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Catatumbo: “La gente como que perdió el miedo”
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El obispo de Tibú ha sido uno de los protagonistas de las movilizaciones en Catatumbo para parar la violencia desatada en la zona en estos meses. Su visión del problema de la coca y del papel de guerrillas y Estado es clarificadora.
Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, Obispo de Tibú, ha sido una voz crítica y valiente en aquella región abandonada por el Estado. Monseñor también ha liderado las recientes protestas en el Catatumbo en contra de la guerra. Cerca de cien mil personas se han visto afectadas por la confrontación que mantienen el Ejército Popular de Liberación (EPL) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), dos guerrillas que se disputan el control de la zona. Colombia Plural conversó con él para entender mejor lo que está pasando en el Catatumbo.
La siguiente es la entrevista que Monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos, Obispo de Tibú, concedió al portal COLOMBIA PLURAL.
— ¿Cómo está la crisis humanitaria hoy después de cuatro meses de enfrentamientos entre las dos guerrillas?
Hasta donde sabía estábamos cerca de los seis mil desplazados, hay veredas confinadas. La cifra de muertos es incierta, porque a lo mejor si han caído en el campo ellos no van a dejar ver sus víctimas, pero las ha habido, de hecho esta semana mataron a un líder conocido del EPL. El EPL tiene tomados unos muchachos como rehenes, que no sé si ya los estarán devolviendo.
— Usted dice que nunca había visto movilizaciones tan grandes y potentes en el Catatumbo exigiéndole a los grupos armados que cesen la confrontación. ¿Algo está cambiando?
Por venir de afuera uno puede tener la percepción de que la cultura en el Catatumbo es de resignación frente a los grupos armados, es decir, vamos a sobrevivir con este grupo y lo tenemos que tolerar. La gente se ha adaptado para sobrevivir y tiene un código de resignación muy alto. ¿Qué es lo nuevo? Al comienzo de la confrontación lo que uno percibía es que los líderes deseaban que las guerrillas sólo se pusieran de acuerdo, consideraban que eso era suficiente. Pero el pueblo del Catatumbo es un pueblo parado, valiente, fuerte, que aguanta muchas cosas, así que el boicoteo que hizo el EPL con el paro armado fue muy mal pensado porque sumó todas las voluntades contra la guerra. El paro fue una estrategia que no se sabía si era de guerra o de paz: poner la gente en la mitad para presionar una negociación con el ELN, pero finalmente les sucedió al revés porque la gente hizo unas expresiones contra la guerra tremendas, que no es tan fácil porque estos grupos están muy insertados y vinculados con la comunidad, pero en ese sentido ahí hay una circunstancia nueva: la gente como que perdió el miedo. Nuestras comunidades están viendo que pueden hacer algo más que aguantar la guerra. Si un pueblo logra pasar de su mentalidad derrotada o derrotista empieza a imaginarse nuevos escenarios, por ejemplo, yo en una de esas manifestaciones les preguntaba: ¿por qué no podemos soñar que mañana no hay coca? Imaginémonos cómo sería esto sin coca, imaginémonos qué pasaría si este Catatumbo no tuviera ni un grupo armado. ¿Cómo viviríamos? ¿Cómo nos relacionaríamos? ¿Cómo produciríamos? Imaginémonos que el Estado no es el enemigo nuestro que nos olvidó, sino que es el aliado en la construcción de futuro. Ese imaginario hay que despertarlo porque ellos no lo tienen, pienso que la tarea nuestra es en esa dirección.
— Justo en el Catatumbo empezó a fracasar el programa de sustitución de cultivos porque el Estado le incumplió a los campesinos, ¿Cómo va eso?
Nosotros dijimos “mientras estos están en guerra nosotros salvemos el programa de sustitución voluntaria y los planes especiales para los municipios priorizados, que nuestras comunidades no se quedaran sin esos marcos de proyección a diez años”. Esa fue nuestra apuesta con los alcaldes y el Gobierno entendió eso, ahora, no es claro que en estos tres meses tengan la capacidad de moverse más rápidamente. Pero realmente sí hay muy pocas personas que se inscribieron en el programa de sustitución de cultivos y el Gobierno no tiene la gerencia ni la habilidad para cumplirle a los campesinos que dan ese paso de dejar la coca. Definitivamente, la gente está lista pero no frente a un Estado tan débil y tan poco asertivo, si el Estado cumpliera la gente daría pasos más rápidos.
— ¿Ha habido presión de los grupos armados para que la sustitución no avance?
No se han enfrentado porque hay tanta coca, es tan masiva, que el programa todavía no representa una amenaza para ellos, la tendencia es a que la coca no se quita. Los campesinos que firmaron los acuerdos son muy poquitos, están en Caño Indio en una vereda en particular y en este momento están centralizados sólo Tibú y Sardinata. Aunque sí hubo un caso de amenaza a un líder de una comunidad que se ha puesto en la tarea de promover la sustitución, le dijeron: “Quédese callado, no se meta en eso”. Hay intereses concretos de mucha gente que vive de la coca, no sólo de las guerrillas.
— El Ejército de Liberación Nacional se negó durante muchos años a mezclarse con el narcotráfico ¿Están involucrados ahora en ese negocio?
Sí, eran muy reacios, de hecho yo creo que fueron ellos los que acabaron la coca en Arauca. Acá es diferente, diciéndolo francamente ellos tuvieron que decidir entre ser cómplices o enfrentarse a la gente, porque la gente se lo impuso. Digamos que no manejan líneas ni cargamentos, pero la cultura coquera lo que hace es mover mucha plata. Por ejemplo, por cada canasta de cerveza son diez mil pesos de ganancias para las guerrillas.
— Además, el Catatumbo tiene un problema de superposición territorial muy fuerte: hay tierras despojadas y reclamantes, hay Parques y Reservas Naturales, hay colonos, hay resguardos indígenas y hasta un proyecto de Reserva Campesina…
Es un territorio que tiene toda la informalidad en tema de tierra y va a ser muy difícil solucionar eso porque casi nadie tiene escrituras públicas, son posesiones o documentos de compraventa. El tema de tierras para mí en este momento no es un problema fundamental, lo será en otro momento, cuando la gente vaya a pedir un préstamo en el banco y necesite las escrituras de su finca. Para mí, el punto de quiebre en ese territorio, en la línea que abrieron los acuerdos de La Habana, sería administrar correctamente el problema de los cultivos ilícitos, si la coca comienza a disminuir en el territorio va a haber un problema porque es la riqueza que trae la coca la que alimenta los grupos armados, es mucho dinero que se mueve.
— El Ejército Popular de Liberación es menospreciado por el gobierno, que los llama la banda de “Los pelusos” ¿Usted cree que sean un actor político?
El EPL tiene una cepa muy revolucionaria, ahí hay unos “cacaos” de lo que quedó del EPL original que son muy radicales y no dieron el paso a la paz cuando hubo el acuerdo con esa guerrilla. Esa base existe, es ideológica, pero es una base pequeña, casi que invisible, incluso se dice que no están en el territorio. Es indudable que el ELN tiene una mayor formación política e ideológica en sus miembros. El EPL empezó a reproducirse a partir de Megateo [Víctor Ramón Navarro, comandante del EP, muerto en 2015] porque él tenía el propósito de hacer crecer esa guerrilla, pero lo hizo de un modo no muy revolucionario, enrolando jóvenes sin formación política, sólo por la atracción de las armas. Megateo se estaba convirtiendo en un estorbo para esa cepa original del EPL, era algo así como una especie de mafioso que desfiguraba la cosa. Yo pensé que después de la muerte de Megateo se iba a calmar la situación y fue al revés, empezó a crecer y ahora no hay una unidad de mando, hay un montón de caudillismos.
Fuente: Colombia plural
Jue 9 Jul 2026
“Nos duele y preocupa la división que se agudiza”: obispos colombianos en el marco de su CXXI Asamblea Plenaria
En la recta final de su CXXI Asamblea Plenaria, los obispos de Colombia dirigieron un mensaje al país en el que invitaron a respetar la voluntad democrática expresada en las urnas, rechazar la polarización y promover una cultura del encuentro. El mensaje fue leído este jueves 9 de julio durante la Eucaristía celebrada en la Basílica Menor de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, en Bogotá.Con un llamado a cuidar la unidad nacional, promover el diálogo y construir el bien común, los obispos de Colombia presentaron este jueves, 9 de julio, su mensaje al pueblo colombiano en el marco de la CXXI Asamblea Plenaria. El texto, titulado "Procuren mantener la unidad, fruto del Espíritu, mediante el vínculo de la paz" (Ef 4,3)—, recoge los principales frutos del discernimiento realizado durante la semana y ofrece una reflexión sobre algunos de los desafíos que atraviesa el país.Formar pastores para construir comuniónLos obispos recordaron que la Asamblea estuvo dedicada a reflexionar sobre la formación inicial de los futuros sacerdotes desde una perspectiva sinodal y misionera. Explicaron que este proceso busca preparar ministros profundamente arraigados en Jesucristo, capaces de caminar junto al Pueblo de Dios, escuchar a todos, servir con espíritu fraterno y tender puentes allí donde existen divisiones.Al mismo tiempo, reconocieron que este llamado también interpela a los propios obispos, quienes se sienten invitados por Cristo a vivir una permanente conversión, fortaleciendo la escucha mutua, el diálogo y la comunión en el ejercicio de su ministerio.Un reconocimiento a la democracia y una preocupación por la polarizaciónEn su mensaje, el Episcopado valoró la amplia y pacífica participación de los colombianos en los recientes comicios electorales, considerándola una expresión de madurez democrática y de respeto por las instituciones.En ese sentido, afirmó que aceptar la voluntad expresada por los ciudadanos en las urnas constituye una condición fundamental para la paz y la convivencia nacional.Sin embargo, los obispos manifestaron también su preocupación por el aumento de la polarización y del lenguaje agresivo en la vida pública."Lamentamos que se estimule la confrontación y se armen de agresividad y violencia las palabras y actitudes que no solo hieren, sino que provocan el desgaste generalizado, el descontrol emocional y la violencia", expresaron."Desarmar las palabras"Ante este panorama, el Episcopado renovó su llamado a construir una auténtica cultura del encuentro, valorando la diversidad sin renunciar a la búsqueda de la unidad.De manera especial, invitó a gobernantes, líderes sociales y ciudadanos a asumir con responsabilidad la tarea de trabajar por el bien común, evitando discursos que profundicen las divisiones."Renovamos el llamado al pueblo colombiano a desarmar las palabras, a no permitir que se fracturen nuestras familias, comunidades, instituciones y la nación", señalaron los obispos.Solidaridad con Venezuela y confianza en la Virgen de ChiquinquiráEl mensaje concluye expresando la cercanía de la Iglesia con el pueblo venezolano afectado por los recientes sismos, invitando a intensificar la oración y la ayuda humanitaria para las víctimas y sus familias.Finalmente, los obispos encomendaron el presente y el futuro de Colombia a la protección de la Bienaventurada Virgen María, Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, al cumplirse los 440 años de la renovación milagrosa de su sagrada imagen, y confiaron la búsqueda del perdón y la reconciliación del país a la intercesión de san Juan Pablo II, recordando los 40 años de su histórica visita a Colombia.La agenda de trabajo de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano finalizará oficialmente este viernes 10 de julio.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Jue 9 Jul 2026
"Que Cristo se forme en ustedes": cardenal Rueda propuso a la Virgen de Chiquinquirá como modelo para la formación de los futuros sacerdotes
Este 9 de julio, en la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, el arzobispo de Bogotá y primado de Colombia presidió la Eucaristía de la cuarta jornada de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano. Durante su homilía invitó a que la renovación de la formación sacerdotal nazca del encuentro con Cristo, a ejemplo de María, y recordó que la Iglesia está llamada a seguir siendo signo de esperanza para Colombia.En el marco de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, los obispos del país, junto con rectores, formadores, seminaristas, religiosos, religiosas y laicos vinculados a la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL), celebraron este 9 de julio la solemnidad de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona y reina de Colombia.La celebración, realizada en la Basílica Menor de Nuestra Señora de Chiquinquirá, en Bogotá, estuvo marcada por dos aniversarios significativos para la Iglesia colombiana: los 440 años de la renovación milagrosa de la sagrada imagen y los 40 años de la visita de san Juan Pablo II al santuario mariano nacional. La Eucaristía fue presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia.María, camino para formar sacerdotes según el corazón de CristoEn sintonía con el tema central de la Asamblea —"La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera"—, el cardenal afirmó que toda renovación de la formación sacerdotal comienza permitiendo que Cristo tome forma en la vida de quienes han sido llamados al ministerio.Inspirado en la figura de la Virgen María, presentó a la Madre de Dios como la primera discípula y como modelo para la Iglesia que forma futuros sacerdotes capaces de escuchar, servir y anunciar el Evangelio con humildad."Que Cristo se forme en ustedes".El purpurado explicó que la vocación sacerdotal no puede reducirse a la adquisición de conocimientos o competencias pastorales, sino que supone un proceso permanente de configuración con Jesucristo, vivido desde la oración, la escucha de la Palabra y el servicio al Pueblo de Dios.Una Iglesia que acompaña la esperanza de ColombiaDurante la homilía, el cardenal Rueda recordó que la misión de la Iglesia permanece profundamente unida a la realidad del país y que la formación de los futuros sacerdotes debe prepararlos para acompañar a las comunidades allí donde experimentan sufrimiento, incertidumbre o necesidad de reconciliación.En ese contexto, animó a seguir formando ministros capaces de anunciar esperanza, promover el encuentro y caminar junto a las personas, especialmente con quienes más sufren.El legado de san Juan Pablo II sigue iluminando a ColombiaAl recordar los 40 años de la visita de san Juan Pablo II a Colombia y su paso por la Basílica de Chiquinquirá, el cardenal Luis José Rueda señaló que aquel acontecimiento continúa siendo una referencia para la vida de la Iglesia colombiana.Evocó el llamado que entonces hizo el pontífice a confiar en la intercesión de la Virgen y a mantener viva la esperanza del pueblo colombiano, una invitación que, afirmó, conserva plena actualidad frente a los desafíos del presente.Una celebración que acompañó el camino de la AsambleaLa Eucaristía constituyó uno de los momentos más significativos de la cuarta jornada de la Asamblea Plenaria, que entra en su etapa conclusiva después de varios días de reflexión sobre la renovación de la formación inicial al presbiterado.A la luz del ejemplo de la Virgen de Chiquinquirá, los participantes renovaron su compromiso de seguir discerniendo caminos para formar sacerdotes profundamente configurados con Cristo, capaces de vivir el ministerio desde la cercanía, la comunión y el servicio, respondiendo a los desafíos evangelizadores de la Iglesia y de la sociedad colombiana.Vea a continuación la transmisión de la Eucaristía:
Jue 9 Jul 2026
Formadores y madurez afectiva: los ejes que marcaron la tercera jornada de la CXXI Asamblea del Episcopado Colombiano
La renovación de la formación sacerdotal en Colombia pasa por preparar mejor a quienes acompañan a los futuros presbíteros y por fortalecer su madurez humana, afectiva y espiritual. Ese fue el eje de la tercera jornada de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, desarrollada este miércoles 8 de julio en Bogotá, donde obispos e invitados especiales de OSCOL continuaron profundizando el tema "La formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera".La jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía presidida por monseñor Fidel León Cadavid Marín, obispo de Sonsón-Rionegro, quien recordó que toda renovación auténtica de la Iglesia nace del encuentro personal con Jesucristo.Inspirado en el Evangelio del llamado de los discípulos, afirmó que la Iglesia no necesita "retoques cosméticos", sino hombres profundamente configurados con Cristo, capaces de vivir el sacerdocio como respuesta a una verdadera vocación y como servicio al Pueblo de Dios."La misión del sacerdote nace del discipulado. Solo quien ha aprendido a seguir al Señor puede anunciarlo con autenticidad", recordó el prelado durante su homilía.Formar a quienes formanEl primer bloque de profundización estuvo dedicado a uno de los desafíos centrales de la Asamblea: la preparación de los formadores de los futuros sacerdotes.La reflexión fue orientada por el ponente internacional invitado a esta CXXI Asamblea, el padre Juan Pablo Dreidemie, rector del Seminario Arquidiocesano de Mendoza (Argentina), quien propuso una renovación del perfil de los formadores a partir de las orientaciones del Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad y de la Ratio Nationalis.Durante su intervención explicó que la calidad de la formación sacerdotal depende, en buena medida, de la calidad humana, espiritual y pedagógica de quienes acompañan ese proceso.El sacerdote argentino planteó la necesidad de pasar de modelos centrados principalmente en el control y la supervisión hacia procesos fundamentados en el acompañamiento, el discernimiento y el testimonio de vida.También insistió en la importancia de consolidar equipos formativos integrados por sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos y mujeres, fortalecer la preparación permanente de los formadores y responder a desafíos contemporáneos como la cultura digital, la inteligencia artificial y la cultura del cuidado.El padre Dreidemie enfatizó que la formación de los formadores no puede improvisarse. Necesita procesos sistemáticos y permanentes para acompañar adecuadamente a quienes serán los futuros pastores.Del análisis a propuestas concretasTras la ponencia, la Asamblea pasó del plano conceptual al discernimiento pastoral.Los obispos trabajaron por regiones, mientras que los rectores, formadores, seminaristas, religiosos y laicos de la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL) desarrollaron un espacio paralelo de reflexión.A partir de las orientaciones del Documento Final del Sínodo, ambos grupos evaluaron los avances alcanzados en la preparación de los formadores, identificaron las principales dificultades presentes en las distintas regiones del país y formularon propuestas para consolidar un itinerario nacional de formación que responda a la realidad de las Iglesias particulares y fortalezca la aplicación de la Ratio Nationalis.Para monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, este trabajo representa una oportunidad para seguir construyendo juntos una respuesta pastoral para la Iglesia colombiana. Frente a los retos en el campo de la formación de los formadores, precisó:"Se requiere una formación integral que abarque también lo humano, lo pastoral, lo institucional en la vida del sacerdote.Tratamos la necesidad de tener también un itinerario de formación, ojalá por provincias donde los sacerdotes puedan desplazarse y compartir más de acuerdo al contexto en el que se vive...Insistimos mucho en la necesidad de ayudar a los equipos de formación para que ellos tengan criterios comunes, de manera que esto facilite el discernimiento".Por su parte, el seminarista Alfonso Triana Arrigüí, de la diócesis de Garzón, destacó que la renovación de la formación debe centrarse en el crecimiento integral de cada candidato y en un acompañamiento permanente tanto de los seminaristas como de sus formadores."Es importante mirar más al corazón de la formación y acompañar tanto al formador como al formando para responder mejor a la realidad de cada candidato", afirmó.La madurez afectiva sexual, una dimensión esencial de la formaciónDurante la tarde, la Asamblea abordó otro de los temas centrales del proceso formativo: la dimensión afectiva y sexual de quienes se preparan para el ministerio sacerdotal.La reflexión estuvo a cargo del padre Jonny Hernán Torres Cifuentes, sacerdote de la diócesis de Zipaquirá, psicólogo y neuropsicólogo clínico, quien presentó criterios para el discernimiento vocacional de la madurez afectiva y sexual a partir de las orientaciones del Magisterio de la Iglesia y del análisis de casos.El ponente explicó que esta dimensión hace parte esencial de la formación humana del futuro sacerdote y constituye una garantía para ofrecer a las comunidades ministros con equilibrio personal, capacidad de establecer relaciones sanas y madurez para vivir el celibato como una entrega libre y fecunda.Subrayó, además, la importancia de fortalecer procesos de acompañamiento espiritual, psicológico y comunitario que favorezcan el crecimiento integral de cada candidato, promoviendo la transparencia, el discernimiento y la responsabilidad personal durante todo el proceso vocacional."Es garantizarle a nuestros fieles entregarles sacerdotes con una madurez humana que incluye lo afectivo, lo sexual y de una manera especial esa identidad que les es propia en su vida afectiva...los documentos nos brindan luces y orientaciones muy claras acerca de cómo podemos ayudar a nuestros jóvenes que inician estos procesos de seguimiento del Señor hacia la formación sacerdotal, alcanzando esa madurez humana necesaria para vivir su afectividad y para vivir esa sexualidad como don que se va a expresar de una manera simbólica y significativa y vivencial a través del celibato y en la vida práctica.", explicó el padre Jonny Torres.Una reflexión que continúaCon estos espacios de trabajo, la CXXI Asamblea Plenaria continúa avanzando en la actualización de la formación inicial al presbiterado en Colombia, buscando responder, desde la sinodalidad y la misión, a los desafíos pastorales de la Iglesia y a las realidades que viven hoy las comunidades.Las conclusiones de estos ejercicios seguirán alimentando el discernimiento de los obispos durante las próximas jornadas y aportarán elementos para la actualización de la Ratio Nationalis, documento que orienta la formación de los futuros sacerdotes en el país.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados a través del informativo ‘Así va la Asamblea’:
Mié 8 Jul 2026
¿Cómo formar los sacerdotes que necesita hoy la Iglesia? La CXXI Asamblea entra en el corazón de su reflexión
La necesidad de formar sacerdotes profundamente arraigados en Cristo, cercanos a las comunidades y preparados para responder a los desafíos culturales, sociales y pastorales de nuestro tiempo marcó la segunda jornada de la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, desarrollada este martes 7 de julio.Tras la apertura espiritual del día, los obispos, junto con rectores y formadores de seminarios, seminaristas, religiosos y laicos vinculados a la Organización de Seminarios de Colombia (OSCOL), iniciaron el primer bloque de profundización temática sobre el eje central de esta Asamblea: la formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera.Formar sacerdotes para un cambio de épocaLa jornada comenzó con la Eucaristía presidida por monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira y presidente de la Comisión Episcopal para la Cultura del Cuidado.Inspirado en la Palabra de Dios, el prelado advirtió que la Iglesia está llamada a discernir los nuevos "ídolos" de nuestro tiempo, entre ellos la confianza absoluta en la tecnología cuando esta pretende ocupar el lugar que corresponde a Dios.En ese contexto, relacionó directamente esta realidad con el tema de la Asamblea y afirmó que hoy no basta con pedir nuevas vocaciones, sino que es indispensable formar sacerdotes capaces de afrontar los desafíos de esta nueva cultura sin perder de vista el centro del Evangelio."Hoy no solo hay que rogar por operarios, sino formarlos del modo adecuado (...) para que sigan postrados solamente ante Aquel que, desde la debilidad, muestra su poder".Monseñor Cardona recordó que el ministerio sacerdotal seguirá encontrando su fuerza no en la búsqueda de respuestas puramente técnicas, sino en la cercanía, el acompañamiento y la capacidad de anunciar esperanza allí donde la fragilidad humana reclama la presencia de Cristo.La formación sacerdotal, en clave sinodal y misioneraLa reflexión temática estuvo a cargo del padre Juan Pablo Dreidemie, rector del Seminario Arquidiocesano de Mendoza (Argentina), quien presentó diversas claves para fortalecer la aplicación de la Ratio Nationalis desde la perspectiva sinodal y misionera promovida por la Iglesia universal.Durante su intervención explicó que la renovación de la formación sacerdotal no pasa por cambiar la identidad del seminario, sino por fortalecer procesos que preparen pastores cada vez más insertos en la vida del Pueblo de Dios, abiertos a la escucha, al discernimiento y a la corresponsabilidad eclesial.Entre los desafíos planteados destacó la necesidad de una mayor participación de mujeres, consagrados y laicos en los procesos formativos; una formación más conectada con la vida cotidiana de las comunidades; el fortalecimiento de los equipos de formadores y el desarrollo de metodologías que permitan llevar a la práctica las orientaciones del camino sinodal. Al concluir su intervención, valoró el proceso que viene adelantando la Iglesia colombiana:"Hay que diseñar itinerarios y metodologías de trabajo para que esas palabras que suenan bonito no se queden simplemente en un concepto vacío y toquen la realidad".También destacó la decisión de la Conferencia Episcopal de Colombia de abrir este espacio de discernimiento a diversos actores eclesiales."Favorecer una participación cada vez más amplia de todo el Pueblo de Dios en la tarea tan delicada de formar a los futuros pastores".Las regiones aterrizan la reflexiónDespués de la ponencia central, el trabajo continuó en las catorce provincias eclesiásticas del país. Allí, obispos e invitados de OSCOL analizaron cómo aplicar estas orientaciones a partir de la realidad concreta de sus jurisdicciones.A la luz del Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad, revisaron los principales aciertos y desafíos de la formación de los seminaristas, evaluaron las prácticas sinodales que ya contempla la Ratio Nationalis e identificaron nuevos elementos que podrían fortalecerla, teniendo en cuenta las particularidades culturales, sociales y pastorales de cada Iglesia particular.La reflexión abordó aspectos como la preparación permanente de los formadores, una mayor participación de las mujeres en los procesos de discernimiento, la inserción de los seminaristas en la vida de las comunidades, la dimensión misionera, la cultura digital y el fortalecimiento de la cultura del cuidado.Para el padre José Alexander Correa Velázquez, rector del Seminario San Pedro Apóstol de Cali, este ejercicio permitió reconocer la riqueza que representa la diversidad cultural en la formación de los futuros sacerdotes."Hay que impulsar mucho más la misión dentro de nuestros seminarios, sembrando en nuestros futuros presbíteros esa dimensión misionera, sobre todo hacia las periferias".Añadió que esa diversidad exige una formación cada vez más personalizada, sin perder de vista la comunión eclesial."La Iglesia sigue siendo una y nos invita a la unidad dentro de esa diversidad".En la misma línea, el padre Jorge Luis Hernández, rector del Seminario Provincial San Carlos Borromeo de Cartagena, destacó que la formación sacerdotal debe seguir fortaleciendo la cercanía con Dios, con el obispo, con el presbiterio y con el Pueblo de Dios, además de consolidar la participación de los laicos y el aporte de las mujeres en los procesos formativos.El seminarista Andrés Felipe Castaño Quintero, de la diócesis de Sonsón-Rionegro, resaltó el valor de participar en estos espacios de discernimiento junto a los obispos."Hacer parte de esta Asamblea Plenaria ha sido sentirse Iglesia (...) y saber que en ellos está la preocupación por generar en nosotros una formación que dé pastores a Colombia que puedan traer una nueva esperanza".También señaló que, para él, dos palabras sintetizan el horizonte que va tomando la reflexión de la Asamblea: integralidad y comunión, entendidas como el compromiso de formar sacerdotes con mayor madurez humana y espiritual, capaces de caminar unidos con toda la Iglesia.Un discernimiento que continúaCon este trabajo, la Asamblea continúa avanzando en la actualización de los criterios que orientan la formación inicial al presbiterado en Colombia. El propósito es fortalecer una formación cada vez más sinodal, misionera y en diálogo con las realidades del país, de manera que las futuras generaciones de sacerdotes puedan responder, con fidelidad al Evangelio y cercanía al Pueblo de Dios, a los desafíos de la evangelización en el contexto actual.Vea a continuación los testimonios y momentos más destacados a través del informativo ‘Así va la Asamblea’: