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“Volver a Galilea”: Mons. Homero Marín Arboleda inicia su ministerio como Vicario Apostólico de Tierradentro
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En una celebración marcada por la fe, la comunión y la esperanza, el misionero vicentino Homero Marín Arboleda, C.M., recibió el 15 de agosto la ordenación episcopal y tomó posesión canónica como Vicario Apostólico de Tierradentro. Su regreso a esta tierra, donde inició su camino misionero, abre una nueva etapa pastoral para esta Iglesia particular del Cauca.
La Catedral San Antonio de Padua de Belalcázar, municipio de Páez, Cauca, fue escenario el pasado 15 de agosto de un acontecimiento significativo para la Iglesia de Tierradentro: la ordenación episcopal y posesión canónica de monseñor Homero Marín Arboleda, C.M., como nuevo Vicario Apostólico.
Más de 2.000 fieles se congregaron para acompañar la celebración, a la que asistieron obispos de distintas jurisdicciones eclesiásticas, sacerdotes, religiosos y religiosas, autoridades civiles y representantes de las comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas y mestizas que hacen parte de este territorio.
La Eucaristía fue presidida por monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, arzobispo de Popayán y consagrante principal, en el marco de la comunión que vincula al Vicariato Apostólico de Tierradentro con la Provincia Eclesiástica de Popayán.
Más que la llegada de un nuevo pastor, la celebración estuvo marcada por el significado de un regreso. Monseñor Homero conoce esta tierra desde los primeros años de su ministerio sacerdotal, cuando ejerció diversos servicios pastorales y formativos en comunidades y seminarios de Tierradentro. Después de una amplia experiencia misionera en Papúa Nueva Guinea, donde sirvió durante cerca de 25 años, vuelve ahora a estas montañas para asumir la responsabilidad pastoral de toda esta Iglesia particular.
“No ha llegado a esta tierra un Obispo nuevo: ha vuelto un misionero, ahora como Obispo”, expresó monseñor Omar Sánchez durante su homilía.
Una ordenación que expresa el cuidado de Dios por su pueblo
En su homilía, el arzobispo de Popayán invitó a comprender la ordenación episcopal no como un reconocimiento personal, sino como una expresión de la solicitud de Dios por el pueblo que confía a un nuevo pastor.
“Hoy, al consagrar a Monseñor Homero, Dios pone en sus manos aquello que más ama: este pueblo y esta Iglesia que le confía”, afirmó.
El arzobispo recordó también la historia misionera de Tierradentro y la entrega de los pastores, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos que han acompañado el camino de esta Iglesia. Una historia marcada por desafíos, pero también por la capacidad de las comunidades para mantener viva la fe y la esperanza.
En este contexto, presentó a monseñor Homero la misión episcopal como un servicio profundamente vinculado con la defensa y promoción de la vida, la comunión entre los pueblos y el acompañamiento de las comunidades en sus realidades concretas.
“El ornamento más hermoso de un Obispo misionero no tiene nada que ver con la vistosidad de sus hilos. Será el polvo de los caminos que ya conoces, del barro de las veredas que están en el mapa de tu corazón”, señaló monseñor Sánchez, al referirse al camino que ahora comienza para el nuevo Vicario Apostólico.
Un pastor que vuelve a la tierra donde aprendió a ser misionero
Al finalizar la celebración, monseñor Homero Marín expresó su alegría por asumir esta misión y compartió con las comunidades algunas de las claves desde las que quiere vivir su ministerio episcopal.
Recordó que fue precisamente en Tierradentro donde, siendo un sacerdote joven, aprendió a ejercer su servicio pastoral junto al Pueblo de Dios.
“Aquí, en Tierradentro, aprendí a ser pastor. Estaba muy joven y sin mucha experiencia, pero aquí, con el Pueblo de Dios, fui creciendo”, afirmó.
Por eso, evocando el llamado de Jesús a sus discípulos a regresar a Galilea, definió su llegada a Tierradentro como un regreso a sus raíces misioneras: “Así considero que es también mi vocación: volver a Galilea”.
Su historia pastoral ha estado marcada por la misión en contextos diversos. Nacido en Circasia, Quindío, y ordenado sacerdote en 1987 como miembro de la Congregación de la Misión, desarrolló sus primeros años de ministerio en Tierradentro antes de continuar su formación y asumir responsabilidades pastorales y formativas en Colombia y, posteriormente, en Papúa Nueva Guinea. Ahora, esa experiencia se pone nuevamente al servicio de las comunidades del Cauca.
“Una Iglesia que llama a la comunión”
Durante su primera celebración como Vicario Apostólico, monseñor Homero insistió en la vocación universal de la Iglesia y en la necesidad de anunciar el Evangelio a todos.
A partir de las lecturas del día, recordó que ser católico significa tener un “corazón universal” y estar llamados a llevar el Evangelio hasta las últimas fronteras.
También puso especial énfasis en la comunión y la unidad de un territorio caracterizado por su diversidad cultural y humana.
“Este pueblo y los pastores tienen que hacer ese esfuerzo para que este pueblo viva en comunión, en unidad”, señaló, invitando a mantener vivos los valores cristianos que sostienen a las comunidades especialmente en momentos de dificultad.
Para el nuevo Vicario Apostólico, la misión evangelizadora no puede separarse de la transformación de la vida cotidiana. “Dejemos que los valores del Evangelio permeen nuestras casas, nuestra mentalidad, nuestros corazones, para que se pueda transformar la sociedad”, expresó.
Su deseo es caminar cerca de las familias y comunidades, especialmente en medio de las dificultades que afrontan, manteniendo abierta la Iglesia como espacio de encuentro, esperanza y comunión.
Una misión para cuidar la diversidad y fortalecer la esperanza
Tierradentro es una Iglesia particular marcada por la presencia de comunidades indígenas, afrodescendientes, campesinas y mestizas. Precisamente esta diversidad estuvo en el centro del mensaje de monseñor Omar Sánchez, quien pidió que la Iglesia que presidirá monseñor Homero sea una casa de comunión donde cada pueblo pueda reconocer su identidad y, al mismo tiempo, encontrarse con los demás.
“El Obispo está llamado a ser principio visible de unidad en su Iglesia particular y vínculo de comunión con la Iglesia universal”, recordó el arzobispo de Popayán.
Esta tarea adquiere especial relevancia ante los desafíos que enfrenta el territorio. En su homilía, monseñor Sánchez señaló que el nuevo pastor deberá acompañar a las comunidades en la defensa de la vida, la protección de la dignidad humana, la construcción de paz y la búsqueda de alternativas que permitan a las familias desarrollar sus proyectos de vida sin verse obligadas a escoger entre el hambre y aquello que termina destruyendo su dignidad.
En esta perspectiva, presentó al obispo como un “testigo de esperanza”: una esperanza que no desconoce las heridas de las comunidades, sino que las reconoce y ayuda a descubrir que esos dolores no constituyen toda su identidad.
“Estas comunidades son mucho más que sus dolores y sus dramas. Son historia, cultura, espiritualidad, música, trabajo, resistencia, familia, organización comunitaria y fe. Son un verdadero tesoro”, afirmó.
Una nueva etapa para Tierradentro
La llegada de monseñor Homero Marín representa así el comienzo de una nueva etapa en el camino evangelizador del Vicariato Apostólico de Tierradentro.
Su ministerio estará acompañado por la experiencia de una vida entregada a la misión y por el vínculo profundo que mantiene con este territorio. A ello se suma la experiencia adquirida durante sus años de servicio misionero en Papúa Nueva Guinea, donde ejerció diferentes responsabilidades pastorales y de gobierno dentro de la misión vicentina.
En los días previos a la ordenación, las comunidades de Tierradentro ya habían comenzado a expresar su alegría por el regreso de quien reconocen como un antiguo misionero. Los encuentros, abrazos y gestos de acogida anticiparon el espíritu con el que fue recibido durante la celebración.
Ahora, como Vicario Apostólico, monseñor Homero Marín está llamado a continuar caminando junto a estas comunidades y a acompañarlas en la tarea de anunciar el Evangelio, fortalecer la comunión y defender la vida y la dignidad de cada persona.
Al concluir su intervención, confió su ministerio a la Virgen María y recordó que la Eucaristía es fuente de comunión y fundamento para construir la Iglesia.
“La fuente de comunión es la Eucaristía, y con la Eucaristía nosotros construimos la Iglesia”, afirmó.
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Vie 21 Ago 2026
Obispos confían al padre Diego Meza Gavilanes el liderazgo de la Pastoral Social en Colombia
El sacerdote, designado por los obispos colombianos durante la Asamblea Plenaria de julio, asume esta responsabilidad en medio de la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto. Una de sus primeras misiones será fortalecer y articular la respuesta de la Iglesia en los territorios afectados, en el marco de la iniciativa “Con Colombia, hasta el último rincón”.El padre Diego Meza Gavilanes asumió la dirección del Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana, luego de ser designado para esta responsabilidad por los obispos del país durante la CXXI Asamblea Plenaria del episcopado colombiano, realizada en julio.Su llegada a la Pastoral Social nacional ocurre en un momento especialmente desafiante para Colombia. Apenas iniciada esta nueva responsabilidad, el sacerdote se ha incorporado al trabajo que adelanta el Sistema Nacional de Emergencias de Cáritas Colombiana para acompañar a las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto y fortalecer, desde el ámbito nacional, la respuesta de la Iglesia a esta emergencia.En este contexto, el padre Diego también asume el liderazgo de la iniciativa “Con Colombia, hasta el último rincón”, impulsada por la Conferencia Episcopal de Colombia para articular esfuerzos y llevar solidaridad, acompañamiento y apoyo a las comunidades afectadas, especialmente a aquellas que se encuentran en zonas rurales, dispersas o con mayores dificultades para acceder a la ayuda.Una experiencia construida desde los territoriosOriundo del municipio de Ospina, Nariño, y sacerdote de la Diócesis de Ipiales, el padre Diego Meza llega a esta responsabilidad con una trayectoria estrechamente vinculada al trabajo pastoral y social en los territorios.Desde julio de 2024 se desempeñaba como director de la Pastoral Social de la Diócesis de Ipiales, en la frontera colombo-ecuatoriana, donde acompañó procesos relacionados con paz y reconciliación, memoria histórica, participación política juvenil, agroecología, movilidad humana, género y desarrollo rural, en articulación con organizaciones de cooperación internacional.Su experiencia también incluye la docencia y la investigación social. Es doctor en Ciencias Sociales por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y cuenta con un máster en Metodología y Técnicas Avanzadas de Investigación Social de la Universidad Sapienza de Roma. Ha sido profesor de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Gregoriana y del Centro de Estudios e Investigaciones Latinoamericanas (CEILAT) de la Universidad de Nariño.Entre sus publicaciones se encuentra el libro Trayectorias cruzadas. Catolicismos y Política en la América Latina Contemporánea, publicado por la Editorial Pontificia Universidad Javeriana, del cual es coeditor.Una Iglesia que ya está en los territoriosAl asumir la dirección del Secretariado, el padre Diego destaca una de las principales fortalezas con las que cuenta la Pastoral Social de la Iglesia para responder a situaciones de emergencia: su presencia permanente en las comunidades.“Una de las grandes fortalezas de la Iglesia es que no llegamos al territorio después de una emergencia. Ya estábamos allí antes de que esta ocurriera y permaneceremos después de ella”.Esta presencia, explica, se sostiene a través de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios que acompañan de manera cotidiana a las comunidades.“La Iglesia tiene una presencia capilar a través de las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, agentes pastorales y voluntarios. Esta presencia resulta especialmente importante en las zonas más olvidadas y periféricas”.Desde esta perspectiva, la respuesta ante el terremoto no parte de cero. La estructura territorial de la Iglesia permite identificar necesidades, acompañar a las comunidades y mantener el vínculo con ellas más allá de la atención inmediata de la emergencia.Escuchar para llegar a quienes pueden estar quedando por fueraUno de los primeros desafíos que asume el nuevo director es fortalecer la capacidad de la Pastoral Social para identificar las necesidades que no siempre aparecen en los grandes consolidados de una emergencia.Para ello, se contempla el despliegue de equipos técnicos en los territorios afectados, con especial atención a comunidades rurales dispersas, zonas urbanas, pueblos indígenas y afrocolombianos y familias que enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.“En una emergencia quien más visibilidad tiene no necesariamente es quien más necesita la ayuda. Queremos que nuestras decisiones se basen en las necesidades reales de los territorios”, señala el padre Diego.En ese propósito, plantea una pregunta que orientará su trabajo al frente del Secretariado:“¿Quién está quedando por fuera de la respuesta?”La apuesta es que la atención de la emergencia pueda llegar no solo a los lugares más visibles o de más fácil acceso, sino también a aquellas comunidades que, por sus condiciones geográficas, sociales o económicas, pueden quedar rezagadas de los mecanismos de asistencia.Más allá de la emergencia: acompañar la recuperaciónPara el padre Diego Meza, la misión de la Pastoral Social no termina con la entrega de ayudas humanitarias. El acompañamiento debe proyectarse hacia la recuperación de las comunidades y la reconstrucción de sus proyectos de vida.Por eso, uno de los retos que plantea esta nueva etapa es contribuir a una recuperación que permita superar las condiciones de vulnerabilidad que ya existían antes del terremoto.“Nuestro reto no es solamente aportar a la reconstrucción de las viviendas destruidas, es evitar reconstruir las mismas vulnerabilidades que existían antes del terremoto. La reconstrucción será verdaderamente humana cuando una familia pueda recuperar no solamente su techo, sino también las condiciones para reconstruir su proyecto de vida”.Este enfoque se suma a los principales desafíos que seguirá acompañando el Secretariado Nacional de Pastoral Social – Cáritas Colombiana: la atención a las víctimas del conflicto armado, los procesos de paz y reconciliación, las dinámicas de movilidad humana y migración, el desarrollo rural y el cuidado de la casa común, entre otras realidades que afectan especialmente a las comunidades más vulnerables.Con la llegada del padre Diego Meza, la Pastoral Social de la Iglesia en Colombia inicia una nueva etapa de servicio nacional, marcada por la experiencia territorial, la escucha de las comunidades y el compromiso de acompañarlas antes, durante y después de las situaciones de emergencia.En medio de la actual emergencia, este trabajo se articula con el llamado de la Conferencia Episcopal de Colombia a estar “con Colombia, hasta el último rincón”, fortaleciendo la solidaridad y la presencia de la Iglesia allí donde más se necesita.
Mié 19 Ago 2026
Iglesia colombiana conoce en Venezuela experiencias de acompañamiento pastoral y humanitario ante la emergencia
Tras recorrer comunidades afectadas en La Guaira, Caracas y Valencia, la delegación de la Iglesia colombiana regresó al país con una experiencia que puede aportar al acompañamiento de las comunidades afectadas por el terremoto del pasado 10 de agosto. Durante su visita a Venezuela, la Presidencia de la CEC y representantes del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano conocieron de cerca la respuesta de la Iglesia venezolana ante la emergencia y fortalecieron los vínculos de comunión y solidaridad entre ambas Iglesias.Entre el 13 y el 17 de agosto, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC); el padre Raúl Ortiz Toro, secretario adjunto de la CEC; y el padre Nelson Ortiz, en representación de Cáritas Colombiana, visitaron distintos lugares afectados por el terremoto que golpeó a Venezuela el pasado 24 de junio.La visita había sido programada con anterioridad al terremoto que afectó a Colombia el 10 de agosto, como expresión de cercanía y solidaridad de la Iglesia colombiana con el pueblo venezolano y de fortalecimiento de los vínculos entre las dos Iglesias.Las circunstancias hicieron que este encuentro adquiriera un significado especial: mientras Venezuela continúa afrontando las consecuencias de su propia emergencia, Colombia vive ahora un momento de dolor y requiere también el acompañamiento y la solidaridad de toda la Iglesia.Conocer de cerca la experiencia de la Iglesia venezolanaDurante su permanencia en Venezuela, la delegación colombiana estuvo en La Guaira, Caracas y Valencia, donde pudo acercarse a las comunidades afectadas, conocer las condiciones de algunos templos y compartir con representantes de la Iglesia venezolana las acciones que se han desarrollado para acompañar a las personas y familias damnificadas.Desde esta experiencia, monseñor Francisco Javier Múnera destacó la fortaleza con la que la Iglesia venezolana ha acompañado a las comunidades:“Profundamente conmovidos por el sufrimiento que están viviendo y experimentando a raíz de este terremoto. Pero también supremamente agradecidos con Dios por la fortaleza y la esperanza que ha infundido en esta Iglesia que camina en Venezuela para animar y sostener la fe, la esperanza y la caridad en las comunidades”.El testimonio del presidente de la CEC pone de relieve uno de los principales aprendizajes de la visita: la capacidad de la Iglesia local para permanecer cercana a las comunidades y sostener, en medio de la emergencia, espacios de fe, esperanza y caridad.Una solidaridad que une a dos Iglesias hermanasLa presencia de la delegación colombiana en Venezuela también fue expresión de una solidaridad que comenzó desde los primeros momentos de la emergencia del 24 de junio.Desde entonces, distintas jurisdicciones eclesiásticas, organismos pastorales y comunidades en Colombia manifestaron su cercanía con Venezuela y promovieron acciones de solidaridad y movilización de ayudas para las poblaciones afectadas.Durante la visita, el padre Raúl Ortiz Toro transmitió nuevamente este mensaje de cercanía en nombre de la Conferencia Episcopal de Colombia, el Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y Cáritas Colombiana.Partiendo del Salmo 27 —“El Señor es mi luz y mi salvación. ¿A quién temeré?”—, el sacerdote invitó a mantener la confianza y la esperanza en medio de las dificultades.“Creo que este salmo también nos ilumina en medio de las situaciones difíciles. De parte de la Conferencia Episcopal de Colombia y de parte del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y de Cáritas Colombiana, mandamos un mensaje de solidaridad a todos nuestros hermanos venezolanos”.El padre Raúl también pidió oración por las víctimas y por quienes participaron en las labores de rescate:“Oramos por el eterno descanso de todas las víctimas y también pedimos al Señor que fortalezca a todos los grupos de rescate, a todas las personas que están comprometidas con los rescates de los sobrevivientes y con los rescates de los cuerpos de los fallecidos”.Y expresó un deseo que hoy adquiere especial significado para ambos países:“Para que el Señor permita que la esperanza nunca decaiga en nuestros pueblos hermanos de Colombia y Venezuela”.“Tras el temblor, el amor”Otro de los elementos que marcó la visita fue conocer la manera como la Iglesia venezolana ha articulado su respuesta pastoral y solidaria. El padre Nelson Ortiz destacó una expresión que encontró como inspiración para este trabajo: “Tras el temblor, el amor”.Para el sacerdote, esta frase resume el sentido de la misión que la Iglesia está desarrollando junto a las comunidades afectadas:“Resume muy bien la intención nuestra de estar aquí tras el temblor, el amor que se expresa en cercanía”.Desde esta perspectiva, la visita permitió compartir no solo las dificultades que enfrentan las comunidades, sino también las experiencias de acompañamiento, organización y solidaridad que pueden ofrecer aprendizajes para otros contextos de emergencia.El padre Nelson concluyó su mensaje invitando a fortalecer los vínculos entre los dos pueblos:“El Señor bendiga nuestros pueblos hermanos y estrechemos siempre nuestros vínculos de comunión y de solidaridad. Paz y bien para todos”.Una experiencia que aporta al acompañamiento en ColombiaEl intercambio con la Iglesia venezolana adquiere particular relevancia para Colombia, que desde el terremoto del pasado 10 de agosto acompaña a las comunidades afectadas y avanza en la identificación de sus necesidades.Los aprendizajes recogidos durante la visita podrán contribuir a fortalecer el acompañamiento pastoral y social que desarrolla la Iglesia colombiana, especialmente en aspectos relacionados con la cercanía a las comunidades, la articulación de ayudas y el sostenimiento de la esperanza durante los procesos de recuperación.Mientras la delegación colombiana desarrollaba esta visita, la respuesta de la Iglesia ante la emergencia en Colombia continuó activa en el territorio nacional.Los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, agentes pastorales y comunidades de las distintas jurisdicciones eclesiásticas han venido acompañando a las poblaciones afectadas. A esta labor se suman los diferentes departamentos del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, bajo el liderazgo de monseñor Germán Medina Acosta, secretario general de la CEC.Desde estos espacios continúa la articulación de la respuesta pastoral y solidaria de la Iglesia, acompañando a las comunidades damnificadas y promoviendo la movilización de ayudas y recursos de acuerdo con las necesidades identificadas en los territorios.Tras regresar a Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera, el padre Raúl Ortiz Toro y el padre Nelson Ortiz ya están incorporados nuevamente a las acciones y procesos que la Iglesia adelanta frente a la emergencia nacional.Una comunión que se expresa en el acompañamientoLa visita pastoral a Venezuela permitió así estrechar los vínculos entre dos Iglesias que, en pocos meses, han acompañado a sus pueblos frente a situaciones de emergencia y dolor.La solidaridad expresada por la Iglesia colombiana hacia Venezuela desde el pasado 24 de junio encuentra hoy una nueva expresión en el acompañamiento a las comunidades afectadas en Colombia. Al mismo tiempo, la experiencia de la Iglesia venezolana ofrece aprendizajes y fortalece la comunión entre ambas Iglesias.Desde esta experiencia compartida, Colombia y Venezuela continúan caminando como pueblos hermanos, sosteniendo la fe y la esperanza y haciendo de la solidaridad una expresión concreta de la cercanía de la Iglesia con quienes más sufren.
Mar 18 Ago 2026
Arquidiócesis de Bogotá lleva “Primeros Auxilios Espirituales” a las comunidades afectadas por el terremoto
En el marco de la respuesta pastoral de la Iglesia Católica ante la emergencia provocada por el terremoto del pasado 10 de agosto, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá partieron este martes hacia seis zonas afectadas para acompañar a las comunidades desde la cercanía, la escucha, la oración y la celebración del sacramento de la Reconciliación.La Iglesia Católica continúa acompañando a las comunidades afectadas por el terremoto que golpeó al país el pasado 10 de agosto. Como una expresión concreta de esta presencia pastoral, 80 sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá iniciaron este martes una misión de “Primeros Auxilios Espirituales” en territorios impactados por la emergencia.La iniciativa, que se desarrolla bajo el signo de una Iglesia en salida, busca llevar la presencia cercana de la Iglesia a parroquias urbanas y rurales que han vivido momentos de dolor, pérdida y afectación a causa del terremoto. Los equipos misioneros se desplazarán hacia Cartago, Pereira, Cali, Palmira, Buenaventura y Buga, donde acompañarán a sacerdotes, comunidades y fieles durante los próximos días.La misión es encabezada por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, y cuenta con el acompañamiento de los obispos auxiliares de la Arquidiócesis: monseñor Alejandro Díaz, monseñor Edwin Vanegas y monseñor Germán Barbosa, quienes hacen parte de los distintos equipos que se desplazan a las zonas afectadas. También se ha sumado monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, obispo de Chiquinquirá.La experiencia está coordinada por monseñor Ricardo Pulido, sacerdote de la responsable de la Arquidiócesis de Bogotá, encargado de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral, y fue organizada con el propósito de que los sacerdotes puedan ponerse al servicio de las comunidades sin representar una carga económica para ellas.Una presencia que escucha y acompañaMás que llevar una respuesta material, esta misión busca ofrecer una presencia espiritual y humana en medio de la emergencia. Los sacerdotes acompañarán a las comunidades a través de la escucha, la oración, la cercanía y la celebración del sacramento de la Reconciliación, como una manera de ayudar a afrontar el dolor y fortalecer la esperanza.La iniciativa parte de una convicción: en medio de una emergencia, la reconstrucción también pasa por el corazón de las personas y de las comunidades. Por eso, la presencia de la Iglesia busca ser un punto de encuentro para quienes necesitan ser escuchados, compartir sus experiencias y encontrar consuelo y esperanza en la fe.Los sacerdotes misioneros cuentan con el aval de sus respectivos obispos o superiores provinciales y se desplazan con lo necesario para desarrollar su servicio, procurando mantener una actitud sencilla y disponible ante las realidades que encontrarán en cada territorio.Seis destinos, una misma misiónLos equipos estarán distribuidos en seis zonas pastorales afectadas por el terremoto:-Cartago: acompañamiento encabezado por el cardenal Luis José Rueda Aparicio y monseñor Ramón Rolón, obispo de Chiquinquirá.-Pereira: equipo acompañado por monseñor Alejandro Díaz, obispo auxiliar de Bogotá.-Cali: equipo acompañado por monseñor Germán Barbosa, obispo auxiliar de Bogotá.-Palmira: equipo acompañado por monseñor Edwin Vanegas, obispo auxiliar de Bogotá.-Buenaventura: equipo coordinado por monseñor Darío Álvarez.-Buga: equipo coordinado por monseñor Abelardo Gómez.Durante la jornada de este martes 18 de agosto se realiza la movilización y llegada de los equipos a los territorios asignados. Entre el miércoles 19 y el viernes 21 de agosto se desarrollará propiamente la experiencia misionera de cercanía, escucha y oración. El sábado 22 será la jornada de retorno y el domingo 23 se propone una jornada de oración por las parroquias visitadas, como signo de continuidad del acompañamiento.“Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón”Al despedir a los sacerdotes que participan en esta primera experiencia, el cardenal Luis José Rueda Aparicio destacó que la misión busca también aprender de las realidades encontradas para fortalecer futuras acciones pastorales y humanitarias.“Estaremos atentos a los aprendizajes que obtengamos en esta primera salida, para realizar otras en este año o en distintas emergencias que requieran nuestro servicio humanitario y pastoral”, afirmó el arzobispo de Bogotá.Y agregó una petición que recoge el sentido profundo de esta misión: “Que el Señor nos reconstruya a todos desde el corazón, que la Virgen María nos acompañe con su amor de Madre para guiar el camino de la esperanza después del terremoto”.Esta experiencia de la Arquidiócesis de Bogotá se suma a las distintas acciones que, desde las diócesis y jurisdicciones eclesiásticas del país, viene desarrollando la Iglesia Católica para permanecer junto a las comunidades afectadas por la emergencia.En este tiempo de dolor, la Iglesia busca llegar “hasta el último rincón”, no solo con ayudas y acciones de respuesta a las necesidades materiales, sino también con una presencia que acompaña, escucha, ora y ayuda a mantener viva la esperanza en los procesos de recuperación y reconstrucción.
Sáb 15 Ago 2026
Monseñor Angelo Accattino, nuevo Nuncio Apostólico en Colombia
El Arzobispo titular de Sabiona, con amplia experiencia en el servicio diplomático de la Santa Sede y conocimiento previo de Colombia, fue nombrado por el papa León XIV como nuevo representante pontificio en el país.La Santa Sede oficializó este 15 de agosto el nombramiento de monseñor Angelo Accattino, arzobispo titular de Sabiona, como nuevo Nuncio Apostólico en Colombia. El papa León XIV le confía esta misión tras la partida de monseñor Paolo Rudelli, quien en marzo de este año concluyó su servicio diplomático en el país para asumir una nueva responsabilidad al servicio directo del Santo Padre y de la Iglesia universal como Sustituto para los Asuntos Generales en la Secretaría de Estado.Con esta designación, monseñor Accattino regresa a Colombia, un país que ya conoce, pues durante sus primeros años en el Servicio Diplomático de la Santa Sede prestó servicio en esta Nunciatura Apostólica.Una amplia trayectoria al servicio de la Santa SedeMonseñor Angelo Accattino nació en Asti, Italia, el 31 de julio de 1966. Fue ordenado sacerdote el 25 de junio de 1994 y quedó incardinado en la diócesis de Casale Monferrato.Es doctor en Derecho Canónico e ingresó al Servicio Diplomático de la Santa Sede el 1.º de julio de 1999. Desde entonces, ha desarrollado una amplia trayectoria en diferentes representaciones pontificias y en la Secretaría de Estado.A lo largo de su servicio diplomático estuvo destinado en las Nunciaturas Apostólicas de Trinidad y Tobago, Colombia, Perú, Estados Unidos de América y Turquía, además de prestar servicio en la Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de Estado.Su experiencia en América Latina se fortaleció con su nombramiento como Nuncio Apostólico en Bolivia el 12 de septiembre de 2017. En esa ocasión fue elevado a la dignidad de arzobispo y recibió la sede titular de Sabiona.Posteriormente, el 2 de enero de 2023, fue nombrado Nuncio Apostólico en Tanzania, misión que desempeñaba hasta su designación para Colombia.Colombia, parte de su trayectoria diplomáticaEl nuevo representante pontificio llega a Colombia con un conocimiento previo de la realidad eclesial y social del país, adquirido durante su paso por la Nunciatura Apostólica. Esto, constituye un aspecto significativo de su nueva misión, que se desarrollará en un contexto de importantes desafíos para la sociedad colombiana y para la Iglesia que peregrina en el país.La misión del Nuncio Apostólico comprende, entre otras responsabilidades, representar al Santo Padre ante las autoridades civiles y ante la Iglesia local, favorecer los vínculos de comunión entre la Santa Sede y la Iglesia en Colombia y contribuir al fortalecimiento de las relaciones entre ambas realidades.Continuidad de la misión diplomáticaMonseñor Angelo Accattino sucede a monseñor Paolo Rudelli, quien estuvo al frente de la Nunciatura Apostólica en Colombia desde 2023 hasta marzo de 2026.El papa León XIV nombró entonces a monseñor Rudelli Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, poniéndolo al frente de la Primera Sección de este organismo, encargada de atender los asuntos ordinarios del Pontífice, coordinar el trabajo de los dicasterios y acompañar la actividad cotidiana de la Santa Sede.Su traslado a una nueva responsabilidad en la Curia Romana marcó el cierre de su misión diplomática en Colombia y dio paso al nombramiento del nuevo representante pontificio.El inicio de una nueva misión en ColombiaMonseñor Angelo Accattino asumirá próximamente su misión en Colombia, pocos días después del terremoto registrado el pasado 10 de agosto, que afectó a diferentes regiones del país y dejó víctimas, personas heridas y comunidades damnificadas.Ante esta emergencia, el Papa León XIV ha expresado su cercanía con las comunidades afectadas y ha promovido la oración y la solidaridad con las personas y familias que enfrentan las consecuencias de la tragedia.La Conferencia Episcopal de Colombia agradece al Santo Padre el nombramiento de monseñor Angelo Accattino y expresa su disposición para recibirlo próximamente como nuevo representante pontificio en el país. Los obispos de Colombia encomiendan a Dios el inicio de su misión y manifiestan su voluntad de continuar fortaleciendo, junto a él, los vínculos de comunión entre la Iglesia en Colombia y la Santa Sede.Perfil de monseñor Angelo AccatinoNombre: Angelo AccattinoTítulo: Arzobispo titular de SabionaLugar y fecha de nacimiento: Asti, Italia, 31 de julio de 1966Ordenación sacerdotal: 25 de junio de 1994Diócesis de incardinación: Casale Monferrato, ItaliaFormación: Doctor en Derecho CanónicoIngreso al Servicio Diplomático de la Santa Sede: 1.º de julio de 1999Servicio diplomático: Nunciaturas Apostólicas de Trinidad y Tobago, Colombia, Perú, Estados Unidos de América y Turquía; Sección para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Secretaría de EstadoNuncio Apostólico en Bolivia: 12 de septiembre de 2017Nuncio Apostólico en Tanzania: 2 de enero de 2023Nuncio Apostólico en Colombia: 15 de agosto de 2026