SISTEMA INFORMATIVO
Inicia el tiempo de Adviento - Estén atentos, vigilen
Tags: tiempo litúrgico adviento monseñor omar mejía arzobispo de florencia Iglesia nacimiento de jesús
Por: Mons. Omar de Jesús Mejía Giraldo - Hoy celebramos el primer domingo del tiempo de Adviento, con esta celebración iniciamos un nuevo año litúrgico. El Adviento es un tiempo santo en el que como Iglesia durante cuatro domingos nos preparamos con intensidad para la celebración de la Navidad. El Adviento es un tiempo de alegría, caracterizado por la preparación espiritual del nacimiento de Jesús.
El Adviento comienza en el domingo más próximo al 30 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Es un tiempo dedicado a la reflexión, penitencia y oración como preparación para recibir a Nuestro Señor Jesucristo. Es un tiempo de espera gozosa. Etimológicamente, la palabra Adviento es de origen latín “adventum” que significa “llegada”. El color que utilizamos durante este tiempo es el morado.
El santo evangelio que hoy se proclama en la Santa Misa está en Marcos 13, 33-37. La palabra clave para entender el mensaje es: Vigilar. Así empieza el Santo evangelio: Estén atentos, vigilen: pues no saben cuándo es el momento. Dice San Columbano (559 – 615 d. C): “La grandeza del hombre consiste en su semejanza con Dios, con tal de que la conserve”. Nuestra primera tarea es vigilar nuestra semejanza con Dios, para conservarla. Preguntémonos: ¿Yo_____, soy consciente de mi grandeza y dignidad, como imagen y semejanza de Dios? Si fuéramos más conscientes de nuestra dignidad, evitaríamos más el pecado.
Si queremos vivir en estado de gracia, si queremos prepararnos dignamente para recibir a Jesús Nuestro Dios y Señor en la Navidad, estemos atentos, vigilemos nuestros sentidos externos. En el secreto de nuestra conciencia y con sinceridad de corazón respondamos las siguientes preguntas: ¿Qué ven mis ojos, como ven mis ojos, que auscultan mis ojos? ¿Qué huele mi olfato? ¿Qué toca mi cuerpo (tacto)? ¿Qué escuchan mis oídos? ¿Qué es aquello más agradable a mi gusto? Si no vigilamos nuestros sentidos externos, nos veremos confundidos al interior de nuestros sentidos internos.
La segunda parte del evangelio es una sencillísima parábola narrada al estilo de San Marcos, escuchemos: Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. El evangelista nos está diciendo que el dueño del mundo es Dios. Dios es semejante aun dueño que se marcha a tierras lejanas y a cada uno de nosotros nos ha dejado una herencia, para que la cuidemos y estemos atentos y vigilantes acrecentando los talentos que Él nos ha concedido. El gran talento que Dios nos ha dejado es la libertad. Este es un don que nos permite obrar sin ningún prejuicio. Nuestro gran afán en el obrar debería ser solo: “ser lo que se es”, es decir, obrar de acuerdo con lo que Dios a cada uno nos ha dado. El día de su regreso Dios nos pedirá cuenta de nuestra administración. Lo primero que debemos aprender a administrar es nuestro propio ser, un ser que como ya lo hemos dicho, ha sido creado a imagen y semejanza del mismo Dios.
Si nosotros queremos permanecer en la gracia de Dios, si queremos conservar en nosotros la imagen y semejanza con Dios, debemos estar vigilantes frente al pecado. ¿Cómo estar atentos para no pecar? A la luz de la Palabra de Dios del presente domingo, podemos meditar tres aspectos, virtudes, valores o actitudes fundamentales para permanecer en Dios, evitar el pecado y así mantenernos firmes en nuestra dignidad de ser imagen y semejanza de Dios:
1. El amor a Dios
San Columbano nuevamente nos dice: “Amando a Dios es como renovamos en nosotros su imagen”. Volvamos a la invitación de siempre, recordemos un principio básico y fundamental de nuestra fe: “Amar a Dios sobre todas las cosas”. El amor es la esencia de nuestra fe cristiana. “Sólo el amor es digno de fe”. Dice el Papa Francisco: “El verdadero amor "debe llevar a hacer el bien (...), a ensuciarte las manos en las obras de amor”. Hermanos, estamos comenzando el Adviento, ya, a la puerta está la Navidad y en este tiempo brota nuestra sensibilidad por los demás. Por favor, si vamos a hacer una obra de amor, hagámosla bien. No les demos a los demás sólo lo que nos sobra, ofrezcámosle, a nuestros hermanos, cosas que realmente las necesiten y les sirva para su bienestar. Regalar basura es pecado. Dar lo que nos sobra es una injusticia. La verdadera caridad cristiana es, como dice Santa Teresa de Calcuta: “Dar aquello que nos duele darlo”. La Navidad es tiempo para compartir y dar fraternidad, afecto, cercanía tiempo. La Navidad es tiempo para amar a Dios y desde Dios amar a los hermanos.
2. La piedad
La Piedad es un término que tiene su origen en el vocablo latino piĕtas, es una virtud que provoca devoción frente a todo lo que guarda relación con cuestiones santas y se guía por el amor que se tiene hacia Dios. La piedad es una virtud que se traduce en acciones impulsadas por el amor que se siente por los demás y la compasión hacía el prójimo. La piedad es también una virtud propia del tiempo litúrgico que celebramos. Como un acto de piedad pedimos a Dios que venga y no tarde, que venga y transforme nuestras vidas. La piedad es una virtud que se ejerce en la libertad de los hijos de Dios. La piedad nos permite madurar en la fe, ya que la piedad se ejerce en sí misma y no por intereses mezquinos. Escuchemos lo que nos decía un autor espiritual anónimo del siglo II: “Ningún justo consigue en seguida la paga de sus esfuerzos, sino que tiene que esperarla pacientemente. Si Dios premiase en seguida a los justos, la piedad se convertiría en un negocio; daríamos la impresión de que queremos ser justos por amor al lucro y no por amor a la piedad”. Cuidado, no podemos dar la impresión de que la piedad es un negocio. La piedad es una virtud de la religión y tiene su sentido en sí misma. La piedad como virtud también se aprende. Por favor, aprovechemos este tiempo de Adviento y Navidad para enseñar a nuestros niños (as) la virtud de la piedad.
3..El silencio
Hermanos el Adviento y la Navidad nos invitan a la contemplación del misterio de la encarnación del Verbo. Es un tiempo oportuno para crecer en el silencio contemplativo del misterio encarnado. No confundamos diciembre con Navidad, celebremos la Navidad, no simplemente diciembre. Hagamos silencio. Adviento y navidad es tiempo para el silencio.
Hagamos silencio si queremos crecer en el amor. Hagamos silencio si queremos entender el momento presente que estamos viviendo. El ruido nos aturde y ensordece, nos confunde, nos desbarata y nos puede volver agresivos. El ruido no nos permite escuchar la voz de Dios y el sufrimiento de nuestros hermanos. Uno de los protocolos más urgentes y necesarios ante la crisis que vivimos en la actualidad es el silencio. Pero no se trata de un silencio agresivo y resentido, es decir, un silencio masticando el dolor, el resentimiento y la rabia, este silencio hace muchísimo mal, destruye nuestras relaciones e incluso nuestro sistema inmunológico. La propuesta es la de un silencio reflexivo, un silencio diálogo, un silencio activo, propositivo y creativo, un silencio palabra. Este silencio es fuente de vida nueva.
El silencio no es un fin, el silencio es un camino pedagógico, no se trata de permanecer en silencio, el silencio nos debe impulsar a la acción. No basta el silencio externo, a veces, es el menos importante. El silencio necesario y urgente hoy y siempre es el silencio interior. Es fundamental, esencial e imprescindible el silencio de nuestra memoria, nuestro entendimiento, nuestra voluntad y nuestra imaginación.
Escuchemos nuevamente otra parte del Santo Evangelio: Velen entonces, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos. La invitación de la Palabra de Dios es a que estemos atentos y vigilantes en todo momento, es decir, veinticuatro siete. No podemos espabilar, nos dice el apóstol Pedro: “Sean sobrios y estén vigilantes, porque su enemigo, el diablo, ronda como león rugiente buscando a quién devorar. Resístanle firmes en la fe, sabiendo que nuestros hermanos en este mundo se enfrentan con sufrimientos semejantes” (1 Pe 5,8-9).
Nuestra tarea es vigilar. Estar siempre vigilantes, esta es nuestra lucha. Escuchemos lo que nos dice la Palabra de Dios: “estén atentos, vigilen…, al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer”. Lo normal es que en el día estemos despiertos y por lo tanto estemos vigilantes, generalmente, nos cuesta más estar vigilantes en la noche. La noche es para dormir y descansar. La analogía del evangelio con respecto a la noche, la podemos interpretar a la luz de San Juan de la Cruz, cuando nos habla de la “noche oscura”. En clave de espiritualidad, es en la noche, precisamente cuando más despiertos debemos estar. La cuestión es: vigilar.
La noche oscura según San Juan de la Cruz es la gran oportunidad que Dios nos da para purificar nuestra piedad. Pensemos en el momento histórico que vivimos como un tiempo oportuno para estar vigilantes. La pandemia nos hizo relativizar las estructuras, nos puso en otro contexto, nos invita a estar vigilantes y en actitud de reinventarnos. El mundo nos distrae demasiado, hoy vivimos en medio del entretenimiento y la farándula; pensemos, por ejemplo: ¿cuánto tiempo perdemos en nuestras redes sociales viendo majaderías? La crisis actual nos dijo: “paren y vigilen con atención para donde van”. Aprovechemos este tiempo de crisis, de noche oscura, para estar vigilantes y revisar nuestra vida y, sobre todo, aprovechemos este “instante vital” de crisis para dejarnos sorprender por Dios. Los momentos de las grandes crisis son los momentos de las grandes luces. Las grandes crisis son las mejores maestras de sabiduría.
Para terminar, les propongo dos cosas: (1) Respondamos esta pregunta, ojalá en un ambiente familiar: ¿Cómo celebrar la navidad en este tiempo de incertidumbre? (2) Celebremos la Navidad teniendo en cuenta el siguiente lema: Navidad en casa, navidad por la vida.
+ Omar de Jesús Mejía Giraldo
Obispo Arquidiócesis de Florencia
Evangelio - Marcos 13, 33-37
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estén atentos, vigilen: pues no saben cuándo es el momento. Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara. Velen entonces, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos. Lo que les digo a ustedes, lo digo a todos: ¡Velen!
La familia, camino de reconciliación y constructora de paz
Mié 24 Jun 2026
Vengan a mí que yo los aliviaré
Mar 16 Jun 2026
Mar 9 Jun 2026
En mes del Sagrado Corazón de Jesús imploramos el don de la paz
Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Así como en el mes de mayo pusimos la mirada confiada en María la Virgen, en el mes de junio estamos siendo llamados a poner la mirada en Jesús. Ya el autor de la Carta a los Hebreos nos exhorta a que tengamos fijos los ojos en Jesús, que es el autor y consumador de nuestra fe (cf. Heb. 12,2).La imagen del Corazón de Jesús es más que nunca providencial para este tiempo. La solemnidad del Sagrado Corazón la celebraremos el viernes 12 de junio. En muchas de nuestras ciudades, y así lo haremos en Cali, tendremos la consagración de nuestra ciudad y de todo el país al Sagrado Corazón de Jesús, como un especial momento espiritual y de fe para implorar el don de la paz que tanto necesitamos. En Cali la celebración será en el Templo Votivo del Corazón de Jesús, el viernes 12 de junio a las 6:00 p.m.Un reiterado llamamiento a la pazEl tiempo que vivimos no es fácil. Retomo apartes del mensaje que, con ocasión de las jornadas electorales 2026 enviamos los obispos colombianos y que es importante tener siempre presentes.“Nuestro país necesita del aporte de todos para construir un clima social distinto, centrado en propuestas y programas orientados al bien común, la justicia y la convivencia pacífica.Al transmitir mensajes relacionados con el proceso electoral, actuemos siempre con imparcialidad, prudencia, sabiduría y auténtico sentido pastoral, evitando actitudes partidistas o expresiones que puedan profundizar la división.Estamos llamados a promover el respeto mutuo, la unidad, la reflexión responsable y el compromiso ético de los fieles, contribuyendo así́ a la construcción de una sociedad reconciliada y esperanzada”.Nuestros fieles necesitan un bálsamo de confianza en el presente y futuro de nuestro país. Por lo tanto, poniendo la mirada en quien es el Príncipe de la paz, los invito a elevar una oración eucarística con la mirada el corazón traspasado de Jesús, como un clamor por la reconciliación y la paz.Llegan dos nuevos obispos auxiliares a la Arquidiócesis de CaliNo puedo dejar pasar de largo la alegre noticia del gran regalo que el Señor ha hecho a nuestra Iglesia particular de Cali, a través del nombramiento que realizó el Papa León XIV de dos nuevos obispos auxiliares, el presbítero Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo, que viene de la Arquidiócesis de Medellín, y el presbítero Arnulfo Moreno Quiñonez, del Vicariato Apostólico de Guapi.El Señor ha estado grande con nosotros, y por eso estamos felices. Con estos hermanos obispos vamos a seguir consolidando los diferentes planes y proyectos evangelizadores en nuestra Iglesia particular. Ellos, según los dones y carismas que el Señor les ha dado, aportarán lo mejor de sí mismos para que el Reino de Dios siga consolidándose entre nosotros.Oremos por ellos. La ordenación episcopal del Pbro. Arnulfo será en nuestra Iglesia Catedral san Pedro Apóstol, el sábado 25 de julio, y la ordenación el Pbro. Luis Fernando de Jesús será en la Catedral Metropolitana de Medellín, el sábado 1 de agosto.Sean bienvenidos a Cali los nuevos obispos, que también enriquecerán el colegio episcopal colombiano.Oración de Consagración al Corazón de JesúsComo el 22 de junio de 1902, cuando se realizó la primera consagración de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús, como súplica por el fin de la Guerra de los Mil Días, de nuevo, hoy, el pueblo de Dios peregrino en Colombia, es convocado a celebrar este acto de fe, con la urgente necesidad trabajar por la unidad, la paz y la reconciliación nacional.En su visita a Colombia, el Papa Francisco, advertía que, “la reconciliación sólo es posible si llenamos de la luz del Evangelio nuestras historias de pecado, violencia y desencuentro”.Oremos:Señor Jesucristo, Redentor del género humano, nos dirigimos a tu Sacratísimo Corazón con humildad y confianza, con reverencia y esperanza, con profundo deseo de darte gloria, honor y alabanza.Señor Jesucristo, Salvador del mundo, te damos las gracias por todo lo que Tú eres y todo lo que Tú haces por tu Iglesia y por la porción del Pueblo de Dios que peregrina en Colombia.Señor Jesucristo, Hijo de Dios Vivo, te alabamos por el amor que has revelado a través de tu Sagrado Corazón, que fue traspasado por nosotros y ha llegado a ser fuente de nuestra alegría, manantial de nuestra vida eterna.Reunidos juntos en tu Nombre, que está por encima de cualquier otro nombre, nos consagramos nosotros y consagramos a Colombia a tu Sacratísimo Corazón, en el cual habita la plenitud de la verdad y la caridad.Al consagrarnos a Ti renovamos nuestro ferviente deseo de corresponder con amor a la rica efusión de tu misericordioso y pleno amor.Señor Jesucristo, Rey de amor y Príncipe de la paz, reina en nuestros corazones, en nuestros hogares y en Colombia.Vence todos los poderes del maligno y llévanos a participar en la victoria de tu Sagrado Corazón.¡Que todos proclamemos y demos gloria a Ti, al Padre y al Espíritu Santo, único Dios que vive y reina por los siglos de los siglos! Amén .V./ Jesús, manso y humilde de corazón,R./ Haz mi corazón semejante al tuyo (tres veces).+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali
Lun 1 Jun 2026
Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Concluimos hoy el mes de mayo venerando a María que en salida misionera visita a su prima Santa Isabel, para anunciarle al Salvador del mundo. Durante 70 años de historia diocesana, en el anuncio gozoso del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, tenemos la certeza que María ha caminado con nosotros y nos ha fortalecido en el Proceso Evangelizador, siendo modelo de fe, esperanza y caridad, a quien queremos seguir imitando, cumpliendo con nuestra misión; tal como lo expresa el lema pastoral para este mes: vayan y hagan discípulos, imitando a María.Imitamos a María como mujer de fe, reconocida esta virtud en la visita que le hace a su prima Isabel. Tal como lo narra el Evangelio: “¡dichosa tú que has creído¡ Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá” (Lc 1, 45), palabras que reconocen la fe de María, en el acto de entrega a la voluntad de Dios que pronunció cuando el Arcángel Gabriel le anunció que iba a ser la madre del Salvador; respondiendo ella con palabras que expresan su fe entregada a la voluntad de Dios: “he aquí la esclava del Señor, há¬gase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38), afirmando con ello el Evangelio la actitud de fe de María y que Isabel reconoce y lo exclama con entusiasmo cuando le dice: “¡dichosa tú que has creído” (Lc 1, 45).Imitando la fe de María, es posible que se engendre en nuestro corazón la virtud de la esperanza. En los momentos más oscuros y tormentosos de su vida, María “brilla como signo de esperanza segura y de consuelo” (Lumen Gentium 68). Desde la Anunciación, María sabe que Cristo es la roca firme sobre la que se edifica la vida cristiana y la respuesta a Dios. María espera contra toda esperanza, incluso en el momento de la muerte de Jesús en la cruz, cuando continúa su camino por la oscuridad, pero con el corazón lleno de esperanza. María enseña a cada cristiano a estar junto a la cruz del Señor, con dolor, pero de pie y con esperanza, “alcanzó así a estar al pie de la cruz en una comunión profunda, para entrar plenamente en el misterio de la Alianza” (Documento de Aparecida 266).María mujer de fe y de esperanza nos enseña a vivir la caridad, ella puso en práctica la cari-dad con todos los que se encontró en el camino. Reconocemos que el amor oblativo, de caridad sin límites de la Virgen, nace de la comunión que tenía con el corazón de Dios, que la llevó a aceptar ser la madre del Redentor para entregar¬le la salvación a toda la humanidad. La caridad y el amor de María por cada uno de nosotros, conduce de inmediato hasta Jesús, una caridad silenciosa, prudente, que de nuevo al pie de la Cruz de su Hijo, calla y ofrece por la humanidad el acto de amor más grande de entrega. “La Virgen de Nazaret tuvo una misión única en la historia de salvación, concibiendo, educando y acompañando a su Hijo hasta su sacrificio definitivo” (DA 267); siendo esta misión la caridad más silenciosa, pero la más efectiva para cada uno de nosotros.María al entregarnos a Jesús, nos trae con Él todo el amor, el perdón, la reconciliación y la paz, “como madre de tantos, fortalece los vínculos fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón, y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como una familia, la familia de Dios” (DA 267). Por eso, estamos llamados a imitarla en la virtud, que Ella misma vivió, acompañando a los discípulos y a la Iglesia como la madre de la fe, la esperanza y la cari¬dad.Esta es la tarea de la Iglesia en su vocación de evangelizar y en este compromiso estamos en nuestra Diócesis de Cúcuta con el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular (PEIP); con la certeza que transmitir a Jesucristo a otros es la obra de caridad más grande que podemos hacer. Así nos lo enseñó el Papa Francisco: “la Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (Evangelii Gaudium 14), recordando que la primera obra de caridad que hemos de hacer a nuestros hermanos será mostrarles el camino de la fe, la esperanza y la caridad. Así lo indicó el Papa Francisco, retomando palabras de sus antecesores: “el anuncio de Jesucristo es el primer acto de caridad hacia el hombre, más allá de cualquier gesto de generosa solidaridad” (Mensaje para las mi-graciones 2021). En esto la Virgen María, como maestra de la fe, la esperanza y la caridad, nos da ejemplo de un amor total a todos nosotros, entregándonos a Jesús y llevándonos hasta Él.La profunda vida interior y contemplativa de nuestra madre del cielo, nos exhorta a mirar fijamente a Jesucristo y a vivir con fe, esperanza y caridad, todo nuestro peregrinar humano y cristiano, con las incertidumbres y tormentas diarias, poniendo nuestra vida en las manos del Padre, con los ojos fijos en Jesucristo, hasta que lleguemos a participar de la Gloria de Dios. Los convoco a poner la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en todas las circunstancias de la existencia. Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la madre del cielo, nos alcancen de nuestro Señor Jesucristo la fortaleza en la fe, la espe¬ranza que no defrauda y la caridad sin límites, para que sigamos siendo discípulos misioneros del Señor.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mié 20 Mayo 2026
La caridad es la puerta de entrada al cielo
Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Seguimos en la celebración de los 70 años de vida diocesana con el lema pastoral: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, viviendo la alegría de la Pascua que nos fortalece en el camino de vida nueva en santidad. Retomando las virtudes teologales que han sido siembra en el corazón de muchas personas durante todo este tiempo de historia diocesana, hoy nos disponemos a reflexionar sobre la virtud de la caridad que Jesús Re-sucitado nos ha dejado como camino para llegar al cielo.Todo el trabajo evangelizador en salida misionera en nuestra Diócesis de Cúcuta, tiene como propósito llevar a las personas a reforzar el amor a Dios y el amor al prójimo. Tal como nos lo dice Jesús en su Palabra: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primer mandamiento y el más importante. El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo. En estos dos mandamientos se basa toda la ley y los profetas” (Mt 22, 37 - 40); el Magisterio de la Iglesia lo refuerza cuando enseña: “amor a Dios y al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios” (Deus Caritas Est, 15).La caridad es el fruto maduro de la fe en Jesucristo y la esperanza en Él que no defrauda; es la corona de todas las virtudes y precisamente el Señor nos indica que el juicio final será sobre las obras de misericordia, “vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber; era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme” (Mt 25, 34 - 36). Concluyendo que cada vez que un cristiano hace la caridad a un hermano necesitado, lo está haciendo al mismo Jesucristo y por lo tanto podrá gozar con Él de la gloria de Dios.Recibir el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo en el corazón, tendrá que llevarnos cada día a ser diócesis samaritana, en la que todos los creyentes nos agachamos a sanar las heridas del prójimo que ha caído en el camino de la vida y necesita una mano que lo levante, teniendo en cuenta que “mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. El amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora” (DCE, 15).Vivir la caridad es un aprendizaje que se adquiere en la oración constante, no se aprende en los centros académicos, ni se tiene de una vez para siempre. La caridad se construye cada día en el corazón de un creyente que se dispone a amar a Dios y a extender el amor del corazón de Jesús por todas partes, reconociendo a Jesucristo en todos los que sufren, en los que están excluidos y en los más vulnerables de la sociedad, “Jesús se identifica con los pobres: los hambrientos y sedientos, los forasteros, los desnudos, enfermos o encarcelados. Cada vez que lo hicieron con uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicieron (DCE, 15).El cristiano que se pone de rodillas frente al Santísimo Sacramento, que mira y contempla el Crucificado, es capaz de salir de sí mismo para volverse prójimo del que sufre. La caridad no es un simple acto social, sino que nace de la naturaleza misma de la Iglesia que anuncia el Evangelio en salida misionera y cosecha el fruto del amor al prójimo, ya que “la naturaleza íntima de la Iglesia se expresa en una triple tarea: anuncio de la Palabra de Dios, celebración de los Sacramentos y servicio de la caridad. Son tareas que se implican mutuamente y no pueden separarse una de la otra. Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (DCE, 25).La Iglesia predica el Evangelio a todos, por tanto la caridad se realiza entre los miembros de la Iglesia, pero traspasa sus límites y va más allá de sus confines, llega incluso a los que no están en el redil o rechazan el Evangelio o se convierten en nuestros opositores, “la caridad supera los confines de la Iglesia; la parábola del buen samaritano sigue siendo el criterio de comportamiento y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado encontrado casualmente, quien quiera que sea” (DCE, 25).La caridad como puerta de entrada al cielo, sigue orientándonos la meta de nuestra vida, allá está la puerta del cielo, recorramos el camino haciendo la caridad, que brota de un cristiano que es capaz de ocupar el último lugar, ese que ocupó nuestro Señor Jesucristo en la cruz, haciéndose servidor de toda la humanidad en el acto de caridad más grande, “Cristo ocupó el último puesto en el mundo, la Cruz, y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente. Quien es capaz de ayudar reconoce que, precisamente de este modo, también él es ayudado; el poder ayudar no es mérito suyo ni motivo de orgullo. Esto es gracia” (DCE, 35).Sigamos escribiendo juntos nuestra historia diocesana desde la caridad, que es el amor de Dios que se hace presencia a través de cada uno de los cristianos, que peregrinamos en esta Iglesia Particular, hasta llegar un día a la salvación eterna. Que la Santísima Virgen María, madre de la caridad y el Glorioso Patriarca San José, custodien la fe y esperanza en nosotros, para que produzca el fruto maduro de la caridad y en actitud de oración reconozcamos a Jesús en los más pobres y necesitados.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta
Mar 19 Mayo 2026
La familia, don de Dios
Por Mons. Ramón Alberto Rolón Güepsa - Y dijo Dios “hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra…Creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: sean fecundos y henchid la tierra, sean fecundos". (Gn. 1,26-27)La familia: don sagrado de Dios que debe ser protegido hoy: en medio de los profundos cambios culturales, sociales y jurídicos que atraviesa el mundo contemporáneo, la familia —fundamento de la sociedad y santuario de la vida— enfrenta desafíos que cuestionan su identidad, su misión y su estabilidad. No se trata simplemente de transformaciones externas, sino de una verdadera crisis antropológica que toca el corazón mismo del ser humano, por eso, es urgente alzar la voz con claridad, caridad y firmeza para custodiar este don divino.1. La familia en el designio de DiosLa Sagrada Escritura nos presenta la familia no como una invención humana, sino como un proyecto nacido en el corazón de Dios:“Dios creó al hombre a su imagen… varón y mujer los creó” (Gn 1,27).La complementariedad entre el hombre y la mujer no es solo biológica, sino profundamente espiritual y relacional. En esta unión se revela el amor creador de Dios, que es fecundo, fiel y total.El matrimonio, elevado por Cristo a sacramento, no es un simple contrato social, sino una alianza sagrada que refleja el amor entre Cristo y su Iglesia (cf. Ef 5,25). Por eso, la familia es llamada con razón “Iglesia doméstica”, lugar donde se transmite la fe, se aprende a amar y se cultiva la vida.2. Las amenazas actuales contra la familiaHoy la familia se ve amenazada por múltiples corrientes que, bajo el lenguaje de libertad o progreso, terminan debilitando su esencia:a. Las Ideologías que desdibujan la identidad humana: existen corrientes que niegan la naturaleza dada del ser humano, relativizando la identidad sexual y la complementariedad entre el hombre y la mujer. Esto no solo afecta la comprensión del matrimonio, sino también la estabilidad emocional y espiritual de las nuevas generaciones.b. La mentalidad anticonceptiva y rechazo de la vida: la difusión de prácticas anticonceptivas ha instaurado una cultura que separa el amor conyugal de su apertura a la vida. El hijo deja de ser don de Dios para convertirse, en muchos casos, en una opción condicionada o incluso rechazada. Esto contradice profundamente el sentido sacramental del matrimonio, llamado a ser signo de amor fecundo, generoso y abierto al don de la vida.c. La disolución progresiva del vínculo familiar: el aumento de separaciones, la banalización del compromiso y la fragilidad de los vínculos afectan gravemente el tejido social. Cuando la familia se rompe, no solo sufren los esposos, sino especialmente los hijos, quienes pierden referentes fundamentales para su crecimiento integral.d. Las tendencias jurídicas que redefinen la familia: en muchos contextos, las legislaciones buscan redefinir la familia desligándola de su fundamento natural y sacramental. Si bien es necesario garantizar derechos y dignidad para todas las personas, no se puede perder de vista la verdad profunda sobre la familia como unión estable entre un hombre y una mujer abierta a la vida.3. La fidelidad, la verdad y el amor son la respuesta cristianaAnte este panorama, la Iglesia no responde con condena, sino con una propuesta: volver al plan original de Dios.a. Redescubrir la belleza del matrimonio: es necesario anunciar con alegría que el matrimonio no es una carga, sino una vocación hermosa, un camino de santidad donde el amor se purifica, madura y da fruto.b. Educar en el amor verdadero: la familia debe ser escuela de virtudes: respeto, entrega, fidelidad, perdón. Solo así se construyen relaciones sólidas capaces de resistir las dificultades.c. Defender la vida como don sagrado: cada hijo es signo del amor de Dios. Acoger la vida es participar en la obra creadora divina. La apertura a la vida no empobrece el amor, lo engrandece.d. Testimonio coherente: más que discursos, el mundo necesita familias que vivan con autenticidad su vocación: hogares donde se respire fe, donde el perdón sea posible, donde el amor no sea pasajero sino comprometido.4. Dimensión espiritual y sacramentalLa familia cristiana no está sola. Está sostenida por la gracia de Dios. En los sacramentos, especialmente la Eucaristía y el Matrimonio, encuentra la fuerza para perseverar.Orar en familia, participar en la vida de la Iglesia y confiar en la acción de Dios son pilares fundamentales para resistir las crisis.Proteger la familia no es una opción ideológica, es una urgencia humana y espiritual. Allí donde la familia es fuerte, la sociedad florece; donde la familia se debilita, todo se fragmenta.Hoy más que nunca, estamos llamados a custodiar este don con valentía, iluminados por la verdad del Evangelio y sostenidos por la gracia de Dios.La familia no es un vestigio del pasado: es la esperanza del futuro porque donde la familia se mantiene unida a Cristo allí nace la esperanza del mundo.Señor Jesús, que la sagrada familia de Nazaret sea modelo y protección de nuestros hogares.Danos amor, unidad y fidelidad para que nuestra familia pueda vivir la voluntad creadora de nuestro Dios.El Señor proteja nuestra familia+Ramón Alberto Rolón GüepsaObispo de Diócesis de ChiquinquiráMiembro de la Comisión Episcopal de Matrimonio y Familia