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El Sermón de las Siete Palabras y las carencias de las regiones
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El abandono que viven regiones como La Guajira; el daño ambiental que ha sufrido el Chocó, debido a la minería ilegal, y las múltiples manifestaciones de violencia contra las mujeres hacen parte de las reflexiones de la Iglesia católica este año, en la interpretación del Sermón de las Siete Palabras, como se les conoce a las siete últimas frases que Jesús pronunció durante su crucifixión, antes de morir.
El país ha sufrido por décadas la violencia y la corrupción. Por ello, la Iglesia pide que este 2016 sea el año de la paz, la misericordia y el perdón. Y como es tradición de EL TIEMPO, hoy Jueves Santo ofrece a sus audiencias la lectura del Sermón que cada viernes de la Semana Mayor convoca a los fieles católicos.
En esta oportunidad, jerarcas de distintas zonas del país tomaron las palabras de la Biblia para aterrizarlas a la realidad regional, con la intención de invitar a los fieles a la reflexión. Participaron obispos y arzobispos de La Guajira, Chocó, Huila, Valle del Cauca, Boyacá, Meta y Bogotá.
Frente a la paz, los prelados señalaron que el país espera la luz de un posconflicto de justicia y paz después de tantos años de guerra y sufrimiento. Y añadieron que la paz no empieza en una isla caribeña, sino en el corazón de los colombianos y con obras, no con palabras.
1. Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen
Monseñor Óscar Urbina O., arzobispo de Villavicencio
“Todos somos habitados por un deseo natural de venganza. Estamos demasiado marcados por el ojo por ojo, diente por diente. Por eso llegamos a preferir la justicia por nuestras propias manos. Jesús muere como ha vivido, lleno de bondad y misericordia. Jesús muere amando, ofreciendo a los pecadores el perdón del Padre. Jesús se ha dejado clavar en la cruz convirtiéndola en una auténtica cátedra desde la cual nos enseña cómo amar. Hasta el final ora por sus perseguidores y, más aún, los excusa: ‘No saben lo que hacen’.
La violencia engendra violencia, como una cadena sin fin. Jesús pide romperla, nos pide no replicar con otros lo que hemos sufrido. Perdonar no implica ignorar las injusticias cometidas ni aceptarlas con indiferencia. Perdonamos para romper la espiral del mal y para rehabilitar al otro dándole la oportunidad de que actúe de manera distinta en el futuro.
El perdón cambia nuestras relaciones en la familia y la sociedad porque abre una nueva puerta a la convivencia sana. Caminaremos hacia una sociedad colombiana más fraterna y humana si abandonamos el camino de la venganza, del odio y las represalias.
El perdón en nuestra sociedad cada día más violenta –que se manifiesta en las palabras, las actitudes, los silencios en los distintos escenarios de nuestras vidas, porque sufrimos humillaciones, engaños, infidelidades, abusos y agresiones– sanará nuestras heridas. El perdón no es fácil, pero el cristiano perdona porque se siente perdonado en primer lugar por Dios”.
2. Yo te aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso
Monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de Quibdó
“Jesús conoció el reino de Dios, que tiene una dimensión temporal y una eterna. El reino es el mismo Jesús. Cuando lo aceptamos a él, el reino de Dios entra a ser parte de nuestra vida personal, familiar, laboral y social. El paraíso del que Jesús habla es su mismo reino. En Chocó, ese paraíso terrenal es fácilmente percibido por la abundante explosión de vida. La biodiversidad que se conjuga en la selva, los ríos y el mar es una expresión de ese paraíso en el que nuestro padre quiso que vivieran sus hijos. Pero es un paraíso destruido por el hombre. La minería irresponsable, la falta de cultura ciudadana, el abandono del Estado, el accionar de grupos armados y los potenciales de empresarios capitalistas han perturbado la belleza y la fecundidad del territorio chocoano. Los ríos y quebradas están contaminados por mercurio, químicos utilizados para los cultivos ilícitos y el mal manejo de residuos sólidos. La sedimentación impide la navegabilidad y los peces son escasos y amenazan la salud humana. La selva ha sido devastada por las retroexcavadoras y por la implantación de cultivos ilícitos. La tala irracional de árboles y los incendios provocados por manos criminales con el objetivo de ampliar las fronteras agrícolas y ganaderas han destruido muchas especies. La resurrección de Cristo es una esperanza para el pueblo chocoano, que espera la luz de un posconflicto de justicia y paz después de tantos años de guerra y sufrimiento”.
3. Mujer, he ahí a tu hijo; hijo, he ahí a tu madre
Monseñor Héctor Henao, director de Pastoral Social
“El evangelio de San Juan nos dice en el capítulo 19 que junto a la cruz de Jesús estaba su madre. Jesús, al verla cerca al discípulo que tanto quería, le dijo a ella: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. Tal vez nosotros seamos caracterizados por nuestro nombre, pero aquí Jesús identifica a María y a San Juan por la relación profunda que tienen con él.
Identificarnos en profundidad es reconocer la dignidad de cada ser humano, reconocer en particular la dignidad de las víctimas. Pero María no se encierra en el dolor, ella se abre más allá y vuelve a ser madre. Aquí deberíamos pensar en las situaciones que en Colombia han vivido miles de mujeres.
Las estadísticas dicen que ocurren cuatro asesinatos al día solo por el hecho de ser mujeres. También la situación de las mujeres que fueron secuestradas, de muchas víctimas de distintas formas de violencia, de aquellas que fueron obligadas a abortar en la guerra; nos hablan de mujeres que son explotadas sexualmente, de muchas que viven el maltrato en sus familias. En esta hora estamos invitados a ser fieles a la entrega que Jesús hace, cuando entrega a María a manos de su discípulo amado y él en manos de la virgen.
Ese es un gesto de solidaridad, es el primer paso de reconciliación, el que nos abre el camino para construir una nueva sociedad, en el caminar juntos y en el construir un orden en el que se respete la dignidad de todo ser humano”.
4. Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Monseñor Héctor Salah Zuleta, obispo de Riohacha
“El sentimiento de abandono que experimentan hoy tantos seres es multicausal y conduce a caminos de desesperación. Creados por el amor de Dios, que es comunidad, y para vivir el amor en comunidad, el sentimiento de soledad y abandono es una de las mayores calamidades que atenta contra la estabilidad emocional y humana.
En los últimos meses, La Guajira ha estado presente en los medios. Esta hermosa tierra situada donde nace la patria, plena de recursos naturales, riquezas del subsuelo y gran calidad de su gente, padece la gran calamidad humanitaria desatada por el abandono. Abandonada por el Estado, por sus gobernantes, abandonada en la enorme soledad de su enigmático y silencioso desierto. Hoy podría gritar La Guajira como el Señor en la cruz: ‘¿Por qué me han abandonado?’.
A través de los tiempos y a pesar de los astronómicos recursos económicos recibidos en el pasado, registra los peores indicadores del país en todos los campos económicos y sociales. Dios no abandona al hombre ni quiere que esté solo. En la mayoría de las dificultades que padecemos somos nosotros los que abandonamos a Dios.
Este año especialmente dedicado a recibir y practicar misericordia debe ser el inicio de tiempos mejores. Recibir la misericordia que Dios nos ofrece, porque conoció y vivió nuestra realidad, y por ello es capaz de ponerse en nuestros zapatos; así nuestra recuperación nos conducirá a ponernos en los zapatos de los demás para comprender su abandono y ofrecer obras de misericordia para acompañar a los que sufren”.
5. Tengo sed
Monseñor Fabio Duque, obispo de Garzón
“Quién de nosotros, si hubiera estado junto a la cruz y hubiera escuchado las palabras ‘Tengo sed’, no hubiera corrido a ofrecer un vaso de agua. Hay gente que pasa horas y horas acompañando a Cristo en el sagrario, lo cual está bien, pero olvida a Cristo presente en los desvalidos. Hay gente que invierte mucho en cuadros suntuosos de Jesucristo, en crucifijos valiosos, pero no se digna ni a mirar a Jesucristo presente en huérfanos, gamines, desempleados y obreros humillados y mal remunerados. Esta gente, educada en la gazmoñería, en la falsa piedad, rinde culto al Cristo pintado en una pared, pero desprecia al Cristo presente en el pobre. Hay dos excusas camufladas de humanismo para no socorrer a Jesucristo en el pobre. Unos dicen que hay que evitar todo paternalismo, dar una limosna es humillar a la gente. Pero hay quienes pretenden asesinar su conciencia y apaciguar sus sentimientos de culpa dando limosnas ridículas que no equivalen a la millonésima parte de lo que discretamente, con guante blanco, han robado a los mismos que aparentan socorrer. Estos discretos robos a menudo se presentan como legales, hay leyes cuya astuta interpretación justifica la explotación sistemática e injusta. Este Jesús que grita ‘Tengo sed’ es el mismo que en el sermón del monte había dicho: ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados’”.
6. Todo está consumado
Monseñor Héctor Epalza, obispo de Buenaventura
“Este es el texto del evangelista San Juan: ‘Había allí una jarra con vinagre. Los soldados colocaron en la punta de una caña una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Jesús lo probó y dijo: Todo está cumplido’.
Cuando a una persona se le confía una misión y es el responsable, y le ha puesto su alma y corazón puede decir con enorme satisfacción: ‘Todo está cumplido’. Este Viernes Santo llega para que la humanidad mire a Cristo crucificado y aprenda de él que vale la pena la existencia humana, no con excesiva autonomía y libertinaje, sino con una entrega generosa.
Para poder exclamar con los labios o con la mente al final de la existencia ‘Todo está cumplido’, se requiere renunciar al egoísmo, a los ídolos del poder, a la vida fácil y al espejismo de falsa felicidad. Desde que Dios se hizo hombre, la victoria sobre el mal y la violencia son posibles. El día en que a Colombia llegue la paz podremos decir que todo está cumplido.
Nuestra patria, sumida por décadas en la violencia y la corrupción, necesita matricularse en la escuela del evangelio del perdón, de la reconciliación, de la bondad, de la ternura, del amor y de la misericordia. Ese es el evangelio de Jesucristo. La paz de Colombia no empieza en una isla caribeña, sino en el corazón de los colombianos, dispuestos a amar no con palabras, sino con obras.
Cuando nos comprometamos a ser artesanos de la paz en todos los rincones de nuestra patria dolorida, entonces, al final de nuestra vida, como Jesucristo, podremos exclamar: ‘Todo está cumplido’”.
7. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu
Luis Augusto Castro, arzobispo de Tunja
“Déjenme contarles que una niña quedó atrapada en el segundo piso de un edificio. Era su casa. Todos habían salido corriendo cuando hubo un incendio y ella no pudo salir. Ahí quedó en la ventana, ya anochecía. De pronto ella escuchó una voz: ‘Tírate de allá arriba’. Era su papá. Ella le contestó ‘no te veo, no me puedo lanzar porque no te veo’. Él le dijo que no importaba porque él sí la veía y con sus manos la iba a agarrar para que no le pasara nada. Esta niña se lanzó confiada en las manos de su padre. Las palabras que trae Jesús son de confianza en su padre. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Que esas palabras de Jesús sean también para nosotros, para que tengamos la confianza, la fe grande de ponernos en las manos de Dios. No pensar que nosotros solos lo podemos todo, sino que verdaderamente necesitamos la guía, la luz, la sabiduría que él nos puede ofrecer. Que el Señor los bendiga a todos, especialmente en estos días santos”.
Autor: Diario El Tiempo
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:
Mar 13 Oct 2026
La Iglesia colombiana se une en oración por el papa León XIV tras confirmarse su diagnóstico de cáncer pulmonar
El examen del tejido extirpado durante una cirugía torácica confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar. Según informó la Santa Sede, la intervención concluyó sin complicaciones y el Santo Padre despertó con normalidad. La Iglesia Católica en Colombia se une en oración por su salud e invita a todos los fieles del país a acompañarlo espiritualmente.La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este martes 13 de octubre sobre la evolución del papa León XIV, luego de la intervención de cirugía torácica a la que fue sometido, según lo previsto. El procedimiento consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.En el comunicado, se confirma que el examen histológico realizado durante la intervención permitió establecer el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, "como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias".Sobre el desarrollo de la cirugía, la Santa Sede precisó que el Santo Padre permaneció aproximadamente tres horas en el quirófano y que la intervención tuvo una duración cercana a los 90 minutos. El comunicado señala que "la intervención fue exitosa y no hubo complicaciones".Tras el procedimiento, el Papa "se despertó con normalidad" y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli, conocido como Hospital Gemelli, según el informe médico.La Iglesia en Colombia se une en oración por el Santo PadreAnte esta noticia, la Iglesia Católica en Colombia expresa su cercanía espiritual al papa León XIV y se une en oración por su salud y recuperación. La Conferencia Episcopal de Colombia invita a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles del país a elevar sus oraciones a Dios por el Santo Padre, pidiendo que lo fortalezca en este momento y acompañe su proceso de recuperación.Asimismo, anima a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y familias a hacer de la oración una expresión de comunión eclesial, esperanza y cercanía con el pontífice, encomendándolo a la protección maternal de la Virgen María.Vea a continuación el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Vie 9 Oct 2026
Pastoral Fronteriza de Colombia y Ecuador llama a proteger a las comunidades y sus territorios
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, en Tumaco, las Iglesias advirtieron sobre las violencias que afectan a las comunidades, el control territorial y las amenazas ambientales. También pidieron a ambos Estados y a los actores sociales e internacionales articular respuestas que garanticen los derechos humanos, la protección humanitaria y la construcción de paz.Las Iglesias de Colombia y Ecuador hicieron un llamado a fortalecer la cooperación binacional para proteger la vida y los derechos humanos en los territorios fronterizos, afectados por dinámicas de violencia, economías ilegales, desplazamiento y deterioro ambiental. La exhortación hace parte del comunicado final del Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en Tumaco, con la participación de representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan esta región, Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.En el documento, las Iglesias advierten que la frontera no puede entenderse únicamente como una línea que separa dos países, sino como un territorio compartido por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas, familias y personas migrantes que buscan protección y oportunidades. Desde esta perspectiva, señalan que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas se entrecruzan con disputas por corredores estratégicos y formas de control territorial y social.Uno de los puntos de alerta del comunicado es que la disminución de los hechos violentos registrados no necesariamente significa que haya disminuido el sufrimiento de las comunidades. El miedo, el confinamiento y el control social pueden mantener ocultas situaciones que afectan la vida cotidiana de la población. Ante este panorama, las Iglesias reiteran que no pueden normalizarse estas violencias y expresan su especial preocupación por las comunidades indígenas y afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.El mensaje también relaciona la protección de la vida humana con el cuidado de la casa común. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de las comunidades en sus territorios.Frente a estos desafíos, el comunicado plantea que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos ni a respuestas exclusivamente militares. Si bien reconoce la responsabilidad de los Estados de proteger a la población, garantizar derechos, fortalecer la justicia y enfrentar las redes criminales, subraya que la construcción de paz también requiere oportunidades dignas, instituciones cercanas, protección humanitaria, cuidado ambiental y fortalecimiento del tejido comunitario.Como parte de los compromisos del encuentro, las Iglesias acordaron fortalecer tres líneas de trabajo: la lectura permanente de la realidad fronteriza y la conservación de la memoria de sus pueblos; la acción pastoral y comunitaria para proteger la vida, construir paz y reconciliación, responder a las necesidades humanitarias y cuidar la casa común; y la articulación e incidencia binacional mediante el trabajo con las comunidades y el diálogo con instituciones públicas, organizaciones sociales, cooperación internacional y otros actores.El documento recoge, además, un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador para que, junto con las organizaciones sociales y la cooperación internacional, impulsen respuestas coordinadas. Las Iglesias advierten que las dinámicas que atraviesan la frontera superan la capacidad de respuesta de un solo país y que la protección de la vida exige corresponsabilidad y decisiones centradas en las personas y las comunidades.Este proceso se apoya en 34 años de trabajo conjunto de las Iglesias particulares de Colombia y Ecuador frente a las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión en estos territorios. La consolidación de una instancia binacional permanente busca fortalecer ese camino de cooperación, acompañamiento y solidaridad.Al concluir el encuentro, las Iglesias renovaron su compromiso de permanecer junto a las comunidades, acompañar a quienes sufren y fortalecer sus capacidades para resistir a la violencia y construir esperanza. Su mensaje final reafirma una convicción que orienta esta misión compartida: «Allí donde los límites políticos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos».Vea a continuación la lectura del mensaje final por monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco:Le puede interesar: Iglesias de Colombia y Ecuador avanzan hacia una agenda común para consolidar la pastoral fronteriza
Jue 8 Oct 2026
Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas
Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.