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Presidente CEC: “Del corazón nuevo nacerán nuevos sistemas, nuevas instituciones…”
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Este viernes, 11 de junio, en una ceremonia eucarística presidida por monseñor Óscar Urbina Ortega, arzobispo de Villavicencio y presidente del episcopado colombiano, se consagró una vez más las familias católicas y la nación al Sagrado Corazón de Jesús.
La solemne celebración, transmitida en directo por los canales RCN, Caracol, Cristovisión, Teleamiga y Tele Vid, tuvo lugar en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, con presencia de fieles y atendiendo los protocolos de bioseguridad.
Concelebraron con monseñor Urbina: el cardenal Rubén Salazar; el nuncio apostólico del papa Francisco en Colombia, monseñor Luis Mariano Montemayor; los arzobispos Luis José Rueda (Bogotá), Ricardo Tobón (Medellín), Omar Sánchez (Popayán) y Gabriel Villa (Tunja); los obispos Francisco Nieto (Engativá), Ramón Rolón (Montería), Juan Vicente Córdoba (Fontibón), Víctor Ochoa (Obispado Castrense); los obispos auxiliares de Bogotá: Luis Manuel Alí, Pedro Salamanca y Germán Medina (electo). También concelebraron sacerdotes de la Nunciatura Apostólica, de la Conferencia Episcopal de Colombia, y los vicarios episcopales y otros sacerdotes de la Arquidiócesis de Bogotá.
Mensaje del presidente de la CEC
Durante su homilía, monseñor Urbina afirmó que con el corazón de Cristo se busca llegar a todos los rincones de la geografía colombiana, buscando ser un espacio de protección para la vida y haciendo sensibles los grandes valores de la bondad, la verdad, la fraternidad, la justicia y la reconciliación que brota de la persona.
“Mirando el corazón maravilloso de Dios, todos tenemos un camino para ser constructores de Colombia consagrada al Corazón de Cristo (…) Del corazón nuevo nacerán nuevos sistemas, nuevas instituciones, nuevos caminos. Un corazón nuevo garantiza una visión nueva, libertad profunda, sentido de la justicia y el respeto de los derechos humanos, la solidaridad con los más desprotegidos y descartados, y la confianza que brota de reconocernos hermanos y hermanas”.
Aportes a un desarrollo integral
El prelado mencionó que todos somos responsables de aportar a un desarrollo integral sostenible, para ello, dijo, “aunque no es un camino fácil, ni existe una fórmula mágica”, es importante superar los conflictos, las divisiones, las violencias, las injusticias y las inequidades.
“Todos somos responsables de esa inmensa tarea, los dirigentes del país, las diversas organizaciones, la educación en sus diversas etapas, que no debe ser una educación para un país ideal sino real. Nosotros los creyentes que participamos de los diversos espacios de la vida familiar, cultural, social, económica y política siendo fermento de paz (...) Solo un corazón nuevo a imagen del Corazón de Cristo, lleno de amor y misericordia, nos comprometerá con toda nuestra fuerza en la construcción fraterna de una nación nueva y en paz”.
Estamos llamados a ser artesanos de la paz
El prelado recordó que la paz procede de Dios y es un llamado que él hace para que todos seamos artesanos de la paz. Advirtiendo que esta responsabilidad recae en la familia “como espacio insustituible para aprender el abecedario de la paz”; en la escuela, “que tiene la tarea de ayudar a formar el corazón”, y en la sociedad en “sus diversas expresiones sociales, culturales, comunicacionales, económicas y políticas”.
“La paz, entonces, queridas y queridos colombianos, es una tarea confiada a nosotros como personas y estará siempre en construcción, es frágil, difícil, por ello todos la buscamos, todos estamos invitados a generar una mentalidad pública, una conciencia de todos que la haga deseable y posible (…) El Señor no dejará de escuchar, entonces, como nos lo dice el grito de hijas e hijos: ‘Señor dadnos la paz, Señor dadnos tu paz’. Renovar este año 2021 la Consagración al amor de Cristo simbolizado en su Corazón, es y queremos que siga siendo un signo de esperanza”.
Los niños, jóvenes y adolescentes están en el corazón de Dios
Al referirse a este público, monseñor Urbina observó que el futuro de la sociedad depende de las opciones audaces y fundamentales que se tomen con los niños, jóvenes y adolescentes. Advirtió que ellos serán los responsables de la familia y la vida de la nación en un mañana.
“Hoy precisamente los vemos deseosos de colaborar para sanar nuestra sociedad herida y débil. Ellos aportarán soluciones nuevas a los problemas viejos. Si ellos abren espacios en su corazón a Dios no serán más instrumentos de división, de guerra y de violencia (…) Los valores que les ayudemos a descubrir y a cultivar acompañarán sus decisiones que afectan no solo su vida personal, sino las políticas y estrategias necesarias para construir la vida social agobiada y doliente de nuestra sociedad”.
Afirmó que el mundo de justicia y paz que se añora construir con los jóvenes, no puede “ser creado solo con palabras, ni impuesto por fuerzas externas”, y, agregó: “debe ser fruto del trabajo de todos, que implica ejercerlo con respeto profundo a la dignidad de cada persona y el rescate de la cultura del encuentro”.
Significativa participación de los jóvenes
Finalizada su homilía, monseñor Urbina introdujo la renovación de la consagración del país y de las familias católicas, recordando que: “El 22 de junio de 1902, al superar la Guerra de los Mil Días, se consagró por primera vez la República de Colombia al Sagrado Corazón de Jesús. Desde aquel día ha venido creciendo en el pueblo colombiano la confianza en el auxilio inefable de Nuestro Señor Jesucristo”.
Fue un momento conmovedor, pues catorce jóvenes, representando cada uno a una provincia eclesiástica del país, oraron al Sagrado Corazón de Jesús. Ante este signo el arzobispo Óscar dijo: “A ti, Sagrado Corazón, inflamado en el Amor que nos salva, dirigimos hoy, en la voz de los jóvenes, nuestra súplica incesante y confiada en nombre de todas las comunidades eclesiales de la Nación”.
Compartimos estas oraciones para que no cesen las plegarias por la paz, la reconciliación, la justicia y la paz, en Colombia.
Oh, Sangre Preciosa de Jesús, lava el pecado social de nuestro pueblo.
La Provincia eclesiástica de Bogotá, conformada por la arquidiócesis de Bogotá; las diócesis de Zipaquirá, Facatativá, Girardot, Soacha, Fontibón y Engativá; el obispado castrense de Colombia y el Exarcado Maronita en Colombia, necesitan de ti, para poder ser en medio del egoísmo, la violencia y la corrupción, testimonio de fraternidad y de compromiso social honesto y solidario.
Oh, Cristo, siervo doliente del Señor, compadécete del pueblo que a ti clama.
La Provincia eclesiástica de Cartagena, conformada por la arquidiócesis de Cartagena; las diócesis de Magangué, Montelíbano, Montería y Sincelejo, y el vicariato apostólico de San Andrés y Providencia, confían en tu mediación ante el Padre eterno; que tus padecimientos por nuestros pecados nos consigan comunidades comprometidas con los más pobres y desfavorecidos, para que los colombianos podamos escribir juntos historias de amor y perdón que nos hablen de vida y esperanza.
Santo Corazón de Cristo, atravesado de dolor, confiamos a ti el sufrimiento de nuestro pueblo.
La Provincia eclesiástica de Popayán, conformada por la arquidiócesis de Popayán; las diócesis de Ipiales, Pasto y Tumaco; y los vicariatos apostólicos de Guapi y Tierradentro, unen sus padecimientos a los tuyos en la cruz; que tu dolorosa pasión transforme nuestra indiferencia ante el hermano que sufre y nos conceda ser artesanos de paz.
Ardorosa llama del Corazón de Cristo, inflama en tu amor al pueblo colombiano.
La Provincia eclesiástica de Medellín, conformada por la arquidiócesis de Medellín y las diócesis de Caldas, Girardota, Jericó y Sonsón–Rionegro, buscan amarse unos a otros como tú nos has amado; infunde tu amor divino en nuestros corazones haciéndonos misericordiosos como tú eres misericordioso, para que en nuestra patria “el amor y la verdad se encuentren, la justicia y la paz se abracen”
Sagrado Corazón coronado de espinas, ten misericordia de este tu pueblo.
La Provincia eclesiástica de Manizales, conformada por la arquidiócesis de Manizales y las diócesis de Armenia, La Dorada–Guaduas y Pereira, buscan tu amparo y protección; recompensa con tu copiosa bendición a todos aquellos que trabajan por la paz y la concordia, para que podamos mirar y caminar juntos hacia adelante con fe, valentía y esperanza.
Corazón divino traspasado por la lanza, surtidor de los santos sacramentos para nuestro pueblo.
La Provincia eclesiástica de Nueva Pamplona, conformada por la arquidiócesis de Nueva Pamplona y las diócesis de Arauca, Cúcuta, Ocaña y Tibú, queremos recibirte siempre en tu Cuerpo y en tu Sangre preciosos y, así, ser testigos de tu amor en medio de un pueblo que clama salvación y justicia, para romper, desde el perdón y la reconciliación concreta, el ciclo de violencia que ha imperado en nuestra patria.
Oh, Santas Llagas de Cristo, acoge a nuestro pueblo que sufre.
La Provincia eclesiástica de Tunja, conformada por la arquidiócesis de Tunja; las diócesis de Chiquinquirá, Duitama–Sogamoso, Garagoa y Yopal, y el vicariato apostólico de Trinidad, necesitan de tu amparo y protección; haz que todos los esfuerzos por promover la reconciliación, la justicia y la paz, se vean recompensados con prosperidad y armonía social.
Abismo insondable de misericordia, el pueblo colombiano clama justicia y verdad.
La Provincia eclesiástica de Cali, conformada por la arquidiócesis de Cali y las diócesis de Buenaventura, Buga, Cartago y Palmira, suplican tu amparo; concede a tu pueblo que ha sufrido los embates de la corrupción y la violencia, verse transformado por la verdadera reparación y sanación de las heridas del alma y del cuerpo, para que, junto a ti, Señor, aprendamos la fuerza del perdón y la grandeza del amor.
Oh, Cristo, coronado de espinas, el pueblo colombiano consagrado a ti se siente atormentado por la enfermedad y la despreocupación social.
La Provincia eclesiástica de Barranquilla, conformada por la arquidiócesis de Barranquilla y las diócesis de El Banco, Riohacha, Santa Marta y Valledupar, suplican a tu bondad que el dolor de tu agonía en la cruz nos valga la salud de cuerpo y alma, y nos enseñe a transformar el dolor en fuente de vida y resurrección.
Santo Corazón de perfecta fidelidad, este, tu pueblo, tropieza y se quiere levantar.
La Provincia eclesiástica de Bucaramanga, conformada por la arquidiócesis de Bucaramanga y las diócesis de Barrancabermeja, Málaga–Soatá, Socorro y San Gil y Vélez, confiamos en ti, que eres eternamente fiel y nos sostendrás con tu poderoso brazo ante nuestra fragilidad y pobreza, para descubrir que sólo el amor libera y construye.
Sagrado vaso de inefable perfección, apiádate del pueblo colombiano que se rinde en el error de los afanes del mundo.
La Provincia eclesiástica de Ibagué, conformada por la arquidiócesis de Ibagué y las diócesis de El Espinal, Líbano–Honda, Garzón y Neiva, suplican de tu sabiduría la capacidad para construir sociedades inspiradas en la promoción de todos los ciudadanos, en la búsqueda de la igualdad y en la integración de los más débiles y vulnerables.
Oh, Santo Cristo Negro de Bojayá, compadécete de nuestro pueblo colombiano que sufre bajo el peso de la violencia armada fratricida.
La Provincia eclesiástica de Santa Fe de Antioquia, conformada por la arquidiócesis de Santa Fe de Antioquia y las diócesis de Apartadó, Istmina–Tadó, Quibdó y Santa Rosa de Osos, claman tu misericordia; haz que todo esfuerzo por conseguir la paz sea recompensado con comunidades comprometidas con el progreso y la justicia, y, así, “seamos tus pies para salir al encuentro del hermano necesitado, tus brazos para abrazar al que ha perdido su dignidad, y tus manos para bendecir y consolar al que llora en soledad”.
Oh, Sagrado Corazón de Jesús, acepta nuestra súplica ferviente, confiamos en tu protección y amparo.
La Provincia eclesiástica de Villavicencio, conformada por la arquidiócesis de Villavicencio; las diócesis de Granada y San José del Guaviare, y los vicariatos apostólicos de Puerto Carreño y Puerto Gaitán, necesitan convertirse a ti para comprometerse con la justicia social y el bien común, logrando así construir juntos el futuro y crecer en esperanza.
Eterno amor de Cristo, delicia de todos los santos, nuestro país clama por nuevos santos, héroes en las virtudes.
La Provincia eclesiástica de Florencia, conformada por la arquidiócesis de Florencia; las diócesis de Mocoa–Sibundoy y San Vicente del Caguán; y los vicariatos apostólicos de Inírida, Leticia, Mitú y Puerto Leguízamo – Solano, te ruegan por nuevas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa; nuestro país urge de santos misioneros que permanezcan en Cristo para vivir en alegría y dar testimonio de un amor que atraiga a todos hacia ti.
VIDEO: Arquidiócesis de Bogotá
"Agua pasó por aquí, cate que no te vi"
Mié 14 Oct 2026
Con María en el mes de las misiones
Lun 5 Oct 2026
Vie 16 Oct 2026
Jonathan Acuña, IMC: un sacerdote colombiano al servicio de las comunidades del desierto de Kenia
El sacerdote Jonathan Acuña salió del Tolima para anunciar el Evangelio en el norte de Kenia. En la misión de Loiyangalani, donde comunidades indígenas afrontan dificultades de acceso al agua, alimentos y educación, su vocación se expresa en el acompañamiento pastoral, la formación de niños y jóvenes y el trabajo por el desarrollo humano integral. Su historia hace parte de la misión de la Iglesia que en 2026 conmemora cien años de la Jornada Mundial de las Misiones.Cuando el padre Jonathan Acuña salió de Chaparral, Tolima, para servir como misionero en África, llevaba consigo un sueño que había nacido en su infancia: ser sacerdote y anunciar el Evangelio en tierras lejanas. Hoy, después de más de tres años en Kenia, esa aspiración tiene un rostro concreto: las comunidades indígenas que acompaña en Loiyangalani, una localidad del norte del país africano donde la misión se desarrolla entre el desierto, las montañas y las orillas del lago Turkana.Después de estudiar en el Seminario Menor San Joaquín, de la Arquidiócesis de Ibagué, inició su formación sacerdotal, pero decidió hacer una pausa y estudiar psicología en la Universidad de Ibagué. Trabajó como docente y psicólogo, experiencias que le permitieron acercarse a otras realidades humanas. Sin embargo, con el tiempo sintió que debía retomar su vocación para experimentar la plenitud.Volvió entonces a su formación religiosa: estudió Filosofía en Bogotá, realizó su noviciado en Argentina, cursó Teología en la Pontificia Universidad Javeriana y se formó en espiritualidad y en el carisma de los Misioneros de la Consolata en Roma. Fue ordenado sacerdote en su municipio natal y recibió su destinación misionera a Kenia.Antes de llegar a Loiyangalani, vivió aproximadamente un año y medio en Nairobi, donde aprendió inglés y desarrolló labores pastorales. Allí también acompañó a la Fundación Maisha, que trabaja con niñas y adolescentes sobrevivientes de violencia sexual que decidieron continuar con sus embarazos. Después vino el traslado al norte del país, una región que le exigió adaptarse a otras lenguas, tradiciones y condiciones de vida.Una misión en medio del desiertoLoiyangalani, cuyo nombre significa «lugar de muchos árboles» en lengua samburu, es un oasis en el desierto de Chalbi, junto al lago Turkana. Allí conviven pueblos como los Samburu, Turkana y El Molo, entre otros, con formas de vida vinculadas al pastoreo, la pesca y la elaboración de artesanías.La misión católica llegó a este territorio en 1965, con el sacerdote italiano Michele Stallone, de los Misioneros de la Consolata, quien fue enviado a evangelizar al pueblo El Molo a petición del obispo de la Diócesis de Marsabit. Más de seis décadas después, la labor pastoral abarca más de doce poblados dispersos entre el desierto, las montañas y las islas del lago.Largas distancias hacen parte de los desafíos cotidianos de esta misión. Desde Nairobi, llegar a Loiyangalani puede tomar alrededor de dos días en transporte público. Para visitar algunas comunidades, los misioneros recorren durante horas caminos sin pavimentar y, en ocasiones, deben cruzar el lago. Cada desplazamiento permite encontrarse con las familias, celebrar los sacramentos, visitar a personas enfermas y adultos mayores y acompañar la vida de las comunidades cristianas.En algunos poblados, el acceso a agua potable, electricidad y alimentos es limitado. Las familias dependen de actividades como la pesca y el pastoreo de cabras, camellos y vacas; las mujeres también elaboran artesanías con hojas de palma. En ciertos lugares, la falta de agua segura representa un desafío adicional, pues el lago Turkana no constituye una fuente de agua potable sin tratamiento.Para el padre Jonathan, la experiencia más difícil ha sido encontrarse con personas que no siempre tienen garantizada la alimentación. Según relata, una frase que escucha con frecuencia de niños y adultos mayores es: «Tengo hambre, padre, tengo hambre». Presenciar las consecuencias de la desnutrición, explica, transforma la manera de comprender la misión y las necesidades de quienes acompaña.Sin embargo, esta realidad no agota la historia de las comunidades. En ellas también encuentra solidaridad, capacidad de organización, riqueza cultural y deseos de aprender. La misión, afirma, implica no solo anunciar el Evangelio, sino escuchar, compartir y caminar junto a las personas.Evangelización que abre oportunidadesJunto a las celebraciones litúrgicas y el acompañamiento pastoral, los Misioneros de la Consolata junto a otras comunidades religiosas, desarrollan iniciativas de educación, salud y formación. Su propósito es responder a necesidades concretas sin separar la promoción humana de la evangelización.La misión cuenta con un centro médico y dos jardines infantiles: uno en el desierto y otro en la montaña. También impulsa un proyecto educativo para niños pastores en el desierto y una escuela para mujeres pastoras en la montaña, donde adultas, madres y pastores pueden acceder a aprendizajes básicos, entre ellos el suajili y las matemáticas.Una de las iniciativas más visibles es el Oratorio Papa Francisco, creado en agosto de 2025. Cada domingo reúne alrededor de 400 niños y jóvenes, y durante las vacaciones escolares puede superar los mil participantes. Mediante la catequesis, el deporte, el arte, la música, la danza y el teatro, el oratorio ofrece un espacio de encuentro, formación y desarrollo de talentos.La misión busca, además, que las nuevas generaciones participen activamente en la vida de sus comunidades. La Escuela de Liderazgo Misionero forma a niños, adolescentes, jóvenes y adultos para involucrarse en los procesos pastorales, mientras que el Fondo Educativo Consolata apoya actualmente a seis jóvenes en sus estudios universitarios.Para quienes viven en poblados apartados, continuar una carrera supone afrontar gastos de transporte, alojamiento y manutención que sus familias difícilmente pueden cubrir. Por eso, el acompañamiento educativo busca abrir caminos para que los jóvenes amplíen sus oportunidades y, en el futuro, puedan contribuir al bienestar de sus comunidades.El encuentro entre culturas también es misiónEn Loiyangalani, la evangelización se desarrolla en un contexto de diversidad cultural y religiosa. Las comunidades católicas comparten el territorio con musulmanes y con cristianos de otras confesiones. Esta realidad hace del diálogo intercultural, ecuménico e interreligioso una parte cotidiana de la labor pastoral.El padre Jonathan destaca que las diferencias no impiden encontrar propósitos comunes. En su experiencia, la solidaridad puede expresarse también entre personas de distintas tradiciones religiosas, por ejemplo, en el apoyo a actividades dirigidas a niños y jóvenes.Además, la misión no busca que las comunidades sean receptoras pasivas de iniciativas externas. La formación de líderes locales y el fortalecimiento de los procesos comunitarios apuntan a que sus propios integrantes asuman responsabilidades en la evangelización y en la construcción de respuestas a sus necesidades.Esa manera de comprender la misión se conecta con el lema propuesto por el papa León XIV para la Hermanas Teresitas, congregación de origen tanzano: «Uno en Cristo, unidos en la misión», en el año en que la Iglesia conmemora el centenario de esta celebración.Un sueño que ahora mira hacia las comunidadesLa experiencia del padre Jonathan forma parte de una presencia colombiana más amplia en África. En Kenia sirven 16 misioneros colombianos —entre seminaristas, laicos, religiosas y sacerdotes de distintas congregaciones—, además de monseñor Rodrigo Mejía Saldarriaga, obispo jesuita. Sus vocaciones y carismas se despliegan en diferentes lugares y responden a realidades diversas.En el desierto de Chalbi, la misión se construye tanto en la celebración de los sacramentos como en las visitas a poblados apartados, las aulas, las actividades deportivas y el acompañamiento a las familias. La historia del padre Jonathan Acuña muestra cómo una vocación nacida en Colombia encuentra su camino en otra cultura y cómo, en el encuentro con las comunidades, anunciar el Evangelio también significa escuchar, aprender y trabajar por una vida más digna.Vea a continuación el especial audiovisual:
Mar 13 Oct 2026
La Iglesia colombiana se une en oración por el papa León XIV tras confirmarse su diagnóstico de cáncer pulmonar
El examen del tejido extirpado durante una cirugía torácica confirmó el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar. Según informó la Santa Sede, la intervención concluyó sin complicaciones y el Santo Padre despertó con normalidad. La Iglesia Católica en Colombia se une en oración por su salud e invita a todos los fieles del país a acompañarlo espiritualmente.La Oficina de Prensa de la Santa Sede informó este martes 13 de octubre sobre la evolución del papa León XIV, luego de la intervención de cirugía torácica a la que fue sometido, según lo previsto. El procedimiento consistió en la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho mediante una técnica asistida por video.En el comunicado, se confirma que el examen histológico realizado durante la intervención permitió establecer el diagnóstico de adenocarcinoma pulmonar, "como se sospechaba a partir de las pruebas preoperatorias".Sobre el desarrollo de la cirugía, la Santa Sede precisó que el Santo Padre permaneció aproximadamente tres horas en el quirófano y que la intervención tuvo una duración cercana a los 90 minutos. El comunicado señala que "la intervención fue exitosa y no hubo complicaciones".Tras el procedimiento, el Papa "se despertó con normalidad" y, después de un breve periodo de observación, regresó a su habitación en el Policlínico Universitario Agostino Gemelli, conocido como Hospital Gemelli, según el informe médico.La Iglesia en Colombia se une en oración por el Santo PadreAnte esta noticia, la Iglesia Católica en Colombia expresa su cercanía espiritual al papa León XIV y se une en oración por su salud y recuperación. La Conferencia Episcopal de Colombia invita a sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles del país a elevar sus oraciones a Dios por el Santo Padre, pidiendo que lo fortalezca en este momento y acompañe su proceso de recuperación.Asimismo, anima a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y familias a hacer de la oración una expresión de comunión eclesial, esperanza y cercanía con el pontífice, encomendándolo a la protección maternal de la Virgen María.Vea a continuación el mensaje del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia:
Vie 9 Oct 2026
Pastoral Fronteriza de Colombia y Ecuador llama a proteger a las comunidades y sus territorios
Al concluir el Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, en Tumaco, las Iglesias advirtieron sobre las violencias que afectan a las comunidades, el control territorial y las amenazas ambientales. También pidieron a ambos Estados y a los actores sociales e internacionales articular respuestas que garanticen los derechos humanos, la protección humanitaria y la construcción de paz.Las Iglesias de Colombia y Ecuador hicieron un llamado a fortalecer la cooperación binacional para proteger la vida y los derechos humanos en los territorios fronterizos, afectados por dinámicas de violencia, economías ilegales, desplazamiento y deterioro ambiental. La exhortación hace parte del comunicado final del Segundo Encuentro Binacional de Pastoral Fronteriza, celebrado en Tumaco, con la participación de representantes de las ocho jurisdicciones eclesiásticas que acompañan esta región, Cáritas Ecuador y el Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana.En el documento, las Iglesias advierten que la frontera no puede entenderse únicamente como una línea que separa dos países, sino como un territorio compartido por pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y campesinas, familias y personas migrantes que buscan protección y oportunidades. Desde esta perspectiva, señalan que el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, el tráfico de armas, la extorsión y la trata de personas se entrecruzan con disputas por corredores estratégicos y formas de control territorial y social.Uno de los puntos de alerta del comunicado es que la disminución de los hechos violentos registrados no necesariamente significa que haya disminuido el sufrimiento de las comunidades. El miedo, el confinamiento y el control social pueden mantener ocultas situaciones que afectan la vida cotidiana de la población. Ante este panorama, las Iglesias reiteran que no pueden normalizarse estas violencias y expresan su especial preocupación por las comunidades indígenas y afrodescendientes, las familias campesinas, las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y los niños, niñas y adolescentes.El mensaje también relaciona la protección de la vida humana con el cuidado de la casa común. La minería ilegal, los cultivos ilícitos, la deforestación, la contaminación de los ríos y las fuentes de agua, así como los efectos de la variabilidad climática, ponen en riesgo la salud, la alimentación y la permanencia de las comunidades en sus territorios.Frente a estos desafíos, el comunicado plantea que la seguridad fronteriza no puede limitarse al control de los pasos ni a respuestas exclusivamente militares. Si bien reconoce la responsabilidad de los Estados de proteger a la población, garantizar derechos, fortalecer la justicia y enfrentar las redes criminales, subraya que la construcción de paz también requiere oportunidades dignas, instituciones cercanas, protección humanitaria, cuidado ambiental y fortalecimiento del tejido comunitario.Como parte de los compromisos del encuentro, las Iglesias acordaron fortalecer tres líneas de trabajo: la lectura permanente de la realidad fronteriza y la conservación de la memoria de sus pueblos; la acción pastoral y comunitaria para proteger la vida, construir paz y reconciliación, responder a las necesidades humanitarias y cuidar la casa común; y la articulación e incidencia binacional mediante el trabajo con las comunidades y el diálogo con instituciones públicas, organizaciones sociales, cooperación internacional y otros actores.El documento recoge, además, un llamado fraterno a las autoridades de Colombia y Ecuador para que, junto con las organizaciones sociales y la cooperación internacional, impulsen respuestas coordinadas. Las Iglesias advierten que las dinámicas que atraviesan la frontera superan la capacidad de respuesta de un solo país y que la protección de la vida exige corresponsabilidad y decisiones centradas en las personas y las comunidades.Este proceso se apoya en 34 años de trabajo conjunto de las Iglesias particulares de Colombia y Ecuador frente a las violencias, las crisis humanitarias y las distintas formas de exclusión en estos territorios. La consolidación de una instancia binacional permanente busca fortalecer ese camino de cooperación, acompañamiento y solidaridad.Al concluir el encuentro, las Iglesias renovaron su compromiso de permanecer junto a las comunidades, acompañar a quienes sufren y fortalecer sus capacidades para resistir a la violencia y construir esperanza. Su mensaje final reafirma una convicción que orienta esta misión compartida: «Allí donde los límites políticos separan, el Evangelio nos llama a reconocernos hermanos».Vea a continuación la lectura del mensaje final por monseñor Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco:Le puede interesar: Iglesias de Colombia y Ecuador avanzan hacia una agenda común para consolidar la pastoral fronteriza
Jue 8 Oct 2026
Obispos eméritos de Colombia analizaron los desafíos de la inteligencia artificial a la luz de Magnifica Humanitas
Durante el encuentro anual, 18 obispos eméritos profundizaron en la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, y compartieron reflexiones sobre la dignidad humana, la misión evangelizadora y las realidades que interpelan a la Iglesia en Colombia.Del 5 al 6 de octubre, 18 obispos eméritos de Colombia se reunieron en la sede de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), en Bogotá, para reflexionar sobre los desafíos actuales de la Iglesia y compartir aportes desde su experiencia pastoral.Uno de los ejes centrales del encuentro fue el estudio de la encíclica Magnífica Humanitas, del papa León XIV, con especial atención a los interrogantes éticos y humanos que plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y sus implicaciones para la misión evangelizadora de la Iglesia.El cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo emérito de Cartagena, destacó la importancia de comprender estas transformaciones y discernir cómo aprovechar las posibilidades de la tecnología para anunciar el Evangelio, sin perder de vista el valor de la inteligencia humana y las capacidades que hacen posible la comunicación, el perdón y el amor.«El trabajo nuestro es anunciar la Buena Noticia de Jesucristo», señaló el cardenal, al explicar que los medios tecnológicos pueden contribuir a esta misión, pero también suscitan preguntas sobre el lugar de la persona humana en una sociedad cada vez más mediada por algoritmos y máquinas.Por su parte, monseñor Iván Marín López, arzobispo emérito de Popayán, invitó a leer y estudiar la encíclica, subrayando que la dignidad humana debe orientar el uso de los avances tecnológicos. También recordó la importancia de la doctrina social de la Iglesia y sus principios en ámbitos como el trabajo, la familia y la educación.En este contexto, monseñor Marín expresó la necesidad de promover criterios claros para el uso de la inteligencia artificial en los entornos educativos, de manera que los estudiantes puedan aprovechar estas herramientas sin perder su capacidad de pensar críticamente ni quedar expuestos a la manipulación.Una reflexión que parte de la experiencia pastoralEl encuentro también permitió compartir experiencias y reflexiones sobre distintas situaciones eclesiales y sociales que interpelan a la Iglesia, así como dialogar sobre los desafíos de la evangelización y el servicio pastoral en el país.La jornada fue coordinada por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal y monseñor Iván Marín López, con el acompañamiento de la Presidencia de la CEC y del Departamento de Animación de la Comunión y la Sinodalidad.Al explicar el sentido de esta reunión, monseñor Marín destacó los vínculos espirituales, afectivos y pastorales que unen a los obispos eméritos, así como su interés por mantenerse al tanto de la vida de la Iglesia, estudiar los documentos del Papa y de la Conferencia Episcopal y continuar aportando desde sus posibilidades.El cardenal Jiménez, por su parte, describió esta etapa como una oportunidad para recordar el camino recorrido y renovar el sentido del servicio a las comunidades, especialmente a las personas necesitadas de orientación y esperanza.Un servicio pastoral que continúaAunque han concluido su responsabilidad directa en el gobierno de una diócesis, muchos obispos eméritos mantienen una participación activa en la vida de la Iglesia: acompañan procesos pastorales, orientan retiros espirituales, ofrecen conferencias y apoyan a comunidades en sus lugares de residencia.Actualmente, la Iglesia en Colombia cuenta con 49 obispos eméritos. El encuentro, que se realiza anualmente en la sede de la CEC, busca ofrecerles un espacio de reflexión conjunta y recoger sus aportes para la misión pastoral de la Iglesia en el país.La reunión concluyó con el propósito de seguir poniendo la experiencia, el conocimiento y la vida de oración de los obispos eméritos al servicio de la Iglesia, en comunión con sus pastores y con los desafíos de la evangelización en el contexto actual.