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“El ritual de la reconciliación”, la escultura colombiana en el Vaticano
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José Augusto Rivera Castro, escultor colombiano nacido en el municipio de Herveo, departamento del Tolima, ha dedicado su vida artística a producir obras que tienen que ver con acontecimientos nacionales, siempre en la perspectiva de hacer reflexionar al público acerca de ideales sublimes que tiendan a la justicia, la solidaridad, la esperanza, la reconciliación y la paz.
En esta línea creó la escultura “El ritual de la reconciliación” que, según afirma, “tiene todo que ver con la vida violenta que hemos vivido a través de tantos años en Colombia” y que en el momento que la pensó, la relacionó con la firma del acuerdo de paz para nuestro país, en Cuba. “Mi reflexión fue: si ese acuerdo de paz se firma con la guerrilla más numerosa y que más dolor le ha causado a este país, entonces lo que sigue es el perdón y la reconciliación, tal como lo ha planteado el Papa Francisco en todos los lugares del mundo donde él ha ido a predicar”.
Para conocer más sobre esta escultura que, muy pronto, estará en los jardines del Vaticano, nos reunimos virtualmente con Rivera Castro, y hoy compartimos esta entrevista con ustedes.
¿Por qué un grupo de personas abrazándose? Explíquenos la obra
Bueno, el asunto es que aquí tenemos un problema que no es de unos individuos, o de unas familias, o de unos vecinos, sino que es un problema de toda la nación en todos los confines del territorio patrio, es decir, es un asunto de todos y al que todos tenemos que enfrentar y solucionar de la mejor manera. Entonces yo quise representar un grupo grande de personas. Pero este asunto, ahora que hablaba del Papa, no es solamente de Colombia, sino que es un asunto que concierne a muchas nacionalidades, podría decir que concierne a la humanidad entera. Por eso, la versión final de “El ritual de la reconciliación”, que va a estar en los jardines del Vaticano, es representando las diferentes etnias de la humanidad que nos conforma.
En nuestro país siguen los actos de violencia por distintos actores. A pesar de todo este panorama, que a veces se ve desalentador, usted sigue llamando la atención a través de su obra para recordarnos que la esperanza nunca se debe perder.
Sí, es desalentador desde la perspectiva que se mire. Por ejemplo, si tú lo miras desde la perspectiva del desarme de miles de hombres que pertenecieron a la guerrilla de las FARC, eso nos debe animar mucho. Ahora, si tú lo miras desde la perspectiva de los políticos que andan enfrentados, los unos desprestigiando y pretendiendo acabar los acuerdos, y los otros acreditándolo y hablando desde su interés político, otra será la perspectiva.
La mía es la perspectiva de quien quiere mirar la vida nacional como la miran los profetas, vaticinando que vendrán tiempos mejores porque es la única posibilidad que le queda al artista. El mismo Papa Francisco nos pide que realicemos obras que sean esperanzadoras para la humanidad. En ese sentido todas mis obras, a lo largo de mi vida, han sido esperanzadoras. He sido testigo de mi época, cada una, en cada lugar donde la he dejado, le da al público la posibilidad de hacer una interpretación esperanzadora sobre los destinos de nuestra patria.
Esta obra ha sido elaborada en miniatura y ha recorrido varios lugares de Colombia. ¿Qué representa para usted que este trabajo sea reconocido y, sobre todo, sea tenido en cuenta como símbolo de paz en los diferentes espacios donde ha llegado?
Has mencionado algo supremamente importante para el artista. Uno realiza una escultura, pero desde mi punto de vista no es una obra de arte hasta tanto el público no la reconozca como tal, no le dé el valor simbólico que el artista quiso representar allí en la obra. Y, entonces, el camino que ha tenido esta escultura yo lo puedo titular desde La Chinita, Apartadó, Urabá… hasta el Vaticano, porque en cada una de las instancias, de los espacios, de los eventos donde la escultura ha sido presentada ha ido ganando reconocimientos y te los voy a nombrar brevemente.
El primero es que en el evento de perdón que recibieron las FARC a las víctimas en el barrio La Chinita de Apartadó, donde cometieron una masacre, allí la escultura fue ubicada en el atril de los oradores para que recibiera el evento. Después la escultura fue llevada al Senado de la República para proponer que la obra fuese entregada al Papa Francisco como un reconocimiento del compromiso con los otros. Y en la Nunciatura Apostólica, al lado de tantos regalos que le llevaron al Papa, él se detuvo, consideró la escultura, la interpretó, la sintió y decidió llevársela para el Vaticano.
Y, luego, cuando tomamos la decisión de proponerle al Papa Francisco que esa escultura la queríamos hacer monumental como una donación del pueblo colombiano en reconocimiento a su formidable pastoral social por el mundo en torno al perdón, la paz y la reconciliación, en la gobernación del Vaticano el cardenal Giuseppe Bertello, le dio su reconocimiento y agradeció que tuviéremos esa iniciativa y nos ofreció ubicarla en el lugar donde más peregrinos concurrieran en el Vaticano, y lo hacen en condiciones normales 10 millones de personas.
Estuvimos con el director de cultura del Vaticano e, igualmente, le dio su valor y la comparó con otras obras que han tenido importancia en la historia de la humanidad, como el Guernica de Picasso y dijo: “Esta escultura podría llegar a representar este periodo de la historia de la humanidad”.
Finalmente, estuvo en las oficinas de la doctora Barbara Jatta, directora de los museos del Vaticano y ella dijo: “No solamente queremos la escultura monumental en los jardines del vaticano, sino queremos esta maqueta que nos estas trayendo para integrarla a la colección del museo de arte contemporáneo de los museos del Vaticano”.
Así, por donde ha pasado la obra, a las comunidades donde hemos ido a mostrarla, ha gustado mucho y hasta la han comprado, porque las distintas versiones que yo he hecho de “El ritual de la reconciliación” se han ido vendiendo, lo cual nos está sirviendo para financiar la obra monumental. En cada uno de esos lugares la escultura ha encontrado un reconocimiento, las personas le han dado valor y quieren tener la obra para que ella le hable a todas las personas que la vean del compromiso de quien la posee, pero también del interés, para que quienes la vean se sumen y se conviertan en ciudadanos tejedores de reconciliación.
¿Usted mismo le entregó la obra de arte al Papa Francisco?
No, el procedimiento fue que una comisión del Congreso de la República se desplazó a la Nunciatura Apostólica, el nuncio la recibió, y la ubicó junto con los demás presentes para el Papa. Ya no estábamos en tiempo cuando el Senado propuso ser incluidos en un protocolo especial, porque esto fue preparado con mucha anticipación y ya nosotros llegamos fuera del tiempo para integrarnos en el protocolo.
¿Cómo ha sido el proceso para que la escultura llegue al Vaticano?
El primer momento fue cuando el Papa dio su veredicto sobre la obra y se la llevo. Vino luego un segundo momento y fue comprender las razones del Papa para llevarse la obra y, entonces, yo traduje un libro del Papa que se llama: “Mi idea del arte” y comprendí que al Papa le podía llegar perfectamente la idea de hacerla monumental, puesto que él dice que las obras de arte deberían servir para apoyar la evangelización y “El ritual de reconciliación” es un apoyo poderoso para el interés que tiene el Papa sobre la reconciliación en el mundo.
Entonces, entendiendo eso, busqué el apoyo de la Cancillería colombiana y el doctor Carlos Holmes Trujillo, quien ya me había apoyado en el pasado para un monumento a la paz en Medellín, me apoyó y le pidió al doctor Jairo Aníbal Riaño, en ese entonces embajador de Colombia en la Santa Sede, para que hiciera gestiones a fin de que este proyecto fuera aprobado por el Vaticano. Cuando esto comenzó yo me desplace a Roma y acompañé al embajador en todas estas cuestiones.
Fue una iniciativa mía, fue una iniciativa apoyada por la cancillería, gestionada por el embajador de Colombia ante el Vaticano logrando la aprobación del Estado Vaticano. No obstante, por gestión de humildes migrantes latinos en el Vaticano, el proyecto logró llegarle directamente al Papa Francisco y él nos mandó la razón de que esa escultura le importaba mucho y la quería en los jardines del Vaticano.
Con esas dos aprobaciones yo regresé a Colombia y he estado en dos actividades: una, en la realización escultórica y, dos, apoyando la gestión de los recursos que está en cabeza de una entidad que se llama Crónica, especializada en apoyar proyectos como este.
Y, en este momento, ¿cómo avanza el proyecto de la obra?
Bueno, la escultura tiene varios momentos: el proceso escultórico. El primero de ellos se llama modelado, que es lograr la figura definitiva que uno quiere tener en la obra; ese trabajo lo hicimos en medio de las cuarentenas y logramos terminarlo definitivamente.
El segundo momento es llevar la escultura a la fundición. Aquí se hace todo un recorrido que comienza con moldes de silicona, luego en esos moldes se hace un vaciado de la escultura exactamente igual, pero en cera, y esas ceras se cubren con un molde refractario que se calienta; entonces la cera se derrite y el espacio que ocupaba la cera lo ocupará después el bronce que es ya el momento de vaciar el bronce en los moldes para empezar a encontrar de nuevo la escultura.
La escultura va a ser en bronce y tendrá un color dorado, porque yo considero que la reconciliación es un tesoro que los pueblos del mundo deben cuidar y deben preservar.
¿De qué manera se está subsidiando esta propuesta? ¿Quiénes lo están apoyando?
Inicialmente, antes de la pandemia, habíamos hablado con la Conferencia Episcopal porque tuvimos la oportunidad de presentar el proyecto un año atrás al episcopado que se reunió en Bogotá y éste ofreció apoyo al proyecto. Conseguida esa adhesión de la Conferencia Episcopal, entonces nos reunimos con ellos para planear la difusión del mensaje a todas las parroquias y a todos los empresarios amigos de la Iglesia a fin de conseguir apoyo. Pero a los dos días entramos en cuarentena y todo ese plan quedó ahí, porque los templos tuvieron que cerrar y en este momento la población en general se encuentra en una situación muy difícil y, entonces, no es apropiado lanzar esta campaña.
No obstante, hay empresas y entidades que no sufrieron tan duro el impacto de la pandemia, entonces hemos recurrido a ellas y hemos encontrando donaciones que nos han permitido llevar la escultura hasta el punto donde está hoy. Es tener ya tres fundiciones de las 30 que tenemos que hacer porque la escultura se secciona por partes. Entonces tres de esas partes ya las tenemos fundidas y estamos trabajando para conseguir recursos y seguirlas fundiendo. Tenemos en perspectiva varias ofertas económicas, pero también se pueden vincular mediante la recolección de chatarra de cobre y eso es algo que el pueblo católico y las comunidades pueden hacer sin un esfuerzo tan grande, porque es buscar en sus casas y pedirle a los amigos y los vecinos que seleccionen de las cosas desechables que tienen, el material metálico de color amarillos que llamamos cobre.
Esta es una campaña en la que aún estamos cortos, pero que deberíamos emprender en algún momento porque, por más difícil que sea la situación de las personas, ayudar a conseguir esta chatarra no es nada engorroso.
La recolección de chatarra también cuenta. Por decir algo, hay empresas del sector eléctrico que tienen cables y quitan cables eléctricos, esa chatarra nos puede servir a nosotros. Entonces también va el mensaje para los empresarios que nos puedan ayudar.
¿En dónde se podría hacer el contacto para aquellas personas que quisieran donar la chatarra de cobre?
Pues yo estoy pretendiendo tener una reunión con monseñor Elkin Fernando para proponerle que difundamos ese mensaje, que le pidamos al pueblo católico ese propósito. Entonces si lo logramos, el punto de acopio serían las parroquias. Pero aún no lo tengo hablado, conversado y mucho menos aprobado.
Pero en los colegios sí hemos desarrollado una labor que hemos denominado tejiendo reconciliación y le pedimos a los estudiantes que reúnan la chatarra y en el momento en el que sea presencial la educación ellos vayan y depositen la chatarra de cobre.
¿Cuáles son las medidas de la escultura y para cuándo se tiene previsto que este en los jardines del Vaticano?
La escultura tiene 2,50 metros de altura, 2,20 de largo y 2,00 de ancho; es una escultura bastante grande. El tiempo de entrega depende de varios factores: el primero, de cuando terminemos de conseguir los recursos, porque en el momento que se termine de pagar la escultura, ya se puede retirar de la fundición. Y el segundo factor depende de la evolución de la pandemia y la agenda del Papa en el Vaticano que está aún muy incierta.
Agradecimiento al Vaticano
El Papa y las autoridades del Vaticano tuvieron la generosidad de abrirle las puertas por primera vez a un artista americano en los jardines del Vaticano. Y eso, en gran parte, es un honor para Colombia, porque vamos a tener un mensaje muy poderoso de lo que surgió de nuestra situación ahora ante el mundo. Entonces cuando los peregrinos circulen por allí van a oír de parte del guía un mensaje esperanzador que nosotros mismos le estamos enviando al mundo.
Agradecimiento al episcopado
Para terminar, tenemos un agradecimiento muy grande a la Conferencia Episcopal y en especial para monseñor Elkin Fernando, porque nos han apoyado en la medida de las posibilidades incondicionalmente, incluso nos enviaron una carta llamando a todo el mundo a vincularse al proyecto. Es importante decirlo porque a todo señor todo honor.
Para mayor información del artista, podrán comunicarse en el correo electrónico: [email protected]
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Colombia renovó su consagración al Inmaculado Corazón de María en una jornada de oración que unió a miles en el país
En medio de los desafíos sociales, humanitarios y de reconciliación que vive Colombia, la Iglesia vivió este 13 de mayo una de las jornadas marianas más significativas de los últimos años. En la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, miles de fieles se unieron en distintas regiones del territorio nacional para participar en el Cuarto Rosario Nacional por la Paz y la Reconciliación de Colombia y en la renovación de la Consagración del país al Inmaculado Corazón de María.La celebración central se llevó a cabo en la Catedral Primada de Colombia, en Bogotá, donde se desarrollaron tres momentos principales: el Santo Rosario Nacional, la celebración de la Eucaristía y el acto de renovación de la Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María.La Santa Misa y el acto de consagración fueron presididos por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien hizo un fuerte llamado a sanar las heridas del país desde la reconciliación, el perdón y la fraternidad.“Necesitábamos este bálsamo espiritual que está en el corazón del pueblo de Dios, que clama por un tiempo de paz, de reconciliación. Y quién mejor que la Madre, la Madre de Jesús, la Madre de la Iglesia, quien nos pueda unir como nación”, expresó el prelado.Durante su homilía, monseñor Múnera recordó que la consagración a María encuentra su sentido pleno en la consagración bautismal a Jesucristo. Además, propuso contemplar el corazón de María desde tres escenas evangélicas: Caná, el Calvario y el Cenáculo, como caminos para reconstruir el tejido social y espiritual del país.“El corazón de María nos conduce a aquel que es manso y humilde de corazón, Cristo nuestra paz”, afirmó.El arzobispo también recordó los tres compromisos centrales del mensaje de Fátima: la oración, la reparación y la consagración. En ese contexto, insistió en la necesidad de fortalecer una cultura del encuentro, la solidaridad y la esperanza, especialmente en medio del actual discernimiento social y político que vive Colombia.“María es la tejedora de vínculos y relaciones. Nos ayuda a remendar los corazones heridos. Por lo tanto, a ella tenemos que acudir como madre y maestra de paz, de perdón y reconciliación”, expresó el presidente de la Conferencia Episcopal.La intención central del Rosario Nacional, cuyo lema fue “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión de tu corazón”, estuvo enfocada en pedir por las víctimas de la violencia, las familias, los jóvenes, los gobernantes, las instituciones del país y todos los colombianos.La jornada concluyó en la tarde con adoración eucarística y el tradicional Rosario de Antorchas en la Plaza de Bolívar.Esta iniciativa de oración fue promovida por diversos grupos de laicos católicos y apoyada por la Conferencia Episcopal de Colombia y la Arquidiócesis de Bogotá. La directora del Rosario Nacional, Jimena Lian, destacó el valor de la unidad eclesial alcanzada durante esta edición:“Un país unido en oración siempre estará protegido”, aseguró.La renovación de la consagración tuvo además un profundo significado histórico y espiritual. La primera Consagración de Colombia al Inmaculado Corazón de María se realizó en octubre de 2008, en una ceremonia presidida por el cardenal Pedro Rubiano Sáenz en la Catedral Primada, al tiempo que la renovación de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús vigente desde 1902.Una Iglesia unida desde los territoriosLa jornada mariana trascendió la capital colombiana y se vivió intensamente en múltiples jurisdicciones eclesiásticas del país, donde miles de fieles elevaron oraciones por la paz, la reconciliación y la esperanza en sus territorios.En la Arquidiócesis de Cartagena, monseñor Francisco Múnera, luego de presidir la celebración nacional en Bogotá, viajó para acompañar a su familia arquidiocesana la fiesta patronal de Nuestra Señora de Fátima en el barrio Villas de la Candelaria. Allí, junto a la comunidad y sacerdotes de diferentes zonas de la capital de Bolívar, presidió una celebración marcada por la fraternidad y la devoción mariana.En la Diócesis de Cúcuta, cientos de fieles participaron en la tradicional peregrinación hacia el monumento de la Virgen en el Bario San Miguel. La jornada culminó con una Eucaristía presidida por monseñor José Libardo Garcés Monsalve, quien invitó a los fieles a perseverar en la oración y a mirar a María como modelo de esperanza en medio de las dificultades que vive la región.En la Diócesis de Tibú, una de las regiones más golpeadas por el conflicto armado, la celebración principal se desarrolló en el corregimiento de Pacelli. Allí, monseñor Israel Bravo Cortés llamó a la conversión sincera como camino para alcanzar la paz verdadera. La jornada estuvo marcada también por gestos solidarios hacia familias afectadas por la violencia.““Pedimos especialmente que no afecte ninguna causa más, ningún bien ni ninguna vida… Que la gente pueda retornar con tranquilidad a sus tierras, a sus casas...Aquí seguimos acompañando a la gente en otra dinámica: dinámica de paz, de desarrollo y de justicia, donde nos sintamos hermanos”, expresó el padre Jairo Gelves Tarazona, párroco del lugar.En la Diócesis de Ocaña, la celebración de Nuestra Señora de Fátima se vivió en un ambiente de profunda fe y devoción. Los fieles se congregaron en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima de Ocaña para participar de esta significativa celebración presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba. La tradicional Procesión de las Luces también reunió a la comunidad en torno a la oración por la libertad de los secuestrados y el consuelo de las familias afectadas por la violencia.Desde el Santuario Mariano Nuestra Señora de Fátima, la Diócesis de Santa Marta se unió al Rosario Nacional elevando plegarias por la reconciliación de Colombia. El padre Harold Tejada recordó que el mensaje de Fátima sigue siendo profundamente actual:“Solamente habrá paz cuando reconstruyamos el corazón. Y reconstruir el corazón significa romper con la violencia, con el odio y con la división”, afirmó.En la Diócesis de Pasto, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro presidió la celebración de consagración al Inmaculado Corazón de María en medio de un contexto marcado por el dolor de la violencia y las tensiones fronterizas del sur del país.“Queremos poner en las manos de la Santísima Virgen María nuestra patria para que podamos construir pacíficamente esa nación que soñamos, donde nadie se sienta excluido”, expresó el obispo.La Arquidiócesis de Popayán la oración reunió no solo a la Iglesia, sino también a instituciones civiles, universidades, niños, jóvenes y comunidades religiosas.El Rosario por la paz se realizó en el atrio de la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción como un signo de unidad por el Cauca, uno de los departamentos más afectados por la violencia en Colombia.En la Diócesis de Yopal, los fieles peregrinaron hasta el Mirador de la Virgen de los Dolores de Manare para encomendar el territorio llanero a la Madre de Dios.En Pereira, Barrancabermeja, Palmira, El Banco, Cali y otras jurisdicciones, parroquias, santuarios y comunidades de fe se unieron al clamor nacional por la paz.Desde Barrancabermeja, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez pidió por la paz del Magdalena Medio y destacó el valor espiritual y social de esta movilización de fe:“La paz es posible, la hemos ido construyendo y la seguiremos construyendo. Hoy hemos renovado ese empeño escuchando una vez más el clamor de Nuestra Señora de Fátima de rogar por la reconciliación y la paz del mundo entero”, manifestó.María, signo de esperanza para ColombiaEn este mes mariano, la consagración al Inmaculado Corazón de María representa un signo de confianza espiritual, pero también, un llamado colectivo a reconstruir el país desde la conversión del corazón, el perdón y la esperanza. La fiesta de Nuestra Señora de Fátima volvió a poner en el centro el llamado a la oración, la conversión y la paz.Pese a las múltiples heridas y fragmentaciones sociales, esta gran jornada nacional reflejó cómo la fe continúa siendo un punto de encuentro para millones de colombianos.Con rosarios en las manos, velas encendidas y plegarias elevadas desde distintos rincones del país, la Iglesia en Colombia reafirmó su compromiso pastoral de seguir promoviendo la reconciliación, la fraternidad y el cuidado de la vida.Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada:
Vie 8 Mayo 2026
Un signo de esperanza para Bojayá: Iglesia conmemoró 24 años de la masacre con la consagración de la custodia del “Cristo Mutilado”
La jornada, convocada por la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia ACN Colombia, reunió a comunidades afro e indígenas del Chocó en actos de memoria, oración y reconciliación.Han pasado 24 años desde la masacre de Bojayá, una de las tragedias humanitarias más dolorosas que ha dejado el conflicto armado colombiano. Sin embargo, en las orillas del río Atrato, la memoria permanece viva y las comunidades continúan resistiendo desde la fe.Este 2 y 3 de mayo de 2026, en el marco de la conmemoración de esta tragedia, la Diócesis de Quibdó y la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN Colombia) convocaron una jornada de reconciliación y memoria con actividades en Bellavista (Bojayá) y en Quibdó, marcada por un profundo sentido espiritual, comunitario y pastoral.El acto central fue la consagración de una nueva custodia eucarística inspirada en la emblemática figura del “Cristo Mutilado”, la imagen religiosa que sobrevivió a la explosión ocurrida el 2 de mayo de 2002, cuando un cilindro bomba lanzado por la entonces guerrilla de las Farc impactó la Iglesia donde centenares de civiles buscaban refugio en medio de enfrentamientos armados. La masacre dejó 119 personas muertas, entre ellas, 48 niños.La celebración litúrgica central se llevó a cabo en ese mismo lugar, el templo San Pablo Apóstol, reconstruido años atrás con el apoyo de ACN Colombia.Un Cristo herido, convertido en signo de esperanzaLa nueva custodia, elaborada por un orfebre colombiano, conserva la figura herida del "emblemático crucificado" y ubica en el centro de su pecho el viril que contiene la Eucaristía.Para la Iglesia, este signo busca acompañar espiritualmente a las comunidades que han sufrido el impacto de la violencia, así como reafirmar un mensaje de reconciliación, consuelo y esperanza para el Pacífico colombiano.“La iniciativa busca visibilizar la fe y la resistencia de las comunidades en medio del sufrimiento, enviando un mensaje claro al país: la promoción de la reconciliación y el acompañamiento a las poblaciones más alejadas sigue siendo una prioridad", expresaron los organizadores.Durante la conmemoración, monseñor Wiston Mosquera Moreno, obispo de Quibdó, describió la presencia de la Iglesia antes, durante y después de la tragedia:“La Iglesia ha estado ahí siempre acompañando a las poblaciones, a las comunidades y por eso hay una máxima entre nosotros: el último en salir regularmente de una población es el sacerdote acompañando a su comunidad y eso fue lo que sucedió ese día”.Una jornada de fe y la memoria de las víctimasLa jornada inició con una multitudinaria procesión fluvial por el río Atrato y por las calles de Bellavista. Entre cantos tradicionales afrocolombianos (alabaos) y oraciones, las comunidades acompañaron al Cristo Mutilado hasta el lugar de la tragedia.La procesión pasó por el mausoleo que hoy guarda los restos y recuerdos de muchas de las víctimas, incluidos niños que no alcanzaron a nacer.El padre Johnny Milton Córdoba, director de Pastoral Social de la Diócesis de Quibdó, destacó el profundo significado espiritual y comunitario de estos actos de memoria:“Cada vez que venimos acá también es una forma de hacer una pequeña catarsis para que la gente pueda quizás ir poco a poco avanzando en el poder perdonar”.La conmemoración reunió a comunidades afro e indígenas, líderes sociales, agentes pastorales y representantes de distintas instituciones que acompañan históricamente a las poblaciones del Chocó.Una vigilia por la reconciliación en QuibdóTras los actos en Bojayá, la custodia fue trasladada hasta Quibdó, capital del departamento, donde se celebró una Vigilia de Adoración por la Reconciliación presidida por el obispo de la diócesis.Durante esta celebración, los fieles elevaron oraciones por las víctimas del conflicto armado, por las comunidades que continúan sufriendo desplazamientos y confinamientos, y por la paz en Colombia.“Fue un encuentro con Cristo vivo, con Cristo mutilado, pero que está presente en nosotros”, expresó Carmen Inés Rentería, una de las participantes.Por su parte, Luz Mercedes Mosquera afirmó:“Fue un momento de reflexión, restauración y perdón…solamente le pido al Señor que nos siga restaurando y que nos enseñe a caminar con esos brazos y esos pies que a Él le faltan”.Conmemoración en medio de una violencia que persisteLa conmemoración de este año ocurre además en un contexto especialmente complejo para el Chocó. Pese al acuerdo de paz firmado con las antiguas Farc en 2016, distintas comunidades del Pacífico continúan afectadas por la presencia de grupos ilegales, los desplazamientos forzados y las restricciones a la movilidad.Frente a esta realidad, la Iglesia ha insistido en la necesidad de fortalecer la presencia institucional, proteger a las comunidades y garantizar verdad, justicia, reparación y no repetición.“Todos los territorios que han sido tomados por los grupos al margen de la ley han estado de espaldas al Estado colombiano”, advirtió monseñor Mosquera Moreno durante la jornada.ACN Colombia y la misión de acompañar a la Iglesia que sufreLa Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia que Sufre (ACN) acompaña a comunidades católicas necesitadas, perseguidas o afectadas por la violencia en distintos países del mundo.En Colombia, ACN ha apoyado históricamente procesos pastorales, humanitarios y de reconstrucción eclesial en territorios marcados por el conflicto armado, entre ellos Bojayá.La directora ejecutiva de ACN Colombia, María Inés Espinosa Calle, explicó lo que significó esta jornada para la fundación pontificia:"Puede ser que el evento de Bojayá no haya sido un acto en contra de la religión propiamente, pero la gente se fue a a a meter en esta Iglesia como un sitio seguro, en donde pensaban que nada les podía pasar y pasaron por encima de ese lugar sagrado y allí mandaron este ataque que acabó con la vida de estas 119 personas. Es la razón por la cual nosotros queremos servir y acompañar a la Iglesia que está en necesidad en nuestro país."Hoy, la Iglesia espera que la custodia del Cristo Mutilado se convierta en un signo de resistencia espiritual para las comunidades del Pacífico colombiano, que continúan clamando por el fin de la violencia y una presencia del Estado que los defienda y dignifique.Vea a continuación el informe audiovisual de la jornada:
Vie 10 Abr 2026
Bancos de alimentos de la Iglesia lideran misión solidaria para comunidades afectadas por inundaciones en Córdoba
La Iglesia Católica en Colombia continúa acompañando a las comunidades afectadas por las inundaciones en Córdoba, tras una misión humanitaria realizada en Semana Santa que movilizó ayuda desde el suroccidente del país.El pasado 1 de abril, en el contexto de la Semana Santa 2026, llegó a Montería una caravana humanitaria con más de 82 toneladas de ayuda, como parte de la misión “Juntos por Montería”, liderada por el Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali.La iniciativa, articulada con la Diócesis de Montería y la red nacional de bancos de alimentos, permitió trasladar alimentos, medicamentos, kits de aseo, ropa, colchones y otros insumos esenciales hacia el departamento de Córdoba, una de las regiones más golpeadas por la emergencia causada por el desbordamiento del río Sinú en el mes de febrero.Tras una semana de esta entrega, y en medio de este tiempo pascual, la ayuda ya comenzó a ser distribuida a través de las parroquias, mientras continúa el acompañamiento a las comunidades que aún enfrentan las consecuencias del agua.Una emergencia que no terminaAunque han pasado más de dos meses desde la tragedia, la situación para miles de familias sigue siendo crítica.Las inundaciones, que afectaron a varias zonas de la región Caribe, dejaron más de 70.000 personas afectadas solo en Montería, según cifras oficiales. Barrios enteros quedaron bajo el agua, dejando pérdidas materiales, económicas y sociales que aún hoy marcan la vida de las comunidades.“Ciertamente han transcurrido dos meses, pero aún seguimos en la reconstrucción…Hay familias que lo perdieron todo”, expresó el padre Hernán Petro Vidal, director del Banco de Alimentos de la Diócesis de Montería.La emergencia, lejos de haber concluido, ha dado paso a una etapa compleja de recuperación, en la que persisten necesidades urgentes no solo de alimentación, sino también de vivienda, infraestructura y acompañamiento integral.Una Iglesia que responde desde el primer momentoDesde el inicio de la emergencia, la Iglesia local activó sus mecanismos de respuesta.A través del Banco de Alimentos de la Diócesis de Montería y la red de parroquias, se desplegó una atención inmediata que permitió acompañar a las comunidades en albergues, barrios afectados y zonas rurales.“La Iglesia Diocesana, desde el día uno de la emergencia, activó la ruta…Nuestras comunidades se vieron beneficiadas por medio de las parroquias”, explicó el padre Hernán Petro Vidal.Esta presencia ha sido clave no solo para la entrega de ayudas, sino también para brindar consuelo, cercanía y acompañamiento espiritual en medio de la adversidad.Comunión que se convierte en acciónLa misión que partió desde Cali representó un fortalecimiento significativo a este trabajo sostenido.El Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali, con el apoyo de empresas, voluntarios y donantes, articuló una operación logística de gran escala que permitió movilizar la ayuda a lo largo de más de 600 kilómetros.“El Banco de Alimentos de Cali unió a toda la empresa privada junto a personas naturales…Nos desplazamos en una gran caravana solidaria”, afirmó el padre Joaquín Gómez, director de esta entidad.La ayuda fue recibida por la Diócesis de Montería, desde donde se está distribuyendo progresivamente a través de las parroquias, priorizando a las comunidades más afectadas.Para el obispo de Montería, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, esta acción representa un respaldo concreto al proceso que se adelanta en el territorio. Al recibir la caravana en la capital cordobesa, expresó su gratitud a monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, por el liderazgo de esta misión.“Es un gesto de la generosidad de Dios, de empresarios y comunidad que vienen a acompañar el proceso que está haciendo nuestra diócesis con las personas damnificadas”, agregó.Una reconstrucción integralMás allá de la asistencia material, la Iglesia continúa acompañando un proceso de reconstrucción que abarca múltiples dimensiones.“Es una reconstrucción integral…Nuestras comunidades necesitan reconstruirse en lo social, en lo material, pero también en lo espiritual”, subrayó el padre Hernán Petro Vidal.En este contexto, las parroquias se han convertido en puntos clave de articulación, no solo para la entrega de ayudas, sino también para el fortalecimiento del tejido social y la esperanza de las comunidades.Un proceso que continúa para Córdoba y otras regionesAdemás del acompañamiento espiritual que se brinda permanentemente a las comunidades, la la Iglesia católica en Colombia reafirma su misión solidaria tras las inundaciones que han afectado diferentes regiones del país en los últimos meses, articulando esfuerzos entre jurisdicciones y fortaleciendo la atención a comunidades que aún enfrentan las consecuencias de la emergencia.Vea el informe audiovisual de la misión a continuación:
Mié 18 Mar 2026
En la Diócesis de Pasto, las comunidades caminan juntas hacia la Pascua: viacrucis de Cuaresma fortalecen la esperanza
En el suroccidente de Colombia, la Cuaresma se vive caminando: en la fe y en comunidad. Durante estas semanas, cientos de fieles recorren calles, caminos rurales y plazas parroquiales del departamento de Nariño participando en los viacrucis territoriales convocados por la Diócesis de Pasto, una iniciativa pastoral que reúne a comunidades de distintos municipios para meditar el camino de la cruz y prepararse espiritualmente para la celebración de la Pascua.Las jornadas se desarrollan en las distintas vicarías episcopales del territorio diocesano y congregan a sacerdotes, religiosos y laicos en momentos de oración, catequesis cuaresmales, confesiones y la celebración de la Eucaristía. Más que una tradición devocional, se han convertido en una experiencia de comunión eclesial que une a parroquias urbanas y rurales en un mismo camino de fe.“Vivimos esta experiencia con mucha alegría de podernos encontrar con las otras comunidades, especialmente en tiempo de Cuaresma, donde podemos acercarnos y vivir esto que para la Iglesia es el llamado que nos hace el Señor a la oración”, expresa Lewis Narváez, uno de los fieles participantes.Un camino pastoral que nace del discernimiento sinodalEstos encuentros se realizan en el marco del proceso pastoral que vive la diócesis desde la convocatoria del Sínodo Pastoral Diocesano, impulsado en 2023 por el obispo de Pasto, monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro. Este proceso de discernimiento ha buscado fortalecer la comunión, la participación y la misión en la Iglesia particular del sur de Colombia.En este contexto, los viacrucis territoriales se integran al Plan Global Diocesano de Evangelización Misionera y al Año Pastoral denominado “Encuentro con la Palabra”, que invita a las comunidades a redescubrir la centralidad del Evangelio en la vida cristiana.“Convocadas las parroquias, convocados los párrocos, los agentes de pastoral y todas las personas de buena fe de estas vicarías episcopales, para vivir la unidad, para vivir la comunión y para vivir la hermandad”, explica el presbítero José López, al referirse al sentido pastoral de estas jornadas.La meditación del viacrucis se inspira en el lema diocesano: “En Cristo, discípulos de la Palabra, caminamos con su cruz hacia la Pascua”, que orienta el camino espiritual de las comunidades durante este año pastoral.“Esa Palabra que nos llama, que nos convoca, que nos transforma y que nos invita cada día a ser mejores”, señala el presbítero Carlos Contreras.Caminar juntos hacia la PascuaLa vivencia del viacrucis permite a los fieles contemplar el misterio de la pasión de Cristo y reconocer en él una invitación a vivir la fe de manera comunitaria.“Para vivir la experiencia pascual tenemos que pasar por la experiencia de la cruz. El testimonio más bonito de la resurrección de Jesucristo es aprender a vivir en comunidad”, afirma el presbítero Ángel Ordóñez.De esta manera, el recorrido por las estaciones del viacrucis se convierte en un momento de encuentro con Dios y con los hermanos, en el que cada comunidad presenta sus intenciones y necesidades.“Pidiendo por la paz del mundo, por la paz de Colombia, por la paz de nuestros territorios… y también por todas las familias para que permanezcan unidas”, dice Germán Yarpas, quien participó en una de las jornadas.Fe y esperanza en medio de las dificultadesEn algunas zonas del territorio diocesano, especialmente en áreas rurales, estos encuentros adquieren un significado aún más profundo. Comunidades que enfrentan situaciones de violencia, pobreza o abandono encuentran en la oración y en la vida comunitaria un espacio de consuelo y esperanza.“Hoy, en nuestro contexto por la zona que vive toda la cordillera de violencia, de a veces de narcotráfico, situaciones difíciles que se van presentando en cada una de nuestras parroquias”, explica el presbítero Hiovani Espinosa.En medio de estas realidades, la fe continúa siendo un motor de resiliencia para las comunidades.“Que en medio de esa dificultad el llamado a nosotros es a seguir manteniendo la fe, una fe fuerte, firme, que nos permita seguir caminando pese a todo lo que pueda ocurrir”, afirma nuevamente Lewis Narváez.Un camino que conduce a la esperanza pascualLa diócesis ha convocado cinco viacrucis territoriales durante esta Cuaresma, como parte del camino de preparación para la Semana Santa. Para la Iglesia local, estos encuentros representan una oportunidad para fortalecer la comunión entre las comunidades y recordar que el camino de la cruz conduce siempre a la esperanza de la Resurrección.“La fe en Dios es lo único que les permite a estas comunidades que viven en guerra constante que puedan salir adelante. A veces no hay nada más”, expresa Lady Usumag, participante de una de las jornadas.De esta manera, los viacrucis territoriales en la Diócesis de Pasto se convierten en un signo visible de la fe del pueblo de Dios: una fe que camina, que se encuentra y que, en medio de los desafíos del territorio, continúa anunciando la esperanza del Evangelio.Vea a continuación el informe audiovisual: