Pasar al contenido principal

Actualidad

Jue 21 Mayo 2026

Conferencia Episcopal presenta guía litúrgica para orar por Colombia en la Vigilia de Pentecostés

La Conferencia Episcopal de Colombia presenta la guía litúrgica para acompañar la celebración de la Vigilia de Pentecostés este sábado 23 de mayo en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país. Publicada bajo el lema “Un clamor al Espíritu Santo por la paz y la reconciliación”, propone vivir la solemnidad de Pentecostés como una intensa jornada de oración por Colombia, en medio de los desafíos sociales, humanitarios y de violencia que atraviesan distintas regiones del territorio nacional.Desde el inicio de la celebración, el subsidio invita a las comunidades a elevar “un clamor orante por la paz y la reconciliación” y a pedir al Espíritu Santo que “desarme los corazones, sane las heridas de la violencia y nos convierta en artesanos de justicia”.Un llamado a orar por Colombia en medio del contexto electoralLa publicación de este subsidio pastoral coincide además con el llamado que hicieron los obispos colombianos este 20 de mayo, en los mensajes dirigidos a los sacerdotes y al pueblo colombiano con motivo de las elecciones presidenciales de 2026. En esos pronunciamientos, los prelados invitaron a intensificar la oración por el país en el actual contexto nacional y pidieron aprovechar especialmente la Solemnidad de Pentecostés como un tiempo propicio para pedir al Espíritu Santo por la paz, el discernimiento y la reconciliación de Colombia.La propuesta litúrgica de la Conferencia Episcopal conecta el sentido teológico de Pentecostés con la realidad concreta del país. En la monición inicial, se reconoce que “el dolor y la violencia sacuden nuestra nación”, mientras se anima a los fieles a convertirse en “testigos valientes de la esperanza y constructores de una sociedad donde la vida sea sagrada”.Una vigilia centrada en las víctimas, la reconciliación y la esperanzaEl subsidio incluye una amplia liturgia de la Palabra, momentos de renovación bautismal y de la confirmación, oraciones por las víctimas, los jóvenes, las familias y quienes tienen responsabilidades públicas, así como un “Lucernario de los Siete Dones”, presentado como un signo de compromiso de la Iglesia con la paz en los territorios. Allí se afirma que “cada don es una herramienta de paz y un camino para la reconciliación”.En uno de los momentos centrales de la vigilia, las comunidades orarán explícitamente por quienes sufren las consecuencias del conflicto y por la transformación de quienes ejercen violencia. Entre las súplicas se pide al Espíritu Santo “tocar el corazón de piedra de los violentos” y moverlos “a la conversión”, reconociendo que “el respeto a la vida es la piedra angular de nuestra sociedad”.Una respuesta pastoral frente al dolor y la violenciaEl documento también hace referencia a realidades que afectan especialmente a las regiones del país, como el confinamiento, el reclutamiento de jóvenes, la exclusión social y el miedo generado por la violencia. En la reflexión propuesta para la Hora Santa, se afirma que Jesús se hace presente “en medio de nuestra ‘geografía del dolor’” y que el Espíritu Santo da la fuerza para ser “reparadores de brechas”.Además del contenido litúrgico, el subsidio ofrece orientaciones pastorales para que las celebraciones tengan un fuerte sentido comunitario y territorial. Se sugiere, por ejemplo, que en el lucernario participen representantes de distintas realidades sociales, como jóvenes, víctimas, líderes sociales o miembros de la vida consagrada, como signo visible del anhelo común de reconciliación.Pentecostés como oportunidad para renovar el compromiso con la pazLa oración final sintetiza el espíritu de toda la celebración: pedir a Dios que sane las heridas del país, fortalezca la unidad y haga de la Iglesia “verdaderamente sinodal”, capaz de “caminar juntos, escuchando el clamor del pobre, siendo artesanos de una esperanza que no defrauda”.Con este subsidio, la Conferencia Episcopal de Colombia busca ofrecer a las jurisdicciones eclesiásticas y comunidades parroquiales un instrumento común de oración, reflexión y esperanza, animando a la Iglesia en Colombia a vivir Pentecostés como una oportunidad para renovar su compromiso con la reconciliación, la defensa de la vida y la construcción de paz.

Mié 20 Mayo 2026

Episcopado pide al clero colombiano prudencia y sentido pastoral ante la coyuntura electoral: “Llamados a promover la unidad y la reflexión responsable”

La Conferencia Episcopal de Colombia pide a los sacerdotes actuar “con imparcialidad, prudencia, sabiduría y auténtico sentido pastoral” frente al actual contexto electoral que vive el país, evitando expresiones o actitudes partidistas que puedan aumentar la polarización y la división social.El llamado lo hace a través de un mensaje especialmente dirigido a los sacerdotes del país. Se suma al reciente pronunciamiento dirigido al pueblo colombiano, en el que los obispos proponen a los ciudadanos criterios éticos, sociales y pastorales para el discernimiento electoral, insistiendo en la importancia de votar con responsabilidad moral, compromiso con el bien común y rechazo a la polarización, el odio y los fanatismos.En este nuevo mensaje, los obispos recuerdan que Colombia atraviesa “un momento decisivo para la democracia y el futuro de la nación”, por lo que exhortan al clero a asumir este tiempo con “profundo sentido moral, espiritual y patriótico”, promoviendo siempre el bien común, la justicia, la verdad y la convivencia fraterna.La Conferencia Episcopal de Colombia subraya, además, que el país necesita construir un clima social centrado en propuestas y programas orientados al bien común, la justicia y la convivencia pacífica. Por ello, recuerda que la misión pastoral de los ministros ordenados debe contribuir a fortalecer el respeto mutuo, la unidad y la reflexión responsable entre los fieles.“Estamos llamados a promover el respeto mutuo, la unidad, la reflexión responsable y el compromiso ético de los fieles, contribuyendo así a la construcción de una sociedad reconciliada y esperanzada”, expresa el mensaje.Los obispos invitan también a intensificar la oración por Colombia y a vivir la Solemnidad de Pentecostés del próximo 24 de mayo con una intención especial por la paz, la reconciliación y el discernimiento de los electores. En este contexto, evocan la exhortación de san Pablo a elevar “peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias” por los gobernantes y las autoridades, para favorecer una convivencia social vivida “con toda piedad y dignidad”.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:

Mié 20 Mayo 2026

Obispos de Colombia proponen criterios éticos, sociales y pastorales para el discernimiento en las elecciones presidenciales

Ante la proximidad de las elecciones presidenciales, la Conferencia Episcopal de Colombia presenta una serie de criterios éticos, sociales y pastorales para orientar el discernimiento de los ciudadanos al momento de ejercer su derecho al voto.A través de este mensaje al pueblo colombiano, los obispos llaman a superar los fanatismos, los “mesianismos personales” y la polarización política, insistiendo en que el voto debe estar fundamentado en el bien común, la dignidad humana y la búsqueda de la paz.“El cristiano no vota por ‘salvadores’, sino por programas que respeten la dignidad humana, la justicia social y el cuidado de la casa común”, expresan los prelados, quienes recuerdan además que “el voto no es solo un derecho civil, es un deber moral de quien desea el Bien Común”.Como aporte concreto al actual contexto electoral, el Episcopado Colombiano plantea cuatro criterios fundamentales de discernimiento para evaluar las propuestas y liderazgos que aspiran a conducir el país:Defensa de la vida y la paz: preguntarse qué propuestas garantizan la protección de los ciudadanos, especialmente de los líderes sociales y ambientales, así como el cumplimiento real de los compromisos con quienes han dejado las armas.Justicia social: analizar qué candidatos presentan planes concretos para reducir las brechas de desigualdad en los campos y ciudades del país.Ética y transparencia: priorizar liderazgos de probada integridad moral, recordando que “la corrupción es una ‘gangrena’ que roba el pan de los pobres”.Rechazo a la polarización y la violencia verbal: evitar decisiones motivadas por el odio, el miedo o la venganza, pues —advierten los obispos— la polarización “es el lenguaje de la división que impide la amistad social”.En el mensaje, la Conferencia Episcopal de Colombia reafirma además que la política solo conserva su auténtico sentido cuando está orientada al servicio. “La política es noble cuando es servicio; pierde auténtico sentido cuando busca el poder para perpetuar las exclusiones y los intereses particulares”, señalan los prelados.Los obispos concluyen invitando a todos los colombianos a intensificar la oración por el país y a vivir la próxima Solemnidad de Pentecostés con una intención especial por la paz, la reconciliación y el discernimiento de los electores.Vea a continuación la lectura del mensaje por parte del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia:

Mar 19 Mayo 2026

Colombia renovó su consagración al Inmaculado Corazón de María en una jornada de oración que unió a miles en el país

En medio de los desafíos sociales, humanitarios y de reconciliación que vive Colombia, la Iglesia vivió este 13 de mayo una de las jornadas marianas más significativas de los últimos años. En la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, miles de fieles se unieron en distintas regiones del territorio nacional para participar en el Cuarto Rosario Nacional por la Paz y la Reconciliación de Colombia y en la renovación de la Consagración del país al Inmaculado Corazón de María.La celebración central se llevó a cabo en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, donde se desarrollaron tres momentos principales: el Santo Rosario Nacional, la celebración de la Eucaristía y el acto de renovación de la Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María.La Santa Misa y el acto de consagración fueron presididos por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien hizo un fuerte llamado a sanar las heridas del país desde la reconciliación, el perdón y la fraternidad.“Necesitábamos este bálsamo espiritual que está en el corazón del pueblo de Dios, que clama por un tiempo de paz, de reconciliación. Y quién mejor que la Madre, la Madre de Jesús, la Madre de la Iglesia, quien nos pueda unir como nación”, expresó el prelado.Durante su homilía, monseñor Múnera recordó que la consagración a María encuentra su sentido pleno en la consagración bautismal a Jesucristo. Además, propuso contemplar el corazón de María desde tres escenas evangélicas: Caná, el Calvario y el Cenáculo, como caminos para reconstruir el tejido social y espiritual del país.“El corazón de María nos conduce a aquel que es manso y humilde de corazón, Cristo nuestra paz”, afirmó.El arzobispo también recordó los tres compromisos centrales del mensaje de Fátima: la oración, la reparación y la consagración. En ese contexto, insistió en la necesidad de fortalecer una cultura del encuentro, la solidaridad y la esperanza, especialmente en medio del actual discernimiento social y político que vive Colombia.“María es la tejedora de vínculos y relaciones. Nos ayuda a remendar los corazones heridos. Por lo tanto, a ella tenemos que acudir como madre y maestra de paz, de perdón y reconciliación”, expresó el presidente de la Conferencia Episcopal.La intención central del Rosario Nacional, cuyo lema fue “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión de tu corazón”, estuvo enfocada en pedir por las víctimas de la violencia, las familias, los jóvenes, los gobernantes, las instituciones del país y todos los colombianos.La jornada concluyó en la tarde con adoración eucarística y el tradicional Rosario de Antorchas en la Plaza de Bolívar.Esta iniciativa de oración fue promovida por diversos grupos de laicos católicos y apoyada por la Conferencia Episcopal de Colombia y la Arquidiócesis de Bogotá. La directora del Rosario Nacional, Jimena Lian, destacó el valor de la unidad eclesial alcanzada durante esta edición:“Un país unido en oración siempre estará protegido”, aseguró.La renovación de la consagración tuvo además un profundo significado histórico y espiritual. La primera Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María se realizó en octubre de 2008, en una ceremonia presidida por el cardenal Pedro Rubiano Sáenz en la Catedral Primada, al tiempo que la renovación de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús vigente desde 1902.Una Iglesia unida desde los territoriosLa jornada mariana trascendió la capital colombiana y se vivió intensamente en múltiples jurisdicciones eclesiásticas del país, donde miles de fieles elevaron oraciones por la paz, la reconciliación y la esperanza en sus territorios.En la Arquidiócesis de Cartagena, monseñor Francisco Múnera, luego de presidir la celebración nacional en Bogotá, viajó para acompañar a su familia arquidiocesana la fiesta patronal de Nuestra Señora de Fátima en el barrio Villas de la Candelaria. Allí, junto a la comunidad y sacerdotes de diferentes zonas de la capital de Bolívar, presidió una celebración marcada por la fraternidad y la devoción mariana.En la Diócesis de Cúcuta, cientos de fieles participaron en la tradicional peregrinación hacia el monumento de la Virgen en el Bario San Miguel. La jornada culminó con una Eucaristía presidida por monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien invitó a los fieles a perseverar en la oración y a mirar a María como modelo de esperanza en medio de las dificultades que vive la región.En la Diócesis de Tibú, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la celebración principal se desarrolló en el corregimiento de Pacelli. Allí, monseñor Israel Bravo Cortés llamó a la conversión sincera como camino para alcanzar la paz verdadera. La jornada estuvo marcada también por gestos solidarios hacia familias afectadas por la violencia.““Pedimos especialmente que no afecte ninguna causa más, ningún bien ni ninguna vida… Que la gente pueda retornar con tranquilidad a sus tierras, a sus casas...Aquí seguimos acompañando a la gente en otra dinámica: dinámica de paz, de desarrollo y de justicia, donde nos sintamos hermanos”, expresó el padre Jairo Gelves Tarazona, párroco del lugar.En la Diócesis de Ocaña, la celebración de Nuestra Señora de Fátima se vivió en un ambiente de profunda fe y devoción. Los fieles se congregaron en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Ocaña para participar de esta significativa celebración presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba. La tradicional Procesión de las Luces también reunió a la comunidad en torno a la oración por la libertad de los secuestrados y el consuelo de las familias afectadas por la violencia.Desde el Santuario Mariano Nuestra Señora de Fátima, la Diócesis de Santa Marta se unió al Rosario Nacional elevando plegarias por la reconciliación de Colombia. El padre Harold Tejada recordó que el mensaje de Fátima sigue siendo profundamente actual:“Solamente habrá paz cuando reconstruyamos el corazón. Y reconstruir el corazón significa romper con la violencia, con el odio y con la división”, afirmó.En la Diócesis de Pasto, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro presidió la celebración de consagración al Inmaculado Corazón de María en medio de un contexto marcado por el dolor de la violencia y las tensiones fronterizas del sur del país.“Queremos poner en las manos de la Santísima Virgen María nuestra patria para que podamos construir pacíficamente esa nación que soñamos, donde nadie se sienta excluido”, expresó el obispo.La Arquidiócesis de Popayán la oración reunió no solo a la Iglesia, sino también a instituciones civiles, universidades, niños, jóvenes y comunidades religiosas.El Rosario por la paz se realizó en el atrio de la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción como un signo de unidad por el Cauca, uno de los departamentos más afectados por la violencia en Colombia.En la Diócesis de Yopal, los fieles peregrinaron hasta el Mirador de la Virgen de los Dolores de Manare para encomendar el territorio llanero a la Madre de Dios.En Pereira, Barrancabermeja, Palmira, El Banco, Cali y otras jurisdicciones, parroquias, santuarios y comunidades de fe se unieron al clamor nacional por la paz.Desde Barrancabermeja, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez pidió por la paz del Magdalena Medio y destacó el valor espiritual y social de esta movilización de fe:“La paz es posible, la hemos ido construyendo y la seguiremos construyendo. Hoy hemos renovado ese empeño escuchando una vez más el clamor de Nuestra Señora de Fátima de rogar por la reconciliación y la paz del mundo entero”, manifestó.María, signo de esperanza para ColombiaEn este mes mariano, la consagración al Inmaculado Corazón de María representa un signo de confianza espiritual, pero también, un llamado colectivo a reconstruir el país desde la conversión del corazón, el perdón y la esperanza. La fiesta de Nuestra Señora de Fátima volvió a poner en el centro el llamado a la oración, la conversión y la paz.Pese a las múltiples heridas y fragmentaciones sociales, esta gran jornada nacional reflejó cómo la fe continúa siendo un punto de encuentro para millones de colombianos.Con rosarios en las manos, velas encendidas y plegarias elevadas desde distintos rincones del país, la Iglesia en Colombia reafirmó su compromiso pastoral de seguir promoviendo la reconciliación, la fraternidad y el cuidado de la vida.Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada:

Mar 19 Mayo 2026

Obispos de Antioquia y Chocó presentan consideraciones pastorales de cara a las elecciones presidenciales en Colombia

Ante las elecciones presidenciales en Colombia, los obispos de las provincias eclesiásticas de Medellín y Santa Fe de Antioquia dirigieron un comunicado a los fieles católicos y a toda la ciudadanía, en el que ofrecen una serie de consideraciones orientadas a promover un voto consciente, libre y responsable.El mensaje, titulado “El futuro de Colombia en manos de todos”, fue suscrito por los obispos de las provincias eclesiásticas de Medellín y Santa Fe de Antioquia, que agrupan jurisdicciones eclesiásticas de Antioquia y Chocó. Entre ellas, las arquidiócesis de Medellín y Santa Fe de Antioquia; las diócesis de Sonsón-Rionegro, Jericó, Caldas, Girardota, Santa Rosa de Osos y Apartadó; así como las diócesis de Quibdó e Istmina-Tadó.Desde estas Iglesias particulares, los prelados presentan al país una reflexión pastoral que busca iluminar el discernimiento ciudadano frente al actual momento político y social de Colombia, promoviendo la defensa de la democracia, el bien común, la dignidad humana y la reconciliación nacional.Preocupación por la situación del paísEn el mensaje, los obispos expresan su preocupación por fenómenos que, según afirman, “debilitan la convivencia, oscurecen la esperanza y afectan la estabilidad de nuestro pueblo”, entre ellos “la violencia, la corrupción, la mentira, los discursos de odio, la injusticia social y la polarización”.Frente a este panorama, reconocen que Colombia enfrenta retos relacionados con “el sistema de salud, la situación fiscal, el orden público” y “la solidez de los valores que sustentan nuestra cultura y su comportamiento ético”. Por ello, consideran que el país está llamado a elegir “al gobernante más competente para conducir el país”.El voto como deber ciudadano y moralAl recordar que el voto es “un derecho, pero también un deber ciudadano y moral”, los prelados exhortan a los colombianos a participar activamente en la jornada electoral y a comprometerse con la defensa de la democracia, la consolidación de la institucionalidad y el bienestar de todos.Asimismo, los obispos llaman a valorar la política como “servicio al bien común y compromiso auténtico con el cuidado de la sociedad”, insistiendo en la necesidad de preservar la democracia mediante una participación responsable y transparente.Criterios para el discernimiento electoralEl comunicado propone criterios concretos para el discernimiento electoral. Entre ellos, la defensa de la dignidad humana, la protección de la vida en todas sus etapas, el fortalecimiento de la familia, la garantía del derecho universal a la salud, la lucha contra la pobreza y la promoción de oportunidades dignas para las nuevas generaciones.En uno de los apartados centrales del documento, los obispos piden evaluar las propuestas de gobierno con criterios de idoneidad y visión de futuro. Señalan que el país requiere líderes capaces de afrontar desafíos como “el invierno demográfico, la degradación moral, la ausencia de un proyecto nacional de largo aliento, el fenómeno migratorio, el restablecimiento del orden público y la estabilidad de la democracia”.Rechazo a las prácticas que afectan la democraciaEl pronunciamiento también rechaza prácticas que afectan la transparencia electoral. Los prelados afirman que “no se puede admitir la indiferencia, el egoísmo, el clientelismo, la corrupción, los oportunismos, la manipulación de las personas”, así como “la compra y venta de votos”.De igual manera, hacen un llamado a los candidatos y dirigentes políticos para que actúen “con honestidad y transparencia”, privilegiando siempre el bien común y el respeto por la unidad nacional. “Pensar distinto no nos convierte en enemigos. Las diferencias políticas jamás deben romper la fraternidad que nos une como hijos de una misma nación”, expresan en el comunicado.Un llamado a votar con responsabilidad y esperanzaFinalmente, los obispos convocan a todos los ciudadanos a participar en las elecciones y reiteran que “vender el voto es vender la patria”. Además, elevan una oración para que Dios conceda al país “la lucidez para elegir acertadamente sin arriesgar el futuro de Colombia” y la sabiduría necesaria para construir “un país reconciliado, libre, justo y con esperanza”.

Vie 15 Mayo 2026

Oración, fraternidad y esperanza: ejes de la Semana por la Unidad de los Cristianos 2026 en Colombia

La Conferencia Episcopal de Colombia, a través de la Comisión Episcopal y el Departamento de Promoción de la Unidad y el Diálogo, presenta la guía oficial para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2026, un subsidio pastoral y litúrgico que busca fortalecer la comunión, la oración común y el testimonio compartido entre las distintas confesiones cristianas presentes en el país.Inspirado en el lema bíblico: “Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como una es la esperanza a la que habéis sido llamados” (Efesios 4,4), el material propone un itinerario espiritual y pastoral centrado en la unidad visible de los cristianos, la reconciliación, la paz y la esperanza, en diálogo permanente con la realidad social y eclesial colombiana.La guía ha sido elaborada tomando como base la propuesta internacional del Dicasterio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y de la Comisión Fe y Constitución del Consejo Mundial de Iglesias, adaptada al contexto pastoral y social de Colombia.Una celebración en clave colombiana y ecuménicaEn el hemisferio sur, y particularmente en Colombia, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se celebrará entre el domingo de Pentecostés, el 24 de mayo de 2026, y el domingo de la Santísima Trinidad, el 31 de mayo, una opción pastoral que busca favorecer una mayor participación de las comunidades cristianas.El documento anima a las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos eclesiales y espacios ecuménicos a promover celebraciones abiertas al encuentro entre cristianos de distintas tradiciones, fomentando el respeto mutuo, la colaboración y el diálogo. Asimismo, invita a aprovechar esta Semana como una oportunidad para fortalecer los vínculos en escenarios de libertad religiosa y de diálogo interreligioso presentes en diversas regiones del país.La propuesta sugiere también que, especialmente en celebraciones con participación de Iglesias históricas, se incorporen signos comunes de la fe compartida, como la proclamación del Credo Niceno-constantinopolitano y la oración del Padre Nuestro, expresiones visibles de la comunión ya existente entre los cristianos.Un itinerario espiritual conectado con la realidad del paísLa cartilla desarrolla un octavario (un periodo de ocho días) basado en Efesios 4,1-13, con reflexiones, textos bíblicos, preguntas para el discernimiento comunitario y oraciones comunes. Cada jornada aborda dimensiones concretas de la vida cristiana y de la realidad nacional, proponiendo caminos de encuentro y reconciliación.Entre los temas centrales se destacan:-La vocación común a la unidad en medio de la diversidad cultural, social y eclesial colombiana.-La necesidad de sanar divisiones, exclusiones y desconfianzas desde el amor cristiano y la misericordia.-El llamado urgente a construir paz y reconciliación en los territorios afectados por la violencia.-La esperanza cristiana frente a la pobreza, la migración y la desigualdad.-El reconocimiento del bautismo como raíz de comunión entre los cristianos.-La defensa de la dignidad humana, la fraternidad y el cuidado de la casa común.-La valoración de los distintos carismas y tradiciones cristianas presentes en Colombia.-El llamado a crecer juntos en Cristo para ofrecer un testimonio cristiano creíble y misionero.A lo largo del documento, desde la Conferencia Episcopal de Colombia se insiste en que la unidad cristiana no significa uniformidad, sino reconciliación en la diversidad y disposición a caminar juntos desde lo esencial de la fe. En este sentido, el subsidio propone una espiritualidad ecuménica profundamente vinculada con los desafíos actuales del país, especialmente aquellos relacionados con la paz, la justicia social, la dignidad humana y la reconstrucción del tejido social.Una invitación a caminar juntosEn el mensaje final de la guía, se invita a las comunidades cristianas a acoger este material “con espíritu de fe y apertura”, promoviendo gestos concretos de reconciliación, fraternidad y misión compartida. Así, la Iglesia Católica en Colombia reafirma su compromiso con la promoción del diálogo ecuménico y con la construcción de una cultura del encuentro, convencida de que el testimonio común de los cristianos constituye un signo esperanzador para el país y para el mundo.

Mié 13 Mayo 2026

En la fiesta de la Virgen de Fátima, la Iglesia colombiana renovó la consagración del país al Inmaculado Corazón de María

En el marco de la memoria litúrgica de la Virgen de Fátima y durante el cuarto Rosario Nacional por la Reconciliación y la Paz de Colombia, la Iglesia en Colombia renovó este 13 de mayo la consagración de la nación al Inmaculado Corazón de María, elevando una oración por la unidad, la reconciliación, la verdad y la esperanza del país.La jornada central se desarrolló en la Catedral Primada de Colombia y estuvo presidida por Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, acompañado de obispos, sacerdotes, religiosos y cientos de fieles laicos.La celebración coincidió con la conmemoración de la primera aparición de la Santísima Virgen María a los pastorcitos Lucía, Jacinta y Francisco, ocurrida el 13 de mayo de 1917 en Cova da Iria, Portugal, acontecimiento que dio origen al mensaje espiritual de Fátima, centrado en la oración, la conversión, la reparación y la paz.En este contexto, la Iglesia en Colombia se unió espiritualmente a esta memoria mariana a través de una jornada nacional de oración marcada por profundos signos de fe y reconciliación. Entre ellos, la exposición del Santísimo Sacramento en la custodia representativa del Cristo de Bojayá y el ingreso en procesión de la imagen peregrina de la Virgen de Fátima.Previo a la celebración eucarística, cientos de fieles participaron en el rezo del Santo Rosario, ofreciendo los misterios gloriosos por Colombia, sus gobernantes, las víctimas de la violencia, las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, las personas que padecen hambre y la población privada de la libertad. Como signo de esperanza, internos privados de la libertad enviaron cartas y camándulas elaboradas con sus propias manos para ser depositadas a los pies de la Virgen María.“Podremos ser adversarios, pero nunca enemigos”Durante la homilía, monseñor Múnera dirigió un fuerte llamado pastoral al país para superar la polarización, reconstruir la confianza social y promover una cultura del encuentro y la fraternidad.Inspirado en la presencia de María en Caná, el Calvario y el Cenáculo, el prelado aseguró que la Virgen sigue acompañando a Colombia en medio de sus desafíos históricos, sociales y políticos.“Ella nos ayuda a todos, creyentes, hombres y mujeres de buena voluntad, a superar los lenguajes del miedo y del odio, de la desconfianza a nuestras instituciones”, afirmó.En una de las frases más contundentes de su reflexión, expresó:“Es cierto que tenemos diferencias, somos diversos; podremos ser, inclusive, adversarios, pero nunca enemigos”.El presidente del episcopado colombiano exhortó además a recuperar el sentido de nación y la amistad social:“Abriguemos en nuestro corazón sentimientos de hermandad y de amistad social. Somos hermanos, somos ciudadanos de esta querida Patria”.Frente al actual contexto nacional, monseñor Múnera recordó que el ejercicio de la política exige responsabilidad ética, discernimiento y búsqueda sincera del bien común:“El ejercicio de la política requiere de todos el discernimiento y la búsqueda del bien común para que juntos trabajemos en el proyecto de nación que anhelamos con justicia, equidad, solidaridad y, ante todo, en la búsqueda de la verdad”.Y añadió:“No temamos: la verdad nos hará libres”.María, signo de esperanza para ColombiaAl meditar el pasaje de las bodas de Caná, el Arzobispo de Cartagena aseguró que Colombia necesita abrirse a la transformación espiritual y social que nace del encuentro con Cristo.“Jesús puede realizar el milagro de transformar nuestras reservas morales, culturales y espirituales, y nuestra propia historia, pasado, presente y futuro, en un vino nuevo y mejor”, afirmó.En ese sentido, invitó a los colombianos a presentar ante Dios la realidad del país con humildad y esperanza:“Basta solo con presentarle a Jesús las tinajas llenas de lo que somos, hacemos y tenemos como ciudadanos y como país, para que Él realice el milagro del amor, de la fiesta y de la alegría”.Refiriéndose al mensaje de Fátima, monseñor Múnera recordó que la Virgen María sigue proponiendo tres caminos concretos para el tiempo presente: la oración, la reparación y la consagración.Explicó que la oración ayuda a confiar nuevamente en Dios; que la reparación impulsa la solidaridad frente a la indiferencia; y que la consagración al Corazón Inmaculado de María conduce a una transformación profunda de las relaciones humanas y sociales.“El corazón de María nos une más íntimamente al corazón de Cristo que transforma, unifica y sana nuestro corazón herido”, expresó.Renovación de la consagración de ColombiaAl finalizar la celebración eucarística, fue renovada oficialmente la consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María mediante una oración en la que se pidió por el presente y el futuro del país, por la reconciliación nacional, la defensa de la vida, la justicia, la paz y el fortalecimiento de la fraternidad entre los colombianos.La jornada concluyó con una súplica confiada a la Virgen María para que acompañe a Colombia en sus desafíos actuales y ayude al país a construir caminos de verdad, reconciliación y esperanza.Vea a continuación la transmisión de la celebración:

Mar 12 Mayo 2026

El Papa León XIV nombra nuevo Vicario Apostólico para Tierradentro: P. Homero Marín Arboleda, C.M.

La Santa Sede ha dado a conocer el nombramiento del padre Homero Marín Arboleda, C.M., como nuevo Vicario Apostólico de Tierradentro, en el departamento del Cauca. Hasta ahora, el sacerdote colombiano se desempeñaba como párroco de la parroquia “Blessed John Mazzucconi”, en la Isla Woodlark, y de la parroquia San Antonio de Padua en Gusaweta, isla Kiriwina, pertenecientes a la Diócesis de Alotau-Sideia, en Papúa Nueva Guinea.El padre Marín Arboleda, a quien el Santo Padre León XIV le ha encomendado esta misión, no es ajeno a la realidad de Tierradentro. Desde los primeros años de su ministerio sacerdotal, fue párroco, formador y rector en comunidades y seminarios de ese territorio de misión.El Vicariato Apostólico de Tierradentro, confiado desde comienzos del siglo XX a la Congregación de la Misión (Padres Vicentinos), continúa así su camino evangelizador bajo el acompañamiento de un sacerdote de esta misma comunidad, fundada por San Vicente de Paúl.Un pastor cercano a la realidad de TierradentroLa relación pastoral del padre Homero Marín Arboleda con Tierradentro se remonta a 1987, en Vitoncó.En 1988 fue nombrado vicerrector y profesor del Seminario Mayor y Menor Indígena de Páez, además de párroco en Willa, población del entonces territorio de la Prefectura Apostólica de Tierradentro. Entre 1988 y 1993 ejerció nuevamente como párroco en Vitoncó.Posteriormente, en 1994, asumió como párroco en Willa, rector del Seminario Menor y profesor del Seminario Mayor Indígena de Páez. Su presencia prolongada en esta región le permitió compartir de cerca la vida de las comunidades indígenas y campesinas, así como acompañar los desafíos pastorales, sociales y culturales propios de una jurisdicción misionera marcada históricamente por la diversidad étnica, las dificultades geográficas y las situaciones de violencia.Una vida sacerdotal marcada por la misiónEl padre Homero Marín Arboleda nació en Circasia, Quindío, el 17 de noviembre de 1959.Ingresó a la Congregación de la Misión (Padres Vicentinos) en Medellín, donde realizó su proceso de formación inicial entre 1980 y 1983. Cursó estudios de Filosofía en el Seminario La Milagrosa de Medellín y de Teología en el Seminario Villa Paúl de Funza (Cundinamarca).Realizó su primera profesión religiosa el 2 de febrero de 1982 y la profesión perpetua el 24 de noviembre de 1984. Fue ordenado sacerdote el 21 de noviembre de 1987.Entre 1994 y 1996 adelantó estudios de Misionología en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma. Posteriormente fue consejero provincial de la Congregación de la Misión en Colombia y rector del Seminario La Milagrosa.Desde el año 2001 ha desarrollado su labor misionera en Papúa Nueva Guinea, donde ha ejercido diversos servicios pastorales y de gobierno dentro de la misión vicentina. Allí fue vicerrector del seminario de Bomana, párroco de “Holy Name of Jesus” en Bomana, superior de la Misión Vicentina en ese país y, más recientemente, párroco de San Antonio de Padua en Gusaweta, isla Kiriwina, y de “Blessed John Mazzucconi”, en la Isla Woodlark.Un vicariato con profunda identidad misioneraEl Vicariato Apostólico de Tierradentro es una jurisdicción eclesiástica de carácter misionero encomendada por la Santa Sede a la Congregación de la Misión. Depende del Dicasterio para la Evangelización y posee una configuración canónica particular que responde a las características pastorales y territoriales propias de esta región.Las primeras acciones evangelizadoras en Tierradentro se remontan al siglo XVII con la presencia de misioneros jesuitas y posteriormente franciscanos. A comienzos del siglo XX, el territorio fue constituido como misión y confiado oficialmente a los Padres Vicentinos.El 13 de mayo de 1921, la Santa Sede estableció a Tierradentro como Prefectura Apostólica. Décadas más tarde, el 17 de febrero de 2000, el papa San Juan Pablo II elevó esta jurisdicción a Vicariato Apostólico mediante la bula Sollicitam curam.La historia reciente de este territorio ha estado marcada por grandes desafíos pastorales y humanitarios. Entre ellos, el terremoto y la avalancha ocurridos el 6 de junio de 1994, tragedia que ocasionó la muerte de cerca de 1.150 personas y destruyó buena parte de la infraestructura eclesial y comunitaria de la región.Igualmente, el vicariato ha afrontado las consecuencias de la violencia armada que por años afectó a las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes presentes en el territorio. En medio de estas realidades, la Iglesia ha mantenido una presencia cercana, misionera y comprometida con la defensa de la vida, la reconciliación, la promoción humana integral y la construcción de paz.Tras la renuncia de monseñor Óscar Augusto Múnera Ochoa, aceptada por el Santo Padre el 20 de julio de 2024, el Vicariato Apostólico de Tierradentro ha estado bajo la administración apostólica de monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, obispo de Neiva.