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conferencia episcopal de colombia

Vie 4 Sep 2026

La Voz del Pastor | 06 de Septiembre del 2026

Reflexión del señor Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo Mt 18, 15-20

Jue 3 Sep 2026

Delegados de Catequesis y Animación Bíblica trazan nuevos caminos para la evangelización en Colombia

Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de distintas jurisdicciones del país se reunieron en Bogotá para reflexionar sobre nuevos caminos de iniciación cristiana, con la Sagrada Escritura como eje de los procesos catequéticos.Durante tres días, la Iglesia en Colombia puso en el centro de la reflexión una pregunta fundamental: ¿cómo hacer de la Palabra de Dios el alma de la catequesis y de los procesos de evangelización?La respuesta orientó el Encuentro Nacional de Delegados de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral 2026, realizado del 25 al 27 de agosto en las instalaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia, en el marco del mes del catequista.El encuentro tuvo como propósito ofrecer estrategias para fortalecer los procesos de iniciación cristiana, colocando como eje central la Palabra de Dios en la catequesis y en la Animación Bíblica de la Pastoral. También buscó profundizar en el papel de la ABP como dinamizadora de la acción evangelizadora, así como en la identidad del catequista como servidor de la Palabra.A partir de este eje, las jornadas abordaron distintos aspectos de la relación entre la Sagrada Escritura, la catequesis y la misión evangelizadora de la Iglesia.La Palabra como corazón de la catequesisEl primer día estuvo dedicado a profundizar en la Palabra de Dios como corazón de la catequesis y a comprender el significado de la Animación Bíblica de la Pastoral.Estos temas estuvieron a cargo de monseñor Jaime Cabrera Arcos, obispo de Garzón, quien presentó la Biblia como alma de toda catequesis y profundizó en la importancia de una pastoral animada por la Palabra de Dios.“La Biblia ha de ser el alma de toda catequesis”, señaló el padre Francisco Oquendo Góez, director del Departamento de Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral de la CEC, al explicar uno de los principales énfasis del encuentro.La reflexión también llevó a reconocer que la Animación Bíblica de la Pastoral no constituye una acción aislada, sino una manera de dinamizar la evangelización y la vida pastoral desde la Sagrada Escritura.En palabras del padre Oquendo, el desafío es hacer de la Palabra “el alma, no solamente de lo que llamamos la acción pastoral, sino de todo el proceso evangelizador, el alma de la acción misionera y el alma de la acción catequético iniciática”.Del modelo pre-sacramental a una catequesis permanenteUno de los principales desafíos identificados durante el encuentro fue avanzar de una catequesis entendida principalmente como preparación para recibir sacramentos hacia procesos permanentes de iniciación cristiana, capaces de acompañar las distintas etapas de la vida.Esta perspectiva estuvo presente en las reflexiones y testimonios de los participantes. El padre Iván Ortiz, de la Diócesis de Mocoa-Sibundoy, reconoció que tradicionalmente la catequesis ha estado muy vinculada a la preparación de niños y jóvenes para la Primera Comunión y la Confirmación.“No nos desligamos ya de pensar que es una catequesis pre sacramental”, afirmó, al explicar que el encuentro permitió ampliar esta mirada y reconocer la dimensión bautismal y permanente de la catequesis.La agenda del encuentro profundizó precisamente en esta renovación. Yolanda Valero, misionóloga y catequista, abordó el papel del catequista como servidor de la Palabra y la catequesis como experiencia de encuentro con Cristo; posteriormente, trabajó estrategias para integrar Catequesis y Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial.Para el padre Oquendo, este cambio implica recuperar una catequesis que acompañe procesos de fe y que esté al servicio de la iniciación cristiana.“La necesidad de hacer de la catequesis la etapa privilegiada de todo un proyecto de evangelización”, explicó, junto con el reto de pasar de un modelo escolar a uno inspirado en el catecumenado.Una catequesis que salga al encuentroLa reflexión también llevó a ampliar los espacios y destinatarios de la catequesis. Para los participantes, no se trata solamente de fortalecer los contenidos o las metodologías, sino de conectar la experiencia de fe con la realidad concreta de niños, jóvenes, adultos y sus familias.“No solamente la catequesis dentro de nuestra parroquia, nuestras instalaciones, sino ir como catequistas misioneros, eh, a las periferias, hacer una iglesia caminante, una iglesia saliente”, expresó Judith Cardozo, catequista de la Diócesis de Yopal.En esa misma línea, el padre Pedro Nel, delegado de Animación Bíblica de la Arquidiócesis de Bogotá, destacó que la catequesis necesita recuperar su dimensión misionera y su conexión con la Palabra de Dios.“No hay una catequesis con una dimensión misionera profunda si no está conectada con la Palabra de Dios”, afirmó.La programación incluyó, además, talleres regionales y espacios de trabajo para que las reflexiones pudieran proyectarse hacia las realidades concretas de las jurisdicciones.Hacer catequesis desde la BibliaEl tercer día del encuentro estuvo dedicado a una pregunta concreta: ¿cómo hacer catequesis desde la Biblia?El tema fue desarrollado por Andrea Puentes, misionóloga, quien orientó la reflexión sobre las posibilidades de construir procesos catequéticos a partir de la Sagrada Escritura. Posteriormente, María Cecilia Henao de Brigard, catequista del Buen Pastor, presentó la experiencia de trabajo con la Biblia en la Catequesis del Buen Pastor.El objetivo era avanzar de una aproximación meramente conceptual a experiencias que permitan que la Palabra sea verdaderamente escuchada, comprendida, celebrada y llevada a la vida.El padre Oquendo resumió así uno de los retos planteados: “Aprender a hacer catequesis desde las narraciones mismas de la Sagrada Escritura. Aprender a convertir un texto bíblico en una verdadera catequesis que se puede adaptar para niños a los adolescentes o adultos”.Un desafío para las Iglesias particularesEl encuentro dejó tareas para las jurisdicciones participantes: integrar la Catequesis y la Animación Bíblica de la Pastoral en la vida parroquial, fortalecer los procesos de iniciación cristiana y promover una catequesis que conduzca al encuentro personal y comunitario con Jesucristo.Las jornadas también permitieron proyectar acciones posteriores, entre ellas los encuentros regionales, el desarrollo de iniciativas como “Cada católico con su Biblia” e Instituto de Biblia, el espacio de formación digital “Ecos de la Palabra” que se desarrolla en este mes de septiembre a través de las redes sociales de la CEC y la preparación de materiales para la formación de catequistas ministros.Vea a continuación el video resumen con los principales detalles del encuentro:

Jue 3 Sep 2026

Medellín está lista para la XI Copa de la Fe: fútbol, fraternidad y misión del 7 al 11 de septiembre

Del 7 al 11 de septiembre, sacerdotes de diferentes regiones de Colombia y de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica participarán en este encuentro que, además del torneo deportivo, propicia espacios de fraternidad, encuentro con las comunidades y evangelización. En esta oportunidad, serán 32 delegaciones.Un encuentro que va más allá del fútbolLa Arquidiócesis de Medellín será la sede de la XI Copa de la Fe, encuentro deportivo que reunirá durante cinco días a cerca de 900 sacerdotes provenientes de distintas jurisdicciones de Colombia y de otros países.El torneo busca generar un espacio de encuentro entre sacerdotes de diferentes territorios, teniendo el deporte como una oportunidad para fortalecer la fraternidad y compartir experiencias de vida y ministerio. A lo largo de la semana, los participantes estarán presentes no solo en escenarios deportivos, sino también en parroquias y otros espacios de la ciudad.De esta manera, la Copa de la Fe trasciende la competencia y se integra a la vida de las comunidades que acogerán a las diferentes delegaciones.El deporte como espacio para la misiónLa dimensión pastoral ha estado presente en las diferentes ediciones de la Copa de la Fe. Junto con los partidos, los sacerdotes han participado en actividades como espacios de confesión, visitas a enfermos, bendición de hogares y encuentros de evangelización.En esta edición, la presencia de los participantes en diferentes parroquias de Medellín permitirá mantener esta dinámica de encuentro con las comunidades, haciendo del deporte un lenguaje para acercarse a los fieles y compartir con ellos la experiencia del ministerio sacerdotal.Las comunidades también podrán ser parte de la CopaUno de los propósitos de esta edición será propiciar que las comunidades puedan acompañar de cerca a los sacerdotes participantes. Por ello, los partidos tendrán acceso gratuito para el público, de manera que los fieles puedan asistir a los encuentros y compartir estos espacios de fraternidad con las diferentes delegaciones.Esta invitación tiene un énfasis especial para los momentos de apertura y cierre del torneo. La inauguración, prevista para el lunes 7 de septiembre, se realizará a las 4:00 de la tarde en el Polideportivo de la Universidad Pontificia Bolivariana, mientras que la clausura y premiación tendrá lugar el viernes 11 de septiembre, a las 10:00 de la mañana, en el Estadio Atanasio Girardot.Todos los partidos de la XI Copa de la Fe serán transmitidos a través del canal de YouTube de la Arquidiócesis de Medellín, ampliando así la posibilidad de acompañar el torneo a quienes no puedan hacerlo de manera presencial.Sacerdotes de Colombia y otros paísesLa XI Copa de la Fe contará con la participación de delegaciones provenientes de diferentes regiones de Colombia, así como de Venezuela, Ecuador, México y Costa Rica.La presencia internacional amplía el carácter de encuentro que ha adquirido el torneo y favorece el intercambio entre sacerdotes de distintas Iglesias particulares, en torno a una experiencia que combina deporte, convivencia y misión.Una competencia con historiaEn el ámbito deportivo, la Copa de la Fe cuenta con varios equipos que han dejado su huella en las ediciones anteriores.La Diócesis de Garzón ha conquistado el título en tres oportunidades: 2016, 2023 y 2024. La Arquidiócesis de Guadalajara, México, obtuvo los campeonatos de 2018 y 2022, mientras que la Arquidiócesis de Popayán es la actual campeona, luego de ganar la edición de 2025, realizada en Armenia.La Arquidiócesis de Medellín también ha tenido una participación destacada y en diferentes ediciones ha alcanzado la instancia final del torneo.Con esta nueva edición, la Copa de la Fe seguirá consolidándose como un espacio de encuentro y fraternidad, alrededor del deporte.Vea a continuación el video promocional de la Copa de la Fe 2026:

Mié 2 Sep 2026

Después del terremoto

Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Son muchos los sentimientos encontrados cuando en una buena parte de Colombia padecimos las consecuencias del terremoto el pasado 10 de agosto.El departamento del Valle del Cauca en los distintos municipios, se vio gravemente afectado, y en nuestro caso, el Distrito de Cali se ha visto envuelto en una encrucijada de dolor, pero a la vez de esperanza.En Cali lamentamos la muerte de 158 personas y un número grande de heridos. Los damnificados se suman por miles, cuando en cifras todavía preliminares podemos contar las más de 12.000 residencias destruidas, y eso sin sumar plenamente, las casas de cientos de campesinos que en las zonas rurales se vieron afectadas.Numerosas son las familias que debieron desalojar sus hogares, otras que perdieron sus emprendimientos y otras que quedaron prácticamente con solo lo que tenían puesto el día del terremoto. La dimensión humana nos duele profundamente. Los efectos colaterales en los estados emocionales de muchos son graves y requieren especial atención.La Iglesia de Cali, así como de las diócesis de Buenaventura, Buga, Cartago y Palmira, hemos dado muestras de entrega y acompañamiento espiritual y social sin límites. Cada una de estas jurisdicciones hicimos, hacemos y haremos todo lo que esté al alcance de nuestras manos.Hemos acompañado las comunidades afectadas tanto desde lo espiritual, como también con el complemento psicológico. Desde nuestras instituciones, comenzando por las pastorales sociales diocesanas y los Bancos de alimentos, hemos tratado de llevar un poco de consuelo a las personas más vulnerables.Desde el Banco arquidiocesano de alimentos de Cali, hemos llevado víveres a sectores marginados de la ciudad, pero también a Buenaventura, Palmira, Cartago, Istmina, Pereira, para que los obispos locales los distribuyan en las parroquias más afectadas.La vida sacramental no podía estar ausente, y con la presencia de sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y algunos laicos, se asumió la hermosa tarea de acompañar los lugares de la tragedia a los damnificados. En los casos de los difuntos, y cuando se solicitaba, se pudieron realizar dignas celebraciones exequiales, y ofrecer a los familiares de los fallecidos, el consuelo de la fe.Resalto la iniciativa del cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, la iniciativa de venir a nuestro departamento del Valle, y a Pereira, con 80 presbíteros acompañados por el cardenal y los obispos auxiliares. Fue una presencia misionera cargada de fe y sentido eclesial. Agradezco, en nombre de todos los obispos y fieles de toda la arquidiócesis de Cali y de Pereira, tan loable presencia que nos hermana mucho más.Después del terremoto que produjo la tierra con su movimiento tectónico surgió otro terremoto, el de la solidaridad. Cómo no reconocer los esfuerzos de los rescatistas y voluntarios, hombres y mujeres de todas las edades que pusieron lo mejor de cada uno para salvar vidas o rescatar victimas. Cómo no valorar al Estado Colombiano, a los bomberos, a la defensa civil, a los rescatistas de otros países y ciudades de Colombia, al personal de la salud, y a las autoridades de policía y ejército que, sin desfallecer, aun con el corazón roto, de día y de noche trabajaron en las acciones humanitarias. No hubo distinción ni de condición política, ni de credo ni de condición social, Hubo fraternidad y trabajo común con el firme propósito de salvar vidas lo más pronto posible. A las autoridades civiles de la Gobernación y las alcaldías municipales, va también nuestro reconocimiento, pues ellos no solo intervinieron en los momentos propios inmediatos al terremoto, sino que les corresponde la no fácil tarea de la reconstrucción integral de Cali y demás municipios del Valle del cauca.Por último, después del terremoto, en cuanto a la Iglesia se refiere, nos viene la tristeza que se acrisola con la fe en el Señor. Cerca de 100 templos y capillas de todo el Departamento se han visto seriamente afectados, muchos de ellos colapsaron o es necesario demoler. Muchas parroquias han debido ser cerradas como medida cautelar, lo que impide que los fieles tengan un lugar digno para sus celebraciones.En Cali fueron estos los templos y capillas con mayor afectación:1.La catedral San Pedro Apóstol, de la Plaza Caizedo, iglesia madre de Cali, referente histórico de muchos años. Bien patrimonial de interés nacional.2.La capilla de la Merced. Lugar donde hace 490 años nació Cali. Bien patrimonial de interés nacional.3.La parroquia central San José, de La Cumbre, con colapso total.4.La parroquia Principal y la capilla de Dagua5.La parroquia San Isidro Labrador, Km. 306.La parroquia El Sagrado Corazón, en Bitaco.7.La parroquia de Nuestro Señor del Buen Consuelo, Yumbo.8.La parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, Colseguros.9.La parroquia San Ignacio de Loyola, Terrón Colorado.10.La casa de velación In memoriam, junto a la parroquia de San Fernando Rey.11.La Capilla de Jesús Nazareno, en el barrio Alameda.12.La parroquia Santa Teresa de Jesús, en Pampalinda, afectación total de techo.13.La parroquia el Santísimo Sacramento, el Templete.14.La capilla de La Milagrosa, en la avenida Roosevelt.Y otras 41 parroquias y capillas que sufrieron afectaciones de diverso nivel.Después del terremoto viene la esperanza, viene la recuperación integral de las comunidades, viene la reconstrucción o restauración de nuestros templos y capillas. Confío en que, con la ayuda de todos, vamos a lograr esta meta.+Luis Fernando Rodríguez VelásquezArzobispo de Cali

Mar 1 Sep 2026

Nos llama, nos mueve y nos une: caminar con las familias para sembrar la paz

P. Nelson Ortiz Rozo - En un entorno social marcado por las heridas de la violencia, la polarización y los desastres naturales, muchas familias experimentan cansancio, incertidumbre y frustración. Frente a esta realidad, la acción evangelizadora que la Iglesia realiza con la familia emerge como una fuerza indispensable, capaz de abrazar la fragilidad de los hogares y animarlos a ser sembradores de paz. Por lo tanto, reconocer a la familia como un lugar privilegiado donde se cultivan valores, hábitos y patrones de convivencia permite entender su profunda y decisiva influencia en el desarrollo de la sociedad. La familia no es solo el primer espacio de socialización, sino también la primera escuela donde se aprende a amar, a dialogar, a respetar la diferencia y a resolver los conflictos. Esta labor eclesial nace del corazón de una Iglesia que desea caminar al ritmo de la historia humana mostrando que el tejido social sana en la medida que fortalecemos los vínculos familiares.Esta llamada se hace aún más viva y urgente al sintonizarnos con la iniciativa de la Semana por la Paz que este año nos convoca bajo el lema: ¡la paz nos llama, nos mueve y nos une! Es especialmente en el seno del hogar donde este lema se convierte en vida, pues la familia es el primer escenario donde esa fuerza que nos mueve y nos une debe ser cultivada y custodiada.En primer lugar, la acción evangelizadora de la Iglesia cuida y sirve a la paz respondiendo a la voz de “la paz nos llama”, ofreciendo espacios de acogida, escucha y sanación para el fortalecimiento del vinculo conyugal, filial y fraternal. Sabemos bien que el clima de agresión exterior con frecuencia se filtra al interior de las casas, lastimando las relaciones entre los esposos, el trato de los padres hacia los hijos e instalando la rivalidad en indiferencia entre los hermanos. Por eso la Iglesia sale al encuentro con la pedagogía del cuidado para caminar al lado de cada hogar en su realidad concreta, compartiendo sus alegrías y aliviando sus dolores. Como nos enseñaba san Juan Pablo II: “La familia, en cuanto es y debe ser siempre comunión y comunidad de personas, encuentra en el amor la fuente y el estímulo incesante para acoger, respetar y promover a cada uno de sus miembros en la altísima dignidad de personas, esto es, de imágenes vivientes de Dios” (F. C., 22). Así cuando los miembros de una familia aprenden a acoger y promover la dignidad del otro en su vida diaria, sanando los conflictos internos mediante la caridad cristiana, ese hogar se convierte de manera natural en una sembradora de paz.En segundo lugar, este caminar compartido “nos mueve” a actuar, en el que la Iglesia acompaña con la pedagogía del perdón y la reconciliación cotidiana en la convivencia familiar. Frente a una sociedad que propone el descarte de los que piensan diferente, el Evangelio vivido en el hogar nos mueve a descubrir que el diálogo sincero y el discernimiento comunitario son los verdaderos caminos del Espíritu. El papa Francisco no alienta en este aprendizaje: “Cuando hemos sido ofendidos o desilusionados, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil” (A.L., 106). La acción evangelizadora acompaña con paciencia estos procesos del corazón, mostrando a los padres y a los hermanos que las diferencias no se destruyen con la violencia, sino que se abrazan en la comunión. Con este propósito, la pastoral familiar de la Iglesia en Colombia impulsa múltiples iniciativas, tales como talleres de perdón y reconciliación, retiros espirituales y asesoría personalizada en los centros de escucha y orientación familiar. A esto se suman los encuentros de la Semana de la Familia que esté año, los cuales ofrecen herramientas de resolución pacífica de conflictos orientadas a “desarmar el corazón” y consolidar entornos de convivencia fraterna.Finalmente, el dinamismo de este caminar juntos es el lazo que “nos une” en corresponsabilidad, impulsando a la familia a salir de sí misma para ofrecerse generosamente a la comunidad. De este modo, “ensancha la tienda” del corazón y derriba los muros del egoísmo para vivir una fraternidad más allá del hogar. Al respecto, el papa León XIV, en su encíclica Magnifica Humanistas, recuerda que la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer, es un bien social primario y la célula fundamental e insustituible de la sociedad (nn. 165-167). Así al tejer redes de comunión donde caminan juntas y viven el servicio pastoral, las familias dejan atrás la soledad y el desamparo para descubrirse unidas en una misión común: ser testimonio de fraternidad, hospitalidad, solidaridad y servicio comunitario.La acción evangelizadora que la Iglesia realiza con la familia nos demuestra que la paz social es inseparable de la paz familiar; la primera no es posible sin la segunda, pues brota y se nutre directamente de ella. Al sanar los vínculos internos, educar en el perdón y motivar a los hogares hacia el servicio comunitario, la Iglesia recuerda al mundo que la reconciliación de la sociedad se realiza desde la vivencia cotidiana del amor en el hogar. Por eso, ¡la paz familiar nos llama, nos mueve y nos une!P. Nelson Ortiz RozoDepartamento de Matrimonio y FamiliaConferencia Episcopal de Colombia

Mar 1 Sep 2026

Papa León XIV invita a rezar en septiembre por el cuidado del agua: “un regalo universal, un derecho sin fronteras”

La intención mensual de oración del Papa llama a custodiar este don de Dios con gratitud, justicia y responsabilidad, y a defender el derecho de todos a acceder al agua sin desigualdad.En septiembre, el papa León XIV invita a la Iglesia y a las personas de buena voluntad a unirse en oración por el cuidado del agua, para que aprendamos a custodiarla con gratitud, justicia y sobriedad, reconociendo en ella un don sagrado que sostiene la vida y que compromete a todos con la responsabilidad, la solidaridad y el cuidado de la creación. Esta propuesta del Papa coincide con el Tiempo de la Creación 2026, que se celebrará entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre y cuyo lema es “Agua Viva”.La intención es promovida por la Red Mundial de Oración del Papa, a través de la iniciativa Reza con el Papa, que cada mes convoca a millones de personas a orar por los desafíos de la humanidad y de la misión de la Iglesia.La invitación del Santo Padre parte de una convicción profundamente arraigada en la fe cristiana: el agua es un don de Dios. Es fuente de fecundidad, frescura y esperanza; calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas. Pero, además, posee un significado especial para los cristianos, pues en el Bautismo se convierte en signo de la gracia y del amor de Dios que renuevan la vida.La cartilla preparada para acompañar esta intención recuerda precisamente el lugar central que ocupa el agua en la liturgia y en los sacramentos. En la Vigilia Pascual, por ejemplo, el agua bautismal está vinculada al misterio de Cristo Resucitado y se convierte en signo de vida nueva.Por ello, custodiar el agua es también custodiar la vida. No se trata únicamente de proteger un recurso natural indispensable, sino de reconocer que su cuidado está estrechamente relacionado con la dignidad humana, particularmente con la realidad de quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.El agua es un don, no una posesiónUno de los ejes centrales de la reflexión propuesta por la Red Mundial de Oración del Papa es reconocer que el agua no puede ser entendida únicamente desde una lógica de posesión o aprovechamiento.La cartilla lo expresa así: “El agua es don, no posesión. Es fuente de vida, no instrumento de poder”. Custodiarla con gratitud y justicia significa, por tanto, proteger a los más vulnerables, defender la dignidad humana y alabar al Creador.Esta perspectiva también recoge la enseñanza del papa Francisco en la encíclica Laudato si’, donde se advierte que el acceso al agua potable y segura constituye un derecho humano básico, fundamental y universal. El documento señala, además, que la contaminación de las fuentes hídricas y el uso desmedido del recurso afectan de manera especial a las poblaciones más pobres.La reflexión invita así a mirar una realidad marcada por la desigualdad: mientras algunas personas tienen acceso permanente y abundante al agua, otras deben recorrer grandes distancias para conseguirla o enfrentan las consecuencias de su escasez y contaminación.En la oración mensual, el papa León XIV pone rostro a esta realidad al recordar a quienes “no tienen agua limpia, que caminan kilómetros para encontrarla, que enferman por su escasez”. Y pide que los creyentes sean capaces de defender el derecho de cada hermano y hermana “a beber sin miedo, sin desigualdad”.Una responsabilidad que comienza en lo cotidianoLa intención de oración también invita a revisar la manera en que cada persona se relaciona con el agua.La cartilla propone algunas actitudes concretas para vivir esta intención: valorar el agua como don de Dios, evitar el desperdicio, unir la fe con el compromiso ecológico, educar con el ejemplo e interceder por quienes no tienen acceso a ella.Se trata de comprender que el cuidado de la casa común no es una tarea desligada de la experiencia cristiana. La fe lleva también a reconocer la responsabilidad que cada persona tiene frente a los bienes de la creación.En este sentido, la cartilla retoma una advertencia de Laudato si’ sobre el desperdicio del agua. El problema, señala, no se presenta únicamente en los países desarrollados, sino también en lugares con grandes reservas hídricas. Por eso, el cuidado del agua requiere igualmente procesos educativos y culturales que ayuden a tomar conciencia de la gravedad del desperdicio en contextos de desigualdad.A esto se suma el impacto de la contaminación y de diversas actividades humanas sobre los recursos hídricos. La cartilla advierte que estas acciones pueden deteriorar la calidad del agua, poner en riesgo las reservas subterráneas y alterar el curso de grandes ríos. Frente a estos desafíos, propone un compromiso colectivo de responsabilidad, lucidez y solidaridad para preservar condiciones de vida dignas para todos.“Peregrinos de lo esencial”La oración propuesta por el papa León XIV invita también a una transformación personal. El Papa pide que el Espíritu Santo haga de los creyentes “peregrinos de lo esencial”, capaces de vivir con sobriedad, denunciar el derroche y la contaminación y defender el derecho de cada persona al agua.Esta llamada conecta el cuidado de la creación con una actitud evangélica de sobriedad y solidaridad. Cuidar el agua supone aprender a utilizarla responsablemente, pero también mirar más allá de los propios hábitos para reconocer las necesidades de quienes no tienen garantizado este bien indispensable.De esta manera, la intención de septiembre propone un camino que une oración, conversión personal, responsabilidad social y compromiso con la vida. La invitación del pontífice es a mirar el agua con una conciencia renovada: recibirla con gratitud, utilizarla con sobriedad, protegerla con responsabilidad y defenderla con justicia, especialmente pensando en quienes sufren por no tener acceso a ella. Porque, como recuerda la cartilla, “que nuestro cuidado del agua sea un signo de amor por el Creador”.Oración por el cuidado del aguaEn el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.Señor de la Vida,Tú nos diste el don del agua,fuente de fecundidad, frescura y esperanza.Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas.Te damos gracias porque tambiénella es símbolo de tu gracia y de tu amorque nos renueva por medio del Bautismo.Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarlacon gratitud, justicia y responsabilidad.Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía,olvidando que es un regalo universal,un derecho sin fronteras, destinado a todos tus hijos.Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanasque no tienen agua limpia,que caminan kilómetros para encontrarla,que enferman por su escasez.Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial,capaces de vivir con sobriedad,denunciando el derroche y la contaminación,defendiendo el derecho de cada hermano y hermanaa beber sin miedo, sin desigualdad.Haz que nuestro cuidado del aguasea signo de amor al Creadory compromiso con la vida de los más pobres,educando nuevas generaciones que valoreny protejan los recursos de la Tierra.Amén.Vea el Video del Papa:

Mar 1 Sep 2026

Cuando la sinodalidad transforma también las estructuras de la Iglesia

Por DP. Bernardo Vanegas Luque - El papa León XIV publicó el 29 de agosto la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio Mutua Concordia, mediante la cual modifica dos cánones del Código de Cánones de las Iglesias Orientales. Más allá de su alcance jurídico específico, la decisión ofrece una expresión concreta de una Iglesia que busca vivir la comunión, la corresponsabilidad y la sinodalidad también en sus estructuras y en el ejercicio de la autoridad.La nueva normativa se refiere a las Iglesias católicas orientales patriarcales y, por su naturaleza, también a las Iglesias arzobispales mayores. Su propósito es fortalecer la comunión entre el Patriarca —Padre y Cabeza de la Iglesia sui iuris— y los obispos que, junto con él, conforman el Sínodo de los Obispos.Una autoridad que se ejerce en comuniónMutua Concordia parte de una afirmación especialmente significativa: la concordia entre quien preside una Iglesia oriental y los demás obispos que integran su Sínodo constituye el alma de la comunión de su jerarquía.Desde esta perspectiva, el ministerio de quien preside no aparece aislado del cuerpo episcopal. Por el contrario, el documento recuerda la vocación a la colegialidad propia de este ministerio y señala que la sinodalidad debe ser buscada y cultivada constantemente en un contexto de responsabilidad común.Esta orientación adquiere una expresión jurídica concreta. Entre otros aspectos, la reforma establece procedimientos mediante los cuales el Sínodo puede actuar cuando se presentan dificultades graves en el ejercicio del ministerio del Patriarca, garantizando también su derecho a la defensa y conservando el papel propio del Romano Pontífice.No se trata simplemente de modificar un procedimiento. Detrás de las nuevas disposiciones aparece una comprensión eclesial: la comunión también necesita formas, responsabilidades y estructuras que permitan vivirla.De la experiencia sinodal a las formas concretas de vida eclesialUno de los grandes desafíos de la fase de implementación del Sínodo es precisamente este: evitar que la sinodalidad sea entendida solamente como la realización de encuentros, consultas o métodos de escucha.La escucha, el diálogo, el discernimiento comunitario y la conversación en el Espíritu son fundamentales, pero están llamados a transformar progresivamente nuestra manera de relacionarnos, participar, discernir, tomar decisiones y ejercer los distintos ministerios y responsabilidades en la Iglesia.Mutua Concordia permite observar este dinamismo en un ámbito muy concreto. En este caso, la sinodalidad encuentra una expresión jurídica en la tradición y organización propias de las Iglesias católicas orientales.Esto no significa trasladar estas disposiciones particulares a las diócesis de tradición latina. Su valor para el conjunto de la Iglesia está, más bien, en el principio que dejan entrever: la sinodalidad está llamada a encarnarse en prácticas y estructuras que favorezcan una verdadera comunión y corresponsabilidad.Una pista para nuestro camino en ColombiaLas Iglesias locales en Colombia se encuentran recorriendo la fase de implementación del Sínodo 2025-2028. En este camino, una pregunta resulta cada vez más importante: ¿cómo hacer que la experiencia sinodal pase de los encuentros y espacios de escucha a la vida ordinaria de nuestras comunidades?La respuesta no consiste solamente en crear nuevas estructuras. También supone revisar cómo funcionan las que ya existen: consejos pastorales y económicos, equipos de animación, organismos de participación, comunidades parroquiales y otras instancias de discernimiento y corresponsabilidad.La sinodalidad comienza a hacerse visible cuando escuchar, discernir y participar juntos deja de ser una experiencia ocasional y se convierte progresivamente en una manera habitual de ser Iglesia.La publicación de Mutua Concordia puede leerse, por ello, como una señal concreta de este horizonte: una Iglesia en la que comunión, autoridad, participación y corresponsabilidad no recorren caminos separados, sino que se necesitan mutuamente para el cumplimiento de una misma misión.Para profundizarEl Motu Proprio Mutua Concordia fue publicado el 29 de agosto de 2026 y modifica los cánones 106 y 126 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales.Fuente: Santa Sede y Vatican News.Bernardo Vanegas LuqueDiácono PermanenteDirector Dpto. Animación de la Comunión y la Sinodalidad

Vie 28 Ago 2026

Mons. Ariel Lascarro Tapia será el Administrador Apostólico del Vicariato de San Andrés y Providencia

El nombramiento, realizado por el papa León XIV y dado a conocer por el Dicasterio para la Evangelización, se produce tras el traslado de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias a la Diócesis de Yopal.El papa León XIV nombró a monseñor Ariel Lascarro Tapia, obispo de Magangué, como Administrador Apostólico del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, designación que fue dada a conocer por el Dicasterio para la Evangelización de la Santa Sede este 27 de agosto, tras la posesión canónica de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.Con este nuevo encargo, monseñor Lascarro Tapia asumirá temporalmente el gobierno eclesiástico y el acompañamiento pastoral del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia, mientras el Santo Padre dispone el nombramiento de su nuevo obispo, responsabilidad que ejercerá simultáneamente con su servicio pastoral al frente de la Diócesis de Magangué.Un servicio durante la sede vacanteEl Administrador Apostólico es quien recibe el encargo de gobernar temporalmente una Iglesia particular que se encuentra en sede vacante. En el ejercicio de esta misión, asume las responsabilidades propias del gobierno pastoral y administrativo de la jurisdicción, de acuerdo con las normas del derecho de la Iglesia y las disposiciones establecidas para su nombramiento.Entre sus responsabilidades se encuentran la atención a la vida pastoral de la Iglesia particular, el acompañamiento de sus comunidades, la administración de sus asuntos y la promoción de la comunión eclesial durante el período en que la sede permanece vacante.Un Vicariato directamente sujeto a la Santa SedeEl Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia comprende el territorio del departamento Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina y tiene su sede en la ciudad de San Andrés.Esta circunscripción eclesiástica hace parte de la Provincia Eclesiástica de Cartagena. Sin embargo, por su naturaleza de Vicariato Apostólico, está directamente sujeta a la Santa Sede.Esta condición explica que, ante la vacancia de la sede, el Santo Padre haya confiado a un obispo el servicio de Administrador Apostólico para garantizar la continuidad del gobierno y de la vida pastoral de esta jurisdicción, mientras se adelanta el proceso para designar a su nuevo pastor.Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias ya inició su ministerio en YopalLa sede del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia quedó vacante tras el nombramiento de monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias como obispo de Yopal.El pasado 29 de junio, el papa León XIV lo nombró para esta nueva misión episcopal, después de haber estado al frente del Vicariato Apostólico de San Andrés y Providencia desde 2016.El 27 de agosto, monseñor Sanabria Arias tomó posesión canónica como obispo de Yopal, en una celebración realizada en la Catedral San José de esta ciudad, dando inicio a su ministerio episcopal al servicio de la Iglesia particular de Casanare.Monseñor Ariel Lascarro TapiaMonseñor Ariel Lascarro Tapia nació en El Carmen de Bolívar el 3 de noviembre de 1967. Fue ordenado sacerdote el 22 de octubre de 1994 y ha desempeñado diferentes servicios pastorales y eclesiales.El 21 de noviembre de 2014 fue nombrado por el papa Francisco como obispo de Magangué, Iglesia particular a la que continúa sirviendo.