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SISTEMA INFORMATIVO

¿Qué tenemos qué hacer?

Lun, 01/08/2022 - 12:29 editorCEC1

Tags: conversión interior cambio sociedad elección popular gobierno dignidad Monseñor Darìo Monsalve Iglesia

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Mons. Darío Monsalve

Por: Mons. Darío de Jesús Monsalve Mejía - Esta es la gran pregunta que brota espontánea de quienes escuchan al Bautista (Lc 3,10-14), o a Pedro y a los demás Apóstoles, que les anuncian la Buena Noticia de Jesucristo (Hch 2,37.

 

Es también la pregunta que, ante la urgencia de gestionar el riesgo colectivo mundial y nacional, requiere hacerse la humanidad, para poder resolver los problemas que afrontamos. 

 

La alternativa de continuidad, desconociendo las graves grietas en el desarrollo de la propia vida, o en las estructuras y modelos vigentes en una sociedad, se enfrenta con la de una “conversión interior”, el bautismo y la acogida del Espíritu Santo por “cada uno” (Hch 2,38); pero también a la del cambio de toda sociedad o gremio, llamados a compartir, a ser justos, honestos, veraces y no violentos, como indican las respuestas del Precursor. Conversión interior de las personas y cambio social e institucional, deben andar unidos.

 

Recuperar el sentido de la historia común conlleva la tarea del “cambio de mentalidad” y siembra  de  un auténtico sentido de la vida en las consciencias.

 

De ahí el empeño necesario en lo que llamo las “e” del cambio, derivadas de la  “e” de educación: espiritualidad, equidad, ecología, ética y estética.

 

Para nosotros los creyentes cristianos, esas “e” derivan de la “E” del Evangelio de la Vida, la Gran Noticia que transforma la existencia humana, el universo y la historia.

 

Bastan las cifras de degradación y muerte, que amenazan con arruinar la sostenibilidad  de un país como el nuestro, para entender la elección popular de una alternativa de cambio.

 

En buena hora Colombia eligió en las urnas esta voluntad mayoritaria. Una “voluntad” que puede ser aún más grande entre los más de 17 millones de abstencionistas y de 11 millones de no aptos para votar.

 

Ante esta realidad y el cuatrienio del gobierno que se inicia en este 7 de agosto, es probable que muchos colombianos, angustiados o temerosos de lo que puede sobrevenir, se estén preguntando también: “¿Qué tenemos que hacer?”. O, aún de modo más personal, como aquel carcelero que se arrojó a los pies de Pablo y Silas y les dijo: “Señores, ¿qué tengo qué hacer para salvarme?”. A lo que recibe una clara respuesta: “Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa” (Hch 17,29-31).

 

A esta pregunta de consciencia honrada y de disponibilidad para el cambio ante realidades y verdades incontrovertibles, corresponden también hoy respuestas necesarias, precisas, hacia el compromiso de toda persona, de toda familia, de todo gremio y sociedad.

 

Como respondía el Bautista o Precursor de Jesús, lo que tiene qué hacer todo colombiano hoy, creyente o no, ateo o agnóstico, es:

 

1. “El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene”.  “Me vieron desnudo y me vistieron”, dijo después Jesus, identificándose con el despojado de su dignidad y bienes, el destechado, el desplazado forzoso, el indigente, el habitante de calle.

2. “El que tenga para comer que haga lo mismo”.  “Tuve hambre y me dieron ustedes de comer”. “Dénles ustedes de comer”. “Comieron todos y se saciaron. Y recogieron 12 cestos de lo que sobró”, son respuestas inmediatas  al hambre que no da espera.

 

Afrontar en Colombia esta realidad es tarea de tierras productivas para alimentación, de cultivadores con garantía de almacenamiento, mercado y seguros de precio y ante contingencias.  Es tarea de examinar inversiones y construir autoabastecimiento. De apoyo a Bancos de Alimentos y de semillas, de huertas y agricultura urbana, doméstica, amigable con la convivencia y buen ambiente.

 

Da vergüenza, es imperdonable que Colombia no aproveche sus climas, ciclos dobles o triples de cosechas, tierras que no deben crecer en contra de la naturaleza y las selvas, sino en intensidad, tecnología  y hacia lo alto.

 

3. Viene también la DIAN de esos tiempos y El Bautista les responde: “No exijan más de lo que está fijado”. Un delicado asunto de corrupción instituida e injusticia estructural, que requiere cuidadoso manejo. Estos tiempos de “reformas tributarias” exigen lupa  y pies descalzos para saber dónde se esconde el diablo y dónde están sus víctimas.

 

4. Y llegan también los de la fuerza pública, unos soldados, y hacen la misma pregunta: ¿Que debemos hacer?  Respuesta: “No hagan extorsión a nadie. No hagan denuncias falsas. Conténtense con su soldada”.  (Lc 3,10-14). De este tema doloroso con nuestras fuerzas armadas y policiales, ni hablar. El horror  por lo que han hecho de ellos los gobiernos y las ideologías de poder; el dolor por lo que a ellos ponen a hacer contra su propio pueblo; el necesario repudio a lo que hacen contra  ellos, contra nuestros jóvenes policías y soldados,  asesinándolos a diario.

 

Hay qué rehacer y transformar su misión de ejemplo, disuasión, cuidado de las poblaciones, garantías de desarme social y monopolio de armas, garantes de convivencia pacífica, democracia, orden y soberanía nacional. Y para todos, no para clases hegemónicas y poderes de búnker y para meter miedo.

 

Si esto lo decía un predicador andrajoso en el desierto, a más de 2022 años atrás, hoy nosotros debemos  enumerar  y elaborar entre todos el catálogo de respuestas colombianas a cada realidad enferma y dañada en nuestro país.

 

Quede como indicativo y tarea a la que invito a toda persona, comunidad, familia, gremio, etnia, organización, institución, a hacer. En mi correo [email protected] arquicali.org quisiera  recibirlos si los quieren compartir. Catálogos de respuesta al ¿Qué tengo què hacer yo? ¿ Qué tenemos que hacer nosotros? La Iglesia y las iglesias, los que se llaman y nos llamamos cristianos, hagamos el catálogo de respuestas, compartámoslo con otros en casa y territorios, y sumémonos al futuro.

 

La respuesta de María, la mujer Madre de Jesús, a unos confundidos servidores y anfitriones de un banquete de bodas, donde se había acabado el vino, es contundente e inequívoca: “HAGAN LO QUE JESÚS LES DIGA”. Y llegó el vino más bueno y ¡se salvó la fiesta! ( Juan 2, 1-12).

 

¡Como para leerlo y colombianizarlo, invitándolos a Jesús, María y sus discípulos a esta fiesta de lograr juntos un auténtico cambio!

 

+ Darío de Jesús Monsalve Mejía
Arzobispo de Cali

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Vie 30 Sep 2022

Ecología integral: «Los arcángeles y el desperdicio de alimentos»

Mons. Fernando Chica Arellano - Las casualidades del calendario han unido, en el mismo día 29 de septiembre, la Fiesta de los Santos Arcángeles y el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, declarado por las Naciones Unidas. ¿Podemos ver alguna conexión entre ambos eventos, aparentemente tan distantes entre sí? Aunque sea de un modo simbólico, me parece que así es. Y, en todo caso, este hecho nos ofrece una sencilla ocasión para vincular lo más grandioso a lo más cotidiano de la realidad. De entrada, recordemos que los arcángeles son seres espirituales cuyo conocimiento se fue afianzando en los fieles a medida que se subraya la infinita trascendencia de Dios. El Altísimo, el Innombrable, el Misterioso, el Señor podría quedar muy lejos de la vida cotidiana. En ese contexto, los arcángeles aparecen como mediadores de la presencia divina y expresión de su amoroso cuidado por los hombres. De manera análoga, cuando hablamos del hambre, la injusticia o la desigualdad en el mundo, podemos sentir que se trata de palabras muy grandes, inabarcables, desmesuradas. Tomar conciencia de la pérdida y del desperdicio de alimentos puede ayudar a tender un puente entre esas grandes palabras y nuestra vida diaria. Se estima que en la Unión Europea se desperdician 80 millones de toneladas de alimentos cada año, unos 180 kilos por persona. Es decir, unos 3 kilos y medio cada semana. Es como si cada uno de nosotros (varones, mujeres, niños, niñas, ancianos, jóvenes…) tirase a la basura un melón y tres cuartos cada siete días. Otro dato importante, que no debe pasar desapercibido, es que el 42% de esos despilfarros se produce dentro de los hogares (un 39% ocurre en la industria, un 14% en la restauración y un 5% en el comercio). Se calcula que solamente con una cuarta parte de las pérdidas y del desperdicio de alimentos se podría alimentar a 870 millones de personas, equivalente casi al número total de personas subalimentadas en nuestro mundo. Aquí se ve el vínculo entre lo grande (el hambre en el mundo) y lo pequeño (nuestras acciones cotidianas en la cocina, en el comedor o en el mercado). ¿Y los ángeles, mediadores entre Dios y los hombres, qué pueden decir al respecto? “Los ángeles cooperan en toda obra buena que hacemos”, escribe Santo Tomás de Aquino. Y, ya en el siglo IV, había afirmado San Basilio Magno: “Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida”. A partir de estos textos podemos decir, por un lado, que los ángeles protegen a cada persona, y muy especialmente a aquellas que sufren hambre o viven en la miseria; y, por otro lado, que los ángeles animan el compromiso de cada persona y organización que lucha contra el despilfarro de alimentos y a favor de una mejor distribución de los recursos en nuestro mundo. “El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”. Siguiendo estas observaciones de San Agustín, podemos ahora detenernos en los nombres de los tres arcángeles, sabiendo que en el nombre descubrimos su función específica. Rafael significa “medicina de Dios” o bien “Dios sana”. Por eso, ejerce su patronazgo sobre enfermeros y personal sanitario. El pasaje bíblico más relevante sobre el arcángel Rafael lo encontramos en el episodio de la curación de Tobías, que quedó completamente ciego durante cuatro años (Tob 2,10), hasta que fue enviado Rafael “para que pudiera ver con sus mismos ojos la luz de Dios” (Tob 3,17). Entre otras cosas interesantes de este relato, podemos detenernos en el modo en que se produce la curación de la ceguera, gracias a la hiel de un pescado. El ángel da instrucciones precisas: “Abre el pez, sácale la hiel, el corazón y el hígado, y tira los intestinos; porque su hiel, su corazón y su hígado son remedios útiles” (Tob 6,5). Lo que parecía inútil, poco vistoso o incluso desagradable a la vista, se convierte en un remedio saludable. Lo que se pensaba desperdiciar resulta ser valioso. Quizá hay aquí una lección para nuestros hábitos de despilfarro, para nuestra cultura del descarte. Gabriel significa “fortaleza de Dios” y, en su caso, la acción benéfica de este ángel está muy especialmente asociada a la Anunciación de la Virgen María (Lc 1,26-38). Se trata de un pasaje lleno de paradojas fecundas. La fortaleza de Dios anuncia, en debilidad, la llegada del Señor de los ejércitos: “Dios fuerte, Padre perpetuo, Príncipe de la Paz” (Is 9,5). El amor desbordante de Dios se derrama, abundantemente, por toda la creación, con suma sencillez. Podemos decir que ni el arcángel Gabriel ni la Santísima Virgen María despilfarran palabras; al contrario, van a lo esencial. Quizá también nosotros podemos aprender de esta actitud: no perdernos en la palabrería hueca, por muy solidaria que parezca, sino dar pasos concretos para luchar contra el hambre y contra el desperdicio de alimentos. Miguel significa “¿quién como Dios?”, dando a entender así la grandeza de Dios, que nunca deja de sorprendernos y desbordarnos en su infinita misericordia. Es el ángel protector que defiende al pueblo en las dificultades; así aparece tanto en el Antiguo Testamento (Dan 10,12-21) como en el Nuevo (Ap 12,7-12), en contextos de batalla contra el Mal. Como dijo el papa Francisco al bendecir la estatua de san Miguel en los Jardines Vaticanos, el 5 de julio de 2013, “Miguel lucha por restablecer la justicia divina; defiende al pueblo de Dios de sus enemigos y sobre todo del enemigo por excelencia, el diablo”. En la misma dirección, hace un año, el 2 de octubre de 2021, el Santo Padre decía en una homilía, inspirándose en la figura del arcángel San Miguel: “Que el Señor nos dé a todos la gracia de comprender bien que la vida es una lucha: cuando no hay lucha no hay vida: los muertos no luchan; los vivos siempre luchan, hay lucha. Y que nos dé la gracia de no estar solos en la lucha, que siempre haya alguien que nos acompañe”. Quizá también podamos descubrir que, en algo tan sencillo como la lucha contra el desperdicio de alimentos, estamos luchando por la vida. Termino recordando algunas palabras de Su Santidad, en su Mensaje al Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el pasado 15 de octubre de 2021, por la Jornada Mundial de la Alimentación: “La lucha contra el hambre exige superar la fría lógica del mercado, centrada ávidamente en el mero beneficio económico y en la reducción de los alimentos a una mercancía más, y afianzar la lógica de la solidaridad”. Y añadía: “Nuestros estilos de vida y prácticas de consumo cotidianas influyen en la dinámica global y medioambiental, pero si aspiramos a un cambio real, debemos instar a productores y consumidores a tomar decisiones éticas y sostenibles y concienciar a las generaciones más jóvenes del importante papel que desempeñan para hacer realidad un mundo sin hambre. Cada uno de nosotros puede brindar su aportación a esta noble causa, empezando por nuestra vida cotidiana y los gestos más sencillos”. Que los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael nos ayuden en esta misión. Mons. Fernando Chica Arellano Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

Jue 22 Sep 2022

La misión de la Iglesia es anunciar la Palabra de Dios

Por: Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzamos en este mes de septiembre que en sus comienzos ha estado dedicado a orar por la paz, recibirla en el corazón como don de Dios y llamados a trasmitirla a nuestros hermanos, y ahora seguimos con esa intención, reforzando nuestro compromiso con la escucha atenta de la Palabra de Dios, con el llamado que nos hace la Iglesia y nuestra Diócesis de Cúcuta a reflexionar sobre el contenido de las Escrituras en la próxima Semana Bíblica para la que nos preparamos, que fortalecerá el Proceso Evangelizador de la Iglesia Particular, que este mes tiene como lema: “El amor todo lo puede, sigamos adelante”. El llamado insistente que el Papa Francisco nos sigue haciendo es el fortalecimiento en la Iglesia de la conciencia misionera, que es el mandato de Jesucristo desde los orígenes: “Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos y bautícenlos para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, enseñándoles a poner por obra todo lo que les he mandado. Y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el final de los tiempos” (Mt 28, 19-20), como una invitación a compartir la fe con los hermanos, que hoy se hace realidad en nuestra Iglesia particular que está en salida misionera y desea transmitir la Palabra de Dios por todas partes. La misión de la Iglesia es anunciar la Palabra de Dios a tantas personas que no conocen a Jesús, para ello, el Papa Francisco lo recuerda como la tarea prioritaria de la Iglesia: “quiero recordar ahora la tarea que nos apremia en cualquier época y lugar, porque no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor, y sin que exista un primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización” (EG 110), que está contenido en la Palabra de Dios y por esta razón, la fuente de la predicación y la evangelización se encuentra en las Sagradas Escrituras, que contienen la fuente de nuestra salvación. La Evangelización es tarea de la Iglesia, entendiendo aquí el llamado a todos los bautizados a trasmitir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a los demás, porque ese tesoro que se recibe no puede quedar escondido, hay que comunicarlo a otros para que también tengan la alegría de conocer a Jesús. Así nos lo enseñó el Papa Benedicto XVI en ‘Verbum Domini’: “No podemos guardar para nosotros las palabras de vida eterna que hemos recibido en el encuentro con Jesucristo: son para todos. Toda persona de nuestro tiempo, lo sepa o no, necesita de este anuncio. El Señor mismo, suscita entre los hombres nueva hambre y sed de las palabras del Señor. Nos corresponde a nosotros la responsabilidad de transmitir lo que, a su vez, hemos recibido por gracia” (VD 91). Con esto, todos los cristianos entendemos que la misión de la Iglesia de transmitir la Palabra de Dios, no puede ser algo opcional, ni un agregado a nuestra vida de fe, esperanza y caridad, sino que es el núcleo de nuestro ser de cristianos que estamos llamados a comunicar como prioridad en nuestra vida, pues se trata de participar en la vida y misión de la Iglesia, escuchando la voz del Espíritu Santo que nos ilumina la manera como debemos comunicar hoy a Nuestro Señor Jesucristo. Se hace necesario para los cristianos redescubrir cada vez más la prioridad y la urgencia de anunciar la Palabra de Dios, para que el Reino de Jesucristo llegue y crezca en todos los corazones y familias de nuestras comunidades cristianas. Esta tarea corresponde a cada uno de nosotros, así lo repite el Papa Benedicto XVI cuando afirma que “la misión de anunciar la Palabra de Dios es un cometido de todos los discípulos de Jesucristo, como consecuencia de su bautismo. Ningún creyente en Cristo puede sentirse ajeno a esta responsabilidad que proviene de su pertenencia sacramental al Cuerpo de Cristo. Se debe despertar esta conciencia en cada familia, parroquia, comunidad, asociación y movimiento eclesial. La Iglesia como misterio de comunión, es toda ella misionera y, cada uno en su propio estado de vida, está llamado a dar una contribución incisiva al anuncio cristiano” (VD 94). Con este llamado que hace Benedicto XVI a todos a participar en la misión de la Iglesia de trasmitir la Palabra de Dios por todas partes, invito a todos los bautizados, familias, parroquias, comunidades cristianas, asociaciones y movimientos apostólicos de nuestra Diócesis de Cúcuta a redoblar los esfuerzos por la evangelización y cada uno desde su carisma y don que ha recibido del Espíritu Santo se ponga en salida misionera, para transmitir la fe a otros que no conocen a Jesús, porque “la actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la Iglesia y la causa misionera debe ser la primera” (EG 15). Como cristianos comprometidos sigamos en salida misionera, anunciando la Palabra de Dios por todas partes. Que esta Semana Bíblica (del 25 de septiembre al 2 de octubre) que vamos a vivir juntos, sea un momento especial de gracia para interiorizar la Palabra de Dios, conocer y amar más a Jesucristo y comunicarlo a nuestros hermanos, incluyendo a aquellos que no lo conocen o lo rechazan abiertamente. Que la Santísima Virgen María y el glorioso Patriarca san José, alcancen del Nuestro Señor Jesucristo el fervor misionero para cumplir con la misión de la Iglesia de anunciar la Palabra de Dios por todas partes. En unión de oraciones, reciban mi bendición. + José Libardo Garcés Monsalve Obispo de la Diócesis de Cúcuta

Mar 20 Sep 2022

¡Un país descuadernado!

Por: Mons. Carlos Arturo Quintero Gómez - Quizás muchos me tilden hoy de sectario o partidista; me llamen duquista, petrista, uribista, sin embargo, mi corazón está con la comunidad inspirando mi vida en el evangelio; como san Pablo estoy convencido de que soy de Cristo, aunque muchos se inclinen a pensar: ‘soy de Pablo, soy de Apolo, soy de Cefas’ (1 Cor 1,12). Por estas convicciones, desde el evangelio y mi compromiso social, no puedo callar ante tanto ruido y poca acción contundente que nos conduzca a la llamada ‘paz total’. Con razón decía San Vicente de Paúl: ‘el ruido no hace bien; el bien no hace ruido’. En lo que va corrido de este período presidencial, hemos visto a un gobierno que va de ‘tumbo en tumbo’, tomando decisiones que hoy se difunden y al día siguiente se cambian. No se asumen las responsabilidades sino, que siempre se está mirando al gobierno anterior, a quien se le endilga la debacle económica, las masacres, la corrupción, etc. Anunciar la creación de un ‘ejército del pueblo’, invitando a los jóvenes pertenecientes a las bandas criminales a que se desmovilicen y actúen ahora como si fueran los adalides de la paz, es incongruente. No es de justicia pensar en que, quienes han sido terroristas, criminales y antisociales se conviertan en los gestores de paz y quienes trabajan por la paz y la justicia, desde el anonimato o a través de acciones sociales contundentes, sean vistos como los enemigos de la paz. Es un exabrupto pensar que un dictador como el presidente Maduro, se convierta de la noche a la mañana en garante de un proceso de paz con el ELN, cuando su país está en crisis y no ha sido capaz de contener la delincuencia organizada, convirtiendo su casa en guarida de bandidos y guerrilleros. El panorama no es alentador: una seguridad urbana cada vez más frágil, un ESMAD que no puede actuar ante los atropellos de los maleantes; el freno de bombardeos que impide la garantía de una seguridad soberana; invasiones a predios privados como vía de hecho para debilitar la propiedad privada, una vía como la del Gaubio bloqueada. Y qué decir de las quince masacres perpetradas por grupos delincuenciales en lo que va corrido de este semestre. Es ilógico que un ministro de justicia salga a decir que ‘no hay relación de las masacres con la paz total’, que es necesario ‘mirar la naturaleza de las masacres’ trivializando y ocultando la responsabilidad que les compete al argumentar que en el gobierno anterior fueron más de sesenta masacres. No se puede gobernar evadiendo responsabilidades, lavándose las manos como Poncio Pilato y justificando los errores, endilgando a otros las crisis y flagelos sociales. Dónde quedan los buenos deseos de hacer frente a la corrupción, con un congreso que sigue enredado en polémicas y mermeladas; cómo fortalecer la inteligencia y apostarle a una prevención eficaz si no hay una ruta clara y lo que vemos son caminos tortuosos, trochas y derrumbes. La salida en falso de los ministros no hace bien, los anuncios del presidente generan más polarizaciones que tranquilidad, la reforma tributaria pone en riesgo el bolsillo de los colombianos, así como el costo de los combustibles, la reforma pensional y un anuncio, que duele profundamente, cuando se advierte que todo esto obstaculizará una inversión social justa y a tiempo, mientras crece el hambre, se recrudece la pobreza y las pobrezas y se genera una mayor violencia. Los plantones por el alza de tarifas de energía, el malestar en distintos departamentos por la ausencia del estado, el desplazamiento forzoso y la salida de cientos de hombres y mujeres del departamento de Chocó, es la radiografía de que las cosas no van bien. El país está descuadernado y se requiere la serenidad; indudablemente, es urgente apostarle a la unidad nacional y a la reconciliación, pero, solo será posible si hay una conciencia clara de que hay que apostarle a la verdad, a la libertad, a la justicia y a la sensatez. Hay signos evidentes de salidas en falso y empezamos a dividirnos y a enfrentarnos como enemigos. ¿De qué manera se puede construir una paz total si no hay decisiones que lleven a construir caminos de fraternidad? El populismo no es sano, aliarse con delincuentes y aprobar las acciones de dictadores no es aceptable. No podemos dividirnos en petristas y no petristas. El presidente de los colombianos debe gobernar para todos y hacerlo con responsabilidad, rodeándose de los mejores y tomando decisiones que revistan esta patria colombiana de seguridad, confianza, credibilidad y justicia. + Carlos Arturo Quintero Gómez Obispo de Armenia

Lun 19 Sep 2022

Protestar desde la Iglesia

“Convirtieron el Rosario en un arma de protesta”, dijo recientemente un prelado, viendo las imágenes de unas personas situadas en la calle para protestar contra algo que no era de su agrado. Y es cierto. Se ha convertido en una especie de hábito el que algunos católicos se agrupen ante instituciones, clínicas, edificios estatales y, camándula en mano, expresen su protesta por una u otra cuestión. Aunque hay que reconocer la valentía de situarse en la calle para levantar la voz de protesta cuando hay ofensas a la religión y a la Iglesia, cabe preguntarse si una oración como la del Rosario fue diseñada para tal fin, pero, sobre todo, si esos plantones generan a la larga algo positivo o una mayor repelencia con la fe y la Iglesia. En lo que estamos de acuerdo unos y otros es que la Iglesia, los fieles bautizados, no podemos permanecer estáticos cuando hay actos que violentan la libertad religiosa y de culto, cuando se ataca a la institución eclesiástica o a sus ministros, a las comunidades, en razón de su fe. La historia milenaria de la Iglesia demuestra una y otra vez que, si no está atenta a los signos negativos de los tiempos, la fe corre peligro de extinguirse, la Iglesia es desplazada, sus instituciones aniquiladas. Hoy en día se ha visto un despertar notable de los laicos para ser la voz de protesta de la Iglesia pues a veces consideran las intervenciones de los pastores muy genéricas y diplomáticas, sin efectos reales sobre ciertos problemas por solucionar. Sin embargo, pareciera que hoy en día la Iglesia tiene que ser la abanderada del diálogo en todo momento, pero sobre todo en cuestiones problemáticas que causan tensiones. Hay que tener cuidado de no fomentar a nivel de la misma Iglesia y en el campo religioso posiciones extremas y polarizantes, pues cualquier persona radicalizada en lo religioso puede convertirse en problema mayúsculo y hasta generadora de violencia. Por eso, insistimos, el diálogo para crear, fortalecer o sanar vínculos de la fe y la sociedad, o la fe y las instituciones, o la fe y el Estado, debe ser la herramienta –no arma- para lograr acuerdos benéficos para que los creyentes puedan vivir su fe en medio de la sociedad sin mayores inconvenientes. La Iglesia toda debe ser consciente de que estamos en un mundo cambiante y que se hace necesario encontrar las formas adecuadas para continuar su misión en todas partes. En Colombia, la Constitución y las leyes admiten y protegen los derechos religiosos de las personas y en ese marco hay que actuar. Las protestas sobre realidades que afecten derechos adquiridos o la misma libertad religiosa, además de manifestaciones públicas válidas y necesarias, deben ir acompañadas de claros soportes teológicos y jurídicos, de manera que se obtengan los resultados esperados. Pero siempre hay que tener presente que ninguna manifestación eclesial debería producir alejamientos de la fe de otras personas, ni cerrar las puertas del diálogo en toda circunstancia. Como quiera que sea, a todas las personas, incluso a quienes no simpaticen con la Iglesia, esta debe llevarles el mensaje salvador de Jesús y por eso siempre se necesitan puentes. Y la oración que siempre siga siendo eso: oración. Fuente: Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones de Bogotá