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Monseñor Rueda: “Que paren las guerras, las masacres y homicidios”
Al concluir la CXII la Asamblea Plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Luis José Rueda Aparicio, concedió una entrevista a Radio Vaticano-Vatican News, donde compartió acerca de las conclusiones del trabajo que los obispos realizaron durante los cinco días de sesión.
AQUÍ la entrevista completa ⬇️
La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Colombiana concluyó con un llamado a acabar con la espiral de violencia y muerte en el país, pero también a vivir este momento con esperanza y responsabilidad, sobre todo ante las elecciones que se aproximan. Vatican News en conversación con el presidente del episcopado, monseñor Luis José Rueda Aparicio.
“Las alternativas militaristas no son las únicas y deben ir acompañadas por un compromiso de desarrollo humano integral real”. “Hay un contexto de violencia creciente fruto del narcotráfico”. “Hay mucho derramamiento de sangre, muchos muertos, muchos civiles que han perdido la vida”. “Nosotros creemos en el duro camino del diálogo, que es un arte difícil”. Estas son solo algunas ideas tomadas de la entrevista con monseñor Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y presidente de la Conferencia episcopal colombiana (CEC) al término de la Asamblea Plenaria, la número 112, en un país sometido por la violencia, la insurgencia, el narcotráfico, la corrupción y la pobreza.
El camino sinodal emprendido por la Iglesia fue el tema central de la plenaria, que tuvo lugar del 14 al 18 de febrero, de forma presencial, pero también lo fueron la realidad del país, que se aproxima a una serie de elecciones legislativas y presidenciales, mientras los grupos insurgentes y la criminalidad organizada no dan tregua a una población sometida por la violencia. También se habló del trabajo que lleva adelante la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) en Colombia y se anunció la campaña Dona Nobis, que busca reunir fondos para la obra evangelizadora de la Iglesia en el país.
Entrevista con monseñor Luis Rueda Aparicio, presidente del episcopado colombiano. [icon class='fa fa-download fa-2x'] AQUÍ[/icon]
Escucha: Palabra clave
El presidente de la CEC, ante los micrófonos de Radio Vaticano-Vatican News, nos ofrece un panorama sobre la plenaria del episcopado y los desafíos de la Iglesia y la sociedad. Comenzando por la sinodalidad, abordada por los obispos bajo el tema: “Por una iglesia sinodal, comunión, participación y misión”. ¿Cuáles han sido los puntos resaltantes en esta reflexión de los obispos?
Primero, hemos hecho un puente de comunión total y plena con el Sucesor de Pedro, con el Papa Francisco. Segundo, hemos hecho todo el esfuerzo de implementar en las diócesis y vicariatos apostólicos de nuestro país, la consulta, la escucha, sinodal en el primer momento. Pero también, teníamos que hacerla entre nosotros, como obispos, como servidores de la evangelización en Colombia. Juntarnos para poder asumir este espíritu sinodal desde nuestra propia misión y desde nuestra propia condición de servidores de la pastoral como obispos.
Elecciones: Participación y fin de la violencia
P:/ Se sabe que la Iglesia no puede estar apartada de la realidad en la que vive. Los obispos han hablado de la situación del país y han dirigido un mensaje a propósito de las próximas elecciones legislativas ¿En qué contexto se enmarcan estos comicios y cuáles son los desafíos?
R:/ Los comicios electorales que se aproximan, tanto los legislativos como las dos vueltas presidenciales, marcan un año democrático de mucha importancia para Colombia. También tenemos grandes desafíos. Hay un contexto de violencia creciente que se ha venido incrementando fruto del narcotráfico, fruto de grupos armados que han hecho presencia en Colombia y en la región. Entonces, hay mucho derramamiento de sangre, hay muchos muertos, muchos civiles que han perdido la vida y hay muchos atentados contra la vida.
Por eso, en ese contexto, nosotros hemos hecho un llamado, primero a todos los colombianos a asumir con responsabilidad este momento crucial de la democracia de Colombia. Segundo, hemos hecho un llamado a los candidatos para que asuman la responsabilidad del servicio al bien común, para que no se dejen corromper y para que no generen odios que van a generar también, como consecuencia, más guerra y más violencia entre los colombianos. Y tercero, hemos hecho un llamado a la esperanza, un llamado a sentir que este es un momento para vivirlo con responsabilidad y con esperanza.
Cese al fuego
P:/ La iglesia colombiana en más de una oportunidad se ha propuesto como mediadora, en diversos momentos críticos, convocando a un diálogo, sobre todo, con el gobierno y las partes en conflicto. Este viernes, instituciones católicas y organizaciones internacionales han pedido un alto al fuego y la protección de la población civil. Como obispos también han solicitado un encuentro con el presidente de la república, Iván Duque. ¿ Cómo se podría abrir un diálogo que mejore la situación de conflicto que existe en el país?
R:/ Los obispos de Colombia hemos hecho un llamado al cese al fuego. Hemos dicho a todos los grupos armados que están en conflicto en nuestro país que paren la guerra, que paren las masacres, que paren los homicidios, que permitan que vivamos un proceso democrático en reconciliación y paz. Pero, además, los obispos de distintas regiones del país como la zona limítrofe con Venezuela, el Catatumbo Ocaña y Arauca.
Igualmente, los de la zona del Pacífico, donde está el Departamento del Chocó, hemos llamado al gobierno nacional para que permita que entablemos diálogos. Le hemos dicho al gobierno también que no escatimen ninguna posibilidad de diálogo para que esta situación dolorosa en nuestro país, tenga una salida racional, pronta y estable.
No a la ideología de guerra
P:/ Precisamente, usted ha dicho una frase enérgica en la rueda de prensa: “No aceptamos la ideología de guerra”. Hablando también de la situación del Chocó o del Arauca, por ejemplo, hay asesinatos, narcotráfico, guerrilla, criminalidad, ocupaciones, desplazamientos y, también, una situación de militarización muy grande. En este sentido, ¿en qué consiste esa “ideología de guerra” de la que usted habla? ¿Es solamente por parte de la insurgencia o también la fuerte militarización que hay actualmente?
R:/ Hay una cadena de muerte en Colombia que lleva muchas décadas. Por un lado, el narcotráfico, que ha hecho de Colombia un lugar de producción, de consumo, de procesamiento y, también, de exportación a Europa y a Estados Unidos de la coca. Con eso, el narcotráfico compra armas y, con esas armas, se trabaja a través de los grupos, ya sea de paramilitares o guerrilleros que están haciendo mucho daño y que ponen a la población civil en medio de los fuegos, todo por adueñarse del producto del narcotráfico, pero también por adueñarse de los territorios, dónde viven los campesinos, los indígenas, los afroamericanos, los más pobres.
Por eso, nuestro llamado contundente es a parar la guerra, a respetar el derecho internacional humanitario y a quitar toda forma de conflicto para que podamos encontrarnos, reconciliarnos, soñar y trabajar por una Colombia posible, viable, reconciliada que respete la vida y en paz.
Azotados por el conflicto
P:/ ¿Usted cree que la manera de solucionar estos problemas sea solo un gran desplazamiento de fuerzas del orden, fuerzas de seguridad y de militares para detener el conflicto o existen también otras alternativas?
R:/ Sin duda que existen muchas alternativas. Lo primero es atender, escuchar a la población civil que está en estos territorios azotados por un conflicto recio, profundo, que les quita las tierras y les quita la vida. Pero, además, es necesario que haya un protagonismo de todas las comunidades. Finalmente, es muy importante que sepan que nosotros como Iglesia, los sacerdotes, la vida consagrada, los laicos, ese Pueblo de Dios que peregrina en Colombia, creemos y esperamos una posibilidad mayor de reconciliación, de encuentro. Sin duda que hay muchos caminos.
Nosotros creemos en el duro camino del diálogo, que es un arte difícil, para sentarnos a dialogar como se ha hecho en otras ocasiones, es la única posibilidad racional. Lo ha dicho el Papa Francisco: O todos somos hermanos o todos nos hundimos. Y nosotros queremos optar por un camino de fraternidad que le dé horizontes de esperanza y de vida nueva a todos colombianos, porque aquí no sobra nadie. Entonces, las alternativas militaristas no son las únicas y deben ir acompañadas por un compromiso de desarrollo humano integral real y concreto en todas las regiones.
Periodistas: servidores de la verdad
P:/ Monseñor Rueda, por último, durante la Asamblea Plenaria se celebró el Día Nacional del Periodista, el miércoles 16 de febrero. ¿Cuál es, a su juicio, la importancia de los medios de comunicación y de los periodistas en la construcción de la paz en Colombia?
R:/ Felicito a todos los periodistas, de Colombia y del mundo. Tienen una gran responsabilidad. Nos encontramos con ellos aquí en la sede de la conferencia episcopal y pudimos dialogar, como seres humanos, y a la luz del mensaje del Santo Padre, los invitamos de la verdad, a ser misioneros de la esperanza, a ser servidores de una vida posible en Colombia. Ellos saben de esa gran responsabilidad que tienen, y por eso los estamos invitando a que sean servidores para evitar toda polarización, evitar todo odio, todo rencor, para que estos comicios electorales transcurran en la verdad y que sepan que, con la comunicación en todos los medios, nos pueden ayudar a buscar el bien común de todos los colombianos.
Fuente: Radio Vaticano-Vatican News
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Vie 25 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Jue 24 Sep 2026
Jue 1 Oct 2026
Nuevos ataques en la subregión del San Juan: Mons. Mario de Jesús Álvarez clama por la paz y la protección de las comunidades
Ante los recientes ataques contra estaciones de Policía en Nóvita y Santa Rita de Iró, la Iglesia expresa su preocupación por el impacto de la violencia en la población civil y pide buscar caminos de paz, diálogo y respeto por la dignidad humana.La Diócesis de Istmina-Tadó hizo un llamado urgente a detener la escalada de violencia que en los últimos días ha afectado a distintos municipios de la subregión del San Juan, en el sur del departamento del Chocó, y que nuevamente tiene a las comunidades sufriendo.La situación se agudizó el miércoles 30 de septiembre en Nóvita, donde, alrededor de las 10:00 de la mañana, mientras la comunidad se disponía a iniciar la celebración de la Eucaristía con motivo de la fiesta patronal de San Jerónimo, se registró un ataque contra la estación de Policía mediante drones y armas de largo alcance. De acuerdo con información de las autoridades, el hecho incluyó el lanzamiento de seis granadas desde drones y también afectó instalaciones militares. No se reportaron personas heridas.Para la Diócesis, la situación adquiere una especial gravedad por haber ocurrido en medio de una celebración religiosa y en el casco urbano, donde la población quedó expuesta al riesgo.Desde Nóvita, monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, expresó su preocupación por lo que está ocurriendo en la región y pidió a los grupos armados detener las acciones que están afectando directamente a las comunidades. También pidió al al Gobierno Nacional priorizar la protección de las comunidades.“Todo debemos pararlo inmediatamente, dada la angustia y la zozobra que esto provoca”, manifestó el obispo, quien insistió en que la salida debe buscarse por “los caminos del Evangelio y los caminos de la paz”.El prelado señaló que durante los últimos días se han registrado graves hechos de violencia en municipios como Tadó, Río Iró, Sipí, Condoto y Nóvita. En declaraciones entregadas este 1 de octubre, explicó que, a su juicio, las comunidades están experimentando miedo e impotencia y que muchas personas prefieren guardar silencio ante el riesgo que perciben en sus territorios.Sobre las dinámicas del conflicto, monseñor Álvarez se refirió a la confrontación entre el ELN y las AGC, así como a los ataques contra integrantes de la Fuerza Pública. Sus apreciaciones corresponden a su lectura de la situación que viven las comunidades que acompaña pastoralmente la Diócesis.La violencia continúa en Santa Rita de IróLa preocupación se extendió este jueves 1 de octubre a Santa Rita de Iró, cabecera municipal de Río Iró. Según informó el padre Ernesto Zapata, vicario general de la Diócesis de Istmina-Tadó, durante la mañana se habían registrado múltiples explosiones de artefactos lanzados mediante drones contra la estación de Policía.“Lo que sabemos hasta el momento es que se han producido al menos seis ataques desde aeronaves no tripuladas...aún no se tiene información confirmada sobre posibles personas heridas", explicó el sacerdote. Recordó, además, que esta población, de aproximadamente 4.000 habitantes, ya había vivido numerosos ataques con estos artefactos dos meses atrás.“Que todos vivamos en dignidad y en respeto”Ante este panorama, la Diócesis de Istmina-Tadó insiste en que las comunidades no pueden continuar soportando las consecuencias de la confrontación armada. Su llamado se dirige a quienes tienen responsabilidades en las decisiones de seguridad y, de manera particular, a los actores armados que desarrollan acciones violentas en los territorios.“Únicamente es dejándonos iluminar por el Dios del amor, de la misericordia y del perdón como podemos hallar caminos para que todos vivamos en dignidad y en respeto”, expresó monseñor Álvarez.La preocupación de la Iglesia por la situación de las comunidades del San Juan no es nueva. En anteriores momentos de confinamiento y confrontación armada, la Diócesis de Istmina-Tadó ha pedido que se garantice la libertad de movilidad de la población civil y el acceso de la Iglesia y de las organizaciones humanitarias a las comunidades afectadas.Precisamente estas localidades del sur del Chocó resultaron gravemente impactadas por el terremoto del 10 de agosto en Colombia. La mayor parte de sus viviendas sufrieron graves daños estructurales y las comunidades aún están a la espera del proceso de recuperación y reconstrucción.Vea el mensaje del Obispo de Istmina-Tadó a continuación:
Jue 1 Oct 2026
“Que la Iglesia sea una casa abierta": Papa León XIV pide acompañar y orar por quienes enfrentan dificultades de salud mental
El Santo Padre invita a rezar para que la Iglesia sea una casa abierta, capaz de acompañar sin juzgar a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y de integrar este cuidado en la vida y misión de las comunidades.La Iglesia en Colombia se une a la intención de oración confiada en este mes de octubre por el Papa León XIV a la Red Mundial de Oración del Papa: “Por la pastoral de la salud mental”. A través de la iniciativa “Reza con el Papa”, el Santo Padre invita a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a orar para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, contribuyendo a superar el estigma y la discriminación que enfrentan las personas con enfermedades mentales.La propuesta del Pontífice pone en el centro a quienes viven situaciones de ansiedad, depresión u otras enfermedades mentales, muchas veces en silencio y en medio de experiencias de soledad, incomprensión o estigmatización. En este contexto, el papa León XIV pide que la Iglesia sea una “casa abierta”, un espacio seguro donde todos tengan un lugar y donde las personas puedan ser escuchadas y acompañadas sin juicios ni miedo.Una Iglesia que acompaña y no descartaEn la oración, el Papa León XIV se dirige al “Dios de la vida”, que conoce las luces, sombras y heridas silenciosas que habitan el corazón humano. Desde allí, presenta ante el Señor a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y recuerda que Dios los llama por su nombre, con ternura, y que en Él encuentran dignidad y esperanza.La plegaria también contiene una petición de perdón por las veces en que la comunidad ha mirado hacia otro lado y ha contribuido al estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales. El Papa pide que la Iglesia se convierta en una comunidad que acompaña y no descarta, que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.La intención se extiende, además, a quienes acompañan y cuidan: profesionales de la salud, familiares, voluntarios y todas aquellas personas que, desde distintos ámbitos, tienden puentes de comprensión y consuelo. Para ellos, el Pontífice pide fortaleza y compasión.Finalmente, el papa León XIV invoca al Espíritu Santo para que la Iglesia aprenda a acoger e integrar el cuidado de la salud mental en la vida y en la misión de sus comunidades, de manera que pueda ser signo vivo de una misericordia que acompaña, sostiene y restaura.Una realidad que interpela a la sociedad y a la IglesiaLa intención de oración responde a una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud señala que cerca de mil millones de personas viven con algún trastorno mental y advierte que el estigma, la discriminación y las dificultades para acceder a servicios de calidad continúan siendo obstáculos importantes para quienes necesitan atención.La situación también tiene una incidencia particular en niños y adolescentes. La OMS estima que uno de cada siete jóvenes entre los 10 y los 19 años experimenta un trastorno mental, mientras que muchos de estos casos permanecen sin reconocer o sin tratamiento. La organización advierte, además, que quienes viven con estas condiciones son especialmente vulnerables a la exclusión social y a la discriminación.Ante esta realidad, la Iglesia está llamada a fortalecer espacios de acogida y acompañamiento, en articulación con las familias, las comunidades y los profesionales que brindan atención especializada. La pastoral de la salud mental no busca sustituir el trabajo de los profesionales de la salud, sino ofrecer también cercanía, escucha, acompañamiento y una comunidad en la que cada persona pueda experimentar que su dignidad es reconocida.“No podemos hacerlo solos”El Papa León XIV ya se había referido a la salud mental durante la vigilia de oración con jóvenes celebrada en Barcelona el 9 de junio de 2026. En respuesta al testimonio de una joven que compartió su experiencia con la depresión, el Pontífice llamó la atención sobre las presiones y expectativas que pueden afectar los equilibrios fundamentales de las personas y, al reflexionar sobre el dolor y la soledad, afirmó: “no podemos hacerlo solos”.Esta expresión ilumina también la intención de oración de octubre: frente al sufrimiento que muchas personas experimentan en silencio, la respuesta cristiana pasa por fortalecer comunidades capaces de acompañar, escuchar y acoger. Se trata de que nadie tenga que afrontar solo sus heridas y de que la Iglesia pueda ser un lugar donde las personas encuentren cercanía, dignidad y esperanza.Oración del Papa León XIV por la pastoral de la salud mental:En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Dios de la vida,Tú conoces lo más íntimo de nuestro corazón,las luces y sombras que nos habitan,las heridas silenciosas que a veces nadie ve.Hoy te presentamos a nuestros hermanos y hermanasque enfrentan dificultades en su salud mental,que sufren en soledad con ansiedad, depresión o cualquier otra enfermedad mental.Tú los llamas por su nombre, con ternura,y en Ti encuentran dignidad y esperanza.Perdónanos por las veces que hemos mirado hacia otro lado,alimentando el estigma y la discriminaciónhacia las personas con enfermedades mentales.Haz que tu Iglesia sea casa abierta,espacio seguro donde todos tengan lugar,comunidad que acompaña y no descarta,que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.Te pedimos, Señor, por quienes cuidan:profesionales, familiares, voluntarios,hombres y mujeres que con paciencia y amortienden puentes de comprensión y consuelo.Dales fortaleza y compasión para sostener.Envía tu Espíritu sobre nosotros,para que aprendamos a acoger e integrar el cuidado de la salud mentalen la vida y en la misión de nuestras comunidades y de toda la Iglesia,y así lleguemos a ser un signo vivo de tu misericordia,que nunca abandona y siempre restaura.Amén.Vea el video de la oración del Papa a continuación:
Mié 30 Sep 2026
Tras peregrinar con María, la Arquidiócesis de Medellín se dispone a vivir octubre misionero
Cerca de 1.300 personas participaron en la tradicional Peregrinación Mariana de la Arquidiócesis de Medellín. La jornada fue encabezada por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, y el obispo auxiliar, monseñor José Mauricio Vélez García. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas y fieles se unieron en esta jornada que cada año prepara a la Iglesia particular para vivir octubre, Mes Misionero.El 26 de septiembre, acompañados por la Virgen del Seminario, los peregrinos caminaron unidos en oración hasta el Seminario Mayor de Medellín. Durante el recorrido, los participantes encomendaron sus intenciones, la vida pastoral de la Iglesia particular y los frutos de este mes de las misiones que celebra la Iglesia Universal.La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo. En su homilía, el prelado centró su reflexión en la bienaventuranza proclamada en el Evangelio y destacó que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica permite descubrir el sentido de la fe y avanzar hacia una vida transformada por ella.“La Palabra de Dios no es una teoría, es una persona a la que nos unimos para que se haga carne en nosotros”, afirmó el arzobispo, subrayando así la relación entre la escucha de la Palabra y la vida concreta de los creyentes.Monseñor Tobón también presentó a la Virgen María como modelo de quien escucha la voluntad de Dios y responde con toda su vida. En este sentido, vinculó la peregrinación con el camino misionero que la Iglesia está llamada a recorrer:“Qué hermosa esta jornada: estar reunidos en torno a la Madre y con ella reconocer quiénes somos, a dónde vamos y qué tenemos que hacer”.
Mar 29 Sep 2026
Liberar y cuidar: Iglesia en Colombia profundiza sobre nuevos criterios para el Ministerio del Exorcismo
El tercer curso nacional de formación para exorcistas reunió en Bogotá a sacerdotes y delegados de distintas regiones para profundizar en protocolos, criterios de discernimiento y prácticas pastorales orientadas a proteger la dignidad de las personas atendidas.En Colombia, el Ministerio del Exorcismo avanza hacia una práctica pastoral cada vez más consciente de la responsabilidad que implica acompañar a personas que atraviesan situaciones de especial vulnerabilidad. Esta fue una de las principales conclusiones del tercer curso nacional de formación para exorcistas, organizado por la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, bajo el lema “Liberar y Cuidar: El Ministerio del Exorcismo desde la Cultura del Cuidado”.El encuentro, que contó con la participación de cerca de 80 representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país y con aportes de expertos nacionales e internacionales, dio continuidad a los dos cursos anteriores, centrados en “Exorcismo y oración de liberación” y “Discernimiento y espiritualidad, pilares del sacerdote exorcista y su equipo”. En esta tercera edición, la reflexión se concentró en cómo incorporar de manera concreta la cultura del cuidado, la normativa eclesial y criterios de actuación responsable en este ministerio.“La figura del exorcista la debemos no solo valorar, sino también cuidar”, señaló monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín y presidente de la Comisión Episcopal de Doctrina de la CEC, al explicar que se trata de un servicio que requiere formación, discernimiento, oración y comunión con el obispo. El prelado recordó que el exorcismo es un sacramental de la Iglesia y que su ejercicio corresponde al sacerdote que ha recibido legítimamente este encargo de parte del obispo.El cuidado de la persona, en el centroUno de los principales énfasis del curso fue la necesidad de que quienes ejercen o acompañan este ministerio tengan claridad sobre los riesgos de generar nuevas afectaciones en personas que ya llegan a la Iglesia en condiciones de fragilidad. El padre Iván José Ruiz Vidal, delegado para el Ministerio del Exorcismo de la Arquidiócesis de Cartagena, destacó este desafío: “En la medida en que nosotros adoptamos el cuidado dentro de nuestro ministerio, pues evitamos entrar en revictimización”.Desde esta perspectiva, el cuidado no se planteó como un elemento adicional al ejercicio del exorcismo, sino como un criterio transversal que debe orientar la relación con quienes solicitan acompañamiento. Esto implica respetar su dignidad, intimidad y libertad; ofrecer una escucha adecuada; evitar actuaciones que puedan producir nuevas heridas y reconocer cuándo una situación requiere la intervención o el acompañamiento de otros profesionales.El padre Gabriel Londoño Sepúlveda, sacerdote exorcista de la Arquidiócesis de Bogotá, sintetizó este enfoque en dos direcciones: el cuidado del ministro hacia las personas que atiende y el cuidado de quienes acuden a él en el ejercicio de su ministerio. Para ello, subrayó la importancia de actuar desde la verdad, el amor, una recta doctrina, la escucha y el acompañamiento pastoral.Discernir antes de intervenirOtro de los aprendizajes centrales fue la necesidad de fortalecer el discernimiento. Las reflexiones abordaron la importancia de evitar atribuciones apresuradas de carácter espiritual frente a situaciones que pueden tener dimensiones psicológicas, psiquiátricas, médicas o sociales.Monseñor José Mauricio Vélez insistió en que el sacerdote exorcista debe contar con criterios suficientes para distinguir las distintas realidades que pueden estar presentes en una persona que solicita ayuda. De ahí la importancia de una formación que permita conjugar la dimensión espiritual con las herramientas provenientes de otras disciplinas.En la misma línea, las ponencias sobre los criterios para el discernimiento de la acción extraordinaria del maligno, las directrices para el ministerio del exorcismo y los posibles abusos en el uso del ritual profundizaron en la necesidad de actuar con prudencia, rigor teológico, formación, oración y trabajo interdisciplinario.El curso también abordó situaciones relacionadas con prácticas de ocultismo y algunas terapias alternativas, planteando la prevención y la formación de las comunidades como herramientas necesarias para que los fieles puedan desarrollar criterios de discernimiento frente a las distintas propuestas espirituales que encuentran en la sociedad contemporánea.Prevenir abusos y fortalecer la responsabilidadLa cultura del cuidado también llevó a revisar posibles formas de abuso en el ejercicio del ministerio, incluidos aquellos que pueden surgir por desconocimiento, actuaciones inadecuadas o interpretaciones erróneas del ritual.Monseñor Rubens Miraglia Zani, exorcista de la Diócesis de Bauru, en Brasil, uno de los conferencistas internacionales del encuentro, llamó la atención sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia episcopal y la formación de quienes participan en este servicio. También recordó que no toda persona que se presenta como exorcista cuenta con la autorización eclesial para ejercer este ministerio.De acuerdo con el sacerdote brasileño, esta claridad resulta particularmente relevante en contextos en los que personas que buscan una respuesta inmediata frente a situaciones de sufrimiento pueden quedar expuestas a prácticas que no corresponden al ejercicio legítimo del ministerio de la Iglesia.“No hacemos de nombre propio sino en nombre de la Iglesia y, por lo tanto, hay que seguir lo que nos pide la misma Iglesia”, afirmó el sacerdote brasileño.En este sentido, monseñor Vélez recordó también que el exorcista es un sacerdote nombrado por el obispo y que los fieles pueden acudir a sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas para conocer quién ha recibido este encargo. Esta claridad busca favorecer el orden pastoral y prevenir que personas vulnerables terminen recurriendo a quienes actúan al margen de la autoridad y de las normas de la Iglesia.Una responsabilidad que involucra al exorcista y a su equipoEl curso amplió, además, la reflexión sobre quienes acompañan al sacerdote exorcista. La selección, formación, acompañamiento y actuación de los auxiliares fueron abordados como elementos necesarios para garantizar que todo el equipo comprenda los límites de su servicio, actúe con discreción y permanezca en comunión con la autoridad eclesial.Entre los elementos identificados durante los talleres se destacó la necesidad de fortalecer competencias relacionadas con el discernimiento, la formación doctrinal y canónica, el equilibrio humano y espiritual, el trabajo interdisciplinario y la capacidad de reconocer señales de alerta en la práctica pastoral.La reflexión sobre la cultura del cuidado incluyó también el cuidado del propio sacerdote exorcista, tanto en sus dimensiones física y psicológica como espiritual, así como la importancia de evitar actitudes de protagonismo o autorreferencialidad que puedan desvirtuar el sentido eclesial del servicio.De la reflexión a líneas de acciónUno de los aportes metodológicos del encuentro fue el trabajo desarrollado en ocho mesas, organizadas según las provincias eclesiásticas. Este ejercicio permitió compartir experiencias territoriales, reconocer desafíos comunes y plantear propuestas para fortalecer el ministerio en las distintas jurisdicciones.El análisis de las normas canónicas y la construcción de un mapa de competencias permitieron, además, trasladar las reflexiones a situaciones concretas de la práctica pastoral. Las conclusiones recogidas durante estos ejercicios serán objeto de una posterior sistematización por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia.Para el padre Carlos Guillermo Arias, director del Departamento de Doctrina de la CEC y coordinador de la organización del curso, este proceso se inscribe en la responsabilidad de continuar ofreciendo herramientas de formación para quienes prestan este servicio en las Iglesias particulares.La proyección, de acuerdo con lo trabajado durante el encuentro, apunta a mantener una formación permanente, fortalecer la articulación entre las jurisdicciones eclesiásticas, consolidar criterios comunes de actuación y profundizar en protocolos y líneas de acción que permitan responder de manera responsable a las situaciones que llegan a este ministerio.“Es relevante seguir formándonos y ojalá tuviésemos la posibilidad de seguir formando también otro mayor número de sacerdotes”, señaló el padre Iván José Ruiz, quien insistió en que la tarea no puede reducirse a una comprensión exclusivamente espiritual de las situaciones que afectan a las personas, sino que debe considerar también las circunstancias sociales y las afectaciones a la dignidad humana.Así, el tercer curso nacional dejó como uno de sus principales desafíos hacer de la cultura del cuidado una práctica permanente del Ministerio del Exorcismo en Colombia: un servicio ejercido en comunión con el obispo, con sólida formación espiritual, doctrinal y canónica, capacidad de discernimiento, apertura al trabajo interdisciplinario y especial atención a la dignidad y protección de las personas vulnerables.Vea el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados: