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Vio y creyó
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DOMINGO DE PASCUA
EN LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
Abril 20 de 2025
Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 10, 34a.37-43
Salmo: 118(117),1-2.15c y 16ª y 17.22-23 (R. 24)
Segunda lectura: Colosenses 3,1-4 o bien 1 Cor 5,6b-8
Evangelio: Juan 20,1-9
I. Orientaciones para la Predicación
Introducción
La liturgia de la Pascua resplandece en la comunidad cristiana como experiencia comunitaria y la Misa del día de pascua convoca al júbilo de los bautizados que se renuevan en el encuentro con la experiencia de la resurrección. Conviene desarrollar estas ideas como telón de fondo de la liturgia del día:
• La experiencia de la resurrección exige una confesión de fe histórica: el hoy salvífico de Dios: “Somos testigos de esto…”
• Si se proclama la lectura de Colosenses, la idea que resuena es la estar con Cristo y descubrir que en la esperanza la fe trae la victoria del resucitado para todos los sumergidos en su misterio. Si se usa el texto de 1 Corintios, la experiencia de la resurrección genera la novedad de vida que implica limpiar todo lo vetusto y anquilosado del pecado en la propia vida y en la vida de la comunidad.
• La resurrección es una experiencia nueva y genera la invitación a ver y creer, porque no es una idea que invade inconsciente sino una realidad transformante: Él debía resucitar de entre los muertos.
1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?
El día de la Pascua nos congrega en torno a una tumba vacía que tiene evidencias de que algo extraordinario ha ocurrido y de nuevo aparece el domingo como día de esta experiencia (el primer día de la semana).
Como en la vigilia pascual cuando se escuchaba el evangelista Lucas, ahora nuevamente una mujer está en el testimonio pascual.
El juego literario de la carrera y la entrada de Pedro y el discípulo amado refleja que las comunidades joánicas acataban a Pedro, pero le daban un realce particular a la figura del discípulo amado como el primero en haber creído.
¿Por qué cree el discípulo amado al ver los lienzos? Los cadáveres eran envueltos en un lienzo (sábana) y se utilizaba un sudario para cubrir la cabeza, que se envolvía de manera independiente, rodeándola muy bien. Cuando el discípulo amado entra, ve los lienzos colocados en su propio sitio (de esta manera podría traducirse) y pareciera como si se hubieran desinflado (eso deja ver el texto griego).
La cuaresma nos llevó en ascenso a la montaña santa de la pascua y en la vigilia nos dimos cuenta de que hay una historia de salvación en la que Dios ha ido dando vida al mundo, pero hoy la experiencia de la pascua nos hace gritar de júbilo porque verdaderamente ha resucitado Cristo, nuestra esperanza.
La resurrección reclama testigos y el testimonio implica una vivencia y una experiencia del Resucitado, como transmite la predicación petrina del texto de los Hechos de los Apóstoles.
La resurrección reclamas también un estilo de vida que implica la novedad y el horizonte de una vida cristiana transformada, como dejan ver las dos opciones para la segunda lectura del día.
Esencial a este día y a toda la octava de la pascua es proclamar que hoy es el día en que actuó el Señor y por eso cantamos su bondad.
2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?
A la Iglesia peregrina de esperanza y en proceso permanente de sinodalidad la Palabra de Dios la convoca de manera especial a la contemplación, a salir de los presupuestos de la razón y de la comprensión humana para entrar en el ámbito del misterio y de la mirada sobrenatural.
A una Iglesia en camino esta Palabra le habla al corazón y le recuerda la esencia de su ser:
• En primer lugar: Una Iglesia peregrina sabe salir permanentemente en búsqueda de los hermanos y sabe reconocer el papel que cada uno debe jugar en la comunidad cristiana. Iglesia peregrina con palabras oportunas y anuncios transformadores.
• Una Iglesia peregrina de esperanza sabe reconocer el hoy salvífico de Dios y sabe cantar la bondad y la misericordia de Dios en el día a día de la comunidad. Iglesia peregrina en reconocimiento del don.
• Una Iglesia peregrina se reconoce en camino y en proceso permanente de conversión, para poder fermentar adecuadamente la masa del mundo. Iglesia peregrina en conversión personal y pastoral.
La Palabra de Dios habla al corazón de cada uno de nosotros y habla de manera directa al corazón de la comunidad cristiana. Hoy hay un llamado para que la comunidad experimente un proceso de fe muy concreto:
• Es necesario tener el encuentro personal y comunitario con Jesús.
• Vale la pena dar el salto de nuestra vida: hay que dejar los miedos y seguridades falsas, para arriesgarlo todo en la aventura de la fe que nos propone Jesús.
• Es necesario abrir los ojos para ver a Jesús en el rostro del otro, para poder callejear la fe, en palabras del Papa Francisco y así ser coherentes.
• Por último, es necesario meterse en el camino, hacerse discípulo y no dejar enfrías la fuerza y la alegría del encuentro. Cuando el encuentro ha sido verdadero, los efectos deben notarse en el compromiso discipular.
Quien se hace discípulo sabe escuchar y sabe obedecer, quien se hace discípulo sabe tomar el riesgo y emprender la carrera a su propio ritmo pero siempre en camino; quien se hace discípulo sabe que nunca se detiene y sobre todo recuerda que después de contemplar y vivir la experiencia de la resurrección siempre es necesario volver a la comunidad y allí transmitir y vivir la fe.
3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?
En la Bula de convocación al Jubileo del 2025, el Papa Francisco expresaba: “Este entretejido de esperanza y paciencia muestra claramente cómo la vida cristiana es un camino, que también necesita momentos fuertes para alimentar y robustecer la esperanza, compañera insustituible que permite vislumbrar la meta: el encuentro con el Señor Jesús” (Spes non confundit 5). Este camino es siempre un camino que en la incertidumbre del mundo nos convoca a dar razones de nuestra esperanza y de nuestra fe. Esta tarea nos saca de la comunidad, nos lleva a contemplar el rostro del Resucitado en circunstancias muy concretas y nos devuelve a la comunidad para experimentar que la comunidad es “discípulo amado” que corre, que ve y cree y es capaz de permanecer junto a la Cruz y es capaz de contemplar el misterio infinito del amor hasta sus últimas consecuencias.
Esta liturgia pascual no necesita muchas palabras, exige contemplar los símbolos y el lenguaje del amor: Un Cirio pascual, un agua bautismal, una comunidad celebrante, un pan y un vino que se eucaristizan por amor…
La misión brota de la contemplación. Sólo es misionero quien ha sabido ver y creer, quien ha sabido acercarse a la tumba vacía en su tiempo y en su espacio.
Una Iglesia peregrina en año jubilar comprende que no puede guardarse este gozo y sabe comunicarlo para que otros sigan corriendo en todos los tiempos a la tumba vacía.
Las acciones concretas están en consonancia con la cuaresma que ha pasado: no puede haber pascua sin camino de conversión, no puede haber pascua sin camino de amor y compañía en la experiencia de la conversión.
El Resucitado nos reenvía a la comunidad, a los que se han adherido permanentemente a la persona de Jesús por la acción del creer.
La mejor oración en el tiempo de Pascua es la contemplación de los signos y símbolos de la pascua.
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Recomendaciones prácticas:
• 25 – 27 de abril. Jubileo de los Adolescentes.
II. Moniciones y Oración Universal o de los Fieles
Monición introductoria de la Misa
Hoy como Iglesia peregrina, como comunidad en camino venimos a reunirnos en torno al altar para participar de la Eucaristía y celebramos el gozo de la Pascua. Abrimos los ojos para ver y creer, nos detenemos para contemplar el don de Dios y cantamos las maravillas que siguen aconteciendo por su bondad en nosotros. Ha resucitado Cristo, nuestra esperanza y estamos alegres.
Monición a la Liturgia de la Palabra
La comunidad del discípulo amado convocada a la escucha de la Palabra y en el seno de la gran comunidad de la Iglesia, hoy puede ver y creer. Dejemos que esta palabra resuene en nuestra asamblea y experimentamos el gozo de los discípulos, el gozo de la Iglesia que junto a la tumba vacía confiesa su fe en el Resucitado.
Oración Universal o de los Fieles
Presidente: Al Padre de la vida, que nos convoca hoy a celebrar la pascua con la sinceridad y la verdad, acudamos llenos de fe.
R/. Dios de la vida, escúchanos.
1. Tú que nos has regalado en la resurrección tu Hijo la esperanza firme para caminar en comunidad, acompaña la Iglesia en este jubileo de la esperanza y haz que ministros y fieles seamos levadura para el mundo. Oremos.
2. Tú que nos has encomendado dar testimonio al pueblo, acompaña la misión de los gobernantes para que trabajen por la paz y la justicia entre los hombres y busquen caminos para erradicar l aguerra y la desigualdad. Oremos.
3. Tú que has puesto en camino a la Magdalena y a los discípulos, mueve a la peregrinación existencial a la comunidad cristiana para ir al encuentro del resucitado en el rostro del pobre y del necesitado. Oremos.
4. Tú que nos has llamado a la Iglesia, has que podamos buscar siempre los bienes de arriba y ser buena levadura en medio de la masa del mundo. Oremos.
5. Tú que deseas que todos gocemos de la vida eterna, haz que todos aquellos que participan en el Jubileo de los Adolescentes, sepan descubrir en la sencillez de la vida, el verdadero gozo pascual. Oremos.
Oración conclusiva
Dios y Señor de la vida, que nos has mostrado que tu misericordia es eterna, atiende las súplicas y oraciones de tu pueblo. Por Jesucristo nuestro Señor
R. Amén.
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Vie 22 Mayo 2026
“Recibid el Espíritu Santo”
DOMINGO DE PENTECOSTÉSMayo 24 de 2026Primera lectura: Hch 2, 1-11Salmo: Sal 104 (103), 1ab y 24ac. 29bc-30. 31 y 34 (R. cf. 30)Segunda lectura: 1Co 12, 3b-7. 12-13Evangelio: Jn 20, 19-23I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónEsta solemnidad concluye el Tiempo Pascual, la cincuentena pascual, o Pentecostés, que forman un único periodo festivo: el “día en que actuó el Señor”. El evangelio de san Juan que escuchamos hoy relata la entrega de su Espíritu por parte de Jesús a sus discípulos, el mismo día de su resurrección.El Espíritu Santo es el Espíritu del Padre y del Hijo, el “lazo” de unión. Al ser derramado sobre la Iglesia, la une al misterio del Dios uno y trino, comunión íntima de vida y amor. Así, la Iglesia brota de la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; tiene su fuente en el misterio de amor de la Trinidad, como afirma san Cipriano.La Iglesia está llamada a vivir esta comunión, lo que exige que cada miembro le abra espacio en su corazón al Espíritu Santo; esto, sin embargo, no es posible sin un esfuerzo sincero y decidido de cada bautizado.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?En la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles, san Lucas narra el acontecimiento extraordinario ocurrido cincuenta días después de la resurrección del Señor: el cumplimiento de la promesa de enviarles el Espíritu Santo. Jesús no falla; Él es la Verdad en persona. La lectura describe los efectos del Espíritu: todos escuchaban en su propia lengua. Mientras el pecado produce división y destrucción, el Espíritu Santo genera unidad y entendimiento. Por su intervención, el mundo es recreado, tal como expresa el salmo: “Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra”. Sin el aliento del Espíritu es imposible vivir verdaderamente.El Evangelio nos presenta a Jesús derramando su Espíritu sobre los discípulos el mismo día de su resurrección. Él cumple la promesa y se derrama en los corazones de quienes lo acogen con fe y amor.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?La solemnidad de Pentecostés concluye el Tiempo Pascual, que forma un todo desde la resurrección. Dios Padre no abandonó a su Hijo al poder de la muerte; mediante su Espíritu lo levantó de la tumba y lo exaltó, y ahora derrama sobre su Iglesia el Espíritu que da vida y vida en abundancia. “Este es el día en que actuó el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo”, dice el salmista. Por el bautismo y mediante el Espíritu somos introducidos en este “día” salvífico, participando de la vida divina y de la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu. La Iglesia es el lugar donde habita el Espíritu, que continuamente la alimenta, custodia y renueva. Cada bautizado está llamado a darle espacio en su corazón para que toda la Iglesia sea más y más renovada y presentada a Dios como virgen inmaculada.La Iglesia es el “lugar” en donde habita como en su propia casa el Santo Espíritu, en ella Jesús lo está derramando continuamente, tal como lo hizo en sus inicios. El Señor no abandona nunca a su Esposa, siempre la alimenta y la nutre, la custodia y la protege, la defiende y la libera de todo mal; en ella se encuentra presente continuamente por su Espíritu que entrega con abundancia. Cada bautizado está llamado, como miembro de su Cuerpo místico, a darle espacio en su corazón para que, de este modo, cada vez sea más y más renovada toda la Iglesia y pueda ser presentada a Dios como virgen inmaculada y sin mancha.Abrir el corazón al Espíritu requiere renunciar a nuestro espíritu egoísta, vanidoso, orgulloso o perezoso. Si lo hacemos, se restablece la paz y la armonía interior robadas por el pecado. Este camino de docilidad es exigente y requiere una batalla constante, pero produce efectos saludables: alegría, gozo interior y esperanza frente a un mundo deteriorado por el pecado.Al acoger plenamente al Espíritu, nos convertimos en agentes de transformación: nuestra vida, testimonio y coherencia cristiana pueden animar a otros a abrir su corazón y experimentar la gracia y los frutos del Espíritu.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?La solemnidad de Pentecostés es ocasión propicia para pedir una nueva efusión del Espíritu sobre toda la Iglesia, para que se renueve en sus miembros y sea signo creíble de unidad y caridad en un mundo dividido por el egoísmo.Cada bautizado debe examinar su corazón y descubrir lo que impide al Espíritu actuar plenamente. Pidámosle a Dios fuerza y fortaleza para vencer el egoísmo y acoger radicalmente su obra transformadora, caminando, corriendo y volando tras el Espíritu, hacia una existencia que refleje el espíritu de Jesús.Pidamos especialmente el don de fortaleza, pues las asechanzas del mundo hacen cada día más exigente vivir una vida cristiana coherente. Solo en Dios tenemos vida verdadera; todo lo que no es Él conduce a la ruina. Que podamos comunicar, con valentía y sin temor, la fuente de la vida en abundancia: Jesucristo, que nos entrega su Espíritu._______________________Recomendaciones prácticas:•Hoy concluye el Tiempo Pascual. Después de la última misa, se apaga el cirio pascual y se retira del presbiterio; conviene colocarlo en el bautisterio para que arda durante la celebración del bautismo y para encender los cirios de los bautizados.•Comienza la semana de oración por la unidad de los cristianos.II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misa Como Iglesia universal celebramos hoy el día en que Jesús cumplió la promesa de enviar el Espíritu Santo sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Que la participación en esta Eucaristía disponga nuestro corazón a recibirlo y dejarlo actuar en nuestra vida diaria. Celebremos con fe y alegría.Monición a la liturgia de la PalabraLa efusión del Espíritu Santo que escuchamos en la primera lectura de los Hechos y en el Evangelio de san Juan nos dispone a recibirlo como comunidad de fe, generando unidad y caridad, tal como nos recuerda la primera Carta a los Corintios.Oración universal o de los fielesPresidente: En el día en que Jesús cumplió la promesa del envío del Espíritu Santo, presentemos al Padre nuestras súplicas con un corazón confiado y agradecido.R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Santa Iglesia: para que el Espíritu Santo le otorgue luz y fuerza para anunciar la Palabra de Dios y comunicar su amor y gracia a todos. Oremos.2.Por los gobernantes de las naciones: para que, iluminados por el Espíritu, guíen a los pueblos por caminos de justicia y paz. Oremos.3.Por los que sufren en cuerpo o alma: para que, fortalecidos por el Espíritu, unan sus padecimientos a los de Cristo y contribuyan a la redención de la humanidad. Oremos.4.Por nuestra comunidad parroquial y todos los que participamos de esta Eucaristía: para que nos abramos al Espíritu Santo, renunciando a todo lo que lo contrista. Oremos.Oración conclusivaEscucha, Padre Santo, nuestras súplicas; que lleguen a tu presencia y nos concedan lo que te pedimos con fe y confianza. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 15 Mayo 2026
“Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos”
SÉPTIMO DOMINGO DE PASCUAASCENSIÓN DEL SEÑORMayo 17 de 2026Primera lectura: Hch 1, 1-11Salmo: Sal 47 (46), 2-3. 6-7. 8-9 (R. cf. 6)Segunda lectura: Ef 1, 17-23Evangelio: Mt 28, 16-20I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLa riqueza teológica de la solemnidad de la Ascensión del Señor es amplia y toca de manera directa la vida de los creyentes. Las lecturas de hoy destacan la estrecha relación entre el Resucitado, que asciende, y los discípulos, que son enviados con la plenitud del Espíritu prometido en la primera lectura. Ascensión y entronización son dos miradas complementarias de la celebración de este domingo, en el que los participantes de la Eucaristía somos invitados a proclamar que el Señor asciende entre aclamaciones y que, como soberano de toda la tierra, reina sobre las naciones.1.Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?Lo más llamativo de las lecturas de este domingo es que prestan poca atención al hecho de la ascensión del Resucitado, incluso presentan ciertas variaciones narrativas, y más bien se centran en las últimas instrucciones a los apóstoles que Él había elegido. Dichas instrucciones se relacionan con la promesa del Espíritu y con el encargo misionero. Ambos aspectos representan el núcleo de nuestra celebración de hoy.El evangelio nos propone el último pasaje de Mateo. Los discípulos están en Galilea, y no en Jerusalén como en Hechos. Tampoco se menciona allí la ascensión. En Galilea –lugar donde comenzó la misión de Jesús y donde llamó a sus discípulos– debe iniciarse ahora la misión apostólica. Desde un monte sin nombre, evocando la tradición bíblica de la montaña como lugar de la revelación, Jesús pronuncia su discurso misionero. En tres momentos claves aparece Jesús en una montaña en Mateo: en el discurso inaugural (cap. 5–7), en la transfiguración (cap. 17) y ahora, en el envío final. El escenario subraya la dimensión divina de lo que acontece.La reacción de los once es la esperada: se postran ante Jesús, reconociéndolo como Dios, aunque algunos dudan. Esta vacilación recuerda que la fe en la resurrección fue un proceso gradual, como también sucede en nuestras comunidades.Las palabras de Jesús comienzan con una revelación: “He recibido todo poder en el cielo y en la tierra”. Durante su vida pública ya había actuado con autoridad, lo que suscitó constantes cuestionamientos de las autoridades judías. Ahora el Resucitado proclama la plenitud de ese poder, participando plenamente de la soberanía divina.Desde esta autoridad, Jesús confía a los discípulos una misión universal. Si en vida había enviado a los doce solo a las ovejas perdidas de Israel (Mt 10, 5–7), ahora la misión se extiende a todas las naciones. La tarea central es hacer discípulos, es decir, formar seguidores que acojan y vivan la Buena Noticia.El mandato se concreta en bautizar e instruir, como también aparece en la primera lectura con otras palabras: “Serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra”. La Iglesia es misionera por esencia; en ello radica su identidad. Su fidelidad a esta misión le garantiza la asistencia permanente del Espíritu del Resucitado.2.Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?En la Iglesia sinodal, todos renovamos nuestra condición de bautizados y nuestra conciencia de participar en la misión evangelizadora. El Espíritu Santo anima y guía esta misión, exigiéndonos discernimiento para responder a los desafíos actuales. Conocer a Jesús en su Palabra, participar en los sacramentos y vivir activamente la vida eclesial alimenta nuestro compromiso de ser testigos de su presencia resucitada.Dios, Padre de bondad, actúa en nosotros con el mismo poder con que resucitaste a Jesús y lo exaltaste a tu diestra. Esta fuerza nos impulsa al testimonio y al anuncio. El perdón fraterno, la actitud servicial, la construcción de justicia y la solidaridad son expresiones concretas de que seguimos a Cristo, exaltado por encima de doctrinas, modas, ideologías y hasta de sistemas religiosos. Nuestra vida cristiana está marcada por la esperanza de participar de su plenitud. Por eso intentamos anticipar ya, con obras y actitudes, la vida nueva que Él nos ofrece.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Jesús, hemos recorrido con tu Pueblo Santo este tiempo pascual en el que meditamos y gozamos el misterio de tu resurrección. Pero reconocemos nuestras dudas y mediocridades. Abre nuestro corazón a la acción de tu Espíritu para que confiemos en tu poder y renovemos nuestro compromiso misionero.Padre Dios, haznos conscientes de nuestra identidad de bautizados, hijos tuyos y hermanos de todos los hombres. Permítenos percibir tu presencia en cada corazón y en toda manifestación de vida y belleza. Líbranos del egoísmo, del desamor y de todo signo de muerte. Donde hay destrucción, tú no estás. Prepara nuestro corazón para acoger el gran don de Pentecostés._______________________Recomendaciones prácticas:•Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales: leer y difundir el mensaje del Papa para esta jornada.•El domingo 24 de mayo celebramos la solemnidad de Pentecostés. Es importante preparar la Vigilia en un ambiente de oración y encuentro comunitario, resaltando que con esta fiesta concluye el Tiempo Pascual.I.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaEl Tiempo Pascual nos conduce pedagógicamente a profundizar nuestro compromiso como testigos del Resucitado. No podemos quedarnos solo en la contemplación; estamos llamados a la misión. Dios Padre nos hace partícipes de la victoria de Cristo, nos promete su Espíritu y nos encarga hacer discípulos suyos en todos los pueblos. Que esta solemnidad nos impulse a ser creyentes activos y misioneros.Monición a la liturgia de la PalabraJesús, con su resurrección, ha sido entronizado como Señor de toda la creación. Su ascensión al cielo nos encomienda continuar su obra hasta el fin de los tiempos, asegurándonos su compañía permanente. Escuchemos con fe la Palabra que hoy se nos proclama.Oración universal o de los fielesPresidente: Jesucristo, exaltado y glorificado por el Padre, intercede siempre por toda la humanidad. Confiados en Él, dirijamos nuestras súplicas al Padre, diciendo:R/. Envíanos tu Espíritu, Señor.1.Para que la Iglesia, presidida por sus pastores, experimente siempre la fuerza renovadora de la Resurrección y sea testigo fiel del Reino. Oremos.2.Para que los gobernantes busquen caminos auténticos de paz y desarrollo humano. Oremos.3.Para que los misioneros, sostenidos por la gracia del Espíritu, cumplan con valentía su tarea evangelizadora. Oremos.4.Para que los comunicadores sociales promuevan el entendimiento y el cambio justo en la sociedad. Oremos.5.Para que la gracia del bautismo fortalezca nuestra relación con Dios, nuestro servicio fraterno y el compromiso con la justicia. Oremos.Oración conclusivaPadre, acoge con amor nuestras súplicas y envíanos tu Espíritu Santo, para que dóciles a tu voluntad, obremos siempre lo que te agrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 8 Mayo 2026
“No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros”
SEXTO DOMINGO DE PASCUAMayo 10 de 2026Primera lectura: Hch 8, 5-8. 14-17Salmo: Sal 66 (65), 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20 (R. 1b)Segunda lectura: 1P 3, 15-18Evangelio: Jn 14, 15-21I. ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónNos vamos acercando al final de este camino pascual y no podemos olvidar que vivir la fe y vivir esta Pascua significa dejarnos enamorar por Cristo, para que Él transforme con su Palabra nuestra vida. Las lecturas de este sexto domingo de Pascua nos ayudan a comprender cómo debemos abrir nuestro corazón a Cristo y dejarnos guiar por su Espíritu. El Espíritu Santo, que el Padre envía a los discípulos, los llena de fuerza y verdad para predicar con valentía el mensaje de Jesucristo y experimentar su presencia en medio de la comunidad de hermanos.Resaltemos algunas enseñanzas de esta Palabra:•“Felipe bajó a una ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan”•“Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal”.•“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que les dé otro Paráclito, que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta cómo Felipe, fruto de la persecución desatada contra la Iglesia de Jerusalén, fue dispersado, bajó a Samaría y predicó con fuerza el Evangelio de Jesús, no solo con palabras, sino también con los signos que realizaba (Hch 8, 6). La gente escuchaba con atención y agrado lo que decía Felipe, con un mismo espíritu, pues no era una predicación propia, no era su mensaje, sino el Evangelio de Cristo. Anunciaba la Palabra del Señor, que llenaba sus corazones de verdadera alegría. Más adelante, el relato muestra cómo quienes escucharon con atención a Felipe y abrieron el corazón a la Palabra del Señor experimentaron la fuerza transformadora de Dios, al punto de que hasta los espíritus inmundos salían de los posesos (Hch 8, 7).No se puede perder de vista que esta fuerza en la predicación de Felipe y la apertura de corazón de los samaritanos se debe al Paráclito, el Espíritu de la Verdad (Jn 14, 16-17). Jesús, por su relación de amor con cada discípulo, derrama este Espíritu para estar siempre presente, fortaleciendo la palabra de quien predica en su nombre y volviendo dóciles los oídos de quienes escuchan, para que se dejen transformar, sanar y liberar de sus “espíritus inmundos”, es decir, de actitudes, palabras y acciones que alejan de Dios. Este mismo Espíritu nos permite vivir con sencillez, pero con profundidad, el Evangelio de Jesucristo. Escuchar la Palabra y dejarnos inundar por el Espíritu Santo nos concede la gracia de obrar siempre el bien, vivir según la voluntad de Dios y dar testimonio de Cristo, dando razón de nuestra esperanza (1P 3, 15).2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad? La vida cristiana está marcada por la presencia del Espíritu Santo, Espíritu de la Verdad que enseña, recuerda y aclara todo. Es Él quien permite que cada persona que se abandona en el Señor experimente la presencia del Resucitado, que lo renueva y sana todo, que hace nuevas todas las cosas (Ap 21, 5).La Palabra de Dios en este sexto domingo de Pascua nos invita a agudizar el oído para escuchar con el corazón el mensaje transformador del Evangelio. Se trata de dejarnos amar por Jesús, amarlo con todo el corazón y con todas las fuerzas, como lo hicieron la Virgen María, Pedro, María Magdalena y el discípulo amado. Amarlo de manera incondicional, aprender a escucharlo siempre, abandonar en Él nuestras angustias y poner en sus manos la vida entera.Solo así, llenos de su Espíritu, podremos dar testimonio como verdaderos discípulos, anunciando con palabras y obras el Evangelio de la vida en un mundo cada vez más dividido por guerras y violencias. Hoy necesitamos anunciar el Evangelio de la paz y del amor en medio de la oscuridad que viven tantos hermanos a causa de los vicios, la pobreza, la desintegración familiar, la ambición y la sed de poder.3. Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Con María digamos: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38).Señor, danos la gracia de hacer siempre tu voluntad. Danos docilidad de espíritu para escucharte, guardar en el corazón tu mensaje y dejarnos transformar por Él. Haz que, llenos de tu Espíritu, seamos verdaderos cristianos y discípulos misioneros, que con palabras y obras demostremos que te amamos con todo el corazón y con todas las fuerzas. Que, unidos a ti, vivamos también en una verdadera comunidad, signo de esperanza en el mundo, faro que guíe, luz que ilumine, sal que dé sentido a la vida y camino que ayude a otros a encontrarte._______________________Recomendaciones prácticas:•Día de la madre: programar en la parroquia una Eucaristía por las madres fallecidas y otra por las madres vivas.•Día del Educador (15 de mayo): tener presentes a los profesores en las intenciones de la misa de este domingo.•El 15 de mayo comienza la novena de preparación para la Solemnidad de Pentecostés.II.MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELES Monición introductoria a la misa Nos reunimos con alegría a celebrar la Eucaristía. No es un acto repetitivo ni una celebración cualquiera: es el encuentro con Jesucristo vivo. Cada Eucaristía es un momento maravilloso y único para encontrarnos con Aquel que nos ama infinitamente y a quien nosotros amamos. Dispongámonos desde el corazón, dejemos a un lado todo lo que pueda dispersarnos y encontrémonos con Jesús, quien da fuerza y sentido a nuestra vida. Hoy recordemos también, con gratitud, a todas nuestras madres y depositemos sus nombres en el altar del Señor.Monición a la liturgia de la Palabra Para crecer y fortalecer nuestra fe es indispensable escuchar con dedicación la Palabra de Dios. Abramos nuestros oídos y nuestro corazón, y acojamos con atención el mensaje que el Señor tiene para cada uno de nosotros.Oración universal o de los fieles Presidente: Elevemos nuestras súplicas a nuestro buen Padre Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien vive plenamente en Él, para que nos conceda la gracia de vivir fielmente en su Hijo, y digámosle:R/. Escúchanos, Señor.1.Por la Iglesia universal, para que, asistida por la fuerza del Espíritu Santo, sea signo del amor de Dios manifestado en la entrega de Cristo. Oremos al Señor.2.Por nuestro país y por sus gobernantes, para que se comprometan en construir una paz duradera y estable, luchen contra la corrupción y fortalezcan la democracia. Oremos al Señor.3.Por quienes son marginados y discriminados, por los que se sienten solos, para que encuentren en nosotros, los cristianos, un signo de esperanza y un reflejo del amor de Dios. Oremos al Señor.4.Por nuestras madres, para que experimenten siempre el amor y la gratitud de sus hijos. Oremos al Señor.5.Por cada uno de nosotros, para que seamos dóciles al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús y demos testimonio auténtico de Él. Oremos al Señor.Oración conclusivaRecibe, Señor, estas oraciones y también las que guardamos en lo profundo de nuestro corazón y que solo tú conoces. Por Jesucristo, nuestro Señor.R/. Amén.
Vie 10 Abr 2026
Felices los que no han visto, pero creen
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUAO DE LA DIVINA MISERICORDIAAbril 12 de 2026Primera lectura: Hch 2, 42-47Salmo: Sal 118 (117), 2-4. 13-15. 22-24 (R. 1)Segunda lectura: 1P 1, 3-9Evangelio: Jn 20, 19-31I.ORIENTACIONES PARA LA PREDICACIÓNIntroducciónLas lecturas de este domingo nos presentan tres grandes ejes temáticos:•La comunidad cristiana como espacio de comunión, oración y caridad (Hch 2, 42-47).•La misericordia de Dios manifestada en la fe que purifica y fortalece en medio de la prueba (1P 1, 3-9).•El encuentro con el Resucitado, que trae la paz y envía con el poder del Espíritu (Jn 20, 19-31).De estas ideas, desarrollaremos el encuentro con el Resucitado como fuente de misericordia y misión, desde el Evangelio de Juan.1. Lectio: ¿Qué dice la Sagrada Escritura?El Evangelio narra la aparición del Resucitado a los discípulos, encerrados por miedo. Jesús les ofrece la paz, les muestra sus llagas, sopla sobre ellos y les comunica el Espíritu Santo, dándoles el poder de perdonar los pecados. Ocho días después, se aparece de nuevo, esta vez con Tomás, quien al ver y tocar al Señor exclama con fe: “¡Señor mío y Dios mío!”.2. Meditatio: ¿Qué me dice la Sagrada Escritura y qué me sugiere para decirle a la comunidad?Jesús se presenta en medio del miedo y la fragilidad con un mensaje que resuena en cada rincón de la historia: “La paz esté con ustedes”. Su presencia no reprocha, sino que cura, reconcilia y envía. En este día en que celebramos la Divina Misericordia, contemplamos cómo Dios no se cansa de acercarse a nosotros, de ofrecernos el perdón y de restaurar nuestra confianza.El gesto de mostrar las llagas recuerda que su amor fue llevado hasta el extremo y que ahora esas heridas son fuente de vida y misericordia. Tomás, que representa nuestras dudas, es transformado por el encuentro personal con Jesús. Él ve, toca y cree. Así, somos invitados a pasar de la incredulidad a la fe, y de la fe al testimonio.El Resucitado nos envía con su Espíritu para ser misioneros de la misericordia, para anunciar que su perdón es más fuerte que el pecado y que su paz es más poderosa que nuestros miedos.3.Oratio y Contemplatio: ¿Qué suplicamos al Señor para vivir con mayor compromiso la misión? ¿Cómo reflejo en la vida este encuentro con Cristo?Señor Resucitado, tú que venciste el miedo y la muerte, entra en nuestras casas, en nuestras comunidades y en nuestras heridas. Llénanos de tu paz, de tu Espíritu y haznos testigos de tu misericordia. Danos la fe de Tomás, no para ver y luego creer, sino para reconocerte vivo en cada signo de amor y en cada gesto de perdón.La contemplación de tu misericordia nos mueve a ser constructores de comunión, sembradores de esperanza y servidores de los más frágiles. Que nuestras manos sean manos que curan, no que hieren; que nuestras palabras sean de consuelo, no de juicio._______________________Recomendaciones prácticas:•Es importante que la referencia a la Divina Misericordia no opaque el sentido pascual y bautismal de este domingo, donde todavía es día de resurrección. Esta devoción se encuentra al nivel de la piedad popular y se pueden tener momentos como la Coronilla en una hora oportuna.•El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia nos dice: “Puesto que la Liturgia del “II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia” –como se denomina en la actualidad– constituye el espacio natural en el que se expresa la acogida de la misericordia del Redentor del hombre, debe educarse a los fieles para comprender esta devoción a la luz de las celebraciones litúrgicas de estos días de Pascua. En efecto, El Cristo pascual es la encarnación definitiva de la misericordia, su signo viviente: histórico-salvífico y a la vez escatológico” (núm. 154).II. MONICIONES Y ORACIÓN UNIVERSAL O DE LOS FIELESMonición introductoria a la misaQueridos hermanos, celebramos con gozo el segundo domingo de Pascua, también llamado Domingo de la Divina Misericordia. Jesús resucitado se hace presente en medio de sus discípulos para comunicarles la paz, el perdón y el Espíritu Santo. Hoy, nosotros también nos dejamos alcanzar por su amor misericordioso y acogemos la fe que transforma el miedo en misión. Dispongamos nuestro corazón para vivir con alegría esta Eucaristía.Monición a la liturgia de la PalabraEn la liturgia de la Palabra contemplaremos cómo el amor de Dios se derrama sobre su Iglesia. Escucharemos cómo la primera comunidad vivía en comunión y caridad; cómo la fe nos sostiene en la prueba, y cómo el Resucitado se presenta para regalarnos su paz y su Espíritu. Escuchemos con atención.Oración universal o de los fielesPresidente: Oremos, hermanos, al Dios de la vida y de la misericordia, que por la resurrección de su Hijo ha vencido el pecado y la muerte. A cada intención respondamos:R/. Jesús Resucitado, en ti confiamos.1.Por la Iglesia, para que, renovada por el Espíritu Santo, sea testimonio fiel de la misericordia divina. Roguemos al Señor.2.Por los gobernantes y líderes del mundo, para que promuevan la justicia, la paz y el respeto a la dignidad humana. Roguemos al Señor.3.Por quienes viven en el dolor, la duda o el miedo, para que el encuentro con Cristo Resucitado les devuelva la esperanza. Roguemos al Señor.4.Por todos nosotros, para que aprendamos a perdonar como hemos sido perdonados y seamos signos vivos de la misericordia de Dios. Roguemos al Señor.Oración conclusivaDios de infinita misericordia, escucha nuestras súplicas y danos un corazón semejante al de tu Hijo, para anunciar con alegría la victoria de tu amor. Por Cristo, nuestro Señor.R/. Amén.