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“Uno sigue siendo el ser humano pequeño, frágil, que sufre, que se equivoca”: Mons. Rueda Aparicio
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Antes de viajar a Roma para ser creado cardenal de la Iglesia Católica Universal por el papa Francisco el próximo sábado 30 de septiembre, en una conversación tan sencilla como su esencia misma, monseñor Luis José Rueda Aparicio, compartió detalles de su historia de vida con el equipo de comunicaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, organismo que preside desde el año 2021.
“La cuestión es que cuando lo eligen a uno cardenal, generalmente la figura es muy superficial. Miran desde afuera, se les olvida que los miembros de la Iglesia somos seres humanos de carne y hueso, que nacimos en una familia”, inicia afirmando el prelado.
Durante la conversación, el arzobispo santandereano narró detalles que hasta hoy han sido poco conocidos públicamente. Algunos muy íntimos, otros, familiares y los demás, asociados a su camino pastoral. Todos dan cuenta de cómo ha influido su origen humilde, el ejemplo y amor de su familia, lo que ha aprendido de sus hermanos en la fe, las realidades de las tres jurisdicciones eclesiásticas que ha pastoreado y sus convicciones éticas y sociales, en quien es hoy.
“A la Iglesia le debo todo”
Con convicción y gratitud profunda monseñor Luis José, bautizado a los 15 días de nacido, como sus otros 11 hermanos, afirma que a la Iglesia le debe todo. Sin embargo, hace una precisión: “A la Iglesia pueblo de Dios, no a la Iglesia solamente “jerarquía”. Porque cuando se habla de la Iglesia unos piensan en los obispos, en el Papa, en los sacerdotes, y se les olvida que papá y mamá, que los hermanos laicos, que los casados, que los sobrinos, las sobrinas, son Iglesia”.
El primado de Colombia cuenta, por ejemplo, que gracias a Dios, a través de uno de los sacerdotes de su tierra natal, para quien su padre trabajó en la construcción de un templo, él y su familia, lograron tener casa propia.
“¿Cuál es la historia? En San Gil, hasta 1950, solamente había una parroquia. Pero en esa década ya empezó San Gil a crecer un poquito más, entonces el obispo de ese tiempo dice: “Nos toca crear otra parroquia” y un donante dice “yo”, y donó un terreno y otro donante donó otro terreno. Entonces el párroco de ese tiempo se ve en el dilema de no rechazar a los dos donantes y los dos lotes buenos para ser parroquia”, cuenta el pastor.
“Optó por uno y se la jugó por otra medida”-continúa explicando-, “dijo entonces al otro donante: “Allá en el lote que nos donó, no vamos a construir el templo, pero vamos a construir siete casas. En el templo duraron más de cinco años construyendo el templo y mi papá, que trabajaba en construcción, Luis Emilio, trabajó todos los años””.
Cuenta después que sorpresivamente y con una especie de “responsabilidad social eclesial”, el sacerdote terminó asignándoles con escritura cada una de esas casas a siete de los trabajadores que permanecieron siempre en la obra. “Por eso tenemos casa propia”, puntualiza monseñor. Casa que aún conservan como patrimonio familiar, que visita y en la que comparte con los suyos cada vez que su ministerio se lo permite.
Sobre su infancia, hay detalles muy especiales en el relato. “Los vecinos del barrio, los que me conocen en San Gil saben que no era un ángel, que era normal, tampoco era un vago porque trabajábamos mucho, pero pero éramos normales, sin pretender santidades que no existen. Pero algo sí era muy importante: todo los domingos, misa y comunión”, comenta monseñor.
Uno de los 21 nuevos cardenales que tendrá próximamente la Iglesia, el hijo de Luis Emilio y Socorro, junto a sus hermanos y como seguramente muchos otros de su época, llegaba a acuerdos con su padre para participar de la Eucaristía dominical: “Llegó la adolescencia y nosotros le negociábamos a mi papá: no vamos a la misa de diez porque nos corta la mañana, no vamos en la noche porque en la noche es mejor ir con las amigas. Entonces más bien, madrugamos a Misa y salimos de eso. Era la forma de decirle a mi papá y él decía “listo entonces, pero van a misa y comulgan. Y esa era nuestra tarea”.
Ese adolescente también experimentó su vida afectiva. Vivió desde el inicio del bachillerato y durante seis años, una relación muy especial con Nancy, una joven a la que quiso mucho y con quien compartía, entre otros, su gusto por jugar ping pong durante largas horas. Además, es seguidor del fútbol (hincha del Atlético Bucaramanga, por cierto), aprendió de construcción gracias a su padre y de metalistería gracias a su colegio, derramó lágrimas durante su servicio militar obligatorio del que fue “rescatado” por su madre en La Guajira y más adelante, se vinculó al laboratorio de una cementera.
“Yo pasaba de la empresa la casa por un templo donde está el cementerio de San Gil y yo entraba a rezar un ratico con mi uniforme, con mi overol y yo veía al Cristo, era un Cristo crucificado, pero con los ojos abiertos. Hasta ahora entiendo que era un Cristo agonizante, no estaba muerto, no es un Cristo con los ojos abiertos. Yo decía: pero, ¿Él está muerto o está vivo? Porque tiene los ojos abiertos. Y me impresionaba mucho y eso se me fue metiendo, hasta que un día le dije a ella: yo quiero ser sacerdote”.
A monseñor Rueda le costó entender su vocación por esa “extraña” manera en que sintió el llamado a los 19 años de edad. En aquella época hasta llegó a pensar que ingresar al seminario podía ser una especie de traición a Nancy, con quien seguía compartiendo; también a su familia, pues él aportaba para el sostenimiento de su casa, ya su padre estaba enfermo, irse limitaba por completo sus posibilidades de seguirlo haciendo.
Tomar la decisión de iniciar su vida sacerdotal fue una reto, pero lograr que le creyeran y poder ingresar al Seminario Conciliar San Carlos de San Gil, significó uno mayor. Aunque su padre lo había animado a dar el primer paso para empezar ese camino, advirtiéndole que debía hacerlo bien, varias pruebas se le cruzaron en él, entre ellas, lograr que algún sacerdote le diera una especie de “carta de recomendación”.
“Yo quiero ser sacerdote. ¿Pero eso cómo es, señor obispo?”
“Yo quiero ser sacerdote. ¿Pero eso cómo es, señor obispo? ¿Entonces él se rió, me atendió, era una persona muy seria, muy respetuoso y me dijo Usted tiene novia? Yo dije Sí, le digo que sí. Me dice váyase, no sé cómo será eso. ¿Y yo le dije no, así como tal, no? Y entonces él me dijo: Es bueno que consiga una amiga, que usted experimente su afectividad, que interactúe con ella. Salí aburrido de ese diálogo, debí haberle dicho la verdad a monseñor Víctor”, cuenta, con cierta emotividad, el hoy presidente del episcopado colombiano, al referirse a su primera conversación con monseñor Victor López Forero, el arzobispo emérito de Bucaramanga, en ese tiempo…,quien precisamente el pasado 23 de septiembre partió a la casa del Señor.
Aunque finalmente consiguió esa carta con el capellán del Colegio Nacional San José de Guanentá Integrado de San Gil, uno de los cinco por los que pasó porque, coincidencialmente, los cerraban o se trasladaba. Él mismo cuenta que no fue realmente activo a nivel de vida parroquial. Aunque la Misa de los domingos y el rezo del Santo Rosario en su hogar, eran sagrados, no fue de participar activamente en comunidades ni grupos. De hecho, recuerda que en esa exploración, una de las primeras cosas que hizo fue ir a una convivencia vocacional y no le gustó.
“Uno aprende a ser cura con la gente”
Finalmente monseñor Luis José ingresó al seminario, disfrutó de su proceso y tras terminarlo, a los 27 años de edad, fue enviado por monseñor Leonardo Gómez Serna, a una parroquia rural en una localidad llamada Albania que en ese tiempo pertenecía a la Diócesis de Socorro y San Gil y estaba ubicada a siete horas de San Gil.
“Quiero advertirle que de allí se han retirado cuatro sacerdotes por distintos motivos. Uno por el alcoholismo, otro porque se enredó con una dama, pero yo confío en usted y está listo”, le dijo monseñor Gómez Serna al Luis José Rueda de aquella época, aún inexperto, que jamás llegó si quiera a sospechar la misión que el Santo Padre le encomendaría hoy. “Y me di cuenta de una cosa que uno en el seminario aprende la teoría, pero que uno aprende a ser cura con la gente”, agregó con firmeza el cardenal electo.
Hoy, 33 años después de ordenado, recuerda con cariño pero también con cierta sorpresa su camino episcopal. Tres jurisdicciones pastoreadas en regiones muy distintas, un periodo en la presidencia del episcopado que terminará en julio del 2024 junto a sus hermanos monseñor Omar Alberto Sánchez Cubillos y Luis Manuel Alí Herrera, vicepresidente y secretario general de la Conferencia, respectivamente. Ademas, una gran cantidad y diversidad de lugares y personas que ha podido conocer, desde los más humildes y necesitados, hasta las personalidades más destacadas de la vida social y política del país.
“Yo pensé que los obispos eran de familias ricas”
Aunque significó una alegría muy grande para sus coterráneos, la noticia de que el papa Benedicto XVI lo había nombrado obispo de la Diócesis de Montelíbano fue toda una sorpresa, no solo para él sino también para su familia.
“El día que avisaron que iba a ser obispo yo ya sabía, pero toca guardarlo en secreto. Y uno está ahí, como con “el entre pecho y espalda”, con ese secreto. Cuando ya se supo, hubo mucha alegría en la familia y en San Gil. Solo en la tarde pude ir a comer con mi madre y le dije, Y ella dijo: “Yo pensé que los obispos eran de familias ricas”. Fue la expresión que nunca se me olvida”, narró monseñor.
El prelado partió hacia esta Iglesia particular en Córdoba, región que no conocía, en la que tuvo que acompañar durante seis años a las comunidades en medio de complejos retos del contexto social por cuenta de situaciones asociadas al conflicto armado, pero a la que quiso mucho.
“Yo aprendí a ser obispo con los sacerdotes”
“Estando allá, cambia la ruta porque renuncia Benedicto y nombran a Francisco, y Francisco me pasó a Popayán y yo llegué a ser Arzobispo de Popayán. Eso es una cosa muy grande, pero uno sigue siendo el ser humano pequeño, el ser humano frágil, el ser humano que sufre, que se equivoca”, afirma monseñor.
Al conocer y celebrar la Eucaristía en todas sus parroquias, monseñor Luis José se enamoró del Cauca, de su gente, su cultura y su geografía. Sin embargo, no había cumplido los dos años aún y es notificado en mayo de 2018, a través de monseñor Luis Mariano Montemayor, nuncio apostólico en Colombia durante esta época, que el Santo Padre lo había nombrado arzobispo de Bogotá.
“¡No puede ser! ¿Suceder a monseñor Rubén Salazar Gómez? ¡Esas son palabras con mayúscula sostenida!”
La capital, tan grande y diversa, recibió en junio de 2020 a monseñor Luis José, en plena época de confinamiento obligatorio por la pandemia del COVID-19. Los retos de esa época y la responsabilidad tan enorme que sentía en ese nuevo encargo eran inmensos.
Su misión en Bogotá y, al tiempo, la tarea de presidir el episcopado colombiano, le han permitido al arzobispo hacer llegar un mensaje más directo a diferentes actores y sectores frente a sus preocupaciones por las realidades que vive hoy el país. Su insistencia en la defensa de la vida y en la necesidad de construir la reconciliación y la paz, desde la justicia, el amor y el respeto por los derechos humanos, han sido permanentes.
“Y aprendí a conocer Bogotá y a amarla, y a darme cuenta de que Bogotá no es lo que otros piensan desde fuera. Algunos dicen Bogotá tiene dos partes el sur y el norte, falso, Bogotá tiene una multiplicidad. En el norte hay periferias existenciales, en el sur hay belleza, riquezas, hay de todo”, afirma monseñor Rueda, al tiempo que recuerda su gusto por haberse podido acercar e involucrar con la realidad de los habitantes de calle.
“Como dice el Papa, yo he cometido muchos pecados, pero yo he sido misericordiado por el Señor”.
Enterarse de la noticia de su designación como Cardenal el pasado 9 de julio, fue más inesperada aún. La semana previa había finalizado la asamblea plenaria del episcopado y justamente, un día antes, la Iglesia colombiana iniciaba su luto por la partida de monseñor Elkin Fernando Álvarez Botero, obispo de Santa Rosa de Osos.
Esa noticia, que llegó para el país como un bálsamo de esperanza, pareciera aún increíble para monseñor Rueda Aparicio. “El Papa me mandó una carta muy bonita, una carta privada personal donde me anima, donde me dice: “Ahora entra al Colegio Cardenalicio” y lo que eso significa en clave de servicio, en clave de unidad con el Papa, con el sucesor de Pedro y de martirio. Y por eso debe estar dispuesto”, expresa con actitud de obediencia el arzobispo de Bogotá.
Luis José Rueda Aparicio, no solo el del nuevo título que recibirá en la Santa Sede, sino el ser humano, el hijo, el hermano, el tío, el primo, el amigo, narra que mirar hacia atrás, le da la oportunidad de darse cuenta cómo su vida se la ha ido transformando el Señor. Termina su relato afirmando que más allá de las pruebas, ama a Dios, a la Iglesia y al país y está dispuesto a entregar su vida.
Vea la entrevista completa aquí:
Defendiendo la vida desde la familia
Jue 30 Jul 2026
La Eucaristía: centro de la vida eclesial
Mar 14 Jul 2026
La familia es un bien social primario
Mar 14 Jul 2026
Mié 29 Jul 2026
Disponible la quinta edición de Actualidad Teológica, dedicada a la formación de los futuros presbíteros en Colombia
La Comisión Episcopal de Doctrina y el Departamento de Doctrina de la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) presentaron la quinta edición del boletín Actualidad Teológica, una publicación que, en esta oportunidad, ofrece a la Iglesia en el país el documento "Formar presbíteros para una Iglesia sinodal misionera. La formación presbiteral en Colombia en clave sinodal misionera: fundamentos, diagnóstico y propuestas para el discernimiento episcopal".Esta edición reviste un significado especial porque recoge la reflexión teológico-pastoral preparada por el Comité Teológico Consultivo y la Comisión Episcopal de Doctrina como insumo para la CXXI Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano, celebrada a inicios del mes de julio de 2026 y dedicada al tema de la formación inicial al presbiterado en perspectiva sinodal misionera.Más que ofrecer respuestas definitivas, el documento busca enriquecer el discernimiento frente a uno de los desafíos más importantes para la vida de la Iglesia: formar presbíteros capaces de ejercer su ministerio desde la comunión, la participación y la misión, en consonancia con el camino sinodal impulsado por la Iglesia universal. Para ello, integra fundamentos doctrinales y magisteriales, un análisis de la realidad colombiana y diversas propuestas orientadas a fortalecer los procesos de formación sacerdotal.Una reflexión desde los desafíos de la Iglesia en ColombiaEl documento parte del reconocimiento de que la formación presbiteral debe responder a las realidades sociales, culturales y eclesiales del país. En ese sentido, plantea que los futuros sacerdotes requieren una preparación que los capacite para acompañar los procesos de reconciliación, afrontar las desigualdades sociales, dialogar con una sociedad cada vez más plural y ejercer un ministerio cercano al Pueblo de Dios.Entre los principales desafíos identificados se encuentran la necesidad de fortalecer la vinculación de los seminarios con la realidad social y pastoral de las comunidades; favorecer una formación que integre de manera equilibrada las dimensiones humana, espiritual, intelectual y pastoral; preparar mejor a los formadores; promover una mayor corresponsabilidad de la comunidad eclesial en los procesos formativos; fortalecer el discernimiento comunitario y ampliar la participación cualificada de laicos y mujeres en diversos ámbitos de la formación, de acuerdo con las competencias y responsabilidades propias de cada uno dentro de la vida de la Iglesia.Asimismo, la publicación subraya la importancia de formar sacerdotes con capacidad para el diálogo ecuménico e interreligioso, comprometidos con la construcción de la paz, la justicia social y el cuidado de la casa común, preparados para leer los signos de los tiempos y anunciar el Evangelio en los diversos contextos de la Colombia actual.Un aporte para el discernimiento eclesialEn su presentación, el boletín señala que esta quinta edición pone a disposición de obispos, formadores, teólogos, seminaristas, agentes de pastoral y demás lectores interesados una reflexión orientada a enriquecer el diálogo eclesial y contribuir a la formación de pastores "comprometidos con la comunión, la participación y la misión". Además, expresa el deseo de que su lectura favorezca el discernimiento, suscite nuevas preguntas y fortalezca el compromiso con la renovación de la formación presbiteral al servicio de una Iglesia sinodal misionera.La Conferencia Episcopal de Colombia pone esta nueva edición de Actualidad Teológica a disposición de quienes deseen profundizar en este tema. El boletín puede consultarse y descargarse aquí.
Mar 28 Jul 2026
"Quiero ser un obispo que cuide la esperanza del pueblo": Mons. Arnulfo Moreno Quiñonez tras ser ordenado Obispo Auxiliar de Cali
La Catedral Metropolitana de San Pedro Apóstol de Cali fue escenario, este sábado 25 de julio, de la solemne celebración eucarística en la que monseñor Arnulfo Moreno Quiñonez fue ordenado como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cali.La Eucaristía fue presidida por monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, arzobispo de Cali, y contó con la participación de monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia; monseñor Alfonso García López, obispo del Vicariato Apostólico de Guapi; el secretario encargado de la Nunciatura Apostólica en Colombia; los obispos de la Provincia Eclesiástica de Cali y de otras jurisdicciones del país; sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas, familiares y numerosos fieles. También asistieron autoridades civiles, entre ellas, el alcalde de Santiago de Cali, Alejandro Eder.La celebración coincidió con la solemnidad de Santiago Apóstol, patrono de la capital vallecaucana, una fecha que el arzobispo de Cali calificó como especialmente significativa para acoger el ministerio del nuevo obispo.Un don para la Iglesia de Cali y para la Iglesia UniversalAl iniciar su homilía, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez expresó la alegría de la Arquidiócesis por el nombramiento de dos nuevos obispos auxiliares realizado por el Papa León XIV: monseñor Arnulfo Moreno Quiñonez y el padre Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo, sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín, cuya ordenación episcopal tendrá lugar el próximo 1 de agosto.El Arzobispo agradeció al Santo Padre por estos nombramientos y destacó la generosa respuesta de ambos sacerdotes al llamado recibido para servir a la Iglesia."Los obispos no hacen carrera; son llamados por Dios"Durante su reflexión, monseñor Luis Fernando recordó que el ministerio episcopal nace de la elección del Espíritu Santo y no de una aspiración personal.Apoyado en el decreto Christus Dominus del Concilio Vaticano II, explicó que los obispos, como sucesores de los apóstoles, están llamados a perpetuar la misión de Cristo, Buen Pastor, mediante el anuncio fiel del Evangelio y el servicio al Pueblo de Dios.Al referirse a la historia vocacional de monseñor Arnulfo, evocó sus raíces en el Vicariato Apostólico de Guapi y destacó que Dios llama desde las periferias de la Iglesia para confiar grandes responsabilidades pastorales."El Señor llama a quien quiere", afirmó monseñor Rodríguez, al recordar que el nuevo obispo proviene de una tierra marcada por profundas riquezas humanas y culturales, pero también por desafíos como la pobreza, el abandono y la violencia.Un pastor llamado a fortalecer la esperanzaEn su homilía, el arzobispo de Cali invitó al nuevo obispo a ejercer un ministerio caracterizado por la cercanía, la fidelidad al Evangelio y el servicio.También advirtió sobre los desafíos que enfrenta la humanidad en la actualidad y recordó la necesidad de custodiar siempre la dignidad de la persona humana, promover la paz, la solidaridad, el cuidado de la creación y la fraternidad, principios esenciales de la doctrina social de la Iglesia.Al explicar el lema episcopal elegido por monseñor Arnulfo —"¿A quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (Jn 6,68)— señaló que estas palabras resumen la misión del obispo: conducir al pueblo hacia Cristo y salir al encuentro de quienes esperan una palabra de esperanza.El Episcopado colombiano le dio la bienvenida al nuevo obispoDurante la celebración fue leída la carta enviada por la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Colombia, integrada por monseñor Francisco Javier Múnera Correa, presidente; monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, vicepresidente, y monseñor Germán Medina Acosta, secretario general.En el mensaje, los obispos expresaron su alegría por la ordenación episcopal y dieron la bienvenida a monseñor Arnulfo Moreno al Colegio Apostólico que peregrina en Colombia.Asimismo, destacaron que su lema episcopal será inspiración permanente para anunciar el Evangelio con valentía, acompañar al Pueblo de Dios con cercanía y esperanza, y testimoniar la misericordia de Cristo en medio de los desafíos actuales.La Presidencia de la Conferencia Episcopal encomendó además su ministerio a la protección de la Santísima Virgen María y de San José, pidiendo al Señor que le conceda sabiduría para discernir, fortaleza para servir y un corazón de pastor capaz de reflejar la ternura de Cristo."Quiero ser el obispo que cuide la esperanza del pueblo"En sus primeras palabras como obispo, monseñor Arnulfo Moreno expresó su gratitud a Dios, al Papa León XIV, a los obispos presentes, a sus formadores, a los sacerdotes, religiosos, seminaristas, familiares y a las comunidades del Vicariato Apostólico de Guapi y de la Arquidiócesis de Cali que han acompañado su camino vocacional.Al profundizar en el significado de su lema episcopal, afirmó que las palabras de san Pedro expresan la certeza de que únicamente Jesucristo ofrece la respuesta definitiva a las búsquedas del ser humano, especialmente en un contexto marcado por la violencia, el miedo, la polarización y la incertidumbre.Inspirado en una conocida expresión del Papa Francisco, manifestó el estilo pastoral con el que desea ejercer su ministerio:"Quiero ser el obispo que camine delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo; en medio, con cercanía sencilla y misericordiosa; y detrás, para acompañar a quienes más lo necesitan."Finalmente, encomendó su ministerio a la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de los Remedios, patrona tanto de la Arquidiócesis de Cali como del Vicariato Apostólico de Guapi, así como al apóstol Santiago, patrono de la capital vallecaucana.Cali se prepara para recibir a su segundo obispo auxiliarDurante la celebración también se elevó una acción de gracias por la próxima ordenación episcopal del padre Luis Fernando de Jesús Pérez Agudelo, sacerdote de la Arquidiócesis de Medellín, nombrado igualmente por el Papa León XIV como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Cali. Tendrá lugar el próximo sábado 1 de agosto en Medellín, con lo que se completará el servicio de los dos nuevos obispos auxiliares llamados a fortalecer la misión evangelizadora de la Iglesia que peregrina en Cali.
Jue 23 Jul 2026
Conferencia Episcopal de Colombia publica orientaciones para el trato pastoral con entidades religiosas y grupos no católicos
La nueva publicación ofrece criterios teológicos, pastorales, canónicos y legales para orientar el trato con entidades religiosas y grupos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica, promoviendo una respuesta fundamentada en la verdad, la caridad, el diálogo y el respeto por la libertad religiosa.Ante los desafíos que plantea el creciente pluralismo religioso en Colombia, la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC), a través de su Comisión Episcopal y del Departamento de Promoción de la Unidad y el Diálogo, publica el documento "Orientaciones Pastorales para el trato con Entidades Religiosas y Grupos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica", una herramienta que ofrece criterios teológicos, pastorales, canónicos y legales para fortalecer el discernimiento y orientar la acción evangelizadora de las jurisdicciones eclesiásticas del país.La publicación responde a una realidad marcada por la creciente diversidad de expresiones religiosas, la movilidad social, la influencia de los medios de comunicación y las redes sociales, así como por los desafíos pastorales que estas dinámicas plantean para la misión de la Iglesia. Desde esta perspectiva, el documento busca ofrecer elementos de reflexión y líneas de acción que permitan afrontar estas realidades con serenidad, responsabilidad y fidelidad a la identidad eclesial.Una herramienta para fortalecer el discernimiento pastoralEl documento parte de una premisa esencial: distinguir adecuadamente las diversas realidades religiosas presentes en el país. Por una parte, reconoce a las Iglesias y comunidades eclesiales que no están en plena comunión con la Iglesia Católica, pero con las cuales existe un diálogo ecuménico auténtico, promovido por el Magisterio. Por otra, aborda el fenómeno de entidades o grupos que se presentan públicamente como "católicos" sin estar en comunión con la Iglesia Católica Apostólica y Romana, ni contar con reconocimiento de la autoridad eclesiástica competente, situación que puede generar confusión entre los fieles.Lejos de promover actitudes de confrontación, el documento insiste en que la respuesta pastoral debe estar inspirada por la verdad y la caridad. En ese sentido, recuerda que todas las personas merecen respeto, al tiempo que subraya la importancia de custodiar la claridad sobre la identidad y la comunión eclesial. Asimismo, plantea tres objetivos fundamentales: ofrecer criterios doctrinales, canónicos y pastorales comunes; brindar orientaciones para actuar con prudencia y firmeza en las jurisdicciones eclesiásticas; e invitar a revisar la propia acción evangelizadora, fortaleciendo el acompañamiento, la cercanía y la formación de los fieles.Un documento que integra cuatro dimensionesUno de los principales aportes de esta publicación es su enfoque integral. Además de desarrollar el fundamento teológico de la comunión eclesial, ofrece orientaciones pastorales para el acompañamiento de los fieles, criterios canónicos para diversas situaciones que pueden presentarse en las jurisdicciones eclesiásticas y un amplio marco jurídico sobre la libertad religiosa en Colombia. Esta articulación brinda herramientas para actuar con claridad, prudencia y respeto por el ordenamiento legal vigente.La comunión, eje central de las orientacionesEl documento presenta la comunión eclesial como el criterio teológico fundamental para comprender la identidad de la Iglesia. Desde esta perspectiva, recuerda que la plena comunión no depende de compartir símbolos, vestiduras o formas externas de celebración, sino de la unidad en la fe, en los sacramentos y en el gobierno eclesiástico, en comunión con el Sucesor de Pedro y con los obispos unidos a él.A partir de este principio, explica por qué resulta necesario distinguir entre las Iglesias históricas con las que la Iglesia Católica mantiene un diálogo ecuménico reconocido y aquellos grupos que adoptan externamente elementos propios del catolicismo sin pertenecer realmente a su comunión eclesial. Esta diferenciación, precisa el texto, no responde a criterios de exclusión, sino a la necesidad de custodiar la verdad de la fe, la comunión eclesial y el bien espiritual del Pueblo de Dios.Orientaciones para fortalecer la acción evangelizadoraAdemás de ofrecer elementos de comprensión sobre esta realidad, la publicación propone diversas líneas de acción para fortalecer la misión pastoral de la Iglesia.Entre ellas, invita a intensificar la presencia evangelizadora en territorios donde existe menor acompañamiento eclesial; consolidar comunidades acogedoras; fortalecer la formación permanente de sacerdotes y laicos; profundizar en el conocimiento del ecumenismo, del diálogo interreligioso y de la legislación colombiana sobre libertad religiosa; favorecer una mayor cercanía entre obispos, presbíteros y fieles; e impulsar medidas de identificación y prevención que ayuden a los católicos a reconocer a los ministros y lugares de culto legítimamente vinculados a la Iglesia.El documento también desarrolla orientaciones canónicas relacionadas con la celebración de los sacramentos y recuerda criterios legales que deben orientar el trato con las demás entidades religiosas, siempre dentro del respeto por la libertad religiosa garantizada por la Constitución y la legislación colombiana. En este ámbito, exhorta a evitar expresiones peyorativas o descalificaciones hacia otras comunidades religiosas y a actuar con prudencia, respeto y rigor jurídico.Un aporte para la vida pastoral de la Iglesia en ColombiaCon esta publicación, la Conferencia Episcopal de Colombia ofrece un recurso de consulta para obispos, presbíteros, diáconos, religiosos, agentes de pastoral y demás responsables de la acción evangelizadora, favoreciendo un discernimiento pastoral informado y una respuesta coherente con la doctrina de la Iglesia, el derecho canónico y el ordenamiento jurídico colombiano.¿Dónde adquirir la publicación?La publicación "Orientaciones Pastorales para el trato con Entidades Religiosas y Grupos que no están en plena comunión con la Iglesia Católica" ya se encuentra disponible en formato impreso a través de la Librería de la Conferencia Episcopal de Colombia.Los interesados pueden realizar sus pedidos a través de los siguientes canales:WhatsApp: 313 880 8447Correo electrónico: [email protected]: (601) 915 7779, extensión 125Horario de atención: Lunes a viernes, de 8:00 a.m. a 12:30 p.m. y de 1:30 p.m. a 4:30 p.m.Vea el mensaje del padre Carlos Guillermo Arias:
Mié 22 Jul 2026
Entre el mar, los ríos y las carreteras: así celebraron los colombianos a la Virgen del Carmen
Procesiones marítimas y fluviales, eucaristías, bendiciones de vehículos, caravanas, cabalgatas y otras manifestaciones de religiosidad popular marcaron este 16 de julio la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen en las distintas jurisdicciones eclesiásticas de Colombia. Aunque la celebración se vivió en todo el territorio nacional, este recorrido recoge algunas de las expresiones con las que diversas Iglesias particulares renovaron una de las devociones marianas más arraigadas en la historia del país.Cada 16 de julio, Colombia vuelve a mirar hacia una misma Madre. Desde las costas del Caribe hasta las selvas de la Amazonía; desde las grandes ciudades hasta los pueblos ribereños; desde las carreteras hasta los ríos que conectan comunidades enteras, la solemnidad de Nuestra Señora del Carmen reúne a miles de fieles que encuentran en María un signo de protección, esperanza y cercanía en los caminos de la vida.Este año no fue la excepción. En las distintas jurisdicciones eclesiásticas del país, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos prepararon y celebraron esta fiesta con eucaristías, procesiones, bendiciones de escapularios y vehículos, jornadas de oración y numerosas expresiones de religiosidad popular que siguen transmitiéndose de generación en generación.Aunque las celebraciones se extendieron por todo el territorio nacional, este recorrido presenta algunas de las manifestaciones de fe que hicieron visible la riqueza pastoral, cultural y espiritual con la que algunas de las Iglesias particulares conmemoraron una de las solemnidades marianas más significativas del calendario litúrgico.Cartagena: donde la fe navega al encuentro de Stella MarisEn pocas ciudades de Colombia la celebración de la Virgen del Carmen tiene una imagen tan representativa como en Cartagena. Allí, la devoción mira hacia el mar.Cada año, cientos de embarcaciones recorren la bahía hasta llegar a Stella Maris (Estrella del Mar), la monumental escultura de mármol de la Virgen del Carmen que desde hace décadas custodia las aguas cartageneras y se ha convertido en uno de los símbolos religiosos más emblemáticos de la ciudad.La imagen también guarda una historia que fortaleció aún más el vínculo de los cartageneros con su patrona. En agosto de 2015 un rayo la derribó, fragmentándola en múltiples piezas que fueron recuperadas del fondo de la bahía gracias a una compleja operación liderada por la Armada Nacional. Tras un cuidadoso proceso de restauración, la escultura volvió a ocupar su lugar y, el 10 de septiembre de 2017, recibió la bendición del papa Francisco durante su visita apostólica a Colombia.Precisamente hasta ese monumento llegó este año la tradicional procesión náutica organizada por la Arquidiócesis de Cartagena, una celebración que volvió a unir la espiritualidad mariana con la identidad marítima de la Heroica.La jornada comenzó en el muelle de La Bodeguita, desde donde partieron las embarcaciones acompañando el rezo del Santo Rosario hasta llegar a Stella Maris. Allí se celebró la Eucaristía central, presidida por el cardenal Jorge Enrique Jiménez Carvajal, quien acompañó a los fieles en esta expresión de fe que cada año congrega a cartageneros, pescadores, navegantes, turistas y autoridades civiles y militares.Paralelamente, las doce zonas pastorales de la arquidiócesis desarrollaron celebraciones litúrgicas, encuentros comunitarios y jornadas de oración en parroquias y barrios, haciendo visible una Iglesia que camina unida bajo el amparo de María.Para quienes crecieron junto al mar, Stella Maris representa mucho más que un monumento."Es la Virgen que nos acompaña hace muchos años en la bahía y recibe a quienes llegan a mi ciudad", expresó la cartagenera Fiorella Romero, al destacar el profundo significado espiritual que conserva esta imagen para la identidad religiosa de su ciudad.Ese sentimiento también quedó reflejado en la experiencia de quienes participaron en la procesión."Hacer un Rosario en el mar fue espectacular. Se sintió muy cercano y seguimos amando muchísimo a nuestra amadísima Virgen María", afirmó Fabián Criollo, uno de los fieles que acompañó el recorrido.Para la comunidad parroquial que impulsó esta iniciativa, la celebración también fue el fruto de un trabajo conjunto."Estamos muy contentos como comunidad de haber hecho posible este gran sueño, donde todos pusimos ese granito de arena para vivir este maravilloso desfile náutico llevando a nuestra patrona, la Virgen del Carmen", señaló Luis Marina Osorio.Así, una vez más, Cartagena volvió a mostrar cómo una tradición centenaria continúa dialogando con la historia, el patrimonio y la vida cotidiana de una ciudad cuya relación con el mar también ha sido una forma de expresar su fe.Inírida: una patrona que acompaña los caminos de la AmazoníaA más de mil kilómetros del Caribe colombiano, la solemnidad adquiere un rostro diferente, pero conserva el mismo sentido de confianza en la protección de María.En el Vicariato Apostólico de Inírida, la Virgen del Carmen no solo es patrona de la jurisdicción eclesiástica y de la Catedral. También acompaña la vida cotidiana de comunidades indígenas, lancheros, comerciantes, misioneros, transportadores y familias que encuentran en los ríos amazónicos su principal medio de comunicación y sustento.La jornada comenzó antes del amanecer con el tradicional Rosario de la Aurora y continuó con la solemne Eucaristía presidida en la Catedral Nuestra Señora del Carmen. Posteriormente, cientos de fieles acompañaron la procesión por las calles de Inírida hasta el asentamiento indígena El Coco, perteneciente al pueblo curripaco, donde fueron bendecidos vehículos, motocicletas, camiones y motocarros.Desde allí inició una de las imágenes más representativas de la celebración: la tradicional procesión fluvial por el río Inírida, expresión de una Iglesia que evangeliza recorriendo las mismas aguas que diariamente conectan pueblos, culturas y comunidades de la Amazonía colombiana.Para muchos habitantes del territorio, esta es la principal celebración religiosa del año.La misionera francesa Leonor Coquelin de Lisle, quien desarrolla su labor pastoral en proyectos de prevención y rehabilitación con adolescentes, destacó el profundo sentido comunitario de esta experiencia."Me encantó ver toda la dedicación que ha habido para esta fiesta, todo el cariño que la gente ha puesto para este día tan especial. Y el paso por el río también me encantó; fue muy simbólico."Por su parte, la catequista María Alejandra Robledo resaltó el creciente compromiso de distintos sectores de la sociedad con esta celebración."Hemos visto mayor participación de los diferentes gremios: transportistas, comerciantes y otros sectores. Eso demuestra que la Virgen del Carmen está haciendo una gran intercesión por este pueblo."Para el vicario apostólico de Inírida, monseñor Joselito Carreño Quiñónez, la fiesta también ofrece una oportunidad para recordar el verdadero significado espiritual del escapulario, muchas veces reducido a una simple tradición popular."El escapulario no es un amuleto; es la alianza que establecemos con nuestra Madre María para vivir siempre colmados de esperanza y ser auténticos discípulos misioneros de Jesucristo", explicó el prelado, al invitar a encomendar especialmente a los viajeros y transportadores bajo la protección de la Virgen del Carmen.En la Amazonía colombiana, donde los ríos son caminos de encuentro y de misión, la procesión fluvial volvió a recordar que la fe también navega, acompaña y fortalece la vida cotidiana de quienes habitan uno de los territorios más diversos del país.La Ciudad Blanca: una tradición que sigue uniendo generacionesEn el suroccidente colombiano, la solemnidad también ocupó un lugar destacado en la vida pastoral de la Arquidiócesis de Popayán, una de las jurisdicciones eclesiásticas con mayor tradición histórica del país.En la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Asunción, cientos de fieles participaron en la Eucaristía, durante la cual fueron bendecidos los escapularios, signo de la confianza en la protección maternal de María y del compromiso de seguir a Cristo bajo su amparo. Posteriormente, se realizó la tradicional bendición de vehículos, confiando a Dios la vida de conductores, viajeros y sus familias.Sin embargo, la celebración trascendió el centro histórico de la llamada Ciudad Blanca de Colombia. La fiesta también se vivió en las comunidades parroquiales dedicadas a la Virgen del Carmen en Popayán, Suárez, Timba, Paispamba, Mondomo, Piedra Sentada, El Carmelo (Cajibío) y Argelia, donde la Eucaristía, la oración y el encuentro comunitario renovaron una tradición transmitida durante generaciones.Uno de los fieles resumía así el sentido de esta jornada:"Hoy hemos venido a darle gracias a nuestra Madre Santísima por tantos favores recibidos y a pedirle que siga acompañando nuestros caminos."Una expresión sencilla que refleja el significado profundo que esta advocación continúa teniendo para miles de familias colombianas.Del Magdalena Medio al nororiente: una misma devoción con rostros diversosLa solemnidad también movilizó a numerosas comunidades de la Diócesis de Barrancabermeja, donde parroquias, movimientos y grupos apostólicos organizaron una programación que incluyó eucaristías, caravanas, cabalgatas, procesiones fluviales, bendición de canoas, vehículos y escapularios, además de la entrega de la tradicional oración del conductor.La celebración central fue presidida por el obispo de la diócesis, monseñor Ovidio Giraldo Velásquez, en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, del municipio de Carmen de Chucurí, una de las seis comunidades parroquiales de la jurisdicción que tienen a esta advocación mariana como patrona.Allí, como en buena parte del Magdalena Medio, la devoción a la Virgen del Carmen continúa estrechamente vinculada con la vida de quienes recorren diariamente carreteras y ríos para sostener a sus familias y servir a sus comunidades.A varios cientos de kilómetros de allí, en el nororiente colombiano, la Diócesis de Ocaña también celebró esta solemnidad con especial fervor.El obispo monseñor Orlando Olave Villanoba presidió la Eucaristía central en la parroquia San Simón Stock, comunidad puesta bajo el patrocinio del religioso carmelita a quien la tradición atribuye la entrega del escapulario por parte de la Virgen María en el siglo XIII.La elección de este templo para la celebración central recordó precisamente el origen de uno de los signos más difundidos de esta devoción.Durante la jornada, los fieles participaron en la Santa Misa y en la procesión, encomendando sus familias, su trabajo y su caminar cotidiano bajo la protección de la Virgen del Carmen.En su homilía, monseñor Olave invitó a vivir esta tradición más allá de los gestos externos, renovando el compromiso cristiano inspirado en el ejemplo de María y fortaleciendo la vida de fe de las comunidades.Una patrona para quienes sirven al paísLa solemnidad también tuvo un significado particular para quienes diariamente ponen su vida al servicio de la nación.En la Catedral Castrense de Colombia, en Bogotá, militares, policías y sus familias participaron en una jornada que comenzó con una procesión por las instalaciones del Cantón Norte, seguida por la tradicional bendición de vehículos.La ceremonia fue acompañada por el rector de la Catedral Castrense, padre Ángel Ricardo González Forero, quien elevó una oración por todos los hombres y mujeres de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional que cumplen su misión en los distintos territorios del país.Posteriormente, la comunidad se reunió para la celebración de la Eucaristía, presidida por monseñor José Roberto Ospina Leongómez, administrador apostólico del Obispado Castrense de Colombia.Durante la celebración, el prelado encomendó a Dios, por intercesión de la Virgen del Carmen, la vocación, el servicio y las familias de quienes trabajan diariamente por la seguridad y el bienestar de los colombianos, renovando la confianza en la protección maternal de María para acompañar cada misión con esperanza, fortaleza y espíritu de servicio.Una tradición que sigue dando identidad a la fe del pueblo colombianoCada territorio aporta sus propios símbolos, tradiciones y acentos culturales. Sin embargo, todos confluyen en una misma convicción: reconocer en María una Madre que acompaña el caminar de su pueblo y orienta siempre hacia Cristo.No es casual que esta advocación conserve un lugar tan profundo en la vida religiosa del país. Su origen se remonta al Monte Carmelo, en Tierra Santa, donde los primeros ermitaños dedicaron su vida a la oración inspirados en la Virgen María. Con el paso de los siglos, esta espiritualidad dio origen a la Orden Carmelita y se difundió por el mundo junto con la tradición del escapulario, signo de consagración, confianza y compromiso con la vida cristiana.En Colombia, esa herencia espiritual encontró un terreno particularmente fecundo. Las celebraciones aquí reseñadas representan solo una muestra de las múltiples expresiones de fe con las que las jurisdicciones eclesiásticas conmemoraron esta solemnidad en todo el territorio nacional.Como memoria de esa riqueza pastoral y de la diversidad con la que la Iglesia en Colombia vive esta tradición, la Conferencia Episcopal de Colombia presenta el especial audiovisual: