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Lectio Dominical

Dom 24 Ene 2016

Como profetas mostremos el camino al reino

La Palabra Divina que se nos ha de proclamar nos recordará que también nosotros hemos de actuar como profetas que anuncian el Reino de la esperanza y que muestran al mundo el camino seguro que nos permite dar testimonio del Resucitado Vencedor de la muerte y llevar a todos la verdad que salva. Lecturas [icon class='fa fa-play' link=''] Primera lectura: Jeremías 1,4-5.17-19[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Salmo de respuesta: 71(70),1-2.3-4a.5-6ab.15ab+17[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Segunda lectura: 1Corintios 12,31 - 13,13[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Evangelio: Lucas 4,21-30[/icon] [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO BÍBLICO[/icon] En la primera lectura hay una visión profética que alcanza su plenitud y su realización en Jesús. Él es el Profeta de las Naciones que Jeremías nos representa en la primera de las palabras escuchadas en este domingo. Hay un destino constante para el profeta; ser signo de contradicción en medio de la comunidad, ser rechazado, despreciado, ignorado, se vuelve “parte” del oficio de profeta, ya en el antiguo testamento, ya en la hora presente. Incluso se hace necesario clarificar que el profeta no es, necesariamente, un vidente del futuro sino un intérprete de la historia que se vuelve actual cuando la historia misma le da la razón, cuando, como en Jesús, las gentes se admiran y luego repudian a quien les hace presente la misericordia de Dios, a quienes les reclaman por los constantes extravíos, a quienes les proponen audaces compromisos. En el salmo se nos propone, como para hacer eco a la precedente lectura, proclamar el auxilio divino a todos, esto es, anunciar que la acción de Dios en la historia debe ser contada pero no como una narración de victorias humanas, sino como una intervención salvadora que compromete la totalidad de la persona y la comunidad en la que se vive. San Pablo en este día nos propone una de las más bellas y comprometedoras páginas de la Sagrada Escritura: El Himno de la Caridad. El amor humano tan sublime en su originalidad, ha perdido su esencia porque se nos olvidó que su plena realización está en el don al otro, en la entrega comprometida de la vida, en la Caridad que San Pablo retrata en catorce condiciones, en catorce señales. Este amor elevado a la gracia de caridad, es el que se vuelve misericordia, esperanza, vida para todos. El evangelio, volviendo a la idea de la primera lectura, es el retrato de una escena impactante: Jesús no es acogido como muchos lo esperaban. En su tierra recibe como señal la indiferencia, la admiración que se vuelve escepticismo. Es el destino de todo profeta. Por eso ya en otra parte del Evangelio, Jesús sabrá advertir que no siempre las alabanzas son garantía de acogida. Jesús sale de Nazaret, parece que no retornará más. Le espera el resto de Israel, le espera la pasión, le espera una gloria en la que su destino de profeta será corroborado por el testimonio final. Es allí donde retoma la Iglesia la tarea, es allí donde se apoya la fuerza de la Palabra que escuchamos, y que luego, así cause contradicción, debe ser proclamada con fe. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO SITUACIONAL[/icon] Necesitamos urgentemente el servicio y la misión de los profetas. La realidad es compleja, difícil, árida. Los profetas de este tiempo han de conocer que ante las fallidas propuestas del mundo también puede aparecer en el corazón de la humanidad el escepticismo que se nota en Nazaret. Mirar la vida con ojos de profeta no puede limitarnos a aquello de juzgar la historia. Es propio del creyente proponer la persona de Jesús como revelación definitiva de la vida, de la esperanza, de la luz que ilumina sin enceguecer, del amor que se ofrece sin egoísmos, de la alegría que sabe transformar la amargura de los corazones y de los pueblos en una voz de esperanza y de paz. No podemos desanimarnos con la indiferencia del mundo. Seguimos con Jesús llevando el Reino que hace ocho días se anunciaba, a quienes tengan la buena voluntad de acoger la voz de Dios y la fuerza de su amor generoso. Nazaret queda atrás… la casa, el taller, las gentes. Jesús camina ahora hacia nosotros para que nosotros lo acojamos con fe, para que al acogerlos nos pongamos de su lado y para que al ponernos de su lado, sintamos la urgencia de seguir mostrando el auténtico amor de Dios a cada persona, a cada cultura, a cada realidad. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO CELEBRATIVO[/icon] Cada Domingo Jesús viene a nosotros en su palabra, en el Sacramento del Amor. Que nuestro corazón esté en capacidad de acogerlo con gozosa esperanza, que al acogerlo, hagamos de su presencia constante la mejor motivación para que al salir de nuestra fiesta de esperanza, le mostremos al mundo con un profetismo auténtico, que somos los seguidores de aquel que se hizo signo de contradicción en su misma tierra, pero que es la vida de todos. Imaginamos que tras la hostilidad de los nazarenos, también María emprendió el camino de su Hijo, y le seguirá acompañando, discretamente, para enseñarnos a vivir y para apoyarnos cuando como el profeta y como Jesús sintamos el dolor de la indiferencia. Cuánto necesitamos que se renueve la dimensión profética de la comunidad creyente y que esta tarea trascienda e ilumine la vida creyente y haga que los creyentes, unidos en la caridad, sean vida comunicada, amor compartido, esperanza vivida con amor y alegría. [icon class='fa fa-play' link=''] Recomendaciones prácticas[/icon] Insistir en el sentido de las palabras: elección, llamado, profeta, enviado, Palabra y amor. Se podría hacer una cartelera en la que se destaquen algunas personas que en la historia de la comunidad han dado testimonio de auténtica vida cristiana. Aunque es domingo, concurre en el calendario el recuerdo de San Juan Bosco. Hágase conocer a los creyentes este modelo de gracia y santidad. Tener en cuenta que en la semana que se inicia, lunes 2 de febrero, se celebra la Fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, recuerda que Jesús vino a cumplir lo anunciado y a señalar el camino de la vida y de la paz. Se debe hacer bendición de los cirios y procesión. Año de la Misericordia: Jubileo de la Vida Consagrada y Clausura del Año de la Vida Consagrada.

Lun 18 Ene 2016

Se cumplirá la Escritura

Como el pueblo de Israel o como los que estaban en la Sinagoga de Nazaret, acojamos con fe la palabra de Dios y pidamos que podamos descubrir con un corazón generoso y fiel, que hoy, también entre nosotros, se cumplirá esta Escritura que va a ser proclamada. Escuchemos. Lecturas [icon class='fa fa-play' link=''] Primera Lectura: Nehemías 8,2-4a.5-6.8-10[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Salmo de respuesta: 19(18),8.9.10.15 (R. Jn 6,63c)[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Segunda Lectura: 1Corintios 12,12-30[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Evangelio: Lucas 1,1-4; 4,14-21[/icon] [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO BÍBLICO[/icon] Todavía en los comienzos del Tiempo Ordinario, en este Año de la Misericordia, se nos recuerda en las lecturas de hoy que las Palabras del Señor son “espíritu y vida” como lo acabamos de responder en el Salmo. Hay una agradecida memoria en el pueblo de Israel: la Ley encontrada, proclamada y celebrada le vuelve a mostrar a la comunidad la ruta que Dios señala y la importancia de tener un derrotero a través del cual la convivencia humana se vea iluminada por las normas de vida con las que debe recorrerse el camino de la vida. Una palabra cumplida por el Señor siempre es el mejor signo de una historia de fidelidad. Dios que habla por los labios del Lector, provoca dos sentimientos en la comunidad: una inmensa alegría por este “reencuentro” y luego una actitud penitencial en la que la comunidad entera se pone en estado de conversión, reflexiona su vida y piensa que lo mejor es estar en la línea amorosa con la que Dios dibuja su plan de salvación y de vida. Cuando se proclama una palabra que tiene “espíritu y vida” el Espíritu del Señor despierta inmediatamente unas reacciones maravillosas: la unidad, la diversidad de dones, la profusión de carismas que hacen que el Pueblo de Dios le comunique al mundo el testimonio de vitalidad y de esperanza que necesitamos (segunda lectura). Al gozo de la Palabra hallada y proclamada, se une el Evangelio tan especial de este domingo. San Lucas nos atestigua la seriedad y la intención de su trabajo al recoger amorosa y cuidadosamente la vida de Jesús, y nos entrega, el contenido de la experiencia vivida por la comunidad que estuvo cerca a Jesús en su ministerio. Decir cómo se hizo el Evangelio es el mejor prólogo a la inauguración del tiempo en el que Jesús proclama el Reino y le ofrece a los que luego llamará Bienaventurados, a los humildes, a los pobres, a los urgidos de esperanza, la primicia de su presencia salvadora. Este Evangelio se volverá a proclamar en la Misa Crismal, y es envío misionero que nos compromete en el anuncio de la verdad y de la esperanza. Jesús lee su misma vida en el texto de Isaías, la gente escucha cómo en Él mismo se hace actual la promesa de Dios y cómo se abre la proclamación del tiempo de la gracia en el que la fuerza del amor puede cambiar lo que la fuerza de la injusticia y del desamor han querido derribar en la dramática historia de la humanidad. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO SITUACIONAL[/icon] Hoy también para nosotros se cumple la Escritura. La que escuchamos tantas veces con indiferencia, la que incluso tenemos en nuestras casas abierta en el mismo pasaje sin ser leída. El acoger la Revelación de Dios le propone al mundo en el que nos movemos, el testimonio valeroso y generoso de los creyentes que, como Jesús, sabemos que también se nos dio el Espíritu y se nos sigue enviando a proclamar la gracia del perdón, de la reconciliación, de la esperanza. Nuestra patria, nuestra comunidad, nosotros mismos, tenemos una sed de misericordia y de esperanza que nos ayude a vivir al estilo de Jesús, y que nos permita iluminar tantas cegueras, sostener tantos pasos vacilantes, devolver tantas oportunidades de vivir a quienes comparte nuestro camino. Jesús en la Sinagoga de su pueblo, Nazaret, nos vuelve a decir hoy que es el tiempo de la gracia, de la esperanza, de la vida nueva que esperamos construir juntos, movidos por el Espíritu, fortalecidos por la solidaridad con el dolor humano que se vuelve amor y vida como lo hizo Jesús. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO CELEBRATIVO[/icon] Hoy en las lecturas aparece un detalle importantísimo en nuestras celebraciones de la fe: el que proclama la Palabra. En la primera lectura, Dios habla a su pueblo en la proclamación de la Ley, en la alegría de escuchar por voz humana, la llamada constante de Dios a la santidad y a la gracia. Es el sentimiento que deberíamos vivir cuando se nos proclama la Palabra, cuando hasta el mismo libro que la contiene, se hace invitación para que Jesús nos haga discípulos fieles que reconozcamos que ha llegado ya a su plenitud cuanto anunciaron los profetas y que los nuevos profetas de este mundo somos los que actuamos y vivimos en el estilo del Reino que se ha inaugurado en Nazaret, que tendrá por trono la Cruz y por corona compartida la Victoria Pascual de Cristo. La Madre de Jesús, que seguramente estaba también en Nazaret, nos ayude a descubrir que hoy, con nuestra disponibilidad, también se cumple la Escritura. [icon class='fa fa-play' link=''] Recomendaciones prácticas[/icon] Conviene que la Palabra Divina que se va a proclamar, recupere su significación y por ello sería deseable destacar especialmente en el día de hoy el ambón, como espacio sagrado e incluso venerar con el incienso el Evangeliario, signo de Cristo, palabra hecha carne. Insistir en que no es correcto litúrgicamente pasar en la Misa a proclamar la Palabra de Dios valiéndose simplemente de unas «hojitas», pues esto no respeta ni la dignidad que se le debe a la Palabra, ni el sentido del momento litúrgico; para ello se han elaborado libros litúrgicos propios. Recordar que esta semana: El lunes 25 de enero, es la Fiesta de la Conversión de San Pablo, apóstol. Este mismo día, en el contexto del Jubileo de la Misericordia: Celebración ecuménica en la Basílica de San Pablo Extramuros.

Mié 18 Nov 2015

Cristo Rey: amor, servicio y entrega

Las lecturas de hoy, son el cumplimiento de las promesas de Dios a su pueblo. Cristo, en el amor, el servicio, la entrega y donación de su vida, nos ha dado a conocer su verdadero reinado, don de Dios, y tarea que corresponde a cada uno. En la escucha de su Palabra pidamos la gracia de acogerla con el corazón para responder con fe, esperanza y caridad, y así demos testimonio de nuestra filiación divina y fraternidad entre nosotros. Lecturas [icon class='fa fa-play' link=''] Primera Lectura: Daniel 7,13-14[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Salmo de respuesta: 93(92),1ab.1c-2.5 (R. cf. Dn 7,14)[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Segunda Lectura: Apocalipsis 1,5-8[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Evangelio: Juan 18,33b-37[/icon] [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO BÍBLICO[/icon] Los signos llevados a cabo por Jesús muestran que el reino de Dios ha comenzado y transforma la vida de las personas. Jesús manifiesta en su rechazo y condena, que este reino aún no está realizado completamente. Estamos en el tiempo de la Iglesia, tiempo de crecimiento del reino de Dios, que tiende a su cumplimiento al final de los tiempos. Nosotros esperamos la venida gloriosa de Cristo, su advenimiento será en las bodas del Cordero con la humanidad salvada (Ap. 19,1-9). Desde ahora cada uno puede acercarse a este Reino en la vivencia de las «bienaventuranzas»: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el reino de los cielos» (Mt 5,3-10). «Buscar ante todo el Reino de Dios y lo que es propio de él, y Dios les dará lo demás» (Mt 6,33). Las dos lecturas recogen la imagen de las nubes del cielo en medio de las cuales viene el Hijo del hombre para reinar (Dn 7,13-14), donde aparece Jesucristo, «el testigo fiel, el primogénito de entre los muertos, el soberano de los reyes de la tierra» (Ap 1,5-8) que verán todos los hombres. La realeza de Jesús, se ejerce en la tierra pasando por su muerte en cruz. Esto no quiere decir que su realeza esté entre las nubes. Su realeza se ejerce en la tierra, pasando por la muerte en la cruz. El proceso de Jesús ante Pilato tiene que ver con la realeza de Jesús, diferente de las de este mundo. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO SITUACIONAL[/icon] Jesús es rey y su reinado no es la voluntad de poder, sino cumplir en el mundo la misión de atestiguar la verdad. Para esto hacen falta testigos, discípulos misioneros capaces de donar la vida en la cotidianidad de la existencia. Jesús es el «Testigo fiel» el que sirve a la verdad como nadie. Él es la verdad misma. Por eso son de Jesús y siguen a Jesús cuantos sirven a la verdad. Si no estamos en la verdad, el reino de Cristo, así seamos sabios, científicos, no estamos en la verdad que es luz y salud, vida y eternidad. Cristo mismo es plenitud de la verdad. Pilato no cree que Jesús pueda enseñarle algo con respecto a ella. La verdad está ahí ante él, sus intereses no le permiten ver y contemplar a quien es el Camino, la Verdad y la Vida. El que hace la verdad se acerca a la luz. La verdad no es concebida como posesión o estado adquirido, sino como una tarea. Jesús saca a la luz a Dios. La verdad hace personas libres. El vivir en la mentira impide contemplar la luz que ilumina la existencia. Sólo la verdad puede llevar a un camino de fe, esperanza y caridad. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO CELEBRATIVO[/icon] Cristo es rey ha venido para dar testimonio de la verdad, para que los hombres la acepten y tengan plenitud de vida. Quienes lo acogen se comprometen con su reino, reino de paz y justicia reino de vida y de amor. Cristo ha venido a reinar en nuestra vida en nuestra familia en nuestro lugar de trabajo, en la escuela en la universidad. Él mismo nos ha hecho partícipes de su reino un don para todos y cada uno, quienes lo hemos aceptado en nuestra vida. Es el don precioso que nos ha hecho Dios, pero al tiempo se convierte en tarea que pertenece a cada uno. En Cristo, somos hijos de rey, y herederos de las promesas eternas. Nos recuerda nuestra dignidad. Como defensores y promotores de vida somos invitados a participar en el reinado de Cristo, de la nueva Jerusalén, precedida por los valores del reino que nos hacen sentir hermanos e hijos de Dios. Quien escucha a Cristo, sirve a la verdad, experimenta la libertad de los hijos de Dios y además se siente hermano de sus semejantes. Su poder lo ejerce en el servicio y con la fuerza de su amor. Su reinado se manifiesta en una liberación total de todo lo que oprime al ser humano. Jesús es el triunfo definitivo de la vida sobre la muerte. Juan indica el motivo para escribir su evangelio: «para que tengáis vida en su nombre» (Jn 20,31). Las señales que Jesús ha hecho, manifiestan la realeza y plenitud de vida en nosotros. Algunos signos los encontramos por ejemplo en la salvó al hijo del que estaba a punto de morir (4,46-54), curó al paralítico (5,1ss), ofreció el pan (6,1ss); son las señales de su realeza que brillarán en la cruz. Cristo Rey, se hace presente en nuestra vida, en el hoy de nuestra historia para darnos la vida en abundancia y el gozo de ser hijos de Dios. Es el rey prometido por Dios a la descendencia de David, que reinará para siempre. Lava los pies a sus discípulos y su dignidad la atestigua en el servicio, en la donación de su vida. Su realeza es servicio a la vida. Nos libera de toda forma de violencia, su modo de reinar devuelve al hombre su dignidad de hijo, su libertad como hermano en el amor. Somos hijos de Dios amados por el padre; él nos ofrece la gracia de ver lo esencial de la vida y aceptarlo para que reine siempre en nuestras vidas y nuestros lugares, donde somos protagonistas de vida. Pidamos la gracia de estar atentos en este mundo sordo, para saber escuchar su palabra que es vida, pues sólo en él podemos ver la realidad con fe, esperanza y caridad hacia la transformación de un mundo nuevo donde reine Cristo y hagamos presente la civilización del amor. Alabemos juntos a Dios porque nos ha demostrado la grandeza de su amor en su Hijo muy amado. Es Cristo, con su muerte en Cruz nos ha hecho partícipes del Reinado de Dios; en el anuncio del Reino de Dios entre nosotros. Don y tarea de quien proclama con su vida a Cristo Rey. [icon class='fa fa-play' link=''] Recomendaciones prácticas[/icon] Es importante recordar que cada uno de nosotros somos hijos de Rey. Participamos de su reinado. Por lo tanto cada persona tiene la dignidad de hijo e hija de Dios. Como canto de entrada se podría entonar: Anunciaremos tu reino, Señor, En Cristo podemos vencer todas y cada una de las batallas contra la tristeza, la angustia, la desesperanza, porque hemos abrazado en nuestra vida a Cristo Rey; fe, esperanza y caridad en nuestra vida. El formulario de la Misa es propio La invitación de orar por la vida consagrada, sus oraciones son necesarias. Concluimos el año litúrgico y daremos inicio al nuevo con la preparación para la navidad en el tiempo de Adviento. 6. Continuamos orando por el Sínodo de la familia, dando gracias a Dios por los frutos recogidos para que tengamos una Iglesia que las acompaña como signo de esperanza en sus luces y sombras.

Jue 12 Nov 2015

Vigilantes y atentos a la visita del Señor

La invitación que nos hace la Palabra de Dios es a estar vigilantes y atentos a la visita del Señor, pues fácilmente nos podemos perder en las preocupaciones y afanesde este mundo, así, tanto el profeta Daniel como Jesús, ponen de manifiesto que el final de los tiempos será difícil si no nos preparamos dignamente. Es por eso que, en medio de la incertidumbre de lo que está por venir, Jesús se presenta como el camino, la luz y la esperanza. Lecturas [icon class='fa fa-play' link=''] Primera Lectura: Daniel 12,1-3[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Salmo de respuesta: 16(15),5+8.9-10.11 (R. 1)[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Segunda Lectura: Hebreos 10,11-14.18[/icon] [icon class='fa fa-play' link=''] Evangelio: Marcos 13,24-32[/icon] [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO BÍBLICO[/icon] Las lecturas para este domingo, están acompañadas de símbolos sobre lo futuro. Por una parte, Daniel que prepara a su pueblo para la venida del Mesías; y. por otra, Jesús que es consiente que poder seguirlo implica persecución, incomprensión y sobre todo valentía y confianza en los momentos más difíciles. Sin embargo, Dios nunca abandonará su creación, estará siempre cerca de nosotros, inspirándonos la palabra oportuna, dándonos esperanza y serenando nuestro corazón. También es importante precisar, que la comunidad cristiana del evangelista san Marcos ya vivía la persecución y la hostilidad de un mundo que no les entendía, de un mundo difícil; por eso las palabras del evangelio eran la respuesta, la consolación y, a la vez, argumento para continuar el camino, pues alcanzar la salvación implicaba todo este tipo de sufrimiento y de persecución. San Marcos en este evangelio hace énfasis en el avenir, en lo que está por suceder, pues el hecho de narrar el fin último de los tiempos es fundamental en la experiencia cristiana, pues la tribulación es tan grande cuando el ser humano reconoce que no tiene respuestas frente al más allá, dicho en palabras de Jesús mismo: «Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor…”; Jesús es directo, habla con autoridad sobre lo difícil acerca de lo que está por venir, pero que es una realidad a la que el ser humano debe enfrentarse. En algunos textos del Antiguo Testamento se presenta al Hijo del hombre como un personaje enigmático, asociado al juicio sobre la tierra, en donde los justos están llamados a recibir el premio eterno, mientras que los injustos y los opresores el castigo definitivo; Daniel de frete a esta premonición, invita a que el pueblo debe cambiar para alcanzar la visión de Dios. Es por eso, que San Marcos presenta la misión del Hijo del hombre bajo una perspectiva ante todo positiva: Poder reunir a sus elegidos, aquellos que esperan su venida, pero que están dispersos por toda la creación. El acento que le coloca es muy interesante, pues, somos nosotros los que nos hemos alejado, los que estamos dispersos, los que encontramos dificultad en congregarnos, en vivir unidos y en paz. Es por eso, que en la carta a los Hebreos se nos hace la invitación a resaltar la presencia de Jesús, como fuente de vida, que santificándonos, nos ha llevado a la perfección definitiva. La utilización de los signos de los tiempos es fundamental en cada momento de la historia, pues permite que el pueblo se sensibilice sobre las realidades del momento y las pueda interpretar. Jesús es consiente del contexto en el que vive, sabe que en este mundo todo tiene caducidad, nada es eterno y como tal el ser humano debe confrontarse con esas preguntas ultimas de su existencia: la muerte, la vida, la salud, la enfermedad, etc. Es por eso, que tanto el mensaje de Daniel como el de Jesús, en contextos diferentes, conducen a la reflexión profunda, a estar vigilantes: “Por tanto, velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene” (Mt, 25, 13). Sin embargo, Nuestro Señor es consiente también, que necesitamos de su compañía, de su guía: “Venid a mí, todos los que estáis cansados y agobiados, que yo los aliviaré” (Mt 11, 28). [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO SITUACIONAL[/icon] El evangelio de este domingo, además de que nos pone en alerta sobre lo que está por venir, también es un llamado a que no nos dejemos engañar por personas que anuncian el final de los tiempos, pues hoy hay muchos que le ponen incluso fecha y hora, pero sólo es Dios quine los sabe: "Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre" (Marcos 13, 32). Así que, lo importante que debemos hacer como cristianos es estar siempre preparados, ser vigilantes y seguir construyendo una vida digna y recta al ejemplo de Jesús: «Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, Jesús de Nazaret pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él. » (Hechos, 10, 38) El ser humano a lo largo de la historia se ha cuestionado sobre el fin último de su existencia, en este caso Jesús lo coloca en evidencia, pues el final del mundo vendrá. Por eso, es preciso anotar, que en el caso de Daniel, es aquel profeta a quien le corresponde hacer este tipo de anuncios, y hacer consiente al pueblo de esa realidad, “pues, será tiempo de angustia, muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua” (Dn 12, 2). En el caso de Jesús, como en nuestros tiempos, fácilmente nos acostumbramos a vivir, sin ningún tipo de complicaciones, pensando en que nunca nos vamos a morir, también los fariseos se habían acostumbrado a realizar ciertos ritos religiosos, sin un compromiso verdadero con Dios: “De modo que haced y observad todo lo que os digan; pero no hagáis conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas” (Mt 23, 3- 4). El ser humano también hoy se ha acostumbrado a vivir en medio de cierto relativismo: “Pues, el relativismo abandona la posibilidad del diálogo para alcanzar una verdad común sobre la qué construir la convivencia humana, el desarrollo como personas y como sociedad, e introduce una dictadura, la del propio yo y sus apetencias....” (Papa Benedicto XVI) Hoy también, nada es eterno, todo es perecedero, por eso Jesús busca y quiere que tengamos conciencia de todos los acontecimientos que pasan a nuestro alrededor, quiere que sintamos lo que está pasando, que no seamos espectadores pasivos: “Al mundo de hoy le falta llorar, lloran los marginados, lloran los que son dejados de lado, lloran los despreciados, pero aquellos que llevamos una vida más o menos sin necesidades no sabemos llorar (Papa Francisco). Aunque, nadie sabe la fecha ni cómo será el final de los tiempos, el ser humano debe cuestionar su existencia y escuchar el llamado que Dios le hace, que se constituye en la esperanza y finalmente la respuesta a lo que está por venir. Jesús, deja en claro que ese momento llegará, para ello pone el símil de la luna y el sol, que se apagarán y todo quedará en la oscuridad, pero todo volverá a resurgir, porque el Hijo de Dios, Jesús resucitado, será la fuente de la luz viva y resucitada para toda la humanidad. Por eso con el salmista también hoy podremos decir: «Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti» (Salmo 16), es la confianza en aquel que lo puede todo, en quien tiene la respuesta en el momento en que el cristiano más lo necesita. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO CELEBRATIVO[/icon] Aunque los textos llevan a contemplar y reflexionar sobre el final de la vida, la invitación que hace Jesús es a preparar ese momento inminente, pero con actitud celebrativa, significa que lo que está por venir es mejor. Sin embargo, revisar la vida, hacer ciertos cambios, va a ser fundamentale a fin de poder contemplar ese misterio salvífico, en el que Jesús se constituye en la fuente, pero también en el camino. Tal vez, la experiencia vivida por los discípulos después de la muerte no fue tan alentadora, pues los llevo a que se dispersaran, pero una vez que experimentan y comprenden la resurrección del Señor son los primeros en dar testimonio, incluso con sus propias vidas. Nosotros que somos invitados al encuentro privilegiado con Dios, la celebración de la Eucaristía, debe llevarnos a vivir con Jesús resucitado, pues él santificándonos, nos ha llevado a la perfección definitiva. Por eso, la reflexión y la enseñanza de este domingo debe prepararnos para los momentos difíciles, pero ese encuentro con Jesús debe, ante todo, contagiarnos de paz y de alegría: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento» (Exhortación Apostólica: Evangelii Gaudium. Papa Francisco). [icon class='fa fa-play' link=''] Recomendaciones prácticas[/icon] Resaltar las expresiones: “Entonces se salvará tu pueblo”, “protégeme, Dios mio que me refugio en ti” y “reunirán de los cuatro puntos cardinales a sus elegidos”. Se podría proponer a los grupos pastorales que en clima de evaluación pastoral del año, presenten, junto a las intenciones y ofrendas de la misa, los logros de este año, las personas catequizadas, las obras de bien realizadas. El Prefacio podría ser el: Dominical X: El Día del Señor, p. 392 del Misal Romano. Recordar que: El sábado 21 de noviembre, es la memoria obligatoria de Presentación de la Santísima Virgen María. El próximo domingo 22 de noviembre, solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, es el último domingo del Tiempo Ordinario y por lo mismo de Año Litúrgico 2014-2015.

Mar 3 Nov 2015

La auténtica experiencia religiosa

[icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO BÍBLICO[/icon] Centremos nuestra mirada en el tema de la auténtica experiencia religiosa. Descubriremos que los textos de este domingo nos ofrecen como dos formas de presentación: lo que el salmo proclama poéticamente, nos viene descrito de manera narrativa en las lecturas y el evangelio. Veamos, esta experiencia en la fidelidad tiene dos vertientes: la de Dios y al del hombre. La de Dios está asegurada porque “Él mantiene su fidelidad para siempre… a lo largo de las generaciones” y ha manifestado su fidelidad, absoluta y definitiva, especialmente en Cristo, “quien se ha manifestado una sola vez, para abolir el pecado por medio de su sacrificio”. La del hombre, se debe construir paso a paso, dejándose amar, moldear, sostener, orientar, proteger, liberar por Dios (salmo); aceptando la salvación dada en Jesús (2 lectura). El hombre debe invertir en la construcción de una autentica experiencia religiosa con Dios, y no por apariencia o búsqueda de otros intereses (Evangelio). Los textos narrativos, de hoy, toman como imagen “la viuda” a través de la cual nos da las notas características de una auténtica experiencia de fe. La respuesta auténtica proviene de la universalidad de la humanidad, de Israel y de las otras culturas, la viuda del evangelio es judía, mientras que la de la primera lectura es una “pagana”. La condición de raza o pueblo no garantiza la autenticidad de relación con Dios (nótese la situación de los escribas en el evangelio). Garantiza una religiosidad auténtica: la confianza absoluta en la Palabra de Dios, como la viuda de Sarepta que confía en el mensaje dado por el profeta; y la entrega generosa y total, como la viuda del evangelio que lo entrega todo manifestando así una confianza total, pues de dónde le vendrá el auxilio sino de Dios en quien pone su confianza al entregarlo todo. Surge en medio de esta dinámica de las “viudas”, la imagen del profeta que se fía de la Palabra de Dios y confía en su ayuda, como sombra del verdadero profeta: Jesucristo, quien con su entrega total y definitiva nos muestra que Dios ha hecho todo por mostrarnos su amor, su fidelidad y que la prueba reina está en que Jesús se jugó la vida por la humanidad. Es Él quien con su mirada penetrante y observadora descubre la verdadera cara de la experiencia religiosa: unos, por simple apariencia, preocupados por el que dirán y la realidad externa; y la otra parte de la gran masa anónima, de entrega total, absoluta, confiada, y en el silencio de esperarlo todo de Dios. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO SITUACIONAL[/icon] Jesús y las “viudas” lo entregaron todo. Lo entregan confiadamente todo en contraposición de los dirigentes religiosos que viven preocupados en todo menos en lo que debe ser. En este año de la vida consagrada, todos debemos preguntarnos ¿Cómo estamos entregando nuestra vida? ¿Qué estamos dando? ¿Damos de lo que nos sobra o lo estamos dando todo? En otras palabras: somos como Jesús y la viuda, o nos parecemos a los escribas, preocupados por ser importantes, vistos y reconocidos por la comunidad. Es hora de revisar y cambiar, pues, tanto en la vida consagrada, como en la vida de nuestras comunidades eclesiales, a veces nos encontramos con algunos personajes que tienen mucho de parecido con aquellos escribas que son puestos en evidencia en el evangelio de hoy. Las viudas hoy. Detrás de la presencia ejemplarizante de las viudas se nos recuerda que el judaísmo y el cristianismo en su historia se han preocupado por brindar espacios de respeto, simpatía y apoyo a esta categoría de seres humanos, y no solo a esta realidad sino a todos los necesitados. En nuestros contextos de conflicto, donde la violencia ha llenado dolorosamente nuestra patria de miles y miles de viudas, es necesario crear espacios de acompañamiento pastoral, para acogerlas, acompañarlas y brindarles un mínimo de caridad cristiana que las promueva en la reconciliación, perdón y paz. Esta realidad de conflicto, de violencia, de sequía, como en tiempos del profeta Elías, es un grito que debe conmovernos a los “dirigentes espirituales” para que dándolo todo anunciemos el mensaje liberador y esperanzador. Valoremos las “viudas del hoy”, las que entran en esa categoría real, pero también las viudas de otros rangos, es decir los que son olvidados por su aparente pequeñez social o por la pequeñez de lo que hacen, pensemos y, desde nuestra fe, asumamos un compromiso de mayor cercanía y una valoración distinta de esos pequeños que hacen posible una vida distinta: el vigilante, la señora de los tintos, la empleada de casa, el mensajero, el jardinero, el chofer, el sacristán, los lectores… [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']CONTEXTO CELEBRATIVO[/icon] Que nuestra celebración de hoy sea vivida con gozo, alegría y con una mirada atenta, como respuesta a la fidelidad de Dios, y que desde esta experiencia de fe aprendamos a tener una mirada diferente, como la de Jesús, que nos motiva a ir más allá de las apariencias y descubrir las intenciones y no solo las cantidades. Jesús nos invita a descubrir el valor de lo pequeño, de lo simple, de lo aparentemente sin valor y no nos dejemos deslumbrar por el brillo aparente de lo grande. Fijemos nuestros ojos y atención en los gestos pequeños, que hablan de la grandeza de la presencia de Dios: el signo de la cruz, la genuflexión, la mirada, el beso al altar, la pequeñez de la hostia, sencilla y aparentemente sin valor, pero allí se contiene el valor supremo, la entrega total de Jesús que quiso quedarse en medio de nosotros y ser alimento para cada uno de nosotros. Recomendaciones prácticas: Palabras claves: experiencia religiosa, autenticidad, entrega total, viudas, fe, fidelidad, confianza. Se sugiere la Plegaria Eucarística IV. También se sugiere, si no se toma ésta, usar el Prefacio Común VII: “Cristo, huésped y peregrino en medio de nosotros”, p. 419 del Misal Romano. Recordar que: - El lunes 9 de noviembre, es la fiesta de la Dedicación Basílica de Letran. El miércoles 11 de noviembre, es la fiesta nacional de Independencia de Cartagena.

Mié 28 Oct 2015

Reflexión domingo 18 de octubre de 2015

[icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']Contexto bíblico[/icon] Hoy la Palabra nos presenta la figura del Siervo de Yahvé que asume con serenidad su misión expiatoria. Con ella está alcanzando la bendición para el pueblo y para los que pongan su confianza en Él. Esta figura es asumida por el autor sagrado para personificar a todos aquellos que asumen en su vida el sufrimiento y lo hacen con intención de ser útiles a la liberación del Pueblo de todo aquello que lo oprime. El Siervo es el inocente (la víctima del holocausto) que se entrega sin condiciones para aliviar la carga del pecado de un pueblo. El salmista estalla de alegría con el reconocimiento de que el Señor es por tanto nuestro escudo y armadura. El telón de fondo de este salmo es la experiencia que tiene el pueblo de Israel de un Dios que salva, en el que se puede colocar toda la confianza. Su presencia activa en la historia ha sido patente en los momentos de peligro. En la carta a los hebreos se nos presenta a Jesús que se compadece de nuestros pecados y viene como Sumo Sacerdote y también como víctima – se aclara esto en el Evangelio – a compartir nuestras miserias. Jesús acerca el cielo a la tierra, la gloria de Dios a las miserias humanas. Su sacerdocio lleva a la plenitud la esencia del culto de Israel. Es el Sumo Sacerdote no por que lo haya heredado por su linaje sino por su experiencia sacrificial en la cruz. Por todo esto Jesús en el Evangelio de hoy fustiga con delicadeza las pretensiones arribistas de los hijos de Zebedeo que, aconsejados por su madre, están entendiendo el seguimiento como escala que lleva a una vida de gloria. Piensan en la meta pero olvidan el camino, que no es otro que el de la entrega total al servicio de los demás, el de la pasión por el Reino. Es notoria la reacción de los otros discípulos de Jesús. También ellos parecen estar lesionados en sus intereses. Por eso el Señor Jesús plantea claramente que no hay que andar buscando primacías, como hacen los paganos, que de lo que se trata no es de estar arriba, con actitudes de señores, sino abajo, como servidores de los demás. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']Contexto situacional[/icon] En el mundo en que vivimos, tanto en el ambiente social como eclesial, hay una dinámica que nos invita a vivir cómodamente, buscando privilegios. Aceptar la condición de siervos no es el ideal. Todos queremos ser señores. La figura de un Siervo de Yahvé aparece anacrónica. Las imágenes que ofrece la iconografía religiosa con el rostro sufriente de Jesús asustan. Hoy nos gusta más un Cristo glorioso, victorioso. El derrotado por amor no nos dice mucho. Por lo mismo buscamos afanosamente los caminos que nos lleven a la gloria y rehusamos los que conducen al sacrificio. Por eso, sin duda, tantas frustraciones. Si aprendiéramos la lección que Jesús nos está dando con su propia vida, probablemente estaríamos menos frustrados. El sufrimiento es inevitable, es necesario para conquistar la gloria. Los deportistas colombianos que triunfan en el mundo nos lo dicen: no se logran los primeros puestos sino con esfuerzos, renuncias, disciplina, sacrificios. [icon class='fa fa-arrow-circle-right fa-2x' link='']Contexto celebrativo[/icon] Cuando celebramos la Eucaristía estamos haciendo memorial del Sacrificio de Cristo, Él es la víctima. Que con Él, que se entrega cada vez que nos reunimos para la Eucaristía, aprendamos a entregarnos nosotros mismos. Que este momento celebrativo sea la ocasión para reafirmar nuestra disposición al sacrificio por el bien de los demás. Que aquí nos fortalezcamos para ser capaces de vivir, en la semana que viene, más entregados a los que sufren, posiblemente en nuestras propias familias o no muy lejos de nuestras casas. Que nuestro sacerdocio lo vivamos plenamente como entrega incondicional a la causa de Jesús. Que quienes hemos recibido la gracia del Ministerio Sacerdotal ordenado, quienes siguen a Jesús en la vida consagrada y quienes por el bautismo, fuente de todo sacerdocio, se hacen discípulos, vivamos nuestra propia vocación como una entrega amorosa y servicial a los hermanos con quienes vivimos, no buscando más gloria que la Gloria de Dios. [/icon][icon class='fa fa-book' link='']Descarga las notas exegéticas[/icon] Foto: Internet