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Entre el mar, los ríos y las carreteras: así celebraron los colombianos a la Virgen del Carmen
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Procesiones marítimas y fluviales, eucaristías, bendiciones de vehículos, caravanas, cabalgatas y otras manifestaciones de religiosidad popular marcaron este 16 de julio la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen en las distintas jurisdicciones eclesiásticas de Colombia. Aunque la celebración se vivió en todo el territorio nacional, este recorrido recoge algunas de las expresiones con las que diversas Iglesias particulares renovaron una de las devociones marianas más arraigadas en la historia del país.
Cada 16 de julio, Colombia vuelve a mirar hacia una misma Madre. Desde las costas del Caribe hasta las selvas de la Amazonía; desde las grandes ciudades hasta los pueblos ribereños; desde las carreteras hasta los ríos que conectan comunidades enteras, la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen reúne a miles de fieles que encuentran en María un signo de protección, esperanza y cercanía en los caminos de la vida.
Este año no fue la excepción. En las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos prepararon y celebraron esta fiesta con eucaristías, procesiones, bendiciones de escapularios y vehículos, jornadas de oración y numerosas expresiones de religiosidad popular que siguen transmitiéndose de generación en generación.
Aunque las celebraciones se extendieron por todo el territorio nacional, este recorrido presenta algunas de las manifestaciones de fe que hicieron visible la riqueza pastoral, cultural y espiritual con la que algunas de las Iglesias particulares conmemoraron una de las solemnidades marianas más significativas del calendario litúrgico.
Cartagena: donde la fe navega al encuentro de Stella Maris
En pocas ciudades de Colombia la celebración de la Virgen del Carmen tiene una imagen tan representativa como en Cartagena. Allí, la devoción mira hacia el mar.
Cada año, cientos de embarcaciones recorren la bahía hasta llegar a Stella Maris (Estrella del Mar), la monumental escultura de mármol de la Virgen del Carmen que desde hace décadas custodia las aguas cartageneras y se ha convertido en uno de los símbolos religiosos más emblemáticos de la ciudad.
La imagen también guarda una historia que fortaleció aún más el vínculo de los cartageneros con su patrona. En agosto de 2015 un rayo la derribó, fragmentándola en múltiples piezas que fueron recuperadas del fondo de la bahía gracias a una compleja operación liderada por la Armada Nacional. Tras un cuidadoso proceso de restauración, la escultura volvió a ocupar su lugar y, el 10 de septiembre de 2017, recibió la bendición del papa Francisco durante su visita apostólica a Colombia.
Precisamente hasta ese monumento llegó este año la tradicional procesión náutica organizada por la Arquidiócesis de Cartagena, una celebración que volvió a unir la espiritualidad mariana con la identidad marítima de la Heroica.
La jornada comenzó en el muelle de La Bodeguita, desde donde partieron las embarcaciones acompañando el rezo del Santo Rosario hasta llegar a Stella Maris. Allí se celebró la Eucaristía central, presidida por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, quien acompañó a los fieles en esta expresión de fe que cada año congrega a cartageneros, pescadores, navegantes, turistas y autoridades civiles y militares.
Paralelamente, las doce zonas pastorales de la arquidiócesis desarrollaron celebraciones litúrgicas, encuentros comunitarios y jornadas de oración en parroquias y barrios, haciendo visible una Iglesia que camina unida bajo el amparo de María.
Para quienes crecieron junto al mar, Stella Maris representa mucho más que un monumento.
"Es la Virgen que nos acompaña hace muchos años en la bahía y recibe a quienes llegan a mi ciudad", expresó la cartagenera Fiorella Romero, al destacar el profundo significado espiritual que conserva esta imagen para la identidad religiosa de su ciudad.
Ese sentimiento también quedó reflejado en la experiencia de quienes participaron en la procesión.
"Hacer un Rosario en el mar fue espectacular. Se sintió muy cercano y seguimos amando muchísimo a nuestra amadísima Virgen María", afirmó Fabián Criollo, uno de los fieles que acompañó el recorrido.
Para la comunidad parroquial que impulsó esta iniciativa, la celebración también fue el fruto de un trabajo conjunto.
"Estamos muy contentos como comunidad de haber hecho posible este gran sueño, donde todos pusimos ese granito de arena para vivir este maravilloso desfile náutico llevando a nuestra patrona, la Virgen del Carmen", señaló Luis Marina Osorio.
Así, una vez más, Cartagena volvió a mostrar cómo una tradición centenaria continúa dialogando con la historia, el patrimonio y la vida cotidiana de una ciudad cuya relación con el mar también ha sido una forma de expresar su fe.
Inírida: una patrona que acompaña los caminos de la Amazonía
A más de mil kilómetros del Caribe colombiano, la solemnidad adquiere un rostro diferente, pero conserva el mismo sentido de confianza en la protección de María.
En el Vicariato Apostólico de Inírida, la Virgen del Carmen no solo es patrona de la jurisdicción eclesiástica y de la Catedral. También acompaña la vida cotidiana de comunidades indígenas, lancheros, comerciantes, misioneros, transportadores y familias que encuentran en los ríos amazónicos su principal medio de comunicación y sustento.
La jornada comenzó antes del amanecer con el tradicional Rosario de la Aurora y continuó con la solemne Eucaristía presidida en la Catedral Nuestra Señora del Carmen. Posteriormente, cientos de fieles acompañaron la procesión por las calles de Inírida hasta el asentamiento indígena El Coco, perteneciente al pueblo curripaco, donde fueron bendecidos vehículos, motocicletas, camiones y motocarros.
Desde allí inició una de las imágenes más representativas de la celebración: la tradicional procesión fluvial por el río Inírida, expresión de una Iglesia que evangeliza recorriendo las mismas aguas que diariamente conectan pueblos, culturas y comunidades de la Amazonía colombiana.
Para muchos habitantes del territorio, esta es la principal celebración religiosa del año.
La misionera francesa Leonor Coquelin de Lisle, quien desarrolla su labor pastoral en proyectos de prevención y rehabilitación con adolescentes, destacó el profundo sentido comunitario de esta experiencia.
"Me encantó ver toda la dedicación que ha habido para esta fiesta, todo el cariño que la gente ha puesto para este día tan especial. Y el paso por el río también me encantó; fue muy simbólico."
Por su parte, la catequista María Alejandra Robledo resaltó el creciente compromiso de distintos sectores de la sociedad con esta celebración.
"Hemos visto mayor participación de los diferentes gremios: transportistas, comerciantes y otros sectores. Eso demuestra que la Virgen del Carmen está haciendo una gran intercesión por este pueblo."
Para el vicario apostólico de Inírida, monseñor Joselito Carreño Quiñónez, la fiesta también ofrece una oportunidad para recordar el verdadero significado espiritual del escapulario, muchas veces reducido a una simple tradición popular.
"El escapulario no es un amuleto; es la alianza que establecemos con nuestra Madre María para vivir siempre colmados de esperanza y ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo", explicó el prelado, al invitar a encomendar especialmente a los viajeros y transportadores bajo la protección de la Virgen del Carmen.
En la Amazonía colombiana, donde los ríos son caminos de encuentro y de misión, la procesión fluvial volvió a recordar que la fe también navega, acompaña y fortalece la vida cotidiana de quienes habitan uno de los territorios más diversos del país.
La Ciudad Blanca: una tradición que sigue uniendo generaciones
En el suroccidente colombiano, la solemnidad también ocupó un lugar destacado en la vida pastoral de la Arquidiócesis de Popayán, una de las jurisdicciones eclesiásticas con mayor tradición histórica del país.
En la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción, cientos de fieles participaron en la Eucaristía, durante la cual fueron bendecidos los escapularios, signo de la confianza en la protección maternal de María y del compromiso de seguir a Cristo bajo su amparo. Posteriormente, se realizó la tradicional bendición de vehículos, confiando a Dios la vida de conductores, viajeros y sus familias.
Sin embargo, la celebración trascendió el centro histórico de la llamada Ciudad Blanca de Colombia. La fiesta también se vivió en las comunidades parroquiales dedicadas a la Virgen del Carmen en Popayán, Suárez, Timba, Paispamba, Mondomo, Piedra Sentada, El Carmelo (Cajibío) y Argelia, donde la Eucaristía, la oración y el encuentro comunitario renovaron una tradición transmitida durante generaciones.
Uno de los fieles resumía así el sentido de esta jornada:
"Hoy hemos venido a darle gracias a nuestra Madre Santísima por tantos favores recibidos y a pedirle que siga acompañando nuestros caminos."
Una expresión sencilla que refleja el significado profundo que esta advocación continúa teniendo para miles de familias colombianas.
Del Magdalena Medio al nororiente: una misma devoción con rostros diversos
La solemnidad también movilizó a numerosas comunidades de la Diócesis de Barrancabermeja, donde parroquias, movimientos y grupos apostólicos organizaron una programación que incluyó eucaristías, caravanas, cabalgatas, procesiones fluviales, bendición de canoas, vehículos y escapularios, además de la entrega de la tradicional oración del conductor.
La celebración central fue presidida por el obispo de la diócesis, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, del municipio de Carmen de Chucurí, una de las seis comunidades parroquiales de la jurisdicción que tienen a esta advocación mariana como patrona.
Allí, como en buena parte del Magdalena Medio, la devoción a la Virgen del Carmen continúa estrechamente vinculada con la vida de quienes recorren diariamente carreteras y ríos para sostener a sus familias y servir a sus comunidades.
A varios cientos de kilómetros de allí, en el nororiente colombiano, la Diócesis de Ocaña también celebró esta solemnidad con especial fervor.
El obispo monseñor Orlando Olave Villanoba presidió la Eucaristía central en la parroquia San Simón Stock, comunidad puesta bajo el patrocinio del religioso carmelita a quien la tradición atribuye la entrega del escapulario por parte de la Virgen María en el siglo XIII.
La elección de este templo para la celebración central recordó precisamente el origen de uno de los signos más difundidos de esta devoción.
Durante la jornada, los fieles participaron en la Santa Misa y en la procesión, encomendando sus familias, su trabajo y su caminar cotidiano bajo la protección de la Virgen del Carmen.
En su homilía, monseñor Olave invitó a vivir esta tradición más allá de los gestos externos, renovando el compromiso cristiano inspirado en el ejemplo de María y fortaleciendo la vida de fe de las comunidades.
Una patrona para quienes sirven al país
La solemnidad también tuvo un significado particular para quienes diariamente ponen su vida al servicio de la nación.
En la Catedral Castrense de Colombia, en Bogotá, militares, policías y sus familias participaron en una jornada que comenzó con una procesión por las instalaciones del Cantón Norte, seguida por la tradicional bendición de vehículos.
La ceremonia fue acompañada por el rector de la Catedral Castrense, padre Ángel Ricardo González Forero, quien elevó una oración por todos los hombres y mujeres de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional que cumplen su misión en los distintos territorios del país.
Posteriormente, la comunidad se reunió para la celebración de la Eucaristía, presidida por monseñor José Roberto Ospina Leongómez, administrador apostólico del Obispado Castrense de Colombia.
Durante la celebración, el prelado encomendó a Dios, por intercesión de la Virgen del Carmen, la vocación, el servicio y las familias de quienes trabajan diariamente por la seguridad y el bienestar de los colombianos, renovando la confianza en la protección maternal de María para acompañar cada misión con esperanza, fortaleza y espíritu de servicio.
Una tradición que sigue dando identidad a la fe del pueblo colombiano
Cada territorio aporta sus propios símbolos, tradiciones y acentos culturales. Sin embargo, todos confluyen en una misma convicción: reconocer en María una Madre que acompaña el caminar de su pueblo y orienta siempre hacia Cristo.
No es casual que esta advocación conserve un lugar tan profundo en la vida religiosa del país. Su origen se remonta al Monte Carmelo, en Tierra Santa, donde los primeros ermitaños dedicaron su vida a la oración inspirados en la Virgen María. Con el paso de los siglos, esta espiritualidad dio origen a la Orden Carmelita y se difundió por el mundo junto con la tradición del escapulario, signo de consagración, confianza y compromiso con la vida cristiana.
En Colombia, esa herencia espiritual encontró un terreno particularmente fecundo. Las celebraciones aquí reseñadas representan solo una muestra de las múltiples expresiones de fe con las que las jurisdicciones eclesiásticas conmemoraron esta solemnidad en todo el territorio nacional.
Como memoria de esa riqueza pastoral y de la diversidad con la que la Iglesia en Colombia vive esta tradición, la Conferencia Episcopal de Colombia presenta el especial audiovisual:
Amor sin alianza: el silencio que apaga la Iglesia doméstica
Mar 18 Ago 2026
La tierra nos está sacudiendo
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Los ministerios de los laicos: un recorrido histórico
Mar 11 Ago 2026
Mar 18 Ago 2026
Arquidiócesis de Bogotá lleva “Primeros Auxilios Espirituales” a las comunidades afectadas por el terremoto
En el marco de la respuesta pastoral de la Iglesia Católica ante la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá partieron este martes hacia seis zonas afectadas para acompañar a las comunidades desde la cercanía, la escucha, la oración y la celebración del sacramento de la Reconciliación.La Iglesia Católica continúa acompañando a las comunidades afectadas por el terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto. Como una expresión concreta de esta presencia pastoral, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá iniciaron este martes una misión de “Primeros Auxilios Espirituales” en territorios impactados por la emergencia.La iniciativa, que se desarrolla bajo el signo de una Iglesia en salida, busca llevar la presencia cercana de la Iglesia a parroquias urbanas y rurales que han vivido momentos de dolor, pérdida y afectación a causa del terremoto. Los equipos misioneros se desplazarán hacia Cartago, Pereira, Cali, Palmira, Buenaventura y Buga, donde acompañarán a sacerdotes, comunidades y fieles durante los próximos días.La misión es encabezada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, y cuenta con el acompañamiento de los obispos auxiliares de la Arquidiócesis: monseñor Alejandro Díaz, monseñor Edwin Vanegas y monseñor Germán Barbosa, quienes hacen parte de los distintos equipos que se desplazan a las zonas afectadas. También se ha sumado monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, obispo de Chiquinquirá.La experiencia está coordinada por monseñor Ricardo Pulido, sacerdote de la responsable de la Arquidiócesis de Bogotá, encargado de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral, y fue organizada con el propósito de que los sacerdotes puedan ponerse al servicio de las comunidades sin representar una carga económica para ellas.Una presencia que escucha y acompañaMás que llevar una respuesta material, esta misión busca ofrecer una presencia espiritual y humana en medio de la emergencia. Los sacerdotes acompañarán a las comunidades a través de la escucha, la oración, la cercanía y la celebración del sacramento de la Reconciliación, como una manera de ayudar a afrontar el dolor y fortalecer la esperanza.La iniciativa parte de una convicción: en medio de una emergencia, la reconstrucción también pasa por el corazón de las personas y de las comunidades. Por eso, la presencia de la Iglesia busca ser un punto de encuentro para quienes necesitan ser escuchados, compartir sus experiencias y encontrar consuelo y esperanza en la fe.Los sacerdotes misioneros cuentan con el aval de sus respectivos obispos o superiores provinciales y se desplazan con lo necesario para desarrollar su servicio, procurando mantener una actitud sencilla y disponible ante las realidades que encontrarán en cada territorio.Seis destinos, una misma misiónLos equipos estarán distribuidos en seis zonas pastorales afectadas por el terremoto:-Cartago: acompañamiento encabezado por el cardenal Luis José Rueda Aparicio y monseñor Ramón Rolón, obispo de Chiquinquirá.-Pereira: equipo acompañado por monseñor Alejandro Díaz, obispo auxiliar de Bogotá.-Cali: equipo acompañado por monseñor Germán Barbosa, obispo auxiliar de Bogotá.-Palmira: equipo acompañado por monseñor Edwin Vanegas, obispo auxiliar de Bogotá.-Buenaventura: equipo coordinado por monseñor Darío Álvarez.-Buga: equipo coordinado por monseñor Abelardo Gómez.Durante la jornada de este martes 18 de agosto se realiza la movilización y llegada de los equipos a los territorios asignados. Entre el miércoles 19 y el viernes 21 de agosto se desarrollará propiamente la experiencia misionera de cercanía, escucha y oración. El sábado 22 será la jornada de retorno y el domingo 23 se propone una jornada de oración por las parroquias visitadas, como signo de continuidad del acompañamiento.“Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón”Al despedir a los sacerdotes que participan en esta primera experiencia, el cardenal Luis José Rueda Aparicio destacó que la misión busca también aprender de las realidades encontradas para fortalecer futuras acciones pastorales y humanitarias.“Estaremos atentos a los aprendizajes que obtengamos en esta primera salida, para realizar otras en este año o en distintas emergencias que requieran nuestro servicio humanitario y pastoral”, afirmó el arzobispo de Bogotá.Y agregó una petición que recoge el sentido profundo de esta misión: “Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón, que la Virgen María nos acompañe con su amor de Madre para guiar el camino de la esperanza después del terremoto”.Esta experiencia de la Arquidiócesis de Bogotá se suma a las distintas acciones que, desde las diócesis y jurisdicciones eclesiásticas del país, viene desarrollando la Iglesia Católica para permanecer junto a las comunidades afectadas por la emergencia.En este tiempo de dolor, la Iglesia busca llegar “hasta el último rincón”, no solo con ayudas y acciones de respuesta a las necesidades materiales, sino también con una presencia que acompaña, escucha, ora y ayuda a mantener viva la esperanza en los procesos de recuperación y reconstrucción.
Sáb 15 Ago 2026
Monseñor Angelo Accattino, nuevo Nuncio Apostólico en Colombia
El Arzobispo titular de Sabiona, con amplia experiencia en el servicio diplomático de la Santa Sede y conocimiento previo de Colombia, fue nombrado por el papa León XIV como nuevo representante pontificio en el país.La Santa Sede oficializó este 15 de agosto el nombramiento de monseñor Angelo Accattino, arzobispo titular de Sabiona, como nuevo Nuncio Apostólico en Colombia. El papa León XIV le confía esta misión tras la partida de monseñor Paolo Rudelli, quien en marzo de este año concluyó su servicio diplomático en el país para asumir una nueva responsabilidad al servicio directo del Santo Padre y de la Iglesia universal como Sustituto para los Asuntos Generales en la Secretaría de Estado.Con esta designación, monseñor Accattino regresa a Colombia, un país que ya conoce, pues durante sus primeros años en el Servicio Diplomático de la Santa Sede prestó servicio en esta Nunciatura Apostólica.Una amplia trayectoria al servicio de la Santa SedeMonseñor Angelo Accattino nació en Asti, Italia, el 31 de julio de 1966. Fue ordenado sacerdote el 25 de junio de 1994 y quedó incardinado en la diócesis de Casale Monferrato.Es doctor en Derecho Canónico e ingresó al Servicio Diplomático de la Santa Sede el 1.º de julio de 1999. Desde entonces, ha desarrollado una amplia trayectoria en diferentes representaciones pontificias y en la Secretaría de Estado.A lo largo de su servicio diplomático estuvo destinado en las Nunciaturas Apostólicas de Trinidad y Tobago, Colombia, Perú, Estados Unidos de América y Turquía, además de prestar servicio en la Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de Estado.Su experiencia en América Latina se fortaleció con su nombramiento como Nuncio Apostólico en Bolivia el 12 de septiembre de 2017. En esa ocasión fue elevado a la dignidad de arzobispo y recibió la sede titular de Sabiona.Posteriormente, el 2 de enero de 2023, fue nombrado Nuncio Apostólico en Tanzania, misión que desempeñaba hasta su designación para Colombia.Colombia, parte de su trayectoria diplomáticaEl nuevo representante pontificio llega a Colombia con un conocimiento previo de la realidad eclesial y social del país, adquirido durante su paso por la Nunciatura Apostólica. Esto, constituye un aspecto significativo de su nueva misión, que se desarrollará en un contexto de importantes desafíos para la sociedad colombiana y para la Iglesia que peregrina en el país.La misión del Nuncio Apostólico comprende, entre otras responsabilidades, representar al Santo Padre ante las autoridades civiles y ante la Iglesia local, favorecer los vínculos de comunión entre la Santa Sede y la Iglesia en Colombia y contribuir al fortalecimiento de las relaciones entre ambas realidades.Continuidad de la misión diplomáticaMonseñor Angelo Accattino sucede a monseñor Paolo Rudelli, quien estuvo al frente de la Nunciatura Apostólica en Colombia desde 2023 hasta marzo de 2026.El papa León XIV nombró entonces a monseñor Rudelli Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, poniéndolo al frente de la Primera Sección de este organismo, encargada de atender los asuntos ordinarios del Pontífice, coordinar el trabajo de los dicasterios y acompañar la actividad cotidiana de la Santa Sede.Su traslado a una nueva responsabilidad en la Curia Romana marcó el cierre de su misión diplomática en Colombia y dio paso al nombramiento del nuevo representante pontificio.El inicio de una nueva misión en ColombiaMonseñor Angelo Accattino asumirá próximamente su misión en Colombia, pocos días después del terremoto registrado el pasado 10 de agosto, que afectó a diferentes regiones del país y dejó víctimas, personas heridas y comunidades damnificadas.Ante esta emergencia, el Papa León XIV ha expresado su cercanía con las comunidades afectadas y ha promovido la oración y la solidaridad con las personas y familias que enfrentan las consecuencias de la tragedia.La Conferencia Episcopal de Colombia agradece al Santo Padre el nombramiento de monseñor Angelo Accattino y expresa su disposición para recibirlo próximamente como nuevo representante pontificio en el país. Los obispos de Colombia encomiendan a Dios el inicio de su misión y manifiestan su voluntad de continuar fortaleciendo, junto a él, los vínculos de comunión entre la Iglesia en Colombia y la Santa Sede.Perfil de monseñor Angelo AccatinoNombre: Angelo AccattinoTítulo: Arzobispo titular de SabionaLugar y fecha de nacimiento: Asti, Italia, 31 de julio de 1966Ordenación sacerdotal: 25 de junio de 1994Diócesis de incardinación: Casale Monferrato, ItaliaFormación: Doctor en Derecho CanónicoIngreso al Servicio Diplomático de la Santa Sede: 1.º de julio de 1999Servicio diplomático: Nunciaturas Apostólicas de Trinidad y Tobago, Colombia, Perú, Estados Unidos de América y Turquía; Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de EstadoNuncio Apostólico en Bolivia: 12 de septiembre de 2017Nuncio Apostólico en Tanzania: 2 de enero de 2023Nuncio Apostólico en Colombia: 15 de agosto de 2026
Jue 13 Ago 2026
Servicio Nacional de Emergencias de Cáritas articula la respuesta de la Iglesia en Colombia ante el terremoto
El Servicio Nacional de Emergencias del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana articula la respuesta de la Iglesia en los territorios afectados, con especial atención a las comunidades rurales y de difícil acceso. Alimentación, agua, alojamiento temporal, salud y recuperación de medios de vida hacen parte de las necesidades identificadas.El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país el pasado 10 de agosto continúa dejando una emergencia humanitaria cuya dimensión todavía está en proceso de consolidación. El balance preliminar entregado por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) este 13 de agosto confirmó que el número de fallecidos llegó a 273 personas. Además, 3.824 heridos, 40.753 familias afectadas y 377 personas desaparecidas; mientras continúan las labores de búsqueda y rescate en las zonas más golpeadas. Según el reporte situacional, 357 municipios de 13 departamentos y más de 1.100 viviendas están destruidas. Las dificultades de conectividad y acceso mantienen vacíos de información, especialmente en comunidades rurales y dispersas del Chocó.En este escenario, la Iglesia Católica colombiana ha activado, además de su presencia pastoral y de acompañamiento espiritual, su Servicio Nacional de Emergencias (SNE), una estructura del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana destinada a articular la respuesta humanitaria de la red Cáritas en el país.“Para Cáritas, una de las principales preocupaciones es precisamente llegar a las comunidades que pueden estar quedando menos visibles dentro de la emergencia”, explica Luisa López, especialista Nacional de Emergencias de Cáritas Colombiana.Una red que conecta las necesidades con la ayudaLa respuesta se está articulando con las Pastorales Sociales de las jurisdicciones eclesiásticas afectadas, entre ellas Pereira, Istmina-Tadó, Quibdó, Manizales, Cartago, Cali, Palmira, Armenia, Ibagué, Buenaventura, Buga y Jericó, para identificar necesidades y priorizar a las comunidades con mayores dificultades de acceso.El más rienciente reporte del SNE señala como territorios prioritarios al Chocó, por la cercanía al epicentro, la dispersión de sus comunidades y las dificultades de comunicación y acceso; Risaralda, particularmente Pereira y Dosquebradas, por la afectación humana; y sectores del Valle del Cauca, especialmente Cali y Buenaventura, por la afectación de la infraestructura hospitalaria.El sistema articula también el trabajo con Bancos de Alimentos, otras jurisdicciones de la Iglesia y actores humanitarios, buscando que los recursos lleguen a los lugares donde realmente se necesitan y evitando duplicar esfuerzos.En términos operativos, el SNE recibe, orienta y canaliza los recursos y capacidades disponibles, mientras las jurisdicciones eclesiásticas y Cáritas diocesanas ejecutan la respuesta directamente en los territorios y acompañan a las comunidades afectadas.Atender lo urgente, sin perder de vista la recuperaciónLa primera evaluación realizada por la red Cáritas Colombiana en medio de esta emergencia identifica cinco grandes áreas de necesidad: alimentación y agua segura; elementos de higiene y cuidado personal; alojamiento temporal y protección para las familias que no pueden regresar a sus viviendas; atención en salud y acompañamiento emocional y psicosocial; y recuperación de medios de vida.El reporte nacional también identifica como prioridades la búsqueda y rescate, los kits de albergue, agua, saneamiento e higiene, salud física y mental, educación en emergencias y protección de niños, niñas y adolescentes.La respuesta, sin embargo, no se limita a los primeros días. Muchas familias han perdido herramientas de trabajo, pequeños negocios y otras fuentes de ingreso, por lo que la recuperación de los medios de vida será parte de las necesidades que deberán atenderse a medida que avance la emergencia.“La evaluación continúa. A medida que nuestros equipos puedan ingresar a las comunidades más aisladas, seguramente tendremos una identificación más precisa de las necesidades y podremos ajustar la respuesta humanitaria”, señala López.Esta labor resulta especialmente relevante en el Chocó, donde continúan las dificultades de conectividad y acceso a algunas comunidades. El reporte registra afectaciones importantes y señala que la información sobre personas damnificadas, viviendas averiadas, albergues y necesidades sectoriales por municipio todavía presenta vacíos.La solidaridad también necesita organizaciónEn el marco de la campaña “Con Colombia, hasta el último rincón”, la Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana han invitado a personas, parroquias, comunidades, empresas y organizaciones a sumarse a la respuesta.Tanto los recursos recaudados por la campaña, como los de la ayuda de anunciada por el Papa León XIV a través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad – Limosnería Apostólica, se incorporarán a una misma respuesta coordinada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana junto con las jurisdicciones eclesiásticas y pastorales sociales diocesanas, quienes conocen de primera mano las necesidades de sus territorios.El modelo contempla tanto la movilización de recursos económicos como la canalización de ayudas en especie. En el caso de las donaciones en especie, estas pueden ser recibidas por las jurisdicciones afectadas, direccionadas a los Bancos de Alimentos más cercanos o, para zonas de mayor dificultad de acceso, canalizadas a través del SNPS-Cáritas Colombiana.“Detrás de cada vivienda afectada hay una familia, detrás de cada comunidad hay historias de vida y detrás de esta emergencia hay personas que necesitan saber que no están solas”, recuerda Lina López.La respuesta de la Iglesia busca precisamente que esa certeza pueda llegar también a los lugares más apartados: acompañar a las comunidades, identificar sus necesidades, articular la solidaridad y hacer llegar la ayuda hasta donde más se necesita.Canales de donación:Banco de BogotáCuenta de ahorros 081789224Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Bre-B: 0092651552BancolombiaCuenta de ahorros 82900024657Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Bre-B: 0092879108Vea a continuación el llamado de la Especialista de Emergencias:
Mié 12 Ago 2026
“Con Colombia, hasta el último rincón”: Iglesia activa campaña solidaria para apoyar a las comunidades afectadas por el terremoto
La Conferencia Episcopal de Colombia y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana convocan a las jurisdicciones eclesiásticas, parroquias, comunidades de fe y agentes pastorales a acompañar a las comunidades afectadas, articular la ayuda y movilizar la solidaridad ante la emergencia que vive el país. La iniciativa incluye una campaña nacional de recaudo y una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto.Ante las afectaciones provocadas por el terremoto del pasado 10 de agosto, la Iglesia católica en Colombia articula una respuesta nacional para acompañar a las personas y comunidades afectadas y poner sus capacidades al servicio de quienes enfrentan las consecuencias de la emergencia.Bajo el lema “Con Colombia, hasta el último rincón”, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana hacen extensiva esta iniciativa que busca hacer visible la solidaridad y la caridad cristiana, acompañar a quienes sufren, articular la ayuda y sostener juntos la esperanza, especialmente en las comunidades que enfrentan mayores afectaciones.La cercanía del Papa y el llamado de la Iglesia en ColombiaEn un mensaje dirigido al pueblo colombiano con motivo de esta emergencia, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, agradeció y transmitió la cercanía y oración del papa León XIV en sus recientes mensajes desde el Vaticano. Destacó, igualmente, los mensajes de solidaridad recibidos de diferentes Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe, América del Norte y Europa, así como de organizaciones nacionales e internacionales que han expresado su solidaridad con Colombia.La convocatoria de la IglesiaFrente a esta realidad, el llamado del Presidente del Episcopado Colombiano para todos los fieles en Colombia es a traducir la caridad cristiana en acciones concretas: acompañar, servir y poner las capacidades de las comunidades e instituciones eclesiales al servicio de quienes más lo necesitan.“Hoy necesitamos estar cerca, cerca de las familias que sufren, cerca de quienes tienen miedo y viven la incertidumbre, cerca de quienes buscan a sus seres queridos, cerca de quienes trabajan incansablemente por salvar vidas”, señaló monseñor Múnera.Las comunidades, en el centro de la respuestaLa campaña “Con Colombia, hasta el último rincón” buscará que las voces de las personas afectadas y de quienes las acompañan desde los territorios tengan un lugar central. Sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes de pastoral, voluntarios y comunidades podrán compartir sus testimonios, las necesidades que enfrentan y las acciones que se desarrollan en cada lugar.Esta dinámica permitirá visibilizar la respuesta de la Iglesia desde los territorios y favorecer la articulación entre las distintas jurisdicciones eclesiásticas y otros actores que participan en la atención de la emergencia. Entre ellos, la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia (ABACO).Campaña de recaudo para las comunidades afectadasComo parte de esta respuesta, el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana habilitó distintos canales de recaudo de fondos que serán destinados a apoyar las acciones de atención a las personas y familias afectadas a través del Servicio Nacional de Emergencias, de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.Los aportes pueden realizarse a través de los siguientes canales:Banco de BogotáCuenta de ahorros 081789224Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Bre-B: 0092651552BancolombiaCuenta de ahorros 82900024657Titular: Secretariado Nacional de Pastoral Social - Cáritas ColombianaNIT: 860.039.273-3Bre-B: 0092879108También es posible realizar donaciones en línea a través de la página web de Cáritas Colombiana.Jornada Nacional de Oración: domingo 16 de agostoComo parte de la respuesta de la Iglesia, la Conferencia Episcopal de Colombia convoca también a una Jornada Nacional de Oración el próximo domingo 16 de agosto en todas las parroquias y comunidades de fe del país.La invitación es a orar por quienes han perdido la vida, por sus familias, por los heridos y damnificados, por quienes continúan buscando a sus seres queridos y por quienes trabajan sin descanso en esta emergencia.La jornada también será una oportunidad para encomendar a Dios a los organismos de socorro, al personal de salud, a los voluntarios y a todas las personas que participan en las labores de búsqueda, rescate, asistencia y acompañamiento.Para facilitar la preparación de las celebraciones, la Conferencia Episcopal de Colombia pone a disposición un subsidio de oración y las orientaciones litúrgicas elaboradas para esta jornada.El material propone que las comunidades se reúnan en oración como una sola familia y que la celebración sea un espacio de consuelo, solidaridad y esperanza en medio de la emergencia.La Jornada Nacional de Oración recoge también el llamado del papa León XIV, quien, al expresar su cercanía con el pueblo colombiano, pidió al Señor que conceda a los afectados “los dones de la fortaleza espiritual y la esperanza cristiana”.Afectaciones en templos y espacios de la IglesiaEl terremoto también ocasionó daños en templos, casas curales, conventos, capillas y otras edificaciones eclesiales. Además de su dimensión religiosa y patrimonial, estos lugares son espacios donde se desarrolla la vida cotidiana de numerosas comunidades.Entre los daños reportados se encuentran los de la Catedral de Manizales, cuya torre sufrió un derrumbe parcial y quedó inclinada sobre la fachada, y la destrucción del templo del barrio El Carmen.En la Diócesis de Pereira se registraron graves daños en la parroquia Nuestra Señora del Carmen – Iglesia San José, el desplome del templo parroquial de Nuestra Señora de Guadalupe, en Dosquebradas, y afectaciones en la torre del templo parroquial de La Virginia.La Basílica del Señor de los Milagros de Buga presenta grietas en su cúpula central y caída de material, mientras que en la Basílica Nuestra Señora de la Pobreza de Cartago colapsó el techo de la nave central.En la Arquidiócesis de Popayán se reportaron daños en el templo de Santo Domingo y en templos parroquiales de El Tambo, Morales, Totoró y Caldono. En la Arquidiócesis de Cali, el Convento de La Merced sufrió el desplome de la cubierta del presbiterio y grietas en sus paredes.La Arquidiócesis de Ibagué informó daños estructurales en templos de Anzoátegui y del corregimiento de Balboa, además de afectaciones en la casa cural de la parroquia de Roncesvalles.Por su parte, la Diócesis de Jericó adelanta evaluaciones en varias edificaciones, entre ellas la Casa de Encuentros Lisieux, la Basílica Menor de Jardín, parroquias y capillas de Caramanta, Andes, Hispania y Tapartó, la Casa Cural de San José y el Seminario San Juan Eudes.En la Diócesis de Quibdó, ubicada en una de las zonas más afectadas por el sismo, se han informado daños estructurales en la casa episcopal y en algunos templos parroquiales. El balance continúa en consolidación debido a las dificultades de comunicación que persisten en algunas comunidades.También se han reportado afectaciones en templos y casas curales de las diócesis de Girardota, Cartago y La Dorada-Guaduas, así como en el Santuario de San José, en Venecia, Antioquia.Este es un balance preliminar, las jurisdicciones continúan realizando verificaciones y evaluaciones técnicas para determinar la magnitud de los daños y las medidas de seguridad y recuperación necesarias. Se calcula que pueden superar los 50 templos.El compromiso de la Iglesia con el país“Colombia nos necesita unidos. Acompañemos, sirvamos y oremos”, expresó monseñor Francisco Múnera, al convocar a la Iglesia y al país a responder juntos ante esta emergencia.Por esto, la Iglesia Católica en Colombia continuará articulando sus capacidades y acompañando a las comunidades afectadas a través de las jurisdicciones eclesiásticas, la pastoral social, las parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios que participan en esta respuesta nacional.Vea el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia a continuación: