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Presidente CEC: “Del corazón nuevo nacerán nuevos sistemas, nuevas instituciones…”
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Este viernes, 11 de junio, en una ceremonia eucarística presidida por monseñor Óscar Urbina Ortega, arzobispo de Villavicencio y presidente del episcopado colombiano, se consagró una vez más las familias católicas y la nación al Sagrado Corazón de Jesús.
La solemne celebración, transmitida en directo por los canales RCN, Caracol, Cristovisión, Teleamiga y Tele Vid, tuvo lugar en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, con presencia de fieles y atendiendo los protocolos de bioseguridad.
Concelebraron con monseñor Urbina: el cardenal Rubén Salazar; el nuncio apostólico del papa Francisco en Colombia, monseñor Luis Mariano Montemayor; los arzobispos Luis José Rueda (Bogotá), Ricardo Tobón (Medellín), Omar Sánchez (Popayán) y Gabriel Villa (Tunja); los obispos Francisco Nieto (Engativá), Ramón Rolón (Montería), Juan Vicente Córdoba (Fontibón), Víctor Ochoa (Obispado Castrense); los obispos auxiliares de Bogotá: Luis Manuel Alí, Pedro Salamanca y Germán Medina (electo). También concelebraron sacerdotes de la Nunciatura Apostólica, de la Conferencia Episcopal de Colombia, y los vicarios episcopales y otros sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá.
Mensaje del presidente de la CEC
Durante su homilía, monseñor Urbina afirmó que con el corazón de Cristo se busca llegar a todos los rincones de la geografía colombiana, buscando ser un espacio de protección para la vida y haciendo sensibles los grandes valores de la bondad, la verdad, la fraternidad, la justicia y la reconciliación que brota de la persona.
“Mirando el corazón maravilloso de Dios, todos tenemos un camino para ser constructores de Colombia consagrada al Corazón de Cristo (…) Del corazón nuevo nacerán nuevos sistemas, nuevas instituciones, nuevos caminos. Un corazón nuevo garantiza una visión nueva, libertad profunda, sentido de la justicia y el respeto de los derechos humanos, la solidaridad con los más desprotegidos y descartados, y la confianza que brota de reconocernos hermanos y hermanas”.
Aportes a un desarrollo integral
El prelado mencionó que todos somos responsables de aportar a un desarrollo integral sostenible, para ello, dijo, “aunque no es un camino fácil, ni existe una fórmula mágica”, es importante superar los conflictos, las divisiones, las violencias, las injusticias y las inequidades.
“Todos somos responsables de esa inmensa tarea, los dirigentes del país, las diversas organizaciones, la educación en sus diversas etapas, que no debe ser una educación para un país ideal sino real. Nosotros los creyentes que participamos de los diversos espacios de la vida familiar, cultural, social, económica y política siendo fermento de paz (...) Solo un corazón nuevo a imagen del Corazón de Cristo, lleno de amor y misericordia, nos comprometerá con toda nuestra fuerza en la construcción fraterna de una nación nueva y en paz”.
Estamos llamados a ser artesanos de la paz
El prelado recordó que la paz procede de Dios y es un llamado que él hace para que todos seamos artesanos de la paz. Advirtiendo que esta responsabilidad recae en la familia “como espacio insustituible para aprender el abecedario de la paz”; en la escuela, “que tiene la tarea de ayudar a formar el corazón”, y en la sociedad en “sus diversas expresiones sociales, culturales, comunicacionales, económicas y políticas”.
“La paz, entonces, queridas y queridos colombianos, es una tarea confiada a nosotros como personas y estará siempre en construcción, es frágil, difícil, por ello todos la buscamos, todos estamos invitados a generar una mentalidad pública, una conciencia de todos que la haga deseable y posible (…) El Señor no dejará de escuchar, entonces, como nos lo dice el grito de hijas e hijos: ‘Señor dadnos la paz, Señor dadnos tu paz’. Renovar este año 2021 la Consagración al amor de Cristo simbolizado en su Corazón, es y queremos que siga siendo un signo de esperanza”.
Los niños, jóvenes y adolescentes están en el corazón de Dios
Al referirse a este público, monseñor Urbina observó que el futuro de la sociedad depende de las opciones audaces y fundamentales que se tomen con los niños, jóvenes y adolescentes. Advirtió que ellos serán los responsables de la familia y la vida de la nación en un mañana.
“Hoy precisamente los vemos deseosos de colaborar para sanar nuestra sociedad herida y débil. Ellos aportarán soluciones nuevas a los problemas viejos. Si ellos abren espacios en su corazón a Dios no serán más instrumentos de división, de guerra y de violencia (…) Los valores que les ayudemos a descubrir y a cultivar acompañarán sus decisiones que afectan no solo su vida personal, sino las políticas y estrategias necesarias para construir la vida social agobiada y doliente de nuestra sociedad”.
Afirmó que el mundo de justicia y paz que se añora construir con los jóvenes, no puede “ser creado solo con palabras, ni impuesto por fuerzas externas”, y, agregó: “debe ser fruto del trabajo de todos, que implica ejercerlo con respeto profundo a la dignidad de cada persona y el rescate de la cultura del encuentro”.
Significativa participación de los jóvenes
Finalizada su homilía, monseñor Urbina introdujo la renovación de la consagración del país y de las familias católicas, recordando que: “El 22 de junio de 1902, al superar la Guerra de los Mil Días, se consagró por primera vez la República de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús. Desde aquel día ha venido creciendo en el pueblo colombiano la confianza en el auxilio inefable de Nuestro Señor Jesucristo”.
Fue un momento conmovedor, pues catorce jóvenes, representando cada uno a una provincia eclesiástica del país, oraron al Sagrado Corazón de Jesús. Ante este signo el arzobispo Óscar dijo: “A ti, Sagrado Corazón, inflamado en el Amor que nos salva, dirigimos hoy, en la voz de los jóvenes, nuestra súplica incesante y confiada en nombre de todas las comunidades eclesiales de la Nación”.
Compartimos estas oraciones para que no cesen las plegarias por la paz, la reconciliación, la justicia y la paz, en Colombia.
Oh, Sangre Preciosa de Jesús, lava el pecado social de nuestro pueblo.
La Provincia eclesiástica de Bogotá, conformada por la arquidiócesis de Bogotá; las diócesis de Zipaquirá, Facatativá, Girardot, Soacha, Fontibón y Engativá; el obispado castrense de Colombia y el Exarcado Maronita en Colombia, necesitan de ti, para poder ser en medio del egoísmo, la violencia y la corrupción, testimonio de fraternidad y de compromiso social honesto y solidario.
Oh, Cristo, siervo doliente del Señor, compadécete del pueblo que a ti clama.
La Provincia eclesiástica de Cartagena, conformada por la arquidiócesis de Cartagena; las diócesis de Magangué, Montelíbano, Montería y Sincelejo, y el vicariato apostólico de San Andrés y Providencia, confían en tu mediación ante el Padre eterno; que tus padecimientos por nuestros pecados nos consigan comunidades comprometidas con los más pobres y desfavorecidos, para que los colombianos podamos escribir juntos historias de amor y perdón que nos hablen de vida y esperanza.
Santo Corazón de Cristo, atravesado de dolor, confiamos a ti el sufrimiento de nuestro pueblo.
La Provincia eclesiástica de Popayán, conformada por la arquidiócesis de Popayán; las diócesis de Ipiales, Pasto y Tumaco; y los vicariatos apostólicos de Guapi y Tierradentro, unen sus padecimientos a los tuyos en la cruz; que tu dolorosa pasión transforme nuestra indiferencia ante el hermano que sufre y nos conceda ser artesanos de paz.
Ardorosa llama del Corazón de Cristo, inflama en tu amor al pueblo colombiano.
La Provincia eclesiástica de Medellín, conformada por la arquidiócesis de Medellín y las diócesis de Caldas, Girardota, Jericó y Sonsón–Rionegro, buscan amarse unos a otros como tú nos has amado; infunde tu amor divino en nuestros corazones haciéndonos misericordiosos como tú eres misericordioso, para que en nuestra patria “el amor y la verdad se encuentren, la justicia y la paz se abracen”
Sagrado Corazón coronado de espinas, ten misericordia de este tu pueblo.
La Provincia eclesiástica de Manizales, conformada por la arquidiócesis de Manizales y las diócesis de Armenia, La Dorada–Guaduas y Pereira, buscan tu amparo y protección; recompensa con tu copiosa bendición a todos aquellos que trabajan por la paz y la concordia, para que podamos mirar y caminar juntos hacia adelante con fe, valentía y esperanza.
Corazón divino traspasado por la lanza, surtidor de los santos sacramentos para nuestro pueblo.
La Provincia eclesiástica de Nueva Pamplona, conformada por la arquidiócesis de Nueva Pamplona y las diócesis de Arauca, Cúcuta, Ocaña y Tibú, queremos recibirte siempre en tu Cuerpo y en tu Sangre preciosos y, así, ser testigos de tu amor en medio de un pueblo que clama salvación y justicia, para romper, desde el perdón y la reconciliación concreta, el ciclo de violencia que ha imperado en nuestra patria.
Oh, Santas Llagas de Cristo, acoge a nuestro pueblo que sufre.
La Provincia eclesiástica de Tunja, conformada por la arquidiócesis de Tunja; las diócesis de Chiquinquirá, Duitama–Sogamoso, Garagoa y Yopal, y el vicariato apostólico de Trinidad, necesitan de tu amparo y protección; haz que todos los esfuerzos por promover la reconciliación, la justicia y la paz, se vean recompensados con prosperidad y armonía social.
Abismo insondable de misericordia, el pueblo colombiano clama justicia y verdad.
La Provincia eclesiástica de Cali, conformada por la arquidiócesis de Cali y las diócesis de Buenaventura, Buga, Cartago y Palmira, suplican tu amparo; concede a tu pueblo que ha sufrido los embates de la corrupción y la violencia, verse transformado por la verdadera reparación y sanación de las heridas del alma y del cuerpo, para que, junto a ti, Señor, aprendamos la fuerza del perdón y la grandeza del amor.
Oh, Cristo, coronado de espinas, el pueblo colombiano consagrado a ti se siente atormentado por la enfermedad y la despreocupación social.
La Provincia eclesiástica de Barranquilla, conformada por la arquidiócesis de Barranquilla y las diócesis de El Banco, Riohacha, Santa Marta y Valledupar, suplican a tu bondad que el dolor de tu agonía en la cruz nos valga la salud de cuerpo y alma, y nos enseñe a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección.
Santo Corazón de perfecta fidelidad, este, tu pueblo, tropieza y se quiere levantar.
La Provincia eclesiástica de Bucaramanga, conformada por la arquidiócesis de Bucaramanga y las diócesis de Barrancabermeja, Málaga–Soatá, Socorro y San Gil y Vélez, confiamos en ti, que eres eternamente fiel y nos sostendrás con tu poderoso brazo ante nuestra fragilidad y pobreza, para descubrir que sólo el amor libera y construye.
Sagrado vaso de inefable perfección, apiádate del pueblo colombiano que se rinde en el error de los afanes del mundo.
La Provincia eclesiástica de Ibagué, conformada por la arquidiócesis de Ibagué y las diócesis de El Espinal, Líbano–Honda, Garzón y Neiva, suplican de tu sabiduría la capacidad para construir sociedades inspiradas en la promoción de todos los ciudadanos, en la búsqueda de la igualdad y en la integración de los más débiles y vulnerables.
Oh, Santo Cristo Negro de Bojayá, compadécete de nuestro pueblo colombiano que sufre bajo el peso de la violencia armada fratricida.
La Provincia eclesiástica de Santa Fe de Antioquia, conformada por la arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia y las diócesis de Apartadó, Istmina–Tadó, Quibdó y Santa Rosa de Osos, claman tu misericordia; haz que todo esfuerzo por conseguir la paz sea recompensado con comunidades comprometidas con el progreso y la justicia, y, así, “seamos tus pies para salir al encuentro del hermano necesitado, tus brazos para abrazar al que ha perdido su dignidad, y tus manos para bendecir y consolar al que llora en soledad”.
Oh, Sagrado Corazón de Jesús, acepta nuestra súplica ferviente, confiamos en tu protección y amparo.
La Provincia eclesiástica de Villavicencio, conformada por la arquidiócesis de Villavicencio; las diócesis de Granada y San José del Guaviare, y los vicariatos apostólicos de Puerto Carreño y Puerto Gaitán, necesitan convertirse a ti para comprometerse con la justicia social y el bien común, logrando así construir juntos el futuro y crecer en esperanza.
Eterno amor de Cristo, delicia de todos los santos, nuestro país clama por nuevos santos, héroes en las virtudes.
La Provincia eclesiástica de Florencia, conformada por la arquidiócesis de Florencia; las diócesis de Mocoa–Sibundoy y San Vicente del Caguán; y los vicariatos apostólicos de Inírida, Leticia, Mitú y Puerto Leguízamo – Solano, te ruegan por nuevas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa; nuestro país urge de santos misioneros que permanezcan en Cristo para vivir en alegría y dar testimonio de un amor que atraiga a todos hacia ti.
VIDEO: Arquidiócesis de Bogotá
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Mar 2 Jun 2026
Tras primera vuelta electoral en Colombia, obispos alertan sobre la violencia verbal y la instrumentalización de emociones en la contienda política
Tras la jornada electoral del pasado 31 de mayo en Colombia y de cara a la segunda vuelta presidencial que se llevará a cabo el 21 de junio, los obispos hacen un llamado urgente a los candidatos, a los actores políticos y a toda la ciudadanía para rechazar la violencia verbal, promover una comunicación responsable y fortalecer la convivencia democrática.A través del mensaje titulado “Desarmemos las palabras y contribuiremos a desarmar a Colombia”, la Comunidad de Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia expresa su preocupación por el tono que ha venido marcando el debate político nacional y por el impacto que este puede tener sobre la unidad social y la construcción de la paz.Preocupación por el deterioro del debate públicoLos obispos advierten que, tras la primera vuelta presidencial, se ha intensificado una dinámica de confrontación que legitima la agresión verbal y deteriora el respeto por la dignidad de las personas. En este sentido, recuerdan las palabras del papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, donde señala que los insultos, maltratos y descalificaciones pueden llegar a “destrozar la imagen y la dignidad del otro”.Los prelados manifiestan una especial preocupación por el uso estratégico de emociones como el miedo, la indignación y la venganza dentro de las contiendas democráticas. Según afirman, la instrumentalización de estos sentimientos pone a la ciudadanía en riesgo de una mayor fractura social y puede alimentar escenarios de violencia.“Convertir la política en una dinámica marcada por el miedo, el odio y la polarización debilita la deliberación racional, rompe el reconocimiento recíproco entre los ciudadanos y termina erosionando las bases éticas de la democracia”, expresan en el comunicado.Un llamado a privilegiar las propuestas y el bien comúnAnte esta situación, el episcopado invita a los colombianos a actuar con serenidad y cordura, y a exigir que el debate electoral se centre en las propuestas para responder a las principales necesidades del país. Los obispos exhortan a que la atención pública se concentre en los programas de gobierno, los compromisos concretos de los candidatos y su capacidad para gobernar en favor de todos los ciudadanos.El mensaje insiste en que la búsqueda del bien común debe estar por encima de los intereses particulares o de las confrontaciones partidistas, promoviendo valores como la equidad, la justicia, la unidad, el perdón, la reconciliación y la paz.Desarmar la comunicación para construir la pazEn consonancia con el Evangelio y retomando una reciente exhortación del papa León XIV, los prelados hacen también un llamado a “desarmar la comunicación de todo prejuicio, rencor, fanatismo y odio”, favoreciendo una cultura del encuentro y del diálogo.Citanto al Santo Padre, recuerdan que “no sirve una comunicación estridente y de fuerza, sino una comunicación capaz de escuchar y de acoger la voz de los débiles que no tienen voz”. Asimismo, destacan que una comunicación “desarmada y desarmante” permite construir una mirada distinta sobre la realidad y actuar de manera coherente con la dignidad humana.Un llamado especial a quienes aspiran a gobernar ColombiaDe manera particular, a quienes aspiran a la Presidencia y Vicepresidencia de la República, los obispos refieren la trascendencia de sus palabras y actuaciones en este momento decisivo para la nación. “Su responsabilidad es enorme, delicada y decisiva”, afirman, al tiempo que les exhortan a promover la paz y el diálogo como caminos para la construcción del futuro del país.En ese contexto, recuerdan que “pasarán a la historia quienes siembran la paz, no quienes cosechan víctimas”, e invitan a reconocer en los demás no enemigos a derrotar, sino personas con quienes es posible dialogar y construir acuerdos.La paz como responsabilidad de todosEl mensaje concluye con una reflexión que resume el espíritu del llamado episcopal y la responsabilidad compartida de todos los actores sociales y políticos en este momento electoral.Retomando una advertencia del papa Pío XII, los obispos recuerdan que “con la paz no se pierde nada, mientras que con la guerra todo puede perderse”.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Mar 2 Jun 2026
A las puertas del Mundial de Fútbol, el papa León XIV invita a orar y vivir el deporte como escuela de fraternidad
"Que el deporte sea un instrumento de paz, encuentro y diálogo entre culturas y naciones". Con esta intención, el papa León XIV invita a la Iglesia universal a unirse durante junio de 2026 a una jornada de oración y compromiso por los valores del deporte, destacando su capacidad para construir fraternidad, promover la inclusión y fortalecer la cultura del encuentro.La propuesta hace parte de la iniciativa internacional "Reza con el Papa", promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, que cada mes convoca a los fieles a rezar por uno de los grandes desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.Mucho más que competenciaEn su mensaje para este mes, el Santo Padre presenta el deporte como una realidad profundamente humana y social, capaz de unir personas, pueblos y culturas más allá de las diferencias."El deporte sea siempre escuela de fraternidad y no de rivalidad vacía; espacio de encuentro y no de exclusión; camino de paz y no de violencia", pide el papa León XIV en la oración que acompaña esta intención.El Papa destaca que la práctica deportiva enseña valores fundamentales para la vida en sociedad: el respeto por el otro, el trabajo en equipo, la solidaridad, la disciplina, la capacidad de superar límites personales y la aceptación serena tanto de la victoria como de la derrota.La reflexión cobra especial relevancia en un contexto mundial marcado por polarizaciones, conflictos armados, discursos de odio y crecientes formas de exclusión social.Un lenguaje universal que une pueblosLa intención de junio coincide además con la proximidad de importantes competencias deportivas internacionales, escenarios donde millones de personas de distintas culturas comparten emociones, aspiraciones y experiencias comunes.Para León XIV, el deporte posee una fuerza singular: convertirse en un lenguaje universal capaz de tender puentes donde existen divisiones.No es una preocupación nueva en su pontificado. Durante el Jubileo del Deporte celebrado en Roma en 2025, el Papa afirmó que "el deporte es un camino para construir la paz, porque es una escuela de respeto y lealtad, que hace crecer la cultura del encuentro y la fraternidad".Posteriormente, al dirigirse a atletas olímpicos y paralímpicos, insistió en que el deporte puede convertirse en un auténtico espacio de encuentro entre personas y naciones, invitando a los deportistas a "competir sin odiarse, ganar sin humillar y perder sin perderse".Una respuesta al individualismoLa propuesta del Santo Padre también plantea una reflexión sobre los desafíos culturales contemporáneos.Según ha señalado en distintas intervenciones, el deporte ayuda a contrarrestar las dinámicas de aislamiento e individualismo que afectan a muchas sociedades actuales. Especialmente cuando se practica en equipo, enseña la importancia de la colaboración, la confianza mutua y la búsqueda de objetivos comunes.En este sentido, la intención de junio resalta que nadie crece solo y que, tanto en la vida como en el deporte, el desarrollo personal está estrechamente ligado a la capacidad de caminar junto a otros.Un llamado a la inclusiónLa Red Mundial de Oración del Papa subraya además la importancia de garantizar que los beneficios del deporte lleguen a todos, especialmente a niños, jóvenes y personas que viven situaciones de vulnerabilidad.La Iglesia reconoce el valor de las iniciativas deportivas que favorecen la inclusión social, fortalecen procesos educativos, promueven la reconciliación y ofrecen oportunidades de desarrollo humano integral.De manera particular, el Papa ha alentado a instituciones, organizaciones sociales, comunidades educativas y religiosas a trabajar para que los sectores más excluidos tengan acceso a espacios deportivos dignos y formativos.La oración del Papa León XIVSeñor de la vida,te damos gracias por el don del deporte,por quienes glorifican a Dios con el ejercicio de sus cuerpos,por las amistades que nacen en la canchay la alegría de jugar en equipo.Tú nos enseñas que en la vida, como en el juego,nadie se salva solo.Necesitamos del otro para crecer,para aprender a respetar, superar límites,y celebrar juntos los logros alcanzados.Te pedimos que el deporte sea siempreescuela de fraternidad y no de rivalidad vacía,espacio de encuentro y no de exclusión,camino de paz y no de violencia.Haz que quienes practican, entrenan o animandescubran en el deporte un lenguaje universalque acerca culturas, une pueblos,y siembra respeto, solidaridad y superación personal.Señor Jesús,que cada deporte sea parábola de una vida vivida contigo,colaborando con esfuerzo y alegría,viviendo con humildad en la derrotay gratitud en la victoria que nos ofreces en tu resurrección.Que nunca falte en nosotros tu Espíritu,que nos hace un solo equipo, unido contigopara construir comunión y fraternidad en la historia.Amén.Vea a continuación el Video del Papa:
Lun 1 Jun 2026
La Arquidiócesis de Barranquilla celebró dos legados de formación y misión: 60 años del Seminario Juan XXIII y 40 años de la visita de san Juan Pablo II
La Iglesia que peregrina en la región Caribe colombiana celebró los 60 años de existencia del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII, una institución que ha contribuido decisivamente a la formación de cientos de sacerdotes y al fortalecimiento de la misión evangelizadora en el norte del país.La conmemoración oficial tuvo lugar el pasado 26 de mayo en la Catedral Metropolitana María Reina de Barranquilla, mediante una solemne Eucaristía presidida por monseñor Pablo Salas Anteliz, arzobispo de Barranquilla, acompañado por los obispos de las provincias eclesiásticas de Cartagena y Barranquilla, sacerdotes, seminaristas, religiosos, religiosas, laicos y benefactores de esta casa de formación.La celebración estuvo marcada por un doble motivo de acción de gracias: los seis decenios de servicio del Seminario Regional Juan XXIII y los 40 años de la histórica visita de san Juan Pablo II a Barranquilla, acontecimiento que sigue vivo en la memoria eclesial de la región.Una obra que ha sostenido la misión evangelizadora del Caribe colombianoDesde la bendición de su primera piedra, el 24 de agosto de 1963, por iniciativa de monseñor Germán Villa Gaviria y los obispos de la entonces Provincia Eclesiástica de Cartagena, el Seminario Juan XXIII se consolidó como un proyecto de comunión eclesial al servicio de la formación de los futuros sacerdotes de la Costa Atlántica.Durante la celebración, monseñor Francisco Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, destacó el aporte de esta institución a la vida pastoral de la región:“Damos gloria y alabanzas al sacerdocio de Jesucristo y damos gracias por cada sacerdote que ha sido formado en esa casa porque ha ayudado a sostener la tarea misionera y evangelizadora de toda nuestra región Caribe”.Por su parte, el padre William Acosta Peralta, rector del Seminario, expresó su gratitud por quienes han acompañado y sostenido esta obra a lo largo de seis décadas: obispos, formadores, sacerdotes, benefactores y comunidades eclesiales que han contribuido a su desarrollo, conservación y fortalecimiento.Mirar el futuro con esperanza y responsabilidadMás que una mirada al pasado, el aniversario se convirtió en una oportunidad para reflexionar sobre los retos actuales de la formación sacerdotal.En su homilía, monseñor Pablo Salas subrayó que esta conmemoración se enmarca en el camino de preparación hacia el centenario de la Arquidiócesis de Barranquilla, que se celebrará en 2032. En este contexto, señaló que la prioridad no es únicamente la renovación de la infraestructura del Seminario, sino también el fortalecimiento integral de los procesos formativos.El Arzobispo insistió en la necesidad de promover una formación más humana, comunitaria y cercana a la realidad contemporánea, que favorezca la madurez espiritual, intelectual y afectiva de los candidatos al sacerdocio. Asimismo, recordó que la Iglesia universal viene impulsando una reflexión profunda sobre la formación en los seminarios, inspirada en los principios de sinodalidad, comunión y cercanía con el Pueblo de Dios.“Los desafíos son enormes. Por lo tanto, esta celebración se constituye para nosotros en una providencial oportunidad para mirar más allá y seguir configurando nuestro Seminario según el querer de Dios y las necesidades de la Iglesia”, afirmó el prelado.En esa misma línea, destacó la importancia de formar sacerdotes con una profunda vida espiritual, capaces de vivir el ministerio desde el servicio, la cercanía y la alegría evangélica, respondiendo a los desafíos pastorales de nuestro tiempo.San Juan Pablo II: una memoria que sigue inspirando al Caribe colombianoLa Eucaristía también conmemoró los 40 años de la visita apostólica de san Juan Pablo II a Barranquilla, realizada en julio de 1986 y recordada como uno de los acontecimientos eclesiales más significativos para la región Caribe.Durante la celebración se expuso una reliquia de primer grado del santo pontífice, junto con la estola que utilizó durante su visita a la ciudad. Además, estuvo presente monseñor Víctor Antonio Tamayo Betancourt, obispo auxiliar emérito de Barranquilla, quien tuvo la responsabilidad de coordinar la visita papal hace cuatro décadas.Uno de los momentos más emotivos fue la coronación de la imagen de María Auxiliadora que san Juan Pablo II había coronado en 1986 ante miles de fieles reunidos en la actual Plaza de la Paz Juan Pablo II. El gesto evocó la profunda huella espiritual que dejó el Pontífice en la Iglesia colombiana.Al recordar aquella visita, monseñor Pablo Salas señaló que la bendición impartida por el Santo Padre continúa siendo implorada para Colombia, sus jurisdicciones eclesiásticas y sus seminarios, especialmente en un momento histórico que exige renovar la esperanza, fortalecer la comunión e impulsar una evangelización cada vez más cercana a las personas y sus realidades.Un legado que continúaLa jornada concluyó con la bendición de la nueva entrada del Seminario Regional Juan XXIII y un encuentro fraterno entre obispos, sacerdotes, seminaristas, familias y benefactores.Sesenta años después de su fundación, el Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII continúa siendo signo de la comunión entre las Iglesias particulares del Caribe colombiano y una expresión concreta del compromiso de la Iglesia con la formación de pastores según el corazón de Cristo, llamados a servir con alegría, cercanía y espíritu misionero al Pueblo de Dios.Vea la nota audiovisual de la celebración:Conozca la historia completa del Seminario Regional de la Costa Atlántica Juan XXIII:
Jue 28 Mayo 2026
El Congreso Nacional de Liturgia proyectó la construcción del cancionero litúrgico para la Iglesia en Colombia
La Iglesia católica en Colombia dio un nuevo paso en el fortalecimiento de su vida litúrgica con la realización del Congreso Nacional de Liturgia 2026, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia a través de su Comisión Episcopal de Liturgia y el Departamento de Liturgia del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano.Del 19 al 21 de mayo, más de 270 personas provenientes de las 78 jurisdicciones eclesiásticas del país —entre obispos, sacerdotes, delegados episcopales de liturgia, directores de ministerios de canto litúrgico, músicos, religiosos y laicos— se reunieron para reflexionar sobre uno de los aspectos centrales de la vida de la Iglesia: la celebración del misterio de la fe a través de la liturgia y el canto sagrado.El Congreso tuvo como propósito avanzar hacia la construcción de un cancionero litúrgico nacional, una iniciativa que busca fortalecer criterios comunes para el canto litúrgico en Colombia y ayudar a que las celebraciones expresen cada vez más la riqueza espiritual, teológica y comunitaria de la liturgia católica.“Fue un espacio de reflexión y de formación para nuestra Iglesia colombiana que tiene que ver, particularmente, con algo que es nuclear de la vida de la Iglesia: el celebrar el misterio del Señor”, afirmó monseñor José Saúl Grisales Grisales, obispo de Ipiales y presidente de la Comisión Episcopal de Liturgia.Un Congreso para reflexionar sobre el presente y el futuro del canto litúrgicoLa agenda académica incluyó ponencias, paneles y conversatorios sobre composición litúrgica, espiritualidad del músico católico, ministerio del canto, participación de la asamblea, iniciación cristiana, canto gregoriano e inculturación de la música sagrada.El invitado internacional del encuentro fue monseñor Marco Frisina, reconocido compositor de canto litúrgico y director del coro de la Diócesis de Roma, maestro de capilla de la Catedral de Roma y rector de la Basílica de Santa Cecilia en Trastevere, cuya presencia marcó profundamente la reflexión pastoral y musical del Congreso.Al cierre del encuentro, monseñor Frisina valoró especialmente la riqueza musical y el entusiasmo pastoral que encontró en las comunidades colombianas vinculadas al ministerio litúrgico.“Han sido unos días bellísimos al encontrar la realidad colombiana que gira en torno a la animación musical litúrgica”.El sacerdote italiano aseguró además que Colombia posee una identidad musical que representa una oportunidad significativa para seguir fortaleciendo la vida celebrativa de la Iglesia:“Creo que Colombia tiene por sí misma una vocación musical que debe cultivar”.Monsñor Frisina destacó especialmente el compromiso de jóvenes, sacerdotes y músicos que sirven en las parroquias y, bajo la perspectiva del cancionero nacional, animó a consolidar procesos que permitan que la música litúrgica siga ayudando al pueblo de Dios a vivir más profundamente la oración y la fe.El canto litúrgico como parte esencial de la celebraciónUno de los énfasis más fuertes del Congreso fue comprender que el canto litúrgico no es un elemento decorativo dentro de la celebración, sino parte integral de la acción litúrgica de la Iglesia.“El canto litúrgico no es algo que se añade, sino una manera de celebrar nuestra alegría de que el Señor nos comunica vida cuando nos encontramos con Él en la liturgia”, explicó monseñor José Saúl Grisales.Desde esa perspectiva, el encuentro permitió identificar importantes desafíos pastorales que hoy representan también oportunidades de renovación y formación para las comunidades católicas del país: fortalecer los procesos de formación litúrgica y musical, promover una participación más activa de las asambleas y profundizar en la identidad espiritual y ministerial de quienes sirven a través de la música.Un documento base trabajado durante el Congreso insiste precisamente en la necesidad de impulsar procesos permanentes de formación litúrgica para sacerdotes, seminaristas, músicos y fieles laicos, así como en recuperar el valor del canto sagrado como expresión auténtica de la fe celebrada.Hacia la construcción de un cancionero litúrgico nacionalEl padre Jairo de Jesús Ramírez Ramírez, director del Departamento de Liturgia, explicó que el trabajo adelantado durante estos días constituye el punto de partida de un proceso eclesial más amplio:“Con todo este material que hemos intentado recoger fruto de las grandes ponencias y de los diálogos y momentos de escucha, vamos a comenzar entonces a confeccionar el cancionero litúrgico para entregarlo a todos los directores de canto litúrgico del país, a los sacerdotes y a los señores obispos”.El sacerdote aclaró además que el proceso deberá continuar posteriormente en la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano y en el Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.Formación y espiritualidad para el servicio del canto litúrgicoOtra de las reflexiones centrales del Congreso estuvo relacionada con la comprensión del músico litúrgico como un verdadero ministro al servicio de la oración y de la comunidad.“El músico debe comprender que es un ministerio al que está llamado, igual de importante a los otros ministerios”, afirmó Cristina Lopera, licenciada en música y estudiante de Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana.La participante destacó también que estos espacios permiten integrar la formación musical con la dimensión espiritual, pastoral y teológica del servicio litúrgico.En la misma línea, el padre Juan David Muriel, doctor en liturgia, docente de la Universidad Pontificia Bolivariana en la Arquidiócesis de Medellín, recordó que el canto litúrgico tiene una profunda dimensión evangelizadora y comunitaria:“Si el canto litúrgico permite la plegaria, permite la unidad y fomenta la santidad, es un canto para hacer parte de la estructura misma de nuestra celebración”.El padre Muriel señaló que uno de los grandes desafíos es seguir fortaleciendo procesos formativos que ayuden a las comunidades a comprender mejor el sentido de la música dentro de la liturgia y a consolidar una mayor participación de toda la asamblea celebrante.Una Iglesia que busca celebrar con belleza, participación y comuniónEl Congreso también dejó planteada la necesidad de recuperar el valor de la “misa cantada” y de seguir promoviendo celebraciones vivas, participativas y profundamente arraigadas en la espiritualidad litúrgica de la Iglesia.“Qué bueno que nosotros hiciésemos conciencia y realidad de cantar la misa para Dios, porque solamente puede cantar un corazón enamorado”, expresó el padre Etilio Aldana Lozano, delegado episcopal de Liturgia en la Diócesis de El Espinal, refiriéndose a una reflexión compartida por el padre Juan David Muriel durante el congreso.Al cierre del encuentro, los participantes coincidieron en que el Congreso no solo permitió reflexionar sobre música y liturgia, sino fortalecer la experiencia de comunión y sinodalidad entre las Iglesias particulares del país.Tras este encuentro, la Iglesia colombiana reafirma su compromiso con una liturgia viva, seria, sencilla y hermosa, donde el canto siga siendo camino de oración, evangelización, participación y encuentro con Cristo.Vea a continuación el informe audiovisual del evento: