SISTEMA INFORMATIVO
Una madre que contempla
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA MADRE DE DIOS
Enero 01 de 2025
Primera lectura: Números 6,22-27
Salmo: 67(66),2-3.5.6 y 8
Segunda lectura: Gálatas 4,4-7
Evangelio: Lucas 2,16-21
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
Comenzamos el año nuevo dando gracias a Dios con el ofrecimiento de la Eucaristía, donde nos encontramos con Él, principio y fin de todo lo creado. Y en la puerta del nuevo año, nos reciben Jesús y María, para acompañarnos. Ellos nos tranquilizan ante lo desconocido y nos dicen: “No temas, vamos contigo”. Hoy la Iglesia nos invita a mirar a la Virgen María y meditar sobre el título más admirable que pueda tener una criatura en la tierra. Si ya ser madre es un misterio de amor y de ternura, que tiene sus raíces en la misma fecundidad de Dios, podemos preguntarnos, ¿cómo será ser madre de Dios? Dejemos que la Palabra de Dios nos introduzca en este gran misterio de amor.
Tres ideas temáticas que presentan las lecturas:
• Primera lectura (Nm 6,22-27): Este es uno de los pasajes más hermosos del Pentateuco, por su forma poética y su contenido, con triple invocación del nombre divino. El rostro luminoso de Dios benévolo ilumina la existencia del pueblo de Israel y de todo buen israelita, lo colma de bienes, lo guarda de todo peligro; en una palabra, le concede la paz (cf. Sal 80,4.8.20). En los textos antiguos, los padres bendicen a sus hijos (cf. Gn 27; 48; 49), los reyes a sus súbditos (cf. 2 Sm 6,18; 1 R 8,55), los hermanos a sus hermanas (cf. Gn 24,60). En la tradición sacerdotal, la bendición corresponde al sacerdote (cf. Lv 9,22-23).
• Segunda lectura (Gal 4,4-7): De la relación de San Pablo con María poco sabemos; de hecho, solo el texto de Gálatas 4,4 de los escritos paulinos hace referencia a la madre de Jesús: “Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley” (Ga 4, 4). El indica el cierre, la plenitud del tiempo. Con ello se quiere expresar que en Jesús el tiempo ha llegado a su final para dar paso a los tiempos mesiánicos. Para el apóstol, el acontecimiento de Jesucristo, que es “plenitud del tiempo”, inaugura el “ahora” definitivo de la salvación que ha irrumpido ya en el mundo. Por lo que respecta a la mención de la “mujer” en el texto, podría pensarse en una referencia puntual a la persona histórica de María y al nacimiento virginal de Cristo, ya que solo se señala a la madre y no al padre; así lo entendieron algunos autores patrísticos, y aunque se considere una interpretación anacrónica, lo cierto es que ya es inicio de una reflexión teológica del tema mariano que acentúa la colaboración de María en la obra salvadora de Dios. Sin embargo, aquí la intención de Pablo es subrayar la solidaridad liberadora de Cristo con todo el género humano. La referencia a la mujer resalta, ante todo, la humanidad concretísima de Cristo. Es probable que exista también una alusión a la primera mujer y a su descendencia (cf. Gn 3, 16) o descendiente.
• Evangelio (Lc 2,16-21): Hoy se nos propone la continuación del relato del nacimiento de Jesús, que se leyó la noche de Navidad. Centrémonos pues en el Evangelio:
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
Como hemos dicho, el Evangelio de hoy es continuación del relato del nacimiento de Jesús, y se compone de tres partes (1ª vv.1-6; 2ª vv. 7-14; 3ª vv. 15-21). Esta parte del relato de Lucas tiene un cierto sentido por sí mismo, en cuanto muestra la respuesta humana al momento anterior que es todo él mítico, revelador, divino, angelical y extraordinario. Los pastores van a comprobar el mensaje. Tienen que ser testigos oculares como lo han sido también escuchando, “lo que habían visto y oído” (cf. Is 43,10.12; 44,8). Los hechos comprueban las palabras y estas revelan el sentido de los hechos. Primero es el grupo reducido (2,17); después viene el divulgarlo (2,18); sigue la interiorización de María, que lo guarda en la memoria y lo medita (2,19). Ella es modelo de la Iglesia, que contempla los misterios de la vida de Cristo. Finalmente, los pastores regresan a sus casas glorificando a Dios (2,20).
La circuncisión es signo de la promesa creída (cf. 2,21: cf. Gn 17,12) y es ley para Israel (cf. Lv 12,13).
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?
Los pastores van al encuentro de aquella Palabra que se ha hecho carne. Al llegar, encuentran a María, a José, y al niño acostado en un pesebre (2,16). Esta actitud de “salida” de los pastores es una constate bíblica. Los hombres y mujeres de la Biblia se ponen en marcha apenas se hace sentir la acción de Dios. Recordemos que María, después de la anunciación, se levanta y se pone en camino para “irse” de prisa como se dice en Lc 1,39. Aquí, La frase formulada tiene una intención teológica: María recorre el país según la voluntad y el plan de Dios con prontitud, lo que muestra en ella la obediencia, así como la armonía entre su fe y el designio de Dios. También los pastores “fueron de prisa” (2,16a) a asimilar el anuncio del Ángel. Dicha búsqueda tiene como don el “encuentro de María y José, y al niño acostado en el pesebre” (2,16b).
Después de haber visto con sus ojos tal acontecimiento van y dan testimonio de él (cf. 2,17-18). En el testimonio de los pastores Lucas muestra el proceso discipular que vivirán María y los demás seguidores del Señor: escuchar su Palabra, salir de sí para anunciarlo con gozo a todas las naciones, y elevar juntos una alabanza y glorificación a Dios por sus grandes maravillas.
En el contexto del capítulo 2 se dice que “María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (2, 19; cf. además 2, 33. 34. 48. 51). Se trata de una actitud profunda de María que como discípula escucha y medita sobre las maravillas que Dios iba a realizar en su Hijo. María tiene que meditar para comprender mejor los designios de Dios. Es una vivencia de fe en proceso, en camino; en otras palabras, María tiene que ir por el camino del discipulado. Guardando las normas de la modestia virginal, María no quiso comunicar a nadie los secretos de Cristo que había conocido, sino que esperaba el momento y el modo en que reverentemente habría de comunicarlos. Sin embargo, los mismos secretos que mantenía custodiados con su boca callada, los escrutaba con celo en su corazón.
Después de la profundización de María en su corazón, los pastores no vuelven a sus casas de la misma manera. Lo hacen “glorificando y alabando a Dios por todo lo habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho” (Lc 2, 20). Ahora llegan a una experiencia de fe inalcanzable para los sabios del mundo (cf. Lc 10,21). También la Iglesia contempla hoy el misterio de la Virgen Madre como garantía definitiva de la verdad de la encarnación del Hijo de Dios. La afirmación de que “El Hijo de Dios se ha hecho hombre” podría ser un mito, un sueño, una ilusión. Sin embargo, hay una garantía evidente: “nació de la Virgen María”, se formó en su seno, nació de ella, como cualquier ser humano, lo tuvo en sus brazos y lo alimentó con su pecho. Dios ha querido de verdad hacerse uno de nosotros para ser hermano nuestro y, desde dentro de la humanidad, ser causa de nuestra salvación y, por tanto, de nuestra esperanza y alegría.
La última referencia del Evangelio: “Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño…” (2,21). Jesús nace bajo la ley, como lo habíamos dicho antes con San Pablo (cf. Ga 4,4). Pero no es la ley quien salva, sino Él, como dice su nombre, dado por Dios, marcando su destino (cf. Is 12,2). En la homilía del Santo Padre Francisco, el 1 de enero de 2024, citando el texto de Gálatas mencionado, dijo: “Las palabras del apóstol Pablo iluminan el comienzo del nuevo año: «cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer» (Ga 4,4). Impacta la expresión “plenitud del tiempo”. Antiguamente, el tiempo se medía vaciando y llenando unas ánforas; cuando estaban vacías comenzaba un nuevo periodo de tiempo, que terminaba cuando estaban llenas. Esa es la plenitud del tiempo: cuando el ánfora de la historia está colmada, la gracia divina desborda; así pues, Dios se hace hombre y lo hace en el signo de una mujer, María. Ella es el camino elegido por Dios, ella es el punto de llegada de tantas personas y generaciones que, “gota a gota”, han preparado la venida del Señor al mundo. De este modo, la Madre está en el centro del tiempo. Dios se ha complacido de dar un giro a la historia por medio de María, la mujer. Con esta palabra la Escritura nos remite a los orígenes, al Génesis, y nos sugiere que la Madre con el Niño marcan una nueva creación, un nuevo comienzo. Por tanto, al principio del tiempo de la salvación está la Santa Madre de Dios, nuestra Madre santa”.
Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Señor Jesús, postrados ante ti, adoramos en silencio el misterio de tu nacimiento. La luz de tu venida nos arranca de la oscuridad de nuestras noches: Abandonando toda duda y compromiso, venimos a tu encuentro. Nuestros ojos te contemplan como Dios y hombre, poderoso y frágil, desde siempre en el seno del Padre y ahora puesto en un pesebre. Por eso brota un canto nuevo en nuestros labios, un canto colmado de asombro y gratitud. Te adoramos y te bendecimos, oh Cristo, nuestro Salvador: y queremos anunciar con alegría tu salvación a todos nuestros hermanos. Amén.
La Iglesia nos propone para el 1 de enero, la Solemnidad de Santa María Madre de Dios, que es el dogma mariano principal, desde él se explican todos los demás dogmas marianos. Fue San Pablo VI, quien en la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, tomó la decisión de comenzar el año bajo esta fiesta mariana. Es posible que algunos piensen que fue una decisión poco pedagógica, porque esa fiesta litúrgica mariana queda casi como olvidada en la celebración civil del año nuevo; pareciera que fuera un día no muy religioso. Sin embargo, considero que el Santo Padre en ese momento tuvo una intuición muy importante, colocando a María en el inicio del año, porque entre otras cosas, la maternidad se caracteriza por ejercerse sin reconocimiento previo de los que la reciben, sin percatarse muchas veces. La maternidad busca eficacia, busca servir, amar de una manera gratuita. Nos damos cuenta de lo que hemos recibido de la maternidad mucho tiempo después de haberla disfrutado. Un niño pequeño, está recibiendo todo el don de la maternidad y de la paternidad sin enterarse, poco a poco, tardará tiempo en preguntarse ¿qué tengo yo que no haya recibido, si todo es don, si todo es gracia? pero mientras tanto ha recibido mucho sin darse cuenta. Así es la maternidad. María es Madre desde el silencio. Por eso Pablo VI puso el misterio de María madre de Dios al comienzo del año, ligando el misterio de Cristo y de María, centrando bien la mariología en Jesucristo. Por esta razón, María ocupa un lugar importante en la vida cristiana. A propósito de esto, al Papa San Juan Pablo II, que tenía como lema de su pontificado "Totus tuus", le preguntaron, Santo Padre, ¿por qué es usted tan mariano? Y respondió: “por motivos cristocéntricos”. Un lema que significa “Todo tuyo” y que como es bien conocido, se dirigía a la Virgen María de la que era particularmente devoto. Ahora bien, ¿de dónde procede el lema y de donde lo toma San Juan Pablo II? Nos lo cuenta él mismo en la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, escrita el 16 de octubre del año 2002, al inicio del vigésimo quinto de su Pontificado: “Cuántas gracias he recibido de la Santísima Virgen a través del Rosario en estos años: Magnificat anima mea Dominum! Deseo elevar mi agradecimiento al Señor con las palabras de su Madre Santísima, bajo cuya protección he puesto mi ministerio petrino: Totus tuus!”.
Por último, hablar de María, madre de Dios, nos descubre el misterio de la Iglesia. La Iglesia aprende de María a ser madre, a velar por sus hijos; la gran encomienda de Jesús en la cruz. “Mujer, ahí tienes a tu hijo… Ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27).
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Recomendaciones prácticas:
• Apertura de la Puerta Santa en Santa María la Mayor
• Jornada Mundial de la Oración por la Paz
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Queridos hermanos, son varios los acontecimientos que enriquecen este día dentro del tiempo litúrgico navideño en que celebramos el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios: Octava de Navidad, circuncisión y la imposición del nombre de Jesús, maternidad divina de María, jornada mundial de la paz y comienzo del año civil. Especialmente, la liturgia de este día nos presenta a María como la Madre de Dios, que desde el siglo quinto fue la primera fiesta mariana de la Iglesia. Por su “sí” a la voluntad de Dios, María dio a luz a la fuente de la gracia. Ella, por su “sí” generoso es Madre de Dios y Madre de la Iglesia; es símbolo de la comunidad cristiana, en donde los creyentes, encontramos a Cristo. Iniciemos, pues, con gran alegría, nuestra Eucaristía de hoy.
Monición a la Liturgia de la Palabra
Vamos a escuchar a Dios que nos habla por medio de su Palabra. Las lecturas que ofrece la liturgia de hoy están en consonancia, pues todas hablan de bendición. La fórmula del libro de los Números expresa el deseo de que Dios proteja a su pueblo. En la segunda lectura, la bendición se da con el envío del Hijo de Dios, en la plenitud de los tiempos, y el Evangelio apunta a un rasgo característico de la personalidad de María: “conservaba todas estas cosas meditándolas en su corazón”. También nos cuanta cómo Jesús es educado en las tradiciones y costumbres de su pueblo. Por eso es circuncidado. En este mismo acto recibe el nombre que dará sentido a toda su vida: “Jesús: el Salvador”. Escuchemos con atención.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Confiando a Cristo, Rey de la paz, las primicias del nuevo año, con el firme propósito de cooperar en la edificación de un mundo nuevo, elevemos al Padre nuestra común oración:
R. Escucha a tu pueblo, Señor.
1. Por el Papa N., por nuestro Obispo N., por todos los pastores de la Iglesia, para que sean incansables mensajeros de la verdad y testigos de la paz, al servicio del pueblo de Dios. Oremos.
2. Por todas las naciones, para que, superando la guerra y toda clase de violencia, pongan sus riquezas en común, al servicio de la gran familia humana. Oremos.
3. Por las familias, para que realicen dentro de sí el modelo de la humanidad reconciliada en el amor e irradien en su entorno el Evangelio de la paz. Oremos.
4. Por toda la humanidad, para que Dios Padre purifique al mundo de todo error, conceda salud a los enfermos, libertad a los oprimidos y paz a los que viven sin ella. Oremos.
5. Por todos nosotros, que celebramos esta liturgia, para que, como Santa María, estemos siempre abiertos a la Voluntad de Dios, y acojamos su Amor y Misericordia. Oremos.
6. Por esta Jornada Mundial de la Oración por la Paz, para que todos los que sufren el horror de la guerra, sean fortalecidos con el don de la Esperanza. Oremos.
Oración conclusiva
Acepta, Dios de bondad, nuestras súplicas, por intercesión de Santa María, la Virgen, que mereció llevar en sus entrañas al “Dios hecho hombre”, Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Imitemos a María en la fe, esperanza y caridad
Lun 1 Jun 2026
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Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 10 Abr 2026
Felices los que no han visto, pero creen
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIAAbril 12 de 2026Primera lectura: Hch 2, 42-47Salmo: Sal 118 (117), 2-4. 13-15. 22-24 (R. 1)Segunda lectura: 1P 1, 3-9Evangelio: Jn 20, 19-31I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLas lecturas de este domingo nos presentan tres grandes ejes temáticos:•La comunidad cristiana como espacio de comunión, oración y caridad (Hch 2, 42-47).•La misericordia de Dios manifestada en la fe que purifica y fortalece en medio de la prueba (1P 1, 3-9).•El encuentro con el Resucitado, que trae la paz y envía con el poder del Espíritu (Jn 20, 19-31).De estas ideas, desarrollaremos el encuentro con el Resucitado como fuente de misericordia y misión, desde el Evangelio de Juan.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El Evangelio narra la aparición del Resucitado a los discípulos, encerrados por miedo. Jesús les ofrece la paz, les muestra sus llagas, sopla sobre ellos y les comunica el Espíritu Santo, dándoles el poder de perdonar los pecados. Ocho días después, se aparece de nuevo, esta vez con Tomás, quien al ver y tocar al Señor exclama con fe: “¡Señor mío y Dios mío!”.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús se presenta en medio del miedo y la fragilidad con un mensaje que resuena en cada rincón de la historia: “La paz esté con ustedes”. Su presencia no reprocha, sino que cura, reconcilia y envía. En este día en que celebramos la Divina Misericordia, contemplamos cómo Dios no se cansa de acercarse a nosotros, de ofrecernos el perdón y de restaurar nuestra confianza.El gesto de mostrar las llagas recuerda que su amor fue llevado hasta el extremo y que ahora esas heridas son fuente de vida y misericordia. Tomás, que representa nuestras dudas, es transformado por el encuentro personal con Jesús. Él ve, toca y cree. Así, somos invitados a pasar de la incredulidad a la fe, y de la fe al testimonio.El Resucitado nos envía con su Espíritu para ser misioneros de la misericordia, para anunciar que su perdón es más fuerte que el pecado y que su paz es más poderosa que nuestros miedos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Resucitado, tú que venciste el miedo y la muerte, entra en nuestras casas, en nuestras comunidades y en nuestras heridas. Llénanos de tu paz, de tu Espíritu y haznos testigos de tu misericordia. Danos la fe de Tomás, no para ver y luego creer, sino para reconocerte vivo en cada signo de amor y en cada gesto de perdón.La contemplación de tu misericordia nos mueve a ser constructores de comunión, sembradores de esperanza y servidores de los más frágiles. Que nuestras manos sean manos que curan, no que hieren; que nuestras palabras sean de consuelo, no de juicio._______________________Recomendaciones prácticas:•Es importante que la referencia a la Divina Misericordia no opaque el sentido pascual y bautismal de este domingo, donde todavía es día de resurrección. Esta devoción se encuentra al nivel de la piedad popular y se pueden tener momentos como la Coronilla en una hora oportuna.•El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos dice: “Puesto que la Liturgia del “II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia” –como se denomina en la actualidad– constituye el espacio natural en el que se expresa la acogida de la misericordia del Redentor del hombre, debe educarse a los fieles para comprender esta devoción a la luz de las celebraciones litúrgicas de estos días de Pascua. En efecto, El Cristo pascual es la encarnación definitiva de la misericordia, su signo viviente: histórico-salvífico y a la vez escatológico” (núm. 154).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaQueridos hermanos, celebramos con gozo el segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. Jesús resucitado se hace presente en medio de sus discípulos para comunicarles la paz, el perdón y el Espíritu Santo. Hoy, nosotros también nos dejamos alcanzar por su amor misericordioso y acogemos la fe que transforma el miedo en misión. Dispongamos nuestro corazón para vivir con alegría esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn la liturgia de la Palabra contemplaremos cómo el amor de Dios se derrama sobre su Iglesia. Escucharemos cómo la primera comunidad vivía en comunión y caridad; cómo la fe nos sostiene en la prueba, y cómo el Resucitado se presenta para regalarnos su paz y su Espíritu. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos, hermanos, al Dios de la vida y de la misericordia, que por la resurrección de su Hijo ha vencido el pecado y la muerte. A cada intención respondamos:R/. Jesús Resucitado, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que, renovada por el Espíritu Santo, sea testimonio fiel de la misericordia divina. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes y líderes del mundo, para que promuevan la justicia, la paz y el respeto a la dignidad humana. Roguemos al Señor.3.Por quienes viven en el dolor, la duda o el miedo, para que el encuentro con Cristo Resucitado les devuelva la esperanza. Roguemos al Señor.4.Por todos nosotros, para que aprendamos a perdonar como hemos sido perdonados y seamos signos vivos de la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.Oración conclusivaDios de infinita misericordia, escucha nuestras súplicas y danos un corazón semejante al de tu Hijo, para anunciar con alegría la victoria de tu amor. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Dom 5 Abr 2026
Vio y creyó
DOMINGO DE PASCUAEN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑORAbril 05 de 2026Primera lectura: Hch 10, 34a. 37-43Salmo: Sal 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23 (R. 24)Segunda lectura: Col 3, 1-4 o 1Co 5, 6b-8Evangelio: Jn 20, 1-9I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónCelebrar la Pascua no puede reducirse simplemente a recordar un acontecimiento o a vivir, de manera momentánea y quizá cargada de sentimentalismo, la resurrección de Cristo. Celebrar la Pascua del Señor debe ser una verdadera experiencia de vida y de fe que transforme nuestro corazón. Más allá de actos solemnes o altares decorados, vivir y celebrar la resurrección del Señor debe impulsarnos a ponernos en camino, a acercarnos a Jesús, a guardarlo en el corazón para dejarnos transformar por Él y, luego, a salir a dar testimonio, sembrando en cada momento la semilla de la paz, la unidad y la fraternidad.Las lecturas de la Palabra de Dios nos muestran cómo la resurrección de Jesús transforma el corazón de sus discípulos:•Los apóstoles, que tuvieron la gracia de acompañar a Jesús y convivir con Él, experimentan cómo su predicación y sus signos milagrosos transforman sus vidas. Más tarde, llenos de fuerza, salen a dar testimonio de Cristo Resucitado, juez de vivos y muertos.•El apóstol Pablo, en la Carta a los Colosenses, invita a los creyentes a buscar las “cosas de arriba, donde está Cristo”, como consecuencia de haber resucitado con Él.•El evangelista san Juan relata cómo, tras el anuncio de María Magdalena, Pedro y el discípulo amado corren al sepulcro. Lo encuentran vacío y ven los lienzos y el sudario. El evangelio afirma que el discípulo amado entró, vio y creyó. La fe en el Resucitado es una experiencia de amor: un enamorarse de Jesús, que ha vencido la muerte y puede vencer todo mal y las consecuencias del pecado en nosotros.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Tras la captura de Jesús, su juicio y posterior crucifixión, los apóstoles y discípulos viven momentos de confusión y miedo: se dispersan, dudan, lo niegan. Toda esperanza y todo sueño de un futuro mejor parece desmoronarse. La mayoría lo abandona y se esconde. Sin embargo, los textos sagrados nos dejan entrever que los apóstoles, a pesar del caos, mantienen contacto y permanecen unidos en aquellos días tan difíciles.El evangelista san Juan destaca a tres personajes que, desde distintas circunstancias, conocieron a Jesús, experimentaron el poder de su Palabra y vivieron de manera singular la experiencia pascual:•María Magdalena: una mujer cuya vida fue renovada por Jesús, que la llamó por su nombre y la amó por encima de sus pecados (Lc 8, 1-2). Va al sepulcro de madrugada, ve la losa retirada y corre a anunciarlo a los apóstoles. Es la primera en hacer el “primer anuncio”, la primera en ver al Señor resucitado y recibe la misión de ir a los “hermanos” (Jn 20, 17) a proclamar que está vivo.•Pedro: al escuchar la noticia, corre al sepulcro, entra y ve los lienzos y el sudario. Inicia entonces un proceso de fe y comprensión de lo que anunciaban las Escrituras: que Jesús debía resucitar de entre los muertos (Jn 20, 9).•El discípulo amado: corre junto con Pedro, llega primero, espera a que Pedro entre y luego también él entra, ve y cree. No necesita más pruebas: su amor le permite creer en el Señor resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? Al escuchar las lecturas del Domingo de Resurrección, después de haber vivido con fe los días santos de la Pasión y Muerte del Señor, la Palabra de Dios y la experiencia de la Iglesia nos llaman a vivir la resurrección de Cristo no como un acontecimiento del pasado, algo externo o ajeno a nosotros.La resurrección es siempre actual y nos invita a enamorarnos de Jesús. María Magdalena lo expresa con sus gestos de amor; Pedro lo confiesa tres veces: “Tú sabes que te quiero” (Jn 21, 15); y el discípulo amado permanece fiel junto a la cruz y, por ese amor, puede creer que Jesús está vivo (Jn 20, 8). Solo quien ama profundamente puede permanecer de pie hasta el final y, luego, creer a pesar de todo.Celebrar la Pascua es aprender a morir con Cristo para también resucitar con Él, como enseña san Pablo en la Carta a los Colosenses. Las celebraciones litúrgicas de Semana Santa pueden haber sido solemnes, bien organizadas y llenas de devoción, pero si no resucitamos con Cristo, si no nos levantamos de nuestros pecados, si no dejamos que Él nos transforme y sane, todo quedará en ritos externos y nuestra fe será vacía. Jesús nos pide dejarnos resucitar por Él, dejarnos levantar y amar, para aspirar a las cosas de arriba.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?“Así pues, si han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 3, 1). Pidamos con fe que la Pascua de Resurrección sea para nosotros una oportunidad de renovar nuestra fe, levantarnos, convertirnos y recibir la fuerza para ser auténticos testigos del Resucitado. Que nuestras familias sean transformadas por la fuerza de Cristo vivo y que nuestras parroquias sean verdaderas casas de encuentro, donde todos se sientan amados y seguros._______________________Recomendaciones prácticas:•Con las Vísperas concluye el Sagrado Triduo Pascual.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misaHermanas y hermanos, nos hemos reunido como familia de Dios para celebrar la Eucaristía en un día grandioso y único, distinto a todos los demás. Hoy celebramos la victoria de la Vida sobre la muerte, de la Luz sobre las tinieblas, de Cristo sobre el pecado. Unidos a toda la Iglesia, dispongámonos con fe y alegría a vivir la resurrección del Señor, “que asciende victorioso del abismo” (Pregón Pascual).Monición a la liturgia de la Palabra La Palabra de Dios nos recuerda que Cristo ha resucitado y que estamos llamados a ser mensajeros de esta Buena Noticia. Dejémonos alimentar por la Palabra para luego dar testimonio de Jesucristo, siendo signos de fe y esperanza.Oración universal o de los fieles Presidente: En este gran día de la resurrección, presentemos al Señor nuestras súplicas diciendo:R/. Oh Señor, escucha y ten piedad.1.Por el Papa León, los obispos, sacerdotes y diáconos, para que sean signo vivo de la resurrección de Cristo en medio de un mundo marcado por la oscuridad y la muerte. Oremos.2.Por los gobernantes de nuestra nación, para que, iluminados por Cristo Resucitado, trabajen por el bien común, la paz, la justicia, la democracia y el progreso de todos. Oremos.3.Por quienes hoy sufren la violencia, el hambre, la soledad o la esclavitud de los vicios, para que encuentren en los cristianos un ejemplo de amor y ayuda concreta. Oremos.4.Por nuestros hermanos difuntos, para que gocen de la vida eterna junto a Cristo resucitado. Oremos.5.Por nosotros, que celebramos la Pascua del Señor, para que nos levantemos de nuestros pecados y seamos verdaderos discípulos suyos. Oremos.Oración conclusivaPadre bueno, escucha nuestras súplicas y también aquellas que guardamos en lo más profundo de nuestro corazón. Llénanos de la alegría de creer y esperar en ti. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Sáb 4 Abr 2026
Allí me verán
EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑORVIGILIA PASCUAL EN LA NOCHE SANTAAbril 04 de 2026Lecturas del Antiguo Testamento:Primera lectura: Gn 1, 1–2, 2 (forma larga) o Gn 1, 1. 26-31a (forma breve)Salmo: Sal 104 (103), 1-2a. 5-6. 10 y 12. 13-14. 24 y 35c. (R. cf. 30) o Sal 33 (32), 4-5. 6-7. 12-13. 20 y 22 (R. cf. 5b)Segunda lectura: Gn 22, 1-18 (forma larga) o Gn 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18 (forma breve)Salmo: Sal 16 (15), 5 y 8. 9-10. 11 (R. 1)Tercera lectura: Ex 14, 15–15, 1aSalmo: Ex 15, 1b-2. 3-4. 5-6. 17-18 (R. 1b)Cuarta lectura: Is 54, 5-14Salmo: Sal 30 (29), 2 y 4. 5-6. 11 y 12a y 13b (R. 2a)Quinta lectura: Is 55, 1-11Salmo: Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Sexta lectura: Ba 3, 9-15. 32–4, 4Salmo: Sal 19 (18), 8. 9. 10. 11 (R. Jn 6, 68c)Séptima lectura: Ez 36, 16-17a. 18-28Salmo: Sal 42 (41), 3. 5cdef; 43 (42), 3. 4 (R. Sal 41, 2)Cuando se celebra el Bautismo:Salmo: Sal 51 (50), 12-13. 14-15. 18-19 (R. 12a) o Is 12, 2-3. 4bcde. 5-6 (R. 3)Lecturas del Nuevo Testamento:Epístola: Rm 6, 3-11Salmo: Sal 118 (117), 1-2. 16-17. 22-23Evangelio: Mt 28, 1-10I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa Vigilia Pascual, en la Noche Santa, propone en la liturgia de la Palabra un recuento de las mayores maravillas obradas por Dios a lo largo de la historia de la salvación, coronadas con el día de gozo en que fue realizada la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo. Así, los momentos y temas cruciales de la Escritura se ponen en relación con el misterio pascual. Respecto de las siete lecturas del Antiguo Testamento, conviene advertir que son «textos representativos que proclaman partes esenciales de la teología del Antiguo Testamento, desde la creación al sacrificio de Abrahán, hasta la lectura más importante [entre aquellas], el Éxodo. Las cuatro lecturas siguientes anuncian los temas cruciales de los profetas» (Directorio Homilético 48). Las dos lecturas del Nuevo Testamento proclaman «el anuncio de la Resurrección junto a la lectura apostólica sobre el bautismo cristiano como sacramento de la Resurrección de Cristo» (OLM 99). De este modo, pueden servir como inspiración para la homilía algunos temas como «la Resurrección de Cristo y nuestra resurrección, la Pascua, el Día del Señor y los Sacramentos de la Iniciación Cristiana» (Directorio Homilético, Apéndice I, Ciclo A).1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?La proclamación de los pasajes más significativos del Antiguo Testamento prepara el anuncio de la resurrección de Cristo de entre los muertos. Inicia con el relato de la Creación en el Génesis, en el que Dios contempla que todo lo que había hecho era muy bueno (Gn 1, 1. 26-31a), acompañado de una doble opción de salmo (Sal 103 o 32). Ambos expresan la admiración del orante hacia la obra del Creador: el primero pide que renueve su creación y el segundo proclama la eficacia creadora de su Palabra, expresión de su misericordia que llena la tierra.Continúa el sacrificio del patriarca Abrahán (Gn 22, 1-18), quien, movido por el temor de Dios, acepta la prueba de ofrecer en holocausto a su hijo único Isaac. El sacrificio no llega a realizarse porque la voluntad divina reconoce su obediencia, y en su lugar es ofrecido un carnero. A esta narración responde el pueblo invocando la protección del Señor, que no abandona a sus fieles a la corrupción de la muerte (Sal 15). Se llega luego al núcleo de las lecturas veterotestamentarias con el relato del Éxodo (Ex 14, 15–15, 1a). Israel, auxiliado por el Dios libertador, atravesó en seco el mar y alcanzó la libertad, dejando atrás la esclavitud egipcia. La respuesta a esta narración es un canto a la gloriosa victoria del Señor, cuyos beneficios se extienden a sus fieles por los siglos (Ex 15, 1b ss.).A continuación, los anuncios proféticos (de la cuarta a la séptima lectura) presentan diversos aspectos de la obra de Dios:•La cuarta lectura (Is 54, 5-14) revela su amor eterno hacia Israel, transformando su destino y cambiando el luto en danza. La comunidad responde ensalzando su santidad (Sal 29).•La quinta lectura (Is 55, 1-11) manifiesta el plan reconciliador del Señor: una alianza perpetua en la que su Palabra, como la lluvia y la nieve que fecundan la tierra, cumple el deseo de dar vida a sus fieles.•La sexta lectura (Ba 3, 9-15. 32–4, 4) exhorta al pueblo a no dejarse arrastrar por las costumbres paganas. Como elegidos de Dios, deben guardar sus mandamientos y caminar en la luz de su ley. La comunidad responde proclamando que el Señor tiene palabras de vida eterna (Sal 18).•La séptima lectura (Ez 36, 16-17a. 18-28) anuncia un bautismo con agua pura que transformará los corazones de piedra en corazones nuevos, animados por su Espíritu. La asamblea canta su sed de purificación (Sal 41; Is 12; Sal 50).Corona la liturgia de la Palabra el anuncio de la Resurrección, anticipado por la lectura del Apóstol y el salmo de acción de gracias. La epístola (Rm 6, 3-11) proclama a Cristo, vencedor de la muerte, quien “una vez resucitado de entre los muertos ya no muere más”. El Salmo 117 lo presenta como la piedra descartada que ahora es piedra angular. Finalmente, la asamblea recibe el anuncio del evangelista (Mt 28, 1-10): “Jesús el crucificado. No está aquí: ¡Ha resucitado!, como había dicho”.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La Iglesia misma nos orienta a comprender el sentido de estas lecturas. Si bien se fundamentan en la literalidad, se amplían en los matices espirituales que de ellas se desprenden (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 116-117). Una forma óptima de interpretarlas es a través de las “Oraciones para después de las lecturas” de la Vigilia Pascual, pues “un riquísimo recurso para comprender el vínculo entre los temas del Antiguo Testamento y su cumplimiento en el misterio pascual de Cristo lo ofrecen las oraciones que siguen a cada lectura” (Directorio Homilético 50). De esta forma:•La Pascua es una obra aún más admirable que la creación del mundo.•La descendencia prometida a Abrahán se cumple en los hijos adoptivos de Dios, ganados por la Pascua de Cristo.•La maravilla del Éxodo se prolonga en todas las naciones mediante el paso por las aguas del bautismo.•La promesa de Dios de no destruir más la tierra con las aguas de Noé se amplía en la nueva descendencia de la promesa, regenerada por el bautismo.•La salvación es gratuita y la respuesta a Dios nace de su auxilio, no de las fuerzas humanas.•El Dios de la Primera Alianza, que no abandonó a su pueblo, protege al pueblo de la Alianza perpetua, purificado en la fuente bautismal.•La promesa de un lavacro con agua pura se cumple en Jesucristo, quien renueva lo viejo y restaura su integridad.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La Iglesia, iluminada por la abundancia de la Palabra en esta Noche Santa, desea que participemos del triunfo de Cristo sobre la muerte. La escucha atenta de la Palabra y la comunión con el mensaje fundamental de nuestra fe en la resurrección de Jesucristo están vinculadas a nuestro propio paso de la muerte a la vida. En una sociedad marcada por tantos signos de muerte que oscurecen la esperanza, es vital abrir los ojos al resplandor de Cristo muerto y resucitado, cuya luz disipa las tinieblas que nos rodean.Este momento de contemplación y oración tiene como objetivo vivir la vigilia con espíritu de súplica atenta y perseverante: «En esta santísima noche, en la que nuestro Señor Jesucristo pasó de la muerte a la vida, la Iglesia invita a sus hijos, dispersos por toda la faz de la tierra, a reunirse para vigilar y orar» (Monición inicial de la Vigilia Pascual)._______________________Recomendaciones prácticas:•Se rezan las Completas del domingo (después de las II Vísperas).•Quienes participan en la Vigilia Pascual no rezan las Completas.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Exultantes de gozo, llegamos al culmen del “Triduo del crucificado, sepultado y resucitado” en cuya celebración “se hace presente y se realiza el misterio de la Pascua, es decir el tránsito del Señor de este mundo al Padre”. Participaremos de la abundancia de bienes que brotan de esta liturgia: la visión de la Luz, la escucha de la Palabra, la gracia del Bautismo y el alimento de la Eucaristía. (Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales).Monición introductoria presidencial La monición que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 194. Monición a la liturgia de la PalabraLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 311.Monición a la liturgia bautismalLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR pp. 316 (según haya o no bautizados en la celebración).Monición a la renovación de los compromisos bautismalesLa monición, que corresponde al presidente, se encuentra en el MR, p. 321. Oración universal o de los fielesPresidente: En la alegría de esta Noche Santa, presentemos nuestras plegarias al Padre por medio de su Hijo, que ha vencido a la muerte, y digamos: R/. Jesús Resucitado, ruega por nosotros.1.Por la Iglesia y por todos los cristianos, para que demos siempre testimonio de la vida nueva de Jesús resucitado y caminemos sin miedo al anunciarlo a todas las gentes. Oremos.2.Por los que recibieron el bautismo en esta noche de Pascua, para que el Señor los bendiga y aumente en ellos la fe, la esperanza y el amor. Oremos.3.Por todas las naciones de la tierra, para que la paz y el bienestar lleguen a todos como don de Dios. Oremos.4.Por las personas de buena voluntad que sirven a los demás, para que el Espíritu Santo sea su fuerza y guía. Oremos.5.Por nosotros, reunidos en torno a la mesa del Señor, para que permanezcamos siempre unidos a Él y colmados de su amor. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre bondadoso, las plegarias que te presentamos con fe en esta celebración de la resurrección de tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.R/. Amén.