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“Desde el corazón al ministerio”: la CXX Asamblea perfila orientaciones para una pastoral presbiteral integral
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En su tercer día, la Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano profundizó en la vida interior como fundamento del ministerio y avanzó en la definición de lineamientos concretos para fortalecer la identidad, la fraternidad y la misión de los presbíteros en el país, en medio de los desafíos sociales y eclesiales actuales.
Este miércoles 11 de febrero, la jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Ricardo Tobón Restrepo, arzobispo de Medellín, quien encomendó de manera especial a los enfermos del país, en el marco de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, celebrada por la Iglesia universal bajo el lema: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”. Concelebraron monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, y monseñor Óscar José Vélez, CMF, obispo de Valledupar.
Un llamado a la vida interior
En su homilía, monseñor Tobón centró su reflexión en la enseñanza de Jesús: “Nada hay en el exterior que manche al hombre; la maldad que sale del corazón es lo que mancha”, subrayando que el corazón es el núcleo donde se juega la autenticidad de la vida cristiana y sacerdotal.
“El corazón es el centro profundo. Es el templo donde habita el Espíritu Santo”, afirmó, advirtiendo que cuando la fe se reduce a esquemas mentales o posturas ideológicas puede derivar en intelectualismo, polarizaciones o fanatismos que esterilizan la misión.
En coherencia con el tema central de la Asamblea —“El Presbiterio en la Iglesia Sinodal”—, el Arzobispo de Medellín invitó a examinar cuatro dimensiones fundamentales desde la interioridad: la fe, la oración, la vida fraterna y la acción apostólica. Señaló que cuando se pierde el contacto interior con el Espíritu, el ministerio corre el riesgo de convertirse en “agitación, descoordinación, proselitismo y finalmente frustración”, dando paso al activismo y al desgaste.Por el contrario, explicó, cuando la vida brota del encuentro profundo con Dios, florecen los frutos del Espíritu y la santidad se entiende no como apariencia moral, sino como “la alegría interior de la misericordia de Dios”.
Orientaciones para una pastoral presbiteral integral
Tras la celebración eucarística, el trabajo central del día se concentró en la definición de orientaciones que servirán como fruto concreto de esta Asamblea para la implementación de una pastoral presbiteral integral.
Durante la mañana, obispos y sacerdotes —representando a las 14 provincias eclesiásticas que agrupan 78 jurisdicciones del país— trabajaron en grupos por provincias, revisando un documento base y aportando desde las realidades específicas de cada región. En la tarde, los obispos profundizaron las propuestas en sesión plenaria.
El padre Richard Nieto González, vicario general de la Arquidiócesis de Cartagena, subrayó que el propósito es que el documento que salga como fruto de este encuentro se convierta en una herramienta práctica para las Iglesias particulares:
“La idea es que salga de aquí un documento de trabajo que luego pueda leerse y aplicarse en las distintas diócesis y arquidiócesis de Colombia…Y que realmente ayude a los otros presbíteros que no participaron de este encuentro”.
El padre Wilmer Fabián Suárez Vargas, vicario general en el Vicariato Apostólico de Puerto Carreño, resaltó el valor del encuentro como experiencia de comunión y fortalecimiento vocacional, especialmente para quienes ejercen su misión en los territorios más apartados. Explicó que estos espacios también renuevan la esperanza y sostienen la misión:
“Donde hay un sacerdote está la voz de la esperanza…Hay situaciones de activismo, de cansancio, pero en ese activismo se puede también descansar y reposar en la presencia de Dios”.
Identidad, formación y cultura del cuidado
Varias de las intervenciones de los arzobispos participantes coincidieron en que la renovación del presbiterio pasa por fortalecer la identidad ministerial y la formación integral.
Monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, arzobispo de Florencia, advirtió que en un mundo digital y en territorios marcados por el conflicto armado es urgente cultivar la interioridad: “Si no hay silencio, no hay vida interior…La casa donde habita Dios es mi propia interioridad”.
Por su parte, monseñor Hugo Alberto Torres Marín, arzobispo de Santa Fe de Antioquia, subrayó la necesidad de recuperar la conciencia del ministerio y responder a los contextos regionales: “Se necesita ante todo lograr que los clérigos recuperemos la identidad del ministerio que se nos ha encomendado”. Destacó, además, la importancia de formar la conciencia administrativa de los presbíteros: “Para saber manejar con justicia y con corazón de pobres los bienes de la Iglesia”.
En la misma línea, monseñor Pablo Emiro Salas, arzobispo de Barranquilla, insistió en la urgencia de acompañar de manera integral la formación inicial y permanente: “No podemos poner el énfasis en una faceta más que en otra…Tenemos que tener presentes todas las dimensiones para dar una formación integral de nuestros sacerdotes”.
Las orientaciones que se perfilan contemplan fortalecer la identidad sacerdotal, la fraternidad, la cercanía al obispo y al pueblo de Dios, y consolidar una auténtica cultura del cuidado que prevenga abusos y promueva ambientes sanos.
Este miércoles fue también el último día de participación de los sacerdotes delegados por las jurisdicciones para acompañar a los obispos; a partir de ahora, los prelados continuarán el trabajo durante las jornadas finales para consolidar las conclusiones que marcarán la ruta pastoral del presbiterio en Colombia.
Iglesia solidaria ante la emergencia invernal
Aunque reunidos en Bogotá, los obispos permanecen profundamente conectados con la realidad de los territorios que pastorean. La emergencia invernal ha dejado pérdidas humanas y materiales significativas en distintas regiones del país. Solo en el departamento de Córdoba se reportan cerca de 120.000 personas afectadas, además de daños en viviendas, cultivos, vías, escuelas y medios de subsistencia.
En este contexto, el Papa León XIV envió un mensaje de cercanía y oración que fue acogido por la Asamblea como un llamado a intensificar la solidaridad.
Monseñor Paolo Rudelli, Nuncio Apostólico en Colombia, subrayó el alcance universal de este gesto del Santo Padre: “Es un mensaje alentador, un mensaje del sucesor de San Pedro que nos dice su cercanía en la oración…Cuando un miembro de la Iglesia sufre, todos los demás miembros del cuerpo participan”.
El representante del Papa resaltó la importancia de que este mensaje haya sido escuchado no solo en Colombia, sino en distintos lugares del mundo: “Es un signo de cercanía, una palabra de aliento, una palabra de no sentirse solos…Seguramente este mensaje hoy no lo han escuchado solo en Colombia, lo han escuchado un poco en todo el mundo”.
Añadió que la solidaridad debe expresarse tanto en el plano espiritual como en acciones concretas: “Es un momento en donde tratar de mostrar nuestra solidaridad en el plan concreto…Pero también en el plan de una cercanía espiritual, de acompañar con la oración en este momento de dificultad”.
Desde las diócesis más afectadas, la Iglesia ha venido articulando esfuerzos pastorales y sociales para acompañar a las comunidades damnificadas. Monseñor Farly Yovanny Gil Betancur, obispo de Montelíbano y administrador apostólico de Montería, expresó: “No podemos dejar solos a nuestros hermanos damnificados…Vienen situaciones de crisis muy fuertes, económicas y sanitarias, y tenemos que seguir con corazón generoso”.
Por su parte, el arzobispo de Cartagena y presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, I.M.C., destacó que la Iglesia ya se encuentra movilizada a través de sus parroquias, pastorales sociales, bancos de alimentos y comités parroquiales, pero también subrayó la importancia de seguir convocando la solidaridad y de organizar la ayuda para que llegue efectivamente a quienes más lo necesitan: “Que ampliemos la caridad y la generosidad…Que nos unamos todas las parroquias, todas las comunidades, todas las instituciones…Y apoyemos también a través especialmente de nuestros bancos de alimentos en todo el país, una campaña solidaria de alimentos no perecederos”.
En este marco, hizo un llamado a fortalecer la Campaña de Comunicación Cristiana de Bienes 2026, impulsada por el Secretariado Nacional de Pastoral Social que se desarrollará en el contexto cercano de la Cuaresma, como un instrumento concreto para canalizar la solidaridad nacional en las diferentes jurisdicciones eclesiásticas del país: “Aprovechemos este tiempo propicio de Cuaresma, de caridad…Para que más allá de nuestras diferencias, pongamos en el corazón de nuestra preocupación a todos nuestros hermanos y hermanas que están experimentando un sufrimiento muy grande”. Retomando el lema de este año, concluyó: “La satisfacción del fiel es hacer el bien”.
De esta manera, mientras los obispos avanzan en la definición de orientaciones para fortalecer la vida y misión de los presbíteros, la Asamblea reafirma también su compromiso con el acompañamiento cercano y organizado a las comunidades que hoy enfrentan la dureza de la emergencia invernal en el país.
Vea a continuación el resumen informativo del tercer día en la CXX Asamblea:
La migración, una realidad que nos sigue interpelando
Vie 25 Sep 2026
Por el cuidado del agua
Jue 24 Sep 2026
Jue 1 Oct 2026
Nuevos ataques en la subregión del San Juan: Mons. Mario de Jesús Álvarez clama por la paz y la protección de las comunidades
Ante los recientes ataques contra estaciones de Policía en Nóvita y Santa Rita de Iró, la Iglesia expresa su preocupación por el impacto de la violencia en la población civil y pide buscar caminos de paz, diálogo y respeto por la dignidad humana.La Diócesis de Istmina-Tadó hizo un llamado urgente a detener la escalada de violencia que en los últimos días ha afectado a distintos municipios de la subregión del San Juan, en el sur del departamento del Chocó, y que nuevamente tiene a las comunidades sufriendo.La situación se agudizó el miércoles 30 de septiembre en Nóvita, donde, alrededor de las 10:00 de la mañana, mientras la comunidad se disponía a iniciar la celebración de la Eucaristía con motivo de la fiesta patronal de San Jerónimo, se registró un ataque contra la estación de Policía mediante drones y armas de largo alcance. De acuerdo con información de las autoridades, el hecho incluyó el lanzamiento de seis granadas desde drones y también afectó instalaciones militares. No se reportaron personas heridas.Para la Diócesis, la situación adquiere una especial gravedad por haber ocurrido en medio de una celebración religiosa y en el casco urbano, donde la población quedó expuesta al riesgo.Desde Nóvita, monseñor Mario de Jesús Álvarez Gómez, obispo de Istmina-Tadó, expresó su preocupación por lo que está ocurriendo en la región y pidió a los grupos armados detener las acciones que están afectando directamente a las comunidades. También pidió al al Gobierno Nacional priorizar la protección de las comunidades.“Todo debemos pararlo inmediatamente, dada la angustia y la zozobra que esto provoca”, manifestó el obispo, quien insistió en que la salida debe buscarse por “los caminos del Evangelio y los caminos de la paz”.El prelado señaló que durante los últimos días se han registrado graves hechos de violencia en municipios como Tadó, Río Iró, Sipí, Condoto y Nóvita. En declaraciones entregadas este 1 de octubre, explicó que, a su juicio, las comunidades están experimentando miedo e impotencia y que muchas personas prefieren guardar silencio ante el riesgo que perciben en sus territorios.Sobre las dinámicas del conflicto, monseñor Álvarez se refirió a la confrontación entre el ELN y las AGC, así como a los ataques contra integrantes de la Fuerza Pública. Sus apreciaciones corresponden a su lectura de la situación que viven las comunidades que acompaña pastoralmente la Diócesis.La violencia continúa en Santa Rita de IróLa preocupación se extendió este jueves 1 de octubre a Santa Rita de Iró, cabecera municipal de Río Iró. Según informó el padre Ernesto Zapata, vicario general de la Diócesis de Istmina-Tadó, durante la mañana se habían registrado múltiples explosiones de artefactos lanzados mediante drones contra la estación de Policía.“Lo que sabemos hasta el momento es que se han producido al menos seis ataques desde aeronaves no tripuladas...aún no se tiene información confirmada sobre posibles personas heridas", explicó el sacerdote. Recordó, además, que esta población, de aproximadamente 4.000 habitantes, ya había vivido numerosos ataques con estos artefactos dos meses atrás.“Que todos vivamos en dignidad y en respeto”Ante este panorama, la Diócesis de Istmina-Tadó insiste en que las comunidades no pueden continuar soportando las consecuencias de la confrontación armada. Su llamado se dirige a quienes tienen responsabilidades en las decisiones de seguridad y, de manera particular, a los actores armados que desarrollan acciones violentas en los territorios.“Únicamente es dejándonos iluminar por el Dios del amor, de la misericordia y del perdón como podemos hallar caminos para que todos vivamos en dignidad y en respeto”, expresó monseñor Álvarez.La preocupación de la Iglesia por la situación de las comunidades del San Juan no es nueva. En anteriores momentos de confinamiento y confrontación armada, la Diócesis de Istmina-Tadó ha pedido que se garantice la libertad de movilidad de la población civil y el acceso de la Iglesia y de las organizaciones humanitarias a las comunidades afectadas.Precisamente estas localidades del sur del Chocó resultaron gravemente impactadas por el terremoto del 10 de agosto en Colombia. La mayor parte de sus viviendas sufrieron graves daños estructurales y las comunidades aún están a la espera del proceso de recuperación y reconstrucción.Vea el mensaje del Obispo de Istmina-Tadó a continuación:
Jue 1 Oct 2026
“Que la Iglesia sea una casa abierta": Papa León XIV pide acompañar y orar por quienes enfrentan dificultades de salud mental
El Santo Padre invita a rezar para que la Iglesia sea una casa abierta, capaz de acompañar sin juzgar a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y de integrar este cuidado en la vida y misión de las comunidades.La Iglesia en Colombia se une a la intención de oración confiada en este mes de octubre por el Papa León XIV a la Red Mundial de Oración del Papa: “Por la pastoral de la salud mental”. A través de la iniciativa “Reza con el Papa”, el Santo Padre invita a los fieles y a todas las personas de buena voluntad a orar para que la pastoral de la salud mental se integre en toda la Iglesia, contribuyendo a superar el estigma y la discriminación que enfrentan las personas con enfermedades mentales.La propuesta del Pontífice pone en el centro a quienes viven situaciones de ansiedad, depresión u otras enfermedades mentales, muchas veces en silencio y en medio de experiencias de soledad, incomprensión o estigmatización. En este contexto, el papa León XIV pide que la Iglesia sea una “casa abierta”, un espacio seguro donde todos tengan un lugar y donde las personas puedan ser escuchadas y acompañadas sin juicios ni miedo.Una Iglesia que acompaña y no descartaEn la oración, el Papa León XIV se dirige al “Dios de la vida”, que conoce las luces, sombras y heridas silenciosas que habitan el corazón humano. Desde allí, presenta ante el Señor a quienes enfrentan dificultades en su salud mental y recuerda que Dios los llama por su nombre, con ternura, y que en Él encuentran dignidad y esperanza.La plegaria también contiene una petición de perdón por las veces en que la comunidad ha mirado hacia otro lado y ha contribuido al estigma y la discriminación hacia las personas con enfermedades mentales. El Papa pide que la Iglesia se convierta en una comunidad que acompaña y no descarta, que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.La intención se extiende, además, a quienes acompañan y cuidan: profesionales de la salud, familiares, voluntarios y todas aquellas personas que, desde distintos ámbitos, tienden puentes de comprensión y consuelo. Para ellos, el Pontífice pide fortaleza y compasión.Finalmente, el papa León XIV invoca al Espíritu Santo para que la Iglesia aprenda a acoger e integrar el cuidado de la salud mental en la vida y en la misión de sus comunidades, de manera que pueda ser signo vivo de una misericordia que acompaña, sostiene y restaura.Una realidad que interpela a la sociedad y a la IglesiaLa intención de oración responde a una realidad que afecta a millones de personas en el mundo. La Organización Mundial de la Salud señala que cerca de mil millones de personas viven con algún trastorno mental y advierte que el estigma, la discriminación y las dificultades para acceder a servicios de calidad continúan siendo obstáculos importantes para quienes necesitan atención.La situación también tiene una incidencia particular en niños y adolescentes. La OMS estima que uno de cada siete jóvenes entre los 10 y los 19 años experimenta un trastorno mental, mientras que muchos de estos casos permanecen sin reconocer o sin tratamiento. La organización advierte, además, que quienes viven con estas condiciones son especialmente vulnerables a la exclusión social y a la discriminación.Ante esta realidad, la Iglesia está llamada a fortalecer espacios de acogida y acompañamiento, en articulación con las familias, las comunidades y los profesionales que brindan atención especializada. La pastoral de la salud mental no busca sustituir el trabajo de los profesionales de la salud, sino ofrecer también cercanía, escucha, acompañamiento y una comunidad en la que cada persona pueda experimentar que su dignidad es reconocida.“No podemos hacerlo solos”El Papa León XIV ya se había referido a la salud mental durante la vigilia de oración con jóvenes celebrada en Barcelona el 9 de junio de 2026. En respuesta al testimonio de una joven que compartió su experiencia con la depresión, el Pontífice llamó la atención sobre las presiones y expectativas que pueden afectar los equilibrios fundamentales de las personas y, al reflexionar sobre el dolor y la soledad, afirmó: “no podemos hacerlo solos”.Esta expresión ilumina también la intención de oración de octubre: frente al sufrimiento que muchas personas experimentan en silencio, la respuesta cristiana pasa por fortalecer comunidades capaces de acompañar, escuchar y acoger. Se trata de que nadie tenga que afrontar solo sus heridas y de que la Iglesia pueda ser un lugar donde las personas encuentren cercanía, dignidad y esperanza.Oración del Papa León XIV por la pastoral de la salud mental:En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Dios de la vida,Tú conoces lo más íntimo de nuestro corazón,las luces y sombras que nos habitan,las heridas silenciosas que a veces nadie ve.Hoy te presentamos a nuestros hermanos y hermanasque enfrentan dificultades en su salud mental,que sufren en soledad con ansiedad, depresión o cualquier otra enfermedad mental.Tú los llamas por su nombre, con ternura,y en Ti encuentran dignidad y esperanza.Perdónanos por las veces que hemos mirado hacia otro lado,alimentando el estigma y la discriminaciónhacia las personas con enfermedades mentales.Haz que tu Iglesia sea casa abierta,espacio seguro donde todos tengan lugar,comunidad que acompaña y no descarta,que escucha sin juzgar y se acerca sin miedo.Te pedimos, Señor, por quienes cuidan:profesionales, familiares, voluntarios,hombres y mujeres que con paciencia y amortienden puentes de comprensión y consuelo.Dales fortaleza y compasión para sostener.Envía tu Espíritu sobre nosotros,para que aprendamos a acoger e integrar el cuidado de la salud mentalen la vida y en la misión de nuestras comunidades y de toda la Iglesia,y así lleguemos a ser un signo vivo de tu misericordia,que nunca abandona y siempre restaura.Amén.Vea el video de la oración del Papa a continuación:
Mié 30 Sep 2026
Tras peregrinar con María, la Arquidiócesis de Medellín se dispone a vivir octubre misionero
Cerca de 1.300 personas participaron en la tradicional Peregrinación Mariana de la Arquidiócesis de Medellín. La jornada fue encabezada por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo, y el obispo auxiliar, monseñor José Mauricio Vélez García. Familias, jóvenes, sacerdotes, religiosas y fieles se unieron en esta jornada que cada año prepara a la Iglesia particular para vivir octubre, Mes Misionero.El 26 de septiembre, acompañados por la Virgen del Seminario, los peregrinos caminaron unidos en oración hasta el Seminario Mayor de Medellín. Durante el recorrido, los participantes encomendaron sus intenciones, la vida pastoral de la Iglesia particular y los frutos de este mes de las misiones que celebra la Iglesia Universal.La jornada concluyó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el arzobispo de Medellín, monseñor Ricardo Tobón Restrepo. En su homilía, el prelado centró su reflexión en la bienaventuranza proclamada en el Evangelio y destacó que escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica permite descubrir el sentido de la fe y avanzar hacia una vida transformada por ella.“La Palabra de Dios no es una teoría, es una persona a la que nos unimos para que se haga carne en nosotros”, afirmó el arzobispo, subrayando así la relación entre la escucha de la Palabra y la vida concreta de los creyentes.Monseñor Tobón también presentó a la Virgen María como modelo de quien escucha la voluntad de Dios y responde con toda su vida. En este sentido, vinculó la peregrinación con el camino misionero que la Iglesia está llamada a recorrer:“Qué hermosa esta jornada: estar reunidos en torno a la Madre y con ella reconocer quiénes somos, a dónde vamos y qué tenemos que hacer”.
Mar 29 Sep 2026
Liberar y cuidar: Iglesia en Colombia profundiza sobre nuevos criterios para el Ministerio del Exorcismo
El tercer curso nacional de formación para exorcistas reunió en Bogotá a sacerdotes y delegados de distintas regiones para profundizar en protocolos, criterios de discernimiento y prácticas pastorales orientadas a proteger la dignidad de las personas atendidas.En Colombia, el Ministerio del Exorcismo avanza hacia una práctica pastoral cada vez más consciente de la responsabilidad que implica acompañar a personas que atraviesan situaciones de especial vulnerabilidad. Esta fue una de las principales conclusiones del tercer curso nacional de formación para exorcistas, organizado por la Comisión Episcopal y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia, bajo el lema “Liberar y Cuidar: El Ministerio del Exorcismo desde la Cultura del Cuidado”.El encuentro, que contó con la participación de cerca de 80 representantes de distintas jurisdicciones eclesiásticas del país y con aportes de expertos nacionales e internacionales, dio continuidad a los dos cursos anteriores, centrados en “Exorcismo y oración de liberación” y “Discernimiento y espiritualidad, pilares del sacerdote exorcista y su equipo”. En esta tercera edición, la reflexión se concentró en cómo incorporar de manera concreta la cultura del cuidado, la normativa eclesial y criterios de actuación responsable en este ministerio.“La figura del exorcista la debemos no solo valorar, sino también cuidar”, señaló monseñor José Mauricio Vélez García, obispo auxiliar de Medellín y presidente de la Comisión Episcopal de Doctrina de la CEC, al explicar que se trata de un servicio que requiere formación, discernimiento, oración y comunión con el obispo. El prelado recordó que el exorcismo es un sacramental de la Iglesia y que su ejercicio corresponde al sacerdote que ha recibido legítimamente este encargo de parte del obispo.El cuidado de la persona, en el centroUno de los principales énfasis del curso fue la necesidad de que quienes ejercen o acompañan este ministerio tengan claridad sobre los riesgos de generar nuevas afectaciones en personas que ya llegan a la Iglesia en condiciones de fragilidad. El padre Iván José Ruiz Vidal, delegado para el Ministerio del Exorcismo de la Arquidiócesis de Cartagena, destacó este desafío: “En la medida en que nosotros adoptamos el cuidado dentro de nuestro ministerio, pues evitamos entrar en revictimización”.Desde esta perspectiva, el cuidado no se planteó como un elemento adicional al ejercicio del exorcismo, sino como un criterio transversal que debe orientar la relación con quienes solicitan acompañamiento. Esto implica respetar su dignidad, intimidad y libertad; ofrecer una escucha adecuada; evitar actuaciones que puedan producir nuevas heridas y reconocer cuándo una situación requiere la intervención o el acompañamiento de otros profesionales.El padre Gabriel Londoño Sepúlveda, sacerdote exorcista de la Arquidiócesis de Bogotá, sintetizó este enfoque en dos direcciones: el cuidado del ministro hacia las personas que atiende y el cuidado de quienes acuden a él en el ejercicio de su ministerio. Para ello, subrayó la importancia de actuar desde la verdad, el amor, una recta doctrina, la escucha y el acompañamiento pastoral.Discernir antes de intervenirOtro de los aprendizajes centrales fue la necesidad de fortalecer el discernimiento. Las reflexiones abordaron la importancia de evitar atribuciones apresuradas de carácter espiritual frente a situaciones que pueden tener dimensiones psicológicas, psiquiátricas, médicas o sociales.Monseñor José Mauricio Vélez insistió en que el sacerdote exorcista debe contar con criterios suficientes para distinguir las distintas realidades que pueden estar presentes en una persona que solicita ayuda. De ahí la importancia de una formación que permita conjugar la dimensión espiritual con las herramientas provenientes de otras disciplinas.En la misma línea, las ponencias sobre los criterios para el discernimiento de la acción extraordinaria del maligno, las directrices para el ministerio del exorcismo y los posibles abusos en el uso del ritual profundizaron en la necesidad de actuar con prudencia, rigor teológico, formación, oración y trabajo interdisciplinario.El curso también abordó situaciones relacionadas con prácticas de ocultismo y algunas terapias alternativas, planteando la prevención y la formación de las comunidades como herramientas necesarias para que los fieles puedan desarrollar criterios de discernimiento frente a las distintas propuestas espirituales que encuentran en la sociedad contemporánea.Prevenir abusos y fortalecer la responsabilidadLa cultura del cuidado también llevó a revisar posibles formas de abuso en el ejercicio del ministerio, incluidos aquellos que pueden surgir por desconocimiento, actuaciones inadecuadas o interpretaciones erróneas del ritual.Monseñor Rubens Miraglia Zani, exorcista de la Diócesis de Bauru, en Brasil, uno de los conferencistas internacionales del encuentro, llamó la atención sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia episcopal y la formación de quienes participan en este servicio. También recordó que no toda persona que se presenta como exorcista cuenta con la autorización eclesial para ejercer este ministerio.De acuerdo con el sacerdote brasileño, esta claridad resulta particularmente relevante en contextos en los que personas que buscan una respuesta inmediata frente a situaciones de sufrimiento pueden quedar expuestas a prácticas que no corresponden al ejercicio legítimo del ministerio de la Iglesia.“No hacemos de nombre propio sino en nombre de la Iglesia y, por lo tanto, hay que seguir lo que nos pide la misma Iglesia”, afirmó el sacerdote brasileño.En este sentido, monseñor Vélez recordó también que el exorcista es un sacerdote nombrado por el obispo y que los fieles pueden acudir a sus respectivas jurisdicciones eclesiásticas para conocer quién ha recibido este encargo. Esta claridad busca favorecer el orden pastoral y prevenir que personas vulnerables terminen recurriendo a quienes actúan al margen de la autoridad y de las normas de la Iglesia.Una responsabilidad que involucra al exorcista y a su equipoEl curso amplió, además, la reflexión sobre quienes acompañan al sacerdote exorcista. La selección, formación, acompañamiento y actuación de los auxiliares fueron abordados como elementos necesarios para garantizar que todo el equipo comprenda los límites de su servicio, actúe con discreción y permanezca en comunión con la autoridad eclesial.Entre los elementos identificados durante los talleres se destacó la necesidad de fortalecer competencias relacionadas con el discernimiento, la formación doctrinal y canónica, el equilibrio humano y espiritual, el trabajo interdisciplinario y la capacidad de reconocer señales de alerta en la práctica pastoral.La reflexión sobre la cultura del cuidado incluyó también el cuidado del propio sacerdote exorcista, tanto en sus dimensiones física y psicológica como espiritual, así como la importancia de evitar actitudes de protagonismo o autorreferencialidad que puedan desvirtuar el sentido eclesial del servicio.De la reflexión a líneas de acciónUno de los aportes metodológicos del encuentro fue el trabajo desarrollado en ocho mesas, organizadas según las provincias eclesiásticas. Este ejercicio permitió compartir experiencias territoriales, reconocer desafíos comunes y plantear propuestas para fortalecer el ministerio en las distintas jurisdicciones.El análisis de las normas canónicas y la construcción de un mapa de competencias permitieron, además, trasladar las reflexiones a situaciones concretas de la práctica pastoral. Las conclusiones recogidas durante estos ejercicios serán objeto de una posterior sistematización por parte de la Conferencia Episcopal de Colombia.Para el padre Carlos Guillermo Arias, director del Departamento de Doctrina de la CEC y coordinador de la organización del curso, este proceso se inscribe en la responsabilidad de continuar ofreciendo herramientas de formación para quienes prestan este servicio en las Iglesias particulares.La proyección, de acuerdo con lo trabajado durante el encuentro, apunta a mantener una formación permanente, fortalecer la articulación entre las jurisdicciones eclesiásticas, consolidar criterios comunes de actuación y profundizar en protocolos y líneas de acción que permitan responder de manera responsable a las situaciones que llegan a este ministerio.“Es relevante seguir formándonos y ojalá tuviésemos la posibilidad de seguir formando también otro mayor número de sacerdotes”, señaló el padre Iván José Ruiz, quien insistió en que la tarea no puede reducirse a una comprensión exclusivamente espiritual de las situaciones que afectan a las personas, sino que debe considerar también las circunstancias sociales y las afectaciones a la dignidad humana.Así, el tercer curso nacional dejó como uno de sus principales desafíos hacer de la cultura del cuidado una práctica permanente del Ministerio del Exorcismo en Colombia: un servicio ejercido en comunión con el obispo, con sólida formación espiritual, doctrinal y canónica, capacidad de discernimiento, apertura al trabajo interdisciplinario y especial atención a la dignidad y protección de las personas vulnerables.Vea el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados: