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Obispo electo de Ipiales recibe Ordenación Episcopal
Tags: ordenación episcopal obispo de ipiales josé saúl grisales Nuncio apostólico catedral sonsón rionegro
En la Catedral Nuestra Señora de Chiquinquirá de Sonsón en Antioquia, monseñor José Saúl Grisales Grisales, obispo electo de Ipiales, recibió el pasado sábado 17 de marzo, la Consagración Episcopal, por imposición de manos, unción y oración consecratoria de monseñor Ettore Balestrero, Nuncio Apostólico del Papa Francisco en Colombia.
La Eucaristía comenzó a las 11 de la mañana y se extendió por más de dos horas y contó con la presencia de más de 20 obispos de diferentes lugares del país, aproximadamente 250 sacerdotes, delegaciones de visitantes de la Diócesis de Ipiales, de otras jurisdicciones eclesiásticas, seminaristas, religiosas, fuerzas cívicas y fieles de la localidad.
Durante la ceremonia litúrgica se leyó el mandato apostólico, expedido por el Papa Francisco y en el cual lo nombraba obispo y le pide ser solícito pastor del rebaño a él encomendado “Haz fielmente, querido hijo, que el gravísimo oficio de Obispo sea ejercido de tal manera, que los fieles a ti confiados te den crédito y permanezcan fuertes en la ley del señor y caminen alegremente recordando estas palabras: “Hijo mío, guarda mis preceptos en tu corazón por todos los días y años de tu vida y tendrás paz”. La luz, la fuerza y el gozo del Espíritu Santo y la protección de Nuestra Señora de Chiquinquirá sea siempre contigo y con la queridísima comunidad eclesial en la amada Colombia” dice el mandato.
Posteriormente, en la homilía el Nuncio Apostólico, recordó el misterio al que será promovido monseñor Grisales, hijo de esa tierra sonsoneña, donde la iglesia ha sido presencia salvadora de su gente y la fe de ellos un terreno fecundo del que Dios se ha servido para suscitar vocaciones para su santo servicio. “Hoy contemplamos dicho sacramento, la realidad de que nos abre el pasaje del profeta Isaías. El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el señor me ha ungido, me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para curar los corazones desterrados, proclamar la amnistía a los cautivos y a los oprimidos la libertad”.
“Si dirigimos nuestra mirada la acción misteriosa de la trinidad, descubrimos que cada una de las divinas personas actúa según su propiedad. Realizando dicha profecía, el Padre es el que ha ungido, el Hijo ha sido ungido y el Espíritu Santo es la unción. Así el mismo espíritu que se derramó sobre Cristo, el ungido y enviado del padre hoy vuelve a difundirse en el alma de monseñor José Saúl, para agregarlo al número de los apóstoles y para no dejarnos nunca más”. Esta infusión del espíritu que se comunica al elegido va unida a la unción, un don gratuito, concedido en orden a una misión: Ser mensajero de la buena noticia, consolar a los abatidos, liberar a los cautivos y llevar a todos la alegría.
De esta manera el obispo pertenece exclusivamente a su misión, es decir, a quien lo ha consagrado por la unción. Por tanto, decía el Nuncio “oremos con fuerza, para que monseñor José Saúl se identifique también subjetivamente, psicológicamente, con cristo obispo y buen pastor; se done a Él sin reserva y desde hoy viva con alegría, empeño y total dedicación el ministerio que recibe”.
Es una inmensa responsabilidad, que él puede y debe vivir con coherencia en cada instante y en caso de circunstancias de su vida. “Entre el evangelio y en el elegido actúa el Espíritu Santo, que colma la pobreza del hombre y lo transforma en un servidor fiel. La palabra cubre y protege la persona y ministerio del obispo; la palabra viva de Dios debe, por así decirlo, invadirlo, de manera que se convierta totalmente en una sola cosa con él; que cristo viva en monseñor José Saúl y dé forma a su vida y de contenido a su vida. No existe más José Saúl, existe Cristo que se ha identificado y vive con Él”.
El nuncio recordó que el obispo necesita dejarse permear por el evangelio, para convertirse en un humilde servidor. El gesto de la Unción sobre la cabeza que reciben todos los obispos, debe conducir a pensamientos de humildad y conciencia de la común pobreza en el Espíritu y debe inducir a vivir una vida auténtica y ordenada en la Oración “la oración se convierte en el pulmón que nos hace respirar en las actividades apostólicas, la luz que ilumina y la fuerza que hace vencer toda dificultad”.
“Ser pastor consiste en decir no tengo nada mejor que hacer que cuidar de mis ovejas. Esta imagen es trasladada a Dios, supone que su principal quehacer es llamarnos y cuidar de nosotros. Y no lo hace y personalmente, sino personalmente con cada uno; de aquí que el primer don que puede ofrecerle el obispo a su grey es la paternidad, y está especialmente manifestada a sus sacerdotes, por quienes debe orar, velar, animar y acompañar”.

Monseñor Balestrero recordó las palabras del papa Francisco a los obispos en su visita a Colombia, “¿Qué cosa pueden dar a sus sacerdotes? El primer don es aquel de la paternidad que asegure que la mano que los ha generado y ha ungido no se ha retirado de sus vidas. El corazón de un padre -dijo el Papa- de un obispo, no puede limitarse a la precaria, impersonal y externa comunicación con su presbiterio; los sacerdotes precisan con necesidad y urgencia vita, de la cercanía física, afectiva y efectiva de su obispo. Los sacerdotes requieren sentir que tiene un padre; al mismo tiempo, la imagen del amor apasionado de un pastor que dedican su tiempo y su vida a amar y cuidar nos hace descubrir que nuestra fe en Dios no se puede concluir en creer que Dios es Padre en cuanto nos ha creado y nos ha traído a este mundo. No. Su paternidad va mucho más allá, no solo creemos en que Dios nos ha creado, sino que creemos en que nos acompaña y en todo momento camina junto a nosotros. El pastor nos cuida, nos alienta, nos indica el camino”.
“Yo confío tu ministerio episcopal a la Virgen María que preside esta catedral y también a la Diócesis de Ipiales, te ayude a guardar en el corazón lo que Dios dice y lo que a veces calla, para que, siendo un servidor fiel y prudente, te ayude con su intercesión, a ser pastor según el corazón de Cristo”, finalizó monseñor Balestrero.
Ver la homilía completa:
Rito de Ordenación
Después de la homilía, se realizó el rito de consagración Episcopal; inició con el interrogatorio, por parte del presidente de la celebración. Ser Obispo de la Iglesia del Señor supone que quien es elegido para este Ministerio, esté dispuesto a cumplir con fidelidad las tareas a él encomendadas, a saber: anunciar el Evangelio, conservar la Tradición Apostólica, edificar la Iglesia, obedecer al Sumo Pontífice como Sucesor de san Pedro, y cuidar de su pueblo con amor de Padre. Sobre estos aspectos fue interrogado monseñor Grisales.
Posteriormente, se postró rostro en tierra, en signo de escucha profunda y de entrega generosa al Señor, mientras todos los asistentes invocaban la protección de los Santos, mostrando la comunión íntima entre la Iglesia peregrina y el coro de los bienaventurados del cielo.
La Imposición de las manos sobre el elegido, es un signo muy antiguo de la Iglesia, empleado para manifestar la invocación del Don del Espíritu Santo sobre quien es destinado a una misión especial. Este gesto, realizado por todos los Obispos presentes, unido a la imposición del Libro de los Evangelios y a la Oración Consecratoria, constituyó el momento cumbre de la Ordenación Episcopal.
Luego se realizó la unción del Santo Crisma sobre su cabeza, así como Dios ungió a su hijo como Sacerdote Supremo; se le entregó el libro de los Evangelios, pues su misión primera es ser maestro de la verdad para sus fieles; se le entregó el anillo, como símbolo de compromiso con la Iglesia de Dios; se le impuso la Mitra, que lo compromete a ejercer su ministerio episcopal en fidelidad; se le entregó el báculo, como signo del Pastor que empieza a ser en las comunidades y se ubicó en la sede de primer concelebrante, como lo indica la liturgia en estos casos.

Monseñor Fidel León Cadavid Marín, obispo de Sonsón Rionegro, y monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero, obispo auxiliar de Medellín y secretario de la Conferencia Episcopal de colombia, fueron los primeros obispos ordenantes de la Consagración Episcopal. Al término de la celebración, monseñor Grisales agradeció a todos los presentes por su compañía en esta fiesta de la Iglesia.
La Eucaristía continuó como de costumbre, y al término de la celebración, monseñor José Saúl Grisales Grisales presentó un saludo a todos los presentes, que compartimos a continuación.
Palabras de Gratitud de Mons. Saúl Grisales:
Fuente: Oficina de comunicaciones diócesis de Sonsón Rionegro (Antioquia)
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"Colombia necesita sacerdotes con estilo sinodal": CXXI Asamblea deja llamado a fortalecer la formación sacerdotal
Como uno de los principales frutos de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, los obispos y participantes invitados de los seminarios del país, dirigen una carta a todos los protagonistas de la formación inicial al presbiterado en Colombia en la que llaman a fortalecer la formación de sacerdotes cercanos al Pueblo de Dios, constructores de reconciliación y sembradores de esperanza. El mensaje recoge las principales convicciones surgidas durante este encuentro dedicado a reflexionar sobre la formación sacerdotal desde una perspectiva sinodal y misionera.La CXXI Asamblea Plenaria se llevó a cabo del 6 al 10 de julio en Bogotá bajo el lema "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera". Durante esos días, más de 90 obispos compartieron espacios de oración, estudio y discernimiento con rectores y formadores de seminarios, seminaristas, religiosos y laicos, en una experiencia sinodal que enriqueció la reflexión sobre el presente y el futuro de la formación sacerdotal en el país.Un llamado a dejarse formar por CristoMás allá de presentar recomendaciones prácticas, la carta invita a comprender la formación sacerdotal como un camino de configuración con Jesucristo Buen Pastor.En ese sentido, los obispos y participantes de la CXXI Asamblea recuerdan a los seminaristas que el centro de todo proceso vocacional no está en las capacidades personales, sino en la acción de Dios:"No tengan miedo de dejarse moldear por Cristo. Permitan que Él transforme su corazón para que puedan amar con su mismo amor y servir con su misma entrega."A partir de esta convicción, los animan a cultivar una profunda vida espiritual, fortalecer la fraternidad, vivir con alegría su vocación y prepararse para ejercer un ministerio marcado por el servicio y la cercanía a las comunidades.El país necesita sacerdotes con estilo sinodalUno de los apartados más significativos de la carta describe el perfil de presbítero que hoy necesita la Iglesia en Colombia. Afirman que los desafíos actuales exigen sacerdotes capaces de caminar junto al Pueblo de Dios, escuchar antes de hablar y anunciar el Evangelio desde una auténtica cercanía con las personas.Como lo expresan en el documento:"Colombia necesita sacerdotes con estilo sinodal; profundamente enamorados de Jesucristo, hombres de comunión, cercanos al pueblo, sensibles al sufrimiento de los pobres, constructores de reconciliación y sembradores de esperanza."Más que una descripción ideal, esta afirmación recoge el horizonte pastoral que inspiró toda la Asamblea y proyecta sus reflexiones hacia la misión evangelizadora de la Iglesia en el país.Un reconocimiento a quienes forman a los futuros sacerdotesEl mensaje dedica también un apartado especial a los rectores y formadores de seminarios, cuyo servicio fue ampliamente valorado durante la Asamblea.Los obispos les agradecen la entrega con la que acompañan el discernimiento de las nuevas generaciones y les recuerdan que la formación se transmite, sobre todo, a través del testimonio cotidiano:"El primer instrumento formativo es el testimonio de la propia vida."Por ello, los animan a continuar ejerciendo esta misión con espíritu de comunión, cercanía y disponibilidad, conscientes de la influencia que tienen en la configuración humana, espiritual y pastoral de los futuros sacerdotes.Una misión compartida por toda la IglesiaLa carta concluye ampliando el horizonte de la reflexión desarrollada durante la Asamblea. La formación inicial al presbiterado, señalan los obispos, no puede entenderse como una tarea exclusiva de los seminarios, sino como una responsabilidad que compromete a toda la comunidad eclesial.En palabras de la carta:"La formación de los futuros sacerdotes es una responsabilidad compartida por toda la Iglesia."Desde esa convicción, invitan a sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos a acompañar estos procesos con su oración, su testimonio y su compromiso, convencidos de que la calidad de la formación sacerdotal repercute directamente en la vida de las comunidades y en la capacidad de la Iglesia para anunciar el Evangelio, fortalecer la comunión y servir con esperanza a Colombia.
Mar 14 Jul 2026
Papa León XIV designa a monseñor Juan Fernando Franco Sánchez como administrador apostólico de la Diócesis de Jericó
El Papa León XIV designó a monseñor Juan Fernando Franco Sánchez, obispo de la Diócesis de Caldas, como administrador apostólico de la Diócesis de Jericó, mientras el obispo electo, Diego Luis Rendón Urrea, recibe la ordenación episcopal y toma posesión canónica de esta Iglesia particular.Con esta designación, el Santo Padre garantiza la continuidad del gobierno pastoral de la diócesis durante el período de transición entre el ministerio de monseñor Noel Antonio Londoño Buitrago y el inicio del servicio episcopal de su sucesor.Monseñor Juan Fernando Franco Sánchez continuará al frente de la Diócesis de Caldas y, de manera simultánea, ejercerá temporalmente la responsabilidad de administrador apostólico de la Diócesis de Jericó hasta la posesión canónica del nuevo obispo.La Diócesis de Caldas y la Diócesis de Jericó hacen parte de la Provincia Eclesiástica de Medellín y mantienen una estrecha relación pastoral por su cercanía geográfica y eclesial en el departamento de Antioquia.
Lun 13 Jul 2026
Papa León XIV nombra nuevo obispo para la Diócesis de Jericó: Pbro. Diego Luis Rendón Urrea
Sacerdote de la Diócesis de Santa Rosa de Osos y hasta ahora rector de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN, el padre Diego Luis Rendón Urrea será el octavo obispo de esta Iglesia particular del suroeste antioqueño, reconocida por su riqueza espiritual, misionera y cultural, y por ser la tierra natal de Santa Laura Montoya, primera santa colombiana.El padre Rendón Urrea sucede en esta misión episcopal a monseñor Noel Antonio Londoño Buitrago, quien acompañó pastoralmente la diócesis desde 2013 y presentó su renuncia al Santo Padre en agosto de 2024, tras cumplir los 75 años de edad, conforme a lo establecido por el Código de Derecho Canónico.De la educación superior católica al ministerio episcopalCon este nombramiento, el Papa León XIV confía la conducción pastoral de la Diócesis de Jericó a un sacerdote cuya trayectoria ha estado estrechamente vinculada a la educación y la evangelización.Durante los últimos años, el padre Diego Luis Rendón Urrea se desempeñó como rector general y representante legal de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN, instituciones desde las que ha impulsado procesos de educación superior y formación virtual con identidad católica, al servicio de comunidades de distintas regiones del país.Trayectoria pastoral del nuevo Obispo de JericóEl padre Diego Luis Rendón Urrea nació el 3 de junio de 1967 en Rionegro, Antioquia. Realizó su formación filosófica y teológica en el Seminario Mayor de Santa Rosa de Osos y en la Universidad Santo Tomás de Medellín. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 2000 para la Diócesis de Santa Rosa de Osos.Realizó estudios de especialización en Gerencia Educativa en la Universidad de San Buenaventura de Medellín y en Pedagogía de la Virtualidad en la Fundación Universitaria Católica del Norte. Adelantó, además, estudios de doctorado en Educación en la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina.Entre los servicios pastorales que ha desempeñado a lo largo de su ministerio sacerdotal, se encuentran:- Vicario parroquial de la parroquia Inmaculada Concepción de Amalfi (2001).- Primer rector del Cibercolegio de la Fundación Universitaria Católica del Norte y vicario de Educación Católica (2002-2005).- Promotor vocacional y delegado de Pastoral Misionera (2005-2009).- Delegado de Pastoral Social y vicario de Pastoral de la Diócesis de Santa Rosa de Osos (2010-2011).- Capellán del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) en Bogotá (2011-2014).- Párroco de Nuestra Señora del Carmen, en Gómez Plata (2014-2015).- Miembro del Colegio de Consultores y del Consejo Presbiteral de la Diócesis de Santa Rosa de Osos (2022-2026).- Rector general y representante legal de la Fundación Universitaria Católica del Norte y del Cibercolegio UCN (2015-2026).Una diócesis con profunda tradición evangelizadoraLa Diócesis de Jericó fue creada el 29 de enero de 1915 mediante la bula Universi Dominici Gregis del Papa Benedicto XV. Está ubicada en el suroeste del departamento de Antioquia y extiende su jurisdicción pastoral sobre 15 municipios: Andes, Betania, Betulia, Caramanta, Ciudad Bolívar, Concordia, Hispania, Jardín, Jericó, La Pintada, Pueblorrico, Salgar, Támesis, Tarso y Valparaíso.La sede episcopal se encuentra en la ciudad de Jericó, donde está ubicada la Catedral de Nuestra Señora de las Mercedes. La diócesis cuenta con 30 parroquias, el Seminario Diocesano San Juan Eudes, comunidades de vida contemplativa y activa, así como la casa de retiros espirituales Lisieux.Esta Iglesia particular ocupa un lugar especial en la historia de la Iglesia en Colombia por ser cuna de Santa Laura Montoya Upegui, primera santa nacida en el país y fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena. También son hijos de este territorio el beato Juan Bautista Velásquez Peláez y el beato Jesús Aníbal Gómez Gómez, cuyos testimonios de fe continúan inspirando la vida cristiana y misionera de esta región.Con este nombramiento, la Diócesis de Jericó inicia una nueva etapa de su camino pastoral, manteniendo viva una tradición evangelizadora que durante más de un siglo ha contribuido significativamente a la vida de la Iglesia en Colombia.
Sáb 11 Jul 2026
Iglesia en Colombia plantea criterios para la renovación de la formación sacerdotal tras la CXXI Asamblea del Episcopado
Cinco días de oración, discernimiento, escucha y trabajo conjunto dejaron una convicción compartida entre los obispos de Colombia y los invitados especiales que participaron en la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano: renovar la formación de los futuros sacerdotes es una tarea urgente para responder a los desafíos actuales de la Iglesia y del país.Del 6 al 10 de julio, más de 90 obispos, junto con rectores de seminarios, seminaristas, religiosos, laicos y profesionales vinculados a los procesos formativos, reflexionaron sobre el tema "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera", en un ejercicio inédito de escucha y discernimiento compartido que permitió identificar retos, fortalecer consensos y proyectar caminos concretos para los seminarios de Colombia.El presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, destacó que uno de los principales frutos de la Asamblea fue confirmar la necesidad de seguir fortaleciendo una formación humana integral, capaz de preparar sacerdotes cercanos a las personas y a las realidades de sus comunidades."Constatamos que vamos avanzando, vamos tomando conciencia del valor de la formación humana integral de nuestros candidatos al ministerio sacerdotal, que sean personas cada vez más cercanas a las necesidades y preocupaciones de nuestras comunidades".El Arzobispo de Cartagena afirmó que la Iglesia aspira a formar ministros con una sana madurez humana y afectiva, capaces de construir relaciones fraternas con las distintas vocaciones del Pueblo de Dios, comprometidos con la opción preferencial por los pobres y con una auténtica actitud misionera que les permita responder a las periferias existenciales del mundo contemporáneo.Una formación que involucre a toda la IglesiaUno de los consensos más significativos de la Asamblea fue que la formación sacerdotal debe entenderse como una responsabilidad compartida por toda la Iglesia.En este sentido, monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, afirmó que el proceso de renovación exige comprender de una manera nueva la identidad del ministerio presbiteral."El presbítero se comprende a sí mismo de manera plena en la vida de la Iglesia y desde el pueblo de Dios. No es una figura que está por encima, al lado o detrás, sino junto al pueblo de Dios."El obispo explicó que esta visión implica una formación en la que participen activamente familias, mujeres, jóvenes, sacerdotes, psicólogos y otros profesionales, de modo que el futuro presbítero aprenda desde el inicio a vivir relaciones eclesiales marcadas por la comunión, la escucha y la corresponsabilidad.Añadió que esta formación debe consolidar una identidad profundamente misionera, con sacerdotes capaces de escuchar, discernir y acompañar las realidades humanas. Asimismo, señaló que el futuro presbítero necesita una intensa vida espiritual que le permita leer los desafíos de su tiempo desde la fe y anunciar el Evangelio con respuestas concretas a las realidades actuales, haciendo presente el rostro misericordioso de Cristo en medio de las comunidades.En la misma línea, el rector del Seminario Mayor de Manizales, padre José Abel Sierra, resaltó que la Asamblea reafirmó la importancia de que toda vocación sacerdotal nazca de un encuentro personal con Jesucristo y crezca gracias al acompañamiento de toda la comunidad eclesial."Es muy importante la cooperación de todos. Son muchas las personas que tienen que ver en esa actividad de formar y acompañar al joven que quiere responder al Señor".También destacó que la cultura del cuidado debe seguir consolidándose en los seminarios para que estos sean ambientes sanos donde quienes serán futuros pastores aprendan también a cuidar de los demás.Comprender mejor a los jóvenes para acompañar sus vocacionesOtro de los acentos de la Asamblea fue la necesidad de renovar la manera como la Iglesia acompaña a las nuevas generaciones.Para monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco, uno de los aportes más significativos fue comprender que los jóvenes necesitan ser conocidos desde su historia y no únicamente desde los desafíos propios de su tiempo.Inspirado en el pasaje de los discípulos de Emaús, afirmó que el acompañamiento vocacional exige cercanía, escucha y esperanza, para ayudar a reconstruir la historia personal de cada joven a la luz del Evangelio.Esta perspectiva se complementó con el llamado de monseñor José Camilo Arbeláez Montoya, obispo de Vélez, quien remarcó la necesidad de fortalecer la pastoral vocacional desde edades más tempranas.El prelado señaló que la Iglesia está llamada a acompañar a niños y adolescentes incluso antes de los últimos años del bachillerato, generando procesos continuos que permitan descubrir y madurar la vocación como un verdadero camino de discipulado.Seminarios que respondan a los desafíos del presenteLas reflexiones también coincidieron en la necesidad de seguir fortaleciendo el discernimiento vocacional, la preparación de los formadores y la articulación entre las diócesis.Monseñor Carlos Alberto Correa Martínez, obispo de Apartadó, destacó la importancia de impulsar procesos de discernimiento comunitario y regional que permitan responder de manera conjunta a los desafíos actuales.Por su parte, monseñor Israel Bravo Cortés, obispo de Tibú, recordó que las vocaciones nacen en contextos concretos, marcados muchas veces por el sufrimiento y la violencia, pero subrayó que precisamente allí continúa llamando el Señor."Las vocaciones están floreciendo. Aunque no aparecen en el número que quisiéramos, el Señor sigue llamando."Añadió que el gran desafío consiste en consolidar buenos equipos de formadores y comunidades que preparen pastores cercanos al dolor humano y comprometidos con la construcción de esperanza.Desde la vida religiosa, fray Alexander Martínez López, rector del Noviciado de los Agustinos Recoletos, destacó como uno de los mayores frutos de la Asamblea la decisión de fortalecer la formación de los formadores, consolidar criterios más claros para el discernimiento de quienes ingresan a los seminarios y seguir construyendo ambientes seguros desde la cultura del cuidado.Asimismo, valoró especialmente el carácter sinodal del encuentro."Ha sido muy gratificante poder trabajar juntos. Los señores obispos quieren trabajar en sinodalidad y comprenden la necesidad de vincular a todos los agentes de la Iglesia para construir estos proyectos."Una tarea que apenas comienzaLos participantes coincidieron en que las reflexiones desarrolladas durante estos cinco días solo darán fruto si se traducen en procesos concretos dentro de las diócesis y los seminarios del país.La psicóloga del Seminario Diocesano de Girardota, María Paula Zuleta Rendón, destacó la importancia de fortalecer el acompañamiento desde las etapas iniciales del discernimiento vocacional y recordó que la formación integral comienza desde los procesos de selección y continúa durante todo el camino formativo.Por su parte, el seminarista Juan Manuel Mendoza García, del Seminario Mayor Los Doce Apóstoles de Buga, valoró la posibilidad de ser parte de la reflexión de esta semana, como una riqueza para su proceso. Afirmó que una de las mayores enseñanzas de la Asamblea fue comprender que la formación sacerdotal es una responsabilidad de toda la Iglesia."Todo el proceso de formación no solamente les compete a los obispos y a los formadores; es una corresponsabilidad de toda la Iglesia."Con la clausura de la CXXI Asamblea Plenaria concluye el trabajo desarrollado durante estos cinco días en Bogotá, pero comienza una nueva etapa para las diócesis, provincias eclesiásticas y seminarios de Colombia. Los aprendizajes, desafíos y compromisos asumidos durante este encuentro serán ahora el punto de partida para seguir fortaleciendo una formación sacerdotal que, desde la comunión, el discernimiento y la misión, prepare pastores según el corazón de Cristo para responder a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad colombiana.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados a través de la última emisión del informativo ‘Así va la Asamblea’: