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La Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida cristiana
Tags: predicación orante Iglesia evangelio lecturas dominicales
DECIMOCTAVO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
Agosto 02 de 2020
Primera lectura: Is 55,1-3
Salmo: 145(144),8-9.15-16.17-18 (R. cf. 16)
Segunda lectura: Rm 8,35.37-39
Evangelio: Mt 14,13-21
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
Este domingo es una gran oportunidad para fortalecer en nuestros fieles los fundamentos de la vida cristiana. En primer lugar, el amor de Dios a los hombres es el fundamento indescriptible de la vida y de la esperanza en los creyentes; luego, la Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida cristiana y, finalmente, la multiplicación de los panes y peces es signo del banquete mesiánico en tiempos de la nueva alianza.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
La Sagrada Escritura presenta el relato de la multiplicación de los panes y los peces como realización del banquete mesiánico de la nueva alianza. Orándolo y comprendiéndolo bien, ayuda a interiorizar el profundo significado de la Eucaristía para la vida de los bautizados en este momento histórico.
El libro de Isaías describe el banquete mesiánico con estas palabras “¡Sedientos todos vayan por agua; los que no tienen dinero, vengan, compren y coman de balde, vino y leche sin pagar! El agua, símbolo de la vida, era en el Antiguo testamento característica de los tiempos mesiánicos; en el Nuevo Testamento se convierte en símbolo del Espíritu, como lo afirma el Apocalipsis: “Ya no tendrán hambre ni sed; ya no les molestará el sol ni bochorno alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las aguas de la vida” (Ap 7,17). Estas imágenes simbolizan la felicidad escatológica de la que habla el profeta Oseas: “Alejaré de esta tierra el arco, la espada y la guerra y los haré reposar en seguro; el cielo dará oportunamente la lluvia y la tierra sus productos en abundancia”; la restauración mesiánica se realizará en justicia y santidad. (Cfr. Os 2,20-23).
La Iglesia camina en la historia aferrada a una Palabra: “Voy a hacer nuevas todas las cosas; al que tenga sed, yo le daré a beber gratis, agua del manantial” (Ap 21,5-6). Se trata del “Agua viva”, que promete Jesús a la mujer Samaritana, si llega a creer en Él (Cfr. Jn 4,14). Es el agua que brota del manantial de la vida: del costado de Cristo en la cruz y que se nos da en el bautismo. Es el anuncio de la felicidad que el ser humano está buscando y que sólo puede encontrar en el amor de Dios.
Este anhelo de felicidad viene purificado por el profeta cuando afirma ¿Por qué gastan dinero en lo que no alimenta? ¿Y el salario en lo que no da hartura? Cuestiona el derroche y la banalidad en la que el ser humano se mueve buscando satisfacer sus placeres y no sus necesidades básicas. Si se escuchara la voz del Señor los hombres podrían comer manjares sustanciosos, pues “el Señor es bueno con todos, cariñoso con todas sus creaturas”, él abre la mano y sacia de favores a todo ser viviente (Cfr. Sal 144).
Esta abundancia ha sido real y se ha manifestado en la multiplicación de los panes y peces. El contexto de este pasaje nos presenta a Jesús quien, después de enterarse de la muerte de Juan el Bautista, siente que su hora se aproxima y decide formar más a sus discípulos por lo que los lleva a un lugar solitario. Pero la gente se da cuenta y lo busca hasta encontrarlo.
Nótese en el texto de la multiplicación de los panes y los peces la palabra especifica de Jesús “sintió compasión” de todos. Desde las entrañas mismas de Jesús viene su misericordia, en efecto, sana los enfermos y da de comer a los miles que estaban pendientes de sus labios. La compasión de Jesús va más allá de lo que comúnmente conocemos como pesar o conmiseración. La compasión que Jesús nos enseña es profunda, entrañable y emocionalmente muy inteligente; se trata de una compasión que integra la Divina Misericordia concretizada en paciencia, perdón, amor y acción divina para sacarnos del sufrimiento a pesar de nuestro insistente pecado: identidad de sentimiento y acción sanadora. La Palabra nos llama a comprender y a poner en práctica esta compasión cristiana que se hace acogida en cuanto nos identificamos con el otro.
¡Denles ustedes de comer! Los discípulos no logran comprender que ellos pueden dar de comer a la multitud si, lo poco que tengan en sus manos, lo colocan en las manos de Jesús. Jesús manda a la gente a que se recueste en la hierba. Nos hace pensar inmediatamente en la salida del pueblo de Israel de Egipto: “Comerán con la cintura ceñida, los pies calzados y el bastón en la mano; comerán de prisa, Todos, de prisa” (Ex 12,11). Ahora Jesús, el nuevo Cordero, hace que todos se sienten en la hierba, como quien está a la mesa y es atendido. El significado es que Jesús es la liberación, ya no salimos de prisa, ya podemos comer el pan bajado del cielo, el que da la vida: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tendrá la vida eterna” (Jn 6,54).
Luego de la bendición Jesús partió los panes y se los dio a los discípulos y ellos se los dieron a la gente. Jesús entrega a sus discípulos el Pan partido de la Palabra para que ellos, con la predicación y con la manera de vivir, lo entreguen a los demás. Un predicador de la palabra no puede entregarla si primero no la recibe de Jesús. Muchos sacerdotes, también laicos, sólo entregan el pan de la palabra después de haberla orado y meditado largo tiempo, es decir, primero han preguntado a Dios qué necesita esta asamblea que le va a escuchar. El Espíritu Santo hace su obra.
Todos quedan satisfechos y sobran 12 cestos llenos de sobras. El anuncio de Jesucristo hace que los corazones sean misericordiosos; hay abundancia cuando compartimos lo poco o lo único que tenemos. Más aún, tiene más fecundidad cuando desde la precariedad compartimos con los demás. Se requiere que aquello que tengamos lo pongamos en las manos de Jesús.
“Tomen y coman todos de Él, esto es mi cuerpo; tomen y beban todos de Él, esta es mi sangre” (Cfr. Mt 26, 26-30). La multiplicación de los panes y los peces nos habla de la Eucaristía y nos anuncia el banquete mesiánico, como lo dice el Apocalipsis: “Pondrá su morada entre ellos. Ellos serán su pueblo y Él, Dios-con-ellos, será su Dios. Enjugará las lágrimas de sus ojos, y no habrá ya muerte ni llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo habrá pasado” (Ap 21,3-4).
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?
La Eucaristía es prefigura del banquete mesiánico y la multiplicación de los panes es anticipación de la Eucaristía; en ella vemos ya cumplido el signo del Amor desbordado de Dios Padre por nosotros, pues, con su Emanuel, Dios-con-nosotros, el Pan bajado del cielo, cuida de cada uno de sus hijos y los abastece en abundancia, con la condición de que seamos capaces de escuchar su voz, como lo afirma el profeta Isaías: “Escúchenme y vivirán, estén atentos y comerán bien, saborearán platos sustanciosos” (Is 55, 2).
El vino y la leche son el signo de la fertilidad de la tierra prometida, pues, según Isaías: “Preparará el Señor para todos los pueblos en este monte un convite de manjares enjundiosos, un convite de vinos generosos” (Is 25,6). El profeta se refiere a la vida nueva en la perfecta Jerusalén, cuando Dios y el hombre habrán conseguido el nivel más alto de la intimidad. Dios es el Padre tierno que da la provisión a sus hijos, como dice el salmista: “Abres tú la mano y sacias de favores a todo viviente” (Sal 144).
La multiplicación de los panes sigue la narración de la cena pascual: en efecto, levanta los ojos, da gracias y reparte. En realidad, es el pan partido para la vida del mundo. Jesús siente compasión por todo el hombre: cuerpo y alma. A las almas les da la Palabra y al cuerpo la curación y el alimento.
Podríamos preguntarnos: Según datos de la FAO al año 2019, 821 millones de personas en el mundo padecen hambre. ¿Si Dios es un Padre Providente, por qué entonces no hace hoy la multiplicación de los panes para satisfacer a todos los hombres?
En la narración de la multiplicación de los panes se puede ver un detalle importante para dar respuesta a este interrogante; en el milagro Jesús no hizo aparecer “mágicamente” la cantidad de panes y peces. Preguntó qué tenían, invitó a compartir lo poco que tenían: cinco panes y dos peces. Lo poco que cada uno de nosotros pueda tener, al colocarlo en manos de Jesús, y compartirlo, ¡cuánto bien podría producir para los demás! Es un milagro verdadero, salir de nosotros mismos para sentir el sufrimiento de los demás hermanos.
Nuestra sociedad es individualista; marcada por la soberbia y la búsqueda de sí. La idolatría del dinero hace que el 45% de las frutas y vegetales que se cosechan en el mundo se desperdicien, pues se denominan “excedentes” con el fin de que no bajen los precios. La cantidad equivale a algo así como 3.700 millones de manzanas. También se desperdicia el 30% de los cereales, equivalente a 763.000 millones de cajas de pasta. Y de los 263 millones de toneladas de carne que se producen mundialmente cada año, se pierde el 20%, equivalente a 75 millones de vacas. En total, según cifras del Fondo de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) [1] se pierden 1.300 millones de toneladas de comida producida para el consumo humano, un tercio del total (Cfr. informe FAO 2019) …Semejante realidad estrictamente en procura de precios al alza, negocio y “prosperidad”.
Estas cifras son alarmantes y producen mucho dolor. En realidad, el mundo produce alimentos para todos en abundancia, lo que hace manifiesto el amor de Dios por sus hijos, como dice el salmista: “Abres tú la mano y sacias de bienes a tus hijos” (Sal 144). Si lo propusiéramos sólo en el ámbito de la familia, si cada uno compartiera lo que ganase en su trabajo y de allí se realizaran todos los gastos de la familia, con seguridad quedaría dinero para hacer el bien a otros. Esta es la propuesta del Evangelio, donde el amor al otro es lo que distingue a un discípulo de Jesús. Sería un signo real que produciría la “Economía de comunión” y haría que los demás, al verlo concreto en la manera de vivir de los creyentes, exclamasen: “Miren cómo se aman”. Sólo que, por la ausencia del conocimiento de Jesús, cada uno batalla en su historia con sus propias fuerzas y “gasta su dinero en lo que no alimenta y el salario en lo que no da hartura” (Is 55,2).
La Iglesia tiene la propuesta para el mundo de hoy; en efecto, habla y promueve la vida en comunidad, la cual tiene como principio fundamental poner todos los bienes en común para que ninguno pase necesidad (Cfr. Hch 2,42). La Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida cristiana; ser idóneo para celebrarla, porque considero al otro como don de Dios para la propia existencia, es estar dispuesto a compartir lo que soy y lo que tengo para que el otro tenga la vida (Cfr. ChFL 26).
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
Es la oportunidad de pedir al Señor la conversión y el don de la e. La fe es dada por Dios como germen, en el bautismo, y está destinada a crecer. Debemos pedir que nuestra fe madure y eso se logra por medio de la escucha de la Palabra, la vida en comunidad y la celebración de la Eucaristía.
• Recibimos la escucha de la Palabra en la ceremonia del Bautismo, cuando el sacerdote toca la los oídos y la boca del niño, diciendo: “El Señor que ha hecho oír a los sordos y hablar a los mudos, te conceda a su tiempo, escuchar su palabra y profesar su Fe para alabanza y gloria de Dios Padre” (Effetá). No es solamente oír e interpretar una información, es abrir nuestro ser a la internalización de la Palabra en el corazón, en el intelecto, en la voluntad y vivirla en nuestros actos, es alimentarse con ella (comer el Pan).
• La vida en comunidad inicia en la familia, es nuestra primera experiencia de comunidad católica y nuestra primer “aula de Fe” que continua en la Parroquia (definida por San Juan Pablo II como Comunidad Eucarística), desde donde se irradian las experiencias comunitarias (laicado consagrado, misiones, comunidades de evangelización…). Toda una línea de pertenencia católica que se siembra desde el bautismo y crece con la persona en todas sus épocas: edad escolar, noviazgo, matrimonio, vida de hogar, vida laboral, vida social…escuchando y haciendo vida la Palabra y dándola a conocer (multiplicar el Pan).
• La Eucaristía, caracterizada por el Papa San Pío X, en 1905, como “la fuente primaria e indispensable del espíritu cristiano”, impone para su celebración que cada uno debe llegar a sentir el dolor del hermano y el deseo sincero de compartir su existencia como un pan que se despedaza para que el otro tenga la vida. La Eucaristía puede comprenderse como la prefiguración del banquete mesiánico, en el cual se podrán enjugar las lágrimas de quien está sufriendo (Cfr. Ap 21,4). De ahí la importancia de que los católicos estemos invitados, desde la más tierna edad, al sagrado convite, con mucha frecuencia -incluso a diario-, para que podamos renovarnos con sus frutos (comer, multiplicar y compartir el Pan).
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Como hermanos nos encontramos para comer juntos el Pan bajado del cielo: Jesucristo el Señor. Él nos ha dicho: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna”. El Evangelio de la multiplicación de los panes, nos presenta ya la prefiguración del banquete al cual hemos sido convocados hoy. Participemos con inmensa alegría.
Monición a la Liturgia de la Palabra
Las lecturas de hoy nos anuncian la celebración del banquete mesiánico, en el que Dios Padre realizará la plenitud y la máxima felicidad por la comunión de los hijos: “Enjugará las lágrimas de los ojos y no habrá ya muerte ni llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo habrá pasado. (Ap 21,4) Escuchemos con atención la Palabra de Dios.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Dirijamos con absoluta confianza nuestras plegarias al Padre con la certeza de que seremos escuchados. Digamos juntos:
R. Escucha Padre nuestra oración
1. Por el Papa Francisco, para que su testimonio de amor hacia los más pobres anime y fortalezca a la Iglesia en la vivencia plena de la Eucaristía. Oremos
2. Por nuestros gobernantes, para que, iluminados por la Palabra, consideren la propuesta de la Economía de comunión, como solución a los problemas suscitados por el individualismo de nuestra sociedad.
3. Por todos los que sufren hambre, discriminación, descarte y viven marginados y excluidos, para que, la Iglesia con la potencia del Evangelio, pueda dar nuevos criterios frente a los modelos económicos ineficaces y desgastados.
4. Por toda la comunidad parroquial, para que, por la escucha de esta Palabra, pueda llegar a ser una verdadera “comunidad eucarística”, donde el otro sea considerado un don de Dios para la propia existencia.
En un momento de silencio presentemos al Padre nuestras intenciones personales
Oración conclusiva
Acoge Padre misericordioso
las plegarias que te presentamos
con fe y esperanza.
Por Jesucristo Nuestro Señor.
R. Amén
[1] https://news.un.org/es/story/2018/10/1443382
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VIGÉSIMOQUINTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO20 septiembre 2026Primera lectura: Is 55,6-9 Salmo: Sal 145(144),2-3.8-9.17-18 (R. 18a) Segunda lectura: Flp 1,20c-24. 27a Evangelio: Mt 20,1-16.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNLa Palabra de Dios en este día, en sus tres lecturas y el salmo, mantiene una profunda coherencia. Veamos:En el Evangelio, el capítulo 20 de Mateo nos presenta una parábola en la que Jesús describe al propietario de una viña que busca obreros para trabajar. Sale en distintas horas del día y llama repetidamente hasta la última hora. Al final, ordena pagar a todos lo acordado, lo que provoca la inconformidad de los primeros, que no comprenden la lógica del dueño.La primera lectura, tomada de Isaías 55, ofrece una clave interpretativa al Evangelio: “Mis planes no son sus planes, sus caminos no son mis caminos». Dios piensa y actúa de manera distinta al hombre; sus criterios superan los nuestros. Esto nos invita a mirar con los ojos de Jesús y asumir su lógica.La segunda lectura, de la carta a los Filipenses, nos muestra a Pablo identificado plenamente con Cristo: “Para mí la vida es Cristo y una ganancia el morir”. Su vida y pensamiento reflejan la cercanía con el Señor.Por eso, hagamos nuestra la súplica del salmo: “Cerca está el Señor de los que lo invocan”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura? El propietario de la viña sale a diferentes horas del día y llama repetidamente obreros hasta el atardecer. Al final da orden al administrador de pagar a todos los que han trabajado según lo acordado previamente. Hasta allí no notamos ninguna injusticia pues lo pactado se ha respetado.Pero sí se rompen ciertos esquemas porque el pago es en orden inverso. Primero se les paga a los últimos llamados, quienes reciben un denario, como se había acordado. Por esto, nos damos cuenta de que el costo del trabajo diario de un obrero era de un denario, una unidad de medida útil para hacer cálculos económicos en la época de Jesús. Los que han trabajado todo el día, al final reciben el mismo denario acordado. El elemento traumático se produce al final, porque los primeros que fueron llamados y trabajaron todo el día se quejan y murmuran. Quienes protestan han recibido lo que habían acordado, entonces ¿por qué se quejan? Lo hacen porque empiezan a “compararse” con los otros y esto les hace estallar en la ira. Si solo ellos hubieran trabajado todo el día y recibido la paga acordada, la convenida, la justa, habrían estado contentos. En cambio, están ofendidos porque el señor paga a los últimos llamados igual que a ellos. Son en cierto modo envidiosos. Es precisamente la comparación con la bondad de Dios lo que hace estallar la ira de los primeros. A ellos el dueño se dirige diciendo: "No te hago injusticia”. Les invita a reconocer que el problema lo tienen ellos por compararse y caer en la envidia.La parábola destaca, entonces, la reacción de los trabajadores que se sienten injustamente tratados cuando ven que los que trabajaron menos tiempo reciben la misma paga que ellos. También subraya la idea de que la comparación y posterior envidia pueden generar ira y resentimiento, y que la bondad de Dios puede ser un desafío para aquellos que se sienten justos y merecedores. Por eso es necesario entrar en la lógica de Dios2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La parábola quiere explicar el actuar de Dios. El dueño representa a Dios, que llama a todos y llama siempre, nos sigue llamando a cada uno, a cualquier hora, para invitarnos a trabajar en su Reino. Este es el estilo de Dios, que Mateo quiere transmitir. Dios no está encerrado en su mundo, sino que sale continuamente a la búsqueda de las personas, porque quiere que nadie quede excluido de su plan de amor. Y esto antes que ser motivo de protesta debe ser causa de alegría. No podemos caer en la tentación de algunos grupos cristianos que, también hoy, se creen mejores que otros, que se consideran con mayores privilegios delante de Dios que otros, o que cierran las puertas de la participación a otros. Todos son invitados y muchos acogen la Buena Noticia de Jesús y reciben la misma salvación.Teniendo en cuenta que Mateo escribe para judíos convertidos al cristianismo, busca resaltar que, aunque el pueblo judío fue llamado en primer lugar para recibir la revelación de Dios, otros pueblos también conocerán la Buena Noticia y participarán de la salvación ofrecida por Él.El Papa Francisco reflexionando sobre esta parábola nos compartía: “Dios quiere dar el máximo de la recompensa a todos, incluso a quienes llegaron de últimos. Y aquí se comprende que Jesús no está hablando del trabajo y del salario justo, sino del Reino de Dios y de la bondad del Padre celestial”.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo? Señor, que al escuchar esta parábola no me ponga en el lugar equivocado. Ayúdame a comprender que soy yo el obrero de la última hora, que quizá sigo recibiendo tu llamada y tu misericordia sin merecerla. Hay tantos santos en la Iglesia que te han respondido con generosidad y heroísmo, que te han seguido y hasta han dado su vida por el Evangelio; sin embargo, el premio que tú me ofreces es el mismo de ellos. Que no me considere justo ni mire a los otros como pecadores. Ayúdame a ponerme, Señor, en la perspectiva correcta: saber que cada día “soy” gracias a tu misericordia de última hora. Y que me alegre y te agradezca por cada hermano o hermana que vuelve a ti, a cualquier hora del día. Amén.II. MONICIÓN INTRODUCTORIA DE LA MISA Y ORACION DE LOS FIELES Introductoria de la Misa Hermanos y hermanas, en este Vigésimoquinto Domingo del Tiempo Ordinario, la Palabra de Dios nos invita a contemplar la lógica sorprendente del amor divino. El Evangelio nos presenta la parábola del dueño de la viña, que llama a todos a trabajar sin importar la hora, recordándonos que la misericordia de Dios no se mide con criterios humanos. Isaías nos dice: “Sus caminos no son mis caminos”, y san Pablo proclama: “Para mí la vida es Cristo”. Hoy celebramos que el Señor nos busca siempre y nos ofrece la misma salvación a todos. Dispongamos el corazón para agradecer su bondad y renovar nuestro compromiso con el Reino. Participemos con alegría en esta Eucaristía.A la liturgia de la Palabra: La paciencia de Dios no es debilidad, sino misericordia que ofrece tiempo para la conversión, como anuncia Isaías. San Pablo, desde la prisión, contempla con fe tanto la muerte, que lo uniría a Cristo, como la posible liberación para continuar su misión, seguro de que todo es para Él. Jesús, en la parábola del Evangelio, corrige la idea humana de justicia y muestra que el Reino es una viña donde todos trabajan, pero el salario es siempre un don gratuito. Por eso, nadie puede exigirlo ni compararse, sino recibirlo con gratitud y alegrarse del bien concedido a otros. Escuchemos la Palabra de Dios con atención.Oración universal o de los fieles Presidente: Oremos, hermanos y hermanas a Dios Padre que está cerca de cuantos lo invocan, y es misericordioso para con todos. Y supliquemos confiadamente diciendo: R/. Escucha, Señor, la oración de tu pueblo.Para que la palabra de Dios ilumine a la santa Iglesia y en todas las horas, en la mañana y en la tarde, haya quien trabaje en la viña del Señor. Oremos.Para que los responsables de la economía mundial no se cierren a las necesidades de las personas, sino que defiendan los derechos de los más pobres. Oremos.Para que los desempleados encuentren empleo, los obreros estabilidad y los trabajadores del campo cosechas abundantes. Oremos.Para que nuestros campos, pueblos y ciudades sean lugares de convivencia y amistad, donde se invoque al Señor y haya paz. Oremos.Para que los miembros de nuestra asamblea dominical sientan el gusto de trabajar al servicio del evangelio y llenen el corazón con sus valores. Oremos.Oración conclusivaSeñor Dios nuestro, cuyos pensamientos y caminos están muy por encima de los nuestros, haz que la palabra de Jesús nos motive para trabajar en su viña. Por Jesucristo, nuestro Señor.R. Amén.
Vie 11 Sep 2026
¿No debías tú también tener compasión?
VIGÉSIMOCUARTO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO13 Septiembre 2026Primera lectura: Sir 27,30 - 28,7Salmo: Sal 103(102),1-2.3-4.9-10.11-12 (R. 8a)Segunda lectura: Rm 14,7-9Evangelio: Mt 18,21-35.I.Orientaciones para la Predicación1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro del Sirácida advierte con claridad: el rencor y la ira no conducen a la vida. Quien alimenta el resentimiento se encierra en una lógica de muerte. Por eso invita a recordar los mandamientos y a pensar en el final de la vida, donde cada uno necesitará la misericordia de Dios. El perdón no es una opción secundaria, sino una condición para recibir el perdón divino.El salmo proclama precisamente esa misericordia: el Señor es compasivo y clemente, lento a la ira y rico en amor. No nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas; aleja de nosotros nuestras faltas como el oriente está lejos del occidente. La experiencia del creyente es la de haber sido profundamente perdonado.San Pablo recuerda que nuestra vida no nos pertenece: vivimos y morimos para el Señor. Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos. Esta pertenencia cambia nuestra manera de relacionarnos: si somos del Señor, no podemos vivir dominados por el juicio y la dureza hacia los demás.En el Evangelio, Pedro pregunta cuántas veces debe perdonar, y Jesús rompe toda medida humana: “setenta veces siete”. La parábola del siervo despiadado revela la incoherencia de quien, habiendo sido perdonado de una deuda inmensa, no es capaz de perdonar una pequeña. El mensaje es claro: la paz y la comunión nacen de la conciencia agradecida de haber sido perdonados.En conjunto, los textos muestran que el perdón es el camino indispensable hacia la paz. Solo quien ha acogido la misericordia de Dios puede ofrecerla a los demás y construir relaciones nuevas.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?La divina palabra nos invita a abandonar el odio vengativo y la venganza odiosa (primera lectura), pues todos somos del Señor (segunda lectura), ya que de su cuerpo místico somos miembros, de manera tal que el mejor don que podemos otorgarnos unos a otros es el perdón generoso (evangelio).¿Qué dice el texto? El paso del evangelio hace parte del llamado discurso eclesiástico (Mt 18), conclusión de la sección de Mateo que presenta a la Iglesia como inicio y germen del reino (Mt 13,53-18,35). El evangelio que escuchamos es el final de esta importante sección, el cual puede dividirse en dos partes: la pregunta de Pedro y la respuesta de Jesús (Mt 18,21-22) y la parábola del siervo inmisericorde (Mt 18,23-34), coronadas ambas secciones por la conclusión que se halla en el versículo 35: “esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano”.¿Qué nos dice el texto del evangelio? El perdón de Dios es el motivo y la medida del perdón fraterno. Perdonamos «porque» hemos sido perdonados; perdonamos «como» hemos sido perdonados; perdonamos «para» ser perdonados.A quien se equivoca, sin ofenderme, le debo la corrección fraterna; a quien, equivocándose, me ofende, le debo la gracia del perdón fraterno. En efecto, el perdón es una de las más bellas expresiones del amor humano y cristiano.Quien no es capaz de perdonar, difícilmente es capaz de amar, pues condicionar el amor a una ofensa recibida significa no haber comprendido el significado del amor mismo. Sólo aquel que es bastante grande para perdonar, sabe amar. Amamos cuando perdonamos y perdonamos cuando amamos; amamos cuanto perdonamos y perdonamos cuanto amamos.Al tiempo de Jesús, un Israelita debía perdonar tres veces a su ofensor: después de esto se acudía a la vía legal. Pedro ha entendido que Jesús propone un perdón más amplio y por ello cree ser muy generoso cuando propone perdonar siete veces. La respuesta de Jesús le revela cuánto sea todavía mezquino en la concesión del perdón.«Hasta setenta veces siete», es decir, un perdón total, integral, pleno, perfecto. Si el descendiente del fratricida Caín proponía una venganza sin límites, exigiendo ser vengado setenta y siete veces (Gn 4,24), Jesús, que da la vida por amor a sus hermanos, propone perdonar setenta veces siete. La venganza lleva a la muerte; el perdón lleva a la vida.El perdón es el triunfo constante del amor, es la imitación continua del Señor. La bondad de un corazón no se mide tanto por el amor que muestra hacia sus amigos, cuanto por la misericordia que demuestra hacia sus enemigos. Perdonar es el valor de los valientes. Nada más liberador que el perdón; nada más sanador que el perdón; nada más enriquecedor que el perdón.El Señor ilustra su mensaje con una parábola en tres escenas. En la primera el rey encuentra a un siervo que le debía diez mil talentos. Éste suplica y el rey, con entrañas maternas, le perdona toda su deuda. Para hacerse a una idea, se cree que en la época de Cristo un talento equivalía a 58,9 kilos, de modo que la deuda de aquel siervo era de unas 589 toneladas de oro. Para transportarlas serían necesarios 589 furgones con capacidad de carga de una tonelada cada uno, los que formarían una fila de unos cinco kilómetros. Sencillamente era una deuda impagable.La segunda escena es escalofriante por la dureza del siervo perdonado. Encuentra a otro que le debe cien denarios, una deuda pequeña, que se podría pagar con un poco más de tres meses de trabajo. Su corazón de monstruo se mostró duro y sin piedad para con quien le suplicaba. Lo agarraba del cuello y lo asfixiaba en el cuerpo, como lo estaba asfixiando en el alma.En la tercera escena, los compañeros escandalizados ante tanta impiedad, informan al rey sobre lo sucedido. Éste llama al siervo impío y lo define con uno de los calificativos más duros que se encuentran en el evangelio: «siervo malvado». Le hace la pregunta que Dios te hace a ti y a mí: «¿No debías tú tener compasión de tu consiervo, como yo tuve compasión de ti?»La moraleja se resume en una severa advertencia, que en práctica clausura la propuesta de Cristo sobre el reino: «así hará mi padre del cielo con vosotros, si cada uno no perdona de corazón a su hermano». Los hijos del mismo Padre hermanos son y porque hermanos han de perdonar y ser perdonados de corazón. Porque el amor es personal, también el perdón es personal: «cada uno» ha de perdonar, «cada uno» ha de ser perdonado. Cada uno, pues, así como nadie te puede sustituir en el arte de amar, nadie te puede sustituir en el arte de perdonar.El apóstol nos ha recordado que «tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor», pertenencia que el Señor pagó a precio de su vida donada (Rom 14,7-9: segunda lectura). Los que pertenecen al Señor viven un estilo de vida diverso, con actitudes nuevas y relaciones nuevas. Una de estas actitudes es la disponibilidad al perdón siempre, pues como enseña el sabio en el libro del Eclesiástico (27,33˗28,9: primera lectura): «el rencor y la ira son cosas detestables» y «del vengativo se vengará el Señor». Quien venga, no tiene nada que ganar; quien perdona, no tiene nada que perder. El amor da testimonio “de las fuerza de las relaciones fundadas en la Trinidad” (DFSS, 34).María santísima, de corazón misericordioso, nos ayude a vivir y convivir en la práctica del perdón, de modo que el perdón que otorgamos sea reflejo y continuación del perdón que recibimos. Perdonadores porque perdonados.«¿Quieres ser feliz por un instante? ¡Véngate! ¿Quieres ser feliz por siempre? ¡Perdona!» (Tertuliano).3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesucristo, que eres llamado Príncipe de la Paz,que eres Tú mismo nuestra paz y reconciliación,que tan a menudo dijiste: "La Paz contigo, la paz les doy."Haz que todos hombres y mujeres den testimoniode la verdad, de la justicia y del amor fraternal.Destierra de nuestros corazones cualquier cosaque podría poner en peligro la paz.Ilumina a nuestros gobernantespara que ellos pueden garantizary puedan defender el gran regalo de la paz.Que todas las personas de la tierrase sientan hermanos y hermanas.Que el anhelo por la paz se haga presentey perdure por encima de cualquier situación.(San Juan XXIII)_______________________Recomendaciones prácticas:•Concluye la semana por la paz.II.Moniciones y Oración Universal o de los Fieles Monición introductoriaHermanos, al concluir la Semana por la Paz, la Palabra de Dios nos conduce al corazón mismo de toda reconciliación: el perdón. El libro del Sirácida nos exhorta a dejar la ira y el rencor; el salmo proclama que el Señor es compasivo y misericordioso; san Pablo nos recuerda que pertenecemos al Señor en la vida y en la muerte; y Jesús nos enseña que el perdón no tiene medida.No puede haber paz verdadera sin corazones reconciliados. La paz comienza cuando renunciamos al resentimiento y acogemos la misericordia que Dios ha tenido con nosotros.Dispongamos el alma para celebrar esta Eucaristía como escuela de perdón y fuente de paz.Monición a la liturgia de la PalabraLa Palabra inspirada y proclamada nos invita a donar el perdón recibido, con generosidad, totalidad e integridad, para poder testimoniar la belleza de la comunión.Oración de fielesPresidente: Al Padre misericordioso, que perdona nuestras culpas y nos llama a perdonar, elevemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, haznos instrumentos de tu perdón.1.Por la Iglesia, para que sea signo creíble de reconciliación y testimonio vivo de la misericordia de Dios en medio del mundo.2.Por nuestra nación, para que los procesos de diálogo y reconciliación estén sostenidos por la verdad, la justicia y la voluntad sincera de perdonar.3.Por las víctimas de la violencia y por quienes han causado daño, para que encuentren caminos de sanación, conversión y restauración.4.Por las familias y comunidades heridas por divisiones antiguas, para que la gracia del Señor les conceda dar el paso del perdón sincero.5.Por nosotros, para que recordando cuánto hemos sido perdonados, aprendamos a perdonar sin límites y construyamos la paz desde el corazón.Oración conclusivaEscucha, Padre misericordioso, la oración de tu pueblo deseoso de testimoniar el perdón, por Cristo tu Hijo, quien, Contigo y el Espíritu, vive y reina por los siglos de los siglos.R. Amén.
Vie 24 Jul 2026
“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido”
DECIMOSÉPTIMO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO26 Julio 2026Primera lectura:1R 3,5.7-12Salmo: Sal 119(118),57 y 72. 76-77.127-128.129-130 (R. 97a)Segunda lectura: Rm 8,28-30Evangelio: Mt 13,44-52Orientaciones para la PredicaciónIntroducciónOptar por la docilidad en la elección del bien es el camino que conduce a la verdad y a la vida en persona, a Jesús, a Dios, y con Él tenemos el tesoro por el que verdaderamente vale la pena darlo todo, venderlo todo. Esto exige esfuerzo, como nos lo indican las parábolas de la perla preciosa y del tesoro escondido; solamente quienes se esfuerzan por vivir según el querer del Todopoderoso, podrán gozar de los bienes que nos promete.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Aquí tienes la síntesis en prosa de los textos:En el primer libro de los Reyes, Salomón, recién constituido rey, reconoce su pequeñez y pide a Dios no riquezas ni poder, sino un corazón dócil para gobernar y discernir entre el bien y el mal. Dios se complace en esa petición y le concede sabiduría. El verdadero tesoro no es el éxito exterior, sino la capacidad de escuchar y comprender según el corazón de Dios.El salmo es una declaración de amor a la Ley del Señor. La Palabra es herencia, consuelo, riqueza mayor que el oro. Quien descubre su valor la estima por encima de cualquier bien material y encuentra en ella luz y dirección.En la carta a los Romanos, san Pablo afirma que todo coopera para el bien de los que aman a Dios. El proyecto divino es conducirnos a conformarnos con la imagen de su Hijo. No somos fruto del azar: hemos sido llamados, justificados y destinados a la gloria. La vida del creyente está sostenida por una intención amorosa de Dios.En el Evangelio, Jesús compara el Reino de los cielos con un tesoro escondido y con una perla de gran valor. Quien los descubre vende todo con alegría para poseerlos. El Reino no se impone; se descubre. Y cuando se reconoce su valor, todo lo demás pasa a segundo plano. La parábola de la red recuerda que el Reino también implica discernimiento y responsabilidad ante la verdad.En conjunto, los textos convergen en una misma enseñanza: el verdadero tesoro es el Reino de Dios, que se acoge con sabiduría, se ama como riqueza suprema y orienta toda la vida hacia el cumplimiento del designio divino.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?En la actual sociedad de consumo se nos ofrecen muchos planes y cosas que prometen felicidad; hemos de estar atentos y vigilantes, pues el Padre de la mentira quiere perdernos y siempre usa la misa estrategia que vemos en el Génesis: nos muestra muy atractivo el fruto prohibido y, al mismo tiempo, nos hace sospechar de la bondad de Dios al pedirnos que sigamos su voluntad. Nuestra actitud ha de consistir en la vigilancia y la atención; pero esto solamente es posible si reflexionamos, si nos paramos a pensar; de esta manera le damos espacio a Dios para que su luz nos ilumine y nos ayude a descubrir qué es lo que verdaderamente cuenta, qué es lo importante y perdurable, qué es lo que nos puede dar vida y vida en abundancia.Una vez descubierto el bien y el bien verdadero, entonces viene la decisión: un corazón dócil al bien que se descubre. No temamos al trabajo, al cansancio y a la fatiga, pues cuando se invierten las energías en lo que verdaderamente vale, la recompensa llega al momento, pues la existencia se va llenando de alegría, paz y esperanza. El Evangelio es para valientes, dispuestos a los duros combates de la fe, pero con la conciencia de nunca ser abandonadas en la batalla y de tener la victoria asegurada.En la medida en que vayamos avanzado en la adquisición de este tesoro, mejor, en la medida en que nos vayamos disponiendo y dejando que el gran tesoro entre a nuestro corazón, estaremos dispuestos a los más altos sacrificios, pues todo lo demás comparado con Jesús es basura y perdición. Él en nosotros hará posible lo más sublimes heroísmos y el corazón se llenará cada vez más de luz y de gozo, de un gozo inefable que anticipa, en cierta manera, la bienaventuranza eterna.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor: no permitas que nos dejemos engañar por el tentador astuto; por el contrario, danos luz para discernir lo mejor y elegirlo, conforme a tu ejemplo que siempre hiciste lo que más agradaba a tu Padre. No nos dejes caer en el desaliento por los esfuerzos y los trabajos que implica seguir tu voluntad. Ayúdanos a ser valientes y decididos para elegir siempre y en todo momento el bien, tanto en los pequeños y sencillos momentos de la vida diaria, como en las situaciones más difíciles que puedan llegar a nuestra existencia.Pensemos: ¿Qué tesoro hay en mi vida y que impide que el verdadero Tesoro entre a mi corazón? Solamente despojándonos de los tesoros que no valen podremos tener al gran Tesoro, que enriquece hasta la vida eterna. No temamos renunciar, sacrificar todo lo que pareciera importante, pero que nos separa de Jesús o nos impide acercarnos más a Él. Procuremos, particularmente, empeñarnos en una vida de caridad que nos permitirá tener cada vez más al Señor en nuestro corazón, pues nos dijo que todo lo que hagan a uno de estos mis humildes hermanos, a mí me lo hicieron (Mt 25,40)._______________________Recomendaciones prácticas:Jornada Mundial de los abuelos y de los mayores.Moniciones y Oración Universal o de los FielesMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del verdadero tesoro: la sabiduría que viene de lo alto y el Reino que vale más que cualquier riqueza. Salomón pide un corazón dócil; el salmista proclama que la Ley del Señor es más preciosa que el oro; y Jesús nos invita a descubrir el Reino como el tesoro escondido por el que vale la pena entregarlo todo.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, damos gracias por quienes, con su experiencia y fe perseverante, nos ayudan a reconocer lo que realmente vale en la vida. Ellos son memoria viva, testigos de fidelidad y custodios de esperanza.Celebremos esta Eucaristía pidiendo un corazón sabio para descubrir el tesoro del Reino y agradecer el don de nuestros mayores.Monición a la Liturgia de la PalabraLa vida auténtica y feliz depende del discernimiento y la elección del bien y del mayor bien en cada momento; así, obtendremos el tesoro que nos hará verdaderamente ricos y poderosos. Escuchemos con fe y atención.Oración Universal o de los FielesPresidente: Al Señor, tesoro verdadero y fuente de sabiduría, elevemos nuestras súplicas diciendo:Por la Iglesia, para que sea siempre comunidad que custodia y transmite la fe, valorando la sabiduría y el testimonio de los mayores.En esta Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, por nuestros abuelos y personas mayores, para que se sientan amados, respetados y acompañados, y su experiencia sea reconocida como un tesoro para la sociedad y la Iglesia.Por los ancianos que viven en soledad, enfermedad o abandono, para que encuentren cercanía, cuidado y consuelo en sus familias y comunidades.Por las familias, para que sepan integrar a sus mayores con gratitud y aprendan de ellos la paciencia, la memoria y la fe perseverante.Por nosotros, para que, como Salomón, pidamos un corazón sabio y sepamos elegir el Reino de Dios como el bien más grande de nuestra vida.Oración conclusivaPadre bueno, que nos llamas a participar de tu Reino y nos das en nuestros mayores un testimonio de fidelidad, escucha nuestras oraciones y haznos crecer en sabiduría y amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.R.Amén.
Vie 19 Jun 2026
“Si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre…”
DÉCIMOSEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO21 junio 2026Primera lectura: Jr 20, 10-13Salmo: Sal 69(68), 9-10.14.33-34 (R. 35,10)Segunda lectura: Rm 5,12-15Evangelio: Mt, 10,26-33.I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIONIntroducción•El profeta Jeremías experimenta la persecución, la calumnia y el miedo, pero en medio de la amenaza proclama su confianza: el Señor está con él como guerrero poderoso y no lo abandona. El salmo recoge el clamor del justo que sufre por fidelidad a Dios, pero que espera en su auxilio y alaba su misericordia.•San Pablo, en la carta a los Romanos, presenta un contraste decisivo: por un solo hombre entró el pecado y la muerte en el mundo, pero por Jesucristo ha venido la gracia sobreabundante que trae justificación y vida para todos.•En el Evangelio, Jesús invita a sus discípulos a no tener miedo ante la persecución ni ante el juicio humano. Les recuerda que la verdad será manifestada y que el Padre cuida incluso de los detalles más pequeños de la creación. Por eso, quien lo reconozca delante de los hombres será reconocido por Él ante el Padre. Es una llamada a la confianza, a la valentía y a la fidelidad en medio de la adversidad.1.Lectio: ¿Que dice la Sagrada Escritura?La identidad del cristiano se traduce en alimentar todos los días, la confianza en el Señor, y desechar el temor de raíz, pues quien confía en Dios no tiene miedo.Al estilo de los apóstoles, los tiempos que nos correspondió vivir, exigen una relación plena con Jesús, para exhibir valentía ante los detractores del evangelio, y para esparcir la fragancia del amor de Dios, pues la ilusión de un fiel cristiano, es misionar al estilo de Jesús.Siempre habrá dificultades, como las que le toco afrontar en su tiempo al profeta Jeremías, quien es consciente de que sus adversarios, buscaron un momento para acecharlo y causarle daño, como lo escuchamos en la primera lectura., es decir a pesar del paso de los años y de los siglos, a un seguidor de Jesucristo, le corresponde enfrentar al mundo terreno, que cree tener la sabiduría que transciende, pero lo que exhibe es la dimensión de pecado de los hombres. 2.Meditatio: ¿Que me dice la Sagrada Escritura y que me sugiere para decirle a la comunidad?Por un hombre entró el pecado al mundo, así lo menciona el capítulo 5 de la carta a los romanos. Pero lo más importante no es el establecimiento del pecado, sino la gracia de Dios, que purifica, que sana, que levanta y construye. Solo el que tiene conciencia del encuentro con el Señor, sabe qué No debe tener miedo, pues Dios es el dueño de todo, pues hasta los cabellos de la cabeza están contados, y los seres humanos valemos más que muchos pajarillos.Las comunidades que conformamos la gran iglesia de Jesucristo, deben estar impregnadas por la presencia infinita de Dios, que las lleva a distinguirse como comunidades valientes, que dan testimonio del amor de dios, así construiremos, la iglesia, que él fundó, y que nosotros ayudamos a edificar día tras día.3.Oratio y Contemplatio: ¿Que suplicamos al señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La dimensión cristiana, se refleja en el arte de descubrir permanentemente el alcance de la palabra Misión, hasta el punto que se hacen uno solo, la misión y el enviado; que tiene claro que no hay nada encubierto, que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo importante es encontrarle sentido a la vida, entregando todo por el evangelio, para que se cumpla la sentencia del Señor, si alguien se declara a mi favor ante los hombres, también yo me declararé a su favor ante mi Padre que está en los cielos.Anunciar la misión, requiere discípulos auténticamente cristianos, según el corazón de Dios, Pues Él es el que le da sentido a toda la existencia. Así que la misión evangelizadora no es una opción sino una responsabilidad de amor, que nos compromete como persona, como familia, como comunidad, como integrante de la iglesia, que se funda en el amor, y en la certeza de que Dios siempre, pero siempre está al lado, del que lo invoca sinceramente.Misión es reconocer que los dones recibidos se reciben para transmitirlos. Lo que recibiste gratis dadlo gratis. De tal manera que, despojados de toda consideración mundana, que nos aleje de Dios, llenemos el mundo que vivimos con la fragancia plena del compartir todo lo que tenemos, porque solo así, haremos presente al Dios que nos dio la vida, para ser como Él.Recomendaciones Practicas•Hoy, en la segunda vuelta presidencial, recordemos que participar responsablemente en la democracia, votando con conciencia y buscando el bien común, es también una forma concreta de vivir nuestra fe y amar a Colombia.II.MONICIONES Y ORACION UNIVERSAL O DE FIELESMonición introductoria de la MisaLa Palabra de Dios hoy nos habla del temor, de la persecución y de la confianza. El profeta Jeremías experimenta la hostilidad y la calumnia, pero proclama con firmeza: “El Señor está conmigo como fuerte soldado”. San Pablo nos recuerda que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y Jesús nos exhorta: “No tengan miedo”, invitándonos a confiar en la providencia del Padre.En este día en que nuestra nación vive la segunda vuelta de la elección presidencial, venimos a la Eucaristía para poner a Colombia en manos de Dios. Que esta celebración fortalezca nuestra esperanza, ilumine nuestra conciencia y nos ayude a vivir este momento con responsabilidad, serenidad y fe.Monición a la liturgia de la PalabraA pesar de nuestras limitaciones y miedos, el Señor, nos acompaña, y nos acoge con el verdadero valor de sus fieles, que somos más valiosos que muchos pajarillos.Oración Universal o de los FielesPresidente: Confiando en el Señor que cuida de cada uno de sus hijos, presentemos nuestras súplicas diciendo:R/. Señor, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que en medio de las tensiones sociales anuncie con valentía la verdad, promueva la justicia y sea signo de reconciliación y esperanza.2.Por nuestra nación en esta jornada electoral, para que los ciudadanos participen con responsabilidad y conciencia, y el proceso se desarrolle en paz, respeto y transparencia.3.Por quien sea llamado a ejercer la presidencia, para que gobierne con sabiduría, sentido de servicio y compromiso con el bien común, especialmente de los más pobres y vulnerables.4.Por quienes sienten miedo, incertidumbre o división ante la situación del país, para que la palabra de Cristo —“No tengan miedo”— fortalezca sus corazones y los abra al diálogo y a la fraternidad.5.Por nosotros aquí reunidos, para que demos testimonio público de nuestra fe con coherencia, sin avergonzarnos de Cristo, y seamos constructores de paz en nuestras familias y comunidades.Oración ConclusivaPadre bueno, tú que conoces hasta el número de nuestros cabellos y sostienes la historia con tu providencia, escucha nuestras oraciones y guía a nuestra nación por caminos de justicia y paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén