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iglesia en colombia

Jue 7 Mayo 2026

Obispos y agentes pastorales de Colombia, Ecuador y Venezuela consolidan articulaciones frente a los desafíos sociales en las fronteras

En medio de contextos marcados por la violencia, el desplazamiento forzado, las economías ilegales y las dificultades sociales que afectan a las comunidades fronterizas, diversas jurisdicciones eclesiásticas de Colombia, Ecuador y Venezuela adelantaron durante las últimas semanas tres encuentros binacionales orientados a fortalecer la articulación pastoral, el acompañamiento humanitario y el apoorte a la construcción de paz en los territorios de frontera.Los espacios, promovidos por Iglesias particulares y las Cáritas de los tres países y acompañados por diversos organismos eclesiales, permitieron compartir diagnósticos, escuchar las voces de las comunidades y definir compromisos concretos frente a desafíos comunes como la migración, el conflicto armado, la exclusión social y la fractura de los vínculos comunitarios.Una respuesta binacional ante la crisis humanitaria en la frontera entre Colombia y EcuadorEl 28 y 29 de abril se llevó a cabo en Tulcán, Ecuador, el Encuentro de Pastoral Fronteriza Ecuador-Colombia, convocado por las jurisdicciones eclesiásticas de ambos países con la participación de organizaciones sociales, academia, organismos internacionales e instituciones que trabajan en la región fronteriza.Durante las jornadas de diálogo y trabajo colectivo, los participantes coincidieron en la necesidad de consolidar respuestas articuladas frente a las crisis humanitarias que afectan a las poblaciones de frontera, marcadas por la violencia, la pobreza estructural, las economías ilícitas y la creciente desconfianza social.“El mismo encuentro ya es un resultado: la posibilidad de reunirnos desde las ocho jurisdicciones que, de lado y lado de los dos países, se encuentran en este territorio. Es un paso decisivo y un compromiso para acompañar a todas las comunidades”, expresó el padre Nelson Ortiz Rozo, director del Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.Uno de los principales resultados fue la decisión de crear una mesa binacional permanente, integrada por representantes de las pastorales nacionales de Ecuador y Colombia, así como delegados de las jurisdicciones participantes.“Hemos concretado básicamente la creación de una mesa binacional (…) que comenzará a trabajar desde ya para definir líneas de acción y responsabilidades específicas que deberán asumir las jurisdicciones eclesiásticas”, explicó el padre Diego Meza, director de la Pastoral Social de Ipiales.En el encuentro también se presentó un análisis situacional sobre la realidad de la frontera colombo-ecuatoriana, donde se advirtió sobre el impacto que generan las economías ilegales, el narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de armas y la disputa territorial de grupos armados sobre las comunidades locales.Los expertos y participantes alertaron sobre fenómenos como el reclutamiento de jóvenes, la normalización del miedo, el confinamiento de comunidades y la afectación de pueblos étnicos y campesinos.En este contexto, monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado para las Relaciones Iglesia-Estado de la Conferencia Episcopal de Colombia, insistió en la necesidad de fortalecer una pastoral articulada y cercana a las comunidades:“La labor de la Iglesia siempre es construir puentes (…) Este encuentro nos deja la expectativa de consolidar una pastoral más sólida, capaz de articularse con las comunidades y buscar caminos en medio de los desafíos que hoy se presentan en la frontera”.Monseñor Henao también subrayó la importancia de que la Iglesia continúe siendo un espacio seguro de escucha, acompañamiento y reconstrucción del tejido social en medio de escenarios atravesados por la violencia y la fragmentación comunitaria.Por su parte, el padre Euclides Carrillo, secretario ejecutivo de Cáritas Ecuador, invitó a no permanecer indiferentes frente a la realidad humanitaria de estos territorios:“No seamos indiferentes frente a la situación que se vive en la frontera entre Colombia y Ecuador”.Como parte de las proyecciones definidas en el encuentro, las organizaciones eclesiales y sociales acordaron impulsar acciones conjuntas para fortalecer iniciativas económicas dirigidas a jóvenes vulnerables, respaldar procesos de pueblos étnicos que habitan ambos lados de la frontera y consolidar una articulación permanente entre Iglesia, academia y organizaciones sociales para responder de manera más efectiva a la crisis territorial.Asimismo, se planteó fortalecer escenarios de incidencia internacional que permitan visibilizar las afectaciones humanitarias que viven las comunidades fronterizas y promover respuestas centradas en la dignidad humana y la construcción de paz.Iglesias hermanas claman por la reapertura de la frontera entre Ecuador y ColombiaDías antes, el 22 de abril, las Iglesias hermanas del Vicariato Apostólico San Miguel de Sucumbíos (Ecuador) y la Diócesis de Mocoa-Sibundoy (Colombia) se congregaron en el Puente Internacional de San Miguel para elevar una oración conjunta por la paz, la unidad entre los pueblos y la reapertura de la frontera.En un mensaje emitido tras el encuentro, los obispos expresaron su preocupación por las consecuencias sociales, familiares y económicas derivadas del cierre fronterizo, señalando que esta situación “abre una herida entre dos pueblos hermanos”.Inspirados en los llamados del Papa León XIV a construir una paz “desarmada y desarmante”, los representantes eclesiales exhortaron a los actores armados a cesar la violencia y pidieron a los gobiernos trabajar conjuntamente por la reconciliación y el desarrollo de las comunidades fronterizas.“Compartimos el río, la selva, la música, la fe, los apellidos, como también las problemáticas de la pobreza, los grupos armados y las economías ilegales. Así, si los problemas son comunes, las soluciones también tienen que ser comunes”, señala el mensaje.Las Iglesias fronterizas solicitaron además la reapertura segura y ordenada del puente internacional, el fortalecimiento de la cooperación binacional y mayores inversiones en educación, salud y oportunidades para las poblaciones que habitan esta región.El pronunciamiento fue suscrito por monseñor Moacir Goulart de Figueredo, vicario apostólico de San Miguel de Sucumbíos, y monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, administrador apostólico de Mocoa-Sibundoy.Obispos de Colombia y Venezuela buscarán fortalecer la pastoral migratoria en la fronteraEl 4 de mayo, en la ciudad de Cúcuta, se desarrolló un nuevo Encuentro de Obispos de la Frontera Colombo-Venezolana, que reunió a pastores de distintas jurisdicciones eclesiásticas de ambos países para reflexionar sobre la movilidad humana, la migración y los desafíos pastorales de la región.El encuentro estuvo inspirado en el mensaje del Papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado: “Migrantes, misioneros de esperanza”, en el que el Santo Padre invita a reconocer a los migrantes como portadores de fe, dignidad y esperanza.Desde Roma, el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, envió un mensaje en el que destacó que estos espacios representan “un testimonio de una Iglesia que crea vínculos fraternos para acoger, promover e integrar a los hermanos migrantes”.El obispo anfitrión de este encuentro, monseñor José Libardo Garcés Monsalve, agradeció el cardenal Czerny y afirmó: "Tomamos nota atenta de sus indicaciones para seguir caminando juntos en esta pastoral para los migrantes. Ellos, que son también misioneros de la esperanza".Durante el diálogo, los obispos compartieron experiencias pastorales y alertaron sobre las nuevas dinámicas de desplazamiento forzado derivadas de la violencia en regiones como el Catatumbo.“Una causa fuerte de la migración en la frontera es la violencia que se ha vivido en los últimos años en la zona del Catatumbo, que está generando nuevos desplazamientos de familias campesinas que abandonan sus tierras para salvaguardar sus vidas”, afirmó monseñor Israel Bravo Cortés, obispo de Tibú.Por su parte, monseñor Jaime Cristóbal Abril González, obispo de Arauca, destacó el testimonio de fraternidad y solidaridad que las comunidades eclesiales han sostenido en ambos lados de la frontera.Al cierre del encuentro, los participantes reafirmaron su compromiso de fortalecer la comunión entre las Iglesias particulares, promover acciones pastorales conjuntas y consolidar espacios permanentes de articulación para responder de manera más efectiva a los desafíos de la movilidad humana.Monseñor Jorge Alberto Ossa Soto, arzobispo de Nueva Pamplona, destacó la importancia de mantener viva la acogida y el acompañamiento a quienes se ven obligados a dejar sus hogares:“Nos alegra establecer esos lazos de fraternidad y seguir atendiendo a la gente sencilla y pobre de la Iglesia, al hermano que tiene que dejar su país y caminar. Poder acompañarlos en la fe también es un signo de esperanza para todos nosotros”.Estos encuentros ratifican el compromiso de la Iglesia Católica en las fronteras de Colombia de seguir siendo presencia cercana, articuladora y esperanzadora en territorios atravesados por profundas crisis sociales y humanitarias, promoviendo el diálogo, la dignidad humana y la construcción de paz desde las comunidades.

Mié 6 Mayo 2026

El episcopado sobre las violencias en el suroccidente en la víspera de las presidenciales

Por Giada Aquilino - Existe una «preocupación real» de que la actual violencia en el suroccidente de Colombia pueda degenerar en una escalada más grave, trayendo a la memoria el espectro de más de cincuenta años de guerra con las Farc, que concluyó en 2016 con un acuerdo de paz entre los guerrilleros y las autoridades de Bogotá. Ante la ola de ataques que en las últimas semanas ha sacudido particularmente a los departamentos de Cauca, Nariño y Valle del Cauca, monseñor Germán Medina Acosta, obispo de Engativá y secretario general de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), observa que el país latinoamericano no puede permitirse «volver a escenarios como los vividos en décadas anteriores». Esto, especialmente en la víspera de la primera vuelta de las elecciones presidenciales del 31 de mayo, cuando se elegirá al sucesor de Gustavo Petro, primer presidente de izquierda en la historia de Colombia, elegido en 2022.En las últimas semanas, una serie de ataques ha afectado a civiles y bases militares; el más grave de ellos, a finales de abril, dejó al menos 21 muertos y decenas de heridos en la vía Panamericana, entre las ciudades de Cali y Popayán. Desde el inicio, las autoridades colombianas atribuyeron las acciones a los grupos armados activos en la región, en particular a la facción disidente de las antiguas Farc, el Estado Mayor Central (EMC), liderado por Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco, quien posteriormente reivindicó el atentado. También fue arrestado José Alex Vitonco Ándela, considerado uno de los líderes de un movimiento local afiliado a los combatientes de Mordisco.«Sin afirmar que estamos ante un escenario idéntico al del pasado —reflexiona monseñor Medina Acosta—, existen sin embargo señales que invitan a la vigilancia: fragmentación de los actores armados, expansión territorial y debilitamiento de los mecanismos de control». El país, subraya, «no puede permitirse» regresar al pasado.En la zona suroccidental de Colombia, explica el obispo de Engativá, «estamos asistiendo a una grave crisis humanitaria caracterizada por la intensificación de los conflictos entre grupos armados ilegales»: esto provoca «un continuo deterioro de las condiciones de seguridad, que está afectando directamente a la población civil, con confinamientos, desplazamientos y pérdida de control institucional en diversos territorios». Estas dinámicas se concentran en corredores “estratégicos”, como el norte del Cauca, la costa pacífica de Nariño, la cordillera Occidental y las zonas rurales del Valle del Cauca. Allí «convergen actividades ilícitas como el narcotráfico —desde el cultivo hasta el procesamiento y la exportación de droga, en particular hacia Estados Unidos—, la minería ilegal, principalmente de oro, y el tráfico de armas». Se trata de corredores «disputados por diversos actores armados» que buscan un «control territorial, financiero y logístico» en el marco de economías criminales, también en un contexto de «reconfiguración» de los mismos grupos armados tras la desmovilización de las Farc y de una «debilidad de la presencia del Estado en las zonas rurales». No es «un fenómeno espontáneo», reflexiona el secretario general de la CEC, sino «la expresión de conflictos no resueltos y de una transición incompleta hacia la paz».Sobre el terreno, las consecuencias para las poblaciones locales son «profundamente dolorosas»: desplazamientos forzados masivos, confinamiento de comunidades enteras, reclutamiento de menores con fines criminales, falta de acceso a alimentos, salud y educación, y asesinatos de líderes sociales. Esta última problemática, según la ONG Indepaz, dejó el año pasado un trágico saldo de 187 muertos. Además, entre las comunidades más afectadas por los recientes ataques se encuentran las indígenas, afrocolombianas y campesinas: «Su dignidad y sus derechos fundamentales están gravemente vulnerados», denuncia el obispo Medina Acosta.En este contexto, la Conferencia Episcopal de Colombia, en un comunicado, pidió a los «actores armados» cesar «inmediatamente» toda acción que «atente contra la vida», en respeto del derecho internacional humanitario. Al mismo tiempo, la Iglesia colombiana hizo un llamado a la «responsabilidad» del Estado y de la sociedad, insistiendo en la urgencia —subraya el secretario general de la CEC— de acciones «integrales y coordinadas». En esas mismas horas, el Papa León XIV, en la audiencia general del pasado 29 de abril, lanzó un llamado por Colombia: la del Pontífice —continúa el prelado— es «una voz profética que invita a rechazar toda forma de violencia y a optar decididamente por la paz».Los llamados de los obispos, señala monseñor Medina Acosta, «han sido acogidos con respeto en diversos sectores, pero también con el desafío de traducir esas palabras en acciones concretas», porque «la paz no depende solo de declaraciones, sino que requiere compromisos reales por parte de los actores armados, del Estado y de toda la sociedad».Todo ello, especialmente en un periodo preelectoral para renovar la primera magistratura del Estado. Según las últimas encuestas, en la carrera presidencial encabeza Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico y del gobierno del presidente saliente Gustavo Petro, con más del 35% de intención de voto, seguido por Abelardo de la Espriella, representante de la derecha radical, con alrededor del 25% —sobre quien además está en curso una revisión por parte del Consejo Nacional Electoral por presuntas irregularidades en las firmas presentadas para respaldar su candidatura—, y por la candidata del Centro Democrático, Paloma Valencia, con cerca del 22%. En caso de segunda vuelta, esta se celebraría el 21 de junio.Hoy, señala el secretario general de la CEC, el país vive un clima de «fuerte polarización, pero también de esperanza». Tras la elección de Gustavo Petro, «se han abierto importantes debates sobre las reformas sociales y el rumbo del país». La política de “paz total” de Petro «ha abierto espacios de diálogo con diversos actores, lo cual es valioso. Sin embargo, enfrenta grandes desafíos, como la falta de avances homogéneos en todas las mesas —por ejemplo, la del ELN ha registrado en varias ocasiones fases críticas e inciertas—, la persistencia de la violencia en los territorios y las dificultades en la implementación de los acuerdos».De cara a las elecciones, en un «momento decisivo para el país», es «fundamental que prevalezcan el respeto, la libre participación y la protección de la vida: la democracia debe fortalecerse, no ser sometida a mayor presión». Por ello, los obispos exhortan a los colombianos a «ejercer su derecho al voto con responsabilidad, libertad y conciencia ética», con un voto que «no esté guiado por el miedo o el odio», dando «prioridad al bien común sobre los intereses particulares» y eligiendo «caminos de reconciliación, justicia y paz», porque Colombia «necesita ciudadanos comprometidos con la vida, la verdad y la construcción de un futuro compartido».Fuente: El Observatorio RomanoArtículo publicado originalmente en italianoFecha de publicación: 06 de mayo de 2026

Mié 6 Mayo 2026

Vicarios de pastoral en Colombia impulsan la sinodalidad desde los procesos pastorales de las Iglesias particulares

En el contexto de la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad, la Iglesia en Colombia continúa dando pasos concretos para traducir este proceso en prácticas pastorales reales, articuladas y con impacto en la vida eclesial y social.Ese camino se vio reflejado en el primer Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral, convocado por la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), que reunió en Bogotá, del 27 al 30 de abril, a representantes de 65 jurisdicciones eclesiásticas del país.Además de los sacerdotes nombrados como vicarios de pastoral o evangelización, participaron miembros de sus equipos —incluidos otros sacerdotes y laicos—, lo que permitió enriquecer la reflexión desde la diversidad de carismas y ministerios.Un espacio de comunión, escucha y discernimientoEl encuentro, liderado por el Centro Pastoral para la Evangelización y la Fe de la CEC, se vivió como un espacio de comunión, escucha y discernimiento, enmarcado en el llamado de la Iglesia a asumir la sinodalidad como un estilo permanente de ser y hacer Iglesia.Desde el inicio, favoreció el conocimiento mutuo y la vivencia de la fraternidad entre los participantes, generando un clima de confianza que hizo posible el intercambio de experiencias, desafíos y buenas prácticas entre las distintas regiones eclesiásticas del país.“El encuentro no solamente quería mostrar lo que la Iglesia ha orientado sobre el Sínodo de la Sinodalidad, sino también saber qué están haciendo ya las jurisdicciones, cómo están realizando este trabajo de implementación en Colombia”, explicó el padre Carlos Guillermo Arias Jiménez, director del Departamento de Doctrina.Una conversión misionera que transforma la pastoralDurante las diferentes sesiones, los participantes profundizaron en las implicaciones pastorales, espirituales e institucionales del proceso sinodal, reconociendo — en palabras del padre Arias —, que este proceso “no se trata de la simple aplicación de lineamientos, sino de una auténtica conversión misionera y sinodal”.Esta perspectiva implica comprender el proyecto pastoral como un itinerario comunitario, capaz de articular comunión, participación y misión en prácticas concretas, encarnadas en la realidad de cada territorio.“Ya no se trata de tanta teoría, sino de acciones que nos lleven también a mostrar la cercanía y la presencia de Cristo en medio de nuestras realidades y en la vida práctica”, afirmó el padre Andrés Eduardo Muñoz, vicario de pastoral y evangelización del Vicariato Apostólico de Mitú.El Vicario de Pastoral: animador del cambio y servidor de la comuniónEn este proceso, se reafirmó el papel clave de los vicarios de pastoral o evangelización, como colaboradores directos del obispo diocesano en la animación, coordinación y articulación de la acción evangelizadora.Su misión es fundamental para hacer realidad el plan pastoral en las comunidades, favoreciendo procesos que involucren a todo el Pueblo de Dios.Diversidad de experiencias, un mismo horizonte sinodalEl trabajo por regiones eclesiásticas evidenció la diversidad de contextos y enfoques pastorales, pero también un deseo compartido de avanzar hacia procesos más participativos, corresponsables y misioneros.Durante el encuentro se pusieron en diálogo experiencias como el Sistema Integral de Nueva Evangelización (SINE), el Proyecto de Evangelización de la Iglesia Particular (PEIP) y otros procesos propios de las diócesis, que muestran caminos concretos de implementación del Sínodo en el país.En este horizonte de renovación, inspirados en el Documento de Aparecida (texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Brasil), desde diócesis como la de El Banco (Magdalena), se ha reiterado el llamado a “pasar de esa pastoral de la conservación a la pastoral del discipulado misionero”, como lo expresó el padre Brayan Antonio Martínez Jiménez. Además, a fortalecer la unidad como fundamento del camino eclesial “bajo la guía del Espíritu Santo”, agregó el sacerdote de El Banco.Articulación, corresponsabilidad y riqueza del Pueblo de DiosEl encuentro también permitió profundizar en la relación entre la Conferencia Episcopal y las Iglesias particulares, destacando la necesidad de fortalecer la comunicación, la articulación y el trabajo conjunto.Un aporte significativo fue el conocimiento de los servicios y recursos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC), que abre nuevas posibilidades de acompañamiento a las jurisdicciones eclesiásticas.“Reconocer lo que significa la Conferencia Episcopal para las diócesis, que son un punto de apoyo y de referencia para nuestra acción pastoral”, señaló el padre Nelson Patiño Villa, vicario de pastoral de la Diócesis de Sonsón-Rionegro.Asimismo, la reflexión se enriqueció con la perspectiva de la vida consagrada, el protagonismo del laicado y la diversidad de movimientos eclesiales, reafirmando la centralidad del Pueblo de Dios en su pluralidad de vocaciones, carismas y ministerios.Un camino abierto que compromete a toda la IglesiaEl encuentro confirmó que la sinodalidad no es una meta ya alcanzada, sino un camino que el Espíritu Santo sigue abriendo a la Iglesia y que exige una actitud permanente de escucha, discernimiento y conversión.“La sinodalidad tiene que permear todos los planes de pastoral. No es una moda…sino una esencia misma de la Iglesia”, afirmó el padre Jeisson David Quintero Muriel, vicario de pastoral de la Diócesis de Ocaña.En este sentido, se reafirmó que la implementación del Sínodo debe traducirse en procesos pastorales concretos en las Iglesias particulares, integrando la riqueza de los laicos, la vida consagrada y los diversos ministerios, en una dinámica de corresponsabilidad al servicio del Reino de Dios.Proyección: caminar juntos para transformar la realidadLos participantes asumieron el compromiso de continuar este camino con esperanza y fidelidad creativa, impulsando proyectos pastorales verdaderamente sinodales, nacidos de la escucha del Pueblo de Dios y orientados a la transformación evangélica de la realidad.“No solamente nos estamos llevando como una preocupación a nivel espiritual, sino también a nivel social”, subrayó el padre Muñoz.El primero Encuentro Nacional de Vicarios de Pastoral en Colombia concluyó con el llamado a caminar juntos, para que la Iglesia en Colombia sea cada vez más signo e instrumento de comunión, participación y misión.Vea a continuación el informe audiovisual del encuentro:

Mar 5 Mayo 2026

Formar discípulos en el mundo digital: La apuesta de la Iglesia en Colombia con la Escuela de Misioneros Digitales

Con la participación de cerca de 500 personas conectadas en tiempo real, se desarrolló el pasado sábado 2 de mayo la primera sesión de la Escuela de Misioneros Digitales, una iniciativa liderada por el Departamento de Comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en articulación con la Pastoral Digital del país.El programa, de carácter gratuito y virtual, busca formar evangelizadores capaces de anunciar con fidelidad el Evangelio en los entornos digitales, entendidos hoy como un verdadero “continente de misión”.Una experiencia eclesial con respaldo institucionalLa sesión inaugural fue moderada por el padre Martín Sepúlveda Mora, director del Departamento de Comunicaciones de la CEC, y contó con la participación de dos de los obispos que integran la Comisión Episcopal de Comunicaciones y Tecnologías: monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y presidente de esta Comisión, y monseñor Dimas Acuña, obispo de El Banco y referente episcopal para la Pastoral Digital en Colombia.Su presencia evidenció el respaldo institucional de la Iglesia colombiana a esta apuesta formativa, que busca consolidar una acción evangelizadora articulada, en comunión y en sintonía con los desafíos actuales.Una experiencia llamada a ser “contagiosa” en la IglesiaDurante la apertura, monseñor Lucio Adrián Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, destacó el alcance y significado de esta iniciativa, calificándola como una experiencia “llamada a ser contagiosa”.“Es una hermosa noticia ver que hay tantos inscritos. Espacios como este manifiestan ese espíritu misionero que tiene la Iglesia y que vive en nuestros corazones”, expresó.Monseñor Lucio subrayó que la misión digital implica ampliar la mirada pastoral más allá de los espacios tradicionales: “Estamos llamados a ensanchar la tienda de nuestros corazones y de nuestras miradas, para descubrir a todos aquellos que necesitan al Señor, incluso en esos ‘rincones’ de la vida donde muchos lo buscan sin saberlo”.La misión digital: presencia, no solo estrategiaEn su intervención, monseñor Ruiz insistió en que el entorno digital no puede entenderse únicamente como una herramienta, sino como un verdadero ambiente de vida.“No se trata solo de técnicas o estrategias. La misión digital está llamada a ser presencia: una presencia eclesial, una presencia que haga visible que no estamos solos”, afirmó.Además, advirtió sobre el riesgo de reducir la evangelización a métricas o lógicas de posicionamiento: “Nuestra misión es contracorriente. No se mide en seguidores, sino en comunión, en encuentro y en la capacidad de generar procesos reales en la vida de las personas”.“La misión digital ha venido para quedarse”La formación central estuvo a cargo del padre Álvaro Serrano Bayán, sacerdote de la diócesis de Toledo (España) y colaborador del Dicasterio para la Comunicación, quien abordó el tema “El llamado del misionero digital”.Desde Roma, el sacerdote destacó la acogida de la iniciativa y afirmó que “la misión digital ha venido para quedarse”, subrayando que se trata de una continuidad de la misión evangelizadora de la Iglesia.“No estamos inventando algo nuevo; la Iglesia siempre ha anunciado el Evangelio. Hoy ese mundo también es digital”, señaló.Habitar el “continente digital” con identidad misioneraDurante su exposición, el padre Serrano explicó que más del 70 % de la población mundial está conectada a internet, lo que convierte el entorno digital en un espacio prioritario de evangelización.“No son números, son personas reales: que sufren, buscan, creen y necesitan ser escuchadas”, afirmó.En este contexto, insistió en la necesidad de aprender el lenguaje propio de cada plataforma: “Si no hablamos el mismo lenguaje, nadie nos va a entender”, advirtió, invitando a comunicar el mensaje cristiano con creatividad y cercanía.Oración, identidad y comunidad: el corazón de la misiónUno de los énfasis centrales de la sesión fue la dimensión espiritual de la evangelización digital. “La misión no depende del algoritmo, sino de la oración”, afirmó el sacerdote, destacando que toda acción evangelizadora debe estar sostenida en una relación viva con Dios.El sacerdote definió al misionero digital como “un creyente que, consciente de su vocación bautismal, anuncia el Evangelio en el entorno digital con responsabilidad, creatividad y fidelidad”, subrayando que no se trata de ser influencer, sino discípulo.También alertó sobre riesgos como el agotamiento, la vanidad o la soledad digital, e invitó a enfrentarlos desde la vida interior, el acompañamiento espiritual y la comunión eclesial.Una Iglesia en salida también en lo digitalRetomando el llamado del papa Francisco a ser una “Iglesia en salida”, los ponentes coincidieron en que la evangelización digital implica salir al encuentro de quienes no conocen a Cristo, especialmente en contextos de fragilidad o búsqueda.“Tenemos que ir donde nadie quiere ir, estar en medio de las crisis y construir puentes”, explicó el padre Serrano, mientras monseñor Ruiz enfatizó la necesidad de “salir al cruce de los caminos de la vida concreta de las personas”.Como concluyó monseñor Ruiz: “Mantener vivo el fuego interior, ese que no se enciende con algoritmos, sino con oración, comunidad y Espíritu Santo”.Un proceso formativo con proyección nacionalLa Escuela de Misioneros Digitales se desarrollará a lo largo de siete sesiones mensuales hasta octubre de 2026, abordando temas como la espiritualidad del misionero digital, el storytelling, la producción audiovisual, la sinodalidad y la planificación de estrategias de evangelización en redes.El proceso culminará con un encuentro nacional presencial en la Arquidiócesis de Cali, donde se espera consolidar una red de misioneros digitales y realizar su envío oficial.Una apuesta pastoral ante los desafíos actualesEsta iniciativa se enmarca en la misión de la Conferencia Episcopal de Colombia de promover la evangelización y contribuir a la construcción de una sociedad basada en la verdad, la vida, la justicia y la paz, incluso en los ambientes digitales.

Mar 5 Mayo 2026

El Papa León XIV centra su intención de mayo en el hambre y el desperdicio: “Que nadie quede excluido de la mesa común”

El Papa León XIV dedicó su intención de oración para mayo de 2026 a una de las problemáticas más críticas del mundo actual: el acceso a una alimentación digna. Bajo el lema “por una alimentación para todos”, el Pontífice invita a visibilizar y afrontar la paradoja entre el hambre persistente y el desperdicio de alimentos, una realidad que afecta tanto a nivel global como en países como Colombia.Una crisis global que interpelaLa intención del Papa se sitúa en un contexto internacional alarmante: millones de personas continúan sin acceso a alimentos suficientes, mientras una parte significativa de la producción se pierde o se desperdicia. Esta situación, advierte la Red Mundial de Oración del Papa, no solo es económica, sino también ética, social y ambiental.El llamado del Pontífice apunta a una transformación de fondo: pasar de una lógica de consumo desmedido a una cultura de solidaridad, donde los alimentos sean reconocidos como un bien común y no como un recurso descartable.Colombia: avances leves, brechas persistentesEn el caso colombiano, el panorama refleja avances moderados, pero desafíos estructurales. Según el DANE, en 2024 el 25,5% de los hogares vivió inseguridad alimentaria moderada o grave, lo que representa cerca de 14,4 millones de personas.Aunque la cifra muestra una leve reducción frente al año anterior, la inseguridad alimentaria grave aumentó y afecta a millones de personas. Las brechas territoriales siguen siendo marcadas: en zonas rurales la prevalencia alcanza el 34,2%, mientras departamentos como La Guajira, Sucre y Córdoba presentan los niveles más altos del país.El fenómeno también está vinculado a condiciones de pobreza, desigualdad y vulnerabilidad social, afectando especialmente a hogares con jefatura femenina y con menores niveles educativos.El papel de los bancos de alimentos y la sociedad civilEn este contexto, organizaciones como ABACO (Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia) han advertido sobre la urgencia de fortalecer estrategias que permitan reducir el desperdicio y redistribuir los alimentos disponibles.De acuerdo con su análisis, en Colombia se desperdician toneladas de alimentos aptos para el consumo, mientras millones de personas enfrentan dificultades para acceder a una alimentación adecuada. Esta realidad evidencia fallas en la cadena de producción, distribución y consumo, pero también abre oportunidades para la acción solidaria.Los bancos de alimentos, en este sentido, cumplen un papel clave al recuperar excedentes y canalizarlos hacia poblaciones vulnerables, contribuyendo a mitigar el impacto del hambre y promoviendo una cultura de aprovechamiento.Un llamado a transformar los hábitosLa intención del Papa coincide con estos esfuerzos al subrayar que la solución no depende únicamente de grandes decisiones estructurales, sino también de cambios cotidianos. El subsidio mensual propone acciones concretas como planificar las compras, evitar el desperdicio, aprovechar los alimentos y compartir con quienes más lo necesitan.El enfoque es claro: todos los actores —productores, distribuidores, instituciones y consumidores— tienen responsabilidad en la construcción de sistemas alimentarios más justos y sostenibles.Oración del mesComo parte de esta intención, el Papa León XIV propone la siguiente oración:Señor de la creación,tú nos diste la tierra fecunda y, con ella, nuestro pan de cada día,como signo de tu amor y providencia.Hoy reconocemos con dolorque millones de hermanos y hermanas siguen padeciendo hambre,mientras tantos bienes se desperdician en nuestras mesas.Despierta en nosotros una nueva conciencia:que aprendamos a agradecer cada alimento,a consumir con sencillez,a compartir con alegría,y a cuidar los frutos de la tierra como un don tuyo,destinado a todos, no solo a unos pocos.Padre bueno,haznos capaces de transformar la lógica del consumo egoístaen una cultura de solidaridad.Que nuestras comunidades promuevan gestos concretos:campañas de sensibilización, bancos de alimentos,y un estilo de vida sobrio y responsable.Tú que nos enviaste a tu amado Hijo Jesús,pan partido para la vida del mundo,danos un corazón nuevo, con hambre de justicia y sed de fraternidad.Que nadie quede excluido de la mesa común,y que tu Espíritu nos enseñe a mirar el panno como un objeto de consumo,sino como un signo de comunión y cuidado.Amén.Vea a continuación el Video del Papa:

Mar 5 Mayo 2026

Edición número mil con María al pie de la Cruz

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Hemos comenzado el mes de mayo dedicado a honrar a la Santísima Virgen María, en este año jubilar que el Papa León XIV ha concedido a nuestra Iglesia Particular, en la advocación de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, con el lema que estamos interiorizando desde la Basílica: María madre de la esperanza. Así reafirmamos el lema pastoral de este año: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, transmitiendo a todos el Evangelio de Jesucristo que es la esperanza que no defrauda. También, llegamos a la edición número mil en el periódico La Verdad, dando gracias a Dios por este medio de difusión del Evangelio que llega a muchas personas que reciben el periódico en cada una de sus ediciones.Al inicio del mes de mayo conmemoramos en Colombia la exaltación de la Santa Cruz, reconociendo en este madero a Jesús como el enviado del Padre para conducirnos a la salvación prometida y esperada. Cada uno de nosotros al mirar y contemplar el Crucificado, estamos llamados a pronunciar desde el corazón las palabras del centurión romano que estaba frente a la cruz: “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39); Él ha venido a traernos el perdón del Padre, para reconciliarnos y recibir la paz que debemos entregar a los de¬más, siendo instrumentos del perdón para con nuestros hermanos.Al pie de la Cruz también estaba María tal como lo indica el Evangelio: “junto a la Cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre: mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 25 - 27); allí María estaba con dolor por ver morir a su Hijo, pero no estaba derrumbada, estaba de pie con la confianza, que de su Hijo clavado en la Cruz, brota la salvación para toda la humanidad, siendo perdonados de los pecados para entrar a la vida eterna.María al pie de la cruz es la madre de la esperanza, que ha sido entregada en la persona del discípulo amado a toda la Iglesia y a cada uno de nosotros. Ella nos indica el camino para llegar a Jesús, esperanza que no defrauda, aún en los momentos de cruz e incertidumbre. En la cruz fue clavado nuestro Señor Jesucristo, que según profesamos en el credo, padeció, fue crucificado, murió, fue sepultado y resucitó al tercer día y está sentado a la derecha del Padre. En el Crucificado está la síntesis de todo el Misterio Pascual que celebramos en la Semana Santa y que vivimos todos los días en la Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo que nos da fortaleza diaria, para cargar la propia cruz uniendo nuestros dolores, sufrimientos y enfermedades a la cruz del Señor, para hacernos uno con Jesús Crucificado.En la cultura actual se quiere anular la cruz, el dolor y el sufrimiento que hace parte de la naturaleza humana, vendiendo falsamente la idea de una vida en perfecto bienestar y prosperidad. En ocasiones desde la predicación, algunos comercian con lo sagrado, quieren vender sacramentales ofreciéndoles a las personas la cancelación de todo sufrimiento en sus vidas. Desde la Palabra de Dios tenemos la certeza que estamos predicando la verdad, cuando anunciamos a Jesucristo Crucificado: “porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo Crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. En cambio, para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo, que es fuerza y sabiduría de Dios” (1Cor 1, 22 - 24). Ahí está la fuerza que nos da la fe, que engendra a la vez la esperanza que hace que tengamos los ojos fijos en el cielo que es nuestro destino; sin olvidar-nos que el camino es la cruz, por la que pasó nuestro Señor Jesucristo, entregando la vida por todos nosotros y que asumió María, cuando estuvo al pie de la Cruz y desde allí nos da consuelo como madre de la esperanza.María al pie de la Cruz nos enseña a contemplar el Crucificado y unir la cruz de cada día a la Cruz del Señor, con la certeza que seguir a Jesucristo Crucificado, nos da la vida eterna. Así lo pide Jesús a sus discípulos: “y dirigiéndose a sus discípulos añadió: Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará” (Mt 16, 24 - 25). Jesucristo mismo nos ha dado ejemplo de entrega de la propia vida por la salvación de todos y nos invita constantemente a tomar la cruz y seguirlo.Mirando y contemplando el Crucificado el corazón se llena de esperanza. La esperanza es la virtud que nos mantiene en pie, que nos ayuda a salir adelante en las incertidumbres y dificultades de la vida y para el cristiano la esperanza brota del árbol de la Cruz, que lo sana de la tristeza, porque es el mismo Jesús que sana, consuela, levanta y da alivio: “vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas” (Mt 11, 28 - 30); de esa manera, cuando estemos agobiados y sin fuerzas por la cruz de cada día, arrodillémonos a mirar y contemplar el Crucificado y encontraremos paz en medio de las fatigas diarias de la vida.Que Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, madre de la esperanza y el Glorioso Patriarca San José, custodien en nosotros la gracia de Dios y la fe, para seguir en nuestra vida a Jesucristo Crucificado, fuente de nuestra salvación. En acción de gracias seguimos anunciando el Evangelio a través del periódico La Verdad, que desde esta edición número mil, lanzamos hacia el futuro como medio de evangelización que lleva a Jesús hasta sus familias.En unión de oraciones,reciban mi bendición+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Lun 4 Mayo 2026

Colombia vivirá el Cuarto Rosario Nacional con la Consagración al Inmaculado Corazón de María

El próximo miércoles 13 de mayo, colombianos dentro y fuera del país están convocados a unirse en el Cuarto Rosario Nacional, una jornada de oración que busca poner en el centro la conversión personal como camino para la paz y la reconciliación de Colombia.Bajo el lema “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión de tu corazón”, esta iniciativa, promovida por diversos grupos de laicos católicos y apoyada por la Conferencia Episcopal de Colombia y la Arquidiócesis de Bogotá, se presenta como una respuesta espiritual ante los desafíos que enfrenta el país en materia de convivencia y unidad.La jornada se desarrollará a través de momentos centrales. El primero tendrá lugar a partir de las 11:00 a.m. en la Catedral Primada de Colombia, donde se rezará el Santo Rosario, seguido de la celebración de la Eucaristía y la Consagración del país al Inmaculado Corazón de María, presididas por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Este, será transmitido a través del canal RCN y otros medios que se sumarán a esa señal.En este contexto, el Presidente del Episcopado Colombiano subrayó el sentido profundo de esta convocatoria, al afirmar que “le pediremos a la Madre del Señor que avive en nosotros la esperanza, sostenga la unidad y suplique por la reconciliación y la paz de todos los colombianos”.El segundo momento se realizará a las 5:00 p.m. en la Plaza de Bolívar de Bogotá, con un espacio de adoración eucarística, seguido de una procesión y el Rosario de antorchas, como signo visible de fe y comunión en torno a la intención de paz para el país.La Conferencia Episcopal de Colombia invita a las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos eclesiales, familias y a todos los colombianos —en el territorio nacional y en el exterior— a unirse a esta jornada desde sus propios contextos, fortaleciendo así un clamor común por la reconciliación.Vea la invitación del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia haciendo clic aquí.

Jue 30 Abr 2026

La Voz del Pastor | 3 de mayo de 2026

Reflexión del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 14, 1-12