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conferencia episcopal de colombia

Mar 5 Mayo 2026

Edición número mil con María al pie de la Cruz

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Hemos comenzado el mes de mayo dedicado a honrar a la Santísima Virgen María, en este año jubilar que el Papa León XIV ha concedido a nuestra Iglesia Particular, en la advocación de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, con el lema que estamos interiorizando desde la Basílica: María madre de la esperanza. Así reafirmamos el lema pastoral de este año: vayan y hagan discípulos imitando a la Virgen María, transmitiendo a todos el Evangelio de Jesucristo que es la esperanza que no defrauda. También, llegamos a la edición número mil en el periódico La Verdad, dando gracias a Dios por este medio de difusión del Evangelio que llega a muchas personas que reciben el periódico en cada una de sus ediciones.Al inicio del mes de mayo conmemoramos en Colombia la exaltación de la Santa Cruz, reconociendo en este madero a Jesús como el enviado del Padre para conducirnos a la salvación prometida y esperada. Cada uno de nosotros al mirar y contemplar el Crucificado, estamos llamados a pronunciar desde el corazón las palabras del centurión romano que estaba frente a la cruz: “verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15, 39); Él ha venido a traernos el perdón del Padre, para reconciliarnos y recibir la paz que debemos entregar a los de¬más, siendo instrumentos del perdón para con nuestros hermanos.Al pie de la Cruz también estaba María tal como lo indica el Evangelio: “junto a la Cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás y María Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo a quien tanto amaba, dijo a su madre: mujer, ahí tienes a tu hijo. Después dijo al discípulo: ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 25 - 27); allí María estaba con dolor por ver morir a su Hijo, pero no estaba derrumbada, estaba de pie con la confianza, que de su Hijo clavado en la Cruz, brota la salvación para toda la humanidad, siendo perdonados de los pecados para entrar a la vida eterna.María al pie de la cruz es la madre de la esperanza, que ha sido entregada en la persona del discípulo amado a toda la Iglesia y a cada uno de nosotros. Ella nos indica el camino para llegar a Jesús, esperanza que no defrauda, aún en los momentos de cruz e incertidumbre. En la cruz fue clavado nuestro Señor Jesucristo, que según profesamos en el credo, padeció, fue crucificado, murió, fue sepultado y resucitó al tercer día y está sentado a la derecha del Padre. En el Crucificado está la síntesis de todo el Misterio Pascual que celebramos en la Semana Santa y que vivimos todos los días en la Eucaristía, Cuerpo y Sangre de Cristo que nos da fortaleza diaria, para cargar la propia cruz uniendo nuestros dolores, sufrimientos y enfermedades a la cruz del Señor, para hacernos uno con Jesús Crucificado.En la cultura actual se quiere anular la cruz, el dolor y el sufrimiento que hace parte de la naturaleza humana, vendiendo falsamente la idea de una vida en perfecto bienestar y prosperidad. En ocasiones desde la predicación, algunos comercian con lo sagrado, quieren vender sacramentales ofreciéndoles a las personas la cancelación de todo sufrimiento en sus vidas. Desde la Palabra de Dios tenemos la certeza que estamos predicando la verdad, cuando anunciamos a Jesucristo Crucificado: “porque mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo Crucificado, que es escándalo para los judíos y locura para los paganos. En cambio, para los que han sido llamados, sean judíos o griegos, se trata de un Cristo, que es fuerza y sabiduría de Dios” (1Cor 1, 22 - 24). Ahí está la fuerza que nos da la fe, que engendra a la vez la esperanza que hace que tengamos los ojos fijos en el cielo que es nuestro destino; sin olvidar-nos que el camino es la cruz, por la que pasó nuestro Señor Jesucristo, entregando la vida por todos nosotros y que asumió María, cuando estuvo al pie de la Cruz y desde allí nos da consuelo como madre de la esperanza.María al pie de la Cruz nos enseña a contemplar el Crucificado y unir la cruz de cada día a la Cruz del Señor, con la certeza que seguir a Jesucristo Crucificado, nos da la vida eterna. Así lo pide Jesús a sus discípulos: “y dirigiéndose a sus discípulos añadió: Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la conservará” (Mt 16, 24 - 25). Jesucristo mismo nos ha dado ejemplo de entrega de la propia vida por la salvación de todos y nos invita constantemente a tomar la cruz y seguirlo.Mirando y contemplando el Crucificado el corazón se llena de esperanza. La esperanza es la virtud que nos mantiene en pie, que nos ayuda a salir adelante en las incertidumbres y dificultades de la vida y para el cristiano la esperanza brota del árbol de la Cruz, que lo sana de la tristeza, porque es el mismo Jesús que sana, consuela, levanta y da alivio: “vengan a mi todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré. Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy sencillo y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus vidas” (Mt 11, 28 - 30); de esa manera, cuando estemos agobiados y sin fuerzas por la cruz de cada día, arrodillémonos a mirar y contemplar el Crucificado y encontraremos paz en medio de las fatigas diarias de la vida.Que Nuestra Señora de Chiquinquirá, la Kacika de Cúcuta, madre de la esperanza y el Glorioso Patriarca San José, custodien en nosotros la gracia de Dios y la fe, para seguir en nuestra vida a Jesucristo Crucificado, fuente de nuestra salvación. En acción de gracias seguimos anunciando el Evangelio a través del periódico La Verdad, que desde esta edición número mil, lanzamos hacia el futuro como medio de evangelización que lleva a Jesús hasta sus familias.En unión de oraciones,reciban mi bendición+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta

Lun 4 Mayo 2026

Colombia vivirá el Cuarto Rosario Nacional con la Consagración al Inmaculado Corazón de María

El próximo miércoles 13 de mayo, colombianos dentro y fuera del país están convocados a unirse en el Cuarto Rosario Nacional, una jornada de oración que busca poner en el centro la conversión personal como camino para la paz y la reconciliación de Colombia.Bajo el lema “La Paz y la Reconciliación de Colombia se construyen desde la conversión de tu corazón”, esta iniciativa, promovida por diversos grupos de laicos católicos y apoyada por la Conferencia Episcopal de Colombia y la Arquidiócesis de Bogotá, se presenta como una respuesta espiritual ante los desafíos que enfrenta el país en materia de convivencia y unidad.La jornada se desarrollará a través de momentos centrales. El primero tendrá lugar a partir de las 11:00 a.m. en la Catedral Primada de Colombia, donde se rezará el Santo Rosario, seguido de la celebración de la Eucaristía y la Consagración del país al Inmaculado Corazón de María, presididas por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia. Este, será transmitido a través del canal RCN y otros medios que se sumarán a esa señal.En este contexto, el Presidente del Episcopado Colombiano subrayó el sentido profundo de esta convocatoria, al afirmar que “le pediremos a la Madre del Señor que avive en nosotros la esperanza, sostenga la unidad y suplique por la reconciliación y la paz de todos los colombianos”.El segundo momento se realizará a las 5:00 p.m. en la Plaza de Bolívar de Bogotá, con un espacio de adoración eucarística, seguido de una procesión y el Rosario de antorchas, como signo visible de fe y comunión en torno a la intención de paz para el país.La Conferencia Episcopal de Colombia invita a las diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos eclesiales, familias y a todos los colombianos —en el territorio nacional y en el exterior— a unirse a esta jornada desde sus propios contextos, fortaleciendo así un clamor común por la reconciliación.Vea la invitación del Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia haciendo clic aquí.

Jue 30 Abr 2026

La Voz del Pastor | 3 de mayo de 2026

Reflexión del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 14, 1-12

Jue 30 Abr 2026

OMP Colombia invita a vivir este 3 de mayo la Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera

Obras Misionales Pontificias (OMP) de Colombia ha anunciado que, este año, la Jornada Nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera, se celebrará el próximo domingo 3 de mayo (primer domingo del mes).La iniciativa, impulsada desde la Pontificia Obra de la Infancia y Adolescencia Misionera en Colombia, convoca a comunidades eclesiales de todo el país a fortalecer el espíritu misionero desde la niñez y la adolescencia, acompañada de una colecta solidaria en favor de los más necesitados en el mundo.Para este año, la Jornada se desarrollará bajo el lema: “¡Niños y adolescentes, unidos al Corazón de Jesús para que el mundo crea!”, una invitación a vivir la fe desde la unidad, el amor y el compromiso misionero, inspirados en la oración de Jesús: “que todos sean uno, para que el mundo crea” (Jn 17,21).En esta ocasión, la celebración propondrá centrar la mirada en el Corazón de Jesús como fuente del amor que impulsa la misión, fortalece la comunión y motiva a niños, niñas y adolescentes a ser discípulos misioneros en su vida cotidiana. Desde esta espiritualidad, se promueve una vivencia concreta del Evangelio a través del servicio, la solidaridad y el testimonio alegre de la fe.Además, la Jornada buscará consolidar la fraternidad en parroquias, grupos y comunidades, fomentando valores como el respeto, la corresponsabilidad y el trabajo conjunto en la misión de la Iglesia. En este contexto, los más jóvenes son reconocidos como protagonistas y signos de esperanza, capaces de aportar a la construcción de una sociedad más fraterna.En el marco de esta celebración, OMP también hace un llamado a la oración por el IX Congreso Nacional de Infancia y Adolescencia Misionera (CONIAM), que se realizará en Valledupar del 25 al 28 de junio de 2026. Este encuentro reunirá representantes de las 78 jurisdicciones eclesiásticas del país, en un espacio que se proyecta como signo de unidad, renovación misionera y comunión eclesial.La POIAM ha dispuesto materiales oficiales —entre ellos, el subsidio pastoral, el afiche oficial y piezas digitales— para facilitar la participación activa de las comunidades en esta Jornada, fortaleciendo así su alcance en todo el territorio nacional. Puede acceder a ellos haciendo clic aquí.Finalmente, la Obra encomienda este camino misionero a la intercesión de San Francisco Javier y Santa Teresita del Niño Jesús, patronos de las misiones, para que animen a la Iglesia en Colombia a vivir esta Jornada con espíritu de fe, unidad y entrega generosa.

Lun 27 Abr 2026

Ante crisis humanitaria en varias regiones, Conferencia Episcopal de Colombia hace llamado urgente: “Nada justifica la violencia”

La Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Comunidad de Presidencia, expresa su profundo dolor, consternación y preocupación ante el recrudecimiento de la violencia y la crisis humanitaria que afectan a departamentos como Huila, Cauca, Valle del Cauca, Nariño y Meta.En el comunicado, los obispos rechazan los recientes hechos que han cobrado vidas humanas y dejado múltiples personas heridas, incluyendo población civil, líderes sociales y comunidades vulnerables. Estos hechos, advierten, “hieren la dignidad humana y quebrantan el derecho fundamental a la vida” .Rechazo a la violencia y defensa de la vidaEl mensaje reitera que “nada justifica la violencia” y advierte que toda acción armada contra la población civil constituye “una grave ofensa a Dios y una ruptura del orden moral y social”. En esa misma línea, subraya que “la vida humana es sagrada y debe ser protegida en toda circunstancia” .Asimismo, expresa su cercanía con las víctimas, sus familias y las comunidades afectadas —especialmente indígenas, afrodescendientes y campesinas—, y reafirma su compromiso de acompañar su dolor y ser presencia de esperanza en medio de la adversidad.Llamados urgentes: actores armados, Estado y sociedadEn el comunicado, los obispos exhortan a quienes promueven y ejecutan acciones violentas a “cesar inmediatamente todo acto que atente contra la vida” y a actuar conforme a los principios del derecho internacional humanitario . También advierten que persistir en la violencia “solo profundiza el sufrimiento del pueblo y destruye el tejido social”.De igual forma, instan a las autoridades a redoblar esfuerzos para garantizar la protección de la población, el acceso a bienes esenciales y una presencia integral en los territorios. A la sociedad en general, le recuerdan la necesidad de no caer en la indiferencia y de “organizar la solidaridad y construir caminos de reconciliación”.Los obispos enfatizan que "la crisis humanitaria exige respuestas urgentes, coordinadas y sostenibles".Oración, esperanza y acción desde las comunidadesEl comunicado convoca a intensificar la oración por la paz en Colombia y a promover acciones concretas de ayuda humanitaria en favor de las poblaciones afectadas.Este pronunciamiento emitido por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia se suma a los llamados realizados desde distintas regiones del país por obispos como los de Cali y Popayán, articulando una voz común que insiste en la defensa de la vida y en la urgencia de responder, desde todos los sectores, a la crisis humanitaria que vive el país.

Lun 27 Abr 2026

Entre la promesa y la profecía: acercamiento teológico y discernimiento geopolítico sobre Israel, Irán y Medio Oriente

Por Mons. Mario de Jesús Álvarez Gómez - En el complejo entramado de las relaciones internacionales contemporáneas, pocos escenarios suscitan una atención tan sostenida, una inquietud tan profunda y, simultáneamente, interpretaciones de carácter tan trascendente como la tensión persistente entre el Estado de Israel y la República Islámica de Irán. A primera vista, se trata de una confrontación inscrita en dinámicas de orden geoestratégico, disputas de influencia regional y divergencias ideológicas de carácter estructural. No obstante, en determinados contextos eclesiales y religiosos, dicha realidad es leída a la luz de las Sagradas Escrituras, como si los acontecimientos contemporáneos pudieran identificarse, sin mediaciones hermenéuticas, con la realización directa de designios proféticos previamente anunciados.Tal aproximación exige, por consiguiente, un ejercicio de discernimiento particularmente riguroso, sereno y teológicamente responsable. No se trata de establecer correspondencias inmediatas o asociaciones superficiales entre denominaciones antiguas y configuraciones estatales modernas, sino de examinar con prudencia si el texto bíblico ofrece fundamentos sólidos para una lectura que vincule estos acontecimientos con un cumplimiento profético específico.Para abordar adecuadamente esta cuestión, resulta necesario retornar al trasfondo bíblico en el que aparece Persia, entidad histórica que guarda relación geográfica y cultural con el actual Irán. En la Sagrada Escritura, Persia no se presenta como enemiga de Israel, sino, de manera significativa, como instrumento providencial en la economía de la restauración del pueblo elegido. La figura del rey Ciro constituye, en este sentido, un hito de particular densidad teológica. El profeta Isaías proclama: “Así dice el Señor a Ciro, su ungido, a quien ha tomado de la mano para someter ante él a las naciones y destronar a los reyes; para hacer que las ciudades se rindan y no le cierren las puertas…” (Is 45,1). La designación de un soberano extranjero con el título de “ungido”, categoría de profunda resonancia mesiánica, manifiesta la soberanía absoluta de Dios, quien actúa más allá de las fronteras visibles de su pueblo y dispone incluso de autoridades no israelitas para el cumplimiento de sus designios salvíficos.Esta perspectiva se confirma en el libro de Esdras, que recoge el decreto de Ciro, rey de Persia, autorizando el retorno del exilio y la reconstrucción del templo en Jerusalén: “Habla Ciro, rey de Persia: El Señor, Dios del cielo, me ha dado todos los reinos de la tierra y me ha encomendado construirle un templo en Jerusalén, que está en la región de Judá. El que de ustedes pertenezca a ese pueblo, que su Dios lo acompañe y suba a Jerusalén, que está en la región de Judá, a reconstruir el templo del Señor, Dios de Israel” (Esd 1,2-3). Este testimonio no solo evidencia una relación históricamente favorable entre Persia e Israel, sino que introduce una clave teológica fundamental: la historia de las naciones no se encuentra fuera del señorío divino, sino integrada en su misterioso y providente designio.A la luz de este trasfondo, resulta metodológicamente delicado establecer una identificación directa entre la Persia bíblica y el Irán contemporáneo en términos de enemistad profética. Aun cuando existe una continuidad geográfica e histórica, la configuración política, religiosa y cultural de los Estados modernos no puede ser equiparada de manera automática con los imperios del mundo antiguo. La recta hermenéutica exige, en consecuencia, distinguir con precisión entre tipología bíblica, lenguaje simbólico y cumplimiento literal de las profecías.No obstante, determinados enfoques interpretativos recurren a los capítulos 38 y 39 del libro de Ezequiel, que describen la visión de una coalición de naciones que se levanta contra Israel en los últimos tiempos. En dicho contexto se menciona a Persia: “Persia, Etiopia y Libia van con ellos, todos con escudos y cascos” (Ez 38,5). Este pasaje ha sido objeto de diversas lecturas a lo largo de la tradición exegética, particularmente en momentos históricos marcados por tensiones internacionales.Con todo, es necesario reconocer que la interpretación de estos textos no es unívoca. Una corriente exegética los comprende en sentido futurista y literal, identificando a los pueblos mencionados con entidades estatales contemporáneas. Otra tradición hermenéutica, de carácter más simbólico y teológico, entiende estos oráculos como expresiones propias del lenguaje apocalíptico, cuyo objetivo principal no es delinear con precisión el mapa geopolítico del futuro, sino proclamar la permanente oposición entre las fuerzas del mal y el designio de Dios en la historia. En esta última perspectiva, “Persia” no designaría necesariamente una nación moderna concreta, sino una representación paradigmática de realidades históricas que, en diversos momentos, se oponen al pueblo de Dios.En este horizonte de complejidad interpretativa debe situarse también la dimensión política del conflicto actual. La relación entre Israel e Irán se encuentra determinada por factores múltiples: consideraciones de seguridad nacional, equilibrios de poder regional, estrategias de disuasión, así como redes de alianzas internacionales. La República Islámica de Irán ha desarrollado una política exterior que entra en abierta tensión con la existencia y seguridad del Estado de Israel, mientras que este último percibe en determinados programas militares y nucleares una amenaza de carácter existencial. Tales dinámicas pertenecen, en sentido estricto, al ámbito de la geopolítica contemporánea, y no pueden ser reducidas, sin más, a categorías exclusivamente teológicas o proféticas.En este mismo contexto regional, es necesario ampliar la mirada hacia otros escenarios que integran este entramado de tensiones. La situación en Gaza, tras periodos de intensa conflictividad seguidos de intervalos de relativa contención, ha constituido durante años un foco de grave crisis humanitaria y política, con profundas repercusiones para la estabilidad regional. De igual modo, la realidad del Líbano reviste una particular gravedad y complejidad, especialmente en lo relativo a la presencia de actores armados, no estatales, con significativa capacidad de incidencia militar y política. Las dinámicas que se desarrollan en la frontera norte de Israel no pueden ser comprendidas de forma aislada, sino en el contexto de una red más amplia de relaciones, influencias y confrontaciones indirectas que atraviesan todo el Oriente Medio, configurando un escenario de inestabilidad prolongada y estructural.A este ya complejo entramado se suma la presencia de actores extrarregionales cuya influencia resulta determinante en la configuración del equilibrio estratégico global. Entre ellos, los Estados Unidos de América ocupan un lugar central como principal aliado del Estado de Israel, no solo en el ámbito de la cooperación militar y tecnológica, sino también en el plano diplomático y político. Esta relación, consolidada a lo largo de décadas, introduce una dimensión adicional al conflicto, al situarlo dentro de un sistema internacional más amplio en el que las decisiones de las grandes potencias inciden directamente en la estabilidad del Medio Oriente. En consecuencia, la interacción entre actores regionales y extrarregionales configura un escenario de elevada complejidad, que exige ser abordado con especial rigor analítico y prudencia interpretativa.Sería igualmente incompleto, sin embargo, omitir la influencia que ejercen las narrativas religiosas en la configuración simbólica de estos conflictos. Tanto en determinadas corrientes del Judaísmo y del Islam, como en ciertos sectores del pensamiento cristiano, existen marcos interpretativos que atribuyen a los acontecimientos históricos un significado de carácter espiritual o escatológico. Aunque tales lecturas no determinan de manera directa las decisiones políticas de los Estados, sí influyen en la percepción colectiva de los acontecimientos, contribuyendo en ocasiones a intensificar la carga emocional y simbólica de las tensiones existentes.En este contexto surge una cuestión de notable relevancia teológica: ¿Es legítimo afirmar que la actual tensión entre Israel e Irán, enmarcada en un escenario regional más amplio que incluye Gaza y el Líbano, y en un contexto internacional donde intervienen también potencias como los Estados Unidos, se puede entender como el cumplimiento directo de una profecía bíblica específica? Una aproximación responsable desde nuestra fe exige responder con prudencia y reserva. Si bien las Escrituras contienen referencias a Persia y presentan visiones de conflicto que pueden resonar con la actualidad, no se encuentra en ellas una identificación explícita, inequívoca y directa de los acontecimientos contemporáneos como cumplimiento literal de dichos oráculos.El riesgo de una lectura precipitada o excesivamente literalista de la profecía ha sido advertido reiteradamente a lo largo de la tradición eclesial. La historia muestra numerosos intentos de correlacionar acontecimientos políticos concretos con textos apocalípticos, muchos de los cuales han derivado en interpretaciones erróneas o en lecturas reduccionistas de la complejidad histórica. La sana teología invita, por el contrario, a una hermenéutica marcada por la humildad, el discernimiento y la conciencia de los límites del conocimiento humano ante el misterio del actuar divino en la historia.En última instancia, el valor permanente de los textos proféticos no reside en la precisión cronológica de los acontecimientos que describen, sino en la proclamación de verdades teológicas fundamentales: la soberanía absoluta de Dios sobre la historia, la firme certeza de su justicia y la esperanza escatológica de una restauración plena de la creación. Estas verdades, lejos de quedar circunscritas a contextos históricos determinados, iluminan de manera constante la comprensión creyente de la realidad.Desde esta perspectiva, más que precipitarse a establecer identificaciones definitivas entre los textos sagrados y la coyuntura contemporánea, se impone una actitud de discernimiento eclesial sereno, que reconozca tanto la profundidad espiritual de la historia como la complejidad irreductible de los procesos políticos. De este modo, la reflexión creyente no se orienta hacia la especulación, sino hacia la comprensión responsable, el juicio prudente y la incesante búsqueda de la paz en el mundo, que continúa desenvolviéndose bajo el misterio providente de Dios. En esta línea entendemos y acogemos, como hijos de la Iglesia, el llamado a “una paz desarmada y desarmante” como nos lo viene pidiendo, desde su primer saludo el Papa León XIV. No nos dejemos confundir ni por profecías apocalípticas ni por ataques rastreros a la Sagrada Persona del Papa. Nuestra misión es luchar por hacer claro el Evangelio que siempre será un juicio de paz, armonía, fraternidad y convivencia serena entre las naciones. Y, sintamos como un bálsamo de frescura, la bienaventuranza que nos asegura la filiación divina: “Dichosos los que construyen la paz, porque Dios los llamará sus hijos” (Mt 5, 9).+Mario de Jesús Álvarez GómezObispo de Istmina-Tadó

Vie 24 Abr 2026

Iglesia en Colombia traza prioridades para la Pastoral Social ante la pobreza, la exclusión y otros desafíos sociales

Del 21 al 23 de abril, 60 directores, directoras y delegados de las pastorales sociales de las jurisdicciones eclesiásticas de Colombia se reunieron en Bogotá. El objetivo del encuentro fue articularse como equipos de trabajo y vincular a los equipos nacionales en torno a las realidades sociales, pastorales y territoriales del país.Orientaciones de los obispos para el discernimiento pastoralMonseñor Juan Carlos Barreto Barreto, obispo de Soacha y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, invitó a recordar los siete objetivos del Laudato Sí: escuchar el grito de la tierra y el grito de los pobres, educación ecológica, economía ecológica, espiritualidad ecológica, estilo de vida sostenible y empoderamiento de las comunidades. Señaló que la teología de la creación no ha sido suficientemente incorporada en los procesos formativos, y que muchas comunidades aún consideran que estos temas no son espirituales o religiosos. Destacó que la Laudate Deum es un grito urgente ante un momento crítico para la humanidad. Subrayó la necesidad de integrar el sentido de fe, el sentido crítico y la territorialidad.Monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya, obispo de Montería y también miembro de esta comisión episcopal, recordó que la Iglesia tiene que cuidar la vida como algo sagrado porque es de Dios. Señaló que, en este trabajo, también hay que reconocer el dolor de quienes han sido víctimas, así como el hecho de que muchos victimarios también han sido víctimas, en una cadena que se ha ido ampliando. Puso el foco en la afectación a los jóvenes y afirmó que Colombia tiene posibilidades para construir caminos de vida, y que la Iglesia tiene la clave. Su llamado fue a poner la vida como eje central de la misión.El padre Arturo Arrieta Aguas, director de la Pastoral Social de la Diócesis de Palmira, también desde su experiencia en la Red Clamor, recordó que las personas en movilidad humana no son cifras, sino rostros, historias y trayectorias marcadas por múltiples formas de violencia y resistencia. Señaló la necesidad de superar las ideologías y que la Iglesia debe ser una fuerza transformadora que exija justicia, cuidado de la casa común y conversión ecológica.Diagnóstico regional y desafíos comunesEl trabajo por regiones permitió identificar desafíos sociales y retos pastorales compartidos. En la región Caribe y en Cundiboyacense se señalaron problemáticas como la inseguridad, la presencia de grupos armados en varios territorios, la pobreza multidimensional, la presencia significativa de población migrante, el aumento de habitantes de calle, las dificultades en salud mental -especialmente en jóvenes y adultos mayores- y los problemas derivados de modelos de desarrollo que generan exclusión y desigualdad.Entre los desafíos sociales de contexto acordados a nivel nacional se destacaron:1.Fragilidad en el tejido social y crisis humana.2.Problemas en la aplicación de los modelos de desarrollo que generan exclusión y desigualdad social.3.Débil articulación, conocimiento y respuesta institucional que ha generado asistencialismo.Principales retos pastorales identificados:1.Fortalecer el liderazgo pastoral y la gobernanza para la acción social y territorial. Se reconoció una necesidad de fortalecimiento en Doctrina Social de la Iglesia y Desarrollo Humano Integral, así como debilidades en la formación sacerdotal y en los seminarios.2.Renovar las metodologías para articular teorías y prácticas en contexto, aportando al desarrollo humano integral. Se señaló la necesidad de superar el asistencialismo y avanzar hacia procesos de dignificación.3.Consolidar la articulación al interior y por fuera de la Pastoral Social, pensando desde "proceso" y no desde actividades aisladas.Experiencias significativasSe compartieron experiencias pastorales que están dando resultados reales. En la región Caribe, se destacó el trabajo con bancos de alimentos articulados a comedores comunitarios y procesos de formación para mujeres. En la región Cundiboyacense, se destacaron experiencias en bancos de alimentos, formación de líderes, procesos de arte y cultura con niños y jóvenes, y acompañamiento a población migrante.Un aprendizaje transversal fue que los bancos de alimentos, la formación de líderes y los procesos de desarrollo humano funcionan mejor cuando se conciben como procesos integrales, y que requieren respaldo diocesano explícito y formación permanente.Prioridades para el trabajo nacionalEl encuentro definió tres prioridades para el trabajo articulado de la Pastoral Social en Colombia:1.Animación y acompañamiento permanente del Secretariado Nacional al trabajo de las provincias eclesiásticas, priorizando la agenda nacional y atendiendo las necesidades de las provincias.2.Los bancos de alimentos son experiencias con resultados tangibles que requieren articulación desde lo nacional para su impacto y fortalecimiento.3.Procesos de acompañamiento a niñas, niños y jóvenes desde el desarrollo humano integral, a través de huertas, artes, danzas, música y educación.Discernimiento sobre la identidad de la Pastoral SocialEn el momento "Juzgar", inspirado en la Dilexi te, los participantes reflexionaron sobre si la Pastoral Social está directamente vinculada con el evangelio, sobre si todavía se sabe escuchar a los pobres.Se definió colectivamente la identidad de la Pastoral Social: son quienes promueven el desarrollo integral a la luz del Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia con enfoque social; son la predicación del Evangelio con acciones concretas en las heridas de las comunidades; son un puente misericordioso por el cual el Evangelio llega a las personas en medio de sus situaciones.La frase síntesis del encuentro fue: "Somos la predicación del Evangelio con acciones concretas en las heridas de nuestras comunidades que sana y salva".Lo que vieneEl encuentro permitió consolidar acuerdos para avanzar en una articulación efectiva entre el Secretariado Nacional y las jurisdicciones eclesiásticas, con prioridades claras y un horizonte de trabajo centrado en el desarrollo humano integral, el cuidado de la casa común y el acompañamiento a las poblaciones más vulnerables. Durante este 2026, en el que se conmemoran los 70 años de Cáritas Colombiana, la invitación es a renovar la identidad y misión de la Pastoral Social al servicio de las comunidades.

Vie 24 Abr 2026

La Voz del Pastor | 26 de abril de 2026

Reflexión del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia: Lectura del Santo Evangelio según San Juan 10, 1-10