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“El ritual de la reconciliación”, la escultura colombiana en el Vaticano
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José Augusto Rivera Castro, escultor colombiano nacido en el municipio de Herveo, departamento del Tolima, ha dedicado su vida artística a producir obras que tienen que ver con acontecimientos nacionales, siempre en la perspectiva de hacer reflexionar al público acerca de ideales sublimes que tiendan a la justicia, la solidaridad, la esperanza, la reconciliación y la paz.
En esta línea creó la escultura “El ritual de la reconciliación” que, según afirma, “tiene todo que ver con la vida violenta que hemos vivido a través de tantos años en Colombia” y que en el momento que la pensó, la relacionó con la firma del acuerdo de paz para nuestro país, en Cuba. “Mi reflexión fue: si ese acuerdo de paz se firma con la guerrilla más numerosa y que más dolor le ha causado a este país, entonces lo que sigue es el perdón y la reconciliación, tal como lo ha planteado el Papa Francisco en todos los lugares del mundo donde él ha ido a predicar”.
Para conocer más sobre esta escultura que, muy pronto, estará en los jardines del Vaticano, nos reunimos virtualmente con Rivera Castro, y hoy compartimos esta entrevista con ustedes.
¿Por qué un grupo de personas abrazándose? Explíquenos la obra
Bueno, el asunto es que aquí tenemos un problema que no es de unos individuos, o de unas familias, o de unos vecinos, sino que es un problema de toda la nación en todos los confines del territorio patrio, es decir, es un asunto de todos y al que todos tenemos que enfrentar y solucionar de la mejor manera. Entonces yo quise representar un grupo grande de personas. Pero este asunto, ahora que hablaba del Papa, no es solamente de Colombia, sino que es un asunto que concierne a muchas nacionalidades, podría decir que concierne a la humanidad entera. Por eso, la versión final de “El ritual de la reconciliación”, que va a estar en los jardines del Vaticano, es representando las diferentes etnias de la humanidad que nos conforma.
En nuestro país siguen los actos de violencia por distintos actores. A pesar de todo este panorama, que a veces se ve desalentador, usted sigue llamando la atención a través de su obra para recordarnos que la esperanza nunca se debe perder.
Sí, es desalentador desde la perspectiva que se mire. Por ejemplo, si tú lo miras desde la perspectiva del desarme de miles de hombres que pertenecieron a la guerrilla de las FARC, eso nos debe animar mucho. Ahora, si tú lo miras desde la perspectiva de los políticos que andan enfrentados, los unos desprestigiando y pretendiendo acabar los acuerdos, y los otros acreditándolo y hablando desde su interés político, otra será la perspectiva.
La mía es la perspectiva de quien quiere mirar la vida nacional como la miran los profetas, vaticinando que vendrán tiempos mejores porque es la única posibilidad que le queda al artista. El mismo Papa Francisco nos pide que realicemos obras que sean esperanzadoras para la humanidad. En ese sentido todas mis obras, a lo largo de mi vida, han sido esperanzadoras. He sido testigo de mi época, cada una, en cada lugar donde la he dejado, le da al público la posibilidad de hacer una interpretación esperanzadora sobre los destinos de nuestra patria.
Esta obra ha sido elaborada en miniatura y ha recorrido varios lugares de Colombia. ¿Qué representa para usted que este trabajo sea reconocido y, sobre todo, sea tenido en cuenta como símbolo de paz en los diferentes espacios donde ha llegado?
Has mencionado algo supremamente importante para el artista. Uno realiza una escultura, pero desde mi punto de vista no es una obra de arte hasta tanto el público no la reconozca como tal, no le dé el valor simbólico que el artista quiso representar allí en la obra. Y, entonces, el camino que ha tenido esta escultura yo lo puedo titular desde La Chinita, Apartadó, Urabá… hasta el Vaticano, porque en cada una de las instancias, de los espacios, de los eventos donde la escultura ha sido presentada ha ido ganando reconocimientos y te los voy a nombrar brevemente.
El primero es que en el evento de perdón que recibieron las FARC a las víctimas en el barrio La Chinita de Apartadó, donde cometieron una masacre, allí la escultura fue ubicada en el atril de los oradores para que recibiera el evento. Después la escultura fue llevada al Senado de la República para proponer que la obra fuese entregada al Papa Francisco como un reconocimiento del compromiso con los otros. Y en la Nunciatura Apostólica, al lado de tantos regalos que le llevaron al Papa, él se detuvo, consideró la escultura, la interpretó, la sintió y decidió llevársela para el Vaticano.
Y, luego, cuando tomamos la decisión de proponerle al Papa Francisco que esa escultura la queríamos hacer monumental como una donación del pueblo colombiano en reconocimiento a su formidable pastoral social por el mundo en torno al perdón, la paz y la reconciliación, en la gobernación del Vaticano el cardenal Giuseppe Bertello, le dio su reconocimiento y agradeció que tuviéremos esa iniciativa y nos ofreció ubicarla en el lugar donde más peregrinos concurrieran en el Vaticano, y lo hacen en condiciones normales 10 millones de personas.
Estuvimos con el director de cultura del Vaticano e, igualmente, le dio su valor y la comparó con otras obras que han tenido importancia en la historia de la humanidad, como el Guernica de Picasso y dijo: “Esta escultura podría llegar a representar este periodo de la historia de la humanidad”.
Finalmente, estuvo en las oficinas de la doctora Barbara Jatta, directora de los museos del Vaticano y ella dijo: “No solamente queremos la escultura monumental en los jardines del vaticano, sino queremos esta maqueta que nos estas trayendo para integrarla a la colección del museo de arte contemporáneo de los museos del Vaticano”.
Así, por donde ha pasado la obra, a las comunidades donde hemos ido a mostrarla, ha gustado mucho y hasta la han comprado, porque las distintas versiones que yo he hecho de “El ritual de la reconciliación” se han ido vendiendo, lo cual nos está sirviendo para financiar la obra monumental. En cada uno de esos lugares la escultura ha encontrado un reconocimiento, las personas le han dado valor y quieren tener la obra para que ella le hable a todas las personas que la vean del compromiso de quien la posee, pero también del interés, para que quienes la vean se sumen y se conviertan en ciudadanos tejedores de reconciliación.
¿Usted mismo le entregó la obra de arte al Papa Francisco?
No, el procedimiento fue que una comisión del Congreso de la República se desplazó a la Nunciatura Apostólica, el nuncio la recibió, y la ubicó junto con los demás presentes para el Papa. Ya no estábamos en tiempo cuando el Senado propuso ser incluidos en un protocolo especial, porque esto fue preparado con mucha anticipación y ya nosotros llegamos fuera del tiempo para integrarnos en el protocolo.
¿Cómo ha sido el proceso para que la escultura llegue al Vaticano?
El primer momento fue cuando el Papa dio su veredicto sobre la obra y se la llevo. Vino luego un segundo momento y fue comprender las razones del Papa para llevarse la obra y, entonces, yo traduje un libro del Papa que se llama: “Mi idea del arte” y comprendí que al Papa le podía llegar perfectamente la idea de hacerla monumental, puesto que él dice que las obras de arte deberían servir para apoyar la evangelización y “El ritual de reconciliación” es un apoyo poderoso para el interés que tiene el Papa sobre la reconciliación en el mundo.
Entonces, entendiendo eso, busqué el apoyo de la Cancillería colombiana y el doctor Carlos Holmes Trujillo, quien ya me había apoyado en el pasado para un monumento a la paz en Medellín, me apoyó y le pidió al doctor Jairo Aníbal Riaño, en ese entonces embajador de Colombia en la Santa Sede, para que hiciera gestiones a fin de que este proyecto fuera aprobado por el Vaticano. Cuando esto comenzó yo me desplace a Roma y acompañé al embajador en todas estas cuestiones.
Fue una iniciativa mía, fue una iniciativa apoyada por la cancillería, gestionada por el embajador de Colombia ante el Vaticano logrando la aprobación del Estado Vaticano. No obstante, por gestión de humildes migrantes latinos en el Vaticano, el proyecto logró llegarle directamente al Papa Francisco y él nos mandó la razón de que esa escultura le importaba mucho y la quería en los jardines del Vaticano.
Con esas dos aprobaciones yo regresé a Colombia y he estado en dos actividades: una, en la realización escultórica y, dos, apoyando la gestión de los recursos que está en cabeza de una entidad que se llama Crónica, especializada en apoyar proyectos como este.
Y, en este momento, ¿cómo avanza el proyecto de la obra?
Bueno, la escultura tiene varios momentos: el proceso escultórico. El primero de ellos se llama modelado, que es lograr la figura definitiva que uno quiere tener en la obra; ese trabajo lo hicimos en medio de las cuarentenas y logramos terminarlo definitivamente.
El segundo momento es llevar la escultura a la fundición. Aquí se hace todo un recorrido que comienza con moldes de silicona, luego en esos moldes se hace un vaciado de la escultura exactamente igual, pero en cera, y esas ceras se cubren con un molde refractario que se calienta; entonces la cera se derrite y el espacio que ocupaba la cera lo ocupará después el bronce que es ya el momento de vaciar el bronce en los moldes para empezar a encontrar de nuevo la escultura.
La escultura va a ser en bronce y tendrá un color dorado, porque yo considero que la reconciliación es un tesoro que los pueblos del mundo deben cuidar y deben preservar.
¿De qué manera se está subsidiando esta propuesta? ¿Quiénes lo están apoyando?
Inicialmente, antes de la pandemia, habíamos hablado con la Conferencia Episcopal porque tuvimos la oportunidad de presentar el proyecto un año atrás al episcopado que se reunió en Bogotá y éste ofreció apoyo al proyecto. Conseguida esa adhesión de la Conferencia Episcopal, entonces nos reunimos con ellos para planear la difusión del mensaje a todas las parroquias y a todos los empresarios amigos de la Iglesia a fin de conseguir apoyo. Pero a los dos días entramos en cuarentena y todo ese plan quedó ahí, porque los templos tuvieron que cerrar y en este momento la población en general se encuentra en una situación muy difícil y, entonces, no es apropiado lanzar esta campaña.
No obstante, hay empresas y entidades que no sufrieron tan duro el impacto de la pandemia, entonces hemos recurrido a ellas y hemos encontrando donaciones que nos han permitido llevar la escultura hasta el punto donde está hoy. Es tener ya tres fundiciones de las 30 que tenemos que hacer porque la escultura se secciona por partes. Entonces tres de esas partes ya las tenemos fundidas y estamos trabajando para conseguir recursos y seguirlas fundiendo. Tenemos en perspectiva varias ofertas económicas, pero también se pueden vincular mediante la recolección de chatarra de cobre y eso es algo que el pueblo católico y las comunidades pueden hacer sin un esfuerzo tan grande, porque es buscar en sus casas y pedirle a los amigos y los vecinos que seleccionen de las cosas desechables que tienen, el material metálico de color amarillos que llamamos cobre.
Esta es una campaña en la que aún estamos cortos, pero que deberíamos emprender en algún momento porque, por más difícil que sea la situación de las personas, ayudar a conseguir esta chatarra no es nada engorroso.
La recolección de chatarra también cuenta. Por decir algo, hay empresas del sector eléctrico que tienen cables y quitan cables eléctricos, esa chatarra nos puede servir a nosotros. Entonces también va el mensaje para los empresarios que nos puedan ayudar.
¿En dónde se podría hacer el contacto para aquellas personas que quisieran donar la chatarra de cobre?
Pues yo estoy pretendiendo tener una reunión con monseñor Elkin Fernando para proponerle que difundamos ese mensaje, que le pidamos al pueblo católico ese propósito. Entonces si lo logramos, el punto de acopio serían las parroquias. Pero aún no lo tengo hablado, conversado y mucho menos aprobado.
Pero en los colegios sí hemos desarrollado una labor que hemos denominado tejiendo reconciliación y le pedimos a los estudiantes que reúnan la chatarra y en el momento en el que sea presencial la educación ellos vayan y depositen la chatarra de cobre.
¿Cuáles son las medidas de la escultura y para cuándo se tiene previsto que este en los jardines del Vaticano?
La escultura tiene 2,50 metros de altura, 2,20 de largo y 2,00 de ancho; es una escultura bastante grande. El tiempo de entrega depende de varios factores: el primero, de cuando terminemos de conseguir los recursos, porque en el momento que se termine de pagar la escultura, ya se puede retirar de la fundición. Y el segundo factor depende de la evolución de la pandemia y la agenda del Papa en el Vaticano que está aún muy incierta.
Agradecimiento al Vaticano
El Papa y las autoridades del Vaticano tuvieron la generosidad de abrirle las puertas por primera vez a un artista americano en los jardines del Vaticano. Y eso, en gran parte, es un honor para Colombia, porque vamos a tener un mensaje muy poderoso de lo que surgió de nuestra situación ahora ante el mundo. Entonces cuando los peregrinos circulen por allí van a oír de parte del guía un mensaje esperanzador que nosotros mismos le estamos enviando al mundo.
Agradecimiento al episcopado
Para terminar, tenemos un agradecimiento muy grande a la Conferencia Episcopal y en especial para monseñor Elkin Fernando, porque nos han apoyado en la medida de las posibilidades incondicionalmente, incluso nos enviaron una carta llamando a todo el mundo a vincularse al proyecto. Es importante decirlo porque a todo señor todo honor.
Para mayor información del artista, podrán comunicarse en el correo electrónico: [email protected]
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Alimentos, equipos y voluntarios: la respuesta de la Iglesia ante emergencia por incendios en el Tolima
La Arquidiócesis de Ibagué, a través de la Pastoral Social y el Banco Arquidiocesano de Alimentos ha movilizado ayudas humanitarias, voluntarios y equipos para apoyar a las comunidades y a los organismos de socorro que enfrentan la emergencia.Más de 5.000 familias afectadas por los incendios forestales que desde finales de julio golpean diferentes zonas del Tolima han recibido el acompañamiento de la Iglesia Católica a través de la Arquidiócesis de Ibagué, que ha desplegado una respuesta que incluye ayudas humanitarias, voluntariado y equipos para apoyar la atención de la emergencia.Al 22 de septiembre, las autoridades departamentales reportaban 270 incendios forestales atendidos en 44 de los 47 municipios del Tolima, con ocho conflagraciones activas y dos controladas. Ese mismo día, la Gobernación señaló que el departamento completaba 50 días de incendios y que más de 60.000 hectáreas habían sido deterioradas por el fuego.La emergencia ha dejado afectaciones ambientales, daños en zonas rurales y pérdidas para comunidades campesinas, además del impacto sobre la fauna silvestre. Frente a esta realidad, el Banco Arquidiocesano de Alimentos de Ibagué y la Pastoral Social han llevado ayudas directamente a las comunidades afectadas.La Iglesia llega a las zonas afectadasEn el municipio de Coello, uno de los territorios afectados por los incendios, la Arquidiócesis entregó 3.035 kilos de ayudas, entre alimentos, agua, elementos de aseo, cobijas, linternas y colchonetas.La atención también llegó a las veredas Chagualá, Cunira, Dosquebradas y Santa Bárbara, en el corregimiento de Coello, donde fueron entregados alimentos, colchonetas, linternas y frazadas a familias damnificadas.“Gracias a nuestros hermanos en Colombia, que a pesar de tantas situaciones, están ayudando a nuestro Tolima”, explicó el padre José Ferney Quimbayo Garrido, director del Banco Arquidiocesano de Alimentos de Ibagué, quien destacó la participación de parroquias, empresas, voluntarios, otros bancos de alimentos y la Pastoral Social en esta respuesta.Más de $100 millones en ayudas y equiposLa respuesta de la Iglesia también ha buscado apoyar a quienes están en primera línea frente al fuego.Además del apoyo espiritual, el Banco Arquidiocesano de Alimentos puso a disposición de los equipos de emergencia una motobomba para fortalecer su capacidad de respuesta. La adquisición del equipo fue posible gracias a la articulación entre la Arquidiócesis de Ibagué, la Pastoral Social, ABACO (Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia), empresas, benefactores y ciudadanos.De acuerdo con el padre Quimbayo, la Arquidiócesis también ha destinado más de 100 millones de pesos en diferentes elementos para atender la emergencia, entre ellos bombas estacionarias, equipos de fumigación de espalda, elementos de protección, agua y mercados.Una respuesta que moviliza a parroquias y voluntariosLa emergencia ha generado además una amplia movilización de voluntariado. Los días 3 y 4 de septiembre, jóvenes, adultos, empresas, instituciones y ciudadanos participaron en una jornada convocada por el Banco Arquidiocesano de Alimentos para clasificar y organizar los productos destinados a las familias afectadas.Las parroquias de la Arquidiócesis también se han sumado con aportes económicos y voluntarios, mientras otros bancos de alimentos del país han contribuido con donaciones. Entre ellos, el Banco de Alimentos de Zipaquirá, que entregó ayudas para apoyar a las familias afectadas por estas conflagraciones en el Tolima.La respuesta continúa mientras el departamento enfrenta una de las temporadas de incendios forestales más prolongadas registradas en este periodo. Desde el territorio, la Arquidiócesis de Ibagué mantiene el acompañamiento a las comunidades afectadas y articula esfuerzos con organizaciones, empresas, voluntarios y organismos de socorro para atender las necesidades que deja la emergencia.En palabras del padre Quimbayo, se trata de una respuesta que ha sido posible gracias a la solidaridad de distintos sectores: una red que permite que las ayudas lleguen a las familias y que también contribuya a fortalecer la capacidad de quienes trabajan para contener el fuego.Vea el informe audiovisual a continuación:
Mar 15 Sep 2026
“Reconstruir no significa solamente levantar edificios": Arzobispo de Cali durante jornadas conmemorativas por las víctimas del terremoto
Al cumplirse un mes del terremoto que estremeció a Colombia, en Cali, comunidades, parroquias y agentes pastorales se unieron en una jornada de oración y memoria por las 154 personas que perdieron la vida allí. Las actividades también pusieron de manifiesto que la reconstrucción implica acompañar a quienes continúan afrontando las consecuencias de la tragedia y fortalecer los vínculos de las comunidades.La memoria de las víctimas, la oración y la esperanza marcaron las acciones desarrolladas en Cali alrededor de la conmemoración del primer mes del terremoto ocurrido el 10 de agosto. Eucaristías, el rezo del Santo Rosario, el repique de campanas y un acto especial en memoria de quienes perdieron la vida reunieron a comunidades de distintos sectores de la ciudad.Las actividades iniciaron la noche del 9 de septiembre en la parroquia María Inmaculada, en el barrio Ciudad Capri. Después de la Eucaristía, la comunidad recorrió las calles con velas encendidas para rezar el Santo Rosario junto a la imagen de Nuestra Señora de los Remedios, patrona de la Arquidiócesis de Cali.La celebración contó con la presencia de monseñor Mark Joseph Seitz, obispo de El Paso, Texas, quien se encontraba de visita en la Arquidiócesis de Cali y quiso acompañar a esta comunidad afectada por el terremoto.“Es como un regalo de Dios...Cuando uno escucha acerca de lo ha pasado en otro parte del mundo, el corazón se conmueve... Quise estar presente con ellos, quise hacer algo por ellos, quise expresar nuestro dolor por lo que está pasando en sus vidas", expresó el obispo.Para el padre Albert Madroñero Gutiérrez, párroco de María Inmaculada, estos espacios también representan una oportunidad para que la comunidad relea su historia desde la fe y encuentre en medio del dolor motivos para fortalecer la esperanza, la fraternidad y el valor de la vida.Una ciudad que hizo memoriaDurante la mañana del 10 de septiembre, la parroquia Santa Teresa de Jesús, en Pampalinda, acogió una Eucaristía presidida por monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, quien elevó sus oraciones por las personas fallecidas, los damnificados y quienes han continuado prestando su servicio a las comunidades.“Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando. En el nombre del Señor”, señaló el arzobispo.A las 7:34 de la mañana, la misma hora en la que ocurrió el terremoto un mes atrás, las campanas de los templos de Cali sonaron durante 90 segundos. El repique se convirtió en un signo de memoria y esperanza y recordó a las 154 personas que perdieron la vida.El acto central de esta jornada también tuvo lugar en la parroquia María Inmaculada. Allí fueron leídos los nombres de las víctimas y se depositó una rosa blanca en el altar por cada una de ellas. También se elevaron globos blancos como expresión de memoria y esperanza.“Es hacer memoria, recordar a nuestros seres queridos; recordar el momento pero también avivar la esperanza”, afirmó el padre Albert Madroñero.La jornada permitió así recordar la magnitud del impacto del terremoto, pero también reconocer la capacidad de las comunidades para encontrarse, orar y continuar acompañándose.Orar por quienes siguen afrontando las consecuenciasLa oración continuó durante la tarde y la noche en la Iglesia de La Ermita, donde monseñor Luis Fernando Rodríguez, junto con integrantes de la Pastoral Social y del Observatorio de Realidades Sociales de la Arquidiócesis de Cali, acompañó a la comunidad en el rezo del Santo Rosario.Las intenciones estuvieron dirigidas a las personas fallecidas, sus familias, los heridos, los damnificados, quienes han perdido o visto afectados sus hogares y bienes, así como a quienes continúan aportando a los procesos de recuperación y reconstrucción.El padre Diego Fernando Guzmán, director de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Cali, destacó el sentido de esta oración como una fuente de fortaleza para las comunidades afectadas.“Que la paz de Cristo, que el amor maternal de la Virgen María nos dé la fuerza necesaria para cultivar el camino para seguir adelante a pesar de la destrucción. No se pierde la esperanza y queremos seguir adelante”, afirmó.Reconstruir también significa reconstruir comunidadLa conmemoración del primer mes permitió poner nuevamente la mirada sobre los desafíos que permanecen después de la emergencia. Para la Arquidiócesis de Cali, acompañar este proceso supone no limitar la reconstrucción a la recuperación de las estructuras físicas, sino reconocer también las afectaciones humanas y sociales que deja una tragedia de esta magnitud.“Reconstruir no significa solamente levantar edificios, sino también reconstruir vidas, vínculos y comunidad”, expresó monseñor Luis Fernando Rodríguez durante la jornada.El arzobispo también recordó que el terremoto significó un antes y un después para Cali, el Valle del Cauca y buena parte del territorio colombiano, y destacó el servicio que voluntarios y voluntarias continúan prestando a las comunidades.“Desde este comedor comunitario en el sector de Pampalinda, rendimos homenaje a las víctimas, a quienes han fallecido. Acompañamos a los damnificados y agradecemos a los múltiples voluntarios y voluntarias que siguen sirviendo y amando”, afirmó.Para la Iglesia, la memoria de quienes perdieron la vida y la atención a quienes continúan afrontando las consecuencias del terremoto se mantienen, de esta manera, como parte de un mismo camino: recordar, acompañar y contribuir a reconstruir no solo los espacios afectados, sino también las vidas y los vínculos que sostienen a las comunidades.Vea a continuación el video con los momentos más destacados de las jornadas:
Lun 14 Sep 2026
Entre goles, fraternidad y misión: Medellín cerró la XI Copa de la Fe con cuatro equipos campeones
La XI Copa de la Fe reunió en Medellín a más de 900 sacerdotes de Colombia, Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica en un encuentro que combinó competencia deportiva, fraternidad sacerdotal y una jornada pastoral en 29 parroquias de la Arquidiócesis de Medellín.La XI Copa de la Fe llegó a su final en Medellín dejando una particularidad en su historia: cuatro finales y cuatro campeones, en una edición que volvió a mostrar que el fútbol puede ser también un espacio para fortalecer la fraternidad sacerdotal, el encuentro con las comunidades y la misión evangelizadora.Durante cinco días, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica compartieron alrededor del deporte, acompañados por sus comunidades y por varios obispos que estuvieron presentes junto a los equipos de sus jurisdicciones.Cuatro copas, cuatro campeonesLa competencia se desarrolló en cuatro categorías que pusieron en el centro valores asociados a la experiencia de la Copa de la Fe:La Copa de Juego Limpio fue para la Diócesis de San Cristóbal, Venezuela, que disputó la final frente a la Diócesis de Cúcuta. La Copa de la Paz y la Reconciliación quedó en manos de la Arquidiócesis de Guadalajara, México, luego de enfrentar en la final a la Diócesis de Sonsón-Rionegro. Por su parte, la Diócesis de Garzón se quedó con la Copa de la Fraternidad, tras disputar la final ante la Arquidiócesis de Cartagena, mientras que la Arquidiócesis de Nueva Pamplona conquistó la Copa de la Esperanza, frente a la Diócesis de Pasto.Las finales de Juego Limpio y Paz y Reconciliación tuvieron como escenario el Estadio Atanasio Girardot, uno de los espacios deportivos más representativos de Medellín.De las canchas a la misiónUno de los momentos centrales de esta edición tuvo lugar durante el segundo día del torneo, cuando los sacerdotes dejaron por unas horas las canchas para ponerse en modo misión y encontrarse con las comunidades de la Arquidiócesis de Medellín.En total, 29 parroquias de las cuatro vicarías episcopales de zona abrieron sus puertas para recibir a los sacerdotes participantes. Allí celebraron la Eucaristía, administraron el sacramento de la Reconciliación y compartieron con familias, grupos parroquiales y personas de las comunidades.También realizaron visitas a enfermos y conocieron de cerca distintas realidades de la vida parroquial. La jornada permitió vivir una dimensión del ministerio sacerdotal que va más allá de la competencia: estar cerca de las personas, escuchar, compartir y caminar junto a las comunidades.Agentes pastorales de la Arquidiócesis de Medellín acompañaron el desarrollo de esta jornada y apoyaron la organización y logística del torneo, haciendo posible el encuentro entre las delegaciones y las comunidades locales.Una experiencia de fraternidadLa Copa de la Fe también permitió fortalecer los vínculos entre sacerdotes de distintas jurisdicciones. En esta edición, algunas Iglesias particulares se unieron para conformar un solo equipo, como ocurrió con la Diócesis de Yopal y la Arquidiócesis de Florencia; la diócesis de Ocaña y El Banco; la Diócesis de Málaga y la Arquidiócesis de Bucaramanga; así como las diócesis de Girardota, Caldas y Quibdó.A las jornadas deportivas se sumó además el acompañamiento de los fieles, quienes llegaron desde diferentes regiones para respaldar a sus sacerdotes desde las tribunas. Su presencia se convirtió en otra expresión de comunión eclesial alrededor de un encuentro que buscó integrar a sacerdotes, comunidades y familias.La experiencia también quiso abrir una oportunidad para que los espectadores conocieran de una manera cercana la vida y el servicio de los sacerdotes y, a partir de ese encuentro, pudiera surgir en algunos jóvenes la inquietud por la vocación sacerdotal.Los obispos acompañaron a sus equiposAunque la participación de los sacerdotes fue el centro de la competencia, varios obispos acompañaron a las delegaciones de sus jurisdicciones durante el torneo.Entre ellos estuvieron los anfitriones, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, y monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín, quienes recibieron y acompañaron a las diferentes delegaciones.También estuvieron presentes monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso; monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Montería; monseñor Dimas Antonio Acuña Jiménez, obispo de El Banco; monseñor José Alberto Ossa Soto, arzobispo de Nueva Pamplona; monseñor Hugo Torres Marín, arzobispo de Medellín; y monseñor Juan Manuel Toro Vallejo, obispo de Gigardota, entre otros pastores que acompañaron a sus sacerdotes.La XI Copa de la Fe cerró así una nueva edición en la que el resultado deportivo fue solo una parte de la experiencia. En Medellín, las canchas, las parroquias y las comunidades se convirtieron en escenarios de fraternidad, comunión y misión, mostrando que el deporte también puede abrir caminos para el encuentro y la evangelización.
Jue 3 Sep 2026
Medellín está lista para la XI Copa de la Fe: fútbol, fraternidad y misión del 7 al 11 de septiembre
Del 7 al 11 de septiembre, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica participarán en este encuentro que, además del torneo deportivo, propicia espacios de fraternidad, encuentro con las comunidades y evangelización. En esta oportunidad, serán 32 delegaciones.Un encuentro que va más allá del fútbolLa Arquidiócesis de Medellín será la sede de la XI Copa de la Fe, encuentro deportivo que reunirá durante cinco días a cerca de 900 sacerdotes provenientes de distintas jurisdicciones de Colombia y de otros países.El torneo busca generar un espacio de encuentro entre sacerdotes de diferentes territorios, teniendo el deporte como una oportunidad para fortalecer la fraternidad y compartir experiencias de vida y ministerio. A lo largo de la semana, los participantes estarán presentes no solo en escenarios deportivos, sino también en parroquias y otros espacios de la ciudad.De esta manera, la Copa de la Fe trasciende la competencia y se integra a la vida de las comunidades que acogerán a las diferentes delegaciones.El deporte como espacio para la misiónLa dimensión pastoral ha estado presente en las diferentes ediciones de la Copa de la Fe. Junto con los partidos, los sacerdotes han participado en actividades como espacios de confesión, visitas a enfermos, bendición de hogares y encuentros de evangelización.En esta edición, la presencia de los participantes en diferentes parroquias de Medellín permitirá mantener esta dinámica de encuentro con las comunidades, haciendo del deporte un lenguaje para acercarse a los fieles y compartir con ellos la experiencia del ministerio sacerdotal.Las comunidades también podrán ser parte de la CopaUno de los propósitos de esta edición será propiciar que las comunidades puedan acompañar de cerca a los sacerdotes participantes. Por ello, los partidos tendrán acceso gratuito para el público, de manera que los fieles puedan asistir a los encuentros y compartir estos espacios de fraternidad con las diferentes delegaciones.Esta invitación tiene un énfasis especial para los momentos de apertura y cierre del torneo. La inauguración, prevista para el lunes 7 de septiembre, se realizará a las 4:00 de la tarde en el Polideportivo de la Universidad Pontificia Bolivariana, mientras que la clausura y premiación tendrá lugar el viernes 11 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, en el Estadio Atanasio Girardot.Todos los partidos de la XI Copa de la Fe serán transmitidos a través del canal de YouTube de la Arquidiócesis de Medellín, ampliando así la posibilidad de acompañar el torneo a quienes no puedan hacerlo de manera presencial.Sacerdotes de Colombia y otros paísesLa XI Copa de la Fe contará con la participación de delegaciones provenientes de diferentes regiones de Colombia, así como de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica.La presencia internacional amplía el carácter de encuentro que ha adquirido el torneo y favorece el intercambio entre sacerdotes de distintas Iglesias particulares, en torno a una experiencia que combina deporte, convivencia y misión.Una competencia con historiaEn el ámbito deportivo, la Copa de la Fe cuenta con varios equipos que han dejado su huella en las ediciones anteriores.La Diócesis de Garzón ha conquistado el título en tres oportunidades: 2016, 2023 y 2024. La Arquidiócesis de Guadalajara, México, obtuvo los campeonatos de 2018 y 2022, mientras que la Arquidiócesis de Popayán es la actual campeona, luego de ganar la edición de 2025, realizada en Armenia.La Arquidiócesis de Medellín también ha tenido una participación destacada y en diferentes ediciones ha alcanzado la instancia final del torneo.Con esta nueva edición, la Copa de la Fe seguirá consolidándose como un espacio de encuentro y fraternidad, alrededor del deporte.Vea a continuación el video promocional de la Copa de la Fe 2026: