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Episcopado al día

Jue 9 Abr 2026

Iglesia en Colombia se unirá a la Vigilia de Oración por la Paz convocada por el Papa León XIV

En medio de la violencia que afecta a Colombia y a distintas regiones del mundo, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) llama a los fieles católicos a unirse el próximo sábado 11 de abril a la Vigilia de Oración por la Paz, convocada por el Papa León XIV. La celebración central se realizará en el Vaticano, en la Basílica de San Pedro, a las 6:00 p.m. (hora Roma) y 11:00 a.m. (hora Colombia). Será retransmitida a través de la página en facebook y el canal en YouTube de la CEC.A través de un mensaje oficial, la Comunidad de Presidencia de la CEC invita a las Iglesias particulares, comunidades parroquiales, movimientos eclesiales y a todos los creyentes a sumarse a esta jornada espiritual, como un signo concreto de comunión y esperanza ante las realidades de sufrimiento que vive la humanidad.“Con el gozo de la Paz del Resucitado, queremos unirnos en Colombia al llamado del Santo Padre (…) Todo esfuerzo en este sentido vale la pena, especialmente cuando nace del clamor de un pueblo que, como el nuestro, también anhela el perdón, la reconciliación y la paz”, expresa el mensaje.En la invitación, la Iglesia reconoce “los dolorosos momentos de guerra globales y locales, el sufrimiento de las víctimas y la incertidumbre que aún pesa sobre tantas familias”, subrayando la urgencia de reavivar la esperanza a través de la oración y el compromiso con la paz.En este sentido, los obispos del país retoman palabras recientes del Santo Padre, quien en su bendición Urbi et Orbi exhortó:“Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen; que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz. No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo”.La Conferencia Episcopal ha animado a que esta vigilia se viva de manera simultánea en todo el país, promoviendo iniciativas locales que permitan la participación activa de las comunidades.“Que este sábado 11 de abril nuestra oración sea una sola”, enfatiza el comunicado, destacando el valor de la unidad en la fe como camino para aportar a la transformación de la realidad.Con esta convocatoria, la Iglesia Católica en Colombia reafirma su compromiso evangélico con la paz, la reconciliación y la cultura del encuentro, reconociendo en la oración una fuerza viva que impulsa el cambio personal y social.

Lun 6 Abr 2026

Monseñor Alexander Matiz Atencio, designado administrador apostólico de la Diócesis de Buenaventura

La Santa Sede, a través del Dicasterio para la Evangelización, dio a conocer este 4 de abril la designación de monseñor Alexander Matiz Atencio, obispo de Buga, como administrador apostólico de la Diócesis de Buenaventura, mientras esta jurisdicción eclesiástica permanece en sede vacante.La decisión se produce tras el reciente traslado de monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, quien fue designado el pasado 14 de febrero por el papa León XIV como nuevo obispo de Montería, luego de nueve años de servicio pastoral en Buenaventura. En este contexto, se confía a monseñor Matiz la responsabilidad de acompañar, orientar y sostener la vida eclesial de esta Iglesia particular durante el tiempo de transición.Monseñor Alexander Matiz Atencio ejercerá este encargo de manera simultánea con su servicio episcopal en la Diócesis de Buga, garantizando la continuidad de la misión evangelizadora, el cuidado pastoral del Pueblo de Dios y la comunión eclesial, mientras el Santo Padre nombra un nuevo obispo para Buenaventura.Esta designación reviste especial importancia tanto a nivel eclesial como social, dada la relevancia de la Diócesis de Buenaventura en el contexto del Pacífico colombiano, territorio marcado por una profunda riqueza cultural y espiritual, pero también por múltiples desafíos humanitarios.Aunque es diócesis, la Iglesia Particular de Buenaventura continúa bajo la atención del Dicasterio para la Evangelización por su condición de territorio de misión, lo que resalta aún más la relevancia de este acompañamiento pastoral en la actual etapa de transición.En ese contexto, la presencia y guía del administrador apostólico resultan fundamentales para seguir fortaleciendo los procesos pastorales, el anuncio del Evangelio y el compromiso con la dignidad humana, la justicia y la paz.

Vie 3 Abr 2026

El Sermón de las Siete Palabras que interpela a Colombia: desafíos para sanar la nación

En este Viernes Santo, los obispos de Colombia dirigen al país una reflexión de profundo calado espiritual y social a través del tradicional Sermón de las Siete Palabras, proponiendo una lectura de la pasión de Cristo que ilumina las heridas, tensiones y búsquedas de la nación.Desde distintas regiones —desde el Pacífico hasta el centro del país— y en comunión como Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), los prelados ofrecen un mensaje que no solo invita a la contemplación, sino que interpela directamente la vida pública, las dinámicas sociales y las decisiones cotidianas de los colombianos.Desarmar la palabra en una sociedad herida por la confrontaciónAl reflexionar la primera palabra —“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”—, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, pone el foco en uno de los factores que hoy profundizan la fractura social: el uso destructivo del lenguaje.“En nuestras sociedades […] se está volviendo muy común, casi costumbre, casi ley, el uso de la palabra oral y escrita para calumniar, insultar, confrontar de forma grosera e imprudente al otro […] sencillamente al que no me cae bien o a quien considero mi enemigo”.Su reflexión toca un punto neurálgico del país: la normalización de la agresión verbal en la política, en las redes sociales y en la vida cotidiana. Frente a ello, plantea una alternativa concreta:“Jesús en la cruz, nos invita a asumir el perdón como camino del amor cristiano para desarmar el lenguaje y mantener la integridad de las relaciones interpersonales y sociales”.Se trata, en palabras del Papa León XIV, de abrir paso a una palabra “desarmada y desarmante”, capaz de transformar el conflicto en posibilidad de encuentro.La dignidad de quienes viven en los márgenesLa segunda palabra —“Hoy estarás conmigo en el paraíso”— permite a monseñor Luis Augusto Campos Flórez, arzobispo electo de Bucaramanga, iluminar la realidad de exclusión que viven amplios sectores de la sociedad.Su reflexión no evade la crudeza: habla de “vidas desarrolladas al margen de la justicia”, marcadas por la violencia, la delincuencia o la marginación estructural. Sin embargo, introduce una clave decisiva:“Mientras en la vida haya espacio para la sinceridad y la confianza, ninguna condena destruirá definitivamente la vida: siempre será posible esperar algo”.En un país donde muchas personas quedan atrapadas en ciclos de violencia, pobreza o estigmatización, el mensaje es profundamente contracultural: la exclusión no tiene la última palabra.Y lo expresa con fuerza: “El paraíso consiste en permanecer con Jesús que levanta a todos los caídos y los dignifica […] ofrece las oportunidades de vida nueva que los seres humanos tantas veces nos negamos entre nosotros”.Custodiar el corazón para reconstruir el tejido socialDesde la tercera palabra —“Ahí tienes a tu madre”—, monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, propone una transformación que comienza en lo más profundo, pero que tiene consecuencias estructurales.“Custodiar el corazón implica custodiar el pensamiento […] luchar por unas relaciones justas, sanas y honestas en nuestras estructuras sociales y religiosas”.Su reflexión se sitúa explícitamente en el contexto colombiano:“Como colombianos tenemos la tragedia de estar viviendo momentos sumamente conflictivos para nuestra amada patria”.Desde ahí, plantea un camino concreto: reconstruir relaciones, sanar vínculos y generar cohesión social. No se trata solo de un cambio interior, sino de una ética relacional que atraviese comunidades, instituciones y territorios.“Es tiempo de reconstruir el tejido social […] hacer que nuestras relaciones estén fortalecidas por el amor y no por el odio”.El grito de las periferias: territorios que claman justiciaLa cuarta palabra —“Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”— adquiere una fuerza particular desde el Pacífico colombiano, en la voz de monseñor Alfonso García López, vicario apostólico de Guapi.Su reflexión encarna el clamor de territorios históricamente golpeados por la violencia, la pobreza y el abandono institucional:“Hoy la injusticia se ondea sin piedad y sin freno por los caminos de nuestra existencia […] en los que no hay tiempo para la escucha de nuestro sufrimiento, porque se ahoga nuestra voz en los ruidos del placer y de la corrupción”.Describe realidades concretas: precariedad en salud, falta de empleo digno, economías ilegales, presencia de actores armados y comunidades que “apenas sobreviven”.Desde allí, eleva una denuncia y una interpelación:“Es la voz de un pueblo que han silenciado pero que interpela a los actores y sistemas políticos que olvidan el clamor de la tierra y de los pobres”.Esta palabra se convierte así en una llamada a escuchar a los territorios, a reconocer sus heridas y a asumir responsabilidades frente a su dignidad.Una sed de justicia que no puede apagarseLa quinta palabra —“Tengo sed”— es leída por monseñor José Mario Bacci Trespalacios, obispo de Santa Marta, como un diagnóstico ético del país.“Colombia vive también una sed profunda. Una sed de ética en sus habitantes, instituciones y gobernantes. Una sed de transparencia. Una sed de verdad. Una sed de justicia que muchas veces parece insatisfecha”.Su análisis va más allá de la denuncia de la corrupción: señala un riesgo aún más profundo, la normalización del mal:“El gran peligro […] no es solamente la corrupción misma, sino la resignación, cuando el mal se vuelve cotidiano y dejamos de indignarnos ante él”.En ese sentido, plantea un desafío directo: transformar esa sed en compromiso real, en responsabilidad personal y colectiva, capaz de incidir en la vida pública.No permanecer indiferentes ante el sufrimiento socialDesde la sexta palabra —“Todo está consumado”—, monseñor Edgar Aristizábal Quintero, obispo de Duitama-Sogamoso, invita a confrontar la distancia entre la fe profesada y la realidad vivida.“De parte de Jesús todo está cumplido, pero de parte nuestra, ¿ya la misión llegó a su plenitud? Tenemos que reconocer que falta mucho”.Su reflexión recorre problemáticas concretas: inequidad, pobreza, abandono de los ancianos, división familiar, indiferencia frente al sufrimiento.Y lanza un llamado claro:“No podemos permanecer pasivos esperando que sean los otros quienes solucionen tantos problemas sociales, sin mover nuestros corazones a la misión de acercarnos y luchar también por el bienestar del otro”.Aquí, la fe se presenta como una exigencia de acción concreta en favor del bien común.Esperanza en medio de la incertidumbre y la violenciaFinalmente, la séptima palabra —“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”— es leída por monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez, obispo de Pereira, como una clave para afrontar el momento actual del país.Describe un contexto marcado por “sueños truncados de paz, pactos rotos, proyectos inconclusos” y una creciente sensación de incertidumbre y miedo.Sin embargo, propone una respuesta profundamente cristiana y social:“El miedo no es para nosotros la opción […] cuando la esperanza es superior al miedo, el mundo y la sociedad se presentan como un campo abierto de posibilidades que pueden gestionarse”.Y advierte con claridad: “Renunciar a la esperanza sería conceder la victoria a la lógica de la violencia”.En un país que ha vivido décadas de conflicto, esta afirmación se convierte en una invitación a no claudicar en la búsqueda de la paz.Un Viernes Santo que interpela a todo el paísEn este Viernes Santo, el mensaje de los obispos colombianos se presenta como una hoja de ruta espiritual y social para el país.Desde el lenguaje hasta las estructuras, desde el corazón hasta los territorios, desde la fe hasta la acción, las siete palabras de Cristo se convierten hoy en una invitación a asumir responsabilidades concretas.Vea a continuación las reflexiones de los obispos colombianos:

Lun 30 Mar 2026

Nombrado en la Secretaría de Estado por el Papa León XIV, monseñor Paolo Rudelli se despide de Colombia con carta

La Iglesia en Colombia acoge con gratitud el nombramiento realizado por el Papa León XIV de monseñor Paolo Rudelli como Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado. Tras conocerse esta designación, el prelado dirigió una carta al presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, en la que expresó su profunda gratitud por la experiencia de fe vivida en el país.Monseñor Rudelli, quien se desempeñaba como Nuncio Apostólico en Colombia desde 2023, culmina así su misión diplomática para asumir esta nueva encomienda al servicio directo del Santo Padre y de la Iglesia universal.Como Sustituto para los Asuntos Generales, estará al frente de la Primera Sección de la Secretaría de Estado, encargada de gestionar los asuntos ordinarios del Pontífice, articular el trabajo entre los dicasterios y acompañar la actividad cotidiana de la Santa Sede. Entre sus funciones se encuentran la redacción y expedición de documentos pontificios, el seguimiento de los nombramientos eclesiales, la difusión de las comunicaciones oficiales y la organización de los viajes apostólicos.Este nombramiento se inscribe en una amplia experiencia en el servicio diplomático de la Santa Sede, que se remonta a más de veinte años. Desde 2001, monseñor Rudelli ha servido en representaciones pontificias en Ecuador y Polonia, así como en la misma Sección de Asuntos Generales de la Secretaría de Estado, de la cual ahora ha sido llamado a ser responsable por voluntad del Papa León XIV.Con esta designación, el Papa León XIV realiza uno de los primeros cambios de especial relevancia en la Curia Romana desde el inicio de su pontificado. Monseñor Rudelli sucede en esta responsabilidad al arzobispo Edgar Peña Parra, quien ha sido nombrado nuncio apostólico en Italia y en la República de San Marino.Gratitud por una experiencia de fe en ColombiaEn la carta enviada al episcopado colombiano, monseñor Rudelli expresó que su paso por el país ha sido una verdadera “experiencia de fe”, marcada por el encuentro con una Iglesia viva, comprometida y profundamente unida al Sucesor de Pedro.Durante su servicio como Nuncio Apostólico, se distinguió por su cercanía con las comunidades y su interés por conocer de manera directa la realidad del país. Recorrió numerosas jurisdicciones eclesiásticas y visitó diversas regiones, compartiendo con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y fieles laicos.En su mensaje, destacó la acogida fraterna de los obispos, la generosidad pastoral de los sacerdotes y la entrega de la vida consagrada, así como el compromiso de los laicos que, desde sus comunidades, contribuyen a la evangelización y al servicio de los más necesitados.Una Iglesia que es signo de esperanzaMonseñor Rudelli subrayó también el testimonio de comunidades que, en medio de situaciones sociales complejas, perseveran en la fe y fortalecen la esperanza. De manera particular, valoró el entusiasmo de los jóvenes y el camino vocacional de seminaristas, novicios y novicias.“Este tejido eclesial constituye para Colombia una riqueza humana y de fe, y un bastión de paz, de justicia y de libertad”, afirmó en su carta, destacando el papel de la Iglesia como presencia activa al servicio del país, especialmente en territorios afectados por la violencia.Asimismo, expresó su gratitud al Papa Francisco por haberlo enviado como su representante a Colombia, y al Papa León XIV por la confianza depositada en él para asumir esta nueva responsabilidad en la Santa Sede.Un llamado a seguir construyendo comunión y misiónEn su despedida, monseñor Rudelli animó a la Iglesia en Colombia con palabras del Santo Padre: “Esta es la hora del amor…construyamos una Iglesia fundada en el amor de Dios y signo de unidad…fermento de concordia para la humanidad”.Por su parte, la Conferencia Episcopal de Colombia eleva una acción de gracias por el servicio generoso de monseñor Rudelli y encomienda su nueva misión, al tiempo que reafirma su comunión con el Santo Padre y su compromiso de seguir anunciando el Evangelio en medio de las realidades del país.

Mié 25 Mar 2026

El Papa León XIV expresa condolencias a Colombia por tragedia aérea en Puerto Leguízamo

El Papa León XIV expresó su profundo pesar y cercanía espiritual con las víctimas del accidente aéreo ocurrido el pasado 23 de marzo en Puerto Leguízamo, Putumayo, que dejó al menos 68 personas fallecidas y decenas de heridos. El mensaje fue transmitido por la Nunciatura Apostólica en Colombia, a través de una carta dirigida a monseñor José Roberto Ospina Leongómez, obispo emérito de Buga y administrador apostólico del Obispado Castrense.Por medio del cardenal Pietro Parolin, el Santo Padre se unió "con profundo dolor” al sufrimiento de las familias que han perdido a sus seres queridos y encomendó a Dios el eterno descanso de los fallecidos. Asimismo, manifestó su cercanía con los heridos y con quienes participan en las labores de atención, impartiendo su bendición como signo de consuelo y esperanza en medio de esta tragedia.El siniestro, en el que, según han informado las autoridades, viajaban 125 personas —entre ellas tres pelotones de soldados—, ha suscitado una respuesta inmediata de la Iglesia en el territorio, marcada por la oración, la solidaridad y el acompañamiento pastoral.Desde el Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo-Solano y el Obispado Castrense de Colombia se ha expresado la cercanía de la Iglesia con las víctimas, sus familias y las Fuerzas Militares, elevando súplicas por los sobrevivientes, por el eterno descanso de quienes han partido y por la fortaleza de quienes enfrentan este momento de dolor. En sus mensajes, han subrayado la esperanza cristiana que sostiene en medio de la prueba y la certeza de que Dios acompaña a los corazones quebrantados.Como signo concreto de este acompañamiento, durante estos días se han celebrado Eucaristías tanto en el territorio del vicariato como en el ámbito castrense, en memoria de las víctimas y en oración por sus familias.La comunicación del Papa León XIV se suma a las múltiples manifestaciones de solidaridad que ha suscitado esta tragedia en el país, mientras continúan las acciones de atención a los heridos y acompañamiento a las familias de las víctimas.

Mar 24 Mar 2026

Episcopados de Colombia y Ecuador piden acciones urgentes para superar tensiones fronterizas que afectan a las comunidades

En un mensaje pastoral conjunto, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Conferencia Episcopal Ecuatoriana hacen un llamado “respetuoso, fraterno y apremiante” a los gobiernos de ambos países para que, con sentido humanitario, dispongan las acciones necesarias que permitan superar las tensiones actuales y restablecer la convivencia en la frontera.El texto, dirigido a los presidentes Gustavo Francisco Petro Urrego y Daniel Noboa Azín, así como a sus respectivas cancillerías, insiste en la urgencia de privilegiar el diálogo y de adoptar decisiones que protejan la vida, la dignidad y el bienestar de las comunidades afectadas.Una voz pastoral ante la crisis humanitariaDesde su misión de acompañamiento a los pueblos, los obispos expresan su “dolor y creciente preocupación” por la crisis humanitaria que padecen las poblaciones en ambos lados de la frontera, subrayando que esta situación golpea directamente a las familias y comunidades.En ese sentido, reiteran que, incluso en medio de las diferencias, debe primar siempre el cuidado y la defensa de la vida y la dignidad humana, como fundamento de toda acción social y política.Tender puentes, no profundizar distanciasEl mensaje pone en el centro la historia compartida entre Colombia y Ecuador, recordando los lazos fraternos que han permitido construir dinámicas de cooperación e intercambio en la frontera.Frente al contexto actual, los episcopados invitan a reconstruir ese “puente humano” entre las naciones, apelando al diálogo respetuoso y paciente como camino para fortalecer la hermandad, el perdón y la reconciliación.Las comunidades, en el centroLa Iglesia exhorta a las autoridades a intensificar los esfuerzos de diálogo y a garantizar que las decisiones adoptadas prioricen la dignidad y el bienestar de las familias y comunidades fronterizas, muchas de ellas en situación de vulnerabilidad.En el contexto del tiempo litúrgico en el que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, los obispos expresan su esperanza en una pronta reapertura de las fronteras como signo concreto de reconciliación y de superación de la crisis.Este llamado, firmado por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, IMC (Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia) y por el cardenal Luis Gerardo Cabrera Herrera, OFM (Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana), reafirma la opción pastoral de la Iglesia de ponerse del lado de las personas, especialmente de quienes sufren las consecuencias de las tensiones entre los Estados.Esperanza que se hace camino en el territorioEn sintonía con este llamado, diversas iniciativas pastorales comienzan a surgir en la frontera como signos concretos de reconciliación. Es el caso del Viacrucis Binacional por la Paz, la Reconciliación y el Progreso de los Pueblos, convocado por las diócesis de Ipiales y Tulcán, junto con las Cáritas de ambos países y otras organizaciones aliadas.La jornada se realizará el viernes 27 de marzo a las 3:30 p.m. en el puente internacional entre Tufiño y Chiles, y busca promover la hermandad, la defensa de la vida, el trabajo y la esperanza, en medio de los desafíos sociales y de seguridad que afectan la convivencia y la dignidad de las comunidades fronterizas.Esta iniciativa se presenta como un signo de fe y unidad que recoge, desde el territorio, el llamado de la Iglesia a tender puentes, fortalecer la fraternidad y acompañar a las poblaciones que hoy claman por caminos de paz.

Mar 17 Mar 2026

Iglesia en la frontera colombo-ecuatoriana alerta sobre crisis social y económica y llama al diálogo entre los países

En medio de las recientes tensiones comerciales y políticas entre Colombia y Ecuador, que han afectado el intercambio económico y el flujo de personas y mercancías en la zona fronteriza, las diócesis de Ipiales y Tulcán hicieron público un comunicado conjunto en el que expresan su profunda preocupación por la situación social, económica y ambiental que atraviesan las comunidades de este territorio binacional. El pronunciamiento pastoral advierte sobre el impacto que esta coyuntura está generando en miles de familias que dependen de la dinámica fronteriza para su sustento.Firmado por monseñor José Saúl Grisales Grisales y monseñor Carlos Washington Yépez Naranjo, el documento señala que en los últimos meses se ha evidenciado "una creciente complejidad en la dinámica" de la frontera sur de Colombia y norte de Ecuador, donde confluyen factores como la presencia de economías ilícitas —narcotráfico, minería ilegal y contrabando—, así como restricciones recientes en el intercambio comercial entre ambos países.Impacto directo en la vida de las comunidadesDe acuerdo con el comunicado, esta situación ha reducido significativamente el tránsito de carga y el flujo económico en el Puente Internacional de Rumichaca, principal conexión terrestre entre ambos países.Los pastores advierten que esta realidad está generando incertidumbre económica y fragilidad social en una región donde comerciantes, agricultores, ganaderos, transportistas, cambistas y trabajadores dependen directamente del movimiento fronterizo para el sustento de sus familias.“En nuestras comunidades fronterizas se vive una realidad marcada por la incertidumbre económica, la fragilidad social y múltiples desafíos que afectan la convivencia y el bienestar de la población”, señalan los obispos en el documento.Preocupación por el avance de economías ilícitasEl comunicado también advierte sobre el impacto creciente de actividades ilegales que deterioran el tejido social y generan graves afectaciones ambientales en la región fronteriza.Según los obispos, estas prácticas “contaminan ríos, degradan ecosistemas y ponen en riesgo la salud y el futuro de quienes habitan estos territorios”. Frente a ello, la Iglesia recuerda un principio ético fundamental: “no es moralmente aceptable que territorios enteros queden expuestos a economías ilegales ni que las comunidades más vulnerables carguen con las consecuencias de la inseguridad, la pobreza o la falta de oportunidades”.Un llamado al diálogo y a la cooperación entre los paísesAnte este panorama, las diócesis de la frontera reiteraron su cercanía con las comunidades afectadas y expresaron su solidaridad con las familias y sectores productivos que hoy enfrentan dificultades.Al mismo tiempo, hicieron un llamado respetuoso a las autoridades de ambos países para fortalecer los espacios de diálogo y cooperación que permitan atender las preocupaciones existentes y encontrar soluciones que favorezcan el bien común.El pronunciamiento también invita a recuperar el espíritu de fraternidad histórica entre los pueblos de la frontera, donde durante generaciones las comunidades de ambos países han construido relaciones humanas, culturales y económicas que hoy siguen siendo fundamentales para la estabilidad de la región.La Iglesia reafirma su compromiso con la paz y el desarrollo humano integralEn el comunicado, los obispos subrayan la urgencia de promover acciones integrales que protejan el territorio, cuiden la creación y ofrezcan alternativas económicas dignas y sostenibles para las comunidades, especialmente para los sectores más vulnerables.Asimismo, exhortan a autoridades civiles, actores sociales y económicos, organizaciones comunitarias y agentes pastorales a fortalecer los caminos del diálogo, la cooperación y la corresponsabilidad para afrontar los desafíos de esta región.“El Evangelio nos llama a promover la paz, la legalidad, el cuidado de la creación y la defensa de la dignidad de la persona humana, del trabajo digno y de la justicia social”, señalan los pastores, quienes reiteran el compromiso de la Iglesia de acompañar a las comunidades y trabajar por la defensa de la vida, la paz y el cuidado de la casa común.Vea a continuación la lectura del comunicado por parte del Obispo de Ipiales:

Lun 16 Mar 2026

Monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya asume como noveno obispo de Montería: llama a la fe, la unidad y el desarrollo humano integral

En una solemne celebración eucarística realizada este sábado 14 de marzo en la Catedral San Jerónimo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya tomó posesión canónica como nuevo obispo de la Diócesis de Montería, convirtiéndose en el noveno pastor de esta Iglesia particular del departamento de Córdoba.La Eucaristía fue presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli, quien en representación del Papa León XIV, dio cumplimiento al nombramiento pontificio mediante los ritos propios de la posesión episcopal.La ceremonia congregó a cientos de fieles, sacerdotes, religiosos, seminaristas y autoridades civiles del departamento, así como a doce obispos provenientes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, signo visible de la comunión episcopal que caracteriza la vida de la Iglesia. Entre ellos estuvo monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, junto con los pastores de las diócesis que conforman la Provincia Eclesiástica de Cartagena, a la que pertenece Montería.Una Iglesia que acoge a su nuevo pastorDurante las palabras de bienvenida, monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano, quien se desempeñó como administrador apostólico de Montería durante el tiempo de sede vacante, destacó el significado eclesial de este momento para la diócesis y la alegría de las comunidades al recibir a su nuevo pastor.“Hoy lo recibe un departamento pujante, una ciudad perla del Sinú, emprendedora y una diócesis madura. Hoy todo su pueblo le dice: estas tierras son suyas mientras las camine, este cielo es suyo mientras lo contemple y estos corazones son suyos porque lo acogemos como nuestro pastor”, expresó.El prelado también presentó al nuevo obispo la realidad pastoral de la diócesis: un presbiterio comprometido con su pueblo, comunidades parroquiales vivas, religiosos y religiosas que enriquecen la misión evangelizadora, así como jóvenes en camino de formación sacerdotal.Asimismo, destacó la capacidad de las comunidades para responder solidariamente ante las dificultades recientes, como las inundaciones que han afectado a diversos sectores de la región.La cercanía del Papa y la importancia de la unidadAntes de los actos de posesión canónica, el Nuncio Apostólico transmitió el saludo y la cercanía del papa León XIV a la Iglesia que peregrina en Montería y subrayó el significado apostólico del ministerio episcopal.“Esta asamblea eucarística convocada por el Señor Jesús lo acoge como su obispo y pastor con gratitud a Dios y profunda alegría”, afirmó monseñor Rudelli, recordando que el obispo está llamado a ser “garante de la fe, de la unidad y de la tradición que se remonta a Cristo Jesús, Pastor supremo”.El representante pontificio también evocó la solidaridad de la Iglesia con las familias afectadas por las recientes inundaciones en la región, resaltando la respuesta generosa de las comunidades y de las Iglesias hermanas del país.Asimismo, animó a la diócesis a caminar en comunión con su nuevo pastor, recordando palabras del Santo Padre según las cuales toda acción pastoral debe orientarse a que “Cristo sea conocido en la Palabra, encontrado en la oración, amado en la Eucaristía y servido en el pueblo de Dios, especialmente en los más necesitados”.“La Iglesia está para evangelizar”En su primera homilía como obispo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo expresó su gratitud por la nueva misión confiada por la Iglesia y manifestó su alegría por comenzar esta etapa pastoral al servicio del pueblo cordobés.“Elevo hoy mi voz a lo más alto del cielo para bendecir, agradecer y poner en las manos divinas esta nueva misión que inicio en esta mi nueva querida Diócesis de Montería”, afirmó.El nuevo obispo recordó que la identidad de la Iglesia está directamente ligada al anuncio del Evangelio.“La Iglesia ha recibido de nuestro Señor Jesucristo un encargo muy importante: ir al mundo entero y proclamar este amor. La Iglesia en el mundo está para evangelizar, para anunciar”, señaló.En este sentido, insistió en que el anuncio del Evangelio se fundamenta ante todo en el testimonio de vida: “El anuncio no es proselitismo, sino un tema de atracción, de contagio personal. El mundo necesita más testigos que predicadores”.Evangelio y compromiso con la dignidad humanaDurante su mensaje pastoral, monseñor Jaramillo también se refirió a los desafíos sociales que atraviesa Colombia, señalando que la fe y la enseñanza de la Iglesia ofrecen criterios para afrontar realidades como la violencia, la corrupción, la pobreza y los desastres naturales que afectan a muchas comunidades.En este contexto, destacó que el anuncio del Evangelio no puede separarse del compromiso con la dignidad humana y el bien común.“La doctrina y enseñanza de la Iglesia y la Palabra de Dios contienen elementos fundamentales para superar las dificultades y llegar al desarrollo humano integral, en donde todos podamos sentarnos en la misma mesa y tratarnos como hermanos”, expresó.El nuevo Obispo de Montería invitó así a las comunidades a seguir construyendo una sociedad más justa y fraterna desde los valores del Evangelio, promoviendo la solidaridad, la reconciliación y la esperanza en medio de los desafíos que vive el país.De Buenaventura a Montería: una nueva misión pastoralAntes de su nombramiento en Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya pastoreó la Diócesis de Buenaventura desde julio de 2017, ministerio que recordó con gratitud durante su homilía.“Vengo de la tierra del Pacífico, en donde por casi nueve años el Señor me regaló una gran comunidad que he amado profundamente y amaré siempre...Vengo con la nostalgia de los pueblos afros, indígenas, campesinos y mestizos que me permitieron ser su pastor y su servidor”, afirmó, evocando la riqueza espiritual de quienes habitan el Puerto.Al iniciar su ministerio en la llamada “Perla del Sinú”, expresó su deseo de ser un pastor cercano a su pueblo.“Le pido a Dios que me ayude a ser un pastor bueno, que vaya en busca de la oveja perdida, que cure las heridas y que pueda cargar sobre sus hombros a quienes están tristes y afligidos”.