SISTEMA INFORMATIVO
El Sermón de las Siete Palabras y las carencias de las regiones
Tags: sermon siete palabras semana santa obispos del país violencia regional
El abandono que viven regiones como La Guajira; el daño ambiental que ha sufrido el Chocó, debido a la minería ilegal, y las múltiples manifestaciones de violencia contra las mujeres hacen parte de las reflexiones de la Iglesia católica este año, en la interpretación del Sermón de las Siete Palabras, como se les conoce a las siete últimas frases que Jesús pronunció durante su crucifixión, antes de morir.
El país ha sufrido por décadas la violencia y la corrupción. Por ello, la Iglesia pide que este 2016 sea el año de la paz, la misericordia y el perdón. Y como es tradición de EL TIEMPO, hoy Jueves Santo ofrece a sus audiencias la lectura del Sermón que cada viernes de la Semana Mayor convoca a los fieles católicos.
En esta oportunidad, jerarcas de distintas zonas del país tomaron las palabras de la Biblia para aterrizarlas a la realidad regional, con la intención de invitar a los fieles a la reflexión. Participaron obispos y arzobispos de La Guajira, Chocó, Huila, Valle del Cauca, Boyacá, Meta y Bogotá.
Frente a la paz, los prelados señalaron que el país espera la luz de un posconflicto de justicia y paz después de tantos años de guerra y sufrimiento. Y añadieron que la paz no empieza en una isla caribeña, sino en el corazón de los colombianos y con obras, no con palabras.
1. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen
Monseñor Óscar Urbina O., arzobispo de Villavicencio
“Todos somos habitados por un deseo natural de venganza. Estamos demasiado marcados por el ojo por ojo, diente por diente. Por eso llegamos a preferir la justicia por nuestras propias manos. Jesús muere como ha vivido, lleno de bondad y misericordia. Jesús muere amando, ofreciendo a los pecadores el perdón del Padre. Jesús se ha dejado clavar en la cruz convirtiéndola en una auténtica cátedra desde la cual nos enseña cómo amar. Hasta el final ora por sus perseguidores y, más aún, los excusa: ‘No saben lo que hacen’.
La violencia engendra violencia, como una cadena sin fin. Jesús pide romperla, nos pide no replicar con otros lo que hemos sufrido. Perdonar no implica ignorar las injusticias cometidas ni aceptarlas con indiferencia. Perdonamos para romper la espiral del mal y para rehabilitar al otro dándole la oportunidad de que actúe de manera distinta en el futuro.
El perdón cambia nuestras relaciones en la familia y la sociedad porque abre una nueva puerta a la convivencia sana. Caminaremos hacia una sociedad colombiana más fraterna y humana si abandonamos el camino de la venganza, del odio y las represalias.
El perdón en nuestra sociedad cada día más violenta –que se manifiesta en las palabras, las actitudes, los silencios en los distintos escenarios de nuestras vidas, porque sufrimos humillaciones, engaños, infidelidades, abusos y agresiones– sanará nuestras heridas. El perdón no es fácil, pero el cristiano perdona porque se siente perdonado en primer lugar por Dios”.
2. Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso
Monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó
“Jesús conoció el reino de Dios, que tiene una dimensión temporal y una eterna. El reino es el mismo Jesús. Cuando lo aceptamos a él, el reino de Dios entra a ser parte de nuestra vida personal, familiar, laboral y social. El paraíso del que Jesús habla es su mismo reino. En Chocó, ese paraíso terrenal es fácilmente percibido por la abundante explosión de vida. La biodiversidad que se conjuga en la selva, los ríos y el mar es una expresión de ese paraíso en el que nuestro padre quiso que vivieran sus hijos. Pero es un paraíso destruido por el hombre. La minería irresponsable, la falta de cultura ciudadana, el abandono del Estado, el accionar de grupos armados y los potenciales de empresarios capitalistas han perturbado la belleza y la fecundidad del territorio chocoano. Los ríos y quebradas están contaminados por mercurio, químicos utilizados para los cultivos ilícitos y el mal manejo de residuos sólidos. La sedimentación impide la navegabilidad y los peces son escasos y amenazan la salud humana. La selva ha sido devastada por las retroexcavadoras y por la implantación de cultivos ilícitos. La tala irracional de árboles y los incendios provocados por manos criminales con el objetivo de ampliar las fronteras agrícolas y ganaderas han destruido muchas especies. La resurrección de Cristo es una esperanza para el pueblo chocoano, que espera la luz de un posconflicto de justicia y paz después de tantos años de guerra y sufrimiento”.
3. Mujer, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu madre
Monseñor Héctor Henao, director de Pastoral Social
“El evangelio de San Juan nos dice en el capítulo 19 que junto a la cruz de Jesús estaba su madre. Jesús, al verla cerca al discípulo que tanto quería, le dijo a ella: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. Tal vez nosotros seamos caracterizados por nuestro nombre, pero aquí Jesús identifica a María y a San Juan por la relación profunda que tienen con él.
Identificarnos en profundidad es reconocer la dignidad de cada ser humano, reconocer en particular la dignidad de las víctimas. Pero María no se encierra en el dolor, ella se abre más allá y vuelve a ser madre. Aquí deberíamos pensar en las situaciones que en Colombia han vivido miles de mujeres.
Las estadísticas dicen que ocurren cuatro asesinatos al día solo por el hecho de ser mujeres. También la situación de las mujeres que fueron secuestradas, de muchas víctimas de distintas formas de violencia, de aquellas que fueron obligadas a abortar en la guerra; nos hablan de mujeres que son explotadas sexualmente, de muchas que viven el maltrato en sus familias. En esta hora estamos invitados a ser fieles a la entrega que Jesús hace, cuando entrega a María a manos de su discípulo amado y él en manos de la virgen.
Ese es un gesto de solidaridad, es el primer paso de reconciliación, el que nos abre el camino para construir una nueva sociedad, en el caminar juntos y en el construir un orden en el que se respete la dignidad de todo ser humano”.
4. Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Monseñor Héctor Salah Zuleta, obispo de Riohacha
“El sentimiento de abandono que experimentan hoy tantos seres es multicausal y conduce a caminos de desesperación. Creados por el amor de Dios, que es comunidad, y para vivir el amor en comunidad, el sentimiento de soledad y abandono es una de las mayores calamidades que atenta contra la estabilidad emocional y humana.
En los últimos meses, La Guajira ha estado presente en los medios. Esta hermosa tierra situada donde nace la patria, plena de recursos naturales, riquezas del subsuelo y gran calidad de su gente, padece la gran calamidad humanitaria desatada por el abandono. Abandonada por el Estado, por sus gobernantes, abandonada en la enorme soledad de su enigmático y silencioso desierto. Hoy podría gritar La Guajira como el Señor en la cruz: ‘¿Por qué me han abandonado?’.
A través de los tiempos y a pesar de los astronómicos recursos económicos recibidos en el pasado, registra los peores indicadores del país en todos los campos económicos y sociales. Dios no abandona al hombre ni quiere que esté solo. En la mayoría de las dificultades que padecemos somos nosotros los que abandonamos a Dios.
Este año especialmente dedicado a recibir y practicar misericordia debe ser el inicio de tiempos mejores. Recibir la misericordia que Dios nos ofrece, porque conoció y vivió nuestra realidad, y por ello es capaz de ponerse en nuestros zapatos; así nuestra recuperación nos conducirá a ponernos en los zapatos de los demás para comprender su abandono y ofrecer obras de misericordia para acompañar a los que sufren”.
5. Tengo sed
Monseñor Fabio Duque, obispo de Garzón
“Quién de nosotros, si hubiera estado junto a la cruz y hubiera escuchado las palabras ‘Tengo sed’, no hubiera corrido a ofrecer un vaso de agua. Hay gente que pasa horas y horas acompañando a Cristo en el sagrario, lo cual está bien, pero olvida a Cristo presente en los desvalidos. Hay gente que invierte mucho en cuadros suntuosos de Jesucristo, en crucifijos valiosos, pero no se digna ni a mirar a Jesucristo presente en huérfanos, gamines, desempleados y obreros humillados y mal remunerados. Esta gente, educada en la gazmoñería, en la falsa piedad, rinde culto al Cristo pintado en una pared, pero desprecia al Cristo presente en el pobre. Hay dos excusas camufladas de humanismo para no socorrer a Jesucristo en el pobre. Unos dicen que hay que evitar todo paternalismo, dar una limosna es humillar a la gente. Pero hay quienes pretenden asesinar su conciencia y apaciguar sus sentimientos de culpa dando limosnas ridículas que no equivalen a la millonésima parte de lo que discretamente, con guante blanco, han robado a los mismos que aparentan socorrer. Estos discretos robos a menudo se presentan como legales, hay leyes cuya astuta interpretación justifica la explotación sistemática e injusta. Este Jesús que grita ‘Tengo sed’ es el mismo que en el sermón del monte había dicho: ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados’”.
6. Todo está consumado
Monseñor Héctor Epalza, obispo de Buenaventura
“Este es el texto del evangelista San Juan: ‘Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de una caña una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Jesús lo probó y dijo: Todo está cumplido’.
Cuando a una persona se le confía una misión y es el responsable, y le ha puesto su alma y corazón puede decir con enorme satisfacción: ‘Todo está cumplido’. Este Viernes Santo llega para que la humanidad mire a Cristo crucificado y aprenda de él que vale la pena la existencia humana, no con excesiva autonomía y libertinaje, sino con una entrega generosa.
Para poder exclamar con los labios o con la mente al final de la existencia ‘Todo está cumplido’, se requiere renunciar al egoísmo, a los ídolos del poder, a la vida fácil y al espejismo de falsa felicidad. Desde que Dios se hizo hombre, la victoria sobre el mal y la violencia son posibles. El día en que a Colombia llegue la paz podremos decir que todo está cumplido.
Nuestra patria, sumida por décadas en la violencia y la corrupción, necesita matricularse en la escuela del evangelio del perdón, de la reconciliación, de la bondad, de la ternura, del amor y de la misericordia. Ese es el evangelio de Jesucristo. La paz de Colombia no empieza en una isla caribeña, sino en el corazón de los colombianos, dispuestos a amar no con palabras, sino con obras.
Cuando nos comprometamos a ser artesanos de la paz en todos los rincones de nuestra patria dolorida, entonces, al final de nuestra vida, como Jesucristo, podremos exclamar: ‘Todo está cumplido’”.
7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu
Luis Augusto Castro, arzobispo de Tunja
“Déjenme contarles que una niña quedó atrapada en el segundo piso de un edificio. Era su casa. Todos habían salido corriendo cuando hubo un incendio y ella no pudo salir. Ahí quedó en la ventana, ya anochecía. De pronto ella escuchó una voz: ‘Tírate de allá arriba’. Era su papá. Ella le contestó ‘no te veo, no me puedo lanzar porque no te veo’. Él le dijo que no importaba porque él sí la veía y con sus manos la iba a agarrar para que no le pasara nada. Esta niña se lanzó confiada en las manos de su padre. Las palabras que trae Jesús son de confianza en su padre. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Que esas palabras de Jesús sean también para nosotros, para que tengamos la confianza, la fe grande de ponernos en las manos de Dios. No pensar que nosotros solos lo podemos todo, sino que verdaderamente necesitamos la guía, la luz, la sabiduría que él nos puede ofrecer. Que el Señor los bendiga a todos, especialmente en estos días santos”.
Autor: Diario El Tiempo
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Vie 25 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Jue 24 Sep 2026
Jue 1 Oct 2026
Nuevos ataques en la subregión del San Juan: Mons. Mario de Jesús Álvarez clama por la paz y la protección de las comunidades
Ante los recientes ataques contra estaciones de Policía en Nóvita y Santa Rita de Iró, la Iglesia expresa su preocupación por el impacto de la violencia en la población civil y pide buscar caminos de paz, diálogo y respeto por la dignidad humana.La Diócesis de Istmina-Tadó hizo un llamado urgente a detener la escalada de violencia que en los últimos días ha afectado a distintos municipios de la subregión del San Juan, en el sur del departamento del Chocó, y que nuevamente tiene a las comunidades sufriendo.La situación se agudizó el miércoles 30 de septiembre en Nóvita, donde, alrededor de las 10:00 de la mañana, mientras la comunidad se disponía a iniciar la celebración de la Eucaristía con motivo de la fiesta patronal de San Jerónimo, se registró un ataque contra la estación de Policía mediante drones y armas de largo alcance. De acuerdo con información de las autoridades, el hecho incluyó el lanzamiento de seis granadas desde drones y también afectó instalaciones militares. No se reportaron personas heridas.Para la Diócesis, la situación adquiere una especial gravedad por haber ocurrido en medio de una celebración religiosa y en el casco urbano, donde la población quedó expuesta al riesgo.Desde Nóvita, monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, expresó su preocupación por lo que está ocurriendo en la región y pidió a los grupos armados detener las acciones que están afectando directamente a las comunidades. También pidió al al Gobierno Nacional priorizar la protección de las comunidades.“Todo debemos pararlo inmediatamente, dada la angustia y la zozobra que esto provoca”, manifestó el obispo, quien insistió en que la salida debe buscarse por “los caminos del Evangelio y los caminos de la paz”.El prelado señaló que durante los últimos días se han registrado graves hechos de violencia en municipios como Tadó, Río Iró, Sipí, Condoto y Nóvita. En declaraciones entregadas este 1 de octubre, explicó que, a su juicio, las comunidades están experimentando miedo e impotencia y que muchas personas prefieren guardar silencio ante el riesgo que perciben en sus territorios.Sobre las dinámicas del conflicto, monseñor Álvarez se refirió a la confrontación entre el ELN y las AGC, así como a los ataques contra integrantes de la Fuerza Pública. Sus apreciaciones corresponden a su lectura de la situación que viven las comunidades que acompaña pastoralmente la Diócesis.La violencia continúa en Santa Rita de IróLa preocupación se extendió este jueves 1 de octubre a Santa Rita de Iró, cabecera municipal de Río Iró. Según informó el padre Ernesto Zapata, vicario general de la Diócesis de Istmina-Tadó, durante la mañana se habían registrado múltiples explosiones de artefactos lanzados mediante drones contra la estación de Policía.“Lo que sabemos hasta el momento es que se han producido al menos seis ataques desde aeronaves no tripuladas...aún no se tiene información confirmada sobre posibles personas heridas", explicó el sacerdote. Recordó, además, que esta población, de aproximadamente 4.000 habitantes, ya había vivido numerosos ataques con estos artefactos dos meses atrás.“Que todos vivamos en dignidad y en respeto”Ante este panorama, la Diócesis de Istmina-Tadó insiste en que las comunidades no pueden continuar soportando las consecuencias de la confrontación armada. Su llamado se dirige a quienes tienen responsabilidades en las decisiones de seguridad y, de manera particular, a los actores armados que desarrollan acciones violentas en los territorios.“Únicamente es dejándonos iluminar por el Dios del amor, de la misericordia y del perdón como podemos hallar caminos para que todos vivamos en dignidad y en respeto”, expresó monseñor Álvarez.La preocupación de la Iglesia por la situación de las comunidades del San Juan no es nueva. En anteriores momentos de confinamiento y confrontación armada, la Diócesis de Istmina-Tadó ha pedido que se garantice la libertad de movilidad de la población civil y el acceso de la Iglesia y de las organizaciones humanitarias a las comunidades afectadas.Precisamente estas localidades del sur del Chocó resultaron gravemente impactadas por el terremoto del 10 de agosto en Colombia. La mayor parte de sus viviendas sufrieron graves daños estructurales y las comunidades aún están a la espera del proceso de recuperación y reconstrucción.Vea el mensaje del Obispo de Istmina-Tadó a continuación:
Jue 1 Oct 2026
“Que la Iglesia sea una casa abierta": Papa León XIV pide acompañar y orar por quienes enfrentan dificultades de salud mental
El Santo Padre invita a rezar para que la Iglesia sea una casa abierta, capaz de acompañar sin juzgar a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y de integrar este cuidado en la vida y misión de las comunidades.La Iglesia en Colombia se une a la intención de oración confiada en este mes de octubre por el Papa León XIV a la Red Mundial de Oración del Papa: “Por la pastoral de la salud mental”. A través de la iniciativa “Reza con el Papa”, el Santo Padre invita a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a orar para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, contribuyendo a superar el estigma y la discriminación que enfrentan las personas con enfermedades mentales.La propuesta del Pontífice pone en el centro a quienes viven situaciones de ansiedad, depresión u otras enfermedades mentales, muchas veces en silencio y en medio de experiencias de soledad, incomprensión o estigmatización. En este contexto, el papa León XIV pide que la Iglesia sea una “casa abierta”, un espacio seguro donde todos tengan un lugar y donde las personas puedan ser escuchadas y acompañadas sin juicios ni miedo.Una Iglesia que acompaña y no descartaEn la oración, el Papa León XIV se dirige al “Dios de la vida”, que conoce las luces, sombras y heridas silenciosas que habitan el corazón humano. Desde allí, presenta ante el Señor a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y recuerda que Dios los llama por su nombre, con ternura, y que en Él encuentran dignidad y esperanza.La plegaria también contiene una petición de perdón por las veces en que la comunidad ha mirado hacia otro lado y ha contribuido al estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales. El Papa pide que la Iglesia se convierta en una comunidad que acompaña y no descarta, que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.La intención se extiende, además, a quienes acompañan y cuidan: profesionales de la salud, familiares, voluntarios y todas aquellas personas que, desde distintos ámbitos, tienden puentes de comprensión y consuelo. Para ellos, el Pontífice pide fortaleza y compasión.Finalmente, el papa León XIV invoca al Espíritu Santo para que la Iglesia aprenda a acoger e integrar el cuidado de la salud mental en la vida y en la misión de sus comunidades, de manera que pueda ser signo vivo de una misericordia que acompaña, sostiene y restaura.Una realidad que interpela a la sociedad y a la IglesiaLa intención de oración responde a una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud señala que cerca de mil millones de personas viven con algún trastorno mental y advierte que el estigma, la discriminación y las dificultades para acceder a servicios de calidad continúan siendo obstáculos importantes para quienes necesitan atención.La situación también tiene una incidencia particular en niños y adolescentes. La OMS estima que uno de cada siete jóvenes entre los 10 y los 19 años experimenta un trastorno mental, mientras que muchos de estos casos permanecen sin reconocer o sin tratamiento. La organización advierte, además, que quienes viven con estas condiciones son especialmente vulnerables a la exclusión social y a la discriminación.Ante esta realidad, la Iglesia está llamada a fortalecer espacios de acogida y acompañamiento, en articulación con las familias, las comunidades y los profesionales que brindan atención especializada. La pastoral de la salud mental no busca sustituir el trabajo de los profesionales de la salud, sino ofrecer también cercanía, escucha, acompañamiento y una comunidad en la que cada persona pueda experimentar que su dignidad es reconocida.“No podemos hacerlo solos”El Papa León XIV ya se había referido a la salud mental durante la vigilia de oración con jóvenes celebrada en Barcelona el 9 de junio de 2026. En respuesta al testimonio de una joven que compartió su experiencia con la depresión, el Pontífice llamó la atención sobre las presiones y expectativas que pueden afectar los equilibrios fundamentales de las personas y, al reflexionar sobre el dolor y la soledad, afirmó: “no podemos hacerlo solos”.Esta expresión ilumina también la intención de oración de octubre: frente al sufrimiento que muchas personas experimentan en silencio, la respuesta cristiana pasa por fortalecer comunidades capaces de acompañar, escuchar y acoger. Se trata de que nadie tenga que afrontar solo sus heridas y de que la Iglesia pueda ser un lugar donde las personas encuentren cercanía, dignidad y esperanza.Oración del Papa León XIV por la pastoral de la salud mental:En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Dios de la vida,Tú conoces lo más íntimo de nuestro corazón,las luces y sombras que nos habitan,las heridas silenciosas que a veces nadie ve.Hoy te presentamos a nuestros hermanos y hermanasque enfrentan dificultades en su salud mental,que sufren en soledad con ansiedad, depresión o cualquier otra enfermedad mental.Tú los llamas por su nombre, con ternura,y en Ti encuentran dignidad y esperanza.Perdónanos por las veces que hemos mirado hacia otro lado,alimentando el estigma y la discriminaciónhacia las personas con enfermedades mentales.Haz que tu Iglesia sea casa abierta,espacio seguro donde todos tengan lugar,comunidad que acompaña y no descarta,que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.Te pedimos, Señor, por quienes cuidan:profesionales, familiares, voluntarios,hombres y mujeres que con paciencia y amortienden puentes de comprensión y consuelo.Dales fortaleza y compasión para sostener.Envía tu Espíritu sobre nosotros,para que aprendamos a acoger e integrar el cuidado de la salud mentalen la vida y en la misión de nuestras comunidades y de toda la Iglesia,y así lleguemos a ser un signo vivo de tu misericordia,que nunca abandona y siempre restaura.Amén.Vea el video de la oración del Papa a continuación:
Mié 30 Sep 2026
Tras peregrinar con María, la Arquidiócesis de Medellín se dispone a vivir octubre misionero
Cerca de 1.300 personas participaron en la tradicional Peregrinación Mariana de la Arquidiócesis de Medellín. La jornada fue encabezada por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, y el obispo auxiliar, monseñor José Mauricio Vélez García. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas y fieles se unieron en esta jornada que cada año prepara a la Iglesia particular para vivir octubre, Mes Misionero.El 26 de septiembre, acompañados por la Virgen del Seminario, los peregrinos caminaron unidos en oración hasta el Seminario Mayor de Medellín. Durante el recorrido, los participantes encomendaron sus intenciones, la vida pastoral de la Iglesia particular y los frutos de este mes de las misiones que celebra la Iglesia Universal.La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo. En su homilía, el prelado centró su reflexión en la bienaventuranza proclamada en el Evangelio y destacó que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica permite descubrir el sentido de la fe y avanzar hacia una vida transformada por ella.“La Palabra de Dios no es una teoría, es una persona a la que nos unimos para que se haga carne en nosotros”, afirmó el arzobispo, subrayando así la relación entre la escucha de la Palabra y la vida concreta de los creyentes.Monseñor Tobón también presentó a la Virgen María como modelo de quien escucha la voluntad de Dios y responde con toda su vida. En este sentido, vinculó la peregrinación con el camino misionero que la Iglesia está llamada a recorrer:“Qué hermosa esta jornada: estar reunidos en torno a la Madre y con ella reconocer quiénes somos, a dónde vamos y qué tenemos que hacer”.
Mar 29 Sep 2026
Liberar y cuidar: Iglesia en Colombia profundiza sobre nuevos criterios para el Ministerio del Exorcismo
El tercer curso nacional de formación para exorcistas reunió en Bogotá a sacerdotes y delegados de distintas regiones para profundizar en protocolos, criterios de discernimiento y prácticas pastorales orientadas a proteger la dignidad de las personas atendidas.En Colombia, el Ministerio del Exorcismo avanza hacia una práctica pastoral cada vez más consciente de la responsabilidad que implica acompañar a personas que atraviesan situaciones de especial vulnerabilidad. Esta fue una de las principales conclusiones del tercer curso nacional de formación para exorcistas, organizado por la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, bajo el lema “Liberar y Cuidar: El Ministerio del Exorcismo desde la Cultura del Cuidado”.El encuentro, que contó con la participación de cerca de 80 representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país y con aportes de expertos nacionales e internacionales, dio continuidad a los dos cursos anteriores, centrados en “Exorcismo y oración de liberación” y “Discernimiento y espiritualidad, pilares del sacerdote exorcista y su equipo”. En esta tercera edición, la reflexión se concentró en cómo incorporar de manera concreta la cultura del cuidado, la normativa eclesial y criterios de actuación responsable en este ministerio.“La figura del exorcista la debemos no solo valorar, sino también cuidar”, señaló monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín y presidente de la Comisión Episcopal de Doctrina de la CEC, al explicar que se trata de un servicio que requiere formación, discernimiento, oración y comunión con el obispo. El prelado recordó que el exorcismo es un sacramental de la Iglesia y que su ejercicio corresponde al sacerdote que ha recibido legítimamente este encargo de parte del obispo.El cuidado de la persona, en el centroUno de los principales énfasis del curso fue la necesidad de que quienes ejercen o acompañan este ministerio tengan claridad sobre los riesgos de generar nuevas afectaciones en personas que ya llegan a la Iglesia en condiciones de fragilidad. El padre Iván José Ruiz Vidal, delegado para el Ministerio del Exorcismo de la Arquidiócesis de Cartagena, destacó este desafío: “En la medida en que nosotros adoptamos el cuidado dentro de nuestro ministerio, pues evitamos entrar en revictimización”.Desde esta perspectiva, el cuidado no se planteó como un elemento adicional al ejercicio del exorcismo, sino como un criterio transversal que debe orientar la relación con quienes solicitan acompañamiento. Esto implica respetar su dignidad, intimidad y libertad; ofrecer una escucha adecuada; evitar actuaciones que puedan producir nuevas heridas y reconocer cuándo una situación requiere la intervención o el acompañamiento de otros profesionales.El padre Gabriel Londoño Sepúlveda, sacerdote exorcista de la Arquidiócesis de Bogotá, sintetizó este enfoque en dos direcciones: el cuidado del ministro hacia las personas que atiende y el cuidado de quienes acuden a él en el ejercicio de su ministerio. Para ello, subrayó la importancia de actuar desde la verdad, el amor, una recta doctrina, la escucha y el acompañamiento pastoral.Discernir antes de intervenirOtro de los aprendizajes centrales fue la necesidad de fortalecer el discernimiento. Las reflexiones abordaron la importancia de evitar atribuciones apresuradas de carácter espiritual frente a situaciones que pueden tener dimensiones psicológicas, psiquiátricas, médicas o sociales.Monseñor José Mauricio Vélez insistió en que el sacerdote exorcista debe contar con criterios suficientes para distinguir las distintas realidades que pueden estar presentes en una persona que solicita ayuda. De ahí la importancia de una formación que permita conjugar la dimensión espiritual con las herramientas provenientes de otras disciplinas.En la misma línea, las ponencias sobre los criterios para el discernimiento de la acción extraordinaria del maligno, las directrices para el ministerio del exorcismo y los posibles abusos en el uso del ritual profundizaron en la necesidad de actuar con prudencia, rigor teológico, formación, oración y trabajo interdisciplinario.El curso también abordó situaciones relacionadas con prácticas de ocultismo y algunas terapias alternativas, planteando la prevención y la formación de las comunidades como herramientas necesarias para que los fieles puedan desarrollar criterios de discernimiento frente a las distintas propuestas espirituales que encuentran en la sociedad contemporánea.Prevenir abusos y fortalecer la responsabilidadLa cultura del cuidado también llevó a revisar posibles formas de abuso en el ejercicio del ministerio, incluidos aquellos que pueden surgir por desconocimiento, actuaciones inadecuadas o interpretaciones erróneas del ritual.Monseñor Rubens Miraglia Zani, exorcista de la Diócesis de Bauru, en Brasil, uno de los conferencistas internacionales del encuentro, llamó la atención sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia episcopal y la formación de quienes participan en este servicio. También recordó que no toda persona que se presenta como exorcista cuenta con la autorización eclesial para ejercer este ministerio.De acuerdo con el sacerdote brasileño, esta claridad resulta particularmente relevante en contextos en los que personas que buscan una respuesta inmediata frente a situaciones de sufrimiento pueden quedar expuestas a prácticas que no corresponden al ejercicio legítimo del ministerio de la Iglesia.“No hacemos de nombre propio sino en nombre de la Iglesia y, por lo tanto, hay que seguir lo que nos pide la misma Iglesia”, afirmó el sacerdote brasileño.En este sentido, monseñor Vélez recordó también que el exorcista es un sacerdote nombrado por el obispo y que los fieles pueden acudir a sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas para conocer quién ha recibido este encargo. Esta claridad busca favorecer el orden pastoral y prevenir que personas vulnerables terminen recurriendo a quienes actúan al margen de la autoridad y de las normas de la Iglesia.Una responsabilidad que involucra al exorcista y a su equipoEl curso amplió, además, la reflexión sobre quienes acompañan al sacerdote exorcista. La selección, formación, acompañamiento y actuación de los auxiliares fueron abordados como elementos necesarios para garantizar que todo el equipo comprenda los límites de su servicio, actúe con discreción y permanezca en comunión con la autoridad eclesial.Entre los elementos identificados durante los talleres se destacó la necesidad de fortalecer competencias relacionadas con el discernimiento, la formación doctrinal y canónica, el equilibrio humano y espiritual, el trabajo interdisciplinario y la capacidad de reconocer señales de alerta en la práctica pastoral.La reflexión sobre la cultura del cuidado incluyó también el cuidado del propio sacerdote exorcista, tanto en sus dimensiones física y psicológica como espiritual, así como la importancia de evitar actitudes de protagonismo o autorreferencialidad que puedan desvirtuar el sentido eclesial del servicio.De la reflexión a líneas de acciónUno de los aportes metodológicos del encuentro fue el trabajo desarrollado en ocho mesas, organizadas según las provincias eclesiásticas. Este ejercicio permitió compartir experiencias territoriales, reconocer desafíos comunes y plantear propuestas para fortalecer el ministerio en las distintas jurisdicciones.El análisis de las normas canónicas y la construcción de un mapa de competencias permitieron, además, trasladar las reflexiones a situaciones concretas de la práctica pastoral. Las conclusiones recogidas durante estos ejercicios serán objeto de una posterior sistematización por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia.Para el padre Carlos Guillermo Arias, director del Departamento de Doctrina de la CEC y coordinador de la organización del curso, este proceso se inscribe en la responsabilidad de continuar ofreciendo herramientas de formación para quienes prestan este servicio en las Iglesias particulares.La proyección, de acuerdo con lo trabajado durante el encuentro, apunta a mantener una formación permanente, fortalecer la articulación entre las jurisdicciones eclesiásticas, consolidar criterios comunes de actuación y profundizar en protocolos y líneas de acción que permitan responder de manera responsable a las situaciones que llegan a este ministerio.“Es relevante seguir formándonos y ojalá tuviésemos la posibilidad de seguir formando también otro mayor número de sacerdotes”, señaló el padre Iván José Ruiz, quien insistió en que la tarea no puede reducirse a una comprensión exclusivamente espiritual de las situaciones que afectan a las personas, sino que debe considerar también las circunstancias sociales y las afectaciones a la dignidad humana.Así, el tercer curso nacional dejó como uno de sus principales desafíos hacer de la cultura del cuidado una práctica permanente del Ministerio del Exorcismo en Colombia: un servicio ejercido en comunión con el obispo, con sólida formación espiritual, doctrinal y canónica, capacidad de discernimiento, apertura al trabajo interdisciplinario y especial atención a la dignidad y protección de las personas vulnerables.Vea el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados: