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En Medellín todo dispuesto para el Encuentro Arquidiocesano de Arte

Mar, 28/07/2020 - 11:39 editorCEC1

Tags: encuentro arquidiocesano de arte pintor raffaello sanzio arquidiócesis de medellín Iglesia

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Vie 25 Sep 2026

Diócesis de Santa Marta convoca a las familias a orar por la paz y reconstruir la fraternidad

La Vigilia familiar podrá realizarse entre este sábado 26 de septiembre y el domingo 4 de octubre. La iniciativa busca que hogares, parroquias y comunidades de fe se unan en oración ante la situación de violencia que afecta al Magdalena y, al mismo tiempo, invita a traducir la fe en gestos concretos de reconciliación, cuidado y fraternidad.En medio de la situación de violencia, temor y alteración del orden público que ha afectado a distintas comunidades del Magdalena, la Diócesis de Santa Marta convocó a una Vigilia familiar de oración por la paz y la reconciliación, con la invitación a que los hogares se unan durante los próximos días para orar por la paz y presentar ante Dios las necesidades de sus municipios, veredas, barrios y familias.La iniciativa, liderada por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, podrá realizarse este sábado 26 de septiembre o en cualquier día de la semana siguiente, hasta el domingo 4 de octubre, con el propósito de que toda la Diócesis pueda orar “con un mismo corazón”. Los párrocos también podrán adaptarla para celebraciones comunitarias.La iniciativa lleva por lema «Él es nuestra paz» (Ef 2,14) y está pensada para que padres, madres, abuelos, jóvenes y niños puedan participar juntos en un momento de oración. El subsidio litúrgico (documento orientador) preparado por la Diócesis propone hacer de cada hogar un espacio de encuentro con Dios, escucha de la Palabra y reflexión sobre la realidad que viven las comunidades.Una convocatoria que nace de una preocupación más ampliaLa Vigilia se inscribe en la respuesta que la Iglesia en Santa Marta ha venido ofreciendo ante la situación que atraviesa el territorio.El pasado 22 de septiembre, en medio del paro armado anunciado por las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, monseñor José Mario Bacci hizo un llamado al respeto de la población civil y pidió el cese de las medidas que estaban restringiendo la movilidad y el sustento de miles de familias.En ese mismo comunicado, la Diócesis expresó su disposición para acompañar mecanismos humanitarios orientados a proteger la vida y aliviar el sufrimiento de las comunidades de la Sierra.Dos días después, el obispo volvió a referirse públicamente a la situación y señaló que, además de las acciones encaminadas a recuperar el control territorial, es necesario avanzar en procesos de recuperación social, intervenciones humanitarias y acercamiento que permitan abrir nuevas oportunidades. En este contexto, habló de la necesidad de construir una “paz desarmada y desarmante”. La Diócesis ha presentado estos planteamientos como parte de su preocupación por la población civil y su disposición a acompañar iniciativas humanitarias.Es en esta perspectiva más amplia donde se ubica la Vigilia: no como una respuesta únicamente a una coyuntura de orden público, sino como una invitación a mirar las raíces de una realidad que viene dejando heridas en las comunidades y a fortalecer, desde la fe, los vínculos que permiten reconstruir la vida social.“Este templo empieza en cada hogar”En la circular mediante la cual presentó la Vigilia este 24 de septiembre, monseñor Bacci reconoce las heridas que la violencia, las amenazas y la extorsión han dejado en los campos, la Sierra Nevada, las riberas del río Magdalena y los barrios de las ciudades. Frente a ello, plantea que la reconstrucción del tejido social necesita también una transformación desde la fe, la reconciliación y la fraternidad.“Este templo empieza en cada hogar”, afirma el obispo al referirse a la familia como Iglesia doméstica y como primer lugar donde se aprende a orar, perdonar y reconocer al otro como hermano. Por eso, invita a que en cada casa de la ciudad y de la Diócesis se encienda una luz, se abra la Palabra y se levante la Cruz de la Paz como signos de una comunidad que busca reconstruirse desde Dios.La propuesta parte de una convicción expresada también en el subsidio: la oración permite interpretar la realidad desde la mirada de Dios y actuar en consecuencia para transformarla. Por eso, la Diócesis invita a vivir este momento de oración sin prisa y con el corazón abierto, pero también pide que lo que se rece se convierta en acciones concretas de cuidado, cercanía y reconciliación.Una vigilia para toda la familiaEl subsidio propone preparar en cada hogar un pequeño altar con una Biblia abierta y una vela o cirio. También contempla una “Cruz de la Paz” y siluetas de manos o palomas de papel, en las que cada integrante de la familia puede escribir o dibujar una palabra o intención relacionada con la paz.La celebración incluye la escucha de la Palabra, una meditación, un espacio de diálogo familiar, una oración universal y un gesto de reconciliación. Uno de los momentos centrales es el signo “Derribando muros, construyendo paz”, mediante el cual cada miembro de la familia presenta ante la Cruz de la Paz una intención por su barrio, municipio, colegio o familia.La propuesta también busca que niños y jóvenes tengan una participación activa. Las preguntas para el diálogo familiar los invitan a identificar situaciones de burla, rechazo, indiferencia o miedo que puedan estar presentes en sus entornos y a pensar cómo contribuir a derribar esos “muros”. A los adultos se les propone reflexionar sobre cómo evitar que el temor frente a las noticias de violencia termine convirtiéndose en indiferencia o parálisis.Orar por quienes sufren y por quienes tienen responsabilidadesLas intenciones de la Vigilia ponen rostro a las distintas realidades que preocupan a la Iglesia en el territorio. Se ora por los niños y jóvenes de Santa Marta, Ciénaga, Zona Bananera, Aracataca, Fundación y los pueblos del río; por las familias que enfrentan desplazamiento, extorsión, desempleo o la pérdida de seres queridos; y por las comunidades afectadas por la violencia.También se eleva una oración por quienes tienen en sus manos decisiones políticas, de seguridad y de justicia en el departamento, pidiendo que actúen con honestidad y rectitud y que protejan la vida humana. Asimismo, se pide por quienes siembran violencia y discordia, para que puedan abandonar las armas y emprender caminos de justicia, reconciliación y respeto por la vida.La Vigilia concluye con una oración por el Magdalena que pide que la fe no sea un refugio para huir de la realidad, sino una fuerza para permanecer y transformar; una fuerza capaz de generar redes de solidaridad, perdón, justicia y fraternidad y de hacer de las familias, barrios, veredas y comunidades espacios donde se proteja la vida y se siembre esperanza.Una invitación a toda la DiócesisMonseñor José Mario Bacci pidió a los párrocos y a los Equipos Parroquiales de Animación Misionera hacer llegar el subsidio a las familias y difundirlo en las celebraciones dominicales, grupos apostólicos, instituciones educativas y medios digitales de las parroquias, con el propósito de que ningún hogar quede sin la posibilidad de unirse a esta cadena de oración.Así, mientras el territorio avanza en la recuperación de sus actividades cotidianas tras los hechos recientes de orden público, la Iglesia en Santa Marta propone mirar también hacia una tarea de más largo aliento: reconstruir los vínculos sociales que la violencia deteriora y cultivar, desde los hogares, una cultura de fraternidad, reconciliación y cuidado de la vida.

Jue 24 Sep 2026

Alimentos, equipos y voluntarios: la respuesta de la Iglesia ante emergencia por incendios en el Tolima

La Arquidiócesis de Ibagué, a través de la Pastoral Social y el Banco Arquidiocesano de Alimentos ha movilizado ayudas humanitarias, voluntarios y equipos para apoyar a las comunidades y a los organismos de socorro que enfrentan la emergencia.Más de 5.000 familias afectadas por los incendios forestales que desde finales de julio golpean diferentes zonas del Tolima han recibido el acompañamiento de la Iglesia Católica a través de la Arquidiócesis de Ibagué, que ha desplegado una respuesta que incluye ayudas humanitarias, voluntariado y equipos para apoyar la atención de la emergencia.Al 22 de septiembre, las autoridades departamentales reportaban 270 incendios forestales atendidos en 44 de los 47 municipios del Tolima, con ocho conflagraciones activas y dos controladas. Ese mismo día, la Gobernación señaló que el departamento completaba 50 días de incendios y que más de 60.000 hectáreas habían sido deterioradas por el fuego.La emergencia ha dejado afectaciones ambientales, daños en zonas rurales y pérdidas para comunidades campesinas, además del impacto sobre la fauna silvestre. Frente a esta realidad, el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Ibagué y la Pastoral Social han llevado ayudas directamente a las comunidades afectadas.La Iglesia llega a las zonas afectadasEn el municipio de Coello, uno de los territorios afectados por los incendios, la Arquidiócesis entregó 3.035 kilos de ayudas, entre alimentos, agua, elementos de aseo, cobijas, linternas y colchonetas.La atención también llegó a las veredas Chagualá, Cunira, Dosquebradas y Santa Bárbara, en el corregimiento de Coello, donde fueron entregados alimentos, colchonetas, linternas y frazadas a familias damnificadas.“Gracias a nuestros hermanos en Colombia, que a pesar de tantas situaciones, están ayudando a nuestro Tolima”, explicó el padre José Ferney Quimbayo Garrido, director del Banco Arquidiocesano de Alimentos de Ibagué, quien destacó la participación de parroquias, empresas, voluntarios, otros bancos de alimentos y la Pastoral Social en esta respuesta.Más de $100 millones en ayudas y equiposLa respuesta de la Iglesia también ha buscado apoyar a quienes están en primera línea frente al fuego.Además del apoyo espiritual, el Banco Arquidiocesano de Alimentos puso a disposición de los equipos de emergencia una motobomba para fortalecer su capacidad de respuesta. La adquisición del equipo fue posible gracias a la articulación entre la Arquidiócesis de Ibagué, la Pastoral Social, ABACO (Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia), empresas, benefactores y ciudadanos.De acuerdo con el padre Quimbayo, la Arquidiócesis también ha destinado más de 100 millones de pesos en diferentes elementos para atender la emergencia, entre ellos bombas estacionarias, equipos de fumigación de espalda, elementos de protección, agua y mercados.Una respuesta que moviliza a parroquias y voluntariosLa emergencia ha generado además una amplia movilización de voluntariado. Los días 3 y 4 de septiembre, jóvenes, adultos, empresas, instituciones y ciudadanos participaron en una jornada convocada por el Banco Arquidiocesano de Alimentos para clasificar y organizar los productos destinados a las familias afectadas.Las parroquias de la Arquidiócesis también se han sumado con aportes económicos y voluntarios, mientras otros bancos de alimentos del país han contribuido con donaciones. Entre ellos, el Banco de Alimentos de Zipaquirá, que entregó ayudas para apoyar a las familias afectadas por estas conflagraciones en el Tolima.La respuesta continúa mientras el departamento enfrenta una de las temporadas de incendios forestales más prolongadas registradas en este periodo. Desde el territorio, la Arquidiócesis de Ibagué mantiene el acompañamiento a las comunidades afectadas y articula esfuerzos con organizaciones, empresas, voluntarios y organismos de socorro para atender las necesidades que deja la emergencia.En palabras del padre Quimbayo, se trata de una respuesta que ha sido posible gracias a la solidaridad de distintos sectores: una red que permite que las ayudas lleguen a las familias y que también contribuya a fortalecer la capacidad de quienes trabajan para contener el fuego.Vea el informe audiovisual a continuación:

Mar 15 Sep 2026

“Reconstruir no significa solamente levantar edificios": Arzobispo de Cali durante jornadas conmemorativas por las víctimas del terremoto

Al cumplirse un mes del terremoto que estremeció a Colombia, en Cali, comunidades, parroquias y agentes pastorales se unieron en una jornada de oración y memoria por las 154 personas que perdieron la vida allí. Las actividades también pusieron de manifiesto que la reconstrucción implica acompañar a quienes continúan afrontando las consecuencias de la tragedia y fortalecer los vínculos de las comunidades.La memoria de las víctimas, la oración y la esperanza marcaron las acciones desarrolladas en Cali alrededor de la conmemoración del primer mes del terremoto ocurrido el 10 de agosto. Eucaristías, el rezo del Santo Rosario, el repique de campanas y un acto especial en memoria de quienes perdieron la vida reunieron a comunidades de distintos sectores de la ciudad.Las actividades iniciaron la noche del 9 de septiembre en la parroquia María Inmaculada, en el barrio Ciudad Capri. Después de la Eucaristía, la comunidad recorrió las calles con velas encendidas para rezar el Santo Rosario junto a la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la Arquidiócesis de Cali.La celebración contó con la presencia de monseñor Mark Joseph Seitz, obispo de El Paso, Texas, quien se encontraba de visita en la Arquidiócesis de Cali y quiso acompañar a esta comunidad afectada por el terremoto.“Es como un regalo de Dios...Cuando uno escucha acerca de lo ha pasado en otro parte del mundo, el corazón se conmueve... Quise estar presente con ellos, quise hacer algo por ellos, quise expresar nuestro dolor por lo que está pasando en sus vidas", expresó el obispo.Para el padre Albert Madroñero Gutiérrez, párroco de María Inmaculada, estos espacios también representan una oportunidad para que la comunidad relea su historia desde la fe y encuentre en medio del dolor motivos para fortalecer la esperanza, la fraternidad y el valor de la vida.Una ciudad que hizo memoriaDurante la mañana del 10 de septiembre, la parroquia Santa Teresa de Jesús, en Pampalinda, acogió una Eucaristía presidida por monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, quien elevó sus oraciones por las personas fallecidas, los damnificados y quienes han continuado prestando su servicio a las comunidades.“Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando. En el nombre del Señor”, señaló el arzobispo.A las 7:34 de la mañana, la misma hora en la que ocurrió el terremoto un mes atrás, las campanas de los templos de Cali sonaron durante 90 segundos. El repique se convirtió en un signo de memoria y esperanza y recordó a las 154 personas que perdieron la vida.El acto central de esta jornada también tuvo lugar en la parroquia María Inmaculada. Allí fueron leídos los nombres de las víctimas y se depositó una rosa blanca en el altar por cada una de ellas. También se elevaron globos blancos como expresión de memoria y esperanza.“Es hacer memoria, recordar a nuestros seres queridos; recordar el momento pero también avivar la esperanza”, afirmó el padre Albert Madroñero.La jornada permitió así recordar la magnitud del impacto del terremoto, pero también reconocer la capacidad de las comunidades para encontrarse, orar y continuar acompañándose.Orar por quienes siguen afrontando las consecuenciasLa oración continuó durante la tarde y la noche en la Iglesia de La Ermita, donde monseñor Luis Fernando Rodríguez, junto con integrantes de la Pastoral Social y del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali, acompañó a la comunidad en el rezo del Santo Rosario.Las intenciones estuvieron dirigidas a las personas fallecidas, sus familias, los heridos, los damnificados, quienes han perdido o visto afectados sus hogares y bienes, así como a quienes continúan aportando a los procesos de recuperación y reconstrucción.El padre Diego Fernando Guzmán, director de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali, destacó el sentido de esta oración como una fuente de fortaleza para las comunidades afectadas.“Que la paz de Cristo, que el amor maternal de la Virgen María nos dé la fuerza necesaria para cultivar el camino para seguir adelante a pesar de la destrucción. No se pierde la esperanza y queremos seguir adelante”, afirmó.Reconstruir también significa reconstruir comunidadLa conmemoración del primer mes permitió poner nuevamente la mirada sobre los desafíos que permanecen después de la emergencia. Para la Arquidiócesis de Cali, acompañar este proceso supone no limitar la reconstrucción a la recuperación de las estructuras físicas, sino reconocer también las afectaciones humanas y sociales que deja una tragedia de esta magnitud.“Reconstruir no significa solamente levantar edificios, sino también reconstruir vidas, vínculos y comunidad”, expresó monseñor Luis Fernando Rodríguez durante la jornada.El arzobispo también recordó que el terremoto significó un antes y un después para Cali, el Valle del Cauca y buena parte del territorio colombiano, y destacó el servicio que voluntarios y voluntarias continúan prestando a las comunidades.“Desde este comedor comunitario en el sector de Pampalinda, rendimos homenaje a las víctimas, a quienes han fallecido. Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando”, afirmó.Para la Iglesia, la memoria de quienes perdieron la vida y la atención a quienes continúan afrontando las consecuencias del terremoto se mantienen, de esta manera, como parte de un mismo camino: recordar, acompañar y contribuir a reconstruir no solo los espacios afectados, sino también las vidas y los vínculos que sostienen a las comunidades.Vea a continuación el video con los momentos más destacados de las jornadas:

Lun 14 Sep 2026

Entre goles, fraternidad y misión: Medellín cerró la XI Copa de la Fe con cuatro equipos campeones

La XI Copa de la Fe reunió en Medellín a más de 900 sacerdotes de Colombia, Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica en un encuentro que combinó competencia deportiva, fraternidad sacerdotal y una jornada pastoral en 29 parroquias de la Arquidiócesis de Medellín.La XI Copa de la Fe llegó a su final en Medellín dejando una particularidad en su historia: cuatro finales y cuatro campeones, en una edición que volvió a mostrar que el fútbol puede ser también un espacio para fortalecer la fraternidad sacerdotal, el encuentro con las comunidades y la misión evangelizadora.Durante cinco días, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica compartieron alrededor del deporte, acompañados por sus comunidades y por varios obispos que estuvieron presentes junto a los equipos de sus jurisdicciones.Cuatro copas, cuatro campeonesLa competencia se desarrolló en cuatro categorías que pusieron en el centro valores asociados a la experiencia de la Copa de la Fe:La Copa de Juego Limpio fue para la Diócesis de San Cristóbal, Venezuela, que disputó la final frente a la Diócesis de Cúcuta. La Copa de la Paz y la Reconciliación quedó en manos de la Arquidiócesis de Guadalajara, México, luego de enfrentar en la final a la Diócesis de Sonsón-Rionegro. Por su parte, la Diócesis de Garzón se quedó con la Copa de la Fraternidad, tras disputar la final ante la Arquidiócesis de Cartagena, mientras que la Arquidiócesis de Nueva Pamplona conquistó la Copa de la Esperanza, frente a la Diócesis de Pasto.Las finales de Juego Limpio y Paz y Reconciliación tuvieron como escenario el Estadio Atanasio Girardot, uno de los espacios deportivos más representativos de Medellín.De las canchas a la misiónUno de los momentos centrales de esta edición tuvo lugar durante el segundo día del torneo, cuando los sacerdotes dejaron por unas horas las canchas para ponerse en modo misión y encontrarse con las comunidades de la Arquidiócesis de Medellín.En total, 29 parroquias de las cuatro vicarías episcopales de zona abrieron sus puertas para recibir a los sacerdotes participantes. Allí celebraron la Eucaristía, administraron el sacramento de la Reconciliación y compartieron con familias, grupos parroquiales y personas de las comunidades.También realizaron visitas a enfermos y conocieron de cerca distintas realidades de la vida parroquial. La jornada permitió vivir una dimensión del ministerio sacerdotal que va más allá de la competencia: estar cerca de las personas, escuchar, compartir y caminar junto a las comunidades.Agentes pastorales de la Arquidiócesis de Medellín acompañaron el desarrollo de esta jornada y apoyaron la organización y logística del torneo, haciendo posible el encuentro entre las delegaciones y las comunidades locales.Una experiencia de fraternidadLa Copa de la Fe también permitió fortalecer los vínculos entre sacerdotes de distintas jurisdicciones. En esta edición, algunas Iglesias particulares se unieron para conformar un solo equipo, como ocurrió con la Diócesis de Yopal y la Arquidiócesis de Florencia; la diócesis de Ocaña y El Banco; la Diócesis de Málaga y la Arquidiócesis de Bucaramanga; así como las diócesis de Girardota, Caldas y Quibdó.A las jornadas deportivas se sumó además el acompañamiento de los fieles, quienes llegaron desde diferentes regiones para respaldar a sus sacerdotes desde las tribunas. Su presencia se convirtió en otra expresión de comunión eclesial alrededor de un encuentro que buscó integrar a sacerdotes, comunidades y familias.La experiencia también quiso abrir una oportunidad para que los espectadores conocieran de una manera cercana la vida y el servicio de los sacerdotes y, a partir de ese encuentro, pudiera surgir en algunos jóvenes la inquietud por la vocación sacerdotal.Los obispos acompañaron a sus equiposAunque la participación de los sacerdotes fue el centro de la competencia, varios obispos acompañaron a las delegaciones de sus jurisdicciones durante el torneo.Entre ellos estuvieron los anfitriones, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, y monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín, quienes recibieron y acompañaron a las diferentes delegaciones.También estuvieron presentes monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso; monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Montería; monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco; monseñor José Alberto Ossa Soto, arzobispo de Nueva Pamplona; monseñor Hugo Torres Marín, arzobispo de Medellín; y monseñor Juan Manuel Toro Vallejo, obispo de Gigardota, entre otros pastores que acompañaron a sus sacerdotes.La XI Copa de la Fe cerró así una nueva edición en la que el resultado deportivo fue solo una parte de la experiencia. En Medellín, las canchas, las parroquias y las comunidades se convirtieron en escenarios de fraternidad, comunión y misión, mostrando que el deporte también puede abrir caminos para el encuentro y la evangelización.