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Es tiempo para volver a Dios
Tags: predicación orante Miércoles de Ceniza Pascua ayuno oración limosna
Monición introductoria de la Misa
Al iniciar nuestro camino cuaresmal, somos marcados con la ceniza que nos recuerda que somos seres humanos llenos de fragilidad. En esta celebración iniciamos un itinerario de purificación interior que, mediante la oración, el ayuno y la limosna, nos ayudan a la penitencia sincera que nos impulsa a buscar la conversión del corazón.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La Palabra de Dios nos llama a llama a la reconciliación aprovechando este tiempo de salvación, la penitencia de estos días cuaresmales expresada mediante el ayuno, la oración y la limosna debe servirnos como medio de purificación interior para buscar la conversión de corazón.
Primera lectura: Joel 2,12-18
Salmo: 51(50),3-4.5-6a.12-13.14+17 (R. cf. 3a)
Segunda lectura: 2Corintios 5,20 - 6,2
Evangelio: Mateo 6,1-6.16-18
Reflexión
Hoy iniciamos nuestro itinerario cuaresmal como camino hacia la Pascua y la Palabra de Dios nos hace caer en la cuenta de la realidad del pecado que nos hace volver la mirada a Dios para purificar nuestra vida mediante una reconciliación sincera con el Señor.
El Evangelio nos habla de algunas prácticas religiosas que la Iglesia nos recomienda para el tiempo de la cuaresma: La limosna, la oración y el ayuno (CEC 1438). De aquí se desprenden tres ideas temáticas:
• Es tiempo para volver a Dios, así lo recuerda la primera Lectura del profeta Joel.
• Es el tiempo favorable, es el día de la salvación, tal como nos exhorta San Pablo en su segunda carta a los Corintios.
• Es tiempo para la purificación interior mediante la limosna, el ayuno y la oración, así nos lo pide el Evangelio.
1. ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
- La primera lectura del profeta Joel nos hace una fuerte llamado de atención para volver la mirada a Dios. Ante la descripción de la plaga, el profeta impresionado por esta situación, es insistente en llamar a la penitencia interior mediante una conversión sincera como retorno hacia Dios. El profeta invita a “rasgar los corazones no las vestiduras”, este es un signo claro de la conversión interior.
La expresión “volver” invita al regreso, ya que el pecado es considerado como un destierro y ahora es el momento para volver de “corazón” mediante un firme propósito de cambio que ayude al hombre a permanecer en Dios.
Joel ofrece tres motivos para la conversión: El primero de parte de Dios que es compasivo y misericordioso, siempre dispuesto al perdón para el pecador arrepentido; el segundo de parte de la plaga que aún no lo ha destruido todo y el pueblo tiene posibilidad de presentar una libación; y el tercer motivo es que Israel será admirado por todos los pueblos a causa de la respuesta salvífica de Dios. Para lograr todo esto se hace necesaria la conversión de todo el pueblo desde los niños hasta los más ancianos mediante un tiempo de penitencia y purificación interior. El texto concluye con la misericordia de Dios que tiene compasión de su pueblo.
- La segunda lectura de San Pablo a los Corintios nos exhorta a la reconciliación, aquí reconciliarse es el reconocimiento del mal cometido para ser una nueva creatura en Cristo, ya que con la muerte de Cristo y su resurrección todos somos constituidos en nuevas creaturas: esta reconciliación con Dios conlleva tres realidades: Reconocer la actualidad del misterio de la Cruz de Cristo, no recibir en vano la gracia de Dios, aprovechar el momento oportuno en el hoy de la salvación.
- El pasaje evangélico está ubicado dentro del contexto del Sermón de la montaña en lo que se conoce como “la justicia de la ley”, o su práctica perfecta. Jesús no ha venido a abolir la ley sino a darle cumplimiento (Mt. 5, 17).
El texto del Evangelio se ocupa de tres expresiones propias de la religiosidad judía inscritas dentro del ámbito de la retribución: si hace para ser visto por los hombres obtendrá una recompensa humana pero quien las hace para ser visto por Dios debe esperar la recompensa del Padre celestial. En la Sagrada Escritura “la justicia” implica la rectitud de vida, caminar delante de Dios como hijos suyos sin buscar formalismos externos sino con el deseo de cumplir su voluntad.
En el tiempo de Jesús no había una organización eclesial para la distribución de las limosnas, por eso era costumbre “tocar la trompeta” o anunciar públicamente que se hacía una limosna. Jesús no está atacando tal práctica sino la forma en que se hace, pues lo importante no es la actitud exterior sino la disposición interior y la generosidad con la que se hace. Es aquí donde Jesús manda que al hacer la limosna se mantenga en secreto “que tu mano izquierda, no sepa lo que hace tu derecha”. El que haga limosna de modo externo para ser calificado por los hombres es designado como “hipócrita”; es decir, aquel que es doble o que actúa de comediante y obra por el espectáculo buscando su recompensa personal. En este sentido la verdadera limosna es aquella que da con una actitud de desprendimiento y desinterés, la que brota de la generosidad de aquellos que se reconocen como hijos y saben que hay hermanos más necesitados con quienes se debe compartir los bienes que se han recibido con don de Dios.
En segundo lugar, se habla de otra práctica muy común entre los piadosos judíos; la oración, esta se hacía en varios momentos del día: en la mañana, al mediodía y a la noche, tanto en la sinagoga como en cualquier lugar. Para los judíos la oración era un medio de auto-prestigio para exhibirse como personas piadosas.
La instrucción correcta para la oración no es tanto del lugar sino de la actitud para la oración… “entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto”. El texto no está en contra de la oración judía sino del modo como el orante se dirige a Dios. La auténtica oración debe ser la que se dirige a Dios y busca la comunicación con Él, no con el deseo de aparecer como piadoso sino con el deseo de salir de sí mismo, para entrar en diálogo con el Padre desde lo profundo del corazón.
En tercer lugar, se habla de la práctica del ayuno público que en momentos de situaciones extremas, como la sequía, se practicaba con rigor vistiéndose de saco y sayal cubriendo la cabeza con ceniza para mostrar una actitud externa de tristeza y arrepentimiento. En el A.T. se distinguía el ayuno verdadero del falso (Is 58, 5-6). Jesús invita al ayuno sincero mediante una actitud interior que no se note en lo externo, para que el verdadero ayuno tenga su efecto ante el Padre Celestial: “cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro”. El ayuno auténtico debe ser fruto de la penitencia interior; esto implica la verdadera conversión que es motivo de alegría y se manifiesta de modo externo. Es en este sentido donde el perfumarse es signo de la alegría exterior por una actitud de conversión interior que se da desde el corazón.
2. ¿Qué me dice la Sagrada Escritura?
Continuamente somos llamados a la conversión no como algo accidental o externo sino como un verdadero cambio de mentalidad que implica todo el ser y el obrar de la persona y para lograr la conversión auténtica se debe dar un paso importante mediante la reconciliación con Dios y con los hermanos. La Iglesia ha establecido el tiempo de la cuaresma como un tiempo propicio para que nosotros mediante las penitencia, busquemos la purificación de nuestra vida, lo que nos ayudará en un auténtico camino de conversión. Pero no podemos quedarnos viviendo una purificación externa, la verdadera penitencia debe nacer del corazón que desea unirse de nuevo a Dios para un sincero cambio de vida. La Palabra de Dios en el Evangelio, nos recomienda algunas prácticas que pueden ayudarnos en ese camino de purificación: la limosna, la oración y el ayuno. Prácticas que la Iglesia nos recomienda vivamente para el tiempo cuaresmal, pero no podemos caer en el peligro de los fariseos, de quedarnos en lo externo de ellas mismas y que no comprometan seriamente nuestra vida. Estas prácticas deben vivirse con una verdadera actitud de conversión.
La limosna (CEC 2443-2449, 2462), nos ayuda a la caridad sincera, mediante el desprendimiento de aquello que poseemos y que nos hace falta, para compartirlo con aquellos que están más necesitados que nosotros. La auténtica limosna dada desde la generosidad del corazón, nos puede ayudar a ser más solidarios con los demás y ver la precariedad de los otros, como una oportunidad para manifestarles nuestra hermandad y el deseo de compartir los bienes que hemos recibido de Dios.
La oración (CEC 2558 - 2565), nos ayuda a unirnos más a Dios saliendo de nosotros mismos y volviendo la mirada a aquel que nos ha creado, para entablar un sincero diálogo con Él y conocer el designio de su voluntad. Así, la oración se convierte en alimento del alma, pues nos ayuda a llenarnos de la presencia de Dios, ya que el hombre que ora con humildad se siente pequeño y sabe que su condición creatural le lleva al reconocimiento de la soberanía de Dios para unirse a Él, como la creatura a su Creador.
El ayuno (CIC 1250-1253 y CEC 1430), como una disciplina espiritual que nos ayuda a la mortificación y la penitencia, para el fortalecimiento de la voluntad que nos ayuda a dominar nuestras pasiones. El mismo Cristo, estuvo ayunando antes de iniciar su ministerio público y así, con la fuerza del Espíritu, pudo vencer al tentador. El ayuno no es un fin en sí mismo sino un medio que nos ayuda a la purificación interior para lograr la conversión. El ayuno verdadero nos ayuda a desprendernos de lo material para reconocer la debilidad y la dependencia de Dios.
3. ¿Qué me sugiera la Palabra que debo decirle a la comunidad?
Iniciamos el itinerario cuaresmal, un tiempo especial en que la Iglesia nos invita a prepararnos para la Pascua, es un momento oportuno para renovar la gracia de Dios a través de la confesión de nuestros pecados. Para ayudarnos en nuestro camino de conversión la Palabra de Dios nos invita a la reconciliación aprovechando este tiempo especial de salvación. El Papa Francisco nos invita a a vivir la cuaresma como un tiempo rico para desenmascarar las tentaciones y dejar que nuestro corazón vuelva a latir al palpitar del Corazón de Jesús. Toda esta liturgia está impregnada con ese sentir y podríamos decir que se hace eco en tres palabras que se nos ofrecen para volver a «recalentar el corazón creyente»: Detente, mira y vuelve (Homilía miércoles de ceniza 2018).
El pecado, es como un virus que ataca nuestra vida y destruye nuestra relación con Dios, nos aleja de Él, de la comunión con nuestros hermanos y con la creación y nos divide interiormente; por eso, las prácticas cuaresmales nos ayudan a prepararnos para una sincera purificación interior: - la oración nos ayuda a relacionarnos con Dios; - la limosna que nos ayuda a practicar la caridad con los hermanos más necesitados, especialmente durante este tiempo cuaresmal en la campaña de la comunicación cristiana de bienes, que nos ayuda a compartir los bienes que hemos recibido de Dios, sabiendo que todos somos hijos del Padre Bueno; - el ayuno nos ayuda la mortificación del cuerpo para dominar la voluntad y luchar contra las tentaciones que nos hacen caer en el pecado. Entrar en este tiempo de gracia es una oportunidad para volver la mirada a Dios que nos reconcilia de nuevo.
San Agustín nos exhorta: “Sean vigilantes en orden a su salvación, sean vigilantes para que estén a tiempo. Ninguno llegue tarde al tiempo de Dios, ninguno sea perezoso en el servicio divino. Sean todos perseverantes en la oración, fieles en la constante devoción. Sean vigilantes mientras es de día; el día resplandece. Cristo es el día. Él está listo para perdonar a quienes reconocen su culpa pero también para punir a quienes defienden considerándose justos, aquellos que creen ser algo mientras no son nada” (San Agustín, InIo. evang. 12, 13 s).
4. ¿Cómo el encuentro con Jesucristo me anima y me fortalece para la misión?
• Durante este tiempo de cuaresma se nos hace la invitación especial para practicar las obras de misericordia que nos ayudan a pensar en el hermano que sufre y necesita de nosotros.
• Dedicar un buen espacio para la oración nos ayuda a mantener nuestro contacto con el Señor.
• Practicar el ayuno y la abstinencia, como medios que fortalecen nuestra voluntad, para poder vencer las tentaciones del mal.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Dios Padre, rico en Misericordia nos ofrece este tiempo de cuaresma para volver nuestra mirada hacia Él. Por eso, suplicantes presentemos nuestras plegarias:
R. Padre Misericordioso, escúchanos.
1. Por el Papa y los ministros consagrados, para que sean testimonio de la cercanía de Dios a su pueblo e instrumentos de gracia y reconciliación para el pecador arrepentido.
2. Por los gobernantes, para que con su trabajo busquen la justicia, la reconciliación y la paz entre los ciudadanos.
3. Por todos los que en este tiempo sufren, para que encuentren en nosotros la caridad fraterna que los ayude en sus dificultades.
4. Por los catecúmenos que durante este tiempo se preparan para el bautismo, para que la vivencia de la cuaresma los ayude a prepararse para revestirse de la gracia de Cristo en la Pascua.
5. Por quienes hoy iniciamos este tiempo de cuaresma, para que mediante la penitencia interior vivamos este tiempo de gracia y salvación con un decidido deseo de conversión.
En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales.
Oración conclusiva
Escucha Padre las plegarias de tu pueblo que se dirige a ti al iniciar estos días
de penitencia cuaresmal
y concede a tus hijos la verdadera conversión del corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.
R. Amén.
RECOMENDACIONES PRÁCTICAS:
1. La celebración de los tiempos de Cuaresma y Pascua, conforman el centro del Años Litúrgico, porque en ellos tiene lugar la celebración central de nuestra fe: el misterio de la muerte y la resurrección de Jesucristo; Tal como nos dice el número 22 de las Normas sobre el calendario: “Los cincuenta días que van desde el domingo de Resurrección hasta el domingo de Pentecostés han de ser celebrados con alegría y exultación como si se tratase de un solo y único día festivo, más aún, como ‘un gran domingo’”. Por tanto Cuaresma forma parte del ciclo pascual ya que la finalidad es la celebración del Triduo Pascual y la Pascua5
La Cuaresma es un tiempo de renovación espiritual, tiempo de conversión, de revisar nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios. No es un tiempo de mortificación sino de desierto, de vaciarnos totalmente para que podamos dejar llenarnos de la gracia de Dios, para que caminemos cada día más hacia la conversión, para poder vivir como Jesucristo vivía6
• El tiempo de Cuaresma abarca desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo, exclusive.
• Cada día de Cuaresma tiene Misa propia completa, además, se propone una oración diaria de bendición sobre el pueblo.
• Durante la Cuaresma y hasta la Vigilia Pascual, exclusive, no se dice ni el gloria ni el Aleluya (se exceptúan solemnidades y fiestas).
• En el tiempo de Cuaresma no se debe adornar con flores el altar, y se permiten los instrumentos musicales sólo para sostener el canto, como corresponde al carácter penitencial de este Tiempo (se exceptúan de esta norma el domingo IV de Cuaresma - Laetare – y las solemnidades y fiestas).
2. La Cuaresma es el principal tiempo de penitencia, tanto para los individuos como para toda la Iglesia. Conviene, por consiguiente, que la comunidad cristina sea preparada en este tiempo, por medio de las celebraciones penitenciales, para que participe más plenamente del misterio pascual.7
Dos ejemplos de celebraciones penitenciales adaptadas al tiempo de Pascua.8
Otros esquemas de celebraciones penitenciales Ordinarias, con Niños, con Jóvenes y con Enfermos9.
3. Desde el inicio de la Cuaresma se puede programar, cuando mejor convenga, una celebración penitencial, con confesión individual. Igualmente podría preparase para un día de este tiempo de cuaresma la celebración de la Eucaristía con la administración de la Unción de los enfermos de la parroquia que están en peligro de muerte por enfermedad o por vejez. Esta es la mejor preparación para la celebración de la Pascua. No recomendable pastoralmente el jueves santo en la mañana, como se explicará allí en su momento.
4. Tener en cuenta para este tiempo el Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2019.
5. Recomendar para los viernes de cuaresma el ejercicio piadoso del santo Viacrucis del Encuentro, ofrecido por el Departamento de Liturgia de la CEC.
6. En este miércoles de ceniza, resaltar la frase: “Conviértanse a mí de todo corazón”.
7. Insistir en las palabras: conversión, penitencia, misericordia, ayuno, oración y limosna.
8. Recordar que este día y el viernes santo es de ayuno, abstinencia y obras de caridad.
9. Tener en cuenta que la ceniza se debe hacer de los ramos bendecidos el año anterior o de ramas de árboles, y que se impone sobre la frente o sobre la cabeza, directamente con los dedos (no con sellos de corcho o de otro material). Se debe corregir o evitar cualquier cosa que lleve a la práctica supersticiosa de la imposición de la ceniza.
10. La ceniza se impone dentro de la Misa o en una Liturgia de la Palabra.
En la Misa de hoy se omite el acto penitencial, porque luego se tendrá la imposición de la ceniza.
La bendición e imposición de la ceniza tiene lugar después de la homilía y antes de la Oración Universal o de los Fieles, como lo indican las rúbricas de los libros litúrgicos (cf. Misal,, pp. 71-74; Ceremonial de los Obispos, nn 253-259).
11. Podría tomarse el Prefacio de Cuaresma III, “Frutos de la abstinencia”, Misal, pág. 370. Igualmente, puede seguirse la Plegaria Eucarística II.
12. Se podría emplear como oración de bendición sobre el pueblo, la propia para el miércoles de ceniza, Misal, pág. 75
5 Cf. http://pastoralliturgica.cpl.es/tiempos-liturgicos/ Tiempos Litúrgicos.
6 Cf. Ídem
7 Ritual de la Reconciliación y Penitencia, Conferencia Episcopal de Colombia, Departamento de Liturgia, Bogotá, D.C., 1999, pág. 114ss.
8 Ídem.
9 Ídem. Pág. 144 ss.
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Los últimos serán los primeros
VIGÉSIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO20 septiembre 2026Primera lectura: Is 55,6-9 Salmo: Sal 145(144),2-3.8-9.17-18 (R. 18a) Segunda lectura: Flp 1,20c-24. 27a Evangelio: Mt 20,1-16.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNLa Palabra de Dios en este día, en sus tres lecturas y el salmo, mantiene una profunda coherencia. Veamos:En el Evangelio, el capítulo 20 de Mateo nos presenta una parábola en la que Jesús describe al propietario de una viña que busca obreros para trabajar. Sale en distintas horas del día y llama repetidamente hasta la última hora. Al final, ordena pagar a todos lo acordado, lo que provoca la inconformidad de los primeros, que no comprenden la lógica del dueño.La primera lectura, tomada de Isaías 55, ofrece una clave interpretativa al Evangelio: “Mis planes no son sus planes, sus caminos no son mis caminos». Dios piensa y actúa de manera distinta al hombre; sus criterios superan los nuestros. Esto nos invita a mirar con los ojos de Jesús y asumir su lógica.La segunda lectura, de la carta a los Filipenses, nos muestra a Pablo identificado plenamente con Cristo: “Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir”. Su vida y pensamiento reflejan la cercanía con el Señor.Por eso, hagamos nuestra la súplica del salmo: “Cerca está el Señor de los que lo invocan”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El propietario de la viña sale a diferentes horas del día y llama repetidamente obreros hasta el atardecer. Al final da orden al administrador de pagar a todos los que han trabajado según lo acordado previamente. Hasta allí no notamos ninguna injusticia pues lo pactado se ha respetado.Pero sí se rompen ciertos esquemas porque el pago es en orden inverso. Primero se les paga a los últimos llamados, quienes reciben un denario, como se había acordado. Por esto, nos damos cuenta de que el costo del trabajo diario de un obrero era de un denario, una unidad de medida útil para hacer cálculos económicos en la época de Jesús. Los que han trabajado todo el día, al final reciben el mismo denario acordado. El elemento traumático se produce al final, porque los primeros que fueron llamados y trabajaron todo el día se quejan y murmuran. Quienes protestan han recibido lo que habían acordado, entonces ¿por qué se quejan? Lo hacen porque empiezan a “compararse” con los otros y esto les hace estallar en la ira. Si solo ellos hubieran trabajado todo el día y recibido la paga acordada, la convenida, la justa, habrían estado contentos. En cambio, están ofendidos porque el señor paga a los últimos llamados igual que a ellos. Son en cierto modo envidiosos. Es precisamente la comparación con la bondad de Dios lo que hace estallar la ira de los primeros. A ellos el dueño se dirige diciendo: "No te hago injusticia”. Les invita a reconocer que el problema lo tienen ellos por compararse y caer en la envidia.La parábola destaca, entonces, la reacción de los trabajadores que se sienten injustamente tratados cuando ven que los que trabajaron menos tiempo reciben la misma paga que ellos. También subraya la idea de que la comparación y posterior envidia pueden generar ira y resentimiento, y que la bondad de Dios puede ser un desafío para aquellos que se sienten justos y merecedores. Por eso es necesario entrar en la lógica de Dios2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La parábola quiere explicar el actuar de Dios. El dueño representa a Dios, que llama a todos y llama siempre, nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que Mateo quiere transmitir. Dios no está encerrado en su mundo, sino que sale continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor. Y esto antes que ser motivo de protesta debe ser causa de alegría. No podemos caer en la tentación de algunos grupos cristianos que, también hoy, se creen mejores que otros, que se consideran con mayores privilegios delante de Dios que otros, o que cierran las puertas de la participación a otros. Todos son invitados y muchos acogen la Buena Noticia de Jesús y reciben la misma salvación.Teniendo en cuenta que Mateo escribe para judíos convertidos al cristianismo, busca resaltar que, aunque el pueblo judío fue llamado en primer lugar para recibir la revelación de Dios, otros pueblos también conocerán la Buena Noticia y participarán de la salvación ofrecida por Él.El Papa Francisco reflexionando sobre esta parábola nos compartía: “Dios quiere dar el máximo de la recompensa a todos, incluso a quienes llegaron de últimos. Y aquí se comprende que Jesús no está hablando del trabajo y del salario justo, sino del Reino de Dios y de la bondad del Padre celestial”.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor, que al escuchar esta parábola no me ponga en el lugar equivocado. Ayúdame a comprender que soy yo el obrero de la última hora, que quizá sigo recibiendo tu llamada y tu misericordia sin merecerla. Hay tantos santos en la Iglesia que te han respondido con generosidad y heroísmo, que te han seguido y hasta han dado su vida por el Evangelio; sin embargo, el premio que tú me ofreces es el mismo de ellos. Que no me considere justo ni mire a los otros como pecadores. Ayúdame a ponerme, Señor, en la perspectiva correcta: saber que cada día “soy” gracias a tu misericordia de última hora. Y que me alegre y te agradezca por cada hermano o hermana que vuelve a ti, a cualquier hora del día. Amén.II. MONICIÓN INTRODUCTORIA DE LA MISA Y ORACION DE LOS FIELES Introductoria de la Misa Hermanos y hermanas, en este Vigésimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a contemplar la lógica sorprendente del amor divino. El Evangelio nos presenta la parábola del dueño de la viña, que llama a todos a trabajar sin importar la hora, recordándonos que la misericordia de Dios no se mide con criterios humanos. Isaías nos dice: “Sus caminos no son mis caminos”, y san Pablo proclama: “Para mí la vida es Cristo”. Hoy celebramos que el Señor nos busca siempre y nos ofrece la misma salvación a todos. Dispongamos el corazón para agradecer su bondad y renovar nuestro compromiso con el Reino. Participemos con alegría en esta Eucaristía.A la liturgia de la Palabra: La paciencia de Dios no es debilidad, sino misericordia que ofrece tiempo para la conversión, como anuncia Isaías. San Pablo, desde la prisión, contempla con fe tanto la muerte, que lo uniría a Cristo, como la posible liberación para continuar su misión, seguro de que todo es para Él. Jesús, en la parábola del Evangelio, corrige la idea humana de justicia y muestra que el Reino es una viña donde todos trabajan, pero el salario es siempre un don gratuito. Por eso, nadie puede exigirlo ni compararse, sino recibirlo con gratitud y alegrarse del bien concedido a otros. Escuchemos la Palabra de Dios con atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Oremos, hermanos y hermanas a Dios Padre que está cerca de cuantos lo invocan, y es misericordioso para con todos. Y supliquemos confiadamente diciendo: R/. Escucha, Señor, la oración de tu pueblo.Para que la palabra de Dios ilumine a la santa Iglesia y en todas las horas, en la mañana y en la tarde, haya quien trabaje en la viña del Señor. Oremos.Para que los responsables de la economía mundial no se cierren a las necesidades de las personas, sino que defiendan los derechos de los más pobres. Oremos.Para que los desempleados encuentren empleo, los obreros estabilidad y los trabajadores del campo cosechas abundantes. Oremos.Para que nuestros campos, pueblos y ciudades sean lugares de convivencia y amistad, donde se invoque al Señor y haya paz. Oremos.Para que los miembros de nuestra asamblea dominical sientan el gusto de trabajar al servicio del evangelio y llenen el corazón con sus valores. Oremos.Oración conclusivaSeñor Dios nuestro, cuyos pensamientos y caminos están muy por encima de los nuestros, haz que la palabra de Jesús nos motive para trabajar en su viña. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.
Vie 11 Sep 2026
¿No debías tú también tener compasión?
VIGÉSIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO13 Septiembre 2026Primera lectura: Sir 27,30 - 28,7Salmo: Sal 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12 (R. 8a)Segunda lectura: Rm 14,7-9Evangelio: Mt 18,21-35.I.Orientaciones para la Predicación1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro del Sirácida advierte con claridad: el rencor y la ira no conducen a la vida. Quien alimenta el resentimiento se encierra en una lógica de muerte. Por eso invita a recordar los mandamientos y a pensar en el final de la vida, donde cada uno necesitará la misericordia de Dios. El perdón no es una opción secundaria, sino una condición para recibir el perdón divino.El salmo proclama precisamente esa misericordia: el Señor es compasivo y clemente, lento a la ira y rico en amor. No nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas; aleja de nosotros nuestras faltas como el oriente está lejos del occidente. La experiencia del creyente es la de haber sido profundamente perdonado.San Pablo recuerda que nuestra vida no nos pertenece: vivimos y morimos para el Señor. Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos. Esta pertenencia cambia nuestra manera de relacionarnos: si somos del Señor, no podemos vivir dominados por el juicio y la dureza hacia los demás.En el Evangelio, Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, y Jesús rompe toda medida humana: “setenta veces siete”. La parábola del siervo despiadado revela la incoherencia de quien, habiendo sido perdonado de una deuda inmensa, no es capaz de perdonar una pequeña. El mensaje es claro: la paz y la comunión nacen de la conciencia agradecida de haber sido perdonados.En conjunto, los textos muestran que el perdón es el camino indispensable hacia la paz. Solo quien ha acogido la misericordia de Dios puede ofrecerla a los demás y construir relaciones nuevas.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La divina palabra nos invita a abandonar el odio vengativo y la venganza odiosa (primera lectura), pues todos somos del Señor (segunda lectura), ya que de su cuerpo místico somos miembros, de manera tal que el mejor don que podemos otorgarnos unos a otros es el perdón generoso (evangelio).¿Qué dice el texto? El paso del evangelio hace parte del llamado discurso eclesiástico (Mt 18), conclusión de la sección de Mateo que presenta a la Iglesia como inicio y germen del reino (Mt 13,53-18,35). El evangelio que escuchamos es el final de esta importante sección, el cual puede dividirse en dos partes: la pregunta de Pedro y la respuesta de Jesús (Mt 18,21-22) y la parábola del siervo inmisericorde (Mt 18,23-34), coronadas ambas secciones por la conclusión que se halla en el versículo 35: “esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.¿Qué nos dice el texto del evangelio? El perdón de Dios es el motivo y la medida del perdón fraterno. Perdonamos «porque» hemos sido perdonados; perdonamos «como» hemos sido perdonados; perdonamos «para» ser perdonados.A quien se equivoca, sin ofenderme, le debo la corrección fraterna; a quien, equivocándose, me ofende, le debo la gracia del perdón fraterno. En efecto, el perdón es una de las más bellas expresiones del amor humano y cristiano.Quien no es capaz de perdonar, difícilmente es capaz de amar, pues condicionar el amor a una ofensa recibida significa no haber comprendido el significado del amor mismo. Sólo aquel que es bastante grande para perdonar, sabe amar. Amamos cuando perdonamos y perdonamos cuando amamos; amamos cuanto perdonamos y perdonamos cuanto amamos.Al tiempo de Jesús, un Israelita debía perdonar tres veces a su ofensor: después de esto se acudía a la vía legal. Pedro ha entendido que Jesús propone un perdón más amplio y por ello cree ser muy generoso cuando propone perdonar siete veces. La respuesta de Jesús le revela cuánto sea todavía mezquino en la concesión del perdón.«Hasta setenta veces siete», es decir, un perdón total, integral, pleno, perfecto. Si el descendiente del fratricida Caín proponía una venganza sin límites, exigiendo ser vengado setenta y siete veces (Gn 4,24), Jesús, que da la vida por amor a sus hermanos, propone perdonar setenta veces siete. La venganza lleva a la muerte; el perdón lleva a la vida.El perdón es el triunfo constante del amor, es la imitación continua del Señor. La bondad de un corazón no se mide tanto por el amor que muestra hacia sus amigos, cuanto por la misericordia que demuestra hacia sus enemigos. Perdonar es el valor de los valientes. Nada más liberador que el perdón; nada más sanador que el perdón; nada más enriquecedor que el perdón.El Señor ilustra su mensaje con una parábola en tres escenas. En la primera el rey encuentra a un siervo que le debía diez mil talentos. Éste suplica y el rey, con entrañas maternas, le perdona toda su deuda. Para hacerse a una idea, se cree que en la época de Cristo un talento equivalía a 58,9 kilos, de modo que la deuda de aquel siervo era de unas 589 toneladas de oro. Para transportarlas serían necesarios 589 furgones con capacidad de carga de una tonelada cada uno, los que formarían una fila de unos cinco kilómetros. Sencillamente era una deuda impagable.La segunda escena es escalofriante por la dureza del siervo perdonado. Encuentra a otro que le debe cien denarios, una deuda pequeña, que se podría pagar con un poco más de tres meses de trabajo. Su corazón de monstruo se mostró duro y sin piedad para con quien le suplicaba. Lo agarraba del cuello y lo asfixiaba en el cuerpo, como lo estaba asfixiando en el alma.En la tercera escena, los compañeros escandalizados ante tanta impiedad, informan al rey sobre lo sucedido. Éste llama al siervo impío y lo define con uno de los calificativos más duros que se encuentran en el evangelio: «siervo malvado». Le hace la pregunta que Dios te hace a ti y a mí: «¿No debías tú tener compasión de tu consiervo, como yo tuve compasión de ti?»La moraleja se resume en una severa advertencia, que en práctica clausura la propuesta de Cristo sobre el reino: «así hará mi padre del cielo con vosotros, si cada uno no perdona de corazón a su hermano». Los hijos del mismo Padre hermanos son y porque hermanos han de perdonar y ser perdonados de corazón. Porque el amor es personal, también el perdón es personal: «cada uno» ha de perdonar, «cada uno» ha de ser perdonado. Cada uno, pues, así como nadie te puede sustituir en el arte de amar, nadie te puede sustituir en el arte de perdonar.El apóstol nos ha recordado que «tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor», pertenencia que el Señor pagó a precio de su vida donada (Rom 14,7-9: segunda lectura). Los que pertenecen al Señor viven un estilo de vida diverso, con actitudes nuevas y relaciones nuevas. Una de estas actitudes es la disponibilidad al perdón siempre, pues como enseña el sabio en el libro del Eclesiástico (27,33˗28,9: primera lectura): «el rencor y la ira son cosas detestables» y «del vengativo se vengará el Señor». Quien venga, no tiene nada que ganar; quien perdona, no tiene nada que perder. El amor da testimonio “de las fuerza de las relaciones fundadas en la Trinidad” (DFSS, 34).María santísima, de corazón misericordioso, nos ayude a vivir y convivir en la práctica del perdón, de modo que el perdón que otorgamos sea reflejo y continuación del perdón que recibimos. Perdonadores porque perdonados.«¿Quieres ser feliz por un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz por siempre? ¡Perdona!» (Tertuliano).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesucristo, que eres llamado Príncipe de la Paz,que eres Tú mismo nuestra paz y reconciliación,que tan a menudo dijiste: "La Paz contigo, la paz les doy."Haz que todos hombres y mujeres den testimoniode la verdad, de la justicia y del amor fraternal.Destierra de nuestros corazones cualquier cosaque podría poner en peligro la paz.Ilumina a nuestros gobernantespara que ellos pueden garantizary puedan defender el gran regalo de la paz.Que todas las personas de la tierrase sientan hermanos y hermanas.Que el anhelo por la paz se haga presentey perdure por encima de cualquier situación.(San Juan XXIII)_______________________Recomendaciones prácticas:•Concluye la semana por la paz.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoriaHermanos, al concluir la Semana por la Paz, la Palabra de Dios nos conduce al corazón mismo de toda reconciliación: el perdón. El libro del Sirácida nos exhorta a dejar la ira y el rencor; el salmo proclama que el Señor es compasivo y misericordioso; san Pablo nos recuerda que pertenecemos al Señor en la vida y en la muerte; y Jesús nos enseña que el perdón no tiene medida.No puede haber paz verdadera sin corazones reconciliados. La paz comienza cuando renunciamos al resentimiento y acogemos la misericordia que Dios ha tenido con nosotros.Dispongamos el alma para celebrar esta Eucaristía como escuela de perdón y fuente de paz.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra inspirada y proclamada nos invita a donar el perdón recibido, con generosidad, totalidad e integridad, para poder testimoniar la belleza de la comunión.Oración de fielesPresidente: Al Padre misericordioso, que perdona nuestras culpas y nos llama a perdonar, elevemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, haznos instrumentos de tu perdón.1.Por la Iglesia, para que sea signo creíble de reconciliación y testimonio vivo de la misericordia de Dios en medio del mundo.2.Por nuestra nación, para que los procesos de diálogo y reconciliación estén sostenidos por la verdad, la justicia y la voluntad sincera de perdonar.3.Por las víctimas de la violencia y por quienes han causado daño, para que encuentren caminos de sanación, conversión y restauración.4.Por las familias y comunidades heridas por divisiones antiguas, para que la gracia del Señor les conceda dar el paso del perdón sincero.5.Por nosotros, para que recordando cuánto hemos sido perdonados, aprendamos a perdonar sin límites y construyamos la paz desde el corazón.Oración conclusivaEscucha, Padre misericordioso, la oración de tu pueblo deseoso de testimoniar el perdón, por Cristo tu Hijo, quien, Contigo y el Espíritu, vive y reina por los siglos de los siglos.R. Amén.
Vie 24 Jul 2026
“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido”
DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO26 Julio 2026Primera lectura:1R 3,5.7-12Salmo: Sal 119(118),57 y 72. 76-77.127-128.129-130 (R. 97a)Segunda lectura: Rm 8,28-30Evangelio: Mt 13,44-52Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónOptar por la docilidad en la elección del bien es el camino que conduce a la verdad y a la vida en persona, a Jesús, a Dios, y con Él tenemos el tesoro por el que verdaderamente vale la pena darlo todo, venderlo todo. Esto exige esfuerzo, como nos lo indican las parábolas de la perla preciosa y del tesoro escondido; solamente quienes se esfuerzan por vivir según el querer del Todopoderoso, podrán gozar de los bienes que nos promete.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Aquí tienes la síntesis en prosa de los textos:En el primer libro de los Reyes, Salomón, recién constituido rey, reconoce su pequeñez y pide a Dios no riquezas ni poder, sino un corazón dócil para gobernar y discernir entre el bien y el mal. Dios se complace en esa petición y le concede sabiduría. El verdadero tesoro no es el éxito exterior, sino la capacidad de escuchar y comprender según el corazón de Dios.El salmo es una declaración de amor a la Ley del Señor. La Palabra es herencia, consuelo, riqueza mayor que el oro. Quien descubre su valor la estima por encima de cualquier bien material y encuentra en ella luz y dirección.En la carta a los Romanos, san Pablo afirma que todo coopera para el bien de los que aman a Dios. El proyecto divino es conducirnos a conformarnos con la imagen de su Hijo. No somos fruto del azar: hemos sido llamados, justificados y destinados a la gloria. La vida del creyente está sostenida por una intención amorosa de Dios.En el Evangelio, Jesús compara el Reino de los cielos con un tesoro escondido y con una perla de gran valor. Quien los descubre vende todo con alegría para poseerlos. El Reino no se impone; se descubre. Y cuando se reconoce su valor, todo lo demás pasa a segundo plano. La parábola de la red recuerda que el Reino también implica discernimiento y responsabilidad ante la verdad.En conjunto, los textos convergen en una misma enseñanza: el verdadero tesoro es el Reino de Dios, que se acoge con sabiduría, se ama como riqueza suprema y orienta toda la vida hacia el cumplimiento del designio divino.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?En la actual sociedad de consumo se nos ofrecen muchos planes y cosas que prometen felicidad; hemos de estar atentos y vigilantes, pues el Padre de la mentira quiere perdernos y siempre usa la misa estrategia que vemos en el Génesis: nos muestra muy atractivo el fruto prohibido y, al mismo tiempo, nos hace sospechar de la bondad de Dios al pedirnos que sigamos su voluntad. Nuestra actitud ha de consistir en la vigilancia y la atención; pero esto solamente es posible si reflexionamos, si nos paramos a pensar; de esta manera le damos espacio a Dios para que su luz nos ilumine y nos ayude a descubrir qué es lo que verdaderamente cuenta, qué es lo importante y perdurable, qué es lo que nos puede dar vida y vida en abundancia.Una vez descubierto el bien y el bien verdadero, entonces viene la decisión: un corazón dócil al bien que se descubre. No temamos al trabajo, al cansancio y a la fatiga, pues cuando se invierten las energías en lo que verdaderamente vale, la recompensa llega al momento, pues la existencia se va llenando de alegría, paz y esperanza. El Evangelio es para valientes, dispuestos a los duros combates de la fe, pero con la conciencia de nunca ser abandonadas en la batalla y de tener la victoria asegurada.En la medida en que vayamos avanzado en la adquisición de este tesoro, mejor, en la medida en que nos vayamos disponiendo y dejando que el gran tesoro entre a nuestro corazón, estaremos dispuestos a los más altos sacrificios, pues todo lo demás comparado con Jesús es basura y perdición. Él en nosotros hará posible lo más sublimes heroísmos y el corazón se llenará cada vez más de luz y de gozo, de un gozo inefable que anticipa, en cierta manera, la bienaventuranza eterna.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor: no permitas que nos dejemos engañar por el tentador astuto; por el contrario, danos luz para discernir lo mejor y elegirlo, conforme a tu ejemplo que siempre hiciste lo que más agradaba a tu Padre. No nos dejes caer en el desaliento por los esfuerzos y los trabajos que implica seguir tu voluntad. Ayúdanos a ser valientes y decididos para elegir siempre y en todo momento el bien, tanto en los pequeños y sencillos momentos de la vida diaria, como en las situaciones más difíciles que puedan llegar a nuestra existencia.Pensemos: ¿Qué tesoro hay en mi vida y que impide que el verdadero Tesoro entre a mi corazón? Solamente despojándonos de los tesoros que no valen podremos tener al gran Tesoro, que enriquece hasta la vida eterna. No temamos renunciar, sacrificar todo lo que pareciera importante, pero que nos separa de Jesús o nos impide acercarnos más a Él. Procuremos, particularmente, empeñarnos en una vida de caridad que nos permitirá tener cada vez más al Señor en nuestro corazón, pues nos dijo que todo lo que hagan a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicieron (Mt 25,40)._______________________Recomendaciones prácticas:Jornada Mundial de los abuelos y de los mayores.Moniciones y Oración Universal o de los FielesMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del verdadero tesoro: la sabiduría que viene de lo alto y el Reino que vale más que cualquier riqueza. Salomón pide un corazón dócil; el salmista proclama que la Ley del Señor es más preciosa que el oro; y Jesús nos invita a descubrir el Reino como el tesoro escondido por el que vale la pena entregarlo todo.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, damos gracias por quienes, con su experiencia y fe perseverante, nos ayudan a reconocer lo que realmente vale en la vida. Ellos son memoria viva, testigos de fidelidad y custodios de esperanza.Celebremos esta Eucaristía pidiendo un corazón sabio para descubrir el tesoro del Reino y agradecer el don de nuestros mayores.Monición a la Liturgia de la PalabraLa vida auténtica y feliz depende del discernimiento y la elección del bien y del mayor bien en cada momento; así, obtendremos el tesoro que nos hará verdaderamente ricos y poderosos. Escuchemos con fe y atención.Oración Universal o de los FielesPresidente: Al Señor, tesoro verdadero y fuente de sabiduría, elevemos nuestras súplicas diciendo:Por la Iglesia, para que sea siempre comunidad que custodia y transmite la fe, valorando la sabiduría y el testimonio de los mayores.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, por nuestros abuelos y personas mayores, para que se sientan amados, respetados y acompañados, y su experiencia sea reconocida como un tesoro para la sociedad y la Iglesia.Por los ancianos que viven en soledad, enfermedad o abandono, para que encuentren cercanía, cuidado y consuelo en sus familias y comunidades.Por las familias, para que sepan integrar a sus mayores con gratitud y aprendan de ellos la paciencia, la memoria y la fe perseverante.Por nosotros, para que, como Salomón, pidamos un corazón sabio y sepamos elegir el Reino de Dios como el bien más grande de nuestra vida.Oración conclusivaPadre bueno, que nos llamas a participar de tu Reino y nos das en nuestros mayores un testimonio de fidelidad, escucha nuestras oraciones y haznos crecer en sabiduría y amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.R.Amén.
Vie 19 Jun 2026
“Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre…”
DÉCIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO21 junio 2026Primera lectura: Jr 20, 10-13Salmo: Sal 69(68), 9-10.14.33-34 (R. 35,10)Segunda lectura: Rm 5,12-15Evangelio: Mt, 10,26-33.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIONIntroducción•El profeta Jeremías experimenta la persecución, la calumnia y el miedo, pero en medio de la amenaza proclama su confianza: el Señor está con él como guerrero poderoso y no lo abandona. El salmo recoge el clamor del justo que sufre por fidelidad a Dios, pero que espera en su auxilio y alaba su misericordia.•San Pablo, en la carta a los Romanos, presenta un contraste decisivo: por un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, pero por Jesucristo ha venido la gracia sobreabundante que trae justificación y vida para todos.•En el Evangelio, Jesús invita a sus discípulos a no tener miedo ante la persecución ni ante el juicio humano. Les recuerda que la verdad será manifestada y que el Padre cuida incluso de los detalles más pequeños de la creación. Por eso, quien lo reconozca delante de los hombres será reconocido por Él ante el Padre. Es una llamada a la confianza, a la valentía y a la fidelidad en medio de la adversidad.1.Lectio: ¿Que dice la Sagrada Escritura?La identidad del cristiano se traduce en alimentar todos los días, la confianza en el Señor, y desechar el temor de raíz, pues quien confía en Dios no tiene miedo.Al estilo de los apóstoles, los tiempos que nos correspondió vivir, exigen una relación plena con Jesús, para exhibir valentía ante los detractores del evangelio, y para esparcir la fragancia del amor de Dios, pues la ilusión de un fiel cristiano, es misionar al estilo de Jesús.Siempre habrá dificultades, como las que le toco afrontar en su tiempo al profeta Jeremías, quien es consciente de que sus adversarios, buscaron un momento para acecharlo y causarle daño, como lo escuchamos en la primera lectura., es decir a pesar del paso de los años y de los siglos, a un seguidor de Jesucristo, le corresponde enfrentar al mundo terreno, que cree tener la sabiduría que transciende, pero lo que exhibe es la dimensión de pecado de los hombres. 2.Meditatio: ¿Que me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Por un hombre entró el pecado al mundo, así lo menciona el capítulo 5 de la carta a los romanos. Pero lo más importante no es el establecimiento del pecado, sino la gracia de Dios, que purifica, que sana, que levanta y construye. Solo el que tiene conciencia del encuentro con el Señor, sabe qué No debe tener miedo, pues Dios es el dueño de todo, pues hasta los cabellos de la cabeza están contados, y los seres humanos valemos más que muchos pajarillos.Las comunidades que conformamos la gran iglesia de Jesucristo, deben estar impregnadas por la presencia infinita de Dios, que las lleva a distinguirse como comunidades valientes, que dan testimonio del amor de dios, así construiremos, la iglesia, que él fundó, y que nosotros ayudamos a edificar día tras día.3.Oratio y Contemplatio: ¿Que suplicamos al señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La dimensión cristiana, se refleja en el arte de descubrir permanentemente el alcance de la palabra Misión, hasta el punto que se hacen uno solo, la misión y el enviado; que tiene claro que no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo importante es encontrarle sentido a la vida, entregando todo por el evangelio, para que se cumpla la sentencia del Señor, si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los cielos.Anunciar la misión, requiere discípulos auténticamente cristianos, según el corazón de Dios, Pues Él es el que le da sentido a toda la existencia. Así que la misión evangelizadora no es una opción sino una responsabilidad de amor, que nos compromete como persona, como familia, como comunidad, como integrante de la iglesia, que se funda en el amor, y en la certeza de que Dios siempre, pero siempre está al lado, del que lo invoca sinceramente.Misión es reconocer que los dones recibidos se reciben para transmitirlos. Lo que recibiste gratis dadlo gratis. De tal manera que, despojados de toda consideración mundana, que nos aleje de Dios, llenemos el mundo que vivimos con la fragancia plena del compartir todo lo que tenemos, porque solo así, haremos presente al Dios que nos dio la vida, para ser como Él.Recomendaciones Practicas•Hoy, en la segunda vuelta presidencial, recordemos que participar responsablemente en la democracia, votando con conciencia y buscando el bien común, es también una forma concreta de vivir nuestra fe y amar a Colombia.II.MONICIONES Y ORACION UNIVERSAL O DE FIELESMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del temor, de la persecución y de la confianza. El profeta Jeremías experimenta la hostilidad y la calumnia, pero proclama con firmeza: “El Señor está conmigo como fuerte soldado”. San Pablo nos recuerda que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y Jesús nos exhorta: “No tengan miedo”, invitándonos a confiar en la providencia del Padre.En este día en que nuestra nación vive la segunda vuelta de la elección presidencial, venimos a la Eucaristía para poner a Colombia en manos de Dios. Que esta celebración fortalezca nuestra esperanza, ilumine nuestra conciencia y nos ayude a vivir este momento con responsabilidad, serenidad y fe.Monición a la liturgia de la PalabraA pesar de nuestras limitaciones y miedos, el Señor, nos acompaña, y nos acoge con el verdadero valor de sus fieles, que somos más valiosos que muchos pajarillos.Oración Universal o de los FielesPresidente: Confiando en el Señor que cuida de cada uno de sus hijos, presentemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que en medio de las tensiones sociales anuncie con valentía la verdad, promueva la justicia y sea signo de reconciliación y esperanza.2.Por nuestra nación en esta jornada electoral, para que los ciudadanos participen con responsabilidad y conciencia, y el proceso se desarrolle en paz, respeto y transparencia.3.Por quien sea llamado a ejercer la presidencia, para que gobierne con sabiduría, sentido de servicio y compromiso con el bien común, especialmente de los más pobres y vulnerables.4.Por quienes sienten miedo, incertidumbre o división ante la situación del país, para que la palabra de Cristo —“No tengan miedo”— fortalezca sus corazones y los abra al diálogo y a la fraternidad.5.Por nosotros aquí reunidos, para que demos testimonio público de nuestra fe con coherencia, sin avergonzarnos de Cristo, y seamos constructores de paz en nuestras familias y comunidades.Oración ConclusivaPadre bueno, tú que conoces hasta el número de nuestros cabellos y sostienes la historia con tu providencia, escucha nuestras oraciones y guía a nuestra nación por caminos de justicia y paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén