SISTEMA INFORMATIVO
Del contenido a la conversación: nuevos desafíos para la comunicación de la Iglesia Católica en Colombia
Tags: conferencia episcopal de colombia Encuentro nacional de comunicadores de la Iglesia católica colombiana pastoral de las comunicaciones comunicadores católicos Lida Astrid Losada Castro comunicaciones conferencia episcopal de colombia
Cerca de 80 comunicadores, periodistas, productores audiovisuales y delegados de las comunicaciones de diócesis, arquidiócesis, vicariatos apostólicos y equipos de Pastoral Social participaron en un encuentro nacional orientado a fortalecer una comunicación más articulada, estratégica y cercana a las realidades de los territorios. Obispos de la Comisión Episcopal de Comunicaciones acompañaron el espacio.
La comunicación de la Iglesia Católica en Colombia enfrenta desafíos que va más allá de producir contenidos y ampliar su presencia en plataformas digitales: comprender mejor las conversaciones que ya están ocurriendo en la sociedad, escuchar las realidades de los territorios y encontrar maneras de participar en ellas desde su identidad y misión.
Esta fue una de las principales reflexiones que dejó el Encuentro Nacional de Comunicadores de la Iglesia Católica colombiana 2026, realizado del 3 al 6 de agosto en La Ceja, Antioquia. Fue convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de su Departamento de Comunicaciones y Tecnologías, y por el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, lo que permitió, por primera vez, reunir en un mismo espacio a comunicadores de las jurisdicciones eclesiásticas y de las pastorales sociales, con el propósito de fortalecer la articulación, la unidad y la coherencia de la comunicación de la Iglesia en Colombia.
La experiencia buscó, además, fortalecer diferentes dimensiones del servicio comunicativo: la comunicación pastoral e institucional, las estrategias digitales y el trabajo con enfoque comunitario, de desarrollo y de cambio social.
El encuentro fue acompañado por los obispos que integran la Comisión Episcopal de Comunicaciones: monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y presidente de la Comisión; monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco; y monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja. También contó con la participación de docentes de la Fundación Universitaria Católica del Norte, institución de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, que apoyó los espacios de formación.
Escuchar antes de comunicar
Uno de los ejes del encuentro fue la necesidad de comprender que el escenario actual de la comunicación está marcado por una "competencia" permanente por la atención.
WhatsApp, Instagram, TikTok, las noticias, la inteligencia artificial, las conversaciones familiares y las múltiples plataformas digitales forman parte de un ecosistema en el que las personas reciben y comparten información de manera constante.
Para Luis Fernando Sierra Escobar, docente de la Fundación Universitaria Católica del Norte, ponente del encuentro, el desafío no consiste simplemente en competir con otros actores, sino en reconocer que la Iglesia participa en un entorno en el que existen miles de conversaciones simultáneas.
Desde esta perspectiva, planteó que una estrategia de comunicación no debería comenzar con una parrilla de contenidos, sino con una lectura del territorio y de las personas: ¿qué preocupa?, ¿qué esperan?, ¿qué duele? y ¿qué buscan?
“Las personas ya están conversando. ¿Estamos entrando en esas conversaciones?”, fue uno de los interrogantes planteados durante su exposición.
El docente destacó, además, la importancia de identificar los distintos públicos de las instituciones eclesiales y comprender qué temas les interesan, qué necesidades tienen y cuáles son los canales más pertinentes para establecer con ellos una comunicación bidireccional.
“No es simplemente hablar por hablar, sino empezar a generar una conversación de acuerdo a los temas que nuestras comunidades están padeciendo, están sufriendo”, explicó Sierra.
Su propuesta invitó a pasar de una comunicación centrada exclusivamente en la emisión de mensajes a otra que incorpore procesos de escucha, comprensión, respuesta, conexión y acción, poniendo a las personas en el centro.
En este sentido, también subrayó que la opinión pública no se construye únicamente en los medios de comunicación. Los hechos son contados, compartidos en redes, comentados en espacios cotidianos y conversados en comunidades y grupos de mensajería, hasta adquirir una dimensión pública. Por eso, señaló, influir no significa controlar la conversación, sino participar en ella.
De informar a generar encuentro e incidencia
Esta perspectiva estuvo directamente relacionada con una de las principales conclusiones del encuentro: la necesidad de pasar de una comunicación orientada únicamente a informar a una comunicación capaz de generar encuentro, diálogo e incidencia.
El obispo de El Banco y miembro de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, destacó precisamente este aprendizaje.
“La comunicación no debe limitarse a transmitir información. Su verdadero propósito es crear relaciones, fomentar el diálogo y motivar acciones que transformen la realidad”.
Para el prelado, esta mirada plantea una pregunta que debe interpelar a los equipos de comunicación de la Iglesia: si las narrativas que producen están realmente entrando en diálogo con la realidad del país y si, antes de comunicar, están escuchando lo que ocurre en los territorios.
“Escuchando es cómo nosotros podemos entrar en la realidad para poder transformarla”, afirmó.
En esa misma línea, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, señaló que el encuentro permitió comprender la comunicación como una misión compartida y no como una tarea fragmentada entre diferentes áreas de la Iglesia.
Para el obispo, reunir por primera vez a quienes trabajan en las comunicaciones de las diócesis con quienes desarrollan esta labor desde la Pastoral Social permitió mirar conjuntamente el desafío comunicativo de la Iglesia.
La comunicación, afirmó, debe ayudar a construir narrativas humanas, capaces de conectar con los sentimientos, las angustias y las esperanzas de las personas, y permitir que sean ellas mismas quienes expresen su fe y su realidad.
Comunicar la misión, más allá de las actividades
Otro de los planteamientos centrales estuvo relacionado con la manera en que la comunicación contribuye a representar públicamente la misión de la Iglesia.
Durante el encuentro, Lida Astrid Losada Castro, coordinadora de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, propuso cinco conversiones (transformaciones) institucionales para fortalecer los servicios de comunicaciones: pasar de documentar procesos a participar en su construcción; de comunicar actividades a representar la misión de la Iglesia; de informar a generar encuentro e incidencia; de tener estructuras de comunicación a consolidar verdaderos Servicios de Comunicaciones; y de trabajar como instituciones aisladas a construir una inteligencia comunicativa en red.
Una de las preguntas planteadas fue: ¿qué Iglesia descubre una persona cuando conoce a la institución únicamente a través de sus canales de comunicación? La respuesta, explicó, no depende solamente de lo que se publica, sino también de lo que se decide no contar.
Las celebraciones, fiestas patronales, ordenaciones, peregrinaciones y demás acontecimientos de la vida eclesial forman parte esencial de la comunicación. Sin embargo, la representación de la Iglesia puede ampliarse para evidenciar también su presencia junto a comunidades afectadas por la violencia, procesos de reconciliación, atención a migrantes y víctimas, formación de líderes, educación, cuidado de la casa común, participación ciudadana y otras expresiones de su misión.
De ahí la invitación a pasar de comunicar acontecimientos a comunicar procesos, de cubrir eventos a narrar transformaciones y de publicar agendas a ayudar a comprender las realidades humanas que están detrás de esas acciones.
En esta tarea adquiere especial relevancia el periodismo institucional y el fortalecimiento de las páginas web de las jurisdicciones eclesiásticas como espacios de profundidad, contexto, memoria y credibilidad.
Historias con rostro y territorio
La necesidad de poner en el centro las historias y realidades de las personas fue compartida también por los participantes. Para Katia Carbal, delegada de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Cartagena, el encuentro permitió reconocer el papel de los comunicadores como portavoces de las realidades que viven las comunidades en los territorios, pero también como actores llamados a contribuir a su transformación.
“Nosotros también tenemos que ser esos puentes que acerquen”, señaló, al referirse a la necesidad de llevar la conversación hacia las comunidades rurales, los ríos, los mares y las montañas donde la Iglesia acompaña distintas realidades.
La comunicadora insistió, además, en la importancia de contar historias que permitan conocer los procesos de acompañamiento de la Iglesia y ponerles nombre y rostro a quienes hacen parte de ellos. La comunicación, afirmó, no debería limitarse a responder a las dinámicas de los algoritmos, sino contribuir a acercar, evangelizar, acompañar, consolar, comprender y transformar.
Para Gloria Londoño Monroy, docente de Comunicación Digital de la Fundación Universitaria Católica del Norte, esto implica que la comunicación estratégica debe partir de una lectura profunda de los contextos y de las necesidades de las comunidades. No basta, explicó, con conocer los canales que utiliza una población. Es necesario comprender sus condiciones sociales, psicológicas, culturales y tecnológicas, así como las causas y manifestaciones de las realidades que enfrenta.
También llamó la atención sobre la necesidad de evaluar la comunicación por sus efectos transformadores y no únicamente por indicadores cuantitativos como el alcance o las interacciones digitales.En determinados contextos, añadió, la mejor estrategia de comunicación puede no ser una red social o una página web, sino un medio físico o analógico adaptado a las condiciones de una comunidad. La comunicación digital, en esta perspectiva, está al servicio de una comunicación integral, social y humana.
Una comunicación que acompaña la construcción pastoral
Las reflexiones también plantearon la necesidad de que los equipos de comunicación participen en los procesos institucionales y pastorales desde su origen, y no únicamente cuando llega el momento de producir una pieza, registrar una actividad o publicar una noticia.
Monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja y miembro de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, destacó que la comunicación debe ser transversal y estar presente en los diferentes espacios de la vida eclesial.
“Evangelizar es comunicar, es contar, es compartir experiencia, es hacer partícipes a otros del gozo y la alegría del Evangelio”, expresó.
Para el obispo, los equipos de comunicación deben participar en la construcción de los procesos pastorales para aportar desde su experiencia a la comprensión, desarrollo y comunicación de esas iniciativas, y no limitarse a replicarlas una vez terminadas.
Esta perspectiva fue también planteada durante la presentación de Lida Losada, quien señaló que cuando la comunicación participa desde el inicio puede aportar a la lectura del contexto, identificar riesgos y oportunidades, formular objetivos comunicativos y pensar qué conversaciones puede abrir una iniciativa.
Hacia una inteligencia comunicativa en red
La articulación fue, precisamente, otro de los grandes desafíos identificados durante el encuentro. Para Luis Fernando Sierra, la información y las experiencias que se generan en las diferentes jurisdicciones no deberían permanecer aisladas. Una experiencia desarrollada en una diócesis puede ofrecer aprendizajes a otra y contribuir a responder desafíos similares en distintos territorios. De ahí su llamado a fortalecer la circulación de información entre las diócesis, arquidiócesis, pastorales y las instancias nacionales.
“Las diferentes pastorales, las diferentes arquidiócesis, diócesis se quedan con la información y no llega para que se pueda repartir a nivel nacional”, señaló, destacando la necesidad de construir mecanismos permanentes de intercambio.
Esta idea converge con la propuesta de construir una inteligencia comunicativa en red, planteada durante el encuentro como una de las transformaciones necesarias para fortalecer la comunicación de la Iglesia en Colombia.
Más que compartir únicamente publicaciones, trabajar en red implica compartir aprendizajes, metodologías, fuentes, datos, narrativas, vocerías, experiencias y buenas prácticas. La finalidad es que las capacidades construidas en un territorio puedan fortalecer a otros.
En palabras de monseñor Ovidio Giraldo, avanzar en esta dirección permitiría fortalecer las redes, competencias, capacidades y recursos de los equipos de comunicación, y contribuir a visibilizar de manera más amplia la obra misionera, pastoral y evangelizadora de la Iglesia en Colombia.
“La riqueza de la Iglesia colombiana no está concentrada en Bogotá. Está distribuida por todo el país. Nuestra tarea debe ser ayudar a que esa riqueza circule”, se planteó durante el encuentro.
Una comunicación al servicio de la misión
Para los participantes, el encuentro representó también una oportunidad para reconocer los avances que ya se vienen dando en los equipos de comunicación de las jurisdicciones eclesiásticas.
El padre Jaime Marenco Martínez, delegado de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Barranquilla, destacó el crecimiento de los equipos diocesanos, la incorporación de profesionales laicos y sacerdotes con formación en comunicación y una mayor integración de los planes de comunicaciones con los planes globales de las diócesis y arquidiócesis.
A su juicio, estos avances han permitido desarrollar contenidos más estructurados sin perder la identidad y los criterios propios de la comunicación eclesial.
Para Alejandra Campos Albarán, líder de Comunicaciones del Secretariado de Pastoral Social-Cáritas Barranquilla, uno de los aprendizajes más importantes fue la necesidad de no quedar atrapados únicamente en las exigencias del día a día.
“Tenemos que enfocarnos realmente en lo estratégico y en aquellas historias que nos van a generar cambios reales en la comunicación”, afirmó.
Por su parte, Jorge Enrique Muñoz Uceda, asesor de Comunicaciones de la Pastoral Social de la Diócesis de Socorro y San Gil, resaltó el valor de conocer experiencias y relatos de diferentes regiones del país y de reconocer el aporte que la Pastoral Social puede hacer a la comunicación de las diócesis.
Andrés Flórez Guerra, delegado de Comunicaciones de la Diócesis de Duitama-Sogamoso, señaló como uno de los retos la necesidad de que la Iglesia vuelva a ocupar espacios de periodismo y conversación pública, participando en debates y conversaciones que contribuyan a construir paz, unidad y sinodalidad en Colombia.
Más que una agenda de formación, el Encuentro Nacional de Comunicadores planteó así una perspectiva para el servicio de comunicaciones de la Iglesia en Colombia: una comunicación que no se limite a informar lo que la Iglesia hace, sino que ayude a comprender su misión, acerque las realidades de los territorios, genere diálogo con la sociedad y ponga en circulación las experiencias que pueden contribuir al bien común.
Como síntesis de esta perspectiva, quedó una pregunta para los equipos de comunicación de las diferentes jurisdicciones: ¿qué mirada queremos ayudar a transformar, qué conversación queremos contribuir a construir y qué rostros e historias necesitamos hacer visibles?
Vea a continuación los principales momentos y testimonios más relevantes del encuentro:
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Vie 25 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Jue 24 Sep 2026
Jue 1 Oct 2026
Nuevos ataques en la subregión del San Juan: Mons. Mario de Jesús Álvarez clama por la paz y la protección de las comunidades
Ante los recientes ataques contra estaciones de Policía en Nóvita y Santa Rita de Iró, la Iglesia expresa su preocupación por el impacto de la violencia en la población civil y pide buscar caminos de paz, diálogo y respeto por la dignidad humana.La Diócesis de Istmina-Tadó hizo un llamado urgente a detener la escalada de violencia que en los últimos días ha afectado a distintos municipios de la subregión del San Juan, en el sur del departamento del Chocó, y que nuevamente tiene a las comunidades sufriendo.La situación se agudizó el miércoles 30 de septiembre en Nóvita, donde, alrededor de las 10:00 de la mañana, mientras la comunidad se disponía a iniciar la celebración de la Eucaristía con motivo de la fiesta patronal de San Jerónimo, se registró un ataque contra la estación de Policía mediante drones y armas de largo alcance. De acuerdo con información de las autoridades, el hecho incluyó el lanzamiento de seis granadas desde drones y también afectó instalaciones militares. No se reportaron personas heridas.Para la Diócesis, la situación adquiere una especial gravedad por haber ocurrido en medio de una celebración religiosa y en el casco urbano, donde la población quedó expuesta al riesgo.Desde Nóvita, monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, expresó su preocupación por lo que está ocurriendo en la región y pidió a los grupos armados detener las acciones que están afectando directamente a las comunidades. También pidió al al Gobierno Nacional priorizar la protección de las comunidades.“Todo debemos pararlo inmediatamente, dada la angustia y la zozobra que esto provoca”, manifestó el obispo, quien insistió en que la salida debe buscarse por “los caminos del Evangelio y los caminos de la paz”.El prelado señaló que durante los últimos días se han registrado graves hechos de violencia en municipios como Tadó, Río Iró, Sipí, Condoto y Nóvita. En declaraciones entregadas este 1 de octubre, explicó que, a su juicio, las comunidades están experimentando miedo e impotencia y que muchas personas prefieren guardar silencio ante el riesgo que perciben en sus territorios.Sobre las dinámicas del conflicto, monseñor Álvarez se refirió a la confrontación entre el ELN y las AGC, así como a los ataques contra integrantes de la Fuerza Pública. Sus apreciaciones corresponden a su lectura de la situación que viven las comunidades que acompaña pastoralmente la Diócesis.La violencia continúa en Santa Rita de IróLa preocupación se extendió este jueves 1 de octubre a Santa Rita de Iró, cabecera municipal de Río Iró. Según informó el padre Ernesto Zapata, vicario general de la Diócesis de Istmina-Tadó, durante la mañana se habían registrado múltiples explosiones de artefactos lanzados mediante drones contra la estación de Policía.“Lo que sabemos hasta el momento es que se han producido al menos seis ataques desde aeronaves no tripuladas...aún no se tiene información confirmada sobre posibles personas heridas", explicó el sacerdote. Recordó, además, que esta población, de aproximadamente 4.000 habitantes, ya había vivido numerosos ataques con estos artefactos dos meses atrás.“Que todos vivamos en dignidad y en respeto”Ante este panorama, la Diócesis de Istmina-Tadó insiste en que las comunidades no pueden continuar soportando las consecuencias de la confrontación armada. Su llamado se dirige a quienes tienen responsabilidades en las decisiones de seguridad y, de manera particular, a los actores armados que desarrollan acciones violentas en los territorios.“Únicamente es dejándonos iluminar por el Dios del amor, de la misericordia y del perdón como podemos hallar caminos para que todos vivamos en dignidad y en respeto”, expresó monseñor Álvarez.La preocupación de la Iglesia por la situación de las comunidades del San Juan no es nueva. En anteriores momentos de confinamiento y confrontación armada, la Diócesis de Istmina-Tadó ha pedido que se garantice la libertad de movilidad de la población civil y el acceso de la Iglesia y de las organizaciones humanitarias a las comunidades afectadas.Precisamente estas localidades del sur del Chocó resultaron gravemente impactadas por el terremoto del 10 de agosto en Colombia. La mayor parte de sus viviendas sufrieron graves daños estructurales y las comunidades aún están a la espera del proceso de recuperación y reconstrucción.Vea el mensaje del Obispo de Istmina-Tadó a continuación:
Jue 1 Oct 2026
“Que la Iglesia sea una casa abierta": Papa León XIV pide acompañar y orar por quienes enfrentan dificultades de salud mental
El Santo Padre invita a rezar para que la Iglesia sea una casa abierta, capaz de acompañar sin juzgar a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y de integrar este cuidado en la vida y misión de las comunidades.La Iglesia en Colombia se une a la intención de oración confiada en este mes de octubre por el Papa León XIV a la Red Mundial de Oración del Papa: “Por la pastoral de la salud mental”. A través de la iniciativa “Reza con el Papa”, el Santo Padre invita a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a orar para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, contribuyendo a superar el estigma y la discriminación que enfrentan las personas con enfermedades mentales.La propuesta del Pontífice pone en el centro a quienes viven situaciones de ansiedad, depresión u otras enfermedades mentales, muchas veces en silencio y en medio de experiencias de soledad, incomprensión o estigmatización. En este contexto, el papa León XIV pide que la Iglesia sea una “casa abierta”, un espacio seguro donde todos tengan un lugar y donde las personas puedan ser escuchadas y acompañadas sin juicios ni miedo.Una Iglesia que acompaña y no descartaEn la oración, el Papa León XIV se dirige al “Dios de la vida”, que conoce las luces, sombras y heridas silenciosas que habitan el corazón humano. Desde allí, presenta ante el Señor a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y recuerda que Dios los llama por su nombre, con ternura, y que en Él encuentran dignidad y esperanza.La plegaria también contiene una petición de perdón por las veces en que la comunidad ha mirado hacia otro lado y ha contribuido al estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales. El Papa pide que la Iglesia se convierta en una comunidad que acompaña y no descarta, que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.La intención se extiende, además, a quienes acompañan y cuidan: profesionales de la salud, familiares, voluntarios y todas aquellas personas que, desde distintos ámbitos, tienden puentes de comprensión y consuelo. Para ellos, el Pontífice pide fortaleza y compasión.Finalmente, el papa León XIV invoca al Espíritu Santo para que la Iglesia aprenda a acoger e integrar el cuidado de la salud mental en la vida y en la misión de sus comunidades, de manera que pueda ser signo vivo de una misericordia que acompaña, sostiene y restaura.Una realidad que interpela a la sociedad y a la IglesiaLa intención de oración responde a una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud señala que cerca de mil millones de personas viven con algún trastorno mental y advierte que el estigma, la discriminación y las dificultades para acceder a servicios de calidad continúan siendo obstáculos importantes para quienes necesitan atención.La situación también tiene una incidencia particular en niños y adolescentes. La OMS estima que uno de cada siete jóvenes entre los 10 y los 19 años experimenta un trastorno mental, mientras que muchos de estos casos permanecen sin reconocer o sin tratamiento. La organización advierte, además, que quienes viven con estas condiciones son especialmente vulnerables a la exclusión social y a la discriminación.Ante esta realidad, la Iglesia está llamada a fortalecer espacios de acogida y acompañamiento, en articulación con las familias, las comunidades y los profesionales que brindan atención especializada. La pastoral de la salud mental no busca sustituir el trabajo de los profesionales de la salud, sino ofrecer también cercanía, escucha, acompañamiento y una comunidad en la que cada persona pueda experimentar que su dignidad es reconocida.“No podemos hacerlo solos”El Papa León XIV ya se había referido a la salud mental durante la vigilia de oración con jóvenes celebrada en Barcelona el 9 de junio de 2026. En respuesta al testimonio de una joven que compartió su experiencia con la depresión, el Pontífice llamó la atención sobre las presiones y expectativas que pueden afectar los equilibrios fundamentales de las personas y, al reflexionar sobre el dolor y la soledad, afirmó: “no podemos hacerlo solos”.Esta expresión ilumina también la intención de oración de octubre: frente al sufrimiento que muchas personas experimentan en silencio, la respuesta cristiana pasa por fortalecer comunidades capaces de acompañar, escuchar y acoger. Se trata de que nadie tenga que afrontar solo sus heridas y de que la Iglesia pueda ser un lugar donde las personas encuentren cercanía, dignidad y esperanza.Oración del Papa León XIV por la pastoral de la salud mental:En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Dios de la vida,Tú conoces lo más íntimo de nuestro corazón,las luces y sombras que nos habitan,las heridas silenciosas que a veces nadie ve.Hoy te presentamos a nuestros hermanos y hermanasque enfrentan dificultades en su salud mental,que sufren en soledad con ansiedad, depresión o cualquier otra enfermedad mental.Tú los llamas por su nombre, con ternura,y en Ti encuentran dignidad y esperanza.Perdónanos por las veces que hemos mirado hacia otro lado,alimentando el estigma y la discriminaciónhacia las personas con enfermedades mentales.Haz que tu Iglesia sea casa abierta,espacio seguro donde todos tengan lugar,comunidad que acompaña y no descarta,que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.Te pedimos, Señor, por quienes cuidan:profesionales, familiares, voluntarios,hombres y mujeres que con paciencia y amortienden puentes de comprensión y consuelo.Dales fortaleza y compasión para sostener.Envía tu Espíritu sobre nosotros,para que aprendamos a acoger e integrar el cuidado de la salud mentalen la vida y en la misión de nuestras comunidades y de toda la Iglesia,y así lleguemos a ser un signo vivo de tu misericordia,que nunca abandona y siempre restaura.Amén.Vea el video de la oración del Papa a continuación:
Mié 30 Sep 2026
Tras peregrinar con María, la Arquidiócesis de Medellín se dispone a vivir octubre misionero
Cerca de 1.300 personas participaron en la tradicional Peregrinación Mariana de la Arquidiócesis de Medellín. La jornada fue encabezada por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, y el obispo auxiliar, monseñor José Mauricio Vélez García. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas y fieles se unieron en esta jornada que cada año prepara a la Iglesia particular para vivir octubre, Mes Misionero.El 26 de septiembre, acompañados por la Virgen del Seminario, los peregrinos caminaron unidos en oración hasta el Seminario Mayor de Medellín. Durante el recorrido, los participantes encomendaron sus intenciones, la vida pastoral de la Iglesia particular y los frutos de este mes de las misiones que celebra la Iglesia Universal.La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo. En su homilía, el prelado centró su reflexión en la bienaventuranza proclamada en el Evangelio y destacó que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica permite descubrir el sentido de la fe y avanzar hacia una vida transformada por ella.“La Palabra de Dios no es una teoría, es una persona a la que nos unimos para que se haga carne en nosotros”, afirmó el arzobispo, subrayando así la relación entre la escucha de la Palabra y la vida concreta de los creyentes.Monseñor Tobón también presentó a la Virgen María como modelo de quien escucha la voluntad de Dios y responde con toda su vida. En este sentido, vinculó la peregrinación con el camino misionero que la Iglesia está llamada a recorrer:“Qué hermosa esta jornada: estar reunidos en torno a la Madre y con ella reconocer quiénes somos, a dónde vamos y qué tenemos que hacer”.
Mar 29 Sep 2026
Liberar y cuidar: Iglesia en Colombia profundiza sobre nuevos criterios para el Ministerio del Exorcismo
El tercer curso nacional de formación para exorcistas reunió en Bogotá a sacerdotes y delegados de distintas regiones para profundizar en protocolos, criterios de discernimiento y prácticas pastorales orientadas a proteger la dignidad de las personas atendidas.En Colombia, el Ministerio del Exorcismo avanza hacia una práctica pastoral cada vez más consciente de la responsabilidad que implica acompañar a personas que atraviesan situaciones de especial vulnerabilidad. Esta fue una de las principales conclusiones del tercer curso nacional de formación para exorcistas, organizado por la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, bajo el lema “Liberar y Cuidar: El Ministerio del Exorcismo desde la Cultura del Cuidado”.El encuentro, que contó con la participación de cerca de 80 representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país y con aportes de expertos nacionales e internacionales, dio continuidad a los dos cursos anteriores, centrados en “Exorcismo y oración de liberación” y “Discernimiento y espiritualidad, pilares del sacerdote exorcista y su equipo”. En esta tercera edición, la reflexión se concentró en cómo incorporar de manera concreta la cultura del cuidado, la normativa eclesial y criterios de actuación responsable en este ministerio.“La figura del exorcista la debemos no solo valorar, sino también cuidar”, señaló monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín y presidente de la Comisión Episcopal de Doctrina de la CEC, al explicar que se trata de un servicio que requiere formación, discernimiento, oración y comunión con el obispo. El prelado recordó que el exorcismo es un sacramental de la Iglesia y que su ejercicio corresponde al sacerdote que ha recibido legítimamente este encargo de parte del obispo.El cuidado de la persona, en el centroUno de los principales énfasis del curso fue la necesidad de que quienes ejercen o acompañan este ministerio tengan claridad sobre los riesgos de generar nuevas afectaciones en personas que ya llegan a la Iglesia en condiciones de fragilidad. El padre Iván José Ruiz Vidal, delegado para el Ministerio del Exorcismo de la Arquidiócesis de Cartagena, destacó este desafío: “En la medida en que nosotros adoptamos el cuidado dentro de nuestro ministerio, pues evitamos entrar en revictimización”.Desde esta perspectiva, el cuidado no se planteó como un elemento adicional al ejercicio del exorcismo, sino como un criterio transversal que debe orientar la relación con quienes solicitan acompañamiento. Esto implica respetar su dignidad, intimidad y libertad; ofrecer una escucha adecuada; evitar actuaciones que puedan producir nuevas heridas y reconocer cuándo una situación requiere la intervención o el acompañamiento de otros profesionales.El padre Gabriel Londoño Sepúlveda, sacerdote exorcista de la Arquidiócesis de Bogotá, sintetizó este enfoque en dos direcciones: el cuidado del ministro hacia las personas que atiende y el cuidado de quienes acuden a él en el ejercicio de su ministerio. Para ello, subrayó la importancia de actuar desde la verdad, el amor, una recta doctrina, la escucha y el acompañamiento pastoral.Discernir antes de intervenirOtro de los aprendizajes centrales fue la necesidad de fortalecer el discernimiento. Las reflexiones abordaron la importancia de evitar atribuciones apresuradas de carácter espiritual frente a situaciones que pueden tener dimensiones psicológicas, psiquiátricas, médicas o sociales.Monseñor José Mauricio Vélez insistió en que el sacerdote exorcista debe contar con criterios suficientes para distinguir las distintas realidades que pueden estar presentes en una persona que solicita ayuda. De ahí la importancia de una formación que permita conjugar la dimensión espiritual con las herramientas provenientes de otras disciplinas.En la misma línea, las ponencias sobre los criterios para el discernimiento de la acción extraordinaria del maligno, las directrices para el ministerio del exorcismo y los posibles abusos en el uso del ritual profundizaron en la necesidad de actuar con prudencia, rigor teológico, formación, oración y trabajo interdisciplinario.El curso también abordó situaciones relacionadas con prácticas de ocultismo y algunas terapias alternativas, planteando la prevención y la formación de las comunidades como herramientas necesarias para que los fieles puedan desarrollar criterios de discernimiento frente a las distintas propuestas espirituales que encuentran en la sociedad contemporánea.Prevenir abusos y fortalecer la responsabilidadLa cultura del cuidado también llevó a revisar posibles formas de abuso en el ejercicio del ministerio, incluidos aquellos que pueden surgir por desconocimiento, actuaciones inadecuadas o interpretaciones erróneas del ritual.Monseñor Rubens Miraglia Zani, exorcista de la Diócesis de Bauru, en Brasil, uno de los conferencistas internacionales del encuentro, llamó la atención sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia episcopal y la formación de quienes participan en este servicio. También recordó que no toda persona que se presenta como exorcista cuenta con la autorización eclesial para ejercer este ministerio.De acuerdo con el sacerdote brasileño, esta claridad resulta particularmente relevante en contextos en los que personas que buscan una respuesta inmediata frente a situaciones de sufrimiento pueden quedar expuestas a prácticas que no corresponden al ejercicio legítimo del ministerio de la Iglesia.“No hacemos de nombre propio sino en nombre de la Iglesia y, por lo tanto, hay que seguir lo que nos pide la misma Iglesia”, afirmó el sacerdote brasileño.En este sentido, monseñor Vélez recordó también que el exorcista es un sacerdote nombrado por el obispo y que los fieles pueden acudir a sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas para conocer quién ha recibido este encargo. Esta claridad busca favorecer el orden pastoral y prevenir que personas vulnerables terminen recurriendo a quienes actúan al margen de la autoridad y de las normas de la Iglesia.Una responsabilidad que involucra al exorcista y a su equipoEl curso amplió, además, la reflexión sobre quienes acompañan al sacerdote exorcista. La selección, formación, acompañamiento y actuación de los auxiliares fueron abordados como elementos necesarios para garantizar que todo el equipo comprenda los límites de su servicio, actúe con discreción y permanezca en comunión con la autoridad eclesial.Entre los elementos identificados durante los talleres se destacó la necesidad de fortalecer competencias relacionadas con el discernimiento, la formación doctrinal y canónica, el equilibrio humano y espiritual, el trabajo interdisciplinario y la capacidad de reconocer señales de alerta en la práctica pastoral.La reflexión sobre la cultura del cuidado incluyó también el cuidado del propio sacerdote exorcista, tanto en sus dimensiones física y psicológica como espiritual, así como la importancia de evitar actitudes de protagonismo o autorreferencialidad que puedan desvirtuar el sentido eclesial del servicio.De la reflexión a líneas de acciónUno de los aportes metodológicos del encuentro fue el trabajo desarrollado en ocho mesas, organizadas según las provincias eclesiásticas. Este ejercicio permitió compartir experiencias territoriales, reconocer desafíos comunes y plantear propuestas para fortalecer el ministerio en las distintas jurisdicciones.El análisis de las normas canónicas y la construcción de un mapa de competencias permitieron, además, trasladar las reflexiones a situaciones concretas de la práctica pastoral. Las conclusiones recogidas durante estos ejercicios serán objeto de una posterior sistematización por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia.Para el padre Carlos Guillermo Arias, director del Departamento de Doctrina de la CEC y coordinador de la organización del curso, este proceso se inscribe en la responsabilidad de continuar ofreciendo herramientas de formación para quienes prestan este servicio en las Iglesias particulares.La proyección, de acuerdo con lo trabajado durante el encuentro, apunta a mantener una formación permanente, fortalecer la articulación entre las jurisdicciones eclesiásticas, consolidar criterios comunes de actuación y profundizar en protocolos y líneas de acción que permitan responder de manera responsable a las situaciones que llegan a este ministerio.“Es relevante seguir formándonos y ojalá tuviésemos la posibilidad de seguir formando también otro mayor número de sacerdotes”, señaló el padre Iván José Ruiz, quien insistió en que la tarea no puede reducirse a una comprensión exclusivamente espiritual de las situaciones que afectan a las personas, sino que debe considerar también las circunstancias sociales y las afectaciones a la dignidad humana.Así, el tercer curso nacional dejó como uno de sus principales desafíos hacer de la cultura del cuidado una práctica permanente del Ministerio del Exorcismo en Colombia: un servicio ejercido en comunión con el obispo, con sólida formación espiritual, doctrinal y canónica, capacidad de discernimiento, apertura al trabajo interdisciplinario y especial atención a la dignidad y protección de las personas vulnerables.Vea el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados: