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conferencia episcopal de colombia

Vie 3 Mayo 2024

"Los invito para que no solo adoremos la cruz, sino que nos injertemos a ella": Arzobispo de Cali

En la mañana de este viernes, 3 de mayo, los arzobispos de Colombia, reunidos en la sede de la Conferencia Episcopal, celebraron juntos la Santa Misa, en el contexto de la fiesta litúrgica de la Exaltación de la Santa Cruz y del Día Nacional de Oración por la Reconciliación y la Paz del país que han propuesto. A la Eucaristía asistieron también el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, así como directivos y colaboradores del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano.Monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, presidió la celebración. Durante su homilía, recordó las palabras del papa Francisco durante su visita a Colombia en 2017 animándonos en esta tarea y afirmó que hoy la urgencia de la reconciliación y de la paz, está atravesada por el dolor que padecen hoy muchas comunidades del país, agobiadas y casi secuestradas, "por una ola de violencia, chantaje, vacunas y extorciones, en aumento, que les quitan la libertad, incluso hasta de su libre movilidad".El arzobispo de Cali dijo que en tiempos de tanta turbulencia, no solo en Colombia sino en el mundo entero, donde la paz parece "esquiva y lejana", es Cristo el que nos reconforta y conduce hacia ese camino, pero que también necesitamos superar con amor, perdón y respeto las diferencias para poder transitarlo. Esto, de acuerdo con monseñor Luis Fernando, permite vivir la fraternidad y reconocernos "Todos hermanos", lema que ha motivado esta jornada. "Cuánto necesitamos de hombres y mujeres, de todas las condiciones sociales, culturales, edades y hasta de credos religiosos, que, pensando en el bien común, superando la fuerza de las ideologías, sean capaces de darlo todo y darse plenamente a la causa de la paz. Cuánto valor se requiere para dar el paso de la paz, en donde la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición de actos violentos permitan a todos, víctimas y victimarios, abrazarse, no para asfixiar al otro, sino para expresar su reconocimiento de los hechos de dolor, la reconciliación, el perdón y la cercanía", expresó.El prelado afirmó, además, que el mensaje de la Cruz para los colombianos es contundente: nos debe conducir no solo a su adoración sino también a la conversión, a ser sembradores y artesanos de paz. Recordó que con esa Cruz se puso fin a la enemistad, se hizo posible la redención y se venció a la muerte, y así también debemos asumirlo nosotros para que florezca la esperanza."Miremos la cruz y al Crucificado. En una unión mística ese nuevo árbol florece y da frutos de paz y reconciliación. Los invito para que no solo adoremos la cruz, sino que nos injertemos a ella, para que retoñemos con la esperanza de ser los constructores de una nueva sociedad. Abrazados e injertos en la cruz del Redentor, elevemos a Dios nuestras plegarias por la conversión de los pecadores y de quienes perpetran toda clase de crímenes y desastres, y nos conceda también nosotros, víctimas y ciudadanos del común, comprender y perdonar al estilo de Jesús", afirmó.Vea a la transmisión de la Eucaristía a continuación:

Jue 2 Mayo 2024

Sinodalidad, misión y Doctrina Social: temas protagonistas en el Encuentro de Rectores de Seminarios de Colombia 2024

Convocados por los departamentos de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada de la de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), setenta y cinco rectores de los seminarios mayores diocesanos y las casas de formación religiosa del país se dieron cita del 22 al 26 de abril en Bogotá. En esta oportunidad, bajo el propósito central de abordar planes y mecanismos que permitan darle continuidad a la implementación de la Ratio Nationalis, a partir de los estatutos y planes de formación de cada seminario. Monseñor Luis Augusto Campos Flórez, obispo de la Diócesis de Socorro y San Gil y presidente de esta comisión episcopal acompañó el encuentro.Lo planteado en el documento síntesis de la XVI asamblea general del sínodo sirvió también como guía para el desarrollo del evento, pues se busca que la Ratio (la ruta del proceso formativo de los futuros sacerdotes de la Iglesia en Colombia) tenga impregnado el espíritu de la sinodalidad.“Fue una experiencia muy valiosa, muy positiva, poder ver cómo los seminarios han puesto mucho interés en la implementación de estas líneas formativas que se propusieron a nivel nacional, que fueron aprobadas en el año 2019 y que ahora tenemos nosotros como objetivo o derrotero poder implementar en cada una de las instancias de nuestros seminarios”, explicó el padre Manuel Vega León, Director de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada de la CEC.Durante el encuentro, los rectores compartieron algunas de las metodologías didácticas y prácticas pedagógicas que están usando en los seminarios para la formación de los futuros pastores de la Iglesia en Colombia. Todo ello, buscando que sean capaces de responder a la situación actual del país, teniendo presente desafíos como el de la reconciliación y la paz e iluminados por la Doctrina Social de la Iglesia. Bajo el deseo de “ayudar a que estos jóvenes que tienen en su corazón inquietud vocacional, tengan una comprensión más amplia de su servicio y de ese contacto con las realidades humanas que más nos deben preocupar en este momento”, agregó el padre Vega.Conocer, amar y seguir a Jesucristo misioneroEn este mismo sentido, el padre Tonino Urso, rector del Seminario Redemptoris Mater de Medellín afirmó que es fundamental formar presbíteros para la Nueva Evangelización, con ardor, que amen y sufran por las personas y que estén dispuestos a dar la vida por ellas, a imagen de Jesucristo. Esto, de acuerdo con el formador, requiere conducir a los seminaristas por un camino en el que logren conocerse a sí mismos y conocer el amor que Dios les ha tenido. “La Ratio nos pide de formar presbíteros, pastores, misioneros, que les duela el sufrimiento de la gente”, señaló el sacerdote.Otra de las grandes insistencias durante el encuentro, especialmente en este año que la Iglesia colombiana celebrará en el mes de julio el Centenario Nacional Misionero, fue formar futuros pastores con espíritu cada vez más misionero. De allí que durante el encuentro haya intervenido también el padre Samir García, Director del Centro Nacional Misionero de la Episcopal de Colombia, así como de Obras Misionales Pontificias.“Yo creo que tenemos que tener una conciencia clara de que todos somos misioneros desde el bautismo, y aquí es donde incorporamos esta gran alegría de salir, como lo dice el Papa Francisco; de encontrarnos en esa dimensión abierta para ser evangelizadores en donde estemos, quitarnos nuestras comodidades y aprender a tener lo más visible y lo más pronto, lo más cercano a nosotros”, precisó el padre Manuel Penagos Plazas, Rector del Seminario Mayor de Girardot.En esa misma línea, el padre Manuel Calderón Contreras, formador de la Orden de San Agustín, remarcó la necesidad de crear en los seminaristas un deseo profundo de ser misioneros, dando testimonio de Cristo en la Iglesia local pero también en la universal:“Yo creo bastante importante suscitar en los jóvenes ese deseo de seguir a Cristo misionero, a ese Cristo diácono, a ese Cristo servidor, a ese Cristo que da la vida por los demás. Creo que sería un tema bastante interesante de tratar, un compromiso importante para toda la Iglesia en Colombia y, de manera especial, en el camino de formación de lo jóvenes”.Finalmente, el padre Calderón destacó la importancia de estos encuentros convocados por la Conferencia Episcopal para enriquecer el trabajo que se realiza durante la formación en cada una de las jurisdicciones eclesiásticas y desde la realidad de los Institutos de Vida Consagrada. “Nos aportan muchísimo para que nosotros como religiosos pues nos unamos a ese sentir de Iglesia, que vivamos en él y estemos unidos a la Iglesia universal”, concluyó.A continuación, vea el informe audiovisual del encuentro:

Jue 2 Mayo 2024

Contemplando la cruz, ¡Vamos a reconciliarnos!

Por P. Rafael Castillo Torres - El próximo 3 de mayo, día en que el mundo católico celebra la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz; nosotros, en Colombia, acogiendo el llamado del Papa Francisco en Villavicencio, en su visita apostólica de hace siete años, así como la exhortación de nuestros pastores, celebraremos esta jornada de oración, reflexiones y compromisos con el propósito de abrir caminos nuevos de reconciliación y de esperanza en la búsqueda constante de la unidad y de la paz que hoy reclama la nación colombiana. Búsqueda en la que la Iglesia está firmemente empeñada y comprometida.Una pregunta que nos hicieron recientemente fue la siguiente: ¿Por qué la Iglesia ha escogido esta fiesta para celebrar el día nacional de la reconciliación?En primer lugar, porque nuestra Nación, así quieran sacar la imagen del Crucificado de los espacios públicos, se sigue santiguando, signando y persignando. Y lo hace porque estamos llenos de personas que sufren. Personas también ellas crucificadas por la desgracia, las injusticias y el olvido; porque hay muchos hermanos hundidos en el hambre y la miseria; y también porque, entre nosotros, se conserva aún la piedad sincera.En segundo lugar, porque es difícil imaginar un símbolo más cargado de esperanza que la cruz que nuestro pueblo planta por los caminos en subida: esas cruces son memoria conmovedora de un Dios crucificado y recuerdo permanente de su identificación con todos los inocentes que sufren de manera injusta.En tercer lugar, porque la cruz, como el Cristo roto de Bojayá, levantada entre nuestras cruces, nos recuerda que Dios sufre con nosotros. A Dios le duele el hambre de los niños y llora con las mujeres maltratadas día a día en su hogar y sufre también con todas las víctimas. No sabemos explicamos la raíz última de tanto mal. Y, aunque lo supiéramos, no nos serviría de mucho. Sólo sabemos que Dios sufre con nosotros y esto lo cambia todo.La Iglesia quiere en esta celebración, que como nación colombiana podamos redescubrir el verdadero contenido de la cruz. ¿Qué significa la imagen del Crucificado, tan presente entre nosotros, si no sabemos ver marcados en su rostro el sufrimiento, la soledad, el dolor, la tortura y desolación de tantos hijos de Dios? ¿Qué sentido tiene llevar una cruz sobre nuestro pecho, si no sabemos cargar con la más pequeña cruz de tantas personas que sufren junto a nosotros? ¿Qué significan nuestros besos al Crucificado, si no despiertan en nosotros el cariño, la acogida y el acercamiento a quienes viven crucificados? ¿Qué sentido tienen venerar la cruz del Señor si no somos conscientes que en el altar de la cruz se ha dado el mayor gesto de amor que reconcilia a toda a la humanidad?Es justamente en el altar de la cruz donde quedan al descubierto nuestras cobardías. Desde el silencio de la cruz, Nuestro Señor nos invita a revisarnos. Para adorar el misterio de un «Dios crucificado», es necesario acercamos un poco más a los crucificados y de eso se trata en esta jornada. Ante el altar de la cruz vamos a estar en silencio, aquietando el espíritu y recuperando la paz interior. Este, en definitiva, es el buen comienzo de la reconciliación. Llevar la cruz no es buscar «cruces», sino aceptar la «crucifixión» que nos viene de la fidelidad al Evangelio.Nuestra esperanza como Iglesia es que esta celebración nos pueda llevar a seis tareas concretas en el ámbito de la reconciliación: • A reconocer que la verdad sin justicia es mentira y que la justicia sin verdad es engaño; establecida la verdad, restaurada la justicia, se inaugura el tiempo de la misericordia frente al arrepentimiento y el diálogo.• A comprender que una auténtica reconciliación implica cambios reales para crear una nueva situación. Esto se realiza en el reconocimiento de la verdad (la rehabilitación del ofendido) y la búsqueda de la justicia (la rehabilitación del ofensor).• A tener muy claro que una actitud de silencio resulta ser una falsa reconciliación, porque hiere aún más al ofendido y justifica al ofensor en su maldad. Necesitamos que los ofensores reconozcan el daño causado, se arrepientan y emprendan un nuevo camino.• A trabajar pedagógicamente estas tres instancias, la verdad, la justicia y la misericordia, que se requieren mutuamente, para ir consolidando la reconciliación como una experiencia de autenticidad que nos encamina hacia la paz.• A procurar ayudar a armar lo que está desbaratado. Ha de ser una tarea, permanente y continua, por restituir dignidad a las víctimas; contribuir a la humanización de los victimarios; y animar la recomposición de un tejido social y comunitario donde la vida ha de ser lo primero y lo más importante. • A orar insistentemente para que crezca en cada uno de nosotros la grandeza human del perdón como la paz del corazón y la reconciliación como la paz en nuestras relaciones.P. Rafael Castillo TorresDirector del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas colombiana

Jue 2 Mayo 2024

Miremos y contemplemos el Crucificado

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - El próximo viernes 3 de mayo celebramos en Colombia la exaltación de la Santa Cruz, una fiesta de la religiosidad popular de nuestro pueblo, que nos debe llevar a hacer con el Apóstol Pedro la profesión de fe en el Señor diciendo: “Tu eres el Cristo” (Mc 8, 29), reconociendo a Jesús como el enviado del Padre para conducirnos a la salvación prometida y esperada.Cada uno de nosotros de rodillas, mirando y contemplando el Crucificado, deberá pronunciar desde el corazón las palabras del centurión romano que estaba frente a la cruz: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39), que ha venido a traernos el perdón de Dios, como regalo, fruto de su amor y misericordia, que debemos entregar a los demás siendo instrumentos del perdón para con nuestros hermanos.Para muchos esta fiesta se convierte en algo superficial y mundano, perdiendo el verdadero sentido de la Cruz, que es la fuente de la Salvación. Es el madero donde fue clavado Nuestro Señor Jesucristo, que según decimos en el credo, padeció, fue crucificado, murió, fue sepultado y resucitó al tercer día y está sentado a la derecha del Padre. En el Crucificado está la síntesis de todo el Misterio Pascual que celebramos en la Semana Santa y que vivimos a lo largo del año, asumiendo la propia cruz y uniendo nuestros dolores, sufrimientos y enfermedades a la Cruz del Señor y haciéndonos uno con Jesús Crucificado.La sociedad actual ha querido anular la Cruz, el dolor y el sufrimiento que hace parte de la naturaleza humana, vendiendo falsamente la idea de una vida en perfecto bienestar y prosperidad, que, en ocasiones desde la predicación de algunos, comerciando con lo sagrado, quieren vender sacramentales ofreciéndoles a las personas la cancelación de todo sufrimiento en sus vidas. Desde la Palabra de Dios tenemos la certeza de predicar la verdad cuando anunciamos a Jesucristo Crucificado: “Porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo Crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. En cambio, para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo, que es fuerza y sabiduría de Dios” (1 Cor 1, 22 - 24), ahí está la fuerza de nuestra fe en el Resucitado, que pasó por la Cruz y entregando su vida por todos, nos liberó de la esclavitud del pecado y nos dio la verdadera vida.De tal manera que siguiendo a san Pablo podemos ser auténticos discípulos misioneros del Señor, si contemplamos el Crucificado y unimos la cruz de cada día a la Cruz del Señor, así lo afirma el mismo Jesús en el Evangelio: “Y dirigiéndose a sus discípulos añadió: Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará” (Mt 16, 24 - 25). Jesucristo mismo nos ha dado ejemplo de entrega de la propia vida por la salvación de todos y nos invita constantemente a tomar la Cruz y seguirlo.Este año el lema del Plan de Evangelización de nuestra Diócesis tiene el Crucificado sobre la Palabra de Dios y al pueblo de Dios contemplando ese Crucificado y haciendo profesión de fe diciendo: “Tú eres el Cristo” (Mc 9, 28). Desde esta profesión de fe, celebrar la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz tiene gran sentido cristiano y nos debe ayudar a vivir nuestra vida en gracia de Dios, transformados siempre en el Señor que nos ha ofrecido desde la Cruz la salvación.Estamos llevando a la visita pastoral de cada una de las parroquias un Crucificado que preside todas nuestras reuniones, para expresar con ese signo la centralidad de nuestra vida en Cristo Crucificado y fortalecer nuestra fe en el Señor que fue clavado en la cruz, murió, pero resucitó y está sentado a la derecha del Padre. De tal manera que la cruz que fue signo de escándalo para muchos, para nosotros se convirtió en signo de luz y en fuente de salvación eterna.Mirando y contemplando el Crucificado el corazón se llena de esperanza. La esperanza es la virtud que nos mantiene en pie, que nos ayuda a salir adelante en las incertidumbres y dificultades de la vida y para el cristiano la esperanza brota del árbol de la cruz, que lo sana de la tristeza, porque es el mismo Jesús que sana, consuela, levanta y da esperanza: “Vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 28 - 30), de esa manera cuando estemos agobiados y sin fuerzas por la cruz de cada día, arrodillémonos a mirar y contemplar el Crucificado y encontraremos paz en medio de las fatigas diarias de la vida.Al celebrar esta fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, renovemos nuestra fe en el Crucificado y reavivemos el deseo de ir en salida misionera a predicar a ese Jesucristo Crucificado que es fuente de nuestra salvación. Que la Santísima Virgen María que estuvo al pie de la Cruz, con dolor, pero con esperanza, nos ayude a mirar y contemplar el Crucificado y el Glorioso Patriarca San José custodie en nosotros la gracia de Dios y la fe, para seguir en nuestra vida a Jesucristo Crucificado, fuente de nuestra salvación.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de Cúcuta

Jue 2 Mayo 2024

Lex orandi, lex credendi, lex vivendi

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - El mes de mayo está cargado de hermosas y significativas celebraciones que nos sirven, dentro de la pedagogía de la Iglesia, para profundizar en nuestra vida cristiana. La ley de lo que se ora, se cree y se vive, hace parte de la vida del creyente y la liturgia en la Iglesia.Tenemos las fiestas litúrgicas de los santos apóstoles Felipe y Santiago, el 4 y Matías, quien fue elegido en cambio de Judas el traidor, el 14. Siempre la figura de los apóstoles nos remite a la Iglesia primitiva donde ellos asumen con valentía la misión de anunciar lo que “habían visto y oído”. Sobre la columna apostólica se ha construido la Iglesia a lo largo de los siglos. Su presencia está viva en todos los Obispos del mundo que estamos llamados a ser cuidadores de la doctrina católica y animadores de la unidad del pueblo santo de Dios.El 1 de mayo, que es el día del trabajo, la Iglesia propone la figura de San José Obrero, y bajo esta celebración, se invita a orar para que a nadie le falte un trabajo digno y estable. Es la oportunidad para recuperar el sentido del trabajo humano como participación en la obra creadora de Dios. San José interceda por todos los trabajadores, pero también por los empleadores, para que traten de la mejor manera a sus trabajadores, sean justos con ellos y hagan posible que ellos y sus familias tengan realmente una vida digna.Cuatro celebraciones marianas tenemos la alegría de vivir: María Madre de la Iglesia, después de Pentecostés, Nuestra Señora del Rosario de Fátima, el 13, María Auxiliadora el 24 y la Visitación de la Virgen María, el 31.En María tenemos la imagen de quien fuera la llena del Espíritu Santo que, llevando a Jesús en su vientre, se hace servidora de su prima Isabel y con su ida a Ain Karin, lugar donde vivía su prima, nos da ejemplo de servicio. Es la mujer que conoció en primera persona la historia de salvación que su Hijo, Jesús, llevó a cabo. Es la mujer llena de gracia y valiente que acompañó a su Hijo hasta el Calvario, y es ella la que acompaña a los discípulos para recibir en plenitud el gran don del Espíritu Santo en pentecostés.María es la mujer de la oración. Nos enseña que la más plena oración es la que se hace y brota del corazón. De ella se dice que “lo guardaba todo en su corazón”. Por eso, en este año, dedicado a la oración, su vida y enseñanzas son claves para aprender a hacer oración desde el corazón.Dos celebraciones cristológicas se tienen este mes: la Exaltación de la Santa Cruz, el 3, y la Ascensión, el 12. En recuerdo de la tradición en que santa Elena recupera la cruz del Señor, la Iglesia nos pone a meditar en el misterio de la cruz, que en la pascua adquiere su pleno significado. El viernes santo repetimos: “Te adoramos, Oh Cristo y te bendecimos, porque por tu santa Cruz redimiste el mundo”. Y el hecho de que Jesús hubiera obedecido plenamente al Padre asumiendo la cruz, cargándola y muriendo en ella, hizo que en adelante toda “rodilla se doble en el cielo y en la tierra”, reconociendo a Jesús como su Dios y Señor. De allí que la solemnidad de la ascensión del Señor al cielo, a los cuarenta de su resurrección, se una perfectamente a la cruz. Porque obedeció, Jesús fue coronado de gloria y dignidad. Para la Jesús, su cruz es el trono de gloria.Con la ascensión estamos llamados también nosotros a aspirar siempre a los bienes celestiales. Jesús sube al cielo para enviarnos el gran regalo del Espíritu Santo.Ese regalo lo celebramos a los cincuenta días de la resurrección, en Pentecostés, el 19 de mayo. Jesús cumple la promesa. Se va a cielo y nos envía el Paráclito, el Consolador, el que, con sus dones de sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, si los acogemos con humildad, vamos a crecer en santidad y vivir con coherencia nuestra fe. Y porque todos los bautizados somos templos del Espíritu Santo, hay que dejarlo trabajar en cada uno.Como síntesis de estos misterios de fe, que son los pilares de nuestra religión, la Iglesia nos propone la solemnidad de la Santísima Trinidad.Simplemente recordemos lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica: “El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la jerarquía de las verdades de fe” (Catecismo, 234).Vivamos alegres estas celebraciones litúrgicas, y pidamos al Señor que nos aumente la fe.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Jue 2 Mayo 2024

El papa Francisco recuerda la importancia de la formación integral y permanente en religiosas, religiosos y sacerdotes

Reconociendo que cada vocación es un ‘diamante en bruto’ al que hay que pulir, trabajar y darle forma, para el mes de mayo, el papa Francisco pide a la Iglesia Universal orar, de manera especial, “para que las religiosas, los religiosos y los seminaristas crezcan en su camino vocacional a través de una formación humana, pastoral, espiritual y comunitaria, que los lleve a ser testigos creíbles del Evangelio”. En ese sentido, el Santo Padre recuerda que la formación no se trata solo de adquirir conocimientos, sino de prepararse para vivir una experiencia de encuentro profundo con Jesús.El llamado lo hace el pontífice a través de su Red Mundial de Oración. En el videomensaje recuerda la importancia de la formación permanente e integral, abordada desde diferentes niveles: la conciencia de los propios límites, la oración, la dedicación al testimonio del Evangelio, la preparación para la vida en comunidad, la cercanía a la vida de las personas. Afirma, además, que los sacerdotes y religiosas deben ser, primero, hombres y mujeres trabajados por la gracia del Señor.Vea el Video del Papa a continuación:

Lun 29 Abr 2024

La Comisión de Conciliación Nacional apoyará iniciativas pastorales que impulsen la reconciliación y la paz en los territorios de Colombia

Hasta este 30 de abril, la Comisión de Conciliación Nacional (CCN) tendrá abierta una convocatoria para apoyar proyectos que tengan como propósito central ambientar o fortalecer iniciativas de reconciliación y paz en las regiones del país, por parte de instituciones de la Iglesia.Para que las propuestas presentadas durante la convocatoria puedan ser tenidas en cuenta, deben enmarcarse en cinco dimensiones centrales: reconstrucción de memoria histórica, incidencia política para la reconciliación y la paz, comunicación para la reconciliación y la paz; diálogo social y mínimos de reconciliación y paz; así como experiencias comunitarias que busquen contener afectaciones humanitarias a las poblaciones, entre ellas, desplazamiento forzado, violencia de género y reclutamiento de Niños, Niñas y Adolescentes por parte de grupos armados.La apuesta de la CCN es poder apoyar el conocimiento y la experiencia con la que ya cuentan los agentes e instituciones de la Iglesia en los territorios sobre la realidad que viven, para sumar esfuerzos efectivos que permitan mitigar los factores generadores de conflicto o disminuir su impacto. Además, para ambientar o incidir en salidas negociadas al conflicto armado. Estas propuestas deben contar con el aval verificable del obispo de la jurisdicción eclesiástica en la que se encuentre la ubicada la institución.Las propuestas presentadas deben corresponder a un monto máximo de $11.200.0000 COP (once millones doscientos mil pesos). Según ha informado la Comisión de Conciliación Nacional, aquellas que propicien procesos de reconciliación y paz desde un enfoque de género y/o cultural, tendrán mayor prioridad.Los términos y formatos específicos de la convocatoria podrán ser consultados a través de la página web www.comisiondeconciliacion.coSobre la Comisión de Conciliación Nacional (CCN)La Comisión de Conciliación Nacional es una entidad convocada y adscrita a la Conferencia Episcopal de Colombia que tiene como propósitos centrales aportar a la búsqueda de soluciones políticas al conflicto armado colombiano,ser una instancia para acompañar los esfuerzos de paz del paísyestablecer escenarios de confianza para el encuentro con diversos actores claves para la paz.Fue convocada el 4 de agosto de 1995 por el entonces Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, Monseñor Pedro Rubiano Sáenz (Q.E.P.D.). Está integrada porrepresentantes de diversos sectores de la vida nacional, personalidades políticas y sociales con diversidad de pensamiento a nivel político, social, cultural e incluso religioso,lo que garantiza la heterogeneidad en el desarrollo de los objetivos de la Comisión.

Vie 26 Abr 2024

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos

QUINTO DOMINGO DE PASCUAAbril 28 de 2024Primera Lectura: Hch 9,26-31Salmo: 22(21),26b-27. 28 y 30.31-32 (R. 26a)Segunda Lectura: 1Jn 3,18-24Evangelio: Jn 15, 1-8I.Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónLa palabra Dios en este V domingo de Pascua, sigue iluminándonos sobre las condiciones para ser miembros de la comunidad de discípulos misioneros, introduciéndonos en el tema de la comunión de vida con Cristo y con los hermanos mediante la fe y el amor. Para tal fin, el Evangelio de hoy utiliza la alegoría “de la vid y los sarmientos”. Cristo es la Vid, es decir el tronco, y nosotros las ramas. Unidos a Él, por el Espíritu, produciremos frutos abundantes y encontraremos en Él la plenitud de nuestra vida. Tres ideas encontramos en la Palabra para tener presente:•Evaluar la raíz de la vocación como en el caso de Pablo que, en el encuentro con Cristo, y su comunión con Él, lo convirtió en un misionero infatigable.•Vivir nuestra condición de ramas unidas en el árbol, es decir, en Cristo: La vid y los sarmientos.•De esta unión profunda con Cristo dependen los frutos del amor fraterno.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lucas, en su segunda obra, continúa la historia de Saulo contando su vuelta a Jerusalén y su intento de asociarse con los cristianos de allí, que sólo lo reconocían como el perseguidor. Bernabé interviene, y fue el instrumento providencial para introducir a Saulo en la Iglesia de Jerusalén, explicando su nueva situación como cristiano. En ese marco, Saulo no pierde tiempo y reanuda su predicación y debates con los judíos helenistas, que se convertirán en sus adversarios e intentan matarlo. Estamos en los principios del apostolado de Pablo y ya son dos veces las que han querido matarlo, en Damasco y ahora en Jerusalén (Hch 9,23.29). Pablo no puede ser indiferente a nadie. Participa en alto grado de aquella cualidad de Jesús: “o con él o contra él”. Sin embargo, cuando se enteran de que quieren matarlo, algunos cristianos acompañan a Saulo hasta Cesarea Marítima, desde donde parte para Tarso, su ciudad natal. El episodio termina con otro resumen menor, que registra la paz de la que gozan las comunidades cristianas de Judea, Galilea y Samaría.En la segunda lectura nos encontramos con uno de los pasajes significativos que hablan del amor fraterno. Allí el autor dice claramente, que por la caridad conoceremos que somos de la Verdad, esto es, de Dios (V. 19); el amor fraterno da paz a nuestro corazón (v. 20); el amor fraterno nos da confianza en Dios (v. 21); la caridad nos da seguridad de que serán oídas nuestras peticiones (v. 22); el mandamiento de Dios se resume en creer en Jesucristo y amar al prójimo (v. 23). El premio de su cumplimiento es la comunión con Dios, testificada interiormente por el Espíritu Santo (v. 24).Por su parte, el pasaje del Evangelio de este V domingo de Pascua (Jn 15,1-8), está inserto en una sección más amplia (Jn 15,1-17). El discurso comienza con unas palabras de revelación formuladas en lenguaje simbólico: Jesús declara que es la vid del Padre (Jn 15,1-2). Desde esta idea principal, podemos dividir toda la sección de Jn 15,1-17 en dos partes fundamentales. La primera, que corresponde a este domingo (15,1-8), desarrolla el tema de la vid según la clave figurativa inaugurada en el exordio (15,1-2) y, partiendo de la realidad, mediante comparaciones que muestran la necesidad que tiene el discípulo de permanecer en Jesús. En la segunda parte (15,9-17), que veremos en la liturgia el VI domingo de Pascua, el amor es el objeto de la revelación; no aparece ya la imagen de la vid, a no ser en la expresión “dar fruto”.Centrémonos, pues, en la primera parte (15,1-8), como corresponde al domingo que estamos viviendo. Allí se nos introduce en la enseñanza de Jesús sobre la necesidad de permanecer unidos a Él para dar frutos. La frecuente repetición, en pocos versículos del verbo “permanecer”, nos hace entender que esta es la palabra clave del fragmento. Como se puede ver, el texto habla de la comunión profunda, real y firme que debe existir entre Cristo y sus discípulos. Sirviéndose de una alegoría, Jesús habla de sí mismo como la vid verdadera: el que permanece unido a Él puede ofrecer al Padre el fruto del amor y dar gloria a su nombre (vv. 5.8). El autor del cuarto Evangelio distingue entre los sarmientos que no dan fruto y son “cortados”, y los que tienen flores, y son “podados”. El viñador realiza todas las labores, quita los sarmientos no fecundos y poda los fecundos.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?El Evangelio precisa cómo debe ser el verdadero discípulo de Jesús. En el texto el Maestro dice: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador”. Jesús es la verdadera vid que da la vida, el Padre el viñador, y los discípulos son los sarmientos unidos a la vid. Con esta imagen, podemos identificar a la Iglesia, nuevo Pueblo de Israel, comunidad de discípulos unidos a Cristo. El Padre, además, es el que “a todo sarmiento que no da fruto lo corta, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto”. El cuarto Evangelio distingue en el plano del lenguaje: los sarmientos que no dan fruto son “cortados”, mientras que los que tienen flores son “podados”. La palabra griega que aquí se traduce con “podar” suele traducirse por “limpiar”. Aquí podemos encontrar una imagen preciosa de la purificación que hace el Padre en nuestra vida. El Padre poda a los que ama. Quita nuestros brotes malignos: soberbia, comodidad, envidia, el pecado en general. Somos podados por las cruces que la vida y los demás nos ponen encima.Toda esta obra en nuestra vida, la hace el Padre a través de la Palabra, “Ustedes están limpios por la palabra que les he hablado” (v. 3). En definitiva, es la Palabra de Jesús la que purifica los corazones de los discípulos y los limpia comunicándoles la vida. La Palabra renueva a los sarmientos cada día, en cada momento.En el texto del Evangelio que comentamos, como hemos dicho antes, la palabra clave es “permanecer”. “Permanezcan en mí y yo en ustedes”. El verdadero discípulo debe permanecer en la Palabra de Jesús o en Jesús en cuanto Palabra. En el Coliseo La Macarena, en Medellín, el sábado 9 de septiembre de 2017, el Papa Francisco, en el encuentro con sacerdotes, consagrados, consagradas, seminaristas y sus familias, dijo: “permanecer no significa solamente estar, sino que indica mantener una relación vital, existencial, de absoluta necesidad; es vivir y crecer en unión fecunda con Jesús, fuente de vida eterna. Permanecer en Jesús no puede ser una actitud meramente pasiva o un simple abandono sin consecuencias en la vida cotidiana, siempre trae una consecuencia, siempre”. Por esta razón fundamental, el discípulo verdadero no se sostiene por sí mismo, sino está unido a Jesús. ¿Qué nos puede separar de la vid? Las persecuciones, la inconstancia, la superficialidad, el abandono de la fe… “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece unido a la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí”. La unión con Jesús es necesaria para que las ramas produzcan frutos. De la misma manera que las ramas están unidas al tronco y reciben la savia de él y así son capaces de mantenerse vivas y dar fruto, el cristiano no puede vivir sin Cristo, sin estar unido íntimamente a Él, como se sintió el apóstol Pablo cuando dijo: “Vivo yo, pero no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (Ga 2,20).Esta unión íntima se vive en la oración, en el trato personal con Jesús en un diálogo de amigo a amigo y, sobre todo, en la vida sacramental. En los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, el Señor nos ofrece la savia que vivifica y santifica nuestro ser cristiano, llamados a vivir en comunión. San Juan Pablo II, en la Audiencia General del miércoles 8 de noviembre de 2000, afirmó que “la Eucaristía es el sacramento y la fuente de la unidad eclesial”.Por último, es necesario recordar, que la unión con Jesús no es algo automático y ritual, pide la decisión libre del hombre, la fidelidad en el camino de la fe. Pero requiere, sobre todo, del mismo Jesús que nos une en un mismo amor. Por eso, el mandamiento principal es, amar, como Él nos amó. Si somos uno en Cristo, estamos llamados a expresar un mismo amor en Él.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor, concédeme permanecer unido a ti en el amor. No permitas que me separe de ti, fuente de la vida y la alegría, por motivo de mis pecados. Que esté siempre atento y vigilante para descubrir en los acontecimientos de la vida tu presencia salvadora y amorosa. Soy sarmiento, y quiero permanecer unido a la vid, que eres tu Señor, y me abandono en ti, me dejo envolver de la savia de tu voz silenciosa y profunda, que es como agua viva.Ahora podemos preguntarnos: ¿Qué acciones concretas haré para responder a lo que Dios me pide hoy con este momento de oración? Para permanecer en Jesús y gozar así de su vida divina, es necesario estar unido a Él. ¿Qué acciones concretas llevaremos a cabo para permanecer unidos a Él, precisamente, en este momento de la vida de la Iglesia, donde se nos invita a caminar juntos? Pueden ser acciones en la línea de la oración, de la caridad, de la escucha, meditación y vivencia de la Palabra, etc. No olvidemos que la tarea principal que la Palabra nos propone hoy y siempre es «permanecer» en la vid, no vivir desconectados de Jesús, no quedarnos sin savia. Con esto entendemos, también, que una Iglesia sinodal, como nos muestra el Papa, es donde todos nos sentimos comprometidos en el anuncio de la Buena Nueva. No somos cristianos pasivos; permanecer en Él es vivir en sintonía con la Palabra, hacer de ella la norma de nuestra vida, vivir el amor fraterno en verdad, preocuparnos por el que pasa necesidad o está solo, lograr que muchos acojan la Palabra en su corazón.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoria de la MisaQueridos hermanos y hermanas, continuamos en tiempo de Pascua. La celebración de la resurrección de Jesús nos llena de motivos para darnos la bienvenida a este encuentro fraterno. Aprovechemos este momento de fe después de haber vivido durante la semana el trabajo, el estudio, la relación con la familia, con los amigos y vecinos. Vamos a compartir la Palabra y los gestos de la unión, para fortalecer las actitudes de atención y de servicio, que siempre nos han de caracterizar por vocación y por seguimiento de Jesús en medio de nuestro pueblo. Participemos con fe de esta fiesta dominical. Monición a la Liturgia de la PalabraVamos a escuchar a Dios que nos habla por medio de su Palabra. En ella encontramos la fuerza y la luz que necesitamos para que puedan reconocernos como seguidores de Jesús. La clave para esto es “permanecer” unidos a Él como el sarmiento está unido a la vid. Que la Palabra que escuchamos y el Cuerpo que comulgamos, encuentren en nosotros buena tierra para dar fruto abundante. Escuchemos.Oración Universal o de los Fieles Presidente: Si permanecemos en nuestro Señor Jesucristo como sarmientos de la vid, podemos pedir lo que queramos y Él nos lo concederá. Unámonos diciendo:R. Escucha a tu pueblo, Señor.1.Oremos por la Iglesia, para que todos sus fieles permanezcamos uno en Cristo, vivamos en su amor, y difundamos su compasión y su calor. Roguemos al Señor.2.Oremos por los gobernantes de nuestro país y de todo el mundo, para que favorezcan y promuevan los medios que conducen al verdadero bien de los hombres. Roguemos al Señor.3.Oremos por los enfermos, los que son rechazados, los que viven en la droga y al margen de Dios, para que descubran el sentido cristiano de la vida. Roguemos al Señor.4.Oremos para que todos los hombres y mujeres descubran los frutos del gozo y la paz que Cristo nos comunicó por su resurrección. Roguemos al Señor.5.Oremos por todos nosotros, que celebramos esta liturgia pascual, para que experimentemos en nuestras vidas la fuerza de Cristo resucitado y llevemos, por el amor y el perdón, su alegre noticia al mundo que nos rodea. Roguemos al Señor.Oración conclusivaSeñor Jesús, vid en la que vivimos,permanece siempre con nosotros,guárdanos siempre unidos contigo y con los hermanos,y danos la gracia de producir fruto que permanezca,ahora y por los siglos de los siglos.R. Amén.