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Del contenido a la conversación: nuevos desafíos para la comunicación de la Iglesia Católica en Colombia
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Cerca de 80 comunicadores, periodistas, productores audiovisuales y delegados de las comunicaciones de diócesis, arquidiócesis, vicariatos apostólicos y equipos de Pastoral Social participaron en un encuentro nacional orientado a fortalecer una comunicación más articulada, estratégica y cercana a las realidades de los territorios. Obispos de la Comisión Episcopal de Comunicaciones acompañaron el espacio.
La comunicación de la Iglesia Católica en Colombia enfrenta desafíos que va más allá de producir contenidos y ampliar su presencia en plataformas digitales: comprender mejor las conversaciones que ya están ocurriendo en la sociedad, escuchar las realidades de los territorios y encontrar maneras de participar en ellas desde su identidad y misión.
Esta fue una de las principales reflexiones que dejó el Encuentro Nacional de Comunicadores de la Iglesia Católica colombiana 2026, realizado del 3 al 6 de agosto en La Ceja, Antioquia. Fue convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia, a través de su Departamento de Comunicaciones y Tecnologías, y por el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, lo que permitió, por primera vez, reunir en un mismo espacio a comunicadores de las jurisdicciones eclesiásticas y de las pastorales sociales, con el propósito de fortalecer la articulación, la unidad y la coherencia de la comunicación de la Iglesia en Colombia.
La experiencia buscó, además, fortalecer diferentes dimensiones del servicio comunicativo: la comunicación pastoral e institucional, las estrategias digitales y el trabajo con enfoque comunitario, de desarrollo y de cambio social.
El encuentro fue acompañado por los obispos que integran la Comisión Episcopal de Comunicaciones: monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y presidente de la Comisión; monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco; y monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja. También contó con la participación de docentes de la Fundación Universitaria Católica del Norte, institución de la Diócesis de Santa Rosa de Osos, que apoyó los espacios de formación.
Escuchar antes de comunicar
Uno de los ejes del encuentro fue la necesidad de comprender que el escenario actual de la comunicación está marcado por una "competencia" permanente por la atención.
WhatsApp, Instagram, TikTok, las noticias, la inteligencia artificial, las conversaciones familiares y las múltiples plataformas digitales forman parte de un ecosistema en el que las personas reciben y comparten información de manera constante.
Para Luis Fernando Sierra Escobar, docente de la Fundación Universitaria Católica del Norte, ponente del encuentro, el desafío no consiste simplemente en competir con otros actores, sino en reconocer que la Iglesia participa en un entorno en el que existen miles de conversaciones simultáneas.
Desde esta perspectiva, planteó que una estrategia de comunicación no debería comenzar con una parrilla de contenidos, sino con una lectura del territorio y de las personas: ¿qué preocupa?, ¿qué esperan?, ¿qué duele? y ¿qué buscan?
“Las personas ya están conversando. ¿Estamos entrando en esas conversaciones?”, fue uno de los interrogantes planteados durante su exposición.
El docente destacó, además, la importancia de identificar los distintos públicos de las instituciones eclesiales y comprender qué temas les interesan, qué necesidades tienen y cuáles son los canales más pertinentes para establecer con ellos una comunicación bidireccional.
“No es simplemente hablar por hablar, sino empezar a generar una conversación de acuerdo a los temas que nuestras comunidades están padeciendo, están sufriendo”, explicó Sierra.
Su propuesta invitó a pasar de una comunicación centrada exclusivamente en la emisión de mensajes a otra que incorpore procesos de escucha, comprensión, respuesta, conexión y acción, poniendo a las personas en el centro.
En este sentido, también subrayó que la opinión pública no se construye únicamente en los medios de comunicación. Los hechos son contados, compartidos en redes, comentados en espacios cotidianos y conversados en comunidades y grupos de mensajería, hasta adquirir una dimensión pública. Por eso, señaló, influir no significa controlar la conversación, sino participar en ella.
De informar a generar encuentro e incidencia
Esta perspectiva estuvo directamente relacionada con una de las principales conclusiones del encuentro: la necesidad de pasar de una comunicación orientada únicamente a informar a una comunicación capaz de generar encuentro, diálogo e incidencia.
El obispo de El Banco y miembro de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, destacó precisamente este aprendizaje.
“La comunicación no debe limitarse a transmitir información. Su verdadero propósito es crear relaciones, fomentar el diálogo y motivar acciones que transformen la realidad”.
Para el prelado, esta mirada plantea una pregunta que debe interpelar a los equipos de comunicación de la Iglesia: si las narrativas que producen están realmente entrando en diálogo con la realidad del país y si, antes de comunicar, están escuchando lo que ocurre en los territorios.
“Escuchando es cómo nosotros podemos entrar en la realidad para poder transformarla”, afirmó.
En esa misma línea, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y presidente de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, señaló que el encuentro permitió comprender la comunicación como una misión compartida y no como una tarea fragmentada entre diferentes áreas de la Iglesia.
Para el obispo, reunir por primera vez a quienes trabajan en las comunicaciones de las diócesis con quienes desarrollan esta labor desde la Pastoral Social permitió mirar conjuntamente el desafío comunicativo de la Iglesia.
La comunicación, afirmó, debe ayudar a construir narrativas humanas, capaces de conectar con los sentimientos, las angustias y las esperanzas de las personas, y permitir que sean ellas mismas quienes expresen su fe y su realidad.
Comunicar la misión, más allá de las actividades
Otro de los planteamientos centrales estuvo relacionado con la manera en que la comunicación contribuye a representar públicamente la misión de la Iglesia.
Durante el encuentro, Lida Astrid Losada Castro, coordinadora de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, propuso cinco conversiones (transformaciones) institucionales para fortalecer los servicios de comunicaciones: pasar de documentar procesos a participar en su construcción; de comunicar actividades a representar la misión de la Iglesia; de informar a generar encuentro e incidencia; de tener estructuras de comunicación a consolidar verdaderos Servicios de Comunicaciones; y de trabajar como instituciones aisladas a construir una inteligencia comunicativa en red.
Una de las preguntas planteadas fue: ¿qué Iglesia descubre una persona cuando conoce a la institución únicamente a través de sus canales de comunicación? La respuesta, explicó, no depende solamente de lo que se publica, sino también de lo que se decide no contar.
Las celebraciones, fiestas patronales, ordenaciones, peregrinaciones y demás acontecimientos de la vida eclesial forman parte esencial de la comunicación. Sin embargo, la representación de la Iglesia puede ampliarse para evidenciar también su presencia junto a comunidades afectadas por la violencia, procesos de reconciliación, atención a migrantes y víctimas, formación de líderes, educación, cuidado de la casa común, participación ciudadana y otras expresiones de su misión.
De ahí la invitación a pasar de comunicar acontecimientos a comunicar procesos, de cubrir eventos a narrar transformaciones y de publicar agendas a ayudar a comprender las realidades humanas que están detrás de esas acciones.
En esta tarea adquiere especial relevancia el periodismo institucional y el fortalecimiento de las páginas web de las jurisdicciones eclesiásticas como espacios de profundidad, contexto, memoria y credibilidad.
Historias con rostro y territorio
La necesidad de poner en el centro las historias y realidades de las personas fue compartida también por los participantes. Para Katia Carbal, delegada de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Cartagena, el encuentro permitió reconocer el papel de los comunicadores como portavoces de las realidades que viven las comunidades en los territorios, pero también como actores llamados a contribuir a su transformación.
“Nosotros también tenemos que ser esos puentes que acerquen”, señaló, al referirse a la necesidad de llevar la conversación hacia las comunidades rurales, los ríos, los mares y las montañas donde la Iglesia acompaña distintas realidades.
La comunicadora insistió, además, en la importancia de contar historias que permitan conocer los procesos de acompañamiento de la Iglesia y ponerles nombre y rostro a quienes hacen parte de ellos. La comunicación, afirmó, no debería limitarse a responder a las dinámicas de los algoritmos, sino contribuir a acercar, evangelizar, acompañar, consolar, comprender y transformar.
Para Gloria Londoño Monroy, docente de Comunicación Digital de la Fundación Universitaria Católica del Norte, esto implica que la comunicación estratégica debe partir de una lectura profunda de los contextos y de las necesidades de las comunidades. No basta, explicó, con conocer los canales que utiliza una población. Es necesario comprender sus condiciones sociales, psicológicas, culturales y tecnológicas, así como las causas y manifestaciones de las realidades que enfrenta.
También llamó la atención sobre la necesidad de evaluar la comunicación por sus efectos transformadores y no únicamente por indicadores cuantitativos como el alcance o las interacciones digitales.En determinados contextos, añadió, la mejor estrategia de comunicación puede no ser una red social o una página web, sino un medio físico o analógico adaptado a las condiciones de una comunidad. La comunicación digital, en esta perspectiva, está al servicio de una comunicación integral, social y humana.
Una comunicación que acompaña la construcción pastoral
Las reflexiones también plantearon la necesidad de que los equipos de comunicación participen en los procesos institucionales y pastorales desde su origen, y no únicamente cuando llega el momento de producir una pieza, registrar una actividad o publicar una noticia.
Monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, obispo de Barrancabermeja y miembro de la Comisión Episcopal de Comunicaciones, destacó que la comunicación debe ser transversal y estar presente en los diferentes espacios de la vida eclesial.
“Evangelizar es comunicar, es contar, es compartir experiencia, es hacer partícipes a otros del gozo y la alegría del Evangelio”, expresó.
Para el obispo, los equipos de comunicación deben participar en la construcción de los procesos pastorales para aportar desde su experiencia a la comprensión, desarrollo y comunicación de esas iniciativas, y no limitarse a replicarlas una vez terminadas.
Esta perspectiva fue también planteada durante la presentación de Lida Losada, quien señaló que cuando la comunicación participa desde el inicio puede aportar a la lectura del contexto, identificar riesgos y oportunidades, formular objetivos comunicativos y pensar qué conversaciones puede abrir una iniciativa.
Hacia una inteligencia comunicativa en red
La articulación fue, precisamente, otro de los grandes desafíos identificados durante el encuentro. Para Luis Fernando Sierra, la información y las experiencias que se generan en las diferentes jurisdicciones no deberían permanecer aisladas. Una experiencia desarrollada en una diócesis puede ofrecer aprendizajes a otra y contribuir a responder desafíos similares en distintos territorios. De ahí su llamado a fortalecer la circulación de información entre las diócesis, arquidiócesis, pastorales y las instancias nacionales.
“Las diferentes pastorales, las diferentes arquidiócesis, diócesis se quedan con la información y no llega para que se pueda repartir a nivel nacional”, señaló, destacando la necesidad de construir mecanismos permanentes de intercambio.
Esta idea converge con la propuesta de construir una inteligencia comunicativa en red, planteada durante el encuentro como una de las transformaciones necesarias para fortalecer la comunicación de la Iglesia en Colombia.
Más que compartir únicamente publicaciones, trabajar en red implica compartir aprendizajes, metodologías, fuentes, datos, narrativas, vocerías, experiencias y buenas prácticas. La finalidad es que las capacidades construidas en un territorio puedan fortalecer a otros.
En palabras de monseñor Ovidio Giraldo, avanzar en esta dirección permitiría fortalecer las redes, competencias, capacidades y recursos de los equipos de comunicación, y contribuir a visibilizar de manera más amplia la obra misionera, pastoral y evangelizadora de la Iglesia en Colombia.
“La riqueza de la Iglesia colombiana no está concentrada en Bogotá. Está distribuida por todo el país. Nuestra tarea debe ser ayudar a que esa riqueza circule”, se planteó durante el encuentro.
Una comunicación al servicio de la misión
Para los participantes, el encuentro representó también una oportunidad para reconocer los avances que ya se vienen dando en los equipos de comunicación de las jurisdicciones eclesiásticas.
El padre Jaime Marenco Martínez, delegado de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Barranquilla, destacó el crecimiento de los equipos diocesanos, la incorporación de profesionales laicos y sacerdotes con formación en comunicación y una mayor integración de los planes de comunicaciones con los planes globales de las diócesis y arquidiócesis.
A su juicio, estos avances han permitido desarrollar contenidos más estructurados sin perder la identidad y los criterios propios de la comunicación eclesial.
Para Alejandra Campos Albarán, líder de Comunicaciones del Secretariado de Pastoral Social-Cáritas Barranquilla, uno de los aprendizajes más importantes fue la necesidad de no quedar atrapados únicamente en las exigencias del día a día.
“Tenemos que enfocarnos realmente en lo estratégico y en aquellas historias que nos van a generar cambios reales en la comunicación”, afirmó.
Por su parte, Jorge Enrique Muñoz Uceda, asesor de Comunicaciones de la Pastoral Social de la Diócesis de Socorro y San Gil, resaltó el valor de conocer experiencias y relatos de diferentes regiones del país y de reconocer el aporte que la Pastoral Social puede hacer a la comunicación de las diócesis.
Andrés Flórez Guerra, delegado de Comunicaciones de la Diócesis de Duitama-Sogamoso, señaló como uno de los retos la necesidad de que la Iglesia vuelva a ocupar espacios de periodismo y conversación pública, participando en debates y conversaciones que contribuyan a construir paz, unidad y sinodalidad en Colombia.
Más que una agenda de formación, el Encuentro Nacional de Comunicadores planteó así una perspectiva para el servicio de comunicaciones de la Iglesia en Colombia: una comunicación que no se limite a informar lo que la Iglesia hace, sino que ayude a comprender su misión, acerque las realidades de los territorios, genere diálogo con la sociedad y ponga en circulación las experiencias que pueden contribuir al bien común.
Como síntesis de esta perspectiva, quedó una pregunta para los equipos de comunicación de las diferentes jurisdicciones: ¿qué mirada queremos ayudar a transformar, qué conversación queremos contribuir a construir y qué rostros e historias necesitamos hacer visibles?
Vea a continuación los principales momentos y testimonios más relevantes del encuentro:
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:
Mar 13 Oct 2026
La Iglesia colombiana se une en oración por el papa León XIV tras confirmarse su diagnóstico de cáncer pulmonar
El examen del tejido extirpado durante una cirugía torácica confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar. Según informó la Santa Sede, la intervención concluyó sin complicaciones y el Santo Padre despertó con normalidad. La Iglesia Católica en Colombia se une en oración por su salud e invita a todos los fieles del país a acompañarlo espiritualmente.La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este martes 13 de octubre sobre la evolución del papa León XIV, luego de la intervención de cirugía torácica a la que fue sometido, según lo previsto. El procedimiento consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.En el comunicado, se confirma que el examen histológico realizado durante la intervención permitió establecer el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, "como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias".Sobre el desarrollo de la cirugía, la Santa Sede precisó que el Santo Padre permaneció aproximadamente tres horas en el quirófano y que la intervención tuvo una duración cercana a los 90 minutos. El comunicado señala que "la intervención fue exitosa y no hubo complicaciones".Tras el procedimiento, el Papa "se despertó con normalidad" y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli, conocido como Hospital Gemelli, según el informe médico.La Iglesia en Colombia se une en oración por el Santo PadreAnte esta noticia, la Iglesia Católica en Colombia expresa su cercanía espiritual al papa León XIV y se une en oración por su salud y recuperación. La Conferencia Episcopal de Colombia invita a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles del país a elevar sus oraciones a Dios por el Santo Padre, pidiendo que lo fortalezca en este momento y acompañe su proceso de recuperación.Asimismo, anima a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y familias a hacer de la oración una expresión de comunión eclesial, esperanza y cercanía con el pontífice, encomendándolo a la protección maternal de la Virgen María.Vea a continuación el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Vie 9 Oct 2026
Pastoral Fronteriza de Colombia y Ecuador llama a proteger a las comunidades y sus territorios
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, en Tumaco, las Iglesias advirtieron sobre las violencias que afectan a las comunidades, el control territorial y las amenazas ambientales. También pidieron a ambos Estados y a los actores sociales e internacionales articular respuestas que garanticen los derechos humanos, la protección humanitaria y la construcción de paz.Las Iglesias de Colombia y Ecuador hicieron un llamado a fortalecer la cooperación binacional para proteger la vida y los derechos humanos en los territorios fronterizos, afectados por dinámicas de violencia, economías ilegales, desplazamiento y deterioro ambiental. La exhortación hace parte del comunicado final del Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en Tumaco, con la participación de representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan esta región, Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.En el documento, las Iglesias advierten que la frontera no puede entenderse únicamente como una línea que separa dos países, sino como un territorio compartido por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas, familias y personas migrantes que buscan protección y oportunidades. Desde esta perspectiva, señalan que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas se entrecruzan con disputas por corredores estratégicos y formas de control territorial y social.Uno de los puntos de alerta del comunicado es que la disminución de los hechos violentos registrados no necesariamente significa que haya disminuido el sufrimiento de las comunidades. El miedo, el confinamiento y el control social pueden mantener ocultas situaciones que afectan la vida cotidiana de la población. Ante este panorama, las Iglesias reiteran que no pueden normalizarse estas violencias y expresan su especial preocupación por las comunidades indígenas y afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.El mensaje también relaciona la protección de la vida humana con el cuidado de la casa común. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de las comunidades en sus territorios.Frente a estos desafíos, el comunicado plantea que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos ni a respuestas exclusivamente militares. Si bien reconoce la responsabilidad de los Estados de proteger a la población, garantizar derechos, fortalecer la justicia y enfrentar las redes criminales, subraya que la construcción de paz también requiere oportunidades dignas, instituciones cercanas, protección humanitaria, cuidado ambiental y fortalecimiento del tejido comunitario.Como parte de los compromisos del encuentro, las Iglesias acordaron fortalecer tres líneas de trabajo: la lectura permanente de la realidad fronteriza y la conservación de la memoria de sus pueblos; la acción pastoral y comunitaria para proteger la vida, construir paz y reconciliación, responder a las necesidades humanitarias y cuidar la casa común; y la articulación e incidencia binacional mediante el trabajo con las comunidades y el diálogo con instituciones públicas, organizaciones sociales, cooperación internacional y otros actores.El documento recoge, además, un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador para que, junto con las organizaciones sociales y la cooperación internacional, impulsen respuestas coordinadas. Las Iglesias advierten que las dinámicas que atraviesan la frontera superan la capacidad de respuesta de un solo país y que la protección de la vida exige corresponsabilidad y decisiones centradas en las personas y las comunidades.Este proceso se apoya en 34 años de trabajo conjunto de las Iglesias particulares de Colombia y Ecuador frente a las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión en estos territorios. La consolidación de una instancia binacional permanente busca fortalecer ese camino de cooperación, acompañamiento y solidaridad.Al concluir el encuentro, las Iglesias renovaron su compromiso de permanecer junto a las comunidades, acompañar a quienes sufren y fortalecer sus capacidades para resistir a la violencia y construir esperanza. Su mensaje final reafirma una convicción que orienta esta misión compartida: «Allí donde los límites políticos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos».Vea a continuación la lectura del mensaje final por monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco:Le puede interesar: Iglesias de Colombia y Ecuador avanzan hacia una agenda común para consolidar la pastoral fronteriza
Jue 8 Oct 2026
Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas
Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.