá, la custodia fue trasladada hasta Quibdó, capital del departamento, donde se celebró una Vigilia de Adoración por la Reconciliación presidida por el obispo de la diócesis.Durante esta celebración, los fieles elevaron oraciones por las víctimas del conflicto armado, por las comunidades que continúan sufriendo desplazamientos y confinamientos, y por la paz en Colombia.“Fue un encuentro con Cristo vivo, con Cristo mutilado, pero que está presente en nosotros”, expresó Carmen Inés Rentería, una de las participantes.Por su parte, Luz Mercedes Mosquera afirmó:“Fue un momento de reflexión, restauración y perdón…solamente le pido al Señor que nos siga restaurando y que nos enseñe a caminar con esos brazos y esos pies que a Él le faltan”.Conmemoración en medio de una violencia que persisteLa conmemoración de este año ocurre además en un contexto especialmente complejo para el Chocó. Pese al acuerdo de paz firmado con las antiguas Farc en 2016, distintas comunidades del Pacífico continúan afectadas por la presencia de grupos ilegales, los desplazamientos forzados y las restricciones a la movilidad.Frente a esta realidad, la Iglesia ha insistido en la necesidad de fortalecer la presencia institucional, proteger a las comunidades y garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición.“Todos los territorios que han sido tomados por los grupos al margen de la ley han estado de espaldas al Estado colombiano”, advirtió monseñor Mosquera Moreno durante la jornada.ACN Colombia y la misión de acompañar a la Iglesia que sufreLa Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) acompaña a comunidades católicas necesitadas, perseguidas o afectadas por la violencia en distintos países del mundo.En Colombia, ACN ha apoyado históricamente procesos pastorales, humanitarios y de reconstrucción eclesial en territorios marcados por el conflicto armado, entre ellos Bojayá.La directora ejecutiva de ACN Colombia, María Inés Espinosa Calle, explicó lo que significó esta jornada para la fundación pontificia:"Puede ser que el evento de Bojayá no haya sido un acto en contra de la religión propiamente, pero la gente se fue a a a meter en esta Iglesia como un sitio seguro, en donde pensaban que nada les podía pasar y pasaron por encima de ese lugar sagrado y allí mandaron este ataque que acabó con la vida de estas 119 personas. Es la razón por la cual nosotros queremos servir y acompañar a la Iglesia que está en necesidad en nuestro país."Hoy, la Iglesia espera que la custodia del Cristo Mutilado se convierta en un signo de resistencia espiritual para las comunidades del Pacífico colombiano, que continúan clamando por el fin de la violencia y una presencia del Estado que los defienda y dignifique.Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada:

Jue 7 Mayo 2026

Obispos y agentes pastorales de Colombia, Ecuador y Venezuela consolidan articulaciones frente a los desafíos sociales en las fronteras

En medio de contextos marcados por la violencia, el desplazamiento forzado, las economías ilegales y las dificultades sociales que afectan a las comunidades fronterizas, diversas jurisdicciones eclesiásticas de Colombia, Ecuador y Venezuela adelantaron durante las últimas semanas tres encuentros binacionales orientados a fortalecer la articulación pastoral, el acompañamiento humanitario y el apoorte a la construcción de paz en los territorios de frontera.Los espacios, promovidos por Iglesias particulares y las Cáritas de los tres países y acompañados por diversos organismos eclesiales, permitieron compartir diagnósticos, escuchar las voces de las comunidades y definir compromisos concretos frente a desafíos comunes como la migración, el conflicto armado, la exclusión social y la fractura de los vínculos comunitarios.Una respuesta binacional ante la crisis humanitaria en la frontera entre Colombia y EcuadorEl 28 y 29 de abril se llevó a cabo en Tulcán, Ecuador, el Encuentro de Pastoral Fronteriza Ecuador-Colombia, convocado por las jurisdicciones eclesiásticas de ambos países con la participación de organizaciones sociales, academia, organismos internacionales e instituciones que trabajan en la región fronteriza.Durante las jornadas de diálogo y trabajo colectivo, los participantes coincidieron en la necesidad de consolidar respuestas articuladas frente a las crisis humanitarias que afectan a las poblaciones de frontera, marcadas por la violencia, la pobreza estructural, las economías ilícitas y la creciente desconfianza social.“El mismo encuentro ya es un resultado: la posibilidad de reunirnos desde las ocho jurisdicciones que, de lado y lado de los dos países, se encuentran en este territorio. Es un paso decisivo y un compromiso para acompañar a todas las comunidades”, expresó el padre Nelson Ortiz Rozo, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.Uno de los principales resultados fue la decisión de crear una mesa binacional permanente, integrada por representantes de las pastorales nacionales de Ecuador y Colombia, así como delegados de las jurisdicciones participantes.“Hemos concretado básicamente la creación de una mesa binacional (…) que comenzará a trabajar desde ya para definir líneas de acción y responsabilidades específicas que deberán asumir las jurisdicciones eclesiásticas”, explicó el padre Diego Meza, director de la Pastoral Social de Ipiales.En el encuentro también se presentó un análisis situacional sobre la realidad de la frontera colombo-ecuatoriana, donde se advirtió sobre el impacto que generan las economías ilegales, el narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de armas y la disputa territorial de grupos armados sobre las comunidades locales.Los expertos y participantes alertaron sobre fenómenos como el reclutamiento de jóvenes, la normalización del miedo, el confinamiento de comunidades y la afectación de pueblos étnicos y campesinos.En este contexto, monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado para las Relaciones Iglesia-Estado de la Conferencia Episcopal de Colombia, insistió en la necesidad de fortalecer una pastoral articulada y cercana a las comunidades:“La labor de la Iglesia siempre es construir puentes (…) Este encuentro nos deja la expectativa de consolidar una pastoral más sólida, capaz de articularse con las comunidades y buscar caminos en medio de los desafíos que hoy se presentan en la frontera”.Monseñor Henao también subrayó la importancia de que la Iglesia continúe siendo un espacio seguro de escucha, acompañamiento y reconstrucción del tejido social en medio de escenarios atravesados por la violencia y la fragmentación comunitaria.Por su parte, el padre Euclides Carrillo, secretario ejecutivo de Cáritas Ecuador, invitó a no permanecer indiferentes frente a la realidad humanitaria de estos territorios:“No seamos indiferentes frente a la situación que se vive en la frontera entre Colombia y Ecuador”.Como parte de las proyecciones definidas en el encuentro, las organizaciones eclesiales y sociales acordaron impulsar acciones conjuntas para fortalecer iniciativas económicas dirigidas a jóvenes vulnerables, respaldar procesos de pueblos étnicos que habitan ambos lados de la frontera y consolidar una articulación permanente entre Iglesia, academia y organizaciones sociales para responder de manera más efectiva a la crisis territorial.Asimismo, se planteó fortalecer escenarios de incidencia internacional que permitan visibilizar las afectaciones humanitarias que viven las comunidades fronterizas y promover respuestas centradas en la dignidad humana y la construcción de paz.Iglesias hermanas claman por la reapertura de la frontera entre Ecuador y ColombiaDías antes, el 22 de abril, las Iglesias hermanas del Vicariato Apostólico San Miguel de Sucumbíos (Ecuador) y la Diócesis de Mocoa-Sibundoy (Colombia) se congregaron en el Puente Internacional de San Miguel para elevar una oración conjunta por la paz, la unidad entre los pueblos y la reapertura de la frontera.En un mensaje emitido tras el encuentro, los obispos expresaron su preocupación por las consecuencias sociales, familiares y económicas derivadas del cierre fronterizo, señalando que esta situación “abre una herida entre dos pueblos hermanos”.Inspirados en los llamados del Papa León XIV a construir una paz “desarmada y desarmante”, los representantes eclesiales exhortaron a los actores armados a cesar la violencia y pidieron a los gobiernos trabajar conjuntamente por la reconciliación y el desarrollo de las comunidades fronterizas.“Compartimos el río, la selva, la música, la fe, los apellidos, como también las problemáticas de la pobreza, los grupos armados y las economías ilegales. Así, si los problemas son comunes, las soluciones también tienen que ser comunes”, señala el mensaje.Las Iglesias fronterizas solicitaron además la reapertura segura y ordenada del puente internacional, el fortalecimiento de la cooperación binacional y mayores inversiones en educación, salud y oportunidades para las poblaciones que habitan esta región.El pronunciamiento fue suscrito por monseñor Moacir Goulart de Figueredo, vicario apostólico de San Miguel de Sucumbíos, y monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, administrador apostólico de Mocoa-Sibundoy.Obispos de Colombia y Venezuela buscarán fortalecer la pastoral migratoria en la fronteraEl 4 de mayo, en la ciudad de Cúcuta, se desarrolló un nuevo Encuentro de Obispos de la Frontera Colombo-Venezolana, que reunió a pastores de distintas jurisdicciones eclesiásticas de ambos países para reflexionar sobre la movilidad humana, la migración y los desafíos pastorales de la región.El encuentro estuvo inspirado en el mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado: “Migrantes, misioneros de esperanza”, en el que el Santo Padre invita a reconocer a los migrantes como portadores de fe, dignidad y esperanza.Desde Roma, el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, envió un mensaje en el que destacó que estos espacios representan “un testimonio de una Iglesia que crea vínculos fraternos para acoger, promover e integrar a los hermanos migrantes”.El obispo anfitrión de este encuentro, monseñor José Libardo Garcés Monsalve, agradeció el cardenal Czerny y afirmó: "Tomamos nota atenta de sus indicaciones para seguir caminando juntos en esta pastoral para los migrantes. Ellos, que son también misioneros de la esperanza".Durante el diálogo, los obispos compartieron experiencias pastorales y alertaron sobre las nuevas dinámicas de desplazamiento forzado derivadas de la violencia en regiones como el Catatumbo.“Una causa fuerte de la migración en la frontera es la violencia que se ha vivido en los últimos años en la zona del Catatumbo, que está generando nuevos desplazamientos de familias campesinas que abandonan sus tierras para salvaguardar sus vidas”, afirmó monseñor Israel Bravo Cortés, obispo de Tibú.Por su parte, monseñor Jaime Cristóbal Abril González, obispo de Arauca, destacó el testimonio de fraternidad y solidaridad que las comunidades eclesiales han sostenido en ambos lados de la frontera.Al cierre del encuentro, los participantes reafirmaron su compromiso de fortalecer la comunión entre las Iglesias particulares, promover acciones pastorales conjuntas y consolidar espacios permanentes de articulación para responder de manera más efectiva a los desafíos de la movilidad humana.Monseñor Jorge Alberto Ossa Soto, arzobispo de Nueva Pamplona, destacó la importancia de mantener viva la acogida y el acompañamiento a quienes se ven obligados a dejar sus hogares:“Nos alegra establecer esos lazos de fraternidad y seguir atendiendo a la gente sencilla y pobre de la Iglesia, al hermano que tiene que dejar su país y caminar. Poder acompañarlos en la fe también es un signo de esperanza para todos nosotros”.Estos encuentros ratifican el compromiso de la Iglesia Católica en las fronteras de Colombia de seguir siendo presencia cercana, articuladora y esperanzadora en territorios atravesados por profundas crisis sociales y humanitarias, promoviendo el diálogo, la dignidad humana y la construcción de paz desde las comunidades.

Mié 6 Mayo 2026

El episcopado sobre las violencias en el suroccidente en la víspera de las presidenciales

Por Giada Aquilino - Existe una «preocupación real» de que la actual violencia en el suroccidente de Colombia pueda degenerar en una escalada más grave, trayendo a la memoria el espectro de más de cincuenta años de guerra con las Farc, que concluyó en 2016 con un acuerdo de paz entre los guerrilleros y las autoridades de Bogotá. Ante la ola de ataques que en las últimas semanas ha sacudido particularmente a los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca, monseñor Germán Medina Acosta, obispo de Engativá y secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), observa que el país latinoamericano no puede permitirse «volver a escenarios como los vividos en décadas anteriores». Esto, especialmente en la víspera de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, cuando se elegirá al sucesor de Gustavo Petro, primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, elegido en 2022.En las últimas semanas, una serie de ataques ha afectado a civiles y bases militares; el más grave de ellos, a finales de abril, dejó al menos 21 muertos y decenas de heridos en la vía Panamericana, entre las ciudades de Cali y Popayán. Desde el inicio, las autoridades colombianas atribuyeron las acciones a los grupos armados activos en la región, en particular a la facción disidente de las antiguas Farc, el Estado Mayor Central (EMC), liderado por Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco, quien posteriormente reivindicó el atentado. También fue arrestado José Alex Vitonco Ándela, considerado uno de los líderes de un movimiento local afiliado a los combatientes de Mordisco.«Sin afirmar que estamos ante un escenario idéntico al del pasado —reflexiona monseñor Medina Acosta—, existen sin embargo señales que invitan a la vigilancia: fragmentación de los actores armados, expansión territorial y debilitamiento de los mecanismos de control». El país, subraya, «no puede permitirse» regresar al pasado.En la zona suroccidental de Colombia, explica el obispo de Engativá, «estamos asistiendo a una grave crisis humanitaria caracterizada por la intensificación de los conflictos entre grupos armados ilegales»: esto provoca «un continuo deterioro de las condiciones de seguridad, que está afectando directamente a la población civil, con confinamientos, desplazamientos y pérdida de control institucional en diversos territorios». Estas dinámicas se concentran en corredores “estratégicos”, como el norte del Cauca, la costa pacífica de Nariño, la cordillera Occidental y las zonas rurales del Valle del Cauca. Allí «convergen actividades ilícitas como el narcotráfico —desde el cultivo hasta el procesamiento y la exportación de droga, en particular hacia Estados Unidos—, la minería ilegal, principalmente de oro, y el tráfico de armas». Se trata de corredores «disputados por diversos actores armados» que buscan un «control territorial, financiero y logístico» en el marco de economías criminales, también en un contexto de «reconfiguración» de los mismos grupos armados tras la desmovilización de las Farc y de una «debilidad de la presencia del Estado en las zonas rurales». No es «un fenómeno espontáneo», reflexiona el secretario general de la CEC, sino «la expresión de conflictos no resueltos y de una transición incompleta hacia la paz».Sobre el terreno, las consecuencias para las poblaciones locales son «profundamente dolorosas»: desplazamientos forzados masivos, confinamiento de comunidades enteras, reclutamiento de menores con fines criminales, falta de acceso a alimentos, salud y educación, y asesinatos de líderes sociales. Esta última problemática, según la ONG Indepaz, dejó el año pasado un trágico saldo de 187 muertos. Además, entre las comunidades más afectadas por los recientes ataques se encuentran las indígenas, afrocolombianas y campesinas: «Su dignidad y sus derechos fundamentales están gravemente vulnerados», denuncia el obispo Medina Acosta.En este contexto, la Conferencia Episcopal de Colombia, en un comunicado, pidió a los «actores armados» cesar «inmediatamente» toda acción que «atente contra la vida», en respeto del derecho internacional humanitario. Al mismo tiempo, la Iglesia colombiana hizo un llamado a la «responsabilidad» del Estado y de la sociedad, insistiendo en la urgencia —subraya el secretario general de la CEC— de acciones «integrales y coordinadas». En esas mismas horas, el Papa León XIV, en la audiencia general del pasado 29 de abril, lanzó un llamado por Colombia: la del Pontífice —continúa el prelado— es «una voz profética que invita a rechazar toda forma de violencia y a optar decididamente por la paz».Los llamados de los obispos, señala monseñor Medina Acosta, «han sido acogidos con respeto en diversos sectores, pero también con el desafío de traducir esas palabras en acciones concretas», porque «la paz no depende solo de declaraciones, sino que requiere compromisos reales por parte de los actores armados, del Estado y de toda la sociedad».Todo ello, especialmente en un periodo preelectoral para renovar la primera magistratura del Estado. Según las últimas encuestas, en la carrera presidencial encabeza Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y del gobierno del presidente saliente Gustavo Petro, con más del 35% de intención de voto, seguido por Abelardo de la Espriella, representante de la derecha radical, con alrededor del 25% —sobre quien además está en curso una revisión por parte del Consejo Nacional Electoral por presuntas irregularidades en las firmas presentadas para respaldar su candidatura—, y por la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, con cerca del 22%. En caso de segunda vuelta, esta se celebraría el 21 de junio.Hoy, señala el secretario general de la CEC, el país vive un clima de «fuerte polarización, pero también de esperanza». Tras la elección de Gustavo Petro, «se han abierto importantes debates sobre las reformas sociales y el rumbo del país». La política de “paz total” de Petro «ha abierto espacios de diálogo con diversos actores, lo cual es valioso. Sin embargo, enfrenta grandes desafíos, como la falta de avances homogéneos en todas las mesas —por ejemplo, la del ELN ha registrado en varias ocasiones fases críticas e inciertas—, la persistencia de la violencia en los territorios y las dificultades en la implementación de los acuerdos».De cara a las elecciones, en un «momento decisivo para el país», es «fundamental que prevalezcan el respeto, la libre participación y la protección de la vida: la democracia debe fortalecerse, no ser sometida a mayor presión». Por ello, los obispos exhortan a los colombianos a «ejercer su derecho al voto con responsabilidad, libertad y conciencia ética», con un voto que «no esté guiado por el miedo o el odio», dando «prioridad al bien común sobre los intereses particulares» y eligiendo «caminos de reconciliación, justicia y paz», porque Colombia «necesita ciudadanos comprometidos con la vida, la verdad y la construcción de un futuro compartido».Fuente: El Observatorio RomanoArtículo publicado originalmente en italianoFecha de publicación: 06 de mayo de 2026

Mié 6 Mayo 2026

Vicarios de pastoral en Colombia impulsan la sinodalidad desde los procesos pastorales de las Iglesias particulares

En el contexto de la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad, la Iglesia en Colombia continúa dando pasos concretos para traducir este proceso en prácticas pastorales reales, articuladas y con impacto en la vida eclesial y social.Ese camino se vio reflejado en el primer Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), que reunió en Bogotá, del 27 al 30 de abril, a representantes de 65 jurisdicciones eclesiásticas del país.Además de los sacerdotes nombrados como vicarios de pastoral o evangelización, participaron miembros de sus equipos —incluidos otros sacerdotes y laicos—, lo que permitió enriquecer la reflexión desde la diversidad de carismas y ministerios.Un espacio de comunión, escucha y discernimientoEl encuentro, liderado por el Centro Pastoral para la Evangelización y la Fe de la CEC, se vivió como un espacio de comunión, escucha y discernimiento, enmarcado en el llamado de la Iglesia a asumir la sinodalidad como un estilo permanente de ser y hacer Iglesia.Desde el inicio, favoreció el conocimiento mutuo y la vivencia de la fraternidad entre los participantes, generando un clima de confianza que hizo posible el intercambio de experiencias, desafíos y buenas prácticas entre las distintas regiones eclesiásticas del país.“El encuentro no solamente quería mostrar lo que la Iglesia ha orientado sobre el Sínodo de la Sinodalidad, sino también saber qué están haciendo ya las jurisdicciones, cómo están realizando este trabajo de implementación en Colombia”, explicó el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina.Una conversión misionera que transforma la pastoralDurante las diferentes sesiones, los participantes profundizaron en las implicaciones pastorales, espirituales e institucionales del proceso sinodal, reconociendo — en palabras del padre Arias —, que este proceso “no se trata de la simple aplicación de lineamientos, sino de una auténtica conversión misionera y sinodal”.Esta perspectiva implica comprender el proyecto pastoral como un itinerario comunitario, capaz de articular comunión, participación y misión en prácticas concretas, encarnadas en la realidad de cada territorio.“Ya no se trata de tanta teoría, sino de acciones que nos lleven también a mostrar la cercanía y la presencia de Cristo en medio de nuestras realidades y en la vida práctica”, afirmó el padre Andrés Eduardo Muñoz, vicario de pastoral y evangelización del Vicariato Apostólico de Mitú.El Vicario de Pastoral: animador del cambio y servidor de la comuniónEn este proceso, se reafirmó el papel clave de los vicarios de pastoral o evangelización, como colaboradores directos del obispo diocesano en la animación, coordinación y articulación de la acción evangelizadora.Su misión es fundamental para hacer realidad el plan pastoral en las comunidades, favoreciendo procesos que involucren a todo el Pueblo de Dios.Diversidad de experiencias, un mismo horizonte sinodalEl trabajo por regiones eclesiásticas evidenció la diversidad de contextos y enfoques pastorales, pero también un deseo compartido de avanzar hacia procesos más participativos, corresponsables y misioneros.Durante el encuentro se pusieron en diálogo experiencias como el Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE), el Proyecto de Evangelización de la Iglesia Particular (PEIP) y otros procesos propios de las diócesis, que muestran caminos concretos de implementación del Sínodo en el país.En este horizonte de renovación, inspirados en el Documento de Aparecida (texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Brasil), desde diócesis como la de El Banco (Magdalena), se ha reiterado el llamado a “pasar de esa pastoral de la conservación a la pastoral del discipulado misionero”, como lo expresó el padre Brayan Antonio Martínez Jiménez. Además, a fortalecer la unidad como fundamento del camino eclesial “bajo la guía del Espíritu Santo”, agregó el sacerdote de El Banco.Articulación, corresponsabilidad y riqueza del Pueblo de DiosEl encuentro también permitió profundizar en la relación entre la Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares, destacando la necesidad de fortalecer la comunicación, la articulación y el trabajo conjunto.Un aporte significativo fue el conocimiento de los servicios y recursos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), que abre nuevas posibilidades de acompañamiento a las jurisdicciones eclesiásticas.“Reconocer lo que significa la Conferencia Episcopal para las diócesis, que son un punto de apoyo y de referencia para nuestra acción pastoral”, señaló el padre Nelson Patiño Villa, vicario de pastoral de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.Asimismo, la reflexión se enriqueció con la perspectiva de la vida consagrada, el protagonismo del laicado y la diversidad de movimientos eclesiales, reafirmando la centralidad del Pueblo de Dios en su pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios.Un camino abierto que compromete a toda la IglesiaEl encuentro confirmó que la sinodalidad no es una meta ya alcanzada, sino un camino que el Espíritu Santo sigue abriendo a la Iglesia y que exige una actitud permanente de escucha, discernimiento y conversión.“La sinodalidad tiene que permear todos los planes de pastoral. No es una moda…sino una esencia misma de la Iglesia”, afirmó el padre Jeisson David Quintero Muriel, vicario de pastoral de la Diócesis de Ocaña.En este sentido, se reafirmó que la implementación del Sínodo debe traducirse en procesos pastorales concretos en las Iglesias particulares, integrando la riqueza de los laicos, la vida consagrada y los diversos ministerios, en una dinámica de corresponsabilidad al servicio del Reino de Dios.Proyección: caminar juntos para transformar la realidadLos participantes asumieron el compromiso de continuar este camino con esperanza y fidelidad creativa, impulsando proyectos pastorales verdaderamente sinodales, nacidos de la escucha del Pueblo de Dios y orientados a la transformación evangélica de la realidad.“No solamente nos estamos llevando como una preocupación a nivel espiritual, sino también a nivel social”, subrayó el padre Muñoz.El primero Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral en Colombia concluyó con el llamado a caminar juntos, para que la Iglesia en Colombia sea cada vez más signo e instrumento de comunión, participación y misión.Vea a continuación el informe audiovisual del encuentro: