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conferencia episcopal de colombia

Mar 11 Ago 2026

Los ministerios de los laicos: un recorrido histórico

Por P. Jairo de Jesús Ramírez Ramírez - Del 30 al 31 de julio de 2026, la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín fue sede del VIII Congreso Internacional de Liturgia, convocado bajo el lema «Liturgia, escuela de espiritualidad y compromiso laical». En ese marco el Director del Departamento de Liturgia del Secretariado Permanente del Episcopado Colombiano (SPEC) ofreció la ponencia que da origen a este artículo, con un objetivo doble: histórico y litúrgico. Histórico, porque se trataba de recorrer cómo ha caminado la Iglesia, a lo largo de sus veinte siglos, en su comprensión y ejercicio de los ministerios confiados a los laicos. Litúrgico, porque en cada etapa de ese recorrido interesa preguntar qué rito —qué gesto concreto— expresó la relación entre el ministerio ordenado y los servicios confiados a los laicos.La historia del laicado, como advierten quienes la han estudiado, está hecha de luces y de sombras: no es una línea recta de progreso continuo, ni tampoco una novedad reciente inventada por el Concilio Vaticano II o por el Papa Francisco. Es, más bien, el relato de tres grandes movimientos que se entrelazan y a veces se contraponen: una riqueza carismática originaria en las primeras comunidades; una progresiva concentración de esa riqueza en los ministerios ordenados; y, finalmente, un redescubrimiento que encuentra en el Concilio su formulación decisiva y llega hasta las Orientaciones recién aprobadas por el Episcopado colombiano.1. La Iglesia de los primeros siglos: una comunidad ministerial en su totalidadEn el Nuevo Testamento se distingue ya entre el don fontal del Espíritu, dado a todos para la santificación en Cristo, y los dones particulares que ese mismo Espíritu confiere a algunos fieles para la edificación del Cuerpo. San Pablo lo expresa con una fórmula programática: existen diversos carismas, pero el Espíritu es el mismo; existen diversos servicios, pero el Señor es el mismo (cf. 1 Co 12,1-7). Ese servicio traduce, en griego, diakonía, y remite ante todo a la actitud de Cristo mismo, que se vació y se entregó por la humanidad (cf. Flp 2,5-11): el ministerio, antes que un poder, es un servicio que lo prolonga (Lodi 1987, 1275).La palabra «laico»: quién la usó primeroLa palabra griega laikós aparece por primera vez hacia el año 95, en la Primera Carta de Clemente de Roma a los Corintios (1Clem 40,5), donde Clemente contrapone la tríada sacerdotes-levitas-laicos para hablar del orden que Dios quiere en su pueblo (Sanvito 2026, 31-66). Un siglo después, hacia el 200, Clemente de Alejandría emplea el mismo término en sus Stromata (III, 12, 90, 1), esta vez con la tríada sacerdotes-diáconos-laicos; y Tertuliano, en Cartago, lo usa en su De exhortatione castitatis (7, 3), dando ya por conocido su significado. Los tres no inventan una categoría nueva: fijan, cada uno en su contexto, un vocabulario que la comunidad ya usaba para distinguir, sin romper la unidad del pueblo bautizado, entre quienes ejercían un ministerio jerárquico y quienes no.Buena parte de los grandes apologistas, maestros, mártires y ascetas de estos siglos fueron, precisamente, laicos: Justino, filósofo convertido que abrió en Roma una escuela sin mandato eclesiástico y selló su testimonio con el martirio hacia el año 165; Lactancio, retórico africano que escribió las Divinas instituciones sin dejar nunca su condición laical; Orígenes, que siendo aún laico llegó a dirigir la escuela catequética de Alejandría. Los mártires tienen también nombre propio: tras el edicto de Septimio Severo del año 202, murieron en Cartago Perpetua y Felicidad —hoy presentes en el Canón Romano y en las letanías de la Vigilia Pascual (Misal Romano, 312, 667)—, y en Alejandría, Leónidas, padre de Orígenes. Entre los ascetas, san Antonio Abad (251-356), nunca ordenado, es reconocido como padre del monacato cristiano.Los ministerios menores: qué hacía cada unoSan Ignacio de Antioquía, a comienzos del siglo II, es quien primero distingue con nitidez las funciones episcopales de las presbiterales (Lodi 1987, 1279); y la Tradición apostólica de Hipólito de Roma describe ya, en el siglo III, los ritos de ordenación de obispo, presbítero y diácono (Lodi 1987, 1282). Junto a estos tres grados mayores, las fuentes documentan toda una constelación de ministerios laicales estables: el subdiácono leía la epístola y preparaba los vasos sagrados; el lector proclamaba las Escrituras; el cantor entonaba los salmos; el exorcista imponía las manos sobre los catecúmenos; el ostiario custodiaba la puerta del templo; el acólito llevaba las luces y presentaba el vino y el agua. Entre las mujeres, las diaconisas de la tradición siríaca eran ordenadas por imposición de manos —caso documentado es el de santa Olimpia de Constantinopla (360-408)—; las vírgenes consagradas recibían el velo de manos del obispo, como santa Marcelina, hermana de san Ambrosio; y las viudas formaban un orden dedicado a la oración y la caridad, como el círculo reunido por santa Marcela de Roma en el Aventino.Este dato tiene una lectura litúrgica precisa: cada uno de estos ministerios se recibía mediante un gesto ritual distinto, más o menos solemne según el grado, como consta en el Sacramentario Gelasiano, el primer libro litúrgico que recoge los ritos de ordenación de las órdenes menores. Ya en el siglo III, la Iglesia sabía distinguir con el rito la diversidad de vocaciones dentro de un único Pueblo de Dios.2. La concentración clericalA partir de la alianza entre la Iglesia y el Imperio en el siglo IV, el clero se consolidó como un grupo claramente definido y concentró funciones que antes se distribuían de manera más amplia. Desapareció el catecumenado, se debilitó el impulso misionero, y los ministerios y carismas laicales se redujeron hasta el punto de que el diaconado mismo entró en riesgo de extinción práctica (Lodi 1987, 1283). Los privilegios concedidos a los obispos —convertidos en dignatarios del Estado— introdujeron en la liturgia el ceremonial de la corte imperial y una terminología tomada del cursus honorum romano, que llevó a concebir los grados ministeriales como peldaños de una carrera jerárquica y no ya como servicios complementarios. El canon 10 del Concilio de Sárdica (343) es elocuente: nadie podía acceder al episcopado sin haber ejercido antes el lectorado, el diaconado o el presbiterado.La cristiandad organizó así la Iglesia al modo del Imperio, marcando una diferencia cada vez más nítida entre clero y laicado. Desde el siglo VIII la liturgia se celebró en latín, lengua que el pueblo ya no comprendía, lo que convirtió con frecuencia a los fieles en simples espectadores. Litúrgicamente, es la época en que el gesto ritual deja de multiplicarse: donde antes había un rito propio para cada servicio, ahora casi todo converge en la ordenación, y el laico va perdiendo el gesto que antes lo vinculaba visiblemente a un ministerio reconocido.3. El despertar del laicado: cofradías, terceras órdenes y catequistas doctrinerosA partir del siglo X surgieron las cofradías —asociaciones de fieles laicos organizadas en torno a una devoción o una obra de caridad, sin votos ni vida en común— y, en el siglo XIII, las órdenes mendicantes extendieron su espiritualidad a los laicos mediante las terceras órdenes. Santa Isabel de Hungría (1207-1231), reina viuda que renunció a su rango para servir a los pobres, es considerada la primera terciaria franciscana; santa Catalina de Siena (1347-1380) vivió como terciaria dominica e influyó en la vida de la Iglesia de su tiempo, incluida su intervención ante Gregorio XI para el regreso de la Sede de Aviñón a Roma. En este contexto se sentaron las bases del reconocimiento de una misión propia del laicado: la relación específica con las realidades temporales.En la Edad Moderna, el laico Ettore Vernazza fundó en Génova, en 1497, la Compañía del Divino Amor, bajo inspiración de santa Catalina de Génova; el jesuita Jean Leunis fundó en 1563 la primera Congregación Mariana; y, todavía laico, san Felipe Neri fundó en 1548 la Congregación del Oratorio. En el siglo XIX, dos universitarios italianos, Mario Fani y Giovanni Acquaderni, lanzaron en 1867 la iniciativa que Pío IX aprobaría como Sociedad de la Juventud Católica Italiana —antecedente directo de la Acción Católica que Pío XI organizaría formalmente en la Encíclica Ubi Arcano Dei Consilio (1922)—. En las letras, Blaise Pascal (1623-1662) dejó, en sus Pensamientos, la célebre frase «el corazón tiene razones que la razón desconoce»; y Alphonse de Lamartine (1790-1869) cantó a Dios en sus Méditations poétiques (1820).Es precisamente en este mismo período de máxima concentración clerical cuando, en los territorios de misión de América, resurge con fuerza la figura del catequista laico. Ante la escasez de clero, catequistas indígenas y mestizos —muchas veces llamados «fiscales» o «doctrineros»— asumieron durante siglos la enseñanza catequética entre visita y visita del sacerdote. De aquella época perviven hoy varias capillas doctrineras en diócesis colombianas —Zipaquirá, Sutatausa, Suesca, Chiquinquirá, Sáchica, Villa de Leyva, Tierradentro, Tópaga, Monguí—, varias de ellas declaradas bienes de interés cultural. Es la misma semilla ministerial que llegará, sin solución de continuidad, hasta el ministerio de catequista que hoy conocemos: la bendición o el mandato que el párroco daba al doctrinero, sin ordenarlo, era ya un germen del rito de institución que Pablo VI formalizaría siglos después.4. El siglo XX: la teología del laicadoA comienzos del siglo XX comenzó a abrirse paso la conciencia de que el clero no podía representar la única presencia de la Iglesia en el mundo. El papa Pío XI impulsó la Acción Católica, entendida como la participación de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia; Pío XII dio un paso más audaz al afirmar que «los laicos no solo pertenecen a la Iglesia, sino que son Iglesia» (Pío XII 1946). Surgieron movimientos como la Juventud Obrera Cristiana, y se celebraron dos Congresos Mundiales del Apostolado de los Laicos (1951 y 1957), que prepararon el nacimiento de una verdadera teología del laicado entre 1950 y 1960.El P. Yves Congar, dominico francés, silenciado por sospecha de heterodoxia entre 1946 y 1956 y rehabilitado en 1960 por Juan XXIII —quien lo incorporó como perito al Concilio—, representa el primer intento sistemático de pensar al laico no por delegación de la jerarquía, sino desde su propia relación constitutiva con el mundo, fundada en la vocación bautismal. Suya es la frase que resume la condición del laicado de su tiempo: hay laicos que ya son apóstoles en una Iglesia todavía clerical, que se defiende en un mundo en vías de secularización.5. El Concilio Vaticano II: el giro eclesiológicoEl Concilio, convocado por san Juan XXIII, significa un verdadero punto de inflexión, y lo hace desde una decisión de método: en la constitución Lumen Gentium, el capítulo sobre el Pueblo de Dios precede al capítulo sobre la jerarquía. Antes de hablar de cómo los obispos participan de los tres oficios de Cristo, el Concilio afirma que todo el Pueblo de Dios es ya, por el bautismo, un pueblo sacerdotal, profético y real (Concilio Vaticano II 1964, LG 10, 31). Con todo, Lumen Gentium 10 mantiene con claridad la distinción esencial entre ambos sacerdocios —«diferentes esencialmente y no solamente en grado», aunque «ordenados el uno al otro»—.El decreto Apostolicam Actuositatem aplica a los laicos ese mismo esquema de la triple función de Cristo, con una secuencia propia: sacerdote-profeta-rey, en clave de dominio de sí y de servicio a la sociedad (Concilio Vaticano II 1965a, AA 2). Y el decreto Ad Gentes elogia explícitamente a los catequistas, calificándolos de «legión benemérita» de la obra misionera (Concilio Vaticano II 1965b, AG 17). Antes del Concilio, el laico solía definirse de manera negativa: «el que no es sacerdote ni religioso» (CELAM 2007, DA 209). El Concilio superó esa visión y afirmó que los fieles laicos son, en fórmula feliz, hombres y mujeres de Iglesia en el corazón del mundo, y hombres y mujeres del mundo en el corazón de la Iglesia. Con todo, es honesto reconocer una ambivalencia en el texto conciliar: la colaboración de los laicos aparece todavía, en varios pasajes, ligada a la penuria de sacerdotes, como si se tratara ante todo de una suplencia, y no plenamente como ejercicio propio del sacerdocio bautismal.6. El desarrollo posconciliar y la recepción colombianaPablo VI, en el motu proprio Ministeria quaedam de 1972, reforma la antigua disciplina de las órdenes menores, reserva el Orden sagrado a la tríada episcopado-presbiterado-diaconado y confía el lectorado y el acolitado a los laicos mediante un rito de institución, no de ordenación —la primera vez que la Iglesia distingue con tanta claridad ambos gestos litúrgicos—. El mismo documento abre la puerta a que las Conferencias Episcopales pidan otros ministerios, mencionando expresamente el oficio de catequista.En 1988, san Juan Pablo II precisa en Christifideles laici que «no es la tarea lo que constituye el ministerio, sino la ordenación sacramental» (Juan Pablo II 1988, ChL 23); la instrucción Ecclesiae de mysterio (1997) lo resumirá con una fórmula memorable: «colaborar no significa sustituir» (Congregación para el Clero 1997). En 2021, Spiritus Domini abre a las mujeres el lectorado y el acolitado instituidos, modificando el canon 230 §1 del CIC, y Antiquum ministerium instituye el ministerio de catequista, descrito como «testigo de la fe, maestro y mistagogo, acompañante y pedagogo que enseña en nombre de la Iglesia» (Francisco 2021, AM 6). En 2022, el Papa Francisco resume todo el recorrido: «no existe comunidad cristiana que no genere ministerios» (Francisco 2022, 3).El Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad (2024) confirma y proyecta este camino, pidiendo «la promoción de más formas de ministerios laicales... no solo en el ámbito litúrgico» (Sínodo de los Obispos 2024, 36). El Episcopado colombiano ha respondido con decisión: tras Antiquum ministerium, y a partir del encuentro del 23 al 25 de mayo de 2023 liderado por el Departamento de Liturgia, se publicaron el 24 de junio de 2026 las «Orientaciones para el Fomento y la Renovación de los Servicios y Ministerios Bautismales» (Conferencia Episcopal de Colombia 2026), que tipifican los ministerios ordenados, los tres ministerios instituidos de alcance universal —lectorado, acolitado y catequista—, los ministerios extraordinarios y los servicios de facto. Y determina la figura del Catequista para la Iglesia en Colombia:«Se dedicará de manera especial a la promoción y realización de acciones y procesos específicamente misioneros y al acompañamiento de las comunidades que surjan de la acción misionera. En este sentido, será líder de comunidades misioneras en contextos rurales o urbanos y podría, si las necesidades locales así lo aconsejan, presidir celebraciones dominicales de la Palabra, en la ausencia del presbítero» (Orientaciones 2026, 117).Se trata de la culminación institucional, dos siglos después, de la figura del catequista doctrinero. Y las Orientaciones añaden un principio que cierra el círculo: cuanto más avanza una Iglesia particular en la pluralidad de los ministerios laicales, más debe insistir en la importancia decisiva de los ministerios ordenados; lo uno nunca es alternativa de lo otro.ConclusiónEste recorrido histórico permite algunas conclusiones pastorales. La Iglesia primitiva nació ministerial en su totalidad: la distinción entre laicos y clérigos, atestiguada desde el año 95, no impidió una vitalidad carismática notable —maestros, mártires y ascetas laicos, y una constelación de ministerios menores con función y rito propios— que rara vez se recuerda hoy con el detalle que merece. El proceso de concentración clerical entre los siglos IV y XIX no fue lineal ni exento de resistencias: coexistió, en distintos momentos, con auténticos despertares laicales, hasta llegar, en el contexto americano, a la figura del catequista doctrinero, germen histórico directo del ministerio que hoy reconoce el magisterio universal.El giro eclesiológico del Concilio Vaticano II confirma que la revalorización del laicado no fue una concesión coyuntural, sino una decisión de método teológico —anteponer el Pueblo de Dios a la jerarquía—, aunque el texto conciliar conserva una ambivalencia no resuelta entre la colaboración laical como suplencia y como ejercicio propio del sacerdocio bautismal. La recepción de este desarrollo en las Orientaciones de la Conferencia Episcopal de Colombia (2026) muestra una Iglesia particular que asume el itinerario magisterial universal y lo articula con su propia historia. Y en la dimensión ritual que ha atravesado todo el recorrido, se advierte que cada etapa tuvo su correspondiente expresión litúrgica: la multiplicidad de ritos de los primeros siglos, su concentración en la sola ordenación durante la cristiandad, el mandato eclesial sin rito propio de la Acción Católica preconciliar, y, finalmente, la distinción magisterial explícita entre el rito de ordenación y el rito de institución que Pablo VI formuló en 1972.En síntesis, lo que hoy se denomina «nuevos ministerios» no es una novedad, sino una recuperación: la tensión entre concentración clerical y despliegue carismático no es nueva, y la Iglesia ha sabido, en distintos momentos de su historia, corregir sus propios desequilibrios sin romper la unidad esencial entre sacerdocio común y sacerdocio ministerial. El camino sinodal actual no busca clericalizar al laico ni debilitar al ministerio ordenado, sino permitir que toda la comunidad cristiana sea ministerial, para construir juntos el único cuerpo eclesial (Francisco 2022, 9).Referencias-CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano). 2007. Documento de Aparecida: Texto conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Bogotá: CELAM.-Concilio Vaticano II. 1964. Lumen Gentium: Constitución dogmática sobre la Iglesia. Roma: Librería Editrice Vaticana.-Concilio Vaticano II. 1965a. Apostolicam Actuositatem: Decreto sobre el apostolado de los laicos. Roma: Librería Editrice Vaticana.-Concilio Vaticano II. 1965b. Ad Gentes: Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia. Roma: Librería Editrice Vaticana.-Conferencia Episcopal de Colombia. 2026. Orientaciones para el Fomento y la Renovación de los Servicios y Ministerios Bautismales. Bogotá: Carvajal Soluciones.-Congregación para el Clero. 1997. Ecclesiae de Mysterio: Instrucción sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes. Acta Apostolicae Sedis 89: 852–877.-Francisco. 2021a. Spiritus Domini: Carta apostólica en forma de "motu proprio" sobre el acceso de las personas de sexo femenino al ministerio instituido del lectorado y del acolitado. Acta Apostolicae Sedis 113: 169–171.-Francisco. 2021b. Antiquum Ministerium: Carta apostólica en forma de "motu proprio" con la que se instituye el ministerio de catequista. Acta Apostolicae Sedis 113: 641–647.-Francisco. 2022. Mensaje del Santo Padre en el 50.º aniversario de la carta apostólica Ministeria quaedam de san Pablo VI. Acta Apostolicae Sedis 114: 1168–1175.-Juan Pablo II. 1988. Christifideles Laici: Exhortación apostólica postsinodal sobre vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo. Acta Apostolicae Sedis 81 (1989): 393–521.-Lodi, Enzo. 1987. "Ministerio/Ministerios." En Nuevo Diccionario de Liturgia, dirigido por D. Sartore y A. M. Triacca, edición española de J. M. Canals, 1275–1286. Madrid: Ediciones Paulinas.-Pablo VI. 1972. Ministeria Quaedam: Carta apostólica en forma de "motu proprio" por la que se reforma en la Iglesia latina la disciplina relativa a la primera tonsura, a las órdenes menores y al subdiaconado. Acta Apostolicae Sedis 64: 529–534.-Pío XII. 1946. "Discurso a los nuevos cardenales." Consistorio del 20 de febrero de 1946. Ciudad del Vaticano.-Sanvito, Clara. 2026. "El laico en relación con la jerarquía: un recorrido en los primeros testimonios cristianos." Estudios Eclesiásticos 101, núm. 396: 31–66.-Sínodo de los Obispos, XVI Asamblea General Ordinaria. 2024. Documento Final: Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Ciudad del Vaticano, 26 de octubre.P. Jairo de Jesús Ramírez RamírezDirector del Departamento de LiturgiaConferencia Episcopal de Colombia

Mar 11 Ago 2026

En Quibdó, familias permanecen fuera de sus hogares por temor a nuevos colapsos y la Iglesia llama a fortalecer la ayuda

Según un reporte preliminar de la Diócesis de Quibdó, 14 personas han fallecido y más de 120 han resultado afectadas en el departamento del Chocó. El obispo, monseñor Wiston Mosquera Moreno, advierte sobre viviendas averiadas, familias que permanecen fuera de sus hogares por temor a nuevos colapsos y necesidades urgentes de atención.La emergencia provocada por el terremoto registrado este lunes 10 de agosto continúa dejando importantes afectaciones en distintos territorios del país. En el departamento del Chocó, particularmente en el territorio de la Diócesis de Quibdó, las comunidades enfrentan GRAVES daños en viviendas, personas heridas y familias que permanecen fuera de sus hogares ante el temor de nuevos colapsos. Diferentes templos parroquiales también han sido impactados.En un mensaje dirigido a la comunidad, el obispo de Quibdó, monseñor Wiston Mosquera Moreno, expresó la solidaridad de la Iglesia con las víctimas y compartió un reporte preliminar sobre la situación que se vive en el departamento.Según ha explicado monseñor Mosquera, algunas de las personas heridas han tenido que ser trasladadas a hospitales de alta complejidad en Medellín y otros lugares, debido a la capacidad limitada del Hospital San Francisco de Asís de Quibdó para atender la magnitud de la emergencia.“Necesita insumos el hospital para atender a tantas personas que han llegado heridas también a este lugar”, afirmó monseñor Mosquera Moreno, al hacer un llamado a fortalecer la ayuda para la atención de los afectados.Familias permanecen fuera de sus hogares por temor a nuevos colapsosEl impacto de la emergencia también se refleja en las condiciones de vivienda de numerosas familias en Quibdó. El obispo explicó que, durante los recorridos realizados por la Diócesis en diferentes barrios, se han identificado viviendas con fisuras y estructuras que generan preocupación. En algunos sectores, señaló, hay casas inclinadas y calles donde varias edificaciones presentan riesgo de colapso.“Hay lugares en donde las casas, cuadras inclusive, están a punto de colapsar porque ha habido hasta grietas al frente de sus casas y las casas han quedado un poco inclinadas hacia la parte de atrás”, relató.Ante esta situación, numerosas familias han decidido permanecer en las calles, cerca de sus viviendas, por temor a regresar a casas que podrían presentar daños estructurales.Monseñor Mosquera hizo un llamado a los ingenieros y profesionales del departamento para que puedan acompañar a las comunidades en la evaluación de las viviendas y determinar cuáles presentan riesgo de colapso y cuáles pueden ser reparadas, de manera que las familias puedan retornar a sus hogares cuando existan condiciones de seguridad.El obispo mencionó especialmente las afectaciones observadas en el sector de La Terraza, en Quibdó, donde se han identificado viviendas con daños y estructuras que requieren valoración.La Diócesis de Quibdó articula ayudas para las comunidades afectadasAnte las necesidades identificadas, la Diócesis de Quibdó ha dispuesto espacios para la recepción de ayudas humanitarias y ha habilitado mecanismos para recibir aportes económicos destinados a la atención de la emergencia.Monseñor Mosquera señaló que entre las necesidades más urgentes se encuentran alimentos no perecederos, frazadas, medicamentos e insumos para la atención de los heridos, así como elementos para niños y bebés. También pidió considerar las necesidades de las mascotas que permanecen junto a las familias afectadas.Las ayudas pueden ser entregadas en la Fundación Banco de Alimentos de la Diócesis de Quibdó, ubicada en el barrio Yesquita, calle 21 #4-82, y en el Convento de Quibdó (Curia diocesana), ubicado en el barrio Roma, carrera 1 #26-91.Para quienes deseen realizar aportes económicos, la Diócesis informó que estos pueden efectuarse a través de las siguientes cuentas:Fundación Banco de Alimentos – Diócesis de Quibdó: NIT 902066805-8. Cuenta de ahorros del Banco de Bogotá No. 578816514.Pastoral Social – Diócesis de Quibdó: NIT 900242658-9. Cuenta de ahorros de Bancolombia No. 53600002300.El obispo precisó, además, que por las limitaciones de espacio de almacenamiento no se está priorizando en este momento la recepción de ropa para adultos, mientras que sí se requiere ropa para niños y elementos destinados a la atención de bebés.La Iglesia mantiene su acompañamiento a las comunidadesLa Diócesis de Quibdó mantiene su presencia en los sectores afectados y continúa realizando recorridos para conocer de primera mano las necesidades de las comunidades y acompañar a las familias que enfrentan las consecuencias del terremoto.En medio de esta situación, monseñor Mosquera Moreno reiteró que la Iglesia permanecerá cercana a las personas afectadas y llamó a unir esfuerzos para responder a la emergencia.“Dios no los deja solos, estamos todos acompañándoles”, expresó el obispo.La Diócesis de Quibdó continuará articulando acciones de solidaridad y acompañamiento, mientras avanzan las labores de evaluación de los daños y atención a las personas afectadas.La Iglesia en Colombia mantiene su oración por las personas fallecidas, los heridos, las familias damnificadas y todas las comunidades que enfrentan las consecuencias del terremoto, y reitera su llamado a la solidaridad y a la unidad para responder a las necesidades de los territorios más afectados.Vea el mensaje del Obispo de Quibdó a continuación:

Mar 11 Ago 2026

“Fortaleza espiritual y esperanza cristiana”: el mensaje del papa León XIV a Colombia tras el terremoto

A través de un telegrama firmado por el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, el Santo Padre manifestó su profundo pesar por las víctimas del terremoto que afectó varias zonas del país y pidió transmitir su cercanía espiritual a las familias y comunidades damnificadas.Ante la tragedia ocasionada por el terremoto que afectó a Colombia este lunes 10 de agosto, el papa León XIV expresó su cercanía con el pueblo colombiano y elevó sus oraciones por las víctimas, los heridos y todas las personas afectadas por esta emergencia.El mensaje fue enviado al presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, arzobispo de Cartagena, a través del cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano.En el telegrama, el Santo Padre manifiesta estar “vivamente apenado” al conocer la situación provocada por el sismo, que ha dejado víctimas, numerosos heridos y graves daños materiales en diferentes zonas del país, entre ellos afectaciones a templos e iglesias.El Pontífice ofrece sufragios por el eterno descanso de quienes han fallecido y eleva sus oraciones al Señor por la pronta recuperación de las personas afectadas por esta tragedia. Asimismo, pide a monseñor Múnera que transmita su sentido pésame a los familiares que atraviesan el dolor por la pérdida de sus seres queridos.De manera especial, el papa León XIV expresa también su cercanía espiritual a quienes están viviendo las consecuencias de la emergencia y manifiesta su gratitud a todas las personas que, con generosa entrega, participan en las labores de búsqueda, rescate, socorro y asistencia a los damnificados.En su mensaje, el Santo Padre encomienda al pueblo colombiano a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María y pide al Señor que conceda a quienes enfrentan esta difícil situación los dones de la fortaleza espiritual y la esperanza cristiana.Finalmente, el papa León XIV imparte de corazón su bendición apostólica a los afectados por esta tragedia.El mensaje del Santo Padre se suma a las expresiones de cercanía y solidaridad que la Iglesia católica en Colombia ha venido manifestando desde las primeras horas de la emergencia, acompañando con la oración a las víctimas y sus familias y promoviendo la solidaridad y el servicio a las comunidades afectadas.La Conferencia Episcopal de Colombia acoge con gratitud este gesto de cercanía del Papa León XIV y hace suyo su llamado a mantener la esperanza, fortalecer la solidaridad y acompañar, especialmente en estos momentos, a quienes han sufrido las consecuencias de esta emergencia.

Lun 10 Ago 2026

Obispos de Colombia llaman a la solidaridad y la esperanza ante el terremoto que deja más de un centenar de víctimas

La Conferencia Episcopal de Colombia expresa su cercanía a las comunidades afectadas por el sismo y convoca a los colombianos a responder con generosidad y solidaridad. Desde Manizales, Pereira y Cali, los obispos acompañan a las comunidades y coordinan acciones de apoyo.La Conferencia Episcopal de Colombia manifestó su cercanía y solidaridad con las comunidades afectadas por el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido en la mañana de este lunes 10 de agosto, con epicentro en el municipio de San José del Palmar, Chocó.De acuerdo con las cifras oficiales parciales conocidas hasta el momento, el sismo deja 111 personas fallecidas, más de 80 heridas y varias aún desaparecidas; también 1.575 viviendas afectadas; además, de graves daños en infraestructura y edificaciones en diferentes regiones del país.En un mensaje dirigido al pueblo colombiano, la Presidencia de la Conferencia Episcopal manifestó su cercanía con quienes viven las consecuencias de esta emergencia y elevó su oración por quienes han perdido la vida, por las personas desaparecidas, los heridos y las familias damnificadas. Asimismo, encomendó especialmente a los organismos de socorro, autoridades, personal médico, voluntarios, servidores públicos, miembros de la Fuerza Pública y a todas las personas que participan en las labores de búsqueda, rescate y atención.Los obispos subrayaron que una emergencia de esta magnitud no puede ser afrontada de manera individual, sino que exige que Colombia se reconozca como una sola familia y responda al sufrimiento con generosidad, responsabilidad y solidaridad. El mensaje anuncia, además, que la Iglesia comunicará las formas y vías para canalizar la ayuda solidaria.La Iglesia acompaña y se pone al servicio de las comunidadesDesde las regiones golpeadas por el terremoto, los pastores han expresado su cercanía y han llamado a mantener la esperanza, pero también a poner las capacidades de la Iglesia al servicio de las comunidades afectadas.En la Arquidiócesis de Manizales, monseñor José Miguel Gómez señaló que el movimiento telúrico, además de su intensidad y duración, provocó afectaciones en numerosas viviendas, edificios, templos y lugares sagrados. Ante esta situación, el arzobispo expresó su solidaridad y aseguró que la prioridad es acompañar a las personas, los fieles, los sacerdotes y las comunidades que han padecido las consecuencias del sismo.El prelado hizo un llamado especial a permanecer atentos a quienes más sufren y a seguir las orientaciones de las autoridades. “Que ninguna persona se quede sin atención en estos momentos de dificultad”, pidió, al tiempo que invitó a mantener la confianza en Dios y a buscar en Él la fortaleza necesaria para afrontar estos momentos.En la Diócesis de Pereira, una de las zonas que enfrenta importantes afectaciones, monseñor Nelson Jair Cardona Ramírez dirigió un llamado especial a los sacerdotes, diáconos, seminaristas y religiosas de la Diócesis para que asuman una actitud de fortaleza y esperanza que les permita acompañar a quienes atraviesan momentos de ansiedad y dolor.El obispo les pidió estar disponibles para auxiliar a los hermanos en aquello que esté a su alcance y señaló que, ante las afectaciones sufridas por numerosas edificaciones, la Iglesia buscará coordinarse con las autoridades para poner sus capacidades al servicio de quienes más están sufriendo.En un segundo mensaje, monseñor Cardona explicó que la Iglesia ya había establecido comunicación con las autoridades gubernamentales de Pereira con el propósito de trabajar “como un solo equipo al servicio de los hermanos que más están sufriendo”. También agradeció las expresiones de solidaridad y oración que han llegado a las comunidades de Pereira, Risaralda y municipios vecinos, y pidió a todos sostener la esperanza.En la Arquidiócesis de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez informó sobre los daños registrados en varios templos emblemáticos de la ciudad, entre ellos la Catedral de San Pedro Apóstol, las iglesias de La Merced, San Francisco y Santa Rosa de Lima.Aunque señaló que, al momento de su mensaje, no se reportaban víctimas humanas en la ciudad, destacó las afectaciones en viviendas, oficinas y edificaciones, y convocó a los caleños a “unirnos, caminar juntos y trabajar juntos” para superar este momento de dolor.El Arzobispo también reconoció la labor de voluntarios, párrocos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas que acompañan a las comunidades, así como de los benefactores y de quienes han comenzado a disponer recursos para contribuir a la reconstrucción de las obras afectadas.La solidaridad también se moviliza desde los bancos de alimentosLa respuesta de la Iglesia y de sus organizaciones sociales también se extiende a la atención de las necesidades básicas de las familias damnificadas.El Banco de Alimentos de Buenaventura resultó afectado por la emergencia y se encuentra en evaluación. Ante esta situación, fue habilitado un punto de acopio alterno en la avenida Simón Bolívar, dentro del Colegio Seminario Bagno Regio, con el propósito de garantizar la distribución de alimentos a personas ubicadas en albergues, centros de salud y hospitales, así como a familias y comunidades cercanas a las zonas afectadas.También el Banco de Alimentos de Pereira sufrió graves afectaciones en su estructura, en medio de la emergencia que golpeó al departamento.En Bogotá, el Banco de Alimentos puso en marcha una campaña extraordinaria de asistencia humanitaria para movilizar recursos y ayudas hacia las familias afectadas. La iniciativa busca facilitar la adquisición, acopio y distribución de alimentos, agua potable y elementos de primera necesidad en los municipios más afectados.A esta misión humanitaria y pastoral se suma la activación de la red de bancos de alimentos de otras ciudades, que trabaja en la movilización de productos esenciales para las poblaciones damnificadas.Por su parte, el Secretariado de Pastoral Social - Cáritas Colombiana activó también su Servicio Nacional de Emergencias para recaudar fondos que permitan ayudar directamente a las jurisdicciones y comunidades que resultaron mayormente afectadas por esta tragedia.Una Iglesia que acompaña, sirve y sostiene la esperanzaLos daños provocados por el terremoto también alcanzaron numerosos templos y edificaciones eclesiales en diferentes jurisdicciones del país. Sin embargo, desde las distintas Iglesias particulares, la prioridad expresada por los obispos es el acompañamiento de las personas y la respuesta a las necesidades más urgentes.En su mensaje al pueblo colombiano, la Conferencia Episcopal puso al país bajo la protección maternal de la Virgen María y pidió que ella acompañe a las comunidades afectadas y enseñe a los colombianos a permanecer unidos, cuidarse mutuamente y sostener la esperanza aun en medio de la adversidad.Este llamado encuentra también eco en el mensaje de los obispos de Bogotá, quienes invitaron al pueblo de Dios a hacer de este momento una oportunidad para renovar la fraternidad, la corresponsabilidad y la cultura del cuidado recíproco. Ante el sufrimiento, señalaron, es necesario tender la mano, cooperar con quienes están en las zonas más afectadas y trabajar por quienes perdieron a sus seres queridos, sus viviendas o sus medios de trabajo.El mensaje de la Conferencia Episcopal concluye con una expresión que resume esta disposición de la Iglesia ante la emergencia: “A todos los afectados, nuestra oración, nuestra cercanía y nuestra solidaridad.”

Mar 4 Ago 2026

La Diócesis de Ocaña celebró las bodas de plata de un encuentro que ha fortalecido generaciones de monaguillos

Niños, adolescentes y familias provenientes de seis jurisdicciones eclesiásticas invitadas se unieron a la Diócesis de Ocaña para conmemorar la vigésima quinta edición del Encuentro Diocesano de Monaguillos, una experiencia que, desde hace más de dos décadas, promueve la espiritualidad, el servicio al altar y el discernimiento vocacional.Con la participación de más de 1.120 monaguillos, acompañados por sus familias, la Diócesis de Ocaña celebró las bodas de plata del Encuentro Diocesano de Monaguillos, una de las iniciativas pastorales más representativas de esta Iglesia particular, que durante 25 años ha promovido el amor por la Eucaristía, el servicio litúrgico y el despertar de vocaciones sacerdotales.Aunque este encuentro hace parte de las tradiciones pastorales de la diócesis, la conmemoración de su vigésima quinta edición tuvo un carácter especial al reunir, además de las parroquias locales, delegaciones provenientes de las diócesis de Magangué, Valledupar, Cúcuta, Barrancabermeja y El Banco-Magdalena, así como de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona, fortaleciendo así la comunión entre diversas Iglesias particulares.Las actividades centrales se desarrollaron en el Seminario Mayor El Buen Pastor, donde los participantes vivieron jornadas de formación, oración, integración y celebración. El encuentro inició con una peregrinación a la Montaña Sagrada de Torcoroma, donde los niños y jóvenes conocieron la historia de la aparición de la imagen de Nuestra Señora de las Gracias de Torcoroma, patrona de la diócesis, y profundizaron en el significado de esta tradición pastoral que ha acompañado a generaciones de monaguillos.Durante los dos días también hubo espacios recreativos, actividades de fraternidad entre las delegaciones, encuentros formativos y celebraciones litúrgicas que permitieron reconocer la misión que desempeñan los monaguillos en la vida de la Iglesia, al tiempo que fortalecieron su sentido de pertenencia e identidad eclesial.El encuentro concluyó con la celebración de la Santa Eucaristía, presidida por monseñor Orlando Olave Villanoba, obispo de Ocaña, quien dio gracias a Dios por estos 25 años de camino y encomendó a los participantes para que continúen respondiendo con alegría al llamado de servir al Señor desde el altar.Una experiencia que fortalece la fe y la vocaciónMás allá de la conmemoración de un aniversario, el encuentro volvió a evidenciar el impacto que esta experiencia tiene en la vida de quienes participan."Es la primera vez que vivo esta experiencia. Me ha parecido muy bonita porque he conocido nuevos amigos, he recibido buenos consejos y he entendido cómo nació este encuentro. Gracias a quienes comenzaron esta obra hoy nosotros podemos estar aquí", expresó una de las monaguillas provenientes de la Diócesis de Valledupar.Desde otras jurisdicciones eclesiásticas también se destacó el valor evangelizador de esta iniciativa. El diácono Edwin Hernando Peinado Guerrero, de la Diócesis de Magangué, afirmó que este tipo de espacios ayudan a que los niños comprendan con mayor profundidad el sentido del servicio al altar y manifestó el deseo de impulsar una experiencia similar en su Iglesia particular.Por su parte, una delegada de la Pastoral Infantil de la Arquidiócesis de Nueva Pamplona resaltó que compartir con cientos de niños que realizan el mismo servicio anima a los monaguillos a perseverar en su misión y les permite descubrir que forman parte de una Iglesia viva y en camino.Veinticinco años sembrando vocacionesEl Encuentro Diocesano de Monaguillos nació como una iniciativa de la Pastoral Vocacional del Seminario Mayor El Buen Pastor, concebida durante la programación formativa de 2001. La propuesta fue acogida por el entonces rector, el presbítero Juan Carlos Ramírez Rojas, y respaldada por el entonces obispo de Ocaña, monseñor Jorge Enrique Lozano Zafra.La primera edición se realizó el 23 de noviembre de 2002 y, desde entonces, el encuentro se ha celebrado de manera ininterrumpida, convirtiéndose en un proceso permanente de evangelización y acompañamiento vocacional.A lo largo de estos 25 años, esta iniciativa ha fortalecido la espiritualidad de cientos de niños y adolescentes, promoviendo en ellos el amor por la Eucaristía, la Iglesia y el servicio litúrgico. Como fruto de este camino, numerosos participantes han respondido al llamado del Señor y hoy ejercen su ministerio como sacerdotes al servicio del Pueblo de Dios.Con esta celebración jubilar, la Diócesis de Ocaña dio gracias por la entrega de obispos, sacerdotes, seminaristas, animadores, párrocos, familias y monaguillos que han sostenido esta obra evangelizadora durante un cuarto de siglo, renovando también su confianza en que el Buen Pastor continúe suscitando nuevas vocaciones para la misión de la Iglesia.Vea alguos de los momentos más destacados:

Vie 31 Jul 2026

La Voz del Pastor | 02 de Agosto del 2026

Reflexión del señor Cardenal Luis José Rueda Aparicio, Arzobispo de Bogotá: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo Mt 14, 13-21

Vie 31 Jul 2026

Iglesia en Colombia fortalece respuesta de sus tribunales eclesiásticos a desafíos jurídicos y pastorales

La VIII Jornada de Actualización en Derecho Canónico Matrimonial y Penal reunió a cerca de 170 operadores de justicia de 50 jurisdicciones eclesiásticas de Colombia, junto con delegaciones de Perú, Ecuador y Venezuela. El encuentro fortaleció la formación permanente de quienes sirven en los tribunales eclesiásticos y reafirmó que la administración de justicia en la Iglesia constituye una auténtica acción pastoral al servicio de las personas, las familias y la misión evangelizadora.La justicia en la Iglesia no se limita a la aplicación de normas o a la resolución de procesos jurídicos. Su razón de ser es servir al Pueblo de Dios, proteger los derechos de los fieles y acompañar, con verdad, justicia y caridad, las diversas realidades humanas que se presentan en la vida eclesial. Con esa convicción se desarrolló la VIII Jornada de Actualización en Derecho Canónico Matrimonial y Penal, un espacio de formación que reunió en Bogotá a cerca de 170 operadores de justicia de Colombia y otros países de la región.Organizada por el Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, en alianza con la Conferencia Episcopal de Colombia (CEC) y la Pontificia Universidad Javeriana, la jornada convocó a vicarios judiciales, jueces, defensores del vínculo, promotores de justicia, notarios, abogados y demás colaboradores de los tribunales eclesiásticos de 50 jurisdicciones de Colombia, así como a representantes de Perú, Ecuador y Venezuela.El encuentro fue promovido por el Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, organismo constituido por la Santa Sede en 1967 y en funcionamiento desde 1970, que conoce las apelaciones provenientes de la mayoría de los tribunales eclesiásticos del país y tiene, entre sus responsabilidades, favorecer la unidad de la jurisprudencia canónica y fortalecer la formación permanente de quienes administran la justicia en la Iglesia.El Derecho Canónico, un servicio para la vida de la IglesiaUno de los mensajes centrales de la jornada fue redescubrir el verdadero sentido del Derecho Canónico. Lejos de constituir únicamente un conjunto de normas, representa un instrumento indispensable para ordenar la vida eclesial, proteger los derechos de los fieles y favorecer el cumplimiento de la misión que Cristo confió a la Iglesia.Así lo explicó monseñor Marco Antonio Merchán Ladino, obispo de Neiva y presidente del Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, al establecer un paralelo entre el derecho civil y el derecho canónico.Mientras el primero busca garantizar el bien común dentro de la sociedad, el segundo cumple esa misma función en la vida de la Iglesia, aunque con un horizonte propio: contribuir a su misión evangelizadora y al bien espiritual de los fieles."El derecho civil busca el bien común de la sociedad. El Derecho Canónico también busca el bien común, pero orientado a la misión propia de la Iglesia."El prelado recordó, además, que el propio Código de Derecho Canónico establece el fin último de toda la actividad jurídica eclesial."El último de los cánones dice cuál es la finalidad de todo el derecho: la salvación de las almas. El derecho nos ayuda a entender lo que mínimamente debemos hacer; después viene la caridad, que nos lleva mucho más allá."Desde esta perspectiva, explicó que la administración de la justicia eclesiástica constituye un verdadero servicio pastoral, pues busca que las decisiones jurídicas contribuyan siempre al bien de las personas, de las familias y de toda la comunidad eclesial.Una justicia que también es pastoralEse mismo horizonte fue desarrollado por monseñor Felipe Heredia Esteban, prelado auditor del Tribunal Apostólico de la Rota Romana y principal conferencista de la jornada, quien compartió con los participantes la experiencia del máximo tribunal ordinario de apelación de la Santa Sede.Durante sus intervenciones insistió en que la actividad judicial de la Iglesia no puede entenderse separada de su acción evangelizadora."Todo lo que es judicial es pastoral y todo lo que aquí se ha hecho tiene una repercusión pastoral inmediata en la vida de los fieles, en la vida de las familias y de los clérigos."Su reflexión permitió comprender que cada proceso canónico involucra historias concretas de personas que esperan ser escuchadas, acompañadas y atendidas con justicia, pero también con sensibilidad pastoral. En este sentido, la aplicación del Derecho Canónico no se reduce al cumplimiento de procedimientos, sino que busca ofrecer respuestas que protejan la dignidad de las personas y contribuyan a la comunión eclesial.La presencia de un auditor de la Rota Romana permitió además acercar a los participantes a la jurisprudencia más reciente de la Santa Sede y dialogar sobre su aplicación en las Iglesias particulares, favoreciendo una mayor armonía en la administración de la justicia eclesiástica.Formarse para responder a los desafíos del presenteLas conferencias y espacios de diálogo abordaron algunos de los principales desafíos que hoy enfrenta la justicia canónica: las causas de nulidad matrimonial, el Derecho Penal Canónico, la protección de menores y personas vulnerables, la atención a las víctimas, la evolución de la jurisprudencia y otros aspectos que interpelan diariamente el trabajo de los tribunales eclesiásticos.Para el padre Omar Enrique Cristancho Gómez, vicario judicial del Tribunal Eclesiástico de Apelación para Colombia, esta actualización permanente resulta indispensable para que el Derecho Canónico responda a las nuevas realidades sociales y eclesiales."Queremos que el Derecho Canónico sea visto como una realidad cercana a la vida del hombre de hoy y de la familia. Desde el derecho podemos iluminar aquellos contextos donde la vida matrimonial enfrenta grandes desafíos."Asimismo, destacó que estos espacios favorecen el intercambio de experiencias entre los distintos tribunales y fortalecen el servicio que la Iglesia presta en todo el país.Una experiencia de comunión al servicio del Pueblo de DiosOtro de los aspectos destacados durante la jornada fue el intercambio de experiencias entre operadores de justicia provenientes de distintas regiones y países.Monseñor Felipe Heredia subrayó que este diálogo constituye una expresión concreta de la sinodalidad promovida por la Iglesia."Este encuentro ha sido muy beneficioso porque, en realidad, esto es la sinodalidad: el intercambio de experiencias y de conocimientos al servicio del Pueblo de Dios."Esa valoración fue compartida por los participantes. María Fernanda Lugo Caicedo, abogada de la Diócesis de Chiquinquirá, destacó que los contenidos abordados responden directamente a las necesidades actuales de las Iglesias particulares."Son temas importantes y demasiado actuales para nuestras realidades. Me llevo herramientas para fortalecer la cultura del cuidado y seguir acompañando mejor a mi diócesis."Por su parte, Rosario Carvajal Arizmendi, presidenta del Colegio de Canonistas de Colombia, y el abogado Daniel Chamorro coincidieron en que la jornada fortaleció tanto la actualización jurídica como la comunión entre quienes sirven en los tribunales eclesiásticos.Una formación que fortalece la misión evangelizadoraMás allá de los conocimientos técnicos adquiridos, la VIII Jornada de Actualización en Derecho Canónico Matrimonial y Penal dejó una convicción compartida: la administración de la justicia eclesiástica constituye una dimensión esencial de la misión pastoral de la Iglesia. Por ello, la formación permanente de quienes ejercen este servicio no solo fortalece el trabajo de los tribunales eclesiásticos, sino que redunda en una mejor atención a las personas que acuden a la Iglesia buscando verdad, discernimiento y justicia.Vea a continuación el informe audiovisual con los momentos y testimonios más destacados:

Jue 30 Jul 2026

Defendiendo la vida desde la familia

Por Mons. José Libardo Garcés Monsalve - Avanzamos en el desarrollo del Proceso Evangelizador en la Diócesis de Cúcuta con el lema: vayan y hagan discípulos defendiendo la vida, celebrando 70 años de vida diocesana, transmitiendo el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que es Evangelio de la vida. El primer espacio y ambiente para proteger, defender y custodiar la vida es la familia; con la certeza que Jesucristo nuestra esperanza, ilumina y unifica la vida familiar y con la gracia que derrama cada día sobre los hogares la custodia. Sabiendo que “el bien de la familia es decisivo para el futuro del mundo y de la Iglesia” (Amoris Laetitia 31).Frente a todas las dificultades por las que pasa la familia en el momento actual, la llamada que nos hace Dios en su Palabra es a edificar la vida del hogar sobre Jesucristo, roca firme que sostiene el hogar; para recibir de Él la fuerza de afrontar los desafíos y tareas en la misión que ha recibido de Dios de custodiar y defender la vida humana. Al respecto Aparecida nos dice: “el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, también posee una altísima dignidad que no podemos pisotear y que estamos llamados a respetar y a promover. La vida es regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural, sin relativismos” (DA 464). Esta fuerza se encuentra únicamente en Dios que regala su gracia y bendición a cada familia para cumplir con su misión.Esta enseñanza del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia nos ayuda a ratificar la doctrina sobre la familia y la defensa de la vida, para responder a las ideologías que presentan el aborto, la eutanasia y demás atentados contra la vida y la dignidad de la persona humana, como norma de comportamiento. Frente a esto, tenemos que fortalecer la familia que protege la vida como regalo gratuito de Dios. En ese sentido, Aparecida afirma: “la familia cristiana está fundada en el sacramento del matrimonio entre un varón y una mujer, signo del amor de Dios por la humanidad y de la entrega de Cristo por su esposa, la Iglesia. Desde esta alianza de amor, se despliegan la paternidad y la maternidad, la filiación y la fraternidad, y el compromiso de dos por una sociedad mejor” (DA 433); esto nos permite construir persona y sociedad desde los valores del Evangelio de Jesucristo.La familia que edifica su vida sobre la roca firme de Jesucristo recibirá la fuerza diaria para cumplir su misión y se convierte en luz que ilumina el camino de otras familias, que se ven desanimadas en continuar con la lucha diaria, porque “la familia cristiana, hoy sobre todo, tiene una especial vocación a ser testigo de la alianza pascual de Cristo, mediante la constante irradiación de la alegría del amor y de la certeza de la esperanza, de la que debe dar razón. La familia cristiana proclama en voz alta tanto las presentes virtudes del Reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada” (Familiaris Consortio 52), incluyendo el testimonio cristiano al abrazar la cruz del Señor y contemplarla en medio de las dificultades que se viven en cada hogar y los desafíos que tiene que afrontar del mundo actual que quiere desestabilizar las familias.Para afrontar los retos diarios, sabemos que no estamos solos, Jesucristo va con nosotros en la barca de nuestra vida y además tenemos la protección y amparo de la Santísima Virgen María, que nos enseña a estar junto a la cruz del Señor, a veces con dolor, pero de pie y con esperanza en Jesús que no defrauda, porque “los dolores y las angustias se experimentan en comunión con la cruz del Señor, y el abrazo con Él permite sobrellevar los peores momentos. En los días amargos de la familia hay unión con Jesús abandonado que puede evitar una ruptura. Las familias alcanzan poco a poco, con la gracia del Espíritu Santo, su santidad a través de la vida matrimonial, participando también en el misterio de la cruz de Cristo, que transforma las dificultades y sufrimientos en una ofrenda de amor” (AL 317); con el auxilio de la gracia de Dios que se nos ofrece en los sacramen¬tos, sobre todo en la Confesión y la Eucaristía, que fortalecen y alimentan la vida familiar.Con la certeza que Jesucristo ilumina y unifica la vida familiar, continuamos en el Proceso Evangelizador que hemos venido realizando durante todos estos años de historia diocesana, abiertos a la gracia de Dios y al don que viene de lo alto que nos fortalece, alienta, nos llena de esperanza, porque “Dios ama nuestras familias, a pesar de tantas heridas y divisiones. La presencia invocada de Cristo a través de la oración en familia nos ayuda a superar los problemas, a sanar las heridas y abre caminos de esperanza” (DA 119); con la garantía que no estamos solos en la vida familiar, ya que la gracia de Dios y la compañía de la Iglesia, nos ayudan a fortalecer los vínculos de comunión familiar.Las familias tienen la compañía de la Iglesia en cada una de las parroquias, desde donde se ora por las necesidades familiares, por los miembros del hogar que estén pasando situaciones difíciles, pidiendo la gracia de la caridad y del amor conyugal, dando gracias a Dios todos los días por la vida y todo lo que acontece en la familia. Pongamos la vida personal y familiar bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María, en todas las circunstancias de la existencia, aún en los momentos de cruz. Que el Glorioso Patriarca San José, unido a la Madre del cielo, nos alcancen de Nuestro Señor Jesucristo la fortaleza en la fe, la esperanza y la caridad, para vivir en el hogar iluminados y unificados por Él, para que construyamos familias perdonadas, reconciliadas y en paz.En unión de oraciones,reciban mi bendición.+José Libardo Garcés MonsalveObispo de la Diócesis de Cúcuta